Anexo 1: Humanizacion del cuidado
1.. CONCEPTO DE HUMANIZACIÓN.
Humanizar es según la RAE es “hacer humano, familiar o afable a alguien o algo”,
pero en otra segunda acepción se considera como “ablandarse, desenojarse, hacerse
benigno”.
Con este concepto aplicado a la Humanización en la asistencia sanitaria o en el
cuidado de los enfermos, se quiere referir a la capacidad de los profesionales de
ponerse en la piel del enfermo y transmitir esa consideración como ser humano
independientemente de las tareas que deba realizar dentro del ámbito de su profesión
sanitaria.
Ni más ni menos consiste en tratar al enfermo como nos gustaría que nos tratasen a
nosotros en esas mismas condiciones. ¡Qué aseveración tan simple, pero que puesta
en práctica tan compleja!
Pero no es humanizar lo que nos hace falta en términos abstractos, sino
“humanizarnos” a nosotros mismos y a nuestro comportamiento.
Me gusta más la palabra “enfermo” que no “paciente”, puesto que paciente es
término que incorpora la cualidad de la paciencia… como algo despectivo y en relación
a la angustia de la demora para ver la evolución de su enfermedad. Los enfermos, son
los que tienen una enfermedad y por ello son atendidos por el médico o son cuidados
por las enfermeras.
“Usuario” también utilizado cada vez más por las instituciones, es un término para
utilizarse dentro de la información sanitaria a la población, pero no para hablar de
humanización. Pido disculpas si no están de acuerdo con esta idea.
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La Medicina, y mucho más la enfermería, son ciencia y arte. Ciencia pues incluye
conocimientos y habilidades demostrados científicamente para conseguir la mejora,
curación o paliación de las enfermedades. Pero arte, pues su aplicación, no es igual
en todas las personas enfermas. La persona es única y diferente y la aplicación de las
medidas debe ser ajustada a cada uno, como un traje a medida, para que sea lo más
efectiva posible.
Por ello, el conocimiento científico de alto grado, sin humanismo en su aplicación,
tiene efectos poco valiosos. Ambos elementos deben ser equilibrados para que el
enfermo pueda ser tratado de su enfermedad de manera personalizada y persiguiendo
los mejores resultados para él, el cuerpo y alma.
SENSIBILIDAD.
Estas consideraciones entroncan con la filosofía, por varios motivos que iremos
reflexionando a lo largo de este punto: el propio hecho de estar vivo, el miedo a la
muerte, la pérdida de la salud, la condición humana, la dependencia de otros, la
necesidad de ayuda…...
El enfermo tiene unas connotaciones personales que le hacen especial por el hecho
de no estar sano: desarrolla una sensibilidad y percepción, por encima de las
condiciones habituales, que le proporcionan la posibilidad de captar con los 5 sentidos
más detalles de las personas y cosas que le rodean. Por tanto gestos, contestaciones,
miradas, etc… todo puede adquirir mucha más relevancia cuando se está enfermo.
Situaciones o palabras que en una persona sana ni se tendrían en consideración, en
un paciente enfermo, en una situación de dependencia sanitaria, adquieren
dimensiones dramáticas, que pueden hacer un daño moral irreparable.
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Además la enfermedad nos introduce como seres humanos en un sentimiento de
dependencia e inferioridad, al estar en una situación en la que no puede desarrollar su
vida normal como lo hacía hasta la fecha, y que además su futuro depende de
terceros, como médicos o enfermeras.
La realidad de que su integridad física, su vida y su salud vayan a depender de los
conocimientos, aptitudes y capacidades de otras personas, hace que un paciente
tenga con este profesional un nuevo lazo de unión. Esta relación es en primer lugar en
base a sus conocimientos científicos y técnicos, pero aunque son muy importantes,
además el enfermo quiere, que ese diagnóstico, esa actitud terapeutica se le transmita
de manera “afable” como dice la RAE o “familiar” y no como un hachazo para su vida
futura, en función del tipo diagnóstico de que se hable.
AUTONOMIA.
Se ha confundido en los últimos años el novedoso concepto de la autonomía del
paciente, con la rigurosa comunicación de un diagnóstico con toda su dureza y
pronóstico vital.
No es humano un comportamiento en el que al dar un diagnóstico de cáncer con
metástasis generalizadas, se lo comuniquemos al paciente con toda su dureza y
además añadiendo que “lo que debería es hacer testamento y comprarse una parcela
en el cementerio”, tal como puedo contar que ocurrió con un colega médico. Se puede
transmitir el mismo pronóstico vital, induciendo a que realice todos los sueños que aún
le quedan por realizar, reanude amistades rotas o lazos familiares desunidos, y que
pueda dejar en el futuro un rastro de bondad y buenos recuerdos. La conclusión que
puede sacar un paciente es la misma, pero con la segunda versión, dejamos el lado
humano elevado y potenciado y hacemos trascender el valor de la vida a un nivel por
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encima de la propia muerte, que inefablemente nos va a llegar a todos más tarde o
temprano.
En aras a la autonomía queremos dar noticias y tratar al paciente de modo aséptico,
“sin mojarnos”, pasando simplemente información y que él elija. La medicina o la
enfermería no son eso. Esto lo podría hacer una máquina emitiendo un informe. Los
sanitarios somos personas que tratamos a personas, y que poseyendo más
conocimientos que ellos podemos orientarlos y aconsejarlos en los tratamientos y
opciones a seguir.
Es cierto que un médico puede ser experto en una especialidad o enfermedad, pero un
paciente que pueda informarse, puede serlo aún más. Tiene todo su tiempo para
estudiar todo lo que existe sobre su enfermedad……
La incorporación de internet y de las redes sociales ha hecho que la investigación y el
estudio de una enfermedad y de sus tratamientos, sea inmediata, global, y sin
límites…… lo que le otorga una nueva dimensión. El enfermo de hoy, del siglo XXI es
un paciente formado e informado, mucha veces a mayor escala que el propio médico.
Estas situaciones nos obligan a adquirir una postura de igual-igual, sin superioridad,
puesto que lo que nos puedan estar proponiendo pudiera ser desconocido para
nosotros.
LA PRESENCIA COMO APOYO.
Humanizar es legitimar la condición de hombre que tiene el ser enfermo que tenemos
en frente.
La imagen de un médico o una enfermera, cogiendo la mano a un enfermo o dándole
una palmadita, acompañando, diciendo con ese gesto que estamos allí, y cuenta con
nosotros, es algo que está en muchos cuadros pintados en tiempos pasados. Esos
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gestos de cariño y acercamiento a veces son de más ayuda que la mejor de las
medicinas. Ya lo decía un antiguo dicho en Pediatria, “cariño y amor materno, curan al
niño enfermo”. No todo es eso, pero hace mucho.
No es que el pasado sea mejor, sino que hemos olvidado la coordenada humana del
enfermo. Nos hemos hecho especialistas en genética, tecnología, laparoscopia,
pruebas de laboratorio muy complejas, radiología cada día más innovadora…..peo
hemos olvidado al hombre o la mujer, o niño que tenemos dentro de una cama del
hospital.
Para volver a humanizar la atención sanitaria se debería ser volver a ser el “médico de
cabecera” , como mi médico D. Rafael, que tanto acudía en “tranvía” a mi casa a
vernos, se sentaba en la cama y nos hablaba….. La cabecera del paciente como lugar
de reunión de cuerpos y almas para compartir sentimientos y también actitudes ante la
enfermedad. Eso es humanizar. Ese médico no daba “la cara” cuando hablaba al
enfermo sino que se daba con “el alma”.
Estar con el enfermo y compartir alma con él, son dos puntales para humanizarnos en
nuestra actividad sanitaria.
EL VALOR DE LA PALABRA.
Según Freud “la ciencia no ha producido todavía un medicamento tranquilizador tan
eficaz como unas pocas palabras bondadosas”.
La palabra es un arma que puede ser letal o que puede ser curativa. Tiene un poder
del que no somos conscientes. Tal letal puede ser una conversación o unas palabras
que podemos provocar una situación personal demoledora, o incluso inducir un
suicidio. Pero la palabra también es amor, dulzura, comprensión, y por qué no,
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compasión, además de aportar instrumentos de curación, en función del tipo de
palabra que usemos, de su tono y de su momento.
Se está produciendo una corriente dentro de las organizaciones sanitarias de lo que se
denomina “mindfulness” o neuroplasticidad, que puede modular el cerebro, y se
integra en uno mismo, para que de los 60.000 pensamientos que procesa el cerebro a
diario, y que se repite el 94%, no sean negativos el 80%. Todo ello va enfocado a que
el estrés de los trabajadores, se reduzca, se gestionen mejor las emociones y se
pueda motivar y transmitir a los demás.
Este enfoque está encaminado a la asertividad, a la empatía…a mejorarse a sí mismo,
y ello repercute en el ambiente y los que te rodean. Sería muy recomendable en el
ámbito sanitario, y nos ayudaría a potenciar estos aspectos de la humanización que
nos preocupan.
Que la palabra tiene efecto terapéutico no es nada nuevo. Es la base de la
psicoterapia, y de tratamientos utilizados en la Psiquiatría y Psicología. En años
pasados, este apoyo de la palabra lo tenían los sacerdotes en los confesionarios, las
reuniones de amigas y las tertulias de café.
Hoy en día ha desaparecido el contacto humano en la comunicación: visual, pues no
vemos con quien estamos hablando por teléfono; auditivo, pues no oímos si utilizamos
las redes sociales; ni el tacto en ninguna de ellas. Ni que decir del olfato, con olores
tan profundos que muchas veces se procesan en nuestra parte más ancestral de
encéfalo…..y recuerdan a la madre, a la infancia…..
La palabra, junto al gesto, al lenguaje no verbal, el tono, el volumen, la mensura, la
actitud de nuestro cuerpo, la ropa que llevamos… todo ello, es un conjunto que
transmite y puede otorgar un poder sanatorio a lo que estamos expresando.
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El cerebro del enfermo recibe un mensaje más o menos optimista, pero con una
actitud de participación de la persona que lo expresa, con voz suave, sin estridencias y
palabras bondadosas. Este mensaje estimula la producción hormonal y ayuda a la
modulación de la inmunidad, lo que está demostrado que mejora el pronóstico de
enfermedades y ayuda a que los enfermos la adopten con más resiliencia.
2. HUMANIZACION DE LA ATENCIÓN SANITARIA
RESPETO A LA DIGNIDAD HUMANA.
Pero ni la Medicina ni el saber médico, pueden ir en contra del mayor tesoro de la
persona, que es su dignidad como tal.
El respecto a su identidad, a su integridad, sea cual sea la edad, pero de manera
mucho más relevante y trascedente cuando se trata de un niño o un anciano, por su
especial fragilidad, deben conducirnos siempre a lo largo de nuestra trayectoria.
La fórmula moderna del “tu”, para todos sea cual sea su edad y condición, y el uso
confundido como familiar del “hijo” o “abuelo”, hacia un enfermo, no son signos de
cariño o afabilidad en el trato que queremos dar a los pacientes. Traduce un status de
cierta superioridad y de falta de respecto en la que no podemos ni debemos caer.
Nuestro papel como sanitarios no puede confundirse con el de un familiar, aunque
nuestra empatía nos ayude a comprender su enfermedad y su sufrimiento.
SENTIR Y NO SENTIR.
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Los pacientes tienen claro lo que quieren sentir cuando llegan a un centro sanitario y
son tratados por médicos y enfermeras. Cariño, comprensión, tiempo de escucha,
coordinación entre laborales de profesionales, consenso entre unos y otros, que no
existan opiniones encontradas…..
Nada más desequilibrante y desorientador que tener opiniones encontradas de los
profesionales que tratan a una persona en un centro, y que se desmienten unos a
otros. Crea un sentimiento de inseguridad, que debe evitarse a toda costa.
El paciente en esos momentos, debe recibir informaciones objetivas contratadas y en
la misma línea y no opiniones personales encontradas. Precisa seguridad y certeza,
alguien en quien confiar y de quien fiarse. Nada más pernicioso para el proceso
curativo que la duda. Y aun cuando existe frente a un diagnóstico, debe ser informado
con objetividad, planteando las diferentes alternativas como posibles opciones y no
como dudas.
Por eso, también los pacientes tienen muy claro lo que no quieren sentir, y a lo
anteriormente expuesto, también hay que evitar la sensación que se les transmite de
que molestan o roban tiempo.
Las esperas en la atención, las demoras para las mismas, y las revisiones
innecesarias que hacen perder el tiempo y gasto de energía innecesarios, tanto para
los pacientes como para familiares, son también elementos que se tienen muy en
cuenta para que puedan sentir una atención adecuada, basada en la agilidad y la
rapidez.
Los pacientes son la razón de ser de un hospital o un centro sanitario. Sin ellos no
existirían, ni nosotros tampoco. Seamos conscientes de que nuestra profesión existe
porque hay enfermos y enfermedades, y a ellos nos debemos.
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Sentir que el centro sanitario es “amigable” y nos da la bienvenida y no es algo hostil.
La huella positiva desde el primer momento, condicionará la actitud hacia la institución,
hacia los profesionales e influirá en la evolución de nuestra enfermedad, hacia la
mejoría, la curación o la muerte.
COMPAGINAR HUMANIZACIÓN CON TICs.
Sin embargo no podemos caer en la tentación de pensar que la medicina de siglos
anteriores es la correcta. Se ha pasado de la medicina reflexiva a una medicina de
precisión del siglo XXI.
Basada en la tecnología y las TICs, los nuevos pacientes valoran más que su médico
evite visitas innecesarias y traslados inútiles, utilizando medios de comunicación como
las videoconferencias, telemedicina, e-consultas, plataformas del paciente, etc. La
accesibilidad, rapidez y evitar traslados y esperas hoy día es más satisfactorio que las
revisiones de presencia para decirle a un paciente “todo está bien. Vuelva en 1 año”.
Además de constituir una pérdida de tiempo y recursos tanto para el paciente,
familiares y para el sistema, no aporta valor, mientras que hacer esta misma revisión
en una e-consulta es más rápido y resolutivo.
No caigamos tampoco en el tópico de pensar que los pacientes no van a saber utilizar
la tecnología o no saben manejar una plataforma de pacientes.
Nada más lejos de la realidad, los pacientes, que son ciudadanos al fin, pero
enfermos, van por delante en la utilización de tecnologías y las áreas sanitarias nos
vamos adaptando a lo que nos piden. Ellos nos enseñan qué desean y son las
instituciones y los sanitarios los que vamos detrás poniendo en marcha lo que la
sociedad moderna nos depara.
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Las consultas de hace 20 años, ya no sirven, no podemos olvidarlo, igual que los
bancos o los supermercados. O avanzamos o desaparecemos y los pacientes
acudirán a las instituciones que sí ofrecen los servicios que la sociedad demanda.
No por esto la humanización desaparece, al contrario. Pensar en ellos y en lo que ellos
solicitan, es poner al paciente en el centro de nuestro sistema sanitario. No
implementar estas novedades es ir en contra de los tiempos y de las necesidades de
los pacientes.
Conocer sus necesidades, sus demandas y acceder a su desarrollo y a cubrirlas como
ellos desean, con contacto humano cuando se debe, y la situación lo precisa,
despacio, mirando a los ojos. Con rapidez, inmediatez y sin hacer perder tiempo,
cuando es la transmisión de un dato o un resultado. Adaptarnos a cada una de las
situaciones y a cada una de las personas, eso es humanizar.
Repetir visitas y revisiones, haciendo perder el tiempo a los propios pacientes y a sus
familiares, muchas veces ocupados, crea una situación de disconfort, que podemos
evitar, sustituyendo esta atención por otro instrumento, que hoy nos es accesible como
hemos comentado. Desde el teléfono si le conocemos, y sin conculcar la LOPD (ver 1.
LOPD), hasta una videoconferencia…… ese camino debe recorrerse y nos
sorprenderemos de los resultados con la confianza del paciente.
Por otro lado el uso de un ordenador, que nos aporta la posibilidad inmediata de
conocer todos los datos del paciente con un ratón, no debe ocultarnos tras la pantalla.
Mirar al paciente, explorarlo… verle y hablarle, con la mirada puesta en él y su familia,
hasta que estemos seguros de que entiende lo que le decimos. Podemos hacer en 5
minutos o en 40, pero entendiendo que el paciente es el centro de nuestra atención y
asistencia y no el ordenador.
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Muchos médicos lo han confundido y promueven reclamaciones, por haber ido por un
tema tan banal como un dolor de pie.
TECNOLOGÍA Y HUMANIDAD.
El enorme desarrollo de las tecnologías dentro de la esfera médica, a lo largo de los
últimos 30 años, ha trasformado la relación con el enfermo. No cabe duda que la
mejor dotación tecnológica en la esfera médica, potencia la seguridad y la calidad,
además de la mejora en los diagnósticos y tratamientos, favoreciendo que la sobrevida
de los pacientes se haya incrementado en muchos años, así como que la salud de la
población haya mejorado.
La mejora de las condiciones de sanidad, han contribuido a que la perspectiva de vida
haya ascendido hasta alcanzar en España los 82,3 años, siendo de las más elevadas
del mundo.
El logro de la mejora calidad de vida, y del incremento de años de vida, supone
también un logro de la tecnología, de la investigación farmacéutica y de la innovación
en la industria, que ha ayudado a la sanidad y otras mejoras como cultura, vivienda,
alimentación, etc. en beneficio de toda la población y de las personas enfermas en
mayor medida.
Lo técnico no es todos, y la tecnología y profesionalidad son ya situaciones que se dan
por cumplidas de hecho, no constituyendo en muchos un valor añadido a la actuación
sanitaria.
El verdadero valor está en el trato con cariño, mediante la sinceridad, usando el
respeto y la educación como normas e instrumento para llegar a que pueda atenderse
de manera correcta la entidad nosológica que se presenta.
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La espera inútil, la dedicación de un tiempo mínimo y adecuado para su atención, que
se cuente con ellos a la hora de tomar una determinación en su actitud terapéutica y la
opción sea personalizada y consensuada. No hay que confundir eta relación con la
extrema confianza o la amistad, que no se espera en la relación médico-paciente y
que además no es lo más óptimo para un proceso de curación.
La palabra con su valor curativo y la mano del médico, son las dos principales armas
terapéuticas, por delante del mejor robot da Vinci, o cualquier adelanto tecnológico
moderno.
MEJORA DE CIRCUITOS.
Para la mejora no es necesaria la inversión de muchos recursos económicos o
recursos humanos. Siempre pensamos que se precisan más aparatos, más
contrataciones, etc. para poder efectuar actuaciones en beneficio de los pacientes, o
en cualquier institución sobre todo pública. Los propios trabajadores de las mismas
tendemos a pensar que nosotros no podemos hacer nada.
Pero no es así. La mayor parte de los beneficios en las instituciones, se han producido
desde la mejora de la eficiencia en los circuitos, desde las propias personas que
componen las organizaciones, mejorando su motivación, su enfoque hacia el trabajo,
potenciando su imaginación e ideas, y facilitando la puesta en marcha de ideas
innovadoras que producen el mayor ahorro en tiempo perdido y en material
desperdiciado. La empresas que han aprovechado esta fuente de recursos que
además, es ilimitada han triunfado, y son de las mejor consideradas a nivel mundial.
Este hecho está comprobado con una metología objetiva como la denominada Lean.
El concepto de sanidad desde una idea de la calidad completa, sea bajo el sistema de
EFQM o de la Joint Commision, apuesta por incorporar la distribución de la actividad
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sanitaria en función de los procesos que realiza y aporta una perspectiva de mejora y
eficiencia que ha ido creciendo en los últimos años.
Muchos hospitales han ido acreditándose en alguno de estos sistemas de calidad, lo
que ha ido mejorando progresivamente sus servicios, y dado que el círculo de la
calidad es infinito, la posibilidad de mejora es ilimitada.
La metodología Lean se basa en el análisis de tiempos perdidos, denominados
“basura” que no aportan valor al proceso, y fue aplicada por la Toyota para la mejora
de su fabricación.
Se traduce también producción ajustada’, ‘manufactura esbelta’, ‘producción
limpia’ o ‘producción sin desperdicios’)1 es un modelo de gestión enfocado a la
creación de flujo para poder entregar el máximo valor para los clientes, utilizando para
ello los mínimos recursos necesarios, es decir, ajustados a la producción.
Se basa en la reducción de los siete tipos de "desperdicios" aplicados a las
producciones:
Sobreproducción
Tiempo de espera
Transporte
Exceso de procedimientos
Inventario
Movimientos
Defectos
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Eliminando el despilfarro, mejora la calidad y se reducen el tiempo de producción y el
coste. Las herramientas lean (en inglés, ‘ágil’, ‘esbelto’ o ‘sin grasa’) incluyen procesos
continuos de análisis, producción, elementos y procesos «a prueba de fallos»
destacando las área de valor.
Aplicado en la Medicina, este modelo puede eliminar tiempos muertos, repetición de
gestos administrativos y mejora de la calidad en la atención.
En los centros donde se ha aplicado, la mejora en eficiencia y satisfacción de los
pacientes y orgullo de los profesionales, han sido evidentes y proporcionan un nivel
de excelencia de la organización que potencia su mejor rendimiento y resultados.
ENFERMO Y NO ENFERMEDAD.
Los pacientes y usuarios del sistema sanitario precisan exigen no ser considerados
sólo como una enfermedad o un caso clínico, sino como un ser humano que está en
condiciones transitorias o no de una disminución de salud, y que precisa ayuda de
nuestros conocimientos y experiencia.
Piden que se les mire como individuos, sujetos que no objetos, donde su enfermedad
no esté por encima de su persona, y sea tratado como algo íntegro y no como partes
diferentes, estando cuando menos al mismo nivel que su patología. .
VOCACIÓN Y OBLIGACIÓN.
Dicen que la Medicina es un sacerdocio y no falta razón a quien lo dice.
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Los profesionales sanitarios somos vocacionales. Nadie se dedicaría por obligación a
tocar sangre, cuerpos enfermos, heridas, deformidades, personas que sufren, que
lloran, …. Y no digamos nada de los cuidados de enfermería, respecto al cuidado y
higiene, muchas veces desagradable y en contacto con orina, heces, pus…..
La vocación es algo innato, y con ella está el cariño y la caridad. Caridad, no como
valor religioso que también, pues consituye una virtud teologal, sino desde el amor….
La caridad (del griego αγάπη agapë y del latín caritas) o amor (del español moderno)
es la virtud de amar a Dios sobre todas las cosas, aún sobre sí mismo. La caridad
tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la
corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada
y generosa; es amistad y comunión. Esa es una virtud que permite el desarrollo de la
actividad hacia el prójimo enfermo con un enfoque de verdadero amor fraterno.
Dentro de los programas de la licenciatura de Medicina y el grado de Enfermería, y
durante el periodo de Residencia, se incluyen múltiples disciplinas muy interesantes, y
se dota de capacitación en las técnicas incluso de las más complejas y especializadas.
Sin embargo no hay ninguna asignatura que trate del manejo humano, adecuado y
correcto de los pacientes.
Los responsables de elaborar estos programas deberían pensar que estas dos
profesiones tienen un claro componente humano, y que la ética, la filosofía, el trato del
paciente como ser humano además de como enfermo, debe ser enseñado, fomentado
y tratado, para que todos los que salen con la titulación hayan adquirido los
conocimientos y las habilidades necesarias para ello.
No vale con querer “tratar bien “, hay que saber “cómo hacerlo” y contar con
instrumentos para ello. La vocación debe modularse con la enseñanza. A veces no es
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fácil. Familias y pacientes no siempre colaboran, y por ello no podemos faltar a
nuestros principios de humanidad. Estas respuestas y gestos se aprenden.
Por eso los talleres en habilidades de trato, dar malas noticias, comunicación, etc. son
tan importantes.
Los centros privados se han percatado claramente de ello, y ya ofrecen cursos de
formación en estas facetas, antes de la contratación de personal nuevo. Es indicativo
de calidad y de una organización estructurada y centrada en el paciente, que todos los
trabajadores tengan una actitud positiva hacia el paciente, los familiares y los
usuarios, pues favorecerá la atracción hacia el centro y que su fama sea buena,
facilitando que más pacientes acudan a dicho centro.
Sin embargo este concepto de excelencia no ha calado en los centros públicos.
Tenemos la conciencia de que nuestro trabajo y nuestra remuneración es la misma a
finales de mes, si lo hacemos bien, o mal. Parte de razón no les falta. No hay sistemas
de incentivación o motivación a las personas que lo hacen bien, salvo la interna. La
satisfacción del trabajo bien hecho, el cariño de los pacientes y el reconocimiento y
agradecimiento por parte de jefes y familiares que se plasma en agradecimientos.
No hay persona ni trabajador más motivado que el que siente que su trabajo lo hace
bien, y que tiene acogida positiva en su entorno. Esta situación revierte en incrementar
su energía positiva y en potenciar y reforzar su actitud. Esto va elevando el nivel de la
organización y todos podemos colaborar en ello.
Sólo depende de nosotros, de nuestra autorreflexión y concienciación, de nuestra
actitud y de nuestra adquisición de herramientas para lograrlo, si lo necesitamos.
Jefes, mandos intermedios y direcciones de los centros, tenemos la obligación de
considerar muy importante estos talleres, de modo igual que fomentamos aprendizajes
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de manejos técnicos o conocimientos teóricos. Con ello iremos avanzando en una
medicina mejor en capacitación técnica y en capacitación humana, es decir una
medicina completa.
LA OPINIÓN DE LOS PACIENTES.
El conocimiento de los sentimientos, dudas y las propuestas de los pacientes, sobre la
atención que se presta es importante para terminar de cerrar el círculo de la calidad o
PDCA.
Es lo que da la retroalimentación a lo que hacemos para que pueda ser mejorado en la
línea de lo que el paciente desea y no en lo que nosotros pensamos que es mejora.
No siempre son coincidentes estas dos líneas de actuación.
La recogida de opiniones de los pacientes y familiares en los Servicios de Atención del
Paciente, deben ser enviadas a los servicios y analizadas por un comité como el de
Calidad Percibida o de Humanización, según cada Consejería de sanidad. De estos
análisis saldrán mejoras y actuaciones que pueden ir haciendo mejor nuestra
actuación.
Por ello no debemos tener miedo o evitar las reclamaciones, pues constituyen una
oportunidad de mejora que debemos aprovechar para nuestro beneficio y el de
nuestros profesionales y pacientes.
La actitud correcta por parte de los sanitarios debe ser de humildad y aceptación
hacia las críticas, y debemos evitar la soberbia y la consideración de que no podemos
mejorar y todo es culpa de los demás o de las circunstancias.
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El positivismo hacia las mejoras y la mente abierta, son nuestras mejores armas para
poder construir una organización sanitaria que pueda apoyar cada vez mejor a las
personas enfermas.
3- EXPERIENCIAS Y PLANES DE LAS DISTINTAS CONSEJERIAS
Algunas consejerías han elaborado un plan de humanización, como el que ha
publicado la Comunidad de Madrid, denominado “Plan de humanización de la
asistencia sanitaria desde 2016-2019”. (2. Ver Plan de Humanización)
En él además de plasmar grandes líneas de humanización general, se establecen
líneas concretas, y se define un “DECÁLOGO” (pág 77 del Plan) que resume
básicamente las 10 reglas básicas del trato hacia pacientes:
1. Mirar al paciente y llamarle por su nombre
2. Presentarse
3. Tener en cuenta sus necesidades y las de los familiares
4. Informarles de su proceso
5. Tener en cuenta su opinión
6. Respetar su intimidad y confidencialidad
7. No juzgarle
8. Acompañarle
9. Buscar sus necesidades
10. Cuidar la dignidad como persona humana del enfermo.
ARQUITECTURA DEL HOSPITAL.
Desde que se crean lo albergues para peregrinos en la Edad Media, los hospitales
constituyen edificios levantados para atender enfermos y personas necesitadas. En el
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siglo XIX se van profesionalizando junto con la constitución de la enfermería con
personas especialmente dedicadas al cuidado de enfermos con conocimientos
específicos para ellos.
En todos los apartados que vamos a tratar se evaluarán 3 aspectos, que pueden
aportar diferentes mejoras para la calidad humana en la atención. El primer aspecto
es la estructura arquitectónica o diseño espacial y su amigabilidad para con todas las
personas. El segundo son los circuitos funcionales que permiten la ergonomía y
facilitación y por último la perspectiva emocional y psicológica de la atención dentro
del hospital.
La estructura física del hospital, por ello, también tiene mucho que ver en el proceso
de humanización y actualmente pasa a denominarse “ARQUITECTURA CURATIVA” ,
para referirse a la adaptación de las estructuras a las personas y no al contrario.
En los primeros hospitales del siglo XIX las salas eran barracones corridos, unos para
mujeres y otro para hombres, donde todos estaban juntos sin existir barreras que
permitieran intimidad. Todo era común, y la observancia de los gestos más mínimos
en este sentido no existía.
A lo largo del siglo XX, fueron transformándose en habitaciones de 6-8 personas,
siempre con baños comunes en los pasillos, que ya iban haciéndose más humanos.
No se permitía nunca el acompañamiento de familiares y las visitas se establecían en
horarios restringidos.
En la actualidad, los edificios se levantan con habitaciones individuales en la mayoría
de casos, con sillones, para facilitar la estancia de familiares, y son de puertas
abiertas, para siempre que lo deseen puedan entrar familiares.
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Hasta los materiales han cambiado, y la evolución hacia la humanización también en
la arquitectura sanitaria es palpable.
La progresiva pérdida de acceso a viviendas y edificios dotados con luz natural, sin
ruidos, ventilados y hechos con materiales no contaminantes y que no produzcan
alergias, ha generado que un grupo de intelectuales reivindiquen una arquitectura por
y para el ser humano, tanto aplicado a hospitales como a otros edificios.
Disociar arquitectura y hombre parece imposible porque la arquitectura está al servicio
de la humanidad. Por eso los 'edificios curativos', son construcciones donde supone
tomar una posición ética con respecto a las personas que van a habitarlo haciendo
edificios a escala más humana.
Supone tener en cuenta premisas tan antiguas como la luz, la puesta de sol, la
ventilación , el hemisferio norte, etc. para que produzcan un equilibrio mental y
corporal. Por ello los colores, las ventanas, los espacios con sombra con cubiertas en
las fachadas, ahorros de energía, reducción de emisión de CO2, deben potenciar el
calor en invierno y el frescor en verano.
La utilización de materiales inteligentes, que no produzcan alergias, colabora en ello
y los colores por ejemplo, orientan al usuario en edificios como aeropuertos y
hospitales, al igual que las texturas, los espacios, la acústica, los jardines japoneses,
jardines abiertos, etc. La virtud está en el equilibrio.
Por ejemplo el Premio Stirling a la Arquitectura Curativa en 2009 se otorgó al
arquitecto Richard Rogers, por el diseño del Maggie Kewswick Jencks como espacios
de apoyo humano para pacientes que sufren cáncer. Este arquitecto también fue el
autor de Aeropuerto de Barajas.
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Otro ejemplo es el hospital de Can Misses, cuya maqueta se muestra a continuación:
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ACCESIBILIDAD.
La mejora en la accesibilidad a todo el hospital, puede mejorarse, pensando sobre
todo en las personas discapacitadas o con impedimentos físicos. Las barreras
arquitectónicas son una de las limitaciones que debemos ir eliminando para aportar un
valor de igualdad a todos los pacientes que acudan al hospital, y de las que la
sociedad actual está más concienciada.
Se pueden incorporar muchos elementos que pueden ayudar a encontrar los espacios
y por tanto facilitarles el acceso. El Libro blanco de la Accesibilidad de Enrique
Rovira-Beleta cuya portada se adjunta, muestra las posibilidades de las mejoras en
todos los aspectos arquitectónicos que también pueden ser incorporados a los
hospitales, bien en consultas, habitaciones del hospital o urgencias.
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Varios ejemplos a
tener en cuenta que
se han
implementado ya
en centros
sanitarios son:
A)
ENCAMINAMIENTOS PARA CIEGOS.
La pavimentación especial con baldosas con
dibujo especial, que puede ser identificado
mediante un bastón, es especialmente útil
para los ciegos y las personas con
dificultades en la visión.
Pueden incluirse desde la entrada del centro
y luego continuar estos encaminamientos
hacia las determinadas ubicaciones,
señalizando cruces, ascensores, etc. Que
ayuden al invidente a situarse para tomar
estos caminos.
Se utilizan en aceras, pasos de cebra y esperas en semáforos de circulación para
cruces, entre otros, así como en oficinal de instituciones adaptadas, y varios
hospitales, que incorporan estos encaminamientos desde la entrada principal, para
guía hasta consultas y ascensores de hospitalización como accesos fundamentales.
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B) SEÑALIZACIÓN SONORA DE PISOS EN ASCENSORES.
Los ascensores tienen que incorporar bandas sonoras que identifiquen el piso de
llegada para poder orientar sobre donde se encuentran a los usuarios que accedan a
los centros y que sean invidentes.
Procuran que las personas ciegas puedan acceder de manera independiente a
algunos servicios hospitalarios, lo que potencia la autonomía de este tipo de pacientes.
C) SEÑALIZACIÓN DE BOTONES DE ASCENSORES EN LENGUAJE BRAILLE.
En los ascensores de nueva adquisición ya se incorporan signos de Braille en el
teclado de señalización de los pisos, para que los invidentes puedan también
determinar el piso al que quieren acceder y sea de ayuda para ellos.
Facilita que los usuarios con deficiencia en la visión puedan acudir sin acompañantes
a realizar alguna gestión al hospital, favoreciendo el aspecto humano hacia ellos.
D) CARTELERÍA INCLUSIVA EN BRAILE.
En algunos centros la cartelería informativa respecto a servicios, unidades de
hospitalización y otras
informaciones útiles están ya
con su denominación en
Braille incluida, de modo que
pueden orientarse hacia
donde pueden acudir.
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Debería irse incorporando cada vez más, e incluso señalizar las áreas y colocar
carteles en despachos y consultas, lo que aún está lejos de completarse.
Es un camino hacia la igualdad de todos los pacientes que debe ser nuestro objetivo,
aunque precisa de un gasto económico, que debería irse realizando poco a poco para
ir avanzando hacia la accesibilidad total.
E) RAMPAS DE ACCESO PARA DISCAPACITADOS.
Son instrumento indispensable de ayuda para las personas que poseen limitaciones
físicas, y que utilizan sillas de ruedas habitualmente. Pero también para las que sólo
presentan limitaciones coyunturales por estar intervenidos, portar escayoles, férulas,
etc. no pueden acceder mediante escaleras en muchos de los locales que un hospital
dispone, y que son muy frecuentes dada la asistencia sanitaria.
Para ello es preciso elaborar un plan de accesibilidad que vaya modificando estas
barreras arquitectónicas, añadiendo o sustituyendo escaleras por rampas en accesos
externos desde el aparcamiento, salones de actos, entrada principal, etc. para que
puedan acceder de manera independiente sin precisar de alguien que empuje la silla.
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F) PLAZAS
APARCAMIENTO PARA
DISCAPACITADOS Y
FACILITACIÓN DE
SERVICIOS.
Para la mejora del acceso a los centros sanitarios, como a cualquier institución, deben
incorporarse dentro de la zona de aparcamiento, varias plazas señalizadas como para
minusválidos, cumpliendo con la normativa publicada y aceptada sobre medidas,
señales, etc.
Estas plazas facilitan que este tipo de pacientes, puedan acudir solos a una consulta o
a una gestión, potenciando su autonomía.
En algunos centros también se ha tenido en cuenta, la facilitación de servicios, como
el de los donantes de sangre, que de manera altruista acuden para donar a los Bancos
de sangres de los hospitales. Facilitarles plazas de aparcamiento accesibles, gratuitas
y señalizadas, es importante para que esta opción puedan realizarla con las menores
molestias posibles.
Se señalizan con gotas de sangre pintadas en color rojo, y tiene una estancia limitada
y controlada por el servicio de Banco para favorecer el mayor número de usuarios que
puedan beneficiarse del mismo.
G) ENTRADA EN HOSPITALES DE PERROS GUÍA.
La entrada a locales se rige por el Real Decreto 3250/1983, de 7 de diciembre, por el
que se regula el uso de perros-guía para deficientes visuales. (ver 3.-BOE 1983)
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Se contempla en él el acceso también a los centros hospitalarios incluidos consulta,
hospitalización excepto UCI y quirófanos, dejando claro, como hay que actuar para su
alimentación, cuidado, paseo, necesidades, etc.
Su inclusión es aportar un valor más de humanidad a los usuarios invidentes que
hacen uso de las instituciones, sin que pierdan esta ayuda a su vida habitual que les
es tan necesaria, como apoyo a necesidades físicas y también a su refuerzo en
compañía de alguien que en casa está siempre con vosotros.
H) PERSONAL DE ACOMPAÑAMIENTO A PACIENTES PARA CONSULTA.
Los servicios de atención al paciente pueden proveer de personal de apoyo contando
con el voluntariado, que sirva de acompañamiento a pacientes que lo requieran.
El único requisito es que se solicite con un tiempo de antelación para que se contacte
con un voluntario que pueda realizar esta función. Con ello se liberan a los familiares
de la carga que puede suponer estar siempre a disposición de llevar a un familiar
enfermo a un hospital, para una consulta o una gestión, pudiendo suplirse por alguien
que lo realiza de manera altruista con capacitación oficial para ello.
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Este servicio es de apoyo a los pacientes, pero también a los familiares y cuidadores
en los que hay que pensar con más frecuencia para descargarles en parte del peso de
cuidar a un enfermo.
BIBLIOGRAFIA.
Documentación Anexa al Modulo I.
1. LOPD, 1999
2. Plan de humanización de la Comunidad de Madrid.
3. BOE sobre Perros guía. 1983.
4. Plan de parto al nacimiento. MSSII.
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5. Manual para la acreditación IHAM en AP. 2015.
6. Método Madre canguro. Salud Pública 2012.
7. Contaminación Acústica en neonatología.
8. Guía de gestión de la diversidad religiosa.
9. Convenio de asistencia Católica. BOE.
10. UCI puertas abiertas. Medicina Intensiva 2014.
11. Catecismo Iglesia Católica.
12. BOE sobre Donación y trasplantes.
13. Limitación del esfuerzo terapéutico
14. Leu 41/ 2002 de Autonomía del Paciente.
15. Lista de Verificación de la OMS.
16. Proyecto Protocolo Cirugía Segura.
17. Guía CMA.
18. BOE 2010- 20138. Ley antitabaco.
19. Guía de Recursos de Salud Mental de la Comunidad de Madrid.
20. Protocolo de contención de movimientos. Hospital Clínico de Madrid.
21. Reforma Psiquiátrica.
22. Estrategia Unidades de Cáncer. MSSII. 2013.
23. Cuidando al cuidador.
29
24. Propuesta de Ley de Cuidados Paliativos. Vida Digna.
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