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Indigenismo y Religión en Perú

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Siete ensayos de la Realidad Nacional (citas)

José Carlos Mariátegui

“El culto católico se superpuso a los ritos indígenas, sin absorberlos más que a medias” p. 124
La Conquista Católica: “Su carácter de cruzada define a la Conquista como empresa esencialmente militar y
religiosa” p. 129
La evangelización, la catequización, nunca llegaron a consumarse en su sentido profundo p.133
Aquí, fácilmente superpuesto el culto católico al sentimiento pagano de los indios, el catolicismo perdió su vigor
moral. "Una gran santa -observa García Calderón- como Rosa de Lima, está bien lejos de tener la fuerte
personalidad y la energía creadora de Santa Teresa, la gran española" p. 135
En la costa, en Lima sobre todo, otro elemento vino a enervar la energía espiritual del catolicismo. El esclavo
negro prestó al culto católico su sensualismo fetichista, su oscura superstición. El indio, sanamente panteísta y
materialista, había alcanzado el grado ético de una gran teocracia; el negro, mientras tanto, trasudaba por todos
sus poros el primitivismo de la tribu africana. Javier Prado anota lo siguiente: "Entre los negros, la religión cristiana
era convertida en culto supersticioso e inmoral. Embriagados completamente por el abuso del licor, excitados por
estímulos de sensualidad y libertinaje, propios de su raza, iban primero los negros bozales y después los criollos
danzando con movimientos obscenos y gritos salvajes, en las populares fiestas de diablos y gigantes, moros y
cristianos, con las que, frecuentemente, con aplauso general, acompañaban a las procesiones" p. 136
“El Estado y la Iglesia se identificaban absolutamente; la religión y la política reconocían los mismos principios y
la misma autoridad” p. 125
“La iglesia tenía el carácter de una institución social y política” p. 126
La religión del Tawantinsuyo, por otro lado, no violentaba ninguno de los sentimientos ni de los hábitos de los
indios. P. 126
Los Inkas del Perú, por ejemplo, que se decían hijos del Sol, eran reverenciados como dioses; se les consideraba
infalibles y nadie pensaba dañar a la persona, el honor, los bienes del monarca o de un miembro de su familia. P.
128
El pueblo inkaico ignoró toda separación entre la religión y la política, toda diferencia entre Estado e Iglesia. Todas
sus instituciones, como todas sus creencias, coincidían estrictamente con su economía de pueblo agrícola y con
su espíritu de pueblo sedentario. La teocracia descansaba en lo ordinario y lo empírico; no en la virtud
taumatúrgica de un profeta ni de su verbo. La Religión era el Estado. p. 129
Sobre la Independencia de la Iglesia
En el Perú en particular, la revolución encontraba una feudalidad intacta. P. 146
Amamantado por la catolicidad española, el Estado peruano tenía que constituirse como Estado semifeudal y
católico. P.146
El indigenismo literario traduce un estado de ánimo, un estado de conciencia del Perú nuevo. p. 266
El criollismo no ha podido prosperar en nuestra literatura, como una corriente de espíritu nacionalista, ante todo
porque el criollo no representa todavía la nacionalidad. El criollo no está netamente definido. Hasta ahora la
palabra "criollo" no es casi más que un término que nos sirve para designar genéricamente una pluralidad, muy
matizada, de mestizos. P. 267-268
Nuestro "nativismo" -necesario también literariamente como revolución y como emancipación-, no puede ser
simple "criollismo". p. 269
Los "indigenistas" auténticos -que no deben ser confundidos con los que explotan temas indígenas por mero
"exotismo"- colaboran, conscientemente o no, en una obra política y económica de reivindicación -no de
restauración ni resurrección. P. 269-270
El indio no representa únicamente un tipo, un tema, un motivo, un personaje. Representa un pueblo, una raza,
una tradición, un espíritu. No es posible, pues, valorarlo y considerarlo, desde puntos de vista exclusivamente
literarios, como un color o un aspecto nacional, colocándolo en el mismo plano que otros elementos étnicos del
Perú. p. 270
La literatura indigenista no puede darnos una versión rigurosamente verista del indio. Tiene que idealizarlo y
estilizarlo. Tampoco puede darnos su propia ánima. Es todavía una literatura de mestizos. Por eso se llama
indigenista y no indígena. Una literatura indígena, si debe venir, vendrá a su tiempo. Cuando los propios indios
estén en grado de producirla. P. 272
Lo único casi que sobrevive del Tawantinsuyo es el indio. La civilización ha perecido; no ha perecido la raza. El
material biológico del Tawantinsuyo se revela, después de cuatro siglos, indestructible, y, en parte, inmutable. P.
272
No es aventurada, por tanto, la hipótesis de que el indio en cuatro siglos ha cambiado poco espiritualmente. P.
273
En el Perú, por la impronta diferente del medio y por la combinación múltiple de las razas entrecruzadas, el término
mestizo no tiene siempre la misma significación. El mestizaje es un fenómeno que ha producido una variedad
compleja, en vez de resolver una dualidad, la del español y el indio p. 276
“El indio sigue viviendo su antigua vida rural. Guarda hasta hoy su traje, sus costumbres, sus industrias típicas.
p. 281
En la historia de nuestra literatura, la Colonia termina ahora. El Perú, hasta esta generación, no se había aún
independizado de la Metrópoli. Algunos escritores, habían sembrado ya los gérmenes de otras influencias.
González Prada, hace cuarenta años, desde la tribuna del Ateneo, invitando a la juventud intelectual de entonces
a la revuelta contra España, se definió como el precursor de un período de influencias cosmopolitas. El
"indigenismo", como hemos visto, está extirpando, poco a poco, desde sus raíces, al "colonialismo". P. 285-286

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