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Características y formación de estrellas

Una estrella es un objeto astronómico luminoso que mantiene su forma esferoide gracias a su gravedad y la fusión termonuclear en su núcleo. La vida de una estrella comienza con el colapso de una nebulosa y evoluciona a través de varias etapas, culminando en remanentes estelares como enanas blancas o agujeros negros. Históricamente, las estrellas han sido fundamentales para la navegación y la creación de calendarios, y han sido agrupadas en constelaciones por diversas civilizaciones.
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Características y formación de estrellas

Una estrella es un objeto astronómico luminoso que mantiene su forma esferoide gracias a su gravedad y la fusión termonuclear en su núcleo. La vida de una estrella comienza con el colapso de una nebulosa y evoluciona a través de varias etapas, culminando en remanentes estelares como enanas blancas o agujeros negros. Históricamente, las estrellas han sido fundamentales para la navegación y la creación de calendarios, y han sido agrupadas en constelaciones por diversas civilizaciones.
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Estrella

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Este artículo trata sobre el cuerpo astronómico. Para otros usos de «estrella» o «estrellas»,
véase Estrella (desambiguación).

Una región de formación estelar en la Gran Nube de

Magallanes. Imagen del Sol en falso color, una estrella de


tipo-G de la secuencia principal, la más cercana a la Tierra.

Una estrella (del latín: stella) es un objeto astronómico luminoso con forma de esferoide, que
mantiene debido al equilibrio hidrostático alcanzado por su propia gravedad. La estrella más
cercana a la Tierra es el Sol.[1] Otras estrellas son visibles a simple vista desde la Tierra durante la
noche, apareciendo como una diversidad de puntos luminosos aparentemente fijos en el cielo
debido a su distancia de la misma.[2]
Históricamente las estrellas más prominentes fueron agrupadas en constelaciones y asterismos, y
las más brillantes fueron denominadas con nombres propios. Los astrónomos han recopilado un
extenso catálogo, proporcionando a las estrellas designaciones estandarizadas. Sin embargo la
mayoría de las estrellas en el Universo, incluyendo todas las que están fuera de nuestra galaxia,
la Vía Láctea, son invisibles a simple vista desde la Tierra. De hecho, la mayoría son invisibles desde
nuestro planeta incluso a través de los telescopios de gran potencia.

Durante al menos una parte de su vida, una estrella brilla debido a la fusión
termonuclear del hidrógeno en helio en su núcleo, que libera energía, la cual atraviesa el interior
de la estrella y, después, se irradia hacia el espacio exterior. Casi todos los elementos naturales
más pesados que el helio se crean por nucleosíntesis estelar durante la vida de una estrella y, en
algunas de ellas, por nucleosíntesis de supernova cuando explotan. Cerca del final de su vida una
estrella también puede contener materia degenerada. Los astrónomos pueden determinar la
masa, edad, metalicidad (composición química) y muchas otras propiedades de las estrellas
mediante la observación de su movimiento a través del espacio, su luminosidad y su espectro. La
masa total de una estrella es el principal determinante de su evolución y destino final. Otras
características de las estrellas, como el diámetro y la temperatura, cambian a lo largo de su vida,
mientras que el entorno de una estrella afecta a su rotación y movimiento. Una gráfica de
dispersión de muchas estrellas que hace referencia a su luminosidad, magnitud
absoluta, temperatura superficial y tipo espectral, conocido como el diagrama de Hertzsprung-
Russell (Diagrama H-R), permite determinar la edad y el estado evolutivo de una estrella.

La vida de una estrella comienza con el colapso gravitacional de una nebulosa gaseosa de material
compuesto, principalmente de hidrógeno, junto con helio y trazas de elementos más pesados.
Cuando el núcleo estelar es lo suficientemente denso, el hidrógeno comienza a convertirse en helio
a través de la fusión nuclear, liberando energía durante el proceso.[3] Los restos del interior de la
estrella portan la energía fuera del núcleo a través de una combinación de procesos
de transferencia de calor por radiación y convección. La presión interna de la estrella evita que se
colapse aún más bajo su propia gravedad. Cuando se agota el combustible de hidrógeno en el
núcleo, una estrella con al menos 0.4 veces la masa del Sol se expandirá hasta convertirse en
una gigante roja,[4] en algunos casos fusionando elementos más pesados en el núcleo o en sus
capas alrededor del núcleo (como el carbono o el oxígeno). Entonces la estrella evoluciona hasta
una forma degenerada, expulsando una porción de su materia en el medio interestelar, donde
contribuirá a la formación de una nueva generación de estrellas.[5] Mientras tanto, el núcleo se
convierte en un remanente estelar: una enana blanca, una estrella de neutrones, o (si es lo
suficientemente masiva) un agujero negro.

Los sistema binarios y multiestelares constan de dos o más estrellas que están unidas
gravitacionalmente entre sí, y por lo general se mueven en torno a otra en órbitas estables.
Cuando dos estrellas poseen una órbita relativamente cercana, su interacción gravitatoria puede
tener un impacto significativo en su evolución.[6] Las estrellas unidas gravitacionalmente entre sí
pueden formar parte de estructuras mucho más grandes, como cúmulos estelares o galaxias.

Observación histórica
Las personas han visto patrones en las estrellas desde
tiempos antiguos.[7] Esta representación de la constelación de Leo, el león, en 1690, es de Johannes

Hevelius.[8] La constelación de Leo como se puede ver a


simple vista. Se han añadido líneas.

Históricamente las estrellas han sido importantes para las civilizaciones en todo el mundo, han sido
parte de las prácticas religiosas y se utilizaron para la navegación celeste y la orientación. Muchos
astrónomos antiguos creían que las estrellas estaban fijadas permanentemente a una esfera
celeste y eran inmutables. Por convención los astrónomos agrupaban las estrellas
en constelaciones y las usaban para rastrear los movimientos de los planetas y la posición inferida
del Sol.[7] El movimiento del Sol contra las estrellas de fondo (y el horizonte) fue utilizado para
crear calendarios, que podrían ser utilizados para regular las prácticas agrícolas.[9] El calendario
gregoriano, utilizado actualmente casi en todo el mundo, es un calendario solar basado en el
ángulo del eje de rotación de la Tierra con respecto a su estrella local, el Sol.

La carta estelar más antigua con fecha precisa fue un logro de la antigua astronomía
egipcia en 1534 a. C.[10] Los primeros catálogos de estrellas conocidos fueron compilados por los
antiguos astrónomos babilónicos de Mesopotamia a finales del segundo milenio a. C., durante
el período casita (ca. 1531-1155 a. C.).[11]

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