Clases de Derecho Civil: Contratos y su Impacto
Clases de Derecho Civil: Contratos y su Impacto
ESCUELA DE
FORMACIÓN
CONTINUA
DOCUMENTO DE CLASE
I. Clase N°: 7
II. Mapa Conceptual de la Clase
III. Desarrollo
IV. Bibliográfica
V. Actividad Pedagógica
VI. Material Complementario de la Clase
I. Clase N°: 7
Objetivo/s de la clase: Destacar la trascendencia de la interacción social de
los individuos, que adopta formas fundamentales en plano jurídico a través de la
figura del contrato, entendido tanto como instrumento formal que los relaciona
entre sí, como vínculo mediante el cual las partes, por su voluntad, proyectan y
pactan sus propias reglas a las cuales que darán subordinados. Procurar que el
alumno identifique, los clasifique y analice sus efectos jurídicos. Enfatizar la
implicancia económica de las relaciones contractuales, así como la función
social que cumplen, en tanto posibilitan movilidad social, creac ión de riqueza,
generación de empleos, captación tributaria, promoción de actividades creativas,
culturales, etc. Introducir al alumno en el análisis particular y pormenorizado de
los contratos nominados, priorizando la ejercitación práctica .
1.- INTRODUCCIÓN.
Tradicionalmente se distingue entre convención y contrato. Según Savigny, toda
convención es un contrato, y todo contrato una convención, es decir, que resultan ser términos
intercambiables. Sin embargo, la doctrina francesa -que sigue la mayoría de los autores
nacionales- sostiene que todo contrato es una convención, pero no siempre ocurre a la
recíproca. De manera tal que serán contratos, aquellos acuerdos de voluntades que dan lugar
al nacimiento de obligaciones, y convenciones aquellos acuerdos que originan otros vínculos
jurídicos (matrimonio, actos jurídicos en general donde intervienen dos o más personas, etc.).
La doctrina francesa considera contrato a aquellos actos jurídicos o convenciones que
producen efectos en el campo del derecho creditorio, y no a los actos o convenciones referidas
a derechos reales o de familia.1
2.- CONCEPTO.
El Código define a los contratos en el art. 957: “Contrato es el acto jurídico mediante el
cual dos o más partes manifiestan su consentimiento para crear, regular, modificar,
transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales”.
De tal definición, propuesta en su momento por Alterini, resultan las siguientes notas
tipificantes: a) La causa fuente del contrato, que es un acto jurídico: el contrato (especie) es un
acto jurídico (género), pero no todo acto jurídico es un contrato; b) El consentimiento, que es
eje conceptual de la noción de contrato y determina el carácter bilateral de ese acto jurídico;
c) Los sujetos del contrato, que deben ser dos o más partes; d) La finalidad del contrato
consistente en la creación, regulación, modificación, transferencia o extinción de relaciones
jurídicas patrimoniales; e) El objeto del contrato, esto es, las relaciones jurídicas
patrimoniales, quedando excluidas por tanto, las de índole extrapatrimonial.2
Contrato por tanto es un acto jurídico bilateral o plurilateral, de contenido patrimonial,
que trasunta un acuerdo de voluntades destinado a regular los derechos de las partes.
En palabras de la CSJN, por contrato se entiende “el acto jurídico bilateral y patrimonial
en el cual están en presencia dos partes, que formulan una declaración de voluntad común con
directa atenencia a relaciones patrimoniales y que se traduce en crear, conservar, modificar,
1
Alterini, Atilio A.; Contratos. Civiles. Comerciales. De consumo. Teoría General. Abeledo Perrot, Buenos
Aires, 1999, p. 7.
2
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., pp. 9-10.
transmitir o extinguir obligaciones”.3
Principios contractuales. Una serie de principios básicos caracterizan toda relación contractual
en nuestro ordenamiento jurídico. Ellos son la libertad de contratación; la fuerza obligatoria;
la buena fe; el principio de conservación del contrato, y el principio de relatividad de efectos.4
El contenido del contrato es la reglamentación de intereses que las partes toman de sus
relaciones negociales; es “la voluntad traducida en precepto”. El contrato es un acto jurídico
“que crea un instrumento de autodeterminación mediante el cual las partes disciplinan sus
relaciones recíprocas y se dan a sí mismas reglas que constituyen un precepto de autonomía
privada”.5
En cuanto al fundamento de la fuerza obligatoria de los contratos que genera efecto
vinculante para las partes, se ha explicado que quien quiere estar a derecho y celebra un acto
jurídico en forma voluntaria, de algún modo “restringe su libertad y albedrío al obligarse
frente a la otra parte a cumplir una prestación o a indemnizarla en caso de incumplimiento”,
de donde la razón de ser de la fuerza vinculante de ese compromiso “obedece tanto a la regla
moral que impone hacer honor a la palabra empeñada, cuanto a la expectativa de confianza
que la promesa generó en su destinatario”.6
De esa fuerza vinculante se siguen varias consecuencias: a) Los contratantes deben
atenerse a lo contratado, y cumplirlo (pacta sunt servanda), o indemnizar al acreedor por la
inejecución de lo debido; b) Las convenciones prevalecen sobre las leyes supletorias vigentes
al tiempo de la celebración del contrato, y a las dictadas con posterioridad (art. 7: “Las nuevas
leyes supletorias no son aplicables a los contratos en curso de ejecución, con excepción de las
normas más favorables al consumidor en las relaciones de consumo”); c) Los tribunales deben
hacer respetar y cumplir los contratos pudiendo interpretarlos y decidir el alcance de sus
cláusulas, aunque por por excepción están facultados para prescindir de lo convenido, cuando
ello importa la transgresión de una ley imperativa (art. 960), o ha habido extralimitación de
las facultades (por ejemplo, abuso de derecho), o el propio sentido del contrato conduce a su
extinción o modificación (teoría de la imprevisión). d) Los derechos que surgen de un
contrato tienen la garantía constitucional de la propiedad (arts. 14 y 17, Constitución
3
CS, 31/07/73, “Parke Davis y Cía. de Argentina S.A.I.C.”, Cons. 11º. ED, 49-492.
4
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 957 a 983” en Código Civil y Comercial de la Nación Comentado;
Marisa Herrera, Gustavo Caramelo y S. Picasso (Directores). Edic. Infojus, Tomo III, Buenos Aires, 2015, p.
337.
5
Aparicio, Juan Manuel. Contratos. Parte General, t. 2, Bs. As., Hammurabi, 2001, p. 219.
6
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., pp. 19-20.
Nacional; Corte Suprema de Justicia de la Nación a partir de Fallos, 137:47).7 Así lo dispone
el art. 965: “Los derechos resultantes de los contratos integran el derecho de propiedad del
contratante”.
3.- LA AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD. IMPORTANCIA. LÍMITES.
La voluntad juega un papel fundamental en materia de contratos, como en todos los
derechos personales en general. El art. 959 sienta el principio de la obligatoriedad de lo
pactado, según el clásico principio pacta sunt servanda, al disponer: “Todo contrato
válidamente celebrado es obligatorio para las partes. Su contenido sólo puede ser modificado
o extinguido por acuerdo de partes o en los supuestos en que la ley lo prevé”.
Queda de este modo establecido en la ley el principio de “libertad de contratación”,
como atribución que tienen los particulares de decidir contratar y con quién hacerlo. También
queda establecida la “libertad contractual”, o facultad de los particulares de fijar el contenido
del contrato. Así lo expresa el art. 958: “Las partes son libres para celebrar un contrato y
determinar su contenido, dentro de los límites impuestos por la ley, el orden público, la moral
y las buenas costumbres”.
No obstante, existen normas regulatorias de los contratos que pueden clasificarse en tres
órdenes: a) Imperativas o indisponibles: Son reglas de orden público, obligatorias, que sirven
de límite a la autonomía de la voluntad (art. 12). Por ejemplo los plazos mínimos de locación
(art. 1197); b) Dispositivas: Son reglas supletorias de la voluntad, que están previstas en la ley
para el caso de que las partes no hubieran dispuesto nada a su respecto. Por ejemplo el art.
873 (lugar de pago); c) Interpretativas: Son normas de carácter aclaratorio que tienen por
objeto fijar el alcance de la voluntad de los particulares, o precisar qué es lo que se ha querido
establecer al contratar. Es el supuesto del art. 1141, donde si nada se pacta, se entiende que la
venta realizada es de contado, o del art. 1252 que brinda pautas para calificar un contrato
como de obra o de servicios.
Carácter de las normas legales. Las normas legales relativas a los contratos son supletorias de
la voluntad de las partes, a menos que de su modo de expresión, de su contenido, o de su
contexto, resulte su carácter indisponible (art. 962).
Prelación normativa. El contrato no se da en el vacío (Alterini). Por eso todos los contratos
dependen, de algún modo, del marco de normas vinculantes que lo rodean y que inciden sobre
ellos de distinta manera.
Para la regulación de los contratos en general, la ley establece un orden jerárquico de
7
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., pp. 17-18. CS, 21/08/1922, “Horta, José c/ Harguindeguy, Ernesto s/
consignación de alquileres”, “Fallos” 137:47.
prelación que controle la concurrencia de las disposiciones generales del Código y las de las
leyes particulares. Como principio general, las normas legales relativas a los contratos son
supletorias de la voluntad de las partes, a menos que de su modo de expresión, de su
contenido, o de su contexto, resulte su carácter indisponible (art. 962); tal el caso de las leyes
imperativas. Ahora bien, cuando concurren disposiciones del Código y de alguna ley especial,
las normas se aplican con el siguiente orden de prelación: a) normas indisponibles de la ley
especial y de este Código; b) normas particulares del contrato; c) normas supletorias de la ley
especial; d) normas supletorias del Código (art. 963).
Además, el contenido del contrato se integra con: a) las normas indisponibles, que se
aplican en sustitución de las cláusulas incompatibles con ellas; b) las normas supletorias; c)
los usos y prácticas del lugar de celebración, en cuanto sean aplicables porque hayan sido
declarados obligatorios por las partes o porque sean ampliamente conocidos y regularmente
observados en el ámbito en que se celebra el contrato, excepto que su aplicación sea
irrazonable (art. 964).
Límites a la autonomía de la voluntad. La autonomía de la voluntad o la autonomía privada,
no es admitida de manera absoluta, sino como principio, con las limitaciones que impone la
ley de modo imperativo, porque ésta debe armonizar los intereses privados con los de terceros
y con el interés de la comunidad. La autonomía de la voluntad importa la concurrencia de dos
factores: la voluntad como causa eficiente de las consecuencias y el reconocimiento de esa
voluntad por el ordenamiento, con las necesarias limitaciones que éste debe imponer en orden
a salvaguardar los intereses superiores de la comunidad.
Dentro de nuestro sistema jurídico positivo, el principio de libertad con que actúa el
hombre, está consagrada en el art. 19 de la Constitución Nacional, al establecer que nadie
“será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”.
Conforme expresa Garibotto, la noción de autonomía privada contiene dos aspectos que
deben ser distinguidos: a) La libertad de conclusión del acto jurídico que importa la potestad
que gozan los particulares para celebrar o no cualquier acto determinado; y b) La libertad de
configuración interna del acto jurídico que significa la potestad de dar al negocio el contenido
deseado por los autores, poder cuya extensión varía de manera notable según el tipo de acto
de que se trate, siendo amplia -como regla general- en los negocios patrimoniales y restringida
en los actos extrapatrimoniales.8
Los límites a la autonomía de la voluntad están dados, en primer lugar, por el orden
8
Garibotto, Juan Carlos, Teoría general del acto jurídico, Ed. Depalma, Buenos Aires, 1991, pp. 25-26.
público que surge de leyes imperativas de aplicación forzosa, según el principio sentado en el
art. 12 del Código. En segundo término, se debe satisfacer el recaudo del objeto-fin de
carácter social del contrato, en resguardo de la moral, las buenas costumbres y en general, en
cumplimiento del objeto de los contratos (arts. 958, 1004, 1014, etc.). Asimismo, el contrato
no debe significar un ejercicio abusivo de los derechos (art. 10), ni una lesión subjetiva, en
contraposición a lo dispuesto en el art. 332, ni debe proceder su fuerza obligatoria en caso de
acontecimientos extraordinarios, imprevisibles e inevitables que torne excesivamente oneroso
el cumplimiento de lo pactado (art. 1091).
Debe asimismo quedar a salvo la buena fe en la concertación del contrato (art. 961). Por
aplicación de este principio, “Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de
buena fe. Obligan no sólo a lo que está formalmente expresado, sino a todas las consecuencias
que puedan considerarse comprendidas en ellos, con los alcances en que razonablemente se
habría obligado un contratante cuidadoso y previsor”.
Facultades de los jueces. Los jueces no tienen facultades para modificar las estipulaciones de
los contratos, excepto que sea a pedido de una de las partes cuando lo autoriza la ley, o de
oficio cuando se afecta, de modo manifiesto, el orden público (art. 960). Incumbe a los jueces
una tarea sumamente relevante al decidir sobre la interpretación, la integración, la ejecución,
la modificación, o la extinción del contrato. La sentencia que dictan los magistrados “no es
una expresión neutral de técnica jurídica o de acierto lógico, sino que debe necesariamente
tener un contenido, responder a una política jurídica: a tal fin, los jueces pueden -más vale
deben- aplicar todos los criterios axiológicos” valorando la conducta de las partes. Las
facultades de los jueces para modificar las estipulaciones contractuales se ven con nitidez en
la aplicación de las teorías del abuso del derecho, de la lesión, de la imprevisión, de la
reducción de cláusulas penales, la adecuación o eliminación de las cláusulas abusivas, en
especial en materia de contratos de consumo o con cláusulas predispuestas.9
4.- PRESUPUESTOS Y ELEMENTOS DE LOS CONTRATOS.10
Presupuestos del contrato. Los presupuestos del contrato son requisitos extrínsecos al
contrato, pero que determinan su eficacia y deben ser valorados como antecedentes para
contratar. Ellos son: 1. La voluntad jurídica de los sujetos. En cuanto a las formas de
manifestación de la voluntad, incluido el silencio, remitimos a lo visto en la Unidad 2 del
Programa. 2. La capacidad de los sujetos. Respecto de la capacidad de derecho y de ejercicio
de los sujetos, remitimos a lo visto en la Unidad 2 del Programa. 3. La aptitud del objeto. De
9
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 91.
10
Seguimos en estos puntos la citada obra de Alterini, Atilio A., Contratos…, pp. 197-262.
acuerdo con Alterini, se puede distinguir entre: a) El objeto inmediato del contrato, que
consiste en la obligación generada; y b) El objeto mediato del contrato, que a su vez es el
objeto de la obligación, vale decir, la cosa o el hecho, positivo o negativo, que constituye el
interés del acreedor. En cuanto a las características físicas y jurídicas del objeto y a la validez
de las obligaciones, remitidos a lo visto en las Unidades 5 y 6 del Programa. 4. La
legitimación. Según Alterini “La legitimación en sentido amplio coincide con la noción de
capacidad: está legitimado para contratar quien es capaz. Pero la capacidad no es suficiente
por sí sola para que la persona pueda disponer del objeto del contrato; para ello debe tener
también legitimación en sentido estricto, o sea, el poder de disposición respecto de dicho
objeto”. En general la legitimación (poder de disposición) coincide con la titularidad del
derecho; así, quien es dueño de una cosa y tiene capacidad, puede venderla. Pero puede haber
titularidad sin legitimación (herederos del ausente presuntamente fallecido durante el período
de prenotación), o legitimación sin titularidad (mandatario que dispone de un derecho del
titular). 5. Las circunstancias del contrato, que son “su mundo o su ambiente” y tienen
relevancia durante la formación y la ejecución del contrato (el lugar, el tiempo, las
circunstancias económicas que rodean al contrato y que inciden, por ejemplo, para
interpretarlo, para apreciar la buena fe, o para aplicar la equidad o la teoría de la imprevisión.
Elementos del contrato. Los elementos del contrato, en cambio, son requisitos intrínsecos,
constitutivos del contrato: son sus cláusulas y constituyen el contenido de la contratación. Hay
cláusulas esenciales, naturales y accidentales:
A. Esenciales:
a) Los Sujetos. Toda relación jurídica exige la existencia de un sujeto, resultando, por tanto,
un elemento esencial de todo contrato. Debe tratarse de una persona humana o jurídica, que
actúa con capacidad y legitimación.
Por regla general las personas mayores de edad (18 años) con salud mental tienen
capacidad para contratar. El código establece impedimentos para contratar a aquellas personas
con incapacidad absoluta y relativa de ejercicio, fijando casos de especiales incapacidades
relativas de derecho.
Sin embargo, las personas desde los dieciséis (16) años y menores de dieciocho (18)
años, pueden celebrar contrato de trabajo, con autorización de sus padres, responsables o
tutores. Se presume tal autorización cuando el adolescente viva independientemente de ellos
(art. 32 de la Ley de Contrato de Trabajo, texto según ley 26.390 B.O. 25/6/2008).
No pueden contratar, en interés propio o ajeno, según sea el caso, los que están
impedidos para hacerlo conforme a disposiciones especiales. Los contratos cuya celebración
está prohibida a determinados sujetos tampoco pueden ser otorgados por interpósita persona
(art. 1001). Esta prohibición comprende no solo las situaciones previstas en el art. 1002, sino
también otras tales como, por ejemplo: el consignatario no puede comprar ni vender para sí
las cosas comprendidas en la consignación (art. 1341); el corredor tiene prohibido adquirir por
sí o por interpósita persona efectos cuya negociación le ha sido encargada, y tener cualquier
clase de participación o interés en la negociación o en los bienes comprendidos en ella (art.
1348); no pueden celebrar contrato de comodato los tutores, curadores y apoyos, respecto de
los bienes de las personas incapaces o con capacidad restringida, bajo su representación, ni los
administradores de bienes ajenos, públicos o privados, respecto de los confiados a su gestión,
excepto que tengan facultades expresas para ello (art. 1535); en el contrato de fideicomiso no
puede dispensarse al fiduciario la obligación de rendir cuentas (art. 1676); el juez no puede
constituir un derecho real o imponer su constitución, excepto disposición legal en contrario
(art. 1896); los progenitores no pueden hacer contrato alguno con el hijo que está bajo su
responsabilidad, excepto lo dispuesto para las donaciones sin cargo del art. 1549 (art. 689),
etc.
Por su lado, el art. 1002 prevé diversos supuestos de inhabilidades especiales para
contratar que tienen en mira evitar la posibilidad de aprovechamiento de una determinada
posición de ventaja o poder.11 Conforme a este artículo, no tienen capacidad para contratar en
interés propio: a) los funcionarios públicos, respecto de bienes de cuya administración o
enajenación están o han estado encargados; b) los jueces, funcionarios y auxiliares de la
justicia, los árbitros y mediadores, y sus auxiliares, respecto de bienes relacionados con
procesos en los que intervienen o han intervenido; c) los abogados y procuradores, respecto de
bienes litigiosos en procesos en los que intervienen o han intervenido; d) los cónyuges entre
sí, bajo el régimen de comunidad; e) los albaceas que no son herederos no pueden celebrar
contrato de compraventa sobre los bienes de las sucesiones testamentarias que estén a su
cargo.
b) El Objeto. Toda relación jurídica requiere de un objeto, siendo también, por tanto, un
elemento esencial de todo contrato. Debe tratarse de una cosa o de un hecho, y reunir los
requisitos establecidos por los arts. 1003 a 1010. De esta manera, el objeto de los contratos
debe ser lícito, posible, determinado o determinable, susceptible de valoración económica y
corresponder a un interés de las partes, aun cuando éste no sea patrimonial.
11
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 990 a 1072”; en Código Civil y Comercial de la Nación
Comentado; Marisa Herrera, Gustavo Caramelo y S. Picasso (Directores). Edic. Infojus, Tomo III, Buenos Aires,
2015, p. 405.
Objetos prohibidos. Correlativamente con lo dispuesto en el art. 279 para el objeto de los
actos jurídicos, el art. 1004 establece que no pueden ser objeto de los contratos los hechos que
son imposibles o están prohibidos por las leyes, son contrarios a la moral, al orden público, a
la dignidad de la persona humana, o lesivos de los derechos ajenos; ni los bienes que por un
motivo especial se prohíbe que lo sean. Cuando tengan por objeto derechos sobre el cuerpo
humano se aplican los arts. 17 y 56.
Cuando el objeto se refiera a bienes, éstos deben estar determinados en su especie o
género según sea el caso, aunque no lo estén en su cantidad, si ésta puede ser determinada. Es
determinable cuando se establecen los criterios suficientes para su individualización. Las
partes pueden pactar que la determinación del objeto sea efectuada por un tercero. Si este no
realizara la elección, fuera imposible o no haya observado los criterios expresamente
establecidos por las partes o por los usos y costumbres, puede recurrirse a la determinación
judicial.
Los bienes inexistentes y futuros pueden ser objeto de los contratos. La promesa de
transmitirlos está subordinada a la condición de que lleguen a existir, excepto que se trate de
contratos aleatorios.
Los bienes ajenos también pueden ser objeto de los contratos. Si el que promete
transmitirlos garantizó el éxito de la promesa, y ésta no se cumple, está obligado a
indemnizar. Si no ha garantizado el éxito de la promesa, sólo está obligado a emplear los
medios necesarios para que la prestación se realice y si, por su culpa, el bien no se transmite,
debe reparar los daños causados. El que ha contratado sobre bienes ajenos como propios
también es responsable de los daños si no hace entrega de ellos.
Los bienes litigiosos, gravados, o sujetos a medidas cautelares, pueden ser objeto de los
contratos, siempre que se declare ese carácter, y sin perjuicio de los derechos de terceros.
Quien de mala fe contrata sobre esos bienes como si estuviesen libres, debe reparar los daños
causados a la otra parte si ésta ha obrado de buena fe.
El Código Penal de la Nación considera casos especiales de defraudación y penaliza con
el delito de “estelionato” a quien “vendiere o gravare como bienes libres, los que fueren
litigiosos o estuvieren embargados o gravados; y el que vendiere, gravare o arrendare como
propios, bienes ajenos” (art. 173, inc. 9, del Código Penal).
La herencia futura no puede ser objeto de los contratos ni tampoco pueden serlo los
derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares (art. 1010).
c) La Causa. Es la razón o la motivación que llevó a las partes a contratar (causa-fin). Son
aplicables a la causa las mismas directivas fijadas por el Código para la causa de los actos
jurídicos (art. 1012). De esta manera, y de acuerdo a los arts. 281 a 283, la causa es el fin
inmediato autorizado por el ordenamiento jurídico que ha sido determinante de la voluntad.
También integran la causa los motivos exteriorizados cuando sean lícitos y hayan sido
incorporados al acto en forma expresa, o tácitamente si son esenciales para ambas partes.
Aunque la causa no esté expresada en el acto se presume que existe mientras no se pruebe lo
contrario. El acto es válido aunque la causa expresada sea falsa si se funda en otra causa
verdadera. En cuanto a los actos (pagaré, cheque) o contratos (fianza, hipoteca, prenda) de
carácter “abstracto”, la inexistencia, falsedad o ilicitud de la causa no son discutibles mientras
no se haya cumplido, excepto que la ley lo autorice.
La causa debe ser lícita (acorde con el ordenamiento jurídico) y es necesaria, esto es,
debe existir en la formación del contrato y durante su celebración y subsistir durante su
ejecución. La falta de causa da lugar, según los casos, a la nulidad, adecuación o extinción del
contrato (art. 1013).
Un contrato de causa ilícita será nulo cuando: a) su causa sea contraria a la moral, al
orden público o a las buenas costumbres; b) ambas partes lo hayan concluido por un motivo
ilícito o inmoral común. Si sólo una de ellas ha obrado por un motivo ilícito o inmoral, no
tiene derecho a invocar el contrato frente a la otra, pero ésta puede reclamar lo que ha dado,
sin obligación de cumplir lo que ha ofrecido (art. 1014).
B. Naturales. En ciertas categorías de contratos hay cláusulas naturales, que son propias del
acto, pero que no hacen a su vida misma. Esas cláusulas son proporcionadas por la ley en
forma supletoria, de modo que se tienen por incorporadas al contrato aunque nada se exprese
en él. Por ejemplo en los contratos onerosos el vendedor queda obligado por la garantía de
evicción (art. 1044) y por vicios redhibitorios (art. 1051), pero pueden ser dejadas de lado por
declaración expresa en contrario (art. 1036).
C. Accidentales. Son tales cualesquiera que convengan las partes, según su libre albedrío, o
en subsidio de la ley supletoria, o en sentido contrario a ella (ejemplo de esta última clase de
cláusula es la que establece la garantía de solvencia en la cesión de derechos, art. 1628).
5.- FORMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO.
En esencia el contrato es un acuerdo de voluntades destinado a reglar los derechos de las
partes. Lo que se debe determinar es cómo debe coordinarse tal voluntad para tener por
formado el consentimiento, es decir, perfeccionado el contrato. La determinación de ese
momento es de suma importancia, porque a partir allí surgirán las obligaciones asumidas por
los contratantes.
A) Oferta y aceptación. Como premisa general el art. 971 dispone que “Los contratos se
concluyen con la recepción de la aceptación de una oferta, o por una conducta de las partes
que sea suficiente para demostrar la existencia de un acuerdo”. Se entiende que la
manifestación de voluntad (aceptación) de un parte (aceptante) es recibida por la otra cuando
quien hizo la oferta (oferente o proponente) la conoce o debió conocerla, “o hubo de haberla
conocido si hubiera actuado con la diligencia apropiada en las circunstancias del caso” (por
ejemplo, el destinatario recibió en su domicilio la carta que contiene la aceptación pero no la
abrió).12 Por lo tanto, puede tratarse de una comunicación verbal, o de la recepción en el
domicilio del oferente del instrumento pertinente, o de otro modo útil (art. 983).
1) Oferta. La oferta es un acto jurídico unilateral y recepticio que tiene por finalidad la
formación de un contrato.13 La oferta es la manifestación dirigida a persona determinada o
determinable, con la intención de obligarse y con las precisiones necesarias para establecer los
efectos que debe producir en caso de ser aceptada (art. 972).
Fuerza obligatoria de la oferta. La oferta obliga al proponente según sus términos, a no ser
que lo contrario resulte de estos, de la naturaleza del negocio o de las circunstancias del caso
(art. 974). Los plazos de vigencia de la oferta comienzan a correr desde la fecha de su
recepción, excepto que contenga una previsión diferente.
Retractación de la oferta. La oferta dirigida a una persona determinada puede ser retractada o
retirada si la comunicación de su retiro es recibida por el destinatario antes o al mismo tiempo
que la oferta (art. 975).
2) Aceptación. La aceptación es un acto jurídico unilateral (solo depende de la voluntad del
aceptante), recepticio (cuando va dirigida al oferente), congruente con la oferta, que
perfecciona el contrato y obliga a cumplir con la contraprestación.14
Para que el contrato se concluya, la aceptación debe expresar la plena conformidad con
la oferta. Cualquier modificación a la oferta que su destinatario hace al manifestar su
aceptación, no vale como tal, sino que importa una “contrapropuesta” o la propuesta de un
nuevo contrato, pero las modificaciones pueden ser admitidas por el oferente si lo comunica
de inmediato al aceptante (art. 978).
La aceptación de la oferta perfecciona al contrato (art. 980). No obstante debemos
distinguir según que el contrato vaya a formalizarse entre presentes o entre ausentes.
Entre presentes: el contrato queda perfeccionado cuando la aceptación es manifestada (inc. a).
Aquí la aceptación sigue inmediatamente a la oferta. La oferta hecha a una persona presente o
12
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 265.
13
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 268.
14
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 281
la formulada por un medio de comunicación instantáneo, sin fijación de plazo, sólo puede ser
aceptada inmediatamente (art. 974, 2do. párrafo).
Entre ausentes: si la aceptación es recibida por el proponente durante el plazo de vigencia de
la oferta (inc. b). Cuando la oferta se hace a una persona que no está presente, sin fijación de
plazo para la aceptación, el proponente queda obligado hasta el momento en que puede
razonablemente esperarse la recepción de la respuesta, expedida por los medios usuales de
comunicación (art. 974, 3er. párrafo).
El consentimiento puede ser expreso o tácito. Es expreso cuando se lo manifiesta
verbalmente, o por escrito o por signos inequívocos. Es tácito cuando resulta de hechos o
actos que autoricen a presumir su existencia.
Modos de aceptación. Toda declaración o acto del destinatario que revela conformidad con la
oferta constituye aceptación. El silencio importa aceptación sólo cuando existe el deber de
expedirse, el que puede resultar de la voluntad de las partes, de los usos o de las prácticas que
las partes hayan establecido entre ellas, o de una relación entre el silencio actual y las
declaraciones precedentes (art. 979).
Retractación de la aceptación. La aceptación puede ser retractada o retirada si la
comunicación de su retiro es recibida por el destinatario (oferente) antes o al mismo tiempo
que ella (art. 981).
3) Contrato plurilateral. Si el contrato ha de ser celebrado por varias partes, y la oferta emana
de distintas personas, o es dirigida a varios destinatarios, no hay contrato sin el
consentimiento de todos los interesados, excepto que la convención o la ley autoricen a la
mayoría de ellos para celebrarlo en nombre de todos o permitan su conclusión sólo entre
quienes lo han consentido (art. 977).
4) Muerte o incapacidad de las partes. La oferta caduca cuando el proponente o el destinatario
de ella fallecen o se incapacitan, antes de la recepción de su aceptación. El que aceptó la
oferta ignorando la muerte o incapacidad del oferente, y que a consecuencia de su aceptación
ha hecho gastos o sufrido pérdidas, tiene derecho a reclamar su reparación (art. 976).
B) Contratos celebrados por adhesión a cláusulas generales predispuestas.
El contrato por adhesión es aquel mediante el cual uno de los contratantes adhiere a
cláusulas generales predispuestas unilateralmente por la otra parte o por un tercero, sin que el
adherente haya participado en su redacción (art. 984).
El contrato por adhesión no es un tipo general de contrato ni tampoco un contrato de
consumo propiamente dicho, sino una modalidad del consentimiento. En este caso hay una
gradación menor de la aplicación de la autonomía de la voluntad y de la libertad de fijación
del contenido del contrato debido a la desigualdad de quien no tiene otra posibilidad que la de
adherir a condiciones generales. El campo de aplicación, además de la contratación de
consumo, es aquel que presenta situaciones de adhesión, como ocurre entre las pequeñas y
medianas empresas y los grandes operadores del mercado.
El contrato se celebra por adhesión cuando las partes no negocian sus cláusulas, ya que
una de ellas, fundada en su mayor poder de negociación, predispone el contenido y la otra
adhiere.
La predisposición de cláusulas, en cambio, es una técnica de redacción que nada dice
sobre los efectos. El contenido predispuesto unilateralmente puede ser utilizado para celebrar
un contrato paritario, o uno por adhesión o uno de consumo. La razón es que hay muchos
contratos en los que la predisposición de las cláusulas no es indicio de la debilidad de una de
las partes: esto puede ocurrir porque los contratantes disminuyen los costos de transacción
aceptando un modelo de contrato predispuesto por una de ellas o por un tercero.
Por ello la adhesión es una característica de un acto del aceptante, y no una calidad del
contenido, como ocurre en la predisposición. El primer elemento activa el principio
protectorio, mientras que el segundo es neutro, ya que puede o no existir abuso.
Las cláusulas generales predispuestas deben ser comprensibles y autosuficientes. La
redacción debe ser clara, completa y fácilmente legible. Se tienen por no convenidas aquellas
que efectúan un reenvío a textos o documentos que no se facilitan a la contraparte del
predisponente, previa o simultáneamente a la conclusión del contrato. Esta disposición es
aplicable a la contratación telefónica, electrónica, o similares (art. 985). El vocablo
“generales” no alude a un concepto jurídico indeterminado, sino que en el ámbito contractual
es claro que se refiere a aquellas cláusulas que son redactadas para una generalidad de sujetos
en forma previa y no modificable mediante la negociación individual. Las cláusulas ambiguas
predispuestas por una de las partes se interpretan en sentido contrario a la parte predisponente
(art. 987).
Las cláusulas particulares son aquellas que, negociadas individualmente, amplían,
limitan, suprimen o interpretan una cláusula general. En caso de incompatibilidad entre
cláusulas generales y particulares, prevalecen estas últimas (art. 986). Aquí no hay adhesión,
sino negociación individual y consentimiento.
Cláusulas abusivas. En los contratos previstos en este parágrafo, se deben tener por no
escritas: a) las cláusulas que desnaturalizan las obligaciones del predisponente; b) las que
importan renuncia o restricción a los derechos del adherente, o amplían derechos del
predisponente que resultan de normas supletorias; c) las que por su contenido, redacción o
presentación, no son razonablemente previsibles (art. 988).
Las cláusulas abusivas se tienen por no convenidas. Cuando el juez declara la nulidad
parcial del contrato, simultáneamente lo debe integrar, si no puede subsistir sin comprometer
su finalidad. La aprobación administrativa de las cláusulas generales no obsta a su control
judicial (art. 989).
C) Tratativas contractuales.
Conforme al art. 990 las partes son libres para promover tratativas dirigidas a la
formación del contrato, y para abandonarlas en cualquier momento (libertad de negociación).
Las tratativas contractuales “constituyen diálogos, intercambios de información y
evaluaciones de factibilidad preliminares” que preceden a las obligaciones que se asumen en
el contrato y “permiten a los negociantes establecer los términos del contrato que procuran
celebrar”.15
Durante las tratativas preliminares, y aunque no se haya formulado una oferta, las partes
deben obrar de buena fe para no frustrarlas injustificadamente. El incumplimiento de este
deber genera la responsabilidad de resarcir el daño que sufra el afectado por haber confiado,
sin su culpa, en la celebración del contrato, lo que constituye un claro límite a la libertad de
contratación que castiga el obrar abusivo o de mala fe de quien injustificadamente frustrare
las tratativas.
Asimismo, si durante las negociaciones una de las partes facilita a la otra una
información con carácter confidencial, el que la recibió tiene el deber de no revelarla y de no
usarla inapropiadamente en su propio interés (deber de confidencialidad). El carácter
confidencial de la información lo determina quien la proporciona; no obstante las partes
pueden establecer la confidencialidad general de todo el proceso de negociación que lleven a
cabo. Este deber comprende no solo no revelar a nadie esa información, sino también
abstenerse de utilizarla en el propio interés de quien la recibió.
La Ley 24.766 de Confidencialidad, establece en su art. 1º que “las personas físicas o
jurídicas podrán impedir que la información que esté legítimamente bajo su control se
divulgue a terceros o sea adquirida o utilizada por terceros sin su consentimiento, de manera
contraria a los usos comerciales honestos”, mientras dicha información “sea secreta” (inc. a);
“tenga un valor comercial por ser secreta” (inc. b), y “haya sido objeto de medidas razonables
para mantenerla secreta” (inc. c). La ley se aplica “a la información que conste en
documentos, medios electrónicos o magnéticos, discos ópticos, microfilmes, películas u otros
15
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 990 a 1072”; en Código Civil…; op. cit., p. 393.
elementos similares” (art. 2º), y toda persona que haya sido prevenida del carácter
confidencial de una cierta información “deberá abstenerse de usarla y de revelarla sin causa
justificada o sin consentimiento de la persona que guarda dicha información o de su usuario
autorizado” (art. 3º). La parte que incumple este deber queda obligada a reparar el daño
sufrido por la otra y, si ha obtenido una ventaja indebida de la información confidencial,
queda obligada a indemnizar a la otra parte en la medida de su propio enriquecimiento (art.
992).
Cartas de intención (art. 993). Los instrumentos mediante los cuales una parte, o todas ellas,
expresan un consentimiento para negociar sobre ciertas bases, limitado a cuestiones relativas a
un futuro contrato, son de interpretación restrictiva. Sólo tienen la fuerza obligatoria de la
oferta si cumplen sus requisitos. La carta de intención “es una forma de documentar el avance
de las negociaciones, con la mirada centrada en la eficiencia de las tratativas en curso” que
por lo general incluyen los deberes de “confidencialidad; el de lealtad y el de información,
todos ellos con sujeción al principio vertebral de buena fe”.16
D) Contratos preliminares.
Los contratos preliminares (arts. 994 a 999) deben contener el acuerdo sobre los
elementos esenciales particulares que identifiquen el futuro contrato definitivo. El plazo de
vigencia de las promesas de contrato es de un año, o el menor que convengan las partes,
quienes pueden renovarlo a su vencimiento.
Los contratos preliminares son de dos tipos:
a.- Promesa de contrato. Las partes pueden pactar la obligación de celebrar un contrato futuro.
El futuro contrato no puede ser de aquellos para los cuales se exige una forma bajo sanción de
nulidad. Es aplicable el régimen de las obligaciones de hacer (que prevé la ejecución forzada
o, en su caso, el otorgamiento del instrumento por el juez en el supuesto del art. 1018, de
verificarse los requisitos allí establecidos).
b.- Contrato de opción. El contrato que contiene una opción de concluir un contrato definitivo,
otorga al beneficiario el derecho irrevocable de aceptarlo. Puede ser gratuito u oneroso, y
debe observar la forma exigida para el contrato definitivo. No es transmisible a un tercero,
excepto que así se lo estipule. Se trata de un contrato preliminar que otorga a una de las partes
o a varias el derecho irrevocable de aceptar el contrato, opción que debe ejercerse dentro del
plazo de un año o del menor plazo que convengan.
E) Pacto de preferencia y contrato sujeto a conformidad.
16
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 990 a 1072”; en Código Civil…; op. cit., pp. 397/398.
El pacto de preferencia confiere a ciertas personas el derecho de ser elegidos para la
celebración de un contrato futuro en caso de que el titular del bien o de los derechos decida
disponer de ellos. La obligación consiste en la elección del contratante “preferido” (titular del
derecho) para el caso de que se decida enajenar el bien. Es decir que si una de las partes
decide celebrar un futuro contrato, debe hacerlo con la otra o las otras partes (titulares del
derecho de preferencia). El Código regula el pacto de preferencia dentro del contrato de
compraventa (arts. 1165 y 1166) y en el art. 1182 como cláusula a incorporar al contrato de
suministro. Pero también autoriza las preferencias recíprocas cuando se trata de contratos
asociativos como las sociedades (art. 194 LSC), las agrupaciones de colaboración (art. 1453 y
ss.), las uniones transitorias (art. 1463), los consorcios de cooperación (art. 1470), y los
condominios. De este modo, la ubicación de esta disposición en la parte general de los
contratos amplía el limitado rol que tenía en el Código anterior como cláusula contractual,
pasando a constituir un verdadero sistema de contratación.17
Conforme al art. 997 “El pacto de preferencia genera una obligación de hacer a cargo de
una de las partes, quien si decide celebrar un futuro contrato, debe hacerlo con la otra o las
otras partes. Si se trata de participaciones sociales de cualquier naturaleza, de condominio, de
partes en contratos asociativos o similares, el pacto puede ser recíproco. Los derechos y
obligaciones derivados de este pacto son transmisibles a terceros con las modalidades que se
estipulen”.
Asimismo, “el otorgante de la preferencia debe dirigir a su o sus beneficiarios una
declaración, con los requisitos de la oferta, comunicándole su decisión de celebrar el nuevo
contrato, en su caso de conformidad con las estipulaciones del pacto. El contrato queda
concluido con la aceptación del o de los beneficiarios” (art. 998).
El contrato sujeto a conformidad (o contrato ad referendum), es aquel en el cual la
declaración de voluntad de uno o de ambos contratantes, “requiere ser integrada con la
declaración de voluntad de un tercero ajeno al acto, el cual tiene que dar su asentimiento o
aprobación para que éste quede perfeccionado”.18 Tal aprobación, que puede ser de un órgano
societario o de una autoridad pública (por ej. un juez), es la que perfeccionará el acto, el que
por lo tanto queda así sometido a las reglas de la condición suspensiva (arts. 343 y ss.). El art.
999 dispone: “Contrato sujeto a conformidad. El contrato cuyo perfeccionamiento depende de
17
Kitainik, Nicolás; “artículos 957 a 1090” en Bueres, Alberto J. (Director); Código Civil y Comercial de la
Nación (analizado, comparado y concordado). Ed. Hammurabi, T. I, Buenos Aires, 2014, p. 576.
18
Colombres, Fernando M. “Pacto de preferencia y contrato sujeto a conformidad” en Rivera, Julio César y
Medina, Graciela (Directores); Código Civil y Comercial de la Nación comentado; T. III; Ed. La Ley, 2014, p.
561.
una conformidad o de una autorización queda sujeto a las reglas de la condición suspensiva”.
6.- CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS.
Clasificación del Código:
UNILATERALES Y BILATERALES. Según el art. 966 son unilaterales aquellos en los que
una de las partes se obliga hacia la otra sin que ésta quede obligada (donación, mandato
gratuito, fianza, mutuo gratuito, comodato). Y son bilaterales, cuando las partes se obligan
recíprocamente la una hacia la otra (compraventa, locación, mandato oneroso, permuta, etc.).
Las normas de los contratos bilaterales se aplican supletoriamente a los contratos
plurilaterales.
ONEROSOS Y GRATUITOS. Según el art. 967 los contratos son a título oneroso cuando las
ventajas que procuran a una de las partes les son concedidas por una prestación que ella ha
hecho o se obliga a hacer a la otra (compraventa, locación, etc.). En este caso se tienen en
cuenta exclusivamente las ventajas comparadas con los sacrificios. Por el contrario, son a
título gratuito cuando aseguran a uno de los contratantes alguna ventaja, independiente de
toda prestación a su cargo (donación, comodato o préstamo de uso). Si bien todo contrato
bilateral es oneroso, no todo contrato unilateral es gratuito. Desde este ángulo todos los
contratos bilaterales son onerosos pero no todos los contratos unilaterales son gratuitos.
CONMUTATIVOS Y ALEATORIOS. Según el art. 968 los contratos a título oneroso son
conmutativos cuando las ventajas para todos los contratantes son ciertas, determinadas y
apreciables al momento de la celebración (compraventa). Son aleatorios, cuando las ventajas
o las pérdidas, para uno de ellos o para todos, dependen de un acontecimiento futuro e incierto
(contrato de juego y apuesta, de seguros, compraventa de cosecha, etc.). La aleatoriedad se
verifica cuando, al momento de la celebración, no es posible definir con certeza el contenido
prestacional a cargo de los contratantes.
FORMALES Y NO FORMALES. Conforme al art. 969 los contratos para los cuales la ley
exige una forma para su validez, son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha (formalidad
solemne absoluta). Cuando la forma requerida para los contratos, lo es sólo para que éstos
produzcan sus efectos propios, sin sanción de nulidad, no quedan concluidos como tales
mientras no se ha otorgado el instrumento previsto, pero valen como contratos en los que las
partes se obligaron a cumplir con la formalidad correspondiente (formalidad solemne
relativa). Cuando la ley o las partes no imponen una forma determinada, ésta debe constituir
sólo un medio de prueba de la celebración del contrato (formales no solemnes o ad
probationem).
NOMINADOS E INNOMINADOS. Los contratos son nominados e innominados según que
la ley los regule especialmente o no. Son nominados o típicos la locación, sociedad, mutuo,
etc. Son innominados o atípicos el contrato de garaje, de hospedaje, de publicidad, etc. Los
contratos innominados están regidos, en el siguiente orden, por: a) la voluntad de las partes; b)
las normas generales sobre contratos y obligaciones; c) los usos y prácticas del lugar de
celebración; d) las disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que son
compatibles y se adecuan a su finalidad (art. 970).
Otras clasificaciones:
DE CUMPLIMIENTO INMEDIATO Y DE CUMPLIMIENTO DIFERIDO. Integran el
primer grupo aquellos en que las prestaciones que incumben a cada parte se realizan
contemporáneamente, aunque estén sujetas a un plazo (por ej. la entrega de la cosa a los 30
días). Es de cumplimiento diferido cuando está sujeto a condición, a un modo o plazo
periódico.
DE EJECUCIÓN INSTANTÁNEA Y DE TRACTO SUCESIVO. Esta distinción se refiere al
cumplimiento del contrato, ya sea que se realice en un solo acto o en diverso tiempo de
ejecución. Es de tracto sucesivo la locación, es de ejecución instantánea la compraventa al
contado.
CAUSADOS Y ABSTRACTOS. En los contratos causados, la carencia, ilicitud o falsedad de
la causa (finalidad) determina su invalidez. En los contratos abstractos, en cambio, esas
circunstancias no juegan ningún papel cuando el acreedor pretende el cumplimiento, sin
perjuicio de que puedan tener relevancia con ulterioridad en un juicio futuro.19
CONSENSUALES Y REALES. Abandono de esta clasificación. En vigencia del Código
anterior se distinguía entre contratos “consensuales” (aquellos que se perfeccionan con el solo
consentimiento, sin necesidad de realizar actos posteriores para que quede perfeccionado,
como la compraventa de cosas muebles no registrables) y “reales” (aquellos para cuyo
perfeccionamiento exigen no solo el consenso sino también la tradición del bien o la cosa
sobre la que versa el contrato, como el mutuo, comodato, depósito, etc.). Sin embargo, en el
nuevo Código todos los contratos regulados son consensuales, pues nacen con el acuerdo de
las partes que lo celebran, y la categoría de contratos reales ha dejado de existir. La supresión
de esta categoría de contratos fue propiciada por la doctrina, que finalmente el nuevo Código
receptó.20
7.- FORMA DE LOS CONTRATOS.
19
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 183.
20
Rivera, Julio César; “Clasificación de los contratos” en Julio César Rivera y Graciela Medina (Directores);
Código Civil y Comercial de la Nación comentado; T. III; Ed. La Ley, 2014, p. 484.
La forma es el conjunto de solemnidades exigidas por la ley para la formación de los actos
jurídicos respecto de los cuales el contrato es una especie. El principio general que rige en
materia de contratos es el de la libertad de formas ya que “Solo son formales los contratos a los
cuales la ley les impone una forma determinada” (art. 1015).
En orden a la forma de los contratos, seguimos la clasificación enunciada al tratar sobre la
forma de los actos jurídicos, de donde surgen tres clases de formalidades:
a) Solemnidad absoluta. El recaudo de la forma impuesto por la ley o por la voluntad de las
partes se convierte en un elemento constitutivo del acto, esencial para su validez, por lo que la
omisión de la forma prescripta provoca la invalidez del acto jurídico. Tales son las donaciones
de cosas inmuebles, de muebles registrables y las de prestaciones periódicas o vitalicias (art.
1552).
b) Solemnidad relativa. Aquí la omisión de la forma impuesta por la ley acarrea la invalidez
del acto jurídico, por lo cual no produce los efectos que debía generar, pero -no obstante-
produce como consecuencia un efecto distinto, consistente en la obligación de cumplir la
solemnidad omitida, operándose la denominada “conversión” del acto.21 El acto pierde así sus
efectos propios pero, por conversión, el acto nulo, pasa a ser un acto jurídico distinto, tal
como lo dispone el art. 285. Se encuentran contemplados los supuestos del art. 1017 donde el
negocio se transforma en la obligación de otorgarlo según la forma impuesta en la ley. Deben
ser otorgados por escritura pública: a) los contratos que tienen por objeto la adquisición,
modificación o extinción de derechos reales sobre inmuebles (excepto los casos en que el acto
es realizado mediante subasta proveniente de ejecución judicial o administrativa); b) los
contratos que tienen por objeto derechos dudosos o litigiosos sobre inmuebles; c) todos los
actos que sean accesorios de otros contratos otorgados en escritura pública; d) los demás
contratos que, por acuerdo de partes o disposición de la ley, deben ser otorgados en escritura
pública.
Se considera subasta pública a la venta realizada mediante remate, por orden judicial.
La subasta administrativa es la que realiza un ente oficial, sin trámite judicial que es
asimilable a la subasta judicial.22
Por lo tanto, si alguien pretende vender un inmueble utilizando como instrumento un
boleto de compraventa privado, está realizando un contrato válido que lo obliga a otorgar
escritura pública a fin de integrar el acto jurídico complejo, para cuya conclusión la ley
impone el cumplimiento de esa formalidad. La nulidad del contrato de compraventa no
21
Gariboto, Juan C. op. cit., p. 46.
22
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 239.
implica la nulidad del boleto.23 De ahí que el otorgamiento pendiente de un instrumento
previsto como formalidad solemne relativa constituye una obligación de hacer si el futuro
contrato no requiere una forma bajo sanción de nulidad. En este caso si la parte condenada a
otorgarlo es remisa, el juez lo hace en su representación, siempre que las contraprestaciones
estén cumplidas, o fuera asegurado su cumplimiento (art. 1018).
c) Formalidad simple o no solemne. En este tipo de actos la forma se exige “ad probationem”.
Los actos adquieren relieve cualquiera sea la forma en que se los otorgue, pero no se los
puede probar si no se exhibe la forma o instrumento exigido por la ley o por las partes. Están
incluidos: los contratos que sea de uso instrumentar, los que no pueden ser probados
exclusivamente por testigos (art. 1019), las donaciones no incluidas en el art. 1552, etc.24
Por otro lado, la formalidad exigida para la celebración del contrato rige también para
las modificaciones ulteriores que le sean introducidas, excepto que ellas versen solamente
sobre estipulaciones accesorias o secundarias, o que exista disposición legal en contrario (art.
1016).
8.- PRUEBA DE LOS CONTRATOS.
En materia de prueba de los contratos es aplicable todo lo relativo a la prueba de los
actos jurídicos. Naturalmente, la prueba del contrato solo será necesaria en caso de que se
cuestione su existencia. El art. 1019 establece que los contratos “pueden ser probados por
todos los medios aptos para llegar a una razonable convicción según las reglas de la sana
crítica, y con arreglo a lo que disponen las leyes procesales, excepto disposición legal que
establezca un medio especial. Los contratos que sea de uso instrumentar no pueden ser
probados exclusivamente por testigos”. Como se advierte el criterio es lo suficientemente
amplio como para abarcar no solo los medios de prueba existentes, sino también aquellos que
puedan crearse en el futuro merced al avance tecnológico y científico. El parámetro de
valoración de la existencia de un contrato indica que las pruebas deben ser evaluadas según
las reglas de la “sana crítica”, de naturaleza lógica y nutrida de las máximas de la experiencia,
las que requieren fundamentación y constituyen un límite a la “libre o íntima convicción” en
la apreciación del material probatorio, por lo que la sana crítica “no es más que la aplicación
de un método racional en la reconstrucción de un hecho pasado”.25 La norma además restringe
la prueba de testigos en los contratos que por costumbre social sean celebrados por escrito,
23
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 238.
24
Belluscio, Augusto C. y Zannoni, Eduardo A. Código Civil y Leyes Complementarias. Comentado, anotado y
concordado. Tomo 4. Buenos Aires, Ed. Astrea. 1982, pp. 467-468.
25
C.S.J.N., causa C. 1757. XL. Recurso de hecho en “Casal Matías Eugenio y Otro s/ Robo simple en grado de
tentativa -Causa N° 1681-”, sent. del 20-IX-2005, consid. 29º.
por lo que la prueba debe complementarse por otros medios probatorios.
A su vez, y con respecto a la prueba de los contratos formales, el art. 1020 dispone:
“Los contratos en los cuales la formalidad es requerida a los fines probatorios pueden ser
probados por otros medios, inclusive por testigos, si hay imposibilidad de obtener la prueba
de haber sido cumplida la formalidad o si existe principio de prueba instrumental, o comienzo
de ejecución. Se considera principio de prueba instrumental cualquier instrumento que emane
de la otra parte, de su causante o de parte interesada en el asunto, que haga verosímil la
existencia del contrato”.
Fuera de los casos en los que la forma es impuesta como requisito de validez del
contrato, sin cuya observancia no puede probarse la existencia del contrato (donación de
inmuebles, de muebles registrables, etc.), la hipótesis del art. 1020 abarca los supuestos en los
que la forma es impuesta a los fines probatorios (locación de cosa inmueble o mueble
registrable; contratos bancarios; fianza, transacción, seguro, etc.). La prueba principal, en
estos casos, será siempre el propio instrumento; pero faltando éste, la norma admite su prueba
por otros medios, incluida la prueba testimonial, en tres supuestos distintos que pueden dar
lugar a indicios probatorios que, complementados por otros medios, posibiliten al juez formar
convicción sobre la existencia del contrato, según las reglas de la sana crítica. Esos supuestos
son: a. Si hay imposibilidad de obtener la prueba de haber sido cumplida la formalidad
(casos de destrucción, sustracción o extravío del instrumento, o imposibilidad de acceso al
mismo); b. Si existe principio de prueba instrumental (presentación de documentos, recibos,
facturas, remitos, constancias bancarias o cualquier otro instrumento vinculado al contrato
invocado, ya sea que consten en instrumentos públicos, privados o particulares no firmados o
en soporte electrónico); c. Si hay comienzo de ejecución (realización de determinadas
actividades o prestaciones que no habrían ocurrido o no tendrían razón de ser de no haber
mediado la celebración del contrato que se quiere probar).26
9.- EFECTOS DE LOS CONTRATOS. Los contratos, en tanto actos jurídicos, producen
efectos, es decir, consecuencias jurídicas consistentes en la “adquisición, modificación o
extinción de relaciones o situaciones jurídicas” (art. 259).
A) Efecto relativo. El principio general es que los contratos sólo producen efectos respecto de
las partes y los sucesores de las partes, y no respecto de los terceros que no intervienen en él,
es decir que sus efectos son relativos. Así lo establece el art. 1021 según el cual “El contrato
sólo tiene efecto entre las partes contratantes; no lo tiene con respecto a terceros, excepto en
26
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 990 a 1072”; en Código Civil…; op. cit., pp. 423/424.
los casos previstos por la ley”, mientras que el art. 1022 agrega: “El contrato no hace surgir
obligaciones a cargo de terceros, ni los terceros tienen derecho a invocarlo para hacer recaer
sobre las partes obligaciones que éstas no han convenido, excepto disposición legal”.
Se considera parte del contrato a quien: a) lo otorga a nombre propio, aunque lo haga en
interés ajeno; b) es representado por un otorgante que actúa en su nombre e interés; c)
manifiesta la voluntad contractual, aunque ésta sea transmitida por un corredor o por un
agente sin representación (art. 1023).
Los efectos del contrato se extienden, activa y pasivamente, a los sucesores universales,
a no ser que las obligaciones que de él nacen sean inherentes a la persona, o que la
transmisión sea incompatible con la naturaleza de la obligación, o esté prohibida por una
cláusula del contrato o la ley (art. 1024). En consecuencia el contrato no produce efectos
respecto de los sucesores universales: a) Si se trata de obligaciones “intuitu personae”; b)
Cuando la ley impide la transmisión (caso del “pacto de preferencia” en la compraventa, art.
1165, o de la muerte del mandante o del mandatario, art. 1329); c) Cuando las partes han
convenido la intransmisibilidad; d) Cuando la transmisión es contraria a la naturaleza misma
del contrato (contrato de constitución de usufructo, cuyos efectos terminan con la muerte del
usufructuario, art. 2140).27
Sucesor universal es el que recibe todo o una parte indivisa del patrimonio de otro;
sucesor singular el que recibe un derecho o un bien en particular (art. 400).
B) Incorporación de terceros al contrato. La incorporación de terceros al contrato puede
resultar de diversas figuras: el contrato a nombre de tercero, la promesa del hecho de un
tercero y la estipulación a favor de un tercero. A su vez, el concepto de “tercero” es negativo:
tercero es quien no es parte, ya sea de un acto o de un contrato.
1. Contrato a nombre de tercero. Sucede cuando alguien contrata por otro pero careciendo de
su debida representación. Quien contrata a nombre de un tercero sólo lo obliga si ejerce su
representación. A falta de representación suficiente el contrato es ineficaz. La ratificación
expresa o tácita del tercero suple la falta de representación. La ejecución del contrato por el
tercero implica ratificación tácita (art. 1025).
2. Promesa del hecho de tercero. Se da cuando quien contrata se compromete a obtener una
determinada conducta de un tercero ajeno al contrato, sea la aceptación del tercero, sea el
efectivo cumplimiento de una determinada prestación por éste. Quien promete el hecho de un
tercero queda obligado a hacer lo razonablemente necesario para que el tercero acepte la
27
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 428.
promesa. Si ha garantizado que la promesa sea aceptada, queda obligado a obtenerla y
responde personalmente en caso de negativa (art. 1026).
3. Estipulación a favor de tercero. Existe cuando las partes del contrato han convenido una
ventaja a favor de un tercero ajeno a ellas, quien puede aceptarla antes de que sea revocada y
obtener su cumplimiento.28 Las relaciones resultantes son triangulares: quien hace la
estipulación es estipulante; quien la realizará a favor del tercero es promitente, y el tercero,
como la convención ha sido concebida a su favor, es su beneficiario y puede convertirse en
acreedor de la obligación nacida de dicho contrato. Al respecto el art. 1027 dispone: “Si el
contrato contiene una estipulación a favor de un tercero beneficiario, determinado o
determinable, el promitente le confiere los derechos o facultades resultantes de lo que ha
convenido con el estipulante. El estipulante puede revocar la estipulación mientras no reciba
la aceptación del tercero beneficiario; pero no puede hacerlo sin la conformidad del
promitente si éste tiene interés en que sea mantenida. El tercero aceptante obtiene
directamente los derechos y las facultades resultantes de la estipulación a su favor. Las
facultades del tercero beneficiario de aceptar la estipulación, y de prevalerse de ella luego de
haberla aceptado, no se transmiten a sus herederos, excepto que haya cláusula expresa que lo
autorice. La estipulación es de interpretación restrictiva”. Para ello, conforme la norma citada,
deben concurrir estos extremos: a) El beneficiario debe aceptar la ventaja estipulada a su
favor; b) Debe hacerlo saber al obligado; c) Todo ello antes de ser revocada la estipulación.
Ejemplificando: “si E pacta con P que éste pintará la casa de T, para que T tenga derecho a
requerir de P el cumplimiento de la prestación, debe aceptarla y hacérselo saber antes de que
E revoque su decisión”.29
Contrato para “persona a designar”. Dispone el art. 1029 que “Cualquier parte puede
reservarse la facultad de designar ulteriormente a un tercero para que asuma su posición
contractual, excepto si el contrato no puede ser celebrado por medio de representante, o la
determinación de los sujetos es indispensable. La asunción de la posición contractual se
produce con efectos retroactivos a la fecha del contrato, cuando el tercero acepta la
nominación y su aceptación es comunicada a la parte que no hizo la reserva. Esta
comunicación debe revestir la misma forma que el contrato, y ser efectuada dentro del plazo
estipulado o, en su defecto, dentro de los quince días desde su celebración. Mientras no haya
una aceptación del tercero, el contrato produce efectos entre las partes”. En esta situación las
partes convienen en que una, o cualquiera de ellas, se reserva la facultad de designar
28
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 460.
29
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 463.
ulteriormente a un tercero para que asuma su posición contractual. La modalidad es frecuente
en las compras en comisión, en las cuales el contratante tiene derecho a individualizar a su
comitente con posterioridad”.30 El plazo para la determinación del sujeto designado y la
comunicación a la/s otra/s parte/s será el establecido en el contrato original y, si nada se
estatuyó al respecto, será el de 15 días desde su celebración.
Contrato “por cuenta de quien corresponda”. Este contrato tiene el sujeto “en blanco”, porque
se lo celebra en interés de un tercero que está indeterminado, y cuya determinación se hará
posteriormente. Es un contrato representativo, porque el celebrante no contrata en interés
propio, sino que actúa en interés de algún tercero.31 El contrato celebrado “por cuenta de
quien corresponda” queda sujeto a las reglas de la condición suspensiva. El tercero asume la
posición contractual cuando se produce el hecho que lo determina como beneficiario del
contrato (art. 1030). De esta manera, en este tipo de contratos, uno de los contratantes es
“parte” solo en apariencia, pues “necesaria y forzosamente será reemplazado más tarde por el
verdadero contratante quien, hasta ese momento, es un tercero”.32
C) El subcontrato. El subcontrato es un nuevo contrato mediante el cual el subcontratante crea
a favor del subcontratado una nueva posición contractual derivada de la que aquél tiene en el
contrato principal (art. 1069). En los contratos con prestaciones pendientes éstas pueden ser
subcontratadas, en el todo o en parte, a menos que se trate de obligaciones que requieren
prestaciones personales (art. 1070).
En consecuencia el subcontrato o contrato derivado, es un nuevo contrato celebrado en
relación con un contrato básico y originario, como, por ejemplo, la sublocación de cosas: el
inquilino da en alquiler al subinquilino el objeto locado por él, lo cual constituye una nueva
locación. Aquí el subcontratante no ingresa en la relación básica, pues constituye una nueva
relación; en cambio, en la transmisión de la posición contractual, el tercero ocupa el lugar
jurídico del transmitente.33
Acciones del subcontratado. El subcontratado dispone: a) de las acciones emergentes del
subcontrato, contra el subcontratante; b) de las acciones que corresponden al subcontratante,
contra la otra parte del contrato principal, en la extensión en que esté pendiente el
cumplimiento de las obligaciones de éste respecto del subcontratante. Estas acciones directas
se rigen por lo dispuesto en los artículos 736, 737 y 738 (art. 1071).
30
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 320.
31
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 319.
32
Crovi, Luis Daniel; “Incorporación de terceros al contrato” en Rivera, Julio César y Medina, Graciela
(Directores); Código Civil y Comercial de la Nación comentado; T. III; Ed. La Ley, 2014, p. 640.
33
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 465.
Acciones de la parte que no ha celebrado el subcontrato. La parte que no ha celebrado el
subcontrato mantiene contra el subcontratante las acciones emergentes del contrato principal.
Dispone también de las que corresponden al subcontratante contra el subcontratado, y puede
ejercerlas en nombre e interés propio (art. 1072).
D) Contratos conexos. Dispone el art. 1073: “Hay conexidad cuando dos o más contratos
autónomos se hallan vinculados entre sí por una finalidad económica común previamente
establecida, de modo que uno de ellos ha sido determinante del otro para el logro del resultado
perseguido. Esta finalidad puede ser establecida por la ley, expresamente pactada, o derivada
de la interpretación, conforme con lo que se dispone en el artículo 1074”.
La regulación de los contratos conexos o vinculados constituye una innovación del
Código que, en cierto punto, configura una excepción al principio general del efecto relativo
que caracteriza a los contratos.
De la definición legal se extraen las siguientes características: a) pluralidad de contratos
autónomos vinculados. Pueden ser celebrados por las mismas partes o partes diferentes, en
forma simultánea o sucesiva, y en instrumentación única o separada; b) finalidad económica
común, a partir de la existencia de una conexión relevante entre ellos, donde la celebración de
uno será determinante de la celebración de los otros.
Los contratos conexos suelen presentarse en los casos de compraventas facilitadas por
un mutuo (préstamo de consumo) que permite concretar la adquisición (mutuo hipotecario
para la adquisición de un inmueble; préstamos personales para adquirir muebles,
electrodomésticos, etc.). Otro caso usual de conexidad se da en el contrato de tarjeta de
crédito, en cuyo sistema se viabilizan diversas contrataciones (compraventas, locaciones,
etc.), permitiendo al usuario de la tarjeta efectuar dichas operaciones a crédito o difiriendo los
pagos por un plazo prestablecido con el emisor.34
En cuanto a su interpretación, “los contratos conexos deben ser interpretados los unos
por medio de los otros, atribuyéndoles el sentido apropiado que surge del grupo de contratos,
su función económica y el resultado perseguido” (art. 1074). Esta regla abre la interpretación
al grupo de contratos en el plano del método interpretativo contextual, y aplicando las ideas
de “función económica” y “resultado perseguido” como pautas para conocer el sentido
apropiado del negocio global, lo cual reenvía a la finalidad económica común de la que da
34
Chomer, Héctor y Sícoli, Jorge S.; “Comentarios a los arts. 1073 a 1075” en Código Civil y Comercial de la
Nación Comentado; Marisa Herrera, Gustavo Caramelo y S. Picasso (Directores). Edic. Infojus, Tomo III,
Buenos Aires, 2015, p. 465.
cuenta el art. 1073.35
10.- EFICACIA Y VICISITUDES DEL CONTRATO.
A) Seña, señal o arras.
Se llama “seña”, “señal” o “arras” a la entrega de una cosa mueble o de una suma de
dinero que una de las partes realiza a favor de la otra, ya sea para garantizar o reforzar el
cumplimiento del contrato, o para posibilitar el arrepentimiento de cualquiera de ellas.
Con frecuencia en algunos contratos se entrega una seña para asegurar su cumplimiento
o su perfeccionamiento, ya que no hay ejecución inmediata de las obligaciones emergentes de
los mismos. Como principio general la seña debe ser entendida como confirmatoria del
contrato, es decir, orientada a reforzar el cumplimiento de las obligaciones, a cuenta del
precio total y en signo de ratificación del contrato. Sin embargo, puede ocurrir que las partes
pacten la posibilidad de “arrepentimiento”. En este último caso, la seña posibilita la
resolución o extinción inmediata del contrato, presentando características singulares ya que si
quien dio la seña se arrepiente de la operación pierde lo que ha entregado, pero si quien
frustra el contrato es el que recibió la seña, debe devolver el doble de su valor. Así lo estipula
el art. 1059: “La entrega de señal o arras se interpreta como confirmatoria del acto, excepto
que las partes convengan la facultad de arrepentirse; en tal caso, quien entregó la señal la
pierde en beneficio de la otra, y quien la recibió, debe restituirla doblada”. Pero nada obsta a
que las partes convengan otro régimen distinto para regular la posibilidad de arrepentimiento.
Los daños derivados del arrepentimiento se limitan al monto o valor de la seña que
opera, en este caso, como una condición resolutoria (art. 343).
Distinto es el supuesto de la “reserva”, de uso habitual en el mercado inmobiliario, pues
esta actúa como una condición suspensiva que sujeta la viabilidad de la operación a la
conformidad de la contraparte con una determinada propuesta negocial (contrato sujeto a
conformidad, art. 999).36
Como señal o arras pueden entregarse dinero o cosas muebles. Si la seña es de la misma
especie que lo que debe darse por el contrato, lo dado en seña se tiene como parte de la
prestación si el contrato se cumple; pero no si ella es de diferente especie o si la obligación es
de hacer o no hacer (art. 1060).
B) Suspensión del cumplimiento y fuerza mayor.
Suspensión del cumplimiento. En los contratos bilaterales, cuando las partes deben cumplir
35
Hernández, Carlos A. “Arts. 1059 a 1091” en Código Civil y Comercial de la Nación comentado. Ricardo Luis
Lorenzetti (Director). Tomo VI, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015, p. 155.
36
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 990 a 1072”; en Código Civil…; op. cit., p. 455.
simultáneamente, una de ellas puede suspender el cumplimiento de la prestación, hasta que la
otra cumpla u ofrezca cumplir. La suspensión puede ser deducida judicialmente como acción
o como excepción. Si la prestación es a favor de varios interesados, puede suspenderse la
parte debida a cada uno hasta la ejecución completa de la contraprestación (art. 1031). La
suspensión puede ser alegada en forma extrajudicial o judicial y, en esta instancia, como
acción o como excepción dilatoria, y tendrá efecto hasta que la otra parte cumpla u ofrezca
cumplir.
Esta figura tiene como antecedente la llamada “excepción de incumplimiento” (exceptio
non adimpleti contractus) que había sido prevista en el art. 1202 del Código Civil derogado, y
coincide con la situación prevista en el punto 7.1.3 de los Principios de Unidroit 2010 sobre
los contratos comerciales internacionales: “Cuando las partes han de cumplir
simultáneamente, cada parte puede suspender el cumplimiento de su prestación hasta que la
otra ofrezca su prestación”37.
Tutela preventiva. Una parte puede suspender su propio cumplimiento si sus derechos
sufriesen una grave amenaza de daño porque la otra parte ha sufrido un menoscabo
significativo en su aptitud para cumplir, o en su solvencia. La suspensión queda sin efecto
cuando la otra parte cumple o da seguridades suficientes de que el cumplimiento será
realizado (art. 1032). Se trata de un supuesto de autoresguardo de una de las partes ante
situaciones que objetivamente hacen peligrar la posibilidad de cumplimiento de la otra y que
podrían derivar en que, en caso de cumplir con la prestación a su cargo, quien invoca la tutela
sufra un perjuicio patrimonial. La norma permite la suspensión temporaria a modo de tutela
preventiva, como instancia previa a la extinción por resolución del contrato o por vía de
“excepción de incumplimiento”. El hecho activante no es el daño sino la amenaza de daño, es
decir, la afectación de una expectativa de cumplimiento.
Esta situación coincide con la prevista en el art. 71 de la Convención de las Naciones
Unidas sobre los Contratos de Compraventa Internacional de Mercaderías (Viena, 1980): “1)
Cualquiera de las partes podrá diferir el cumplimiento de sus obligaciones si, después de la
celebración del contrato, resulta manifiesto que la otra parte no cumplirá una parte sustancial
de sus obligaciones a causa de: a) un grave menoscabo de su capacidad para cumplirlas o de
su solvencia, o b) su comportamiento al disponerse a cumplir o al cumplir el contrato…3) La
parte que difiera el cumplimiento de lo que le incumbe, antes o después de la expedición de
las mercaderías, deberá comunicarlo inmediatamente a la otra parte y deberá proceder al
37
Texto en: [Link]
cumplimiento si esa otra parte da seguridades suficientes de que cumplirá sus obligaciones”.38
C) Obligación de saneamiento del contrato.
La obligación de saneamiento es una característica propia de los contratos onerosos.
Dispone el art. 1034 que “el obligado al saneamiento garantiza por evicción y por vicios
ocultos”. Esto significa que quien adquiere bienes a título oneroso se encuentra amparado
tanto frente a los defectos del derecho trasmitido como también ante la existencia de defectos
ocultos en la cosa objeto del contrato.
El Código regula deber de saneamiento en los arts. 1033 a 1043, los que establecen
disposiciones comunes relativas al ámbito de aplicación, naturaleza y efectos de las garantías
por evicción y por vicios ocultos.
El saneamiento, entonces, abarca las garantías por evicción (art. 1044) y por vicios
redhibitorios (art. 1051), en una relación de género a especie, pero va más allá de las
puntuales acciones que pueden ejercer los beneficiarios de ambas garantías, porque “también
da lugar a que el adquirente [de los derechos] ejerza las acciones de cumplimiento del
contrato: por lo tanto, aquel tiene asimismo derecho a requerir al garante que perfeccione el
título, o subsane los defectos (art. 730, inc. a), o que le indemnice los daños que ha sufrido”39
(art. 730, inc. c).
Están obligados al saneamiento: a) el transmitente de bienes a título oneroso; b) quien
ha dividido bienes con otros; c) los respectivos antecesores, si han efectuado la
correspondiente transferencia a título oneroso (art. 1033). El obligado al saneamiento
garantiza por evicción y por vicios ocultos, sin perjuicio de las normas especiales (art. 1034).
La responsabilidad por saneamiento existe aunque no haya sido estipulada por las
partes. Estas pueden aumentarla, disminuirla o suprimirla, sin perjuicio de la interpretación
restrictiva de este tipo de cláusulas (arts. 1036 y 1037). No obstante, las cláusulas sobre
supresión o disminución de la responsabilidad por saneamiento son nulas y por tanto se tienen
por no convenidas en los siguientes casos: a) si el enajenante conoció, o debió conocer el
peligro de evicción, o la existencia de vicios; b) si el enajenante actúa profesionalmente en la
actividad a la que corresponde la enajenación, a menos que el adquirente también se
desempeñe profesionalmente en esa actividad (art. 1038).
En materia de responsabilidad, el acreedor de la obligación de saneamiento tiene
derecho a optar entre: a) reclamar el saneamiento del título o la subsanación de los vicios; b)
reclamar un bien equivalente, si es fungible; c) declarar la resolución del contrato, excepto en
38
Texto disponible en: [Link]
39
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 544.
los casos previstos por los artículos 1050 y 1057 (art. 1039). También tiene derecho a la
reparación de los daños en los casos anteriores, excepto: a) si el adquirente conoció, o pudo
conocer el peligro de la evicción o la existencia de vicios; b) si el enajenante no conoció, ni
pudo conocer el peligro de la evicción o la existencia de vicios; c) si la transmisión fue hecha
a riesgo del adquirente; d) si la adquisición resulta de una subasta judicial o administrativa. La
exención de responsabilidad por daños prevista en los incisos a) y b) no puede invocarse por
el enajenante que actúa profesionalmente en la actividad a la que corresponde la enajenación,
a menos que el adquirente también se desempeñe profesionalmente en esa actividad (art.
1040). El obligado al saneamiento no puede invocar su ignorancia o error, excepto
estipulación en contrario (art. 1043).
1. Responsabilidad por evicción. El principal objeto de la responsabilidad por evicción, es el
de asegurar la existencia, legitimidad y plenitud del derecho transmitido. La garantía de
evicción es la que debe quien transmite un derecho o una cosa a título oneroso “cuando un
tercero, mediante un reclamo fundado, turba o priva -total o parcialmente- al adquirente de un
derecho a título oneroso (art. 1033) al cuestionar la existencia o legitimidad del derecho
transmitido, invocando para ello una causa anterior o contemporánea a la adquisición”.40 En
otros términos la garantía de evicción se debe cuando el adquirente de un derecho a título
oneroso, resulta privado en todo o en parte del uso y goce de ese derecho, en virtud de un
reclamo fundado de un tercero sobre la cosa transmitida, originado en una causa anterior a la
transmisión.
El nuevo Código asume una postura más amplia en orden a la admisión de la evicción,
incluso sin sentencia judicial. Ello así en tanto “el ámbito natural de la garantía de evicción es
el de las turbaciones de derecho, esto es, cualquier reclamación, judicial o extrajudicial, que
se dirija a cuestionar el derecho del adquirente”.41 El requisito de la sentencia judicial que
reconoce el mejor derecho del tercero, si bien es de toda prudencia, no es condición sine qua
non para que proceda la evicción. En efecto, el propio Código de Vélez mencionaba
expresamente en su art. 2092 un caso de evicción sin sentencia (adquisición del derecho
transmitido por un título independiente de la enajenación que se hizo) y la nota al art. 2091
hablaba de “demanda judicial o extrajudicial”. La doctrina42 ha venido aceptando que cuando
40
Hernández, Carlos A. - Frustagli, Sandra A. “Arts. 1033 a 1058” en Código Civil y Comercial de la Nación
comentado. Ricardo Luis Lorenzetti (Director). Tomo VI, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015, pp. 80-81.
41
Cafferata, Juan. “La responsabilidad por evicción en el proyecto de Código Civil y Comercial de 2012”.
Publicado on line por la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, sección “Doctrina”.
Sitio: http:// [Link]/doctrina/la-responsabilidad-por-eviccion-en-el-proyecto-de-codigo-civil-y-
comercial-de-2012.
42
Wayar, Ernesto C. Evicción y vicios redhibitorios, Astrea, Bs. As., 1989, t. 1, p. 231.
el tercero esgrime frente al adquirente un derecho irrefutable frente al que no cabe oponer
resistencia, el comprador puede reconocer el derecho del tercero y reclamar igualmente la
garantía de evicción, lo cual es de toda lógica pues no tiene sentido obligar al comprador a
cargar con un juicio en su contra -que ciertamente ha de perder- como requisito previo para
reclamar la garantía de evicción, lo cual además ocasionará mayores gastos que redundarán en
perjuicio del garante. Claro que la mínima duda sobre el derecho del tercero, tornará
aconsejable que la cuestión sea resuelta judicialmente, “pues de lo contrario el vendedor
podría sostener que la pretensión del tercero no era fundada y negarse a prestar la garantía”.43
En consonancia con ese criterio, se ha declarado que “no puede desconocerse que en
supuestos en los que el adquirente no puede conservar la cosa de modo alguno ante un acto de
la autoridad [secuestro de automotor ante la adulteración del número chasis y subsiguiente
iniciación del proceso penal], la evicción existe sin necesidad de sentencia judicial. No caben
dudas de que la privación de la posesión, y la desposesión del automotor es bastante para
poner en marcha la garantía de evicción que existe de pleno derecho en contratos onerosos”.44
Si un tercero demanda al adquirente en un proceso judicial del que pueda resultar la
evicción de la cosa, a los fines del funcionamiento de la garantía, este debe citar al garante
(transmitente) quien comparecerá al juicio en los términos de la ley procesal y pagará los
gastos que al adquirente ha afrontado para la defensa de sus derechos, en tanto este puede
seguir actuando en el proceso (arts. 1046 y 1047). La citación del garante es fundamental, a
punto tal que si el adquirente no cumple con esta carga, pierde el derecho de reclamar en
contra del garante quien de ese modo quedará exento de responsabilidad (art. 1048 inc. a).
En consecuencia, para que exista evicción deben reunirse las condiciones siguientes: a)
Una turbación de derecho, en la que un tercero viene a esgrimir un mejor derecho que el del
adquirente; pues las turbaciones de hecho pueden ser repelidas por el nuevo titular, mediante
acciones que la ley le reconoce en forma específica (por ej., acciones posesorias); b) El mejor
derecho que invoque el tercero, debe tener una causa anterior o al menos contemporánea a la
fecha de venta; pues si la causa es posterior afectaría exclusivamente al adquirente y no habría
razón para que el vendedor auxilie al comprador en la defensa de su derecho; c) La turbación
de derecho debe ser actual; es decir, debe haberse verificado en forma efectiva, no siendo
admisible alegar un perjuicio posible o eventual de una acción aun no intentada por el tercero,
y sólo cuando ella es ejercida nace el derecho del adquirente de reclamar la garantía de
43
Borda, Guillermo A. Tratado de Derecho Civil. Contratos. Abeledo Perrot, Bs. As., 1999, t. I, p. 159.
44
CC0103 LP 225873 RSD-104-97, 01/04/1997, “Franco Automotores c/Torres, Ricardo s/Daños y perjuicios”.
Juba sumario B.201362/3.
evicción al vendedor.
La responsabilidad por evicción asegura la existencia y la legitimidad del derecho
transmitido, y se extiende a: a) toda turbación de derecho, total o parcial, que recae sobre el
bien, por causa anterior o contemporánea a la adquisición; b) los reclamos de terceros
fundados en derechos resultantes de la propiedad intelectual o industrial, excepto si el
enajenante se ajustó a especificaciones suministradas por el adquirente (Convención de Viena
de 1980 sobre Compraventa Internacional de Mercaderías, Ley 22.765, art. 42 45); c) las
turbaciones de hecho causadas por el transmitente (art. 1044).
Por lo tanto, la responsabilidad por evicción no comprende: a) las turbaciones de hecho
causadas por terceros ajenos al transmitente; b) las turbaciones de derecho provenientes de
una disposición legal; c) la evicción resultante de un derecho de origen anterior a la
transferencia, y consolidado posteriormente. Sin embargo, el tribunal puede apartarse de esta
disposición si hay un desequilibrio económico desproporcionado (art. 1045).
Cesación de la responsabilidad. En los casos en que se promueve el proceso judicial, la
responsabilidad por evicción cesa: a) si el adquirente no cita al garante, o lo hace después de
vencido el plazo que establece la ley procesal; b) si el garante no comparece al proceso
judicial, y el adquirente, actuando de mala fe, no opone las defensas pertinentes, no las
sostiene, o no interpone o no prosigue los recursos ordinarios de que dispone contra el fallo
desfavorable; c) si el adquirente se allana a la demanda sin la conformidad del garante; o
somete la cuestión a arbitraje y el laudo le es desfavorable.
Sin embargo, la responsabilidad subsiste si el adquirente prueba que, por no haber
existido oposición justa que hacer al derecho del vencedor, la citación oportuna del garante
por evicción, o la interposición o sustanciación de los recursos, eran inútiles; o que el
allanamiento o el laudo desfavorable son ajustados a derecho (art. 1048).
Asimismo, el acreedor de la responsabilidad (adquirente) dispone del derecho a declarar
la resolución del contrato: a) si los defectos en el título afectan el valor del bien a tal extremo
que, de haberlos conocido, el adquirente no lo habría adquirido, o su contraprestación habría
sido significativamente menor; b) si una sentencia o un laudo declara la evicción.
Cuando el derecho del adquirente se sanea por el transcurso del plazo de prescripción
adquisitiva, se extingue la responsabilidad por evicción (art. 1050).
2. Responsabilidad por vicios ocultos. Son los defectos ocultos de la cosa adquirida a título
oneroso, preexistentes a la adquisición, que tornan impropio su destino o dificultan su uso o
45
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 548.
goce, de suerte tal que de haberlo sabido el adquirente, no la habría adquirido, o habría dado
un menor precio por ella.
Así, todo el que transfiere el dominio de una cosa a título oneroso debe esta garantía por
los vicios ocultos que contenga. Y mientras la evicción comprende la plenitud del derecho
mismo que se ha transmitido, aquí sólo está en juego la “integridad económica y práctica” de
la cosa.46
En consecuencia, todos los defectos no visibles ni ostensibles en la cosa pueden ser
considerados como “vicios ocultos”, género que comprende a los “vicios redhibitorios”
definidos en el art. 1051 inc. b).
Para que el vendedor responda por la garantía resulta necesario: 1) Que se trate de un
vicio o defecto de hecho, y no de derecho; 2) Que el defecto esté oculto, por lo que no debe
ser ostensible o aparente; 3) Tal vicio o defecto debe existir al tiempo de la adquisición, pero
no debe ser conocido por el comprador; 4) Debe tratarse de un defecto de entidad tal que haga
impropia la cosa para su uso o destino normal y habitual.
La responsabilidad por defectos ocultos se extiende: a) a los defectos no comprendidos
en las exclusiones del artículo 1053; b) a los vicios redhibitorios, considerándose tales los
defectos que hacen a la cosa impropia para su destino por razones estructurales o funcionales,
o disminuyen su utilidad a tal extremo que, de haberlos conocido, el adquirente no la habría
adquirido, o su contraprestación hubiese sido significativamente menor (art. 1051).
Ampliación convencional de la garantía. Se considera que un defecto es vicio
redhibitorio: a) si lo estipulan las partes con referencia a ciertos defectos específicos, aunque
el adquirente debiera haberlos conocido; b) si el enajenante garantiza la inexistencia de
defectos, o cierta calidad de la cosa transmitida, aunque el adquirente debiera haber conocido
el defecto o la falta de calidad; c) si el que interviene en la fabricación o en la
comercialización de la cosa otorga garantías especiales. Sin embargo, excepto estipulación en
contrario, el adquirente puede optar por ejercer los derechos resultantes de la garantía
conforme a los términos en que fue otorgada (art. 1052).
Sin embargo existen exclusiones, y la responsabilidad por defectos ocultos no
comprende: a) los defectos del bien que el adquirente conoció o debió haber conocido
mediante un examen adecuado a las circunstancias del caso al momento de la adquisición,
excepto que haya hecho reserva expresa respecto de aquéllos. Si reviste características
especiales de complejidad, y la posibilidad de conocer el defecto requiere cierta preparación
46
Borda, Guillermo A. Tratado de Derecho Civil. Contratos. Abeledo Perrot, Bs. As., 1999, t. I, p. 220. Ídem
CNCiv., sala B, 22-04-08. Rev. ED, N° 12.134.
científica o técnica, para determinar esa posibilidad se aplican los usos del lugar de entrega; b)
los defectos del bien que no existían al tiempo de la adquisición. La prueba de su existencia
incumbe al adquirente, excepto si el transmitente actúa profesionalmente en la actividad a la
que corresponde la transmisión (art. 1053).
La comprobación de la existencia del vicio hace nacer la responsabilidad del
transmitente e impone al adquirente la carga de denunciar expresamente la existencia del
defecto oculto al garante dentro de los 60 días de haberse manifestado. Si el defecto se
manifiesta gradualmente, el plazo se cuenta desde que el adquirente pudo advertirlo. El
incumplimiento de esta carga extingue la responsabilidad por defectos ocultos, excepto que el
enajenante haya conocido o debido conocer, la existencia de los defectos (art. 1054).
La responsabilidad por defectos ocultos caduca: a) si la cosa es inmueble, cuando
transcurren 3 años desde que el adquirente la recibió; b) si la cosa es mueble, cuando
transcurren 6 meses desde que la recibió o puso en funcionamiento. Estos plazos pueden ser
aumentados convencionalmente (art. 1055). La prescripción de la acción es de un (1) año (art.
2564 inc. a).
El acreedor de la garantía dispone del derecho a declarar la resolución del contrato: a) si
se trata de un vicio redhibitorio; b) si medió una ampliación convencional de la garantía (art.
1056). Si el defecto es subsanable, el adquirente no tiene derecho a resolver el contrato si el
garante ofrece subsanarlo y el adquirente no lo acepta. Queda a salvo la reparación de daños
(art. 1057).
Ello significa que el acreedor de la garantía por vicios ocultos puede declarar resuelto el
contrato solo cuando se verifica la existencia de un “vicio redhibitorio” (art. 1051 inc. b) o de
un defecto oculto “no subsanable”, y cuando las partes hubiesen convenido una ampliación de
la garantía (art. 1052), pero no en el caso de “defectos ocultos” que pueden ser subsanados en
los términos del art. 1057, aclarándose que la negativa a aceptar la subsanación no impide la
reparación de los daños que pudo haber sufrido el adquirente por haber sido provisto de un
bien defectuoso.
Para ejercitar las posibles acciones debe distinguirse según se trate de un defecto oculto
subsanable o no subsanable: 1. El acreedor por defecto oculto no subsanable puede: a.- si el
bien es fungible, reclamar uno equivalente (art. 1039, inc. b); b.- resolver el contrato (arts.
1039, inc. c, y 1056), siempre que se trate de un vicio redhibitorio; c.- sumar a esas acciones
el reclamo por daños y perjuicios, siempre que no haya conocido o podido conocer la
existencia de vicios, que la transmisión no haya sido hecha a riesgo del adquirente o que no
resultase de subasta judicial o administrativa (art. 1040). 2. El acreedor por defecto oculto
subsanable, por su parte, puede: a.- reclamar la subsanación del vicio (arts. 1039, inc. a, y
1057); b.- si el bien es fungible, reclamar uno equivalente (art. 1039, inc. b); c.- resolver el
contrato (arts. 1039, inc. c), y 1057), siempre que el enajenante no haya ofrecido la
subsanación; y d.- adicionar el reclamo por daños y perjuicios que resulta acumulable para el
supuesto de defectos no subsanables (art. 1040).47
Pérdida o deterioro de la cosa. Si la cosa perece total o parcialmente a causa de sus defectos,
el garante soporta su pérdida (art. 1058). Esta disposición constituye una excepción a la regla
general establecida en el art. 755 según la cual es el propietario (adquirente) quien “soporta
los riesgos de la cosa”. En este caso el adquirente de una cosa que perece o se deteriora por
sus defectos ocultos podrá optar por reclamar un bien equivalente, si el bien es fungible (art.
1039, inc. b), o bien resolver el contrato (arts. 1039, inc. c), y 1057). A la vía que elija podrá
también agregar el reclamo por daños y perjuicios.
11.- INTERPRETACIÓN E INTEGRACIÓN DEL CONTRATO.
La interpretación de los contratos consiste en una actividad lógica, que tiende a la
búsqueda y determinación del significado y alcance del contenido del contrato según lo que
las partes han querido establecer al tiempo de su celebración.
Pese a que el Código regula de modo diferente la interpretación de la ley (art. 2) y la
propia de los contratos (arts. 1061 y ss.), no pueden negarse los puntos de contacto que las
vinculan.
El nuevo régimen de interpretación de los contratos se sintetiza del siguiente modo: En
el título introductorio se regula el ejercicio de los derechos por vía de la regla de la buena fe
(art. 9). En materia de contratos, se regulan separadamente los que son celebrados entre partes
iguales (contratos paritarios) y los de consumo. Asimismo, se distinguen los celebrados por
adhesión y los conexos. Por tanto, el esquema de interpretación es el siguiente: los contratos
en general deben interpretarse de buena fe (art. 961). Los contratos celebrados por adhesión a
cláusulas generales predispuestas tienen un régimen especial (art. 987). Los contratos
paritarios tienen las reglas generales de interpretación (arts. 1061 y ss.). Los contratos
conexos tienen una regla especial (art. 1074). Los contratos de consumo tienen sus propias
normas (arts. 1094 y ss.).48
Interpretación del contrato. Por aplicación del principio establecido en el art. 1061 “El
contrato debe interpretarse conforme a la intención común de las partes y al principio de la
47
Caramelo, Gustavo; “Comentarios a los arts. 990 a 1072”; en Código Civil…; op. cit., p. 453.
48
Hernández, Carlos A. “Arts. 1059 a 1091” en Código Civil y Comercial de la Nación comentado. Ricardo Luis
Lorenzetti (Director). Tomo VI, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015, p. 121.
buena fe”, lo que concuerda con la regla del art. 961 en cuanto a que los contratos deben
celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe.
La buena fe, como enseña Alterini, es “la pauta ordinaria de conducta en la vida
jurídica; la mala fe corrompe la armonía de la convivencia, tuerce el curso habitual de los
fenómenos jurídicos, y produce consecuencias comúnmente disvaliosas” para quien aporta ese
elemento perturbador de la convivencia social. El contrato debe ser celebrado, interpretado y
ejecutado “de buena fe” (arts. 961 y 1061), y el ordenamiento jurídico exige este
comportamiento no sólo porque descalifica las conductas deshonestas (engaño, defraudación,
etc.), sino también en cuanto propugna prestar al prójimo lo indispensable para una fraterna
convivencia (deberes de diligencia, de esmero, de cooperación, etc.), es decir, que “impone al
sujeto ciertas conductas positivas, por lo cual es insuficiente que no haya actuado con mala
fe”.49
Por ello la interpretación debe proteger la confianza y la lealtad que las partes se deben
recíprocamente, siendo inadmisible la contradicción con una conducta jurídicamente
relevante, previa y propia del mismo sujeto (art. 1067).
Las palabras empleadas en el contrato deben entenderse en el sentido que les da el uso
general, del acuerdo de las partes o de los usos y prácticas del lugar de celebración conforme
con los criterios dispuestos para la integración del contrato. Estas reglas se aplican a las
conductas, signos y expresiones no verbales con los que el consentimiento se manifiesta (art.
1063).
Asimismo, las cláusulas del contrato se interpretan las unas por medio de las otras, y
atribuyéndoles el sentido apropiado al conjunto del acto según el contexto. Sin embargo,
cuando el significado de las palabras interpretado contextualmente no es suficiente, se deben
tomar en consideración: a) las circunstancias en que se celebró, incluyendo las negociaciones
preliminares; b) la conducta de las partes, incluso la posterior a su celebración; c) la
naturaleza y finalidad del contrato (art. 1065).
En caso de duda sobre la eficacia del contrato, o de alguna de sus cláusulas, debe
interpretarse en el sentido de darles efecto para la conservación y supervivencia del contrato
(art. 1066). No obstante, cuando por disposición legal o convencional se establezca
expresamente una interpretación restrictiva, debe estarse a la literalidad de los términos
utilizados al manifestar la voluntad. Ello no es aplicable a las obligaciones del predisponente
y del proveedor en los contratos por adhesión y en los de consumo, respectivamente (art.
49
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., pp. 33-34.
1062).
Cuando a pesar de las reglas señaladas prevalecieran las expresiones oscuras o
persistieran las dudas, si el contrato es a título gratuito se debe interpretar en el sentido menos
gravoso para el obligado y, si es a título oneroso, en el sentido que produzca un ajuste
equitativo de los intereses de las partes (art. 1068).
La conducta ulterior de las partes también es una pauta de interpretación de los
contratos. En ese sentido ha dicho la Corte que “es principio de buena doctrina y
jurisprudencia que la conducta ulterior de las partes constituye base cierta de interpretación de
los términos del acto jurídico bilateral y así lo ha sostenido reiteradamente esta Corte (Fallos:
262:87; 302:242; 316:3199; 323:3035; 325:2935, entre muchos otros)”.50
El Capítulo 4 de los Principios de Unidroit 2010 sobre los contratos comerciales
internacionales, en su art. 4.1 establece que “1) El contrato debe interpretarse conforme a la
intención común de las partes. 2) Si dicha intención no puede establecerse, el contrato se
interpretará conforme al significado que le habrían dado en circunstancias similares personas
razonables de la misma condición que las partes”; su art. 4.4 regula la interpretación
sistemática: “Los términos y expresiones se interpretarán conforme a la totalidad del contrato
o la declaración en la que aparezcan en su conjunto”, en tanto su art. 4.5 fija el principio de
conservación: “Los términos de un contrato se interpretarán en el sentido de dar efecto a todos
ellos, antes que de privar de efectos a alguno de ellos”.
Por su lado, el art. 8 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de
Compraventa Internacional de Mercaderías, dispone: “1) A los efectos de la presente
Convención, las declaraciones y otros actos de una parte deberán interpretarse conforme a su
intención cuando la otra parte haya conocido o no haya podido ignorar cuál era esa intención.
2) Si el párrafo precedente no fuere aplicable, las declaraciones y otros actos de una parte
deberán interpretarse conforme al sentido que les habría dado en igual situación una persona
razonable de la misma condición que la otra parte. 3) Para determinar la intención de una
parte o el sentido que habría dado una persona razonable deberán tenerse debidamente en
cuenta todas las circunstancias pertinentes del caso, en particular las negociaciones,
cualesquiera prácticas que las partes hubieran establecido entre ellas, los usos y el
comportamiento ulterior de las partes”.
Integración del contrato. La actividad de integración está destinada a completar el contenido
normativo del contrato en aquello que no hubiera sido expresamente previsto o considerado
50
CSJN, 3/3/2005, Causa B. 1745. XXXVIII. Recurso de hecho “Banco Español de Crédito S.A. c/ Aerolíneas
Argentinas S.A.”. Fallos 328:263.
por las partes o que, habiéndolo sido, resulte incompatible con una norma indisponible para
ellas.
La idea de integración del contrato abarca también la idea de la ineficacia parcial, de
modo que el contrato, aunque contenga una cláusula nula o ineficaz, es válido y eficaz en el
resto. Por tanto, en caso de nulidad parcial de una cláusula, corresponde que el juez integre el
contrato “de acuerdo a su naturaleza y los intereses que razonablemente puedan considerarse
perseguidos por las partes” (art. 389). De igual modo, ante una cláusula abusiva declarada
nula por el juez, simultáneamente debe integrar el contrato si no pudiera subsistir sin
comprometer su finalidad (arts. 989 y 1122).
El contenido del contrato se integra con: a) las normas indisponibles, que se aplican en
sustitución de las cláusulas incompatibles con ellas; b) las normas supletorias; c) los usos y
prácticas del lugar de celebración, en cuanto sean aplicables porque hayan sido declarados
obligatorios por las partes o porque sean ampliamente conocidos y regularmente observados
en el ámbito en que se celebra el contrato, excepto que su aplicación sea irrazonable (art.
964).
El art. 4.8 de los Principios de Unidroit 2010 sobre los contratos comerciales
internacionales, establece que “Integración del contrato. 1) Cuando las partes no se hayan
puesto de acuerdo acerca de un término importante para determinar sus derechos y
obligaciones, el contrato será integrado con un término apropiado a las circunstancias. 2) Para
determinar cuál es el término más apropiado, se tendrán en cuenta, entre otros factores, los
siguientes: (a) la intención de las partes; (b) la naturaleza y finalidad del contrato; (c) la buena
fe y la lealtad negocial; (d) el sentido común”.
12.- EXTINCIÓN, MODIFICACIÓN Y ADECUACIÓN DEL CONTRATO.
Los contratos se extinguen por:
A) Causales naturales propias (cumplimiento del plazo o del objeto): la extinción de las
obligaciones contractuales por su cumplimiento extingue también el contrato por
“agotamiento” o cumplimiento natural.
B) Anulación. Por un vicio de la voluntad (error, dolo, violencia) o por un vicio del acto
jurídico (simulación, fraude o lesión) o que afecte la capacidad de los otorgantes.
C) Rescisión, Resolución y Revocación. Distinción.
1. Rescisión: se refiere a la extinción del contrato por voluntad de ambas partes, o de una sola
de ellas si ha sido previsto en el contrato o surge de la ley. Ingresan dentro de esta categoría:
a) la rescisión bilateral o distracto (mutuo acuerdo extintivo). El art. 1076 dispone: “El
contrato puede ser extinguido por rescisión bilateral. Esta extinción, excepto estipulación en
contrario, sólo produce efectos para el futuro y no afecta derechos de terceros”.
b) la rescisión unilateral autorizada por el contrato o por la ley. El art. 1077 señala: “El
contrato puede ser extinguido total o parcialmente por la declaración de una de las partes,
mediante rescisión unilateral, revocación o resolución, en los casos en que el mismo contrato,
o la ley, le atribuyen esa facultad”. El Código prevé esta rescisión en la locación, por
frustración del uso o goce de la cosa (art. 1203); en los contratos bancarios (art. 1383); en el
contrato de cuenta corriente (arts. 1432, inc. b) y 1441, inc. b); en el contrato de concesión por
tiempo indeterminado (art. 1508); en el contrato de comodato (art. 1541 inc. c), etc.
2. Revocación: se refiere a una declaración efectuada por una de las partes que pone fin al
contrato, y que es característica de los contratos unilaterales. En ciertos supuestos la facultad
de revocar es discrecional (por ej., en el contrato de mandato, art. 1329), pero en otros está
sujeta al cumplimiento de ciertos presupuestos (por ej. en la donación, sólo procede por
inejecución de los cargos, por ingratitud del donatario, y, en caso de haberse estipulado
expresamente, por supernacencia de hijos del donante, art. 1569).
La rescisión unilateral y la revocación solo producen efectos para el futuro (ex nunc).
3. Resolución: implica la extinción del contrato en virtud de un hecho posterior a la
celebración de aquel. Se produce en diversas circunstancias: a) Cumplimiento de la condición
resolutoria, cuando el contrato se subordina a una condición de este tipo -ya vista en materia
de obligaciones-; b) Cláusula resolutoria (o “pacto comisorio”), cuando una de las partes no
ha cumplido con la prestación a su cargo. Una parte tiene la facultad de resolver total o
parcialmente el contrato si la otra parte lo incumple. Pero los derechos de declarar la
resolución total o la resolución parcial son excluyentes, por lo cual, habiendo optado por uno
de ellos, no puede ejercer luego el otro. Si el deudor ha ejecutado una prestación parcial, el
acreedor sólo puede resolver íntegramente el contrato si no tiene ningún interés en la
prestación parcial (art. 1083); c) Resolución potestativa, donde la facultad resolutoria compete
a cualquiera de las partes (por ej., en la seña, en el pacto de displicencia y, para cierta
doctrina, en la cláusula penal).51
La resolución produce efectos retroactivos entre las partes (ex tunc), y no afecta el
derecho adquirido a título oneroso por terceros de buena fe (art. 1079).
A los fines de la resolución, el incumplimiento debe ser esencial en atención a la
finalidad del contrato. Se considera que es esencial cuando: a) el cumplimiento estricto de la
prestación es fundamental dentro del contexto del contrato; b) el cumplimiento tempestivo de
51
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., pp. 501-502.
la prestación es condición del mantenimiento del interés del acreedor; c) el incumplimiento
priva a la parte perjudicada de lo que sustancialmente tiene derecho a esperar; d) el
incumplimiento es intencional; e) el incumplimiento ha sido anunciado por una manifestación
seria y definitiva del deudor al acreedor (art. 1084).
Disposiciones generales para la extinción por declaración de una de las partes. Excepto
disposición legal o convencional en contrario, se aplican a la rescisión unilateral, a la
revocación y a la resolución las siguientes reglas generales: a) el derecho se ejerce mediante
comunicación a la otra parte. En caso de sujeto plural debe dirigirse por todos los sujetos que
integran una parte contra todos los sujetos que integran la otra; b) la extinción del contrato
puede declararse extrajudicialmente o demandarse ante un juez. La demanda puede iniciarse
aunque no se haya cursado el requerimiento previo que pudo corresponder; en tal situación se
aplica el inciso f); c) la otra parte puede oponerse a la extinción si, al tiempo de la
declaración, el declarante no ha cumplido, o no está en situación de cumplir, la prestación que
debía realizar para poder ejercer la facultad de extinguir el contrato; d) la extinción del
contrato no queda afectada por la imposibilidad de restituir que tenga la parte que no la
declaró; e) la parte que tiene derecho a extinguir el contrato puede optar por requerir su
cumplimiento y la reparación de daños. Esta demanda no impide deducir ulteriormente una
pretensión extintiva; f) la comunicación de la declaración extintiva del contrato produce su
extinción de pleno derecho, y posteriormente no puede exigirse el cumplimiento ni subsiste el
derecho de cumplir. Pero, en los casos en que es menester un requerimiento previo, si se
promueve la demanda por extinción sin haber intimado, el demandado tiene derecho de
cumplir hasta el vencimiento del plazo de emplazamiento; g) la demanda ante un tribunal por
extinción del contrato impide deducir ulteriormente una pretensión de cumplimiento; h) la
extinción del contrato deja subsistentes las estipulaciones referidas a las restituciones, a la
reparación de daños, a la solución de las controversias y a cualquiera otra que regule los
derechos y obligaciones de las partes tras la extinción (art. 1078).
Efectos de la extinción unilateral o bilateral. Si el contrato es extinguido total o parcialmente
por rescisión unilateral, por revocación o por resolución, las partes deben restituirse, en la
medida que corresponda, lo que han recibido en razón del contrato, o su valor, conforme a las
reglas de las obligaciones de dar para restituir, y a lo previsto en el artículo siguiente (art.
1080). En cambio, si se trata de la extinción de un contrato bilateral: a) la restitución debe ser
recíproca y simultánea; b) las prestaciones cumplidas quedan firmes y producen sus efectos en
cuanto resulten equivalentes, si son divisibles y han sido recibidas sin reserva respecto del
efecto cancelatorio de la obligación; c) para estimar el valor de las restituciones del acreedor
se toman en cuenta las ventajas que resulten o puedan resultar de no haber efectuado la propia
prestación, su utilidad frustrada y, en su caso, otros daños (art. 1081).
3.1. La Cláusula Resolutoria. La “cláusula resolutoria” o “pacto comisorio” es la cláusula de
un contrato, escrita o no escrita, que autoriza a una de las partes a disponer la resolución del
contrato en razón del incumplimiento de la otra parte, mientras no sea un incumplimiento
involuntario o justificado. El pacto comisorio (o cláusula resolutoria) puede ser expreso o
tácito, según que se encuentre estipulada o no en el contrato.
Cláusula resolutoria expresa. Es una cláusula del contrato en virtud de la cual la parte
cumplidora tiene derecho a resolver el contrato ante el incumplimiento de la otra. “Las partes
pueden pactar expresamente que la resolución se produzca en caso de incumplimientos
genéricos o específicos debidamente identificados. En este supuesto, la resolución surte
efectos a partir de que la parte interesada comunica a la incumplidora, en forma fehaciente, su
voluntad de resolver el contrato” (art. 1086). Una vez hecha la comunicación por la parte
interesada (no incumplidora) y a partir de su recepción por la otra parte, la resolución se
produce “de pleno derecho”, lo que significa que “no es necesario obtener pronunciamiento
judicial que decrete la resolución del contrato, que ya se ha operado de pleno derecho por
autoridad de la parte no incumplidora; obviamente, en caso de controversia sobre la
procedencia o improcedencia de tal declaración resolutoria, el tema deberá ser ventilado ante
un tribunal, que se limitará a declarar que la resolución se produjo, o que ella no se produjo,
con la mencionada comunicación, pero de ninguna manera decretará una resolución ya
consumada extrajudicialmente. La sentencia, en el caso, es del tipo de las declarativas”.52
Cláusula resolutoria implícita. Es una cláusula tácita y supletoria en los contratos bilaterales,
en función de la cual la parte cumplidora puede, mediante ciertos trámites extrajudiciales,
resolver el contrato ante el incumplimiento de la otra parte. Se trata entonces de una facultad
de la parte no incumplidora, que se entiende implícita o subentendida en el contrato, aunque
no esté expresamente pactada. Dice el art. 1087: “En los contratos bilaterales la cláusula
resolutoria es implícita y queda sujeta a lo dispuesto en los artículos 1088 y 1089”.
El art. 1088 establece los requisitos que se deben reunir para que la parte interesada
torne operativa la cláusula resolutoria tácita y pueda de esa manera resolver válidamente el
contrato frente al incumplimiento de la otra parte: “La resolución por cláusula resolutoria
implícita exige: a) Un incumplimiento en los términos del art. 1084, o sea, esencial en
atención a la finalidad del contrato. Si el incumplimiento es parcial, debe privar
52
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 505.
sustancialmente de lo que razonablemente la parte tenía derecho a esperar en razón del
contrato; b) Que el deudor esté en mora; c) Que el acreedor emplace al deudor, bajo
apercibimiento expreso de la resolución total o parcial del contrato, a que cumpla en un plazo
no menor de quince (15) días, excepto que de los usos, o de la índole de la prestación, resulte
la procedencia de uno menor. La resolución se produce de pleno derecho al vencimiento de
dicho plazo. Dicho requerimiento no es necesario si ha vencido un plazo esencial para el
cumplimiento, o si la parte incumplidora ha manifestado su decisión de no cumplir, o si el
cumplimiento resulta imposible. En tales casos, la resolución total o parcial del contrato se
produce cuando el acreedor la declara y la comunicación es recibida por la otra parte (carácter
recepticio de la comunicación). Sin embargo, el requerimiento dispuesto en el art. 1088 no es
necesario en los casos en que la ley faculta a la parte para declarar unilateralmente la
extinción del contrato, sin perjuicio de disposiciones especiales (art. 1089).
D) Caducidad y prescripción. Caducidad significa que un derecho subjetivo o prerrogativa
se extinguió por haber transcurrido un plazo fijado por la ley (caducidad legal) o por las partes
(caducidad convencional) durante el cual no se ha ejercido ese derecho y no ha mediado un
hecho impeditivo de esa falta de ejercicio. Es normalmente más breve que la prescripción. La
prescripción extingue la acción dejando subsistente el derecho no ejercido (aunque reducido a
una mínima eficacia); la caducidad, por el contrario, extingue el derecho. La prescripción
emana solamente de la ley, es de orden público, y sus plazos son por lo general más amplios
mientras que la caducidad puede provenir de decisión judicial, se origina a menudo en un
testamento o en la convención de los particulares y atiende a los intereses de éstos. La
prescripción es una institución general que afecta a toda clase de derechos; la caducidad, a la
inversa, no es general, sino particular de ciertos derechos, que nacen con una vida limitada en
el tiempo.
E) Arrepentimiento. En los casos de señal o arras.
F) Muerte del contratante. En ciertos casos puede producir la extinción del contrato
(locación de obra, contratos intuitu personae; mandatarios, muerte del trabajador en un
contrato de trabajo, etc.).
G) Frustración de la finalidad. La frustración definitiva de la finalidad del contrato autoriza
a la parte perjudicada a declarar su resolución, si tiene su causa en una alteración de carácter
extraordinario de las circunstancias existentes al tiempo de su celebración, ajena a las partes y
que supera el riesgo asumido por la que es afectada. La resolución es operativa cuando esta
parte comunica su declaración extintiva a la otra. Si la frustración de la finalidad es
temporaria, hay derecho a resolución sólo si se impide el cumplimiento oportuno de una
obligación cuyo tiempo de ejecución es esencial (art. 1090).
El Proyecto del Poder Ejecutivo de 1993 –basado en el Proyecto de Código Único de
1987- preveía en su art. 943 la resolución del contrato por la frustración de su finalidad
“cuando por un acontecimiento anormal, sobreviniente, ajeno a la voluntad de las partes, no
provocado por alguna de ellas y no derivado del riesgo que la parte que la invoca haya tomado
a su cargo, se impidiere la satisfacción de la finalidad del contrato que hubiese integrado la
declaración de voluntad”.
Por tanto, y aunque la prestación siga siendo posible, el contrato se extingue cuando su
fin se frustra por causas extraordinarias ajenas a las partes, esto es, “cuando se torna imposible
obtener su finalidad propia, haciendo el contrato inútil y carente de interés” 53, es decir, que
incidan sobre la finalidad del contrato de manera tal “que malogre el motivo que impulsó a
contratar, al punto que desaparezca el interés o utilidad en la subsistencia del contrato”.54
H) Imprevisión. Art. 1091.
1. Antecedentes. Puede ocurrir que luego de la celebración de un contrato se produzca una
alteración profunda en las circunstancias existentes en el momento de la celebración,
principalmente de carácter económico (variación brusca de los precios, o en las condiciones
del mercado, o de política económica, etc.). Dicha alteración no impide totalmente el
cumplimiento del contrato, es decir, no es imposible cumplir (si lo fuera se trataría de un caso
fortuito o fuerza mayor), pero el cumplimiento se hace excesivamente gravoso y quizás
origine la ruina del deudor. La teoría de la imprevisión postula entonces o bien la resolución
del contrato para hacer cesar esos efectos desequilibrantes, o bien el reajuste de sus cláusulas
a través de su adecuación.
Sostiene Borda que el origen de esta teoría se remonta al derecho romano en el que
algunos textos hacían aplicación de la cláusula llamada “rebus sic stantibus” por la cual los
contratos debían ser interpretados según las condiciones reinantes en el momento de su
celebración (contractus qui habent tractus sucesivus uel dependentiam de futuro, rebus sic
stantibus intelliguntur), “cláusula que se consideraba implícita en los contratos y que
significaba que éstos se entienden concluidos en la inteligencia de que subsistirán las
condiciones en las cuales se contrató, y que cuando ello no ocurre y se produce una
transformación de tales circunstancias, los jueces están autorizados a revisar el contrato. La
teoría mantuvo su vigencia hasta que a fines del siglo XVIII sufrió un ocaso como
53
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 456.
54
Hernández, Carlos A. “Arts. 1059 a 1091” en Código Civil y Comercial de la Nación comentado. Ricardo Luis
Lorenzetti (Director). Tomo VI, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2015, p. 217.
consecuencia del triunfo del capitalismo y del liberalismo en el terreno económico y jurídico.
Recién después de la Primera Guerra Mundial el problema fue nuevamente actualizado. Las
profundas alteraciones provocadas en la economía mundial por las dos grandes guerras y el
fenómeno de la inflación que en algunos países ha tenido un carácter agudísimo, no podía
dejar impasibles a legisladores y jueces. Nuevamente la teoría de la imprevisión cobró
vigencia, no sin vencer resistencias”.55
2. El art. 1091. El art. 1091 establece: “Si en un contrato conmutativo de ejecución diferida o
permanente, la prestación a cargo de una de las partes se torna excesivamente onerosa, por
una alteración extraordinaria de las circunstancias existentes al tiempo de su celebración,
sobrevenida por causas ajenas a las partes y al riesgo asumido por la que es afectada, ésta
tiene derecho a plantear extrajudicialmente, o pedir ante un juez, por acción o como
excepción, la resolución total o parcial del contrato, o su adecuación. Igual regla se aplica al
tercero a quien le han sido conferidos derechos, o asignadas obligaciones, resultantes del
contrato; y al contrato aleatorio si la prestación se torna excesivamente onerosa por causas
extrañas a su alea propia”.
3. Condiciones de aplicación. Para que la teoría de la imprevisión sea aplicable, es necesario
conforme al art. 1091, que se reúnan las siguientes condiciones: a) Que se trate de contratos
conmutativos de ejecución diferida o permanente; b) Que haya sobrevenido una excesiva
onerosidad sobre las prestaciones a cargo de las partes; c) Que esa excesiva onerosidad haya
sido consecuencia de acontecimientos extraordinarios e imprevisibles al tiempo de su
celebración; d) Que tal alteración sobrevenga por causas ajenas a las partes y al riesgo
asumido por la que es afectada; e) Si bien el art. 1091 no lo menciona, la doctrina y la
jurisprudencia coinciden en que el que reclama la resolución no debe estar previamente
constituido en mora.
a) Contratos en los cuales es aplicable la teoría. Conforme con el art. 1091, es necesario que
se trate de contratos conmutativos, de ejecución diferida o permanente.
Son contratos conmutativos aquellos que aseguran para las partes ventajas o pérdidas
inalterables, ciertas y apreciables desde el momento de la celebración del contrato. En
principio, por tanto, no se aplica a los contratos aleatorios, porque en este caso la falta de
equivalencia de las contraprestaciones resulta de la naturaleza misma del contrato. Pero si la
excesiva onerosidad derivara de causas ajenas al riesgo propio del contrato aleatorio, también
le es aplicable la teoría de la imprevisión.
55
Borda, Guillermo. Tratado de Derecho Civil. Obligaciones. T. I, Abeledo Perrot, Bs. As., 1998, p. 90.
Son contratos de ejecución diferida aquellos en los cuales la ejecución de una prestación
ha quedado postergada en el tiempo, como las obligaciones sujetas a plazo o condición. Son
contratos de ejecución permanente o continuada los de tracto sucesivo, es decir, aquellos que
perduran en el tiempo, o se reiteran periódicamente, como ocurre con la locación.
b) Excesiva onerosidad sobreviniente de las prestaciones. Para que pueda aplicarse la teoría,
es preciso que una de las prestaciones se haya tornado excesivamente onerosa. La ley deja
librada al criterio judicial la apreciación de si la onerosidad es o no excesiva. A diferencia de
lo que ocurre con el caso fortuito o fuerza mayor donde que la prestación resulta de imposible
cumplimiento, el deudor puede cumplir pero ello le irroga un sacrificio extraordinario, no
razonable e inequitativo. Asimismo existe coincidencia en que debe ser sobreviniente o
posterior al nacimiento de la obligación, ya que si las circunstancias pudieron ser conocidas al
tiempo de celebración del contrato, no habría imprevisibilidad.
El caso típico es el de la venta de un inmueble a pagar en cuotas mensuales durante 10 o
20 años. De pronto, una situación de hiperinflación aguda e imprevisible transforma esa
mensualidad en un valor irrisorio. Juega aquí entonces la teoría de la imprevisión para
restablecer el equilibrio de las contraprestaciones.
c) Acontecimientos extraordinarios e imprevisibles. La teoría sólo es aplicable cuando la
excesiva onerosidad ha derivado de una “alteración extraordinaria de las circunstancias”
existentes al tiempo de celebración del contrato, lo que indica un punto de contacto de esta
teoría con el caso fortuito o fuerza mayor. La diferencia es que, en este caso, el
acontecimiento imprevisible y extraordinario provoca la imposibilidad de cumplir, mientras
que en aquella, hace excesivamente oneroso el cumplimiento.
La ley habla de acontecimientos extraordinarios, y lo que se requiere es que el hecho
generador de la alteración escape a la habitual y prudente previsibilidad humana.
Uno de los fenómenos que más frecuentemente provoca la aplicación de la teoría de la
imprevisión, es la inflación. Si en épocas de ritmo inflacionario sostenido se celebra un
contrato de una duración prolongada, las partes deben prever la incidencia que la inflación
tendrá sobre sus obligaciones. Por consiguiente, aunque la prestación devenga excesivamente
onerosa, no se podrá invocar la teoría de la imprevisión para desligarse de sus obligaciones
porque si la inflación perdura durante un período prolongado deja de ser imprevisible y
extraordinaria, no correspondiendo aplicar la teoría dado que los contratantes están obligados
a tener en cuenta la inflación que vive el país al acordar los precios y condiciones de pago.
La jurisprudencia ha aplicado estos principios con motivo de la abrupta y súbita
depreciación de la moneda a raíz del paquete de medidas financieras y cambiarias adoptadas
en junio de 1975 que provocaron un agudo impacto inflacionario (hecho conocido como
“rodrigazo” en alusión al ministro de economía de entonces, Celestino Rodrigo),
considerando asimismo como imprevisible la devaluación del peso frente al dólar operada a
comienzos de 1981 (hecho conocido como “sigotazo” en alusión al ministro de economía de
entonces, Lorenzo Sigaut). La estabilidad reinante durante el régimen introducido por la ley
23.928 (ley de convertibilidad del austral), creó en la sociedad la creencia en la estabilidad del
valor de la moneda. Su derogación por la Ley 25.561 (ley de emergencia económica y
cambiaria), pese a quebrar la paridad 1 peso = 1 dólar y disponer la devaluación de nuestra
moneda (aunque mantuvo la prohibición de indexar), no modificó esta creencia. Pero si en el
futuro reapareciera la inflación -o más aun la hiperinflación- que antes habíamos sufrido,
entonces este fenómeno autorizaría a invocar nuevamente la teoría de la imprevisión, y en tal
caso sería legítimo invocar el acontecimiento extraordinario e imprevisible que torna aplicable
la revisión del contrato.
Se ha considerado como imprevisible a la desmesurada aceleración del ritmo
inflacionario desatada en la época en que el contrato debió ejecutarse (años 1988 a 1990), en
la cual el índice inflacionario sufrió variaciones inesperadas, en períodos temporales acotados
y fuera del orden ordinario exteriorizado en años anteriores a los eventos examinados.56
d) Ajenidad de la alteración. Ausencia de culpa y de mora en el perjudicado. Conforme la
doctrina y la jurisprudencia, es necesario que el perjudicado no haya obrado con culpa ni
estuviese en mora.
El perjudicado actúa culposamente si por un obrar negligente o imprudente da lugar a
los hechos que derivan en la excesiva onerosidad; de lo que se sigue que el acontecimiento
que provoca la excesiva onerosidad debe ser extraño al deudor.57
Asimismo, para que la mora impida la aplicación de la teoría, debe haber sido anterior al
acontecimiento extraordinario e imprevisible pues, una vez ocurrido éste, la mora posterior no
impide la resolución del contrato porque la ley le reconoce al deudor el derecho de no cumplir
hasta tanto no sean reajustadas equitativamente las condiciones del contrato.
Con relación a la mora del deudor anterior al acontecimiento extraordinario e
imprevisible, existe acuerdo en que esta debe ser relevante, pues “si con mora o sin ella los
hechos hubieran ocurrido y producido la alteración de la ecuación de valores, la mora se
56
SCBA, Causa B 53462, 7-5-2008, “Lara, Jorge Gabriel c/ Municipalidad de General Villegas s/ Demanda
contencioso administrativa”; Juba Sum. n° B95126.
57
Mosset Iturraspe, Jorge; “Contratos en dólares”, Ed. La Rocca, Bs. As., 1990, p. 76.
puede calificar de intrascendente”58, de modo que el deudor moroso “tiene derecho a
invocarla cuando su mora ha sido irrelevante para la excesiva onerosidad”, como así también
cuando “el retardo en el cumplimiento se hubiese originado en la excesiva onerosidad ya
sobrevenida”, caso en que no puede afirmarse que sea imputable al deudor ni que, por ende,
exista mora.59 En este sentido la jurisprudencia de la Suprema Corte de la provincia de
Buenos Aires tiene establecido que “la mora o culpa en que hubiera podido incurrir el
vendedor no justifica que el mismo se vea despojado o gravemente perjudicado para ventaja o
lucro del comprador, respecto al saldo de precio que se ha depreciado más allá de lo previsible
por efecto del fenómeno inflacionario”.60
4. Efectos de la teoría. Verificada la excesiva onerosidad sobreviniente, la parte perjudicada
puede plantear extrajudicialmente o pedir ante un juez, por acción o como excepción, la
resolución total o parcial del contrato, o su adecuación. Igual regla se aplica al tercero a quien
le han sido conferidos derechos, o asignadas obligaciones, resultantes del contrato; y al
contrato aleatorio si la prestación se torna excesivamente onerosa por causas extrañas a su
alea propia. Sin embargo, en los contratos de ejecución continuada, la resolución no alcanzará
a los efectos ya cumplidos, lo cual es lógico, pues no se puede borrar lo que ya ocurrió. En
opinión de Llambías no corresponde hablar de resolución sino de rescisión, por la
imposibilidad de hacer funcionar retroactivamente la disolución de la obligación.61
5. Pacto de garantía. Al igual que lo expuesto al tratar sobre las cláusulas de asunción de
responsabilidad en el caso fortuito, en principio las partes pueden pactar mantener
íntegramente las obligaciones del contrato aun en caso de que ocurra un acontecimiento
extraordinario e imprevisible que haga excesivamente onerosas las prestaciones de una de las
partes.
Ello siempre que se hayan mencionado en el acuerdo o convenio acontecimientos
extraordinarios que eventualmente puedan suceder, que sean ordinarios y comunes en la
actividad o negocio de que trata el contrato. Pero una cláusula que resguarde a las partes de
las consecuencias de cualquier acontecimiento extraordinario, o que avente todo riesgo
posible, resultaría ineficaz e inválida por ser contraria a la moral y buenas costumbres (art.
279).
6. Diferencias con el caso fortuito. Entre la teoría de la imprevisión y el caso fortuito pueden
58
Ibíd., p. 77.
59
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 452.
60
SCBA, Ac. 52.395, 21-3-1995, “Bugelli, Saverio c/ Espósito, Humberto s/ Escrituración”; AyS 1995 I, 385.
61
Llambías, Jorge J. – Raffo Benegas, Patricio - Sassot, Rafael A., Manual de Derecho Civil. Obligaciones. 11ª
Edición. Perrot, Bs. As., 1997, p. 95.
señalarse las siguientes diferencias: a) El hecho que configura el caso fortuito hace imposible
el cumplimiento de la obligación; en cambio el hecho que caracteriza la teoría de la
imprevisión no imposibilita totalmente el cumplimiento, aunque lo torna excesivamente
oneroso para el deudor; b) El caso fortuito extingue la obligación por la imposibilidad de
pago; en cambio en la teoría de la imprevisión, la extinción de la obligación es consecuencia
de la desaparición de su causa, bien por la resolución del contrato, bien por la novación de la
obligación primitiva, si se produce la adecuación del contrato modificándose las condiciones
contractuales originarias; c) Ambos institutos tienen distintos campos de aplicación: la teoría
de la imprevisión solo funciona respecto de ciertos contratos, principalmente los de tracto
sucesivo; mientras que el campo del caso fortuito es más amplio, pues este eximente de
responsabilidad juega tanto en materia de cumplimiento de obligaciones como de actos
ilícitos62; d) En el caso fortuito existe una imposibilidad jurídica de cumplir; por lo contrario,
en la imprevisión la imposibilidad es económica.63
13.- LEY APLICABLE A LOS CONTRATOS.
Como principio general prevalece la autonomía de la voluntad, de modo que los
contratos se rigen por el derecho elegido por las partes en cuanto a su validez intrínseca,
naturaleza, efectos, derechos y obligaciones. La elección debe ser expresa o resultar de
manera cierta del contrato o de las circunstancias del caso. Dicha elección puede referirse a la
totalidad o a partes del contrato (art. 2651). En cualquier momento las partes pueden convenir
que el contrato se rija por una ley distinta de la que lo regía, ya sea por una elección anterior o
por aplicación de otras disposiciones de este Código, pero esa modificación no puede afectar
la validez del contrato original ni los derechos de terceros (art. 2651:a). Sin embargo, los
principios de orden público y las normas internacionalmente imperativas del derecho
argentino se aplican a la relación jurídica, cualquiera sea la ley que rija el contrato (art.
2651:e). De ahí que los contratos hechos en nuestro país para violar normas
internacionalmente imperativas de una nación extranjera de necesaria aplicación al caso no
tienen efecto alguno (art. 2651:f).
A falta de elección por las partes del derecho aplicable, el contrato se rige por las leyes
y usos del país del lugar de cumplimiento. Si no está designado, o no resultare de la naturaleza
de la relación, se entiende que lugar de cumplimiento es el del domicilio actual del deudor de
la prestación más característica del contrato. En caso de no poder determinarse el lugar de
cumplimiento, el contrato se rige por las leyes y usos del país del lugar de celebración.
62
Llambías, Jorge J. – Raffo Benegas, Patricio - Sassot, Rafael A., Manual…, op. cit., p. 96.
63
Alterini, Atilio A.; Contratos…, op. cit., p. 449.
La perfección de los contratos entre ausentes se rige por la ley del lugar del cual parte la
oferta aceptada (art. 2652).
En cuanto a las formas y solemnidades de los actos jurídicos, su validez o nulidad y la
necesidad de publicidad, son aplicables las leyes y usos del lugar en que los actos se hubieren
celebrado, realizado u otorgado. Cuando la ley aplicable al fondo de la relación jurídica exija
determinada calidad formal, se debe determinar conforme a ese derecho la equivalencia entre
la forma exigida y la forma realizada. Si los contratantes se encuentran en distintos Estados al
tiempo de la celebración, la validez formal del acto se rige por el derecho del país de donde
parte la oferta aceptada o, en su defecto, por el derecho aplicable al fondo de la relación
jurídica (art. 2649).
En lo que respecta a la jurisdicción, también rige como principio general la autonomía
de la voluntad. No existiendo acuerdo válido de elección de foro, son competentes para
conocer en las acciones resultantes de un contrato, a opción de actor: a) los jueces del
domicilio o residencia habitual del demandado. Si existen varios demandados, los jueces del
domicilio o residencia habitual de cualquiera de ellos; b) los jueces del lugar de cumplimiento
de cualquiera de las obligaciones contractuales; c) los jueces del lugar donde se ubica una
agencia, sucursal o representación del demandado, siempre que ésta haya participado en la
negociación o celebración del contrato (art. 2650).
CONTRATOS EN PARTICULAR
A) COMPRAVENTA
1. Definición. El contrato de compraventa es tal vez el contrato de realización más frecuente y
el que, por lo menos en carácter de comprador, toda persona celebra a diario. Su antecedente
jurídico -el contrato de permuta- ha caído en desuso y fue prácticamente absorbido a partir del
nacimiento del signo monetario que hizo innecesario el negocio del trueque o permutación.
El art. 1123 establece que: “Hay compraventa si una de las partes se obliga a transferir
la propiedad de una cosa y la otra a pagar un precio en dinero”.
Quien se obliga a transferir la propiedad de la cosa se denomina “vendedor” o
“transmitente”, mientras que quien se obliga a pagar el precio se llama “comprador” o
“adquirente”. Conviene aclarar que las obligaciones del vendedor en la compraventa, son
asumidas por él en forma voluntaria, pues nadie está obligado a vender, excepto que se
encuentre sometido a la necesidad jurídica de hacerlo (art. 1128) como los casos de
expropiación, venta impuesta por contrato o testamento, o de cosa indivisible solicitada por el
condómino, etc.
2. Caracteres. El contrato de compraventa es: consensual, porque los efectos del contrato
surgen desde el momento en que se forma el consentimiento, y no se exige la entrega o
“tradición” de la cosa que perfecciona la ejecución del contrato; oneroso, pues conforme al
art. 967 “...las ventajas que procuran a una de las partes les son concedidas por una prestación
que ella ha hecho o se obliga a hacer a la otra”. La ventaja del vendedor de recibir el precio
es equilibrada por la ventaja que implica para el comprador obtener la transferencia de la
propiedad a su favor de la cosa adquirida; conmutativo, porque desde la celebración del
contrato ambas partes conocen el alcance de sus respectivas obligaciones que son ciertas,
determinadas y apreciables; bilateral, porque se generan obligaciones recíprocas para ambas
partes (art. 966); típico o nominado, porque tiene nombre y expresa regulación legal (art.
970), entre los arts. 1123 a 1171 del Código; formal o no formal. Respecto de las formas, la
compraventa de bienes inmuebles se sitúa dentro de los contratos “formales”, pues debe
cumplimentar determinadas formalidades, es decir, efectuarse por escrito y mediante escritura
pública atento la necesidad de su inscripción ante el Registro respectivo. La compraventa de
bienes muebles no requiere de formalidades y la transferencia de la propiedad opera por
simple tradición, salvo para las cosas muebles registrables donde deben observarse ciertas
formalidades para su registro (automotores).
3. La transferencia de la propiedad. La compraventa es un contrato consensual, que queda
perfeccionado con el mero consentimiento de las partes, sin necesidad de hacer tradición de la
cosa vendida (según el art. 1923 tanto la posesión como la tenencia de una cosa se adquieren
por la tradición. Hay tradición cuando una parte entrega una cosa a otra que la recibe).
Por ello cabe preguntarse si el comprador será propietario desde que el contrato quedó
perfeccionado y concluido, o si lo será una vez que reciba efectivamente la cosa comprada de
manos del vendedor. En nuestro derecho, la compraventa, por sí sola, no es traslativa de
dominio, es decir, no transmite automáticamente la propiedad de la cosa adquirida. El
comprador no se convierte instantáneamente en propietario, pues aun cuando el contrato haya
quedado perfeccionado, ello sólo le confiere un derecho personal a exigir su entrega pero no
como propietario de la cosa, sino como acreedor de una “obligación de dar”.
Por lo tanto, será preciso que se produzca la “tradición” o entrega efectiva de la cosa
para considerar propietario al comprador. La tradición, puede ser real o simbólica. Es real,
cuando la cosa se entrega materialmente de manos del vendedor al comprador; será simbólica,
por ejemplo, cuando se entregan las llaves de la casa o del automóvil que se vende,
posibilitando al comprador disponer de la cosa en calidad de dueño. Sin embargo, en ambos
casos, no será imprescindible llegar al extremo de tener que tocar la cosa; basta la posibilidad
de ejercer sobre ella actos de dominio sin oposición alguna (art. 1926). Pero mientras el
vendedor no se desprenda de la cosa y no efectivice su entrega al comprador, seguirá siendo
su propietario.
Está claro que el título de la compraventa de inmuebles debe inscribirse en el registro
respectivo (Registro de la Propiedad Inmueble), fundamentalmente para que resulte oponible
a terceros. Se ha interpretado que el requisito de la inscripción registral es un recaudo más,
necesario para que se produzca la transferencia de la propiedad. Pero, a nuestro entender, la
inscripción registral resulta sólo “declarativa” y no “constitutiva” de derechos, es decir, la
registración no es un requisito más que se agrega a la tradición para transmitir la propiedad,
pues el régimen legal establecido en el Código para la constitución de derechos reales (como
en el caso, el derecho de propiedad o dominio), no ha contemplado a la inscripción registral
como uno de sus requisitos, en tanto sólo exige “Título suficiente” (“acto jurídico revestido de
las formas establecidas por la ley, que tiene por finalidad transmitir o constituir el derecho
real”; en este caso el instrumento público donde consta el contrato) y “Modo” (la tradición
posesoria de la cosa), según se establece en el art. 1892 del Código. La inscripción en el
registro, da publicidad suficiente al acto y a la propiedad (art. 1893) y resguarda el derecho de
los terceros quienes pueden determinar con certeza el carácter de dueño del que vende. Pero la
inscripción no califica a un título como perfecto; porque sólo los títulos que ya son perfectos
se pueden inscribir, es decir, el derecho real de propiedad ya ha quedado constituido,
adquirido y titulado “antes” de su inscripción, y no “por” su inscripción.
Distinto es el caso del régimen jurídico de los automotores (bienes muebles
registrables), donde el sistema establecido por Decreto-Ley 6582/58, es constitutivo y el
dominio nace, aun entre las partes, con motivo de la inscripción. En tal sentido, el art. 1 del
referido decreto ley, dispone: “La transmisión del dominio de automotores deberá
formalizarse por instrumento público o privado y sólo producirá efectos entre las partes y con
relación a terceros desde la fecha de su inscripción en el Registro de la Propiedad
Automotor”. No cabe duda que el legislador asignó carácter constitutivo a la inscripción del
dominio, siendo tal un requisito indispensable más para transmitir la propiedad, lo que lo
diferencia del carácter declarativo y de oponibilidad a terceros que tienen los registros
inmobiliarios según hemos visto y que se complementa con lo dispuesto mediante Ley
17.801.
Esta posición se corrobora en los Fundamentos del proyecto elaborado por la Comisión
Redactora del Código, que expresa: “A pedido de escribanos y registradores, con invocación
de la falta de preparación de los registros para tal modificación, el Anteproyecto mantiene el
sistema vigente en el cual la inscripción constitutiva solamente se incluye como excepción
para la adquisición, transmisión, etc., de ciertos objetos (por ejemplo, automotores), mas no
para todas las cosas cuyo dominio es registrable, especialmente los inmuebles para los cuales
mantiene la tradición posesoria como modo suficiente…Respecto de la oponibilidad, como es
natural se requiere la publicidad suficiente respecto de terceros interesados y de buena fe,
considerándose publicidad suficiente la inscripción registral o la posesión, según el caso”.
En suma, la inscripción registral solo será modo suficiente para transmitir o constituir
derechos reales sobre cosas registrables en los casos legalmente previstos; y sobre cosas no
registrables, cuando el tipo del derecho así lo requiera (art. 1892). De esta manera, y sin
eliminar la tradición como requisito constitutivo del derecho real, la norma impone el deber
de inscripción registral que se adiciona al de la tradición (caso de los automotores). Respecto
de bienes inmuebles, la norma mantiene el sistema del Código de Vélez. Pero la regulación
resulta trascendente en materia de cosas muebles registrables. Así, el art. 1895 establece que
“Respecto de las cosas muebles registrables no existe buena fe sin inscripción a favor de
quien la invoca”. La novedad es que agrega en un párrafo que dice: “Tampoco existe buena fe
aunque haya inscripción a favor de quien la invoca, si el respectivo régimen especial prevé la
existencia de elementos identificatorios de la cosa registrable y éstos no son coincidentes” (tal
el caso de número de motor y de chasis del automotor).
4. Capacidad. Como regla general de capacidad para comprar y vender, pueden hacerlo todas
las personas jurídicas y las humanas mayores de edad que no tengan incapacidad de ejercicio,
o capacidad restringida, inhabilitación o pese sobre ellas alguna de las inhabilidades previstas
en el art. 1001 que dispone: “No pueden contratar, en interés propio o ajeno, según sea el
caso, los que están impedidos para hacerlo conforme a disposiciones especiales. Los contratos
cuya celebración está prohibida a determinados sujetos tampoco pueden ser otorgados por
interpósita persona”. Así, los representantes en general tienen la prohibición, como regla, de
adquirir por compraventa o actos jurídicos análogos los bienes de su representado (art. 372);
los progenitores no pueden hacer contrato alguno con el hijo que está bajo su responsabilidad
(excepto lo dispuesto para las donaciones sin cargo previstas en el art. 1549), prohibición que
se extiende a tutores y curadores (arts. 120 y 138). Tampoco pueden, ni aun con autorización
judicial, comprar por sí ni por persona interpuesta, bienes de su hijo ni constituirse en
cesionarios de créditos, derechos o acciones contra su hijo (art. 689).
Sin perjuicio de ello, el Código refiere especiales inhabilidades para contratar al
disponer que “No pueden contratar en interés propio: a) los funcionarios públicos, respecto de
bienes de cuya administración o enajenación están o han estado encargados; b) los jueces,
funcionarios y auxiliares de la justicia, los árbitros y mediadores, y sus auxiliares, respecto de
bienes relacionados con procesos en los que intervienen o han intervenido; c) los abogados y
procuradores, respecto de bienes litigiosos en procesos en los que intervienen o han
intervenido; d) los cónyuges, bajo el régimen de comunidad, entre sí. Los albaceas que no son
herederos no pueden celebrar contrato de compraventa sobre los bienes de las testamentarias
que estén a su cargo”.
5. Cosas que pueden ser vendidas. Como principio general dispone el art. 1129 que “Pueden
venderse todas las cosas que pueden ser objeto de los contratos”, lo cual concuerda los
preceptos que, para el objeto de los contratos en general, contienen los arts. 1003 y sigts. del
Código. Siendo el contrato una especie dentro de los actos jurídicos, al analizar la cosa
(objeto) involucrada en una compraventa, deben contemplarse tanto las disposiciones
generales sobre el objeto de los actos jurídicos (arts. 279-280), como las normas que tratan el
objeto de los contratos (arts. 1003-1011).
En concordancia con lo dispuesto en el art. 279 para el objeto de los actos jurídicos, el
art. 1004 establece que no pueden ser objeto de los contratos los hechos que son imposibles o
están prohibidos por las leyes, son contrarios a la moral, al orden público, a la dignidad de la
persona humana, o lesivos de los derechos ajenos; ni los bienes que por un motivo especial se
prohíbe que lo sean.
A su vez, al regular los contratos en general, el Código señala directivas específicas que
debe reunir el objeto de los contratos, a saber: debe ser lícito, posible, determinado o
determinable, susceptible de valoración económica y corresponder a un interés de las partes,
aun cuando éste no sea patrimonial (art. 1003). Asimismo, en las disposiciones subsiguientes,
el Código autoriza que el objeto de los contratos sean: bienes existentes y futuros (art. 1007);
bienes ajenos (art. 1008); bienes litigiosos, gravados o sujetos a medidas cautelares, sin
perjuicio del derecho de terceros (art. 1009); la herencia futura, en casos muy excepcionales
(art. 1010); o derechos sobre el cuerpo humano, aplicándose los arts. 17 y 56 (art. 1004).
Teniendo presente tales reglas, la cosa objeto de la compraventa debe cumplir con los
siguientes requisitos:
*Debe tratarse de una cosa, es decir, de un bien material susceptible de valor económico (arts.
16 y 1003);
*Debe estar precisada en su especie o género, y su cantidad debe ser determinable (art. 1005).
Si la venta es de cosa cierta que ha dejado de existir al tiempo de perfeccionarse el contrato,
éste no produce efecto alguno. Si ha dejado de existir parcialmente, el comprador puede
demandar la parte existente con reducción del precio. Puede pactarse que el comprador asuma
el riesgo de que la cosa cierta haya perecido o esté dañada al celebrarse el contrato. El
vendedor no puede exigir el cumplimiento del contrato si al celebrarlo sabía que la cosa había
perecido o estaba dañada (art. 1130).
*Debe existir al celebrarse el contrato o ser susceptible de existir, es decir, puede tratarse de
una cosa presente o futura (arts. 1007 y 1131). Si se vende cosa futura, se entiende sujeta a la
condición suspensiva de que la cosa llegue a existir. El vendedor debe realizar las tareas, y
esfuerzos que resulten del contrato, o de las circunstancias, para que ésta llegue a existir en las
condiciones y tiempo convenidos. El comprador puede asumir, por cláusula expresa, el riesgo
de que la cosa no llegue a existir sin culpa del vendedor.
*Puede ser de propiedad del vendedor o no, ya que se admite expresamente la venta de cosas
ajenas (arts. 1008 y 1132). La venta de la cosa total o parcialmente ajena es válida, en los
términos del art. 1008. El vendedor se obliga a transmitir por sí o hacer transmitir por un
tercero su dominio al comprador.
*Puede tratarse de cosas sometidas a litigios, gravadas o afectadas por medidas cautelares (art.
1009);
*La enajenación no debe encontrarse prohibida (doct. arts. 234, 279, 1003 y 1004).64
6. El precio en la compraventa. Los requisitos que debe reunir el precio para que el contrato
de compraventa sea válido, son los siguientes:
a) Debe ser un precio en dinero. Este recaudo surge de lo dispuesto en el art. 1133 cuando
dice “El precio es determinado cuando las partes lo fijan en una suma que el comprador debe
pagar...”. Con respecto al tipo de moneda a utilizar para el pago del precio, recordemos que el
nuevo Código ha optado por el retorno al nominalismo monetario, que había sido
parcialmente abandonado en 1991 al sancionarse la ley de Convertibilidad. Esta última,
además, pretendió instalar al dólar como una suerte de segunda “moneda” de curso legal en
nuestro país. En efecto, para el nuevo Código, el dólar no sería una moneda sino una “cosa”
por carecer del curso legal y forzoso que distingue a la moneda nacional de uso corriente (el
“peso”), y por lo tanto, las obligaciones estipuladas en dólares son obligaciones de “dar
cantidades de cosas”, que pueden cumplirse entregando el “equivalente” en moneda nacional
(art. 765).
b) Debe ser un precio determinado. Según el mismo art. 1133 “El precio es determinado
cuando las partes lo fijan en una suma que el comprador debe pagar, cuando se deja su
indicación al arbitrio de un tercero designado o cuando lo sea con referencia a otra cosa cierta.
64
Esper, Mariano. “Compraventa. Disposiciones generales” en Código Civil y Comercial de la Nación
comentado. Julio César Rivera – Graciela Medina (directores). T. III, La Ley. Bs. As., 2014, p. 876.
En cualquier otro caso, se entiende que hay precio válido si las partes previeron el
procedimiento para determinarlo”. De este modo los casos de precio determinado o
determinable que prevé el art. 1133, son: a) suma de dinero que el comprador debe pagar,
donde el precio lo fijan las partes; b) precio determinado sujeto al arbitrio de un tercero, caso
que requiere la intervención de terceros especializados en tasar o valuar el bien; c) precio
fijado con referencia a otra cosa cierta (venta de una cosa similar que las partes toman como
referencia); y d) fijación de procedimiento para determinar el precio (por ejemplo, precio
según los valores de mercado).
El precio también puede quedar sujeto a la determinación por un tercero designado en el
contrato o después de su celebración. Si las partes no llegan a un acuerdo sobre su
designación o sustitución, o si el tercero no quiere o no puede realizar la determinación, el
precio lo fija el juez por el procedimiento más breve que prevea la ley local (art. 1134).
c) Debe ser un precio serio. La doctrina considera que éste es otro de los requisitos que debe
reunir el precio de la cosa a vender y por ello el precio serio es aquel que debe guardar una
relación cuantitativa con el valor real de la cosa vendida. Ha distinguido, asimismo, al precio
serio del precio irrisorio y del precio vil. El precio resulta irrisorio cuando no guarda relación
alguna con la cosa vendida (por ej., cuando se paga $ 1,00 por una casa). En tal caso, la
compraventa no tiene efecto pues no habría precio cierto. Pero distinto es el caso del precio
vil, el cual, aunque teniendo cierta relación con el valor real de la cosa vendida, es el que
origina una desproporción injusta para alguna de las partes, que podría motivar la invocación
de la “lesión subjetiva” (art. 332) por el perjudicado y con ello demandarse la anulación del
contrato. El precio aunque, sea vil, se considera serio y cierto, y en tal caso el contrato
mantiene sus efectos, salvo prueba en contrario.
7. Efectos del contrato de compraventa.
I) Obligaciones del vendedor.
A) Transferir la propiedad de la cosa. El vendedor debe transferir al comprador la propiedad
de la cosa vendida. También está obligado a poner a disposición del comprador los
instrumentos requeridos por los usos o las particularidades de la venta, y a prestar toda
cooperación que le sea exigible para que la transferencia dominial se concrete (art. 1137).
B) Gastos de entrega. Por otro lado, el vendedor debe además correr con los gastos de entrega
de la cosa vendida y los que se originen en la obtención de los instrumentos referidos en el art.
1137, salvo acuerdo en contrario entre las partes (art. 1138, 1ra. parte).
C) Venta de inmuebles. En la compraventa de inmuebles también están a cargo del vendedor
los gastos del estudio del título y sus antecedentes y, en su caso, los de mensura y los tributos
que graven la venta (art. 1138, 2da. parte). Asimismo, el vendedor debe entregar el inmueble
inmediatamente de la escrituración, excepto convención en contrario (art. 1139).
D) Entrega de la cosa vendida. La cosa debe entregarse con sus accesorios, libre de toda
relación de poder (tenencia o posesión) y de oposición de tercero (art. 1140).
E) Obligaciones de garantía. Recordemos que siendo la compraventa un contrato oneroso, el
vendedor responde frente al comprador por la garantía de “evicción” y por los “vicios
redhibitorios” de la cosa vendida (arts. 1044, 1051 y ccts.).
II) Obligaciones del comprador.
A) Pagar el precio de la cosa recibida en el lugar y tiempo convenidos. Si nada se pacta, se
entiende que la venta es de contado (art. 1141 inc. a).
B) Recibir la cosa y los documentos vinculados con el contrato. Esta obligación de recibir
consiste en realizar todos los actos que razonablemente cabe esperar del comprador para que
el vendedor pueda efectuar la entrega, y hacerse cargo de la cosa (art. 1141 inc. b).
C) Pagar los gastos de recibo, incluidos los de testimonio de la escritura pública y los demás
posteriores a la venta (art. 1141 inc. c).
8.- Compraventa de cosas muebles. Requisitos específicos.
Sin perjuicio de la aplicación de las reglas que hemos visto hasta ahora, en cuanto sean
compatibles, el Código dedica una Sección específica a la compraventa de cosas muebles
(arts. 1142 a 1162). Partiendo de la base de que el contrato ha sido válidamente celebrado (es
decir que no sea susceptible de nulidad o anulación por alguna causa), esas reglas son:
A) Silencio sobre el precio. Cuando el contrato ha sido válidamente celebrado, pero el precio
no se ha señalado ni expresa ni tácitamente, ni se ha estipulado un medio para determinarlo,
se considera, excepto indicación en contrario, que las partes han hecho referencia al precio
generalmente cobrado en el momento de la celebración del contrato para tales mercaderías,
vendidas en circunstancias semejantes, en el tráfico mercantil (rubro comercial) de que se
trate (art. 1143). Esta norma constituye una típica disposición supletoria de la voluntad de las
partes destinada a integrar el contenido del contrato cuando los contratantes, por cualquier
motivo, han omitido acordar algún aspecto esencial o accesorio del contrato celebrado. Esto
permite la subsistencia y validez del vínculo jurídico, en lugar de invalidarlo o tornarlo
ineficaz ante la ausencia de alguno de sus elementos (doctr. arts. 982, 1066 y ccts.).65
Por otra parte, si el precio se fija con relación al peso, número o medida, se debe el
precio proporcional al número, peso o medida real de las cosas vendidas. Si el precio se
65
Esper, Mariano. “Precio” en Código Civil y Comercial de la Nación comentado. Julio César Rivera – Graciela
Medina (directores). T. III, La Ley. Bs. As., 2014, p. 910.
determina en función del peso de las cosas, en caso de duda, se lo calcula por el peso neto
(art. 1144).
B) Entrega de la documentación.
1. Entrega de factura. El vendedor debe entregar al comprador una factura que describa la
cosa vendida, su precio, o la parte de éste que ha sido pagada y los demás términos de la
venta. Si la factura no indica plazo para el pago del precio se presume que la venta es de
contado. La factura no observada dentro de los diez días de recibida se presume aceptada en
todo su contenido. Excepto disposición legal, si es de uso no emitir factura, el vendedor debe
entregar un documento que acredite la venta.
2. Obligación de entregar documentos. Si el vendedor está obligado a entregar documentos
relacionados con las cosas vendidas, debe hacerlo en el momento, lugar y forma fijados por el
contrato. En caso de entrega anticipada de documentos, el vendedor puede, hasta el momento
fijado para la entrega, subsanar cualquier falta de conformidad de ellos, si el ejercicio de ese
derecho no ocasiona inconvenientes ni gastos excesivos al comprador (art. 1146).
C) Entrega de la cosa.
1. Plazo para la entrega de la cosa. La entrega debe hacerse dentro de las 24 horas de
celebrado el contrato, excepto que de la convención o los usos resulte otro plazo (art. 1147).
2. Lugar de entrega de la cosa. El lugar de la entrega es el que se convino, o el que determinen
los usos o las particularidades de la venta. En su defecto, la entrega debe hacerse en el lugar
en que la cosa cierta se encontraba al celebrarse el contrato (art. 1148).
3. Puesta a disposición de las cosas vendidas. Endoso de mercaderías en tránsito. Las partes
pueden pactar que la puesta a disposición de la mercadería vendida en lugar cierto y en forma
incondicional tenga los efectos de la entrega, sin perjuicio de los derechos del comprador de
revisarla y expresar su no conformidad dentro de los diez días de retirada. También pueden
pactar que la entrega de la mercadería en tránsito tenga lugar por el simple consentimiento de
las partes materializado en la cesión o el endoso de los documentos de transporte desde la
fecha de su cesión o endoso (art. 1149).
4. Entrega anticipada de cosas no adecuadas al contrato. En caso de entrega anticipada de
cosas no adecuadas al contrato, sea en cantidad o calidad, el vendedor puede, hasta la fecha
fijada: a) entregar la parte o cantidad que falte de las cosas; b) entregar otras cosas en
sustitución de las dadas o subsanar cualquier falta de adecuación de las cosas entregadas a lo
convenido, siempre que el ejercicio de ese derecho no ocasione al comprador inconvenientes
ni gastos excesivos; no obstante, el comprador conserva el derecho de exigir la indemnización
de los daños (art. 1150).
5. Riesgos de daños o pérdida de las cosas. Están a cargo del vendedor los riesgos de daños o
pérdida de las cosas, y los gastos incurridos hasta ponerla a disposición del comprador en los
términos del art. 1149 o, en su caso, del transportista u otro tercero, pesada o medida y en las
demás condiciones pactadas o que resulten de los usos aplicables o de las particularidades de
la venta (art. 1151).
D) Recepción de la cosa y pago del precio.
1. Tiempo del pago. El pago se hace contra la entrega de la cosa, excepto pacto en contrario.
El comprador no está obligado a pagar el precio mientras no tenga la posibilidad de examinar
las cosas, a menos que las modalidades de entrega o de pago pactadas por las partes sean
incompatibles con esta posibilidad (art. 1152).
2. Recepción de la cosa.
a) Compraventa sobre muestras. Si la compraventa se hace sobre muestras, el comprador no
puede rehusar la recepción si la cosa es de igual calidad que la muestra (art. 1153). La muestra
es una parte o fracción del producto que las partes conocen (telas, cerámicos, materiales de
construcción, etc.).
b) Compraventa de cosas que no están a la vista. En los casos de cosas que no están a la vista
y deben ser remitidas por el vendedor al comprador, la cosa debe adecuarse al contrato al
momento de su entrega al comprador, al transportista o al tercero designado para recibirla (art.
1154). La venta regulada en esta norma no incluye, en principio, a las compraventas de
consumo que tienen su propio régimen legal (Ley 24.240; arts. 1092 a 1122 del Código, etc.).
c) Si la venta es por una cantidad de cosas “por junto” el comprador no está obligado a recibir
sólo una parte de ellas, excepto pacto en contrario. Si la recibe, la venta y transmisión del
dominio quedan firmes a su respecto (art. 1159). La venta “por junto” es la que tiene por
objeto más de una cosa, pero contratada o presentada en masa, como un todo, por lo que más
allá de la posible individualización física de cada cosa, al adquirente le importa su compra
como un todo, en masa o como conjunto (por ej., todas las herramientas, muebles, útiles, de
un taller).
d) Cosas que se entregan en fardos o bajo cubierta. Si las cosas muebles se entregan en fardo
o bajo cubierta que impiden su examen y reconocimiento, el comprador puede reclamar en los
10 días inmediatos a la entrega, cualquier falta en la cantidad o la inadecuación de las cosas al
contrato. Asimismo el vendedor puede exigir que, en el acto de la entrega, se haga el
reconocimiento íntegro de la cantidad y de la adecuación de las cosas entregadas al contrato, y
en ese caso no hay lugar a reclamos después de recibidas (art. 1155).
e) Adecuación de las cosas muebles a lo convenido. Se considera que las cosas muebles son
adecuadas al contrato si: i) son aptas para los fines a que ordinariamente se destinan cosas del
mismo tipo; ii) son aptas para cualquier fin especial que expresa o tácitamente se haya hecho
saber al vendedor en el momento de la celebración del contrato, excepto que de las
circunstancias resulte que el comprador no confió o no era razonable que confiara, en la
idoneidad y criterio del vendedor; iii) están envasadas o embaladas de la manera habitual para
tales mercaderías o, si no la hay, de una adecuada para conservarlas y protegerlas; iv)
responden a lo previsto en el art. 1153.
El vendedor no es responsable, a tenor de lo dispuesto en los ítems i) y iii), de la
inadecuación de la cosa que el comprador conocía o debía conocer en el momento de la
celebración del contrato (art. 1156).
Determinación de la adecuación de las cosas al contrato. En los casos de los arts. 1153 y 1154
(compraventa sobre muestras y sobre cosas que no están a la vista), el comprador debe
informar al vendedor sin demora de la falta de adecuación de las cosas a lo convenido. La
determinación de si la cosa remitida por el vendedor es adecuada al contrato se hace por
medio de peritos arbitradores, excepto estipulación contraria. Si las partes no acuerdan sobre
la designación del perito arbitrador, cualquiera de ellas puede demandar judicialmente su
designación dentro del plazo de caducidad de 30 días de entrega de la cosa. Corresponde al
juez designar el arbitrador (art. 1157).
Si la venta fue convenida mediante entrega a un transportista o a un tercero distinto del
comprador y no ha habido inspección de la cosa, los plazos para reclamar por las diferencias
de cantidad o por su no adecuación al contrato se cuentan desde su recepción por el
comprador (art. 1158).
f) Compraventas sujetas a condición suspensiva. La compraventa está sujeta a la condición
suspensiva de la aceptación de la cosa por el comprador si:
i) El comprador se reserva la facultad de probar la cosa. Es el caso de la llamada venta
“ad gustum” en la cual el comprador se reserva la facultad de degustarla o probarla, y de
rechazar la cosa si no le satisficiera.
ii) La compraventa se conviene o es, de acuerdo con los usos, “a satisfacción del
comprador”. Es el caso en que la existencia de la venta, o su extinción, queda sujeta a que la
cosa sea del agrado del comprador, de modo que la venta se reputa hecha bajo la condición
suspensiva de “si agradase al comprador”, y hasta que éste lo decida, teniendo la cosa en su
poder, será considerado como un comodatario, mientras no declare expresa o tácitamente que
la cosa le agrada.
El plazo para aceptar es de 10 días, excepto que otro se haya pactado o emane de los
usos. La cosa se considera aceptada y el contrato se juzga concluido cuando el comprador
paga el precio sin reserva o deja transcurrir el plazo sin pronunciarse (art. 1160).
g) Cláusulas de difusión general en los usos internacionales. Las cláusulas que tengan
difusión en los usos internacionales se presumen utilizadas con el significado que les
adjudiquen tales usos, aunque la venta no sea internacional, siempre que de las circunstancias
no resulte lo contrario (art. 1161). Las cláusulas aludidas en la norma son todas aquellas que
tienen un uso extendido en las ventas internacionales que, si bien no están circunscriptas a
ningún grupo, clase o categoría, es evidente que se remiten, entre otras, a los denominados
Incoterms, es decir, los International Commercial Terms, que son aquellas cláusulas típicas y
masivamente utilizadas en las compraventas internacionales y que se identifican con las
conocidas siglas EXW, FOB, FAS, CIF, CFR, etc. Los Incoterms regulan algunos aspectos de
la compraventa: entrega de las mercaderías, transferencia de los riesgos por daños, etc., de las
cosas vendidas, gastos y costos de la operación, trámites y derechos aduaneros, etc. No
obstante, rige en esta materia el principio de la autonomía contractual, por lo cual es válido
que los contratantes modifiquen el contenido predeterminado de la regla Incoterms que hayan
utilizado para su compraventa y agreguen aspectos no considerados por ella, o modifiquen sus
efectos, etc.66
h) Compraventa con cláusula pago contra documentos. En la compraventa de cosas muebles
con cláusula “pago contra documentos”, “aceptación contra documentos” u otras similares, el
pago, aceptación o acto de que se trate sólo puede ser rehusado por falta de adecuación de los
documentos con el contrato, con independencia de la inspección o aceptación de la cosa
vendida, excepto que lo contrario resulte de la convención o de los usos, o que su falta de
identidad con la cosa vendida esté ya demostrada.
Si el pago, aceptación o acto de que se trate debe hacerse por medio de un banco, el
vendedor no tiene acción contra el comprador hasta que el banco rehúse hacerlo (art. 1162).
En el caso, las partes vinculan uno de los deberes a cargo del vendedor como es entregar
la documentación del contrato (arts. 1137, 1141, inc. b) y 1146), con la obligación del
comprador de pagar el precio, con la aceptación definitiva de la venta por el comprador o con
cualquier otro acto propio del contrato, todo lo cual es lícito y posible en el amplio marco de
la autonomía de la voluntad (arts. 12, 958, 962 y ccts.). La norma determina que, en esos
casos, el comprador sólo puede negarse a pagar el precio, aceptar o ejecutar el acto de que se
trate, en caso de falta de adecuación de los documentos con el contrato, excepto en los
66
Esper, Mariano. “Recepción de la cosa y pago del precio” en Código Civil y Comercial de la Nación
comentado. Julio César Rivera – Graciela Medina (directores). T. III, La Ley. Bs. As., 2014, pp. 950-951.
siguientes supuestos: pacto en contrario, usos contrarios, o que ya esté demostrada la falta de
identidad de los documentos con la cosa vendida67, lo cual es independiente de la inspección o
aceptación de la cosa vendida. Si los documentos vinculados con el contrato fueron
entregados al comprador de manera anticipada al plazo debido, se aplica el régimen del art.
1146.
9. Cláusulas especiales en la compraventa.
1) Pacto de retroventa. Pacto de retroventa es aquel por el cual el vendedor se reserva el
derecho de recuperar la cosa vendida y entregada al comprador contra restitución del precio,
con el exceso o disminución convenidos. El contrato sujeto a este pacto se rige por las reglas
de la compraventa sometida a condición resolutoria (art. 1163). El vendedor puede así dejar
sin efecto la venta dentro del plazo legal (5 años para inmuebles y 2 para muebles, contados
desde la celebración del contrato). Si dicho plazo transcurre, el comprador quedará como
propietario irrevocable. Recuperada por el vendedor la cosa vendida, debe reembolsar al
comprador no sólo el precio recibido por la venta, sino también los gastos hechos en ocasión
de la entrega de la cosa; los gastos del contrato (escrituración, etc.); y las mejoras en la cosa
que no hayan sido producto de la mera voluntad del comprador (acrecimiento por accesión;
mejoras necesarias y útiles, etc.) Hasta tanto no satisfaga tales obligaciones, el vendedor no
puede entrar en posesión de la cosa recuperada. Finalmente, la alusión al “exceso o
disminución”, se relaciona con la cantidad del precio a reembolsar (puede ser el mismo
precio; una suma mayor, o menor; la fijación de intereses o de cláusula penal; reajustes, etc.).
2) Pacto de reventa. Pacto de reventa es aquel por el cual el comprador se reserva el derecho
de devolver la cosa comprada. Ejercido el derecho, el vendedor debe restituir el precio, con el
exceso o disminución convenidos. Se aplican las reglas de la compraventa bajo condición
resolutoria (art. 1164) En tal caso, el comprador queda obligado a restituir la cosa con todos
sus accesorios, y a responder con indemnización en caso de pérdida de la cosa, o deterioro
causado por su culpa.
3) Pacto de preferencia. Pacto de preferencia es aquel por el cual el vendedor tiene derecho a
recuperar la cosa con prelación a cualquier otro adquirente si el comprador decide enajenarla.
El derecho que otorga es personal y no puede cederse ni pasa a los herederos. El comprador
debe comunicar oportunamente al vendedor su decisión de enajenar la cosa y todas las
particularidades de la operación proyectada o, en su caso, el lugar y tiempo en que debe
celebrarse la subasta. Excepto que otro plazo resulte de la convención, los usos o las
67
Esper, Mariano. “Recepción de la cosa y pago del precio”. Op. cit., pp. 953-954.
circunstancias del caso, el vendedor debe ejercer su derecho de preferencia dentro de los 10
días de recibida dicha comunicación. Se aplican las reglas de la compraventa bajo condición
resolutoria (art. 1165).
Esta cláusula es posible siempre que el comprador quiera enajenar la cosa, lo que
incluye con amplitud todo tipo de actos de disposición (venta, dación en pago, permuta,
transacción, fideicomiso, donación, u otros que posibiliten transmitir la propiedad de la cosa).
En tal supuesto, el comprador está obligado a hacer saber al vendedor su decisión de enajenar
la cosa y las demás condiciones de la operación proyectada. Si no lo hace, aunque la venta
resulta válida, debe indemnizar al vendedor de todo perjuicio que resulte. El vendedor está a
su vez obligado a ejercer su derecho de preferencia dentro de los 10 días de efectuada la
comunicación. De no ejercitar el vendedor su derecho dentro del plazo fijado, pierde la
preferencia. El derecho de preferencia no puede cederse ni pasa a los herederos del vendedor,
ya que es intuitu personae.
Reglas comunes a los pactos especiales.
a) Pactos agregados a la compraventa de cosas registrables. Los pactos de retroventa, de
reventa y de preferencia pueden agregarse a la compraventa de cosas muebles e inmuebles en
general. Si la cosa vendida es registrable, son oponibles a terceros interesados si resultan de
los documentos inscriptos en el registro correspondiente, o si de otro modo el tercero ha
tenido conocimiento efectivo. Si las cosas vendidas son muebles no registrables, los pactos no
son oponibles a terceros adquirentes de buena fe y a título oneroso (art. 1166).
b) Plazos. Los pactos de retroventa, de reventa y de preferencia pueden ser convenidos por un
plazo que no exceda de 5 años si se trata de cosas inmuebles, y de 2 años si se trata de cosas
muebles, contados desde la celebración del contrato. Si las partes conviniesen un plazo mayor
este se reduce al máximo legal. El plazo establecido por la ley es perentorio e improrrogable
(art. 1167).
c) Venta condicional. Presunción. En caso de duda, la venta condicional se reputa hecha bajo
condición resolutoria, si antes del cumplimiento de la condición el vendedor hace tradición de
la cosa al comprador (art. 1168).
d) Efecto de la compraventa sujeta a condición resolutoria. La compraventa sujeta a condición
resolutoria produce los efectos propios del contrato, pero la tradición o, en su caso, la
inscripción registral, sólo transmite el dominio revocable (art. 1169). Esta norma debe
relacionarse con lo dispuesto en el art. 1965 según el cual el dominio que se transmite al
comprador sometido a un plazo o condición resolutoria es imperfecto por ser revocable; por
tanto, cumplida la condición a que se subordinó el contrato, el titular del dominio imperfecto
debe restituir la cosa a su antiguo propietario, aplicándose: a) los arts. 1964 a 1969, que
regulan el dominio imperfecto; b) las reglas sobre obligaciones de dar para restituir a su dueño
(arts. 759 a 761); y c) las disposiciones en materia de frutos, mejoras, etc., en lo que puedan
corresponder (arts. 1932 a 1940).
10. Boleto de compraventa de inmuebles.
En la gran mayoría de las operaciones inmobiliarias, la compraventa se concierta por
medio de contratos privados llamados “boletos”. El boleto de compraventa es el paso previo a
suscribir la escritura traslativa de dominio, y el tiempo que media entre uno y otro acto es
usualmente utilizado por las partes: vendedora, para recibir una seña que asegure la seriedad
del compromiso asumido, y compradora, para organizar tanto el pago pactado como las
medidas derivadas del acto, sobre todo si la compra del inmueble supone mudar de domicilio
o encadenar la compra con la venta del inmueble actual a un tercero.
Mucho se ha discutido en nuestro Derecho acerca de la naturaleza del boleto de
compraventa, sea como promesa bilateral de venta, sea como contrato definitivo. Pero esta
distinción carece de sentido desde que, para nuestra ley, la compraventa no es más que la
promesa de transferir a otro la propiedad de una cosa a cambio de la promesa de pagar un
precio por ella (arts. 1123, 1133, 1137 y ccts.). Asimismo, la jurisprudencia ha venido
reconociendo sistemáticamente que el comprador por boleto privado tiene derecho a exigir el
cumplimiento del contrato de venta, debiendo otorgar el juez la escritura en caso de
resistencia del vendedor. A ello se agrega que, en nuestro derecho positivo, y pese a lo
dispuesto en el art. 1017, inc. a), la escritura no es un requisito formal del contrato de
compraventa, sino solamente uno de los requisitos de la transmisión de la propiedad. De este
modo el comprador por boleto privado demanda la escrituración no para luego poder
demandar la transmisión del dominio, sino porque la escrituración lleva implícita esa
transmisión. Cumplida la escrituración, sea por el dueño, sea por el juez, el dominio queda
transferido. En otros términos, el boleto de compraventa no tiene como efecto propio
transmitir la propiedad pero, por conversión, pasa a ser un acto jurídico distinto, tal como lo
dispone el art. 285, y se encuentran contemplados los supuestos del art. 1017 donde el
negocio se transforma en la obligación de otorgarlo según la forma impuesta en la ley. Por lo
tanto, si alguien pretende vender un inmueble utilizando un boleto de compraventa privado,
está realizando un contrato válido que lo obliga a otorgar escritura pública a fin de integrar el
acto jurídico complejo, para cuya conclusión la ley impone el cumplimiento de esa
formalidad. La nulidad del contrato de compraventa no implica la nulidad del boleto. De ahí
que el otorgamiento pendiente de un instrumento previsto como formalidad solemne relativa
constituye una obligación de hacer si el futuro contrato no requiere una forma bajo sanción de
nulidad. En este caso si la parte condenada a otorgarlo es remisa, el juez lo hace en su
representación, siempre que las contraprestaciones estén cumplidas, o fuera asegurado su
cumplimiento (art. 1018).
El art. 1170 dispone: “El derecho del comprador de buena fe tiene prioridad sobre el de
terceros que hayan trabado cautelares sobre el inmueble vendido si: a) el comprador contrató
con el titular registral, o puede subrogarse en la posición jurídica de quien lo hizo mediante un
perfecto eslabonamiento con los adquirentes sucesivos; b) el comprador pagó como mínimo el
veinticinco por ciento del precio con anterioridad a la traba de la cautelar; c) el boleto tiene
fecha cierta; d) la adquisición tiene publicidad suficiente, sea registral, sea posesoria”.
Esta norma estandariza el sistema de oponibilidad del boleto de compraventa a
terceros acreedores: ya se trate de ejecuciones individuales o colectivas, la ley otorga
prevalencia al adquirente por boleto en la medida que se reúnan las condiciones que la ley
establece para cada caso. Tales requisitos son: a) Buena fe del comprador al momento de
celebrar el contrato; b) Contratación directa con el titular registral (o subrogación en la
posición jurídica de quien lo hizo) mediante un perfecto eslabonamiento con los adquirentes
sucesivos, lo que protege a los cesionarios de un mismo boleto, siempre que haya una
concatenación perfecta que vincule al adquirente con el titular registral originario; c) Pago
como mínimo del 25% del precio, con anterioridad a la traba de la medida cautelar, es decir
que tiene que haber sido realizado antes de la inscripción en el Registro inmobiliario de la
medida cautelar decretada por el juez; d) Fecha cierta del boleto: el nuevo Código dispone que
los instrumentos privados adquieren fecha cierta respecto de terceros “el día en que acontece
un hecho del que resulta como consecuencia ineludible que el documento ya estaba firmado o
no pudo ser firmado después” (art. 317); e) Publicidad suficiente de la adquisición, sea
publicidad registral o posesoria. La publicidad puede acreditarse si el comprador por boleto
fue puesto en posesión de la cosa, o si el instrumento ingresó para su inscripción en el
Registro pertinente, cuando ello se encuentre autorizado.
Oponibilidad del boleto en el concurso o quiebra. Los boletos de compraventa de inmuebles
de fecha cierta otorgados a favor de adquirentes de buena fe son oponibles al concurso o
quiebra del vendedor si se hubiera abonado como mínimo el 25% del precio. El juez debe
disponer que se otorgue la respectiva escritura pública. El comprador puede cumplir sus
obligaciones en el plazo convenido. En caso de que la prestación a cargo del comprador sea a
plazo, debe constituirse hipoteca en primer grado sobre el bien, en garantía del saldo de precio
(art. 1171).
La norma regula el régimen de oponibilidad del titular de un boleto de compraventa de
inmuebles frente al concurso o quiebra del vendedor, para hacer valer su instrumento y su
derecho. El sistema concuerda casi al pie de la letra con lo dispuesto en el art. 146 de la Ley
24.522 de Concursos y Quiebras. A ambas disposiciones, se adiciona el requisito de que el
boleto debe tener fecha cierta. Se entiende que el pago mínimo del 25% del precio debe haber
sido satisfecho antes de la apertura del concurso o de la declaración de quiebra del vendedor.
B) PERMUTA
1. Definición. De acuerdo con el art. 1172 “Hay permuta si las partes se obligan
recíprocamente a transferirse el dominio de cosas que no son dinero”. En consecuencia, la
permuta tiene por finalidad el intercambio y transferencia de cosas u objetos que las partes
recíprocamente se realizan. Se caracteriza entonces por el intercambio o trueque de una cosa
por otra, a las que las partes asignan un valor equivalente, y el compromiso que éstas asumen
de transferirse mutuamente la propiedad de cada cosa. Cada una de las partes de éste contrato
se denomina “permutante”, y ambos son “co-permutantes”. Tiene tratamiento en el Código en
los arts. 1172 a 1175.
2. Caracteres. La permuta es un contrato: bilateral, pues genera obligaciones recíprocas a
cargo de ambas partes; a título oneroso, porque las ventajas que una de las partes obtiene
tienen su debida contraprestación en favor de la otra parte; conmutativo, pues las ventajas y
obligaciones para ambas partes quedan claramente determinadas desde el momento de la
celebración del contrato; consensual, pues se perfecciona por el mero consentimiento
otorgado por las partes sin que sea indispensable la tradición de la cosa; formal o no formal: si
el intercambio versa sobre inmuebles será necesario extender la correspondiente escritura
pública; típico o nominado, porque tiene nombre y expresa regulación legal.
El de permuta es un contrato que ha servido de antecedente a la compraventa y las
normas de éste último contrato, se aplican supletoriamente al de permuta en todo lo que no se
haya previsto específicamente para éste (art. 1175). La diferencia sustancial entre el contrato
de compraventa y el de permuta, reside en que en el primero existe una diferencia clara entre
cosa y precio, siendo una de las partes vendedor y la otra comprador, mientras que en la
permuta los objetos que se intercambian las partes son a la vez cosa y precio, y cada parte
comprador y vendedor al mismo tiempo.
3. Capacidad y objeto. En cuanto a la capacidad para intervenir en el contrato de permuta, es
la misma que la exigida para comprar y vender, de modo que pueden permutar todos aquellos
que pueden disponer de sus bienes. Del mismo modo, en cuanto al objeto, no pueden
permutarse las cosas que no pueden venderse.
4. Gastos. Excepto pacto en contrario, los gastos previstos en el art. 1138 (gastos de entrega
de la cosa) y todos los demás gastos que origine la permuta, son soportados por los
contratantes por partes iguales (art. 1173).
5. Responsabilidad por evicción. Dispone el art. 1174 que “El permutante que es vencido en
la propiedad de la cosa que le fue transmitida puede pedir la restitución de la que dio a cambio
o su valor al tiempo de la evicción, y los daños. Puede optar por hacer efectiva la
responsabilidad por saneamiento prevista en el Código”.
De este modo cada co-permutante es responsable por la garantía de evicción respecto de
la cosa intercambiada. En consecuencia, y además de que el co-permutante vencido por
evicción puede: a) Pedir la restitución de la cosa que dio, más los daños (art. 1174); b)
Reclamar el valor de esa cosa, más los daños (art. 1174), resulta de aplicación el art. 1039 que
lo faculta a potar por: c) Reclamar el saneamiento del título (esta opción no procedería en el
caso del art. 1174, que presupone que el co-permutante ya fue vencido en la propiedad de la
cosa transmitida y, entonces, no se podría sanear un título que ya fue declarado como
perteneciente a un tercero); d) Reclamar un bien equivalente si la cosa perdida por evicción
era fungible; o e) Declarar la resolución del contrato, en tanto se presenten los requisitos del
art. 1049 (defectos en el título o sentencia de evicción), salvo en los casos previstos en los
arts. 1050 (prescripción adquisitiva) ó 1057 (vicios ocultos subsanables) del Código.
C) LOCACIÓN
1. Definición. Tal como lo expresa el art. 1187, 1ra. parte, “Hay contrato de locación si una
parte se obliga a otorgar a otra el uso y goce temporario de una cosa, a cambio del pago de un
precio en dinero”.
Al contrato de locación se aplica en subsidio lo dispuesto con respecto al
consentimiento, precio y objeto del contrato de compraventa (art. 1187, 2da. parte).
El que paga el precio se llama “locatario”, “arrandatario” o “inquilino”, y el que lo
recibe “locador” o “arrendador”. El precio se llama “arrendamiento” o “alquiler”.
La locación es un contrato de uso; no hay traspaso de la propiedad como en la
compraventa sino que se persigue el uso y goce de la cosa, a cambio de un precio cierto en
dinero. Por ello constituye para locador y locatario un acto “de administración”, y no “de
disposición”: la cosa arrendada no sale del patrimonio del locador, y tampoco ingresa al del
locatario.
2. Caracteres. Este contrato presenta los siguientes caracteres: es bilateral, pues desde el
momento de su celebración nacen obligaciones recíprocas para las partes; consensual, pues
como expresa el art. 1187 “una parte se obliga a entregar a otra …”, aunque no se haya hecho
tradición de la cosa; oneroso, porque las ventajas que del contrato resultan para ambos
contratantes, se dan en virtud de la prestación que cada uno espera recibir del otro;
conmutativo, pues al momento de su celebración, las prestaciones que cada parte debe cumplir
quedan determinadas; nominado o típico, pues posee denominación y regulación legal
expresa; formal o no formal, según se involucren o no inmuebles o muebles registrables;
temporal, porque tiene un tiempo máximo de duración (art. 1197 y sigts.); de ejecución o
tracto sucesivo, pues las obligaciones de las partes se renuevan y subsisten hasta la conclusión
del contrato.
La locación es trasmisible, pues conforme al art. 1189 “Excepto pacto en contrario, la
locación: a) se transmite activa y pasivamente por causa de muerte; b) subsiste durante el
tiempo convenido, aunque la cosa locada sea enajenada”. Además es susceptible de ser
continuada. En efecto, si la cosa locada es inmueble, o parte material de un inmueble,
destinado a habitación, en caso de abandono o fallecimiento del locatario, la locación puede
ser continuada en las mismas condiciones pactadas, y hasta el vencimiento del plazo
contractual, por quien lo habite y acredite haber recibido del locatario ostensible trato familiar
durante el año previo al abandono o fallecimiento. En todo caso, el derecho del continuador
en la locación prevalece sobre el del heredero del locatario (art. 1190).
3. Objeto y destino. Como principio general, el art. 1192 dispone que “Toda cosa presente o
futura, cuya tenencia esté en el comercio, puede ser objeto del contrato de locación, si es
determinable, aunque sea sólo en su especie. Se comprenden en el contrato, a falta de
previsión en contrario, los productos y los frutos ordinarios”. Un ejemplo típico cosas
indeterminadas pero determinables está dado por el alquiler de un vehículo para ser utilizado
en el lugar de destino turístico contratado a distancia. Por ello no pueden ser objeto de
locación, las cosas inexistentes o que hubiesen dejado de existir al tiempo de la celebración
del contrato. En cambio, sí pueden serlo las cosas futuras.
En cuanto a su destino, el locatario debe dar a la cosa locada el destino acordado en el
contrato. A falta de convención, puede darle el destino que tenía al momento de locarse, el
que se da a cosas análogas en el lugar donde la cosa se encuentra o el que corresponde a su
naturaleza. A estos efectos, si el destino es mixto se aplican las normas correspondientes al
destino habitacional (art. 1194).
Locación habitacional. Si el destino es habitacional, no puede requerirse del locatario: a) el
pago de alquileres anticipados por períodos mayores a 1 mes; b) depósitos de garantía o
exigencias asimilables, por cantidad mayor del importe equivalente a un mes de alquiler por
cada año de locación contratado; c) el pago de valor llave o equivalentes; y d) La firma de
pagarés o cualquier otro documento que no forme parte del contrato original (art. 1196, texto
según Ley 27.551, B.O. 30/06/2020).
Habitación de personas incapaces o con capacidad restringida. Es nula la cláusula que impide
el ingreso, o excluye del inmueble alquilado, cualquiera sea su destino, a una persona incapaz
o con capacidad restringida que se encuentre bajo la guarda, asistencia o representación del
locatario o sublocatario, aunque éste no habite el inmueble (art. 1195).
Por último, si el locador es una persona jurídica de derecho público, el contrato se rige
en lo pertinente por las normas administrativas y, en subsidio, por las del Código (art. 1193).
4. Tiempo de la locación. El Código establece plazos máximos para la locación, cualquiera
sea su objeto, los que no pueden exceder de 20 años para el destino habitacional y 50 años
para los otros destinos. El contrato es renovable expresamente por un lapso que no exceda de
los máximos previstos contados desde su inicio (art. 1197).
Asimismo, el art. 1198 dispone que el contrato de locación de inmueble, cualquiera sea
su destino, si carece de plazo expreso y determinado mayor, se considera celebrado por el
plazo mínimo legal de 3 años, excepto los casos del art. 1199. El locatario puede renunciar a
este plazo si está en la tenencia de la cosa (texto según Ley 27.551).
El plazo mínimo legal no se aplica a los contratos de locación de inmuebles o parte de
ellos destinados a: a) sede de embajada, consulado u organismo internacional, y el destinado a
habitación de su personal extranjero diplomático o consular; b) habitación con muebles que se
arrienden con fines de turismo, descanso o similares. Si el plazo del contrato o de los
contratos consecutivos supera los 3 meses, se presume que no fue hecho con esos fines; c)
guarda de cosas; d) exposición u oferta de cosas o servicios en un predio ferial.
Tampoco se aplica el plazo mínimo legal a los contratos que tengan por objeto el
cumplimiento de una finalidad determinada expresada en el contrato y que debe normalmente
cumplirse en el plazo menor pactado (art. 1199, texto según Ley 27.551).
5. El precio de la locación. Como señalamos, al contrato de locación se aplica en subsidio lo
dispuesto con respecto al consentimiento, precio y objeto del contrato de compraventa. Por
tanto, el precio es una de las condiciones que debe reunir el objeto del contrato, y debe
consistir en una suma determinada de dinero.
El precio no puede modificarse en forma unilateral durante el transcurso del contrato.
La ley 23.928 de convertibilidad del austral (Boletín Oficial 28/3/91), en su art. 10, derogó a
partir del 1/4/91 todas las normas que establezcan o autoricen la indexación de precios o
cualquier otra forma de repotenciación de deudas, impuestos, precios o tarifas. Tal derogación
tuvo aplicación aun sobre los efectos de las relaciones y situaciones jurídicas existentes, “no
pudiendo aplicarse ni esgrimirse ninguna cláusula legal, reglamentaria, contractual o
convencional de fecha anterior como causa de ajustes en las sumas de pesos que corresponda
pagar”, sino hasta el día 1 de abril de 1991, en que entrara en vigencia la convertibilidad.
El tipo de moneda en que debe integrarse el precio de la locación no está indicado por el
codificador, el que sólo refiere que debe tratarse de “un precio en dinero”. Hasta la sanción de
la ley 23.928 de convertibilidad, se discutía si había o no locación de cosas en caso de pagarse
el precio en moneda que no fuera de curso legal y forzoso (hasta entonces, el “austral”), es
decir, en moneda extranjera. La conclusión a la que se arribaba era que si el precio de la
locación era pactado en moneda extranjera, se estaba en presencia de un contrato
“innominado”, no admitiéndose calificarlo como locación de cosas. Sin embargo, la sanción
de dicha ley vino a zanjar el problema, pues el art. 11 de la ley 23.928, al modificar los arts.
617 y 619 del Código de Vélez, admitió la posibilidad de pactar el precio de diversas
transacciones en la moneda libremente elegida por las partes, considerando que se cancelaba
válidamente la obligación asumida pagando en la moneda pactada, por cuanto dicha norma
dispuso que el régimen aplicable al pago en moneda extranjera era el que correspondía a las
obligaciones de dar sumas de dinero (art. 617 C.C. Antes, a éste tipo de operaciones se las
regulaba según el régimen de dar “cantidades de cosas”); y que se cumplía con la obligación
de entregar una suma de determinada especie o calidad de moneda, si al día del vencimiento
se entrega la cantidad de la especie designada (art. 619 C.C. Antes, para que se considerara
cumplida la obligación, debía procederse al cambio de la moneda extranjera por moneda
nacional, al valor que corra en el lugar de pago al día de vencimiento de la obligación).
Actualmente, frente al retorno del nuevo Código al principio “nominalista” de la
moneda (que fuera explicitado al tratar el contrato de compraventa), vuelve a surgir el
interrogante de la tipificación contractual cuando se ha pactado el precio en moneda
extranjera (art. 765), debiéndose estar, en este supuesto, a lo normado por el art. 970 en
materia de contratos innominados. Asimismo, el precio debe ser determinado o determinable
(art. 1133). Ante el silencio sobre el valor locativo, debe estarse por la remisión del último
párrafo a lo dispuesto en el art. 1143, y entender que el mismo es el corriente de plaza para el
tipo de cosa locada.68
En los casos de precio irrisorio o exorbitante, se ha aplicado la lesión subjetiva y la
teoría de la imprevisión.
6. Forma y prueba. Dado que el contrato de locación queda perfeccionado con el mutuo
68
Esper, Mariano. “Locación”. Op. cit., pp. 1008-1009.
consentimiento de las partes, ello significa que tiene un carácter eminentemente no formal, y
en consecuencia, puede realizarse verbalmente sin necesidad del cumplimiento de formalidad
alguna, o bien por escrito mediante instrumento privado, o bien por escritura pública. Ello
reconoce excepciones en locación de cosa inmueble o de cosa mueble registrable, de una
universalidad que incluya a alguna de ellas, o de parte material de un inmueble, supuestos en
los cuales los contratos, sus prórrogas y modificaciones, deben ser celebrados por escrito (art.
1188).
Asimismo, su carácter consensual y no formal, con las excepciones antes enunciadas,
admite cualquier medio de prueba. Y aun cuando los contratos deban ser celebrados por
escrito mediante instrumento privado, podrán ser probados aunque no se exhiba el ejemplar
pertinente, si se acredita un “principio de prueba instrumental”. Se considera principio de
prueba instrumental (por escrito), “cualquier instrumento que emane de la otra parte, de su
causante o de parte interesada en el asunto, que haga verosímil la existencia del contrato”
(arts. 1019 y 1020); por ejemplo, cuando no se tiene el contrato escrito y se exhibe un recibo
del pago del alquiler de la cosa, firmado por el locador.
7. Efectos de la locación. Obligaciones de las partes.
I) Obligaciones del locador.
A) Entregar la cosa. El locador debe entregar la cosa conforme a lo acordado. A falta de
previsión contractual debe entregarla en estado apropiado para su destino, excepto los
defectos que el locatario conoció o pudo haber conocido (art. 1200).
B) Conservar la cosa con aptitud para el uso convenido. El locador debe conservar la cosa
locada en estado de servir al uso y goce convenido y efectuar a su cargo la reparación que
exija el deterioro en su calidad o defecto, originado por cualquier causa no imputable al
locatario (art. 1201 texto según Ley 27.551). En caso de negativa o silencio del locador ante
un reclamo del locatario debidamente notificado, para que efectúe alguna reparación urgente,
el locatario puede realizarla por sí, con cargo al locador, una vez transcurridas al menos 24
horas corridas, contadas a partir de la recepción de la notificación. Si las reparaciones no
fueran urgentes, el locatario debe intimar al locador para que realice las mismas dentro de un
plazo que no podrá ser inferior a diez (10) días corridos, contados a partir de la recepción de
la intimación, cumplido el cual podrá proceder en la forma indicada en el párrafo precedente.
En todos los casos, la notificación remitida al domicilio denunciado por el locador en el
contrato se tendrá por válida, aun si el locador se negara a recibirla o no pudiese
perfeccionarse por motivos imputables al mismo.
C) Pagar mejoras. El locador debe pagar las mejoras necesarias hechas por el locatario a la
cosa locada, aunque no lo haya convenido, si el contrato se resuelve sin culpa del locatario,
excepto que sea por destrucción de la cosa (art. 1202).
D) Frustración del uso o goce de la cosa. Si por causas no imputables al locatario, éste se ve
impedido de usar o gozar de la cosa, o ésta no puede servir para el objeto de la convención,
puede pedir la rescisión del contrato, o la cesación del pago del precio por el tiempo que no
pueda usar o gozar de la cosa. Si no se viese afectada directa o indirectamente la cosa misma,
sus obligaciones continúan como antes (art. 1203, texto según Ley 27.551).
E) Pérdida de luminosidad del inmueble. La pérdida de luminosidad del inmueble urbano por
construcciones en las fincas vecinas, no autoriza al locatario a solicitar la reducción del precio
ni a resolver el contrato, excepto que medie dolo del locador (art. 1204).
F) Compensación. Los gastos y acreencias que se encuentran a cargo del locador conforme las
disposiciones de esta sección, pueden ser compensados de pleno derecho por el locatario con
los cánones locativos, previa notificación fehaciente al locador del detalle de los mismos art.
1204 bis agregado por Ley 27.551).
II) Obligaciones del locatario
A) Prohibición de variar el destino. El locatario puede usar y gozar de la cosa conforme a
derecho y exclusivamente para el destino correspondiente. No puede variarlo aunque ello no
cause perjuicio al locador (art. 1205).
B) Conservar la cosa en buen estado. Destrucción. El locatario debe mantener la cosa y
conservarla en el estado en que la recibió. No cumple con esta obligación si la abandona sin
dejar quien haga sus veces. Responde por cualquier deterioro causado a la cosa, incluso por
visitantes ocasionales, pero no por acción del locador o sus dependientes; asimismo responde
por la destrucción de la cosa por incendio no originado en caso fortuito (art. 1206).
C) Mantener la cosa en buen estado. Reparaciones. Si la cosa es mueble, el locatario tiene a su
cargo el gasto de su conservación y las mejoras de mero mantenimiento; y sólo éstas si es
inmueble. Si es urgente realizar reparaciones necesarias puede efectuarlas a costa del locador
dándole aviso previo (art. 1207).
D) Pagar el canon convenido. La prestación dineraria a cargo del locatario se integra con el
precio de la locación y toda otra prestación de pago periódico asumida convencionalmente por
el locatario. Para su cobro se concede vía ejecutiva. A falta de convención, el pago debe ser
hecho por anticipado: si la cosa es mueble, de contado; y si es inmueble, por período mensual.
E) Pagar cargas y contribuciones por la actividad. El locatario tiene a su cargo el pago de las
cargas y contribuciones que se originen en el destino que dé a la cosa locada. No tiene a su
cargo el pago de las que graven la cosa ni las expensas comunes extraordinarias. Solo puede
establecerse que estén a cargo del locatario aquellas expensas que deriven de gastos
habituales, entendiéndose por tales aquellos que se vinculan a los servicios normales y
permanentes a disposición del locatario, independientemente de que sean considerados como
expensas comunes ordinarias o extraordinarias (art. 1209, texto según Ley 27.551).
F) Restituir la cosa. El locatario, al concluir el contrato, debe restituir al locador la cosa en el
estado en que la recibió, excepto los deterioros provenientes del mero transcurso del tiempo y
el uso regular. También debe entregarle las constancias de los pagos que efectuó en razón de
la relación locativa y que resulten atinentes a la cosa o a los servicios que tenga (art. 1210).
8. Régimen de mejoras.
Como regla, el locatario puede realizar mejoras en la cosa locada, excepto que esté
prohibido en el contrato, alteren la substancia o forma de la cosa, o haya sido interpelado a
restituirla. No tiene derecho a reclamar el pago de mejoras útiles y de mero lujo o suntuarias,
pero, si son mejoras necesarias, puede reclamar su valor al locador (art. 1211).
Recordemos que, conforme al art. 1934 es: a) mejora de mero mantenimiento: la
reparación de deterioros menores originados por el uso ordinario de la cosa; b) mejora
necesaria: la reparación cuya realización es indispensable para la conservación de la cosa; c)
mejora útil: la beneficiosa para cualquier sujeto de la relación posesoria; d) mejora suntuaria:
la de mero lujo o recreo o provecho exclusivo para quien la hizo.
La violación al régimen de mejoras, es decir, la realización de mejoras prohibidas en el
art. 1211 viola la obligación de conservar la cosa en el estado en que se recibió (art. 1212).
9. Cesión y sublocación.
A) Cesión. El locatario sólo puede ceder su posición contractual en los términos previstos en
los arts. 1636 y siguientes (cesión de posición contractual, en la que resulta indispensable el
consentimiento de todos los involucrados). La cesión que no reúna tales requisitos viola la
prohibición de variar el destino de la cosa locada. La prohibición contractual de ceder importa
la de sublocar y viceversa. Se considera cesión a la sublocación de toda la cosa (art. 1213).
B) Sublocación. El locatario puede dar en sublocación parte de la cosa locada, si no hay pacto
en contrario. Para ello debe comunicar al locador, por medio fehaciente, su intención de
sublocar e indicarle el nombre y domicilio de la persona con quien se propone contratar, y el
destino que el sublocatario asignará a la cosa. El locador sólo puede oponerse por medio
fehaciente, dentro del plazo de 10 días de notificado. El silencio del locador importa su
conformidad con la sublocación propuesta. La sublocación contratada pese la oposición del
locador, o con apartamiento de los términos que se le comunicaron, viola la prohibición de
variar el destino de la cosa locada (art. 1214).
C) Relaciones entre sublocador y sublocatario. Entre sublocador y sublocatario rigen las
normas previstas en el contrato respectivo y las del Capítulo 4 del Título IV del Libro 3
(Locación). Está implícita la cláusula de usar y gozar de la cosa sin transgredir el contrato
principal.
D) Acciones directas. Sin perjuicio de sus derechos respecto al locatario, el locador tiene
acción directa contra el sublocatario para cobrar el alquiler adeudado por el locatario, en la
medida de la deuda del sublocatario. También puede exigir de éste el cumplimiento de las
obligaciones que la sublocación le impone, inclusive el resarcimiento de los daños causados
por uso indebido de la cosa. Recíprocamente, el sublocatario tiene acción directa contra el
locador para obtener a su favor el cumplimiento de las obligaciones asumidas en el contrato
de locación. La conclusión de la locación determina la cesación del subarriendo, excepto que
se haya producido por confusión (art. 1216).
10. Extinción de la locación.
Modos. Son modos especiales de extinción de la locación: 1) el cumplimiento del plazo
convenido, o requerimiento previsto en el art. 1218, según el caso; 2) la resolución anticipada;
3) la renovación frustrada del contrato.
1) Continuación de la locación concluida. Si vence el plazo convenido o el plazo mínimo
legal en ausencia de convención, y el locatario continúa en la tenencia de la cosa, no hay
tácita reconducción, sino la continuación de la locación en los mismos términos contratados,
hasta que cualquiera de las partes dé por concluido el contrato mediante comunicación
fehaciente. La recepción de pagos durante la continuación de la locación no altera lo dispuesto
en el primer párrafo.
Resolución imputable al locatario. El locador puede resolver el contrato: a) por cambio de
destino o uso irregular en los términos del artículo 1205; b) por falta de conservación de la
cosa locada, o su abandono sin dejar quien haga sus veces; c) por falta de pago de la
prestación dineraria convenida, durante dos períodos consecutivos (art. 1219).
Resolución imputable al locador. El locatario puede resolver el contrato si el locador
incumple: a) la obligación de conservar la cosa con aptitud para el uso y goce convenido; b) la
garantía de evicción o la de vicios redhibitorios (art. 1220).
2) En cuanto a la resolución anticipada, conforme al art. 1221, texto según Ley 27.551, el
contrato de locación puede ser resuelto anticipadamente por el locatario:
a) Si la cosa locada es un inmueble y han transcurrido 6 meses de contrato, debiendo notificar
en forma fehaciente su decisión al locador con al menos 1 mes de anticipación. Si hace uso de
la opción resolutoria en el primer año de vigencia de la relación locativa, debe abonar al
locador, en concepto de indemnización, la suma equivalente a 1 mes y medio de alquiler al
momento de desocupar el inmueble y la de 1 mes si la opción se ejercita transcurrido dicho
lapso.
En los contratos de inmuebles destinados a vivienda, cuando la notificación al locador se
realiza con una anticipación de tres (3) meses o más, transcurridos al menos seis (6) meses de
contrato, no corresponde el pago de indemnización alguna por dicho concepto;
b) En los casos del art. 1199 (contratos en los que se admiten excepciones al plazo mínimo
legal), debiendo abonar al locador el equivalente a 2 meses de alquiler.
3) Renovación frustrada del contrato. En los contratos de inmuebles destinados a vivienda,
dentro de los 3 últimos meses de la relación locativa, cualquiera de las partes puede convocar
a la otra, notificándola en forma fehaciente, a efectos de acordar la renovación del contrato, en
un plazo no mayor a 15 días corridos. En caso de silencio del locador o frente a su negativa de
llegar a un acuerdo, estando debidamente notificado, el locatario puede resolver el contrato de
manera anticipada sin pagar la indemnización correspondiente.
11. Efectos de la extinción de la locación.
A) Intimación de pago y desalojo de viviendas. Si el destino es habitacional, previamente a la
demanda de desalojo por falta de pago de alquileres, el locador debe intimar fehacientemente
al locatario al pago de la cantidad debida, otorgando para ello un plazo que nunca debe ser
inferior a 10 días corridos contados a partir de la recepción de la intimación, especificando el
lugar de pago.
La notificación remitida al domicilio denunciado en el contrato por el locatario se tiene por
válida, aun si éste se negara a recibirla o no pudiese perfeccionarse por motivos imputables al
mismo.
Cumplido el plazo previsto en el primer párrafo de este artículo, o habiéndose verificado la
extinción de la locación por cualquier motivo, el locatario debe restituir la tenencia del
inmueble locado. Ante el incumplimiento del locatario, el locador puede iniciar la acción
judicial de desalojo, la que debe sustanciarse por el proceso previsto al efecto en cada
jurisdicción y en caso de no prever un procedimiento especial, el más abreviado que
establezcan sus leyes procesales o especiales.
En ningún caso el locador puede negarse a recibir las llaves del inmueble o condicionar la
misma, sin perjuicio de la reserva por las obligaciones pendientes a cargo del locatario. En
caso de negativa o silencio frente al requerimiento por parte del inquilino a efectos de que se
le reciba la llave del inmueble, éste puede realizar la consignación judicial de las mismas,
siendo los gastos y costas a cargo del locador. En ningún caso se adeudarán alquileres ni
ningún tipo de obligación accesoria a partir del día de la notificación fehaciente realizada al
locador a efectos de que reciba las llaves del inmueble, siempre que el locatario efectúe la
consignación judicial dentro de los 10 días hábiles siguientes a la misma, o desde que le fuera
notificado al locador el depósito judicial de la llave si la consignación se hubiese iniciado
después del vencimiento de dicho plazo (art. 1222, texto según Ley 27.551).
B) Desalojo. Al extinguirse la locación debe restituirse la tenencia de la cosa locada. El
procedimiento previsto en el Código para la cláusula resolutoria implícita no se aplica a la
demanda de desalojo por las causas de los artículos 1217 y 1219, inciso c). El plazo de
ejecución de la sentencia de desalojo no puede ser menor a 10 días (art. 1223).
C) Facultades sobre las mejoras útiles o suntuarias. El locatario puede retirar la mejora útil o
suntuaria al concluir la locación; pero no puede hacerlo si acordó que quede en beneficio de la
cosa, si de la separación se sigue daño para ella, o separarla no le ocasiona provecho alguno.
El locador puede adquirir la mejora hecha en violación a una prohibición contractual, pagando
el mayor valor que adquirió la cosa (art. 1224).
D) Caducidad de la fianza. Renovación. Las obligaciones del fiador cesan automáticamente al
vencimiento del plazo de la locación, excepto la que derive de la no restitución en tiempo del
inmueble locado. Se exige el consentimiento expreso del fiador para obligarse en la
renovación o prórroga expresa o tácita, una vez vencido el plazo del contrato de locación. Es
nula toda disposición anticipada que extienda la fianza, sea simple, solidaria como codeudor o
principal pagador, del contrato de locación original (art. 1225).
E) Facultad de retención. El ejercicio del derecho de retención por el locatario lo faculta a
percibir los frutos naturales que la cosa produzca. Si lo hace, al momento de la percepción
debe compensar ese valor con la suma que le es debida (art. 1226).
12. Regulación complementaria de las locaciones habitacionales. Ley 27.551.
Garantía. En las locaciones habitacionales, en el caso de requerirse una garantía, el locatario
debe proponer al locador al menos 2 de las siguientes garantías:
a) Título de propiedad inmueble;
b) Aval bancario;
c) Seguro de caución;
d) Garantía de fianza o fiador solidario; o
e) Garantía personal del locatario, que se documenta con recibo de sueldo, certificado de
ingresos o cualquier otro medio fehaciente. En caso de ser más de un locatario, deben sumarse
los ingresos de cada uno de ellos a los efectos de este artículo.
El locador no puede requerir una garantía que supere el equivalente a cinco (5) veces el valor
mensual de la locación, salvo que se trate del supuesto previsto en el inciso e), en el cual
puede elevarse dicho valor hasta un máximo de diez (10) veces. Bajo tales condiciones, el
locador debe aceptar una de las garantías propuestas por el locatario.
En los supuestos de los incisos b), c) y d), la reglamentación debe establecer los requisitos que
deben cumplir las personas que otorguen estas garantías así como las características y
condiciones de las mismas.
Ajustes. Los contratos de locación, cualquiera sea su destino, están exceptuados de lo
dispuesto en los artículos 7 y 10 de la ley 23.928 y sus modificatorias.
En los contratos de locación de inmuebles destinados a uso habitacional, el precio del alquiler
debe fijarse como valor único y por períodos mensuales, sobre el cual solo pueden realizarse
ajustes anuales. En ningún caso se pueden establecer bonificaciones ni otras metodologías que
induzcan a error al locatario.
A los fines dispuestos en el párrafo anterior, los ajustes deben efectuarse utilizando un índice
conformado por partes iguales por las variaciones mensuales del índice de precios al
consumidor (IPC) y la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables
(RIPTE), que debe ser elaborado y publicado mensualmente por el Banco Central de la
República Argentina (BCRA).
Consignación. Si el locador de un inmueble se rehusare a cobrar el canon locativo, según lo
dispone el art. 1208 CCCN, el locatario debe intimarlo de manera fehaciente a que lo reciba
dentro de las cuarenta y ocho (48) horas siguientes a su notificación. En caso de silencio o
negativa del locador, el locatario, dentro de los tres (3) días hábiles siguientes al vencimiento
del plazo estipulado en la notificación, debe proceder a la consignación judicial del monto
adeudado, o mediante cheque cancelatorio, de conformidad con las previsiones de la ley
25.345 y regulaciones del BCRA, de acuerdo a las modalidades que fijen al efecto las
distintas jurisdicciones provinciales, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y en su caso el
BCRA, estando los gastos y costas correspondientes a cargo del locador.
Declaración. Los contratos de locación de inmueble deben ser declarados por el locador ante
la Administración Federal de Ingresos Públicos de la Nación (AFIP), dentro del plazo, en la
forma y con los alcances que dicho organismo disponga. La AFIP debe disponer un régimen
de facilidades para la registración de contratos vigentes. El incumplimiento del locador lo
hace pasible de las sanciones previstas en la ley 11.683 (t.o. en 1998 y sus modificaciones).
Cuando se inicien acciones judiciales a causa de la ejecución de un contrato de locación,
previo a correr traslado de la demanda, el juez debe informar a la AFIP sobre la existencia del
contrato, a los fines de que tome la intervención que corresponda.
Sin perjuicio de la obligación del locador, cualquiera de las partes puede informar la
existencia del contrato a la AFIP a los fines dispuestos en el presente artículo, en los términos
que esta autoridad disponga.
D) OBRAS Y SERVICIOS
I) Disposiciones comunes a las obras y a los servicios.
1. Definición. Hay contrato de obra cuando una persona, llamada contratista, actuando
independientemente, se obliga a favor de otra, llamada comitente, a realizar una obra material
o intelectual mediante una retribución. Hay contrato de servicios cuando una persona, llamada
prestador de servicios, actuando independientemente, se obliga a favor de otra, llamada
comitente, a proveer un servicio mediante una retribución. (art. 1251, 1er. párrafo).
Distingo entre servicios autónomos y dependientes. La definición del contrato comienza
señalando que tanto el contratista como el prestador de servicios actúan
“independientemente”. Este elemento permite una primera división, ya que el trabajo
dependiente se encuentra regulado en la ley especial de Contrato de Trabajo 20.744 y sus
modificatorias. Para saber cuándo un servicio es dependiente o no se debe recurrir a las
normas de la ley de contrato de trabajo.
Distingo entre obras y servicios. El segundo elemento de calificación que incorpora la
definición es que se obliga a “realizar una obra material o intelectual o a proveer un servicio”.
Existe gran dificultad en la doctrina y jurisprudencia para interpretar cuándo hay una obra y
cuándo un servicio, con consecuencias importantes en numerosos casos. Por esta razón los
Fundamentos del Anteproyecto elaborado por la Comisión Redactora suministrar algunas
pautas.
Un servicio es un hacer con un valor específico y no un dar. Desde el punto de vista
económico, el servicio es todo lo que brinda una función intangible al adquirente, que no
incluye un producto. La economía distingue entonces entre el servicio y el producto, de un
modo análogo al distingo entre compraventa y el contrato de servicios. No obstante, se
observa que en algunos servicios públicos (teléfonos, electricidad), se da una cosa a cambio
de un precio, lo que puede generar confusiones. En el régimen del Código de Vélez Sarsfield,
puede contratarse un trabajo proveyendo la materia principal y por eso la ley los denomina
adecuadamente “servicios” (por ejemplo, ley 23.696). De modo que el servicio puede
caracterizarse como una actividad, que involucra una obligación de hacer. La fabricación de
bienes y la transmisión de derechos reales, aunque puedan darse, son accesorios de la
finalidad principal.
El servicio es actividad intangible. Desde el punto de vista del receptor, la actividad es
intangible, se agota con el consumo inicial y desaparece. Este dato ha sido puesto de relieve
para justificar la inversión de la carga de la prueba, porque quien recibe el servicio tiene
dificultades probatorias una vez que la actividad se prestó (propuesta directiva de la CEE, 18-
1-91).
La obra es resultado reproducible de la actividad y susceptible de entrega. En la obra se
pretende la obtención de un resultado, y no sólo la actividad de trabajo. El trabajo es un medio
y el objeto propio es la utilidad abstracta que se puede obtener. En los servicios, el trabajo es
un fin, y el objeto del contrato es la utilidad concreta que se deriva del trabajo. En los
servicios se contrata a la persona en cuanto productora de utilidad; en la obra se contrata a la
utilidad y la persona sólo es relevante en los supuestos en que sea intuitu personae.
En el contrato de obra se contrata la utilidad de la persona y no a la persona en cuanto es
útil. Este “producto” de la actividad tiene una característica en nuestro derecho: debe ser
reproducible. Lo que interesa para calificar a la obra es la posibilidad de reproducirla con
independencia de su autor. El servicio, por el contrario, es intangible, desaparece al primer
consumo, y es necesario que concurra el autor para hacerlo nuevamente. Esta característica
surge claramente de la ley 11.723 de propiedad intelectual: señala que obra es toda
producción científica, literaria, artística, didáctica, cualquiera fuere el medio de reproducción
(artículo 1º); también son obras los comentarios, críticas (art. 10º); los discursos políticos,
conferencias sobre temas intelectuales (art. 27); artículos no firmados, colaboraciones
anónimas, reportajes, dibujos, grabados, informaciones en general que tengan un carácter
original (art. 28); el retrato de una persona (art. 31); la representación teatral (art. 51) y la
interpretación musical (art. 56). Como puede advertirse, no importa que la obra sea material o
intelectual ni tampoco que se asiente sobre una cosa. Así definida la obra es un bien en el
sentido del artículo 16 del Código, ya que es un objeto inmaterial susceptible de valor. En tal
carácter es susceptible de entrega (arts. 1257 y 1270).
En conclusión, la obra es “un trabajo determinado”.
Distingo entre diferentes tipos de obras: La obra material se encuentra regulada en la
Sección 2ª (arts. 1262 a 1277). La obra intelectual se rige por la ley especial 11.723, y
subsidiariamente por las disposiciones comunes de esos artículos.
En cuanto a los contratos de obra y servicios destinados a los consumidores se regulan
por la ley 24.240.
Medios utilizados. A falta de ajuste (directivas, instrucciones) sobre el modo de hacer la obra,
el contratista o prestador de los servicios elige libremente los medios de ejecución del
contrato (art. 1253).
Sin perjuicio del distingo entre servicios autónomos y dependientes, la norma establece
que el prestador autónomo tiene discrecionalidad técnica, es decir, tiene libertad para elegir
los medios que utiliza para la ejecución del contrato. Tal discrecionalidad técnica,
caracterizada por los conocimientos propios del arte, ciencia o técnica de que se trate, es una
de las notas propias del trabajo autónomo y, por tanto, constituye la regla de interpretación a
falta de directivas o instrucciones precisas por parte del comitente. Sin embargo, puede existir
relación de dependencia aun existiendo discrecionalidad técnica, si concurren otras notas
tipificantes de la relación laboral, lo que puede ocurrir, por ejemplo, cuando el trabajador
posee alguna competencia específica, una “profesionalidad”: es claro que el médico puede
decidir por sí mismo cómo se cura a un paciente, porque para ello tiene discrecionalidad
técnica. Pero este elemento no es esencial ya que puede o no existir en el contrato laboral.69
Cooperación de terceros. El contratista o prestador de servicios puede valerse de terceros para
ejecutar el servicio, excepto que de lo estipulado o de la índole de la obligación resulte que
fue elegido por sus cualidades para realizarlo personalmente en todo o en parte (intuitu
personae). En cualquier caso, el contratista o prestador de servicios conserva la dirección y la
responsabilidad de la ejecución (art. 1254).
Riesgos de la contratación. Si los bienes necesarios para la ejecución de la obra o del servicio
perecen por fuerza mayor, la pérdida la soporta la parte que debía proveerlos (art. 1258).
2. Caracteres. Es bilateral, porque genera obligaciones recíprocas: para el contratista o
prestador ejecutar la obra o prestar un servicio, para el comitente, pagar el precio; consensual,
porque se perfecciona con el simple consentimiento y los efectos propios del contrato surgen
desde su celebración, sin sujeción a la entrega de la obra o la provisión del servicio; en
principio es oneroso, pues la prestación de una parte es consecuencia de la contraprestación
prometida por la otra; sin embargo puede ser gratuito si las partes así lo pactan o cuando por
las circunstancias del caso puede presumirse la intención de beneficiar (art. 1251, 2do.
párrafo); conmutativo, porque se concibe con prestaciones equivalentes que, en principio, no
están sujetas a un “alea”, lo podría dar lugar a la aplicación de la teoría de la imprevisión (art.
1091); formal o no formal, según la envergadura de la obra o del servicio. Para obras o
servicios de poca relevancia, lo normal es establecer directamente entre las partes las
condiciones contractuales, sin necesidad ni obligación de observar una forma determinada,
por lo que incluso es habitual que se celebre verbalmente (por ejemplo, contratar la pintura de
un patio). Cuando la obra o el servicio revisten importancia, en cambio, es habitual que se
69
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. t. II, Santa Fe, Rubinzal-Culzoni, 2000, p. 584.
celebre por escrito y se establezcan cláusulas específicas para asegurar el cumplimiento
exhaustivo del contrato, fijándose los derechos y obligaciones de las partes, o previendo, por
ejemplo, ajustes del precio por los mayores costos de obra que puedan verificarse en el valor
de los materiales. En materia de obras públicas nacionales rige la Ley 13.064 (B.O.
28/10/1947), que debe ser celebrado por escrito, y en la que los derechos y deberes de las
partes y la realización de la obra quedan sujetas a lo establecido en los pliegos de condiciones
generales y especiales que sirvieron de base para la licitación o adjudicación directa de las
mismas; finalmente es nominado o típico, pues encuentra regulación expresa en el Código.
3. Distinción entre el contrato de obras y el de servicios. Si hay duda sobre la calificación
del contrato, se entiende que hay contrato de servicios cuando la obligación de hacer consiste
en realizar cierta actividad independiente de su eficacia. Se considera que el contrato es de
obra cuando se promete un resultado eficaz, reproducible o susceptible de entrega.
Los servicios prestados en relación de dependencia se rigen por las normas del derecho
laboral. Las disposiciones que regulan las obras y los servicios se integran con las reglas
específicas que resulten aplicables a servicios u obras especialmente regulados (art. 1252).
4. Precio. El precio en el contrato de obras y en el de servicios se determina por el contrato, la
ley, los usos o, en su defecto, por decisión judicial. Si la obra o el servicio se ha contratado
por un precio global o por una unidad de medida, ninguna de las partes puede pretender la
modificación del precio total o de la unidad de medida, respectivamente, con fundamento en
que la obra, el servicio o la unidad exige menos o más trabajo o que su costo es menor o
mayor al previsto, excepto lo dispuesto en el art. 1091 (teoría de la imprevisión).
5. Obligaciones de las partes.
I) Obligaciones del contratista y del prestador (art. 1256). El contratista o prestador de
servicios está obligado a: a) ejecutar el contrato conforme a las previsiones contractuales y a
los conocimientos razonablemente requeridos al tiempo de su realización por el arte, la
ciencia y la técnica correspondientes a la actividad desarrollada; b) informar al comitente
sobre los aspectos esenciales del cumplimiento de la obligación comprometida; c) proveer los
materiales adecuados que son necesarios para la ejecución de la obra o del servicio, excepto
que algo distinto se haya pactado o resulte de los usos; d) usar diligentemente los materiales
provistos por el comitente e informarle inmediatamente en caso de que esos materiales sean
impropios o tengan vicios que el contratista o prestador debiese conocer; e) ejecutar la obra o
el servicio en el tiempo convenido o, en su defecto, en el que razonablemente corresponda
según su índole.
II) Obligaciones del comitente (art. 1257). El comitente está obligado a: a) pagar la
retribución; b) proporcionar al contratista o al prestador la colaboración necesaria, conforme a
las características de la obra o del servicio; c) recibir la obra si fue ejecutada conforme a lo
dispuesto en el art. 1256.
6. Extinción del contrato de obras o de servicios.
Además de los modos generales previstos para los contratos, se extingue por:
1) Finalización de la obra o prestación del servicio. El contrato se extingue por conclusión de
la obra o del servicio. El cumplimiento del contrato de obra, cuando reviste importancia,
requiere que exista el “final de obra”, el que se concreta con el certificado final de obra. A
ello se agrega la entrega de la obra y la recepción por el comitente de plena conformidad.
2) Muerte del contratista o prestador. La muerte del contratista o prestador extingue el
contrato, excepto que el comitente acuerde continuarlo con los herederos de aquél. En caso de
extinción, el comitente debe pagar el costo de los materiales aprovechables y el valor de la
parte realizada en proporción al precio total convenido (art. 1260).
3) Muerte del comitente. La muerte del comitente no extingue el contrato, excepto que haga
imposible o inútil la ejecución (art. 1259).
4) Desistimiento unilateral. El comitente puede desistir del contrato por su sola voluntad,
aunque la ejecución haya comenzado; pero debe indemnizar al prestador todos los gastos y
trabajos realizados y la utilidad que hubiera podido obtener. El juez puede reducir
equitativamente la utilidad si la aplicación estricta de la norma conduce a una notoria
injusticia (art. 1261).
II) Disposiciones especiales para las obras.
1.- Sistemas de contratación. La obra puede ser contratada por ajuste alzado, también
denominado “retribución global”, por unidad de medida, por coste y costas o por cualquier
otro sistema convenido por las partes. La contratación puede hacerse con o sin provisión de
materiales por el comitente. Si se trata de inmuebles, la obra puede realizarse en terreno del
comitente o de un tercero. Si nada se convino ni surge de los usos, se presume, excepto
prueba en contrario, que la obra fue contratada por ajuste alzado y que es el contratista quien
provee los materiales (art. 1262).
Existen diversos sistemas o modos de contratación de fijación de precios (“variación de
costos”) en la contratación de una obra. Ellos son:
a) Por ajuste alzado, por medio del cual se fija un precio global fijo e invariable por toda la
obra. Dicha invariabilidad cede ante causas ajenas extraordinarias e imprevisibles que tornan
excesivamente onerosas las prestaciones (teoría de la imprevisión). En caso de rescisión
unilateral incausada del comitente, éste debe satisfacer la totalidad de la suma convenida por
la ejecución del contrato. Las obligaciones de las partes, el precio y las características de la
obra están determinadas desde el momento de la celebración del contrato. De ahí que las
partes, por vía de la autonomía de la voluntad, pueden establecer cláusulas que les permitan
apartarse de la determinación inicial, tales como permitir el cobro de mayores costos por parte
del contratista, caso en el cual el sistema se denomina “ajuste alzado relativo”.
b) Por unidad de medida, que permite fijar el precio por cada unidad técnica o medida
concluida (por ejemplo, una suma cierta por metro cuadrado construido; por cada etapa
cumplida de la obra, o por cada departamento en un complejo habitacional). A diferencia del
sistema de ajuste alzado, el sistema de unidad de medida presupone que la obra es divisible.
No hay una determinación de la cantidad total de unidades y, como no se conoce el monto
total, no podrían fijar un monto único por una cantidad que se desconoce;
c) Por coste y costas, que permite el reajuste del valor de los materiales, de la mano de obra y
de los honorarios de los profesionales intervinientes. Aquí no hay un monto determinado, sino
que es determinable, y el precio se fija en función de lo que cuestan los materiales y la mano
de obra realmente utilizados, más una ganancia para el contratista. Mientras en los sistemas de
ajuste alzado y de unidad de medida existe un precio establecido en la génesis del contrato, en
el caso de coste y costas, el precio surge a posteriori de la ejecución70;
d) Por licitación privada, que se aplica para obras de gran valor. Aquí adquiere relevancia el
llamado “pliego de condiciones”, al que las partes deben someterse y que integra el contrato,
y que consiste en un cúmulo de estipulaciones de orden técnico, que de modo exhaustivo
abordan todos los aspectos técnicos de la obra a realizarse;
e) Por licitación pública, nacional o internacional, que es la forma de contratación reservada al
Estado por disposición de la ley 13.064 de Obras Públicas.
Si la obra se contrata por el sistema de ejecución a coste y costas, la retribución se
determina sobre el valor de los materiales, de la mano de obra y de otros gastos directos o
indirectos (art. 1263).
2.- Variaciones del proyecto convenido. Cualquiera sea el sistema de contratación, el
contratista no puede variar el proyecto ya aceptado sin autorización escrita del comitente,
excepto que las modificaciones sean necesarias para ejecutar la obra conforme a las reglas del
arte y no hubiesen podido ser previstas al momento de la contratación; la necesidad de tales
modificaciones debe ser comunicada inmediatamente al comitente con indicación de su costo
estimado. Si las variaciones implican un aumento superior a la quinta parte del precio
70
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, pp. 668-672.
pactado, el comitente puede extinguirlo comunicando su decisión dentro del plazo de 10 días
de haber conocido la necesidad de la modificación y su costo estimado.
El comitente puede introducir variantes al proyecto siempre que no impliquen cambiar
sustancialmente la naturaleza de la obra (art. 1264).
Si se hubiese autorizado modificaciones al proyecto y surgieran diferencias de
retribución, las diferencias de precio surgidas de las modificaciones autorizadas, a falta de
acuerdo, se fijan judicialmente (art. 1265).
3.- Imposibilidad de ejecución de la prestación sin culpa. Si la ejecución de una obra o su
continuación se hace imposible por causa no imputable a ninguna de las partes, el contrato se
extingue. El contratista tiene derecho a obtener una compensación equitativa por la tarea
efectuada (art. 1267).
4.- Destrucción o deterioro de la obra por caso fortuito antes de la entrega. La destrucción o el
deterioro de una parte importante de la obra por caso fortuito antes de haber sido recibida,
autoriza a cualquiera de las partes a dar por extinguido el contrato, con los siguientes efectos:
a) si el contratista provee los materiales y la obra se realiza en inmueble del comitente, el
contratista tiene derecho a su valor y a una compensación equitativa por la tarea efectuada; b)
si la causa de la destrucción o del deterioro importante es la mala calidad o inadecuación de
los materiales, no se debe la remuneración pactada aunque el contratista haya advertido
oportunamente esa circunstancia al comitente; c) si el comitente está en mora en la recepción
al momento de la destrucción o del deterioro de parte importante de la obra, debe la
remuneración pactada (art. 1268).
En todo momento, y siempre que no perjudique el desarrollo de los trabajos, el
comitente de una obra tiene derecho a verificar a su costa el estado de avance, la calidad de
los materiales utilizados y los trabajos efectuados (art. 1269).
5.- Aceptación de la obra. La obra se considera aceptada cuando concurren las circunstancias
del artículo 747 según el cual “la recepción de la cosa por el acreedor hace presumir la
inexistencia de vicios aparentes y la calidad adecuada de la cosa, sin perjuicio de lo dispuesto
sobre la obligación de saneamiento” (art. 1270)
Correlativamente con ello, las normas sobre vicios o defectos se aplican a las
diferencias en la calidad de la obra (art. 1271).
6.- Plazos de garantía (art. 1272). Si se conviene o es de uso un plazo de garantía para que el
comitente verifique la obra o compruebe su funcionamiento, la recepción se considera
provisional y no hace presumir la aceptación.
Si se trata de vicios que no afectan la solidez ni hacen la obra impropia para su destino,
no se pactó un plazo de garantía ni es de uso otorgarlo, aceptada la obra, el contratista:
a) queda libre de responsabilidad por los vicios aparentes;
b) responde de los vicios o defectos no ostensibles al momento de la recepción, con la
extensión y en los plazos previstos para la garantía por vicios ocultos prevista en los artículos
1054 y concordantes.
7. Obra en ruina o impropia para su destino. El constructor de una obra realizada en inmueble
destinada por su naturaleza a tener larga duración, responde al comitente y al adquirente de la
obra por los daños que comprometen su solidez y por los que la hacen impropia para su
destino. El constructor sólo se libera si prueba la incidencia de una causa ajena. No es causa
ajena el vicio del suelo, aunque el terreno pertenezca al comitente o a un tercero, ni el vicio de
los materiales, aunque no sean provistos por el contratista (art. 1273).
La norma se refiere a la ruina de edificios y de obras realizadas en inmuebles, y por
tanto no aplica esos principios a las cosas muebles. De este modo, la responsabilidad del
comitente de la obra aparece cuando ésta ha sido entregada y recibida de conformidad. Frente
a los terceros, podrá emerger de la ruina o daños que a éstos se ocasione, sin perjuicio de la
acción que puedan tener con respecto al constructor o contratista de la obra.
Además, se dispone que el constructor sólo se libera de las consecuencias de una obra
en ruina o impropia para su destino, si prueba la incidencia de una causa ajena, excluyendo de
este concepto al “vicio del suelo”, aunque el terreno pertenezca al comitente o a un tercero, y
al “vicio de los materiales”, aunque no sean provistos por el contratista.
Por vicio del suelo debe entenderse toda construcción hecha sobre un lugar que no tiene
aptitud para la transmisión de la carga que se pretende hacer soportar, sea directamente sobre
el suelo, sea cuando se edifica sobre una construcción ya existente sin tener en cuanta si la
base edificada puede permitir esa sobreedificación. Ese déficit se origina en una omisión del
deber de controlar la calidad del suelo y de los materiales, tanto en su solidez como en su
aptitud, lo que incumbe a los profesionales intervinientes. El vicio de los materiales se
verifica principalmente en los defectos que estos presentan por no resultar idóneos para su
finalidad o no responder a las especificaciones legales y contractuales. Se trata de una
cuestión que debe remitirse a la prueba pericial (por peritos ingenieros o arquitectos).
La responsabilidad prevista en el art. 1273 se extiende concurrentemente: a) a toda
persona que vende una obra que ella ha construido o ha hecho construir si hace de esa
actividad su profesión habitual; b) a toda persona que, aunque actuando en calidad de
mandatario del dueño de la obra, cumple una misión semejante a la de un contratista; c) según
la causa del daño, al subcontratista, al proyectista, al director de la obra y a cualquier otro
profesional ligado al comitente por un contrato de obra de construcción referido a la obra
dañada o a cualquiera de sus partes (art. 1274).
Asimismo existen responsabilidades complementarias. El constructor, los
subcontratistas y los profesionales que intervienen en una construcción están obligados a
observar las normas administrativas y son responsables, incluso frente a terceros, de cualquier
daño producido por el incumplimiento de tales disposiciones (art. 1277).
Para que sea aplicable la responsabilidad prevista en los arts. 1273 y 1274, el daño debe
producirse dentro de los 10 años de aceptada la obra, siendo este un plazo de caducidad (art.
1275).
Toda cláusula que dispense o limite la responsabilidad prevista para los daños que
comprometen la solidez de una obra realizada en inmueble destinada a larga duración o que la
hacen impropia para su destino, se tiene por no escrita (art. 1276).
III) Normas especiales para los servicios.
1. Normas aplicables. Resultan aplicables a los servicios las reglas ya vistas en las
“disposiciones comunes a las obras y a los servicios”, y las correspondientes a las
obligaciones de hacer (art. 1278).
Con relación a las obligaciones de hacer, el Código admite como regla su ejecución
forzada (ej., obligación de escriturar), salvo que sea necesario ejercer violencia contra la
persona del deudor. Si en cambio la obligación consistiera en un hecho personal o un servicio
profesional, frente a la negativa del deudor en cumplirla, el acreedor solo podrá reclamar la
indemnización de daños y perjuicios. El respeto a la dignidad de la persona humana veda en
estos casos el uso de la fuerza.
Recordemos que las obligaciones de hacer son las que tienen por objeto la realización
de un hecho positivo por parte del deudor. “La obligación de hacer es aquella cuyo objeto
consiste en la prestación de un servicio o en la realización de un hecho, en el tiempo, lugar y
modo acordados por las partes” (art. 773). El obligado a realizar un hecho debe cumplirlo en
tiempo y modo acordes con la intención de las partes o con la índole de la obligación. Si lo
hace de otra manera, la prestación se tiene por incumplida, y el acreedor puede exigir la
destrucción de lo mal hecho, siempre que tal exigencia no sea abusiva (art. 775).
71
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, p. 582.
1) Capacidad. Si el mandato es para actos de administración debe ser conferido por persona
que tenga la administración de sus bienes. Si lo es para actos de disposición, ésa es la
capacidad que debe poseer el mandante.
En cuanto a la capacidad para ser mandatario, el art. 1323 indica que “El mandato puede
ser conferido a una persona incapaz, pero ésta puede oponer la nulidad del contrato si es
demandado por inejecución de las obligaciones o por rendición de cuentas, excepto la acción
de restitución de lo que se ha convertido en provecho suyo”.
2) Consentimiento. En lo que respecta al consentimiento, el mandante debe proponer al
mandatario que tome a su cargo la realización de uno o varios actos jurídicos, que estén
referidos al patrimonio de aquel. Por su parte, el mandatario debe aceptar ese mandato que se
le otorga. Hay dos actos unilaterales para la formación del consentimiento: por una parte la
propuesta del mandante, y por otra la aceptación del mandatario. Tanto el otorgamiento como
la aceptación pueden ser hechos en forma expresa o tácita. El momento del
perfeccionamiento, se da: a) cuando por manifestación expresa o tácita del mandatario éste
acepta el mandato. Así, si una persona sabe que alguien está haciendo algo en su interés, y no
lo impide, pudiendo hacerlo, se entiende que ha conferido tácitamente mandato; b) cuando,
por disposiciones de la ley, se presume que el mismo ha sido aceptado. Así, la ejecución del
mandato implica su aceptación aun sin mediar declaración expresa sobre ella (art. 1319, 2da.
parte).
3) Forma. El mandato en principio es no formal, admitiéndose la posibilidad de que pueda ser
concluido en forma tácita o verbal. Ello implica que rige la libertad de formas, salvo que la
ley indique una forma específica, como ocurre con el mandato que confiere representación.
En este sentido el art. 363 dispone que el apoderamiento debe ser otorgado en la forma
prescripta para el acto que el representante debe realizar.
4) Mandato a varias personas. Si el mandato se confiere a varias personas sin estipular
expresamente la forma o el orden de su actuación, se entiende que pueden desempeñarse
conjunta o separadamente (art. 1326). Asimismo, el mandatario puede sustituir en otra
persona la ejecución del mandato y es responsable de la elección del sustituto, excepto cuando
lo haga por indicación del mandante. En caso de sustitución, el mandante tiene la acción
directa contra el sustituto prevista en los artículos 736 y concordantes (acción directa, que es
la que compete al acreedor para percibir lo que un tercero debe a su deudor, hasta el importe
del propio crédito), pero no está obligado a pagarle retribución si la sustitución no era
necesaria. El mandatario responde directamente por la actuación del sustituto cuando no fue
autorizado a sustituir, o cuando la sustitución era innecesaria para la ejecución del mandato
(art. 1327).
4. Mandato con y sin representación. Representación es la posibilidad de que alguien
resulte representado por otro para ejercitar uno o varios actos jurídicos, y en los casos de la
llamada representación legal, es una forma de proteger los intereses de las personas menores,
o con capacidad restringida, o incapaces. También esa representación puede surgir como
consecuencia de la voluntad contractual y se origina cuando se celebra el contrato de
mandato.
Poder es la facultad que una persona da a otra para que actúe en su nombre y por su
cuenta, y que consta en el documento o instrumento que se otorga por escritura pública o por
instrumento privado. El poder surge de un acto jurídico unilateral, que debe ser regulado en
forma separada del contrato al que puede acceder, que resulta ser un acto jurídico bilateral.
Representación. Si el mandante confiere poder para ser representado, le son aplicables las
disposiciones de los artículos 362 y siguientes (representación voluntaria). Y aun cuando el
mandato no confiera poder de representación, se aplican las disposiciones citadas a las
relaciones entre mandante y mandatario, en todo lo que no resulten modificadas en el Capítulo
8, Título IV, del Libro 3, referido al mandato (art. 1320).
Mandato sin representación. Si el mandante no otorga poder de representación, el mandatario
actúa en nombre propio pero en interés del mandante, quien no queda obligado directamente
respecto del tercero, ni éste respecto del mandante. El mandante puede subrogarse en las
acciones que tiene el mandatario contra el tercero, e igualmente el tercero en las acciones que
pueda ejercer el mandatario contra el mandante (art. 1321).
Aceptado el mandato, el mandatario puede contratar en su propio nombre (mandato sin
representación) o en nombre del mandante (mandato con representación). Si contrata en su
propio nombre, no obliga al mandante respecto de terceros (art. 1321). Pero si contrata en
nombre del mandante, será éste -y no el mandatario- quien queda obligado hacia los terceros
con quienes contrató el mandatario, siempre que haya obrado dentro de los límites del
mandato y conforme al mismo, o que el mandante -en caso contrario- hubiese ratificado dicho
mandato excedido, con posterioridad. En otros términos, si los actos se cumplen dentro de los
límites del mandato, se consideran como si se hubieran ejecutado por el propio mandante. Así
el art. 366 establece que: “Cuando un representante actúa dentro del marco de su poder, sus
actos obligan directamente al representado y a los terceros. El representante no queda
obligado para con los terceros, excepto que haya garantizado de algún modo el negocio. Si la
voluntad de obrar en nombre de otro no aparece claramente, se entiende que ha procedido en
nombre propio”.
Si se contratara fuera de los límites del mandato y el mandante no ratificara el contrato,
tal contrato no crea responsabilidad para el mandante, generándose una relación directa entre
el mandatario y los terceros contratantes, pudiendo el mandatario ser demandado por el
cumplimiento del contrato o por indemnización de daños y perjuicios por el tercero
contratante de buena fe. En tal sentido el art. 376 dispone: “Si alguien actúa como
representante de otro sin serlo, o en exceso de las facultades conferidas por el representado, es
responsable del daño que la otra parte sufra por haber confiado, sin culpa suya, en la validez
del acto; si hace saber al tercero la falta o deficiencia de su poder, está exento de dicha
responsabilidad”. Sin embargo, existe una excepción a ésta regla, que opera cuando aun
excedido el límite del mandato, el mismo se hubiese cumplido de una manera más ventajosa
que la señalada por el mandante, y de tal modo éste se beneficiara.
5. Especies y extensión del mandato.
1) Mandato expreso y mandato tácito. Según el art. 1319, 2da. parte, “El mandato puede ser
conferido y aceptado expresa o tácitamente. Si una persona sabe que alguien está haciendo
algo en su interés, y no lo impide, pudiendo hacerlo, se entiende que ha conferido tácitamente
mandato. La ejecución del mandato implica su aceptación aun sin mediar declaración expresa
sobre ella”.
2) Mandato con poder general y especial: El poder general comprende todos los negocios del
mandante, y el mandato especial uno o ciertos negocios determinados.
El poder conferido en términos generales sólo incluye los actos propios de
administración ordinaria y los necesarios para su ejecución (art. 375, 1ra. parte).
Son necesarias facultades expresas para: a) peticionar el divorcio, la nulidad de
matrimonio, la modificación, disolución o liquidación del régimen patrimonial del
matrimonio; b) otorgar el asentimiento conyugal si el acto lo requiere, caso en el que deben
identificarse los bienes a que se refiere; c) reconocer hijos, caso en el que debe
individualizarse a la persona que se reconoce; d) aceptar herencias; e) constituir, modificar,
transferir o extinguir derechos reales sobre inmuebles u otros bienes registrables; f) crear
obligaciones por una declaración unilateral de voluntad; g) reconocer o novar obligaciones
anteriores al otorgamiento del poder; h) hacer pagos que no sean los ordinarios de la
administración; i) renunciar, transar, someter a juicio arbitral derechos u obligaciones, sin
perjuicio de las reglas aplicables en materia de concursos y quiebras; j) formar uniones
transitorias de empresas, agrupamientos de colaboración empresaria, sociedades,
asociaciones, o fundaciones; k) dar o tomar en locación inmuebles por más de tres años, o
cobrar alquileres anticipados por más de un año; l) realizar donaciones, u otras liberalidades,
excepto pequeñas gratificaciones habituales; m) dar fianzas, comprometer servicios
personales, recibir cosas en depósito si no se trata del necesario, y dar o tomar dinero en
préstamo, excepto cuando estos actos correspondan al objeto para el que se otorgó un poder
en términos generales (art. 375, 2da. parte).
6. Efectos del mandato.
I) Obligaciones del mandatario (art. 1324). El mandatario está obligado a:
a) Cumplir los actos comprendidos en el mandato, conforme a las instrucciones dadas por el
mandante y a la naturaleza del negocio que constituye su objeto, con el cuidado que pondría
en los asuntos propios o, en su caso, el exigido por las reglas de su profesión, o por los usos
del lugar de ejecución;
b) Dar aviso inmediato al mandante de cualquier circunstancia sobreviniente que
razonablemente aconseje apartarse de las instrucciones recibidas, requiriendo nuevas
instrucciones o ratificación de las anteriores, y adoptar las medidas indispensables y urgentes;
c) Informar sin demora al mandante de todo conflicto de intereses y de toda otra circunstancia
que pueda motivar la modificación o la revocación del mandato. Si media conflicto de
intereses entre el mandante y el mandatario, éste debe posponer los suyos en la ejecución del
mandato, o renunciar. La obtención, en el desempeño del cargo, de un beneficio no autorizado
por el mandante, hace perder al mandatario su derecho a la retribución (art. 1325).
d) Mantener en reserva toda información que adquiera con motivo del mandato que, por su
naturaleza o circunstancias, no está destinada a ser divulgada;
e) Dar aviso al mandante de todo valor que haya recibido en razón del mandato, y ponerlo a
disposición de aquél;
f) Rendir cuenta de su gestión en las oportunidades convenidas o a la extinción del mandato;
g) Entregar al mandante las ganancias derivadas del negocio, con los intereses moratorios, de
las sumas de dinero que haya utilizado en provecho propio;
h) Informar en cualquier momento, a requerimiento del mandante, sobre la ejecución del
mandato;
i) Exhibir al mandante toda la documentación relacionada con la gestión encomendada, y
entregarle la que corresponde según las circunstancias.
Si el negocio encargado al mandatario fuese de los que, por su oficio o su modo de
vivir, acepta él regularmente, aun cuando se excuse del encargo, debe tomar las providencias
conservatorias urgentes que requiera el negocio que se le encomienda.
II) Obligaciones del mandante. El mandante está obligado a:
a) Suministrar al mandatario los medios necesarios para la ejecución del mandato y
compensarle, en cualquier momento que le sea requerido, todo gasto razonable en que haya
incurrido para ese fin;
b) Indemnizar al mandatario los daños que sufra como consecuencia de la ejecución del
mandato, no imputables al propio mandatario;
c) Liberar al mandatario de las obligaciones asumidas con terceros, proveyéndole de los
medios necesarios para ello;
d) Abonar al mandatario la retribución convenida. Aquí pueden surgir las siguientes hipótesis:
1) Que no haya acuerdo entre las partes ni aranceles legales ni usos o costumbres. En tal caso,
el mandatario debe recurrir al juez para que fije los honorarios por la realización de su tarea al
cumplimentar el mandato (art. 1322); 2) Que exista un arancel, y en ese caso, debe pedir, por
vía judicial, que se proceda a su fijación, fijando la retribución o el honorario; 3) Puede existir
un pacto de honorarios o de “cuota-litis”, y en ese caso tales acuerdos son de cumplimiento
obligatorio para las partes, en tanto no contravengan disposiciones legales.
Si el mandato se extingue sin culpa del mandatario, debe la parte de la retribución
proporcionada al servicio cumplido; pero si el mandatario ha recibido un adelanto mayor de lo
que le corresponde, el mandante no puede exigir su restitución.
7. La ratificación posterior del mandante.
Si bien no se pueden crear obligaciones con los terceros por una simple apariencia de
mandato, puede suceder que una persona contrate, invocando frente al tercero que lo hace en
nombre de otra sin mandato o con uno insuficiente, y haber posteriormente, una ratificación
por parte del mandante. En ese caso, se considerará como si siempre hubiese existido el
mandato. Tal ratificación puede ser expresa o tácita. Es expresa, cuando se manifiesta por
actos exteriores que llegan al conocimiento de las partes; y es tácita cuando se ejecuta el
contrato sin formular oposiciones de ninguna naturaleza. Dispone el art. 371: “La ratificación
resulta de cualquier manifestación expresa o de cualquier acto o comportamiento concluyente
que necesariamente importe una aprobación de lo que haya hecho el que invoca la
representación”.
En tal caso, la ratificación equivale al mandato y tiene efecto retroactivo al día del
acto, por todas las consecuencias del mandato. El art. 369 dispone: “La ratificación suple el
defecto de representación. Luego de la ratificación, la actuación se da por autorizada, con
efecto retroactivo al día del acto, pero es inoponible a terceros que hayan adquirido derechos
con anterioridad”. Dicha ratificación puede hacerse en cualquier tiempo, pero los interesados
pueden requerirla, fijando un plazo para ello que no puede exceder de 15 días; el silencio se
debe interpretar como negativa. Si la ratificación depende de la autoridad administrativa o
judicial, el término se extiende a 3 meses. El tercero que no haya requerido la ratificación
puede revocar su consentimiento sin esperar el vencimiento de estos términos (art. 370).
8. Extinción del mandato.
El mandato se extingue (art. 1329):
a) Por el transcurso del plazo por el que fue otorgado, o por el cumplimiento de la condición
resolutoria pactada. Cesa también el mandato dado al sustituto, por la cesación de los poderes
del mandatario que hizo la sustitución.
b) Por la ejecución del negocio para el cual fue dado. El cumplimiento efectivo y fiel del
negocio encomendado por el mandante al mandatario, pone fin al mandato.
c) Por la revocación del mandante. La revocación sin justa causa del mandato otorgado por
tiempo o asunto determinado obliga al mandante a indemnizar los daños causados; si el
mandato fue dado por plazo indeterminado, el mandante debe dar aviso adecuado a las
circunstancias o, en su defecto, indemnizar los daños que cause su omisión (art. 1331).
d) Por la renuncia del mandatario. La renuncia intempestiva y sin causa justificada del
mandatario obliga a indemnizar los daños que cause al mandante (art. 1332).
e) Por la muerte o incapacidad del mandante o del mandatario. Producida la muerte o
incapacidad del mandatario, sus herederos, representantes o asistentes que tengan
conocimiento del mandato deben dar pronto aviso al mandante y tomar en interés de éste las
medidas que sean requeridas por las circunstancias. Si se produce la muerte o incapacidad del
mandante, el mandatario debe ejecutar los actos de conservación si hay peligro en la demora,
excepto instrucciones expresas en contrario de los herederos o representantes (art. 1333).
Mandato irrevocable (art. 1330). El mandato puede convenirse expresamente como
irrevocable en los casos de los incisos b) y c) del art. 380. Tales casos son: b) por la muerte
del representante o del representado; sin embargo subsiste en caso de muerte del representado
siempre que haya sido conferido para actos especialmente determinados y en razón de un
interés legítimo que puede ser solamente del representante, de un tercero o común a
representante y representado, o a representante y un tercero, o a representado y tercero; c) por
la revocación efectuada por el representado; sin embargo, un poder puede ser conferido de
modo irrevocable, siempre que lo sea para actos especialmente determinados, limitado por un
plazo cierto, y en razón de un interés legítimo que puede ser solamente del representante, o de
un tercero, o común a representante y representado, o a representante y un tercero, o a
representado y tercero; se extingue llegado el transcurso del plazo fijado y puede revocarse si
media justa causa.
El mandato destinado a ejecutarse después de la muerte del mandante es nulo si no
puede valer como disposición de última voluntad.
Rendición de cuentas. La rendición de cuentas por el mandatario debe ser en las condiciones
previstas en los artículos 858 y siguientes, acompañada de toda la documentación relativa a su
gestión. Excepto estipulación en contrario, las cuentas deben rendirse en el domicilio del
mandatario y los gastos que generan son a cargo del mandante (art. 1334).
F) DEPÓSITO
1. Definición. Surge del art. 1356 que dice que “Hay contrato de depósito cuando una parte se
obliga a recibir de otra una cosa con la obligación de custodiarla y restituirla con sus frutos”.
Quien hace entrega de la cosa recibe el nombre de “depositante”, mientras que quien la recibe,
se denomina “depositario”. El Anteproyecto de la Comisión Redactora aclara que el depósito
“es regulado como contrato consensual, habida cuenta la desaparición de la categoría de los
contratos reales”.
Requisitos para la configuración del depósito.
Para que exista contrato de depósito, deben reunirse los siguientes extremos: a) Que
haya promesa de entrega de una cosa, lo que afirma su carácter consensual; b) Que tal entrega
se efectúe confiando la custodia o guarda de la cosa, que puede ser mueble o inmueble, con el
deber de restituir la misma cosa con sus frutos; c) Que se transfiera exclusivamente la
tenencia de la cosa, salvo la excepción de depósito irregular; d) Que haya autonomía en el
contrato, pues si la entrega es consecuencia de otra relación jurídica, no habrá contrato de
depósito.
Respecto de la presunción de onerosidad, el art. 1357 aclara que “El depósito se
presume oneroso. Si se pacta la gratuidad, no se debe remuneración, pero el depositante debe
reembolsar al depositario los gastos razonables en que incurra para la custodia y restitución”.
2. Caracteres. El depósito es un contrato consensual, desde que una parte se obliga a recibir
de otra una cosa; será bilateral o unilateral, según que el depósito sea oneroso o gratuito,
respectivamente; se presume oneroso, si bien puede pactarse la gratuidad; es conmutativo; es
de confianza en la persona del depositario, pudiendo llegar a ser intuitu personae; es no
formal, pues la validez del contrato de depósito no está sujeta a la observancia de ninguna
forma particular; suele ser profesional, pues el depositario es elegido en virtud de su
condición de experto, como ocurre con las casas de depósito, bancos, hoteles, etc.; es
nominado o típico, pues encuentra regulación expresa en el Código en los arts. 1356 a 1377.
3. Especies de depósito.
1) Depósito voluntario. El depósito voluntario es aquel en que la elección del depositario
depende de la mera voluntad del depositante.
2) Depósito regular. El depósito voluntario también puede ser regular o irregular. Es regular:
a) Cuando la cosa depositada fuere inmueble, o mueble no consumible, aunque el depositante
haya concedido al depositario el uso de ella; b) Cuando fuere dinero, o una cantidad de cosas
consumibles, si el depositante las entregó al depositario en saco o caja cerrada; o fuese un
bulto sellado; c) Cuando representase el título de algún crédito en dinero, o de cantidad de
cosas consumibles, si el depositante no hubiera autorizado al depositario para la cobranza; d)
Cuando representase el título de un derecho real, o un crédito que no sea de dinero (art. 1367
a contrario sensu). El depósito voluntario regular se realiza con el fin de transmitir la tenencia
de la cosa. En éste caso la tradición resulta indispensable para la ejecución de las obligaciones
que tienen por objeto transferir la tenencia de las cosas para ser restituidas a sus dueños.
La regla general para calificar el depósito como regular es la “individualización de la
cosa” y tal importancia radica en la cosa es entregada para ser restituida, y si es identificable,
debe devolverse la misma cosa y no otra, de allí que sólo se entregue la tenencia sobre la cosa.
3) Depósito irregular. Es irregular si se entrega una cantidad de cosas fungibles, que no se
encuentra en saco cerrado (art. 1367).
4) Depósito necesario. Es depósito necesario aquel en que el depositante no puede elegir la
persona del depositario por un acontecimiento que lo somete a una necesidad imperiosa, y el
de los efectos introducidos en los hoteles por los viajeros (art. 1368).
4. Reglas generales.
Obligación del depositario. El depositario debe poner en la guarda de la cosa la diligencia que
usa para sus cosas o la que corresponda a su profesión. No puede usar las cosas y debe
restituirlas, con sus frutos, cuando le sea requerido (art. 1358).
Plazo. Si se conviene un plazo, se presume que lo es en favor del depositante. Pero si el
depósito es gratuito, el depositario puede exigir del depositante, en todo tiempo, que reciba la
cosa depositada (art. 1359).
Depósito oneroso. Si el depósito es oneroso, el depositante debe pagar la remuneración
establecida para todo el plazo del contrato, excepto pacto en contrario. Si para la conservación
de la cosa es necesario hacer gastos extraordinarios, el depositario debe dar aviso inmediato al
depositante, y realizar los gastos razonables causados por actos que no puedan demorarse.
Estos gastos y los de restitución son por cuenta del depositante (art. 1360).
Lugar de restitución. La cosa depositada debe ser restituida en el lugar en que debía ser
custodiada (art. 1361).
Modalidad de la custodia. Si se convino un modo específico de efectuar la custodia y
circunstancias sobrevinientes exigen modificarlo, el depositario puede hacerlo, dando aviso
inmediato al depositante (art. 1362).
Persona a quien debe restituirse la cosa. La restitución debe hacerse al depositante o a quien
éste indique. Si la cosa se deposita también en interés de un tercero, el depositario no puede
restituirla sin su consentimiento (art. 1363).
Pérdida de la cosa. Si la cosa depositada perece sin culpa del depositario, la pérdida debe ser
soportada por el depositante (art. 1364).
Prueba del dominio. El depositario no puede exigir que el depositante pruebe ser dueño de la
cosa depositada (art. 1365).
Herederos. Los herederos del depositario que de buena fe hayan enajenado la cosa depositada
sólo están obligados a restituir al depositante el precio percibido. Si éste no ha sido pagado,
deben cederle el correspondiente crédito (art. 1366).
Causa específica. La principal es la custodia o guarda de la cosa, pero anexa a ella concurren
los deberes de conservación y restitución en tiempo oportuno.
5. Depósito irregular.
Dispone el art. 1367: “Si se entrega una cantidad de cosas fungibles, que no se
encuentra en saco cerrado, se transmite el dominio de las cosas aunque el depositante no haya
autorizado su uso o lo haya prohibido. El depositario debe restituir la misma calidad y
cantidad”.
Sin embargo, si se entrega una cantidad de cosas fungibles, y el depositario tiene la
facultad de servirse de ellas, se aplican las reglas del mutuo.
Se diferencia del depósito regular, siendo ambos voluntarios, en que en el depósito
regular el depositario sólo detenta la cosa (es mero tenedor de ella), mientras que en el
irregular el depositario utiliza las cosas en el supuesto de dinero o de una cantidad de cosas
fungibles o consumibles. Además, si son cosas no identificables, como las consumibles, no
hay obligación de devolver la misma cosa, sino otra perteneciente al mismo género, y por ello
se transmite la propiedad y no sólo la tenencia.72
En consecuencia, existe en el depósito irregular la obligación del depositario de
devolver la totalidad de las cosas consumibles o fungibles recibidas, en la misma calidad,
cantidad y especie. Por otro lado, el depositario tiene la facultad de hacer uso de la cosa
depositada, pues existe transferencia de la propiedad, no siendo admisible que el depositario
invoque imposibilidad de devolución de la cosa.
El uso que el depositario está facultado a hacer de la cosa depositada, implica un
72
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 656.
traspaso de propiedad del depositante en favor del depositario, pues una cosa fungible o
consumible que el depositario intercambie, sale definitivamente del patrimonio del
depositante. De allí que el depositario esté obligado a la restitución de una cosa de igual
cantidad, calidad y especie a la dada en depósito irregular, y no a la devolución de la misma
cosa, que caracteriza al depósito regular.
6. Deposito necesario.
El Código contempla dos clases de depósitos necesarios: el “extraordinario”, que se
verifica como consecuencia de una situación de necesidad imperiosa en la que no hay tiempo
o posibilidad de elegir el depositario; y el “ordinario”, que se verifica con mayor habitualidad,
que es el depósito de cosas en hoteles por los viajeros.
El art. 1368 dispone: “Es depósito necesario aquel en que el depositante no puede elegir
la persona del depositario por un acontecimiento que lo somete a una necesidad imperiosa, y
el de los efectos introducidos en los hoteles por los viajeros”.
A) Depósito extraordinario. Son casos de depósito extraordinario aquellos que se hacen en
ocasión de algún desastre (incendio, ruina, saqueo, naufragio, etc.) u otros acontecimientos de
fuerza mayor, que sometan a las personas a una imperiosa necesidad. En estos casos, el
elemento central es la restricción a la libertad de celebración del contrato pues la situación de
desastre o catástrofe determina que la persona “deba dejar sus cosas bajo la guardia de alguien
y, dadas las circunstancias apremiantes en que debe tomar esa decisión, no puede tomarse el
tiempo necesario para elegir”.73
B) Depósito ordinario. En un grado menor de restricción a la libertad de elegir el depositario
aparece el depósito en hoteles, el que “tiene lugar por la introducción en ellos de los efectos
de los viajeros, aunque no los entreguen expresamente al hotelero o sus dependientes y
aunque aquéllos tengan las llaves de las habitaciones donde se hallen tales efectos” (art.
1369).
El hotelero responde al viajero por los daños y pérdidas sufridos en: a) los efectos
introducidos en el hotel; b) el vehículo guardado en el establecimiento, en garajes u otros
lugares adecuados puestos a disposición del viajero por el hotelero (art. 1370).
Pero no responde si los daños o pérdidas son causados por caso fortuito o fuerza mayor
ajena a la actividad hotelera. Tampoco responde por las cosas dejadas en los vehículos de los
viajeros (art. 1371).
El viajero que lleve consigo efectos de valor superior al que ordinariamente llevan los
73
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 655.
pasajeros, debe hacerlo saber al hotelero y guardarlos en las cajas de seguridad que se
encuentren a su disposición en el establecimiento. En este caso, la responsabilidad del
hotelero se limita al valor declarado de los efectos depositados (art. 1372). Ahora bien, si los
efectos de los pasajeros son excesivamente valiosos en relación con la importancia del
establecimiento, o su guarda causa molestias extraordinarias, los hoteleros pueden negarse a
recibirlos (art. 1373).
Excepto en los casos señalados en los arts. 1372 y 1373, toda cláusula que excluya o
limite la responsabilidad del hotelero se tiene por no escrita (art. 1374).
Establecimientos y locales asimilables. Estas normas se aplican a los hospitales, sanatorios,
casas de salud y deporte, restaurantes, garajes, lugares y playas de estacionamiento y otros
establecimientos similares que prestan sus servicios a título oneroso. La eximente prevista en
la última frase del art. 1371 (cosas dejadas en los vehículos de los viajeros) no rige para los
garajes, lugares y playas de estacionamiento que prestan sus servicios a título oneroso (art.
1375).
7. Casas de depósito.
Se observa que la utilización del contrato de depósito “es muy frecuente en el tráfico de
mercaderías, tanto nacional como internacional, tanto en los aeropuertos como en los puertos,
en las playas de depósito y concentración de mercaderías. Esto último hace surgir los grandes
almacenes de depósitos y el fenómeno de la logística”.74
Responsabilidad. Los propietarios de casas de depósito son responsables de la conservación
de las cosas allí depositadas, excepto que prueben que la pérdida, la disminución o la avería
han derivado de la naturaleza de dichas cosas, del vicio propio de ellas o de los de su
embalaje, o de caso fortuito externo a su actividad. En estos casos, la tasación de los daños se
hace por peritos arbitradores (art. 1376).
Deberes. Los propietarios de los establecimientos mencionados deben: a) dar recibo por las
cosas que les son entregadas para su custodia, en el que se describa su naturaleza, calidad,
peso, cantidad o medida; b) permitir la inspección de las cosas recibidas en depósito al
depositante y a quien éste indique (art. 1377).
G) MUTUO
1. Concepto. Surge del art. 1525, cuando dice: “Hay contrato de mutuo cuando el mutuante
se compromete a entregar al mutuario en propiedad, una determinada cantidad de cosas
fungibles, y éste se obliga a devolver igual cantidad de cosas de la misma calidad y especie”.
74
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 642.
Quien hace entrega de las cosas recibe el nombre de “mutuante” o prestamista, mientras que
quien las recibe, se denomina “mutuario” o prstatario.
De este concepto surgen los siguientes aspectos: a) La entrega de la cosa supone la
transmisión del derecho de propiedad, desde que se produce la “tradición” de ella; b) Las
cosas son muebles fungibles, por lo tanto las cosas inmuebles no pueden ser objeto del mutuo.
El préstamo es un contrato por el cual se acuerda que un bien sale del patrimonio del
acreedor y se transmite al deudor por un tiempo determinado, creándose la obligación de este
último de restituir lo prestado. El mutuo es una especie dentro del género de contratos de
préstamo. El préstamo puede ser de uso (comodato) o de consumo (mutuo), tal como lo
establecía Vélez Sarsfield, distinguiendo ambas figuras por sus consecuencias jurídicas.
Actualmente, el mutuo se relaciona con los contratos de crédito. Los mismos
comprenden aquellos convenios en los cuales una parte -generalmente una entidad financiera-
otorga un crédito a la otra parte, sea entregando a ésta una cantidad de dinero o de otros
bienes fungibles (caso del mutuo); o bien obligándose a tener a disposición del otro
contratante una cierta cantidad de dinero, por un plazo estipulado (contrato de apertura de
crédito) o a efectuar pagos a terceros por cuenta de la otra parte (cheques) sin provisión de
fondos hasta una suma determinada, y todos aquellos otros supuestos en los que se coloca a
disposición del cliente, dinero, bienes u otros valores. De ello se infiere que el préstamo es
una especie dentro del género crédito, entendido en sentido amplio del término.75
Normas supletorias. Se aplican al mutuo las disposiciones relativas a las obligaciones de dar
sumas de dinero o de género, según sea el caso (art. 1532).
2. Caracteres. Es un contrato consensual, desde que el mutuante se compromete a entregar
las cosas; unilateral, porque entregada la cosa por el mutuante, sólo subsiste la obligación del
mutuario de restituir la misma cantidad de cosas fungibles de la misma cantidad y especie; no
formal; conmutativo, pues las ventajas y pérdidas son conocidas al momento de celebrarlo;
gratuito u oneroso, aunque se presume de este último carácter, salvo pacto en contrario;
nominado o típico, ya que es tratado en los arts. 1525 a 1532 del Código.
3. Clases de mutuo.
El mutuo puede ser oneroso o gratuito. El codificador lo considera oneroso, salvo
pacto en contrario (art. 1527). Si no lleva intereses el mutuo es gratuito, caso en el que ha sido
calificado como un contrato que se celebra intuitu personae, pues quien otorga un préstamo,
sin obtener ningún beneficio económico, lo hace por especial consideración a la persona a la
75
Negri, Nicolás Jorge. “Mutuo”, en Código Civil y Comercial de la Nación comentado, Julio César Rivera y
Graciela Medina (Directores), Tomo IV, La Ley, Buenos Aires, 2014, pp. 740-741.
que se le presta y por razones particulares que lo vinculan con el prestatario, como el
parentesco o amistad.76 Es oneroso si lleva intereses, porque en este caso el prestamista le da
dinero al prestatario en razón de que éste le va a pagar ese accesorio.77
4. Efectos.
I) Obligaciones del mutuante.
a) Entrega de la cosa. El mutuante o prestamista debe entregar la cantidad de cosas fungibles
prometida. Si el mutuante no entrega la cantidad prometida en el plazo pactado o, en su
defecto, ante el simple requerimiento, el mutuario puede exigir el cumplimiento o la
resolución del contrato (art. 1526, 2da. parte). Se trata, por un lado, de una pretensión de
cumplimiento de contrato y, por otro, de resolución por incumplimiento. Ante el
incumplimiento del mutuante, el mutuario puede optar por cualquiera de las vías.
Sin embargo, el mutuante puede no entregar la cantidad prometida si, con posterioridad
al contrato, un cambio en la situación del mutuario hace incierta la restitución (art. 1526, 1ra.
parte). De este modo la ley prevé la posibilidad de que el mutuante se abstenga de entregar la
cantidad de cosas prometidas, lo que requiere la demostración de un “cambio en la situación
del mutuario” que haga “incierta” la restitución, lo que abarca diversas situaciones de hecho
que afectan al mutuario de índole personal, económica, comercial, etc.
b) Responsabilidad por vicios. Las cosas fungibles o consumibles se entregan en propiedad y,
por lo tanto, quien las entrega, debe las garantías por vicios que incumben a todo propietario
que entrega cosas a otro, siendo responsable de los perjuicios que sufra el mutuario por la
mala calidad o vicios ocultos de las mismas.
En el supuesto de entrega en préstamo de cosas no dinerarias, esta garantía abarca los
defectos de calidad y los vicios internos. Así, el art. 1530 dispone que “Si la cantidad prestada
no es dinero, el mutuante responde por los daños causados por la mala calidad o el vicio de la
cosa prestada; si el mutuo es gratuito, responde sólo si conoce la mala calidad o el vicio y no
advierte al mutuario”.
II) Obligaciones de mutuario.
El mutuario o prestatario debe devolver al mutuante, en el término convenido, una
cantidad de cosas iguales de la misma especie y calidad que las recibidas.
Si el mutuo es en dinero, el mutuario debe los intereses compensatorios, que se deben
pagar en la misma moneda prestada (art. 1527). Se considera que esta norma quedó
desarticulada con la redacción definitiva del art. 765 en virtud de la modificación introducida
76
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 369.
77
Alterini, Atilio Aníbal. Contratos civiles, comerciales, de consumo. Abeledo-Perrot, Bs. As., 1999, p. 175.
al Proyecto originario por parte del Poder Ejecutivo.78
Si el mutuo es de otro tipo de cosas fungibles, los intereses se liquidan en dinero,
tomando en consideración el precio de la cantidad de cosas prestadas en el lugar en que debe
efectuarse el pago de los accesorios, el día del comienzo del período, salvo pacto en contrario.
Los intereses se deben por trimestre vencido, o con cada amortización total o parcial de
lo prestado que ocurra antes de un trimestre, excepto estipulación distinta.
Si se ha pactado la gratuidad del mutuo, los intereses que haya pagado el mutuario
voluntariamente son irrepetibles.
El recibo de intereses por un período, sin condición ni reserva, hace presumir el pago de
los anteriores.
Plazo y lugar de restitución. Si nada se ha estipulado acerca del plazo y lugar para la
restitución de lo prestado, el mutuario debe restituirlo dentro de los 10 días de requerirlo el
mutuante, excepto lo que surja de los usos, y en el lugar establecido en el art. 874, es decir, en
el domicilio del deudor al tiempo del nacimiento de la obligación (art. 1528).
Incumplimiento del mutuario. La falta de pago de los intereses o de cualquier amortización de
capital da derecho al mutuante a resolver el contrato y a exigir la devolución de la totalidad de
lo prestado, más sus intereses hasta la efectiva restitución. Si el mutuo es gratuito, después del
incumplimiento, se deben intereses moratorios. Si el mutuo es oneroso, a falta de convención
sobre intereses moratorios, rige lo dispuesto para las obligaciones de dar sumas de dinero (art.
1529), es decir que, a falta de acuerdo de las partes, la tasa de interés moratorio se determina
por lo que dispongan las leyes especiales o, en subsidio, por tasas que se fijen según las
reglamentaciones del Banco Central (art. 768).
5. Los intereses en el mutuo.
En el contrato de mutuo dinerario el pacto sobre intereses debe ser expreso, ya que de lo
contrario el mutuo será gratuito y el mutuante sólo podrá exigir los intereses moratorios, o las
pérdidas e intereses de la mora (art. 1529).
En el mutuo dinerario los intereses representan la onerosidad de este contrato. Para el
mutuante o prestamista es la ganancia que produce el capital dinerario, que va aumentando a
medida que pasa el tiempo, y por ello es un fruto civil del capital. En tanto son accesorios del
capital, los intereses tienen su mismo carácter dinerario, y se fijan en una relación porcentual
o proporcional con aquel. La determinación de la tasa de interés por las partes debe ser
razonable, pues si la tasa fijada resulta excesiva, los jueces pueden reducirla, aun de oficio
78
Negri, Nicolás Jorge. “Mutuo”, op. cit., p. 747.
(cfr. art. 771).
Se distinguen tres clases de interés:79
a) Interés compensatorio o lucrativo: que representa el precio por el uso de un capital. En este
caso, es el “fruto civil” (art. 233), renta o beneficio esperado del uso del capital. Son válidos
los intereses convenidos entre el deudor y el acreedor, como también la tasa fijada para su
liquidación. Si no fue acordada por las partes, ni por las leyes, ni resulta de los usos, la tasa de
interés compensatorio puede ser fijada por los jueces (art. 767).
b) Interés moratorio: que representa un monto indemnizatorio devengado por el retardo o, en
su caso, la mora en la obligación de restitución del capital dado en préstamo. La tasa se
determina por acuerdo de partes, o por lo que dispongan las leyes especiales o, en subsidio,
por tasas que se fijen según las reglamentaciones del Banco Central (art. 768).
c) Interés punitorio: que no constituye compensación ni indemnización, sino pena, ya que es
una sanción por el incumplimiento de una carga, o una inconducta del deudor. Los intereses
punitorios convencionales se rigen por las normas que regulan la cláusula penal (art. 769).
A estas modalidades cabe agregar el anatocismo, que es el pacto en virtud del cual se
capitalizan los intereses, sumándose al capital originario y devengando nuevos intereses,
previstos actualmente en el art. 770 del Código, en los siguientes términos: “No se deben
intereses de los intereses, excepto que: a) una cláusula expresa autorice la acumulación de los
intereses al capital con una periodicidad no inferior a 6 meses; b) la obligación se demande
judicialmente; en este caso, la acumulación opera desde la fecha de la notificación de la
demanda; c) la obligación se liquide judicialmente; en este caso, la capitalización se produce
desde que el juez manda pagar la suma resultante y el deudor es moroso en hacerlo; d) otras
disposiciones legales prevean la acumulación”.
H) COMODATO
1. Concepto. Dispone el art. 1533 que: “Hay comodato si una parte se obliga a entregar a otra
una cosa no fungible, mueble o inmueble, para que se sirva gratuitamente de ella y restituya la
misma cosa recibida”. Quien entrega la cosa, se denomina “comodante”, mientras quien la
recibe, se llama “comodatario”.
Tradicionalmente ha sido concebido como un contrato de “beneficencia” (Rezzónico) o
una prestación de cortesía (Lorenzetti), sustentado en relaciones de afecto o amistad (Leiva
Fernández), mediante la cual una persona entrega una cosa mueble o inmueble en forma
gratuita para que otra se sirva de ella.
79
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, pp. 381-384.
En la actualidad, presenta diversas utilidades en conexidad con otros contratos. Así, se
usa con frecuencia en la actividad comercial: en la distribución de bebidas cuyo envase debe
devolverse (envases “retornables”), se dan los envases en comodato gratuito; en la venta de
equipos informáticos se da el programa en comodato gratuito; en la venta de teléfonos, se da
el aparato en comodato, en la provisión de servicios de cable o internet se entrega el modem
en comodato gratuito. En otros casos, este contrato sirve para entregar una cosa sin transferir
la propiedad, por ejemplo a fin de protegerla o conservarla. Y también se utiliza para servicios
dirigidos al público indeterminado: caso del estacionamiento gratuito de los hipermercados o
centros comerciales, o de los objetos en salas acondicionadas para niños en restaurantes u
otros locales comerciales. Se trata de ofertas dirigidas al público indeterminado en el marco,
por lo general, de relaciones de consumo.80
En el comodato el comodante transfiere la tenencia de una cosa no fungible, mueble o
inmueble, con derecho de usarla y con la obligación del comodatario de restituir la misma e
idéntica cosa. La entrega de la cosa debe ser gratuita y con facultad de usarla en favor del
comodatario. Este derecho de uso es de carácter personal. Si le fuera permitido al comodatario
tomar una parte de los frutos habrá, además del comodato, una donación.
Finalmente, si el préstamo consistiera en cosas fungibles, sólo se rige por las normas del
comodato si el comodatario se obliga a restituir las mismas cosas recibidas (art. 1534).
2. Caracteres. El comodato es un contrato consensual, porque se perfecciona con el simple
consentimiento de las partes; gratuito, pues si mediara alguna retribución en dinero habría
locación, o contrato innominado en los demás casos; unilateral, pues si bien hay obligaciones
a cargo de ambas partes en la génesis del contrato, estas no son reciprocas; puede ser
celebrado intuitu personae; no formal, ya que la celebración del contrato no está sujeta a
solemnidad alguna; y típico o nominado, desde que el Código lo aborda en los arts. 1533 a
1541.
3. Prohibiciones. No pueden celebrar contrato de comodato (art. 1535):
a) los tutores, curadores y apoyos, respecto de los bienes de las personas incapaces o con
capacidad restringida, bajo su representación;
b) los administradores de bienes ajenos, públicos o privados, respecto de los confiados a su
gestión, excepto que tengan facultades expresas para ello.
4. Efectos del comodato.
I) Obligaciones del comodatario. Son obligaciones del comodatario (art. 1536):
80
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, p. 480.
a) Usar de la cosa conforme al destino convenido. El comodatario no puede hacer otro uso de
la cosa que el que se hubiera expresado en el contrato. A falta de convención, puede darle el
destino que tenía al tiempo del contrato, el que se da a cosas análogas en el lugar donde la
cosa se encuentra, o el que corresponde a su naturaleza. En caso de contravención, el
comodante puede exigir la restitución inmediata de la cosa prestada (art. 1539, inc. b).
b) Pagar los gastos ordinarios de la cosa y los realizados para servirse de ella. Según el art.
1538, el comodatario no puede solicitar el reembolso de los gastos ordinarios realizados para
servirse de la cosa; tampoco puede retenerla por lo que le deba el comodante, aunque sea en
razón de gastos extraordinarios de conservación.
c) Conservar la cosa la cosa con prudencia y diligencia.
d) Responder por la pérdida o deterioro de la cosa, incluso causados por caso fortuito, excepto
que pruebe que habrían ocurrido igualmente si la cosa hubiera estado en poder del comodante.
e) Restituir la misma cosa con sus frutos y accesorios en el tiempo y lugar convenidos, A falta
de convención, debe hacerlo cuando se satisface la finalidad para la cual se presta la cosa. Si
la duración del contrato no está pactada ni surge de su finalidad, el comodante puede reclamar
la restitución en cualquier momento.
Si hay varios comodatarios, todos responden solidariamente.
Casos especiales de restitución.
i) Restitución de la cosa prestada que es hurtada o perdida. En este caso, el comodatario no
está obligado a restituirla. Según el art. 1537 “El comodatario no puede negarse a restituir la
cosa alegando que ella no pertenece al comodante, excepto que se trate de una cosa perdida
por el dueño o hurtada a éste. Si el comodatario sabe que la cosa que se le ha entregado es
hurtada o perdida, debe denunciarlo al dueño para que éste la reclame judicialmente en un
plazo razonable. El comodatario es responsable de los daños que cause al dueño en caso de
omitir la denuncia o si, pese a hacerla, restituye la cosa al comodante. El dueño no puede
pretender del comodatario la devolución de la cosa sin consentimiento del comodante o sin
resolución del juez”.
ii) Restitución anticipada. El comodante puede exigir la restitución de la cosa antes del
vencimiento del plazo: a) si la necesita en razón de una circunstancia imprevista y urgente; o
b) si el comodatario la usa para un destino distinto al pactado, aunque no la deteriore (art.
1539).
II) Obligaciones del comodante. Son obligaciones del comodante (art. 1540):
a) Entregar la cosa en el tiempo y lugar convenidos.
b) Permitir el uso de la cosa durante el tiempo convenido. El comodante debe dejar al
comodatario o a sus herederos el uso de la cosa prestada durante el tiempo convenido, o hasta
que el servicio para que se prestó fuese hecho. Esta obligación cesa respecto de los herederos
del comodatario cuando resulta que el préstamo sólo ha sido efectuado en consideración a éste
(intuitu personae), o que sólo el comodatario por su profesión podía usar la cosa prestada.
Cesada la causa del préstamo, los herederos deben devolver de inmediato la cosa prestada.
c) Responder por los daños causados por los vicios de la cosa que oculta al comodatario. El
comodante que, conociendo los vicios o defectos ocultos de la cosa prestada, no previno de
ellos al comodatario, responde por los daños que este sufra por esa causa.
d) Reembolso de gastos extraordinarios. El comodante debe reembolsar los gastos de
conservación extraordinarios que el comodatario hace, si éste los notifica previamente o si son
urgentes.
5. Extinción del comodato. Además de los modos generales de extinción y de las causas
especiales de restitución previstas en el art. 1539, el comodato, se extingue (art. 1541):
a) Por destrucción de la cosa. No hay subrogación real, ni el comodante tiene obligación de
prestar una cosa semejante;
b) Por vencimiento del plazo, se haya usado o no la cosa prestada;
c) Por voluntad unilateral del comodatario;
d) Por muerte del comodatario, excepto que se estipule lo contrario o que el comodato no
haya sido celebrado exclusivamente en consideración a su persona.
I) DONACIÓN
1. Concepto. Según el art. 1542 “Hay donación cuando una parte se obliga a transferir
gratuitamente una cosa a otra, y ésta lo acepta”. Quien efectúa la donación de llama
“donante”; quien se beneficia se llama “donatario”.
Las normas sobre la donación se aplican subsidiariamente a los demás actos jurídicos a
título gratuito (art. 1543).
2. Naturaleza y caracterización. La finalidad típica de la donación es la transmisión del
dominio sobre la cosa que constituye su objeto, lo que la diferencia de otras modalidades
gratuitas que no transmiten el dominio. Como contrato, la donación tiene por objeto cosas
materiales, con lo cual se diferencia de todos aquellos vínculos que tienen por objeto bienes
inmateriales. Por ejemplo, la cesión gratuita de un derecho tiene una causa gratuita, pero no es
donación, porque el objeto no es una cosa.
La causa de la donación requiere la gratuidad objetiva (ausencia de reciprocidad) y la
subjetiva (animus) voluntaria, lo que la diferencia del enriquecimiento sin causa, que tiene el
primero pero no el segundo de los elementos. La causa gratuita excluye además aquellos actos
que, si bien pueden ser gratuitos, no tienen el animus donandi, sino el de otorgar una garantía
(fianza) o un préstamo (mutuo). El animus donandi debe entenderse como el consentimiento
genérico de la liberalidad, con independencia de los motivos internos que pueda tener el
agente, los que permanecen en el campo de lo jurídicamente irrelevante. Asimismo, se
requiere ausencia de constricción, de modo que habrá donación cuando sea espontánea, es
decir, sin que el sujeto sea constreñido a ella por una obligación preexistente que él quiera
cumplir.81
En síntesis la donación es un contrato que produce efectos desde su celebración. Entre
sus rasgos distintivos encontramos que: a) Obliga a la transferencia de la propiedad de la cosa,
siempre que haya aceptación; b) La utilización del término “cosa” excluye de la donación la
transferencia de bienes inmateriales; c) La transmisión debe ser hecha a título gratuito; tiene
que haber un desprendimiento de bienes sin compensación por la otra parte; d) Debe existir un
“animus donandi”, o sea, el propósito del donante de enriquecer al donatario.
3. Caracteres. La donación es un contrato unilateral, por cuanto al momento de la
celebración del contrato, sólo queda obligado el donante. Sin embargo, ello no ocurre en las
donaciones con cargo, donde además existe una posible obliga-ción en el donatario; por ej.
Pasar alimentos al donante; gratuito, pues se asegura una ventaja al donatario,
independientemente de toda prestación por su parte; consensual, porque se perfecciona con el
consentimiento; formal de solemnidad absoluta, pues deben ser hechas por escritura pública
las donaciones de inmuebles, muebles registrables y las prestaciones periódicas y vitalicias,
bajo pena de nulidad. De no cumplirse tal recaudo de formalidad, la donación carece de
validez. En el caso de cosas muebles no registrables, es no formal, pues basta con la entrega
de la cosa o del título; típico o nominado, pues el Código trata a las donaciones desde el art.
1542 al 1573.
4. Consentimiento. Aceptación.
Para que la donación tenga efectos legales debe ser aceptada por el donatario. La
aceptación puede ser expresa o tácita (por ejemplo, recibiendo la cosa donada), pero es de
interpretación restrictiva y está sujeta a las reglas establecidas respecto a la forma de las
donaciones. Además, la aceptación debe producirse en vida del donante y del donatario (art.
1545), caso contrario la oferta de donación quedará sin efecto.
Oferta conjunta. Si la donación es hecha a varias personas solidariamente, la aceptación de
uno o algunos de los donatarios se aplica a la donación entera y beneficia al resto de los
81
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, pp. 590-591.
donatarios aunque no hubiesen aceptado. Si la aceptación de unos se hace imposible por su
muerte, o por revocación del donante respecto de ellos, la donación entera se debe aplicar a
los que la aceptaron (art. 1547).
Están prohibidas las donaciones hechas bajo la condición suspensiva de producir efectos
a partir del fallecimiento del donante (art. 1546).
5. Objeto. La donación solo puede tener como objeto cosas materiales susceptibles de valor
económico y presentes en el patrimonio del donante, excluyéndose por tanto a los derechos
(bienes inmateriales).
Pero la donación no puede tener por objeto la totalidad del patrimonio del donante, ni
una alícuota de él, ni cosas determinadas de las que no tenga el dominio al tiempo de contratar
(cosas futuras). Si comprende cosas que forman todo el patrimonio del donante o una parte
sustancial de éste, sólo es válida si el donante se reserva su usufructo, o si cuenta con otros
medios suficientes para su subsistencia (art. 1551), quedando igualmente a salvo los derechos
de sus acreedores y de sus herederos legítimos.
6. Capacidad.
a) Para donar. Pueden donar solamente las personas que tienen plena capacidad de disponer
de sus bienes. Las personas menores emancipadas pueden hacerlo con la limitación del inc. b)
del art. 28, es decir, no pueden hacer donación de los bienes que hubiese recibido a título
gratuito (art. 1548). Las personas menores de edad autorizadas judicialmente para casarse no
pueden hacer donaciones en la convención matrimonial ni ejercer la opción prevista en el art.
446 inc. d) (art. 450), es decir, la opción por alguno de los regímenes patrimoniales previstos
para el matrimonio.
Asimismo se requieren facultades expresas en el poder para realizar donaciones, u otras
liberalidades, excepto pequeñas gratificaciones habituales (art. 375 inc. l).
b) Para aceptar donaciones. Para aceptar donaciones se requiere ser capaz. Si la donación es a
una persona incapaz, la aceptación debe ser hecha por su representante legal; si la donación
del tercero o del representante es con cargo, se requiere autorización judicial (art. 1549).
Por su parte, los tutores y curadores no pueden recibir donaciones de quienes han estado
bajo su tutela o curatela antes de la rendición de cuentas y pago de cualquier suma que hayan
quedado adeudándoles (art. 1550), así como tampoco repudiar las donaciones hechas a sus
representados sin autorización judicial (art. 121 inc. e).
7. Formalidades.
1) Requisito de escritura pública. Según el art. 1552 “Deben ser hechas en escritura pública,
bajo pena de nulidad, las donaciones de cosas inmuebles, las de cosas muebles registrables y
las de prestaciones periódicas o vitalicias”.
Estas donaciones deberán ser aceptadas por el donatario en la misma escritura; y si se
trata de un contrato entre ausentes, atento a que el Código adopta la teoría de la recepción, la
notificación de la aceptación, hecha en vida de ambos, perfeccionaría el contrato.82
Se exceptúan de la exigencia de la disposición, las donaciones hechas al Estado, que
podrán acreditarse con las constancias de actuaciones administrativas (art. 1553).
2) Forma de las donaciones manuales. Establece el art. 1554 “Las donaciones de cosas
muebles no registrables y de títulos al portador deben hacerse por la tradición del objeto
donado”.
8. Especies de Donaciones.
1) Donaciones mutuas. Son aquellas en que dos o más personas se hacen donación
recíprocamente, siendo la reciprocidad el requisito esencial. Esta clase de donación
comprende el propósito de mejora del patrimonio de cada donatario pero no constituye un
contrato bilateral; sino que son dos o más contratos de contraprestación, que no necesitan ser
equivalentes entre sí. De allí la diferencia con la permuta y la compraventa.
El Código establece que en las donaciones mutuas “la nulidad de una de ellas afecta a la
otra, pero la ingratitud o el incumplimiento de los cargos sólo perjudican al donatario
culpable” (art. 1560).
2) Donaciones remuneratorias. Son donaciones remuneratorias las realizadas en recompensa
de servicios prestados al donante por el donatario, apreciables en dinero y por los cuales el
donatario podría exigir judicialmente el pago (art. 1561, 1ra. parte).
Las donaciones remuneratorias deben considerarse como actos a título oneroso,
mientras no excedan una equitativa remuneración de servicios recibidos. La finalidad
remuneratoria de la donación, debe hacerse constar en el instrumento respectivo; en caso
contrario, se considera donación gratuita y, por tanto, no producirá efecto cancelatorio alguno
por los servicios prestados y exigibles brindados por el donatario. “La donación se juzga
gratuita si no consta en el instrumento lo que se tiene en mira remunerar” (art. 1561, 2da.
parte).
3) Donaciones con cargo. El “cargo” es una disposición onerosa, excepcional y accesoria que
se impone al adquirente de un derecho, por medio del cual quien quiere beneficiar a otro
limita su promesa, exigiendo de él una prestación u obligándole a hacer o no hacer algo, a
cambio de lo que recibe.
82
Otero, Esteban Daniel. “Donación”, en Código Civil y Comercial de la Nación comentado, Julio César Rivera
y Graciela Medina (Directores), Tomo IV, La Ley, Buenos Aires, 2014, pp. 786-787.
Dispone el art. 1562 que “En las donaciones se pueden imponer cargos a favor del
donante o de un tercero, sean ellos relativos al empleo o al destino de la cosa donada, o que
consistan en una o más prestaciones”.
La donación con cargo no altera su finalidad que es siempre beneficiar al donatario,
manteniendo el carácter unilateral del acto. El cargo es siempre accesorio, se impone al que
recibe la donación, como medio de otorgar un beneficio a favor del donante o de un tercero.
Ello no excluye que la existencia del cargo permita exigir la garantía de evicción, en la
medida de su valor económico.
Si los cargos se establecieron a favor del donante, la inejecución de ellos da a éste
acción para demandar su cumplimiento, pudiendo además proceder a la revocación de la
donación. De igual modo, si el cargo se ha estipulado en favor de un tercero, tanto éste como
el donante y sus herederos pueden demandar su ejecución; pero sólo el donante y sus
herederos (y no el tercero) pueden revocar la donación por inejecución del cargo (art. 1562,
2da. parte).
Además, si el tercero ha aceptado el beneficio representado por el cargo, en caso de
revocarse el contrato tiene derecho para reclamar del donante o, en su caso, de sus herederos,
el cumplimiento del cargo, sin perjuicio de sus derechos contra el donatario incumplidor (art.
1562, 3ra. parte).
Por último, el donatario sólo responde por el cumplimiento de los cargos con la cosa
donada, y hasta su valor si la ha enajenado o ha perecido por hecho suyo. Pero queda liberado
si la cosa ha perecido sin su culpa. Puede también sustraerse a esa responsabilidad
restituyendo la cosa donada, o su valor si ello es imposible (art. 1563).
Alcance de la onerosidad. Las donaciones remuneratorias y las donaciones con cargo se
consideran como actos a título oneroso en la medida en que se limiten a una equitativa
retribución de los servicios recibidos o en que exista equivalencia de valores entre la cosa
donada y los cargos impuestos. Por el excedente se les aplican las normas de las donaciones
(art. 1564). Esta disposición se correlaciona con la que dispone que los actos mixtos, en parte
onerosos y en parte gratuitos, se rigen en cuanto a su forma por las disposiciones que regulan
las donaciones; y en cuanto a su contenido, por éstas en la parte gratuita y por las
correspondientes a la naturaleza aparente del acto en la parte onerosa” (art. 1544).
4) Donaciones inoficiosas: Se considera inoficiosa la donación cuyo valor excede la parte
disponible del patrimonio del donante, afectando la porción legítima de sus herederos. A este
respecto, se aplican los preceptos sobre la porción legítima (art. 1565). Son requisitos para
que la donación pueda calificarse como inoficiosa: a) Que la donación se haya hecho a favor
de un tercero o de un heredero forzoso, en perjuicio de otros de la misma categoría; b) Que
afecte la porción legítima.
Las acciones legales previstas para atacar las donaciones inoficiosas son la de
“colación” (art. 2386) y la de “reducción” (art. 2453). La acción de colación, es propia de los
herederos del causante. La de reducción es aplicable al tercero extraño a quien se donaran
bienes en una porción que afecte la legítima. También es aplicable esta acción respecto del
descendiente omitido en la partición de la herencia por donación o nacido después de
realizada ésta, y el que ha recibido un lote de valor inferior al correspondiente a su porción
legítima (art. 2417).
9. Efectos de la donación.
I) Obligaciones del donante
A) Entrega de la cosa: Es la obligación principal del donante, resultando necesario que éste
sea propietario de la cosa para transmitir la propiedad.
El art. 1555 dispone: “El donante debe entregar la cosa desde que ha sido constituido en
mora. En caso de incumplimiento o mora, sólo responde por dolo”. La facultad del donatario
de demandar el cumplimiento del contrato requerirá la previa constitución en mora del
donante aun cuando la obligación se hubiera tornado exigible, limitando la responsabilidad
del donante a la configuración de dolo en su incumplimiento.
B) Responsabilidad por evicción. En principio, el donante no es responsable por la evicción
de la cosa donada, salvo en los siguientes casos: a) Si expresamente ha asumido esa
obligación, es decir, cuando el donante se obligó expresamente a responder por ésta garantía;
b) Si la donación se ha hecho de mala fe, sabiendo el donante que la cosa donada no era suya
e ignorándolo el donatario; c) Si la evicción se produce por causa imputable al donante; d) Si
las donaciones son mutuas, remuneratorias o con cargo (art. 1556).
Alcance de la garantía. La responsabilidad por la evicción obliga al donante a indemnizar al
donatario los gastos en que éste ha incurrido por causa de la donación. Si ésta es mutua,
remuneratoria o con cargo, el donante debe reembolsarle además el valor de la cosa por él
recibida, lo gastado en el cumplimiento del cargo, o retribuir los servicios recibidos,
respectivamente.
Si la evicción proviene de un hecho posterior a la donación imputable al donante, éste
debe indemnizar al donatario los daños ocasionados. Cuando la evicción es parcial, el
resarcimiento se reduce proporcionalmente (art. 1557).
De igual modo el donante tampoco responde por vicios ocultos de la cosa donada,
excepto que haya habido dolo de su parte, caso en el cual debe reparar al donatario los daños
ocasionados (art. 1558).
II) Obligaciones del donatario.
A) Alimentos: Cuando la donación es sin cargo, el donatario está obligado a prestar alimentos
al donante que no tuviere medios de subsistencia; pero puede librarse de esta obligación
devolviendo los bienes donados, o el valor de los mismos, si los ha enajenado. Ello resulta
lógico, porque un bien de poco valor no puede hacer recaer sobre el donatario un deber de
alimentos cuya única causa es la donación (art. 1559).
B) Cumplimiento de los cargos: El donatario debe cumplir con los cargos que el acto de la
donación le hubiera impuesto en el interés del donante o de terceros. El incumplimiento de los
cargos, es causa suficiente para dar lugar a la revocación de la donación.
10. Reversión de las donaciones.
Concepto. Efectos. Reversión significa restitución de una cosa al estado que tenía, o la
devolución de ella a la persona que la poseía primero.
El donante está facultado para convenir la reversión de las cosas donadas sujetando el
contrato a la condición resolutoria de que el donatario, o el donatario, su cónyuge y sus
descendientes, o el donatario sin hijos, fallezcan antes que el donante. Para que opere la
reversión, esta cláusula debe ser expresa y sólo puede estipularse en favor del donante, y
aunque se estipule en favor de él y de sus herederos o de terceros, sólo vale respecto del
donante.
Si la reversión se ha pactado para el caso de muerte del donatario sin hijos, la existencia
de éstos en el momento del deceso de su padre extingue el derecho del donante, que no renace
aunque éste les sobreviva (art. 1566).
Cumplida la condición prevista para la reversión, el donante puede exigir la restitución
de las cosas transferidas conforme a las reglas del dominio revocable (art. 1567).
Sin embargo, nada obsta a que el donante pueda, antes de llegar el caso de reversión,
renunciar al ejercicio de este derecho. En ese orden, la conformidad del donante para que el
donatario enajene las cosas donadas, importa la renuncia del derecho de reversión. Pero la
conformidad para que se los grave con derechos reales sólo beneficia a los titulares de estos
derechos (art. 1568).
La reversión determina, en suma, la existencia de una condición porque se sujeta a un
acontecimiento futuro e incierto. Futuro porque se trata de hechos que sucederán con
posterioridad a la celebración del contrato. Incierto porque no existe forma de establecer
quien morirá primero, si el donante o el donatario y, en su caso, su cónyuge y descendientes.
11. Revocación de las donaciones.
La revocación implica dejar sin efecto la donación, por una causa proveniente del título
o establecida por la ley. En principio la donación aceptada es irrevocable por la mera voluntad
del donante. No obstante, la ley la admite solo de manera excepcional en los siguientes casos:
1) La inejecución de los cargos; 2) La ingratitud del donatario; 3) La supernacencia de hijos
del donante, solo si así se ha estipulado expresamente (art. 1569).
Si la donación que se revoca es onerosa, el donante debe reembolsar al donatario el
valor de los cargos satisfechos (donaciones con cargo) o de los servicios prestados por este
(donaciones remuneratorias). Lógicamente no se incluye aquí a las donaciones mutuas, ya que
en tal supuesto, el art. 1560 establece que el incumplimiento de un cargo o la ingratitud de
uno de los donatarios, solamente perjudican al donatario culpable; por lo tanto, la restante
donación no pierde vigencia.
1) Inejecución de los cargos. El art. 1570, 1ra. parte, expresa: “La donación puede ser
revocada por incumplimiento de los cargos”. Cuando el donatario ha sido constituido en mora
respecto de la inejecución de los cargos impuestos a la donación, el donante tiene acción para
pedir la revocación de la donación. La acción sólo corresponde al donante y sus herederos
(art. 1562), sea que las cargas estén impuestas a favor del donante o de terceros. Las
condiciones para el ejercicio de la acción de revocación son: 1) Debe existir mora del
donatario, sea cual fuere la causa de la falta de cumplimiento; 2) No debe existir
imposibilidad de cumplimiento anterior a la constitución en mora.
Respecto de los terceros, el Código trae disposiciones específicas. El art. 1570, 2da.
parte, sienta como principio general que “La revocación no perjudica a los terceros en cuyo
beneficio se establecen los cargos”. La regla es coherente con el art. 1562 in fine según el cual
“Si el tercero ha aceptado el beneficio representado por el cargo, en caso de revocarse el
contrato tiene derecho para reclamar del donante o, en su caso, de sus herederos, el
cumplimiento del cargo”.
El art. 1570, 3ra. parte, establece además que “Los terceros a quienes el donatario
transmite bienes gravados con cargos sólo deben restituirlos al donante, al revocarse la
donación, si son de mala fe; pero pueden impedir los efectos de la revocación ofreciendo
ejecutar las obligaciones impuestas al donatario si las prestaciones que constituyen los cargos
no deben ser ejecutadas precisa y personalmente por aquél”, es decir, siempre y cuando no sea
un cargo intuitu personae.
Finalmente el art. 1570, 4to. párrafo, dispone que “El donatario que enajena los bienes
donados, o imposibilita su devolución por su culpa, debe resarcir al donante el valor de las
cosas donadas al tiempo de promoverse la acción de revocación, con sus intereses”. Ello con
el fin de garantizar al donante todas las vías legales posibles para cumplir con los efectos
patrimoniales de la revocación.
Recordemos que el donatario responde sólo del cumplimiento de los cargos con la cosa
donada y hasta su valor si la ha enajenado o ha perecido por hecho suyo, por lo cual no está
obligado personalmente con sus propios bienes, y quedará liberado si la cosa ha perecido sin
su culpa, antes de ser constituido en mora. Puede también sustraerse al cumplimiento de los
cargos, restituyendo la cosa donada, o su valor si ello es imposible (art. 1563).
2) Revocación por ingratitud. Es una sanción legal, de base moral, motivada en el
incumplimiento de los deberes a cargo del donatario. El art. 1571 expresa que las donaciones
pueden ser revocadas por causa de ingratitud del donatario, en los cuatro casos siguientes: a)
Si el donatario atenta contra la vida o la persona del donante, su cónyuge o conviviente, sus
ascendientes o descendientes; b) Si injuria gravemente a las mismas personas o las afecta en
su honor; c) Si las priva injustamente de bienes que integran su patrimonio; d) Si rehúsa
alimentos al donante. Para que ello se configure, se requiere: i) que la donación sea gratuita;
ii) que el donante se encuentre en la necesidad de recibir alimentos por no tener medios de
subsistencia (art. 1559), y iii) que el donante no pueda obtener alimentos de las personas
obligadas por las relaciones de familia (art. 1572).
Debe destacarse que en todos los supuestos enunciados, basta la prueba de que al
donatario le es imputable el hecho lesivo, sin necesidad de condena penal (art. 1571 in fine).
Son titulares de la acción, el donante y sus herederos, siendo necesario que se haya
promovido en vida del donante. El sujeto pasivo de la acción es el donatario. Iniciada contra
él la acción, puede proseguirse contra sus herederos, pero no puede intentarse contra éstos si
no ha sido iniciada en vida del donatario. Fallecido el donante que promovió la demanda, la
acción puede ser continuada por sus herederos.
La acción se extingue si el donante, con conocimiento de causa, perdona al donatario o
no la promueve dentro del plazo de caducidad de 1 año de haber sabido del hecho tipificador
de la ingratitud (art. 1573). Si bien el artículo no lo menciona, se afirma que “la nueva
comisión de una conducta del donatario, que se enmarque en alguna de las causales de
ingratitud, habilita al donante a revocar la donación, ya que con el perdón no se extingue la
obligación del donatario, sino la acción y el derecho del donante por un acto singular y
concreto”.83
La doctrina coincide en que “la revocación por ingratitud tiene los efectos de una
83
Otero, Esteban Daniel. “Donación”, en Código Civil y Comercial de la Nación comentado, Julio César Rivera
y Graciela Medina (Directores), Tomo IV, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 848.
condición resolutoria y por ello produce, en general, los mismos efectos que la revocación por
incumplimiento de los cargos”84, es decir que tiene carácter retroactivo al día en que se
efectuó la donación85. Recordemos que según el art. 1079 inc. b) “la resolución produce
efectos retroactivos entre las partes, y no afecta el derecho adquirido a título oneroso por
terceros de buena fe”, a diferencia de la rescisión unilateral y la revocación que “producen
efectos solo para el futuro”, y que conforme al art. 1080 “Si el contrato es extinguido total o
parcialmente por rescisión unilateral, por revocación o por resolución, las partes deben
restituirse, en la medida que corresponda, lo que han recibido en razón del contrato, o su
valor, conforme a las reglas de las obligaciones de dar para restituir”.
3) Supernacencia de hijos. Las donaciones no pueden ser revocadas por supernacencia de
hijos al donante después de la donación, si expresamente no estuviese estipulada esta cláusula
(art. 1569). La solución que se dio a este tema está fundada en la seguridad jurídica, toda vez
que si las donaciones pudieran revocarse por nacerle hijos al donante, sería más regular decir
que el que tenga hijos no puede hacer donaciones, pues el que ha hecho una donación y la
revoca por haberle nacido hijos, puede sin embargo dar a otro la misma cosa, o cosa de mayor
importancia.86
J) FIANZA
1. Concepto. Dispone el art. 1574 que “Hay contrato de fianza cuando una persona se obliga
accesoriamente por otra a satisfacer una prestación para el caso de incumplimiento”. El
obligado accesoriamente se denomina “fiador”.
El contrato de fianza desempeña un rol jurídico de “contrato de garantía” y juega un
importante papel económico como instrumento de crédito, ya que a través de este contrato el
acreedor cuenta, como sujeto activo de la obligación, con un sujeto pasivo que no es parte en
la obligación principal y es distinto del llamado deudor principal. La fianza es un recurso
simple y eficaz que facilita el tráfico jurídico y por lo general satisface al acreedor (quien
refuerza su derecho sumando al fiador solvente como un obligado más), por más que
lamentablemente esta figura ha sido objeto de abusos por parte de personas inescrupulosas
que se sirvan de ella para lograr de un amigo la garantía de una deuda que luego no piensan
pagar.
Jurídicamente puede afirmarse que “la fianza es una obligación causada por un contrato,
distinta de la obligación principal del deudor, pero con la cual está vinculada por el principio
84
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 621.
85
Otero, Esteban Daniel. “Donación”, op. cit., p. 841.
86
Vélez Sarsfield, Dalmacio. Nota al art. 1868 de su Código Civil.
de accesoriedad”. Y si bien no representa para el fiador una responsabilidad por una deuda
propia incumplida, “el incumplimiento de la deuda originada en la obligación principal es el
elemento activante” de su responsabilidad. Por ello, “la obligación del fiador está sujeta a la
condición suspensiva del incumplimiento por el deudor de la obligación afianzada”.87
2. Caracteres. Es consensual, pues queda perfeccionado por el simple acuerdo entre acreedor
y fiador; unilateral, porque desde que se celebra, sólo el fiador resulta obligado al
cumplimiento de obligaciones, excepto que el acreedor pague al fiador un precio para que
otorgue una fianza, en cuyo caso el contrato sería bilateral y oneroso; formal, pues el art. 1579
dispone que “la fianza debe convenirse por escrito”; gratuito, pues el fiador asegura al
acreedor una ventaja, con independencia de toda prestación por parte de este; accesorio, pues
el fiador se obliga a responder ante el posible incumplimiento del deudor de la obligación
principal, y la extinción de ésta, acarrea la extinción de la fianza, conforme el principio según
el cual lo accesorio sigue la suerte de lo principal; en principio es subsidiaria (característica
de la obligación y no del contrato), y en su virtud se requiere la previa excusión de los bienes
del deudor para que luego se pueda proceder contra el fiador; nominado o típico, ya que tiene
regulación legal y denominación específica. Se ubica en el Código desde el art. 1574 al 1598.
3. Capacidad. La capacidad requerida para obligarse como fiador es la capacidad genérica
para contratar y para disponer de los bienes.
Recordemos que no pueden obligarse como fiadores, los menores emancipados ni
siquiera con autorización judicial (art. 28 inc. c) y que en caso de representación voluntaria
mediante poder se requieren facultades expresas para dar fianzas (art. 375 inc. m).
4. Objeto. Conforme surge del art. 1574, 2da. parte, si la deuda afianzada es de entregar cosa
cierta, de hacer que sólo puede ser cumplida personalmente por el deudor (intuitu personae),
o de no hacer, el fiador sólo queda obligado a satisfacer los daños que resulten de la
inejecución. Es decir que en los casos señalados, y fuera de aquellos en los que el fiador
pueda cumplir con el objeto de la obligación principal (por ejemplo, pagar sumas de dinero o
entregar cosas fungibles), el fiador satisfará de modo indirecto el objeto de la obligación a
través del pago de una indemnización por los daños y perjuicios derivados del incumplimiento
del deudor de la obligación principal, pues en aquellos casos será imposible la sustitución del
deudor por el fiador de la prestación personal, o de la entrega de cosa cierta comprometida.
Asimismo, “la prestación a cargo del fiador debe ser equivalente a la del deudor
principal, o menor que ella, y no puede sujetarse a estipulaciones que la hagan más onerosa”
87
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 487.
(art. 1575). Ello resulta ser consecuencia natural del carácter accesorio y de garantía del
contrato de fianza. La inobservancia de la regla precedente no invalida la fianza, pero autoriza
su reducción a los límites de la obligación principal. De modo que el fiador no puede
obligarse a más de lo que se obligó el deudor principal. Y si se hubiese obligado a más, su
obligación se reducirá a los límites de la del deudor, sin afectar la validez de la fianza.
A su vez, el fiador puede constituir toda clase garantías en seguridad de su fianza.
Por otra parte, con relación a los posibles intereses que se devenguen en la obligación
principal, la fianza comprende los accesorios de la obligación principal y los gastos que
razonablemente demande su cobro, incluidas las costas judiciales (art. 1580), salvo que exista
acuerdo en contrario.
En lo que respecta al tipo de obligaciones que pueden ser afianzadas, el art. 1577 se
refiere a ellas con gran amplitud: “Puede ser afianzada toda obligación actual o futura, incluso
la de otro fiador”.
Fianza general. El Código considera válida la fianza general que comprenda obligaciones
actuales o futuras, incluso indeterminadas; aunque en todos los casos debe precisarse el monto
máximo al cual se obliga el fiador. Esta fianza no se extiende a las nuevas obligaciones
contraídas por el afianzado después de los 5 años de otorgada. La fianza indeterminada en el
tiempo puede ser retractada, caso en el cual no se aplica a las obligaciones contraídas por el
afianzado después que la retractación sea notificada al acreedor (art. 1578). De este modo el
Código establece reglas limitativas de la fianza general, con lo cual se persigue tutelar a los
sujetos que suscriben estos contratos.
La fianza general, global o también llamada “ómnibus” es empleada sobre todo en las
operaciones bancarias, ámbito en el que se realizan negocios complejos que no siempre son
garantizados mediante la hipoteca o la prenda ([Link]., cuenta corriente bancaria).88
Cartas de recomendación o patrocinio. Las cartas denominadas “de recomendación”,
“patrocinio” o de otra manera, por las que se asegure la solvencia, probidad u otro hecho
relativo a quien procura créditos o una contratación, no obligan a su otorgante, excepto que
hayan sido dadas de mala fe o con negligencia, supuesto en que debe indemnizar los daños
sufridos por aquel que da crédito o contrata confiando en tales manifestaciones (art. 1581).
Compromiso de mantener una determinada situación. El compromiso de mantener o generar
una determinada situación de hecho o de derecho no es considerado fianza, pero su
incumplimiento genera responsabilidad del obligado (art. 1582). Al respecto la doctrina
88
Negri, Nicolás Jorge. “Fianza”, en Código Civil y Comercial de la Nación comentado, Julio César Rivera y
Graciela Medina (Directores), Tomo IV, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 864.
refiere el caso de quien se obliga a mantener bajo su dominio determinado bien como
demostración de solvencia y luego lo enajena.89 Si bien tal compromiso “de mantener o
generar una determinada situación de hecho o de derecho” no es considerado fianza, vale sin
embargo como obligación general cuyo incumplimiento causará la responsabilidad del
deudor.
5. Especies de Fianza.
A) Fianza convencional. Es aquella que se celebra entre el acreedor y el fiador, por la
seguridad que requiere el primero para convenir con el deudor la obligación principal, y se
rige por la libre determinación y autonomía de las partes (art. 958). El deudor es, en éste caso,
un tercero ajeno a la relación contractual entre acreedor y fiador.
La fianza convencional es la que regula el Código, y reconoce a su vez tres clases:
1. Fianza simple. Es aquella en que el fiador goza de los denominados beneficios: a) de
“excusión” de los bienes del deudor, y b) de “división” de la deuda si son varios los fiadores.
1.1.- Por beneficio de excusión se entiende la facultad del fiador de oponerse a la ejecución
que contra él emprenda el acreedor, debiendo éste último ejecutar hasta agotar (“excutir”),
primero, todos los bienes que pudiese tener el deudor de la obligación principal. Una vez que
el acreedor acredite que se concluyeron sin resultado satisfactorio las acciones judiciales
tendientes a cobrar la deuda al deudor de la obligación principal, recién podrá encaminar su
reclamo al fiador. Este tipo de fianza prácticamente ha caído en desuso al no ser usualmente
aceptada por los acreedores.
El art. 1583 establece: “El acreedor sólo puede dirigirse contra el fiador una vez que
haya excutido los bienes del deudor. Si los bienes excutidos sólo alcanzan para un pago
parcial, el acreedor sólo puede demandar al fiador por el saldo”.
Como excepción (art. 1584), el fiador no puede invocar el beneficio de excusión: a) si el
deudor principal se ha presentado en concurso preventivo o ha sido declarada su quiebra. Aun
en esos casos el plazo de la obligación subsiste y no puede ser exigido el pago al fiador antes
del vencimiento del otorgado al deudor principal, excepto pacto en contrario (art. 1586); b) si
el deudor principal no puede ser demandado judicialmente en el territorio nacional o carece de
bienes en la República; c) si la fianza es judicial; d) si el fiador ha renunciado al beneficio.
En el caso de que hubiera deudores coobligados, el fiador de un codeudor solidario
puede exigir la excusión de los bienes de los demás codeudores (art. 1585, 1ra. parte), lo cual
resulta de toda lógica ya que los principales obligados son los deudores y no el fiador.
89
Negri, Nicolás Jorge. “Fianza”, op. cit., p. 870.
Asimismo, el fiador que afianza a otro fiador, goza del beneficio de excusión respecto
de éste y del deudor principal (art. 1585, 2da. parte).
1.2.- El beneficio de división se aplica en fianzas contratadas con dos o más fiadores. En tal
supuesto “Si hay más de un fiador, cada uno responde por la cuota a que se ha obligado. Si
nada se ha estipulado, responden por partes iguales. El beneficio de división es renunciable”
(art. 1589). En estos casos es de aplicación lo previsto por el Código para las obligaciones
divisibles e indivisibles, y debe tenerse en cuenta que la obligación que ligue a los co-fiadores
debe ser mancomunada y no solidaria.
2. Fianza solidaria. Por oposición a la fianza simple, que goza de los beneficios de excusión y
de división, las partes pueden estipular que la fianza tiene el carácter solidario, o bien que el
fiador renuncie al beneficio de excusión de los bienes del deudor principal. El art. 1590
dispone: “La responsabilidad del fiador es solidaria con la del deudor cuando así se convenga
expresamente o cuando el fiador renuncia al beneficio de excusión”.
3. Principal pagador. Dispone el art. 1591 que “Quien se obliga como principal pagador,
aunque sea con la denominación de fiador, es considerado deudor solidario y su obligación se
rige por las disposiciones aplicables a las obligaciones solidarias”. Se coincide en que el
principal pagador, también llamado “pagador liso y llano”, no reviste la condición jurídica de
fiador, pues la esencia jurídica del contrato que origina la solidaridad, no es la atinente al
contrato de fianza. Se tratará entonces de un codeudor solidario, en una situación similar a la
del deudor principal. Esto hace que no resulten aplicables los principios de accesoriedad y
subsidiariedad; no hay excusión, ni división, ni necesidad de interpelación previa, rigiendo
plenamente el régimen de las obligaciones solidarias.
B) Fianza judicial. Es aquella que exigen los jueces, basados generalmente en disposiciones
de los Códigos de Procedimientos, y que tienden a garantizar los posibles perjuicios que una
medida ordenada en un proceso ordinario pudiera ocasionar. Este tipo de fianza se impone por
el juez, comúnmente en el caso de medidas cautelares o precautorias como el embargo.
C) Fianza legal. Es aquella impuesta directamente por la ley. Es el caso previsto en el art.
2142 que establece: “El usufructuario puede transmitir su derecho, pero es su propia vida y no
la del adquirente la que determina el límite máximo de duración del usufructo. Con carácter
previo a la transmisión, el adquirente debe dar al nudo propietario garantía suficiente de la
conservación y restitución del bien”, y en el art. 2144 que dispone: “Si el acreedor del
usufructuario ejecuta el derecho de usufructo, el adquirente del usufructo debe dar garantía
suficiente al nudo propietario de la conservación y restitución de los bienes”.
6. Efectos de la Fianza.
I) Entre fiador y acreedor. Si se trata de una fianza simple, el fiador deberá pagar la obligación
contraída por el deudor, en caso de que éste no lo haga. Para ello, tanto el deudor como el
fiador deberán ser constituidos en mora, pudiendo éste último oponer a la ejecución del
acreedor, los beneficios de excusión o de división, según el caso.
También el fiador, aunque sea solidario con el deudor, puede oponer todas las
excepciones y defensas propias y las que correspondan al deudor principal, aun cuando éste
las haya renunciado (art. 1587).
Asimismo, no es oponible al fiador la sentencia relativa a la validez, o exigibilidad de la
deuda principal dictada en juicio al que no haya sido oportunamente citado a intervenir (art.
1588).
II) Entre fiador y deudor. Interesa analizar los efectos entre fiador y deudor, para el caso de
que sea el primero quien pague la deuda, ya que si la obligación es cancelada por el deudor
principal, la fianza se extingue por la extinción de la obligación.
Cuando el fiador paga, nace en su favor la facultad de subrogarse en los derechos del
acreedor. Así lo edicta el art. 1592: “El fiador que cumple con su prestación queda subrogado
en los derechos del acreedor y puede exigir el reembolso de lo que ha pagado, con sus
intereses desde el día del pago y los daños que haya sufrido como consecuencia de la fianza”.
Es decir, satisfecho el crédito del acreedor por el fiador, éste se encuentra frente al deudor en
la misma situación que tenía el acreedor, pudiendo ejercer todos los derechos y acciones de
que este gozaba, y que no hiciera efectivos por haber preferido cobrarse primero del fiador.
A su vez, es deber del fiador dar aviso al deudor principal del pago que ha hecho. Si el
pago ha sido hecho sin consentimiento del deudor, este puede oponer al fiador todas las
defensas que tenía contra el acreedor; y si el deudor ha pagado al acreedor antes de tener
conocimiento del pago hecho por el fiador, éste sólo puede repetir contra el acreedor (art.
1593).
El Código reconoce al el derecho del fiador a obtener el embargo de los bienes del
deudor u otras garantías suficientes si: a) le es demandado judicialmente el pago; b) vencida la
obligación, el deudor no la cumple; c) el deudor se ha obligado a liberarlo en un tiempo
determinado y no lo hace; d) han transcurrido 5 años desde el otorgamiento de la fianza,
excepto que la obligación afianzada tenga un plazo más extenso; e) el deudor asume riesgos
distintos a los propios del giro de sus negocios, disipa sus bienes o los da en seguridad de
otras operaciones; f) el deudor pretende ausentarse del país sin dejar bienes suficientes para el
pago de la deuda afianzada (art. 1594).
III) Entre co-fiadores. Subrogación. Dispone el art. 1595 que “El cofiador que cumple la
obligación accesoria en exceso de la parte que le corresponde, queda subrogado en los
derechos del acreedor contra los otros cofiadores”. Es decir que el cofiador que pagó pasa a
ocupar, por el saldo en exceso, el lugar que tenía el acreedor desinteresado, ejercitando los
mismos derechos que éste tenía contra los cofiadores. Si uno de ellos resulta insolvente, la
pérdida es soportada por todos los cofiadores, incluso el que realiza el pago.
7. Extinción de la Fianza.
I) Causas generales. La fianza se extingue por la extinción de la obligación principal, que
naturalmente acarrea la extinción de aquella como obligación accesoria. También se extingue
por los medios previstos para el régimen de las obligaciones en general (pago -en todas sus
especies-; novación; compensación; confusión; renuncia de los derechos del acreedor;
remisión de la deuda; imposibilidad de pago, etc.). La prescripción de la obligación principal
como causal de extinción de la fianza, debe ser planteada en juicio. En caso de que el deudor
no esgrima la prescripción como defensa para obtener su liberación, será necesario que el
fiador la oponga por vía de excepción en un proceso judicial.
En el caso específico de la novación de la obligación principal, la fianza se extingue
aunque el acreedor haga reserva de conservar sus derechos contra el fiador (art. 1597).
II) Causas especiales. Existen además otras causas autónomas de extinción de la fianza.
Conforme al art. 1596, ellas son: a) si por hecho del acreedor no puede hacerse efectiva la
subrogación del fiador en las garantías reales o privilegios que accedían al crédito al tiempo
de la constitución de la fianza. Es decir que la fianza se extingue cuando la subrogación se
hace imposible por culpa del acreedor. Se sostiene que dado que la subrogación “es legal y
que por tanto no depende de la voluntad o conducta del acreedor, el fiador siempre puede
subrogarse, pero a veces sucede que las principales facultades o remedios del acreedor
(privilegios, derecho de retención, garantías reales, etc.) se pierden por culpa del legitimado
activo de la obligación principal. Es entonces cuando la ley libera al fiador de sus
obligaciones”90; además sólo es aplicable respecto a las garantías constituidas antes de la
fianza y no con posterioridad a ella. También se sostiene que esta imposibilidad puede ser
alegada por el fiador simple o por el solidario, pero no por el principal pagador; b) si se
prorroga el plazo para el cumplimiento de la obligación garantizada, sin consentimiento del
fiador. Por ejemplo, en el caso de la locación, rige el art. 1225 que exige el consentimiento
expreso del fiador para obligarse en su renovación o prórroga expresa o tácita, una vez
vencido el plazo; c) si transcurren 5 años desde el otorgamiento de la fianza general en
90
Negri, Nicolás Jorge. “Fianza”, op. cit., p. 892.
garantía de obligaciones futuras y éstas no han nacido; d) si el acreedor no inicia acción
judicial contra el deudor dentro de los 60 días de requerido por el fiador o deja perimir la
instancia. Con ello se procura que el acreedor inicie las acciones judiciales (ejecución
forzada) con diligencia, sin pérdida de tiempo, a fin de excutir los bienes del deudor principal
(y evitar su eventual insolvencia). El plazo de 60 días se computa desde la interpelación
efectuada por el fiador. Además, se persigue brindar una mayor seguridad a la situación del
fiador, sobre todo cuando perime la instancia por falta de impulso del proceso judicial.91
K) CONTRATO ONEROSO DE RENTA VITALICIA
1. Concepto y características. Conforme al art. 1599 “Contrato oneroso de renta vitalicia es
aquel por el cual alguien, a cambio de un capital o de otra prestación mensurable en dinero, se
obliga a pagar una renta en forma periódica a otro, durante la vida de una o más personas
humanas ya existentes, designadas en el contrato”. En otros términos: una persona
(constituyente) se obliga a entregar un capital o prestación mensurable en dinero a favor de
otra (deudor de la renta) que, en contraprestación, se obliga a pagar una renta periódica a
favor de una o más personas (beneficiario/s), durante la vida de una o varias personas
humanas (cabeza de renta) ya existentes y designadas en el contrato.
Por la finalidad económica perseguida, se trata de un contrato “de previsión” más que
de un contrato “aleatorio”, donde el temor al riesgo es un elemento decisivo para su
celebración. Las partes desean prevenir un riesgo futuro, para sí mismos o para terceros,
consistente en la necesidad de dinero en forma de una renta por si no pudieran obtenerla por sí
mismos. La previsión a través de este contrato ha tenido escasa utilización y repercusión en
nuestro país, careciendo de una práctica habitual en el pueblo, y en general ha cedido ante el
surgimiento de nuevas formas organizadas y profesionales con mayor aptitud para sus fines:
el seguro en sus diversas formas y la seguridad social. La figura retorna en estos tiempos
como un instrumento dentro de esos sistemas organizados que prevén, entre otras
prestaciones, la prestación de una renta vitalicia (vgr. Ley 24.557 de Riesgos del Trabajo;
seguros de retiro, etc.), pero no como un contrato autónomo y aislado, sino como forma
anómala de renta vitalicia y sujeta a regímenes especiales.92
El sistema de responsabilidad de nuestro Código prevé la constitución de rentas
periódicas en diversos supuestos: compensación económica para el cónyuge (art. 441) o
conviviente (art. 524) que sufre un desequilibrio manifiesto; renta compensatoria por el uso
del inmueble a favor del cónyuge (art. 444) o del conviviente (art. 526) a quien no se atribuye
91
Negri, Nicolás Jorge. “Fianza”, op. cit., p. 893.
92
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, pp. 559-560.
la vivienda; cumplimiento de la prestación alimentaria (art. 542); renta por el uso exclusivo de
la vivienda por parte de uno de los cónyuges (art. 721); indemnización por lesiones o
incapacidad física o psíquica (art. 1746).
Los sujetos que intervienen en el contrato oneroso de renta vitalicia son: a)
Constituyente: es la persona que se obliga a entregar a otra el capital o prestación mensurable
en dinero convenida; b) Deudor de la renta: es la persona que recibe el capital o prestación
mensurable en dinero y, en contraprestación, se obliga a pagar una renta periódica y vitalicia a
favor del beneficiario; c) Beneficiario: es el acreedor de la renta convenida, quien tiene
derecho a exigir su pago; d) Cabeza de renta: es aquella persona humana cuya vida es tomada
como referencia para el pago de la renta.
De dichos sujetos sólo son partes del contrato de renta vitalicia el constituyente y el
deudor de la renta. El beneficiario puede ser el propio constituyente, el deudor, o un tercero,
que puede ser una persona humana o jurídica. El cabeza de renta puede ser el constituyente, el
deudor de la renta, el beneficiario o terceras personas sin ser beneficiarias, pero siempre debe
tratarse de personas humanas existentes.
Reglas subsidiarias. Si el contrato es a favor de tercero, respecto de éste se rige en subsidio
por las reglas de la donación, excepto que la prestación se haya convenido en razón de otro
negocio oneroso (art. 1600). De este modo, a la relación jurídica entablada entre el
constituyente y el tercero beneficiario se le aplican en subsidio las reglas de la donación, por
lo que dichas liberalidades estarán sujetas a las acciones de colación y reducción conforme a
los arts. 2385, 2417, 2453 y ccts. La relación jurídica entre las partes (constituyente y deudor
de la renta) sigue siendo onerosa, por lo que no se aplican a su respecto las reglas de la
donación.
2. Caracteres. El contrato es unilateral, pues solo surgen obligaciones para el deudor de la
renta; aleatorio, porque las ventajas o pérdidas para ambas partes dependen de un
acontecimiento futuro e incierto; oneroso, ya que quien se obliga al pago de una renta lo hace
en virtud de la prestación que ha recibido del constituyente; consensual, porque se
perfecciona con el consentimiento de las partes; de tracto sucesivo, porque las obligaciones de
pago de la renta se van devengando periódicamente; formal, porque debe ser realizado por
escritura pública; y típico o nominado, teniendo regulación en el Código Civil desde el art.
1599 al 1608.
3. Objeto. El capital y la renta. El objeto tenido en mira por las partes es la entrega de un
capital a cambio de una renta que el deudor se obliga a abonar al beneficiario designado.
El capital que entrega el constituyente puede consistir en una suma de dinero u otra
prestación mensurable en dinero (cosas o bienes inmateriales) que se da en propiedad, y al ser
el contrato consensual “también podrán ser objeto de la prestación del constituyente cosas
inexistentes o futuras al momento de celebrarse el contrato”.93
La renta es una obligación de dar una suma de dinero. Conforme al art. 1602 “La renta
debe pagarse en dinero. Si se prevé esta prestación en otros bienes que no son dinero, debe
pagarse por su equivalente en dinero al momento de cada pago”. El objetivo de la renta
vitalicia consistirá siempre, entonces, en el pago periódico de una suma de dinero o su
equivalente, fijada por las partes al momento de la celebración del contrato, y para el supuesto
de haberse establecido el pago en frutos o servicios, deberá hacerse la pertinente conversión a
dinero al momento de cada pago convenido de la renta.
El pago de la renta debe ser periódico. El contrato debe establecer la periodicidad con
que se pague la renta y el valor de cada cuota. Si no se establece el valor de las cuotas, se
considera que son de igual valor entre sí. Asimismo, la renta se devenga por período vencido;
sin embargo, se debe la parte proporcional por el tiempo transcurrido desde el último
vencimiento hasta el fallecimiento de la persona cuya vida se toma en consideración para la
duración del contrato (art. 1602, párrafos 2 y 3).
4. Forma. Conforme al art. 1601 el contrato oneroso de renta vitalicia debe celebrarse en
escritura pública. Se entiende que este es un recaudo de validez del contrato bajo pena de
nulidad, por lo cual si la forma impuesta no fuera observada, carecerá de validez.
5. Beneficiarios de la renta. Es la persona a quien el deudor deberá pagar la renta convenida.
No es parte del contrato, a menos que haya coincida con la persona del propio constituyente.
El beneficiario debe estar designado en el contrato y puede ser alguna de las partes del
contrato o un tercero; una persona o grupo de personas, o una persona humana o jurídica
existente al momento de la celebración del contrato de renta vitalicia.
Pluralidad de beneficiarios. La renta puede contratarse en beneficio de una o más personas
existentes al momento de celebrarse el contrato, y en forma sucesiva o simultánea. Si se
establece para que la perciban simultáneamente, a falta de previsión contractual, les
corresponde por partes iguales sin derecho de acrecer.
Transmisibilidad. El derecho a la renta es transmisible por actos entre vivos y por causa de
muerte (art. 1603).
6. Efectos. Una vez celebrado el contrato, lo que presupone la entrega del capital u otra
prestación mensurable en dinero al deudor, se siguen los siguientes efectos:
93
Cursack, Eduardo Marcos (h.). “Contrato oneroso de renta vitalicia”, en Código Civil y Comercial de la
Nación comentado, Julio César Rivera y Graciela Medina (Directores), Tomo IV, La Ley, Bs. As., 2014, p. 899.
I) Derechos del constituyente de la renta. El que entrega el capital, o sus herederos, pueden
demandar la resolución del contrato por falta de pago del deudor y la restitución del capital
(art. 1604).
En igual caso, si la renta es en beneficio de un tercero se aplica lo dispuesto en el art.
1027 (Estipulación a favor de tercero. Si el contrato contiene una estipulación a favor de un
tercero beneficiario, determinado o determinable, el promitente le confiere los derechos o
facultades resultantes de lo que ha convenido con el estipulante. El estipulante puede revocar
la estipulación mientras no reciba la aceptación del tercero beneficiario; pero no puede
hacerlo sin la conformidad del promitente si éste tiene interés en que sea mantenida. El
tercero aceptante obtiene directamente los derechos y las facultades resultantes de la
estipulación a su favor. Las facultades del tercero beneficiario de aceptar la estipulación, y de
prevalerse de ella luego de haberla aceptado, no se transmiten a sus herederos, excepto que
haya cláusula expresa que lo autorice. La estipulación es de interpretación restrictiva).
II) Obligaciones del deudor de la renta. El deudor de la renta debe: a) Pagarla en los plazos
pactados en el contrato; y b) Dar todas las seguridades prometidas en el mismo.
El tercero beneficiario se constituye en acreedor de la renta desde su aceptación y tiene
acción directa contra el deudor para obtener su pago (art. 1605). Se aplica en subsidio lo
dispuesto en el art. 1028 (Relaciones entre las partes. El promitente puede oponer al tercero
las defensas derivadas del contrato básico y las fundadas en otras relaciones con él. El
estipulante puede: a) exigir al promitente el cumplimiento de la prestación, sea a favor del
tercer beneficiario aceptante, sea a su favor si el tercero no la aceptó o el estipulante la
revocó; b) resolver el contrato en caso de incumplimiento, sin perjuicio de los derechos del
tercero beneficiario).
6. Extinción de la renta. El derecho a la renta se extingue:
a) Por el fallecimiento de la persona cuya vida se toma en consideración para la duración del
contrato, por cualquier causa que sea. Si son varias las personas, por el fallecimiento de la
última; hasta que ello ocurre, la renta se devenga en su totalidad. Es nula la cláusula que
autoriza a substituir dicha persona, o a incorporar otra al mismo efecto. La prueba del
fallecimiento corresponde al deudor de la renta (art. 1606).
b) Resolución por falta de garantía. Si el deudor de la renta no otorga la garantía a la que se
obliga, o si la dada disminuye, quien entrega el capital o sus herederos pueden demandar la
resolución del contrato debiendo restituirse sólo el capital (art. 1607).
c) Resolución por enfermedad coetánea a la celebración. Si la persona cuya vida se toma en
consideración para la duración del contrato no es el deudor, y dentro de los 30 días de
celebrado, fallece por propia mano o por una enfermedad que padecía al momento del
contrato, éste se resuelve de pleno derecho y deben restituirse las prestaciones (art. 1608).
L) JUEGO Y APUESTA
1. Concepto. Según el art. 1609 “Hay contrato de juego si dos o más partes compiten en una
actividad de destreza física o intelectual, aunque sea sólo parcialmente, obligándose a pagar
un bien mensurable en dinero a la que gane”. De ésta definición se extraen sus elementos
característicos, a saber: a) Que los contratantes compitan en una actividad e destreza física o
intelectual; b) Que cada uno de ellos se obligue a pagar a quien resulte ganador, un bien
mensurable en dinero. En el juego, son las mismas partes las que lo realizan o ejecutan; en
cambio en la apuesta, los contratantes tienen opiniones diferentes o interpretaciones no
coincidentes sobre el resultado del juego, es decir que no tienen participación activa en el
evento, pudiendo recaer sobre un hecho pasado, presente o futuro, y dependen del puro azar.
2. Caracteres. Se trata de un contrato bilateral, consensual, oneroso, aleatorio por
naturaleza, puede ser intuitu personae, no formal, recreativo, y típico o nominado. El
codificador regula este contrato en los arts. 1609 a 1613.
El juego es un ejercicio recreativo sometido a reglas en el que se gana o se pierde, y
puede estar sujeto a un riesgo que depende del azar; la superación de ese riesgo puede basarse
en la destreza física o intelectual, pero siempre tomada como evento incierto. En el juego las
partes interactúan activamente intentando incidir en el resultado, mientras que en la apuesta,
por el contrario, asumen una actitud pasiva, que consiste en una mera declaración de voluntad
sobre la ocurrencia de un acontecimiento absolutamente ajeno. Ocurrido el evento, hay un
ganador y un perdedor. El ganador obtiene el premio, que debe consistir en un bien
mensurable en dinero. Si el premio consiste en un hacer, no es contrato de juego, sino
atípico.94
El contrato de juego había sido regulado restrictivamente en el Código Civil anterior. La
evolución posterior, sobre todo en el siglo XXI, muestra un cambio significativo, ya que el
propio Estado lo promueve a través de autorizaciones administrativas de todo tipo, que
incluyen casinos, lotería, máquinas tragamonedas y muchos otros. Se señala en los
Fundamentos del Proyecto que no corresponde al Código valorar, autorizando o prohibiendo,
ese tipo de normas. Sin embargo, se prefirió mantener una tradición restrictiva como sostiene
la doctrina mayoritaria, incorporando normas de tutela del sobreendeudamiento que, a su vez,
son consistentes con lo dispuesto para la protección de los consumidores.
94
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo III, p. 540.
3.- Facultades del juez. A la definición sigue una norma protectoria: el juez puede reducir la
deuda directamente originada en el juego si resulta extraordinaria respecto a la fortuna del
deudor (art. 1610), lo que encuentra fundamento directo en la aplicación del principio de
equidad.
4.- Juego y apuesta de puro azar. El art. 1611 reitera una regla tradicional, referida a que no
hay acción para exigir el cumplimiento de la prestación prometida en un juego de puro azar,
esté o no prohibido por la autoridad local. Si no está prohibido, lo pagado es irrepetible. Pero
ello reconoce una excepción de carácter protectorio: es repetible el pago hecho por persona
incapaz, o con capacidad restringida, o inhabilitado.
5.- Oferta pública. El Código regula las ofertas públicas, estableciendo que confieren acción
para exigir su cumplimiento, y que el oferente es responsable frente al apostador o
participante. La publicidad debe individualizar al oferente; si no lo hace, quien la efectúe es
responsable, constituyendo esta otra regla protectoria (art. 1612). Es importante consignar que
la mayoría de las modalidades del juego actual están precedidas de una fuerte promoción
publicitaria, incentivos de todo tipo, que hacen prudente la aplicación de la normativa de
consumo.
6.- Juegos y apuestas regulados por el Estado. Los juegos, apuestas y sorteos
reglamentados por el Estado Nacional, provincial, o los municipios, están excluidos de la
regulación del Código y regidos por las normas que los autorizan (art. 1613).
M) CESIÓN DE DERECHOS
1. Definición. El art. 1614 establece: “Hay contrato de cesión cuando una de las partes
transfiere a la otra un derecho”. Si la contraprestación en la cesión consiste en el pago de un
precio se aplican las reglas de la compraventa; si consiste en la transmisión de la propiedad de
un bien se aplican las reglas de la permuta, y si se realiza sin contraprestación, se aplican las
reglas de la donación, salvo regulación especial del Código para el contrato de cesión. El
contrato de cesión, junto con el de compraventa, el de permuta y el de donación, es una de las
formas de transmisión de derechos por “actos entre vivos”, por oposición a los actos “mortis
causa”. Asimismo, si la cesión es en garantía, se aplican las normas de la prenda de créditos a
las relaciones entre cedente y cesionario.
El contrato consiste en que una persona, que es titular de un derecho, lo traspasa a otra
quien en su propio nombre, por sí mismo, podrá exigir del deudor el cumplimiento de la
obligación respectiva, como lo hubiera hecho el acreedor primitivo. En la cesión de derechos
intervienen dos partes: quien transmite el derecho se llama “cedente”, y quien lo adquiere se
llama “cesionario”. El deudor de la obligación, que siempre es el mismo y se llama “deudor
cedido”, no es parte en el contrato, por lo que no puede oponerse a la celebración del mismo,
aunque para que se le pueda exigir el cumplimiento de la obligación, deberá ser notificado de
la cesión ocurrida, lo que no significa que se le requiera su consentimiento. Su intervención se
limitará entonces a cumplir con la obligación a su cargo, en favor del cesionario (nuevo titular
del derecho o acreedor), en lugar de hacerlo con el cedente (titular o acreedor originario).
2. Caracteres. Cuando se trata de una cesión-venta es bilateral, pues impone obligaciones a
cargo de ambas partes; si es una cesión-donación será unilateral; es conmutativo pues las
partes conocen las ventajas o pérdidas que el acto importa desde su celebración; formal,
porque debe hacerse por escrito; puede ser oneroso o gratuito, según sea efectuado por venta
o permuta (oneroso) o por donación (gratuito); consensual, pues surte efectos desde que las
partes prestan su consentimiento, es típico o nominado, y tiene tratamiento en el Código en
los arts. 1614 a 1640.
3. Objeto de la cesión. El contrato de cesión de derechos puede tener por objeto la
transmisión de un crédito, de una deuda, o de la posición contractual que incluye tanto
créditos como deudas.95
A) Principio general. El art. 1616 dispone: “Todo derecho puede ser cedido, excepto que lo
contrario resulte de la ley, de la convención que lo origina, o de la naturaleza del derecho”. En
consecuencia, todo derecho patrimonial puede ser cedido con tal que esté dentro del comercio
y no esté prohibido por la ley o por la voluntad de las partes en el contrato. Dentro de esta
amplia regla quedan comprendidos todos los derechos personales, reales o intelectuales, y las
acciones derivadas de esos derechos.
B) Contenido de la cesión. La regla es que el derecho se cede con el contenido, alcance y
limitaciones con que lo gozaba el cedente, lo cual es una aplicación de la regla general de que
nadie puede transmitir a otro un derecho mejor o más extenso que el que tiene (art. 399). De
este modo, la cesión importa una subrogación legal del crédito, el que se transmite con todas
sus cualidades y con todos sus defectos, desventajas, cargas, restricciones y vicios que tuviere.
La transferencia del derecho principal incluye los accesorios desde que, según el principio de
la accesoriedad, siguen al principal. Dentro de este concepto se incluyen los intereses, las
garantías (fianza, prenda, hipoteca), y los privilegios que no sean meramente personales.
También se transmiten todas las cláusulas del contrato, incluidos los pactos, salvo que fueran
incesibles como el derecho de preferencia. Estas reglas admiten estipulación en contrario,
95
Lorenzetti, Ricardo L. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, pp. 17-18.
pues pueden cederse los créditos parcialmente, o sin los intereses, o con límites o reservas de
todo tipo, con los límites impuestos por la buena fe, el abuso del derecho, la lesión, y todos
los institutos que se proponen salvaguardar la conmutatividad del negocio. 96 La cesión del
derecho también incluye la cesión de las acciones, no sólo las judiciales, sino también las que
correspondan al contrato (resolución, rescisión, etc.). Por ejemplo, si una persona cede a otra
los derechos que tenía contra el deudor contenidos en un cheque o un pagaré afianzado por un
tercero, el cesionario queda en condiciones de ejecutar el título, del mismo modo que podía
hacerlo el cedente antes del traspaso, conservando las mismas garantías y privilegios (vgr., el
fuero federal para los extranjeros).
Sin embargo, en caso de cesión parcial de un crédito, el cesionario no goza de ninguna
preferencia, prioridad o prelación sobre el cedente, a menos que éste se la haya acordado
expresamente (art. 1627).
C) Prohibición de ceder. El Código prohíbe expresamente la posibilidad de ceder “los
derechos inherentes a la persona humana” (art. 1617). También prohíbe la cesión de alimentos
futuros (art. 539), aunque no de los devengados y no percibidos (art. 540). Asimismo no
puede cederse el derecho que otorga el pacto de preferencia en la compraventa (art. 1165). El
locatario no puede ceder la cosa locada, salvo el caso de cesión de la posición contractual si se
cumplen los requisitos de los arts. 1636 y sigts. (art. 1213). Tampoco el factoreado puede
ceder sus créditos futuros indeterminables (art. 1423); ni cualquiera de las partes del contrato
de concesión ceder el contrato, salvo pacto en contrario (art. 1510); ni el desarrollador en un
contrato de franquicia ceder su posición como tal o subfranquiciar, sin el consentimiento del
franquiciante (art. 1513, inc. b). Además, no pueden cederse las jubilaciones y pensiones (art.
14 Ley 24.241, texto según Ley 26.425), ni las prestaciones dinerarias de la Ley de Riesgos
del Trabajo (art. 11 Ley 24.557, ni las remuneraciones del trabajador, las asignaciones
familiares y cualesquiera otros rubros que configuren créditos emergentes de la relación
laboral, incluyéndose las indemnizaciones que le fuesen debidas con motivo del contrato o
relación de trabajo o su extinción (art. 148, Ley 20.744 de Contrato de Trabajo).
4. Forma de la cesión. El art. 1618, 1ra. parte, expone la regla en materia de formas: “La
cesión debe hacerse por escrito, sin perjuicio de los casos en que se admite la transmisión del
título por endoso o por entrega manual”. En consecuencia, se trata de un acto de solemnidad
relativa, y si el recaudo de la forma no se cumple nace la obligación de otorgarlo en la forma
prescripta en la ley, teniendo el cesionario acción para reclamar el cumplimiento de la
96
Lorenzetti, Ricardo L. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, pp. 42-43.
formalidad. La cesión puede efectuarse por instrumento público o privado.
Distinto es el caso previsto en la 2da. parte del art. 1618 según el cual deben otorgarse
por escritura pública: a) la cesión de derechos hereditarios; b) la cesión de derechos litigiosos.
Si no involucran derechos reales sobre inmuebles, también puede hacerse por acta judicial,
siempre que el sistema informático asegure la inalterabilidad del instrumento; c) la cesión de
derechos derivados de un acto instrumentado por escritura pública. En estos casos la
exigencia formal se establece como recaudo de validez del acto (solemnidad absoluta). Estos
casos concuerdan con los previstos en el art. 1017 que requieren ser otorgados por escritura
pública.
Sin embargo, el mismo artículo establece excepciones a la formalidad, en los casos en
que se admite la transmisión del título “por endoso o por entrega manual”. En este último
supuesto, los títulos al portador pueden ser cedidos o transferidos por la entrega o tradición de
ellos de manos del cedente al cesionario (art. 1837).
El endoso, por su lado, implica la declaración de quien es portador del título de crédito,
quien coloca a otra persona en su lugar mediante de la entrega del documento y su formalidad
se opera a través de la firma del instrumento. Pero endoso y cesión son figuras diferentes: en
tanto el endoso es una declaración unilateral, la cesión es un contrato. El endosatario adquiere
un título autónomo frente al cual el deudor no puede oponer las defensas que habría tenido
contra los titulares anteriores, mientras que en la cesión, por el contrario, puede oponer esas
excepciones (v. Pto. 3, ap. B). El cedente no responde por la insolvencia, salvo pacto en
contrario o mala fe (arts. 1628 y 1630), mientras que el endosante responde por la insolvencia
de todos los obligados, excepto cláusula expresa en contrario (art. 1846). El endoso, a
diferencia de la cesión, no requiere de la notificación al deudor cedido.97
5. Efectos de la cesión.
I) Relaciones entre cedente y cesionario.
1) Transmisión del derecho o del crédito. Entrega de documentos. La cesión surte efecto entre
cedente y cesionario desde el instante en que se forma el acuerdo de voluntades que da lugar
al contrato, atento su carácter consensual, no siendo determinante la entrega del título. Esta
entrega comprende no sólo el valor de la cesión, sino también la fuerza ejecutiva del título y
todos los accesorios que esto comprenda. De este modo el art. 1619 impone al cedente el
deber de “entregar al cesionario los documentos probatorios del derecho cedido que se
encuentren en su poder. Si la cesión es parcial, el cedente debe entregar al cesionario una
97
Lorenzetti, Ricardo L. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, pp. 25-26.
copia certificada de dichos documentos”.
2) Deberes del cedente en la cesión onerosa. En caso de cesión onerosa, el cedente de buena
fe responde doblemente frente al cesionario: por un lado debe la garantía de evicción,
“excepto que se trate de un derecho litigioso o que se lo ceda como dudoso” (art. 1628),
aplicándose en subsidio las normas establecidas en los arts. 1033 y siguientes (art. 1631); por
el otro, responde por la garantía de solvencia del deudor, si así se estableció en el contrato,
aplicándose “las reglas de la fianza, con sujeción a lo que las partes hayan convenido” (art.
1630, 1ra. parte). Asimismo, el cedente responde ante el cesionario si el derecho no existía al
tiempo de la cesión, debiendo restituir el precio pagado, con sus intereses; y si es de mala fe,
debe además la diferencia entre el valor real del derecho cedido y el precio de la cesión (art.
1629).
3) Deberes del cesionario en la cesión onerosa. El cesionario tiene la obligación de pagar el
precio en la cesión-venta o de transmitir la propiedad de la cosa o crédito dado a cambio en la
cesión-permuta.
Asimismo, en caso de falta de pago del deudor del derecho cedido, el cesionario no
puede accionar directamente contra el cedente, debiendo previamente excutir los bienes del
deudor: “El cesionario sólo puede recurrir contra el cedente después de haber excutido los
bienes del deudor, excepto que éste se halle concursado o quebrado” (art. 1630, 2da. parte).
4) Obligaciones en caso de cesión gratuita. Anticipamos ya que según el art. 1614, si el
derecho fuese cedido gratuitamente, se aplican a la cesión las reglas de la donación, en lo que
no fueran modificadas por disposiciones específicas de la cesión de derechos. Es lo que se
conoce como “cesión-donación”. En tal taso el cedente no será responsable para con el
cesionario ni por la existencia y legitimidad del derecho cedido, ni por la solvencia del
deudor. En consecuencia, el cedente no responde por garantía de evicción ni por la
insolvencia del deudor, aunque se deberán tener en cuenta las excepciones dispuestas en los
arts. 1556 a 1558 que tratan la evicción en el contrato de donación, a cuya lectura remitimos.
II) Relaciones entre cesionario y deudor.
1) Una vez transmitidos los derechos mediante la cesión, el cesionario pasa a ser acreedor del
deudor cedido, en las mismas condiciones que lo estaba el acreedor cedente. Pero para que el
cesionario pueda hacer efectivo su crédito, debe previamente notificarse al deudor la cesión
ocurrida. Si bien las partes del contrato de cesión son cedente y cesionario, no se requiere la
anuencia o consentimiento del deudor cedido, sino que basta con anoticiarlo de la cesión,
mediante una notificación formal.
En tal sentido el art. 1620 dispone que “La cesión tiene efectos respecto de terceros
desde su notificación al cedido por instrumento público o privado de fecha cierta, sin perjuicio
de las reglas especiales relativas a los bienes registrables”. Los terceros a los que alude la
norma son, además del propio deudor cedido, los acreedores del cedente que hayan
embargado el crédito y otros cesionarios del mismo crédito.
El deudor cedido es el tercero más cercano al contrato dado que es quien debe pagar el
crédito cedido, y si bien no puede oponerse a la cesión tiene un interés directo en ella ya que
debe conocer a quién pagar, lo que justifica que deba ser notificado.
Una vez notificada y aceptada la cesión, el deudor, para liberarse de su obligación,
deberá pagarle al cesionario, y no al cedente. Pero recordemos que el deudor puede oponer al
cesionario todas las excepciones que podía hacer valer contra el cedente; es decir, puede
oponerle la nulidad de la obligación (cualquiera sea su causa), su extinción, novación,
prescripción, etc., como así también las que tiene contra el cesionario personalmente (vgr. la
compensación). Por ejemplo, si el deudor tenía recibos del pago parcial o total de la deuda
que no exhibió al acreedor cedente, puede hacerlos valer frente al cesionario.
III) Relaciones entre cedente y deudor.
La notificación al deudor es un acto importantísimo porque produce el comienzo de los
efectos frente a los terceros, el cesionario se transforma en propietario del derecho y porque
causa la transmisión del riesgo entre las partes. El fundamento de esta notificación es dar
publicidad al acto, consolidar la situación jurídica en beneficio del deudor y definir la
transmisión dominial frente a los terceros. La notificación al deudor cedido puede ser
realizada por cualquiera de las partes del contrato de cesión, estando legitimados para ello
tanto el cedente como el cesionario, aunque este último tiene un interés específico en obtener
la oponibilidad de la cesión que ingresa a su patrimonio frente a los terceros, especialmente
los acreedores del deudor cedido. Si fuera moroso en perfeccionar la cesión, los acreedores
del cesionario, que pretenden que el crédito cedido ingrese a su patrimonio, pueden ejercer la
acción subrogatoria para que se efectúe la cesión.98
Una vez notificada la cesión al deudor cedido, las relaciones existentes entre cedente y
deudor se extinguen: el cedente deja de ser acreedor del deudor cedido, y éste deja de ser
deudor de aquel, pudiendo repeler toda pretensión de cobro del cedente. Es decir, se ha
extinguido la obligación del deudor por una causal autónoma que, aunque se parezca, no se
equipara a una novación porque no nace una obligación nueva, sino que es la misma
obligación que pasa del cedente al cesionario, y porque la novación por cambio de acreedor
98
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, p. 55.
exige, necesariamente, el consentimiento del deudor sin el cual la nueva obligación no puede
crearse (art. 937), recaudo que no es exigido en la cesión, donde basta la mera notificación del
contrato al deudor.
Sin embargo, antes de la notificación de la cesión, aunque ésta ya haya sido hecha, el
pago del deudor al cedente es válido y surte pleno efecto liberatorio: “Los pagos hechos por el
cedido al cedente antes de serle notificada la cesión, así como las demás causas de extinción
de la obligación, tienen efecto liberatorio para él” (art. 1621).
IV) Cesionarios y acreedores embargantes.
Si existe embargo sobre el crédito anterior a la cesión, se entiende que prevalece el
derecho del acreedor embargante sobre el del cesionario, teniendo por ello aquel preferencia
de pago, que hará efectivo sobre el crédito que integra el patrimonio del cedente.
Si el embargo fuere posterior a la cesión, el cesionario mantiene su derecho intangible,
pues el crédito ya ha salido del patrimonio del cedente.
Asimismo, en caso de concurso o quiebra del cedente, la cesión no tiene efectos
respecto de los acreedores si es notificada después de la presentación en concurso o de la
sentencia declarativa de la quiebra (art. 1623).
V) Cesionarios concurrentes del mismo crédito.
Si existen varios cesionarios de un mismo crédito, la preferencia del cobro corresponde
al cesionario que primero haya notificado la cesión al deudor cedido, aunque ésta sea
posterior en fecha. Aquí se otorga preeminencia a aquel cesionario que haya hecho saber al
deudor el traspaso del crédito, antes que los otros, por aplicación de la principio prior in
tempore, potior in iure (art. 1622).
En el caso de que varios cesionarios hubieran notificado la cesión al deudor cedido en el
mismo día y sin indicación de la hora, ellos quedan en igualdad de rango y condiciones para
el cobro, aunque las cesiones se hubiesen hecho a distintas horas. Ello por aplicación del
principio de la par condictio creditoris (art. 1626).
6. Cesión de deudas. Hemos anticipado que la cesión de derechos puede tener por objeto la
transmisión de un crédito, de una deuda, o de la posición contractual que incluye tanto
créditos como deudas. En la cesión de deudas hay un elemento diferencial respecto de la
cesión de derechos: la figura del deudor no es indiferente. Por ello, para concretarla, se
requiere siempre la conformidad de las partes. En tal hipótesis, es indispensable la aceptación
expresa del acreedor cedido de la obligación, de cuya voluntad dependerá la validez de la
cesión de la deuda a su respecto, y la admisión del sustituto del deudor, con o sin exoneración
del deudor primitivo.
El art. 1632 dispone: “Hay cesión de deuda si el acreedor, el deudor y un tercero,
acuerdan que éste debe pagar la deuda, sin que haya novación. Si el acreedor no presta
conformidad para la liberación del deudor, el tercero queda como codeudor subsidiario”.
a) Cesión de deuda propiamente dicha. Es el convenio triangular entre el deudor (cedente), un
tercero (el cesionario) y el acreedor que acepta al cesionario en calidad de deudor. El cambio
de deudor, con liberación del anterior, se hace por un contrato de cesión de deuda celebrado
entre el deudor cedente y el deudor cesionario, pero para que produzca efectos liberatorios se
requiere el consentimiento del acreedor (delegación perfecta). Si sólo hubiera una
notificación al acreedor, no se produce la liberación, quedando los dos deudores obligados
frente al acreedor (delegación imperfecta).
b) Asunción de deuda. Una segunda hipótesis la constituye la “asunción de deuda”,
consistente en un convenio entre el acreedor y un tercero, por el cual éste se compromete a
pagar la deuda del deudor primitivo, sin que haya novación. Conforme al Código “Hay
asunción de deuda si un tercero acuerda con el acreedor pagar la deuda de su deudor, sin que
haya novación. Si el acreedor no presta conformidad para la liberación del deudor, la asunción
se tiene por rechazada” (art. 1633). Aquí no hay cesión de deuda, ya que el deudor primitivo
no queda liberado, sino que un tercero asume el pago de la deuda vencida del deudor
(asunción de cumplimiento).
En las hipótesis anteriores, el deudor sólo queda liberado si el acreedor lo admite
expresamente. Esta conformidad puede ser anterior, simultánea, o posterior a la cesión; pero
es ineficaz si ha sido prestada en un contrato celebrado por adhesión (art. 1634). Cuando el
acreedor libera al deudor originario y éste acepta su liberación, se produce una novación por
cambio de deudor (expromisión novatoria).
c) Promesa de liberación. También puede existir una “promesa de liberación”. Según el art.
1635 “Hay promesa de liberación si el tercero se obliga frente al deudor a cumplir la deuda en
su lugar. Esta promesa sólo vincula al tercero con el deudor, excepto que haya sido pactada
como estipulación a favor de tercero”. Es un convenio paralelo a la obligación por el cual un
tercero se compromete solo frente al deudor a liberarlo oportunamente de la deuda, sin quedar
obligado a hacerlo frente al acreedor. No hay transmisión de deuda ni incorporación del
tercero en la obligación pues el que promete es ajeno a ella y el acreedor no puede exigirle el
pago.
d) Expromisión. Por último puede darse la hipótesis de la “expromisión”, que consiste una
estipulación entre un tercero y el acreedor, por la cual aquél, sin delegación del deudor, asume
su deuda frente al acreedor. Es un contrato cuyas partes son: el “expromitente”, persona que
se compromete a pagar la deuda de otro, y el acreedor, que acepta al nuevo deudor. El deudor
originario (“exprometido”), no es parte en el contrato. La expromisión puede ser pura y
simple, cuando tiene carácter acumulativo, o novatoria, cuando produce la liberación del
deudor originario (art. 936, novación por cambio de deudor). Si el expromitente no ha obrado
con el ánimo de realizar una liberalidad, una vez que haya cumplido la obligación asumida
tiene derecho a repetir contra el deudor o exprometido.99
La expromisión pura y simple, de carácter acumulativo, es el convenio entre el deudor y
el tercero, sin intervención del acreedor, por el que ambos quedan co-obligados frente al
acreedor. Si este acepta la acumulación del tercero como nuevo deudor, podrá luego reclamar
el pago a cualquiera de ellos. Esta figura no está legislada y se utiliza habitualmente en la
cesión de boletos de compraventa de inmuebles por el cual el comprador (deudor del precio)
transfiere el boleto a un tercero, y el vendedor (acreedor del precio) podrá demandar el cobro
a cualquiera de ellos.
N) CESIÓN DE POSICIÓN CONTRACTUAL
El Código establece que en los contratos con prestaciones pendientes cualquiera de las
partes puede transmitir a un tercero su posición contractual, si las demás partes lo consienten
antes, simultáneamente o después de la cesión. Si la conformidad es previa a la cesión, ésta
sólo tiene efectos una vez notificada a las otras partes, en la forma establecida para la
notificación al deudor cedido en la cesión de derechos (art. 1636).
Desde la cesión o, en su caso, desde la notificación a las otras partes, el cedente se
aparta de sus derechos y obligaciones, los que son asumidos por el cesionario. Sin embargo,
los co-contratantes cedidos conservan sus acciones contra el cedente si han pactado con éste
el mantenimiento de sus derechos para el caso de incumplimiento del cesionario. En tal caso,
el cedido o los cedidos deben notificar el incumplimiento al cedente dentro de los 30 días de
producido; de no hacerlo, el cedente queda libre de responsabilidad (art. 1637). Los
contratantes pueden oponer al cesionario todas las excepciones derivadas del contrato, pero no
las fundadas en otras relaciones con el cedente, excepto que hayan hecho expresa reserva al
consentir la cesión.
El cedente garantiza al cesionario la existencia y validez del contrato. El pacto por el
cual el cedente no garantiza la existencia y validez se tiene por no escrito si la nulidad o la
inexistencia se debe a un hecho imputable al cedente. Si el cedente garantiza el cumplimiento
de las obligaciones de los otros contratantes, responde como fiador. Se aplican las normas
99
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, pp. 86-87.
sobre evicción en la cesión de derechos en general (art. 1639). Pero las garantías constituidas
por terceras personas no pasan al cesionario sin autorización expresa de aquéllas (art. 1640).
La cesión del contrato se distingue claramente de la subcontratación; y si bien en ambos
hay una modificación subjetiva de una de las partes del contrato, tienen efectos diferentes. En
la cesión se trasmite la posición contractual con liberación del cedente, pasando el cesionario
a ocupar su lugar: no hay extinción del contrato ni de la obligación, no hay un contrato nuevo
ni uno derivado, simplemente hay una transmisión; por esta razón el cesionario actúa como
acreedor directo contra la otra parte contractual y no precisa de acciones oblicuas. En cambio,
en la subcontratación hay un contrato derivado unilateralmente: es otro contrato sin
desplazamiento del primer contratante; hay acción directa en virtud de que debe saltearse la
posición intermedia que ocupa el contratante no liberado.100
Los supuestos contemplados de cesión de posición contractual en nuestro ordenamiento
jurídico son entre otros: la cesión de la locación por el locatario con y sin liberación del ce-
dente; la cesión de la locación de cosas (art. 1213); la sustitución del mandatario (art. 1327);
la cesión del boleto de compraventa; la cesión del contrato de jugadores de fútbol
profesionales, etc.
O) TRANSACCIÓN
1. Concepto. Conforme al art. 1641 “La transacción es un contrato por el cual las partes, para
evitar un litigio, o ponerle fin, haciéndose concesiones recíprocas, extinguen obligaciones
dudosas o litigiosas”.
2. Caracteres. Se trata de un contrato bilateral, pues impone obligaciones a cargo de ambas
partes; es conmutativo pues las partes conocen las ventajas o pérdidas que el acto importa
desde su celebración; formal, porque debe hacerse por escrito; es oneroso pues las
prestaciones se dan en función de las contraprestaciones que se reciben; consensual, pues
surte efectos desde que las partes prestan su consentimiento; indivisible, pues no es
susceptible de cumplimiento parcial; de interpretación restrictiva, pues contiene actos
unilaterales de renuncia y no es posible abordarlo analógicamente; y es típico o nominado, y
tiene tratamiento en el Código en los arts. 1641 a 1648.
3. Configuración. La configuración típica de la transacción requiere: a) Consentimiento
mutuo, aplicándose las nociones generales relativas a los contratos; b) Incertidumbre: la causa
de la transacción es una situación de incertidumbre que debe referirse a derechos que sean
litigiosos o dudosos, ya que, si no lo fueran, habría una renuncia, pero no reconocimiento de
100
Lorenzetti, Ricardo Luis. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, Tomo II, p. 91.
una situación que no está puesta en duda. Los derechos litigiosos son los que están en juicio
contradictorio y no los que eventualmente puedan serlo; los dudosos son inciertos en su
existencia o en su extensión, según el criterio de su titular, no siendo necesario que sean
objetivamente dudosos. Los derechos litigiosos o dudosos ofrecen una inseguridad con la que
se quiere terminar para evitar un conflicto o para extinguirlo. c) Concesiones reciprocas entre
las partes: estas concesiones consisten en actos jurídicos unilaterales de renuncia y de
reconocimiento de derechos, entrelazados por la noción de reciprocidad. La transacción es un
modo de composición de litigios, de definición de situaciones de incerteza, que se caracteriza
por el mecanismo de renunciar a lo propio y reconocer lo ajeno, en una medida que satisfaga
el interés de cada parte. La reciprocidad significa que tales actos se hacen en la medida en que
la otra parte también los hace; se concede una ventaja teniendo en miras una contraprestación,
pero no es necesario que exista igualdad. d) Finalidad extintiva: que es de la esencia de este
contrato y constituye su causa en el sentido objetivo, o finalidad económico-social.101
4. Clases. La transacción puede ser judicial cuando tiene lugar en un juicio y se refiere a
obligaciones litigiosas, o extrajudicial, cuando su objeto son derechos dudosos y se realiza sin
la intervención de los tribunales. Esta distinción tiene relevancia en cuanto a la forma de la
transacción, ya que los efectos de una y otra son sustancialmente los mismos.
5. Forma. La transacción debe hacerse por escrito. Si recae sobre derechos litigiosos sólo es
eficaz a partir de la presentación del instrumento firmado por los interesados ante el juez en
que tramita la causa. Mientras el instrumento no sea presentado, las partes pueden desistir de
ella (art. 1643).
6. Objeto. Se puede transar sobre toda clase de derechos, cualquiera sea su especie o
naturaleza, incluso los sometidos a una condición. El objeto debe ser posible física y
jurídicamente, determinado y lícito, no siendo posible transar sobre cosas que no están en el
comercio. El objeto pueden ser obligaciones litigiosas o dudosas, pero también todo tipo de
derechos patrimoniales personales o reales, siempre que no sean ilícitos.
Sin embargo, se prohíbe especialmente transigir sobre derechos en los que está
comprometido el orden público, ni sobre derechos irrenunciables. Tampoco pueden ser objeto
de transacción los derechos sobre las relaciones de familia o el estado de las personas, excepto
que se trate de derechos patrimoniales derivados de aquéllos, o de otros derechos sobre los
que, expresamente, el Código admite pactar (art. 1644).
7. Sujetos que no pueden transigir. Conforme al art. 1646 no pueden hacer transacciones: a)
101
Lorenzetti, Ricardo L. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Sta. Fe, 2000, Tomo III, pp. 792-794.
las personas que no puedan enajenar el derecho respectivo; b) los padres, tutores, o curadores
respecto de las cuentas de su gestión, ni siquiera con autorización judicial; c) los albaceas, en
cuanto a los derechos y obligaciones que confiere el testamento, sin la autorización del juez
de la sucesión.
8. Nulidad de la transacción. La transacción es indivisible, es decir, no es susceptible de
cumplimiento parcial, lo que significa que si una de sus cláusulas fuere nula o anulable, afecta
a todo el contrato (art. 813). Al asentarse en la correspectividad de las concesiones, resulta
dificultoso para el juez declarar la nulidad de una cláusula recomponiendo el resto del
contrato porque no podrá apreciar claramente las razones, sobre todo subjetivas, que llevaron
a las partes a transar.
El art. 1645 dispone que si la obligación transada adolece de un vicio que causa su
nulidad absoluta, la transacción es inválida. Pero si es de nulidad relativa, las partes conocen
el vicio, y tratan en el contrato sobre la nulidad, entonces la transacción es válida.
Además, y sin perjuicio de lo dispuesto en el régimen general respecto de las nulidades
de los actos jurídicos, la transacción es nula: a) si alguna de las partes invoca títulos total o
parcialmente inexistentes, o ineficaces; b) si, al celebrarla, una de las partes ignora que el
derecho que transa tiene otro título mejor; c) si versa sobre un pleito ya resuelto por sentencia
firme, siempre que la parte que la impugna lo haya ignorado (art. 1647).
Los errores aritméticos no obstan a la validez de la transacción, pero las partes tienen
derecho a obtener la rectificación correspondiente (art. 1648).
9. Efectos. La transacción tiene los siguientes efectos: a) Declarativo. La transacción es un
acto bilateral compuesto de actos unilaterales de reconocimiento y de renuncias recíprocas
que las partes se hacen sobre derechos ya existentes; por ello no constituye derechos, sino que
se pronuncia sobre derechos ya existentes, si bien en estado de incertidumbre. Los efectos son
entonces declarativos y no constitutivos. b) Extintivo. En tanto su finalidad es la extinción de
derechos litigiosos o dudosos, ése es su efecto principal (art. 1641). La transacción extingue
los derechos y obligaciones que las partes hubiesen renunciado, así como los accesorios de la
obligación renunciada. Ese efecto es relativo pues involucra a las partes, sus herederos y
sucesores universales, pero no perjudica ni aprovecha a los terceros, a quienes la transacción
resulta inoponible. c) Obligatoriedad. Cosa juzgada. Además de la fuerza obligatoria de todo
contrato (art. 959), el Código refuerza esta obligatoriedad señalando que “la transacción
produce los efectos de la cosa juzgada sin necesidad de homologación judicial” y es “de
interpretación restrictiva” (art. 1642). Es decir que estamos en presencia de efectos
contractuales y de la cosa juzgada actuando conjuntamente.
La cosa juzgada se obtiene en un proceso judicial, y la razón por la cual se otorga a la
transacción los efectos de la cosa juzgada es dar seguridad y estabilidad a la extinción de los
derechos, aunque subsisten algunos problemas derivados de la conjunción de institutos
diferentes. Por ello debe distinguirse: 1) Si la transacción es judicial, se aplica el régimen de
la cosa juzgada, lo que está previsto en la mayoría de los códigos procesales. La transacción
aquí cumple dos funciones: es un modo de extinción de derechos personales y es una forma
de extinción del proceso, de modo que se aplica el régimen de ejecución de sentencias y la
preclusión procesal; 2) Si la transacción es extrajudicial es un contrato, pero no un modo de
extinción del proceso, con lo cual no es posible invocar el régimen de ejecución de sentencias
y se precisa un trámite de conocimiento, salvo que se la hubiere celebrado mediante un
instrumento que traiga aparejada ejecución. En este caso tampoco es admisible que se vuelva
a discutir lo ya acordado, salvo que la transacción sea declarada ineficaz.102
En suma, el efecto de cosa juzgada significa: a) Que no puede volver a discutirse lo ya
transigido, lo cual es aplicable tanto a la transacción judicial como a la extrajudicial; b) Que
es ejecutable por el procedimiento de ejecución de sentencias; ello se aplica a la transacción
judicial, pero no a la celebrada extrajudicialmente, que requiere de un proceso de
conocimiento o de ejecución especial si consta en un título de los que trae aparejada ejecución
(art. 523 CPCCN; art. 521 CPCCBA); c) Que frente a un juicio iniciado que presente
identidad se sujetos y de objeto con la transacción, la defensa de cosa juzgada, sea celebrada
judicialmente o no, puede ser opuesta como excepción procesal que obsta a la continuidad del
proceso.
V. Actividad pedagógica:
Cuestionario/guía de preguntas de la presente Clase/Unidad:
¿Cómo define el Código Civil al contrato?
¿Qué diferencia al Contrato de la Convención?
¿Cuál es la naturaleza jurídica del contrato?
¿Qué principios caracterizan toda relación contractual?
¿En qué consiste la autonomía de la voluntad? ¿Cuáles son sus límites?
102
Lorenzetti, Ricardo L. Tratado de los Contratos. Rubinzal-Culzoni, Sta. Fe, 2000, Tomo III, pp. 801-803.
¿Puede el juez modificar las cláusulas de un contrato? ¿En qué casos?
¿Cuáles son los elementos esenciales de un contrato? ¿Cuáles los naturales y los
accidentales? ¿Qué sucedería si faltara algún elemento?
¿Qué se entiende por causa fin en los contratos?
¿Qué requisitos debe reunir el objeto de los contratos?
¿Es posible contratar sobre herencia futura y sobre cosa embargada?
¿Es posible contratar sobre una cosa ajena?
¿Cómo se forma el consentimiento en los contratos?
¿En qué consisten la oferta y la aceptación?
¿Cuándo se perfecciona el consentimiento entre presentes y entre ausentes?
¿Cuándo se configura un contrato por adhesión?
¿Las tratativas contractuales obligan a celebrar el contrato?
¿Los contratos preliminares obligan a celebrar el contrato? ¿En qué casos?
¿Cómo se clasifican los contratos?
¿Qué forma o formalidades tienen los contratos?
¿Cómo se prueban los contratos?
¿Qué reglas existen para la interpretación de los contratos?
¿En qué consiste el “efecto relativo” de los contratos?
¿Qué efectos produce o puede producir el contrato con relación a los terceros?
¿Qué es un subcontrato?
¿En qué consiste la seña en los contratos?
¿En qué casos se puede suspender el cumplimiento de un contrato?
¿En qué consiste la obligación de saneamiento de un contrato? ¿Qué garantías
comprende?
¿En qué consiste la garantía de evicción y la garantía de vicios ocultos? ¿A qué tipo de
contratos se aplican estas garantías?
¿Cuáles son las causales de extinción propias de los contratos?
¿En qué casos procede la anulación de un contrato?
¿Qué diferencias existen entre la rescisión, la resolución y la revocación de un contrato?
¿Qué es la cláusula resolutoria de un contrato? ¿Qué tipos de cláusulas resolutorias
existen?
¿La muerte de uno de los contratantes extingue el contrato? ¿En qué casos?
¿En qué casos se produce la extinción de un contrato por arrepentimiento?
¿Cómo inciden la caducidad y la prescripción en la extinción de un contrato?
¿Puede extinguirse un contrato por frustración de su finalidad?
¿En qué consiste la teoría de la imprevisión?
¿En qué casos y para qué tipo de contratos se puede invocar la imprevisión según el art.
1091 del Código?
¿Cuáles son las condiciones de aplicación de la teoría de la imprevisión? ¿Qué significa
excesiva onerosidad sobreviniente? ¿Qué tipos de acontecimientos permiten invocar la teoría
de la imprevisión?
¿Qué es lo que puede plantear, en concreto, la parte afectada por la imprevisión?
¿Son válidos los pactos de garantía? ¿En qué casos no lo son?
¿Qué diferencias esenciales existen entre la imprevisión y el caso fortuito?
Respecto de los contratos en particular, se formarán grupos de trabajo para su
investigación y desarrollo.
No obstante, se requerirá para todo el curso: concepto, identificación de las partes,
clasificación que le corresponde (oneroso, gratuito, conmutativo, bilateral, etc.), derechos y
deberes más importantes de las partes y modos de extinción de todos los contratos, con
inclusión de las pautas que siguen:
Compraventa: cómo debe ser el precio. Cláusulas especiales (retroventa, reventa y
preferencia). Locación. Plazos mínimos y máximos. Depósito: especies de depósitos.
Donación: requisito de escritura pública. Causas de revocación. Fianza: beneficios de
excusión y división en la fianza convencional simple; cláusula “principal pagador”.
Actividades pedagógicas:
Los contenidos conceptuales prevalecen en el programa y parten de conceptos generales,
más trascendentes, para arribar a conocimientos especiales (criterio de ordenación del
conocimiento seleccionado) con secuencias alternativas de presentación de conceptos. Los
conceptos básicos más importantes se presentan al principio de cada clase a fin de facilitar el
aprendizaje significativo tanto del conjunto de la información, como de conceptos
subordinados nuevos (ordenación jerárquica de conceptos). De este modo, el alumno asiste a
la clase con información sustancial y puede preformar un criterio que le permite efectuar las
críticas que considere apropiadas a las soluciones adoptadas por las normas en estudio,
favoreciendo el proceso de apropiación de los contenidos. Este dato es relevante porque el
alumno aprende mejor aquello que comprende en forma adecuada y que, por tanto, le sirve
para resolver los “problemas significativos” (objetos de conocimiento que el sujeto puede
aprender por haber tenido conocimientos previos que le dan significado). A la vez, facilita al
docente la enseñanza del “aprender a pensar” para la posterior solución de problemas y
provee al alumno de información útil para avanzar en nuevos aprendizajes. La “enseñanza a
pensar”, tiende a que el alumno sepa resolver no solo los problemas propios de una actividad
determinada, sino cualquier otra cuestión aun cuando exceda a ese ámbito, potenciando sus
capacidades cognoscitivas, cooperativas y creativas.
Las estrategias didácticas para facilitar el aprendizaje son, entre otras: 1. respetar los
tiempos de desarrollo de los contenidos; 2. no asumir una actitud directivista o enciclopedista;
3. entender la enseñanza como medio de ayuda a otra persona; 4. crear un espacio grupal; 5.
llevar a cabo actividades de análisis y crítica; 6. motivar al alumno con recompensas o
estímulos para crear su propia expectativa, como pieza motor del aprendizaje para que este
cumpla con su destino. Tendemos a que el alumnado conciba que el conocimiento no se
origine exclusivamente en el docente y que se desenvuelva con su asistencia y su orientación.
El trabajo grupal, que requiere la previa lectura del material por los alumnos y la
coordinación de su exposición con sus integrantes, aspira a generar alternativas en la
modalidad de aprendizaje y la estrategia metodológica en el aula. La participación de los
alumnos apunta a que el grupo asuma responsabilidades, comprenda el contenido asignado de
la materia y sea capaz de transmitirlo a sus pares en lenguaje corriente y llano, compartiendo
con la audiencia sus conclusiones, bajo el control y supervisión del docente para aclarar
conceptos y conectarlos con la realidad cotidiana mediante ejemplos pertinentes, procurando
una mirada “situacional” en clave de Bleger (BLEGER J., 1971, Psicología de la conducta.
Psicología. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires) que implica incorporar lo
histórico dialécticamente como activo y presente.
La idea es que el alumnado se despoje del miedo escénico, debata entre sí y con el
docente, expongan frente a un auditorio adquiriendo mayor solvencia y se familiaricen con el
uso del lenguaje jurídico, consolidando sus conocimientos y enriqueciendo su léxico. Ello
permite una evaluación diaria que coadyuva a la construcción de la calificación definitiva sin
que esta dependa exclusivamente de las dos evaluaciones parciales obligatorias
reglamentarias, generándose así evaluaciones alternativas y complementarias con aquellas al
incorporar contenidos actitudinales y de responsabilidad grupal como objeto de evaluación, lo
que evidencia una estrategia tendiente a que el/la estudiante sea sujeto de su propio
aprendizaje.
En tal contexto, se propende al logro de dos objetivos incluidos en el programa de la
asignatura. El primero consiste en relacionar los conceptos volcados en clase con situaciones
de la vida real con el fin de facilitar la comprensión del problema y permitir que los/las
alumnos/as lleguen a compartir en el aula, frente al grupo y al docente, situaciones personales
que iluminan la didáctica del curso, conectando la teoría con la realidad. El segundo, tiende a
hacer del debate una herramienta importante como estrategia de enseñanza. El debate ayuda a
ejercitar el pensamiento, a generar críticas, a formar criterios de opinión y a obtener
conclusiones partiendo del aporte de los conocimientos previamente adquiridos, lo que
permite superar la rigidez de la praxis repetitiva que ha cedido paso a la praxis inventiva y
creativa en procura de la producción de algo nuevo dentro del campo del pensamiento. Así, se
ofrece al alumnado diversas alternativas para que analice las situaciones conflictivas y
extraiga, para su solución, las conclusiones más adecuadas y razonables, proponiendo para
ello procesos inductivos o deductivos de aprendizaje que forjan más fuertemente el
conocimiento a largo plazo.
Pretendemos para ello desterrar el aprendizaje memorístico sustituyéndolo por el
aprendizaje significativo e interrelacionado, en la búsqueda de un equilibrio que vincule
saberes pedagógicos con los problemas sociales y con otras disciplinas (contenido transversal
e interdisciplinario). Algunas técnicas que favorecen el desarrollo de tales procesos son: 1. la
exposición dialogada, 2. la presentación de interrogantes o problemas, 3. el trabajo grupal
(pequeño grupo de discusión, torbellino de ideas, grupos de trabajo, debate, etc.), 4. la
unicidad bibliográfica, 5. la indagación bibliográfica, 6. la elaboración de mapas conceptuales
y de trabajos específicos. Interpretamos que estos factores permitirán una mejor organización
del tiempo y del espacio para la enseñanza y el aprendizaje.
Asimismo, la enseñanza focalizada en la práctica profesional estimula la integración de
los conocimientos, la reflexión sobre la realidad profesional y la toma de decisiones con
fundamentación suficiente. Técnicas adecuadas para este tipo de aprendizajes son, entre otras,
la problematización, el estudio de casos, el análisis de incidentes críticos, ejercicios de
simulación, trabajos en equipo, etc.
Ante la escasez de textos bibliográficos que abordaran el estudio del nuevo Código Civil
y el precio exorbitante de las pocas obras que surgieron en forma contemporánea al mismo y
aun con posterioridad, la cátedra se abocó a la elaboración de un trabajo integral y
sistematizado que desarrolló íntegramente el Programa a partir del nuevo cuerpo normativo, y
que se dividió y sistematizó según las unidades didácticas del Programa vigente de la
asignatura, el que se revisa en forma permanente simplificando conceptos o incorporando
doctrina y jurisprudencia relevante y actualizada.
La elaboración por la cátedra de un material de estudio completo que aborda el programa
de la asignatura en su totalidad es muy importante para los alumnos, quienes históricamente
han señalado a la dispersión bibliográfica como una de las razones más poderosas para
justificar su falta de estímulo a la consulta de los textos tradicionales. Ese material se vuelca
íntegramente en el acápite 3 “desarrollo”.
Creemos que se trata de una herramienta sumamente útil y eficaz para el abordaje integral
de la asignatura, que marca una ruptura innovativa respecto del método de enseñanza que se
venía utilizando, al erigirse el nuevo Código Civil como un recurso esencial para el
aprendizaje. Así, el material elaborado por la cátedra, basado en dicho Código, acerca a los
alumnos directamente a la fuente de las normas, entendiendo que así se estimula el espíritu de
investigación, reflexión, análisis crítico y superación permanente del conocimiento, a partir de
premisas vinculadas con la asignatura, alentando los procesos inductivos y deductivos,
mejorando la comunicación y las relaciones entre los sujetos de la enseñanza, permitiendo
establecer nuevas relaciones entre lo teórico y lo práctico, así como en la forma de autoridad y
las relaciones de poder, en la convicción de que el docente debe abstenerse de imponer abierta
o veladamente su concepción propia, pudiendo sin embargo dejar a salvo su opinión personal
en forma honesta y clara, sin condicionar la opinión de los alumnos.