Platón
El sofista
Traducción, introducción y notas
de Francesc Casadesús Bordoy
Primera edición: 2010
Segunda edición: 2023
Diseño de colección: Estrada Design
Diseño de cubierta: Manuel Estrada
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© de la traducción, introducción y notas: Francesc Casadesús Bordoy, 2010, 2023
© Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2010, 2023
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28037 Madrid
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ISBN: 978-84-1148-491-6
Depósito legal: M. 24.326-2023
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Índice
9 Introducción, por Francesc Casadesús Bordoy
24 Estructura del diálogo
63 Nota sobre la traducción
66 Bibliografía
El sofista
203 Apéndice: Las divisiones del Sofista
7
Introducción
El Sofista es uno de los diálogos de Platón que más ha
atraído a los amantes y estudiosos de la filosofía. Su
atractivo se explica tanto por su contenido y relevancia
en el conjunto de la obra platónica como por la influen-
cia que, hasta nuestros días, ha ejercido en la conforma-
ción de importantes aspectos del pensamiento occiden-
tal. De hecho, el Sofista se ha convertido en una especie
de piedra de toque que ha servido para contrastar la ca-
pacidad y sensibilidad filosóficas de quienes han osado
iniciarse en la reflexión y en la discusión dialéctica, as-
cendiendo por las escarpadas paredes que jalonan este
diálogo. En efecto, su estructura piramidal, en la que los
argumentos se van entrelazando en continua sucesión,
acrecienta la sensación de asistir a una escalada llena de
recovecos y dificultades que obstaculizan el paso de los
filósofos, estudiosos y lectores curiosos que han acepta-
do el reto de ascender hasta la cumbre de este picacho
9
Francesc Casadesús Bordoy
filosófico. La recompensa que aguarda al que decida dedi-
car sus esfuerzos a la lectura del Sofista es doble, pues,
quien consiga alcanzar su cima adquirirá una visión privi-
legiada sobre su entorno filosófico más inmediato, el cono-
cimiento de primera mano de las entrañas del pensamiento
y la metodología de Platón, al mismo tiempo que obtendrá
una panorámica más amplia y general sobre algunas de las
cuestiones más polémicas que, desde sus orígenes, han
conformado el desarrollo de la filosofía occidental.
Escrito probablemente alrededor de los años 370-360 a. C.,
el Sofista es, en el conjunto de la obra platónica, uno de los
diálogos considerados «tardíos», un último periodo en el
que también fueron redactados otros diálogos de gran
complejidad expositiva como el Parménidess y el Filebo, el
Teeteto y el Político. Esta época se caracteriza, entre otros
rasgos, por el afán de Platón de revisar algunos de los con-
ceptos y nociones filosóficos que ya habían sido sometidos
a discusión en muchos de sus diálogos anteriores. Asimis-
mo, el empeño de Platón por conseguir el mayor grado de
precisión en la definición de los conceptos comportó un
cambio en su estilo que, excepto en algunos contados pa-
sajes, pierde la brillantez literaria que caracteriza a los re-
nombrados diálogos del denominado periodo «medio»,
como el Fedón, el Banquete, la República o el Fedro.
Un nuevo estilo de exposición filosófica.
La segunda navegación
Todo parece indicar, en efecto, que Platón, ya sea por las
críticas que habían recibido sus planteamientos éticos,
10
Introducción
políticos y epistemológicos, muchas de ellas originadas
entre sus propios seguidores y discípulos, ya sea por un
afán de superación motivado por la propia autocrítica,
se embarcó en lo que, parafraseando su propia y celebra-
da metáfora marinera, se ha dado en denominar un deu-
teros plous, «una segunda navegación»1. Segunda singla-
dura que técnicamente exige, para poder llegar a buen
puerto, el abandono de la rápida y placentera navega-
ción a vela por la más esforzada y lenta, a remo, cuando
el viento deja de soplar y henchir las velas de la nave que,
ufana, se desliza por las procelosas aguas del discurso fi-
losófico. Platón, en su vejez, tuvo que moderar su impe-
tuoso entusiasmo, por lo que su obra, al menos en parte,
perdió el impulso que le insuflaban los aires de su inspi-
ración literaria, puesta magistralmente al servicio de la
argumentación filosófica. El fundador de la Academia,
en definitiva, emprendió una lenta y tortuosa travesía,
apoyado en la fuerza de la musculatura que le ofrecía el
método dialéctico para avanzar de un modo más pausa-
do y austero, con la intención de asegurar la llegada a su
destino.
El precio a pagar por este cambio fue elevado, pues
Platón desechó muchas de sus florituras literarias, como
el recurso continuado a los mitos y las alegorías, que usó
para describir, por ejemplo, el paradisíaco mundo supra-
sensible, celeste y divino, en el que moraban las Formas
ideales, o para recrear los lúgubres paisajes del mundo
de ultratumba y relatar de este modo, mediante la expo-
sición de los correspondientes mitos escatológicos, el fu-
1. Cf. Fedón 99d; Filebo 19c; Político 300c.
11
Francesc Casadesús Bordoy
turo que les aguardaba en el Más Allá a las almas inmorta-
les. Platón sustituyó el recurso al rico y variado despliegue
de imágenes alegóricas por un lenguaje menos plástico y
figurativo, y en cualquier caso, mucho más árido y difi-
cultoso, en su intento por conseguir una mayor precisión
conceptual en sus definiciones.
Dicho de otro modo: la evolución de los diálogos de
Platón sugiere que el filósofo de Atenas fue perdiendo la
ingenuidad que caracterizó la exposición de muchos de
sus iniciales postulados éticos, políticos y epistemológi-
cos para dar paso a un cierto y cauto escepticismo meto-
dológico que, a su vez, forzó la revisión de determinados
planteamientos anteriores con la adopción de una acti-
tud mucho más rígida y, en definitiva, menos candorosa
y más desconfiada.
La revisión de los principios epistemológicos,
éticos y políticos
Sin ninguna voluntad de exhaustividad, y centrándonos
tan sólo en algunas cuestiones que afectan a las obras de
la época en que redactó el Sofista, se debe recordar que
Platón se vio obligado a replantear su concepción del es-
tatus metafísico de las Formas o Ideas, hasta el punto de
que algunos estudiosos opinan que, en sus obras tardías,
llegó a olvidarse de ellas; moderó sus expectativas éticas
basadas en el intelectualismo moral y en las consecuen-
cias que se derivaban de la creencia en la inmortalidad
del alma; revisó sus optimistas previsiones políticas en-
comendadas a la figura del filósofo gobernante, al tiem-
12
Introducción
po que tuvo que reconocer que los enemigos que, como
los sofistas, entorpecían la implantación de su proyecto
educativo, político y filosófico, tal como había sido des-
crito en la República, eran mucho más sólidos y tenaces
de lo que él mismo inicialmente había estado dispuesto a
conceder. El tono desilusionado con el que Platón escri-
bió la Carta séptima ofrece un ejemplo impagable de la
decepción que éste sintió al final de su vida, sobre todo
en el ámbito de la actividad política.
En este contexto, si pretendemos tener un buen cono-
cimiento del proyecto filosófico de Platón, no debe olvi-
darse que la política representa la culminación de todo
un proceso pedagógico, en el que la formación de los
ciudadanos y sus dirigentes pasa necesariamente por una
sólida educación, la cual debe estar basada en firmes
principios epistemológicos y éticos, que garantice el co-
nocimiento de los grandes conceptos que fundamentan
el pensamiento platónico como son el Bien, la Belleza, la
Verdad, la Virtud o la Justicia. Para conseguirlo, Platón
luchó contra todo aquello que pudiera alejar a los hom-
bres de ese objetivo y los sumergiera en el mundo del
mal, la fealdad, la falsedad, el vicio, la injusticia y la igno-
rancia.
Como se afirma al final del Político, el buen gober-
nante solamente podrá garantizar la cohesión de la po-
lis si los ciudadanos, que son los hilos con los que el go-
bernante ha de tejer el entramado social, están bien
educados y son inquebrantables en sus convicciones
éticas2.
2. Político 311b-c.
13
Francesc Casadesús Bordoy
Ubicación del Sofista y personajes
que intervienen en el diálogo
El Sofista forma parte de un proyecto más amplio que
Platón se había propuesto afrontar con toda la fuerza de
su dialéctica. De hecho, de manera excepcional, Platón
ofrece pistas suficientes para que el lector avispado pue-
da situar el diálogo en el conjunto de su obra. Para dejar
esto claro, en la introducción (216a), Teodoro recuerda
que, «según el acuerdo de ayer», acude a la cita con Só-
crates. La mención al día anterior busca enlazar el Sofista
con otro diálogo, el Teeteto, que precisamente finaliza
cuando Sócrates debe interrumpir la conversación, por-
que tiene que acudir a la citación judicial que le obliga a
responder a la acusación que ha presentado Meleto con-
tra él y que, como es bien sabido, acabará con su juicio y
condena a la pena de muerte. Las últimas palabras de
Sócrates en esa obra emplazan a Teodoro a continuar al
día siguiente con el intenso debate que acaba de mante-
ner con Teeteto: «mañana temprano nos volveremos a
encontrar aquí»3.
Sin embargo, la novedad que cambia radicalmente la
orientación del Sofista con respecto al Teeteto es que, si
bien Teodoro acude «puntualmente» a la cita, lo hace en
esta ocasión acompañado de un anónimo e inesperado
Extranjero que es presentado a Sócrates como un com-
pañero de Parménides y Zenón. Esta imprevista circuns-
tancia, en aplicación de las normas de hospitalidad hele-
na y por el prurito de satisfacer la proverbial curiosidad
3. Teeteto 210d.
14
Introducción
filosófica de los atenienses, permite a Sócrates ceder el
peso del diálogo a ese Extranjero procedente de la itálica
ciudad de Elea. Como pronto se verá, esta elección no
resulta casual ni gratuita. En efecto, Platón, mediante la
intervención del Extranjero, encontró el pretexto ideal
para orientar el diálogo hacia el análisis exhaustivo de
una cuestión de gran trascendencia ontológica que le in-
teresaba resolver especialmente, utilizar la indagación
sobre el sofista para intentar salir del atolladero al que
Parménides, en su poema, había conducido al pensa-
miento filosófico: lo que es es y lo que no es no es y es
imposible que sea.
Así pues, Sócrates interviene fugazmente al comienzo
del Sofista con el único propósito de introducir la temá-
tica que debe ser tratada en el diálogo por parte del Ex-
tranjero de Elea. De este modo, y tras una irónica pre-
sentación en la que, citando a Homero, Sócrates bromea
ante la posibilidad de que el Extranjero sea, en realidad,
un dios disfrazado, un «dios refutador» que ha acudido
para ponerlos a prueba, plantea directamente la cuestión
y propone preguntar al Extranjero cómo consideran en
su país a tres personajes de gran significación en la obra
platónica: el sofista, el político y el filósofo (217a). El ob-
jetivo declarado de esta propuesta es discernir si, del
mismo modo que el filósofo no es más fácil de distinguir
que un dios disfrazado de ser humano, cada uno de los
individuos mencionados constituyen uno, dos o tres gé-
neros.
Con su solicitud, Sócrates no hace más que exponer el
programa que Platón había previsto desarrollar, median-
te la confección de una inacabada trilogía, y que preten-
15
Francesc Casadesús Bordoy
día analizar al sofista en este diálogo, al político en el si-
guiente y al filósofo en una tercera obra que nunca fue
escrita. De esta manera, una vez concluido el Sofista, el
Extranjero continuará todavía su labor en el Político,
que también es introducido por Sócrates y Teodoro re-
cordando, de entrada, el objetivo de la empresa en la que
continúan embarcados:
SÓCRATES.–Realmente te agradezco mucho, Teodoro, ha-
ber conocido a Teeteto y también al Extranjero.
TEODORO.–Y dentro de poco lo agradecerás tres veces más,
cuando hayan terminado para ti el político y el filósofo4.
El motivo por el que el inicial proyecto de elaborar
una trilogía quedó reducido a dos diálogos ha sido am-
pliamente discutido por los estudiosos. Nos limitaremos
aquí a sugerir la posibilidad de que Platón no hubiera
sentido finalmente la necesidad de acabarla con la redac-
ción del Filósofo, porque ya había tratado extensamente
sobre él en otros diálogos como, por ejemplo, la Repúbli-
ca, al proponerlo como el gobernante que debe dirigir la
polis, o en el Teeteto, al distinguirlo del orador5. A estas
explicaciones anteriores, debe añadirse que Platón po-
dría haber considerado que el filósofo había quedado
suficientemente definido por la propia argumentación
desarrollada en el Sofista, al quedar claro que un filósofo
posee las características contrarias a un sofista, y en el
Político, al reivindicar al sabio y al entendido, frente a
4. Político 257a.
5. Teeteto 172c-177c.
16
Introducción
cualquier otro pretendiente, como el dirigente idóneo
para el buen gobierno de la ciudad.
Así las cosas, el Teeteto, el Sofista y el Político confor-
man una sucesión en la que se repiten algunos de los per-
sonajes: Teodoro, matemático y geómetra, maestro de
Teeteto, presente en la introducción de los tres diálo-
gos; Teeteto, matemático y geómetra, interlocutor de Só-
crates en el Teeteto y del Extranjero en el Sofista; Sócra-
tes, protagonista principal del Teeteto y relegado a una
simple función introductoria en el Sofista y en el Político;
el Extranjero de Elea, protagonista principal del Sofista
y del Político; el joven Sócrates, silencioso oyente en el
Teeteto y el Sofista e interlocutor del Extranjero en el Po-
lítico.
Precisamente el progresivo papel representado por el
joven homónimo de Sócrates nos da una idea de la vo-
luntad de continuidad de los tres diálogos: en el Teeteto
su presencia es aludida6; en el Sofista (218b) se le presen-
ta como posible sustituto de Teeteto, en el caso de que
éste se sienta cansado por la atención que supone seguir
los razonamientos del Extranjero; por último, en el Polí-
tico acaba sustituyendo a Teeteto7, fatigado por el esfuer-
zo de responder al Extranjero en el Sofista.
Tras reconocer el Extranjero que el sofista, el político
y el filósofo son tres géneros distintos (217b), Sócrates y
el Extranjero de Elea acuerdan que la exposición se rea-
lizará mediante un diálogo, «como acostumbraba tam-
bién a hacer Parménides», con la condición de que el in-
6. Teeteto 147d.
7. Político 257c-d.
17
Francesc Casadesús Bordoy
terlocutor sea alguien que replique sin fastidio y se deje
llevar. Por indicación de Sócrates, es elegido Teeteto,
quien, a su vez, como se acaba de decir, sugiere al joven Só-
crates como posible sustituto, en caso de cansancio (218b).
La dificultad de cazar al sofista
El Extranjero propone comenzar por el sofista para in-
vestigar y mostrar, con un razonamiento, qué es (218c).
Esta elección se ajusta perfectamente a los intereses de
Platón, el cual, en numerosos diálogos anteriores, como
el Hipias Mayor, el Eutidemo, el Gorgias o el Protágoras,
había manifestado su tendencia a denunciar las fraudu-
lentas actividades de los sofistas. Preocupación casi ob-
sesiva ante la desesperante constatación de que estos
individuos interferían continuamente los fundamentos
epistemológicos, éticos y políticos que conformaban su
pensamiento filosófico. Son numerosos los pasajes en los
que Platón los denuncia, entre otros muchos motivos,
por cobrar por sus enseñanzas, por buscar persuadir y
deleitar a sus oyentes más que formarlos intelectualmen-
te, por relativizar la nociones de verdad o justicia, o por
poner los intereses particulares por encima de los comu-
nes y colectivos. La necesidad de plantarles cara, sobre
todo en el terreno político, en donde sus enseñanzas, a
ojos de Platón, resultaban especialmente nocivas, indujo
al filósofo de Atenas a elaborar su inacabada trilogía.
En síntesis, el proyecto de Platón exigía comenzar por
el sofista, con la intención de desenmascararlo, para pro-
seguir luego con el político, que en ningún caso puede ser
18
Introducción
un sofista, y sí un experto y entendido en el arte de gober-
nar. Esto último explica que Platón hubiera pretendido
concluir su anunciada trilogía con el filósofo, que, como
sabemos, es quien en realidad posee el conocimiento y al
que, por este motivo, le corresponde gobernar la polis.
Una vez acordado que el análisis de estos personajes
debe comenzar por el sofista, el Extranjero procede a
realizar una serie de consideraciones metodológicas pre-
vias, de gran relevancia para el desarrollo posterior del
diálogo y que pretenden garantizar el éxito de la empre-
sa que está a punto de iniciarse: definir con la mayor pre-
cisión qué es un sofista. Sin embargo, la primera constata-
ción es que, si bien los interlocutores coinciden en el uso
común de la palabra «sofista», no está tan claro que coin-
cidan en el hecho o realidad que esta palabra designa.
Para el Extranjero, la verdadera investigación filosófica
consiste en «estar de acuerdo siempre en la cosa misma,
por medio de razonamientos, más que estarlo solamente
en el nombre sin un razonamiento» (218c).
Esta declaración de principios resulta esencial, puesto
que la principal característica del sofista es su facilidad
para cambiar de forma, habilidad que le permite, como a
Proteo, adoptar numerosas y diversas figuras, que hacen
que sea «arduo y difícil de cazar» (218c; 261a). Para re-
saltar este aspecto, el sofista es comparado con todo tipo
de seres extraordinarios y fieras salvajes, como en este
pasaje del Político:
Su género (sc. el del sofista) es de razas muy variadas, al
menos así lo parece a primera vista. Muchos de estos hom-
bres se asemejan a los leones y centauros y a otros seres se-
19
Francesc Casadesús Bordoy
mejantes y muchos se parecen a sátiros y a animales débiles
y versátiles. Cambian entre sí rápidamente las formas y su
capacidad8.
Asimismo, en el Sofista (231a), para resaltar su natural
salvaje e indomable, el Extranjero lo equipara con un
lobo.
El paradigma del pescador de caña
y el método de la diairesis
La concepción del sofista como un animal de caracterís-
ticas proteicas justifica que el Extranjero se lance inme-
diatamente a su caza pertrechado del método dialéctico,
que va a utilizar en su intento de atraparlo como si se tra-
tara de una red (235b). Sin duda, como ya se ha insinua-
do, la importancia de los diálogos tardíos, y entre ellos
muy especialmente el Sofista, tanto en el propio pensa-
miento de Platón como en el ámbito más amplio de la
Historia de la Filosofía Griega, radica en que inciden, di-
recta o indirectamente, en muchas cuestiones de gran
trascendencia filosófica, con el ánimo de resolverlas me-
diante la fuerza aplastante del razonamiento y la argu-
mentación dialéctica. Para ello, en algunas de esas obras,
Platón realizó un importante cambio en el método de in-
vestigación utilizado en anteriores diálogos, con el pro-
pósito de dotar a su pensamiento de una estructura más
sólida y sistemática. Se impuso así la exigencia de llegar
8. Político 291a-b.
20
Introducción
a la definición exhaustiva de los conceptos mediante el
método de la división o diairesis y la utilización de para-
digmas, con el objetivo último, en este caso, de dilucidar
qué es un sofista. Un objetivo que, como se verá, se aca-
bó convirtiendo en un pretexto para desarrollar una ex-
traordinaria gama de reflexiones metodológicas, ontoló-
gicas, epistemológicas, lógicas y éticas, que convierten al
Sofista en uno de los diálogos que más ha cautivado a los
estudiosos y amantes de la filosofía de todas las épocas.
Por este motivo, tanto el Sofista como el Político son
ejemplares en la utilización metódica de la dialéctica al
servicio de la investigación filosófica. Esta circunstancia
explica que toda la primera parte del diálogo (219a-236c)
esté consagrada a aplicar este método, cuyos rasgos más
significativos conviene que sean destacados ahora de
modo sumario. En efecto, la propuesta metodológica
consiste básicamente en acometer la complicada empre-
sa de definir al sofista mediante la postulación de un pa-
radigma que tenga alguna semejanza con el asunto que
se pretende investigar, aunque mediante una analogía
mucho más vulgar y sencilla. Cabe señalar que, en este
contexto, Platón utiliza la palabra paradeigma en un cla-
ro sentido metodológico, por lo que, cuando la usa ex-
presamente para establecer una comparación con aque-
llo que pretende definir, debido al carácter técnico que
Platón imprimió al concepto, hemos optado por tradu-
cirla literalmente por «paradigma», frente a otras posi-
bles opciones como «modelo» o «ejemplo». De hecho,
Platón subrayó en el Político el valor didáctico del para-
digma como la vía más idónea para alcanzar la definición
de lo que se pretende demostrar:
21
Francesc Casadesús Bordoy
un paradigma se origina cuando se juzga correctamente
que lo mismo se encuentra en algo distinto y separado y,
una vez reunido, se concluye de ambos una única opinión
verdadera9.
Una vez elegido el paradigma, éste es sometido a un
exhaustivo análisis mediante el método de la división o
diairesis. Este procedimiento consiste en ir establecien-
do continuas divisiones que, a su vez, son sometidas a
nuevas biparticiones. Cada parte dividida debe coincidir
con una especie, eidos, o género, genos, y que a su vez se
identifica con una ciencia, episteme, o una técnica, tech-
ne, que le resulta propia.
La utilización del sufijo -ikos, -ike, -ikon
en el proceso de la diairesis
La confirmación de que la división se ha realizado co-
rrectamente se basa en el hecho de que cada parte es sus-
ceptible de ser denominada con un nombre adecuado a
las características de la partición realizada. Platón, de-
mostrando que poseía una capacidad casi infinita de pro-
ducir vocabulario filosófico, optó, en la mayoría de
ocasiones, por utilizar un adjetivo acabado en el sufijo
-ikos, -ike, -ikon para nombrar cada una de las partes re-
sultantes de la aplicación de las respectivas divisiones.
Este sufijo resultaba muy idóneo porque, dado que, des-
9. Político 278c.
22
Introducción
de su origen, se había especializado en indicar la perte-
nencia del adjetivo a un determinado grupo o colecti-
vo, era el más eficaz para designar términos técnicos en
listas de clasificaciones conceptuales. Sin embargo,
para el lector este procedimiento resulta repetitivo,
cansino y da lugar a la producción de numerosos neo-
logismos de difícil traducción, como, a simple modo
de ejemplo, enygrotherikon (221b) o psychemporikee (224d),
que hemos traducido, respectivamente, por «pesca de
animales acuáticos» y «técnica que mercadea con el
alma».
En cualquier caso, las cifras muestran por sí solas la
verdadera dimensión de este procedimiento: Platón uti-
lizó en sus diálogos 393 términos acabados en -ikov~, de
los que 351 son adjetivos o derivados de adjetivos, 213
de los cuales pertenecen al campo léxico de la técnica.
De estas 213 formas, 163 se encuentran en el Sofista y el
Político y, de éstas, 117 no aparecen en otros diálogos.
De todo el conjunto, 66 son usados exclusivamente por
Platón y, de ellos, 42 son neologismos que aparecen tan
sólo en el Sofista o el Político10.
Al recurrir a este sufijo, Platón dio un impulso notable
a este modo de formación de vocabulario filosófico, que
también era usado con profusión por los sofistas para
dotar de un tono intelectualmente afectado a sus palabras.
La circunstancia de que el comediógrafo Aristófanes hu-
biera ridiculizado este procedimiento, en un contexto de
10. Datos recogidos de L. Brisson y J. F. Pradeau: Platon. Le politi-
que, París, 2003, 273-281, y de P. Chantraine: Études sur le vocabulaire
grec, París, 1956, 132-133.
23
Francesc Casadesús Bordoy
abierta crítica a lo nocivos que resultan los sofistas para
la educación de los jóvenes atenienses11, ha inducido a
algún estudioso a intuir también un uso irónico de este
sufijo por parte de Platón, el cual habría optado por el
«humor dialéctico» para poner en evidencia el lenguaje
pedante de los sofistas que él mismo estaba intentando
desenmascarar. Dicho de otro modo: Platón, al recurrir
abusivamente a este tipo de terminología, habría preten-
dido caricaturizar a los propios sofistas mediante una
especie de reductio ad absurdum, de modo parecido a
como, en el Crátilo, con la elaboración de numerosas y
disparatadas etimologías, se habría propuesto ridiculizar
a quienes recurrían a ellas como método de explicación
de los conceptos.
Estructura del diálogo
Las siete definiciones del sofista (221c-236c)
Platón eligió al pescador de caña como paradigma con
el que comparar al sofista, paradigma que, a su vez, es
sometido a una exhaustiva investigación mediante la
elaboración de siete sucesivas divisiones. De este modo,
Platón apeló a un oficio manual conocido por todos,
del mismo modo que, en el Político, utilizó el paradig-
ma de la técnica de tejer para compararlo con la activi-
dad del gobernante. La comparación del pescador de
caña con el sofista se justifica porque ambos coinciden
11. Aristófanes, Caballeros 1375-1381. Cf. Avispas 1122-1246.
24
Introducción
en su intención de capturar a sus desprevenidas presas.
Con este símil, pues, se forzaba la paradoja del «caza-
dor cazado», ya que el propósito declarado del filósofo
ateniense es atrapar dialécticamente a un profesional
que vive de embaucar a los demás, hechizándolos con
sus palabras.
Así, una vez desarrollada la diairesis del pescador de
caña a partir de su pertenencia a la técnica adquisitiva
(219a-221c), con la conclusión de que es alguien que
caza de día animales acuáticos mediante golpes de abajo
arriba, el Extranjero procede a la realización de las siete
divisiones, según los respectivos esquemas que se deta-
llan en el apéndice de este libro.
Primera división (221c-223a)
En la primera diairesis, se determina que, si bien el sofis-
ta y el pescador de caña coinciden en su afán cazador, el
primero se dirige «a prados rebosantes de riqueza y ju-
ventud», para atrapar a los jóvenes «ricos y nobles» me-
diante la técnica de la persuasión.
Segunda división (223c-224c)
En la segunda diairesis se define al sofista como un co-
merciante que «mercadea con el alma en relación con la
venta de discursos y conocimientos sobre la virtud».
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