PARCIAL - REGIMEN DEL PROCESO PENAL - TEMA 2 -
Franco Consoli. DNI 43.593.966.
2. Lea atentamente el caso. Identifique las garantías procesales penales vinculadas.
Localice normativamente y describa conceptualmente cada garantía. Vincule con el
caso concreto y analice si corresponde o no su aplicación
El caso describe una secuencia de eventos que inician con un episodio de violencia
de género y culmina con una sentencia condenatoria que presenta múltiples aristas
problemáticas desde la perspectiva de un correcto proceso legal respetuoso de las
garantías prestablecidas. En otras palabras, el caso seguido a Francisco exhibe
irregularidades sustanciales que conculcan derechos fundamentales de jerarquía
constitucional.
En primer lugar, a la luz de este caso resulta ineludible examinar la garantía del juez
imparcial, pilar del sistema de enjuiciamiento y manifestación directa del principio
acusatorio, del debido proceso y de la defensa en juicio (Llerena considerando 9). Su
basamento normativo se encuentra en el artículo 18 de la Constitución Nacional y en
diversos tratados internacionales con jerarquía constitucional (art. 75, inc. 22, CN), tales
como el artículo 8.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) y
el artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCyP).
La imparcialidad supone la ausencia de prejuicios o intereses del juzgador respecto
del caso sometido a su decisión. Conceptualmente, puede analizarse desde dos
perspectivas.
La Imparcialidad Subjetiva se refiere a la ausencia de prejuicios o intereses
personales del juez con respecto al resultado del pleito o las partes involucradas y se
presume, salvo prueba en contrario. En cambio, la Imparcialidad Objetiva se enfoca
en evitar que el juez tome contacto previo con el caso de un modo que pueda generar
dudas razonables sobre su neutralidad, sin cuestionar su honorabilidad personal.
Como lo ha señalado la Corte Suprema en el caso "Llerena", esta garantía ampara
al justiciable cuando éste "pueda temer la parcialidad del juez por hechos objetivos del
procedimiento". La separación de las funciones de investigar y juzgar es la expresión
más importante de la imparcialidad objetiva y del principio acusatorio. Un juez que ha
desarrollado o participado al menos durante la investigación preliminar, mínimamente
se ha formado una hipótesis fáctica o bien, inclusive, una presunción de culpabilidad, lo
que podría ocurrir naturalmente a raíz de haber impulsado el proceso hacia el juicio. Por
ello, no puede luego juzgar ese mismo caso con la ajenidad requerida en un proceso
punitivo de estas características. En sí, la función de esta garantía hace más que velar
por que preserve la confianza de los ciudadanos en la administración de justicia,
Al respecto, la Corte Suprema se ha expedido al respecto en varias ocasionas, En
efecto, a través del fallo mencionado “ut supra” se sostuvo, entre otras cosas, que la
participación de un juez/a en la instrucción y en el juicio resulta motivo suficiente para
ser apartado si hay un temor objetivo de parcialidad.
A su vez, dicha doctrina se vio respaldada mediante el fallo “Dieser”, conforme al
cual se reafirmó la imparcialidad como requisito estructural y se aseveró que la
acumulación de funciones instructores y de juzgamiento en un mismo magistrado
genera en el imputado dudas razonables sobre la neutralidad de quien lo va a juzgar.
En el caso, la jueza Soledad P. del Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas n° 20
fundamentó la prisión preventiva del imputado en una etapa previa a la instancia de
debate y, posteriormente, tras un concurso, fue designada para integrar el tribunal
colegiado que llevó a cabo el juicio oral y dictó la sentencia condenatoria.
Esta situación configura una violación palmaria de la garantía de imparcialidad
objetiva. En efecto, la jueza ejerció funciones instructoras que pudieron haber afectado
objetivamente su ajenidad con el caso, ya que al ordenador de oficio su la medida
coercitiva descripta, la jueza necesariamente debió realizar una valoración de la prueba
recolectada y a partir de ello concluir que existían elementos de convicción suficientes
sobre la existencia del hecho y la participación del imputado.
En segundo lugar, se ve comprometido el derecho de defensa en juicio y el principio
de contradicción
El artículo 18 CN asegura a todo imputado la posibilidad de ser oído y, entre otras
cosas, de controlar la prueba de cargo.
En este caso, el tribunal denegó la declaración de la víctima con el argumento de
evitar su revictimización. Si bien la protección de la víctima constituye un deber estatal
reforzado en materia de violencia de género (Confr. ley 26.485) ello no habilita a
anularlo por completo.
El testimonio de la víctima es una prueba crucial, especialmente en delitos que
suelen ocurrir en ámbitos de intimidad. Impedir su declaración en el debate priva a la
defensa de la posibilidad de controlar dicha prueba a través del contrainterrogatorio y de
cuestionar la versión acusatoria, lo que constituye un pilar del principio de
contradicción.
En este caso, el tribunal debió haber buscado una solución intermedia que
armonizara ambos intereses. Solo a modo de ejemplo, se podría haber dispuesto que la
nombrada prestada testimonio sin la presencia física del imputado en la sala, tal como lo
habilita el artículo 42 del CPP CABA. No obstante, al denegar por completo la
declaración, el tribunal no solo afectó el derecho de defensa, sino que convalidó la
incorporación por lectura de un testimonio producido en la instrucción sin el debido
control del contradictorio propio del juicio oral y público que pregona el sistema
acusatorio de este fuero local.
En tercer orden, se advierte una transgresión al principio de congruencia, también
conocido como correlación entre la acusación y la sentencia, que es una derivación del
derecho de defensa en juicio (art. 18 CN).
Exige que el hecho por el cual una persona es condenada sea el mismo que fue
objeto de imputación y debate durante el proceso. La Corte Suprema ha establecido
reiteradamente que este principio encuentra su límite "en el ajuste del pronunciamiento
a los hechos que constituyen la materia del juicio".
En efecto, el imputado tiene derecho a conocer de manera clara, precisa y
circunstanciada la acusación formulada en su contra para poder defenderse
adecuadamente (art. 8.2.b CADH). Una modificación sorpresiva del hecho en la
sentencia configura una violación a este principio, ya que el acusado no tuvo
oportunidad de ser oído y de ofrecer prueba sobre ese nuevo aspecto.
Si bien el tribunal puede apartarse de la calificación legal propuesta por las partes
(iura novit curia), no puede modificar el sustrato fáctico de la imputación. En ese
sentido, el cambio en la calificación jurídica es válido siempre que no altere los hechos
y no desbarate la estrategia defensiva.
En esa misma línea, en el fallo "Antognazza". la Corte concluyó que una
alteración de la imputación fáctica en la sentencia derivaba insalvablemente en una clara
violación del principio de congruencia cuando que no se viera ajustado al contenido de
la imputación respecto del cual el acusado había ejercido su derecho
En el caso bajo análisis, se observan dos violaciones a este principio. En primer
lugar, la Fiscalía acusó originalmente por abuso sexual, lesiones y amenazas. Sin
embargo, en su alegato final, solicitó condena por privación ilegal de la libertad en
concurso con los delitos anteriores.
Aunque los hechos que sustentan este nuevo delito (retener a Mónica en el
departamento) estaban descriptos desde el inicio, la calificación legal no había sido
parte de la imputación formal sobre la cual Francisco ejerció su defensa durante la
investigación preparatoria y la etapa intermedia.
En tal caso, el tribunal debió haber aplicado el mecanismo de ampliación de la
acusación previsto en el artículo 243 del CPPCABA, para informarle al imputado del
nuevo encuadre y darle la oportunidad al menos de ofrecer nuevas pruebas o preparar su
defensa. No obstante, al no hacerlo, vulneró su derecho a ser oído y a defenderse de
todos los extremos de la imputación.
De mismo modo, en la sentencia condenatoria, el tribunal, además de receptar la
calificación propuesta por la fiscalía, condenó a Francisco por el delito de robo simple
en concurso real con los demás, basándose en que le había arrebatado el celular a
Mónica. Este hecho, si bien descripto en la denuncia, nunca fue objeto de la acusación
formal ni por parte de la fiscalía en su requerimiento de elevación a juicio, ni en su
alegato final. Ello, se trata de un hecho nuevo, una circunstancia fáctica distinta que
agrava la situación del imputado y sobre la cual no tuvo oportunidad alguna de ejercer
su defensa.
La sentencia es, en este punto, “ultra petita” y viola flagrantemente el principio de
congruencia. Como señaló la Corte Suprema en "Fariña Duarte", no es posible
condenar por una circunstancia que el propio fiscal había excluido expresamente del
objeto de la acusación ya que ello violaba la correlación entre la acusación, el debate y
la sentencia y sorprendía ilegítimamente al encausado.
Finalmente, corresponde expedirse respecto de la garantía de juez natural, derivada
del art. 18 de la Constitución Nacional, la cual establece que nadie puede
ser sometido a juicio sino por magistrados previamente instituidos por la ley.
Para que ello se cumpla, es indispensable que el órgano jurisdiccional haya
sido creado de acuerdo a los mecanismos constitucionalmente
prestablecidos y que su competencia esté definida por ley.
En ese sentido, véase que la competencia constituye el ámbito legal que determina
qué asuntos, en razón de la materia, el territorio o la jerarquía, puede resolver un
tribunal. En tal caso, la jurisdicción, entendida como la potestad de impartir el servicio
de justicia, solo puede ejercerse válidamente cuando se hace dentro de los límites de esa
competencia legalmente atribuida.
En el caso concreto, la actuación del Fuero Penal, Contravencional y de Faltas de la
Ciudad Autónoma se encuentra condicionada por las leyes nacionales de transferencia
de competencias (Leyes 25.752, 26.357 y 26.702). Solo los delitos expresamente
transferidos integran el ámbito material de su competencia. Sin embargo, figuras como
la tentativa de abuso sexual con acceso carnal, la privación ilegal de la libertad o el robo
simple no forman parte de dicho traspaso, por lo que el tribunal local carecía de
competencia objetiva para entender en ellos.
A su vez, debo resaltar que, en el caso de autos, no se encuentra discutida la
existencia de un concurso de figuras penales cuya investigación y subsiguiente reproche
deba quedar a cargo de un único fuero en atención al contexto en el que se habrían
desarrollado los sucesos de violencia de género.
En este sentido, la actuación de un juez o tribunal en una causa que excede su
competencia material constituye una violación de la garantía del Juez Natural, en tanto
intervino un juez que legalmente no contaba con competencia -sin perjuicio de su
facultad jurisdiccional- para decidir sobre el caso, debiendo en su caso haber delcarado
su incompetencia en favor del fuero nacional transitorio.
A su vez la interpretación propuesta, entiendo, salvaguarda la garantía de juez
natural que se escuda detrás del mecanismo de asignación de competencia, como
cuestión de orden público Por ello corresponde que intervenga en la totalidad de los
hechos aquí investigados el fuero Nacional en lo Criminal y Correcciona
Por lo demás, local (lesiones leves agravadas por el concurso premeditado de dos o
más personas), lo cierto es que las distintas conductas prima facie llevadas a cabo por
los imputados habían ocurrido en un mismo contexto, lo que justificaba mantener
unificada la pesquisa. Ya que locontrario podnrai en riesgo los principios de economía
procesal y pronta administración de justicia.
En cuanto a la garantía de plazo razonable, la cual pregona que las personas
imputadas tienen derecho a ser oídas en tiempo y que la causa sea dirimida sin demora o
dilaciones indebidas, dado que el proceso se desarrolló en un lapso de aproximadamente
un año, lo que no parece en principio desproporcionado dadas las características del
caso, no surgen elementos para sostener que la misma se viera afectada.
Finalmente, la prisión preventiva dictada durante la instrucción debe ser analizada
con particular atención. Aunque fundada en la especial violencia de los hechos y en el
riesgo de amedrentamiento de la víctima -circunstancias que, en abstracto, podrían
justificar la cautela-, el problema radica en que fue dispuesta de oficio por la jueza, sin
requerimiento fiscal. Al respecto, si bien el artículo 187 del CPPCABA dispone que en
casos de violencia contra la mujer, solo el fiscal puede solicitar fundadamente medidas
restrictivas y el juez debe resolver dentro de los límites de esa petición, lo cierto es que
el artículo 17 del mismo cuerpo legal faculta a los/as Jueces/as de este fuero local para
el dictado de las medidas previstas en el artículo 26, incisos a) y b) de la Ley 26485; por
lo que no se vería afectada ninguna garantía ante tal supuesto.
Tengo una duda . En el
APELACION FRANCISCO
La defensa de Francisco, por lo tanto, debe agraviarse de esta circunstancia, solicitando
la nulidad del debate y de la sentencia. La jueza Soledad P. debió haberse excusado de
intervenir en el tribunal de juicio, conforme lo prevé el propio Código Procesal Penal de
la CABA en su artículo 22, inciso 12, que establece como causal de excusación haber
intervenido como juez en la investigación preparatoria. Al no hacerlo, procedía su
recusación. El hecho de que el tribunal haya actuado de forma colegiada no subsana el
vicio, pues la presencia de un juez sospechado de parcialidad afecta la validez de la
deliberación y la decisión del cuerpo en su conjunto.
La defensa debe argumentar la nulidad de esta decisión y señalar cómo la ausencia
del testimonio de la víctima en el debate le impidió ejercer su derecho a ser oído y a
controlar la prueba de cargo de manera efectiva
La defensa de Francisco debe plantear la nulidad de la sentencia por violación del
principio de congruencia, argumentando que se lo condenó por hechos (robo) y
calificaciones (privación ilegal de la libertad) sobre los cuales no pudo ejercer
plenamente su derecho de defensa.
En consecuencia, como defensa de Francisco, corresponde plantear la
nulidad de todo lo actuado por incompetencia material del tribunal interviniente,
solicitando que el proceso se remita a la justicia nacional en lo Criminal y
Correccional para que se sustancie nuevamente desde el inicio. Este agravio, al
poner en juego la inteligencia del art. 18 de la Constitución, constituye una
cuestión federal que habilita la intervención de la Corte Suprem