PRÁCTICA: DIURESIS.
El equilibrio del medio interno es una condición esencial para que el metabolismo celular se
desarrolle con eficacia y eficiencia. El medio líquido del ambiente celular debe permanecer
dentro de límites muy estrechos. Mantener la exacta relación plasmática entre solutos
(iones) y solvente (agua), osmolaridad y osmolalidad del líquido extracelular (LEC), es una
de las funciones más importantes del riñón.
Otras funciones renales son:
1. Regulación del volumen del líquido extracelular y de la presiónarterial.
2. Regulación de la osmolaridad de la sangre.
3. Mantenimiento del equilibrio iónico.
4. Regulación homeostática del pH.
5. Excreción o eliminación de desechos.
6. Producción de hormonas.
OBJETIVOS GENERALES.
[Link] el proceso de formación de orina para comprender las bases de este
fenómeno morfofisiológico.
La formación de orina es un fenómeno morfofisiológico esencial para la homeostasis del
organismo. El riñón cumple una doble función: eliminar productos de desecho metabólico
(como urea, creatinina y ácido úrico) y regular el equilibrio hidroelectrolítico, el volumen
sanguíneo, la presión arterial y el estado ácido–base. Este proceso está finamente regulado
por mecanismos neurales, hormonales y locales, y se lleva a cabo a través de tres etapas
fundamentales: filtración glomerular, reabsorción tubular y secreción tubular (Guyton, 2021).
1. Filtración glomerular
Ocurre en el corpúsculo renal, donde la sangre llega a través de la arteriola aferente y se
distribuye en los capilares glomerulares. La presión hidrostática glomerular (≈ 60 mmHg)
impulsa la salida de agua y solutos pequeños (iones, glucosa, aminoácidos, urea) hacia la
cápsula de Bowman, formando el ultrafiltrado glomerular. La tasa de filtración glomerular
(TFG) en condiciones normales es de 125 mL/min en el adulto, equivalente a unos 180 L de
filtrado al día. Sin embargo, solo alrededor del 1% de ese volumen se elimina como orina, lo
que refleja la importancia de la reabsorción tubular (Tortora, 2020).
La filtración depende del equilibrio de fuerzas de Starling: presión hidrostática glomerular,
presión hidrostática capsular y presión oncótica plasmática. Cualquier alteración en ellas
(hipertensión, deshidratación, daño glomerular) modifica la TFG y, por ende, la formación de
orina (Guyton, 2021).
2. Reabsorción tubular
El túbulo renal recupera la mayor parte del agua y solutos filtrados.
● En el túbulo proximal se reabsorbe aproximadamente el 65% del agua y sodio,
además de casi el 100% de glucosa y aminoácidos.
● En el asa de Henle se establece el mecanismo multiplicador de contracorriente,
clave para la concentración o dilución de la orina. El asa descendente es permeable
al agua, mientras que el asa ascendente es impermeable a ésta pero reabsorbe
activamente iones de sodio, potasio y cloro.
● En el túbulo distal y colector, la reabsorción de agua y sodio está bajo control
hormonal: la aldosterona aumenta la reabsorción de sodio (y excreción de potasio),
mientras que la hormona antidiurética (ADH) regula la permeabilidad al agua en los
conductos colectores (Tortora, 2020).
Gracias a estos procesos, el riñón ajusta el volumen y la osmolaridad de la orina de acuerdo
con las necesidades del organismo.
3. Secreción tubular
La secreción activa de sustancias desde los capilares peritubulares hacia la luz tubular
permite eliminar productos de desecho no filtrados adecuadamente. Entre los más
importantes se encuentran: H+ (para el control del pH), K+ (regulado por aldosterona),
amonio, creatinina y ciertos fármacos. Este proceso es esencial en el mantenimiento del
equilibrio ácido-base, ya que posibilita la excreción de ácidos fijos (ácido sulfúrico y
fosfórico) y la regeneración de bicarbonato plasmático (Guyton, 2021).
4. Regulación final: concentración y dilución de la orina
El mecanismo más importante para ajustar la concentración urinaria es el sistema de
contracorriente en el asa de Henle y los vasos rectos, junto con la acción de la ADH.
● En presencia de ADH elevada (deshidratación, osmolaridad plasmática alta), los
túbulos colectores se vuelven muy permeables al agua, que se reabsorbe hacia el
intersticio medular hipertónico, generando orina concentrada (osmolaridad hasta
1200 mOsm/L).
● En ausencia de ADH (exceso de agua ingerida), los túbulos colectores permanecen
impermeables al agua, generando orina diluida (osmolaridad hasta 50 mOsm/L).
De esta forma, el riñón no solo elimina productos de desecho, sino que también ajusta
finamente el equilibrio hídrico y osmótico, garantizando la homeostasis interna (Tortora,
2020).
OBJETIVOS ESPECÍFICOS.
1. Distinguir los cambios que ocurren en el volumen urinario ante la ingesta de
líquidos: hipotónico, isotónico e hipertónico.
El volumen urinario depende de la osmolaridad plasmática, el volumen extracelular y de la
acción reguladora de la hormona antidiurética (ADH), la aldosterona y el sistema nervioso
autónomo. La ingesta de diferentes tipos de líquidos (hipotónicos, isotónicos e hipertónicos)
genera respuestas fisiológicas distintas que permiten al riñón mantener la homeostasis.
1. Ingesta de líquidos hipotónicos
Los líquidos hipotónicos (ejemplo: agua simple) poseen menor concentración de solutos que
el plasma. Su ingesta provoca una disminución en la osmolaridad plasmática y un ligero
aumento del volumen sanguíneo. Esto activa osmorreceptores hipotalámicos, que reducen
la secreción de ADH desde la hipófisis posterior.
● Con menor ADH, los túbulos colectores se vuelven impermeables al agua.
● Como consecuencia, gran parte del agua filtrada no se reabsorbe y se elimina en la
orina.
● El resultado es un aumento significativo del volumen urinario (diuresis acuosa), con
orina muy diluida.
Este mecanismo protege al organismo de una hipoosmolaridad peligrosa en el plasma,
evitando la hemólisis celular por exceso de agua intracelular (Guyton, 2021; Tortora, 2020).
2. Ingesta de líquidos isotónicos
Los líquidos isotónicos (ejemplo: solución salina al 0.9%, bebidas con osmolaridad cercana
a la plasmática) no alteran de manera significativa la osmolaridad del plasma, aunque sí
incrementan el volumen extracelular.
● El aumento de volumen plasmático eleva la presión arterial y activa
mecanorreceptores en aurículas y arterias.
● Esto estimula la liberación de péptido natriurético auricular (PNA) y suprime el
sistema renina–angiotensina–aldosterona.
● Como consecuencia, disminuye la reabsorción de sodio y agua en los túbulos
renales, aumentando el volumen urinario.
En este caso, el riñón responde con una diuresis moderada, eliminando tanto agua como
sodio, sin alterar mucho la concentración de la orina. El volumen urinario aumenta de
manera proporcional al exceso ingerido, estabilizando el balance hídrico (Tortora, 2020).
3. Ingesta de líquidos hipertónicos
Los líquidos hipertónicos (ejemplo: soluciones salinas concentradas, bebidas con alto
contenido de sales o glucosa) poseen mayor concentración de solutos que el plasma. Su
ingesta incrementa la osmolaridad plasmática y provoca un movimiento osmótico de agua
desde el compartimento intracelular hacia el extracelular, reduciendo el volumen de las
células.
● Los osmorreceptores hipotalámicos detectan el aumento de osmolaridad y estimulan
una intensa secreción de ADH.
● La ADH aumenta la permeabilidad al agua de los túbulos colectores, favoreciendo su
reabsorción.
● Esto genera una reducción significativa del volumen urinario, acompañado de una
orina muy concentrada.
Este mecanismo protege al organismo de una hiperosmolaridad plasmática excesiva,
conservando agua corporal y evitando una deshidratación celular grave (Guyton, 2021).
2. Identificar los cambios que ocurren en el pH urinario ante la ingesta de líquidos:
hipotónico, isotónico e hipertónico.
Cambios en el pH urinario
El pH urinario normal oscila entre 4.5 y 8.0, dependiendo del estado metabólico y
respiratorio del organismo. La regulación principal ocurre en los túbulos distal y colector,
donde los riñones secretan H+ o reabsorben bicarbonato según las necesidades de
equilibrio ácido–base (Guyton, 2021).
● Ingesta de líquidos hipotónicos (agua pura):
Al disminuir la osmolaridad plasmática, la reabsorción renal de agua se reduce y el
filtrado se diluye. Esto no provoca cambios importantes en la carga ácida del
organismo, pero sí tiende a reducir la concentración de protones en el plasma. El
riñón responde con una excreción ligeramente menor de H+, lo que produce una
orina más diluida y pH urinario algo más alcalino (Tortora, 2020).
● Ingesta de líquidos isotónicos (solución salina 0.9%):
Al no alterar de manera significativa la osmolaridad plasmática ni la concentración
de protones, el equilibrio ácido–base permanece estable. Por tanto, el pH urinario se
mantiene cercano a valores fisiológicos, alrededor de pH 6–7, sin variaciones
notorias (Guyton, 2021).
● Ingesta de líquidos hipertónicos (soluciones salinas concentradas o bebidas con alta
osmolaridad):
El incremento de solutos en el plasma puede estimular mecanismos de acidificación
urinaria. El riñón incrementa la secreción de H+ en el túbulo distal y colector,
acompañado de una mayor reabsorción de bicarbonato. Esto provoca que la orina
sea más ácida (pH más bajo), ayudando a compensar el aumento osmótico y
manteniendo la homeostasis interna (Tortora, 2020).
3. Enunciar los cambios que ocurren en la densidad urinaria ante la ingesta de
líquidos: hipotónico, isotónico e hipertónico.
Cambios en la densidad urinaria
La densidad urinaria refleja la concentración de solutos en la orina (valores normales: 1.005
– 1.030 g/mL). Su variación depende de la cantidad de agua eliminada y de la capacidad
renal para concentrar o diluir la orina.
● Ingesta de líquidos hipotónicos (agua pura):
El aumento del volumen urinario diluye los solutos, generando una densidad baja
(<1.010). Esto se corresponde con una orina clara y abundante, propia de una
diuresis acuosa (Guyton, 2021).
● Ingesta de líquidos isotónicos (solución 0.9%):
La excreción urinaria aumenta de forma moderada, eliminando agua y solutos de
manera equilibrada. La densidad urinaria se mantiene dentro de rangos intermedios,
alrededor de 1.015–1.020, sin cambios extremos (Tortora, 2020).
● Ingesta de líquidos hipertónicos (soluciones concentradas):
La ADH estimula una intensa reabsorción de agua en los túbulos colectores,
reduciendo el volumen de orina y concentrando los solutos. Esto eleva la densidad
urinaria a valores altos (>1.025), típica de una orina escasa y oscura (Guyton, 2021).
Resumen del Procedimiento
Condiciones previas
● Los alumnos se agrupan en equipos de 8, preferentemente con características
similares (sexo, peso, talla), o en su defecto reportan su diuresis basal.
● Ayuno obligatorio: 8 horas si la práctica es temprano (7 am), o al menos 5 horas en
cualquier otro horario.
● Evitar orinar 2 horas antes del inicio de la práctica.
Desarrollo de la práctica
1. Recolección inicial de orina:
○ Al inicio, cada alumno orina en un vaso de precipitado.
○ El volumen se mide en una probeta de 500 mL
○ Se calcula la velocidad de formación de orina basal con la fórmula:
Velocidad de formacioˊn de orina (mL/min)=Volumen de orina (mL)Tiempo
transcurrido (min)\text{Velocidad de formación de orina (mL/min)} =
\frac{\text{Volumen de orina (mL)}}{\text{Tiempo transcurrido (min)}}
2. Ingesta de la solución:
○ Cada alumno ingiere la solución correspondiente en un máximo de 10
minutos.
○ Ese momento se registra como tiempo cero.
3. Recolección periódica de orina:
○ A partir de tiempo cero, los alumnos orinan cada 30 minutos, recolectando la
orina en vasos de precipitado.
○ Cada muestra se mide en la probeta y se determina nuevamente la velocidad
de formación de orina.
○ Deben obtenerse al menos cuatro determinaciones.
4. Caracterización de la orina:
Cada muestra se analiza en cuanto a:
○ Volumen (probeta).
○ Color y olor (apreciación organoléptica).
○ pH (mediante tiras reactivas).
○ Densidad urinaria (refractómetro manual).
5. Procedimiento para densidad con refractómetro:
○ Verificar calibración con una gota de agua (debe marcar 1.000).
○ Colocar una gota de orina con pipeta Pasteur, bajar la pantalla y observar el
valor en la escala izquierda (1.000–1.050, UG).
○ Limpiar con agua y secar tras cada determinación.
6. Registro de resultados:
○ Al finalizar, los datos obtenidos se utilizan para elaborar una gráfica de
tiempo vs. volumen, densidad y pH urinario, con el fin de observar la
evolución de los parámetros después de la ingesta de las soluciones.
PRÁCTICA: EXAMEN GENERAL DE ORINA
El aparato urinario está constituido por los riñones, los uréteres, la vejiga y la uretra. Los
riñones forman la orina gracias al trabajo que desempeñan las nefronas. La nefrona es la
unidad funcional del riñón y en ella tienen lugar tres procesos básicos:filtración, reabsorción
y secreción además de un proceso complementario: la excreción.
OBJETIVOS GENERALES.
1. Analizar las pruebas que comprenden el examen general de orina para con ellas
determinar la integridad funcional y morfológica del aparato urinario.
El examen general de orina (EGO) constituye una de las pruebas de laboratorio más
importantes y de mayor uso clínico, ya que permite obtener información tanto sobre la
función fisiológica del riñón como sobre el estado estructural de las vías urinarias.
De acuerdo con Guyton & Hall (2021) y Tortora (2019):
1. Relevancia fisiológica:
○ La orina es el producto final de los procesos de filtración glomerular,
reabsorción tubular y secreción, que ocurren en la nefrona.
○ Analizar sus características permite conocer si los mecanismos
homeostáticos de regulación de agua, electrolitos y equilibrio ácido-base se
mantienen dentro de parámetros normales.
2. Integridad funcional:
○ Un riñón sano mantiene niveles adecuados de volumen, concentración, pH y
ausencia de sustancias anormales (proteínas, glucosa, cuerpos cetónicos).
○ Alteraciones en estas propiedades físicoquímicas reflejan fallas en los
mecanismos de transporte tubular, en el umbral renal de reabsorción o en la
capacidad de concentración/dilución.
3. Integridad morfológica:
○ La presencia de células, cilindros, cristales o microorganismos en el
sedimento urinario señala daño estructural a nivel glomerular, tubular o de
vías urinarias bajas.
○ Esto permite diferenciar entre enfermedades renales primarias (ej.
glomerulonefritis, síndrome nefrótico) y alteraciones secundarias (ej.
infecciones, litiasis, obstrucciones).
4. Aplicación clínica:
○ El EGO es una herramienta accesible, rápida y de bajo costo para la
detección temprana de enfermedades renales, metabólicas, hepáticas e
infecciosas.
○ También tiene utilidad en el seguimiento terapéutico y en la prevención de
complicaciones crónicas como la insuficiencia renal.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS.
1. identificar las características físicas macroscópicas de la orina (organoléptica).
El análisis macroscópico de la orina constituye la primera fase del examen general de orina
(EGO). Este se realiza a simple vista, evaluando parámetros perceptibles sin necesidad de
reactivos químicos o microscopía. Según Guyton & Hall (2021) y Tortora (2019), las
características físicas u organolépticas de la orina aportan datos valiosos sobre la función
renal, el metabolismo sistémico y la integridad de las vías urinarias.
1. Color de la orina
● Determinado principalmente por el pigmento urocromo, resultado del metabolismo
de la hemoglobina y de la bilirrubina.
● En condiciones normales, la orina es amarillo pálido a ámbar claro, dependiendo de
la concentración.
● Variaciones patológicas:
○ Rojo o rosado: presencia de eritrocitos (hematuria), hemoglobina o
mioglobina.
○ Marrón oscuro: exceso de bilirrubina o mioglobina.
○ Amarillo intenso: deshidratación o excreción de vitaminas hidrosolubles (B2,
complejo B).
○ Incolora: orina diluida, polidipsia o diabetes insípida.
● Guyton señala que el color refleja la concentración de solutos, mientras que Tortora
enfatiza la relación con procesos metabólicos y enfermedades hepáticas.
2. Olor
● La orina normal tiene un olor tenue, característico y no ofensivo.
● Alteraciones del olor:
○ Fétido: asociado a proliferación bacteriana en infecciones urinarias.
○ Dulzón o afrutado: presencia de cuerpos cetónicos, frecuente en diabetes
mellitus descompensada o ayuno prolongado.
○ Amoniacal intenso: orina retenida por tiempo prolongado o infecciones por
bacterias productoras de ureasa.
● Tortora (2019) señala que el olor puede cambiar según dieta y medicamentos.
3. Aspecto y transparencia
● Normalmente, la orina es clara y transparente.
● Turbidez puede deberse a:
○ Células epiteliales.
○ Leucocitos (piuria).
○ Bacterias o cristales (oxalato de calcio, fosfatos, ácido úrico).
● Una orina lechosa sugiere quiloruria (linfa en orina).
4. Volumen urinario en 24 horas
El volumen es uno de los indicadores más importantes de la función renal.
● Valores normales: 800–2000 ml/24 h, dependiendo de la ingesta de agua y pérdidas
insensibles (Guyton, 2021).
● Alteraciones:
○ Poliuria (>2.5 L/día): diabetes mellitus, diabetes insípida, uso de diuréticos.
○ Oliguria (<400 ml/día): deshidratación, insuficiencia renal aguda, shock.
○ Anuria (<100 ml/día): falla renal grave, obstrucción de vías urinarias.
● El control del volumen depende del equilibrio entre filtración glomerular, reabsorción
tubular y secreción, regulado por hormonas como ADH, aldosterona y péptidos
natriuréticos (Guyton & Hall, 2021).
2. Reconocer las características físicoquímicas de la orina.
1. pH urinario
● Rango normal: 4.6 a 8.0.
● El pH refleja la capacidad renal para regular el equilibrio ácido-base.
● Variaciones fisiológicas:
○ Ácido (≤5.5): dieta rica en proteínas, ejercicio intenso, cetoacidosis diabética.
○ Alcalino (≥7.5): dieta vegetariana, vómitos prolongados, infecciones urinarias
por bacterias que degradan urea (ej. Proteus).
● Guyton explica que el riñón excreta hidrogeniones (H⁺) y regula bicarbonato, lo que
se refleja directamente en el pH urinario.
2. Densidad relativa (peso específico)
● Valores normales: 1.002 – 1.030.
● Indica la concentración de solutos en orina y refleja la capacidad de concentración y
dilución renal.
● Variaciones:
○ Elevada (>1.030): deshidratación, glucosuria, proteinuria.
○ Baja (<1.005): insuficiencia renal crónica, diabetes insípida, ingesta excesiva
de líquidos.
● Guyton & Hall (2021) mencionan que esta propiedad depende de la función de la
ADH (hormona antidiurética) y de los mecanismos de contracorriente en la médula
renal.
3. Presencia de proteínas (proteinuria)
● En condiciones normales la orina contiene trazas mínimas de proteínas (<150
mg/día).
● La albuminuria es el indicador más común de daño glomerular, ya que la barrera de
filtración pierde selectividad.
● Tipos:
○ Microalbuminuria (30–300 mg/día): marcador temprano de nefropatía
diabética o hipertensiva.
○ Proteinuria franca (>300 mg/día): síndrome nefrótico, glomerulonefritis.
● Tortora señala que la detección temprana de proteínas en orina es clave para la
prevención de daño renal crónico.
4. Glucosa (glucosuria)
● Normalmente ausente, ya que toda la glucosa filtrada es reabsorbida en el túbulo
proximal.
● Aparece cuando la glucemia supera el umbral renal (~180 mg/dl) o cuando hay daño
tubular que reduce su reabsorción.
● Causas principales:
○ Diabetes mellitus mal controlada.
○ Síndrome de Fanconi (defecto tubular).
5. Cetonas (cetonuria)
● No presentes en orina normal.
● Surgen cuando el organismo utiliza excesivamente las grasas como fuente de
energía.
● Situaciones comunes:
○ Cetoacidosis diabética.
○ Ayuno prolongado.
○ Dietas cetogénicas.
● Guyton (2021) menciona que los cuerpos cetónicos son ácidos (acetoacético,
β-hidroxibutírico) que modifican el equilibrio ácido-base y se eliminan por orina.
6. Pigmentos biliares: bilirrubina y urobilinógeno
● Bilirrubina: no debe estar presente. Su hallazgo indica obstrucción biliar o
hepatopatía.
● Urobilinógeno: aparece en pequeñas trazas; su incremento sugiere hemólisis o
enfermedad hepática.
● Tortora (2019) explica que estas sustancias reflejan el metabolismo de la
hemoglobina y el ciclo enterohepático de la bilis.
3. Interpretar el análisis microscópico del sedimento urinario.
1. Células en el sedimento urinario
● Hematíes (eritrocitos):
○ Normal: ausentes o <3 por campo.
○ Hematuria microscópica o macroscópica puede deberse a:
■ Litiasis renal.
■ Glomerulonefritis.
■ Traumatismos de vías urinarias.
○ Los eritrocitos dismórficos indican origen glomerular.
● Leucocitos:
○ Normal: escasos (<5 por campo).
○ Aumento: piuria, relacionada con infecciones urinarias (cistitis, pielonefritis).
○ Según Guyton, su presencia refleja una respuesta inflamatoria local.
● Células epiteliales:
○ Pueden descamarse en pequeñas cantidades (provenientes de uréteres,
vejiga o uretra).
○ Exceso sugiere daño tubular (necrosis tubular aguda) o inflamación en vías
urinarias.
2. Cilindros urinarios
Son estructuras cilíndricas formadas en los túbulos renales, compuestas por la proteína de
Tamm-Horsfall y otros elementos atrapados. Su presencia es clave en el diagnóstico de
enfermedades renales.
● Cilindros hialinos:
○ Pueden ser normales en ejercicio intenso o deshidratación.
● Cilindros granulosos:
○ Asociados a daño tubular y necrosis.
● Cilindros eritrocitarios:
○ Patognomónicos de glomerulonefritis.
● Cilindros leucocitarios:
○ Indicativos de pielonefritis.
● Cilindros céreos o anchos:
○ Característicos de insuficiencia renal crónica avanzada.
Tortora (2019) resalta que los cilindros son marcadores muy útiles para diferenciar daño
glomerular, tubular o intersticial.
3. Cristales en orina
● Pueden estar presentes en orina normal, dependiendo del pH y concentración.
● Tipos frecuentes:
○ Oxalato de calcio: común en orina ácida; asociado a litiasis renal.
○ Ácido úrico: observado en gota, hiperuricemia o quimioterapia.
○ Fosfatos amorfos: frecuentes en orina alcalina, no siempre patológicos.
● La presencia masiva de cristales orienta hacia trastornos metabólicos o litiasis
urinaria.
4. Microorganismos y otros elementos
● Bacterias: indican infección urinaria cuando hay correlación clínica y piuria.
● Hongos (Candida): más comunes en pacientes inmunocomprometidos o diabéticos.
● Parásitos: Trichomonas vaginalis puede observarse en orina femenina.
● Moco: puede encontrarse en pequeñas cantidades sin valor patológico.
Resumen del Procedimiento del Examen General de Orina (EGO)
1. Determinación de las características físicas macroscópicas (organolépticas)
● Recolectar la primera orina de la mañana en un recipiente estéril.
● Medir el volumen con una probeta graduada de 100 ml.
● Evaluar propiedades organolépticas:
○ Color (amarillo pálido a ámbar normalmente).
○ Olor (ligero, no fétido).
○ Aspecto (claro y transparente).
2. Determinación de las características fisicoquímicas
a) Densidad urinaria (con refractómetro):
1. Verificar calibración con una gota de agua (debe marcar 1.000).
2. Secar el refractómetro con un pañuelo desechable.
3. Colocar una gota de orina, bajar la pantalla y observar la escala (1.000–1.050).
4. Leer el valor en el punto de división de los colores.
5. Limpiar nuevamente el refractómetro.
(Nota: también puede medirse con tira reactiva).
b) Análisis químico con tiras reactivas:
1. Introducir la tira reactiva en la muestra de orina siguiendo instrucciones.
2. Retirar el exceso de orina sacudiendo suavemente.
3. Comparar la coloración con el patrón del contenedor, respetando los tiempos de
lectura.
4. Registrar parámetros: pH, glucosa, proteínas, nitritos, cetonas, urobilinógeno,
bilirrubina, eritrocitos, leucocitos, entre otros.
3. Análisis microscópico del sedimento urinario
1. Tomar 10 ml de orina con jeringa y pipeta.
2. Colocar 5 ml en dos tubos de ensayo.
3. Centrifugar a 1500 rpm por 5 minutos, equilibrando los tubos en el rotor.
4. Eliminar el sobrenadante con un solo movimiento.
5. Resuspender el sedimento con 1–2 gotas de orina si es necesario.
6. Preparar dos portaobjetos:
○ Uno con sedimento directo.
○ Otro con sedimento teñido (tras añadir colorante y mezclar suavemente).
7. Colocar cubreobjetos en ambos.
8. Observar al microscopio e identificar células, cilindros, cristales, bacterias y
parásitos, comparando con el atlas de sedimentos.