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Fruto y Vida en Cristo: Enseñanzas Clave

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1 Corintios 12:13

Gálatas 3:28

Lucas 14:26 y 27

Juan 12:24-25
Lo que el Señor Jesús recalca es la
necesidad de llevar fruto. Aunque la vida
del alma es muy poderosa, su poder no
puede llevar fruto. Todos los talentos, los
dones, el conocimiento, la sabiduría y el
poder que proceden de la vida del alma,
son incapaces de hacer que los creyentes
produzcan muchos granos. Así como el
Señor Jesús tuvo que morir a fin de llevar
fruto, asimismo los creyentes deben morir
para llevar fruto. El Señor indicó que
aunque el poder de la vida anímica es
bueno, es inútil en la obra de Dios para
llevar fruto.
Isa 45:23-24
Y es él mismo quien, en la infinita bondad
de su corazón, hace la reconciliación.
Hemos “sido hecho cercanos por la sangre
de Cristo” (Efe 2:13)
El amor de Dios. La razón por la que la
esperanza no avergüenza es que el amor de
Dios está derramado en nuestros
corazones por el Espíritu Santo. Observa
que no se trata de amor a Dios, sino del
amor de Dios. ¿En qué consiste el amor de
Dios?

Puede salvar eternamente a los que por


medio de él se allegan a Dios (Heb 7:25), y
les dice: “Al que viene a mí, nunca lo echo
fuera” (Juan 6:37).

La vida de Cristo es una vida gozosa.


Tras haber caído, David oró:
“Devuélveme el gozo de tu salvación, y
sosténme con un espíritu dispuesto” (Sal
51:12). El brillo del cielo, la belleza de la
infinita variedad de flores con la que Dios
tapiza la tierra, los alegres cantos de los
pájaros, todo ello indica que Dios se deleita
en el gozo y la belleza. La luz y la alabanza
no son más que expresiones naturales de
su vida. “En ti se regocijen los que aman tu
Nombre” (Sal 5:11).

Muerte debida al pecado. La muerte entró


por el pecado, porque el pecado es la
muerte. El pecado, cuando se desarrolló
plenamente, engendró la muerte (Sant
1:15). “La inclinación de la carne es
muerte” (Rom 8:6). “El aguijón de la
muerte es el pecado” (1 Cor 15:56). De no
haber pecado, no podría existir la muerte.
El pecado conlleva la muerte. No fue por un
acto arbitrario de Dios, por el que la muerte
vino como consecuencia del pecado: no
podía ser de otra manera.

Justicia y vida. “La inclinación del


Espíritu es vida y paz” (Rom 8:6).
“Ninguno es bueno sino uno, es a
saber, Dios” (Mat 19:17). Él es la bondad
misma. La bondad es su vida. La justicia es
simplemente la manera de ser de Dios; por
lo tanto, justicia es vida. No se trata
meramente de una concepción de lo que es
recto o justo, sino de la rectitud o justicia
misma. La justicia es activa. De la misma
manera que el pecado y la muerte son
inseparables, lo son también la justicia y la
vida. “Mira, yo he puesto delante de ti hoy
la vida y el bien, la muerte y el mal” (Deut
30:15).

(1 Juan 4:17)
(Col 1:10-12).
(Hechos 26:6-8).
(Hechos 23:6)
La resurrección de Jesucristo es la
prenda y garantía de la resurrección de
aquellos que creen en él (1 Cor 15:13-20)

(Hechos 4:2).
(1 Ped 1:3-5)
(2 Ped 3:13).
Colosenses 2
6
Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor
Jesucristo, andad en él;
7
arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe,
así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de
gracias.

Plenitud de vida en Cristo


8
Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y
huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres,
conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.
9
Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la
Deidad,
y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de
10

todo principado y potestad.


(Gál 3:13-14).
(Hechos 3:26).
(Gál 3:9).
(1 Cor 7:19)
Todo en Cristo. Refiriéndose a Cristo, dice el apóstol: “Todas las promesas de Dios son
en él Sí, y en él Amén, por nosotros a gloria de Dios” (2 Cor 1:20). No hay promesa de
Dios a hombre alguno, que no sea en Cristo.

Es la cruz de Cristo la que transfiere las bendiciones de Abraham hacia nosotros. Las
bendiciones son pues espirituales. Ninguna de las bendiciones prometidas a Abraham
era meramente temporal. Eso evidencia que la herencia que se prometió a Abraham y a su
simiente se refiere solamente a los que son hijos de Dios por la fe en Jesucristo.
La herencia y los herederos. Romanos 4:13-15
13 Porque no por la ley fue dada la promesa a Abraham o a su simiente, que sería
heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. 14 Porque si los que son de la ley son
los herederos, vana es la fe, y anulada es la promesa. 15 Porque la ley obra ira; porque
donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

¿De qué temas relacionados está hablando


aquí el apóstol? De una herencia mediante
la justicia de la fe,
Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por
alianza perpetua, para serte a ti por Dios, y a tu simiente después de ti. Y te daré a ti, y a
tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en
heredad perpetua; y seré el Dios de ellos… Circuncidaréis pues la carne de vuestro
prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros (Gén 17:7-11)

1 Tesalonicenses 5
Estad siempre gozosos.
16

Orad sin cesar.


17

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios


18

para con vosotros en Cristo Jesús.


No apaguéis al Espíritu.
19

No menospreciéis las profecías.


20

Examinadlo todo; retened lo bueno.


21

Absteneos de toda especie de mal.


22

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo


23

vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado


irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.
24

En Apocalipsis 12:11

1 cori 1-9

"Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles
que sean idóneos para enseñar también a otros." (2 Timoteo 2:2)
Apo 14 12
Roma 12 3
2 tim 4 7
Salmo 51 6
Deu 6 6
Gere 31 33

Lo hace Dios, porque es imposible que el hombre lo haga. Lo máximo que puede hacer el hombre
es una falaz exhibición de la carne para ganar el aplauso de sus semejantes. Dios, en cambio, pone
su gloriosa justicia en el corazón.

“En gran manera me gozaré en el Eterno, me alegraré en mi Dios; porque me vistió de vestidos de
salvación, me rodeó de un manto de justicia” (Isa 61:10)

Sal 149 4

La justicia de la misericordia. Romanos 3:22-26

22 Porque no hay diferencia; 23 Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios;
24 Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús; 25 Al
cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia,
atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 Con la mira de manifestar
su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

“Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como a
nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones”
(Hechos 15:8-9). “Porque de dentro, del corazón de los hombres” no solamente de una
determinada clase de hombres, sino de todos ellos, “salen los malos pensamientos”, etc. (Mar
7:21). Dios conoce los corazones de los hombres, sabe que son pecadores por igual, por lo tanto,
no hace ninguna diferencia en lo relativo al evangelio, ante unos u otros.

"¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación" (Salmo 119:97)

"La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples." (Salmo
119:130)
imoteo, capítulo 4 y versículo 1: "Pero el Espíritu dice claramente que en
los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus
engañadores y a doctrinas de demonios."
Salmo 89 14

. Dios provee precisamente aquello de lo que el pecador carece

Nunca olvides lo que justificación sencillamente significa. Algunos suponen que el cristiano
puede ocupar una posición mucho más elevada que la de ser justificado. Es decir, que uno puede
estar en una condición superior a la de llevar el vestido interior y exterior de la justicia de Dios.

Pero eso no es posible.

Isaías 51
1
Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová.
Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de
la cantera de donde fuisteis arrancados.
2
Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz;
porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo
bendije y lo multipliqué.
3
Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus
soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad
en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo,
alabanza y voces de canto.
4
Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía;
porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los
pueblos.

Isaías 55
Misericordia gratuita para todos
1
A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no
tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin
dinero y sin precio, vino y leche.
2
¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro
trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed
del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.
3
Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra
alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias
firmes a David.
Fue la carta a los Romanos la que propició la Reforma en Alemania. Se había enseñado a la gente a
que creyese que la forma de obtener la justicia era comprándola, sea mediante arduo trabajo o
bien mediante el pago de dinero. La idea de que pueda comprarse con dinero no es hoy tan
popular como entonces, pero muchos no católicos creen aún que es necesario hacer alguna obra
a fin de obtenerla.

Cuando la oración se convierte en una obra. Cierto día estaba yo hablando con un hombre en
relación con la justicia como un don gratuito de Dios. Mi interlocutor defendía la idea de que no
podemos obtener nada del Señor sin hacer algo a cambio. Cuando le pregunté qué creía que
debíamos hacer para ganar el perdón de los pecados, respondió que debemos orar para ello.
Es con ese concepto de la oración con el que los [católicos] romanos o los hindúes devotos
“pronuncian” tantas oraciones al día, añadiendo ocasionalmente algunas extra a fin de quedar
cubiertos ante posibles omisiones. Pero aquel que “pronuncia” una oración, en realidad no ora. La
oración pagana, tal como ilustra la escena de los profetas de Baal dando saltos y provocándose
heridas (1 Reyes 18:26-28) es una obra; mientras que la verdadera oración no lo es. Si alguien
viene a mí diciéndome que se está muriendo de hambre y yo le doy algo de comida, ¿qué te
parece si al referir posteriormente el hecho, explicase que yo le hice obrar para obtener esa
comida? ¿Cuál fue su obra? ¿Pedirla? ¿Podría alguien pensar realmente que “se ganó” aquella
comida por el trabajo de pedirla? La verdadera oración es la aceptación agradecida de los dones
gratuitos de Dios.

Redención en Jesucristo. Somos hechos justos “por la redención que es en Cristo Jesús”, es decir,
por el poder de rescatar que hay en Jesucristo. O, como dice Efesios 3:8, por “las inescrutables
riquezas de Cristo”. Esa es la razón por la que lo recibimos como un don.

Alguno podrá decir que la vida eterna en el reino de Dios es algo demasiado grande como para
sernos dada de balde. Es así, en efecto, y como consecuencia debemos comprarla, pero dado
que no tenemos nada con que pagarla, Cristo la ha comprado para nosotros y nos la da
gratuitamente en él mismo. Pero si tuviésemos que comprarla de él, entonces sería lo mismo que
si la comprásemos nosotros directamente prescindiendo de él (ahorrándole con ello el trabajo). “Si
por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gál 2:21). “Sabed que habéis sido
rescatados de la vana conducta que recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles,
como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha ni
defecto” (1 Ped 1:18-19). La sangre es la vida (Lev 17:11-17). Por lo tanto, la redención que es en
Cristo Jesús es su propia vida.

Propuesto por Dios. Dios ha establecido a Cristo para declarar su justicia. Puesto que la única
justicia verdadera es la justicia de Dios, y dado que Cristo es el único a quien Dios ha establecido
para declararla al hombre, es evidente que no hay forma posible de obtenerla, de no ser mediante
él. “En ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en
que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

En propiciación. Una propiciación es un sacrificio. La afirmación declara llanamente que Cristo ha


sido establecido como sacrificio para la remisión de nuestros pecados. “Ahora, al final de los siglos,
se presentó una sola vez para siempre, para quitar el pecado, por medio del sacrificio de sí
mismo” (Heb 9:26). Desde luego, la noción de sacrificio o propiciación implica la necesidad de
apaciguar una ira o enemistad existente. Pero observa cuidadosamente que somos nosotros
quienes necesitamos el sacrificio, no Dios. Él es quien provee el sacrificio. La noción de que es
preciso “propiciar” [apaciguar] la ira de Dios a fin de poder ser perdonados no tiene cabida en la
Biblia.

Constituye el colmo del absurdo el suponer que Dios está tan airado con los hombres que no los
perdonará a menos que se provea algo que apacigüe su ira, para ofrecer a continuación el don de
sí mismo, con el resultado de que se apacigua su ira. “A vosotros también, que érais en otro tiempo
extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado en el cuerpo de su
carne por medio de muerte” (Col 1:21-22).

Propiciación pagana y cristiana. La idea cristiana de propiciación es la que ya hemos expresado. La


noción pagana, demasiado a menudo mantenida también por profesos cristianos, es que el
hombre debe proveer un sacrificio para aplacar la ira de su dios. La adoración pagana consiste
fundamentalmente en un chantaje a sus dioses para lograr su favor. Si los paganos pensaban que
sus dioses estaban muy airados con ellos, ofrecían mayores sacrificios hasta llegar al extremo de
ofrecer sacrificios humanos. Pensaban, lo mismo que piensan hoy los adoradores de Siva -en la
India- que a su dios le resultaba gratificante la visión de sangre.

La persecución que tuvo lugar en tiempos pasados –y hasta cierto punto también hoy– en países
tenidos por cristianos, no es más que el fruto de esa noción pagana de propiciación. Los
dirigentes eclesiásticos suponen que la salvación es por las obras, y que mediante ellas puede
el hombre expiar el pecado, de forma que ofrecen como sacrificio a su dios a la persona que ellos
creen en rebeldía. A su dios; no al verdadero Dios, a quien no satisfacen tales sacrificios.

La justicia, manifestada. Manifestar o declarar la justicia, es lo mismo que pronunciarla. Dios habla
justicia al hombre, y este es justo. Es el mismo método empleado en la creación. “Él dijo, y fue
hecho”. “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios de antemano
preparó para que anduviésemos en ellas” (Efe 2:10).

La justicia de Dios en la redención. Cristo queda establecido para declarar la justicia de Dios para
remisión de los pecados, a fin de que sea el justo y al mismo tiempo el que justifica al que cree
en Jesús. Dios justifica a pecadores, ya que son los únicos necesitados de justificación. La justicia
de declarar justo a alguien que es pecador radica en el hecho de que este es realmente hecho
justo. Cuando Dios declara algo, eso sucede. Es hecho justo por la vida de Dios que se le da en
Cristo

. En otras palabras, su dios es en realidad el "Príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora
opera en los hijos de desobediencia" (2 Corintios 4:4; Efesios 2:2).

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Es posible que dependan de Dios, pero también dependen de sí mismos. De ahí que es tan
necesario tener una preparación académica muy avanzada. El tiempo que emplean en la oración,
en buscar la voluntad de Dios y en esperar el poder desde lo alto, es menor que el que emplean
concentrándose con ahínco en preparar bosquejos y en consultar fuentes de referencia.
Memorizan mensajes enteros y los recitan en su predicación. Su mente ocupa el primer lugar en tal
obra.
Naturalmente, en esas predicaciones uno se apoya más en los mensajes que en el Señor. Todo su
interés gira en torno a lo que predican para conmover los corazones humanos, en vez de depender
de que el Espíritu Santo les revele a los hombres su necesidad y de que el Señor les supla su
necesidad. Hacen hincapié y confían en su propio mensaje; aunque pueda concordar totalmente la
verdad; sin embargo, si no es avivada por el Espíritu Santo, esa verdad no trae ningún provecho.
Confiar en el mensaje, en lugar de en el Espíritu Santo, produce muy pocos resultados espirituales.
Tal vez las personas acepten la predicación, pero sólo llega a sus mentes.

A los creyentes anímicos les gusta usar palabras sensacionalistas en sus predicaciones, mientras
que los creyentes espirituales pueden dar una enseñanza clara, que nadie se había ni siquiera
imaginado, ya que el Señor les ha dado bastante experiencia. A los creyentes anímicos les gusta
imitar esto, ya que ésa es una de sus características. Piensan que solamente ese mensaje
cautivará a los oyentes. Al predicar, les agrada usar imaginaciones extrañas. Si un pensamiento
peculiar llega a sus mentes mientras caminan, hablan, comen o durmiendo, ellos lo anotan para
utilizarlo más tarde, sin siquiera preguntarse si tal pensamiento fue revelado a sus espíritus por
el Espíritu Santo ni si es una experiencia para ellos ni si es sólo un pensamiento repentino que les
llegó.

Algunos creyentes anímicos se deleitan en ayudar, pero debido a que no han alcanzado mucha
madurez, cuando tratan de ayudar, no saben cómo dar el alimento a su tiempo. Esto no significa
que no tengan conocimiento, pues en realidad saben demasiado. Cuando ven que algo está mal en
alguien, o se les comenta alguna dificultad, se creen experimentados y tratan de brindar su
ayuda. Basándose en su limitada visión y en la capacidad de discernimiento que han
acumulado observando a los creyentes de más experiencia, hablan con fluidez acerca de las
enseñanzas bíblicas y de experiencias de algunos hermanos. Al ayudar a otros, por lo general,
dicen todo lo que saben, y quizás algunas veces se exceden, afirmando cosas que no saben, lo cual
no pasa de ser especulaciones. Al ayudar a otros, hacen alarde de todo lo que tienen almacenado
en su mente, y exhiben una cosa tras otra. No se preguntan cuál es la enfermedad específica de
esta persona, ni si ésa es la necesidad de la persona, ni si las personas pueden absorber tantas
enseñanzas. Son como Ezequías, que abrió las bodegas y mostró todos sus tesoros.

Algunas veces sin que nadie les pida que hablen, son motivados repentinamente y exponen
muchas doctrinas espirituales, pero quizá muchas de ellas no son más que sus ideales. Hacen esto
con el único fin de exhibir el conocimiento que poseen.

Sin embargo, todo eso difiere según los individuos. Algunos son muy callados y no dicen ni una
palabra. Aun cuando hay una gran necesidad y ellos deberían hablar, mantienen la boca cerrada.
Se inhiben por su temor y timidez naturales, y no tienen libertad. Se pueden sentar junto a los
creyentes parlanchines y criticarlos en su corazón, pero su silencio no es de ninguna manera
menos anímico.

Debido a que los creyentes anímicos no han echado raíces profundas en Dios, ni han aprendido a
esconderse en Dios, siempre se hacen notorios. Aun cuando están haciendo una obra espiritual,
procuran ocupar una posición prominente. Cuando asisten a una reunión, no escuchan, sino que
quieren ser escuchados. Se gozan a lo sumo cuando son tenidos en gran estima.
Les fascina tener un buen dominio de la terminología espiritual. Se deleitan en aprender términos,
frases y expresiones especiales. Cuando la ocasión se presenta, usan un término tras otro.
Mientras predican, usan palabras espirituales como material de su mensaje, aunque no sea
de corazón. Lo mismo sucede en sus oraciones.

Son muy ambiciosos y siempre desean sobresalir entre los demás. En la obra del Señor, tienen un
notable sentido de vanagloria. Aspiran a ser obreros poderosos, usados en gran manera por el
Señor. ¿Cuál es la razón? Quieren ganar una posición para ellos mismos, es decir, buscan la gloria.
Les agrada compararse con otros, probablemente no tanto con los obreros de Dios que no
conocen, sino con los que conocen. Tal comparación y tal competencia secreta es muy
intensa. Menosprecian a los que están más detrás que ellos espiritualmente, pues los juzgan
inferiores o pobres. Cuando se comparan con los que tienen las experiencias más espirituales y
profundas, piensan que ellos mismos no son inferiores. Siempre desean ser grandes y ser la
cabeza. Esperan que su obra sea próspera y notoria. Claro que todas estas cosas están
profundamente escondidas en sus corazones, y los demás no las perciben. Por supuesto, algunas
veces sus pensamientos se mezclan con pensamientos puros, pero los pensamientos que
mencionamos son más prevalecientes.

Es muy fácil para los creyentes anímicos estar satisfechos de sí mismos. Si el Señor los usa para
salvar un alma, rebosan de júbilo. Si tienen algún éxito, se regocijan, pensando que son exitosos en
el mundo espiritual. Si adquieren algo de conocimiento, piensan que han alcanzado una etapa
verdaderamente profunda. Una evidencia común de que un creyente es anímico es que, como
cualquier vaso pequeño, se llena fácilmente. Ellos no tienen la visión para percibir cuán grande y
profundo es el océano. Mientras haya algo de agua en sus vasijas, están satisfechos. No se han
perdido en Dios; pues si así fuera, no le darían mucha importancia a todas estas cosas. Sus ojos
están siempre fijos en su yo insignificante, así que son afectados muy fácilmente por pérdidas o
ganancias pequeñas. Debido a esta limitada capacidad Dios no puede usarlos. Si semejante
jactancia resulta de salvar a diez almas para el Señor, ¿qué sucedería si se hubieran salvado mil?

Después de haber experimentado algo de éxito en la predicación, los creyentes anímicos se creen
personas maravillosas. A menudo desarrollan sentimientos de superioridad y se deleitan
pensando que son diferentes a los demás, que son “mayores que el mayor de los apóstoles”.
Algunas veces se entristecen porque otros no los consideran así; piensan que no los aprecian
porque no son capaces de reconocer que ellos son profetas procedentes de Nazaret. Piensan que
en sus mensajes hay ideas que nadie ha descubierto jamás, y que si la audiencia no puede apreciar
estos puntos maravillosos, se están perdiendo algo grandioso. Después de cada éxito, pasan varios
días felicitándose a sí mismos, o cuando menos se sentirán complacidos por algunas horas. En tales
condiciones, piensan que pronto la iglesia de Dios verá cuán grande evangelista o predicador o
generador de avivamientos o escritor hay entre ellos. Si nadie les presta atención, se afligen.

Los creyentes anímicos son creyentes sin principios. Es decir, sus palabras y hechos no siguen
principios definidos. Su manera de vivir concuerda con sus emociones y su

Un rasgo particular de los creyentes anímicos es que tienen muchos dones. Los creyentes que
están atados por los pecados no son tan dotados como tampoco lo son los creyentes espirituales.
Dios les da más dones a los creyentes anímicos con la intención de que voluntariamente los
pongan en la cruz para volverlos a obtener con mayor gloria en resurrección, pero ellos no
están dispuestos a hacerlo, sino que los usan exhaustivamente. Los dones originalmente dados por
Dios debían haberse usado para la gloria de El; sin embargo, los creyentes anímicos creen que los
dones les pertenecen y que la obra le pertenece a Dios. No confían en el Espíritu Santo para que
los guíe o los use, sino que actúan en conformidad con sus propias ideas. Además, cuando la obra
es un éxito, se glorían en ellos mismos.

Por supuesto, esta jactancia y esta admiración personal se hace secretamente. Pero por mucho que
traten de parecer humildes y ofrecer la gloria a Dios, no pueden evitar centrarse en sí mismos. La
gloria debe ser de Dios, de acuerdo, pero debe ser de Dios y también mía.

Dado que tienen muchos dones, buenos pensamientos y mucho entusiasmo, pueden
fácilmente atraer el interés de las personas y motivar sus corazones. Por lo general, los creyentes
anímicos tienen mucho carisma. Cuando laboran, los creyentes comunes fácilmente los
reciben con cierto reconocimiento. Realmente no tienen poder espiritual ni tienen el poder del
Espíritu Santo que fluye como ríos de agua viva; lo que poseen es de ellos mismos. Lo que la gente
ve es lo que ellos tienen, pero allí termina; así que les es imposible hacer que otros reciban vida
espiritual. Externamente aparentan ser muy ricos, pero en realidad están extremadamente secos.

Lo más importante es preguntarnos qué tanto hemos sido purgados de las cosas deshonrosas

Solamente somos espirituales cuando ya no tenemos la experiencia del pecado

entender cosas para ellos mismos; sentir deleite para sí mismos. Actúan en conformidad con su
propio plan. La meta de su conducta es obtener gloria para sí mismos. Se centran en ellos mismos.

Vimos que en la Biblia la palabra alma se traduce ser viviente o animado. Así que, esta palabra en
el idioma original denota la vida animal. Por esto, entendemos cuál es verdaderamente la
manifestación de la vida anímica. Se podría decir que la vida y obra de los creyentes anímicos no es
más que actividades animales o comportamiento animal. Hacen muchos planes, efectúan muchas
actividades, su pensamiento está ocupado, sus emociones distraídas, y todo su ser, por dentro y
por fuera, está lleno de agitación y confusión. Cuando se motivan, las otras partes de su ser
también son estimuladas. Pero cuando están deprimidos y no sienten nada, sus pensamientos
y su voluntad estarán confundidos. La vida del creyente anímico es muy activa durante todo el
día en su cuerpo, en su mente y en sus emociones. Esta vida se rige por un comportamiento
animal, y difiere mucho de la vida espiritual donde Dios es el Señor de todo.

Si el creyente le sirve a Dios sin recibir revelación llevando a cabo la obra mediante las capacidades
de su vida creada, él mismo sufrirá una gran pérdida espiritual, y lo que haga no tendrá ningún
fruto espiritual. Debe estar bajo la revelación de Dios para así darse cuenta de que es indigno
delante de Dios, y cuán vergonzoso es usar la habilidad animal creada para agradar a Dios y para
llevar a cabo la obra espiritual. Cuando vemos que un niño ambicioso se halaga a sí mismo y está
lleno de jactancia, sentimos vergüenza por él. Así ve Dios nuestras actividades animales. Espero
que tengamos más experiencias de arrepentirnos hasta el polvo, en vez de tratar de sobresalir.

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