Raphinha: “No ganar
el balón de oro fue
una decepción
personal. Terminar
quinto fue un honor,
pero mis expectativas
eran más altas”
El mejor momento de su carrera coincide con uno de los periodos más dulces
de la historia reciente del FC Barcelona y con un Brasil que sueña con ganar su
sexto Mundial de selecciones el próximo verano. Tras demostrar de lo que es
capaz cuando se siente confiado y seguro, el delantero azulgrana no se pone
límites.
Por Héctor Izquierdo Fotografía de Alan Gelati
4 de noviembre de 2025
Tiene la delantera del Barça el hambre atrasada de dos
jóvenes que saben lo que es aprender a jugar al fútbol en
canchas de cemento y asfalto: Lamine Yamal y Raphinha. No
es que el barrio de Rocafonda, en Mataró, sea idéntico al de
Restinga (Porto Alegre, Río Grande do Sul) en el que se crió
Raphael Dias Belloli, pero ambos tienen en común la pobreza y
la escasez de oportunidades. Y también, quizás, el balompié
como válvula de escape, como entretenimiento sano y
barato, y como carretera secundaria soñada para escapar a
un destino de marginación y miseria. No se reparten muchos
billetes para salir de una favela. Pero Raphina, gracias a su
talento, determinación y sacrificio, adquirió uno in extremis que
le llevó, con el tiempo, a convertirse en uno de los mejores
delanteros centro del mundo.
Su travesía profesional comenzó a los 19 años, cuando salió
de Restinga con rumbo al Avaí brasileño, abandonando una
vida de inseguridad y privaciones. De niño, según él mismo ha
explicado, se vio obligado a mendigar por comida, mientras
veía a muchos de sus amigos caer en las redes del narcotráfico
y el crimen. Algunos, dice, murieron antes de verle triunfar en el
mundo del fútbol. En 2016 fichó por el Vitória de Guimarães
portugués. De ahí pasó a la Ligue 1 francesa con el Rennes y a
la Premier League con el Leeds United. En 2022, fue
transferido al FC Barcelona por más de 50 millones de
euros.
En la Ciudad Condal, el brasileño tenía la misión de cubrir la
posición de un Ousmane Dembélé que no había acabado de
cuajar de azulgrana —aunque tiempo después triunfaría en el
PSG, Balón de Oro incluido—; pero, como el
francés, Raphinha sufrió en sus primeros años para
adaptarse al club y a La Liga. De hecho, el suyo parecía un
caso calcado al de Dembélé: otro fichaje multimillonario fallido,
otro delantero que aportaba más nombre que rendimiento. Las
críticas y los rumores de traspaso no se hicieron esperar.
Según él mismo ha contado, llegaba a casa y se ponía a llorar.
¿Cómo era posible que no le saliera nada en el club de sus
sueños? Ya tenía medio pie fuera del Barcelona y el otro en la
liga de Arabia Saudí cuando Xavi, sorprendentemente, fue
cesado de manera fulminante por Joan Laporta.
Si la carrera de Raphinha había sido una historia de superación
hasta ese momento, lo que había de venir después probaría
aún más su resiliencia y coraje. Dicho de otro modo: no se
debe subestimar a un hombre que se ha sobrepuesto a
tantas cosas en la vida para llegar a lo más alto. En la
temporada 2023/24, coincidiendo con la llegada de Hansi Flick
al banquillo del FC Barcelona, Raphinha estalló en el
firmamento como un castillo de fuegos artificiales. Con 18
goles y once asistencias en la competición nacional y 13
en Champions, su aportación fue decisiva para que su equipo
llegara hasta las semifinales de la competición europea por
primera vez en seis años, y para que se hiciera con La Liga y la
Copa del Rey. Raphinha, además, empezó a sonar en las
quinielas para el Balón de Oro —finalmente, quedó quinto en la
votación, por detrás de Ousmane Dembélé, Lamine Yamal,
Vitinha y Mohamed Salah—.
A sus 28 años, la temporada 2024/25 ha empezado para
Raphinha como terminó la anterior. Como un jugador
consagrado en el once titular que forma un dúo letal con la joya
de la corona de la cantera azulgrana Lamine Yamal. Es uno de
los capitanes del equipo, está perfectamente integrado en
la vida de nuestro país y se permite, por qué no, soñar a lo
grande.