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Fallo

El Tribunal Oral Federal de Córdoba ha evaluado la solicitud de Marcelo Octavio Artaza para la reducción de su pena debido a la finalización de cursos educativos y secundarios. El fiscal ha dictaminado a favor de una reducción total de siete meses y catorce días, aunque con discrepancias en el cómputo de los plazos. El tribunal considera que la educación es un derecho humano y debe ser garantizada, permitiendo reducciones en los plazos de tratamiento penitenciario en función de los estudios realizados.

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Fallo

El Tribunal Oral Federal de Córdoba ha evaluado la solicitud de Marcelo Octavio Artaza para la reducción de su pena debido a la finalización de cursos educativos y secundarios. El fiscal ha dictaminado a favor de una reducción total de siete meses y catorce días, aunque con discrepancias en el cómputo de los plazos. El tribunal considera que la educación es un derecho humano y debe ser garantizada, permitiendo reducciones en los plazos de tratamiento penitenciario en función de los estudios realizados.

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Poder Judicial de la Nación

TRIBUNAL ORAL FEDERAL DE CORDOBA 1


Córdoba, 03 de mayo de 2024
Y VISTOS:
Estos autos caratulados: “Artaza Marcelo Octavio S/ Legajo de
Ejecución Penal” (Expte. N° 19938/2018/36/1), venidos a Despacho a
fin de resolver el pedido de aplicación de estímulo educativo a favor del
interno Marcelo Octavio Artaza;
Y CONSIDERANDO:
I. Comparece, el Dr. Claudio Ismael Suarez, defensor particular de
Marcelo Octavio Artaza y solicita se aplique una reducción de siete (7)
meses por cursos y secundario realizados por su defendido y una
reducción de 32 días de los plazos requeridos para el avance a través de
las distintas fases, períodos y progresividad de la pena por los cursos
realizados de Auxiliar en electricidad de Inmueble (julio/22) y asistente de
camillero (junio/23).
Señala que, su asistido se trabaja y se encuentra en “blanco”
desde el año 2021 y que cuenta con conducta ejemplar 10.
Por último, cita jurisprudencia de este tribunal, causa “Alfonso” y
solicita la reducción de los plazos por estímulo educativo por la
culminación de cursos y el secundario, efectuando de esa manera una
reducción en la pena.
II. Al contestar la vista que le fuera corrida, el Sr. Fiscal General,
Dr. Maximiliano Hairabedián, dictaminó de manera favorable, aunque
discrepó en relación al cómputo.
Sostuvo que, conforme las constancias de autos, corresponde
aplicar una reducción total de siete (7) meses y catorce (14) días a los
plazos para avanzar a las distintas fases y períodos del tratamiento.
Consideró que, por la aprobación de los cursos de “Construcción
en seco” e “Instalación de aires acondicionados”, ya se expidió este
tribunal, mediante R.I. de fecha 6 de diciembre pasado.
Agregó que, en relación a los cursos de “Auxiliar de
enfermería-camillero” y “Asistente en trámite del automotor”, no
corresponde reducción alguna, toda vez que aún no han sido aprobados.
Destacó que, conforme surge del informe educativo incorporado a
las presentes actuaciones, Marcelo Artaza cursó y aprobó el primer,
segundo y tercer año del nivel medio, por lo que, conforme lo dispuesto
en el artículo 140 inc. a y c de la ley 24.660, corresponde una reducción
total de 4 meses, un mes por el ciclo lectivo anual aprobado y tres por la
finalización de los estudios secundarios.
Agregó que, en relación a los cursos de capacitación profesional,
Artaza, aprobó los cursos de “Auxiliar en electricidad de inmuebles”, de
70 horas de duración y los de “Cajero comercial” y “Asistente de
marketing”, ambos de 96 horas cada uno, por lo que, conforme el criterio

Fecha de firma: 03/05/2024


Firmado por: ANGELES DIAZ BIALET, SECRETARIA DE JUZGADO
Firmado por: JULIAN FALCUCCI, JUEZ DE CAMARA

#36725761#410443012#20240503132211833
adoptado por este Tribunal, entiende que se debe otorgar una reducción
proporcional a las cargas horarias de los cursos en cuestión, siendo de
12 días para el primero mencionado y 16 días cada uno para los dos
restantes.
III. Requeridos que fueran los informes educativos de Marcelo
Octavio Artaza, que obran en los presentes autos, la sección de
Educación del Complejo Carcelario N°1, informó que, en el ciclo lectivo
2019, el nombrado concluyó el primer año del nivel medio; el segundo
año en el ciclo lectivo 2020 y finalizó sus estudios secundarios en el año
2021.
En relación a los cursos de capacitación y formación profesional,
surge que Artaza, realizó en el año 2021, los cursos de “Cajero comercial
” y “Asistente de Marketing”, con una carga horaria de 96 horas reloj
cada uno de ellos. Asimismo, consta que, en año siguiente (2022), cursó
y aprobó los cursos de “Auxiliar de Electricidad de Inmuebles”, con una
duración de 70 horas; de “Construcción en seco” y de “Instalación de Aire
Acondicionado”, ambos de 96 horas de duración cada uno de ellos, todos
organizados por el Ce. De. R de San Francisco y avalados por el
Ministerio de Promoción para el Empleo y Economía Familia.
Por último, informan que, en junio del año 2023, se ordenó el
traslado de Marcelo Octavio Artaza, desde el Establecimiento
Penitenciario N°7 de San Francisco al Complejo Carcelario N°1, donde
actualmente se encuentra alojado, por lo que, los cursos de “Auxiliar de
Enfermería- camillero” y de “Asistente en trámite del Automotor”,
quedaron inconclusos.
IV.- Acerca del asunto sometido a decisión, a fin de resolver la
cuestión planteada es preciso considerar —primeramente— el marco
normativo en que debe inscribirse el análisis.
Por un lado, la Ley Nacional de Educación 26.206, del año 2006,
que dedica un capítulo a la Educación en Contextos de Encierro y,
relacionando la educación con el desarrollo integral del individuo y con
los derechos económicos, sociales y culturales, la coloca en el rango de
un derecho humano, bajo responsabilidad y competencia del Ministerio
de Educación.
A la par, la Ley 24.660, establece en su artículo 2 que el
condenado podrá ejercer todos sus derechos no afectados por la ley, la
condena o las reglamentaciones. En consecuencia, cabe afirmar que la
educación constituye uno de los derechos no afectados por la pena
impuesta. Por su parte, el artículo 5 de la ley dispone que el tratamiento
deberá ser programado, individualizado y obligatorio respecto de las
normas que regulan la convivencia, disciplina y el trabajo y toda otra
actividad tendrá el carácter de voluntaria.

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Se deduce de ello que la actividad educativa es voluntaria y, por
tanto, su incumplimiento no debe producir consecuencias con relación al
tratamiento. En otros términos, del no desarrollo de actividad educativa
no deriva una evaluación disvaliosa de la elección, en términos de éxito o
de progresividad en el tratamiento.
No obstante, es sabido que en la práctica diaria penitenciaria se
observa que el interno vive la actividad educativa de manera forzosa,
ligada a la consideración de otorgamiento de derechos y atenuación de
condiciones de encierro, pues la educación —en lugar de considerarse
un derecho— se enlaza con el tratamiento, como uno de los pilares de
“corrección” del interno, dentro de la lógica del modelo correccional de
cárcel.
Al respecto, la doctrina considera que la sanción de la Ley 26.206
“…vino a “arrancar” a la educación de la lógica totalizante del tratamiento
penitenciario, colocándola como un derecho cuyo goce no puede
someterse al criterio correccional…Mediante este proceso se está
intentando lograr que los servicios penitenciarios “suelten” la prestación
del servicio educativo, o al menos lo liberen de la carga y
condicionamientos del “tratamiento” penitenciario…”.
En este sentido, se postula que la sanción de la Ley 26.206
implica un cambio político que deja de considerar a la ejecución de la
pena meramente como una cuestión de debate entre resocialización
versus garantías y derechos individuales de los internos o bien de
tensión entre la educación del interno como un derecho y la función
educadora como parte del tratamiento penitenciario (GUTIÉRREZ,
Mariano; “La inclusión de la educación dentro de la ley de ejecución: un
retroceso”. [Link]
/09/ejecucion01_2.pdf)
Al respecto, una perspectiva de derechos sociales, tal como la que
incorpora la Ley 26.206, implica comprender que los derechos sociales
de los internos, no afectados por la condena, deben estar garantizados y
proveídos, sin estar en función del objetivo resocializador.
Ello permite introducir una lógica de funcionamiento alternativa,
superadora de la tradicional disputa estructural entre lo penitenciario, su
“utopía” resocializadora y lo jurídico, que pretende poner límite a algunas
prácticas penitenciarias violatorias de los derechos de los internos.
Por otra parte, aún posicionados desde la lógica de la
resocialización, si bien el tratamiento penitenciario tiene como finalidad
explícita favorecer la reinserción social de los internos, ello no puede
efectuarse en el marco de una estandarización de lo esperable para
todos los internos por igual, sino —por el contrario— dentro de un
tratamiento individualizado que atienda a las posibilidades, deseos y

Fecha de firma: 03/05/2024


Firmado por: ANGELES DIAZ BIALET, SECRETARIA DE JUZGADO
Firmado por: JULIAN FALCUCCI, JUEZ DE CAMARA

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circunstancias de cada penado. Sin embargo, la actividad voluntaria de
aprender y la educación sólo puede sostenerse adecuadamente desde el
deseo o interés del sujeto por el estudio y el respeto por su libre decisión
como adulto.
De lo contrario, se torna en una mera ficción de tratamiento,
coactiva, en un “laberinto de obediencias fingidas”, en palabras de Juan
Dobón (“El sujeto en el laberinto de discursos" en: RIVERA BEIRAS/
DOBÓN, Cárcel y Manicomio como Laberintos de Obediencia Fingida,
Ed. Bosch, Barcelona, España, 1997), sin consecuencias desde la
perspectiva subjetiva.
Por último, la Ley 26.695, modificatoria del Capítulo VIII de
Educación de la Ley 24660 (arts.133 a 142), ha supuesto un avance
legislativo relevante en cuanto —en consonancia con la ley 26.206—
establece que la educación del interno es un derecho que debe estar
garantizado por el Estado, sin restricciones (arts. 135 y 138).
En efecto, la mentada reforma vino, definitivamente, a imponer la
educación como un derecho de la persona privada de su libertad, cuyo
ejercicio debe ser facilitado por la administración y que, al ser
fundamental, no puede ser objeto de restricción alguna (LÓPEZ, Axel
/IACUBUSIO, Valeria; Educación en la cárcel. Un nuevo paradigma en la
ejecución de las penas. Ley 26.695, Ed. Fabián Di Plácido, Buenos Aires,
2011, p. 19).
En ese contexto, el artículo 140 añadido a la ley prevé el llamado
“estímulo educativo” y fija la reducción de plazos para el avance del
interno en las fases y períodos del tratamiento penitenciario, de acuerdo
al cumplimiento de estudios primarios, secundarios, terciarios,
universitarios, posgrado o trayectos de formación profesional o
equivalentes.
En relación con dicho precepto legal, más allá de apreciar como
positivas las reformas legislativas que suponen un estímulo a la
formación educativa de los internos y que habilitan una reducción de los
plazos requeridos para el avance en el tratamiento, una mirada cabal
—abarcativa de la reforma introducida por Ley 26.695, a la luz de las
innovaciones de Ley 26.206 y de los derechos reservados al interno por
el art. 2 de la Ley 24.660— conduce a concluir que, en rigor, el art. 140
debe ser aplicado en cuanto favorece al penado que tiene la iniciativa de
estudiar, pero de ningún modo cabe su utilización coactiva hacia el
interno.
Al respecto, es preciso decir que el citado art. 140 establece que
los plazos requeridos para el avance a través de las distintas fases y
períodos de la progresividad del sistema penitenciario se reducirán de
acuerdo a las pautas que se fijan en esa disposición legal, respecto de

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los internos que completen y aprueben satisfactoriamente, total o
parcialmente, sus estudios primarios, secundarios, terciarios,
universitarios, de posgrado o trayectos de formación profesional o
equivalentes, en consonancia con lo establecido por la Ley 26.206 en su
capítulo XII.
En concreto, un mes por ciclo lectivo anual (inciso a), dos meses
por curso de formación profesional anual o equivalente (inciso b); tres
meses por estudios secundarios (inciso d), plazos que resultan
acumulativos hasta un máximo de veinte meses.
Específicamente en relación con los cursos de formación
profesional, es claro que la norma obliga a efectuar un juicio de
equivalencia respecto de cursos de formación profesional no anuales, de
modo de determinar —en concreto— la reducción a practicar en la
consideración de los tiempos de detención.
A ese objeto, es preciso asumir una apreciación amplia, que
englobe la carga horaria de los cursos, los esfuerzos realizados por el
interno para su aprobación, las características de los cursos y
conocimientos teóricos y prácticos aportados y, en especial, las
herramientas brindadas para la reinserción social y la obtención de un
medio de vida lícito, lo que supone un análisis global que contemple la
carga horaria, pero que excede la valoración de dicho extremo.
En relación a la carga horaria de los cursos en cuestión, lo
dispuesto por el art. 140, inciso b), de la Ley 24.660, dispone que los
cursos deben ser de formación profesional anual o equivalente.
Pues bien, dado que el texto legal no define el alcance que debe
asignarse a dicha pauta, a fin de determinar qué duración debe tener un
curso “equivalente” para ser considerado “anual”, voy a coincidir con el
criterio fijado por la señora Jueza de Cámara, Dra. Carolina Prado, en
autos “Romero Fernando Rubén S/Legajo de Ejecución” (Expte.
N°2360/2021/5), entre otros, en el que se analizó la duración de los
cursos a la luz de lo resuelto por distintas salas de la Cámara Federal de
Casación Penal, y de la información recabada con relación a los cursos
de formación profesional realizados por los internos a disposición de este
Tribunal (en cuanto al modo en que se fija la carga horaria que compone
cada curso).
En dicho precedente, este Tribunal fijó un nuevo criterio
—respecto del asumido en anteriores decisorios— sobre la cantidad de
horas que debe reunir un curso de formación profesional para ser
considerado “equivalente” a uno “anual” y se partió de considerar que la
Sala IV en autos “Ávila Ariel Ángel s/ Recurso de Casación” (FCB
32020028/2012/to2/3/cfc5), “Moreno, Cristian Horacio s/ Recurso de
Casación” (FCB34139/2015/to1/2/3) y “Gallo, Stella Mari s/ Recurso de

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Casación” (CPE1814/2017/TO2/114/CFC24), entre otros, y la Sala III, en
autos: “Palacios Carlos Elías s/ Recurso de Casación” (CPE 720/2020/to2
/14/1/cfc2), a fin de determinar el alcance de un curso equivalente
—conforme el art. 140 inc. b) de la Ley 24660— entendieron que cabe
aplicar la Ley Nacional de Educación que fija una carga mínima de 25
horas reloj de clases semanales para la educación formal secundaria, es
decir 100 horas por mes, 400 horas por cuatrimestre y, en esa
progresión, 800 horas reloj por año a cursos de educación no formal que
contengan una carga diversa a la de un ciclo lectivo anual, le será
aplicado dicho baremo objetivo para considerar su equivalencia.
Por ello, se valoró que, a fin de establecer la equivalencia que
impone la norma, cabe valerse de una pauta objetiva y razonable que, a
la luz del resto de elementos de juicio mencionados permita determinar
esa correspondencia.
En este sentido, en el citado expediente “Romero Fernando Rubén
S/Legajo de Ejecución” (Expte. N°2360/2021/5), se consideró válido y útil
atender a los requerimientos temporales propios de una carrera de
formación de grado y, así, estar al “Plan de Estudio de Abogacía año
2000” (conforme el criterio del TSJ de Córdoba en el precedente
“Quiñones Mario Oscar” (Sentencia N° 294-Expte. N° 2465001, 25/6/19).
De acuerdo al plan de estudios de mención, la carga horaria
lectiva se define allí por medio de créditos, en el que cada crédito se
compone de diez horas lectivas de clase (para asignaturas obligatorias u
opcionales, teóricas o prácticas, cursos, seminarios o talleres).
Asimismo, a cada asignatura, curso o taller le fue asignado un
número determinado de créditos de acuerdo a la cantidad de horas de
clase de éstos. A la par, surge que a la práctica totalidad de materias de
la carrera se asignó un valor de 6 créditos, esto es, 60 horas. Sumado a
ello, el plan de estudios establece que la carrera se divide en dos ciclos,
que hacen un total de doce semestres y que el año académico está
compuesto por dos semestres de al menos tres materias de 60 horas
cada una, lo que da un total de 180 horas por semestre y un total anual
mínimo de 360 horas.
Dado que para dicho Plan de Estudios un ciclo anual se compone
de dos semestres que requieren un cursado de 360 horas como mínimo,
este Tribunal estimó justo y razonable fijar —como parámetro base, a
integrar con el resto de elementos antes citados— que los cursos de
formación profesional deben cumplir, como mínimo, una carga horaria de
360 horas para ser catalogados como cursos anuales de formación
profesional, en los términos de ley.
Dicho ello, surge que los cursos de formación profesional
realizados y aprobados por Artaza, no satisfacen esa condición temporal,

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en tanto sus respectivas cargas horarias (70, 96 y 96 horas) resultan muy
inferiores a la mencionada.
Ahora bien, a fin de asignar un valor al esfuerzo asumido por el
interno en su proceso de formación y capacitación corresponde realizar
una interpretación por analogía in bonam partem y, así, efectuar una
ecuación aritmética respecto de las horas implicadas en los cursos en
juego, según temperamento adoptado por el Tribunal casatorio en
precedente “Ávila, Ariel Ángel” (Expte FCB 32020028/2012/TO2/3; Sala
IV, Reg. 2208/19.4, 31/10/19).
En esa línea, fijado que un curso de formación profesional debe
reunir una carga de 360 horas para ser considerado de duración anual
(lo que implica un descuento de dos meses).
Por lo dicho, en definitiva, procede conceder a Artaza, por la
aprobación de los cursos de formación profesional de: a) “Auxiliar en
electricidad Inmueble” con una duración de 70 horas, un descuento
proporcional de doce (12) días; b) por los cursos de “Cajero Comercial” y “
Asistencia Marketing”, con una duración de 96 horas reloj cada uno, un
descuento proporcional de dieciséis (16) días por cada uno de ellos y
finalmente, por la aprobación del primero, segundo y tercer año del nivel
medio y finalización del secundario, corresponde una reducción total de
seis (6) meses.
En consecuencia, conforme lo dispuesto en los inc. “a”, “b” y “d”
del art. 140, ley 24.660, corresponde aplicar un descuento total de siete
(7) meses y catorce (14) días, al plazo del cumplimiento de la pena,
debiendo efectuarse nuevo cómputo de pena para el nombrado.
Por último, en relación a los cursos de “Construcción en Seco” e “
Instalación de Aire Acondicionado”, me remitiré a la R.I de fecha 6/12
/2022, dictada por este Tribunal. Respecto a los cursos de “Auxiliar de
Enfermería-Camillero” y de “Asistente en Trámites del Automotor”, no
corresponde expedirme, toda vez que, al día de la fecha, no fueron
concluidos.
Por ello y oído que fuera el Fiscal General;
SE RESUELVE:
HACER LUGAR a la aplicación del art. 140, inc. “a”, “b” y “d” de la
Ley 24.660, en favor del interno Marcelo Octavio Artaza respecto a 0la
aprobación del primer, segundo y tercer año del nivel medio y finalización
del secundario y, de los cursos de formación profesional aprobados de
“Auxiliar en electricidad Inmueble”; “Cajero Comercial” y “Asistencia
Marketing”, todos dictados por Ce. De. R. de San Francisco, en
consecuencia, aplicar un descuento proporcional total de siete (7) meses

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y catorce (14) días que se reducirá al plazo de cumplimiento de la pena,
debiendo efectuarse —por Secretaría del Tribunal— nuevo cómputo de
pena.
Protocolícese y hágase saber.

JULIAN FALCUCCI

JUEZ DE CÁMARA

ANGELES DIAZ BIALET


SECRETARIA

Fecha de firma: 03/05/2024


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