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Teoría del Apego en Psicopedagogía

La teoría del apego, formulada por John Bowlby, describe la tendencia humana a establecer lazos afectivos desde la infancia, siendo crucial para el desarrollo emocional y social. Se identifican cuatro etapas del apego en los niños, desde el preapego hasta la formación de relaciones recíprocas, cada una con características específicas que influyen en la seguridad emocional. Mary Ainsworth amplió esta teoría al identificar tres patrones de apego: seguro, ansioso resistente y ansioso evitativo, que reflejan la calidad de la interacción entre el niño y sus cuidadores.
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Teoría del Apego en Psicopedagogía

La teoría del apego, formulada por John Bowlby, describe la tendencia humana a establecer lazos afectivos desde la infancia, siendo crucial para el desarrollo emocional y social. Se identifican cuatro etapas del apego en los niños, desde el preapego hasta la formación de relaciones recíprocas, cada una con características específicas que influyen en la seguridad emocional. Mary Ainsworth amplió esta teoría al identificar tres patrones de apego: seguro, ansioso resistente y ansioso evitativo, que reflejan la calidad de la interacción entre el niño y sus cuidadores.
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Catedra: EDI Psicopedagogia Forense

4° Año Psicopedagogia
[Link] Aschieri

Ficha interna de la cátedra: Teoría del Apego

La teoría del apego considera la tendencia a establecer lazos íntimos de


individuos determinados como un componente básico de la naturaleza
humana, presente en forma embrionaria del neonato y que prosigue a lo largo
de la vida adulta, hasta la vejez. Durante la infancia los lazos se establecen con
los padres u otras figuras significativas claramente identificadas a las que se
considera mejor capacitadas para enfrentarse al mundo, a los que recurre en
búsqueda de protección, consuelo y apoyo generando un vinculo de afiliación
recíproca, duradera, emocional y física; matriz sobre la que se van a instalar
otras experiencias. El cuidador principal constituye una base segura, desde la
cual explorar los entornos desconocidos, y hacia la cual retornar como refugio
en momentos de alarma.
El apego es organizador del desarrollo humano. Durante la adolescencia sana
y la vida adulta, estos lazos persisten, pero son complementados con nuevos
lazos generalmente de diferente índole y afinidad.

Fue el psicólogo John Bowlby que en su trabajo en instituciones con niños


privados de la figura materna le condujo a formular la Teoría del apego. El
trabajo de Bowlby estuvo influenciado por Konrad Lorenz (1903-1989) quien en
sus estudios con gansos y patos en los años 50, reveló que las aves podían
desarrollar un fuerte vínculo con la madre (teoría instintiva) sin que el alimento
estuviera por medio. Pero fue Harry Harlow (1905-1981), y su descubrimiento
de la necesidad universal de contacto quien le encaminó de manera decisiva
en la construcción de la Teoría del Apego.

El establecimiento del lazo afectivo, según este autor, evoluciona a través de 4


etapas:

* Fase de preapego: abarca desde el nacimiento hasta las seis primeras


semanas aproximadamente. Durante este periodo, la conducta del niño
consiste en reflejos innatos que tienen un gran valor para la supervivencia:
sonrisa, llanto, mirada... el bebe atrae la atención de otros seres humanos; y al
mismo tiempo, es capaz de responder a los estímulos que vienen de otras
personas. Prefieren la voz de estas a la de cualquier otro adulto a pesar de que
todavía no demuestran un vínculo de apego propiamente dicho.
* Fase de formación del apego: abarca desde las seis semanas hasta los
seis meses de edad. En esta fase, el niño orienta su conducta y responde a su
madre de una manera más clara de cómo lo había hecho hasta entonces:
sonríe, balbucea y sigue con la mirada a su madre de forma más consistente
que al resto de las personas. Todavía no muestran ansiedad de separación a
pesar de reconocerla perfectamente. No es la privación de la madre lo que les
provoca enfado sino la pérdida de contacto humano.

* Fase de apego propiamente dicha: este periodo está comprendido entre


los 6-8 meses de edad hasta los 18-24 meses. A estas edades el vínculo
afectivo hacia la madre es tan claro y evidente que el niño suele mostrar gran
ansiedad y enfado cuando se le separa de esta. A partir de los 8 meses el bebe
puede rechazar el contacto físico incluso con un familiar muy cercano ya que lo
único que desea y le calma es estar en brazos de su madre. La mayor parte de
las acciones de los niños tienen el objetivo de atraer la atención de la madre y
una mayor presencia de esta.

* Formación de relaciones reciprocas: esta fase comprende desde los 18-


24 meses en adelante. Una de las características mas importantes es la
aparición del lenguaje y la capacidad de representar mentalmente a la madre,
lo que le permite predecir su entorno cuando está ausente. Decrece la
ansiedad porque el niño empieza a entender que la ausencia de la madre no es
definitiva y que en un momento dado regresara. En esta fase, los niños a los
que su madre les explica el porqué de su ausencia y el tiempo aproximado que
durara, suelen llorar mucho menos que los niños a los que no se les da ningún
tipo de información.

El final de estas 4 fases supone un vínculo afectivo solido entre ambas partes
que no necesita de un contacto físico ni de una búsqueda permanente por
parte del niño, ya que este siente la seguridad de que su madre responderá
en los momentos en los que la necesite. La pauta de apego que un individuo
desarrolla durante los años de inmadurez, está influenciada por el modo en que
sus padres/cuidadores lo tratan.

Más tarde Mary Ainsworth (1913-1999) en su trabajo con niños en Uganda,


encontró una información muy valiosa para el estudio de las diferencias en la
calidad de la interacción madre-hijo y su influencia sobre la formación del
apego. Ainsworth encontró tres patrones principales de apego en 1971.

1) apego seguro: en la que el individuo confía en que sus padres serán


accesibles, sensibles y colaboradores si él se encuentra en una situación
adversa o atemorizante. Se muestran accesibles y sensibles a las
señales/desempeño de su hijo. Responden a los éxitos y a las dificultades de
su hijo de un modo servicial y alentador. Con función reflexiva, pueden pensar
sobre la experiencia mental del niño y fomentan la autonomía.
Por su parte los niños, presentan ansiedad frente a la separación pero logran
reaseguramiento con el reencuentro. Sienten confianza en el cuidador lo que
les genera una base segura desde donde pueden explorar el mundo.

2) apego ansioso resistente: en el cual el individuo esta inseguro de que si su


progenitor será accesible o sensible o si lo ayudara cuando lo necesite. Las
separaciones y amenazas de abandono son utilizadas como medio de control.
Dan respuestas inoportunas y poco provechosas, y suelen mostrar poca
atención a lo que está haciendo o a lo que siente el niño. Esta pauta en la que
el conflicto es evidente, se ve favorecida por el progenitor que se muestra
accesible y colaborador en algunas ocasiones pero no en otras.
A causa de ello siempre tiene tendencia a la separación ansiosa, es propenso al
aferramiento y se muestra ansioso ante la exploración del mundo y el juego.

3) apego ansioso evitativo: en el que el individuo no confía en que cuando


busque cuidados recibirá respuesta servicial sino que por el contrario espera
ser desairado. La madre/figura significativa desalienta activamente o rechaza
los intentos del niño por conseguir ayuda, aliento, protección. Se da una
relación invertida que genera en el hijo poca ansiedad durante la separación y
un claro desinterés en el posterior reencuentro con la madre. Siente
desconfianza en la disponibilidad del cuidador por lo que intenta vivir sin amor
ni apoyo y volverse emocionalmente autosuficiente. Va construyendo de este
modo un falso self con tendencias narcisistas y autoritarias. Su capacidad de
exploración es pobre y su inseguridad, muy alta.

Poniendo el énfasis en el concepto de Bowlby de "modelos internos de


funcionamiento" de las figuras de apego, Main estableció que la adquisición de
la capacidad de mentalizar es parte de un proceso intersubjetivo entre el
infante y sus figuras significativas. Éstos pueden facilitar la creación de
modelos mentalizantes. Un cuidador reflexivo incrementa la probabilidad del
apego seguro del niño, el cual, a su vez, facilita el desarrollo de la capacidad de
mentalizar. Es decir, considera que la armonía en la relación madre-niño
contribuye a la emergencia del pensamiento simbólico. El apego seguro
incrementa el desarrollo de la seguridad interna, de la autovalía y de la
autonomía.

La socialización Primaria es la primera en ocurrir, es la que nos convierte en


miembros de una sociedad, comporta aprendizajes cognoscitivos, se lleva a
cabo en situaciones de significación emocional y determina la formación de la
identidad. El niño internaliza el mundo de los otros significativos como EL
MUNDO, el único que existe y puede concebir. La socialización primaria implica
simultáneamente el proceso de construcción del mundo, de la realidad y de la
propia identidad.

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