Cuaderno de Cultura Científica
Quipu y yupana, instrumentos matemáticos incas (I)
MATEMOCIÓN
Una de mis pasiones, en relación con la historia de las matemáticas, es la lectura
sobre los diferentes sistemas de numeración, las distintas aritméticas y, en
general, las matemáticas que han desarrollado los diferentes pueblos, las
diferentes culturas, de todo el planeta, a lo largo de la historia de la humanidad.
Por una parte, cada pueblo ha desarrollado unas matemáticas muy particulares,
relacionadas con su propia identidad, con su forma de vida, con el lugar y el
tiempo en el que se han existido, con sus circunstancias concretas, lo que hace
que estas matemáticas tengan sus propias características, diferentes de las de los
demás pueblos. Sin embargo, al mismo tiempo podemos observar cómo existe
una parte esencial de dichas matemáticas que es muy similar en todas las
culturas, como si de alguna forma cada una inventara su propio descubrimiento de
unas matemáticas ya existentes.
Las siguientes entradas de la sección Matemoción del Cuaderno de Cultura
Científica me gustaría dedicarlas a conocer un poco sobre las matemáticas de los
incas, y más concretamente, sobre su sistema de numeración y su aritmética.
El imperio inca –llamado Tawantinsuyu, “las cuatro regiones” en la lengua
Quechua– se fundó aproximadamente hacia el año 1200 d.C. y estaba en su
máximo apogeo cuando los conquistadores españoles, dirigidos por Francisco
Pizarro (1478-1541), iniciaron la conquista de Perú, que acabaría con la anexión
del imperio Inca a España. En ese momento, el imperio Inca se extendía de norte
a sur de la zona del Pacífico de América del Sur, desde las actuales Argentina y
Chile hasta Bolivia, Ecuador y Perú, alcanzando una extensión de unos 2.000.000
de kilómetros cuadrados.
Los conocimientos que hoy en día tenemos de la cultura incaica, y en particular,
los de carácter científico y técnico, nos han llegado a través de las diferentes
crónicas que se escribieron en la época por parte de cronistas “españoles”
(algunos indígenas al servicio del imperio español), como Felipe Guamán Poma
de Ayala (1534-1615), Gómez Suárez de Figueroa, apodado como Inca Garcilaso
de la Vega (1539-1616), Pedro Cieza de León (1520-1554) o Martín de Murúa
(1525/1540-1616/17).
Pero centrémonos en las matemáticas del pueblo inca.
Su sistema de numeración era, como para muchos
otros pueblos que utilizaron sus manos para empezar
a desarrollar el concepto de número y su aritmética,
decimal. Además, era un sistema posicional, como
nuestro sistema de numeración indo-arábigo, con la
característica especial de que los números se
representaban, como veremos, por medio de cuerdas,
de los quipus.
El sistema decimal no solamente se utilizó para
representar los números, sino que se utilizó
como parte de la organización social del
imperio. En la base de la estructura social
estaban los puric, que eran los indios
trabajadores, que además eran los que
tributaban (campesinos, ganaderos, artesanos
y soldados). Los purics se organizaban en
grupos de diez (10), una cancha, que estaban
bajo el mando de un cancha-camayo. A su vez,
cada diez cancha-camayos, eran supervisados
por un capataz, o pachaca-curaca, que tenía
bajo su mando, a través de los 10 cancha-
camayos, a 100 trabajadores, una pachaca.
Subiendo un poco más en la pirámide estaban
los supervisores, guaranca-curacas, de una decena (10) de pachaca-curacas, una
centena (100) de cancha-camayos y un millar (1.000) de indios tributarios, lo que
se conocía como una waranqa. Y seguía la jerarquía, cada responsable con el
control de diez personas de un rango inferior al suyo, con el huno-curaca o jefe de
la tribu, con un total de 10.000 purics, lo que se conocía como un huno, a su
cargo.
Por encima del huno-huraca estaba el gobernador de la provincia y más arriba el
mandatario de cada uno de los cuatro cuarteles en los que se dividía el imperio. Y
arriba de la gran pirámide estaba el Inca, el soberano del imperio inca.
Por ejemplo, en el texto Historia Natural y Moral de las Indias, del jesuita José de
Acosta (1540-1600), podemos leer el siguiente párrafo:
“…es de saber que, la
distribución que hacían los
Incas de sus vasallos era tan
particular, que con facilidad los
podían gobernar a todos,
siendo un reino de mil leguas
de distrito, porque en
conquistando cada provincia,
luego reducían los indios a
pueblos y comunidad, y
contábanlos por parcialidades,
y a cada diez indios ponían uno
que tuviese cuenta con ellos, y
a cada ciento, otro, y a cada
mil, otro, y a cada diez mil, otro,
y a éste llamaban Huno [huno-
curaca], que era cargo
principal; y sobre todos éstos
en cada provincia un
gobernador del linaje de los Incas, al cual obedecían todos, y daba cuenta cada un
año de todo lo sucedido por menudo; es, a saber, de los que habían nacido, de los
que habían muerto, de los ganados, de las sementeras.”
Efectivamente, el sistema de numeración de los incas era decimal, como lo
confirma, por ejemplo, el cronista Felipe Guamán Poma de Ayala en su
texto Nueva corónica i buen gobierno (1615), al referirse a los quipu-camayos, los
funcionarios de imperio que manejaban los quipus, dice así:
“…numeran de cien mil y de diez mil [y de mil] y de ciento y de diez hasta llegar a
uno.”
Y también explica cuáles son las palabras utilizadas en la lengua Quechua para
designar a los números:
“Suc [uno], yscay [dos], quinza [tres], taua [cuatro], pichica [5], zocta [6], canchis [7
], puzac [8], yscon [9], chunga [10], yscay chunga [20], quinza chunga [30], taua
chonga [40], pisca chunga [50], zocta chunga [60], canchis chunga [70], pozac
chunga [80], yscon chunga [90], pachaca [100], uaranga [1000].
Chunga uaranga [10000][es un]huno, pachaca huno [100 x 10000], uaranranga
[sic] huno [1000 x 10000], pantacac huno [incontable]”
Los incas utilizaban un dispositivo con cuerdas, el quipu (palabra que en Quechua
significa “nudo”), para representar los números. Pero el quipu era más que un
sistema de escritura numérica, era un instrumento para registrar información,
como datos estadísticos relacionados con los datos de censo, la contabilidad
tributaria, registros económicos y de producción, e informaciones numéricas
similares relacionadas con el imperio Inca y su gobierno, que permitía conservar
de forma duradera dichas informaciones numéricas.
Los Quipus podrían registrar
también otro tipo de
informaciones, como
información histórica, poemas
y canciones, genealogías,
temporales, o incluso funcionar
como calendario. Como
podemos leer en el
mencionado texto de José de
Acosta:
“Fuera de esta diligencia,
suplían la falta de escritura y
letras, parte con pinturas,
como los de Méjico, aunque
las del Perú eran muy groseras
y toscas; parte, y lo más,
con quipos. Son quipos unos
memoriales o registros hechos
de ramales, en que diversos
nudos y diversos colores significan diversas cosas. Es increíble lo que en este
modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de historias, y leyes, y
ceremonias y cuentas de negocios, todo eso suplen los quipos tan puntualmente,
que admiran. Había para tener estos quipos o memoriales oficiales diputados, que
se llaman hoy día Quipocamayo, los cuales eran obligados a dar cuenta de cada
cosa, como los escribanos públicos acá, y así se les había de dar entero crédito;
porque para diversos géneros, como de guerra, de gobierno, de tributos, de
ceremonias, de tierras, había diversos quipos o ramales; y en cada manojo de
estos nudos y nudicos y hilillos atados, unos colorados, otros verdes, otros azules,
otros blancos, y finalmente tantas diferencias, que así como nosotros de veinte y
cuatro letras, guisándolas en diferentes maneras, sacamos tanta infinidad de
vocablos, así éstos de sus ñudos y colores sacaban innumerables significaciones
de cosas.”
Y como dice el texto de José de Acosta, los funcionarios del imperio encargados
de manejar los quipus eran los quipucamayos, que tenían como trabajo construir
los quipus, registrar las informaciones e informar de
las mismas (es decir, interpretar los quipus) a los
gobernantes. Había distintos quipucamayos que se
dedicaban a recoger diferentes tipos de
informaciones.
Dibujo de un quipucamayo, de hecho, el “contador
mayor y tesorero” que informaba directamente al Inca,
del libro «Nueva corónica i buen gobierno» (1615), de Felipe Guamán Poma de
Ayala, que aparece con los dos instrumentos matemáticos incas, el quipu y la
yupana, o ábaco inca
Cada aldea, provincia, región tenía sus propios quipucamayos. Loa gobernantes
utilizaban estas informaciones para el gobierno de aldeas, provincias, regiones o
todo el imperio inca. Como escribe el cronista Poma de Ayala “con los cordeles
gobernaban todo el reino”.
Dibujo “los depósitos del inca”, del libro «Nueva
corónica i buen gobierno» (1615), de Felipe Guamán
Poma de Ayala, en el que se ve al administrador de
los depósitos del inca, con un quipu en las manos,
haciendo inventario del contenido de los depósitos
ante el décimo Inca Topa Ynga Yupanqui
Los quipus eran cuerdas, normalmente fabricadas
con algodón o fibra de camélido (obtenida de las
llamas y alpacas), que solían constar de una cuerda
principal, que era la columna vertebral del quipu, del
que colgaban, anudadas a la cuerda principal, una
serie de cuerdas colgantes sobre los que se
realizaban los nudos que representaban los
números. De estas cuerdas colgantes podían a su vez colgar otras cuerdas
colgantes secundarias o incluso podían existir cuerdas superiores.
¿Cómo se representaba un número, mediante
nudos, en cada uno de las cuerdas colgantes?
Existían tres tipos de nudos, los nudos simples,
los nudos largos y los nudos en forma de ocho.
El nudo con forma de 8 representa al 1, pero
solamente en la que va a ser la zona o posición
de las unidades, los nudos largos representan
los números del 2 al 9, en la zona de las
unidades, y cada uno de los nudos simples
representa una unidad en las posiciones de las
decenas, centenas, millares, etcétera, de forma
que si queremos representar cualquier cifra del
1 al 9 en una de estas zonas se hacen tantos
nudos simples como indique la cifra, por
ejemplo, 5 nudos para la cifra 5.
En la cuerda colgante en la que queremos representar nuestro número se marcan
zonas numéricas equidistantes en función de las necesidades. La zona de las
unidades sería la zona más alejada de la cuerda principal, la siguiente zona, hacia
la cuerda principal, serían las decenas, la siguiente las centenas y así hasta la
cantidad de zonas que se necesiten para representar nuestro número.
En el siguiente ejemplo de cuerda colgante de un quipu que he simulado, el
número representado es el 123, ya que, en la zona más baja, por lo tanto la de las
unidades, hay un nudo largo triple, luego nos marca un 3 en las unidades, en la
siguiente zona, la de las decenas, tenemos dos nudos simples, luego nos marca
un 2 × 10 = 20, y en la zona más cercana a la cuerda principal, la de las centenas
en este caso, hay un nudo simple, luego marca un 1 × 100 = 100, y el número
representado es el 3 + 20 + 100 = 123.
No existía una cifra específica
para el cero, pero los incas sí eran
capaces de utilizar el vacío en la
cuerda para representar que en
esa posición no había ningún
valor, es decir, se correspondía
con el valor cero. Lo cual es
esencial para cualquier sistema
posicional, como pueda ser este o
el indo-arábigo. En el siguiente
ejemplo hemos representado el
número 1.201, ya que en la zona
de las unidades hay un nudo de 8,
luego toma el valor 1, en la zona
de las decenas no hay nudo, por
lo tanto, el valor cero, en la zona
de las centenas hay dos nudos simples, luego toma el valor 2 × 100 = 200, y en la
zona de los millares hay un nudo simple, esto es, 1 × 1.000 = 1.000, luego el
número representado en este quipu simulado es el 1 + 200 + 1.000, es decir, el
número representado por 1.201 en nuestro sistema de numeración indo-arábigo.
En algunos quipus no solo se utilizan
los nudos largos en la posición de las
unidades, sino también para las demás
posiciones, decenas, centenas, millares,
etcétera. Por ejemplo, el número representado en el siguiente dibujo de un quipu,
del magnífico libro de Georges Ifrah Historia universal de las cifras, es el 3.643,
puesto que hay un nudo largo triple en las unidades (3), un nudo largo cuádruple
en las decenas (40), un nudo largo séxtuple en las centenas (600) y un nudo largo
triple en los millares (3.000).
Un grupo de cuerdas colgantes podía
estar unido para representar una serie de
cantidades (con el valor que tuviesen
estas, número de personas, cabezas de
ganado, etcétera) y su suma, como en la
imagen siguiente. Las cuerdas A, B, C y D
representan los valores, 38, 273, 258 y 89,
respectivamente, y la cuerda colgante E,
que engancha a las otras, representa la
suma de estas cantidades 658 = 38 + 273
+ 258 + 89.
Comenta Georges Ifrah que en el siglo XIX los
pastores de las altiplanicies peruanas todavía
registraban el número de animales mediante los
quipus. Y presenta el siguiente ejemplo. Con
cuerdas blancas (derecha en la imagen) se
registraba el ganado caprino y ovino, en la
primera cuerda las ovejas (254 en el ejemplo), en
la segunda los corderos (36), en la tercera las
cabras (300), luego los cabritos (40), los carneros
(244), etcétera, cuyo total se recogía en la cuerda
de enganche (874 cabezas de ganado caprino y ovino). Con las cuerdas verdes
registraban el ganado bovino, en la primera cuerda los toros (203), en la segunda
vacas lecheras (350), en la tercera vacas estériles (235), etcétera, y en la cuerda
de enganche el total (788).
Como en el ejemplo
anterior, de los pastores
peruanos, el color de los
quipus tenía diferentes
significados. Por ejemplo,
en el libro Antigüedades
peruanas, de M. E. Rivero y
J. D. de Tschudi, se explica
que, por ejemplo, el rojo
significaba un soldado o
guerra, el amarillo, oro, el
blanco, plata o paz, el
verde, trigo o maíz, etcétera.
Incluso hoy en día, los
indios de Bolivia y Perú
siguen utilizando un sistema para registrar números emparentado con el quipu,
cuyo nombre es el chimpu. Cada número está representado en un manojo de
cuerdas, los nudos atados sobre una sola cuerda son las unidades, los nudos
atados sobre dos cuerdas son las decenas, sobre tres cuerdas las centenas, sobre
cuatro los millares, y así hasta la potencia de 10 que se necesite para cada
número. En el siguiente ejemplo, que representa el número 5.477, los 7 nudos (o
nudo largo de grado 7) que está más abajo, y que están sobre una sola cuerda,
representan las unidades, los siguientes 7 nudos, que juntan dos cuerdas, son las
decenas, después vienen las centenas, que son 4 nudos atados sobre tres
cuerdas y, por último, 5 nudos atados sobre las cuatro cuerdas los millares.
El quipu es un sistema de representación de los números basado en los nudos
con cuerdas que utilizaron los incas, sin embargo, no es el único sistema de
representación con nudos y cuerdas que ha existido. Han existido otros muchos
ejemplos desde la antigüedad, … “pero esa es otra historia y debe ser contada en
otra ocasión”.
En mi siguiente entrada de la sección Matemoción hablaré sobre la yupana o
ábaco inca.
La poeta y artista visual chilena Cecilia Vicuña trabaja con el concepto de quipu en
sus obras. Un ejemplo es la obra «Quipu womb» –quipu matriz-, de 2017
0000000
Los quipus servían para representar los números, relacionados con los
diferentes usos de estos instrumentos matemáticos y sociales, sin
embargo, no servían para realizar operaciones aritméticas como sumas,
restas, multiplicaciones y divisiones. Como mucho podían registrar los
resultados de una operación aritmética, como mostramos en la anterior
entrada con la suma de cuatro cantidades y su resultado, 658 = 38 +
273 + 258 + 89.
Para realizar las operaciones aritméticas utilizaban una especie de
ábaco, que el cronista José de Acosta (1540-1600) menciona en su
texto Historia Natural y Moral de las Indias, como “quipus de granos de
maíz”.
El jesuita José de Acosta nos describe la destreza con la cual los indios
realizaban sus operaciones aritméticas con este instrumento de
contabilidad inca, el “quipu de granos de maíz”, que hoy se conoce con
el nombre de “yupana” (que procede del término quechua “yupay” que
significa contar) o, simplemente, “ábaco inca”.
Sin embargo, en el texto de José de Acosta no se describe cómo es ese
dispositivo para realizar operaciones aritméticas, ni cómo funciona. Otro
tanto pasa en el texto Comentarios reales de los Incas (1609) del
escritor e historiador Gómez Suárez de Figueroa (1539-1616), apodado
el Inca Garcilaso de la Vega, que también se maravilla con el manejo
que tenían del ábaco al decir que “hacían las cuentas con piedrezuelas y
las sacaban tan ajustadas y verdaderas…”. En dicho texto también
menciona que los indios sabían mucho de geometría y de aritmética.
Pero respecto al instrumento para realizar esos cálculos, el ábaco inca o
yupana, solo es mínimamente descrito en dos fuentes de la época. La
primera es la Historia del Reino de Quito y crónica de la provincia de la
compañía (1789), del sacerdote jesuita Juan de Velasco (1727-1792),
quien se refiere a “ciertos archivos o depósitos hechos de madera, de
piedra o de barro, con diversas separaciones, en las cuales se colocaban
piedrecillas de distintos tamaños, colores y figuras angulares”. Se
correspondería con una serie de artefactos encontrados en excavaciones
arqueológicas, como el que aparece en la imagen anterior, y que se
conocen como “yupanas arqueológicas”.
La otra fuente sobre la yupana es la imagen del quipucamayo que
aparece en el texto Nueva corónica i buen gobierno (1615), del cronista
Felipe Guamán Poma de Ayala, dibujado junto a los dos instrumentos
matemáticos incas, el quipu y la yupana.
Esta imagen es la única “especie de explicación” que existe sobre el
ábaco inca y su funcionamiento. A partir de la misma se ha intentado
reconstruir su funcionamiento, pero debido a la falta de información que
supone esa única imagen, existen muchas teorías que intentan
explicarlo. Veremos algunas de ellas.
En la mayoría de intentos de explicar el funcionamiento de la yupana de
Poma de Ayala se considera que, de forma similar a los quipus, el
sistema de numeración que está detrás de la yupana es un sistema de
numeración posicional decimal. Cada una de las filas se correspondería
con una de las potencias de diez, las posiciones de la representación del
número, es decir, las unidades (1), decenas (10), centenas (100),
unidades de millar (1.000) y decenas de millar (10.000).
La interpretación más antigua se debe al antropólogo sueco Henry
Wassen (1908-1996), que aparece en su artículo The ancient peruvian
abacus (1931). En su interpretación de la ilustración de Poma de Ayala
los círculos blancos representarían huecos del ábaco en los que colocar
los maíces o piedrecitas, de forma que los círculos negros de la imagen
representarían huecos en los que ya se han colocado los maíces.
Además, Wassen asigna a cada una de las columnas, de izquierda a
derecha, los valores 1, 5, 15, 30. Es decir, cada maíz en la primera
columna de la izquierda tendría el valor de 1, dentro de la posición
correspondiente en función de la fila, cada maíz de la segunda columna
tendría el valor 5, el valor 15 en la tercera y 30 en la última.
De esta forma, la yupana representada por Poma de Ayala estaría
representando al número 408.257. En la primera fila, la de las unidades,
tendríamos 2 maíces en la primera columna (2 × 1), más tres en la
segunda (3 × 5), ninguno en la tercera (0 × 15) y un maíz en la cuarta
columna (1 × 30), en total, 2 + 15 + 30 = 47. De la misma forma se
realizaría el cálculo para las demás filas, obteniéndose el resultado
mencionado,
47 + 21 × 10 + 20 × 100 + 36 × 1.000 + 37 × 10.000 = 408.257.
Una de las cuestiones que llaman la atención de esta interpretación es
que hay números que se pueden representar de varias formas. Por
ejemplo, el número 47 mencionado antes también se podría obtener
como (2, 0, 1, 1), es decir, 2 maíces en la primera columna, ninguna en
la segunda, 1 en la tercera y 1 en la cuarta, frente a la representación
anterior (2, 3, 0, 1). Aunque esto bien podría tener la intención de dejar
espacios para manejar los maíces en el propio proceso de la operación
aritmética.
Aunque una de las mayores críticas a esta interpretación de la yupana,
motivo por el cual se quedaría rápidamente desfasada, es la complejidad
de la misma.
George G. Joseph en su libro La cresta del pavo real realizó una
interpretación similar, pero más sencilla, y en su opinión más plausible
que la de Wassen, de la yupana de Poma de Ayala. Para Joseph los
maíces o piedrecillas de cada columna tendrían siempre el valor de una
unidad (1), pero en la primera columna solo se podrían colocar 5 maíces,
es decir, habría 5 huecos, en la segunda 3 maíces, en la tercera 2 y en la
última 1.
De esta forma, el valor representado en la ilustración del ábaco inca de
Poma de Ayala sería 53.636, puesto que sería
6 + 3 × 10 + 6 × 100 + 3 × 1.000 + 5 × 10.000 = 53.636.
Una observación rápida de esta interpretación de la ilustración de Nueva
corónica i buen gobierno, me hace preguntarme que de ser esta la
interpretación correcta, cuál es el motivo por el cual los maíces (círculos
negros en la imagen) están colocados en esas posiciones y no en otras.
Por ejemplo, tanto en la primera fila como en la tercera hay 6 maíces en
cada una de ellas que representan el 6 en cada una de las posiciones,
pero están colocadas en diferentes posiciones, mientras que, si el
objetivo es solamente representar a los números, sería más lógico y en
orden, de izquierda a derecha, rellenando huecos.
Una posible explicación estaría en el hecho de que la yupana no es
simplemente para representar números, sino para realizar operaciones
aritméticas, y Poma de Ayala podría estar representando el resultado de
una operación aritmética, por ejemplo, una multiplicación, de forma que
los maíces habrían quedado en la posición consecuencia de los
movimientos de la operación aritmética.
George G. Joseph se aventura a intentar explicar cómo serían las
operaciones aritméticas con la yupana, según su interpretación de la
misma. Como él mismo comenta, la adición y la sustracción no
plantearían muchos problemas, y la forma de realizarse sería más o
menos sencilla.
Pero realiza la siguiente conjetura sobre el mecanismo de multiplicación
con el ábaco inca. Supongamos que se quieren multiplicar los números
116 y 52. Teniendo en cuenta que 52 es igual a 5 × 10, primero se
desplazaría una fila hacia arriba la representación del número 116 con
maíces, es decir, se obtendría el número 1.160 (10 × 116). Ahora se
sumaría 1.160 a sí misma 5 veces (5 × 1.160), obteniendo 5.800. Y
finalmente se añadiría dos veces 116 al resultado anterior, obteniéndose
el valor buscado, 6.032, como se muestra en la imagen de abajo.
El método es esencialmente utilizar la idea de multiplicación sobre una
numeración posicional, ya que
116 × 52 = 116 × (5 × 10 + 2) = 116 × 10 × 5 + 116 × 2,
de forma análoga a como se realiza en otros procedimientos de
multiplicación para sistemas posicionales.
El historiador italiano radicado en Perú, Carlo Radicati di Primeglio
(1914-1990), propone también una interpretación en la que cada maíz
simboliza una unidad, como en el caso de Joseph, pero en su opinión se
podían poner hasta nueve maíces en cada recuadro, y no 5, 3, 2 y 1,
como sugiere la imagen del texto de Poma de Ayala. A partir de esa
suposición construye toda una serie de procedimientos para sumar,
restar, multiplicar y dividir, que pueden verse en su texto El sistema
contable de los Incas, Yupana y Quipu (1976).
Para terminar la entrada de hoy del Cuaderno de Cultura Científica
veamos la última de las interpretaciones, que podríamos clasificar como
clásicas, tanto por el momento en que son formuladas, como por el
hecho de que mantienen la suposición de un sistema de numeración de
la yupana es decimal y posicional. Es la propuesta del ingeniero textil
británico William Burns Glynn (1923-2014), quien cuando llegó a Perú
quedó fascinado por el arte textil peruano y por los quipus, y es quien
propuso el nombre de “yupana” para el ábaco inca.
La propuesta, en cuanto a la representación de los números dentro del
ábaco, es similar a la propuesta por George G. Joseph, con la diferencia
de que solo son válidas para la representación de los números las tres
primeras columnas (con 5, 3 y 2 huecos para piedras), mientras que la
última columna sería la columna de la “memoria”, y que sería un
elemento fundamental para los métodos de cálculo.
Por lo tanto, en cada fila puede haber hasta 10 piedras (5 + 3 + 2), y cuando se
tienen las 10 piedras, se pueden sustituir por una de memoria mientras se está
computando, lo cual equivale a una piedra en la siguiente fila (hacia arriba). Por
ejemplo, en la siguiente imagen se representa el número 53.906, según el modelo
de Glynn.
A partir de la interpretación de William Burns Glynn de la yupana, este propone los
posibles métodos para realizar las operaciones aritméticas que podrían utilizar en
el imperio inca. Veamos el sencillo proceso de suma, que esencialmente es el
mismo que en cualquier otro ábaco.
Supongamos que queremos sumar 489 y 754. En
primer lugar, se colocan las piedras en la yupana
representando uno de los números, por ejemplo, el
489, y se colocan las fichas que representarían el otro
número fuera de la yupana, al lado de la memoria,
como se muestra en la imagen.
A continuación, se empiezan a meter piedras de las
unidades que están en el lateral dentro de la yupana hasta completar las 10 (5 + 3
+ 2), en este caso solo una y quedando tres aún en el lateral. Una vez
completadas las diez se recogen y se pone una en la parte de la memoria,
quedando como en la siguiente imagen.
Como ya quedan huecos libres en las unidades de la
yupana, se colocan las piedras que aún quedan en el
lateral, que son tres, y después, la piedra de la memoria
se pasa a la siguiente fila, en este caso, a la de las
decenas. El resultado es el siguiente.
Una vez que hemos terminado con las piedras laterales
de las unidades, se realiza la misma operación para las
decenas. Solo queda un hueco libre en la segunda fila, la de las decenas, luego se
coloca una de las piedras laterales de las decenas y como se ha completado la
fila, se quitan las 10 piedras de esa segunda fila y se pone, en su lugar, una piedra
de memoria. Además, han quedado libres los huecos, por lo que se colocan las
piedras restantes del lateral de las decenas, que, en este caso, son 4. El resultado
es el siguiente.
Como antes, la piedra que está en la memoria (en la
parte de las decenas) se traslada a la siguiente fila de la
yupana, la de las centenas. Y de nuevo, se incorporan
las piedras del lateral, que en este caso son 7, a la zona de la yupana, y cuando
se complete la fila se quitan las 10 piedras y se coloca una en la memoria, dejando
sitio para continuar colocando las piedras del lateral. Y no nos olvidemos de subir
la piedra de la memoria, a la siguiente fila, en este caso, la de las unidades de
millar (como se muestra en la siguiente imagen). Como ya no hay más piedras en
el lateral para añadir se ha concluido la suma y el número que queda representado
es el resultado, 489 + 754 = 1.243.
La interpretación de Glynn de la yupana de Poma
de Ayala ha alcanzado cierta popularidad y se está
utilizando en la enseñanza, como una nueva
herramienta didáctica.
Existen más interpretaciones del ábaco inca que aparece en la ilustración de
la Nueva corónica i buen gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala, algunas
abandonan la condición de decimal del sistema de numeración y otros la condición
de ser un sistema posicional. Pero de estas otras interpretaciones más modernas
hablaremos en otra ocasi