Sentencia sobre despido en casas particulares
Sentencia sobre despido en casas particulares
#37460227#388193245#20231019110939546
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL TRABAJO
SALA V
Expediente Nº CNT 1670/2023
61 de la ley 26.844 en cuanto disponen que los conflictos individuales que se susciten
en el marco de una relación laboral regulada por dicha norma especial deberán ser
dirimidos por el denominado Tribunal de Trabajo para el Personal de Casas
Particulares, inconstitucionalidad que reitera en su memorial de agravios.
No obstante el esfuerzo argumental del apelante considero que, en el
supuesto de autos, la solución adoptada en la instancia de grado deberá ser
confirmada.
2°) En efecto, cabe recordar que conforme lo normado por los arts. 4
y 5 del C.P.C.C.N., y por la doctrina sentada por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación “Para determinar la competencia corresponde atender, en primer lugar los
hechos relatados en la demanda” (Fallos, 308: 229; 310:1116; 311: 172; 312: 808,
entre otros), y en la medida que se adecue a ellos, al derecho invocado como
fundamento de la pretensión, también se torna imprescindible examinar el origen de
la acción, así como la relación de derecho existente entre las partes (Fallos, 311-
1791, 322-615, entre otros).
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Empleo y Seguridad Social de la Nación (art. 51) que se encuentra conformado por
empleados designados por dicha repartición pública, muy distinto al ámbito de la
Justicia Nacional del Trabajo, que forma parte del Poder Judicial de Nación y se
encuentra conformada por magistrados independientes, profesionales y especialmente
capacitados para el ejercicio de la judicatura en el ámbito del Derecho del Trabajo.
Segundo, que cualquier trabajador que ocurra ante la Justicia Nacional del
Trabajo contará con al menos dos instancias judiciales ordinarias para litigar, mientras
que con la ley 26.844, el trabajador doméstico sólo puede acceder a una única instancia
judicial de manera indirecta, es decir, a los fines de la revisión de los actuado por el
Tribunal administrativo.
Tercero, la irrelevancia del trabajo doméstico desde el punto de vista
económico, es decir, la falta de lucro o beneficio económico de la prestación, y el
carácter de no empresario del empleador sobre los cuales se sostiene la diferencia de
regímenes.
En primer lugar, es cierto que no existe una diferencia que pueda
adjudicarse al conjunto que engloba a ‘los trabajadores y trabajadoras’, sin embargo eso
no implica que ante circunstancias determinadas no pueda aplicarse un régimen
diferente, ejemplo de ello es la Ley de Asociaciones Sindicales. Sostener lo contrario
llevaría a los compañeros de trabajo de un delegado a solicitar se los incluya en dicho
régimen o pero aún se excluya a los delegados del mismo. Este argumento invocado,
claramente no constituye un acto de discriminación, justamente porque para ello se tiene
en cuenta las distintas circunstancias que determinan la diferencia.
El problema no es el régimen legal que se utilice -siempre y cuando se
sustente en circunstancias diferenciadas que hacen al mantenimiento de dicho régimen-
sino la posibilidad que tiene una trabajadora de casas particulares de llevar su reclamo
ante la Justicia del Trabajo sin pasar previamente por la instancia administrativa.
En efecto, considero que este tipo de conflictos deben dilucidarse en
función de la existencia de una inhabilidad de instancia, pues nada obsta a que el
juzgador continúe con el trámite de la causa y en virtud de los hechos narrados en la
demanda y contestación de demanda decida la aplicación de la ley 26.844 (en cuyo caso
no sería un problema de competencia sino de ley aplicable).
No soslayo los argumentos introducidos por el recurrente cuando sostiene
que la figura de empresario muchas veces puede ser disímil a la de empleador y no por
ello debe excluirse a las trabajadoras de casas particulares del régimen de contarto de
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trabajo, pero -nuevamente- el vínculo contractual que une a las partes no se subsume
dentro del régimen de contrato de trabajo sino dentro un régimen distinto que tiene su
génesis en que una de las partes contratantes no asume la calidad de empresario y esto
no irrelevante.
La definición de trabajador como no empresario y de empleador como
empresario no quiere ilustrar de manera superficial la descripción a partir de la figura del
opuesto, sino que en esa distinción radica la existencia de una relación que debe ser
analizada en el marco del derecho positivo vigente. Las expectativas en apariencia
similares no generan por sí solas la existencia de una relación laboral entre un trabajador
y un sujeto que no es empresario pero ‘puede asimilárselo’, pues ello define la ley
aplicable. No existe discusión en este aspecto, más allá de la confusión que expresa el
recurrente en sus agravios.
Por ello es que lo que corresponde es que nos preguntemos desde donde
hay que analizar la virtualidad de la habilitación de la instancia judicial.
Si bien considero que las cuestiones procesales, son meros instrumentos
que deben servir a la cuestión de fondo, no lo es menos que de no acreditarse la
existencia de una relación laboral la acción podría resultar infructuosa en términos de la
LCT. Por ello es necesario distinguir los distintos regímenes legales aplicables.
Entiendo que la crítica concreta debe centrarse en que siempre que medie
un conflicto entre particulares, la intervención de un órgano judicial es
constitucionalmente ineludible. Así lo imponen los arts. 18 y 109 de la Constitución
Nacional. El primero, porque la garantía de la defensa en un juicio supone, básicamente,
que todos los habitantes tienen, en situaciones como las señaladas, el derecho de ocurrir
ante algún órgano judicial a fin de obtener el amparo de los derechos que estimen
amenazados o lesionados (CSJN 247-646 y otros). El segundo, porque al prohibir al
representante del Poder Ejecutivo ejercer funciones judiciales, delimita el ejercicio del
poder de dicho funcionario, e implícitamente, el de los funcionarios y organismos
administrativos que de él dependen, en el sentido de conocer y decidir el mencionado
genero de conflictos. Tal es la doctrina establecida por la CSJN en numerosos
precedentes (Fallos 249-228; 250-472; 253-485; 255-354; 257-136, entre otros).
Desde este lugar -y no otro- es que mantengo mi crítica al sistema
implementado por el art. 51 de la ley 26.844, en tanto el Tribunal de Trabajo para el
Personal de Casas Particulares se encuentra bajo la órbita del poder ejecutivo a través
del Ministerio de Trabajo designado como órgano competente para la resolución de
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conflictos de este tipo. Considero que ello violenta los límites sustentados por la norma
del art. 109 CN. Máxime cuando allí se discuten cuestiones tan sensibles como en
cualquier otro fuero que trate controversias, cuyo núcleo es el derecho a la subsistencia.
Es necesario que los conflictos derivados de estas relaciones contractuales sean resueltos
por tribunales especializados, independientes del poder ejecutivo.
Ello con el fin de adecuar la legislación vigente a las disposiciones del
artículo 16 del Convenio OIT nro. 189 (ratificado por la República Argentina a través de
la ley 26.921, B.O. 24.12.2013) por el cual los Estados miembros deben “…adoptar
medidas, de conformidad con la legislación y la práctica nacionales, a fin de asegurar
que todos los trabajadores domésticos, ya sea en persona o por medio de un
representante, tengan acceso efectivo a los tribunales o a otros mecanismos de
resolución de conflictos en condiciones no menos favorables que las condiciones
previstas para los trabajadores en general”, pues no puede asimilarse a estos tribunales
como una simple instancia administrativa previa para que luego la trabajadora acceda
por vía de recurso a la instancia judicial.
El método de resolución de estos conflictos debe canalizarse mediante
tribunales judiciales que se encuentren fuera de la órbita del poder administrador y que
garanticen los derechos de las trabajadoras dentro del marco legal impuesto por la ley
26.844, otorgando igualdad de condiciones a las trabajadoras de casas particulares
respecto de los demás trabajadores, que no pierden su condición de tal por más que el
otro sujeto cocontratante no ocupe el lugar de empresario o no se encuentre allí
comprendido.
De todas formas, destaco que las mejoras introducidas por la ley 26.844
son innegables, pues se asimiló a los y las trabajadoras de casas particulares con los
derechos protegidos por el régimen de contrato de trabajo.
Cabe destacar que con la sanción de la ley 26.844 se produjo un cambio
de paradigma en la contratación de este colectivo, en su mayoría compuesto por mujeres,
que brindó a la trabajadora una cobertura análoga a la prevista por el régimen de
contrato de trabajo y desde su entrada en vigencia, el 21 de abril de 2013, se derogaron
varios decretos que subsistían desde el gobierno de facto que irrumpió el estado
democrático en 1955.
En menos de diez años se avanzó notablemente en el registro de las
trabajadoras que hoy gozan de cobertura en el ámbito de la seguridad social. Más aún, a
partir de septiembre de 2015, los salarios de las trabajadoras de casas particulares se
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hipótesis) que en los hechos pudiera resultar más eficiente o beneficioso para la
trabajadora un régimen que delegue en un tribunal administrativo especializado la
resolución de conflictos en un ámbito donde la vulnerabilidad apremia por múltiples
factores; lo cierto es que tal régimen no es optativo sino que se impone a las trabajadoras
de casas particulares que se desempeñan en la Ciudad de Buenos Aires, no como una
simple instancia conciliatoria previa -la que también les es impuesta, conf. Dec. 467/14
y en el caso fue transitada-, sino que el Tribunal de Trabajo de Personal de Casas
Particulares (TTPCP) ejerce en este régimen la jurisdicción primaria -equivalente a la
primera instancia judicial- y ello bajo parámetros muy diversos a los que definen el
procedimiento laboral ante la Justicia Nacional del Trabajo.
Es esa diferencia de trato respecto del resto de los trabajadores y
trabajadoras del ámbito privado -definido también en el estatuto por su carácter
compulsivo-, lo que a mi ver lleva a descalificar la decisión legislativa atacada, la que
no puede como principio interpretarse como una medida equilibradora o de acción
positiva cuando impone reparos al acceso a la justicia siguiendo la línea del viejo -y
nada protector- decreto 326 del año 1956 y no garantiza en forma plena el acceso a una
segunda instancia judicial (ver consideración limitativa al respecto reconocida por el
Procurador Eduardo Casal en el dictamen PGN del 17/5/19 in re"Coronel, Adelaída Del
Rosario e/Rossi, Mirta Teresita s/Despido"- CNT 19511/2017/1/RH1 -considerando IV
10° párrafo).
En el presente caso se advierte, por un lado, la vulneración de derechos
constitucionalmente garantidos como lo son el derecho a la igualdad de trato y de pleno
y libre acceso a la justicia (arts. 16, 18 y 75.22), y por el otro, la ausencia de
razonabilidad y objetividad en la decisión legislativa atacada.
Finalmente, analizado el planteo de inicio, surge evidente que mantener la
decisión de grado en materia competencial redundaría en un evidente dispendio
jurisdiccional -rayano con una denegatoria de justicia- por cuanto el Tribunal de
Trabajo para el Personal de Casas Particulares carece de facultades para declarar la
inconstitucionalidad de las normas, por lo que involucrándose en el reclamo el concreto
y fundado planteo que con base constitucional y supralegal se formulara también
respecto de lo dispuesto en el art. 72 inciso d) de la ley 26844, razones de orden
práctico -vinculadas al rápido y adecuado acceso a la jurisdicción- , me llevan también a
adherir al voto del Dr. Gabriel de Vedia E
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