ECOSISTEMAS
Los conceptos de ecosistema y comunidad están estrechamente relacionados, la
diferencia es que un ecosistema incluye al medio ambiente físico, mientras que la
comunidad no lo hace. En otras palabras, una comunidad es el componente biótico,
vivo, de un ecosistema. Además de este componente biótico, el ecosistema también
incluye un componente abiótico: el entorno físico.
Los ecosistemas pueden ser pequeños, como las pozas de marea que se encuentran
cerca de las costas rocosas de muchos océanos, o muy grandes, como la selva
amazónica en Sudamérica. Básicamente, su delimitación depende del ecólogo que lo
estudia, quien define su tamaño de manera que tenga sentido para resolver las preguntas
de su interés. Algunos ecosistemas son marinos, otros de agua dulce y otros, terrestres.
Los ecosistemas oceánicos son los más comunes en la Tierra, ya que los océanos y los
seres vivos que los habitan cubren el 75% de la superficie del planeta. Los ecosistemas
de agua dulce son los más raros, ya que solo abarcan el 1.8% de la superficie de la
Tierra. Los ecosistemas terrestres cubren el porcentaje restante.
Los ecosistemas terrestres pueden agruparse aún más en categorías generales basadas
principalmente en el clima, conocidas como biomas. Algunos ejemplos de biomas
terrestres son las selvas, sabanas, desiertos, bosques de coníferas, bosques caducifolios
y la tundra.
Incluso dentro de un bioma puede haber mucha diversidad. Por ejemplo, tanto el desierto
de Sonora, como el interior de la isla Boa Vista, se clasifican como desiertos, pero tienen
comunidades ecológicas muy diferentes. Hay muchas más especies de plantas y
animales viviendo en el desierto de Sonora.
A los ecólogos de ecosistemas a menudo les interesa rastrear el movimiento de la
energía y la materia a través de los ecosistemas.
Veremos con más detalle el movimiento de la energía y la materia cuando consideremos
las redes tróficas, redes de organismos que se alimentan unos de otros, y los ciclos
biogeoquímicos, las rutas que toman los elementos químicos en su movimiento a través
de la biósfera. Los organismos que se encuentran en un ecosistema tienden a tener
adaptaciones, características beneficiosas que surgen por selección natural, que les
ayudan a obtener la materia y la energía que requieren en el contexto de un ecosistema
específico.
Tanto la energía como la materia se conservan, no se crean ni se destruyen, solo siguen
rutas distintas a través de los ecossistemas.
• La materia se recicla: los minmos átomos son usados una y otra vez.
• La energía fluye a través del ecosistema, usualmente entra en forma de luz y sale
en forma de calor.
La materia se recicla a través de los ecosistemas de la Tierra, aunque puede pasar de
un ecosistema a otro, como sucede cuando los nutrientes son arrastrados hacia un río
Los mismos átomos se usan una y otra vez, forman diferentes compuestos químicos y
se incorporan a los cuerpos de distintos organismos.
Como ejemplo, veamos cómo los nutrientes químicos se mueven a través de un
ecosistema terrestre. Una planta terrestre toma dióxido de carbono de la atmósfera y
absorbe otros nutrientes, como el nitrógeno y el fósforo, del suelo; con ellos forma las
moléculas que conforman sus células. Cuando un animal come la planta, usa las
moléculas de esta para obtener energía y materia para sus propias células, a menudo
reorganizando los átomos y moléculas en nuevas formas.
Cuando las plantas y los animales llevan a cabo la respiración celular descomponen las
moléculas para usarlas como combustible se libera dióxido de carbono hacia la
atmósfera. De manera similar, cuando excretan desechos o mueren, sus compuestos
químicos son utilizados por las bacterias y los hongos como fuente de energía y material
de construcción. Estos descomponedores liberan moléculas sencillas de vuelta al suelo
y a la atmósfera, donde pueden ser absorbidos nuevamente en la siguiente ronda del
ciclo.
LA FOTOSINTESIS
La fotosíntesis es el proceso en el cual la energía de la luz se convierte en energía
química en forma de azúcares. En un proceso impulsado por la energía de la luz, se
crean moléculas de glucosa (y otros azúcares) a partir de agua y dióxido de carbono,
mientras que se libera oxígeno como subproducto. Las moléculas de glucosa
proporcionan a los organismos dos recursos cruciales: energía y carbono fijo (orgánico).
Energía. Las moléculas de glucosa sirven como combustible para las células: su energía
química puede obtenerse a través de procesos como la respiracion celular y
fermentación, que genera trifosfato de adenosina, una molécula pequeña portadora de
energía para las necesidades de energía inmediatas de la célula.
Carbono fijo. Cuando el carbono del dióxido de carbono carbono inorgánico se incorpora
a moléculas orgánicas, este proceso se llama fijación de carbono, mientras que el
carbono de moléculas orgánicas se conoce como carbono fijo. El carbono que está fijo
y se ha incorporado a los azúcares durante la fotosíntesis puede utilizarse para crear
otros tipos de moléculas orgánicas que necesitan las células.
Los organismos fotosintéticos, como plantas, algas y algunas bacterias, cumplen una
función ecológica clave: introducen la energía química y el carbono fijo en los
ecosistemas mediante el uso de la luz para sintetizar azúcares. Dado que producen su
propio alimento (es decir, fijan su propio carbono) con la energía de la luz, estos
organismos se llaman fotoautótrofos (literalmente, “organismos que se alimentan a sí
mismos al utilizar luz").
Los seres humanos y otros organismos que no pueden convertir dióxido de carbono en
compuestos orgánicos se llaman heterótrofos (“que se nutre de otro"). Los heterótrofos
deben obtener el carbono fijo consumiendo otros organismos o sus derivados. Los
animales, hongos y muchos procariontes y protistas son heterótrofos.
Además de introducir carbono fijo y energía en los ecosistemas, la fotosíntesis también
afecta la composición de la atmósfera de la Tierra. La mayoría de los organismos
fotosintéticos produce gas oxígeno como subproducto; la aparición de la fotosíntesis
hace unos 3 mil millones de años en las bacterias que se asemejan a las cianobacterias
modernas cambió para siempre la vida en el planeta. Estas bacterias liberaron poco a
poco oxígeno en la atmósferan terrestre que carecía de él, y se cree que el aumento en
la concentración de oxígeno influyó en la evolución de las formas de vida aerobias,
organismos que utilizan oxígeno para la respiración celular. Si no hubiera sido por esos
antiguos fotosintetizadores, nosotros, como muchas otras especies,no estaríamos aquí
hoy.
Los organismos fotosintéticos también retiran grandes cantidades de dióxido de carbono
de la atmósfera y utilizan los átomos de carbono para crear moléculas orgánicas. Si las
plantas y algas no abundaran en la Tierra ni aspiraran continuamente el dióxido de
carbono, el gas se acumularía en la atmósfera. Aunque los organismos fotosintéticos
eliminan parte del dióxido de carbono producido por las actividades humanas, los niveles
atmosféricos en aumento están reteniendo el calor y provocando que el clima cambie.
Muchos científicos creen que la conservación de bosques y otros espacios de vegetación
es cada vez más importante para combatir este aumento en los niveles de dióxido de
carbono.
Las plantas son los autótrofos más comunes en los ecosistemas terrestres. Todos los
tejidos verdes de las plantas pueden fotosintetizar pero, en la mayoría de las plantas, la
mayor parte de la fotosíntesis ocurre en las hojas. Las células de una capa intermedia
de tejido foliar llamada mesófilo son el principal lugar donde ocurre la fotosíntesis.
En casi todas las plantas hay unos pequeños poros llamados estomas en la superficie
de las hojas, los cuales permiten que el dióxido de carbono se difunda hacia el mesófilo
y el oxígeno hacia el exterior.
Cada célula mesófila contiene organelos llamados cloroplastos, que se especializan en
llevar a cabo las reacciones de la fotosíntesis. Dentro de cada cloroplasto, las estructuras
similares a discos llamadas tilacoides están dispuestas en pilas que se asemejan a
panqueques y se conocen como granas. Las membranas de los tilacoides contienen un
pigmento de color verde llamado clorofila, que absorbe la luz. El espacio lleno de líquido
alrededor de las granas se llama estroma, mientras que el espacio interior de los discos
tilacoides se conoce como espacio tilacoidal. Se producen distintas reacciones
químicas en las diferentes partes del cloroplasto.
La fotosíntesis en las hojas de las plantas implica muchos pasos, pero puede dividirse
en dos etapas: las reacciones dependientes de la luz y el ciclo de Calvin.
Las reacciones dependientes de la luz se producen en la membrana de los tilacoides
y necesitan un suministro continuo de energía luminosa. La clorofila absorbe esta energía
luminosa, que se convierte en energía química mediante la formación de dos
compuestos:ATP una molécula de almacenamiento de energía y NADPH, un portador
de electrones reducido. En este proceso, las moléculas de agua también se convierten
en gas oxígeno, ¡el oxígeno que respiramos!
El ciclo de Calvin, también llamado reacciones independientes de la luz, se lleva a
cabo en el estroma y no necesita luz directamente. El ciclo de Calvin utiliza el ATP y
NADPH de las reacciones dependientes de la luz para fijar el dióxido de carbono y
producir azúcares de tres carbonos moléculas de gliceraldehído 3 fosfato, o G3P que se
unen para formar la glucosa.
CAMBIOS EN LOS ORGANISMOS
La vida en la Tierra depende de interacciones dinámicas que generan cambios
constantes en los organismos vivos y en los sistemas que los rodean. Estos cambios no
son aislados, sino que forman parte de ciclos biogeoquímicos y energéticos que
garantizan la continuidad de la vida. Los organismos vivos, la biosfera, la atmósfera y los
océanos participan de forma conjunta en procesos de transformación de la materia y la
energía, regulando el equilibrio de los ecosistemas y el clima planetario.
Los organismos vivos experimentan cambios permanentes que abarcan desde procesos
celulares hasta adaptaciones evolutivas. A nivel celular, ocurren transformaciones como
la respiración, la fotosíntesis, la mitosis y la meiosis, que permiten la obtención de energía,
la producción de biomoléculas y la reproducción (Campbell et al., 2021). A largo plazo,
la evolución impulsa modificaciones en la genética y la fisiología de las especies,
favoreciendo la supervivencia en ambientes cambiantes. Estos cambios, aunque ocurren
en individuos y poblaciones, repercuten en toda la red de vida.
La biosfera, comprendida como el conjunto de ecosistemas del planeta, también sufre
cambios derivados de fenómenos naturales y actividades humanas. Entre ellos destacan
la sucesión ecológica, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la expansión urbana.
Estos procesos alteran la distribución de especies y los flujos de materia y energía.
Además, los cambios en la biosfera influyen directamente en la capacidad del planeta
para mantener la estabilidad climática y ecológica (Odum & Barrett, 2006).
La atmósfera, esencial para la regulación de la temperatura y la protección contra la
radiación, también presenta variaciones. De forma natural, cambios como la circulación
de masas de aire, la composición de gases y las precipitaciones determinan las
condiciones climáticas. Sin embargo, el aumento de gases de efecto invernadero por
acción humana ha intensificado fenómenos como el calentamiento global y el cambio
climático. Estos cambios repercuten en el nivel del mar, la frecuencia de fenómenos
extremos y la salud de los ecosistemas (IPCC, 2021).
Los océanos son los principales reguladores del clima y constituyen la mayor reserva de
biodiversidad. Entre los cambios naturales se encuentran las corrientes marinas, la
salinidad y las mareas. No obstante, el incremento de dióxido de carbono ha generado
acidificación oceánica, afectando a corales y organismos calcificadores (Hoegh-
Guldberg et al., 2019). Asimismo, el aumento de la temperatura de los océanos ha
provocado fenómenos como el blanqueamiento de arrecifes y la migración de especies
hacia zonas más frías.
Todos estos cambios responden al principio de la conservación de la materia y la energía.
La materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma en ciclos naturales como el
del carbono, el oxígeno y el nitrógeno. La energía solar, transformada por organismos
fotosintéticos, fluye a través de las cadenas alimentarias hasta disiparse en forma de
calor (Raven et al., 2014). Los cambios en los organismos, la biosfera, la atmósfera y los
océanos muestran que la vida se sostiene mediante un continuo reciclaje de materia y
un flujo constante de energía.
TIPOS DE ENERGIA Y SU FUNCION
Podemos decir que la energía es la capacidad de un sistema para realizar trabajo. Todo
está compuesto por esta y está constantemente en movimiento, transformándose de una
forma a otra. Es fundamental para todas las actividades de la vida diaria, es la
responsable de iluminar ciudades enteras, hacer que los vehículos funcionen, y un
larguísimo etcétera.
Según la ley de conservación, no se puede crear ni destruir, solo puede transformarse
de una forma a otra. Por ello, existen diferentes tipos y es importante conocerlos.
Se manifiesta de formas diferentes, cada una con características únicas y aplicaciones
específicas. Algunos de los principales tipos de energía son:
–Energía térmica, que se relaciona con el calor y se utiliza con la calefacción y la
generación de electricidad.
–Energía cinética, asociada el movimiento de objetos y aplicada al transporte.
–Energía potencial, almacenada en sistemas físicos y liberada cuando se produce un
cambio.
–Energía eléctricas, se genera a partir del movimiento de las cargas eléctricas y es
fundamental en nuestra vida moderna.
–Energías química, suministrada en almacenes químicos y liberada durante reacciones,
como en la quema de combustibles fósiles.
Estos son algunos de ejemplos de la diversidad de formas de energía que nos rodean y
que impulsan nuestro mundo en constante evolución.
Podríamos decir que es una de las más importantes en comparación con otras, ya que
la energía eólica es una forma de energía renovable que se obtiene del viento. Se
aprovecha mediante la instalación de turbinas que convierten la energía cinética del
viento en eléctrica.
Es una fuente limpia y sostenible, ya que no produce emisiones de gases de efecto
invernadero ni contamina el medio ambiente. Hacia un futuro, es una parte importante
de la transición hacia la sostenibilidad y un mundo mejor.
Energía solar
La encargada de proporcionarnos luz y calor, la energía solar es renovable y se obtiene
de sol. Se aprovecha mediante panelas solares para generar electricidad o sistemas de
calentamiento solar para producir calor.
No produce emisiones de gases de efecto invernadero, y su uso está en constante
crecimiento debido a su disponibilidad y su potencial para proporcionar energía de
manera eficiente y económica.
Energía nuclear
La energía nuclear es una forma generada a partir de la fisión nuclear, donde se divide
el núcleo de átomos de uranio en proceso controlado. Libera una gran cantidad de esta
en forma de calor, que luego se utiliza para generar electricidad en plantas nucleares.
Es una energía potente y eficiente en términos de emisión de carbono, pero plantea un
desafío en cuanto a la gestión segura de residuos nucleares y a la seguridad de las
instalaciones.
Energía hidráulica
Un elemento natural como el agua, ayuda a generar energía con diferentes aplicaciones.
La energía hidráulica es la encargada de esto. Se emplea mediante la construcción de
presas o centrales hidroeléctricas, donde la fuerza de agua se convierte en energía
mecánica y luego en electricidad.
Puede proporcionar una fuente de fuerza constante, sin embargo, su impacto ambiental
y social, así como la dependencia del clima y la geografía, son aspectos importantes que
considerar a su desarrollo y gestión.
–Energía geométrica: obtenida del calor interno de la tierra y se utiliza para generar
electricidad o para calefacción y refrigeración directa de edificios.
–Energía mareomotriz: aprovechada del movimiento de las mareas para generar
electricidad mediante sistemas de turbinas y de la instalación de dispositivos
especializados, como sistemas de compresión de aire.
–Energía biomasa: proviene de la materia orgánica, como residuos agrícolas, forestales
o de origen animal, y se puede convertir en electricidad, calor o biocombustible.
–Energía hidrógeno: se obtiene a partir del hidrógeno, ya sea mediante la electrólisis del
agua o a partir de combustibles fósiles, y que se utiliza en pilas para generar electricidad
o como combustible directo en vehículos.
–Energía de combustibles fósiles: de la quema de combustibles fósiles proviene esta
energía, como el petróleo, el gas natural y el carbón. Y se utiliza para el combustible en
el transporte.
Puedes pensar que hay una disputa o una rivalidad entre estas dos energías, pero no, la
realidad de esta diferencia radica en su disponibilidad y en el impacto ambiental de su
uso. A continuación, te la contamos.
Las energías renovables, como la solar, eólica, hidroeléctrica, mareomotriz, geométrica,
por ejemplo, provienen de fuentes naturales inagotables o que se regeneran rápidamente
en poco tiempo. No contaminan durante su producción y uso, y tienen un impacto contra
el medioambiente menor. Además, su uso contribuye a la diversificación de la matriz
energética y a la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.
Por otro lado, tenemos las energías no renovables, como el petróleo, gas natural, carbón,
etc… En su caso, provienen de finitos que se agotan con el tiempo y no se regeneran en
un plazo corto. Estas son radicales contra el cambio climático, incluyendo los gases
tóxicos, la contaminación del aire y del agua, y el riesgo de accidentes nucleares.
Su extracción y uso pueden tener implicaciones geopolíticas y económicas, debido a la
dependencia de recursos limitados y la competencia por su control.
Debes estar concienciado sobre cada uno de los tipos para utilizarlas de una forma
adecuada. Ya que la transición hacia la utilización de las renovables es crucial para
reducir el cambio climático, reducir la contaminación y garantizar un suministro más
seguro y sostenible para las generaciones futuras.
Del mismo modo que existen distintos tipos, también. Se pueden utilizar de diferente
forma. Por lo que, hay diferentes usos de la energía:
–Energía solar: genera electricidad en paneles solares y calienta el agua en sistemas
solares térmicos, también para aplicaciones de calefacción y refrigeración.
–Energía eólica: empleada en la electricidad a gran escala y en pequeñas aplicaciones,
como bombeo de agua y carga de baterías.
–Energía mareomotriz: se genera mediante el movimiento de las mares del mar,
aprovecha el ciclo diario de estas.
–Energía térmica del océano: mediante la diferencia de temperatura entre las capas
superficiales y profundas del océano, aunque se encuentra en etapa de desarrollo.
–Energía electroquímica: utilizada para almacenar y suministrar energía en dispositivos
electrónicos, vehículos y sistemas renovables.
CICLO DEL CARBONO
El carbono es parte de nuestros cuerpos, pero también es parte de nuestras industrias
modernas. Los compuestos de carbono de plantas y algas que existieron hace mucho
tiempo forman los combustibles fósiles, como el carbón y el gas natural, que usamos
actualmente como fuentes de energía. Cuando estos combustibles fósiles se queman,
se libera dióxido de carbono en el aire, lo que resulta en niveles cada vez mayores de
atmosférico. Este aumento en los niveles afecta el clima de la Tierra y es una
preocupación ambiental importante en todo el mundo.
Echemos un vistazo al ciclo del carbono y veamos cómo el atmosférico y el uso que los
organismos vivos hacen del carbono encajan en este ciclo.
El ciclo del carbono se estudia con más facilidad como dos ciclos más pequeños
interconectados:
• Uno que comprende el intercambio rápido de carbono entre los organismos vivos
• Y otro que se encarga del ciclo del carbono a través de los procesos geológicos a
largo plazo
Aunque los veremos de manera separada, es importante tomar en cuenta que estos
ciclos están enlazados entre sí. Por ejemplo, las reservas de atmosférico y oceánico que
son utilizadas por los organismos vivos son las mismas que los procesos geológicos
reciclan.
Como una breve descripción, el carbono existe en el aire mayoritariamente como dióxido
de carbono gaseoso, el cual se disuelve en el agua y reacciona con las moléculas de
esta para producir bicarbonato. La fotosíntesis que llevan a cabo las plantas terrestres,
las bacterias y las algas, convierte el dióxido de carbono o el bicarbonato en moléculas
orgánicas. Las moléculas orgánicas producidas por los organismos fotosintetizadores
pasan a través de las cadenas alimenticias, y la respiración celular convierte nuevamente
el carbono orgánico en dióxido de carbono gaseoso.
El almacenamiento de carbono orgánico a largo plazo ocurre cuando la materia que
proviene de los organismos vivos es enterrada profundamente bajo la tierra o cuando se
hunde hasta el fondo del océano y forma rocas sedimentarias. La actividad volcánica y,
en tiempos más recientes, la quema de combustibles fósiles, devuelven este carbono
orgánico al ciclo. Aunque la formación de combustibles fósiles sucede en una escala de
tiempo geológico lento, la liberación que hacen los humanos del carbono que contienen,
en forma, sucede en una escala de tiempo extremadamente rápida.
El carbono entra en todas las redes tróficas, tanto terrestres como acuáticas, a través de
los autótrofos, organismos que producen su propio alimento. Casi todos estos autótrofos
son fotosintetizadores, como las plantas o las algas.
Los autótrofos capturan el dióxido de carbono del aire o los iones de bicarbonato del
agua y lo usan para producir compuestos orgánicos como la glucosa. Los heterótrofos,
como los humanos, que se alimentan de otros seres, consumen las moléculas orgánicas
y así el carbono orgánico pasa a través de las cadenas y redes tróficas.
¿Cómo regresa el carbono a la atmósfera o al océano? Para liberar la energía
almacenada en las moléculas que contienen carbono, como los azúcares, los autótrofos
y heterótrofos las degradan mediante un proceso llamado respiración celular. En este
proceso, el carbono de la molécula se libera en forma de dióxido de carbono. Los
descomponedores también liberan compuestos orgánicos y dióxido de carbono cuando
degradan organismos muertos y productos de desecho.
El carbono circula rápidamente a través de esta ruta biológica, especialmente en los
ecosistemas acuáticos. En general, se estima que se mueven entre 1000 y 100 000
millones de toneladas métricas de carbono a través de la ruta biológica cada año. Para
que te des una idea, ¡una tonelada métrica es casi el mismo peso que el de un elefante
o un coche pequeño.
La ruta geológica del ciclo del carbono es mucho más lenta que la ruta biológica que
acabamos de describir. De hecho, el carbono usualmente tarda millones de años en
recorrer la ruta geológica. El carbono puede quedar almacenado durante largos periodos
de tiempo en la atmósfera, en los cuerpos de agua líquida océanos en su mayoría en los
sedimentos oceánicos, en el suelo, en las rocas, en los combustibles fósiles y en el
interior de la Tierra.
El nivel de dióxido de carbono en la atmósfera se ve afectado por la reserva de carbono
en los océanos y viceversa. El dióxido de carbono atmosférico se disuelve en agua y
reacciona con las moléculas de agua. en este proceso se combina con los iones para
formar carbonato de calcio un componente clave de las conchas de los organismos
marinos. Cuando los organismos mueren, sus restos se hunden y finalmente se
convierten en parte del sedimento del suelo oceánico. A lo largo del tiempo geológico, el
sedimento se convierte en piedra caliza, que es la reserva de carbono más grande de la
Tierra.
En la tierra, el carbono se almacena en el suelo en forma de carbono orgánico
proveniente de la descomposición de los organismos o como carbono inorgánico
producto de la meteorización de las rocas y los minerales. Más profundo en el subsuelo
se encuentran los combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural, que
son los restos de plantas descompuestas bajo condiciones anaeróbicas, sin oxígeno. Los
combustibles fósiles tardan millones de años en formarse; cuando los humanos los
queman, el carbono es liberado a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
Otra forma en la que el carbono entra a la atmósfera es la erupción volcánica. Los
sedimentos carbonatados del fondo oceánico se hunden profundamente en la Tierra
mediante un proceso llamado subducción, en el que una placa tectónica se mueve por
debajo de otra. Este proceso produce dióxido de carbono, el cual puede ser liberado
hacia la atmósfera por erupciones volcánicas o respiraderos hidrotermales. La demanda
mundial por las limitadas reservas de combustibles fósiles de la Tierra ha aumentado
desde el inicio de la revolución industrial. Los combustibles fósiles se consideran como
un recurso no renovable porque se agotan mucho más rápido de lo que los procesos
geológicos pueden producirlos.
Cuando se queman combustibles fósiles, se libera dióxido de carbono al aire. El aumento
en el uso de los combustibles fósiles ha provocado niveles elevados de atmosférico. La
deforestación o tala de bosques, también contribuye de manera importante a elevar los
niveles de Los árboles y otras partes de los ecosistemas boscosos secuestran el carbono
y buena parte de ese carbono se libera.
Parte del adicional producido por la actividad humana es absorbido por las plantas o el
océano, pero estos procesos no contrarrestan completamente el aumento, por lo que los
niveles de se elevan cada vez más. Los niveles de suben y bajan cíclicamente de
manera natural durante largos periodos de tiempo, pero hoy en día son mucho más altos
de lo que han sido en los últimos 400 000 años
FACTORES AMBIENTALES Y CICLO DEL AGUA
El agua es uno de los recursos más importantes para la vida en la Tierra. Su
disponibilidad y distribución dependen de un ciclo natural que conecta la atmósfera, la
biosfera, la hidrosfera y la geosfera. Este ciclo no ocurre de manera aislada, sino que
está influenciado por factores ambientales como la temperatura, la presión atmosférica,
la radiación solar y las actividades humanas. El ciclo del agua asegura la regulación del
clima, el transporte de nutrientes y la continuidad de los ecosistemas, por lo que resulta
esencial comprender su funcionamiento y las variables que lo afectan.
El ciclo hidrológico está controlado por múltiples factores ambientales:
1. Temperatura: determina la tasa de evaporación y condensación del agua. El
aumento global de la temperatura intensifica el derretimiento de glaciares y
modifica los patrones de precipitación.
2. Presión atmosférica: regula la formación de nubes y la dinámica de las
precipitaciones.
3. Radiación solar: es la principal fuente de energía que impulsa el ciclo del agua al
proporcionar el calor necesario para la evaporación.
4. Viento y corrientes oceánicas: redistribuyen la humedad y el calor, afectando las
lluvias y sequías en distintas regiones.
5. Actividad humana: la deforestación, el uso intensivo de agua y la contaminación
alteran la disponibilidad y calidad del recurso hídrico (Odum & Barrett, 2006).
El ciclo del agua, también conocido como ciclo hidrológico, consiste en el movimiento
continuo del agua a través de distintos compartimentos de la Tierra. El proceso inicia
con la evaporación del agua de océanos, ríos y lagos, así como la transpiración de las
plantas. Luego, el vapor de agua se enfría y forma nubes mediante la condensación.
Cuando las gotas alcanzan suficiente tamaño, regresan a la superficie en forma de
precipitación. Parte del agua se infiltra en el suelo, alimentando acuíferos, mientras que
otra retorna a ríos y océanos mediante la escorrentía (Campbell et al., 2021).
El ciclo del agua es un claro ejemplo de las transformaciones de materia y energía. La
materia —en este caso el agua— cambia de estado físico (líquido, gaseoso y sólido)
sin perderse ni destruirse, cumpliendo con el principio de conservación. La energía
solar impulsa la evaporación y el transporte atmosférico del vapor de agua, mientras
que la energía potencial y cinética del agua en movimiento regula procesos como la
erosión, la sedimentación y la generación de energía hidroeléctrica (Raven et al.,
2014).
Las alteraciones en los factores ambientales repercuten directamente en el ciclo
hidrológico. El calentamiento global ha generado un aumento en la intensidad de
sequías, inundaciones y tormentas. Además, la sobreexplotación de acuíferos y la
contaminación de fuentes hídricas afectan la disponibilidad de agua dulce para los
seres vivos. Estos cambios impactan no solo en la biodiversidad, sino también en la
seguridad alimentaria, la salud y el desarrollo humano,
ELEMENTOS DEL ECOSISTEMA
Un ecosistema es una unidad natural donde los seres vivos interactúan entre sí y con el
medio físico, estableciendo flujos de energía y materia que sostienen su funcionamiento.
En otras palabras, es como una gran familia natural donde los seres vivos, como
animales y plantas, conviven con el ambiente que los rodea, como el agua, el aire y el
suelo. Todos trabajan juntos en un delicado equilibrio: los seres vivos usan los recursos
del entorno para vivir, ya su vez, contribuyen al mantenimiento de ese mismo entorno.
Los ecosistemas pueden ser muy variados según dónde estén ubicados, los principales
son son los siguientes:
1. Terrestres:
Aquí encontramos selvas llenas de vida, bosques tranquilos, tundras frías, praderas
abiertas y desiertos calurosos.
2. Acuáticos
Hay ecosistemas de agua tranquila, como lagos y estanques, y de agua en movimiento,
como ríos y arroyos; los oceanos son otro ejemplo de ecosistemas acuáticos.
3. Mixtos:
Son zonas donde se encuentran el agua y la tierra, como manglares, humedales y
marismas
4. Artificiales:
Son ecosistemas hechos por humanos, como ciudades (urbanos) y campos agrícolas
(rurales).
Un ecosistema está formado por dos tipos principales de componentes:
1. Abióticos (sin vida):
• Son cosas como el sol, el agua, el viento y el suelo.
• Por ejemplo, el sol da energía a las plantas, y el suelo les da nutrientes.
2. Bióticos (con vida):
• Productores: Plantas y algas que crean su propio alimento.
• Consumidores: Animales que se alimentan de otros seres vivos:
o Herbívoros: Comen plantas, como los conejos.
o Carnívoros: Comen otros animales, como los leones.
o Omnivoros: Comen de todo, como los osos.
• Descomponedores: Hongos y bacterias que reciclan los restos de otros seres vivos,
devolviendo los nutrientes al suelo.
3. Funciones:
• Los ecosistemas también tienen procesos que mantienen los activos, como los flujos
de energía (del sol a las plantas y luego a los animales) y los ciclos de nutrientes (el
agua y los minerales que vuelven a la naturaleza).
Los ecosistemas son como un equipo, donde todos tienen un rol importante. Los
seres vivos interactúan entre sí de varias formas:
• Competencia: Dos animales luchan por la misma comida.
• Depredación: Un león caza una gacela.
• Parasitismo: Un parásito vive en otro ser vivo y lo perjudica.
• Mutualismo: Dos especies se ayudan, como las flores y las abejas.
• Cooperación: Animales del mismo grupo trabajan juntos, como los lobos al cazar.
• Comensalismo: Una especie se beneficia, pero la otra no se ve afectada, como las
aves que hacen nidos en árboles.
• Dos especies comparten el mismo espacio, pero no se influyen entre sí.
El ecosistema se mantiene equilibrado gracias a estas interacciones y al proceso de
sucesión ecológica , donde la naturaleza se adapta y cambia con el tiempo, creando
un ambiente ideal para todos.
FACTORES AMBIENTALES
Los factores ambientales son los elementos del entorno que influyen en la supervivencia,
distribución y desarrollo de los organismos vivos. Estos factores pueden ser físicos,
químicos o biológicos y determinan la dinámica de los ecosistemas. Su acción conjunta
regula procesos esenciales como el flujo de energía, los ciclos de la materia y la
organización de las comunidades biológicas. Comprender los factores ambientales es
clave para explicar cómo interactúan los seres vivos con su medio y cómo responden a
los cambios naturales y a la intervención humana.
1. Factores abióticos: incluyen las condiciones físicas y químicas del ambiente. Entre
los más importantes se encuentran la luz solar, la temperatura, el agua, el suelo,
la atmósfera y los nutrientes minerales. Estos factores determinan la distribución
de especies y el funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, la radiación
solar regula la fotosíntesis y la temperatura condiciona las tasas metabólicas de
los organismos (Campbell et al., 2021).
2. Factores bióticos: corresponden a las interacciones entre organismos. Incluyen
relaciones de competencia, depredación, parasitismo, mutualismo y simbiosis.
Estas interacciones influyen en la dinámica de poblaciones y comunidades,
manteniendo el equilibrio ecológico (Odum & Barrett, 2006).
Los factores ambientales naturales se originan en procesos físicos de la Tierra, como la
radiación solar, los ciclos estacionales y la circulación atmosférica. A su vez, las
actividades humanas generan factores ambientales modificados, como la contaminación,
la deforestación y el cambio climático.
Los efectos de estos factores se evidencian en la distribución de especies, la
productividad de los ecosistemas y la estabilidad de los ciclos biogeoquímicos. Por
ejemplo, el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera ha alterado la
temperatura global, modificando patrones de lluvia y afectando tanto a ecosistemas
terrestres como acuáticos (IPCC, 2021).
Los factores ambientales determinan cómo se transforma y fluye la materia y la energía
en los ecosistemas. La energía solar, como factor abiótico fundamental, se convierte en
energía química gracias a los productores, y posteriormente pasa a los consumidores y
descomponedores. Los factores bióticos regulan cómo se transfiere esa energía en las
cadenas tróficas. Asimismo, factores como el agua, el suelo y la atmósfera facilitan el
reciclaje de nutrientes en los ciclos del carbono, nitrógeno y agua (Raven et al., 2014).
El análisis de los factores ambientales confirma el principio de la conservación de la
materia y la energía. La materia no desaparece, sino que se transforma en distintos
compuestos químicos dentro de los ciclos biogeoquímicos. La energía, aunque fluye de
forma unidireccional y se disipa en forma de calor, se transforma de una forma a otra,
garantizando la continuidad de los procesos vitales. Así, los factores ambientales actúan
como reguladores de estas transformaciones, asegurando el equilibrio de los
ecosistemas (Margalef, 1998).
CRECIMIENTO POBLACIONAL
El crecimiento poblacional es un fenómeno natural que describe el aumento o la
disminución en el número de individuos de una población a lo largo del tiempo. Este
proceso ocurre tanto en especies animales como vegetales, incluyendo a los seres
humanos, y depende de la interacción entre factores ambientales, biológicos y sociales.
Su estudio resulta esencial porque permite comprender la dinámica de los ecosistemas,
las relaciones entre los organismos y su medio, así como las consecuencias que puede
tener un aumento acelerado en la demanda de recursos naturales.
En el caso de la humanidad, el crecimiento poblacional ha sido especialmente relevante
en los últimos siglos, debido a que avances médicos, tecnológicos y agrícolas han
reducido la mortalidad y aumentado la esperanza de vida. Este incremento ha generado
importantes desafíos en la gestión ambiental, la distribución de recursos y el
mantenimiento del equilibrio ecológico del planeta.
El tamaño y crecimiento de una población dependen de cuatro variables fundamentales:
natalidad, mortalidad, inmigración y emigración.
• Natalidad: es la tasa de nacimientos dentro de una población. Un aumento en la
natalidad incrementa directamente el número de individuos.
• Mortalidad: representa la tasa de fallecimientos. Cuando la mortalidad es baja en
comparación con la natalidad, la población tiende a crecer.
• Inmigración: ocurre cuando individuos llegan a una población desde otras
regiones.
• Emigración: sucede cuando individuos salen de la población hacia otros espacios
(Campbell et al., 2021).
Además de estas variables, existen factores ambientales como la disponibilidad de
alimentos, agua, espacio y condiciones climáticas, que determinan la capacidad de
carga del ecosistema. La capacidad de carga es el número máximo de individuos que
un ambiente puede sostener sin agotarse.
El crecimiento poblacional puede representarse en distintos modelos que ayudan a
comprender cómo cambian las poblaciones en el tiempo:
1. Crecimiento exponencial
Se produce cuando existen recursos abundantes y condiciones favorables. En
este modelo, la población crece rápidamente sin limitaciones, siguiendo una curva
en forma de “J”. Es común en especies introducidas en hábitats nuevos o en
poblaciones humanas durante los últimos siglos.
2. Crecimiento logístico
Ocurre cuando los recursos comienzan a ser limitados. La población crece
rápidamente al inicio, pero al acercarse a la capacidad de carga se estabiliza,
formando una curva en forma de “S”. Este modelo refleja más fielmente lo que
sucede en la mayoría de los ecosistemas naturales (Odum & Barrett, 2006).
En el caso humano, el crecimiento ha sido predominantemente exponencial debido a
innovaciones que han permitido superar temporalmente las limitaciones ambientales. Sin
embargo, esta situación no puede sostenerse indefinidamente.
El crecimiento poblacional excesivo tiene múltiples efectos sobre los ecosistemas y sobre
las sociedades:
• Competencia por recursos: cuando la población supera la capacidad de carga,
los organismos deben competir intensamente por alimento, agua, espacio y otros
recursos esenciales.
• Reducción de biodiversidad: las poblaciones humanas en expansión han
transformado hábitats naturales, provocando deforestación, contaminación y
pérdida de especies.
• Impacto en el clima: el aumento de la población humana ha incrementado el
consumo de combustibles fósiles, generando mayores emisiones de gases de
efecto invernadero y acelerando el cambio climático (IPCC, 2021).
• Migraciones y urbanización: las altas tasas de crecimiento poblacional generan
movimientos de personas hacia ciudades, lo que produce retos en infraestructura,
vivienda, transporte y servicios básicos.
Estos efectos demuestran que el crecimiento poblacional no solo es un fenómeno
biológico, sino también social, económico y ambiental.
El aumento del número de individuos en un ecosistema está directamente relacionado
con el uso de materia y energía. A medida que las poblaciones crecen, se intensifica el
consumo de energía y la transformación de recursos materiales.
En los ecosistemas, la energía fluye desde los productores (plantas y organismos
fotosintéticos) hacia los consumidores y descomponedores. Sin embargo, este flujo no
es ilimitado: gran parte de la energía se disipa en forma de calor en cada nivel trófico.
Cuando las poblaciones crecen demasiado, se incrementa la demanda de energía, lo
que puede alterar la estabilidad del ecosistema.
La materia, en cambio, se recicla en los ciclos biogeoquímicos, como el del carbono, el
nitrógeno y el fósforo. Sin embargo, un crecimiento desmedido puede romper estos
equilibrios naturales. Por ejemplo, el exceso de dióxido de carbono derivado del
crecimiento poblacional humano altera el ciclo del carbono y afecta directamente la
atmósfera y los océanos (Raven et al., 2014).
El principio de conservación establece que la materia no se destruye, sino que se
transforma, mientras que la energía fluye de una forma a otra, aunque parte se pierde en
forma de calor. En este sentido, el crecimiento poblacional no genera nuevos recursos,
sino que redistribuye y transforma los existentes.
Esto implica que los recursos disponibles en la Tierra son finitos. Cuando la población
crece más allá de los límites del ambiente, los ecosistemas entran en desequilibrio. Por
ello, es necesario implementar estrategias de uso sostenible de los recursos y fomentar
un equilibrio entre crecimiento poblacional y conservación ambiental (Margalef, 1998).
FACTORES LIMITANTES
En ecología, los factores limitantes son aquellas condiciones ambientales, ya sean
bióticas o abióticas, que restringen el crecimiento, la distribución y la supervivencia de
las poblaciones. Estos factores no siempre actúan de manera evidente, pero determinan
la capacidad de carga de los ecosistemas y, en consecuencia, el equilibrio de las
comunidades biológicas. La noción de “factor limitante” se vincula con la idea de que,
aunque existan recursos abundantes en un ecosistema, un solo elemento en déficit
puede frenar el crecimiento de una población (Odum & Barrett, 2006).
El estudio de los factores limitantes permite entender cómo los organismos interactúan
con su entorno y cómo los ecosistemas se regulan de manera natural. Asimismo, este
concepto resulta esencial para analizar los efectos de la intervención humana en los
ecosistemas, ya que las actividades antropogénicas suelen alterar los factores limitantes
y generar desequilibrios ecológicos.
Factores abióticos
Son aquellos elementos físicos y químicos del medio que influyen en la vida de los
organismos. Entre los más relevantes se encuentran:
• Disponibilidad de agua: esencial para la fotosíntesis y los procesos metabólicos.
Una sequía puede limitar la producción primaria en un ecosistema.
• Temperatura: regula la actividad enzimática y los ritmos metabólicos.
Temperaturas extremas pueden reducir la supervivencia de organismos sensibles.
• Luz solar: factor clave para los productores primarios, ya que determina la
cantidad de energía disponible en un ecosistema.
• Nutrientes del suelo: la ausencia de minerales como nitrógeno o fósforo puede
limitar el crecimiento vegetal, aun si otros recursos están presentes en abundancia
(Campbell et al., 2021).
• Composición atmosférica: la concentración de oxígeno o dióxido de carbono
influye en los procesos respiratorios y fotosintéticos.
Factores bióticos
Se relacionan con las interacciones entre organismos. Entre los más importantes
destacan:
• Competencia: ocurre cuando dos o más especies compiten por el mismo recurso
limitado.
• Depredación: el control poblacional de una especie por otra puede limitar su
crecimiento.
• Parasitismo y enfermedades: los agentes patógenos actúan como factores
reguladores de poblaciones.
• Disponibilidad de presas o recursos alimenticios: una reducción en el alimento
puede disminuir la densidad poblacional (Raven et al., 2014).
Causas y efectos de los factores limitantes
Los factores limitantes pueden tener origen natural o antrópico.
• Origen natural: procesos como sequías, inundaciones, erupciones volcánicas o
cambios estacionales. Estos fenómenos, aunque cíclicos o impredecibles, forman
parte del equilibrio natural de los ecosistemas.
• Origen antrópico: actividades humanas como la deforestación, la sobrepesca, la
contaminación o la urbanización, que modifican los recursos y alteran los factores
limitantes originales (Margalef, 1998).
Los efectos de estos factores se evidencian en la densidad de poblaciones, en su
distribución geográfica y en su productividad. Por ejemplo, la falta de fósforo en suelos
tropicales limita la productividad agrícola, mientras que el aumento de contaminantes en
el agua restringe la biodiversidad acuática.
Factores limitantes y transformaciones de materia y energía
El flujo de energía y el reciclaje de la materia en los ecosistemas están profundamente
condicionados por los factores limitantes. La energía solar, por ejemplo, es capturada
por los productores y transferida a lo largo de las cadenas tróficas, pero si la luz es
limitada, toda la red alimentaria se ve afectada.
En el caso de la materia, su reciclaje en los ciclos biogeoquímicos depende de la
disponibilidad de factores como el agua, el oxígeno y los nutrientes. La ausencia de uno
de ellos interrumpe el ciclo y limita el crecimiento de las poblaciones. Por ejemplo, en
ambientes acuáticos, una baja concentración de oxígeno disuelto puede restringir la vida
de peces y macroinvertebrados (IPCC, 2021).
Conservación de la materia y la energía en relación con los factores limitantes
El principio de conservación establece que la materia no se destruye, sino que se
transforma y se recicla en diferentes formas. En este sentido, los factores limitantes no
eliminan la materia, pero sí regulan su disponibilidad para los organismos. Lo mismo
ocurre con la energía: aunque esta fluye de forma unidireccional y se disipa en forma de
calor, la presencia o ausencia de factores limitantes determina cuánta energía puede
transferirse entre niveles tróficos (Campbell et al., 2021).
Así, los factores limitantes actúan como “reguladores” que aseguran que los ecosistemas
mantengan su equilibrio, al evitar que el crecimiento poblacional supere la capacidad de
carga del ambiente.