El bosque viviente
En un rincón rural del estado de Hidalgo, había una casa en lo
profundo del bosque, prácticamente devorada por la naturaleza. En el
pueblo corrían rumores de que residía allí una bruja, pero esa casa
llevaba vacía veinte años, ya q se quemó en un incendio junto con la
familia que vivía en ella. A un lado, construyeron un pequeño
cementerio.
Con el tiempo, los árboles crecieron tanto que cubrieron casi por
completo las tumbas. La gente del pueblo evitaba acercarse, por que
aseguraban que al caer la noche se oían susurros entre los árboles y
pasos sobre las hojas secas, aunque no hubiera viento ni humanos
cerca.
Una noche, un joven llamado Emilio escucho las historias, decidió
adentrarse en el bosque con una farola para ver si había algo de
verdad en ellas. A medida que caminaba, sintió que el aire se enfriaba
y los árboles parecían moverse lentamente, como si estuvieran
respirando. De repente, escuchó una voz suave que murmuraba su
nombre. Pensó que era solo su imaginación, pero al girar la cabeza
vio una sombra cruzando entre los árboles.
Emilio llegó a la casa quemada y observó luces verdes saliendo por
las grietas del suelo. De pronto, la tierra comenzó a temblar y del
cementerio brotaron raíces que parecían brazos, envolviendo la vieja
casa. En medio del estruendo y los murmullos, apareció frente a él
una figura con cabellos largos y ojos brillantes.
“Este lugar no es para los vivos” dijo con una voz profunda. “El
bosque cuida de los suyos.”
El joven intentó huir, pero las raíces lo atraparon. La farola se le cayó
al suelo y se apagó. A la mañana siguiente, los vecinos encontraron
solo la farola de su abuela encendida frente a la entrada del bosque,
pero de Emilio nunca más se supo.
Desde entonces, el pueblo murmura que el bosque crece un poco más
cada año… y que si escuchas con atención, el viento aún susurra su
nombre.