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Historia y Positivismo: Evolución Académica

El documento analiza la evolución del concepto de historia como disciplina académica desde el positivismo de Comte hasta Durkheim, destacando la transición de la historia tradicional a enfoques más modernos. Se discute la crítica histórica como método positivista y la importancia de la objetividad en la investigación histórica, así como la influencia de pensadores como Simiand en la historiografía contemporánea. Finalmente, se enfatiza la necesidad de un enfoque más plural y flexible en la investigación histórica, alejándose de la mera descripción cronológica de hechos aislados.

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Historia y Positivismo: Evolución Académica

El documento analiza la evolución del concepto de historia como disciplina académica desde el positivismo de Comte hasta Durkheim, destacando la transición de la historia tradicional a enfoques más modernos. Se discute la crítica histórica como método positivista y la importancia de la objetividad en la investigación histórica, así como la influencia de pensadores como Simiand en la historiografía contemporánea. Finalmente, se enfatiza la necesidad de un enfoque más plural y flexible en la investigación histórica, alejándose de la mera descripción cronológica de hechos aislados.

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Posicionamiento de la historia como disciplina

académica

Del positivismo de Comte al de Durkheim


La expresión “historia” en español, se refiere tanto a lo acontecido, como al campo de
estudio así denominado. Si bien todos los pueblos conservan alguna memoria sobre su
pasado, no todo relato pretérito es historia. No es casual que los pensadores del siglo XVII
dispuestos a establecer las bases de la ciencia experimental (por ejemplo, Francis Bacon y
René Descartes) no consideraran a la historia como parte del pensamiento científico. 1

En efecto, aunque en el siglo XVIII comenzó a perfilarse la historia como una forma
particular del pensamiento científico, recién en el XIX, se transformó en una disciplina
académica prestigiosa. Esa historia decimonónica, que en adelante llamaremos “historia
tradicional” se constituyó en el marco de la corriente de filosofía de la ciencia dominante:
el positivismo.

El sistema filosófico positivista fue iniciado por el conde de Saint-Simon Claude Henri de
Rouvroy (discípulo del matemático Jean le Rond d’Alembert, uno de los fundadores de
L’Encyclopédie: veintiocho volúmenes difundidos en París entre 1851 y 1872) y su secretario
Auguste Comte. Éste, entre 1830 y 1842 dio a conocer Cours de philosophie positive (Curso
de filosofía positiva) en seis tomos, dos años después Discours sur l’espirit positif (Discurso
sobre el espíritu positivo) como introducción a un tratado de astronomía popular, y entre
1851-1854 sus cuatro volúmenes sobre Système de politique positive (Sistema de política
positiva), mientras producía su Catéchisme positiviste (Catecismo positivista, 1852). Comte
enunció la Ley de los tres estados (ley sobre la evolución intelectual de la humanidad). Se
trata de tres estados teóricos:

1. Teológico (preparatorito): incluye tres formas:

• Fetichismo (adoración de los astros).

1
Lord Bacon en Novun Organum, publicado en 1620 diferenció entre poesía, historia y filosofía, como
formas de pensamiento. Descartes en Discours de la méthode (Discurso del método), editado en 1637
agregó la teología a dicha clasificación. Ambos incluyeron dentro de la filosofía a la matemática, la física
y la metafísica y consideraron que sólo a ellas podía aplicarse el método científico. Para Descartes la
historia no podía formar parte de la ciencia, debido a la imposibilidad de acceder a la verdad histórica.

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• Politeísmo (seres ficticios).
• Monoteísmo (sentimiento universal).

2. Metafísico (transitorio): se caracteriza por la sustitución de las creencias


sobrenaturales por abstracciones personificadas, oscilando entre el retorno al estado
teológico y liberación. 2

3. Positivo (definitivo real): se destacan cuatro particularidades principales:

• Subordinación de la imaginación a la observación.


• Naturaleza relativa del espíritu positivo.
• Dogma de la inviolabilidad de las leyes naturales.

Todas las ramas del conocimiento atravesarían los tres estados citados, pero la velocidad
del recorrido, sería inversamente proporcional a la complejidad de la especialidad, como
puede observarse en la Ley de la jerarquía de las ciencias a la que se refiere Comte,
destacando el predominio de las seis disciplinas fundamentales, que ordenadas de mayor a
menor son:

1. Sociología (incluye a la historia): debía aplicar los principios, teorías y métodos


de las ciencias naturales al estudio de los fenómenos sociales (organicismo).
2. Biología: considerada la única ciencia sintética, dado que, en el estudio de los
organismos vivos, los estudios analíticos de las partes, sólo tienen sentido si se
los comprende dentro de una unidad funcional.
3. Química: es experimental y avanza sobre la constitución de los objetos.
4. Física: es experimental, pero no se compromete con la composición de los
cuerpos.
5. Astronomía: es observacional (en el siglo XIX era imposible pensar en la
posibilidad de que llegase a ser experimental).
6. Matemática: es la más simple de las seis por su carácter enteramente ideal.

Para Comte, la ciencia capaz de explicar el pasado en su conjunto, dirigiría el futuro. Pero,
los positivistas suponían que la investigación para alcanzar el status de científica, debía
obtener comprobaciones sensoriales, a parir de las cuales pudiera enunciar leyes, con el
propósito de generalizar. La historiografía tradicional logró cumplir con el primer objetivo
de los anteriormente mencionados, mediante la producción de una gran cantidad de

2
Comte llamaba despectivamente metafísicos a los filósofos de la Ilustración del siglo XVIII por
entender que su pensamiento era racionalista pero no experimental.

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conocimiento detallado, resultándole inviable el desarrollo de una ciencia legal, tarea, que
Comte reservaba a la sociología, por ser la encargada de descubrir las conexiones causales
entre los hechos históricos.

El organicismo generó en los positivistas una significativa preocupación por la objetividad


de las investigaciones científicas. Pero, en el caso de las ciencias sociales, ni Saint-Simon, ni
Comte pudieron demostrar cómo es posible para el sociólogo obtener un conocimiento
objetivo de la sociedad, formando parte de ella, dado que, la objetividad, desde el punto de
vista material, sólo es posible si existen objetos externos al sujeto cognoscente.

Quien señaló, la viabilidad de la objetivación en ciencias sociales fue David Émile Durkheim,
a través del concepto de “hecho social”, desarrollado en Lès regles de la méthode
sociologique (Las reglas del método sociológico, 1895). Son hechos sociales todas las formas
colectivas de actuar, pensar y sentir, anteriores y exteriores al individuo, al que la sociedad
se las impone. Son objetivos porque son exteriores y son exteriores porque son anteriores:
no fueron creados por el individuo al que se aplican, ya existían. Los hechos sociales más
conocidos son las normas, los dogmas, los sistemas y las costumbres. También lo son las
corrientes sociales (grandes movimientos de entusiasmo, indignación y piedad). Los más
interesantes desde el punto de vista metodológico son las corrientes de opinión (diferentes
tendencias de una determinada sociedad), por cuanto sólo resultan observables mediante
la construcción de variables estadísticas. A partir de entonces, la cuantificación se volvió
importante en las investigaciones sociales, con el propósito de identificar regularidades.

Contextualización de la crítica histórica como método positivista


La historia tradicional se inspiró en el positivismo fundacional (Saint-Simon y Comte),
caracterizado por su tendencia al organicismo (uso de los métodos y enfoques de las
ciencias naturales en las investigaciones de otras disciplinas) con su consecuente
preocupación por la objetividad y la legalidad. Debido a la imposibilidad de la historia de
enunciar leyes, esos historiadores se centraron especialmente en la construcción de un
método histórico objetivo. Por ello elaboraron el concepto de “testimonio histórico” (restos
tangibles del pasado), procurando disponer de fuentes materiales, que garantizasen la
producción de un conocimiento objetivo. Como dichos testimonios suponen un universo
inconmensurable de restos del pasado, los historiadores tradicionales lo acotaron a un tipo
específico de testimonio, que es el documento escrito. Por ello establecieron esa diferencia
convencional entre la prehistoria y la historia, tomando como punto de partida, la difusión
de la escritura.

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El método empleado por los historiadores tradicionales se llama “crítica histórica” y se
compone de dos partes:

1. Crítica externa: su objetivo consiste en la comprobación de que el documento


analizado es auténtico, tarea que supone un amplio y preciso conocimiento del
historiador sobre los aspectos físicos de las documentaciones.
2. Crítica interna: se propone verificar la veracidad del contenido del documento
analizado (cuya autenticidad ya se comprobó), o bien averiguar que oculta el
mismo. Para ello se recurre a la triangulación de fuentes, comparando
documentos públicos estatales (preferentemente de naturaleza política-
institucional, militar y diplomática) con memorias de personajes de la época,
relatos de viajeros y correspondencia privada.

Entendían los historiadores tradicionales que la historia es ciencia y arte a la vez. Para ellos
la labor científica se agotaba en la crítica histórica, mientras que el arte de comunicar el
relato histórico, formaba parte del componente literario, en el que se tomaban licencias,
consideradas inadmisibles en la aplicación del método. En consecuencia, una vez realizada
la labor propiamente científica (de acuerdo a la concepción de ciencia del primer
positivismo), se tendía a contar el contenido de los documentos, dándole a la historia
tradicional sus características más conocidas: es una historia relato descriptiva,
acontecimiental (cuenta hechos), lineal (ordenada cronológicamente), protagonizada por
personajes históricos. La mayoría de esos historiadores han sido abogados, militares y
hombres de gobierno. Los historiadores tradicionales prefirieron las historias nacionales
enciclopédicas (aunque no eludieron los estudios de casos) con un uso a veces abusivo de
las figuras literarias y los juicios de valor, siguiendo la construcción de próceres intachables
y personajes demonizados, dándole un fuerte rasgo militante a la posición del historiador.
Para dichos historiadores, era historiador el que escribía sobre un pasado de por los menos
veinte años de antigüedad, a través de documentos inéditos (no publicados), mediante el
método de crítica histórica, que era el único reconocido y aceptado por la comunidad de
historiadores.

La historia tradicional dejó un importante legado, que incluye la organización de los archivos
históricos, la elaboración de las historias políticas nacionales y la publicación de abundante
información sobre acontecimientos gubernamentales.

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Aposrtes de Simiand a la historia problema
Con el correr del tiempo fueron cambiando los conceptos, la epistemología y modos de
abordaje de la investigación científica, influyendo esas transformaciones en el desarrollo de
la investigación histórica. Un temprano renovador de la historiografía fue Hippolyte
Adolphe Taine, autor de la Histoire de la littérature anglaise (Historia de la literatura inglesa,
1864), quien propuso una profundización de la historia cultural en oposición a la historia
política. Para Taine el historiador debía captar la sensibilidad de las personas en otros
tiempos, para reconstruir al individuo que vivió en el pasado. Entendía que el arte y la
literatura podían suplir la observación directa y sensible, que era imposible realizar. En
particular porque, en su opinión, la literatura es copia de las costumbres de cada sociedad.
Aclaró que, a pesar de su origen francés, recurrió a la literatura británica, por no encontrar
en Francia una serie continua de obras del valor significativo, para encarar el trabajo
propuesto. En el último cuarto del siglo XX, el movimiento historiográfico de Annales
rescataría la experiencia de Taine, ubicándola en un complejo marco teórico tomado de la
antropología.

En 1903, en la Revue de synthèse historique (Revista de síntesis histórica), un artículo del


economista durkheimiano François Simiand, titulado “Méthode historique et science
sociale” (“Método histórico y ciencia social”), desconoció el carácter científico de la historia
tradicional. Sostuvo que la crítica histórica no puede construir una ciencia, porque ésta no
se define por el método, sino por los modelos de formulación de problemas e hipótesis. En
efecto, planteados los problemas e hipótesis, existe una pluralidad de métodos, entre los
cuales debe seleccionar los adecuados para cumplir los objetivos de cada investigación. Por
lo tanto, no hay método al que se pueda considerar en forma hegemónica como el método
histórico.

Simiand consideraba irrelevante la descripción de hechos aislados (irrepetibles) y la


cronología lineal. Por el contrario, proponía el uso de datos que se repiten, debido a que,
éstos permiten construir series estadísticas de datos, necesarias para determinar
regularidades y sistemas de relaciones. En particular le interesaban las historias de los
precios y los salarios.

Simiand fue el iniciador, tanto de la historia problema, como de la historia económica


cuantitativa (que llegó a su esplendor a través de su discípulo Ernest Labrousse, quien
profesor de historia económica de La Sorbonne: Universidad de París). Vale decir, que el
positivismo de Durkheim, así como constituyó una renovación en los estudios sociológicos,
también influyó en los precursores de la modernización historiográfica del siglo XX.

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