La Cosa Vendida en Compraventa Jurídica
La Cosa Vendida en Compraventa Jurídica
LICENCIATURA EN DERECHO
Asignatura:
Derecho De los Principales Contratos.
Tema
2do Resumen
Facilitador
DRETSI ONAIRA SUBERVI PEREZ
Participante
MAT. 202100353 Luis Reyes
10 de junio, 2024
Santo Domingo, República Dominicana
LECCION XLV
LA COSA VENDIDA
SUMARIO
Por recaer sobre la "cosa" vendida el objeto de la obligación del vendedor, aquélla
es necesaria para la validez de la compraventa.
LA NATURALEZA, EXISTENCIA Y DETERMINACIÓN DE LA COSA VENDIDA
A. NATURALEZA DE LA COSA VENDIDA
La "cosa" vendida es el derecho cedido, que puede ser un derecho real, un
derecho de crédito o un derecho intelectual.
Una cosa indivisa puede ser vendida; uno solo de los copropietarios puede
constreñir a la venta, que debe tener lugar entonces judicialmente, en pública
subasta. Un condueño puede ceder su parte indivisa; en ambos supuestos, esa
cesión les concede a los demás condóminos una facultad de retracto: retracto de
comuneros y retracto de coherederos.
La compraventa puede recaer sobre una universalidad, o sea, sobre un
patrimonio; pero solamente luego de la des. aparición del titular del patrimonio:
aportación a otra sociedad del patrimonio de una sociedad que se disuelva, cesión
de derechos hereditarios.
El cesionario de derechos hereditarios adquiere el patrimonio o una cuota parte
indivisa del patrimonio del difunto; y, con ello, en su totalidad o en una parte
alícuota, el activo y el pasivo de la sucesión; pero los acreedores de la sucesión
no disponen sino de una acción oblicua contra el cesionario.
EXISTENCIA DE LA COSA VENDIDA
Si la cosa vendida ha desaparecido en el momento en que la compraventa se
concluya: en caso de pérdida total, la compraventa está viciada de nulidad; en
caso de pérdida parcial, el comprador tiene la elección entre la resolución de
compraventa o una reducción del precio. Ocurre de modo distinto si el comprador,
conociendo el riesgo de la desaparición de la cosa, ha concluido una compraventa
aleatoria.
La compraventa puede recaer sobre una cosa futura. Si la cosa futura no llega a
existir, la compraventa no deja de ser válida por eso; y el vendedor que no cumpla
con su obligación debe abonar daños y perjuicios.
Venta de una cosa que haya perecido Es evidente que está viciada de nulidad la
venta de una cosa que nunca ha existido y que jamás existirá, y cuya existencia es
solamente "putativa", en el sentido de que no se concreta sino en la creencia, en
la imaginación de los contratantes. La obligación del vendedor carece entonces de
objeto, y de causa la del comprador; de tal suerte que la compraventa está viciada
de nulidad absoluta. Si la creencia del comprador en la existencia de la cosa ha
sido determinada por la mentira del vendedor la venta de "castillos en el aire"a la
nulidad absoluta por falta de objeto y de causa se agrega la nulidad relativa por
dolo; en ausencia de mentira, sería susceptible de regir la nulidad relativa por
error.
La pérdida total de la cosa vendida, cuando se produzca antes del cambio de los
consentimientos, lleva consigo la nulidad de la compraventa. Dispone así el
artículo 1.601, párrafo 19: "Si en el momento de la venta la cosa vendida hubiera
perecido en su totalidad, la venta será nula".
La pérdida parcial de la cosa, sobrevenida antes de la conclusión de la
compraventa, le concede una opción al comprador: "Si solamente ha perecido una
parte de la cosa, queda a elección del adquirente abandonar la compra o pedir la
parte conservada, haciendo que se determine su precio por tasación" (art. 1.601,
párr. 29). El comprador dispone así de la elección entre "el abandono" de la
compraventa, lo cual no es la nulidad, sino la resolución; o bien, el mantenimiento
de la compraventa con una reducción del precio. La resolución prevista no es una
resolución judicial; no es necesaria la intervención de los tribunales. Al menos,
teóricamente.
Por otra parte, cuando la compraventa verse sobre varias cosas separadas
materialmente de las cuales sólo hayan perecido algunas, el contrato puede
descomponerse en tantas ventas distintas como diferentes objetos haya. Esas
ventas serán entonces, nulas las por pérdida total, y unas válidas las demás y no
susceptibles de resolución ni de refacción. No ocurriría de otro modo más que si la
venta de todos los objetos fuera indivisible en la intención del comprador: si no
hubiera comprado los unos sin los otros; dispondría entonces de la opción entre la
resolución o la reducción. Pero la fijación de un precio único no bastaría para
establecer la indivisibilidad; porque un precio, por integrarlo especies monetarias,
es siempre divisible en sí mismo y susceptible de ese modo, aun convenido
globalmente, de aplicarse divisamente a cada uno de los objetos vendidos, al
menos cuando esos objetos sean semejantes.
A las soluciones dadas por el artículo 1.601, en caso de pérdida total o parcial
anterior al cambio de los consentimientos, hay que señalar una excepción cuando
el comprador haya contratado con conocimiento del riesgo de la desaparición de la
cosa. La compraventa no era ya entonces in, contrato conmutativo, sino un
contrato aleatorio (sobre a distinción entre los contratos conmutativos y los
contratos aleatorios. El comprador ha aceptado correr un riesgo, el de la
desaparición de la cosa en el momento en que trataba; y las condiciones del
contrato, en especial el precio, han sido fijadas en consideración de la posibilidad
de esa pérdida.
Compraventa de cosas futuras. No es necesario que la cosa vendida tenga una
existencia actual; es suficiente con que exista en lo futuro. El contrato de
compraventa puede recaer, como los demás contratos, sobre una cosa futura,
simple aplicación de la regla general establecida por el artículo 1.130, párrafo 19,
del Código civil: "Las cosas futuras pueden ser objeto de una obligación" (cfr.
Parte segunda, n. 235).
Las ventas de cosas futuras son frecuentes; un industrial, por ejemplo, vende
algunos objetos que no ha fabricado aún. La naturaleza de tal contrato, por lo
demás y con frecuencia, es difícil de precisar; en lugar de una venta de cosas
futuras, puede ser susceptible de constituir un arrendamiento de obra o un
contrato de empresa (acerca de la distinción entre la compraventa de cosas
futuras y el arrendamiento de obra o contrato de empresa, cfr. infra, ns. 1336 y
1337).
La solución es diferente cuando la compraventa de cosas futuras es un contrato
aleatorio. El comprador ha conocido y aceptado la eventualidad que presentaba
para él la no superveniencia de la cosa; debe soportar el riesgo. Si la cosa futura
no aparece, el comprador sigue obligado por el contrato aleatorio que haya
concluido válidamente, a pagar el precio estipulado.
La distinción entre la compraventa conmutativa o aleatoria de cosas futuras se
relaciona con el hecho de que depende la superveniencia de la cosa. Si ese hecho
depende de la voluntad del vendedor, la compraventa es conmutativa: por
ejemplo, el industrial que vende los productos que ha de fabricar, no vende
esperanza; concluye una compraventa conmutativa de cosas futuras.
DETERMINACION DE LA COSA VENDIDA
Cuerpo cierto o cosa genérica determinada en su especie y cantidad. Para que
pueda perfeccionarse el contrato de compraventa, no basta con que exista la cosa
vendida. Hace falta además que esté determinada; porque, si no resulta posible
conocerla, se está en la misma situación que si no existiera.
Pero determinación no significa individualización. El artículo 1.129, párrafo 19, del
Código civil concreta que no es necesario que la cosa vendida sea individualizada;
es suficiente con que sea "determinada en cuanto a su especie" .
La cosa vendida no debe ser únicamente determinada en su individualidad o en su
especie. La determinación, de acuerdo con los términos del artículo 1.129, párrafo
29, debe recaer sobre "la cantidad de la cosa"; es decir, su cuantía (*) (cfr. Parte
segunda, n. 237). Si se vendiera sin más precisiones "trigo de tal calidad", no se
sabría si la venta recaía sobre un grano o sobre 1.000 sacos de trigo.
Cosa determinada o determinable. Pero, si la cosa vendida debe ser
determinada así en su individualidad o en su especie y en su cantidad, no resulta
indispensable que el contrato revele por sí solo esa individualidad, esa especie o
esa cantidad: es suficiente con que, por estipulaciones expresas o tácitas del
contrato, hayan indicado las partes los medios de determinar la individualidad o la
especie y la cantidad de la cosa vendida; eso es lo que se expresa diciendo que la
cosa vendida debe ser determinada o determinable.
La regla no se establece por el segundo párrafo del artículo 1.129 sino para la
cantidad: "La cantidad de la cosa puede ser incierta, con tal que pueda ser
determinada". Pero la regla debe ser extendida a la determinación de la
individualidad ("Yo le vendo a usted aquel de mis tres caballos que figure mejor en
tal carrera"; yo le vendo a usted aquel de mis tres perros que elija la mujer de
usted") o la especie.
CESIÓN DE DERECHOS LITIGIOSOS Y RETRACTO DE CRÉDITOS
LITIGIOSOS
Validez de la cesión de derechos litigiosos, pero posibilidad del retracto litigioso.
Se dice de un derecho que es litigioso cuando es objeto de una controversia
judicial. Así, pues, es un derecho presente, pero aleatorio; si se pierde el litigio, el
derecho se esfuma.
El titular de un derecho litigioso puede tener interés en cederlo; evita los engorros,
los gastos y las incertidumbres del proceso. Pero cede su derecho litigioso por un
precio necesariamente inferior al valor que tendría el derecho si no fuera objeto de
ningún pleito. Ahí está el peligro de la cesión para el cedente: la persona que trata
con el titular del derecho litigioso, y que generalmente es un profesional, puede
abusar de la ignorancia en que se encuentra casi siempre el cedente acerca de
sus probabilidades de ganar el juicio, y obtener así la cesión a un precio
demasiado reducido.
Esos peligros que presenta la cesión de derechos litigiosos, tanto para el cedente
como para su adversario, determinaron su prohibición a fines del Bajo Imperio
romano. Los redactores del Código civil francés no mantuvieron la prohibición,
sino limitándola, en el artículo 1.597, al personal judicial y a los notarios, y
solamente para los derechos que sean de la competencia de la jurisdicción en el
partido o distrito donde esas personas ejerzan sus funciones (cfr. supra, n. 827).
No obstante, quisieron excluir los peligros de la cesión, al menos aquellos que le
hace correr al adversario del cedente.
En principio, el cedente de un crédito le garantiza al cesionario, si no la solvencia
del deudor, al menos la existencia del crédito. La jurisprudencia excluye, para la
cesión de un derecho litigioso, la obligación de garantizar además la existencia del
derecho cedido, salvo cláusula expresa en fiere, pues, solamente a los derechos
que sean controvertidos en un proceso ya iniciado; se extiende a los derechos
capaces de dar lugar a una impugnación (cfr. supra, n. 827).
Así, el artículo 1.700 del Código civil no autoriza el ejercicio del retracto más que si
el derecho cedido constituía, en el momento de la cesión, objeto de un proceso ya
abierto; lo cual implica una demanda judicial anterior a la cesión. No sólo hace
falta que el derecho haya sido litigioso en el momento de su cesión, sino que lo
sea igualmente en el momento del retracto: el retracto no puede ser ejercido una
vez terminado el proceso; es decir, cuando la resolución se ha convertido en firme
por la expiración de los plazos para los recursos.
El artículo 1.700 exige también que la controversia recaiga "sobre el fondo del
derecho". Si la existencia del derecho cedido no ha sido negada o si no se
sostiene su extinción, el derecho no es litigioso; así ocurre cuando el proceso
recae sobre la competencia o la admisibilidad. Este requisito, como el precedente,
debe existir en el momento de la cesión y en el momento del retracto.
Derecho principal. Además, se necesita que el derecho sobre el cual se pretende
ejercer el retracto no haya sido cedido solamente como accesorio de un derecho
que no sea a su vez litigioso; la regla "Accessorium sequitur principale", no
permite, en efecto, separar el derecho accesorio del derecho principal al
transmitírselo al retrayente; además le confiere al derecho accesorio el carácter
del derecho principal; por no ser litigioso éste, se considera que tampoco es
litigioso el derecho accesorio.
Retrayente demandado y sujeto a retracto de mandante. Dentro del proceso
iniciado necesariamente acerca del derecho cedido, el retrayente debe tener la
situación de demandado; y el sujeto al retracto, la de demandante. En efecto, la
facultad de ejercer el retracto se confiere a un litigante para protegerlo contra los
riesgos que le hace correr el cambio de titular del derecho litigioso. Ello implica
que el cedente del derecho litigioso, por alegar ese derecho, ha demandado
judicialmente a su adversario. Así, pues, ese adversario es necesariamente
demandado; el cedente, antes de la cesión, y el cesionario, luego de la cesión,
han tenido sucesivamente la situación de demandantes. Así, el retracto no puede
ejercerse sino por el demandado en el proceso que recaiga sobre el derecho
cedido, y contra el demandante.
Necesidad de una compraventa. - El retracto no es posible más que si el acto
que haya transmitido el derecho litigioso es una "cesión" en el sentido de
compraventa.
Por lo tanto, la cesión debe hacerse hecho a título oneroso. La donación de un
derecho litigioso no permite ejercer el retracto contra el donatario. En efecto, no
presenta ningún peligro para el adversario del cedente; el cesionario no es ahora
un profesional que especula con su adquisición. Además, el retracto sería
imposible materialmente, porque implica que el retrayente reembolse el precio de
la cesión al sujeto al retracto (art. 1.699 del Cód. civ.; cfr. infra, n. 854); ahora bien,
el donatario no ha pagado precio alguno. Se ve entonces al cedente y al
cesionario, deseosos de impedir el retracto litigioso, que disimulan, tras la
apariencia de una donación, una cesión que constituye una compraventa.
Si la cesión del derecho litigioso no concede la facultad de retracto cuando se
efectúa mediante una donación o una permuta, el retracto es posible, por el
contrario, cuando la cesión resulte de una venta judicial; porque ésta implica un
precio, al igual que la venta amigable. La cesión del derecho litigioso efectuada en
una transacción no es susceptible de retracto más que si la transacción lleva
consigo el pago de un precio por el cesionario; si no, no se incluye ninguna
compraventa en la transacción.
No debe confundirse con la compraventa de un derecho litigioso el pacto de cuota
litis. En virtud de esta convención, el titular de un derecho litigioso da mandato de
proseguir el juicio, y le consiente al mandatario una remuneración igual a una
fracción de la suma que se fije en la condena que se pronuncie. El pacto de cuota
litis no está prohibido por la ley del 3 de abril de 1942 sino para el derecho a la
reparación de un perjuicio corporal (cfr. Parte segunda, n. 608). Los demás
derechos litigiosos constituyen válidamente objeto de esa convención. Como el
pacto de cuota litis no es la compraventa de un derecho litigioso, sino un mandato
cuya remuneración se fija en una fracción de la indemnización que se obtenga, no
es susceptible de retracto. Pero, como prácticamente ambas operaciones llegan a
un mismo resultado, los profesionales escapan fácilmente al riesgo del retracto
concluyendo un pacto de cuota litis en lugar de comprar el derecho litigioso.
Compraventas y daciones en pago no susceptibles de retracto. Al principio
según el cual la compraventa de un derecho litigioso le concede al adversario del
cedente la facultad de retraer, le introduce excepción, en tres situaciones, el
artículo 1.701, en las cuales no ha podido motivar la cesión ninguna especulación.
La primera es aquella "en que la cesión haya sido hecha a un coheredero o
copropietario del derecho cedido" (artículo 1.701, n. 19). En esto, la cesión no
tiene siquiera por consecuencia un cambio de adversario, sino solamente la
disminución del número de los adversarios.
El segundo caso de exclusión del retracto, previsto por el artículo 1.701, número
29, no constituye, en realidad, una disposición excepcional: porque no se trata de
una compraventa, sino de una dación en pago: no es posible el retracto cuando el
derecho litigioso se le dé en pago a un acreedor. Así, pues, para evitar el retracto,
bastará con consentirle un préstamo al titular del derecho litigioso, y hacer que el
reembolso de ese préstamo sea el derecho litigioso. Pero el juez, si descubre el
fraude, no podrá desechar la apariencia creada por el cedente y el cesionario, y
autorizar el retracto.
En tercer lugar, el artículo 1.701, número 3º, excluye el retracto cuando el derecho
litigioso sea cedido al propietario del bien sobre el cual recae: por ejemplo, un
derecho litigioso de hipoteca que grava a un inmueble se le cede al propietario de
ese inmueble.
PROCEDIMIENTO DEL RETRACTO LITIGIOSO
Formas y reglamentación. En el curso del proceso relativo al derecho litigioso
cedido, el demandado, para ejercer el retracto, debe presentar conclusiones en las
que le notifique al demandante su voluntad de retraer. Se precisa que esas
conclusiones no sean subsidiarias; porque el tribunal, que tan sólo tuviera que
conocer subsidiariamente del retracto, debería fallar primeramente sobre las
conclusiones principales referentes al derecho controvertido; le pondría así fin al
litigio, de tal suerte que el retracto no resultaría ya posible.
El retrayente lleva entonces a la práctica el retracto reembolsándole al sujeto al
retracto "el precio real de la cesión con los gastos del contrato, y con los intereses
a contar desde el día en que el cesionario haya pagado el precio de la cesión
hecha a él" (art. 1.699). El sujeto al retracto debe ser colocado, en efecto, en la
misma situación que si no hubiera comprado el derecho litigioso.
EFECTOS DEL RETRACTO LITIGIOSO
Relaciones entre el retrayente y el sujeto al retracto. El retrayente, por resultar
adquirente del derecho que se le oponſa judicialmente, une a su carácter de
demandado el de demandante. Es decir, que el proceso ha terminado. El cedente
ha perdido el derecho litigioso por efecto de la cesión; y el sujeto a retracto, por
efecto de este mismo retracto. Si el derecho litigioso es un derecho de crédito, el
retrayente se ha convertido en su propio acreedor; y el crédito litigioso se extingue
por la confusión de derechos.
En las relaciones entre el retrayente y el sujeto a retracto, todo ocurre igual que si
el derecho litigioso, cuando haya sido cedido, hubiera sido adquirido por el
retrayente y no por el sujeto a retracto: el retracto se retrotrae al día de la cesión.
Con ello quedan sin efecto todos los actos que hubiera podido concluir el sujeto a
retracto, entre la cesión y tal retracto, con referencia al derecho litigioso.
Relaciones entre el cedente y el sujeto a retracto. Por el contrario, en las
relaciones entre el cedente y el sujeto a retracto, este retracto carece de efecto. Y
es que el cedente no ha tratado sino con el cesionario; sólo conoce a éste; el
retracto no le concierne. En consecuencia, si el precio de la cesión no le ha sido
pagado aún por el cesionario en el momento en que se ejerza el retracto, el
cedente sigue siendo acreedor del sujeto a retracto; fuera del consentimiento del
cedente, la deuda del sujeto a retracto no puede encontrarse transmitida al
retrayente.
Relaciones entre el cedente y el retrayente. -Pero, aunque conserve al sujeto a
retracto como deudor del precio de la cesión, ¿no puede reclamarle el cedente al
retrayente el precio de esa cesión?
Es sabido que el retrayente le debe al sujeto a retracto el precio de la cesión (cfr.
supra, n. 854). El cedente que no haya cobrado es acreedor del sujeto a retracto,
acreedor él mismo del retrayente. Es decir, que puede demandar desde luego al
retrayente por la vía oblicua al ejercer la acción del sujeto a retracto.
Pero se le suele reconocer al cedente el derecho de ejercer contra el retrayente
una acción directa para el pago del precio de la cesión; se libra así del concurso
de los acreedores del sujeto a retracto.
Conclusión. Los peligros que presenta la cesión de derechos litigiosos, para el
adversario del cedente, justifican la facultad que se le concede para ejercer el
retracto. Pero esa facultad suele llevar consigo el peligro de permanecer sin
empleo; porque el cedente y el cesionario disponen de numerosos y variados
medios para impedir el retracto, ya sea porque le den a su cesión la apariencia de
un contrato distinto de la compraventa, la única susceptible del retracto, ya sea
porque recurran a un pacto de cuota litis.
LECCIÓN XLVI
LA EXISTENCIA Y LA REALIDAD DEL PRECIO EN LA COMPRAVENTA
El precio, sobre el cual recae el objeto de la obligación del comprador, es un
elemento esencial del contrato de compraventa, necesario para su validez. No
puede consistir sino en una suma de dinero, que debe ser fijada, salvo las
compraventas internacionales, en moneda francesa.
La compraventa que no incluya precio está viciada, en tanto que compraventa, de
nulidad absoluta.
El precio, para tener existencia, debe ser determinado o determinable, y debe ser
real.
LA DETERMINACIÓN DEL PRECIO
PRECIO DETERMINADO
PRECIO DETERMINABLE
No es indispensable que el precio esté determinado; es suficiente con que sea
determinable; es decir, con que el contrato contenga algunos elementos que
permitan, sin influencia posible de la voluntad posterior de las partes, determinar el
precio antes de su vencimiento.
Esos elementos de referencia pueden relacionarse, o bien con la cosa vendida,
especialmente con su calidad o con su cantidad, o bien con otros elementos, tales
como las cotizaciones usuales para la mercadería vendida o para otras
mercaderías o servicios sobre el precio de los cuales se fija el índice del precio de
la cosa vendida. La compraventa se llama a precio firme cuando la cotización
tomada en cuenta es la del día del contrato. Se denomina a precio variable cuando
se trata de una cotización posterior al contrato.
La fijación del precio puede serle confiada también a un tercero designado en el
contrato o a designar o a hacer que se designe con posterioridad.
REALIDAD DEL PRECIO
El precio no tiene realidad alguna cuando sea simulado o irrisorio.
PRECIO SIMULADO
El precio no es sino una apariencia cuando las partes aun fijando uno en el
contrato, convienen, en una contra escritura, que no es adeudado. Tal contrato no
es una compraventa, sino una donación disfrazada tras la apariencia de una
compraventa. Queda sometido entonces a las reglas de fondo de las donaciones
(reducción, colación, etc.); pero, de acuerdo con la jurisprudencia, la donación
disfrazada es válida aun cuando no hayan sido observadas las reglas de forma de
las donaciones, de modo especial el otorgamiento de una escritura notarial.
PRECIO IRRISORIO
Si el precio estipulado es ínfimo, irrisorio, no posee ninguna existencia real.
Mientras que un precio solamente lesivo, o sea, inferior al valor de la cosa vendida
no es, en principio, una causa de nulidad de la compraventa (salvo en ciertas
compraventas, como las ventas de inmuebles, donde la lesión puede originar una
acción rescisoria a favor del contratante lesionado), un precio irrisorio, por
equivaler a la ausencia de precio, lleva consigo la nulidad absoluta de la
compraventa.
EL PRECIO
El precio, objeto de la obligación del comprador. Según los términos de los
artículos 1.582, 1.583 y 1.589 del Código civil, la formación del contrato de
compraventa necesita el acuerdo de las partes no sólo sobre "la cosa" vendida,
sino además sobre "el precio" (cfr. supra, n. 834). Así como el objeto de la
obligación del vendedor recae sobre la cosa vendida, el objeto de la obligación del
comprador recae sobre el precio (cfr. supra, n. 758).
Se estudiará, junto con los efectos de la compraventa, la obligación de pagar el
precio que el contrato pone a cargo del comprador (cfr. infra, ns. 996 a 1017).
Definición del precio. - El precio consiste necesaria y únicamente en una suma
de dinero que el comprador se obliga entregarle al vendedor. Si el contrato no
incluyera a cargo de una de las partes la obligación de pagar una suma de dinero,
sino la de entregar otra cosa, o si implicara la transmisión de un derecho que
recayera sobre otra cosa el contrato no sería una compraventa, sino una permuta.
Plan. Por ser necesario un precio para la validez de la compraventa, interesa
concretar, en primer término, en qué condiciones existe. Como, en ciertos casos,
el precio no sólo debe existir, sino que ha de ser además justo, habrá que abordar
a continuación ese requisito de un justo precio.
LA EXISTENCIA DEL PRECIO
Nulidad absoluta de la compraventa en ausencia de un precio. La
compraventa que no incluya precio está viciada, en tanto que compraventa, de
nulidad absoluta (cfr. infra. n. 875). En efecto, la obligación del comprador carece
de objeto; y, correlativamente, la obligación del vendedor se encuentra sin causa.
La existencia de un precio supone, de una parte, que éste esté determinado o,
cuando menos, que sea determinable (I); porque el precio que no puede ser fijado,
no existe.
I. LA DETERMINACIÓN DEL PRECIO
Precio determinado o determinable. La determinación del precio no se impone
sino en cuanto a su importe. No es necesario determinar el modo de pago: en
efectivo, por cheque, mediante letra de cambio o por giro, ni concretar el
vencimiento del precio; éste, salvo pacto en contrario, es pagadero en el día de la
entrega.
En cuanto a su importe, el precio debe ser determinado, es decir, fijado (A); o,
cuando menos, ser determinable (B), lo cual significa que el contrato debe
contener los elementos que permitan su fijación. Ciertamente el artículo 1.591 del
Código civil dispone que "el precio de la venta debe ser determinado.
PRECIO DETERMINADO
Precio determinado por las partes o por la ley. - En principio, el precio se fija
por las mismas partes; en el contrato de compraventa, ellas señalan la suma que
el comprador debe abonarle al vendedor. Es el supuesto considerado en el artículo
1.591: "El precio de venta debe ser determinado y designado por las partes".
Esa designación es, casi siempre, el resultado de una libre discusión entre el
vendedor y el comprador; su consentimiento se concreta en una cifra.
Sin embargo, en ocasiones, la fijación del precio es el hecho exclusivo del
comprador: en la venta en pública subasta, el comprador, al formular la mejor
postura, fija el precio, que el vendedor ha aceptado por anticipado; para evitar un
precio muy bajo, el vendedor señala a veces un mínimo en la subasta.
Sucede con mayor frecuencia que el precio se fija por el vendedor, por sí solo, que
no discute su importe con el comprador. Ciertamente, éste es libre para no
comprar; pero, si compra, debe hacerlo al precio determinado por el vendedor. Es
la venta a precio fijo, practicada, por ejemplo, en los grandes almacenes. A la
venta a precio fijo se opone la venta con rebaja, en la cual el vendedor consiente
una reducción del precio que había pedido. A fin de evitar las rebajas, que
desvalorizan sus productos, los fabricantes les imponen a veces a sus
compradores un precio para la reventa al detalle; en la venta con precio impuesto,
que se efectúa así entre el intermediario y el consumidor, el precio se encuentra
fijado por un tercero, el fabricante.
PRECIO DETERMINABLE
Elementos de referencia independientes de la voluntad de las partes. El precio
existe, aunque su cifra no esté fijada por las partes en el contrato ni impuesta por
el legislador. Es suficiente para ello que el contrato contenga algunos elementos
que, sin influencia posible de la voluntad posterior de las partes, permitan
determinar el precio en el momento de su vencimiento. El precio es entonces
determinable, y la compraventa está perfeccionada válidamente.
Existen algunas mercaderías cuya calidad no puede ser garantizada por el
vendedor en el momento del contrato; esa calidad no será conocida hasta la
entrega. Nada impide fijar entonces un precio en relación con la calidad que se
entregue.
Con más frecuencia, el precio se fija en función de la calidad o de la cantidad de la
cosa vendida. Tal es la "venta en bloque" (cfr. infra, n. 907). Un arboricultor, por
ejemplo, vende toda su cosecha de manzanas o todas las manzanas que se
encuentren en sus almacenes, a 200 francos nuevos los 100 kilos. La cantidad
vendida y el precio debido resultarán del peso de las manzanas cosechadas por el
vendedor o contenidas en sus almacenes. (Acerca de la dificultad de que el
vendedor establezca el precio debido cuando la cosa vendida haya perecido antes
de haber sido contada, pesada o medida, cfr. infra, n. 907.)
Elementos de referencia fijos o variables. - La determinación del precio puede
depender igualmente de otros elementos que no sean la calidad de la cosa
vendida: así, las cotizaciones usuales para la mercadería vendida, o bien para
otras mercaderías o servicios, sobre el precio de los cuales se fija el índice para el
precio de la cosa vendida (acerca de las cláusulas de sujeción a un índice y de
escala móvil, cfr. infra, n. 1001).
Si la cotización tenida en cuenta es la del día del contrato, la venta se llama a
precio [Link] se trata de la cotización de un día posterior a la venta, por ejemplo,
la cotización del día de la entrega o la cotización media del mes precedente a la
entrega, la venta se llama a precio variable.
Por lo demás, poco importa que las partes no tengan la posibilidad de proceder,
por sus solas luces, a la tasación de los elementos de referencia que hayan tenido
en cuenta, y que sea necesario recurrir entonces a un perito.
Determinación del precio dejada al arbitrio de un tercero. Si las partes no
pueden dejarle a una de ellas o a su común voluntad la facultad de fijar el precio
luego de la conclusión de la compraventa, sí pueden confiarle ese cuidado a un
tercero. Según los términos del artículo 1.592 del Código civil, el precio "puede
dejarse al arbitrio de un terсеrо". Aun cuando los redactores del artículo 1.592
hayan previsto así "el arbitrio de un tercero", el tercero encargado de fijar el precio
no está obligado por las reglas del procedimiento del arbitraje. El arbitraje, en el
sentido jurídico de la palabra, supone, en efecto, un conflicto. Ahora bien, el
comprador y el vendedor están en esto perfectamente de acuerdo para cumplir el
contrato tal y como lo han concertado. Así pues, ese tercero no es un árbitro.
Tampoco es un perito: porque el perito no da sino un parecer, que no se impone ni
a las partes ni al juez. El tercero es entonces un mandatario que ha recibido de los
dos contratantes la misión de fijar el precio de la compraventa; pero el vendedor y
el comprador, según la convención que los une, no pueden revocar ese mandato
sino de común acuerdo.
Momento en que se perfecciona una compraventa cuyo precio es
determinable. Cuando el contrato no contenga ni la fijación de precio ni los
elementos para esa fijación, no se concierta compraventa alguna; y si se produce
a continuación un acuerdo entre las partes acerca del precio, en ese momento se
concluye un nuevo contrato de compraventa, distinto del contrato precedente, que
es nulo; se ha comprobado para las compraventas de vehículos automóviles
concluidas a la tarifa del día de la entrega (cfr. supra, n. 865) y para las ventas
cuyo precio se deja al arbitrio de un tercero (cfr. supra, n. 868).
Por el contrario, cuando el contrato contenga un precio determinado o
determinable, la compraventa se perfecciona, al menos en principio (acerca del
momento de la perfección del contrato de compraventa, cfr. supra, desde el
cambio de los consentimientos del vendedor y del comprador.
Conclusión. Al subordinar a la determinación del precio la validez de la
compraventa, el legislador adopta una solución lógica; ya que el precio es un
elemento esencial del contrato. Pero, como hay que contentarse con un precio
determinable, la solución conduce a diferenciaciones a veces sutiles. Los
redactores de un proyecto de ley uniforme sobre la compraventa internacional de
los objetos mobiliarios corporales han preferido no erigir la determinación del
precio en un requisito de validez de la compraventa. Según los términos del
artículo 67 del proyecto, una compraventa es válida, aunque esté "concluida sin
que se haya fijado el precio por el contrato"; el precio es entonces el "utilizado
habitualmente por el vendedor al concluirse el contrato; o, a falta de establecer
ese precio el vendedor, un precio razonable, apreciado, si es posible, según los
precios generalmente utilizados cuando la conclusión del contrato".
II.- LA REALIDAD DEL PRECIO
Precio simulado y precio irrisorio. La existen cia del precio implica su realidad.
Ahora bien, un precio no es real cuando es simulado o cuando es ínfimo, irrisorio.
A.-PRECIO SIMULADO
Simulación de un precio: Donación disfrazada. En el contrato que concluyen,
las partes indican un precio; pero convienen, en una contraescritura, que no se
debe el precio. Ese precio no es sino una apariencia; es simulado; en realidad, no
hay precio alguno. El contrato no es, pues, una compraventa; constituye una
donación disfrazada tras la apariencia de una compraventa.
Como la simulación no entraña, en principio, la nulidad del contrato mantenido en
secreto (cfr. Parte segunda, n. 813), la donación disfrazada por las partes bajo la
apariencia de una compraventa constituye una donación válida, que produce entre
las partes todos sus efectos, según las reglas de fondo de las donaciones,
singularmente las de reducción cuando la donación exceda de la parte de libre
disposición, y las de colación en la sucesión cuando no se haya estipulado una
dispensa de colación.
Sin embargo, existen algunas excepciones al principio de la validez de las
donaciones disfrazadas. Así, las donaciones disfrazadas entre esposos, en
especial bajo la apariencia de una compraventa, son nulas, al menos con respecto
a los herederos legitimarios (cfr. Parte cuarta, n. 1550).
Disimulación de una fracción del precio: fraude penal. - En lugar de afirmar un
precio que no existe en todo o en parte, al disfrazar así una donación tras la
apariencia de una compraventa, las partes pueden efectuar la simulación inversa:
no incluyen en la escritura de compraventa sino un precio inferior al que se haya
convenido, disimulando una parte del precio real. Aun habiendo pactado, en una
contraescritura un precio real de 100.00 francos nuevos, no hacen que figure en la
escritura de compraventa sino un precio de 70.000 francos nuevos.
Esa disimulación de una parte del precio real, esa sustitución del precio real con
un precio ficticio inferior, tiene generalmente por finalidad defraudar al fisco, por
estar calculados los derechos de transmisión sobre el importe del precio. Para
defender al Tesoro, el legislador (art. 1.753 del Cód. general de los impuestos)
anula la contraescritura que disimule una parte del precio real de un inmueble, de
un fondo de comercio, de una clientela, de un oficio enajenable o de la cesión de
un arrendamiento (cfr. Parte segunda, n. 816).
B.-PRECIO IRRISORIO
Precio irrisorio y precio lesivo. Sin proceder a ninguna simulación ni
disimulación, las partes pueden convenir un precio que, por lo ínfimo, sea irrisorio,
no tiene ninguna existencia real; el contrato no es una compraventa. Vender por
10 francos nuevos un automóvil nuevo cuyo valor es de 6.000 francos nuevos, no
es concertar una compraventa, por falta de precio.
Hay que distinguir cuidadosamente este supuesto, en que el precio es irrisorio, de
aquel otro en que el precio, inferior al valor de la cosa vendida, es solamente
lesivo. La lesión, por no constituir un vicio general del consentimiento, no entraña,
en principio, la nulidad de una compraventa; el vendedor que acepte un precio
inferior al valor de la cosa vendida no puede quejarse sino de sí mismo; soportará
la lesión.
Únicamente algunas ventas, la de los inmuebles especialmente, son susceptibles
de rescisión por lesión y siempre en condiciones rigurosas en cuanto al plazo
dentro del cual debe intentarse la acción.
Un propietario vende un inmueble contra una renta vitalicia cuya pensión anual no
representa los ingresos del inmueble, luego de deducidas las cargas; el comprador
percibe los ingresos, que no revierten al vendedor en forma de renta vitalicia. En
realidad, incluso durante el transcurso de la vida del vendedor, nada le paga; no
hay precio.
Nulidad de la compraventa consentida a un precio irrisorio. -La compraventa
consentida a precio irrisorio es nula, en tanto que compraventa, de nulidad
absoluta; porque la obligación del comprador, a falta de precio, carece de objeto, y
la obligación del vendedor carece de causa. En consecuencia, esa compraventa
"no es susceptible ni de confirmación ni de ratificación" (Civ., 4 de agosto de 1952:
S. 1953. 1. 20; Civ. civ. I, 17 de diciembre de 1959: S. 1960. J. 117). Por otra parte,
la acción de nulidad no se halla sometida a la prescripción decenal, que no
extingue sino las acciones de nulidad relativa; así lo ha decidido la Corte de
casación (Civ., 16 de noviembre de 1932: E. 1934. 1. 1 y nota de P. ESMEIN; D. H.
1933, 4) en un pleito donde el vendedor, a cambio de una renta vitalicia
sumamente baja, había querido consentir una compraventa, y no una donación: no
había ninguna intención liberal con respecto al comprador.
Pero cuando el vendedor haya obrado con una intención liberal, tras la
compraventa nula subsiste la donación. Es sabido que las donaciones disfrazadas
tras una compraventa y que incluyen un precio aparente no están viciadas de
nulidad (cfr. supra, n. 872). Parece que la solución debería ser la misma cuando la
compraventa, que oculte la donación, se haga por un precio irrisorio; porque la
ausencia del precio afecta a la compraventa, y no a la donación. La jurisprudencia
se pronuncia, por el contrario, por la nulidad de la compraventa y de la donación a
la vez. Da como fundamento de ello que no han sido observadas las formas de la
compraventa; ahora bien, si cabe realizar una donación sin seguir las formas de
las liberalidades, es con la condición de que la donación se encuentre encuadrada
en un contrato, una compraventa en este supuesto, cuyos requisitos de fondo y de
forma hayan sido respetados; y no es ese el caso cuando la compraventa haya
sido concluida por un precio irrisorio; es decir, sin precio alguno.
Conclusión. - La nulidad de las compraventas consentidas por un precio irrisorio
no es sino un aspecto, sin duda extremo, del problema de la nulidad de los
contratos lesivos. La dificultad de separar las compraventas concertadas por un
precio lesivo compraventas en principio válidas y las compraventas cuyo precio es
irrisorio compraventas afectadas de una nulidad absoluta-, se agregan a los
argumentos anticipados para extender a todos los contratos, al menos en ciertos
supuestos, especialmente a todas las compraventas, el vicio de lesión.
EL JUSTO PRECIO EN LA COMPRAVENTA:
LA LESIÓN EN LA COMPRAVENTA; LA REGLAMENTACIÓN DE LOS
PRECIOS
A diferencia de la moral, el derecho no impone, por regla general, un justo precio;
es decir, un precio que corresponda al valor de la cosa vendida. En principio, la
lesión que sufre el comprador o el vendedor por la fijación de un precio muy alto o
muy bajo no es un vicio del consentimiento que lleve consigo la nulidad de la
compraventa.
No obstante, en ciertas compraventas, la parte lesionada por un precio inexacto
puede pedir unas veces la nulidad, llamada rescisión, del contrato; y otras veces,
la modificación del precio lesivo.
1.- LA LESIÓN EN LA COMPRAVENTA
La lesión puede ser invocada en las compraventas de inmuebles y en algunas
compraventas mobiliarias.
A-LA RESCISION POR LESION EN LAS COMPRAVENTAS DE INMUEBLES
La ley presume de manera irrefragable que el vendedor de un inmueble, cuando
es lesionado en más de los siete doceavos, no ha manifestado sino un
consentimiento viciado por la necesidad (violencia), por el engaño de que se ha
hecho culpable el vendedor (dolo) o por el error que ha cometido por sí mismo; la
compraventa es nula.
a) Ámbito de la rescisión.
Únicamente el vendedor del inmueble o sus herederos, si están de acuerdo,
puede demandar la rescisión; el comprador carece de ese derecho.
La rescisión no se aplica sino a las ventas inmobiliarias; además no es posible si
la venta era aleatoria o si no podía hacerse sino con intervención de la autoridad
judicial. Al pedir la rescisión, el vendedor puede frustrar el derecho de adquisición
preferente concedido a la Administración, a menos que las partes, para defraudar
al fisco, no hayan declarado el precio convenido.
La lesión no le concede al vendedor la acción rescisoria nada más que si es de
más de siete doceavos. Pare determinar si el precio convenido es inferior en más
de las siete doceavas partes al valor del inmueble vendido, hay que tasar este
situándose en el día en que se haya formado el contrato de compraventa: la
rescisión protege al vendedor contra un perjuicio contemporáneo del contrato,
pero no le permite recuperar las alzas posteriores a la venta.
b) Procedimientos de la rescisión.
La acción rescisoria es una acción mixta, de la que el vendedor puede hacer que
conozca el tribunal del lugar de la situación del inmueble o el tribunal del domicilio
del demandado.
No es admisible más que si ha sido objeto de una publicación en el registro de las
hipotecas, y si los hechos articulados por el vendedor son "lo bastante verosímiles
y graves para hacer que se presuma la lesión" (art. 1.677).
c) Efectos de la lesión.
La compraventa rescindida se invalida retroactivamente, y con ella todos los
derechos reales consentidos por el comprador; los adquirentes, al igual que el
comprador, están obligados a restituirle el inmueble al vendedor. Solamente a
partir de la fecha de la demanda de rescisión deben ser restituidos los frutos
percibidos por el comprador y han de ser pagados por el vendedor los intereses
del precio.
La nulidad, decretada para la protección del vendedor, es relativa. No puede ser
alegada más que por el vendedor o por el conjunto de sus herederos, y solamente
dentro de un plazo perentorio de dos años a contar desde la formación del
contrato de compraventa; no obstante, el plazo no corre cuando la venta haya sido
concluida bajo condición suspensiva. El vendedor, una vez que haya recibido el
precio, puede confirmar la compraventa.
3.º. Cuantas veces el acto llamado "compromiso", que debe seguir a una
escritura notarial, constituye una promesa sinalagmática de vender o comprar y
perfeccione así la compraventa (cfr. supra, n. 777), el plazo de los 2 años arranca
desde el compromiso (Req., 3 de enero de 1939: D. H. 1939. 149; Civ., 29 de
marzo de 1950: Gaz. Pal., 1950.2. 106).
4.º. Como todo acto nulo de nulidad relativa, la compraventa rescindible por
lesión es susceptible de confirmación. Así pues, el vendedor puede subsanar la
nulidad con- firmando la compraventa. Pero la confirmación de un acto nulo de
nulidad relativa no es posible sino una vez que haya desaparecido el vicio. Se
considera aquí que el vicio consiste en la coacción moral (vicio de violencia)
sufrida por el vendedor, que se encontró forzado por las circunstancias a vender a
bajo precio. La renuncia del vendedor a la rescisión no produce, por el contrario,
ningún efecto si es anterior al pago del precio, especialmente caso previsto en el
artículo 1.674- si se expresa en el contrato de compraventa. Una renuncia
indirecta no escapa a la regla; así según concreta el artículo 1.674 sigue sin efecto
la cláusula inserta en el contrato y por la cual el vendedor declare que dona al
comprador la diferencia entre el valor del inmueble y el precio convenido; pero, si
no puede invocar esa cláusula. el comprador conserva la posibilidad de demostrar,
por otro medio, que el vendedor había querido favorecerlo con el suplemento del
valor (cfr. Parte segunda, n. 223); porque la escritura de cesión de un inmueble
vendido por una parte y donado por el resto, aun cuando la donación sea
disfrazada, equivale a la venta parcial y a la donación parcial (cir. supra, n. 872), a
menos que sea irrisorio el precio estipulado (cfr. supra, n. 875).
Oferta hecha por el comprador para pagar un precio suplementario. Como
por ser retroactiva la rescisión de la compraventa tiene como constancia invalidar
todos los derechos reales consentidos sobre el inmueble por el comprador, y
singularmente anular las compraventas sucesivas que hayan podido seguir a su
adquisición (cfr. supra, n. 887), los redactores del Código civil le han legado al
comprador y a los terceros adquirentes el medio de evitar la rescisión.
Según los términos del artículo 1.681, el comprador "tiene la elección, o de
devolver la cosa y recobrar el precio que hubiere pagado por ella, o de conservar
el fundo pagando el suplemento del justo precio, con reducción del décimo del
precio total".
B. LA LESIÓN EN LAS COMPRAVENTAS DE BIENES MUEBLES
Modificación del precio lesivo. La lesión en las compraventas de inmuebles,
cuando se toma en cuenta debe consigo la nulidad, llamada rescisión, de la
compraventa, a menos que el comprador consienta en pagar un precio
suplementario (cfr. supra, ns. 887 a 889). En algunas compraventas mobiliarias en
las que el legislador autoriza a una de las partes para invocar la lesión, ésta no
permite obtener sino una modificación del precio lesivo, pero la compraventa se
mantiene.
Mientras que, en las compraventas de inmuebles, el vendedor sólo puede invocar
la lesión, es unas veces el comprador y otras veces el vendedor, según la
compraventa mobiliaria que se considera, quien tiene derecho a pedir una
modificación del precio convenido.
Por una disposición, varias veces modificada, de la ley del 29 de junio de 1935, el
comprador de un fondo de comercio fue autorizado a pedir la reducción del precio
del establecimiento, cuando el precio estipulado para los elementos incorporales
rebasara el 33% de tales elementos. Esa disposición, que no era aplicable sino a
las compraventas concertadas entre el 1º de julio de 1926 y el 1º de julio de 1935,
no está ya en vigor.
Subsisten dos textos legales que permiten alegar la lesión en las compraventas
mobiliarias; concierne el uno a las ventas de abonos y de algunas otras
mercaderías destinadas a la agricultura; y la otra, a las cesiones que los autores
hacen del derecho de explotar sus obras literarias o artísticas.
Ventas de abonos y de algunas otras mercaderías destinadas a la
agricultura.- Hubo un tiempo en que los agricultores vivían a veces apartados del
resto del mundo, ignorantes sobre todo del precio de las mercaderías que les era
preciso adquirir; algunos vendedores se aprovechaban de la situación. La ley del 8
de julio de 1907 tuvo por finalidad proteger a esos compradores.
La acción de reducción, bajo pena de caducidad, debe intentarse dentro de un
plazo franco de 40 días, a partir de la entrega.
Toda renuncia del comprador a su acción de reducción del precio está viciada de
nulidad.
La acción, cualquiera que sea la cuantía de la demanda, es de la competencia del
tribunal de instancia; lo cual facilita al comprador para el ejercicio de su derecho.
Si la demanda rebasa la cuantía de la competencia en última instancia del tribunal
de instancia, la resolución de éste es susceptible de apelación.
Cesión del derecho de explotación de una obra literaria o artística. Por el
contrario. el vendedor o el cedente es el que se encuentra protegido por el artículo
37 de la ley del 11 de marzo de 1957, sobre la propiedad literaria y artística. Según
los términos de ese texto legal, el autor que haya cedido el derecho de explotación
de su obra por una remuneración inferior en más de los siete doceavos a los
productos de esa obra, puede obtener la revisión del precio convenido. Es
necesario además que la remuneración convenida consista en un tanto alzado -lo
cual excluye el caso en que se le haya atribuido al autor un porcentaje sobre la
venta y que la lesión se realice globalmente sobre el conjunto de las obras cuya
explotación haya confiado el autor al cesionario. Dentro de esos requisitos, el
autor que ceda el derecho de explotar su obra está mejor protegido que el
vendedor de un inmueble: el precio es lesivo para él desde el instante en que sea
inferior a más de los siete doceavos, y no al valor de la obra en el día de la cesión,
sino en su valor en el día en que se intente la acción; en efecto, el precio
convenido se compara con los productos de la obra explotada por el cesionario,
productos necesariamente posteriores a la cesión. El autor se encuentra
favorecido así con las alzas posteriores al contrato.
Extensiones jurisprudenciales de la lesión.- Tratando de asegurar casi siempre
el posible equilibrio de las prestaciones (cfr. Parte segunda n. 213, la
jurisprudencia se ha esforzado por remediar los estrechos límites en que el
legislador encierra el derecho de invocar la lesión en las compraventas
inmobiliarias y mobiliarias.
Se ha indicado ya (cfr. supra, n. 832) que en los casos excepcionales en que sea
válida una compraventa entre esposos, esa compraventa, de acuerdo con los
términos del artículo 1.595, párrafo último, del Código civil, puede ser impugnada
por los herederos "cuando existe ventaja indirecta".
En las cesiones de oficios enajenados, los tribunales, por considerar que es de
interés general que el precio de tales oficios corresponda a su valor, reducen el
precio que estiman exagerado, aun cuando haya sido aprobado por la Cancillería.
De manera más general, la jurisprudencia, para eludir los requisitos legales de la
lesión, convierte con bastante facilidad un precio lesivo en un precio irrisorio;
equiparado éste a una ausencia de precio, lleva consigo en todos los casos una
nulidad absoluta que el vendedor puede alegar durante 30 años.
La jurisprudencia utiliza igualmente el vicio de dolo. Admite que, si el comprador
tiene razones particulares para confiar en el vendedor, que se prevale, por
ejemplo, de su carácter de perito, ese vendedor se vuelve culpable de un dolo por
reticencia que anula el contrato, cuando pida y obtenga un precio muy superior al
valor de los objetos vendidos, en el caso litigioso unos cuadros (París, 22 de enero
de 1953, Parte segunda, Lección IX, Lecturas, I).
Por último, la jurisprudencia acude al vicio de violencia. Ciertamente, una lesión no
establece una presunción irrefragable de violencia que lleve consigo la rescisión
de la compraventa sino en las condiciones estrictamente determinadas por la ley
(cfr, supra, n. 882). Pero si la violencia, o sea, la coacción que haya sufrido una de
las partes está probada, sobre todo si se demuestra que el vendedor no ha
consentido en la venta sino bajo el imperio del estado de necesidad, el vicio del
consentimiento lleva anexa la nulidad relativa de la compraventa, aun cuando no
se encuentren reunidos los requisitos del vicio de lesión.
11. LA REGLAMENTACIÓN DE LOS PRECIOS
Propósitos perseguidos. El medio más sencillo y en apariencia el más eficaz
para que el legislador evite las compraventas lesivas consiste en fijar por él mismo
los precios o las normas según las cuales serán establecidos los precios; el
contratante lesionado no tiene entonces que demostrar la lesión; le basta con
poner de re- lleve que el precio convenido difiere de la tasa, Pero se suprime así
toda la libertad en la compraventa; se determinan a los vendedores eventuales a
conservar sus mercaderías o a no venderlas sino clandestinamente en el
"mercado negro".
En primer término y esencialmente, la protección de los compradores contra los
precios excesivos que en época de escasez exigen los vendedores. Tal fue la tasa
de precios durante los períodos de guerra y de postguerra, acompañada siempre
de una limitación impuesta a los consumidores, dotados de cartillas y de bonos, en
cuanto a las cantidades cuya compra estaba autorizada.
A la inversa, en período de superproducción, el gobierno, mediante la fijación de
precios, impedirá su envilecimiento al propio tiempo que la ruina de los
productores.
Al margen de esos fines económicos, el gobierno pue- de perseguir, con la
reglamentación de los precios, una política social; al fijarle a los productos de
primera necesidad, tales como el pan o la carne, un precio reducido, compensado,
o no, mediante subvenciones a los vendedores, asumirá la subsistencia de las
clases poco acomodadas.
La reglamentación de los precios puede tener, por último, un propósito de política
monetaria; se esforzará para evitar que un alza de los precios se traduzca en la
caída del poder adquisitivo de la moneda o que la agrave.
Procedimientos utilizados. Para tratar de conseguir, mediante la reglamentación
de los precios, uno u otro de tales resultados, son susceptibles de utilizarse
diferentes procedimientos:
La tasa con la fijación obligatoria de los precios. En los períodos de penuria,
procura necesariamente a los traficantes del "mercado negro" beneficios ilícitos,
pero considerables (cfr. supra, n. 762).
La prohibición de los precios que, por resultar del empleo de procedimientos
fraudulentos o de la conclusión de acuerdos, permiten ganancias excesivas, no ha
podido entrar nunca seriamente en vigor, pese a las modificaciones de los
artículos 419 y 420 del Código penal, por la ley de 3 de diciembre de 1925, y pese
al decreto del 9 de agosto de 1953, que le agrega los artículos 59 bis y 59 ter a la
ordenanza del 30 de junio de 1945, referente a los precios.
La limitación de los márgenes de los beneficios tiene por resultado una
disimulación mayor de las ganancias conseguidas.
La prohibición de los "recargos que establezcan diferencias de precios", recargos
aplicados por el vendedor al comprador en consideración de la persona de éste y
no por un aumento del costo de fábrica, se encuentra formulada en el artículo 37,
número 19, inciso a, de la ordenanza del 30 de junio de 1945 (decreto del 24 de
junio de 1958).
Sanciones.
Todas las infracciones a la reglamentación de los precios son objeto de
sanciones.
Una sanción civil, que consiste en la nulidad de lo compraventa cuyo precio
contravenga la legislación vigente. Porque no sólo tiene por finalidad proteger, ya
sea al comprador, ya sea al vendedor, sino al conjunto del público, estabilizando
los precios y la moneda, la nulidad es una nulidad absoluta.
La nulidad tiene por efecto reponer a las partes en la situación en la que estarían
si la compraventa, no se hubiera concluido; así pues, el vendedor sigue siendo
propietario de la cosa vendida, y el comprador tiene derecho a la restitución del
precio. No obstante, se ha invocado la máxima: "Nemo propriam turpitudinem
allegans", para negar- le al vendedor el derecho de recobrar del comprador la
cosa vendida o para rechazar la petición del comprador contra el vendedor para la
devolución del precio pagado, y más especialmente de la parte que rebase el
precio impuesto por la ley.
La Corte de casación ha admitido también que la compraventa concluida por un
precio ilícito podía ser mantenida reduciendo el precio a la tasa (Civ., 10 de junio
de 1951: Sem. jur. 1952. IV, 22); solución difícil de justificar.
A la sanción civil de la nulidad absoluta de la compraventa se le agregan algunas
sanciones penales. La venta a un precio ilícito constituye el delito correccional de
alza o baja ilícita. Las maquinaciones que tengan por objeto el alza o la baja
artificial de los precios están reprimidas a su vez con penas correccionales; entre
ellas, las coaliciones entre los productores o vendedores de un producto.
Las sanciones penales se refuerzan con sanciones administrativas, especialmente
con el cierre de los establecimientos y con el decomiso de las mercaderías.
Para intentar la eficacia de la represión se ha creado un control administrativo: la
inspección económica. El decreto del 9 de agosto de 1953, que completa la
ordenanza del 30 de junio de 1945, referente a los precios, ha instituido además
un órgano de control permanente de los acuerdos entre productores o
vendedores: la Comisión de acuerdos económicos, que apenas si parece
orientada hacia una política de represión.
Conclusión. El legislador no se deja abatir por la constante ineficacia de las
medidas que dicta para regla- mentar los precios; a las disposiciones que no
consigue aplicar les agrega otras nuevas, que no serán mejor observadas, como
esos castillos de arena que levantan incansables los niños en las playas y que
cada marea destruye.
LECCIÓN XLVIII
LOS EFECTOS DE LA COMPRAVENTA: LA TRANSMISION DE LA
PROPIEDAD I DEL RIESGO EN AUSENCIA DE CLAUSULAS
El contrato de compraventa, por una parte, transmite del vendedor al comprador la
propiedad de la cosa ven- lida; y, por otra, crea obligaciones con cargo al
vendedor y al comprador.
El articulo 1.583 del Código civil le aplica a la compraventa el principio de la
transmisión de la propiedad solo consensu, afirmado en el artículo 1138. Ese
principio tiene como consecuencia hacerle soportar el riesgo al comprador desde
la perfección del contrato, incluso antes de la entrega, ya que desde el cambio de
los consentimientos el comprador se ha convertido en propietario: "Res pe- rit
domino".
El principio de la transmisión de la propiedad solo Consensu contiene dos reglas
distintas y da por sobreentendida una tercera: el contrato de compraventa
transmite la propiedad; la transmite inmediatamente, transmite inmediatamente el
riesgo.
COMPRAVENTA DE COSAS GENÉRICAS
Cuando la compraventa recaiga sobre una cosa genérica, la transmisión de la
propiedad y el riesgo se retrasa hasta la individualización de la cosa vendida. La
individualización, que pueda realizarse por la entrega, no se confunde con ella; en
principio, la cosa vendida se individualiza desde el instante en que se encuentra
afectada de manera aparente al comprador.
En la compraventa sujeta a medida, o en la compraventa según peso, cuenta o
medida, la individualización de la cosa genérica vendida se efectúa mediante una
operación de medición posterior a la conclusión del contrato de compraventa.
La compraventa sujeta a medida se opone a la compraventa en bloque. Es ésta
una venta de cuerpo cierto; es la venta de una cosa determinada globalmente por
la designación de sus límites, pero cuyo precio no será determinado sino por una
operación de medida posterior a la conclusión del contrato. La propiedad y el
riesgo se le transmiten entonces al comprador desde el instante de la formación
del contrato.
Cuando la cosa genérica vendida deba ser transportada por un tercero para
hacérsela llegar al comprador, éste adquiere la propiedad y el riesgo de la misma.
II. COMPRAVENTAS DE COSAS FUTURAS
En las compraventas de cosas futuras, la propiedad y el riesgo no se le transmiten
al comprador sino en el momento en que esté terminada la cosa; es decir, en
estado de ser entregada.
CAPÍTULO II
LOS EFECTOS DE LA COMPRAVENTA
Transmisión de la propiedad y obligaciones reciprocas. El contrato de
compraventa produce dos series de efectos: realiza, del vendedor al comprador, la
transmisión de la propiedad de la cosa vendida (sección I); crea obligaciones
recíprocas con cargo al vendedor y al comprador (sección II).
SECCIÓN I
LA TRANSMISIÓN DEL DERECHO DE PROPIEDAD POR EL CONTRATO DE
COMPRAVENTA
Aplicación a la compraventa del principio de la transmisión de la propiedad
"solo consensu". Se ha descrito ya (cfr. supra, ns. 1613 a 1617) la evolución en
términos de la cual los redactores del Código civil francés establecieron el principio
de la transmisión de la propiedad por el solo cambio de los consentimientos. El
artículo 1138 del Código civil: "La obligación de entregar la cosa se perfecciona
por el simple con- sentimiento de las partes contratantes. Ella hace al acreedor
propietario.
De ese principio, los redactores del Código civil hicieron aplicación al contrato de
donación en el artículo 938: "La donación debidamente aceptada se perfeccionará
por el solo consentimiento de las partes; y la propiedad de los objetos donados se
transmitirá al donatario, sin que haya necesidad de otra tradición".
Existe en ello una concepción muy evolucionada del derecho de propiedad, que
descansa sobre la distinción entre ese derecho y la cosa sobre la cual recae, entre
la transmisión del derecho de propiedad y la transmisión, y la entrega de la cosa;
el derecho de propiedad se transmite con independencia de la cosa. La
transmisión de la propiedad se produce solo consensu; mientras que la entrega de
la cosa es una obligación que pesa sobre el vendedor.
El peligro que es para los terceros la transmisión "solo consensu" de la
propiedad de la cosa vendida.
En primer término, para los terceros: el cambio de los consentimientos, a
diferencia de la entrega, no es un acto aparente; los terceros no tienen
conocimiento de ello; la propiedad se transmite sin saberlo ellos; corren entonces
el riesgo de comprar una cosa ya vendida, pero no entregada aún; y adquirir así a
non domino (cfr. Parte segunda, n. 1619).
Es un peligro que se atenúa, para los inmuebles, por la inoponibilidad a los
terceros de las transmisiones para las cuales no se haya efectuado la publicidad
inmobiliaria.
El peligro para el comprador: "Res perit domino". La transmisión de la
propiedad solo consensu crea, por otra parte, un grave peligro para el comprador.
Por convertirse en propietario desde la perfección del contrato de compraventa,
realizada por el cambio de los consentimientos, el comprador soportará desde ese
instante el riesgo de pérdida o de deterioro de la cosa comprada, convertida en
cosa propia de él, aun cuando esa cosa no se le haya entregado y no se
encuentra, por lo tanto, bajo su vigilancia; para que la pérdida recaiga sobre el
vendedor, deberá aquél demostrar la culpa de éste; el comprador soporta la fuerza
mayor.
Lo dispone así el artículo 1.138, párrafo 2º, del Código civil, en cuyos términos, por
el solo cambio de los consentimientos, el comprador se convierte en propietario, lo
cual "coloca la cosa a su riesgo.
Ciertamente, el comprador al cual no se le haya entregado la cosa vendida, puede
hacer que pese el riesgo sobre el vendedor constituyéndole en mora de entregar.
Pero hace falta además que el vendedor se encuentre en retraso de entregar, lo
cual no es el caso cuando el plazo convenido para la entrega no haya expirado
aún.
902. Las excepciones al principio de la transmisión de la propiedad por el
cambio de los consentimientos del vendedor y del comprador. El principio de
la transmisión de la propiedad solo consensu contiene, en realidad, dos reglas
distintas, y se sobreentiende en él una tercera: de una parte, el contrato de
compraventa transmite la propiedad; por otra, la transmite inmediatamente; por
último, transmite inmediatamente el riesgo.
No existe excepción alguna a la primera regla. La perfección del contrato de
compraventa es la que tiene siempre por efecto transmitir la propiedad; por la
voluntad común del vendedor y del comprador, éste se convierte en propietario.
Pero las otras dos reglas admiten excepciones, tan importantes incluso, que
aproximan considerablemente el sistema francés al de las legislaciones
extranjeras que no efectúan la transmisión de la propiedad sino en el momento de
la entrega, o al del Proyecto sobre la compraventa internacional que, sin tomar
partido acerca del momento de la transmisión de la propiedad, no transmite el
riesgo sino a partir de la entrega (cfr. supra, n. 901).
En esas compraventas derogatorias del derecho común, se encuentran retrasadas
unas veces la transmisión de la propiedad y, con ello, la transmisión de los
riesgos; y, en otras ocasiones, la perfección misma del contrato y, por lo tanto, la
transmisión de la propiedad y la de los riesgos. Ocurre así en tres clases de
compraventas: las compraventas de cosas genéricas (I), las compraventas de
cosas futuras (II) y las compraventas acompañadas de cláusulas que retrasan la
transmisión de la propiedad y del riesgo o también la perfección del contrato.
LECCIÓN XLIX
LOS EFECTOS DE LA COMPRAVENTA: CLAUSULAS QUE MODIFICAN LA
TRANSMISIÓN DE LA PROPIEDAD Y DE LOS RIESGOS
El comprador y el vendedor suelen convenir con frecuencia la transmisión de la
propiedad o la transmisión de los riesgos tal y como la una o la otra resulta de las
reglas supletorias.
1-MODIFICACIONES CONVENCIONALES DE LA TRANSMISIÓN DE LA
PROPIEDAD
Para modificar la transmisión de la propiedad, que debería producirse desde el
cambio de los consentimientos, los contratantes someten, por lo común, la
compraventa a una modalidad: término suspensivo, condición suspensiva o
condición resolutoria.
Tienen por finalidad, o bien dejarle al comprador un plazo de verificación o de
reflexión (compraventa a calidad de ensayo, compraventa a gusto del comprador,
compraventa condicional) o al vendedor (venta con pacto de retro), o bien para
garantizar el cumplimiento del contrato al vendedor (compraventa a plazos,
locación-venta, compraventa "autoservicio") o al comprador (compraventa de una
cosa que se ha de fabricar).
A-COMPRAVENTA A CALIDAD DE ENSAYO, COMPRAVEN TA A GUSTO DEL
COMPRADOR, COMPRAVENTA CON DICIONAL
Compraventa a calidad de ensayo:
El comprador se reserva la facultad de ensayar pro bar la cosa para verificar si es
apta para el uso a que la destina; pero no es juez soberano de los resultados del
ensayo, por poder impugnar su apreciación el vendedor. Si la prueba es
satisfactoria, la propiedad se ha transmitido, desde el cambio de los
consentimientos, al comprador; que, sin embargo, no adquiere la carga del riesgo
sino desde la prueba.
Compraventa a gusto del comprador:
El comprador se reserva la facultad de aceptar o de rechazar la cosa; es el único
soberano de la aprobación. Se está en presencia de una promesa unilateral de
venta, cuya opción ejerce el comprador al darle su aprobación. La transmisión de
la propiedad y del riesgo se efectúa en el día de la aprobación.
Compraventa condicional:
El comprador se reserva la facultad de restituir la cosa y de resolver así el
contrato; es libre para conservar o de volver la cosa comprada. La compraventa
condicional se traduce en una compraventa hecha bajo la condición resolutoria de
la devolución.
B.-VENTA CON PACTO DE RETRO
En la venta con pacto de retro, el vendedor se reserva la facultad de recobrar la
cosa vendida, reembolsando el precio y los gastos. La venta con pacto de retro se
traduce en una compraventa hecha bajo la condición resolutoria del ejercicio del
retracto.
La facultad de retraer debe ser indicada en la escritura de compraventa, y
publicada si la compraventa recae sobre un inmueble. No puede exceder de cinco
años. El vendedor ejerce el retracto reembolsándole al comprador el precio y los
gastos, además de las impensas necesarias y útiles; cabe estipular que el
vendedor deberá entregarle al comprador un precio superior al precio recibido.
C-COMPRAVENTA A PLAZOS, LOCACION-COMPRAVENTA, COMPRAVENTA,
"AUTO-SERVICIO"
Compraventa a plazos:
Una compraventa es a plazos cuando el precio es pagadero en varios
vencimientos; que, salvo el primero por lo general, son posteriores a la entrega.
Para garantizar al vendedor contra la insolvencia del comprador, el contrato va
acompañado de una cláusula llamada de reserva de dominio: el comprador no
adquirirá la propiedad de la cosa vendida, que se le entrega inmediatamente, sino
en el momento en que abone la última parte del precio; y la compraventa será
resuelta de pleno derecho por la falta de pago de un vencimiento del precio (pacto
comisorio).
Locación-compraventa:
Es un arrendamiento acompañado de una promesa de venta; el propietario
arrienda una cosa suya durante tiempo determinado, a la expiración del cual el
arrendatario tiene la facultad de comprar la cosa a un precio convenido. Salvo
ejercicio de la opción, el arrendador sigue siendo propietario, incluso frente a los
acreedores del arrendatario en quiebra; y, en principio, conserva el riesgo.
Compraventa "autoservicio":
Aquellas compraventas al contado en que la cosa vendida se le entrega al
comprador o es tomada por él (compraventa por libre servicio) antes de su paso
por la caja, pue den contener una convención implícita que retrasé la trans- misión
de la propiedad y del riesgo hasta el pago del precio.
D-COMPRAVENTA DE UNA COSA QUE HA DE FABRICAR SE
Cuando el comprador de una cosa que deba fabricarse haya pagado cantidades a
cuenta durante el curso de la fabricación, y si el vendedor insolvente interrumpe la
construcción, el comprador no es sino acreedor quirografario de los anticipos
abonados, sin poder apoderarse de la cosa en curso de fabricación; la propiedad
de la misma no la adquiere hasta el día de la terminación.
I-MODIFICACIONES CONVENCIONALES DE LA TRANSMISION DEL RIESGO
Las cláusulas limitadas en sus términos a la transmisión del riesgo suelen ser
interpretadas como modificativas también de la transmisión de la propiedad.
En las compraventas de cosas que haya de transportarse, el comprador y el
vendedor concretan, mediante cláusulas muy diversas, el momento en que el
riesgo pasa del vendedor al comprador.
COMPRAVENTAS ACOMPAÑADAS DE CLAU- SULAS QUE MODIFICAN LA
TRANSMISIÓN DE LA PROPIEDAD Y DE LOS RIESGOS
Modificaciones convencionales de la transmisión de la propiedad y de los
riesgos. La regla según la cual la propiedad se transmite al comprador, junto con
los riesgos, desde la conclusión de la compraventa, no es imperativa. Las partes
pueden derogarla, fijar por sí mismas el día en que se transmitirán la propiedad y
los riesgos.
Pueden disociar también de la transmisión de la pro- piedad la transmisión de los
riesgos, convenir que esas dos transmisiones no se realizarán al mismo tiempo.
Algunas cláusulas están limitadas, no obstante, en sus términos a la transmisión
de los riesgos. Pero, en razón siempre de la costumbre adquirida de no separar la
transmisión de la propiedad y la transmisión de los riesgos, suele descubrirse
entonces, en la estipulación de la exclusiva trans- misión de los riesgos, la
intención de las partes de fijar en el mismo momento la transmisión de la
propiedad.
A MODIFICACIONES CONVENCIONALES A LA TRANSMISIÓN DE LA
PROPIEDAD
Procedimientos utilizados; término y condición. -El comprador y el vendedor
pueden retrasar la transmisión de la propiedad fijando claramente en su contrato el
día de esa transmisión. Con mayor frecuencia, utilizan procedimientos indirectos: o
bien retrasan la perfección misma del contrato, con necesario retraso así, aunque
indirecto, de la transmisión de la propiedad; o bien someten la perfección de la
compraventa a modalidades a las que se encuentra sometida, necesariamente
así, aunque de modo indirecto, la transmisión de la propiedad.
Si la compraventa se concierta con un término suspensivo, cierto o incierto, el
contrato se perfecciona desde el cambio de los consentimientos; pero su
cumplimiento, y por consiguiente la transmisión de la propiedad, se retrasarán
hasta la llegada cierta del término (cfr. Parte segunda, ns. 1019 y 1020).
Si la compraventa se concierta con una condición suspensiva, en verdad, una vez
ocurrido el hecho, la condición se retrotrae; de suerte que, salvo pacto en contrario
(Civ. civ. I, 21 de julio de 1958: Sem. jur., 1958. II. 10843),
Si la compraventa se concierta con una condición resolutoria, el contrato se
perfecciona y la propiedad se transmite desde el cambio de los consentimientos;
pero, si la condición se cumple, el contrato, y por consiguiente la transmisión de la
propiedad, quedan invalidados, por considerarse que el comprador no ha sido
propietario jamás.
Finalidades perseguidas. Cuando el comprador y el vendedor convengan así en
retrasar la transmisión de la propiedad, persiguen casi siempre uno u otro de estos
cuatro propósitos:
Dejarle al comprador cierto tiempo para la verificación o la reflexión.
Darle al vendedor, durante cierto tiempo de reflexión, la posibilidad de arrepentirse
de la venta que haya hecho.
Garantizarle al vendedor el pago del precio; que es el caso en la compraventa a
plazos, en la locación-compraventa y en la compraventa autoservicio; garantizar al
comprador de una cosa que haya de fabricarse, contra la insolvencia del
vendedor.
a) COMPRAVENTA A CALIDAD DE ENSAYO, COMPRAVENTA A GUSTO DEL
COMPRADOR, COMPRAVENTA CONDICIONAL.
Compraventa a calidad de ensayo. El comprador se reserva la facultad de
probar la cosa para verificar si es apta para el uso a que la destina. La
compraventa no se concluye entonces más que si la prueba es satisfactoria. Pero
el comprador no es juez soberano de los resultados de la prueba; la compraventa
no es a gusto del comprador. Por lo tanto, el vendedor puede impugnar la
apreciación del comprador; y el tribunal resolverá la controversia.
La compraventa a calidad de ensayo se hace bajo la condición suspensiva de una
prueba satisfactoria (cfr. Par- te segunda, n. 1027); a diferencia de la compraventa
a gusto del comprador, que está sometida a la libre aceptación del comprador; y
no constituye entonces, hasta esa libre aprobación, sino una promesa unilateral de
venta (cfr. infra. n. 915).
La compraventa a calidad de ensayo se traduce en una compraventa bajo
condición suspensiva, por permanecer la propiedad y los riesgos en el vendedor
"pendente conditione".
Compraventa a gusto del comprador. El comprador se reserva la facultad de
aprobar o la de rechazar la cosa, por no perfeccionarse la compraventa sino por
su aprobación o beneplácito. Aquél es, en esto, juez soberano de la aprobación,
que se abandona a su decisión arbitraria. Tales son las compraventas que
contienen una cláusula, llamada de a cala y cata o al gusto, en virtud de la cual el
comprador se reserva un plazo de tres días, a partir de la entrega, para aceptar o
negar su aprobación; en una cláusula usual en ciertas plazas, por ejemplo, en El
Havre y en Marsella, para todas las compraventas de cosas genéricas, Tales son
también las compraventas de cosas a gustar o compraventas con degustación,
previstas en el artículo 1.587 del Código civil.
La venta a gusto del comprador no puede traducirse compraventa bajo la
condición suspensiva de la aprobación; porque tal condición, que, por depender
tan sólo 1041 y 1043).
Se está en presencia, hasta la aprobación, de una promesa Unilateral de venta; el
comprador ejerce la opción que se le concede al dar su aprobación, lo cual
perfecciona el contrato de compraventa.
Compraventa condicional. El comprador se re- serva la facultad de devolverle al
vendedor la cosa comprada y resolver así el contrato. La compraventa se
denomina condicional.
Como en la compraventa a gusto del comprador, éste es libre para conservar o
para devolver la cosa que se le ha entregado. Pero, mientras que en la
compraventa a gusto del comprador la perfección del contrato se retrasa hasta la
aprobación (cfr. supra, n. 915), la compraventa condicional se perfecciona desde
el cambio de los consentimientos; pero quedará resuelta si el comprador restituye
la cosa ven- dida. Así pues, hay que ver en la compraventa condicional una
compraventa concluida bajo la condición resolutoria de la devolución de la cosa.
b) VENTA CON PA TO DE RETRO
917. La "facultad de retraer". En la compraventa a calidad de ensayo, en la
compraventa a gusto del comprador o en la compraventa condicional, a cláusula
que modifica la transmisión de la propiedad se ha estipulado a favor el comprador.
Por el contrario, la "facultad de retraer" beneficia al vendedor. Le permite "re war la
cosu vendide mediante la restitución y el reembolso de ciertos gastos (art. 1.659
del Cód. civ.).
La venta con pacto de retro tiene esencialmente por finalidad la de permitirle al
propietario que tenga necesidad de fondos procurárselos con la venta de un bien
mueble suyo o de un inmueble; pero conservando la esperanza de recobrar la
propiedad del mismo si llega en lo futuro a mejor fortuna y puede restituirle
entonces el precio al comprador. Ciertamente, ese propietario podría procurarse
esas disponibilidades hipotecando su inmueble o prendando su bien mueble.
Por otra parte, permite, cuando recae sobre un bien mueble, eludir la
reglamentación de los Montes de piedad y la prohibición de la usura (cfr. infra, n.
919); será utilizado para ocultar un préstamo prendario. Por eso, los redactores del
Código civil reglamentaron minuciosamente, en los artículos 1.659 a 1.673, la
venta con pacto de retroventa.
Requisitos de validez de la venta con pacto de retro. A fin de prevenir a los
terceros, la facultad de retraer debe ser indicada en la escritura de compraventa.
Si la compraventa recae sobre un inmueble, la facultad de retraer será publicada
junto con la compraventa; a falta de esa publicación, las hipotecas con que el
comprador haya gravado el inmueble serán oponibles al vendedor que ejerza la
facultad de retraer (art. 1.673 del Cód. civ.; ordenanza216 n. 71, del 7 de enero de
1959). En materia mobiliaria, los terceros de buena fe. están protegidos por el
artículo 2.279. Por otra parte, para que no sea de excesiva duración, la
incertidumbre que pesa sobre la suerte del inmueble, el artículo 1.660, párrafo 19,
limita a cinco años el plazo durante el cual cabe ejercer la facultad de retraer. Es
un plazo perentorio, que no resulta susceptible de suspensión y que corre, pues,
hasta contra los menores (art. 1.663).
Funcionamiento de la retroventa. Para ejercer la retroventa, el vendedor debe
ser capaz. Si ha muerto, el retracto puede ser ejercido por sus herederos; pero,
por ser indivisible, todos los herederos deben estar de acuerdo (acerca de la
indivisibilidad de la rescisión y de la resolución cfr. supra, n. 881; e infra, n. 1013).
El vendedor ejerce el retracto reembolsando al comprador. Pero ese reembolso, el
único que produce la resolución de la compraventa (Req., 19 de octubre de 1904:
D. 1907. 1. 426), se efectúa válidamente después de la expiración del plazo fijado
si el vendedor, antes de expirar ese plazo, ha llevado a conocimiento del
comprador y, si ha lugar, del tercero adquirente, su voluntad de ejercer el re- tracto
(Civ., 23 de abril de 1909: D. 1911. 1, 438). No se requiere ninguna forma para
prevenir al comprador y al tercero adquirente. Los artículos 1.667 a 1.672
reglamentan el ejercicio de la retroventa sobre un bien indiviso. El reembolso
debido por el vendedor que ejerza el retracto se encuentra precisado por el
artículo 1673:
El reembolso implica, a más del precio, "los gastos y los desembolsos de la
compraventa", las impensas necesarias; y, por último, las impensas útiles, pero
solamente harías; concurrencia de la plusvalía que le hayan procurado a la cosa
vendida. No obstante, si el comprador, para impedir que el vendedor ejerza el
retracto, hubiera hecho impensas útiles considerables (por ejemplo, levanta
importantes construcciones sobre el terreno comprado, de tal suerte que el
vendedor no pueda, por falta de fondos, pagar la plusvalía, le pertenecerá a los
tribunales, usando de la máxima "Fraus omnia corrupit", ordenar la reposición de
las cosas en su estado anterior.
Efectos de la venta con pacto de retro. Por traducirse en una compraventa bajo
la condición resolutoria del ejercicio del retracto (cfr. supra, n. 917), la retroventa
produce, en principio, los efectos de una compraventa bajo condición resolutoria.
En consecuencia:
Antes del ejercicio del retracto, la situación del comprador es la de un comprador
bajo condición resolutoria pendente conditione: desde el cambio de los
consentimientos, la compraventa se ha perfeccionado, el comprador se ha
convertido en propietario y los riesgos están a su cargo. Cuando la condición se
frustre, por no poderse ejercer ya el retracto, ya sea porque el vendedor renuncie
al mismo, ya sea por haber expirado el plazo, el comprador conserva la propiedad
y los riesgos.
C) COMPRAVENTA A PLAZOS, LOCACIÓN-COMPRAVENTA, VENTA "AUTO-
SERVICIO"
Garantía del pago del precio en las ventas a crédito y en las ventas al
contado. Acaba de comprobarse que, cuando el comprador y el vendedor
modifican la transmisión de la propiedad, suelen tener el propósito de dejarle a
uno u otro un plazo para renunciar a la compraventa. La modificación de la
transmisión de la propiedad tiene a veces otra finalidad: concederle al vendedor
una garantía para el cobro del precio.
En efecto, el vendedor a crédito corre el riesgo de la insolvencia del comprador;
puesto que aquél le entrega a éste la cosa vendida antes de recibir el precio;
cuanto más lejano, sea el vencimiento del precio, más considerable es el riesgo.
Venta a plazos con reserva de dominio. Una venta a crédito se denomina a
plazos cuando el precio es pagadero en varios vencimientos que, salvo el primero
generalmente, son posteriores a la entrega.
Esta forma de venta ha adquirido una extensión considerable, sobre todo para la
venta de automóviles, motocicletas, bicicletas, aparatos de radio y de televisión,
camiones. aparatos para el hogar, máquinas para las oficinas (máquinas de
escribir o de calcular, dictáfonos) o aparatos para consultorios médicos y dentales.
Pero la venta a plazos constituye una peligrosa tentación, para el comprador por
demás confiado en el porvenir; peligro que le hace correr al vendedor, y que
repercute sobre la economía general.
La compraventa a plazos con reserva de dominio es, en realidad, una
compraventa pura y simple, pero acompañada, a la vez de un pacto comisorio o
cláusula resolutoria (cfr. Parte segunda, n. 1104) y de una convención que retrasa
la transmisión de la propiedad hasta el pago de la totalidad del precio: las partes
han convenido que el vendedor seguirá siendo propietario hasta el cobro íntegro
del precio, y que la compraventa será resuelta de pleno derecho por la falta de
pago de una cuota del precio cov. de Valenciennes, 30 de noviembre de 1956:
Gaz. Pal.. 1957. 1. 461).
Cuando la compraventa se resuelva por la falta de pago de una cuota del precio,
el vendedor, que recobra a título de propietario la cosa vendida, debe restituir las
partes del precio que haya percibido con anterioridad; porque el comprador y el
vendedor deben encontrarse en la misma situación que si la compraventa no se
hubiera concertado.
La cláusula de reserva de dominio no surte sus efectos sino en ausencia de
quiebra o de regulación judicial del comprador.
923. Locación-compraventa. La locación-compraventa consiste en un
arrendamiento acompañado de una promesa de venta; el propietario de la cosa,
en lugar de venderla a plazos, la arrienda durante un tiempo determinado, a la
expiración del cual el arrendario tiene la facultad de comprar la cosa a un precio
convenido.
Si el contrato implica realmente un arrendamiento y una venta distintos, es lícito y
surte todos sus efectos: hasta el ejercicio de la opción por el arrendatario al
término del arrendamiento, el arrendador sigue siendo propietario y salvo pacto en
contrario, por lo demás estipulado con mucha frecuencia, conserva el riesgo; en el
supuesto en que el arrendatario sea declarado en quiebra o sujeto a regulación
judicial antes de haber ejercido la opción, el arrendador recobra, pues, la cosa
arrendada a título de propietario, con lo cual evita el concurso de los acreedores
del arrendatario; no tiene que restituir los alquileres percibidos.
Compraventa "auto-servicio". Se descubre primera vista, el interés que puede
tener un vendedor al contado en postergar la transmisión de la propiedad para
estar más seguro de cobrar el precio; en la compraventa al contado, la entrega de
la cosa y el pago del precio son, en efecto, concomitantes; de tal suerte que, si el
vendedor no recibe el precio, no entrega la cosa.
Sin embargo, resulta posible que, incluso en una compraventa al contado, la
entrega de la cosa vendida preceda al pago del precio. Ocurre así en los
almacenes o tiendas con precio fijo cuando un empleado del vendedor le entrega
la cosa al cliente antes de que éste pase por la caja para pagar el importe. Ocurre
siempre así en los almacenes o mercados con "autoservicio" (o "self service"), por
escoger el cliente, por sí mismo, los objetos que compra y que no paga sino a la
salida.
d) COMPRAVENTA DE UNA COSA QUE HA DE FABRICARSE
Convención que transmite al comprador la pro- piedad a medida que avanza
la fabricación. El comprador, por su lado, trata a veces de precaverse contra la
insolvencia del vendedor; éste presenta para él un peligro cuando, por recaer la
compraventa sobre una cosa que ha de fabricarse. está obligado por el contrato a
pagar, a medida que adelante la fabricación, cantidades a cuenta del precio. Si el
vendedor, falto de recursos, interrumpe la fabricación, el comprador, simple
acreedor quirografario de los anticipos abonados, sufre el concurso de los
acreedores del vendedor, sin poder adueñarse de la cosa en proceso de
fabricación (Civ., 28 de noviembre de 1900: D. 1901. 1. 65); en efecto, el
comprador no adquiere la propiedad de la cosa futura encargada sino en el
momento de su terminación (cfr. supra, n. 909).
Para eludir ese peligro, el comprador estipula que adquirirá la propiedad de la
cosa que ha de fabricarse a medida que avance la construcción de la misma.}
Esa cláusula suele insertarse corrientemente en los contratos de construcción de
buques. El riesgo que sobrevenga en el curso de la fabricación queda entonces,
salvo pacto en contrario. a cargo del comprador; ya que es propietario.
B.-MODIFICACIONES CONVENCIONALES DE LA TRANSMISIÓN DE LOS
RIESGOS
926. Finalidad perseguida. Las convenciones que modifican la transmisión de la
propiedad, modifican-según acaba de verse (cfr. supra, ns. 912 a 925)- de igual
manera, y por vía de consecuencia, salvo pacto en contrario la transmisión de los
riesgos: es la aplicación de la regla supletoria "Res perit domino". Pero los
contratantes pueden no encontrarse preocupados por la transmisión de la
propiedad; es la transmisión de los riesgos la que les interesa modificar.
Ahora bien, la transmisión de los riesgos se encuentra tan unida en los usos a la
transmisión de la propiedad, que resulta difícil siempre decidir si los contratantes,
aunque no hayan previsto sino la transmisión de los riesgos, no han querido, por
ello mismo, modificar igualmente la transmisión de la propiedad.
La transmisión convencional de los riesgos en la compraventa de cosas que
han de transportarse. Las cláusulas de transmisión de los riesgos se encuentran
sobre todo en las compraventas de cosas que deben sufrir un transporte para
llegar a poder del comprador. La atención de las partes es atraída por los riesgos
de pérdida y de averías que son siempre consecuencia del transporte; los
contratantes reglamentan entonces minuciosamente la carga de los riesgos en el
curso del transporte y en las operaciones de carga y de descarga que preceden y
siguen al transporte.
Algunas otras cláusulas, aun dejándole, como en el derecho común, los riesgos,
con los gastos, del transporte propiamente dicho a cargo del comprador, ponen a
cargo del vendedor los gastos y los riesgos de la carga en el vagón o en el buque.
Tal es, en los transportes ferroviarios, la cláusula "franco sobre vagón", o cláusula
F.O.T. ["free on truck" (**)] o F.O.R. ["free on rail" (***)]; y en los transportes
marítimos, la cláusula F.O.B. ["free on bo ard" (****)]: el vendedor se encuentra
obligado a entregar a bordo del buque.
A la inversa, se encuentran algunas cláusulas que ponen los gastos y los riesgos
de la carga y del transporte propiamente dichos a cargo del vendedor, por quedar
la descarga por cuenta y riesgo del comprador. Tal es, en los transportes por
ferrocarril, la cláusula de "franco en estación de destino".
Por último, ciertas cláusulas mantienen los gastos y los riesgos a cargo del
vendedor hasta el momento en que haya terminado la descarga: cláusula de
"franco entregado en estación de destino" en los transportes por vía férrea; o
incluso hasta el momento en que la cosa vendida se encuentre en la puerta de los
almacenes del comprador: cláusula de "entrega en domicilio".
Conclusión. La multiplicidad de las cláusulas que retrasan la transmisión de los
riesgos tal como resulta de la regla supletoria "Res perit domino", hace que surjan
los inconvenientes de ese principio, que pone a cargo del comprador los riesgos
de una cosa cuya entrega no ha recibido aún.
Ciertamente, interesa mantener la transmisión de la propiedad solo consensu, por
convertirse el comprador en propietario desde la perfección del contrato.
El momento de la transmisión de la propiedad en ciertas compraventas al
contado y el delito de robo
En principio, cuando una persona se apodera, con la autorización del vendedor,
del objeto que compra y no lo ha pagado todavía, o cuando el vendedor le entrega
ese objeto, adquiere en el acto la propiedad del mismo. Si, a continuación se niega
o se sustrae, incluso fraudulentamente, a la obligación de pagar el precio no se
hace culpable de robo: porque esa infracción implica una sustracción fraudulenta;
es decir, la aprehensión fraudulenta de una cosa perteneciente a otro; ahora bien,
en el momento en que el comprador ha recibido o aprehendido la cosa que le
ofrecía el vendedor, el cambio de los consentimientos de vender y de comprar ha
perfeccionado el contrato y el comprador se convierte en propietario (cfr. supra, n.
924).