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( 1946-2004) 2 2 ~!"tf 2005
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Esteban Emilio Mosonyi
Gerald Clarac -o Gerardo como le llamábamos los amigos- nació en Fort
de France, Martinica, el 6 de julio de 1946 y se estableció en Venezuela en
1951, donde obtuvo la nacionalidad de este país. Nos conocimos en la Escuela
de Sociologia y Antropología de la UCV, cuando yo era profesor incipiente de
antropología y él estaba por terminar sus estudios, junto con mi hermano
Jorge Carlos Mosonyi, con quien tuvo una amistad muy estrecha. Gerald se
graduó en 1968, poco tiempo después que su hermana, la conocida
antropóloga Jacqueline Clarac, quien desarrolla una importante labor desde
la Universidad de Los Andes, Estado Mérida. Al igual que ella, Gerald era muy
buen estudiante, serio y centrado en sus deberes, apreciado por sus
compañeros y profesores. Mostraba especial predilección por la antropologia
social, la que más adelante sería su campo. Además de ser un excelente
antropólogo, también se destacó como Campeón Nacional de Tenis en Primera
Categoría y le dedicó con fruición largos años de su vida a esta actividad
deportiva.
Gerald Clarac fue un extraordinario aliado de los pueblos indios, uno de
los más sinceros y perseverantes según la opinión de nuestros amigos
indígenas. El mismo afirma con orgullo en su autobiografia que dedicó el
ciento por ciento de su tiempo antropológico a la problemática y derechos
humanos de los pueblos indígenas venezolanos, en los ámbitos aplicado y
docente. Yo también quiero contar algo sobre su iniciación en este campo. Me
sentí gratamente sorprendido cuando un día cualquiera, poco después de su
graduación, Gerald se me acercó como pidiéndome opinión sobre su más
reciente oferta de trabajo. Para mi asombro, estaba a punto de hacerse las
maletas para ir a pas~ un tiempo indefmido en el Estado Apure, a fin de
trabajar con la etnia pumé, mejor conocJda para la época como yaruro.
Personalmente sigo utilizando ambos etnónimos. A mí me pareció excelente la
designación porque por pura coincidencia yo había llegado a conocer unas
comunidades yaruras en Riecito, Capanaparo y Cinaruco poco tiempo atrás,
tal vez meses. Siempre me ha impresionado esa cultura, así como me siguen
causando un gran sufrimiento los avatares y penurias por los que atraviesa el
pueblo de Kumañí y la India Rosa, aunque algunos las reducen a un solo
personaje mítico femenino.
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Gerald Clarac
Le expresé a Gerald mi satisfacción a sabiendas de que él sería
posiblemente el funcionario ideal para ese momento y en aquella situación
tan tremendamente dificil para uno de los pueblos indígenas más sufridos
del continente, masacrado no solamente por los terratenientes sino hasta
por la gente pobre de los Llanos. Gerald no ignoraba el importante desafio
que pronto iba a encarar en aquel Estado fronterizo. El me hizo muchas
preguntas y yo le respondí lo mejor que pude, dada mi experiencia aún
limitada. Se le notaba especialmente preocupado por la manera de tomar
contacto con las primeras personas indígenas que conocería a su llegada.
Le repliqué que para mí no había sido tan complicado, pero entonces
espontáneamente pronuncié la frase siguiente: "diles que eres mi
hermano", ya que había cierto parecido físico entre nosotros. Más adelante
lo visité varias veces y siempre escuché comentarios, invariablemente
favorables, acerca de su gestión. Como él era sumamente observador y
estudioso, pronto se convirtió en un verdadero experto teórico-práctico de
lo que se entendía por "indigenismo" en aquel entonces, lo que él reflejó en
sus variados escritos. Hoy la palabra indigenismo casi no se utiliza, ya que
vino a ser suplantada por concbptos más novedosos como autogestión y
autodeterminación, si bien se prefiere hablar de participación protagónica
para los pueblos indígenas.
A pesar de la distancia geográfica que a menudo nos separaba, no
tardamos en constituir -junto con unos colegas antropólogos y otros
profesionales- un sólido equipo de trabajo y un movimiento reivindicativo
socio-político que fue adquiriendo cada vez más resonancia. Me acuerdo
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claramente de la SOVAAP, Sociedad Venezolana de Antropología Aplicada,
uno de cuyos objetivos centrales era acompañar a las emergentes
organizaciones indígenas, y donde militaban personalidades como Ornar
González, Henry Sarmiento, el wayuu Nemesio Montiel, Pedro Borges,
Nicolás Colmenares, Jorge Mosonyi, los dos Ciro Medina y Alberto Valdez. Mi
insistencia en estas reminiscencias obedece al hecho de que en la labor
profesional de Gerald sería difícil y hasta injusto separar una vertiente
antropológica teórico-descriptiva de otra de naturaleza práctica y aplicada,
en virtud de su conocida y reconocida vocación de servicio hacia los pueblos
indígenas de Venezuela: algo que logró demostrar con creces a lo largo de su
fructífera existencia que se truncó a una edad demasiado temprana y en la
plenitud de sus facultades.
Volviendo a los años 60' y 70', decenios claves para el arranque de
nuevas relaciones más equitativas entre el Estado venezolano y toda su
población indígena secularmente reprimida, recuerdo que fue una época
muy polémica por cuanto toda esta dinámica -en la cual se hallaban
involucradas varias instituciones- se prestaba al enfrentamiento ideológico
entre la¡, más diversas tendencias. La derecha conservadora se oponía a todo
planteamiento renovador como era de esperar. La mayoría de la izquierda se
aislaba, a su vez, en un hipercriticismo poco comprometido con la realidad, y
que sólo machacaba la consigna de la lucha armada. Entretanto, quienes
propiciábamos la revitalización indígena estábamos perfectamente
conscientes de nuestras limítaciones, de las fallas teóricas de la antropología
y de las imperfecciones del sistema "democrático-representativo": pero esto
no disminuía nuestro esfuerzo, más bien lo acrecentaba. Por supuesto, el
tiempo nos dio la razón. Gerardo, cofundador y asesor técnico del
movimiento indígena organizado de Venezuela desde 1970, siempre se
distinguía por su claridad exenta de extremismos, su disciplina y
confiabilidad, lo sereno y oportuno de sus decisiones: lo que contrastaba
abiertamente con la improvisación desaforada de algunos que nos
acompañaban.
Cuando mejor se puso de manifiesto la firmeza de carácter y lealtad de
este compañero nuestro recién fallecido, fue a raíz de su enfrentamiento
abierto -en su carácter de funcionario público- con las pretensiones
semietnocidas del poderoso terrateniente Hermann Zingg y de algunos
miembros de la Comisión Parlamentaria que lo aupaban, a mediados de la
década de los 80'. La claridad meridiana con fa que Gerald sostuvo su postura
favorable a los piaroa le costó su trabajo y casi su libertad, al igual que a
varios de nosotros que asumímos la misma línea. Luego de ese revés colectivo
nuestro recordado colega tuvo que alejarse por un tiempo de la vida
institucional, llegando a impartir una cátedra en la Escuela de Antropología
de la UCV, donde sus alumnos pudieron apreciar su valiosa experiencia y
dedicación a la causa.
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En este contexto querríamos señalar y nombrar la mayor parte de sus
veinticuatro trabajos publicados, en los que se corrobora la magnitud de su
dedicación al bienestar de las comunidades indígenas; junto a su calidad
humana y nivel ético al recomendar y propiciar siempre la aplicación de
políticas autogestlonarias y ampliamente respetuosas de la identidad y
cultura de los venezolanos originarios: Indigenismo de dominación o
indigenismo de liberación (1973), Reforma Agraria y población indígena en
Venezuela (1974), Empresas indígenas y autogestión, en una estrategia de
desarrollo regional (1976), Algunas observaciones sobre el indigenismo en
Venezuela (1980). Los programas indígenas del IAN: su metodología e
implementación en la obra 'Indigenismo y autogestión' (1980), Comunidades
indígenas y Reforma Agraria (1981), Las comunidades indígenas del país:
núcleos fecundos para un proceso agrario autogéstionario basado en
ecodesarrollo y etnodesarrollo (1983), Consideraciones y proposiciones para
una política indigenista venezolana (1984), Respuesta a la campaña contra
piaroas y antropólogos (1984), Censo Indígena de Venezuela año 1982 (como
miembro asesor, 1985). Hacia una política de dotaciones de tierra a
comunidades indígenas (1985), El caso piaroa: Informe Clarac 1984 (1985),
Epílogo (1986). El caso de los piaroa del Valle de Wanay (1986), Una
propuesta para las zonas fronterizas con población indígena: el modo y la
manera de actuar en función del mejoramiento socio-económico sin malograr
los recursos y productos (1994), Los pueblos y las culturas indígenas en
Venezuela (1997), Los pueblos indígenas wayuu y añu en la región zuliana
(1997). Las etnias de la Sierra de Perijá (1997). El pueblo kariña: los
verdaderos caribes de Venezuela (1997), Pueblos indígenas, fronteras y
Estado venezolano (1998), Proyecto integral de desarrollo socio-económico
kuiva: Pemene (1999), Proyecto de reactivación de la Escuela de Cerámica
Campesina e Indígena Manuela Perdomo de Almeida (1999).
Otra faceta de Gerald fue su largo y fructífero activismo en tanto
embajador, oficial y extraoficial, de la causa indígena en diversos países
-México, Centroamérica, Perú, Italia, Francia- y escenarios, a los cuales
llevaba siempre la palabra acertada, la información fidedigna, la visión
profesional e institucional: valiente mas al mismo tiempo seria y equilibrada,
científica sin caer en un cientificismo desconectado de la realidad. Los colegas
antropólogos y otros profesionales involucrados en esta materia disfrutaban
en todas partes de la amistad y compañía de este notable venezolano, quien
manejaba una información casi exhaustiva sobre la situación de los indígenas
de cada región de Venezuela, incluyendo las comunidades más apartadas. Por
ésta y otras razones, algunas ya devenidas en históricas, sería conveniente
publicar en una sola edición todas o la mayoría de sus contribuciones, las
cuales ofrecen aportes concretos a los problemas más significativos que
inclusive hasta hoy atraviesan estos pueblos; y que pese a los importantes
cambios constitucionales, legales, políticos y de toda índole habidos sobre
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todo en los últimos diez años, distan todavía considerablemente de ser
resueltos en la forma más idónea. Todo esto no hace sino aun más sensible el
fallecimiento prematuro del colega Clarac, cuando desempeñaba una labor
institucional de tanta incumbencia para estos planteamientos en la
Defensoría del Pueblo, ya dueño de una veteranía casi única en la materia.
La muerte nos arrebató a Gerald mientras estaba cumpliendo funciones
importantes y delicadas, con un profesionalismo y laboriosidad que
suscitaban la estima y admiración de indígenas, aliados y compañeros de
trabajo. Aquí me siento obligado a señalar una de las últimas preocupaciones
que le llenaban en esa etapa final de su existencia, además de la demarcación
de las tierras indígenas: algo que siempre ha sido un problema central para la
mayoría de los pueblos olvidados del mundo. Yo quiero hacer énfasis en este
punto porque atañe a los antropólogos y no antropólogos por igual. Tanto
Gerald como un grupo cada vez más nutrido de dirigentes indígenas y
profesionales asesores hemos visto con preocupación el hecho de que sin
mala intención, pero con enorme apresuramiento y falta de conocimientos,
algunas instituciones del Estado venezolano actual van poniendo en práctica
programas uniformes y estereotipados para todas las regiones, etnias y
comunidades, en lo referente a los rubros de demarcación, salud, educación,
ambiente, servicio militar y formas de cooperación económica.
Podríamos dar diversos ejemplos, pero un caso concreto que aún motiva
nuestra preocupación inminente es el de los yekuana y sanemá del Alto
Caura y sus zonas de influencia. Su complicada situación actual conlleva
también algunas consideraciones ecológicas de primera magnitud, por ser la
cuenca del Caura uno de los escasos espacios poco intervenidos del Planeta.
En vista de lo cual, Gerald veía con temor algunas iniciativas oficiales
consistentes en implantar cooperativas, escuelas e instituciones de corte
netamente occidental en una wna poblada por indígenas poco aculturados,
quienes -según observadores cercanos- empezaban a mostrar cierto malestar
y preocupación por su futuro. Además Gerald, como todo profesional íntegro y
rectilineo, creyó siempre -de manera hasta ortodoxa, podríamos agregar- en el
espíritu y la letra de nuestra nueva Constitución que consagra la vigencia
patrimonial de las distintisimas culturas indígenas venezolanas, reforzadas
por disposiciones alllbientales y ambientalistas de prístina claridad y
trascendencia.
Por mi parte no quiero causar perturbación o alarma, pero concluyo
estas palabras asentando que el mejor hmpenaje que en el futuro próximo
podremos brindarle a un antropólogo de la talla de Gerald Clarac es el
seguimiento crítico de las nuevas políticas y la presentación de alternativas
legítimas frente a ciertas tergiversaciones que ocurren invariablemente al
querer convertir en realidad los derechos colectivos constitucionales de los
pueblos indígenas: que anteriormente sólo existían en nuestro ideario y por
los que tanto luchamos hasta obtener los primeros resultados. El recuerdo del
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entrañable amigo y colega Gerald Clarac deberá seguir acompañándonos en
nuestro empeño de convertir en práctica sociopolítica irreversible las justas
demandas y pedimentos de los pueblos y comunidades indígenas, quienes por
vez primera perciben la existencia real de un marco constitucional, jurídico y
político a la vez. De allí tendría que desprenderse una articulación
mutuamente satisfactoria de nuestra amplísima diversidad sociocultural, que
va claramente más allá del simple binomio criollo-indígena o aborigen frente
al occidental y moderno.