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Psiquiatría Criminal y Conducta Delictiva

El documento aborda la Psiquiatría Criminal y la Psicología Criminal, analizando cómo las anomalías mentales influyen en la conducta delictiva. Se discuten los procesos mentales, la percepción, el pensamiento, la voluntad y la afectividad, así como su relación con la criminalidad. Además, se presentan teorías psicológicas sobre la conducta delictiva, enfatizando la importancia de factores biológicos y sociales en la formación de la personalidad del delincuente.

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El documento aborda la Psiquiatría Criminal y la Psicología Criminal, analizando cómo las anomalías mentales influyen en la conducta delictiva. Se discuten los procesos mentales, la percepción, el pensamiento, la voluntad y la afectividad, así como su relación con la criminalidad. Además, se presentan teorías psicológicas sobre la conducta delictiva, enfatizando la importancia de factores biológicos y sociales en la formación de la personalidad del delincuente.

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FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS

LICENCIATURA EN DERECHO

Asignatura:
Criminología

Tema
3er Resumen

Facilitadora
Gloria Henríquez

Participante
MAT. 202100353 Luis Reyes

24 de julio, 2024
Santo Domingo, República Dominicana
CAPÍTULO II
LA PSIQUIATRÍA CRIMINAL
La Psiquiatría Criminal, conocida también como Psicopatología Criminal, se define
como aquella rama de la medicina que estudia la conducta delictiva como
resultado de anomalías mentales
Portigliatti-Barbos señala los tres puntos de vista desde los cuales procede el
estudio psicopatológico de individuos que han manifestado conducta antisocial:
(1) Partiendo de la enfermedad para ver el comportamiento delictivo como
resultado de ésta.
(2) Partiendo de un estudio del delito para relacionarlo con la enfermedad mental.
Se pretende mediante este análisis establecer las características del
comportamiento criminal mediante el estudio del autor, antes, durante y después
de la comisión del delito para establecer diferencias entre individuos autores de
delitos similares.
(3) Estudiando al individuo en momentos específicos de su vida para estudiar su
reacción ante situaciones diversas o similares y asociarlas con su comportamiento
delictivo y la enfermedad mental.
Los procesos mentales
El órgano que representa la sede material del desarrollo de los procesos mentales
es el encéfalo (cerebro, tronco cerebral y cerebelo), vísceras cubiertas por las
meninges y rodeado por el líquido en cefalorraquídeo. No todas sus funciones son
necesariamente psíquicas. Muchas funciones son prevalecientemente motoras o
secretoras.
Guerin la define como una modificación peyorativa de un estado anterior con
carácter dinámico que conlleva un desorden apreciable determinante de una
limitación efectiva de la vida orgánica de relaciones que requieren intervención
terapéutica.
Muchos relacionan el término enfermedad con anormalidad. Esta identificación
resulta equivocada cuando pensamos que el concepto de normalidad no es
definible puesto que es relativo a la adaptación ambiental, la cual no es congénita
ni constitucional, sino el producto de manifestaciones vitales continuas para la
conservación de la vida. Debemos recordar que la adaptación es relativa a la raza,
a la estirpe, población y categoría profesional, entre otras.
Anomalía y el concepto de enfermedad mental
Con base en las consideraciones anteriores podemos definir la enfermedad mental
como una alteración o desviación de la norma en el estado anatómico del
encéfalo, ya sea primaria o secundaria a los demás procesos orgánicos.
Las enfermedades mentales pueden clasificarse en dos tipos: psicosis y
psicopatías. Las primeras son aquellas en las que el encéfalo ha sufrido o sufre
alteraciones de carácter procesal. Las segundas, se refieren a constituciones
mentales que representan desviaciones de la norma. Estas últimas se identifican
con la enfermedad mental constitucional. La Psicopatía, a diferencia de la
Psicosis, es innata, mutable y por lo general hereditaria.
La Psicosis, o enfermedad mental propiamente dicha, se divide en dos categorías:
funcional y orgánica. La primera es de tipo cuantitativo, es decir, de grado de los
fenómenos psíquicos. La segunda es de naturaleza cualitativa con un
correspondiente proceso anatómico alterado a causa de un tumor, mortificación de
tejidos o arterioesclerosis, entre otros.
EL PROCESO DE PENSAMIENTO Y LA ACCIÓN DELICTIVA
Al realizar el estudio del autor del delito a través de cualesquiera de los tres
acercamientos mencionados, el psiquiatra habrá de escudriñar la conducta del
individuo. Este estudio se hará en función de su personalidad en situaciones
específicas para determinar la existencia de relaciones entre enfermedad mental y
conducta delictiva por medio de las reacciones del individuo a los eventos con que
se enfrenta.
La conciencia
El estudio del proceso de actuación debe comenzarse por el análisis del estado de
conciencia que presenta el individuo. La conciencia se define como el conjunto de
fenómenos mentales que están presentes en el individuo en un momento dado.
Cuando utilizamos este término, nos referimos a procesos activos (de los cuales
nos darnos cuenta).
En otras palabras, el campo de la conciencia no cubre únicamente la vida del
momento, física y exterior, sino también cualquier modo de experiencia interior.
Repitiendo, podemos definir la conciencia como aquel conjunto de fenómenos
mentales que opera en un momento entendiéndose estos fenómenos como: la
conciencia de sí, de la relación individuo-objeto y la interioridad de la experiencia.
DISTURBIOS DE LA PERCEPCIÓN
A través de los sentidos (sensaciones) se suministra al pensamiento el material
que, por medio de un proceso de elaboración, se transforma en percepciones. La
percepción se define como una sensación interior que resulta de una impresión
material hecha por nuestros sentidos. Ahora bien, como veremos posteriormente,
si bien parte de una experiencia externa, es un hecho complejo que además de
sensaciones contiene recuerdos y otros elementos que tendrán importancia
significativa al delinear la conducta que será resultado de la sensación inicial.
Ello amplía la definición del concepto para incluir un elemento exógeno que
modifica la percepción como una reacción puramente biológica. Llamamos real a
aquello que la cultura nos ha mostrado como tal.
Ferrio nos señala como los principales disturbios de la percepción: las ilusiones
(percepciones erróneas derivadas de sensaciones reales) y las alucinaciones
(percepciones surgidas en modo autónomo, o sea, en ausencia de sensaciones
reales).
El pensamiento
Mencionamos que la percepción es producto también del recuerdo. Ello es de
fundamental importancia para entender el presupuesto esencial de la acción que
es el pensamiento. La conducta presume una actividad mental conocida como
"procesos asociativos" entre los cuales se destacan la observación y comprensión
del fenómeno situacional que se vive, la asociación o combinación de experiencias
vividas y un juicio crítico resultado de la suma de los fenómenos mencionados.
Esta resultante es la idea.
Si el pensamiento sufre disturbios, por necesidad, la idea que le resulta tendrá
carácter anormal. Esta anormalidad, además de por el mecanismo de
coordinación, se reflejará en su forma, calidad o contenido. Ferrio distingue dos
como los de mayor significación en el estudio de la Criminología: la idea delirante
y la prevaleciente.
La delirante es una idea de contenido erróneo y se relaciona con la persona del
individuo que la tiene. Se destacan entre ellas los delirios de persecución, de
grandeza, de ruina, de inferioridad, de culpa y de autoacusación. Es preciso
distinguirla del "delirio febril" en que este último corresponde a un disturbio de
conciencia y no del pensamiento.
La idea prevaleciente o como se conoce comúnmente "la idea fija", es aquella que
ha asumido una prevalencia injustificada sobre todas las demás. Se relaciona con
principios generales abstractos.
La memoria
En el proceso de pensamiento, la memoria o recuerdo juega un rol primordial, ya
que actúa "inconscientemente" sobre el comportamiento. La memoria es aquella
función mental a través de la cual se reproducen estados de conciencia ya
pasados.
En esta función se distinguen dos fases: la fijación o formación de trazas
mnemónicas la cual dependerá del grado de atención puesto sobre la escena que
vive y la evocación o reproducción de ellas, la facultad de disponer del material
previamente adquirido.
DISTURBIOS DE LA VOLUNTAD
Ferrio define la voluntad como la función mental que dirige todas las actuaciones
que se cumplen con la conciencia de alcanzar una meta y da lugar a un
comportamiento (tanto en condiciones normales como anormales) con
independencia del pensamiento a pesar de que le es subordinado.
Es de interés para los fines de la Psiquiatría Criminal hacer resaltar que la
voluntariedad en el despliegue de conducta delictiva trasciende el análisis forense
de imputabilidad en función de la determinación causal-explicativa. El acto
delictivo voluntario puede ser resultado de disturbios de otros mecanismos
mentales, especialmente de la percepción, del pensamiento y de la afectividad; los
cuales pueden ser calificados como indicios de peligrosidad en el individuo."
El instinto
Esta manifestación del ser humano (cuya existencia común a los seres vivos ha
sido negada o intercambiada con diferentes nominativos por muchos psicólogos
en la época contemporánea) se define generalmente como una tendencia
congénita y hereditaria que impulsa al individuo a ejecutar acciones útiles para la
conservación de sí mismo o de la especie sin necesidad de entender por qué las
lleva a cabo. Al igual que sucede con la voluntad, el instinto posee un componente
afectivo que sirve a procurar placer o evitar sufrimiento. En el hombre "el instinto"
se contrasta con el grado de desarrollo intelectual y la internalización de patrones
sociales de conducta.
La afectividad
Ferrio nos dice que se trata de un concepto más bien intuible por experiencias
introspectivas que definible; por cuanto cada fenómeno mental puede ser
coloreado por la afectividad. A mayor carga afectiva de una representación, más
fácil la traducción en una acción volitiva o instintiva. Los productos de la
afectividad se dividen, según el caso, en sentimientos o estados afectivos con
tonos diferentes de placer (alegría, satisfacción, ternura, amor) o de sufrimiento
(angustia, ira, envidia, desprecio, odio, celos).
El principal disturbio de la afectividad es la inadecuacidad afectiva o la ausencia
de concordancia entre afectividad y objeto de una representación.
La afectividad se considera de máxima importancia en el estudio criminológico,
además de por lo señalado, en relación con su determinación sobre la voluntad o
predominio instintivo sobre la conducta individual ya que en la mayoría de los
casos se llevan a cabo fuertes manifestaciones de afectividad. Ello es esencial
asimismo para la apreciación forense de la inimputabilidad.
CONCLUSIONES
Los nuevos descubrimientos van abandonando las teorías conductistas para, a
través de los avances tecnológicos modernos, explicar la conducta desde un punto
de vista puramente biológico. Como hemos visto, la genética está en posición de
demostrar en un futuro cercano el sustrato anatómico patológico, causa de
anormalidades resultantes en conductas que podrían ser o son clasificadas como
delictivas.
CAPÍTULO III
LA PSICOLOGÍA CRIMINAL
El fin de la Psicología Criminal es el estudio psicológico diferencial de aquellos
individuos comúnmente denominados criminales o delincuentes, por el hecho de
que ejecutan acciones que hacen imposible o ponen en grave peligro la
cooperación y la convivencia de los individuos que constituyen una sociedad civil
que sea estable y de larga duración. Así define Di Tullio la Psicología Criminal.
A diferencia de la Psiquiatría Criminal, que como hemos visto, fundamenta sus
postulados en el establecimiento de una relación causal entre enfermedad y delito,
la Psicología Criminal postula la etiología de la conducta delictiva en una
caracterología anormal físico-psíquica o socio-psíquica del delincuente, no
necesariamente patológica, utilizando como punto de partida el delito y sus
modalidades con el propósito de establecer una tipología delincuencial.
Los métodos que utiliza son de tipo ya bien directo o indirecto, funcional,
morfológico o social con particular interés en un estudio psicográfico analítico del
delito, ya que como dice siempre Di Tullio "el estudio del delito revela la
personalidad del delincuente en cuanto, con especial atención a los delitos graves,
son acciones excepcionales que requieren la convergencia de todas las fuerzas
que dispone el agente.
Como estudio del dinamismo psíquico del delito que es, la Psicología Criminal
muestra un marcado interés en la vida e historia de la personalidad en la dinámica
criminal. Lo hace a través del estudio del individuo delincuente en sus aspectos
constitucionales, familiares, raciales y ambientales. Pone particular atención al
estudio de los factores que puedan ser asociados a la manifestación de una
conducta delictiva ya sea a nivel consciente o inconsciente y en lo que respecta a
la criminalidad latente.
La investigación de los factores mencionados como: el de mayor o menor
propensión a delinquir, la lucha entre los estímulos criminales y la resistencia
individual que componen la dinámica del delito, van dirigidos a establecer el grado
de predisposición a éste ya sea a nivel constitucional, fisiopsíquico o social
Teorías psicológicas sobre la conducta delictiva
Como mencionáramos al introducir este capítulo, el psicólogo criminal tratará de
explicar la conducta delictiva según su extracción cultural ya bien sea sociológica
o biológica. De ahí que abunden las teorías psicológicas sobre la génesis de la
conducta adheridas a una u otra tendencia, esto es, las llamadas biosociológicas y
las sociopsico- lógicas. Los primeros, como se deduce de su descripción
etimológica, intentan explicar la conducta en términos biológicos, hereditarios o
constitucionales y no son otros que los explicados bajo el capítulo sobre
Antopología Criminal. Los segundos, intentan explicar el fenómeno delincuencial a
base del estudio de la familia y la sociedad.
Hemos llamado la atención a la definición de personalidad fundamentada en su
identificación con la resultante de factores endógenos y exógenos que se
manifiestan en el individuo a través de su conducta o reacción en situaciones.
Adhiriéndonos a esta definición, y de acuerdo con Shore, en que la conducta
antisocial se concibe como un fenómeno definido socialmente e íntimamente
vinculado a valores culturales y muchas veces dependiente de la interpretación
que de ciertos patrones de conducta le dan las agencias responsables de
reglamentar la interacción social, trataremos de explicar el acercamiento
psicológico desde dos puntos de vista: el representado por la teoría psicoanalítica
y el que postula la teoría del aprendizaje social.
Estas sugieren que la adaptación social del individuo que le permite controlar
impulsos, posponer ciertas gratificaciones y experimentar culpa, es producto de un
desarrollo de etapas que resultan en el proceso de maduración y las experiencias
del ambiente.
Es curioso e interesante el hecho de que, en la época contemporánea, los
psicólogos que se preocupan de la conducta delictiva ponen énfasis en la
indagación de la internalización de los patrones éticos en el individuo, sobre todo,
en lo que concierne al diagnóstico de estados de peligrosidad en el individuo. De
ahí que De Greff planteara ante el Congreso Internacional de Criminología de
París en 1950 lo siguiente:
Me apresuro a decirles, aunque en general no se haya tenido en cuenta desde
hace mucho tiempo, que el valor moral previo de un sujeto constituye un factor
esencial; realmente, hace falta haber estado ciego para no haberlo advertido. Es
evidente que el hombre que, durante toda su vida, ha actuado según ciertos
principios, que está habituado a una disciplina moral se comporta bajo la
influencia de la enfermedad, de un modo muy distinto al del que está
acostumbrado a vivir sin principios. Esto no es, naturalmente, absoluto; pero en
todo caso, aporta un coeficiente de seguridad muy importante.
En continuación a la presentación de esta cita, Hesnard nos señala que De Greef,
a través de su obra, publicó observaciones instructivas que demuestran que a
menudo existen individuos, normales o incluso enfermos, capaces de tomar una
decisión en función de su "estructura moral anterior". "Ahora bien", indica Hesnard,
"esta estructura no puede ser revelada con seguridad más que por la exploración
de la subjetividad, cosa que implica la seguridad de las confidencias."
Regresando en términos generales a las "teorías del desarrollo", cabe señalar que
las mismas asumen un orden en etapas al desarrollarse la moralidad en el niño
que puede ser dilatado o prematuro dependiendo de las influencias del
medioambiente. Esta aseveración preocupó a Shore, quien se inquirió sobre la
relación existente entre la comprensión de la moralidad de un acto y el
comportamiento de acuerdo con los principios morales.
La rama de la Psicología llamada "social evolutiva" ha contribuido grandemente al
estudio de la conducta delictiva en cuanto se interesa inter alía en el estudio de las
normas y convenciones sociales y en el modo en que las personas conciben las
leyes.
Pacheco examinó el desarrollo del concepto de la ley en niños puertorriqueños
entre las edades de diez a dieciocho años. Concluyó que en diversos momentos
del ciclo vital de las personas se poseen diferentes modos de entender el mundo
social y los conceptos y entendimientos culturales en que cobra realidad.
Los hallazgos de Pacheco demostraron que para los niños más pequeños (edades
entre 10 y 12 años) la preocupación principal era las consecuencias en términos
físicos de la desobediencia de la ley cuando se sorprende a la persona en la
comisión del delito
Las investigaciones realizadas por Pacheco son de gran utilidad para el estudio de
la Psicología Criminal en cuanto representan los índices que deben utilizarse al
establecer los criterios legislativos para la exigencia de responsabilidad criminal de
los menores, los cuales deben corresponder al desarrollo moral y social de la
persona a quien se atribuye la imputabilidad.
La teoría psicoanalítica
Con base en el esquema freudiano de la psiquis que involucra tres instancias: de
un lado las pulsiones del inconsciente (ID); del otro, el (YO) que controla las
pulsiones e impide traducción en manifestaciones comportamentales, y entre
ambos el (SUPER-YO) quien cita las pautas "éticas" que dominan la conducta
humana; la teoría psicoanalítica enuncia que la conducta delictiva es resultante de
fuerzas instintivas producto del sub-consciente.
De acuerdo con estos postulados, el hombre normal es el sujeto cuyo super-yo
inhibe con facilidad las tendencias agresivas y los instintos criminales que
caracterizan al hombre delincuente. Ello es así toda vez que se supone ha logrado
en el desarrollo de su función moralizadora y socializadora la posibilidad de
adaptarse a la realidad social.
El hombre delincuente, por el contrario, es víctima de sus instintos peligrosos, ya
que por poseer un super-yo débil o por su ausencia, se deja sobrellevar por las
pasiones sin poder rechazarlas cayendo, como resultado, en conducta criminal.
El cine y la prensa han difundido un cierto tipo de criminal duro, prestigioso por su
audacia, vencedor en los "ajustes de cuentas" y contra todos los obstáculos,
generalmente fuera de la ley, contrapuesto a los astutos policías y presentado
como campeón de la moral y enderezador de entuertos.
La teoría del aprendizaje social
El aprendizaje social encuentra filiación en los estudios de un grupo de científicos
sociales que postulan que la personalidad se modela a base de reacciones a
estímulos. Las teorías expuestas por los componentes de este grupo intentan
explicar la adquisición y retención de nuevos tipos de conducta que aparecen con
la experiencia, por lo cual, cobra particular importancia la teoría del aprendizaje.
La teoría del aprendizaje fue definida por Dollard y Miller, precursores de la teoría
del aprendizaje social, como sigue:
En su forma más simple, es el estudio de las circunstancias en las cuales se
conecta una respuesta con un estímulo de señal. Después de completado el
aprendizaje, la respuesta y la señal, quedan vinculadas de tal manera, que la
aparición de la señal evoca la respuesta...
En la teoría de Dollard y Miller el hábito constituye uno de los conceptos claves. El
cuerpo de esta teoría se interesa en la especificación de las condiciones en que el
hábito se adquiere, se abandona o modifica señalando que su estructura depende
de los eventos particulares a los que el individuo ha estado expuesto.
Básicamente la teoría señala la importancia que tienen sobre el aprendizaje las
condiciones en que se manifiesta y cómo éstas actúan sobre el desarrollo de la
personalidad.
La verdadera teoría del "aprendizaje social" cobra vida con los estudios de
Bandura y Walters" que fundamentan sus postulados en que la mayor parte de la
conducta humana es adquirida y que los principios del aprendizaje son suficientes,
para explicar la personalidad en desarrollo, así como el hecho de que gran parte
del aprendizaje importante tiene lugar fuera de él: observa la conducta de otro y
tiende a imitarla o a modelarse un parecido con el otro.
Los medios de comunicación de masas y la criminogenésis
La teoría del aprendizaje social desató en la última década una serie de hipótesis
y estudios centralizados en el efecto de los medios sobre la conducta agresiva,
con particular interés en los que utilizan representaciones visuales como la
televisión y el cine. "La información obtenida de los estudios señala que una
relación causal "medios- conducta delictiva" se patentiza por lo general en
individuos bastante jóvenes (12 a 18 años de edad) quienes representan aquellos
espectadores televisivos o cinematográficos que revelan un interés y curiosidad
particular en los programas. Esta conclusión resulta de vital importancia a la luz de
la teoría del aprendizaje social" la cual afirma que la exposición a los medios de
comunicación puede producir tres efectos diferentes:
1. Respuestas imitativas (molding effect), situación particularmente significativa
cuando el estímulo se enmarca en valores culturales diferentes a los de quien lo
recibe.
2. Efecto inhibitorio o desinhibitorio de una conducta internalizada previamente.
3. Efecto desencadenante (eliciting effect) de conductas diversas no
necesariamente nuevas ni inhibidas, sino que resultan de un aprendizaje
precedente. La conducta aprendida puede modelar en el individuo, sobre todo si
se encuentra en etapa de desarrollo de la personalidad, formas nuevas de vida
atadas posiblemente a medios delincuenciales de existencia.
Si aplicamos la teoría de Bandura con particular interés en el efecto imitativo de la
exposición a los medios, sobre todo en lo que respecta a la televisión comercial,
que en nuestra sociedad es el medio más frecuente al cual el niño está expuesto,
podremos constatar su verificación. La mayor parte de la transmisión televisiva
diaria está dedicada a anuncios de propaganda comercial cuya finalidad reside en
lograr identificar el producto en venta con los valores económicos de la sociedad
consumista.
La teoría que promulga que la exposición a los medios que representan conducta
violenta es un factor precipitante de conducta agresiva no es reciente.
En 1972 el Instituto Nacional de Salud Mental del antiguo Departamento de Salud,
Educación y Bienestar Público de los Estados Unidos publicó cinco volúmenes
titulados Televisión and Social Behavior con los cuales pretendió establecer una
relación causal entre violencia televisada y conducta delictiva sin poder elaborar
una teoría que demostrase la existencia real de la misma.
CONCLUSIONES
Al igual que al tratar el estudio de otras ciencias causal-explicativas, tampoco
debemos concluir que existe una respuesta definitiva o certera desde el punto de
vista psicológico a la interrogante sobre "la causa" del comportamiento criminal.
Los adelantos en el campo de la Antropología han tendido hacia un acercamiento
de naturaleza endógena integrando las ciencias biológicas y psicológicas para
explicar al hombre a través de la interacción del sistema genético y el ecosistema.

CAPÍTULO IV
LA SOCIOLOGÍA CRIMINAL
"El hombre vive y sueña, configura sus ideales, formula sus preguntas, especifica
sus propias rebeliones, entrena su cuerpo y su mente dentro de la cultura de su
propia sociedad. Sueña los sueños que su cultura le sugiere, desea los deseos
que su cultura fomenta y teme lo que su cultura le hace temer. ¡Se siente orgulloso
de aquellas empresas que su cultura alaba...”!
Estas palabras que aquí transcribimos reflejan una realidad que ha hecho de la
Sociología Criminal uno de los acercamientos de mayor aceptación entre aquellos
que tratan de explicar las causas del comportamiento delictivo. Desde los albores
de la Criminología se destacaron la significancia del ambiente, del aprendizaje y la
imitación como elementos indispensables de la conducta criminal indicativos de
que la misma es la respuesta de algunos individuos a los estímulos modulados por
la sociedad.
Siguiendo los esquemas de vida adoptados por las distintas sociedades, se ha
tratado de estudiar la conducta desviada tomando como punto de partida
diferentes aspectos, tales como la influencia de las normas sociales sobre la
conducta del individuo, la relación entre norma penal y la reacción social a la
misma, así como la vida asociada al delito. Las principales vertientes sobre las
cuales se desarrolló la Sociología Criminal fueron: (a) el estudio de las
manifestaciones criminosas en su aspecto fenomenológico fundamentado en el
cambio social a base de tiempo y lugar y (b) la investigación causal del factor
criminógeno con base en la dinámica de grupo.
El modelo consensual
Bajo esta clasificación Szabó reúne aquellas teorías que "aceptan ... la adaptación
del organismo social a las exigencias del cambio, inherentes al funcionamiento del
sistema social". La noción de adaptación es la clave que sirve de lazo común a
todas pues, según esta clasificación, la conducta desviada es resultado de alguna
falla en el proceso de adaptación del individuo a las normas del conglomerado.
Los primeros intentos para explicar la conducta delictiva buscaron identificar los
factores asociados con la desadaptación en la desintegración de la familia con
base en una ruptura ya de naturaleza física y/ o psicológica, en la falla de la
escuela como institución y en la influencia de las pandillas con jefes "antisociales"
que sirven de modelo a los adolescentes.
En los años veinte surge la Escuela de Chicago' con un enfoque sociológico que
clasificaba la conducta humana, las estructuras, actitudes y valores del individuo
en función del grupo social. El enfoque de esta Escuela fue de tipo ecológico.
Focalizó las áreas adyacentes a los grupos comerciales e industriales como las de
mayor concentración delincuencial.
La anomia
El concepto de anomía fue acuñado por Emile Durkheim en su obra Le Suicide
para significar una pérdida de identificación del individuo con su grupo social
fundamentada en la desintegración resultante de una carencia de medios para
lograr sus aspiraciones.
En su significado etimológico el término "anomía" representa una ausencia de
normas. Sebastián de Grazia en The Political Community la define como el estado
desintegrado de una sociedad carente de un conjunto de valores comunes o de
preceptos morales que gobiernan de modo eficiente la conducta. Robert Merton la
definió como un derrumbe de la estructura cultural que tiene lugar cuando existe
una aguda discrepancia entre metas y normas y la idoneidad de los individuos
integrantes del grupo para actuar en concordancia con aquéllas.
La subcultura criminal
La teoría de la anomia se desarrolla dando paso a un enfoque fundamentado en el
conflicto representado por el choque de culturas conocido como subcultura
criminal. Algunos han descrito este punto de vista como extensivo de la teoría de
la anomía, aunque sería más correcto expresar que nace como una crítica a
aquélla, ya que la confronta con el hecho de que las sociedades no están
compuestas por grupos con valores homogéneos.
Ambas situaciones caen bajo la definición de subcultura que la explica como: "los
agrupamientos de pautas de conducta... que están relacionados con la cultura
general de la sociedad, pero que a su vez se distinguen de ella...
Los que proponen la teoría de la subcultura criminal (Wolfgang, Ferracuti y
Downes, entre otros) la presentan como una tentativa de explicar en términos
psicosociológicos la relación entre frecuencia y naturaleza de ciertos tipos de
delito y las diferencias étnicas, culturales y ecológicas
Algunos sociólogos han ideado la noción de "contracultura" entendiendo que la
misma se aplica con más precisión para indicar a aquellos grupos que no sólo
discrepan de los patrones establecidos, sino que los desafían violentamente
El primero de estos estudios, llevado a cabo por Albert Cohen y reseñado en su
libro Delinquent Boys," se fundamenta en el análisis del sistema norteamericano
de clases. Señala cómo el sistema educativo de esta sociedad ha sido dirigido a
presentar como ideal el modelo de la clase media y el desarrollo de una
personalidad al amparo de esos valores.
Ello hace que el muchacho de la clase obrera que ha sido atraído, aun
inconscientemente, por sus padres hacia el modo de vivir de la clase media
internalice los patrones de desventajas en la competencia socio-económica. De
acuerdo con Cohen, para enfrentarse al problema, opta por una de las siguientes
tres soluciones: (1) va a la universidad para hacerse de una profesión y vivir
conforme a los patrones de la clase media, (2) acepta sus limitaciones (recuérdese
el tipo ritualista de Merton), o (3) opta por la solución delincuencial.
Vernon Fox define la identificación como la asimilación y adopción de la conducta
ajena diferenciándola de la identidad en que la primera, se refiere a los valores,
ambiciones y problemas de ajuste del mismo individuo. Erikson" desarrolló el
concepto de identidad definiéndola como la totalidad de experiencias acumuladas
en función de la capacidad de integración de éstas en unión a las motivaciones y
oportunidades que le ofrecen los roles sociales.
Siguiendo esta línea de pensamiento, en 1934 Edwin Sutherland desarrolló la
primera teoría sociológica, conocida como Asociación Diferencial, para explicar la
conducta delictiva fundamentada en la trascendencia de las relaciones sociales en
el desarrollo del patrón de comportamiento en un individuo.
Básicamente expone que la conducta delictiva es aprendida mediante la
interacción con otras personas a través del proceso de comunicación y que el
aprendizaje tiene mayor impacto en aquellos grupos en que la relación personal es
más íntima y estrecha.
A pesar de que las asociaciones diferenciales varían en frecuencia, duración,
prioridades e intensidad se puede establecer como fenómeno común en ellas el
aprendizaje de las técnicas utilizadas para cometer delitos, así como la
racionalización, motivos, instintos y actitudes relacionadas con la conducta
criminal.
En ella se destaca que el comportamiento del hombre se basa en el principio de la
reciprocidad y el interés mutuo y complementario; por lo que, respetará las normas
de su comunidad en la misma medida en que quienes las sigan recurran a la
premiación y al castigo para imponerlas.
A base de esta teoría la delincuencia será considerada como "negación de la
reciprocidad en los lazos sociales basados en el intercambio de servicios y en el
buen proceder". Esta definición es la resultante natural de una teoría que postula
el intercambio de aportaciones entre el sujeto y el medioambiente en que se
desenvuelve.
Para que ello se verifique, debe existir reciprocidad entre las aspiraciones
personales del individuo y las exigencias del medio para alcanzarlas. De no existir
el balance señalado, la delincuencia se explicará a base de las características que
se citan a continuación:
(1) Insuficiente gratificación del sujeto por el medio.
(2) Exigencias demasiado grandes del medio.
(3) Poca gratificación del joven, lo que crea en él un sentimiento de injusticia.
(4) Baja general de la cantidad de intercambios que relacionan al joven con su
medio.
(5) Baja general de la calidad de los intercambios con el medio que asemeja casi a
una ruptura.
(6) Preponderancia de los vínculos gratificantes con sujetos o grupos en
desacuerdo o al margen de la sociedad.
El crimen de cuello blanco
El término fue acuñado en 1949 por Edwin Sutherland como reflejo de su
preocupación por la identificación que, como resultado de los informes
estadísticos, se hacía entre criminalidad y estratos sociales menos privilegiados
sin representar la incidencia criminal de las clases media y alta en las cuales se
verifica también el fenómeno delictivo como medio para alcanzar el éxito
económico.
Sutherland dio a conocer informes sobre corporaciones y personajes políticos que
habían defraudado intereses.
Hoy día el término se extiende a aquellos actos delictivos cometidos por criminales
profesionales, no necesariamente provenientes de las altas esferas de la
sociedad, quienes infligen un daño económico de tipo substancial al gobierno, el
comercio y los individuos privadamente.
La contribución de Sutherland convierte en significativa la expresión de Veblen":
"el hombre pecuniario ideal es similar al delincuente ideal en lo que concierne a su
conversión (sin escrúpulos) de mercancía y servicios para su propio beneficio y
por el desprecio insensible que demuestra por los sentimientos ajenos y por los
efectos más remotos de sus acciones".
El modelo conflictual
Las teorías que se agrupan bajo este modelo nacen como una reacción a aquéllas
que postulaban la readaptación y rehabilitación como palabras claves del sistema
de justicia criminal. El fundamento de estas teorías reside en un enfoque contrario
al señalado bajo el modelo consensual. Consiste, no en readaptar al individuo a
los patrones de conducta de la sociedad, sino en cambiar las formas de dirigir el
sistema en relación con la conducta delictiva.
A quien despliega conducta en violación de los esquemas establecidos se le llama
"extraviado". La concepción del hombre y de la sociedad es diferente. No es ésta
la que debe cambiar a aquél sino el contrario. "Es preciso cambiar al otro, al
grupo, a la sociedad, todo el medio ambiente sociocultural y económico para
salvar al hombre".
Szabó cita a Michael Philipson, quien en su obra Sociological Aspects of Crime
and Delinquency, enumeró las siguientes características, entre otras, como
representativas del modelo conflictivo:
a) En lugar de buscar las causas de la delincuencia se busca la significación. Se
tiende a comprender... los procesos mediante los cuales llegan los actores a su
conducta específica.
b) Se tratará de definir a partir de las percepciones del actor el surgimiento, la
transmisión, la perpetuación y la modificación de los significados socioculturales
del acto delincuente.
c) Los individuos así comprendidos y analizados forman parte de grupos y clases
cuya existencia y conciencia son determinadas por experiencias comunes de
dependencia respecto de quienes ejercen el poder controlando el sistema
económico...
d) El paso del sujeto al acto no es resultado de un cálculo objetivo, de una
decisión racional entre alternativas que se representan La espontaneidad, la
libertad y la subjetividad siguen siendo los conceptos claves en la búsqueda de
motivación de un acto extraviante.
e) Las estadísticas, como indicadores de la delincuencia son recusadas. Pero
pueden aceptarse como indicios del funciona- miento de control judicial y social.
f) En el plano metodológico, este modelo se caracteriza por una total desconfianza
acerca del valor de las estadísticas 'oficiales', de la colecta de opiniones
estereotipadas y condicionadas por los medios de comunicación masiva...
CONCLUSIONES
Los científicos sociales han tratado de explicar la delincuencia indicando el
sistema sociopolítico como causa del desvío o extravío de la conducta propuesta
por la cultura o clase dominante. Hemos visto que las teorías clasificadas bajo uno
u otro modelo señalan cómo el sistema social inadecuado prepara el camino para
la delincuencia.
No hay duda de que lo aquí reseñado resultará de vital importancia para la
Criminología Aplicada en cuanto se refiere a la selección de la política pública que
habrá de regir la administración de la justicia. Las teorías de la Sociología Criminal
(que en muchas jurisdicciones identifican como única componente de la ciencia
criminológica) marcan el paso hacia una organización estatal sistemática, a través
de un régimen específico de incriminación, sanción y tratamiento tanto preventivo
como de control que redundará en alto beneficio para la reducción del fenómeno
delincuencial

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