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Educación según Florencia Nardoni

El documento explora la educación desde la perspectiva de Rousseau, destacando la importancia de guiar al niño de manera natural y respetando su desarrollo. Se enfatiza que la educación debe centrarse en la experiencia y el aprendizaje a través de los sentidos, evitando la imposición de conocimientos prematuros. Rousseau argumenta que la verdadera educación no se basa en preceptos, sino en ejercicios que preparan al individuo para la vida humana.

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El documento explora la educación desde la perspectiva de Rousseau, destacando la importancia de guiar al niño de manera natural y respetando su desarrollo. Se enfatiza que la educación debe centrarse en la experiencia y el aprendizaje a través de los sentidos, evitando la imposición de conocimientos prematuros. Rousseau argumenta que la verdadera educación no se basa en preceptos, sino en ejercicios que preparan al individuo para la vida humana.

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Prof.

Florencia Nardoni - Pedagogía- FCEIA - UNR


ya ha desaparecido; quería decir alimento. Educit obstetrix, dice Varrón;
educat nutrix, insRtuit paedagogus, docet magister. Así la educación, la
ROUSSEAU, J.J., Emilio o La Educación, traducción de insRtución y la instrucción son tres cosas tan diferentes en su objeto como
insRtutriz, preceptor y maestro. Pero estas disRnciones son mal entendidas,
Ricardo Viñas. ya que el niño, para ser bien conducido, no debe tener más que un guía. […]

Selección de fragmentos El desRno del hombre es el de sufrir siempre. El cuidado mismo de su


conservación va unido al sufrimiento. Feliz es el que en su infancia no
conoce otros males que los Xsicos; males mucho menos crueles, menos
LIBRO PRIMERO dolorosos que los otros, y que con mucha menos frecuencia nos obligan a
renunciar a la vida. Nadie se mata por los dolores de gota; solamente los del
[…] Nacemos débiles, necesitamos ser fuertes, y al nacer carecemos de todo ánimo nos producen la desesperación. SenRmos compasión por la suerte de
y se nos debe proteger; nacemos torpes y nos es esencial conseguir la la infancia, cuando tendríamos que llorar por la nuestra. Nuestros males
inteligencia. Todo esto de que carecemos al nacer, tan imprescindible en la más graves nos vienen de nosotros mismos. […]
adolescencia, se nos ha dado por medio de la educación.
La educación nos viene de la naturaleza, de los hombres o de las cosas. El He tomado la determinación de escoger a un alumno imaginario y a suponer
desenvolvimiento interno de nuestras facultades y de nuestros órganos es la que poseo la edad, la salud, los conocimientos y todo el talento que
educación de la naturaleza; el uso que aprendemos a hacer de este conviene para preparar su educación, conduciéndolo desde el instante de su
desenvolvimiento o desarrollo por medio de sus enseñanzas, es la nacimiento hasta el punto en que, ya hombre formado, se gobierne por sí
educación humana, y la adquirida por nuestra propia experiencia sobre los mismo. Este método lo considero úRl para evitar que un autor que desconXa
objetos que nos afectan, es la educación de las cosas. […] de sí mismo se extravíe en visiones, ya que en cuanto se aparta de la
prácRca ordinaria pone en prácRca la suya en su alumno, y pronto verá, o lo
En el orden natural, los hombres son todos iguales; luego, su vocación verá el lector, si es que no lo ha visto él, si sigue los progresos de la infancia y
común es el estado del hombre, y quien hubiere sido bien criado para éste, la ruta natural del corazón humano. […]
no puede desempeñar mal los que con él se relacionan. Que desRne mi
discípulo a la espada, a la iglesia o a la abogacía, poco me importa. Antes de Estoy de acuerdo en que es muy diferente el acompañar a un joven durante
la vocación de sus padres, la naturaleza le llama a la vida humana. El oficio cuatro años que el ser su conductor por espacio de veinRcinco. Vosotros
que quiero enseñarle es el vivir. Cuando salga de mis manos, yo estoy de dais un preceptor a vuestro hijo ya completamente formado, y yo pretendo
acuerdo, en que no será ni magistrado, ni soldado, ni sacerdote; que lo tenga ya antes de su nacimiento. Pensáis que un maestro puede
primeramente será hombre, todo cuanto debe ser un hombre y sepa serlo, cambiarse cada cinco años, pero el preceptor de mi imaginación debe ser
si fuera necesario, tan bien como el que más, y aunque la fortuna quiera siempre el mismo. […]
hacerle cambiar de situación, él siempre se encontrará en la misma.
Occupavi te, Fortuna, atque cepi; omnesque aditus tuos interclusi, ut ad me En los inicios de la vida, cuando la imaginación y la memoria aún son
aspirare non poses. inacRvas, el niño sólo está atento a cuanto afecta a sus senRdos; las
Nuestro verdadero estudio es el de la condición humana. Aquel de nosotros sensaciones, siendo los primeros materiales de sus conocimientos, se le
que mejor sabe sobrellevar los bienes y los males de esta vida es, a mi deben ofrecer de un modo conveniente, o sea preparar su memoria para
parecer, el más educado, de donde se deduce que la verdadera educación que un día las ofrezca en el mismo orden a su entendimiento, pero como
consiste menos en preceptos que en ejercicios. Desde que empezamos a sólo aRende a sus sensaciones, es suficiente mostrarle primeramente con
vivir, comienza nuestra instrucción; nuestra educación se inicia disRnción la conexión de estas mismas sensaciones con los objetos que las
simultáneamente con nosotros; nuestro primer preceptor es nuestra causan. El quiere tocarlo todo y manejarlo; no nos opongamos a esta
nodriza. Por eso la palabra educación tenía anRguamente un significado que
Prof. Florencia Nardoni - Pedagogía- FCEIA - UNR
inquietud, ya que ello le sugiere un aprendizaje muy necesario. Es de este No deis a vuestros alumnos lecciones verbales de ninguna clase, puesto que
modo como aprende a senRr el calor, el frío, la dureza, la blandura, el peso y sólo deben recibirlas de la experiencia; tampoco les debéis imponer ningún
la ligereza de los cuerpos; a juzgar de su tamaño, de su figura, y todas sus casRgo, ya que ignora lo que puede significar culpabilidad. […]
cualidades sensibles, mirando, palpando15, escuchando, y sobre todo
comparando la vista con el tacto, y apreciando con los ojos la sensación que La primera educación debe ser, pues, puramente negaRva, la cual no
causan sobre sus dedos. […] consiste en enseñar ni la virtud ni la verdad, sino en librar de vicios el
corazón y el espíritu del error. Si pudierais no hacer nada, ni dejar hacer
LIBRO SEGUNDO nada, si lograrais tener sano y robusto a vuestro alumno hasta la edad de
doce años, sin que supiera disRnguir su mano derecha de la izquierda, desde
La naturaleza quiere que los niños sean niños antes de ser hombres. Si vuestras primeras lecciones se abrirían los ojos de su entendimiento a la
nosotros queremos inverRr este orden, produciremos frutos precoces que razón sin baches ni preocupaciones; nada habría en él que pudiera
no tendrán madurez ni gusto y que no tardarán en corromperse; tendremos obstaculizar el buen resultado de vuestros afanes. De este modo, en
jóvenes doctores y viejos niños. La infancia Rene maneras de ver, de pensar, vuestras manos se converRría en el más sabio de los hombres, y omiRendo
de senRr, que le son propias; no hay nada más insensato que quererlas toda intervención en un principio, realizaríais un prodigio de educación.
susRtuir por las nuestras; tanto equivale exigir que un niño tenga cinco pies Obrad de un modo totalmente opuesto del que se acostumbra actualmente
de alto que juicio a los diez años. En efecto, ¿para qué le serviría la razón a y casi es seguro de que acertaréis. […]
esa edad? Ella es el freno de la fuerza, y el niño no necesita ese freno.
Tratando de inculcar a vuestros alumnos la idea de la obediencia, juntad a Pero, ¿dónde debemos colocar a este niño para educarle de este modo
esa pretendida persuasión la fuerza y las amenazas, o, lo que es peor, los como un ser, como un autómata? ¿Le colocaremos en la Luna o en una isla
halagos y las promesas. Así, pues, movidos por el interés o impelidos por la desierta? ¿Le apartaremos de todos los humanos? ¿El mundo no le ofrecerá
fuerza, parece que han sido convencidos por la razón. […] de un modo conRnuo el espectáculo y el ejemplo de las pasiones? ¿No verá
nunca otros niños de su edad? ¿No verá nunca a sus parientes, a sus
Tratad a vuestro alumno conforme a la edad. Ponedle en su puesto y vecinos, a su nodriza, a su ama, a su lacayo, a su mismo ayo, que al fin no ha
retenedle en él de manera que no haga tentaRvas para salirse. Entonces de ser un ángel? Esta objeción es fuerte y sólida. Pero, ¿os he dicho yo que
será prácRco en la lección más importante, que es la sabiduría, antes de sea una empresa fácil una educación natural? ¡Oh, hombres!, si habéis
saber lo que es ésta. No le mandéis nunca nada, sea lo que sea, hecho diXcil todo cuanto es bueno, ¿es culpa mía? Yo conozco estas
absolutamente nada, ni dejéis que imagine que pretendéis tener alguna dificultades, las confieso y quizá sean insuperables, pero siempre es verdad
autoridad sobre él. Que sólo sepa que él es débil y vosotros fuertes, que por que, dedicándose a evitarlas, Renen un límite remediable. Yo marco la meta
su estado o el vuestro está necesariamente a vuestra merced; que lo sepa, hacia donde debe dirigirse la carrera; no afirmo que se pueda llegar a ella,
que lo aprenda, y que sienta pronto sobre su cabeza alRva el duro yugo que pero aseguro que el que se acerque más al final, es el que mayores ventajas
la naturaleza impone al hombre, el pesado yugo de la necesidad, bajo el sacará.
cual es necesario que todo ser se rinda. […]

Muy extraño es que desde que se dedican los hombres a la educación de los
niños, no hayan imaginado otra forma para conducirlos que la emulación,
los celos, la envidia, la vanidad, el ansia, el miedo, las pasiones más
peligrosas, las que más pronto fermentan y las más capaces de corromper al
alma, aun antes de que esté formado el cuerpo. […]

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