INCLUSIV :
la revista del inadi
N° 3 - Año II - abril 2021
ISSN: 2718-6768
Mas
cu
lini
da
des
y discursos de odio
ESCRIBEN: DONDA / CASAVIEJA / FARNEDA / OTTO PRIETO / FONSECA / MURUAGA/ DE GRAZIA/
OBSERVATORIO DE REDES INADI/ ZUBAN Y RABBIA / ISSE Y VACCARI/
COLECTIVO DE VARONES LOS HISTÉRICOS / MARTÍNEZ / CANTERO / ZAYAT Y LÓPEZ / CRAVERO /
MANCUSO / SUBIJANA / SZPERLING / BERMEGUI
inadi
Masculinidades
desobedientes en el sis-
tema binario del género
Por Thomas Casavieja, Pablo Farneda y Alan Otto Prieto
Introducción cultural, social y político. Los saberes actuales nos
permiten reflexionar sobre este sistema. Las in-
vestigaciones históricas demuestran, por ejemplo,
E n este texto nos proponemos reflexionar sobre que en otros momentos se concebían de manera
muy diferentes los roles de género; no existían las
el género en tanto sistema que produce y ordena
distinciones que hoy nos parecen tan naturales, ni
los géneros de determinada manera. Para esto in-
categorías que son parte del sistema del género,
dagaremos en la construcción histórica de la mas-
como el amor romántico, que hoy se encuentra
culinidad hegemónica a partir de valores, catego-
abundantemente historizado. Las personas, por
rías, imágenes y prácticas que la consolidan. Aquí,
ejemplo, no pensaban que debieran amarse para
también, reflexionaremos sobre aquellos modos
casarse, y para muchas incluso hoy no es así. Esos
de masculinidad que no entran dentro de los pa-
sentimientos amorosos tan profundos e íntimos
rámetros hegemónicos y que nos interesa llamar
que hoy describen al amor romántico, típicamente
“desobedientes”, utilizando la expresión que la an-
pensados como dados naturalmente entre un va-
tropóloga Josefina Fernández (2004) desarrollara
rón y una mujer, en la Grecia clásica se daban solo
para pensar todas las corporalidades que han de-
entre los varones (Sennett, 2010), o en la forma de
safiado la construcción naturalizada de los cuerpos
una profunda amistad entre caballeros en la Edad
en nuestras sociedades actuales.
Media europea (Tin, 2012).
Si la revisión de los distintos tiempos históri-
Masculinidades en el cos ha ampliado nuestra perspectiva, a su vez, los
estudios antropológicos nos han dado también la
sistema del género posibilidad de comprender que este sistema y es-
tas categorías (varón, mujer, amor romántico, roles
Como el título señala, en este apartado nos
asignados, valores, etc.) también cambian, no solo
interesa pensar la masculinidad como el efecto de
con las épocas, sino en los distintos puntos geo-
un sistema. El género no es simplemente aquello
gráficos y culturales del mundo. En muchas cul-
que describe a una persona en tanto varón o mu-
turas nativas norteamericanas, como los pueblos
jer, masculino o femenino. El género es un sistema
Cherokee, Navajo y Dakota, han existido siem-
de organización social de los cuerpos: un sistema
pre más de dos géneros en los cuales las perso-
que ordena, distribuye, permite, limita o facilita
nas viven, contemplando por ejemplo a personas
ciertas experiencias para ciertos cuerpos y dificul-
nombradas con la frase niizh manidoowag (‘dos
ta otras. Que el género sea un sistema implica que
espíritus’), entre otras posibilidades. También en
no es un dato natural, sino un proceso histórico,
la tradición zapoteca, en México, encontramos la
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expresión muxe para nombrar aquellas personas seo afectivo y sexual puede estar orientado hacia
que han sido asignadas al nacer como varones, otras identidades de género que no sean las feme-
pero que transitan el género femenino. Para estas ninas. Hablamos de identidades de género cuan-
culturas y muchas otras, estas personas son tradi- do hablamos de mujeres y varones cis, mujeres y
cionalmente estimadas en la sociedad y cumplen varones trans, travestis, transgéneros, géneros
funciones rituales, sagradas, son consideradas no binarios, entre otras nominaciones. Hablamos
mediadoras y portadoras de saberes especiales. de orientaciones sexoafectivas cuando utilizamos
Los estudios antropológicos y las revisiones histo- los términos “gay”, “lesbiana”, “marica “o “puto”,
riográficas nos muestran que en el mundo existen “torta”, “bisexual” y “pansexual”, entre otras no-
muchas más identidades de género que solo dos, minaciones. Una vez aclarada la distinción entre
y eso también está cambiando en nuestra propia identidad de género y orientación sexoafectiva,
sociedad en la actualidad. Estos saberes nos de- podemos afirmar que muchas de esas orientacio-
muestran que eso que llamamos género masculino nes sexoafectivas no son sólo descriptivas, sino
es un sistema social e histórico que organiza los palabras cargadas de sentidos, que muchas veces
cuerpos de determinada manera y se encuentra han sido utilizadas como insulto, como injuria y
siempre en procesos de transformación. como un modo de arrojar a ciertas subjetividades
al lugar de lo abyecto en la sociedad. Por eso, los
términos “puto”, “torta”, “travesti” son también
Género y orientaciones considerados identidades sexopolíticas: son reivin-
sexoafectivas dicadas por los colectivos y grupos activistas como
un modo de invertir la injuria que pesa sobre esos
Aunque las cuestiones de géneros y sexuali- cuerpos desobedientes. Como sabemos, la des-
dades vienen siempre entrelazadas, es fundamen- obediencia se considera siempre respecto de una
tal distinguir que identidad de género y orienta- norma, y por tal motivo se vuelve fundamental
ción sexoafectiva no son lo mismo. La identidad de cuestionar cuál es la norma que estas subjetivida-
género se refiere a la vivencia interna e individual des desobedecen solo por el hecho de ser o existir.
del género tal como cada persona la siente. Con-
sideramos, como señalamos más arriba, que este
Binarismo de género
sentir y esta autopercepción tienen una historia y
una matriz cultural, pero eso no invalida el derecho
Al sistema del género que ha organizado
de cada persona a reconocerse, autopercibirse y
los cuerpos de nuestras sociedades modernas en
presentarse ante los demás como lo considere.
los últimos tres siglos podemos darle el nombre
Por otro lado, la orientación sexoafectiva es
de binarismo de género. Este sistema se teje en
la orientación del deseo de cada persona, y refiere
un complejo entramado de los dogmas religiosos
hacia quiénes se siente atraída amorosa, afectiva y
cristianos con los saberes médicos, psiquiátricos y
sexualmente esa persona. Claro está, en nuestras
pedagógicos entre los siglos XVII y XVIII (Foucault,
sociedades las identidades de género cargan con
2000). Estos discursos, a través de las institucio-
expectativas y estereotipos de orientaciones sexo-
nes disciplinarias descritas y analizadas por Fou-
afectivas supuestamente correspondientes: a los
cault (2004), afirman y naturalizan que solo pue-
varones, solo por ser varones, deberían gustarles
de haber dos géneros, varón y mujer, y que esos
las nenas, por ejemplo. Esto presupone que en la
géneros deben coincidir con el sexo que supues-
identidad “varón” necesariamente viene acoplado
tamente el cuerpo porta, y que también es con-
el deseo hacia las identidades femeninas. Este es-
siderado únicamente de manera binaria, macho o
tereotipo excluye que en muchos varones su de-
hembra, masculino o femenino. Así, el binarismo
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de género considera a todas las diversidades, sea discursos de las ciencias modernas.
por la orientación sexual no heterosexual o identi- Tomando distancia del sistema sexo-géne-
dades de género trans, como lo abyecto y lo pato- ro, estas nuevas perspectivas afirman que el gé-
lógico, que se intentó curar, modificar para que to- nero es un sistema social que preexiste al sexo,
dxs respondamos sigamos sosteniendo al binario. en tanto organiza el modo en que nuestra cultu-
A continuación, en este mismo texto trabajaremos ra da sentido, clasifica, nombra, ordena y regula
la distinción entre personas cisgénero y perso- eso que llamamos biología y naturaleza. El sexo
nas transgénero.1 Desde finales de los años 40, el no se encuentra antes del género, sino que es el
llamado feminismo de la segunda ola comenzó a producto de una organización social que delimita
afirmar lo que hoy llamamos “sistema de sexo-gé- y define aquello que considera “natural”. Estos ar-
nero”, y esta teoría sostiene que, si bien el sexo es gumentos, que encierran una gran complejidad en
lo dado (considerado natural), el género es lo cons- sí mismos, se vuelven más claros cuando pensa-
truido social e históricamente. Esta tradición femi- mos que eso llamado “natural” ha variado siem-
nista afirmó que “biología no es destino” e impulsó pre para cada sociedad en cada momento histórico
una serie de cuestionamientos y transformaciones dado. Por esta razón, afirmamos hoy que tanto
en los roles asignados para cada género. los sexos como los géneros son constructos so-
La herramienta teórica de la partición se- ciales y culturales. De hecho, en nuestra sociedad
xo-género fue fructífera y duradera en las luchas hemos tendido a afirmar que “naturalmente” hay
feministas, pero entrará en crisis en la década del dos sexos cuando la propia biología es mucho más
70, fundamentalmente por una serie de debates compleja y variable, y no es para nada binaria. El
en el interior de los feminismos, y por la disputa binarismo de género es un sistema que configura
de los colectivos trans, las corporalidades diver- a los cuerpos siempre como forzados a una única
sas, las identidades sexopolíticas, como los mo- opción de género posible, debiendo coincidir esta
vimientos de lesbianas y gays, tortas, maricas y con lo que el propio sistema considera como “sexo
travestis-trans, pero también por los feminismos natural”, esto es, una cierta configuración genital,
descoloniales, afro y latinoamericanos, asiáticos, anatómica, cromosómica, que la cultura lee como
africanos. Las voces de estos “otros” feminismos masculino o femenino. Lo que pretendemos seña-
que se distinguen de las identidades blancas y lar aquí es la rigidez, teñida de ley natural, o de ley
de clase media comienzan a cuestionar la idea de divina, que ha operado en los saberes de nuestras
sexo como natural y género como cultural. Eso que sociedades modernas a la hora de leer, clasificar y
ponemos en el lugar del sexo como “naturaleza” nombrar los cuerpos. De esta manera, por ejemplo,
también es aquello que una cultura específica con- creemos natural que un cuerpo con vagina, mayor
sidera como naturaleza. Así nacen los llamados abundancia de hormonas de estrógeno y los cro-
feminismos de la tercera ola y los estudios queer. mosomas llamados XX tenga que resultar en una
En los últimos años, una serie de teorías e investi- “mujer”.
gaciones sobre el género y la corporalidad (Butler,
2006, 2008; Preciado, 2002, 2011; Haraway, 1995)
argumentan y sostienen que eso que llamamos
“sexo biológico” tampoco es un dato de la reali- El sexo no se encuentra
dad, ni algo natural, sino un conjunto de saberes
creados, sostenidos, modulados por las prácticas y antes del género, sino
que es el producto de
1 Heterosexuales u otras expresiones de género no bi-
narias, como anormalidades, como anomalías o patolo-
gías, que hay que corregir, encauzar, normalizar.
una organización social
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que delimita y define respecto de la cual las demás son “diversidades” o
“diferencias”, sin cuestionar la heteronormatividad
aquello que considera como lo que es: un régimen político, al igual que el
binarismo. En estos desarrollos queda evidenciado
“natural”. que el binarismo de género y la heteronormativi-
dad forman parte de un solo y único sistema, un
régimen sexopolítico que dispone y organiza los
Es moneda corriente la dificultad para habi- cuerpos y las subjetividades como normales y pa-
tar corporalidades e identidades sin que sean enca- tológicos, aceptables y desechables, que importan
silladas en el binarismo del género, y la corrección y que no importan (Butler, 2008). Pero no solo cla-
a la que es sometido el cuerpo cuando no encaja. sifica, sino que controla y opera en un continuo,
Actualmente en nuestro país existe una Ley de haciendo que las subjetividades se vean forzadas
Identidad de Género que protege el derecho de las a estar todo el tiempo “acreditando” normalidad.
personas a vivir según el género en que se autoper- Como vemos, las reflexiones feministas se preocu-
ciben. Pero incluso cuando las sociedades actuales pan por invertir las preguntas, nombrar lo natura-
parecen “aceptar” a las personas trans, demasia- lizado, deconstruir aquello que creemos saber de
das veces se espera de ellas que encajen en el mo- manera cierta.
delo de género que supuestamente eligieron, y se Es importante resaltar que han sido las dis-
condena socialmente a aquellas personas que no tintas tradiciones de pensamiento y las prácticas
son clasificables o legibles dentro de este modelo feministas las que han comenzado a tematizar
binario. A estos modelos rígidos llamamos femini- tanto lo que aquí llamamos el sistema binario del
dad y masculinidad hegemónica. Nuestros discur- género y la heteronormatividad como los estudios
sos llaman trans a aquellas personas que afirman de masculinidades. Este gesto, propio de los femi-
una identidad de género diferente a la asignada nismos, ha tenido que ver con invertir las pregun-
por la sociedad. Para dar vuelta la pregunta y ex- tas y las perspectivas largamente naturalizadas:
trañar estas categorías la bióloga y activista trans ¿desde dónde nos preguntamos cuando pregunta-
norteamericana Julia Serrano, entre otrxs, utiliza la mos por lxs otrxs, por la diferencia? Efectivamente,
categoría de cisgénero a fin de visibilizar y nombrar ¿se trata siempre de preguntar por la historia de
a aquellas personas que se autoperciben con el gé- las mujeres o qué es lo trans? El gesto fundamen-
nero que efectivamente les fue asignado al nacer, tal de los movimientos feministas ha consistido en
dándose una coincidencia entre sexo asignado y comenzar a preguntar por aquello que se nos da
género autopercibido. Esta es una operación epis- como natural: los varones, la heterosexualidad, el
temológica que hace que le pongamos un nombre binarismo y lo cisgénero. Para nuestras socieda-
a lo tradicionalmente no marcado, porque hasta des, la división sexual del trabajo no solo es rígida,
ahora se nos presentaba como normal y natural. sino profundamente binaria y heterosexual tam-
De la misma manera, la heterosexualidad no había bién. Históricamente, los roles de género tienen
sido cuestionada por nuestros paradigmas hasta la asignados trabajos y tareas, modos de ocupar el
década de los 70, y este cuestionamiento se debe tiempo libre y el espacio social.
a pensadoras lesbianas como Monique Wittig En nuestro mundo contemporáneo existe
(2006) y Adriane Rich (1996). Llamaremos hetero- una serie de representaciones clave para leer es-
normativo a la norma invisible pero operante que tas cristalizaciones y ellas son las publicidades. La
rige la lectura que realizamos de los cuerpos y las publicidad no es meramente una herramienta para
identidades en el campo social. Dado que nuestros vender productos, sino un modo de configurar es-
discursos asumen como natural la heterosexuali- tereotipos, posiciones, consumos, modos de vida,
dad, pensamos que allí reside la identidad normal
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imaginarios y deseos. A lo largo del siglo XX, junto Foucault, M. (2000). Historia de la sexualidad: La volun-
con la radio y el cine primero, y luego la televisión tad de saber (vol 1). Buenos Aires, Siglo XXI.
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desde los años 50, la publicidad ha sido el modo en
Aires: Siglo XXI.
que se forman estándares y expectativas de vida Guasch, O. (2007). La crisis de la heterosexualidad. Bar-
que hay que cumplir o alcanzar para ser o vivir la celona: Laertes.
“vida correcta”. Una simple muestra de antiguas Haraway, D. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres: La in-
vención de la naturaleza. Madrid: Cátedra.
publicidades de mediados de siglo XX puede dar-
Hocquenghem, G. (2009). El deseo homosexual. Ma-
nos algunas claves de aquello que se ha naturali- drid: Melusina.
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trabajos. parentesco. México: FCE.
Los productos culturales son el reflejo, pero Maffía, D. (Ed..) (2009). Sexualidades migrantes. Géne-
ro y transgénero. Buenos Aires: Mujeres Editoras.
también la resistencia de las desigualdades socia-
Preciado, P. B. (2002). Manifiesto contra-sexual: Prácti-
les; no podemos pensar que las masculinidades no cas subversivas de identidad sexual. Madrid: Ope-
se construyen y afirman a partir de las imágenes ra Prima.
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