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Estudios Agrarios: Premios y Temas Clave

La revista 'Estudios Agrarios' presenta en su número 18 trabajos ganadores del VI Premio Estudios Agrarios y IV Certamen Investigación Agraria 2001, centrados en la problemática agraria y el desarrollo rural en México. Los artículos abordan temas como la lucha por la tierra en comunidades mazahuas, políticas forestales y de conservación, y la tenencia de la tierra en el ejido mexicano. Esta edición busca estimular la reflexión y el análisis sobre la situación agraria y las voces de quienes participan en ella.
Derechos de autor
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Estudios Agrarios: Premios y Temas Clave

La revista 'Estudios Agrarios' presenta en su número 18 trabajos ganadores del VI Premio Estudios Agrarios y IV Certamen Investigación Agraria 2001, centrados en la problemática agraria y el desarrollo rural en México. Los artículos abordan temas como la lucha por la tierra en comunidades mazahuas, políticas forestales y de conservación, y la tenencia de la tierra en el ejido mexicano. Esta edición busca estimular la reflexión y el análisis sobre la situación agraria y las voces de quienes participan en ella.
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Estudios

Agrarios
número 18 2001

Revista de la
Procuraduría Agraria

PROCURADURÍA
AGRARIA
SECRETARÍA DE LA REFORMA AGRARIA
ESTUDIOS AGRARIOS
AÑO 7, NÚM. 18, NUEVA ÉPOCA SEPTIEMBRE-DICIEMBRE 2001

DIRECTORIO
María Teresa Herrera Tello
SECRETARIA DE LA REFORMA AGRARIA
Jesús Rivera y Barroso
Subsecretario de Política Sectorial
Héctor René García Quiñones
Subsecretario de Ordenamiento de la Propiedad Rural
Valdemar Martínez Garza
PROCURADOR AGRARIO
Gilberto José Hershberger Reyes
Subprocurador Agrario
Joaquín Contreras Cantú
DIRECTOR EN JEFE DEL REGISTRO AGRARIO NACIONAL
Wendy Quintero Gallardo
DIRECTORA GENERAL Y FIDUCIARIA ESPECIAL DEL FIFONAFE

CONSEJO EDITORIAL: Ramón Valdivia Alcalá, José Félix Hoyo Arana, Jaime Matus Gardea, Rosario Pérez Espejo,
Roberto Escalante Semerena, Sergio Sarmiento Silva, Natividad Gutiérrez Chong, Fernando Lozano, Carlos Durand
Alcántara, Gisela Espinosa Damián, Vicente Javier Aguirre Moreno, Othón Baños Ramírez, Reyna Moguel Viveros,
Ernesto Camou Healy, Boris Marañón, María Cristina Núñez Madrazo, Andrés Fábregas Puig, Hubert C. de Grammont,
Guillermo Zepeda Lecuona, Pedro Antonio Villezca Becerra, Félix Vélez Fernández Varela, Jonathan Molinet Malpica,
Margarita Flores de la Vega, Thierry Linck, Klaus Deininger, José Luis Ávila Martínez, Gustavo Gordillo de Anda,
Alberto Reyes Ibarra, José Luis Krafft Vera, Héctor Zamitis Gamboa, Jesús Velasco Mata, Félix Arredondo Ortega,
Cassio Luiselli, Carlos Zolla Luque.

DIRECCIÓN Y EDICIÓN
Dirección General de Estudios y Publicaciones
Editor: Alberto Mc Lean
Diseño: Martha Rosalba Pérez Cravioto
Formación: Litho Genica S.A. de C.V.

Estudios Agrarios, Revista de la Procuraduría Agraria es una publicación que esta institución edita en forma
cuatrimestral. Certificado de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo Núm. 003330/95. Certificado de Licitud de Título
Núm. 9107. Certificado de Licitud de Contenido Núm. 6427. Distribuida por la Procuraduría Agraria. Editor responsable:
Roberto Zetina Peralta (encargado).
Las opiniones vertidas en los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan
necesariamente el criterio editorial de la revista. Ésta se reserva el derecho de modificar los títulos. Los artículos sin
firma corresponden al equipo de redacción de la Dirección General de Estudios y Publicaciones de la Procuraduría
Agraria. Toda reproducción total o parcial deberá mencionar la fuente.

La correspondencia debe dirigirse a:


Dirección General de Estudios y Publicaciones E-mail: dgep@[Link]
Revista Estudios Agrarios Consúltenos en Internet:
Procuraduría Agraria [Link]
Palacio Nacional, Patio Central, Cuarto piso
Col. Centro, C.P. 06000, México, D.F.
Teléfonos: 5522 7528, 5522 2004, 5518 6912, 5542 1322
Fax: 5522 2004, 5518 6912

DR © 2001 Procuraduría Agraria


Motolinía 11, Col. Centro, C.P. 06000, México D.F.

ISSN 1405-2466

Esta edición consta de 2,500 ejemplares y se terminó de imprimir en el mes de marzo de 2002 en Litho Genica S.A.
de C.V., México, D.F.
2
Índice
Editorial 5

...Y la lucha sigue entre


sombreros y rebozos. Historia
de una tierra de subsistencia
"marginal" mazahua 9
Ivonne Vizcarra Bordi

Las políticas forestales y de


conservación y sus impactos sobre
75
las comunidades forestales
Leticia Merino Pérez

Género y tenencia de la
tierra en el ejido mexicano:
¿la costumbre o la ley del
117
Estado?
Verónica Vázquez García
Las comunidades indígenas: entre la Ley
Indígena y la Ley Agraria. Avances del
PROCEDE en comunidades del Valle de Oaxaca
1996-2001
147
Alfredo Ramírez Gómez

La territorialidad y el futuro de nuestra


institución: perspectiva desde la etapa final
del PROCEDE
179
Héctor Bernal Mendoza

El ordenamiento de la propiedad rural.


Logros y limitaciones de la regularización de
la propiedad social y su vinculación con el
catastro rural 205
Índice

Juan Tinoco Elizalde

Biblioagrarias 237

4
ESTUDIOS AGRARIOS
Editorial
En este número de Estudios Agrarios
presentamos los trabajos ganadores
del VI Premio Estudios Agrarios y
IV Certamen Investigación Agraria
2001, que en esta ocasión conjuntó
a especialistas, investigadores y ser-
vidores públicos bajo el lema “Pen-
semos nuevamente al campo”; frase
que lejos de ser retórica pretendió ser
un claro estímulo, una motivación
para el análisis y la reflexión sobre la
problemática agraria, para el plantea-
miento de ideas y propuestas de las
distintas voces que discuten los te-
mas del desarrollo rural, de quienes
intervienen en él y que hacen del
campo su preocupación central.
Los trabajos galardonados del Premio Estudios Agrarios fue-
ron: 1er. lugar, “...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
Historia de una tierra de subsistencia ‘marginal’ mazahua” de Ivonne
Vizcarra Bordi; 2o. lugar, “Las políticas forestales y de conserva-
ción y sus impactos sobre las comunidades forestales” de Leticia
Merino Pérez, y 3er. lugar, “Género y tenencia de la tierra en el
ejido mexicano: ¿La costumbre o la ley del Estado?” de Verónica
Vázquez García. Mientras que los del Certamen Investigación Agra-
ria fueron: 1er. lugar, “Las comunidades indígenas: entre la Ley
Indígena y la Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades
del Valle de Oaxaca (1996-2001)” de Alfredo Ramírez Gómez; 2o.
lugar, “La territorialidad y el futuro de nuestra institución: perspec-
tiva desde la etapa final del PROCEDE” de Héctor Bernal Mendoza, y
3er. lugar, “El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y limita-
ciones de la regularización de la propiedad social y su vinculación
Editorial

con el catastro rural” de Juan Tinoco Elizalde.


En esta edición del Premio Estudios Agrarios y Certamen In-
vestigación Agraria contamos con la participación de 58 trabajos
provenientes de distintas entidades del país: México, Hidalgo, Ja-
lisco, Oaxaca, Puebla, Morelos, Chiapas, Chihuahua, Sonora,
Durango, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, San Luis Potosí,
Veracruz, Yucatán y Zacatecas, así como del Distrito Federal,
representando a instituciones de educación superior como la Uni-
versidad Autónoma de Chapingo, Colegio de Postgraduados en
Ciencias Agrícolas, UNAM, ENAH, UAM, UAEM, ITAM, así como depen-
dencias gubernamentales vinculadas al Sector Agrario.
El Jurado Calificador estuvo conformado por investigadores
y académicos de importantes colegios y universidades del país,
así como por funcionarios de algunas instituciones del gobierno
federal; ellos fueron los encargados de evaluar y calificar los
trabajos participantes en ambos concursos, mostrando siempre
un gran interés por la variedad de los temas, así como por la
calidad de algunos de los textos. Señalaron sobre la importan-
cia de continuar con la promoción y difusión de certámenes de
esta naturaleza, los cuales estimulan la reflexión y la búsqueda

6 E STUDIOS A GRARIOS
de soluciones: ello representa un reto y una necesidad para el
desarrollo rural de nuestro país.
Nunca estará de más que, desde distintos ámbitos relaciona-
dos con lo agrario, se aporten conocimientos que puedan benefi-
ciar a los hombres y mujeres del campo: los ensayos y las crónicas
aquí presentados servirán, sin duda, para entender mejor la com-
pleja situación de nuestro campo, para hallar los elementos coinci-
dentes entre el pensamiento crítico y las políticas agrarias, para
pensar nuevamente al campo mexicano.

E DITORIAL 7
...Y la lucha sigue
entre sombreros y
rebozos. Historia de
una tierra de
subsistencia
“marginal” mazahua*

Ivonne Vizcarra Bordi**

Introducción
Los estudios de los procesos históri-
cos de las culturas subalternas bajo
una perspectiva de género son poco
comunes en el ámbito agrario, sin
embargo los hay (véase Mallon,
1995), y no sólo abren la posibilidad
de reconstruir el pasado de los pue-
blos locales para entender el presen-
te y jugar con una interpretación
futura de su destino, sino que recu-
peran la memoria colectiva en mo-
mentos de conflicto y lucha entre las
clases, las razas y entre los géneros,
* Este trabajo obtuvo el 1 er lugar del VI
Premio Estudios Agrarios 2001.
** Investigadora del Centro de Investigación
en Ciencias Agropecuarias de la Universidad
Autónoma del estado de México,
ivb@[Link]
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

dando un lugar a los actores ocultos de la “historia oficial”. Este


ensayo no es más que una contribución más a este tipo de estu-
dios de rescate y revalorización social de esos actores ocultos de
la otra historia.
Cómo se dio la lucha por la tierra en una comunidad específica,
cuáles fueron los espacios sociales de esa lucha y quiénes lucha-
ron, son cuestiones que, sin duda alguna, constituyen el principio
de esta historia, donde hombres y mujeres luchaban desde sus
propios espacios social y culturalmente construidos para acceder
a una parcela dentro del proceder del primer reparto agrario. Esta
historia se forja a través del tiempo y de esos espacios dinámicos
de lucha, confrontación y concertación, se legitiman el uso, mane-
jo y control de ese preciado recurso: la tierra y su usufructo (princi-
palmente el maíz), que hoy en día se practican. Cierto, el Estado
juega un papel protagonista pero no es el único en esta historia, el
mazahua

tratamiento que han hecho las ciencias sociales de ella y los acto-
res ocultos son también protagonistas de primera escena.
La historia de la tierra que permite la subsistencia de la comuni-
dad mazahua del ejido La Presita1 en el municipio de San Felipe
del Progreso, Estado de México, es rescatada en este ensayo con
el fin de dar a conocer algunos procesos de lucha por subsistir y
valorar el protagonismo de esa lucha Fue a través de historias de
vida, de documentos del registro agrario y nuestra propia observa-
ción (del verano de 1998 hasta el otoño del 2000) que logramos
reconstruir este caso.
La importancia de los testimonios estriba en la aportación de la
historia individual de los sujetos y la apreciación sobre los hechos
que han vivido, que en definitiva ofrecen como fuente de informa-
ción sus experiencias vividas (Gramsci, 1986). Tomando en cuen-
ta las contribuciones de Gramsci en cuanto a las autobiografías

1
El nombre del ejido La Presita es el seudónimo con que denominé a la localidad
donde realicé el estudio que, por razones de respeto a los testimonios que aquí se
narran, decidí guardar en el anonimato tanto la historia de esta comunidad mazahua
como a sus pobladores.

10 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
como fuentes básicas para reconstruir los hechos, los testimonios
autobiográficos que he seleccionado son más que anécdotas, pues
tienen un valor histórico que muestra la vida en acto (en el momen-
to), es decir, que las expresiones directas que relatan la vida
cotidiana del pasado, al considerarse como manifestaciones es-
tratégicas para la subsistencia de los individuos, pueden desmitificar
“las leyes escritas o los principios morales dominantes” (ibid., p.343)
que relatan la historia oficial de la Revolución mexicana, su conse-
cuente Reparto agrario como triunfo de ésta, hasta llegar a las
reformas del Art. 27 en 1992 y sus consecuencias mediatas.
Para poder entender cómo las transformaciones estructurales
y el cambio social dan distintas connotaciones en las experiencias
vividas de los individuos y poder distinguir los significados a las
respuestas, procesos y adaptaciones de los individuos en eventos
históricos (Ryder, 1965), es necesario contextualizar los periodos
de transición. De aquí que este ensayo constantemente se ve
referenciado con otros eventos políticos y sociales. Consideramos
importante estas apreciaciones, pues no sólo contextualizan los
escenarios del siglo XX, sino también abren las posibilidades de
otras interpretaciones sobre el fenómeno “local” de la lucha por la
tierra y el cambio social en comunidades específicas.
Por mucho tiempo y hasta hace poco, la “normalidad del cam-
bio” (ahora dentro del marco hegemónico del Proyecto Nacional)
ha hecho que la historia oficial disipe la especificidad y, además,
que otras interpretaciones de la especificidad se hayan omitido en
los debates académicos postrevolucionarios. En este sentido, la
historia de las culturas subalternas en la lucha campesina (Mallon,
1995, Roseberry, 1993) reivindica la omisión de múltiples voces en
la constitución de la comunidad.
Siguiendo esta perspectiva, la historia de la constitución del eji-
do La Presita podrá ser leída desde divergentes puntos de inter-
pretación (Nuijten, 1998): la historia oficial narrada en las actas
constitutivas; la de los hijos o sucesores de los primeros ejidatarios
a través de sus narraciones canónicas (relatos que, contados por
terceras personas, se conforman a las reglas establecidas en con-

A NÁLISIS 11
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

ciliación con la “historia verdadera”. Véase White, 1987); y la de


los actores y actrices que vivieron lo cotidiano de la lucha por un
taco ejidatario (relatos autobiográficos).

Debates críticos con omisiones de siempre

La literatura abunda sobre la Revolución, la Reforma Agraria y sus


repartos, la estructura agraria, el caciquismo y la lucha de clases
emanada del proceso de distribución de la tierra desde la Revolu-
ción hasta el cardenismo. De esta literatura, aunada al proceso de
institucionalización, modernización y al impulso a la agroexportación
postrevolucionaria, surge posteriormente, en los años setenta, el
debate académico sobre la cuestión agraria, del cual destacan dos
posiciones: los campesinistas, quienes arguyen que gracias a la
mazahua

constitución del ejido como logro del reparto agrario, se restable-


cieron las “persistentes” formas de producción familiar y rehabilita-
ron sus dinámicas y estructuras internas, dando lugar al proceso
de recampesinización (Warman, 1976; Bartra A., 1981; Esteva,
1985); los descampesinistas sostienen que el minifundio confec-
cionado de la Reforma Agraria no puede sostener la subsistencia
de las familias campesinas, creando una clase de proletarios po-
bres al insertarse al mercado de trabajo asalariado con el fin de
satisfacer sus necesidades mínimas de subsistencia. Los estudio-
sos discuten que este proceso de proletarización, acentuado con
una clase capitalista agrícola (surgida de la Reforma Agraria), ace-
lera la descomposición de la producción campesina y el conjunto
de su sociedad (Bartra, R., 1984; Paré, 1988). Indudablemente,
el debate ha contribuido a observar desde afuera cómo los proce-
sos de redefinición de las comunidades campesinas se revisten de
conceptos y discursos de dominación y resistencia.
El estudio hacia adentro de la formación de clases en las comu-
nidades, sus conflictos y su lucha por la identidad étnica, ofrece
sin embargo otra visión más compleja sobre las consecuencias del
reparto agrario (Schryer, 1990). Ciertamente, se ha criticado mu-

12 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
cho la tendencia al romanticismo de la comunidad cerrada
corporativista de Wolf (1957), o de la “comunidad de refugio” indí-
gena como resguardo del mestizaje según Aguirre Beltrán (1991),
o la comunidad como un “ethos” de Stavenhagen (1985) y hasta la
misma comunidad indígena del México profundo de Bonfil (1990),
así también se ha reprobado a los antropólogos más críticos que
realizan etnografías en el México rural, por haber dejado pasar por
encima el papel importante del cacicazgo en la conformación de la
comunidad indígena/campesina (Hewitt, 1982, p.46). De igual ma-
nera, y pese al esfuerzo por analizar de cerca el fenómeno del
caciquismo, el etnicismo y la estructura de clases rurales al interior
de las comunidades durante el reparto agrario (Cancian, 1956 y
Schryer, 1990), la mayoría de las reflexiones (por no decir todas)
han omitido en sus análisis la mitad de la población que figuró y legi-
timó la comunidad en su nueva conformación agraria: las mujeres.
Probablemente esta omisión se debe a que los mismos estu-
dios contribuyeron a observar el fenómeno de legitimación de poder
y prestigio local en una sola dirección, la de la composición de una
clase social a partir de un proceso de democracia patriarcal
instaurada en el siglo XIX (Mallon, 1995). Dentro del cual los po-
bladores masculinos tienen acceso a las fuentes de dicha legitima-
ción, resaltando que la idea de un buen patriarca reposa en las
nociones de justicia, reciprocidad y responsabilidad dentro de un
marco generalmente aceptado por la población: la división sexual
socialmente correcta (véase Deere, 1986), donde el mutuo reco-
nocimiento del poder en complicidad de las mujeres, crea una ima-
gen erróneamente homogénea de la comunidad agraria. De aquí
que los debates que hegemonizan los procesos vistos desde afue-
ra tanto de campesinización como de descampesinización, así como
los estudios sobre los procesos internos e intrarrelacionales de las
estructuras de clase campesina, no han dado un justo lugar a la
participación femenina indígena y campesina en la lucha por el
reparto agrario y las negociaciones en constitución del ejido.
Boserup (1970) contribuyó enormemente a darle visibilidad a
las mujeres en los sistemas agrícolas dependiendo de las formas

A NÁLISIS 13
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

genéricas de acceso y tenencia de la tierra, no obstante, son po-


cos los estudios que le dan visibilidad a las mujeres en el proceso
de construcción de la nueva sociedad agraria mexicana postrevo-
lucionaria. Si bien comienza a producirse más literatura feminista
sobre la participación de las mujeres en la lucha revolucionaria y
en la construcción del México postrevolucionario (véase Soto, 1990;
Fowler-Salamini y Vaughan, 1994), aún queda mucho por rescatar
del papel de la mujer indígena y campesina en el proceso de nego-
ciación, distribución, acceso y control de la tierra y otros recursos
durante el periodo de la repartición y conformación del ejido y la
pequeña propiedad. Margolies (1975) y Arizpe (1977) dan los pri-
meros pasos precisamente en la región mazahua, es evidente que
sus aportaciones se dirigen hacia los objetivos propios de cada
uno de sus análisis, sin embargo, abren la oportunidad para que
los testimonios que he seleccionado ayuden a pronunciar esa visi-
mazahua

bilidad tanto de mujeres como de varones mazahuas en la lucha


por un “taco” ejidatario.2

Rumbo al reparto

Al promulgarse la Ley de la Reforma Agraria del 6 de enero de


1915, Carranza afianza legalmente las expropiaciones de tierra
para dotar a los pueblos, otorgándoles protección a los propie-
tarios de tierra, en lugar de reivindicar las ocupaciones de
hecho de los combatientes campesinos (revolucionarios) sobre
las grandes propiedades (Liendo, 1997, p.395). Con este acto y
culminado en el Artículo 27 de la Constitución de 1917, el
constitucionalismo se sobrepuso a los motivos de lucha
zapatistas y villistas. Como una de las consecuencias de estas
leyes, 44.3% (566, 190 ha) de la superficie de las 300 propieda-

2
Empleo el “taco ejidatario” como una metáfora que refiere el proceso social para
acceder al autoconsumo del maíz en su forma de tortilla a través de la posesión de
tierra ejidal y del proceso de trabajo tanto para producirlo como para consumirlo.

14 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
des mayores de 1000 ha del Estado de México no fueron afec-
tadas (Liendo, 1997, p.407).
Acabada la guerra, después del triunfo del constitucionalismo
“carrancista”, algunos hacendados emprendieron gestiones para
recuperar sus tierras ocupadas por las dotaciones militares
zapatistas, y los campesinos tuvieron que someterse a la legisla-
ción agraria (Buve, 1975). Asimismo, una gran mayoría de los
hacendados del Estado de México recurrieron a la subdivisión de
sus propiedades, algunos vendían fracciones a parientes, admi-
nistradores, rancheros y los convertían en arrendatarios con el fin
de seguir produciendo. Otros fraccionaron, regalaron, dieron en
donación o herencia en vida a sus hijos, amigos, esposas, con
tiento de proteger al máximo sus propiedades (Margolies, 1975).
Estas tácticas permitieron que poco más de la mitad de sus propie-
dades fueran afectadas por la ley del 6 de enero, esto aun llegado
el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-40), reconocido como el
parteaguas histórico en el proceso agrario (Escárcega, 1990)
porque la mayor parte de las afectaciones a las propiedades priva-
das que se dieron en ese periodo no fueron significativas.3
Una consecuencia indirecta de las tácticas defensivas (venta,
donación, división) de los grandes propietarios fue el incremento
elevado de la pequeña propiedad privada o el llamado minifundio
campesino en el Estado de México. La mayor parte de las afecta-
ciones se hacía a los grandes propietarios, de esta manera, los
caciques campesinos que lograron adquirir terrenos en el proceso
de subdivisión de las haciendas no fueron aquejados.4 Para 1940,

3
Es importante precisar que debido a que el Estado de México circunvecina la ciu-
dad de México, al igual que Morelos, y que ambos fueron bastiones de los zapatistas,
la mayor distribución de tierras se realizó de 1915 a 1934 (112,053 ha) como una
estrategia política de los nuevos gobiernos revolucionarios. Cárdenas sólo repartió
24,502 ha, pero en términos de beneficiarios por hectárea, su reparto tuvo mayor
relevancia (Warman, 1976, Betanzos et al., 1989, Liendo 1997).
4
Las familas Carmona y González, Díaz de la Fuente y Pliego fueron afectadas con
aproximadamente 5,000 ha cada una en la época de Cárdenas (Escárcega, 1990,
p.102), pero cada una ya había vendido a varios parientes y cuadrillas de acasillados
o caciques más de 15, 000 ha (véase a Margolies, 1975, p.41, en el caso específico
de las haciendas de Díaz de la Fuente y Pliego en San Felipe del Progreso).

A NÁLISIS 15
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

72.6% de los predios menores de 5 ha correspondieron a esta


categoría (pequeña propiedad privada), abarcando 30.2% de la
superficie total del estado (Liendo, 1997, p.406).
En el caso de San Felipe del Progreso, la tendencia fue pareci-
da, con la diferencia que la propiedad no afectada correspondió a
más de la mitad. Antes de la puesta en vigor de la Ley de 1915, el
municipio contaba con 19 propiedades de igual o con más de 1,000
ha, con una superficie total de 83,975 ha, de las cuales 47.4%
resultó afectada entre el 6 de enero de 1915 y el 31 de diciembre
de 1958 (Liendo, 1997, p.397). En este lapso, el municipio fue do-
tado con 79 ejidos, de hecho, San Felipe del Progreso concentró y
concentra el mayor número de ejidos del total en el Estado de Méxi-
co.5 Sólo para remarcar su importancia, el segundo municipio con
mayor número de dotaciones es Acambay con 36 ejidos.6 Su im-
portancia no sólo puede reducirse al hecho de que el municipio de
mazahua

San Felipe del Progreso es el más grande en extensión territorial


en la entidad, siendo de 806 km2, más bien, fueron dos aconteci-
mientos que explican esta concentración ejidal. En primer lugar, la
crisis de 1929 de Estados Unidos afectó directamente al sector
agroexportador de raíz de zacatón del municipio. La producción de
raíz de zacatón bajó gradualmente, el mercado de Estados Unidos
se había desplomado, al igual que pasaría más tarde en el merca-
do europeo al iniciarse (y durante) la Segunda Guerra Mundial.
Esta crisis obligó a suspender los beneficios de procesamiento de
raíz de zacatón en el municipio, dejando sin empleo a trabajadores
y campesinos que vivían de la extracción del zacate (Romeau, 1994,
pp.140-41). Ante la incertidumbre del mercado de exportación, los
hacendados vendieron la mayoría de sus tierras en fracciones,

5
Entre 1915 y 1940 se constituyeron 889 ejidos en el Estado de México, y en 1950
se adicionaron 103 más. Para 1970 el total de ejidos en el estado había incrementado
a 1,010 con una superficie total de 936,872 (Liendo, 1997), correspondiendo a 4.16%
del total de ejidos a nivel nacional y 1.33% de superficie del total de dotaciones
hasta 1970 (cálculo realizado a partir de los Censos Agrícola, Ganadero y Ejidal).
6
Datos obtenidos del I, II y III Censos Agrícola, Ganadero y Ejidal, 1930, 1940 y
1950.

16 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
quedándose con las grandes extensiones de tierra de zacatonales,
mismas que fueron expropiadas en parte para la repartición de
tierra ejidal (Alonso, 1982).
La segunda razón estriba como consecuencia del tiempo de la
necesidad y a la falta de empleo jornalero en las haciendas, “la gente
de sobra”, así como los acasillados que cada vez vivían en peores
condiciones de vida y en constante amenaza de ser corridos, comen-
zaron a invadir las propiedades de las haciendas de Tepetitlán y
Boncheté en 1922 (Margolies, 1975), pues consideraban la invasión
como el único recurso para obtener tierras y producir el maíz.7
Conjuntamente, las presiones de distintos grupos de campesinos
mazahuas se incrementaron en la guerra de los cristeros o la
cristiada8 (1926-1929), y pese a que los pobladores de San Felipe del
Progreso no participaron completamente en la lucha (véase Yhmoff,
1979, pp.149-52), los pocos brotes violentos que se registraron
fueron suficientes para alertar a los propietarios de las haciendas.
Ambas situaciones animaron a que los dueños de la hacienda
La Presita no tardaran mucho para iniciar el proceso de subdivi-
sión de sus propiedades. De 1,877 ha que registraba la hacienda
hasta finales del siglo XIX, se quedó con 1,255 ha y 90 acres en
1926. Pues al iniciarse las primeras expropiaciones en el munici-
pio (1922) y como parte de una estrategia seguida por los demás
hacendados de la región, los propietarios de la hacienda, Mariano
y Jesús Garduño y su madre, Concepción Albarrán viuda de
Garduño, otorgaron algunas hectáreas a un grupo de cuadrilla
de acasillados y gente de sobra en 1926, y otras hectáreas más al
señor Abraham Bastida, sumando un total de 921 hectáreas.9

7
La invasión fue un método eficaz para propulsar el reparto agrario y legalizar los
ejidos. Este recurso se observó en casi todas las haciendas del país (véase Buve,
1975; Warman, 1976).
8
La guerra de los cristeros surgió de un conflicto entre la Iglesia y el gobierno, pero
dadas las circunstancias de la lenta distribución de tierras, el conflicto se convirtió
muy pronto en una gran movilización armada campesina (véase Montalvo, 1988,
Warman, 1976).
9
Estos datos no los pude precisar, pues no encontré registro alguno que constate la

A NÁLISIS 17
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

La lucha por un taco ejidatario

Entre 1926 y 1928, los propietarios de La Presita siguieron ven-


diendo terrenos de la hacienda: 196 ha al mismo Abraham, quien
ya les había comprado, y 95 ha al señor Camacho. En 1929 ven-
dieron 24 ha al señor García, pero esta venta no fue registrada por
lo que se consideraba legalmente propiedad de los Garduño, a
pesar de que el señor García arrendaba esa tierra a los Garduño.
Es muy probable que la venta nunca se haya realizado, y en la
práctica sólo haya sido una artimaña de los hacendados para
evitar que se les expropiara toda la superficie de la hacienda.
A finales de 1928 la hacienda quedaba con una superficie de 963
hectáreas 30 acres, de las cuales 114 ha eran de monte alto, 11 ha
de riego y 451 ha dedicadas al zacatón de temporal, y 385 ha de
agostadero para la cría de ganado.
mazahua

En 1927, se organizó el primer grupo gestor de 155 varones


mazahuas, en su mayoría eran acasillados de la hacienda La
Presita. Éstos presentaron su primera solicitud de derecho a dota-
ción ante el gobierno de Calles, el 24 de febrero de 1928. Empero,
no fue sino hasta 1931 que se presentó un comisionado del go-
bierno (joven ingeniero agrónomo), quien dejó constatado en la
primera encuesta que las únicas tierras susceptibles de afectación
eran las de la hacienda y los terrenos del señor Bastida. Dentro de
la petición, los campesinos solicitantes habían denunciado que el
señor Abraham Bastida ya tenía propiedades en otros puntos del
municipio. Su alegato fue considerado, dándoles el fallo a su favor.
En la misma constancia quedan justificadas otras propiedades que
se encuentran en el mismo radio, las que no serían afectadas por
el momento pues se tomarían como reservas en caso de futuras
peticiones de otro grupo de gestores.
Pasaron más de tres años para que la primera petición tomara
su curso legal, mientras tanto, en grupos de cinco, ocho o hasta 15

venta de las 621 hectáreas. La información la obtuve principalmente de las entrevis-


tas con los hijos de los primeros ejidatarios y del comisariado ejidal en turno.

18 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
campesinos, acompañados de su líder Zacarías Salazar (quien
sabía leer y escribir el español), viajaban constantemente a la ciu-
dades de México y Toluca para presionar a los burócratas y exigir
que se les resolviera su petición. El viaje era financiado por una
cuota individual del grupo solicitante, el cual cubría el pasaje y al-
gunos pesos para pagar trámites secretariales; para su sustento
viajaban con un itacate de tortillas y un guiso para sus tacos. En
sus viajes era común que los grupos gestores se encontraran
involucrados en marchas, protestas o desfiles revolucionarios. Don
Felipe recuerda mucho los momentos que tuvieron que pasar para
que se les diera tierra…

También cuando fuimos allá, también sufrimos a México, por-


que teníamos que ir allá para arreglar lo de los ejidos. Cuan-
do llegamos a la terminal en ferrocarril en Tacuba, ya me
estaba parando un gendarme y ya bajamos, me dijo “quihúbole
cabrón, a dónde vienes”, y le dije: pus vengo a tal parte, y me
dijo “a qué parte”, vengo de San Felipe del Progreso, del
municipio de Ixtlahuaca, Toluca, México, y dijo “ah, sí, que
bueno, órale cabrón, fórmese, póngase el arma en su espal-
da”, y yo dije cuáles, me dieron nomás dos tablas, sufrimos
mucho. Vamos a marchar y me golpeaban, y entonces cada
calle que pasa uno decía ¡que viva la revolución, que viva el
mexicano!, si al tiempo que te equivocabas te mataban, y ya
llegamos al frente de palacio, ¡que viva!, abajo las armas,
entonces las pongo abajo. Para tener tierras sufrimos mucho
(don Felipe, 92 años de edad).

Después del andar, en 1931, el gobierno del Estado les otorgó un


oficio transitorio en el cual se les prometía una dotación de 763.63
ha expropiadas totalmente de la hacienda. La posesión provisional
creó una serie de conflictos con los propietarios que seguían de-
fendiendo sus propiedades. Según el acta constitutiva del ejido La
Presita de 1933:

A NÁLISIS 19
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

…Mariano Garduño, copropietario de la hacienda de La


Presita, compareció en diversos escritos ante las autorida-
des agrarias alegando que el núcleo gestor no tiene derecho
a dotación, pues no tiene categoría política, que los peticio-
narios son peones acasillados de las fincas prestadas, que
La Presita ha contribuido para varias dotaciones ejidales,
que el propio predio ya fue dividido de hecho y de derecho
entre los tres propietarios y que en vista de todo lo anterior no
se afecte en este caso a la finca por la que comparece…

Sin embargo, las manifestaciones de inconformidad con el ejido


provisional eran más fuertes al interior de la comunidad que con
los propietarios. Siendo que en 1931 (aparece en el acta constitu-
tiva de 1933), se reconoce que las alegaciones de los Garduño no
son justificables y se da el fallo a favor del grupo peticionario. Su
mazahua

causa era irrebatible: “los terrenos son insuficientes para cubrir las
necesidades de nuestras familias”. Para esta fecha el grupo había
crecido de 155 a 192 individuos con derecho a dotación, pues ca-
recían de tierra indispensable. Finalmente, el “resolutivo” legal al
conflicto fue dar en dotación 665 ha, de las cuales 580.9 se toman
de la hacienda y 84.2 del terreno del señor Bastida. Las 665 ha
quedaron distribuidas de la siguiente manera:
11 ha de riego
164 ha de temporal para raíz de zacatón
114.6 ha de monte alto
34.2 ha de agostadero para cría de ganado

El ejido La Presita había perdido en la batalla 98 ha a su favor y no


sólo eso, sino además se estableció que con las hectáreas de riego y
temporal de zacatón (174 ha) se formarían 66 parcelas entre 4 y 8 ha
dependiendo de la calidad del suelo, las que serían distribuidas
entre 65 personas. De éstas se tomarían algunos terrenos para la
escuela rural. Además, debería ser respetada una finca de 6.5 ha
para que los 127 individuos con derecho a dotación (es decir, jefes de
familia) que no alcanzaron parcela pudieran morar con sus fami-

20 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
lias y en su oportunidad solicitaran la creación de un nuevo centro
de población agrícola. Las 114.6 ha de monte alto y el agostadero
se declararon de uso colectivo, pues era de interés público y prio-
ridad nacional la conservación de bosques y arboladas.
Como un paréntesis pertinente a propósito de la conservación
de bosques: los discursos políticos postrevolucionarios, incluyen-
do los cardenistas, veían con preocupación el acelerado desmon-
te que los campesinos emprendieron. Según los discursos
oficiales, los campesinos hacían mal uso de los bosques, eran
“depredadores forestales” en razón de su utilización “a veces
desmedida” como combustible doméstico de uso cotidiano (esen-
cialmente para elaborar las tortillas y cocinar los frijoles), y el
“primitivo” sistema de labrado de piezas maderables a base de
hachas (Escárcega, 1990). De aquí que la ley sobre la conserva-
ción y protección de áreas forestales fuera una prioridad nacional
en la dotación de los ejidos. Evidentemente, estos discursos des-
viaron o encubrieron las empresas madereras y de carbón en ma-
nos de extranjeros y hacendados que seguían operando con auge,
al menos hasta mediados de los 30 (Martínez, 1991).10 La Presita,
además de tener en grande el negocio de la extracción de la raíz
de zacatón, dedicaba sus 250 hectáreas de monte alto a la pro-
ducción de carbón; cuando se subdividió la hacienda, los Garduño
conservaron la mitad del monte alto para seguir produciendo car-
bón, el cual era vendido a la industria de la entidad y a la ciudad de
México (Yhmoff, 1979, p.278). Aún en 1940, después de la reparti-
ción de tierras, los mazahuas recuerdan que de los hornos se des-
prendía el humo del “monte en reserva”.
Retomando la historia del ejido: la primera dotación legal del
ejido solventó el conflicto con los propietarios de la hacienda, pero
creó uno más grave al interior de la comunidad. Los representan-
tes de la Reforma Agraria justificaban que el nuevo resoluto tenía

10
Tan sólo para confirmar: en esas misma fechas (1935), más de 65 millones de
hectáreas forestales maderables en todo el país eran explotadas bajo propiedad de
extranjeros (Hart, 1985, p.21 en Montalvo y Betanzos, 1988, p.17).

A NÁLISIS 21
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

una dotación menor a la prometida por el gobierno estatal (1928),


porque los solicitantes no respetaron la finca de pequeña propie-
dad. Del mismo modo, trataron de apegarse al orden normativo de
la Reforma Agraria, el cual preveía que una parcela de 4 a 8 ha por
familia era la medida ideal para asegurar la autonomía alimentaria
de la “nueva familia campesina” (Díaz Soto, 1957; Manzanilla
Schaffer, 1966).
El proceso de exclusión trajo conflictos internos momentáneos,
que se aligeraron con la intervención de su líder. Por un lado, con
el consenso del grupo en cuestión, inscribió una lista paralela a la
primera acta con el nombre de los 192 solicitantes. En ésta, cada
uno de los individuos con derecho a dotación señaló el número de
hijos varones que tenía en ese momento; en el caso de no tener se
le beneficiaría con una hectárea de riego o dos de temporal. Si
tuviese más de cuatro, tenía que aceptar el límite máximo que ha-
mazahua

bían convenido: 4 ha por individuo. Por otro lado, se continuaría la


invasión de terrenos no expropiados.
Los hijos de los primeros ejidatarios y don Felipe, quien perte-
neció a ese primer grupo, reconocen que de no haber sido por su
“héroe” de la Reforma Agraria, el reparto hubiera tardado más.
“Zacarías Salazar fue el héroe de aquí, nuestro líder del reparto
agrario, él fue el que empezó a invadir los terrenos, sabía bien leer
y escribir, sabía ir al buen lugar, nomás que en ese tiempo (1935)
lo mataron, si no iba a invadir todo ese lado”. El sacrificio de Zacarías
por la lucha ejidal, es visto por la comunidad como un acto de ab-
negación justificado por una buena causa (Jauffret, 1986). Al igual
que Zapata (asesinado en 1919), Zacarías se sacrificó por la tie-
rra, dieron sus vidas por la misma causa, la obtención de tierra
para grupos sociales y no para individuos (Womack, 1977).
Después de Zacarías le siguió Crispín, pero al parecer él sólo con-
cluyó lo empezado por su antecesor. Crispín dejó que otro movi-
miento invadiera 72 ha de las mismas tierras de la hacienda dando
lugar a la creación de un pequeño ejido, el de Zaragoza. El des-
contento contra Crispín, lo obligó a aceptar y acatar las decisiones
del grupo. Conjuntamente con el conflicto de la exclusión del re-

22 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
parto agrario, los sentimientos de disconformidad y descontento
generaron una práctica democrática y participativa (aunque patriar-
cal) dentro del grupo gestor, su fin era además de conseguir más
tierras y repartirlas “equitativamente”, defender la tierra que ya te-
nían en su dominio de otros grupos vecinos.
Cabe destacar que dentro del grupo gestor se encontraban 17
mujeres viudas con hijos, pues la mayoría de sus esposos habían
muerto en el proceso de la lucha por el taco ejidatario, y otros en el
tiempo de la necesidad. Estas mujeres eran trabajadoras acasilladas
en la hacienda, por lo que también participaron en la repartición
(este punto lo desarrollaré más adelante).
Con las nuevas invasiones emprendidas por Zacarías y Crispín,
el grupo de 192 peticionarios había logrado una distribución interna
de parcelas justa y recíproca, pero ilegal ante el gobierno. Gracias a
su constante ir y venir para regular los terrenos del ejido, en 1939
lograron la primera ampliación del ejido de 299 ha afectadas a la
propiedad del señor Bastida. Más tarde, en 1957 se concedió otra
ampliación de 63 ha a la misma propiedad, quedando en definitiva
una superficie de 966 ha entre 206 ejidatarios (de las cuales 114.6 ha
de monte alto se respetaron como reserva boscosa, al igual que
las 34.2 ha de agostadero, las que incluyen caminos y riachuelos).
Cada dotación, ampliación y distribución no fue sin embargo pacífica,
varios asesinatos entre familias acontecieron en La Presita.
Toca aclarar que la comunidad mazahua no quedó demarcada
por la constitución del ejido, sino la constitución del ejido y la incor-
poración de pequeñas propiedades que comprendía el radio de la
hacienda conformaron el pueblo o localidad de La Presita con ca-
pacidad de delegación política municipal. En este sentido, los
microprocesos históricos de cada localidad para conformarse como
una entidad política, contribuyen a la formación de la identidad de
comunidades específicas. Es decir, un pueblo es considerado como
una comunidad; de aquí que me refiero a las comunidades
mazahuas cuando especifico sus microprocesos históricos, y me
dirijo a la comunidad mazahua cuando integro las particularidades
en un macroproceso histórico étnico.

A NÁLISIS 23
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

Desde 1928 a 1939, los ejidatarios habían luchado por una


parcela y lo habían logrado, sin embargo, la tierra, su saber hacer
y sus manos no eran suficientes para hacer producir la tierra. Les
faltaban semillas, herramientas, animales de tiro y agua.

Cuando nos dieron las tierras yo sufrí mucho, pues iba a tra-
bajar a México de peón, trabajaba el zacatón cuando daba
tiempo. Fui a México porque no tenía nada para pasar la vida,
teníamos mucha tierra pero no teníamos para trabajarla, pa-
gamos la contribución pero después ya no teníamos dinero
(don Felipe).

Una vez que se llevó a cabo la repartición de las parcelas ejidales,


los mazahuas comenzaron a desmontar los terrenos de zacatón
para sembrar en su lugar maíz, haba y avena (Romeau, 1994, p.40).
mazahua

Hay que recordar que la mayor parte de la tierra repartida, no ha-


bía sido explotada para la agricultura sino para extraer la raíz de
zacatón. Durante los primeros años de consolidación de la agricul-
tura campesina ejidal, los mazahuas tuvieron que romper el suelo
y utilizar antiguas técnicas de desmonte y quema para poder bar-
bechar (técnica de volteo del suelo) algunas de esas tierras que
consideraban vírgenes. Sin pensarlo, cultivaron principalmente
maíz, no sólo porque era una especie fácilmente adaptable a tie-
rras de temporal o el único cultivo que dominaban, sino porque la
continuidad o persistencia de la producción de maíz garantizaba
su consumo directo, el sustento de la familia por un largo periodo y
por consiguiente la autonomía alimentaria (Warman, 1976, p.178).11
Esta continuidad estaba basada desde luego en la división sexual
del trabajo y su respectiva ideología sobre la asignación del géne-
ro (Chamoux, 1978).

11
Entre las décadas de los veinte y treinta, la mayoría de las parcelas emanadas del
reparto agrario de todo el país cultivaron maíz para autoconsumo, en combinación
con otros cultivos (frijol, haba, avena) bajo las técnicas “tradicionales”, basados en
la división del trabajo (véase algunos ejemplos con Warman, 1976; Cancian, 1956;
Sandstrom, 1991; Schiyer, 1990).

24 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
La figura del “hombre fuerte”, la alianza que obliga

En combinación con el cultivo de maíz, sembraron haba intercala-


da y avena en el periodo invierno-primavera. También, repetidas
voces masculinas asintieron que trabajaron la raíz de zacatón para
obtener algo de dinero. Cuando los predios principiaron la subdivi-
sión entre los sucesores del reparto, el zacatón comenzó a extin-
guirse del paisaje, un tanto por la incorporación del cultivo de maíz
para sostener la familia ampliada, y otro tanto porque el mercado
de la raíz de zacatón desaparecía gradualmente (Romeau, 1994).
Para infortunio de los recién dotados de 164 hectáreas
de temporal raicera, su suelo es de tipo polvilla. Es decir, es un
tipo de suelo fácilmente erosionable, siendo una de las caracterís-
ticas de la raíz de zacatón, precisamente, el impedir la erosión
(Margolies 1977; Romeau, 1994). Su textura dócil facilitó, no obs-
tante, que para romper el suelo y comenzar el barbecho fuera sufi-
ciente el pico, la coa y los brazos de los varones, sin depender en
un principio de la yunta o animales de tiro. Ahora sólo les faltaban
las semillas y tal vez más picos, hachas, coas y segadoras para al
fin emprender su primera siembra “autónoma” en las tierras del
“ex patroncito”.
Los escasos ingresos obtenidos de la venta de raíz de zacatón
no fueron suficientes para ir adquiriendo semillas, medios e instru-
mentos necesarios para la producción y consumo del maíz, que
los grupos domésticos no podían producir con su propia fuerza de
trabajo. Aparte, la nueva forma social de producción (el ejido) los
confrontaba a un desafío de organización desconocido (Vizcarra,
1997), originando desorientación para los grupos domésticos y
conflictos entre las viejas y nuevas estructuras jerárquicas. Mien-
tras ambas estructuras aprendían a convivir y en busca de solucio-
nes concretas, urgentes y vitales (como la compra de semillas para
la primera siembra, y maíz y cal para las tortillas), muchos hogares
recurrieron al “hombre fuerte” de la comunidad: el cacique.
Don Sebastián Camacho aparece en escena, protagonizando
su “alianza obligada” con los mazahuas de La Presita. Los Camacho

A NÁLISIS 25
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

eran los rancheros de origen mazahua que habían logrado cuidar


sus 95 ha de propiedad privada junto a la hacienda. El señor
Sebastián y sus hijos e hijas iniciaron la venta de fiado (crédito a
la palabra) a los recién formados ejidatarios: maíz para consumo y
semillas para siembra, animales y herramientas. Colocaron un
establecimiento en el centro del ejido a principios de los años
treinta, lo que les permitió una mejor movilidad, manejo y almace-
namiento de sus mercancías. Eran dueños de la tienda, la que
proveía de cal para el nixtamal, metates, comales, petates, rebo-
zos, veladoras y otros artículos que los hogares y la comunidad
necesitaran. A la primera cosecha de maíz, cobraron su deuda,
y poco a poco fueron estableciendo una relación de dependencia
o de “sacar de apuros”.
A comparación de otros caciques u hombres “más fuertes” de
otros pueblos, los Camacho tenían en general buenas relaciones
mazahua

con los vecinos de La Presita. El compadrazgo no fue exclusivo de


la relación, ni tampoco lo fue la mayordomía o sistema de cargos
que resurgía una vez conformada la comunidad (o pueblo). Su papel
se definió más bien en los ámbitos comerciales, medieros y en el
puente entre el exterior y el interior de la comunidad. Todos muy
importantes para establecer relaciones de poder en el proceso de
acceso a los mercados locales y sobre todo al maíz e insumos. No
obstante, su poca actividad política le valió la asignación del pue-
blo como negociante, y no como “hombre de poder”. De facto,
cuando la población sentía abusos “comerciales” por parte del se-
ñor Camacho, vendían y compraban maíz al cacique de otra
comunidad mazahua con mayor influencia comercial y política que
La Presita, cacique que sí tenía todas las características de un
“hombre poderoso” y de mucho prestigio.12

12
Para profundizar sobre las características de los caciques en la cúspide del poder
en el México rural, es decir, visto de dominante opresor hacia dominado y oprimido,
referirse a Bartra R. et al. (1975). Schryer (1990), en cambio, ofrece otra interpreta-
ción más rica sobre el cacicazgo y el conflicto de clases al interior y al exterior de las
comunidades indígenas.

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mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
Los ejidatarios de la zona baja de San Felipe del Progreso,
establecidos en las tierras fértiles con acceso al riego de las ex
haciendas de La Providencia, Tepetitlán y San Onofre, muy pronto
se vieron envueltos en la agricultura comercial (Arizpe, 1978;
Margolies, 1975). A comparación de la función del cacique de los
pueblos de la zona alta (donde se localiza La Presita), los “hom-
bres fuertes mazahuas” o caciques comerciales y modernos de la
zona baja establecieron otro tipo de relaciones de poder económi-
co con los pequeños productores comerciales, pues la lucha se
daba más en términos de accesibilidad a los mercados que “sacar
de apuros” para subsistir. Asimismo, los caciques modernos no sólo
se aliaban más al poder de las élites mestizas de San Felipe del
Progreso, sino que se integraron rápidamente a ellas, dominando
las ramas comerciales (compra y venta de semillas de maíz, ave-
na, haba, forrajes, ganado, insumos y maquinaria agrícola), finan-
cieras y políticas (Margolies, 1975).
Quizá por revancha, resentimiento o democracia, la clase polí-
tica de San Felipe del Progreso (las élites mestizas y los ex hacen-
dados), después del reparto colocaron tres presidentes municipa-
les indígenas mazahuas, uno tras de otro: Severiano López (1940);
Mateo Sánchez (1940-1941) y Macario Durán (1942-1943). Los
dos primeros fueron asesinados por venganza y defensa. El pri-
mero más famoso que el segundo, pero ambos eran asesinos, vio-
ladores, mujeriegos y borrachos, con pistola en mano y autoridad
política hacían justicia por su propia mano y el que no obedeciera,
que se le matara, era la política más rápida para acabar con los
problemas. El tercero, poco más instruido que los antecesores,
menos violento pero más mujeriego (mas no en forma brutal, sino
enamoradizo), llegó a enriquecerse con la compra-venta de semi-
llas de maíz y solapó las prácticas de acaparamiento de maíz en-
tre los caciques (véase Yhmoff, 1979, pp. 238-243).
No ha habido otro presidente municipal mazahua desde enton-
ces, lo que no significa que varios líderes construidos y apoyados
desde las comunidades (y no escogidos por la insensatez de las
élites con fines nebulosos) no hayan tratado de llegar a los pues-

A NÁLISIS 27
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

tos políticos para reivindicar la imagen negada y dañina que deja-


ron los tres presidentes (ibíd.). Margolies (1975) argumenta que
los tres presidentes no fueron ejemplares y perjudicaron la ya de-
teriorada imagen del indio miserable, y pese a que eran de origen
mazahua, pobres y ex acasillados, los lugareños indígenas no los
soportaron por mucho tiempo (sólo en el segundo asesinato se
rebelaron en protesta). No siendo así para los caciques, hacia quie-
nes mostraron gran indulgencia.
Arizpe (1978) arguye que los mazahuas pobres toleraron la
relación de poder que los caciques establecieron (quienes consti-
tuyen un pequeño segmento de la burguesía rural) porque prote-
gían sus costumbres y el sistema simbólico tradicional, lo que les
permitía una cierta integridad de la comunidad mazahua. Pero
además, debiéramos agregar que los mazahuas aceptaron el
cacicazgo también para tener una alternativa disponible en cual-
mazahua

quier situación de crisis de subsistencia. Según Arizpe, este siste-


ma simbólico o costumbre, como ella lo llama, se basa en un
mecanismo de defensa contra el hostil mundo mestizo. Así, la
figura del “hombre fuerte” juega un papel importante en la confor-
midad y distribución de riquezas tolerada y admitida por la comuni-
dad, de tal manera que las costumbres establecen los límites que
impiden la acumulación de capital y la diferenciación social dentro
de la comunidad (ibíd., p. 200).
Schryer (1990) crítica esta interpretación, pues Arizpe pasa por
alto el proceso de diferenciación social dentro de las comunidades
mazahuas. Coyuntura en la cual las costumbres que sancionaban
el enriquecimiento no evitaron que algunos hogares “progresaran”
al “salir adelante”. Es cierto, como lo veremos en los siguientes
párrafos, que algunos hogares mejoran sus condiciones de vida
por la vía de múltiples elecciones, y que mucha otras van empo-
breciéndose por otras tantas vías, causadas principalmente por
injerencia estructural de corte económico, cultural, ideológico o
simbólico. Pero también debemos reconocer que la diferenciación
social dentro de la comunidad, establecida por el mejoramiento de
vida de algunos hogares, se da dentro de un margen de legalidad

28 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
socialmente aceptada en la comunidad. Cuando este ámbito es
transgredido, es decir, que algunos hogares empiezan a enrique-
cerse fuera de las vías socialmente permitidas, emergen conflictos
internos que, según Schryer, corresponden más al ámbito de la
etnicidad que al de lucha de clases sociales.
Si partimos de la experiencia de la constitución del ejido
La Presita, donde los 196 hogares beneficiados de una dotación
parcelaria, se encontraban todos desprovistos de recursos para
echar a andar su producción, valdría la pena preguntarnos no
solamente ¿por cuáles vías se dieron las diferenciaciones entre
los hogares?, sino también, ¿cómo la dinámica social legitima ciertas
vías y otras las sanciona en función de guardar una integridad o
continuidad de la comunidad? Las respuestas a ambas preguntas
tienen una implicación directa en el entendimiento de las estrategias
de reproducción social de los hogares mazahuas, los que son
ampliamente analizados en otro estudio. Lo que aquí vale la pena
puntualizar, es que la presencia de “hombres fuertes” y sus
relaciones de poder en la comunidad no fueron los únicos elementos
de diferenciación y conflicto social en la recién conformación del ejido.
Así como muchos ejidos recién formados, el reparto de
mayordomías con autonomía se recuperó y restableció en La Presita
a partir de su conformación legal. Siendo que la primera distribu-
ción de cargos o mayordomías entre los varones mazahuas
constituyó otra premisa al proceso de diferenciación, y ya no
únicamente entre hogares sino entre géneros y generaciones.

Si Adelita se fuera con otro…

…estábamos trabajando en la casa de los Doler, cuando nos


dimos cuenta (que uno de los bandidos) había reventado la
puerta, estaba muy tomado y delante de nosotras empezó a
orinarse en unos vasos e hizo que nos la tomáramos, desde
entonces aborrezco la cerveza… (testimonio de Estebana
Montoya, en Gutiérrez, 1997, p. 118).

A NÁLISIS 29
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

Para qué decir más de la violencia contra las mujeres campesinas


e indígenas que la Revolución produjo. No sólo los abusos físicos
hacia ellas, cuando “la bola” pasaba por encima de los pueblos
dejó marcas profundas, también lo fue el sentimiento de impoten-
cia de defenderse, defender a sus hijos, padres, hermanos y espo-
sos. Muchas de ellas fueran arrebatadas de sus terruños con fines
estratégicos militares y federales (molenderas, cocineras y desfo-
gue sexual masculino) (Stern, 1995), y otras para llevarlas a colo-
nizar (poblar) regiones abandonadas, pero se sabe que muchas
de ellas en el camino fueron abandonadas embarazadas o asalta-
das por otros bandos (por ejemplo: Huerta robó 300 muchachas
de Morelos de 14 años aproximadamente para ir a poblar Quinta-
na Roo; Soto, 1990, p.32).
No todas (aunque sí mayoritariamente) las mujeres fueron
víctimas de la violencia masculina revolucionaria. También las hu-
mazahua

bieron valientes, las llamadas soldaderas que se afiliaron a bata-


llones revolucionarios como fueron: la Adelita, la Trailera, la
Valentina, la Coronela Carmela, la Chinita Maderista y la “Generala”
Herrera (a ella nunca se le otorgó el grado por ser mujer; Salas,
1994, p.99). Muchas otras jóvenes no tan famosas, por no tener un
“corrido” que las inmortalizara,13 se unieron a los zapatistas y otras
a los villistas, pero nunca a los bandos del gobierno (maderistas,
carrancistas y huertistas). Precisamente, la hermana de Estebana…

…era muy valiente, se unió a los zapatistas para conseguir


comida; cuando regresaba de sus andanzas, algunas perso-
nas que sabían que traía maíz se le acercaban para pedirle.
Muchas veces los revolucionarios nos ponían a moler maíz y
hacerles de comer, las mujeres (ricas) que podían se escon-
dían en cualquier parte.

13
El “corrido” revolucionario es un canto con coplas y en rima que narra las acciones
heroicas de un personaje revolucionario; los corridos se cantaban en los
campamentos por las noches, en las cantinas, y poco a poco se fueron haciendo
populares.

30 E STUDIOS A GRARIOS
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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
Pero no todas fueron valientes soldaderas, la mayoría eran muje-
res que despojadas de sus terruños seguían a “sus varones” en
los campos de batalla. Su papel más importante fue sobre todo el
apoyo logístico revolucionario, se les veía caminando largas dis-
tancias cargando los pesados metates, en ocasiones cargando sus
bebés, costales de maíz y hierbas para la provisión de tortillas y el
cuidado de los heridos y enfermos (véase Salas, 1994). Pese a
sus heroicas acciones militares y su papel vital en el aprovisiona-
miento y preparación de las tortillas, su reconocimiento se limitó a
distinguirlas como “la esencia de la feminidad mexicana” (Soto,
1990). Tanta esencia, que el discurso postrevolucionario distinguió
dos estereotipos de soldaderas: las buenas, que siguen a su “va-
rón” (la Adelita, la Valentina), y las malas, por andar de prostitutas
entre los coroneles y generales como lo fue la Pintada (véase Sa-
las, 1994 y Stern, 1990).
Pese a que la Revolución fue una lucha de ambos sexos, el
movimiento nació y se identificó como un evento patriarcal (Salas,
1994). Según Stern (1995), si bien la Revolución Mexicana, aun-
que directamente patriarcal en su visión de un hombre subalterno
liberado, produjo expectativas defensivas en la diferenciación social
y generó nuevas experiencias de lucha por el derecho equitativo
creando espacios con efectos subversivos para combatir el viejo
régimen dictatorial, relativamente marginó a las mujeres en sus
propuestas concretas. En otras palabras, se constituía un nuevo
contexto social bajo el prejuicio de una continuidad de las viejas
dinámicas de democracia patriarcal que incluso se institu-
cionalizaron en el nuevo modelo hegemónico, minimizando delibe-
radamente las cuestiones de género.
Los espacios femeninos que eventualmente se dieron como
consecuencia de la Revolución, se abrieron gracias al activismo
de algunas mujeres pertenecientes a las clases acomodadas y me-
dias urbanas. Su lucha evocó el reconocimiento de las mujeres
como ciudadanas y el derecho al voto a través de un sinnúmero de
ligas, clubes y organizaciones feministas, las que correspondían a
distintas corrientes ideológicas importadas de Europa. Siendo que

A NÁLISIS 31
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

su presencia fue mejor aceptada en los partidos con ideologías


comunistas que en los postrevolucionarios, creando una visibili-
dad política y periodística en las ciudades de México y Mérida,
principalmente (véase Soto, 1990).14
Soto (1990) muestra particularmente que las acciones y movi-
mientos feministas desarrollados durante el mandato de Carrillo
Puerto en Mérida, Yucatán (1915-1924), fueron más intensos que
en el resto del país. Sus manifestaciones se difundieron rápida-
mente a nivel nacional, sobre todo a partir del Primer Congreso
Feminista en México organizado en 1915 por dos graduadas del
Instituto Literario de Niñas en la ciudad de Mérida; su propósito era
discutir los principales temas que reflejaban la condición femenina
durante el periodo de 1900 a 1915. Gracias al activismo y compro-
miso feminista de la hermana del gobernador de Yucatán, Elvia
Carrillo Puerto, se crearon las Ligas Feministas (1922-1924) abrien-
mazahua

do un espacio importante para la reivindicación de las mujeres


mexicanas en cuestiones de control de natalidad, divorcio legal,
educación, mujer y fuerza de trabajo. Pese a que sus propuestas
estaban más influenciadas por los movimientos emancipadores de
las feministas inglesas y norteamericanas que por las propias con-
diciones de las mujeres de diferentes clases sociales en México, la
intensidad de su movimiento logró alcances nacionales e interna-
cionales (Soto, 1990, pp.79-96). Muy pronto, los movimientos fe-
ministas habían expandido su lucha, alcanzando su reconocimien-
to en los principales partidos políticos que se conformaban en los
nuevos gobiernos revolucionarios. Así, en octubre de 1931, se rea-
lizó el Primer Congreso de Mujeres Trabajadoras y Campesinas,
el cual institucionalizó un foro nacional donde las mujeres pudie-
ran expresar sus propuestas viables hacia la equidad e igualdad
social. Desafortunadamente, las representantes de las mujeres
campesinas eran las mismas profesionistas e intelectuales de la

14
En el periódico del Anáhuac, las mujeres profesionistas tenían una sección titula-
da “Hijas de Anáhuac”; otro periódico feminista lo era La Corregidora (Soto, 1990).

32 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
clase media y alta, participando solamente una líder campesina
sonorense. Las mismas organizadoras o representantes recono-
cieron que las campesinas y trabajadoras no eran capaces de re-
presentarse debido a su apego a sus costumbres y a la Iglesia.
A pesar de la no representatividad, sus demandas resumían las
peticiones que se habían estado haciendo en las conferencias
postrevolucionarias: derecho a la tierra, exigiendo las mismas con-
diciones de reparto de tierra que los varones (ibíd., pp.107-109).
Las presiones femeninas hicieron valer sin duda los primeros
pasos hacia el cambio social. Al menos en los aspectos legislati-
vos y educativos, en los que se modificaron ciertas cláusulas
que comprendían parte de esa lucha por la igualdad, aspec-
tos que pronto encontraron barreras ideológicas en algunas comu-
nidades mazahuas.
En lo que concierne al aspecto legislativo, se sobreentiende
que las primeras legislaciones agrarias fueron el instrumento más
significativo del cambio social rural, sin embargo, hizo poca
referencia al status legal de la mujer y no la consideró como sujeto
para ser dotada de tierra (Velázquez, 1992, Mercado, 1997), pues
una cosa era el reconocimiento de la esencia femenina en la
guerra de la Revolución y otra, su “verdadero” papel en la socie-
dad (Soto, 1990, p.44). El legado ideológico de la “democracia pa-
triarcal” fue reforzado sin duda por las leyes agrarias (6 enero
de 1915; el Artículo 27 constitucional de 1917 y la Ley de Ejidos de
1920), donde el jefe del hogar rural (varón adulto), beneficiario di-
recto de las reformas agrarias, velaría “responsablemente” por el
bienestar de su unidad social primaria: la familia. Deere (1986)
apunta que estas medidas legales, ideológicas y estructurales obs-
taculizan la justa incorporación de la mujer a los beneficios direc-
tos de las reformas agrarias, aun cuando ella sea considerada como
jefe del hogar.

…Si no hay varones para heredar, algún hombre las obtendrá


(…) a las hijas no les tocó terrenito. No, eso le toca a su esposo,
no a usted. Cuando van a dar un cacho de milpa, van a dar

A NÁLISIS 33
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

todo a los hombres, todo. Porque yo no tengo milpa, más que


un cacho que tengo aquí (el solar o traspatio de 12 m2) que
dio mi cuñado, el hermano del difunto muerto de mi esposo,
que ya no está aquí (doña Gregoria de más de 60 años).

La mujer logró obtener un status legal agrario en 1927 dentro del


artículo 97 de la Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras,
reglamentaria del Artículo 27, en la cual considera que para ser
ejidatario, se requiere ser mexicano de 18 años de edad y en caso
de mujeres, ser solteras o viudas que sostengan familia (Mercado,
1997). Paradójicamente, las mujeres jefas de hogar (la mayoría
viudas) que lograron ser ejidatarias en el primer o segundo reparto
fueron discriminadas en el marco político organizacional del ejido
(Velázquez, 1992), es decir, tenían voz y voto pero no podían ser
miembros de los comités ni mucho menos aspirar a algún poder
mazahua

jerárquico dentro de ellos.

La mamá de la Lorenza, ésa se le murió su esposo y no tenía


cuñado ni se juntó pronto con otro, tenía creo que cinco hijas
mujeres y un muchacho. Por eso le dieron una milpa aquí
abajo, creo que no llegaba a una hectárea. Después se lo
juntó con uno que la dejó, ya tuvo otro muchacho, ya luego
un hijo se quedó con el terrenito (recuerda don Felipe).

Antes era pura miseria..., la lucha que le hizo mi difunta mamá


para que le dieran un terrenito, pues el difunto de mi papá ya
se había ido (al otro mundo). Ya me acuerdo, que me dejaba
en nuestra casita y cuidaba a mis hermanitos. No teníamos
pa’ comer, ya regresaba mi mamá de las juntas con un poco
de nixcomel que le daba una señora. Le decía: “¡ten Juana
para que a tus hijos no le chillen sus tripas!” Ya me acuerdo
cómo lloraba mi difunta mamá. Ya un día vino de la junta con
unos papeles y me dijo: “pos ya tenemos la parcela, ahora
vamos a echar pura milpa, pero no hay hombre”. Todos lo
echamos con la gracia del señor de la tienda grande. Ya me

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
casé, luego mi esposo ayudaba a la milpa de mi mamá y ya
luego mi hermano también, cuando eso crecieron unas mazor-
cas grandotas… (doña Lorenza, 72 años, aproximadamente).

Resulta interesante subrayar que dentro de la primera lista de 155


peticionarios, en 1928, para la dotación de tierras en La Presita,
no aparecía ninguna mujer. La nueva lista presentada en 1931, de
192 peticionarios, ya aparecían 17 mujeres que se encontraban en
una situación parecida a doña Juana, madre de Lorenza, es decir,
como jefes de familia. Es muy probable que la lucha feminista por
el derecho a la tierra haya repercutido hasta La Presita pues, se-
gún el comisariado ejidal, su padre le contó (ejidatario del primer
reparto) que en ese entonces vino Zacarías de México con mu-
chos papeles, ahí le dieron a las mujeres viudas y con hijos unos
terrenos. Hoy en día 22 mujeres son ejidatarias, las que por distin-
tas razones sólo dos corresponden a la descendencia de las
primeras ejidatarias. Una de las razones es que los ejidatarios que
no tuvieron hijos varones, le heredaron el derecho a una de sus
hijas. Otra es que los hijos morían antes de que les distribuyeran
su tierra, o bien, en algunos casos el único hijo varón del hogar
emigraba a la ciudad y ya no regresaba.

Aquí, aquí abajo donde se dice de riego (pero no tenía


agua), ahí le tocó su parcela a mi papá. Nomás una y media
le tocó…, no alcanza una y media, creo que una hectárea,
porque nomás tengo un hermano que era chico. Mi papá tie-
ne milpa, no me dio nada; bueno, un cachito que después se
lo di a mi hermano cuando ya regresó de México. Mi papá
pura milpa, ya lo va echar (sembrar). Mi hermano cuando jo-
ven (14 años) iba a México a trabajar. A mí me lo dijo, yo
quería, pero me dije cuál México y aquí me quedé. Yo pura
milpa, hacer puras tortillas me tocaba, me iba a cuidar mis
animales, hierba a recoger, que ya corta pura leña. Ya a los
14 creo… era muy chica, ya no me acuerdo, me casé y me fui
a la casa de mi difunto cuñado… (señora Segundo, 78 años

A NÁLISIS 35
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

de edad, originaria mazahua de la comunidad de Mayorazgo,


San Felipe del Progreso).15

El comisariado ejidal de La Presita, al igual que otros participantes


de su opinión (todos los varones entrevistados), reconocen que
las mujeres ejidatarias son muy cooperativas, que hacen el trabajo
que se les dice y dan sus cuotas casi siempre sin retardo. No obs-
tante su reconocimiento, asientan con firmeza que “no es la cos-
tumbre” que tomen la palabra en las reuniones y mucho menos
que tengan algún puesto en el comité ejidal; la razón es muy sim-
ple: son mujeres que deben atender las cuestiones de sus casas e
hijos, no tendrían tiempo de ir a México, o a la cabecera, o a Toluca
a arreglar los asuntos del ejido, además de que no saben bien
hablar el español, o escribir y leer.
En lo que concierne a las hijas que por ley no les correspondió
mazahua

beneficiarse del reparto agrario, “las costumbres” basadas en la


continuidad de las estructuras del sistema patriarcal le dieron su
lugar “correcto”, reforzando a su vez el sistema patrilineal y patrilocal
de las comunidades mazahuas. El matrimonio “temprano” por arre-
glo fue una de las tácticas más eficaces para que las hijas del
reparto agrario encontraran su lugar correspondiente en la confor-
mación de los grupos domésticos de producción campesina
(Vizcarra, 1996). Los jefes del hogar y sus hijos varones recibían,
distribuían y heredaban parcelas, las hijas o nietas eran práctica-
mente expulsadas, en su “beneficio”. El intercambio de mujeres,
las que se van para asegurar su subsistencia y las que llegan para
preparar y dar de comer, son las contradicciones aparentes del
sistema de reproducción de los hogares que trataré más adelante.

Me casé, a los 14 años (…); yo no quería casarme con uno


que ni lo conocía. Los papás de ese que fue mi esposo, vinie-

15
Estos testimonios forman parte de la historia de la vida de varias mujeres mazahuas
a quienes entrevistamos en 1992 (véase Clifton, Pineda y Vizcarra, 1997).

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
ron a buscarme. Me obligó mi mamá: “cásate, porque a lo
mejor vas a faltar algo, aquí no hay nada para ti”, ..entonces
dijo mi difunto mi abuelito: “Sí cierto, cásate, cásate”. ¡Qué
triste que era mi vida! Ya me lo fui con ese mi esposo, a San
Miguel, yo era de otra comunidad, de Guadalupe Cote. Viví
en la casa de mis suegros y mi cuñado ya tenía esposa e
hijos. Qué te van a querer, puro mandado que voy a traer,
moler el nixcomel, echar tortilla, si no lo hacía bien ya mi sue-
gra me lo pegaba, mi cuñado también, la que era esposa de
mi cuñado si me lo entendía y me dio un rebozo. Ya después
tuve hijos (9 embarazos y 5 vivos) y me fui para acá que es
mi casita, ya cuando mi esposo trabajó su milpa, ya era dife-
rente. Él trabajó más en México y ya traía un pancito o una
carnita, pero ya mi difunto esposo se murió, le daba al puro
pulque (doña Gregoria).

A saber, la madre de Gregoria también se casó o juntó en amasiato


con otro señor. Siendo esta salida otra táctica de las mujeres que
no tenían esposos e hijos varones, ni derecho a tierra. Buscando
un esposo (pero también hubo varones viudos que buscaban mu-
jer), encontraban una manera de “ganarse la vida”, es decir, de
asegurar su subsistencia, haciendo sus actividades domésticas,
indispensables en la dinámica de reproducción de los hogares (ob-
viamente, entre las que destaca la responsabilidad de preparar los
tacos todos los días).
En cierta manera, la expulsión de las jóvenes les aseguraba
tener un techo y alimento. En el mejor de los casos, si aún tenían
padre, éste les heredaba, y aún es la costumbre, los animales de
corral, borregos, mulas, caballos, vacas y/o yuntas, como recom-
pensa de que no les correspondía una parcela. Debido a que no
contamos con relatos de vida durante la Colonia, difícilmente po-
demos deducir si estas formas sociales sobre las responsabilida-
des y herencia de los animales en beneficio de las mujeres
mazahuas, fue una de las transformaciones sociales que se dieron
al introducirse los animales (traídos del Viejo Mundo) a sus modos

A NÁLISIS 37
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

de vida. Lo que sí podemos precisar es que el reparto agrario ex-


cluyó a la mayoría de las mujeres del recurso tierra y que la
redistribución de animales justifica de alguna manera la desigual-
dad en la repartición de recursos entre los géneros.
A pesar de que las mujeres heredaban los animales de carga y
tiro, el manejo de éstos es realizado por varones, porque social-
mente consideran que son trabajos rudos y pesados. Sin embar-
go, la decisión sobre su venta o renta recae sobre las mujeres.
En cambio, el cuidado de los borregos, pastoreo, alimentar a los
pollos y gallinas son competencia de las mujeres (Chamoux, 1978).
Se puede decir que los acondicionamientos culturales o costum-
bres patriarcales fundados en la división sexual socialmente
correcta (Deere, 1986), fueron más dominantes que el solo marco
legal para que las mujeres se beneficiaran directamente de las
reformas agrarias (Mercado, 1997). Don Felipe afirma convencido
mazahua

que la Revolución hizo justicia para hombres y mujeres pobres del


campo, “ya cuando se repartió la tierra, ya teníamos la tierra”; en
cuanto a las mujeres, “…ya las mujeres no trabajaban tanto en el
campo, ya se quedaban en su casa como tenía que ser”.

La asignación genérica
de los derechos a la tierra y del maíz

En los párrafos anteriores dejamos de manifiesto que el acceso a


la tierra había quedado aparentemente resuelto cuando se repar-
tieron, en un proceso interno, las tierras en el ejido La Presita. Sin
embargo, también se observó que este reparto no fue equitativo
respecto a otros ejidos y predios que tenían mejores condiciones
de suelo y acceso al riego, además de que excluía ideológicamen-
te de tal reparto, aunque no del todo, a las mujeres. Razón que no
impide que la tierra sea un recurso altamente valorado entre las
comunidades tanto por varones como mujeres mazahuas. Pero,
¿acaso esta valorización no es diferencial y equitativa?; y si así
fuese, ¿el reconocimiento de la valorización de la tierra como el

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mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
recurso más apreciado se da porque permite asegurar el taco de la
familia durante todo el año (o al menos una buena parte del año)?
Por lo general, la primera respuesta que viene a la mente es que,
al controlar en cualquier régimen de propiedad su predio, asegu-
ran que el producto de su trabajo ejercido en el cultivo de maíz,
organizado según la división sexual del trabajo vigente, regrese en
“reciprocidad” a las manos y familiares de quienes la trabajaron.
Warman (1976) responde parecidamente; además de los aspec-
tos simbólicos de la cultura del maíz, dicho autor sostiene que la
tierra es el seguro de vida de los campesinos, y que la elección del
cultivo de maíz se debe no sólo porque era una especie fácilmente
adaptable a tierras de temporal o por ser el único cultivo que domi-
naban, sino porque la continuidad o persistencia de la producción
de maíz garantizaba su consumo directo, el sustento de la familia
por un largo periodo y en concecuencia la autonomía alimentaria.
Retomando las interpretaciones de Sandstrom (1991), para los
nahuas de Amatlán, además de que la tierra representa el
patrimonio familiar, herencia ancestral, la tierra es un vehículo para
cultivar el maíz. Pues el maíz no solamente representa una oportu-
nidad de proporcionar una buena alimentación a los hogares cam-
pesinos, también su producción obedece a una lógica racional
campesina e indígena. En otras palabras, la producción de maíz
no se debe a una tradición innata o de conservación natural de una
sociedad indígena, sino a un uso económico y socialmente apro-
piado de los recursos respecto a otros.
Para las familias mazahuas que he entrevistado, la tierra es en
parte un seguro de vida y un vehículo o recurso para cultivar el
maíz, pero también es un instrumento de poder, control, patrimo-
nio, demarcación de responsabilidades y de afianzamiento patriar-
cal, y algo más cuando se dice: “él es el Mejomu” (propietario o
poseedor de tierra).
La noción de propiedad y de posesión cambia de una sociedad
a otra, además de que está sujeta a cambios que responden a las
reformas agrarias de cada país y prácticas y costumbres propias

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

de cada localidad; la clase y la situación legal de la propiedad de la


tierra tienen tendencia a reflejar las relaciones de poder entre las
clases y entre los géneros (Boserup, 1970; Kandiyoti, 1986; Agarwal,
1994; Rocheleau et al., 1996; Pottier, 1999). Para los hogares
mazahuas estos derechos son sin duda asimétricos, pues para las
mujeres la única manera que existía hasta 1992 (fecha en que se
aprobó el cambio a la Reforma Agraria) para adjudicarse legal-
mente un derecho o título ejidal sobre alguna propiedad, ya que no
era suficiente con ser viuda de un titular, era contar con la rigurosa
aprobación de la asamblea ejidal (mayoritariamente masculina).
Todas las mujeres entrevistadas que fueron “hijas del reparto
agrario” (hijas de los primeros titulares ejidatarios) quedaron
excluidas del acceso a la herencia de la tierra. Situación que no
puede traducirse en que ellas quedaron marcadas en una relación
de inferioridad y en minusvalía, pues la imposibilidad de acceder a
mazahua

la tierra no implica que una vez relacionadas en conyugalidad y


maternidad (madresposa)16 con un varón poseedor de tierra, a las
mujeres se les impida controlar el maíz para el “gasto diario” de la
familia (tortillas, alimento para los animales de corral y animales
de tiro y carga).

...por ejemplo ahorita de barbacoyero17 saco lo que caiga uno.


Por ejemplo ahora que maté 18 borregos el viernes me pue-
do ganar 200 o 300, de ahí y con eso para el gasto nomás.
Lo que saco de maíz, pus también es para el gasto. Eso sí,
mi señora manda el gasto. Yo nomás me quedo con el maíz

16
Para Lagarde (1990), madresposa está compuesto del binomio conyugalidad y
maternidad. El binomio es una condición constitutiva que rige la vida de la mujer en
la sociedad y la cultura patriarcal. Este binomio es prácticamente indisoluble en las
sociedades donde la adquisición del género femenino se da en función de asignarle
dos papeles fundamentales inasociables: como madres, al asegurar la reproducción
de herederos que otorguen la continuidad genealógica del varón (madre), y, como
esposas porque en ellas recae la responsabilidad de cuidar y proteger las propieda-
des del varón (esposa), en beneficio de la reproducción social de la familia.
17
Persona (varón) que practica la matanza de borregos y los cocina en barbacoa.
En el caso de La Presita, la barbacoa es cocinada en un hoyo hecho en la tierra y
cubierto de hojas de maguey; se cuece en leña.

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
para la siembra del otro año. Mis hijos yo les doy, el jefe soy
yo, el que da órdenes de todo. Cuando viene llegando un
borrego yo le doy dinero a mi chamaco ahí a comprar, yo
mando a mis hijos a la escuela, a los seis (...) Mi casa la
construí yo, ahí me estaba ayudando mi chamaco, pero es
mía. Todo esto es mío, bueno cuando me muera pus se lo
doy a mis dos hijos (Aurelio, 54 años de edad).
Yo no compro maíz, sí me alcanza mi maíz. Yo siembro mi
terreno, ese maíz es para mi esposa, el maíz de mi hijo lo
juntamos, él ya tiene terreno para darle maíz a su esposa, lo
juntamos, nosotros tenemos que juntar para que alcance por
eso no compramos maíz... (consuegro de Fernanda, 57 años).

Al entrar al hogar el maíz cosechado por un grupo doméstico (nu-


clear o extenso), la mujer es la responsable de su control y uso. La
asignación formal de esta responsabilidad femenina está ligada a
la responsabilidad que adquiere como esposa del jefe del hogar y
no como hermana, hija o cuñada. El derecho al control y uso del
maíz están, sin embargo, matizados bajo una ideología del “buen
patriarca”,18 en la cual la esposa no sólo debe vigilar el buen uso y
gestión del maíz, sino que además cae bajo toda su responsabili-
dad su mal o buen manejo, creando conflictos entre los géneros y
entre las generaciones. Por ejemplo, la madre del jefe del hogar
puede aprovechar su status de autoridad sobre las nueras para

18
El entrecomillado del uso del adjetivo buen a la noción de patriarca replica el
cuestionamiento y abuso de la noción misma. Existe una abundante literatura femi-
nista sobre las contradicciones del concepto de patriarca para denunciar un siste-
ma de poder masculino sobre la vida y las condiciones (subordinación) de las muje-
res. Sin embargo, algunas feministas, principalmente filósofas, han contribuido a
desmitificar los tabúes en torno a las estructuras patriarcales, abriendo nuevos de-
bates en torno al poder y dominio (véase a Ehrenreich y English, 1978 y French M.,
1986). De aquí que el entrecomillado sugiere la otra lectura, misma que he tratado
de puntualizar a través del trabajo. La noción compuesta del “buen patriarca” la
utilizo entonces para referirme a la ideología lineal estructurada en torno a la respon-
sabilidad masculina de proveer los alimentos a la casa, pero que de facto, es la
mujer quien ejecuta y negocia toda una serie de actividades para cumplir con esa
responsabilidad (véase otros ejemplos del mismo fénomeno en Pottier, 1999, p. 33).

A NÁLISIS 41
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

decidir sobre el uso del maíz. A pesar de que el déficit del maíz
para cubrir las necesidades diarias del hogar para todo un año
depende de multivariables climatológicas, ecológicas, económicas
y aun sociales y familiares, es factible que en algunas situaciones
se acuse a las mujeres esposas como las principales causantes,
esto debido al mal manejo.
Por otra parte, los “atributos” del derecho al manejo del maíz
para el gasto, aunados con otras herencias materiales a que las
mujeres pueden heredar legítimamente consensuado por la comu-
nidad (como son los animales de corral, borregos, toros, burros y
vacas), no reducen la posibilidad de depender de un varón para
obtener maíz, pues el no tener acceso “legal” a la tierra por ser
mujer, y aun viuda, las coloca en un campo de vulnerabilidad ante
el conflicto en situaciones de escasez del maíz.
mazahua

...¡Muy miseria que estaba ese tiempo!, ¡hasta chillaba yo!,


¿qué voy a dar a mi hijo?... ¡Ya se fue a emborrachar! (refi-
riéndose a su esposo)... ¡Qué voy a dar una comida?... ¡Ya
va a venir ese borracho! y ya va decir dame de comer ...¿Qué
voy a dar?, hasta decía yo, me ponía a chillar yo, pero qué,
nada, nada qué voy a dar y ya... Me voy a buscar quelites, va
a haber pleitos, va a pegar, no va a querer... Pero no quería
trabajar esa milpa, teníamos esos terrenos, pus eran de ese
mi señor ...mmm ¡si fueran míos! ¿Qué vas a hacer si no
tienes nada, nada?... Si no quiere sembrar, ya va a decir, ya
va a pedir dinero, y ya va a empeñar su terrenito; y así era
antes, no quería, por eso no teníamos nada, nada... ¡Mi vida
no está buena! (doña Beatriz Mendoza, 68 años) (en Clifton,
Pineda y Vizcarra, 1997, p.41).

Entre las décadas de los cuarenta y cincuenta, cuando las hijas del
reparto agrario comenzaron a casarse, la mayoría de las entrevis-
tadas de esta generación admiten que sus vidas fueron tristes: “puro
sufrimiento y miseria”. Situación que se encuentra relacionada con
la escasez de alimentos y la preocupación de no tener qué comer

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
y faltar a su responsabilidad de madresposa. Pese a que algunas
de ellas quedaron huérfanas a temprana edad, como Fernanda,
sus habilidades para obtener un taco intercambiado por su trabajo:
ayudando a otra familia, trabajando en un hogar o cuidando borre-
gos, no eran referidas como la época más difícil de sus vidas; en
cambio, la experiencia vivida al adquirir el derecho al maíz para
dar de comer, derecho que se adjudica a la madresposa, recono-
cen que fue el periodo más “duro” de su subsistencia.
Los roles asignados para el uso y manejo del maíz, así como el
derecho a la propiedad son, sin duda, construidos en un ámbito
regulado por un marco jurídico y legal ejidal, pero también por las
estructuras sociales existentes. En efecto, debido a que las comu-
nidades mazahuas basan su estructura social en el sistema
patrilocal y patrilineal, las recién llegadas al hogar entran a un jue-
go de relaciones de poder al confrontarse con otras fuerzas que
luchan por el control y manejo del maíz en el hogar: la suegra y tal
vez las cuñadas. La negociación entre las partes es una constante
que permite la reproducción social del hogar extenso, lo que no
significa que las recién llegadas estén luchando al mismo tiempo
por lograr la separación de hogares y con ello el deslinde de res-
ponsabilidades sobre el control del maíz en el hogar. Para alcan-
zar la ansiada emancipación, es un requisito indispensable contar
con un terreno para construir la casa y una milpa para cultivar el
maíz. De aquí que las madresposas presionen para que sus espo-
sos sean poseedores de tierra lo más pronto posible, ya sea por
herencia en vida o que vayan adquiriendo terrenos por medio de la
compra, esto a cambio de lealtad y cumplimiento de su responsa-
bilidad de proteger a su familia descendiente y su patrimonio.
La herencia de la tierra ha sido parte de un largo proceso social
que conforma alguna de las costumbres de las comunidades
mazahuas. Con el régimen legal ejidal, las primeras transmisiones
por herencias de tierra en vida para sus hijos varones fueron
recreando, sin lugar a duda, la costumbre patrimonial. De esta ma-
nera, los hogares conformados a partir de la primera Reforma
Agraria y de la primera transferencia de tierra a sus hijos, que em-

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

pataban bien con las prácticas patriarcales, constituyeron las pau-


tas generales de reproducción social de los hogares. Dentro de las
cuales, sus miembros fueron adquiriendo experiencias de nego-
ciación y de complementariedad, encaminadas hacia un proceso
discontinuo de validación de su propia ética de subsistencia.
La historia de Fernanda (54 años) es un poco particular pero
muestra bien los procesos de validación. Ella quedó viuda muy
joven por lo que no tuvo tiempo de que su esposo heredara en vida
la tierra. Poco después muere su suegro dejando un hijo de ocho
años y cuatro mujeres. Fernanda vivió con sus tres hijos pequeños
en la casa de la suegra y sus cuñadas. Al cabo de dos años, muere
su suegra. Dado que su esposo y su suegro fueron pegados
(asesinados) por razones de “envidia” o pleito con otra familia, la
tierra quedó en manos del comisariado en turno con el fin de prote-
ger los bienes de los Matías, pero no de Fernanda, sino de su
mazahua

cuñado y en segundo término los hijos de Fernanda. Cuando


su cuñado creció con ayuda del “señor fuerte” y con el cuidado de
Fernanda, éste recuperó las tierras y el título de ejidatario, fue has-
ta entonces que Fernanda pudo rescatar una y un cuarto de hectá-
rea de las tres que les correspondían a sus dos hijos varones.
Mientras las tierras esperaban el crecimiento del cuñado y los hi-
jos de Fernanda, “era de ley trabajarlas”, por lo que otras personas
fueron “agarrando terreno”, además de que la suegra y la misma
Fernanda empeñaban los terrenos para “sacar el gasto” y compro-
miso de una mayordomía que le había dejado su “difunto” esposo.

Mi esposo nos dejó un pedacito de tierra, no mucho. Ya la


trabajó mi hijo de 14, 16 años, si no te la quitaban (Fernanda)
... Mi papá nos dejó como una hectárea y un cuarto más o
menos, lo que le trabajaba, lo demás ese lo empeñaron, lo
sembraron otra persona, y otros dos pedazos estaban bal-
díos (Pablo, su hijo).

El comisariado que turnó el caso al consejo ejidal, convenció a los


Matías de aceptar la tierra y no luchar por más, pues en el terreno

44 E STUDIOS A GRARIOS
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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
se encontraba cerca un pozo de agua y los beneficiaba un arroyo.
Como el agua es un bien común altamente valorizado, las facilida-
des de acceso a ella determinaron que los Matías aceptaran me-
nor cantidad de tierra de la que les correspondía. Puesto que el
título de ejidatario le pertenecía al cuñado de Fernanda, sus hijos
sólo recibieron un certificado de posesión. Esta cuestión colocaba
a los varones sin título ejidal al margen de intervenir en las decisio-
nes del ejido, y en el periodo del intervencionismo institucional a
partir de los setenta (el cual desarrollaré en los siguientes párra-
fos), los dejaba al igual que las mujeres, fuera de los programas y
“beneficios del desarrollo rural y agropecuario”. Creando nueva-
mente conflictos entre los titulares, quienes obtenían un lugar pri-
vilegiado al tener acceso al crédito, a la asistencia técnica, a la
capacitación, y los no titulares, incluyendo evidentemente a las
mujeres. Esta posición jerárquica dota a los beneficiarios ejidales
de un rango con mayor autoridad que los poseedores y poseedo-
ras sin título ejidal, y aunque dicen que respetan las leyes ejidales,
éstas las combinan con sus costumbres, así su posición social les
permite hacer cambios dentro de los límites del sistema patriarcal.
Por ejemplo, es la costumbre transferirle el certificado o título de
ejidatario al primogénito, pero:

...mi papá fue el primero al que le dieron tierras, luego me dio


a mí y a mis hermanos, y después... le di baja a uno de mis
hermanos (el mayor), porque era lo que (no) me iba tocar,
pero abandonó su casa con sus mujeres. Se fue, después
regresó. Entonces le preguntó mi papá, el difunto mi papá:
usted como que no quiere salir bien aquí y le pongo un casti-
go, le voy a quitar las tierras, la casa y quédate conforme
con 2 milpas. Lo dijo así mi papá a mi hermano: “te tocaba
el certificado a usted pero le va tocar acá en el último mucha-
cho, tú qué dices si te van a echar baja o tú vas a subir”.
“Pero tú ya no te subes porque no hubieras abandonado las
tierras”, ... se fue a mi casa donde vivo. Con mi otro hermano
ya ponemos allá afuera: “sabes qué, a ti te tocaba el certifica-

A NÁLISIS 45
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

do, pero ahorita va quedar el certificado a su nombre”, o sea que


yo me iba quedar. Le di baja y ya me dieron mi certificado, tengo
mi certificado, yo soy ejidatario y voy a las juntas. Hasta yo fui
secretario de comisariado ejidal (don Checo, 54 años).

Estas modalidades de castigo y negociación, desmitifican la rigi-


dez de las costumbres y ratifican una vez más las características
de la flexibilidad de las estrategias sociales de reproducción, alta-
mente sustentadas en la democracia patriarcal.

Mi papá era ejidatario, tuvo su papá que también fue ejidatario,


a los dos les tocó del mismo reparto. Mi abuelo le dejó su
título a un hermano, mi tío a otro hermano y mi papá me lo dio
a mí. Los tres hemos sido ejidatarios, tenía como 11 terrenos
o 12. Cada terreno, acabó de repartir a los muchachos. A mis
mazahua

hermanas no les tocó terreno, no pus no nos acostumbramos


de darle, pero mis hermanos sí tuvieron.

Las estructuras jerárquicas basadas en los derechos de propiedad no


limitan que los poseedores no ejidales quedaran al margen de las
decisiones comunitarias. En cambio, las mujeres son más suscepti-
bles de quedarse excluidas de toda decisión comunitaria y de nego-
ciación al interior del hogar respecto al control de la tierra, aunque les
concierna directamente en sus derechos sobre el maíz.19

La tierra es de mi esposo, lo compró ahora, apenas hectárea.


Sí le tocó pero, hace 5 años se quebró una de sus manos...
luego lo vendió su terreno, entonces nos quedamos sin terre-
no. Pero ese ya lo compró después, ese chiquito (se encuen-
tra en una pendiente pronunciada y las orillas se están
erosionando). Lo vendió para que se curara, parece que un

19
Esta situación no es exclusiva de las comunidades mazahuas, también la pode-
mos observar repetidamente en diversas comunidades pertenecientes a otros
grupos étnicos como los nahuas de Tlaxcala (véase Castañeda, 2000).

46 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
millón doscientos le dieron; ¡sí se curó, pero antes ya había-
mos gastado mucho, mucho! No se componía nada, nada, y
¡ay, cuando se vendió ese terreno! (suspiros largos)…, pues
ya sufrimos bastante, pero eso era mejor que cuando vivía-
mos con esa mi suegra. Ya fuimos con un yesero en
Atlacomulco... (Chela, 32 años).

El traspaso y venta, la renta y el empeño de parcelas constituyó


una práctica legítima en la comunidad, así como en muchos ejidos
mexicanos de parecidas condiciones (Rivera, 2000). Si bien la tie-
rra tiene un alto valor estimativo en cuanto al patrimonio familiar y
herencia para los hijos, alguna de estas prácticas se realizaba sólo
en caso de extrema urgencia. A pesar de que en la actualidad son
sumamente escasas, en el pasado muchas mujeres que quedaron
a cargo del hogar, por falta de recursos, rentaban parcelas en es-
pera de que sus hijos crecieran, como fue el caso de Fernanda y la
madre de una de sus nueras:

Mi papá se murió cuando yo tenía 4 años, estaba muy chiqui-


ta cuando se murió, sí nos dejó tierra, ¡uh! Pus de tierra eso
sí teníamos mucho, como 5 hectáreas nos dejó, sí, pero se
murió cuando todavía está bien chiquitos nosotros. Pero quién
lo iba trabajar, pus mi mamá eso lo rentaba, pero no lo alcan-
zaba (Teresa, esposa de Pablo, 30 años).

La renta de las parcelas por las mujeres son aceptadas en la co-


munidad, de hecho no se hacen usualmente contratos, sino que se
establecen “a la palabra”. En cambio, el traspaso, la compra y la
venta de parcelas por y para mujeres es mal visto en la comuni-
dad, aun si tienen un certificado de posesión. Pablo manifiesta que
esta costumbre garantiza de alguna manera que los hombres ten-
gan el control de decidir sobre el patrimonio el futuro de sus hijos
varones. Esta actitud responde claramente a los roles genéricos
de acceso a los recursos: la tierra es de asignación masculina y el
derecho al gasto diario del maíz es de asignación femenina.

A NÁLISIS 47
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

La tierra no es un bien movible, los varones se quedan en ella; el


maíz es un bien movible y circulante, las mujeres se van con él.
Esta misma actitud se aplica para la herencia en vida de los ani-
males de tiro, de carga, borregos, cerdos y aves. A los hijos que no
alcanzaron tierra o bien les tocó un terreno de mala calidad, y a las
hijas se les reparte paulatinamente en vida los animales que exis-
tan en el hogar.
El acceso al derecho de la propiedad de la casa y el traspatio
tienen por lo general una asignación genérica masculina, pero
la mayoría de los varones reconocen que el espacio es femenino
o de sus esposas, aunque ellas no tengan ningún derecho sobre el
bien, son ellas las que manejan los recursos en estos espacios.
Bajo el pensamiento ideológico del “buen patriarca”, el varón mazahua
seguirá siendo el responsable de proveer los medios del sustento
y la mujer quien les dé el buen uso, pese a que en la práctica
mazahua

se observan acciones contradictorias, como las antes enunciadas.


El estudio reciente de Rivera (2000) muestra que son muy po-
cos los hogares en La Presita que no poseen tierras, aunque sea
únicamente para sustentar la vivienda. De hecho, los varones que
son jefes de hogar pero que no poseen tierra y viven en tierra aje-
na, aunque sea de un familiar, son considerados desposeídos.
Obviamente, las mujeres no tienen esta etiqueta, pues la tierra no
es de asignación femenina.20 Sin embargo, tanto varones jefes de
hogar como mujeres madresposas y también viudas con hijos no
casados, se procuran ingresos con el fin de comprar tierras y cons-
truir cuartos o viviendas para así otorgarle un mejor patrimonio a
sus hijos varones.
Al igual que Rivera, pudimos constatar que como una norma
propia de la comunidad, los traspasos de tierras implican la reali-
zación de un contrato por parte del comisariado ejidal con dos tes-
tigos, la esposa y un hijo. Si la esposa no está de acuerdo no se
hace la constancia. Con ello se evita que los hombres vendan por
su cuenta los terrenos y se gasten el dinero en alcohol. Al parecer

20
Más bien tienen otras categorías, como fracasadas, flojas e irresponsables.

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
esta norma estaría en contradicción a la “ideología patriarcal”, pero
finalmente corresponde al mismo raciocinio: la protección del pa-
trimonio familiar. Estas prácticas han comenzado a cambiar en los
últimos ocho años, a partir de que se promueve un cambio radical
en la Constitución mexicana y se da la segunda Reforma Agra-
ria en 1992.

¿Prácticas de restricción o de equidad a los recursos?

Al mismo tiempo que se establecieron las pautas de negociación


para ir conformando los hogares, el tamaño y el número de los
predios o parcelas y casas, también se delimitaban sus fronteras
entre ellas y se negociaban los puentes y rutas de comunicación.
Generalmente se estableció como norma ceder la misma propor-
ción por cada terreno; si se tratase de una calle, se ceden 2.5 me-
tros de un lado y lo mismo del otro, y para los caminos de las
personas se negocia hasta hileras de surcos. Del mismo modo
se establecen los acuerdos para el consumo y explotación de los
pozos de agua, es decir, un consumo racional para los vecinos que
la administran.

…ahí hicimos un pocito, el pozo de antes lo tapamos mi her-


mano y yo, para meter manguera en el de arriba, el del árbol.
Esa agua es la que llega. Es pozo comunal, los que le hicie-
ron la lucha de trabajar ahí, sí toman agua, los que no pus ya
no. Cuando hay sequía no los dejamos sacar, pero si hay
buen temporal, entonces sí les dejamos. Ahorita, hasta nadie
cuida porque simplemente dejamos una llave ahí, es para la
gente que le hizo la lucha, puros vecinos. Los que no pueden
subir el agua, pues a los vecinos les dejamos una llave para
que ellos tomen. Agarramos el agua y…nadie nos dice, pues
ya saben (hijos de Fernanda).
...muy poco que llega agua su casa, casi no. Porque ahí
cerquita del pozo está el vecino, y ese sí le llega hasta acá en

A NÁLISIS 49
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

el centro, nada más. No, no toda, yo no tengo (su casa se


encuentra en lo alto de una loma), no todo el pueblo tiene
agua, hay creo que 25 personas que tienen agua (en) su casa,
otros al pozo y al río vamos (Herminia, 45 años, vecina de
Fernanda).

Aunado a las quejas constantes de algunos vecinos que ven mal-


tratadas sus plantas de maíz por el paso de borregos, mulas, ca-
ballos o toros de otro vecino, los pleitos generados por la falta de
respeto a los acuerdos son muy frecuentes y dependiendo de la
magnitud, éstos pueden ser resueltos entre las partes afectadas o
bien pueden llegar a resolverse con la intervención de autoridades
locales y municipales. Los “pequeños” incidentes que forman
parte de la vida cotidiana de los hogares en la comunidad son muy
significativos, no sólo por el deslinde y demarcación de las propie-
mazahua

dades, sino porque está estrechamente relacionado con la


equidad y la ética de subsistencia. Un surco o unas plantas de más
o de menos pueden implicar un día menos de comida para unos y
un día más de comida para otros. Tal vez las demarcaciones de las
parcelas en ángulos rectos (cuadrados y rectángulos), herencia
prehispánica, han contribuido a través del tiempo a referenciar el
tipo de relaciones de respeto tanto a la propiedad individual
(hogar) como a sus recursos naturales y productivos que les
pertenecen: son la fuente primaria del sustento familiar. Por ello
las mujeres son las que más vigilan el cumplimiento del acuerdo
y las que más protestan en caso de incumplimiento o allanamiento
a sus recursos.
El celo por el respeto a los acuerdos es uno de los resultados
del proceso histórico consecuente de la Reforma Agraria, pues como
lo mencionamos anteriormente, una vez que tenían las tierras en
ejido, los recién formados hogares carecían de otros medios pro-
ductivos (principalmente herramientas de trabajo y semillas), con
lo único que contaban era con su propia fuerza de trabajo indivi-
dual y colectivo, su voluntad, su saber hacer y la disponibilidad de
“ayuda” que ofrecían los nuevos “hombres fuertes”. La necesidad

50 E STUDIOS A GRARIOS
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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
de un ingreso o de apoyos para la producción se establecía como
una necesidad inminente para restaurar, no solamente sus siste-
mas de producción-autoconsumo de maíz, frijol y haba, sino ade-
más sus costumbres “culturales”, como son las fiestas cívico-reli-
giosas, así como los gastos para el hogar que se fueron incorpo-
rando con el tiempo de la modernización mexicana (alimentos
industrializados como el aceite y el azúcar; zapatos, rebozos, som-
breros, pantalones y tela para las enaguas).
Si bien la incorporación de ingresos al hogar obedece a un
proceso de esfuerzo “obligado” individual por parte de un miem-
bro o varios de cada hogar, y aunque “hacerle la lucha para
ganarse la vida” y las formas de distribución para el gasto
obedecen a la lógica de la reproducción del hogar como una
entidad individual (fundamento de la modernidad), el ingreso tam-
bién proporciona elementos reproductivos de la comunidad a
través del respeto a los acuerdos y compromisos sociales, y la
violación a éstos origina conflictos, rechazo y desprestigio. De
hecho, si los miembros u hogares en conflicto no llegasen a una
negociación, se pueden crear serios problemas hasta al grado
de incurrir en actos criminales o de violencia, como fueron los
asesinatos del esposo y suegro de Fernanda. Del mismo modo,
y contrariamente a que el cultivo de maíz exige un esfuerzo
familiar y colectivo, la producción que se obtenga de éste y de
otros cultivos le pertenece únicamente al hogar propietario o
alquilador de la tierra, y las tomas de decisiones sobre las for-
mas de redistribución familiar, intrafamiliar y colectiva le compe-
ten sólo al hogar dueño. Tomar maíz de una parcela ajena sin el
consentimiento del hogar propietario, puede causar graves re-
sentimientos tanto para varones como para mujeres de todas
las edades. Estas actitudes originadas por el acceso limitado a
los recursos, obviamente se refuerzan frente a situaciones de
escasez de maíz, tierra y agua, inclusive.
Los montes y praderas de propiedad colectiva ejidal tienen un
manejo no muy distinto, con todo y que su resguardo es de res-
ponsabilidad comunitaria. Al conformarse el ejido La Presita

A NÁLISIS 51
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

quedaron registradas 120 hectáreas de bosque en el monte y cua-


tro hectáreas para escuelas, y permaneció bajo la responsabilidad
del consejo ejidal evitar su reducción o destrucción. La vigilancia
de los bosques por parte de los ejidatarios se restringía a evitar la
tala de árboles y la parcelización. En un principio estos acuerdos
no eran muy respetados debido a que el bosque siempre había
sido la principal fuente de acceso de los hogares para recolectar
leña (indispensable para cocinar las tortillas), los hongos de monte
y arvenses comestibles y medicinales (en épocas de lluvia), cual-
quier modificación que afectase el manejo del monte o bosque afec-
taría la vida cotidiana de los hogares, específicamente la de las
mujeres y niños quienes son los responsables de ir a buscarlos y
acarrearlos al hogar. Aunque se había aceptado en acuerdo comu-
nitario y legal conforme al reglamento ejidal, el conservar los bos-
ques como reserva natural, existió por más de 40 años (1936 a
mazahua

1980) una complicidad femenina y en menor grado masculina, para


permitirse buscar troncos, ramas, plantas y hongos en las áreas
“protegidas” con fines de uso doméstico únicamente.
Entre la vegetación original que predomina en la comunidad,
aparte de la raíz de zacatón y de una variedad de más de 43 espe-
cies de arvenses oriundas (Chávez, 1997), se encuentran en el
estrato arbóreo: pino, encino, aile, pino amarillo y real, ocotales y
encino chino; en el estrato arbustivo, el madroño; en la familia
de las cactáceas predominan los nopales; en el estrato herbáceo:
la escoba, la papa sarracena y otras especies cuyas ramas, tallos
y hojas secas son utilizadas para el fogón del hogar (incluyendo
los magueyes).
En lo que se refiere a las áreas de baldío y monte con raíz de
zacatón, se combinaban la explotación de raíz y el pastoreo de las
ovejas; al menos hasta hace dos décadas, éstas eran confinadas
con toda libertad a la comunidad: mujeres y niños para el pastoreo
y varones para la extracción de raíz.
Las combinaciones de prácticas y actitudes que garantizan de
alguna manera la accesibilidad y el resguardo de maíz y otros
recursos de uso individual y colectivo son, sin duda, parte del pro-

52 E STUDIOS A GRARIOS
mazahua
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
ceso histórico de las comunidades campesinas mazahuas. Se pue-
de decir que bajo estos procesos se van confeccionando a su vez
los ámbitos de reciprocidad que orientan la ética de subsistencia
de los campesinos mazahuas.

Las nuevas reformas

La migración y el acceso al ingreso generado en actividades no


agrícolas (trabajo doméstico o servidumbre, trabajo en la construc-
ción, el comercio ambulante y otros), constituyeron desde la for-
mación del ejido La Presita, actividades claves para asegurar la
reproducción social de muchos hogares mazahuas. Sin embargo,
éstas no contrarrestaron la importancia vital de poseer una parcela
y cultivarla con maíz para asegurar su existencia campesina.
No obstante, la acentuada migración y la inserción al mercado
de trabajo como principal fuente de ingreso, junto con la degrada-
ción de sus suelos y el achicamiento de sus parcelas a través de la
repartición generacional masculina, han marcado la identidad de
la población de La Presita, es decir, se les ha dado la categoría
social de productores de subsistencia, población con extrema
pobreza y familias marginadas. Con estas etiquetas se les han pro-
movido igualmente programas sociales y productivos en los últi-
mos 20 años. Dentro de estos programas se ven incluidas refor-
mas que en teoría deberían facilitar el acceso al bienestar de estas
familias, siendo una de ellas la Reforma al Artículo 27.
En efecto, la polémica debatida en torno al “nuevo agrarismo”
en México, el cual proviene de los cambios al Artículo 27 constitu-
cional y de la nueva legislación agraria puesta en vigor en febrero
de 1992,21 se orienta, por una parte, a que las nuevas reformas
tienen fines para canalizar mayores recursos económicos y finan-

21
Por razones de orden práctico, el Estado ya había puesto fin a la reforma agraria
en el sexenio de López Portillo (1976-1982). Época en que todas las políticas ponían
el énfasis al aumento de la producción agropecuaria a través de la Ley de Fomento

A NÁLISIS 53
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

cieros del sector privado a la agricultura, aspecto que se considera


decisivo para la capitalización del campo; pero por otra parte, se
considera que las acciones del Estado están vinculadas con los
procesos de globalización y de inserción al libre mercado, por lo
que estas acciones tendrían impactos diferenciados según la es-
tructura productiva social del agro mexicano.22
El retiro del Estado paternalista del sector ejidal, pone al merca-
do como principal mecanismo para la disposición de los recursos.
Abandonando el enfoque estatal, las nuevas políticas escogen,
sobre todo, la demanda del mercado, la productividad y la rentabi-
lidad como criterios clave para los productores al momento de to-
mar las decisiones para la atribución de recursos, siendo el más
delicado “la tierra” (Otero, Singleman y Preibisch, 1997). Aunque
las polémicas en torno a las posibles implicaciones de la nueva
reforma agraria mexicana son más de índole ideológico que realis-
mazahua

ta (Collier, 1994), la necesidad de las reformas agrarias surge del


reconocimiento de esa realidad: una crisis productiva y la pobreza
rural que, a juzgar por las agencias internacionales, son conse-
cuencias de la antigua ley agraria y del papel del Estado proteccio-
nista (FAO, 1997).
Según Warman (1996), la antigua legislación agraria dejó al Es-
tado como el único tutelar de los asuntos internos y externos del
ejido. Su excesiva intervención cuarteaba la iniciativa de los cam-

Agropecuario (LFA), y en particular a la promoción de la producción campesina,


dentro del cual el Estado seguía siendo el agente regulador de esta promoción. En
cambio, con las nuevas modificaciones en la legislación, el Estado se retira práctica-
mente del control básico de la estructura social de la producción campesina. Entre
estos cambios se puntualiza el fin del reparto de tierra; el fin de la elevación a rango
constitucional del ejido y la comunidad indígena; la distinción de los componentes
básicos del universo ejidal (asentamiento humano, parcela y propiedad común);
aperturas a las reformas de asociación y pleno reconocimiento de la autoridad del
núcleo ejidal para determinar, en los casos que proceda conforme a la Ley Agraria,
del ejidatario sobre su parcela (Baños, 1993:2).
22
La obra colectiva de Alcalá et al. (1996) y la de Rivera H. (1993) son algunos
ejemplos del debate sobre el callejón sin salida en cuestión agraria mexicana y sus
reformas actuales (Miller, 1994). Sobre las consecuencias de estas reformas, obsér-
vense los casos de estudio presentados por Brown (1997); Concheiro y Tarrío (1998);
Moguel (1998), y Snyder y Torres (1998).

54 E STUDIOS A GRARIOS
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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
pesinos y les restringía el acceso a los incentivos para invertir en
mejorar sus tierras y su producción. Asimismo, como consecuen-
cia de la inseguridad de la tenencia de la tierra se dio la sobreexplo-
tación y el uso irracional de los recursos; además, con la excesiva
fragmentación de las parcelas como unidades productivas, la tie-
rra, ejidal campesina fue incapaz de proveer los alimentos (maíz y
frijol) en condiciones de competitividad internacional y generar
ingresos suficientes para mejorar las condiciones de vida de la po-
blación rural.
Supuestamente, la revisión al Artículo 27 y la reformulación de
su Ley Reglamentaria no sólo pondrían fin a la inseguridad sobre
la tenencia de la tierra (fin del reparto agrario), sino que permiti-
rían la privatización de las tierras ejidales, autorizando igualmente
el arrendamiento de las tierras y su garantía para obtener présta-
mos bancarios privados, así como favorecería la asociación entre
ejidatarios y empresas privadas (Alcalá et al., 1996, Baños, 1993).
En este sentido, con los cambios en la legislación agraria (acom-
pañados de un paquete de programas agropecuarios), los produc-
tores potenciales deberían aprovechar las nuevas “oportunidades”
dadas por el contexto macroeconómico, en particular la reconver-
sión a cultivos de alto valor e intensivos en mano de obra (Appendini,
2000). Para tal propósito, la necesidad por la seguridad de la
tenencia de la tierra y la definición clara de los derechos de propie-
dad individual eran más que evidentes, por lo que se crean enton-
ces los mecanismos de regulación, que permitirían la titulación de
las propiedades individuales y su privatización.
Con el apoyo de dos agencias internacionales, el Banco Mun-
dial (facilita los financiamientos) y la FAO (FAO, 1997), en 1993 se
instrumentó el Programa de Certificación y Derechos Ejidales y
Titulación de Solares Urbanos (PROCEDE) y se fortaleció el Registro
Agrario Nacional (RAN). Con ello, la regularización y el catastro de
la tenencia de la tierra, no sólo se deberían resolver los conflictos
por problemas de definición de tierra (Rivera, 2000), sino además
abrir los cauces de la privatización y extender el margen de manio-
bra de los mercados de tierra (Moguel, 1998).

A NÁLISIS 55
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

Para el caso de los productores o campesinos no potenciales,


la nueva legislación tenía que adecuarse a los discursos de alivio
a la pobreza, sin cambiar el destino de los pobres dentro de los
procesos económicos más amplios. Es decir, que el acceso a la
tierra queda de nuevo como un recurso fundamental para combatir
la pobreza, pero ahora para acceder a ella habrá que recurrir a los
mercados de tierra (con el PROCEDE, se instrumentan los mecanis-
mos que facilitan la accesibilidad a estos mercados siempre y cuan-
do se requieran propiedades individuales). Estos mecanismos de
accesibilidad omiten completamente que la tierra puede constituir
la base para valorizar otros activos, tales como la fuerza de trabajo
familiar no transferible, y permitir así un nivel de subsistencia y
seguridad alimentaria de los hogares. Por ese motivo, en un princi-
pio muchas comunidades con ejido, sobre todo de conformación
mayoritariamente indígena, se encontraron renuentes a proceder
mazahua

al registro y certificación titular de sus parcelas.


El estudio reciente de Rivera (2000) en la comunidad de La
Presita, confirma mis observaciones al respecto. En 1998 tuvimos
la oportunidad de presenciar el desarrollo, las discusiones y los
conflictos que surgieron en torno al PROCEDE. Al año siguiente, Ri-
vera concluyó su trabajo de campo en la misma comunidad para
entender los procesos sociales de certificación de tierras, y aun-
que su finalidad era hacer una comparación con otras localidades,
sus conclusiones me permiten hilar los cabos sueltos que los testi-
monios de campesinos y campesinas dejaron respecto a los cam-
bios legales y sus efectos en los derechos a la tierra.
A pesar de que el ejido La Presita fue uno de los primeros en
ser incorporados al PROCEDE en 1993, la fase de delimitación y des-
linde de terrenos tardó seis años. Una de las razones principales
fue que el manejo de la información giró en rumores alarmistas,
pero que en el fondo corresponden a reacciones sociales
entendibles cuando se toca una de las venas más fracturadas de
la agricultura campesina: la tenencia de la tierra. Los rumores fue-
ron pasando de chisme a conflictos sociales graves, como la inva-
sión de tierras comunales, pleitos y boicots de reuniones entre

56 E STUDIOS A GRARIOS
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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
líderes ejidales con la Comisión Auxiliar (integrada por tres miem-
bros de la comunidad para cooperar con PROCEDE en el deslinde),
lo cual dificultó la identificación de titulares y sus parcelas.
Otra de las causas del rechazo al PROCEDE es que en una
gran mayoría, los esposos, padres o hermanos que trabajan fuera de
la comunidad no están presentes en las asambleas de información,
dejándole la responsabilidad del deslinde a las mujeres, pero sin
ninguna autoridad para tomar decisiones de negociación. Por
ejemplo, Evangelina, de 36 años, dice ya haber recibido algunas
cachetadas de su esposo por haber permitido que en el deslinde se le
quitaran algunos metros para el paso de una calle. Igualmente,
Pilar de 30 años, rehúsa tomar cualquier decisión sobre el terreno de
Eduardo su esposo, porque un vecino le tomó un surco de más
(a su terreno), por lo que necesita que entre propietarios se arreglen.
En fin, el deslinde de terrenos para convertirlos en propiedades
individuales ha traído muchas preguntas sin respuestas, siendo uno
de los temores más grandes el de tener que pagar, en un futuro,
impuestos sobre sus tierras y sobre la construcción de la casa.

...por ejemplo, si mi casa no aparece, qué voy a estar pagan-


do predial de mi casa si nomás tengo registrado puro terreno,
si nomás fuera la casa sí. Por eso ahorita la gente está cons-
truyendo sus casas.... Pues yo no sé cómo nos convencie-
ron, cuando a mí me dijeron pues que ya ahí vienen los
ingenieros, que es necesario el registro y tanto nos dijeron
que eso era bueno, pero yo le dije varias veces a todos que
pues, antes del certificado de propiedad, vamos a platicar,
cómo está esto. El que quiere ahorita embarcar donde no
produce nada, es esto un barranca o quiero mochar un peda-
zo de monte, entonces ahí ya cuando venga el predial es ahí
donde lo van a lamentar. Y nos estamos peliando hasta por
30 centímetros, o una hilera que agarró una señora del cami-
no comunal. No pero cuando hay que pagar el predial, ahí va
estar lo bueno y no ahora que nadie sabe bien para dónde
va el asunto del predial (Eduardo de 38 años).

A NÁLISIS 57
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

Los ejidos circunvecinos a La Presita terminaron con su certifica-


ción, y frente a una tarea insistente y apremiante por parte de los
agentes (reguladores) del PROCEDE, convencieron a los campesi-
nos de registrar su titulación.23 Para octubre de 1999 se reconoció
el derecho de 687 personas y se entregaron certificados a 195
ejidatarios y 487 posesionarios en La Presita (Rivera, 2000). La
mayoría ya ha recibido su certificación, sin embargo, aún existen
algunas personas que se rehúsan al PROCEDE.24
De las primeras 196 parcelas en que estaba dividido el ejido en
1936, pasó para su registro en 1999 a 1,644 (véanse los mapas 1
y 2). Si bien la fragmentación del ejido ha ido en avance, fue hasta
en este procedimiento (entre 1993 y 1999) que la parcelización
conoció su multiplicación exponencial. Tan sólo de 1998 a 1999 se
registraron 223 parcelas más, sin embargo, las nuevas divisiones
mazahua

que se han dado después de la certificación ya no serán tomadas


en cuenta. Este fenómeno corresponde en gran parte al patrón
de herencia de la tierra acostumbrado en la comunidad. Antes de
registrar las propiedades, se realizó el reacomodo más grande
de tierras que jamás antes la comunidad había experimentado.
La compra, traspaso y la subdivisión de parcelas se hizo en
función del número de varones hijos por hogar (tres varones
en promedio por hogar). Pablo de 36 años, registró en su oportuni-
dad cuatro parcelas de un cuarto de hectárea cada una y estaba
por agenciarse otro cuarto de hectárea para su hijo menor. Eduar-
do dividió en dos su parcela, que registró separadamente junto

23
En la publicación de los ejidos ya certificados en el PROCEDE hasta 1997 (INEGI,
1998) aparece el de La presita. Tal vez esta estrategia estatal recurra a los viejos
métodos de evaluación de programas con éxito. Pero también cabe la posibilidad de
que los mecanismos de presión del Estado sobre los campesinos sea eficiente y por
lo tanto se anticipen, en las estadísticas, las respuestas campesinas.
24
Según Rivera (2000), los que no recibieron certificados por causas distintas han
manifestado su interés en obtenerlos, pero el trámite les implicará traslados a Toluca
y gastos considerables. Por ello, algunos se han acercado a un “ex promotor agra-
rio” que ronda por las comunidades ejidales de la zona y que se ha ofrecido a hacer-
les el trámite a un costo de 500 pesos por certificado.

58 E STUDIOS A GRARIOS
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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
con un pequeño terreno de menos de una cuarto de hectárea. Así,
cada hijo varón nacido hasta antes de 1999 ya cuenta con su terruño.
Con esa fragmentación, a cada sujeto con derecho le corres-
pondió en promedio 2.4 parcelas con 0.38 hectáreas cada una, es
decir, que cada uno dispone de menos de una hectárea, de los
cuales 92% fueron varones y el restante mujeres. Es importante
aclarar que esta proporción toma en cuenta tanto ejidatarios titula-
res como posesionarios.25 En lo que concierne a la proporción de
titulares ejidatarios, es la misma desde la constitución del ejido:
82.6% de los ejidatarios son varones y 17.4% son mujeres, con
una edad promedio de los ejidatarios de 44 años y de las mujeres
ejidatarias de 50 años.
El PROCEDE ha permitido arreglar algunos problemas de antaño
sobre las colindancias de los terrenos que tenían algunos hogares
y entre las comunidades, pero esto no ha significado que se hayan
limado las asperezas entre los géneros en cuanto al acceso y
control de los recursos, aparte de los conflictos entre los ejidatarios
titulares y los posesionarios. Contrariamente a la apreciación de
Brown (1997) respecto a que el ejido si bien no elimina la pobreza,
al menos reproduce una ideología de igualdad y solidaridad
comunitaria, el ejido ha sido la figura jurídica legal que ha justifica-
do las asimetrías de acceso y el dominio masculino sobre el
derecho a la tierra, excluyendo legal e ideológicamente a las muje-
res de este derecho.
La nueva legislación, aun cuando no está planteada como un
mecanismo de acceso a la tierra por medio de la redistribución
de tierras, sí deja entredicho que las reformas serán parte del pa-
quete de oportunidades para que las mujeres aspiren a acceder a
la tierra (al menos en los discursos), y así puedan mejorar la ali-
mentación y quizás el ingreso de sus hogares. No obstante, esta
voluntad no puede pretender reducir las asimetrías de acceso en-

25
Los ejidatarios representaron sólo 29% de los poseedores de tierras en el ejido
pero disponían de 36% de las parcelas (Rivera, 2000).

A NÁLISIS 59
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

tre los géneros ni entre los diferentes tipos de productores, pues el


aprovechamiento de las oportunidades serán regulados en los mer-
cados de tierra con dominio masculino. Por tales razones, las nue-
vas reformas agrarias vuelven a acentuar la asignación de género
masculino. Mientras a las mujeres campesinas se les siga
responsabilizando del cuidado de la familia como el papel más
importante de su género y no sean consideradas como producto-
ras potenciales (FAO, 1997), tanto su acceso a la tierra como su
inserción económica y social, quedarán sujetos a las condiciones
locales de subsistencia y seguirán sometidas a las mismas rela-
ciones de poder.

Mapa 1
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Ejido La Presita en 1935

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
Mapa 2

Ejido La Presita en 1998

En otras palabras, para que las mujeres tengan acceso a la tierra,


cuando por más de 70 años han estado excluidas de toda posibili-
dad (a menos que hayan sido viudas jefes de hogar y reconocidas
por el cuerpo jerárquico ejidal), ellas tendrán que comprarlas en el
mercado de tierras, pues difícilmente los varones aceptaron regis-
trar sus parcelas a nombre de sus esposas, hermanas o hijas. Para
ello no sólo deberán de contar con ingresos propios suficientes
sino encontrar tierras disponibles que se les quiera vender, eso sin
contar con la dudosa calidad de la tierra.
Suponiendo que Pilar y Teresa (madresposas de 30 años)
quedaran viudas después del PROCEDE, y que las parcelas ya ha-

A NÁLISIS 61
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

yan sido subdivididas en el número de hijos varones que tiene cada


grupo doméstico, es poco probable, pero no imposible, que al me-
nos una de ellas pueda obtener una parcela. No obstante, este
desafío tiene sus limitantes a vencer.
En primer término “no es la costumbre que las mujeres com-
pren tierra”; “después qué van hacer los hombres sin tierra”; o bien,
como Pablo exclama: “no, pues ya hay mujeres como locas que
quieren una parcela a su nombre, le digo a mi primo que no sea
tonto...” Expresiones como éstas son frecuentes, pero si se dan
con intensidad es porque los cambios se empiezan a anunciar.
Cierto, la resistencia a registrar a las mujeres en la titulación
de parcelas es muy profunda en La Presita. Indudablemente, las
leyes de reparto agrario (1915, 1917 y 1920) fueron medidas
legales, ideológicas y estructurales que obstaculizaron la justa
incorporación de la mujer a los beneficios directos de las reformas
mazahua

agrarias, aun cuando ella sea considerada como jefe del hogar,
pues no participó en la toma de decisiones de la cúspide ejidal
(Baitelman, 2000). Pero, sobre todo, las prácticas fundadas en la
democracia patriarcal (Mallon, 1995) fueron y siguen siendo más
dominantes que el solo marco legal para que las mujeres tengan el
derecho a la tierra.
Pese a esos acondicionamientos culturales, el derecho a la pro-
piedad de la tierra se ha convertido en un campo de batalla, donde
las mujeres luchan con sus adversarios (ideológicos) para acceder
a tal recurso. Es frecuente observar, cada vez más, grupos de mu-
jeres en las reuniones con los gestores del PROCEDE, tal vez sólo
estén asistiendo en representación de sus esposos, padres, her-
manos u otros varones cercanos, pero también es cierto que el
PROCEDE ha permitido que muchas mujeres vean en este instru-
mento, el medio legal de presión hacia “sus varones” para que
ellas o sus hijas sean beneficiarias de una de las parcelas. Este
cambio, aparentemente ocasionado desde afuera, se debe a que
el programa promociona el derecho a la tierra a ambos sexos, pero
en realidad esto no ha venido más que a recrear (por añadidura)
una lucha interna y dinámica que ya existía en la comunidad, entre

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Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.
los hogares y entre los géneros y generaciones. Lucha que se ha
redefinido constantemente, desde que las niñas y jóvenes frecuen-
tan más la escuela y se integran masivamente a los mercados de
trabajo asalariado. Además, no hay que minimizar la importancia
de los discursos de género, clase y etnia que atraviesan estas nue-
vas esferas de participación social.
En efecto, el feminismo de los ochenta hizo posible la visibili-
dad de las tareas domésticas, agrícolas y extra agrícolas de las
mujeres dentro de los procesos sociales más amplios, como la in-
tegración de la mujer al mercado de trabajo asalariado; la acepta-
ción de un salario menor o castigado; el surgimiento de la doble y
triple jornada, y la desigualdad en la distribución social del ingreso
entre clases y géneros, construyendo y manteniendo (involun-
tariamente) la imagen de las mujeres campesinas como víctimas
del desarrollo o del sistema capitalista. Los discursos del feminis-
mo de los noventa apuntan ahora hacia el derecho al acceso de
recursos naturales, materiales y productivos para abrir el campo
de oportunidades que justifiquen la igualdad y equidad de género.
Sin duda estas prácticas discursivas y la perspectiva de género vie-
nen inmersos en los programas de desarrollo, aunque estos no se
entiendan. Por lo que no es muy difícil que atraviesen las esferas
públicas para que las mujeres mazahuas se adscriban a ellas.
Por ahora no es difícil imaginarnos un escenario cercano con la
miniparcelización de La Presita (véase el mapa 2). De responder
al libre aprovechamiento de oportunidades individuales, los reque-
rimientos de consumo de maíz por hogar no podrán ser cubiertos
con la sola producción de las parcelas, convirtiendo a la comuni-
dad en el lugar de residencia de los futuros obreros mexicanos,
eso si los propietarios no se precipitan a vender sus predios a los
mejores postores, quienes ya se dejan asomar. Tan sólo por men-
cionar un caso, entre una comunidad vecina y La Presita, algunos
terrenos están siendo fraccionados para la construcción de casas
de campo o de descanso para las familias sanfelipenses con posi-
bilidades económicas.

A NÁLISIS 63
Historia de una tierra de subsistencia “marginal”
...Y la lucha sigue entre sombreros y rebozos.

Ante este panorama, siempre existe la posibilidad de la resis-


tencia de la comunidad como ente de reproducción social que ha
aprendido a reaccionar y persistir frente a los embates de las trans-
formaciones, pero también existe la otra respuesta institucional, la
de instrumentar mecanismos para hacer más eficientes a los
productores potenciales, y otorgar pequeños créditos a los pro-
ductores marginales estimulando la producción de maíz.

Conclusiones

Las reformas agrarias si bien regulan el acceso a los recursos


(tierra) como un medio de subsistencia campesina, éstas no consi-
deran a las mujeres como sujetos destinatarios de estas reformas.
Por lo general, los mecanismos internos de ejecución de las
mazahua

reformas agrarias no consideran a las mujeres como productoras


en el ámbito económico, ni tampoco como gestionarias de la tierra,
del ambiente y de otros recursos que provienen de programas de
desarrollo rural u otro medio significativo de vida, por lo que
se reducen las posibilidades de derecho y acceso a los recursos
productivos y económicos (Rocheleau, Thomas-Slayter y Wangari,
1996). Cuando los programas llegan a promover la igualdad de
oportunidades para ambos géneros, como es el PROCEDE, éstos
ignoran los cambios en las dimensiones subjetivas de la vida
de las mujeres, reforzando la ideología predominante sobre el con-
trol de los recursos.
En nuestro caso, al igual que en muchas partes del mundo, la
ideología predominante es la patriarcal. Su dominio se ve reflejado
en el control masculino de ciertos campos decisivos para mejorar
las condiciones de vida de las mujeres campesinas, como es el
acceso a la información, al saber-hacer, a la tecnología y sobre
todo al recurso tierra.
El acceso a la tierra, sus costumbres distributivas y hereditarias
son prácticas que responden, sin duda, a esa ideología que es-
tructura las condiciones de lucha en torno al control de los medios

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de subsistencia. La legislación basada en esa ideología no hizo
más que reforzar el dominio masculino sobre esos recursos.
En este ensayo observamos que pese al predominio masculino
en las tomas de decisiones comunales, el control de los recursos
productivos y su lucha por acceder a la tierra, una gran parte de las
prácticas de subsistencia femeninas (agenciarse el maíz para cum-
plir con su papel asignado) con sus consecuentes relaciones de
poder y significados culturales, son negociadas bajo un proceso
de escrutinio subjetivo femenino. En otras palabras, a través del
recelo, el chisme, la solidaridad, el trabajo colectivo, y las respon-
sabilidades de las mujeres, se legitiman las prácticas de
subsistencia, con su propio sentido de la justa distribución de los
recursos. Éstas son avaladas la mayor parte del tiempo por
los varones, los que reprueban o aceptan las nuevas prácticas,
dependiendo de conservar su status jerárquico dentro del hogar.
No obstante, las comunidades no son aisladas de contextos
más amplios, sino lo contrario, constantemente se encuentran su-
jetas a juegos estratégicos de poder a los que se embate disconti-
nuamente. De cierta manera, el empobrecimiento, la desigualdad
social y la diferenciación de etnia y clases se deben principalmente
a otros factores exógenos a la comunidad, que actúan como me-
canismos de control social. Entre ellos destaca su categorización
inferior dentro de los procesos históricos nacionales e internacio-
nales en la expansión del capital. Dentro de estos procesos, sus
múltiples discursos de género, raza, etnia y clase que se interca-
lan, añaden y atraviesan a las comunidades y a sus miembros, son
parte que no debemos ignorar en los estudios agrarios.

A NÁLISIS 65
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vés del tiempo, Biblioteca Enciclopédica del Estado de
México, Gob. del Estado de México.

A NÁLISIS 73
Las políticas
forestales y de
conservación y sus
impactos sobre
las comunidades
forestales*

Leticia Merino Pérez**

Bajo un estilo de gobierno paternalista, el gobierno mismo


puede convertirse en una forma de propiedad privada. Si se
asume que la soberanía reside en un solo centro de poder,
entonces el ejercicio político pasa a ser una simple cuestión
de quien ejerce ese poder, o quien “posee” esa oficina...
entonces incluso un orden democrático liberal se transfor-
ma en una forma de tiranía (McGinnis, 1999:16)

A lo largo del siglo XX el uso de los


recursos forestales fue un tema de
permanente debate. La polémica en
torno al manejo de los bosques no
ha dejado de ocupar a distintos sec-
tores de opinión y del gobierno. Las
políticas que afectan la gestión fores-
tal han tenido un carácter fuertemen-
te centralizado, ha sido el gobierno
federal el que ha decidido cuándo,
cómo y quiénes deben manejar los
bosques. Durante el siglo XX los due-
ños de los bosques vieron ir y venir
* Este trabajo obtuvo el 2o lugar del VI Premio
Estudios Agrarios 2001.
** Actualmente es investigadora del Centro
Regional de Investigación Multidisciplinaria de
la UNAM.
Las políticas forestales y de conservación y sus

diferentes políticas que incidieron en la permanencia o la desapa-


impactos sobre las comunidades forestales

rición de su capital natural. El análisis histórico de estas políticas


a la luz de sus efectos en la población rural y sobre los bosques
mismos resulta fundamental en el diseño de estrategias que en el
futuro permitan proteger efectivamente los recursos naturales
de México.
El presente trabajo pretende analizar la historia de las políticas
que han afectado la gestión forestal haciendo énfasis en las
expresiones que las políticas forestales y de conservación han
tenido en tres entidades federativas: Oaxaca, Michoacán y
Quintana Roo. Entidades con condiciones ecológicas, sociales
y desarrollos históricos particulares, donde los impactos de estas
políticas presentan constantes y diferencias que este análisis
busca explicar.

Las políticas forestales mexicanas en el siglo XX

A partir de la conclusión de la revolución de 1910-1917, al final del


siglo XX distinguimos cuatro periodos:
I. Antecedentes, la ley forestal de 1926 y la Reforma Agraria
1926-1940
II. Las concesiones y las vedas forestales
1940-1982
III. El inicio de las empresas forestales comunitarias
1982-1992
IV. El retiro del estado del sector forestal
1992-2000

Antecedentes, la ley forestal de 1926 y la Reforma Agraria

El evento de mayor significado en el México rural durante la segunda


mitad del siglo XIX fue la implementación de las leyes de reforma, que
modificaron radicalmente los derechos de acceso a la tierra y a los

76 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
recursos naturales: “los liberales mexicanos del siglo XIX enfrentaban
un dilema similar al que los neoliberales enfrentan en la actualidad:
¿cómo atraer inversiones cuándo la tierra era poseída comunalmente,
aislada de los mercados de tierras? Su solución fue privatizar
las tierras comunales y nacionales y dar concesiones a inversionistas
extranjeros y nacionales para talar madera, construir caminos y
abrir minas. El resultado fue la creación de grandes posesiones
privadas a costa de los pueblos indios. Durante la dictadura de Porfirio
Díaz, clímax del periodo liberal, las comunidades indígenas perdieron
90% de sus tierras” (Klooster 1997:119 y 120).
La Constitución de 1857 garantizaba a los inversionistas la
posesión de grandes extensiones de tierra y el libre aprovechamiento
de los recursos naturales, al reconocer la propiedad privada como
un derecho absoluto. No se estableció ninguna estructura reguladora
y las extracciones se basaban en un claro estilo de “minería forestal”.
No obstante, ya desde 1856, en el seno del Constituyente se
pronunciaban voces críticas que sostenían la necesidad de modificar
el régimen territorial para resolver los graves problemas sociales
del país. “Mientras que pocos individuos están en posesión de
inmensos e incultos terrenos, que podrían dar subsistencia para
muchos millones de hombres —sostenía Ponciano Arriaga—, un pue-
blo numeroso, crecida mayoría de ciudadanos, gime en la más
horrenda pobreza, sin propiedad, sin hogar, sin industria ni trabajo”
(citado por Raúl Brañes, 2000: 67).
Ya para entonces, los indígenas y campesinos eran vistos en
círculos urbanos como los principales agentes de la destrucción
de los bosques del país, mientras que la legislación favorecía abierta-
mente a las empresas extranjeras mediante la expropiación y conce-
sión de los bienes de las comunidades indígenas y la iglesia. Aunque
la población rural contribuía también a la deforestación al practicar la
agricultura itinerante y la extracción de leña, recibía una responsabili-
dad desproporcionada por la destrucción forestal.
Los años treinta del siglo XX fueron el periodo de auge del reparto
agrario. Al concluir el gobierno de L. Cárdenas, más de 6,800,000 ha
forestales, que representaban 18% de la superficie forestal del país,

A NÁLISIS 77
Las políticas forestales y de conservación y sus

habían sido entregados a ejidos (Calva, Téllez et al., 1989:140, citado


impactos sobre las comunidades forestales

por Klooster 1997). La ley forestal vigente (1926) establecía el


carácter inalienable de los bosques comunales y requería que las
extracciones forestales fueran exclusivamente desarrolladas por
cooperativas ejidales. Sin embargo las dotaciones forestales no se
acompañaron de apoyo técnico y financiero, por lo que eran
empresas privadas las que realizaban las operaciones forestales. En
1933 las comunidades y ejidos aportaban 18.8% de la producción
nacional de madera, que se realizaba en su mayor parte en condicio-
nes de rentismo (Calva, Téllez;1989:156, op. cit.).
Otro de los dilemas del debate forestal de ese tiempo era la
contradicción entre las orientaciones conservacionista y productivista.
Para ambas, la agricultura campesina y las extracciones forestales
de las empresas privadas eran responsables del deterioro forestal.
Para M.A. de Quevedo los bosques eran fuente de bienes públicos,
cuyo interés público rebasaba con mucho los beneficios que campe-
sinos y/o madereros obtenían de ellos. De esta percepción derivaba
la recomendación de control gubernamental de los bosques, y de anular
los derechos de gestión comunitaria sobre ellos. M.A. de Quevedo
promovió el establecimiento de distintos parques nacionales y partici-
pó como asesor en la formulación de la ley forestal de 1926, que
incrementó los requisitos a la extracción forestal, restringiendo de
forma pronunciada los usos campesinos de los bosques. A partir
de la gestión de M.A. de Quevedo se conformó una burocracia fores-
tal, de orientación conservacionista y represiva (Klooster, [Link].).

El periodo de las concesiones y las vedas forestales

Las concesiones a empresas privadas


Al iniciarse los años cuarenta la política conservacionista era obje-
to de distintas críticas. Los resultados de esa iniciativa habían sido
pobres, debido en gran parte a la ausencia de una burocracia
forestal dotada de recursos suficientes y a los incentivos a las ac-
tividades agropecuarias generados por la Reforma Agraria. El

78 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
conservacionismo y su principal exponente, M.A. de Quevedo,
fueron considerados enemigos de la política agraria,
argumentándose que amenazaban el pleno uso de los recursos
naturales de los campesinos.
En el contexto de la suspensión de importaciones de celulósico
durante la Segunda Guerra Mundial, la dependencia del país de
importaciones forestales y la subutilización de sus recursos, se con-
virtieron en objeto de preocupación especial de algunos sectores
del gobierno federal para los que el cambio de políticas forestales
se percibía como imperativo. La ley forestal de 1940 expresa una
nueva orientación. Esta ley y la política que la sustentaba partían
de un diagnóstico para el que las prácticas de subsistencia campe-
sinas y el rentismo forestal, eran las causas centrales de la pérdida
de los bosques. Las extracciones de las pequeñas empresas
madereras eran ineficientes en el uso de la materia prima forestal
y sus impactos sobre los bosques eran elevados y operaban
a menudo con base en constantes violaciones a las leyes. Sus
negociaciones con las comunidades dueñas de los recursos resul-
taban asimétricas y abusivas, recurriendo a la corrupción de las
autoridades ejidales (o comunitarias). En cuanto al impacto de es-
tas prácticas sobre los recursos forestales, en 1956 se estimaba
que “del conjunto de los distintos tipos de bosques del país, 34%
se habían agotado, 44% se habían talado pero eran aún explota-
bles, y sólo 22% eran aún vírgenes” (Villaseñor 1956, citado por
Klooster p.134). Este tipo de prácticas y relaciones sociales
habían sido favorecidas por la propia ley forestal, que limitaba la
duración de los contratos forestales a un año, durante el cual los
“talamontes” intentaban recuperar los recursos invertidos y
maximizar las ganancias.
El giro de la política forestal era coherente con la política eco-
nómica de ese tiempo que buscaba el desarrollo de la industria
nacional con base en el modelo de substitución de importaciones.
La producción agropecuaria y forestal subsidió el desarrollo indus-
trial garantizando a la industria el abasto de materias primas y
alimentos baratos que permitieron mantener bajos los salarios in-

A NÁLISIS 79
Las políticas forestales y de conservación y sus

dustriales. El deterioro progresivo de la economía campesina, re-


impactos sobre las comunidades forestales

sultado de esta política, fue desatendido durante décadas. En este


periodo se registró una fuerte disminución del reparto agrario, aun-
que el Estado mantuvo el control corporativo de la estructura agra-
ria como instrumento de control político de la sociedad rural.
El cambio más importante de la ley forestal de 1940 fue la
reinserción del mecanismo de concesiones forestales en favor de
grandes empresas privadas denominadas Unidades Industriales
de Explotación Forestal (UIEF´s). Con ello se apostaba a crear inte-
reses de largo plazo en la industria forestal, que hicieran viable
inversiones en un manejo sostenido de los recursos. El gobierno
otorgó entonces aproximadamente 30 concesiones de alrededor
de 400,000 hectáreas cada una, en los estados de Oaxaca,
Chihuahua, Durango, Chiapas y Quintana Roo. La duración de las
concesiones era de 25 años en promedio, aunque los plazos esti-
pulados llegaron hasta 60 años. La concesionarias impusieron a
las comunidades afectadas fuertes restricciones para el uso de los
bosques, llegando a recurrir a la intervención de la fuerza pública.
Las comunidades sólo podían vender madera a las concesionarias,
las extracciones de recursos forestales con fines de uso domésti-
co y la práctica de la agricultura tradicional de roza-tumba y quema
fueron prohibidas. El monto de las rentas forestales, denominado
“derecho de monte” era fijado por la Secretaría de la Reforma
Agraria (SRA). La mayoría de los pagos se depositaban en un fondo
manejado por esa Secretaría, cuyos recursos sólo podían invertirse
en proyectos productivos por ella aprobados. Muchas comunida-
des desconocían incluso la existencia de este fondo. La ley de
1940 se propuso también controlar el impacto del rentismo fores-
tal, que fue legalizado con este propósito, aunque en los hechos
este fue un propósito fallido.
En Oaxaca se otorgaron concesiones sobre los bosques de
mayor valor comercial del estado a dos grandes complejos indus-
triales: la Fábrica de Papel de Tuxtepec (Fapatux) y la Compañía
Forestal de Oaxaca. Estas compañías llevaron a cabo las prime-
ras operaciones forestales comerciales en los bosques de la sie-

80 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
rras norte y sur del estado, construyendo caminos de extracción
hasta áreas hasta entonces inaccesibles. En Quintana Roo la
empresa Maderas industrializadas de Quintana Roo (Miqroo) reci-
bió la concesión de cerca de 250,000 ha de selvas, ubicadas en la
zona sur del estado y en la zona maya. Experiencias similares se
dieron en los estados de Chihuahua y Durango, y posteriormente
en Guerrero y Michoacán. Luego de décadas de extracciones de
los concesionarios, los bosques explotados habían perdido el ar-
bolado de mayor valor comercial, mientras las comunidades due-
ñas habían adquirido una conciencia creciente del valor comercial
de sus recursos. Las empresas concesionarias construyeron una
infraestructura de caminos forestales y crearon capacidades loca-
les en trabajos de corte y extracción. Si bien esta “herencia de las
concesiones” sentó bases para la creación de una economía fo-
restal en las comunidades, tuvo para los dueños de los recursos
altos costos, sociales y organizativos, sumados a la pérdida del
capital natural de sus territorios. Por muchos años estas empresas
generaron ingresos que no se reinvirtieron ni en los bosques, ni el
desarrollo de la actividad forestal, ni en el de las regiones foresta-
les: “muchos complejos industriales de la era de la substitución de
importaciones, eran ineficientes y dependían de mercados prote-
gidos, el equipo no fue regularmente modernizado y los costos de
producción permanecieron altos” (Zabin 1993:406).
En los bosques comunales de Oaxaca la operación de estas
empresas mantuvo la cobertura forestal, aunque ocasionó una fuer-
te pérdida de la calidad comercial de los recursos forestales.
El estilo de manejo de los concesionarios no perdió el carácter de
minería forestal, a pesar de los largos periodos de acceso privile-
giado a bosques que no acabaron de percibir como suyos. En el
estado de Quintana Roo, los bosques ejidales concesionados
sufrieron un fuerte “descreme” de la mayor parte de sus volúme-
nes de maderas preciosas, sin que la Miqroo creara demanda para
otras maderas que la caoba o el cedro.
No obstante la orientación productivista de este periodo,
el conservacionismo mantuvo influencia. Como resultado de estas

A NÁLISIS 81
Las políticas forestales y de conservación y sus

preocupaciones, desde principios de los años cincuenta se esta-


impactos sobre las comunidades forestales

blecieron vedas a las extracciones forestales. Para 1958 las vedas


afectaban 58% del territorio forestal del país, incluyendo los bos-
ques de los estados de Michoacán y Veracruz. A pesar de las
divergencias entre las vedas y las concesiones, ambas estrategias
mantenían rasgos comunes: la centralización del control de los
bosques y la marginación campesina para su uso, a pesar del
carácter de dueños de los bosques que la Reforma Agraria había
conferido a comunidades y ejidos.

La intervención del Estado en la producción forestal


La presidencia de Luis Echeverría marcó un nuevo giro en las
políticas hacia el campo. La descapitalización de la economía
campesina, aunada a las limitaciones del reparto agrario habían
generado un creciente descontento campesino y la erosión de
las centrales campesinas del partido oficial. Como respuesta a las
protestas campesinas que en los años setenta se manifestaron en
distintas regiones, el gobierno de Echeverría reactivó el reparto
agrario, afectando latifundios en Sinaloa y Sonora y repartiendo
grandes extensiones de selvas tropicales y zonas áridas ubicados
en terrenos nacionales. En Quintana Roo se repartieron cerca
de 500,000 ha de selvas para constituir nuevos ejidos y centros de
población, a pesar de que gran parte de estas tierras correspon-
dían a áreas concesionadas a la empresa Miqroo. La colonización
de las selvas se basó en programas de fomento de actividades
agrícolas y pecuarias. Operaban entonces tanto un Programa
Nacional de Ganaderización, como una Comisión Nacional de Des-
montes, que otorgaban crédito a los núcleos campesinos para fi-
nanciar la remoción de la vegetación forestal. La implementación
de las políticas de colonización de las áreas tropicales fue respon-
sable de la desaparición de cerca de 80% de las selvas húmedas
del país, de modo que en los años setenta las tasas de deforestación
alcanzaron cifras de 1.5 millones de ha anuales (Toledo, V.). En
Quintana Roo, como en los otros estados del sureste donde se

82 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
aplicaron este tipo de programas, muchas áreas forestales des-
montadas no recibieron posteriormente ningún uso productivo.
A mediados de los setenta, 65% de los bosques del país eran
propiedad de ejidos y comunidades indígenas (González Pacheco,
1981, citado por Klooster, p.155). Sin embargo entonces, como en
la época cardenista, “la reforma agraria no era una política forestal
deliberada, y no se acompañó del acceso a capital y asistencia
técnica, necesarios para que los campesinos dueños de los
bosques se convirtieran en productores organizados de rollo y ma-
dera” (Klooster 1997:156). Desde la óptica agraria, las tierras
forestales eran “terrenos baldíos”, alejados de las ciudades,
carentes de infraestructura y de valor comercial; para las políticas
forestales, los bosques eran áreas “vacías de derechos” previos.
En distintos tiempos la falta de coordinación de las políticas agra-
ria y forestal se ha traducido en repetidos fracasos de las políticas
y en el deterioro de los bosques.
En este periodo se realizaron grandes inversiones públicas en
infraestructura hidráulica, investigación agrícola y promoción de la
llamada “revolución verde”, construcción de carreteras y caminos
rurales. El fomento institucional de la capacidad productiva de los
campesinos se acompañó de la intervención directa del estado
en la gestión y administración de las empresas campesinas, a tra-
vés la SRA y el Banco de Crédito Rural. Se conformaron también
nuevas centrales campesinas oficialistas, como la Central Campe-
sina Independiente (CCI) con las que buscaba revitalizar la deterio-
rada capacidad estatal de control corporativo.
En el sector forestal se expresaban también síntomas de crisis:
las vedas no habían protegido los bosques, pero afectaban dura-
mente a los campesinos, productores y consumidores de madera
en pequeña escala, mientras se mantenía la explotación ilegal
amparada en la corrupción de la policía forestal. Al marginar a los
dueños de los beneficios de los bosques, las vedas forestales fa-
vorecieron el desarrollo de verdaderas tradiciones de contrabando
de madera, apoyadas en la corrupción de funcionarios forestales
y de autoridades ejidales. Las concesiones no lograron superar el

A NÁLISIS 83
Las políticas forestales y de conservación y sus

déficit comercial de productos forestales. El manejo “científico” del


impactos sobre las comunidades forestales

bosque había sido propuesto como la estrategia capaz de crear


los incentivos económicos que hicieran posible la permanencia
de los bosques, a la vez que permitiera su conservación. La aplica-
ción de esta estrategia favoreció una mayor concentración de la
producción y una mayor centralización de la gestión forestal.
La ley forestal de 1960 abrió la posibilidad de las empresas
paraestatales, federales y estatales. Para 1976 existían 26 empre-
sas concesionarias forestales de propiedad pública que operaban
en los bosques de Durango, Guerrero, Chihuahua, Nayarit, Jalis-
co, Quintana Roo, Chiapas y Oaxaca. Al final de los setenta las
paraestatales aportaban 43% de la producción nacional de mate-
rias primas forestales, 22% provenían de extracciones de rentis-
tas y 23% de aprovechamientos, nominalmente bajo el control de
ejidos y comunidades indígenas.
La intervención del estado en la economía forestal buscaba tam-
bién impulsar de manera más eficiente el desarrollo de la industria
forestal nacional. Los elementos de este proyecto de moderniza-
ción del sector eran:
• “Inversión directa del gobierno en empresas paraestatales,
específicamente en fábricas productoras de pulpa y papel,
aserraderos y fábricas de triplay.
• Acceso garantizado a materias primas, otorgando conce-
siones.
• Inversión gubernamental en infraestructuras: caminos,
técnica, asistencia técnica y regulación, proporcionados por
la Secretaría de Agricultura y un gran mercado garantiza-
do para la madera, debido a las tarifas y cuotas a la made-
ra, los productos de papel, los muebles de otros países, y
completo al control estatal sobre la industria de productos
de papel” (Zabin: 1998, 404).

Buscando contener el descontento que ya entonces se manifesta-


ba en las comunidades sujetas a concesiones, como política
forestal paralela, la SRA asumió como objetivo promover la partici-

84 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
pación de los ejidos y comunidades en la producción forestal.
Destinó fondos a la adquisición de capital de operación, capacitación
y promoción de organizaciones forestales regionales. A me-
diados de los setenta, 257 núcleos agrarios habían recibido recur-
sos productivos para la extracción forestal, 1,046 comunidades
agrarias más habían sido integradas a Uniones Forestales promo-
vidas por esa secretaría. En Oaxaca este fue el caso de las empre-
sas madereras Ixcacit y Pápalos y de Proquimex, dedicada a la
extracción de barbasco; mientras que en Quintana Roo y Campeche
se constituyeron Uniones de ejidos durmienteros. Los resul-
tados de estas iniciativas fueron limitados, por una parte la capa-
cidad de decisión estaba más en la burocracia agraria que en las
comunidades. Por otra parte las concesiones se mantenían como
eje central de la actividad forestal, mientras que los recursos a que
accedían los campesinos tenían importancia económica secundaria.
La Unión de Ejidos Melchor Ocampo, en el Oriente de
Michoacán, integrada durante este periodo fue un claro ejemplo
de los vicios de la gestión burocrática de las empresas y recursos
campesinos. Luego de dos décadas de extracciones en bosques
de alta productividad biológica, habiendo contado con maquina-
ria de extracción e importantes instalaciones industriales, el saldo
de las operaciones de la Unión fue el deterioro de los bosques de
los ejidos de esa región, el empobrecimiento y división de los mis-
mos y la existencia de una deuda millonaria con el Banco de
Crédito Rural, que la llevó a declararse en quiebra en 1992.
Las paraestatales forestales tampoco cubrieron las expectati-
vas con que habían sido constituidas, los impactos de sus opera-
ciones y sus relaciones con las comunidades forestales resultaron
en muchos aspectos semejantes a las de las concesionarias
privadas. A pesar de la expansión de las paraestatales, el rentismo
forestal se mantuvo, a mediados de la década de los setenta, apor-
taba 40% de la producción de madera del país. “Los forestales y
funcionarios agrarios comenzaron a percibir los mismos proble-
mas que habían identificado largamente con el rentismo: margina-
ban a los campesinos, incitaban conflictos sociales y fracasaban

A NÁLISIS 85
Las políticas forestales y de conservación y sus

en asegurar la productividad forestal en el largo plazo. Aún con


impactos sobre las comunidades forestales

una creciente participación del Estado en el sector concesionario,


los métodos de extracción eran pobremente aplicados, mientras
que la extracción, quema y desmontes campesinos continuaban”
(Halhead 1984, citado por Klooster 1997:143).
En Oaxaca las concesionarias Fábrica de Papel de Tuxtepec
(Fapatux) y Aprovechamientos Forestales de Oaxaca ( AFO )
pasaron también a control federal. Lo mismo sucedió con la em-
presa Maderas Industrializadas de Quintana Roo (Miqroo) en aquel
estado. En Michoacán se constituyó la empresa Michoacana de
Occidente, que inició las extracciones forestales en la sierra Sur-
Occidental de aquel estado, donde hasta entonces prácticamente
no se habían efectuado extracciones forestales. Desde su crea-
ción la Michoacana de Occidente fue propiedad del gobierno de
esa entidad. A partir de los años sesenta y durante los setenta, la
veda a las extracciones se levantó en las distintas regiones fores-
tales de Michoacán. En ese periodo y con el fin de promover apro-
vechamientos forestales con la participación de agrupaciones de
comunidades, el gobierno estatal constituyó la Promotora Forestal
de Michoacán (Proformich); entre las empresas que impulsó esta
entidad se contó la Unión de Ejidos de Acuitzio-Villa Madero.
La SRA estaba directamente involucrada en el sistema de con-
cesiones, sus funcionarios participaban en todas las decisiones
importantes sobre la gestión de los recursos de los ejidos y comu-
nidades, además de que su presencia era necesaria para el cam-
bio de autoridades ejidales (o comunales) y para la obtención de
los permisos forestales. La propiedad campesina de los recursos
tenía un carácter profundamente ambiguo: las comunidades eran
reconocidas por el estado como dueñas de los bosques, aunque
simultáneamente las instituciones de gobierno las marginaban del
control de estos recursos y de los beneficios de su uso. La contra-
dicción entre la política agraria y la política forestal creó estímulos
perversos a la destrucción de los bosques. La carencia de dere-
chos de acceso a los recursos forestales de las comunidades cam-
pesinas, las llevó en muchos casos a considerar los bosques como

86 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
recursos marginales. Las comunidades resistieron la apropiación
que los concesionarios ejercían sobre sus recursos, recurriendo al
contrabando de madera y a los desmontes. En numerosas ocasio-
nes el cambio de uso del suelo se convirtió en un paso necesario
para la adquisición de derechos plenos de propiedad. En estas
condiciones la mayoría de las UIEF´s producían menos de 50% del
potencial de extracción que les era permitido. “En los años setenta
era cada vez más evidente que los modelos dominantes para rela-
cionar el capital productivo y los recursos naturales de propiedad
campesina no habían resultado productivos para inducir ni a
los campesinos, ni a las empresas madereras a conservar los bos-
ques, bajo esquemas de rentismo, concesiones privadas o
paraestatales (…) la deforestación y la degradación forestal se
mantenían (…) los costos ambientales y sociales de las políticas
que excluían a los campesinos de la forestería fueron cada vez
más evidentes” (Klooster 1997:147).
Condiciones constantes en el ejercicio de la política forestal en
los distintos periodos han sido la insuficiencia de financiamiento
institucional para su implementación, las consecuentes carencias
de personal y el extremo centralismo de la gestión del sector. En
1953 el servicio forestal contaba con 223 forestales, 464 emplea-
dos administrativos y 1,093 policías, la mitad de este personal tra-
bajaba en la ciudad de México y la mayoría del resto en las capita-
les de los estados (Hinojosa Ortiz 1958, citado por Klooster
1997:140). No obstante esta reducida capacidad de supervisión,
las distintas leyes forestales mantenían altos niveles de exigencia.
Todas ellas exigían permisos para la tala y el transporte de madera
y el marqueo de los árboles que se derribaban, se requería tam-
bién que todos los desmontes fueran autorizados. Cumplir con
estas demandas implicaba la contratación de profesionales fores-
tales, cuyo empleo estaba fuera del alcance de las familias y co-
munidades campesinas. Tanto la ley de 1926, cómo las de 1940 y
1960 establecían estrictas sanciones a los infractores, incluso en
los casos de delitos menores, relacionados con el uso campesino
de pequeños volúmenes de madera. Los distintos cuerpos legales

A NÁLISIS 87
Las políticas forestales y de conservación y sus

interferían con las prácticas campesinas de uso de los recursos,


impactos sobre las comunidades forestales

imponiéndoles requerimientos desmedidos, sin aportarles recur-


sos que apoyaran su desarrollo técnico, ni la elaboración de
regulaciones adecuadas a la situación de las comunidades y re-
giones. La ley no distinguía las condiciones de los campesinos de
las de los industriales, cuándo sólo estos últimos tenían capacidad
de cumplir con los numerosos y complejos requisitos que la legis-
lación les imponía.

El surgimiento de las empresas forestales comunitarias

Ya en los años setenta era claro para muchos de los involucrados


en el sector que las concesiones habían resultado una estrategia
fallida para el desarrollo de la producción forestal. Se empezó así
a plantear que para asegurar el abasto de materia prima los cam-
pesinos debían manejar sus propias empresas de extracción,
contando con el apoyo de profesionistas forestales. Los costos po-
líticos de las concesiones también se dejaban sentir. Desde fines
de los años setenta la oposición a la renovación de las concesio-
nes se extendía en distintas regiones. En los estados de Oaxaca,
Guerrero y Durango se integraron alianzas regionales de comuni-
dades que reclamaban recuperar el control de los bosques.
Al interior de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidraúlicos
(SARH) se creó la Dirección de Desarrollo Forestal (DDF) que busca-
ba promover la organización de las comunidades en torno a la apro-
piación social de la producción forestal. Desde un principio el
proyecto de forestería comunitaria se enfrentó con los intereses de
madereros, de técnicos forestales ligados a las concesionarias y
de los gobernadores de algunos estados. Las primeras experien-
cias de empresas sociales forestales autónomas se conformaron
en áreas que habían estado sujetas a vedas. Estas iniciativas
se desarrollaron en Chinahuapan, Puebla; Zacualtipan, Hidalgo;
Hueyacocotla, Zongolica y el Cofre de Perote en Veracruz; Tlaxco
en Tlaxcala, y Valle de Bravo en el Estado de México. Los resulta-

88 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
dos de iniciales de la mayoría de estas empresas no fueron de
éxitos contundentes, la falta de asistencia técnica y capacitación,
de acceso a maquinaria adecuada, el bajo valor comercial de los
recursos de algunas comunidades, el control de los mercados de
la madera por parte de transportistas y madereros, eran importan-
tes obstáculos. Sin embargo, paulatinamente los logros de algu-
nos de estos proyectos revelaron el potencial de la participación
comunitaria en la forestería. Este fue el caso del Plan Puebla, en el
que la capacitación y el apoyo a la organización comunitaria fue-
ron elementos clave para lograr la consolidación de la participa-
ción campesina, el incremento de los ingresos de los ejidos y la
mejora de las prácticas silvícolas. En un segundo momento, el mo-
delo de forestería comunitaria se extendió a las comunidades con
bosques donde habían existido concesiones.
En los años ochenta, durante el régimen de M. de la Madrid, se
inició la aplicación de las políticas de ajuste estructural y subordi-
nación del gasto público al pago de la deuda externa. Fue este
también el periodo de adopción de las políticas de apertura econó-
mica, el fin del reparto agrario y la disminución de la presencia del
estado en la economía. Las diferencias entre la política de inter-
vención gubernamental omnipresente en la vida rural, característi-
ca del periodo anterior, y el progresivo abandono del campo que
se inició en este gobierno resultan contrastantes. Sin embargo,
respondiendo en gran parte a factores de coyuntura, la política
forestal presentó en ese tiempo diferencias respecto a las que ri-
gieron entonces en el resto del sector agropecuario. El gobierno
de De la Madrid coincidió con la conclusión de las concesiones
forestales, el auge del movimiento de las comunidades forestales
por el control de sus recursos y la actuación del grupo de funciona-
rios, la DDF que sustentaban el proyecto comunitario.
Al concluir la vigencia de las concesiones muchas de las comu-
nidades que habían sido afectadas por ellas echaron a andar sus
propias operaciones de extracción. Aun cuando en un principio
vendían materia prima a las antiguas concesionarias, los ingresos
forestales de las comunidades se incrementaron considerablemen-

A NÁLISIS 89
Las políticas forestales y de conservación y sus

te. Algunas de ellas lograron capitalizarse y adquirir maquinaria


impactos sobre las comunidades forestales

para la extracción y transformación de la madera. La DDF y la SRA


desarrollaron programas de asistencia técnica, capacitación
y extensión, que buscaban desarrollar empresas campesinas.
Uno de los objetivos importantes de esta estrategia era garantizar
el abasto de materias primas forestales para la industria nacional,
que durante los últimos años de las concesiones había sido
afectado por el rechazo de las comunidades a las extraccio-
nes de las concesionarias, hasta el punto de que a fines de los
setenta estas empresas sólo lograban extraer 50% de los volúme-
nes autorizados.
A partir de 1982 la DDF centró sus esfuerzos en el impulso a las
empresas campesinas productoras de madera en rollo o madera
en tabla, en las regiones que contaban aún con buen potencial
forestal e infraestructura de caminos. Las regiones con recursos
más deteriorados, con fuertes dificultades de acceso, o aquellas
en las que las especies maderables carecían de mercados
establecidos —como sucedía con la mayoría de las comunidades
forestales del país y en una importante variedad de ecosistemas
forestales—, no recibieron la atención de estos programas. El im-
pulso al uso sustentable de recursos forestales no maderables,
central en la economía de muchas comunidades forestales,
tampoco fue objeto de esta política.
La política de promoción de la forestería campesina tuvo expre-
siones particulares en distintos estados. En Oaxaca, el gobierno
estatal asumió la estrategia de promover verticalmente organiza-
ciones forestales regionales, que agrupaban a distintas comunida-
des campesinas, en torno a la prestación de los servicios técnicos
forestales. Este fue el caso de la Unión de Comunidades Ixtlán-
Etla (Ixeto) y de la Unión Zapoteca-mixteca (Zamix) a las que
las autoridades forestales daban un trato preferencial frente a las
uniones de constituidas de manera autónoma por las propias
comunidades, como sucedía con la Unión de Comunidades y Ejidos
Forestales de Oaxaca (Ucefo) y la Unión Zapoteco-Chinanteca
(Uzachi).

90 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
En Quintana Roo el gobierno estatal fue un actor central en la
política de promoción de las operaciones forestales comunitarias
al impulsar el Plan Piloto Forestal, un programa que promovió la
producción forestal comunitaria como estrategia de conservación
de las selvas húmedas, principalmente entre las comunidades en
cuyos bosques había operado la empresa Miqroo. Posteriormen-
te, el gobierno estatal estableció una relación respetuosa con las
organizaciones regionales independientes, en las que se agrupa-
ron las comunidades forestales luego de la conclusión del Plan
Piloto en 1986, la Sociedad de Productores Forestales Ejidales de
Quintana Roo (SPFQR) y la Organización de Ejidos Productores Fo-
restales de la Zona Maya de Quintana Roo (OEPFZM). Años después
el gobierno estatal promovió la creación de tres organizaciones
forestales más en zonas con bosque de menor valor comercial,
factor que ha resultado determinante de su bajo nivel de operación.
La historia de uso de los bosques en Michoacán ha sido marca-
da en buena parte por la prolongada presencia de la veda a las
extracciones forestales, que condujo a un camino diferente. El de-
sarrollo de iniciativas autónomas de aprovechamiento forestal
campesino ha sido más restringido que en otras entidades foresta-
les. En la región Oriente, en los bosques de las comunidades
mazahuas aun en medio de la veda y luego de su conclusión, se
realizaban extracciones bajo esquemas de rentismo forestal, aso-
ciado a prácticas de clandestinaje. Más allá de las autoridades
comunales, los beneficios que los comuneros recibían de estas
extracciones y la información que sobre sus operaciones dispo-
nían eran nulos. La mayoría de los ejidos de esta región fueron
integrados a la Unión de Ejidos Melchor Ocampo desde su confor-
mación en los setenta. La naturaleza ambigua de esta organiza-
ción campesina, controlada por funcionarios públicos, provocó una
situación peculiar. A pesar del descontento de muchos de los ejidos
que participaban en ella, no llegó a desarrollarse una oposición
articulada en su contra, o un reclamo generalizado por su control.
Los ejidos más organizados la abandonaron paulatinamente.
Algunos de ellos iniciaron sus propias actividades de extracción

A NÁLISIS 91
Las políticas forestales y de conservación y sus

forestal, aunque sin contar con apoyo para la consolidación de


impactos sobre las comunidades forestales

sus operaciones forestales. Tampoco se integraron durante ese


periodo en el Oriente de Michoacán organizaciones regionales
que intentaran movilizar recursos a favor del desarrollo forestal
comunitario.
A pesar de que las empresas campesinas que la DDF impulsó en
los años ochenta contaban con mayor autonomía que las que ha-
bían controlado Banrural y la SRA en los setenta, el gobierno fede-
ral —a través de la SRA y la SARH— mantenía una fuerte injerencia
en su gestión. La SARH prestaba los servicios técnicos forestales a
la mayoría de las comunidades y controlaba los servicios
concesionados a las uniones de comunidades forestales. La SRA
imponía una serie de condiciones a las extracciones que realiza-
ban las comunidades: la existencia de fondos de ahorro obligato-
rios, la adopción de formas organizativas específicas, también
establecía la supervisión de su administración y la puesta en mar-
cha de mecanismos de rendición de cuentas ante esa secretaría.
No obstante el carácter paternalista de esta intervención, la
promoción oficial representaba para la gran mayoría de las comu-
nidades la única instancia de asesoría externa a que tenían acce-
so. Aunque de manera limitada la acción institucional permitía
enfrentar algunos de los retos del desarrollo de las operaciones
forestales comunitarias. Para las comunidades campesinas la
apropiación de la actividad forestal implica el dominio de una rama
productiva desconocida, de una complejidad organizativa y admi-
nistrativa mucho mayor que la que requieren las actividades tradi-
cionales. Con la asistencia de esta política, varios cientos de
comunidades indígenas y ejidos pudieron establecer sus propias
empresas forestales, que oficialmente se denominaban Unidades
de Aprovechamiento Forestal (UAFs). En algunos casos lograron
también fortalecer sus estructuras organizativas, incorporando a
los esquemas de gestión tradicionales nuevos elementos para
asumir tareas de planeación, organización financiera, rendición de
cuentas y pago de impuestos. A través de esta experiencia
muchas comunidades han desarrollado también mecanismos para

92 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
enfrentar la tala clandestina, los incendios, las plagas y la pérdida
de bosque. Las comunidades y organizaciones que contaron con
asesoría independiente de organismos no gubernamentales o de
profesionistas independientes, como sucedió con la UZACHI, la UCEFO,
y posteriormente la SPFEQR y la OEPFZM, lograron un desarrollo más
autónomo, más orientado a la formación de capacidades locales,
que ha contribuido a su permanencia y capacidad de resistencia
en medio de los vaivenes de las políticas forestal y ambiental.
La experiencia de la forestería social en México ha sido posible
gracias a la conjunción de distintos factores: es en parte fruto no
deliberado de la política de reforma agraria, es producto de la
lucha de las comunidades forestales por el control de sus bosques
y de su tenacidad por mantenerse en la línea de la apropiación de
los procesos de producción forestal; ha sido también resultado
de la voluntad política de un grupo de funcionarios reformistas y de
asesores independientes convencidos de la bondad del manejo
comunitario de los bosques. Paradójicamente el momento de arran-
que y mayor empuje de esta iniciativa coincidió con el inicio del
proyecto neoliberal en México.
La presión de las organizaciones forestales regionales, de las
comunidades campesinas y la acción de los equipos de la DDF y de
la SRA se plasmó en la ley forestal de 1986, en la que se anulaba el
sistema de concesiones forestales, se reconocía el derecho de las
comunidades a aprovechar directamente sus bosques y se pros-
cribía el rentismo forestal. En esta ley se establecía además la
obligación de elaborar planes de aprovechamiento forestal integral
y se abría la posibilidad de que las comunidades fueran titulares
de los servicios técnicos forestales. Por primera vez en la histo-
ria de la política forestal mexicana, las comunidades campesinas
eran consideradas, legalmente, actores centrales del sector. La ley
de 1986 dio a las UAFs carácter regional, con el objetivo de basar el
manejo forestal en una perspectiva regional. Con este nuevo
dominio ellas pasaron a denominarse “Unidades de Desarrollo
Forestal” (UCODEFO´s). La SARH concedió a las UCODEFO´s el monopo-
lio de la prestación de los servicios en las regiones que les corres-

A NÁLISIS 93
Las políticas forestales y de conservación y sus

pondían. La concesión de los servicios técnicos podía también


impactos sobre las comunidades forestales

transferirse a las organizaciones campesinas con la capacidad


técnica requerida. En Quintana Roo las dos principales organizacio-
nes de ejidos forestales, la SPFEQR y la OEPFZM, obtuvieron la
concesión de esos servicios. En Oaxaca la UCEFO recibió también el
mismo tipo de concesión, integrando su propia Dirección Técnica
Forestal. Como resultado del proceso de apropiación comunitaria de
la producción forestal, la participación del sector social en esa activi-
dad se incrementó significativamente, en 1992 aportaban 40% de la
producción nacional de materia prima y 15% de la madera aserrada.
Otro aspecto relevante de este periodo fue el fortalecimiento
del movimiento conservacionista urbano, que en alianza con el
ecologismo internacional logró impulsar la política de conserva-
ción. Se inició entonces el establecimiento de áreas protegidas bajo
el esquema de Reservas de la Biosfera.1 En 1986 en el Oriente de
Michoacán se creó la Reserva Mariposa Monarca (REBMM). Desde
la perspectiva del conservacionismo gubernamental con las Re-
servas de la Biosfera se buscaba superar las limitaciones de las
figuras de conservación anteriores, como los parques nacionales,
que se habían basado en la expropiación de tierras y que presen-
taban ya entonces dramáticos procesos de deterioro. En las RB se
mantienen formalmente los derechos de tenencia, aunque se res-
tringen los derechos de uso y el control de las tierras ubicadas en
zonas núcleo pasa de manos de las comunidades a las de las de
la burocracia ambientalista (el INE). De este modo el establecimien-
to de las RB tiende a crear una fuerte ambigüedad en las condicio-
nes de tenencia, y a menudo es visto por las comunidades como
una expropiación encubierta.

1
Al establecer Reservas de la Biosfera el gobierno federal no altera las condiciones de
tenencia, sin embargo impone a los dueños de los recursos un ordenamiento territorial
que restringe los usos del suelo: Se distinguen zonas núcleo en las que están prohibi-
das todas las actividades a excepción de las de investigación que para realizarse
requieren de permiso del Instituto Nacional de Ecología (INE) y zonas de amortigua-
miento donde se permiten algunas actividades productivas que no implican cambio de
uso del suelo, sujetas a una serie de restricciones establecidas también por el INE.

94 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
La expresión de las políticas de ajuste estructural y apertura comercial
en el sector forestal

La política forestal durante el régimen de Salinas de Gortari


La estrategia de promoción de la silvicultura comunitaria no fue
nunca una prioridad política, a ello obedecen en buena medida las
limitaciones de sus alcances. La inversión en el desarrollo forestal
comunitario fue restringida en recursos y en el ámbito de su actua-
ción, reducido en mucho a las comunidades de las zonas que
habían sido concesionadas. Esta política tampoco se acompañó
de un programa integral de apoyo al sector forestal que asumiera
aspectos clave como la construcción y mantenimiento de infraes-
tructura de caminos, ni de fomento al desarrollo tecnológico e
industrial. Simultáneamente al impulso de esa estrategia, en 1986
México ingresó al GATT, con lo que se impulsó la apertura de la
economía del país y se incrementaron las importaciones forestales.
Mientras las empresas concesionarias operaron en el contexto de
una economía cerrada, las empresas campesinas —particularmente
en las regiones cercanas a las fronteras— debieron enfrentar la
competencia de productos cuyos costos de producción resultaban
menores que los de las empresas mexicanas. Durante los años
ochenta sucesos y procesos como la crisis de la deuda externa, la
caída de los precios del petróleo y el incremento acelerado del
déficit fiscal, sentaron bases para el cambio de modelo económi-
co. Los objetivos de la política de sustitución de importaciones
fueron desechados y el énfasis de la política económica se trasla-
dó a la búsqueda de la integración de la economía nacional a los
mercados internacionales. Desde esta nueva perspectiva la
apertura del mercado nacional, la promoción de las exportaciones
y la reducción del gasto público se convirtieron no sólo en medios,
sino en metas.
El último periodo considerado en este trabajo se inicia en la
segunda mitad del gobierno de Salinas de Gortari en 1991, duran-
te el cual se profundizaron las políticas de ajuste estructural y de
apertura comercial y financiera. Una de las acciones más relevan-

A NÁLISIS 95
Las políticas forestales y de conservación y sus

tes de este tiempo fue la reforma a la legislación agraria que se


impactos sobre las comunidades forestales

efectuó entre 1991 y 1992, con el fin de crear un mercado de tie-


rras agrícolas. Como complemento de las reformas al Artículo 27
desde 1992 se ha implementado el Programa de Certificación de
Derechos Ejidales (PROCEDE) que reconoce derechos de propiedad
particular sobre las parcelas agrícolas y los solares urbanos. En
los ejidos que participan en PROCEDE se han delimitado las parce-
las agropecuarias individuales y las áreas de uso común, como
son las áreas forestales. Se presumía que con esta reforma se
generarían condiciones de seguridad para la inversión, sentando
bases para la creación de economías de escala en el campo.
La ley forestal de 1986 resultaba inadecuada para los nuevos ob-
jetivos de la política económica. En el balance de los nuevos
funcionarios, las regulaciones que esta ley establecía y la partici-
pación del Estado que exigía resultaban excesivas. En el diagnós-
tico oficial la propiedad social de los bosques era causante directo
de su deterioro y de la ausencia de inversiones productivas en el
sector forestal.
Algunos analistas de las reformas al Artículo 27, han hecho
énfasis en el fin del control corporativo de la SRA sobre las comuni-
dades campesinas (Gordillo, de Janvry y Sadoulet, 1999), los cam-
bios a la ley agraria acabaron con “la fuerte intervención estatal en
los asuntos internos de los ejidos, incluyendo particularmente sus
mecanismos de toma de decisión y sus canales de acceso a bie-
nes y servicios públicos” (de Janvry et al., 1996:71). En el sector
forestal, el control de los funcionarios de la SRA había dado pie a la
frecuente corrupción de las autoridades ejidales, en apoyo de los
intereses de las empresas rentistas y concesionarias “entre 1989 y
1993, una encuesta reporta que en cinco periódicos nacionales
aparecían 226 denuncias a funcionarios asociados con la forestería,
generalmente funcionarios presionando a los comisariados a ven-
der barato los derechos de extracción o pidiendo soborno a
cambio de documentos. La misma encuesta encontró 122 denun-
cias de corrupción interna en los ejidos forestales, usualmente
asociada a líderes comunitarios sobornados por agentes de la

96 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
industria forestal. Pero por otra parte es sorprendente que la
implementación de mecanismos de control social en las comuni-
dades “…ha logrado disminuir y a menudo eliminar estos proble-
mas” (Madrid 1993: 8, citado por Klooster: 161).
Si bien con la nueva política agraria las comunidades obtuvie-
ron mayor autonomía, también se incrementó su abandono. La
reducida inversión pública ha privilegiando los subsidios al consu-
mo y en general a los programas de alivio a la pobreza, sobre
la inversión productiva. El programa Procampo, creado luego de la
firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)
ha sido un ejemplo claro de esta tendencia. Inicialmente este pro-
grama pretendía canalizar recursos a los productores de maíz, para
lograr la paulatina homologación de sus condiciones de produc-
ción con las de los agricultores de Norteamérica. Sin embargo los
criterios que manejaban este programa, que otorgaba subsidios
en función de la superficie cultivada, y no del volumen de produc-
ción, lo llevaron a operar como un desestímulo a la productividad
agrícola y un subsidio al consumo de las empobrecidas familias
campesinas. Durante sus primeros dos años el subsidio de
Procampo provocó la apertura al cultivo de tierras marginales, que
a menudo contaban con cobertura forestal. En el sector forestal la
reducción del gasto público se tradujo en la suspensión de los pro-
gramas de asistencia técnica, capacitación y asesoría a las comu-
nidades forestales, que la SARH —entonces a cargo de la política
forestal— había sostenido por más de una década.
Aunque las modificaciones al Artículo 27 constitucional y al
reglamento agrario crearon la posibilidad de privatizar las tierras
agrícolas de los ejidos, establecen la imposibilidad de parcelar o
privatizar las tierras de uso común, como son los bosques. Sin
embargo en el contexto de falta de beneficios económicos genera-
dos a partir del uso de las tierras forestales para sus dueños, de
descapitalización de la economía campesina y del abandono del
campo por parte de las instituciones de gobierno, estas reformas
corren el riesgo de generar incentivos a la remoción de la cobertu-
ra forestal. La Ley Agraria permite a los ejidos forestales asociarse

A NÁLISIS 97
Las políticas forestales y de conservación y sus

con capital privado, cediendo el uso de sus tierras por periodos de


impactos sobre las comunidades forestales

incluso 30 años para el establecimiento de plantaciones foresta-


les. De este modo los plantadores pueden llegar a controlar exten-
siones de hasta 20,000 ha. Desde una perspectiva neoliberal “los
cambios a la reforma agraria eliminaron algunos de los mayores
desincentivos a la inversión en forestería, deteniendo la amenaza
de la expropiación de tierras forestales (…) creando la designa-
ción de pequeña propiedad forestal y abriendo el camino a las plan-
taciones” (Téllez Kuenzler, 1994).
En 1992 se promulgó una nueva ley forestal. La desrregulación
de la actividad forestal en sus distintas fases era uno de los cam-
bios significativos, otro fue la apertura al mercado de los servicios
técnicos forestales, que hasta entonces habían sido controlados
por la SARH. La legalización del rentismo forestal y de las asociacio-
nes entre comunidades y empresarios privados fue otro de los ejes
de la nueva ley. La propuesta implícita en la ley de 1992 parecía
subestimar las necesidades de la conservación y uso sustentable
de los bosques de México. Inspirada en la fe en las virtudes del
libre mercado, la incorporación de la asistencia técnica al mercado
y la desrregulación de la actividad forestal, eran, desde la perspec-
tiva de esta ley, medidas suficientes para responder a las necesi-
dades de inversión, asesoría y capacitación de las comunidades
forestales campesinas. Algunos años después de la promulgación
de la ley forestal de 1992 resultaba evidente que en muchas regio-
nes estas medidas habían profundizado así en inercias de acceso
abierto a los recursos de los bosques y de sobreexplotación de los
mismos. Al poco tiempo de haberse anulado las regulaciones al
transporte y a la industria forestales la incidencia de las extraccio-
nes clandestinas de madera se incrementó drásticamente
(C. González Pacheco, director de Vigilancia Forestal de la
Procuraduría Federal de Protección Ambiental, comunicación per-
sonal, 1998 y 1999). La liberalización del mercado de los servicios
técnicos se tradujo a menudo en la disminución de su calidad, en
detrimento de los bosques “el nuevo sistema da mayor responsa-
bilidad que nunca antes a la toma de decisiones de las comunida-

98 E STUDIOS A GRARIOS
impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
des. Si bien el traslado de los servicios forestales al mercado
permitía superar los vicios generados por el régimen de monopolio
al que habían estado sujetos bajo el sistema de UCODEFO´s”. Este
cambio también hace posible a las comunidades obtener de los
técnicos un tratamiento particular a sus condiciones “pero su habi-
lidad para plantear estas demandas depende de organización
interna y el acceso a la información, ambos dependen de factores
externos al mercado de los servicios forestales” (Klooster 1997:166).
Puesto que la ley no planteaba criterios mínimos de calidad de los
servicios técnicos forestales, el precio se convirtió en muchos
casos en el criterio rector para la selección del técnico asesor. Como
la mayoría de sus antecesoras, la ley forestal de 1992 pasaba por
alto un tema clave: la falta de estímulos a los dueños de los
bosques para conservar y/o manejar cuidadosamente los recursos
forestales.
A pesar de que, en 1991 y 1992, desde las organizaciones de
campesinos forestales se manifestaron voces críticas a la propuesta
de la nueva ley, no lograron detener esa reforma, ni incidir en
ella de manera significativa.
A partir de 1994, la firma del TLCAN profundizó la apertura de la
economía del país. Para el sector forestal nacional ese tratado se
tradujo en la apertura del mercado a las dos mayores economías
forestales del mundo. En 1993, a consecuencia de la sobrevaluación
del peso, el mercado nacional se vio inundado de madera prove-
niente de Estados Unidos, Canadá y Chile. De entonces a la fe-
cha, los precios de diversos productos de madera mexicana han
sido, en distintos momentos, mayores a los de la madera importa-
da. En el contexto de deterioro y falta de inversión característicos
del sector forestal, muchos productores mexicanos resultan inca-
paces de enfrentar la competencia de los productores estadouni-
denses y canadienses
Durante los últimos años la viabilidad económica de muchos
productores en el propio mercado nacional se ha basado más en
la política macroeconómica, que en una competitividad sustentada
en inversiones y capacidades productivas reales. En el año 2000,

A NÁLISIS 99
Las políticas forestales y de conservación y sus

la empresa chilena Terranova ofrecía en México madera


impactos sobre las comunidades forestales

dimensionada en precios 35% más bajos que los del mercado


nacional. Las importaciones de tableros fueron ese año de 160,000
toneladas.

La políticas sobre la gestión forestal de SEMARNAP


Durante el gobierno de Ernesto Zedillo, los recursos destinados al
sector agropecuario y forestal disminuyeron de 6.6 a 3.8% del
gasto total programable; la dependencia alimentaria del país
creció en 35%, los ingresos de los productores rurales descendie-
ron 70% y la balanza comercial tuvo un déficit promedio anua de
casi 2 mil millones de dólares (La Jornada, 2 de septiembre
de 2000). La reducción de créditos y apoyos productivos a los
productores rurales, aunada a la apertura comercial, ha tenido
impactos dramáticos en la producción de alimentos básicos y el
desempleo rural, y ha generado un fuerte incremento de las impor-
taciones agropecuarias.
El gobierno de Zedillo creó la Secretaría del Medio Ambiente,
Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP), que se planteó como
objetivo lograr un equilibrio —global y regional— entre los objeti-
vos económicos, sociales y ambientales, con el fin de contener los
procesos de deterioro ambiental; inducir un ordenamiento del terri-
torio nacional de acuerdo con las aptitudes y capacidades ambien-
tales de cada región; aprovechar de manera plena y sustentable
los recursos naturales, como condición básica para superar la
pobreza, y cuidar el ambiente y los recursos naturales a partir de
una reorientación de los patrones de consumo y la instrumenta-
ción efectiva de la legislación sectorial. En el ámbito forestal, con
esta política se pretendía impulsar “el aprovechamiento de los
recursos orientado a garantizar la conservación de los recursos
forestales; aumentar la participación del sector en el desarrollo
económico del país, mediante el impulso de un aprovechamiento
sustentable de los recursos forestales; propiciar la valorización de
los servicios ambientales forestales, y contribuir al mejoramiento

100 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
de la calidad de vida de las comunidades campesinas que viven
en las zonas forestales”2 (PROCYMAF-SEMARNAP, 2000) .
SEMARNAP asumió la responsabilidad de la regulación del sec-
tor forestal, buscando incorporar criterios ambientales en gestión
forestal. Antes de la creación de la SEMARNAP, las diversas leyes
relacionadas con la actividad forestal eran aplicadas por diferen-
tes dependencias. Con la concentración de las atribuciones en una
dependencia, las distintas leyes comenzaron a ser aplicadas por
unidades y subunidades administrativas y órganos desconcen-
trados insertos en una misma estructura. A pesar de este avance
hacia una mayor integralidad institucional, la insuficiencia de re-
cursos y la dispersión de los ordenamientos jurídicos impidió
lograr una actuación institucional plenamente articulada. Se man-
tuvo una gestión basada en conceptos y procedimientos distintos,
según la ley correspondiente, aplicados por las distintas áreas res-
ponsables con criterios y objetivos diferentes.
La SEMARNAP operó con recursos presupuestarios y humanos muy
reducidos. Las políticas de ajuste estructural y adelgazamiento del
Estado, en el caso del sector forestal, han llegado a afectar el
cumplimiento de las funciones básicas de las instituciones de
gobierno. En 1998 la Procuraduría Federal de Protección Ambien-
tal contaba con 150 inspectores, concentrados en su gran mayoría
en las capitales de los estados, para realizar la vigilancia fores-
tal en el conjunto de las áreas forestales del país. Esta limitación
se tradujo en un sesgo en la actuación de la Procuraduría, que
privilegiaba la inspección y auditoría a los predios bajo aprovecha-
mientos regulares, sobre la vigilancia a los bosques donde estos
no se presentan. Si bien en los bosques sujetos a planes de mane-
jo se presentan irregularidades, gran parte de las extracciones clan-
destinas se realiza en áreas donde éstos no se ejecutan, sin que la
actuación de PROFEPA enfrente efectivamente tales ilícitos. Los jurí-
dicos de las delegaciones de la Procuraduría tenían que atender

2
Proyecto de Conservación y Manejo Sustentable de Recursos Forestales en Méxi-
co. Balance de tres años de ejecución, SEMARNAP, 2000.

A NÁLISIS 101
Las políticas forestales y de conservación y sus

un promedio de 200 denuncias anuales, contando para ello con


impactos sobre las comunidades forestales

uno o dos responsables. De modo que la respuesta a las denun-


cias llegaba a tomar hasta dos años en emitirse.3 En estas condi-
ciones no resulta extraño que la presencia de PROFEPA haya sido
incipiente y su capacidad de procuración de justicia ambiental
haya sido muy limitada. Como se ha mencionado, la debilidad
institucional se sumó a la desregulación de la actividad forestal.
La capacidad de regulación operativa de los aprovechamientos
forestales también ha sido afectada por la falta de recursos huma-
nos. En las delegaciones estatales de SEMARNAP, los encargados
de la revisión y autorización de las extracciones forestales se
encuentran generalmente saturados. Cada trámite para la obten-
ción de los permisos debe repetirse anualmente y toma alrededor
de tres meses. El retraso en la expedición de permisos implica
retraso en el inicio de las operaciones de extracción, incrementando
sus costos, ya que las extracciones se prolongan a menudo más
allá del inicio de las lluvias. Esta dinámica suele ser una fuente de
tensión permanente en las relaciones entre las comunidades
forestales y las delegaciones estatales de la SEMARNAP.
Al inicio de los años noventa, los programas oficiales de aseso-
ría y acompañamiento a los productores fueron suspendidos.
Si bien el retiro de la SRA concedió a las comunidades mayor auto-
nomía para la gestión de sus recursos, implicó la desaparición de
mecanismos que obligaban al ahorro de las ganancias forestales y
a la rendición constante de cuentas de las empresas sociales.
Estas ausencias han tenido impactos negativos en las comunida-
des con insuficientes capacidades de organización, que carecen
de instancias que permitan hacer contrapeso a la autoridad de
los comisariados (ejidales o comunales) o a la intervención de los
madereros y que garanticen la transparencia de la administración
de los recursos comunes. Por otra parte, la mayoría de las comuni-

3
Este fue el caso de la demanda que interpusieron ante Profepa los campesinos
presos en Guerrero en relación con la intercepción de camiones cargados de
madera.

102 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
dades forestales, incluso aquellas que realizan extracciones fores-
tales rentables han fallado en la capitalización de sus empresas.
Hacia la mitad del régimen de Zedillo, en 1997 la ley forestal se
modificó de nueva cuenta. La renovación de la ley obedecía funda-
mentalmente al interés por regular las plantaciones forestales. Para
el proyecto neoliberal el establecimiento de plantaciones foresta-
les de carácter privado constituye la única estrategia productiva
viable para el sector forestal. Se considera que las plantaciones
destinadas a la producción de celulósicos son la vía más importan-
te para permitir a México aprovechar las ventajas comparativas
dadas por las altas calidades de estación de sus bosques. Se ha
argumentado que los beneficios ambientales que producirán estos
cultivos los hacen meritorios de los subsidios oficiales extraordina-
rios que se han negado al manejo de los bosques naturales.
También se argumenta que la producción de las plantaciones
permitirá cubrir el déficit de pulpa y papel del país, en un contexto
económico en que la autosuficiencia alimentaria ha sido desecha-
da como objetivo de la política pública desde hace casi dos déca-
das. Diversas críticas al privilegio de las plantaciones forestales
llevan a matizar sus beneficios, señalándose que: su eficiencia
económica se asocia a un manejo con fuertes impactos sobre los
recursos hídricos, implica riesgos en tanto recurre al uso de una o
pocas especies, e incluso de individuos clonados y tiene también
fuertes impactos de erosión sobre los suelos. En 1996 el presiden-
te Zedillo anunció que el gobierno concedería exenciones fiscales
y absorbería durante siete años 65% de los costos de producción
de las empresas plantadoras, cuyos proyectos fueran aprobados
por SEMARNAP. Con la nueva ley se buscaba inicialmente establecer
ese subsidio como obligación del gobierno y definir los criterios de
los terrenos aptos para el establecimiento de plantaciones. La opo-
sición campesina y civil al proyecto original logró influir en esta
ocasión en algunos de los temas de la ley: la obligatoriedad de los
apoyos oficiales no se incluyó en la ley y se establecieron en
cambio algunos criterios de manejo de las plantaciones, tendentes
a mitigar sus impactos ambientales.

A NÁLISIS 103
Las políticas forestales y de conservación y sus

La nueva ley volvió a introducir algunos controles al transporte


impactos sobre las comunidades forestales

e industria forestales, es así que en la ley vigente se requiere a


quienes realizan el transporte, transformación o almacenamiento
de materias primas forestales (con excepción de aquellas destina-
das al uso doméstico) que acrediten su legal procedencia. Sin em-
bargo la regulación de la industria sigue siendo insuficiente. Es así
que para establecer nuevos centros de almacenamiento y trans-
formación de materias primas forestales basta con presentar
el aviso de funcionamiento correspondiente. Si el aviso contiene la
información requerida, a partir del momento de su presentación,
la secretaría queda obligada a inscribirlo en el Registro Forestal
Nacional en un plazo no mayor de cinco días. Esta disposición ha
propiciado que la capacidad instalada de almacenamiento
y transformación de materias primas forestales rebase con mucho
el volumen de madera sujeta a aprovechamientos autorizados.
De manera que estos centros representan potencialmente
mecanismos para la legalización de la madera de fuentes ilegales.
Cabe mencionar que la ley de 1997 corrigió las omisiones que
presentaba su antecesora sobre los resguardos y decomisos
de materiales provenientes de extracciones clandestinas y
sobre la acreditación de los inspectores forestales (Manuel Tripp,
comunicación personal).
Durante el debate en torno a la ley de 1997, las organizaciones
campesinas criticaron constantemente los apoyos extraordinarios
a las plantaciones forestales frente a la escasa atención a los
bosques naturales. En respuesta, SEMARNAP inició en 1996 el dise-
ño de una estrategia de desarrollo forestal dirigida a impulsar
acciones de apoyo a productores forestales para promover el apro-
vechamiento, la conservación y la restauración de los bosques. En
esta propuesta se consideraba la participación directa de los due-
ños de los recursos, como un elemento fundamental para el
desarrollo sectorial. La secretaría puso en marcha nuevos progra-
mas de apoyo a comunidades forestales, el Programa de Desarro-
llo Forestal (PRODEFOR) y el Programa de Conservación y Manejo
Forestal (PROCYMAF). Se buscaba impulsar una nueva política de

104 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
estímulos al sector forestal, sin embargo, a pesar de su importan-
cia, los escasos recursos con que estos programas operan han
limitado sus alcances. En conjunto el presupuesto de PRODEFOR y
PROCIMAF no rebasa los 300 millones de pesos y durante su primer

año PRODEFOR sólo manejó 7 millones de pesos, frente a los 8,000


millones de pesos del programa Procampo. El presupuesto del Pro-
grama de Plantaciones Forestales (PRODEPLAN), que destina subsi-
dios principalmente a inversionistas privados, es también mucho
mayor. Otra significativa diferencia entre el programa dirigido a
empresarios plantadores y PRODEFOR es que mientras la disposi-
ción de recursos federales para este último ha estado sujeta a la
aprobación y participación económica de los gobiernos estatales,
la ejecución de PRODEPLAN no enfrenta condicionamiento alguno.
Aunque esta disposición responde a la búsqueda de coordinación
de las acciones de la secretaría y los gobiernos estatales, en los
hechos dilata y entorpece considerablemente el ejercicio del pro-
grama. En Oaxaca, en 2001, se estaba concluyendo apenas la
aplicación de los recursos correspondientes a 1999. En Quintana Roo
y Guerrero PRODEFOR no operó durante los dos primeros años de su
existencia porque los gobiernos estatales no aportaron los recursos
que les correspondía, lo mismo sucedió en 1998 en Durango, a pesar
del peso de la actividad forestal en la economía de esa entidad.
Una debilidad adicional de PRODEFOR es la carencia de recursos
para desarrollar tareas de promoción del programa y acompaña-
miento de los programas que impulsa. Como resultado, durante
algunos años, en algunos estados los recursos de este programa
no se utilizaron completamente. La falta de promoción restringe
también la posibilidad de orientar recursos a las comunidades me-
nos desarrolladas, las que realizan extracciones bajo esquemas
de rentismo, y limita el impacto de PRODEFOR a las comunidades
con mejores condiciones. La difusión de PRODEFOR se realiza a tra-
vés de los prestadores de servicios técnicos forestales, lo que
favorece los proyectos y comunidades que corresponden al inte-
rés de los técnicos. De allí que a menudo PRODEFOR ha sido visto
como “un programa para los técnicos”.

A NÁLISIS 105
Las políticas forestales y de conservación y sus

Otra es la experiencia del Programa de Conservación y Ma-


impactos sobre las comunidades forestales

nejo Forestal (PROCYMAF) que la secretaría ha desarrollado con


recursos del Banco Mundial. Se trata de un programa piloto que
inició en 1996 y ha operado fundamentalmente en el estado de
Oaxaca. PROCYMAF busca “fortalecer una estrategia de promo-
ción del uso sustentable de los recursos forestales, dentro de
una política que reconoce el valor de los recursos del país y las
tendencias del deterioro de éstos como resultado de políticas
inadecuadas”. Se maneja como punto de partida la idea de que
“la situación de los recursos forestales está asociada a la pro-
blemática social y económica de las áreas rurales: (PROCYMAF)
“se orienta entonces a promover el desarrollo sustentable, con-
siderando el incremento de los niveles de vida de las comunida-
des” ( SEMARNAP -PROCYMAF , 2000; pp.101 y 102). El estado de
Oaxaca resultó de interés especial para PROCYMAF dado el alto
nivel de participación de la propiedad social en la tenencia fo-
restal (90% de los bosques del estado), la existencia de diver-
sas experiencias exitosas de manejo forestal comunitario y la
fortaleza organizativa que deriva de las estructuras tradiciona-
les de gobierno de muchas de estas comunidades. PROCYMAF
abarca una temática más amplia que la de PRODEFOR, trabajando
en tres áreas: la asesoría a las comunidades, incluyendo temas
que rebasan el ámbito tradicional de los servicios técnicos
forestales, como evaluaciones rurales participativas, ordena-
mientos territoriales comunitarios, estudios de mercado, asis-
tencia sobre ecoturismo, apoyo a la certificación forestal, entre
otros. Dentro del estilo de actuación de PROCYMAF destaca la aten-
ción al acompañamiento a las comunidades y la búsqueda del
fortalecimiento de sus capacidades. En este sentido, destaca
el trabajo de los promotores regionales del programa que se
encargan de prestar información sobre éste y otros programas
de SEMARNAP en las comunidades forestales de las distintas
regiones de ese estado, y dar seguimiento a su desempeño.
Del mismo modo este programa ha promovido la creación de
nueve foros regionales, que constituyen para las comunidades

106 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
forestales espacios de información, discusión e incluso resolu-
ción de conflictos, referentes a distintos aspectos de la activi-
dad forestal de sus regiones.
El resultado de la acción de PROCYMAF y PRODEFOR se expresa
en indicadores sobre cambios en la actividad forestal oaxaqueña
entre 1995 y 1999, como son: el incremento en 62% de la produc-
ción maderable, en 89% de la producción no maderable; el au-
mento en 78% del número de comunidades con programas de
manejo; en 30% de la superficie bajo manejo, y 33% de los em-
pleos generados y en el crecimiento de los ingresos forestales de
las comunidades en 283%.4 Dar continuidad a estas acciones, ex-
tendiendo sus ámbitos de acción, resulta clave para el desarrollo
del sector forestal como sector productivo y como base natural de
servicios ambientales que los bosques prestan a la sociedad.
Además de los programas que impulsó SEMARNAP se requieren
nuevas iniciativas que apoyen el desarrollo de empresas foresta-
les innovadoras, que muchas veces serán de carácter privado. Estos
innovadores son pares necesarios para el desarrollo del sector
social forestal y del propio sector como conjunto. Un tema funda-
mental de la inversión pública es la construcción y mantenimiento
de caminos forestales, que por ahora incrementan notoriamente
los costos de producción. Temas adicionales de inversión se
refieren a los programas para la adquisición, reposición y moderni-
zación del parque industrial; el fomento de estudios silvícolas para
incrementar los productividad forestal y mejorar la calidad de los
productos, “eliminar la inversión oficial en este sector sería
desperdiciar muchos años de experiencia y desarrollo de la
forestería mexicana” (Zabin, 1998).

4
Los incrementos mencionados se refieren a los valores que estos indicadores pre-
sentaban en 1995, cuando la producción maderable equivalía a 408 mil m3, la no
maderable a 318 toneladas, 77 comunidades contaban con planes de manejo y la
superficie bajo manejo forestal era 500 mil ha. Los empleos que generaba la activi-
dad forestal en Oaxaca eran 30 mil y los ingresos que esta generaba ascendían
a 1.1 millones de pesos (SEMARNAT, Delegación en Oaxaca, 2001).

A NÁLISIS 107
Las políticas forestales y de conservación y sus

Otro aspecto relevante de la gestión de SEMARNAP fueron las


impactos sobre las comunidades forestales

políticas de conservación. Durante este periodo se incrementó de


manera muy importante la extensión de las áreas naturales prote-
gidas, al crearse 30 nuevas Reservas de la Biosfera. El estableci-
miento de figuras fuertemente restrictivas al uso de los recursos
naturales fue uno de los ejes de la política de conservación. Este
énfasis resulta paradójico luego de la historia de estímulos a la
deforestación y al clandestinaje que a lo largo del siglo XX se ha
asociado a las vedas forestales. El peso concedido a esta política
contrasta con la débil capacidad de las instituciones ambientales
en las áreas protegidas, aun en aspectos fundamentales como la
vigilancia, la regulación y la promoción de los usos sutentables de
los recursos. Hasta el 2000 la incorporación de nuevas áreas al
Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SINAP) se mane-
jaba en sí misma como indicador de avance de la política de con-
servación, sin incorporar a su evaluación información sobre la
pérdida o conservación de las áreas y recursos en las zonas que
se buscaba proteger.
Un caso ilustrativo de esta orientación fue la extensión de la
Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca durante las últimas
semanas del gobierno de Zedillo. La superficie de esta reserva se
incrementó entonces de 16,110 ha a 50,000 ha, la extensión de la
zona núcleo también se amplió de 4,491 ha a 16,000 ha. La am-
pliación de la Reserva de Monarca respondió en gran medida a la
campaña del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).5 Los bos-
ques en que se asienta la reserva presentan un fuerte y acelerado
deterioro. Desde la perspectiva de este trabajo, factores como la
falta de incentivos a la preservación y uso regulado de los recur-
sos, y la privación de la capacidad de gestión de las tierras foresta-
les que históricamente6 han sufrido las comunidades, han sido
determinantes.

5
WWF son las siglas del nombre inglés de este organización, World Wide Life Fund.
6
Desde el tiempo de la veda forestal en Michoacán.

108 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
La evaluación que WWF manejó para fundamentar el incremento
del área de la reserva, reconocía la pérdida de superficies foresta-
les en los periodos 1980-1986 y 1996-1994. La comparación
mostraba que tanto las superficies deforestadas, como el ritmo de
pérdidas forestales, habían sido superiores durante el segundo pe-
riodo, que corresponde a los años de existencia de la RBBMM.
A pesar de que este dato difícilmente puede considerarse un indi-
cador del éxito de la reserva, era percibido por WWF como argu-
mento para justificar su extensión. Esta nueva iniciativa para
proteger el hábitat de las monarcas no se basa en un análisis más
amplio de las causas del continuo deterioro de los bosques de la
reserva. Parte del supuesto incuestionado, de que las extraccio-
nes legalmente autorizadas son la razón fundamental de la des-
trucción del bosque. Pasa por alto el hecho de que en los predios
forestales mejor conservados en la región, propiedad de los ejidos
de Cerro Prieto, Melchor Ocampo y el Paso, se han realizado por
años extracciones forestales bajo programas de manejo.7 Tampo-
co se considera la situación inversa, el que muchas de las áreas
de mayor deterioro, dentro de las propias zonas núcleo, son
predios de comunidades donde nunca se han desarrollado apro-
vechamientos bajo programas de manejo.
No se plantean en la nueva propuesta temas clave como la
mejora de la gestión de las instituciones gubernamentales respon-
sables de la reserva. Tampoco se incluyen medidas suficientes para
enfrentar el problema de las extracciones clandestinas, una de las
causas centrales del deterioro forestal de la región.
El nuevo esquema de la RBMM impulsado por WWF y SEMARNAP
representa un avance respecto a modelos de conservación ante-

7
En marzo de 2000 se realizó la evaluación en campo para la certificación forestal
de los ejidos de Cerro Prieto y Ocampo por parte de un equipo del Consejo Civil
Mexicano para la Silvicultura Sostenible, que colabora con la certificadora norte-
americana Smartwood. Los resultados de este ejercicio fueron muy positivos y la
certificación fue recomendada por el equipo evaluador, en el que participó la autora
de este trabajo. El proceso de certificación se detuvo cuando parte de las áreas de
producción de esos ejidos quedaron dentro de las nuevas zonas núcleo de la RBMM.

A NÁLISIS 109
Las políticas forestales y de conservación y sus

riores, al incluir incentivos económicos para las comunidades cam-


impactos sobre las comunidades forestales

pesinas afectadas. Sin embargo estos incentivos constituyen fun-


damentalmente pagos por derechos de monte, que se entregan a
las comunidades a cambio de que éstas suspendan las extraccio-
nes. Estos pagos representan una forma de rentismo ambiental. A
diferencia de esquemas como el de certificación forestal en los
que las comunidades establecen compromisos de buen manejo
silvícola y conservación, manteniendo la capacidad de decidir el
uso de sus recursos; estas rentas ambientales se entregan a cam-
bio de la concesión del control de los recursos. La “compra de per-
misos forestales” (WWF) comprende solamente a 15 ejidos, cuya
superficie en la zona núcleo comprende 42% de la extensión de
esa área, el resto de los ejidos y comunidades con bosques en esa
zona, que carecían de permisos al momento del nuevo decreto, no
alcanzan esta compensación. Si desde una perspectiva institucional
y social la propuesta resulta limitada, en términos económicos la
compensación propuesta tampoco es suficiente. En primer térmi-
no, los pagos propuestos ($160 por metro cúbico) representan
apenas la cuarta parte del precio de la madera en pie vigente en el
año 2000, cuando algunas comunidades agregan mayor valor a la
producción forestal y venden incluso madera aserrada. La propuesta
considera el desarrollo de actividades alternativas no-extracivas
en estos ejidos. No es esta la primera ocasión en que se busca
implementar este tipo de actividades, desde el inicio de los noven-
ta se han invertido recursos en proyectos de cultivo de hongos,
elaboración de artesanías, conservas, etcétera. A la fecha estas
experiencias han tenido pocos resultados, en gran parte debido a
problemas de falta de planeación, capacitación y continuidad.
Con esta argumentación no se sostiene en sí la conveniencia
de las extracciones forestales en oposición a la imposición de las
restricciones que implica el incremento de la zona núcleo. Plantea-
mos la conveniencia de desarrollar, desde las comunidades,
ordenamientos territoriales que, con base en las condiciones
ecológicas particulares, destinen áreas determinadas de los terri-
torios comunales a usos particulares, incluyendo la definición de

110 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
zonas dedicadas a la preservación y restauración, asumidas y
protegidas por las comunidades mismas. Considerar a las comuni-
dades campesinas como sujetos centrales de las estrategias de
conservación permitiría articular y no enfrentar los derechos y
necesidades de las comunidades dueñas y el interés público por
preservar los sitios de hibernación. Ciertamente el diseño y opera-
ción de un sistema “policéntrico” (Ostrom V. 1997; McGiggins
1999ª)8 hubiera requerido tiempo y esfuerzos mayores que los del
modelo impuesto, sin embargo desde la perspectiva de este texto,
hubiera ofrecido perspectivas de mayor estabilidad a la preserva-
ción en el largo plazo del vuelo transcontinental de las monarcas.
Una orientación menos vertical hubiera permitido también hacer
del interés público por la conservación, una oportunidad real para
el desarrollo del capital natural y social de las comunidades cam-
pesinas e indígenas de la reserva.
En la segunda mitad del año 2000, SEMARNAP llevó a cabo en la
región reuniones con las comunidades incluidas dentro de los nue-
vos límites del área protegida, con el fin de informarles los conteni-
dos propuestos para el nuevo decreto. Con este proceso se esta-
blece una diferencia notable y positiva respecto a la forma en que
en 1986 se estableció originalmente la reserva.9 Sin embargo la
calidad de la participación social en el proceso fue limitada, el
proceso fue apresurado y la actuación de los responsables
institucionales no estuvo exenta de actitudes autoritarias. Fue
hasta poco tiempo antes de iniciarse las negociaciones cuando las
comunidades recibieron información sobre los nuevos límites de la
reserva, a pesar de que desde un año antes los representantes del
INE se había comprometido a informar detalladamente a las

8
Dentro de distintas definiciones de los sistemas de gestión policéntricos Michael
McGinnis establece que “un sistema político es policéntrico cuando existen muchas
arenas (o centros) de autoridad y responsabilidad que se traslapan. Estas arenas
existen en todas las escalas, desde los grupos de las comunidades locales a los
gobiernos nacionales, desde los arreglos informales para la gobernabilidad hasta el
nivel global” (McGinnis, p. 2).
9
En 1986 las comunidades no fueron nunca informadas sobre la medida.

A NÁLISIS 111
Las políticas forestales y de conservación y sus

comunidades. En las asambleas convocadas, la expansión del área


impactos sobre las comunidades forestales

protegida fue expuesta como un hecho sin opción, en esa medida


la aceptación de las compensaciones ofrecidas resultaba para los
campesinos una propuesta tipo “lo tomas o lo dejas”. Las reunio-
nes se realizaron comunidad por comunidad, aunque no se
efectuaron asambleas en todas las comunidades afectadas, en
40% de ellas la consulta se redujo a la obtención del acuerdo de
las autoridades de cada comunidad agraria. Aun en estas
condiciones, alrededor de la tercera parte de las comunidades
incluidas en el nuevo perímetro de la reserva no concedieron su
acuerdo al nuevo decreto.
A pesar de los limitados resultados de esta y otras Reservas
de la Biosfera, la necesidad de un control centralizado y jerárquico
y la imposición vertical de medidas fuertemente restrictivas, se
manejan como supuestos incuestionables de la política de conser-
vación. Cómo sostiene Vincent Ostrom “el Leviathan de Hobbes
mantiene una importante influencia en los eventos contemporá-
neos. La visión de Hobbes de una única, abrumadora fuente de
poder continúa siendo una fuerte inspiración para los gobernantes
en muchos países” (McGinnis, 1999:17).
Hacia finales de la gestión de E. Zedillo, como resultado de la
orientación y acciones de las políticas macroeconómicas,
agropecuarias y agrarias, y de las limitaciones y sesgos de las po-
líticas ambientales y forestales, el desarrollo de las comunidades
forestales presenta en muchos casos un fuerte retroceso. Nume-
rosas empresas campesinas forestales han dejado de manejar su
bosque con fines comerciales. Más allá de las consecuencias de la
quiebra del fracaso de las iniciativas comunitarias en la economía
de las familias campesinas, el abandono del manejo forestal co-
munitario crea frecuentemente condiciones de acceso abierto a los
recursos, en las que las cortas clandestinas y/o el cambio de uso
de suelo son opciones socorridas. Además de su impacto en las
condiciones de los bosques, a la quiebra de las iniciativas campe-
sinas de manejo forestal se asocia a menudo el deterioro del tejido
social y las condiciones de convivencia en las comunidades. Estas

112 E STUDIOS A GRARIOS


impactos sobre las comunidades forestales
Las políticas forestales y de conservación y sus
condiciones limitan la posibilidad de construcción de un sujeto cam-
pesino, capaz de elaborar y sostener proyectos de vida y de mane-
jo de los recursos alternativos a la visión neoliberal en los que las
regiones campesinas representan zonas marginales y las comuni-
dades meras agrupaciones de población redundante.
No obstante la adversidad del contexto político y económico
de los años noventa, algunas comunidades han logrado mantener
las operaciones de aprovechamiento forestal, aunque enfrentando
múltiples presiones, desde aquellas que plantean la competencia
internacional hasta las que conllevan las sequías, los incendios
forestales, el clandestinaje, las dificultades en la relación con
las instituciones de gobierno y la miopía de las políticas hacia el
campo.

A NÁLISIS 113
Las políticas forestales y de conservación y sus

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A NÁLISIS 115
Género y tenencia
de la tierra en el
ejido mexicano:
¿la costumbre o la ley
del Estado?*

Verónica Vázquez García**

¿Qué derechos tienen las mujeres


rurales al recurso tierra? Estos dere-
chos, ¿son definidos por el Estado o
por los usos y costumbres de la
comunidad? ¿Qué papel ha jugado
la legislación agraria para garantizar
el derecho de las mujeres a la tie-
rra? ¿Cuáles son los factores más
determinantes (legales o de otro tipo)
en el acceso de las mujeres a este
recurso?
El presente trabajo pretende res-
ponder a estas interrogantes. La Ley
* Este trabajo obtuvo el 3er lugar del VI Premio
Estudios Agrarios 2001.
** Desarrollo Rural, Colegio de Postgraduados
en Ciencias Agrícolas.
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

Ejidal de 1927 ha sido modificada varias veces desde que fue crea-
da. Desde la perspectiva de equidad de género, la modificación
más importante fue la de 1971, cuando se decidió otorgar a las
mujeres derecho legal a la tierra y representación en las estructu-
ras ejidales. Por su parte, los cambios de 1992 crearon el marco
¿la costumbre o la ley del Estado?

legal para la compra-venta y la inversión privada en tierras ejidales.


Sin embargo, varios estudios (Goldring, 1998; Stephen, 1998;
Hamilton, 2000) han señalado que la forma más importante de
acceso a la tierra por parte de las mujeres ha sido y sigue siendo la
herencia por línea de un difunto marido. Es decir, la mayor parte de
las ejidatarias son viudas, tienen una edad promedio de 63 años y
accedieron a la tierra como “sucesoras” de su marido difunto. Esto
quiere decir que la dinámica de la tierra es independiente del mar-
co constitucional de tierras ejidales, por lo menos en lo que se
refiere a los derechos de las mujeres. En palabras de Hamilton
(2000:19), pareciera que “ni la titulación legal de la tierra ni un medio
más abierto para la venta de derechos agrarios determinan de
manera efectiva el acceso de las mujeres al status de ejidataria...
Lo que es más importante, es que las prácticas de herencia
continúan favoreciendo a las esposas, aunque no esté establecido
en la ley”.
Esta situación nos hace pensar que es necesario ir más allá del
análisis legislativo para entender las formas de acceso a la tierra
por parte de las mujeres. En este sentido, la antropología feminista
ha resaltado la necesidad de analizar las prácticas culturales que
determinan el acceso y control de mujeres y hombres sobre el re-
curso tierra (Moore, 1988). Estudios realizados en Asia y África
(Bina Agarwal, 1988; Fiona Mackenzie, 1990; Nancy O’Rourke,
1995) han señalado la importancia de los sistemas informales de
acceso a la tierra para entender el control efectivo que mujeres y
hombres ejercen sobre ésta.
Este trabajo pretende analizar los mecanismos de acceso de
las mujeres al recurso tierra en tres ejidos del campo mexicano.
Para cumplir con este propósito tomaremos en cuenta no sólo las
leyes escritas del Estado mexicano en materia de derecho agrario,

118 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
sino también las prácticas culturales que regulan su acceso de
manera informal. El trabajo demostrará que a pesar de los cam-
bios de 1971 y 1992, “la fuerza de la costumbre” hace que la he-
rencia siga siendo la forma más dominante de acceso a la tierra
por parte de las mujeres.
Este estudio fue realizado en la Sierra de Santa Marta (SSM),
ubicada sobre el litoral del Golfo de México, a 150 km al sureste
del puerto de Veracruz y entre 25 y 30 km al norte de Minatitlán y
Coatzacoalcos. Está compuesta por seis municipios: Pajapan,
Mecayapan, Soteapan, Hueyapan de Ocampo, Tatahuicapan de
Juárez y Catemaco. Para 1995, en las 135,900 hectáreas que
conforman la SSM vivían un total de 58,903 personas, con una
densidad de 42 hab/km2. Los cinco primeros municipios están
habitados principalmente por indígenas nahuas y popolucas (aproxi-
madamente 50,000), mientras que Catemaco es predominantemen-
te mestizo (Ramírez, 1999:21;61).
La SSM comprende 93 localidades distribuidas en forma disper-
sa, la mayoría de las cuales se ubican a menos de 550 msnm. En
la zona coexisten tres formas de tenencia de la tierra: ejidal, comu-
nidad agraria y privada. El sistema ejidal abarca 77% del área (58
ejidos, tres ampliaciones ejidales, cinco proyectos de ejidos); bajo
el régimen de comunidad agraria se encuentra únicamente Pajapan,
que comprende 5% de la superficie total de la SSM; la propiedad
privada corresponde a 18%. Dentro de esta última tenemos cuatro
colonias agrícolas y ganaderas y 14 previos privados (Ramírez,
1999:62).
El presente trabajo discute la situación agraria de tres ejidos:
Ocotal Grande (OG), Encino Amarillo (EA) y Benigno Mendoza (BM),
los cuales son representativos de la diversidad étnica y productiva
de la SSM. El primero es un asentamiento popoluca de 278 habitan-
tes (INEGI, 1995:II, 1141) dedicados(as) a la siembra de la milpa
para el autoconsumo y del café para la venta, combinación bastan-
te frecuente en comunidades popolucas. En el segundo ejido habi-
tan 363 indígenas nahuas (INEGI, 1995:II, 1141) que, como otros
poblados nahuas de la sierra, también hacen milpa, rentan pastos

A NÁLISIS 119
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

para ganado “ajeno” y generan ingresos mediante el trabajo asala-


riado masculino y el comercio femenino. Por su parte, BM es una
comunidad de 161 inmigrantes mestizos(as) provenientes de otras
regiones de Veracruz que se establecieron en la sierra durante los
años sesenta y setenta (Paré et al., 1997:108). Traían en mente el
¿la costumbre o la ley del Estado?

modelo de desarrollo de la ganadería extensiva y deforestaron


buena parte del ejido para dedicarse a ella, pero por falta de
apoyos y capacitación en su manejo, pocos(as) benignenses han
logrado convertirse en propietarios(as) de ganado. Aquellos(as) que
sí lo han conseguido viven y tienen otros negocios fuera del
pueblo y dejan “encargados” sus animales. La ganadería “a me-
dias” y la renta de pastos es la práctica más común en el ejido
(Vázquez, 2002).
El trabajo está organizado de la siguiente manera. Primero des-
cribo lo que se entiende por “la fuerza de la costumbre” en relación
con el recurso tierra, tanto en el mundo indígena como en el mes-
tizo. En seguida hago un recorrido por la legislación agraria del
país y su impacto en las mujeres del campo. Luego describo los
mecanismos de transferencia de la tierra que se han dado en cada
ejido, siguiendo el orden presentado arriba. La discusión es deta-
llada pero también muy ilustrativa del papel dominante de la cos-
tumbre en el acceso de las mujeres a la tierra. Para simplificar esta
información, presento un cuadro resumen de cada comunidad al
terminar cada sección.

La fuerza de la costumbre y
el acceso femenino al recurso tierra

David Robichaux (1997:150) establece que las unidades domésti-


cas mesoamericanas comparten elementos relacionados con la
residencia postmarital y la herencia de la propiedad, que él deno-
mina “sistema de formación de la unidad doméstica mesoa-
mericana” (SFUDM) o Mesoamerican Household Formation System.
Este sistema tiene dos características principales: 1) la residencia

120 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
patrivirilocal, es decir, una pareja pasa sus primeros años en
la casa del padre y madre del novio después de casarse; 2) la
ultimogenitura, es decir, la propiedad paterna es heredada por el
hijo varón más joven después de la muerte de su padre. Retomando
cerca de 50 estudios de caso realizados en México y Centroamérica,
Robichaux (1997:162) concluye que este sistema es un “fenóme-
no básico de la cultura mesoamericana y debe ser considerado
como uno de los elementos que la definen”. No hay ninguna
evidencia que demuestre que este sistema haya llegado con la
conquista española, por lo que el autor sitúa sus orígenes en
la época prehispánica.
Asimismo, Soledad González Montes (1999:88) elabora un es-
tudio que apunta hacia la caracterización del “matrimonio tradicio-
nal indígena”, argumentando que las costumbres matrimoniales no
son rasgos culturales aislados, sino parte de un modelo
mesoamericano de matrimonio. Los elementos que lo configuran
son: 1) la baja edad en el matrimonio (entre los 14 y 20 años, con
las mujeres más jóvenes que los hombres); 2) la fuerte interven-
ción de las dos familias de la pareja en los arreglos matrimoniales,
los cuales son negociados por hombres adultos durante un buen
periodo de tiempo; 3) un ritualismo costoso y complejo que sirve
para legitimar las uniones en la comunidad, que implica varias visi-
tas a la familia de la novia; 4) el “robo de la novia”, que consigue
evitar en alguna medida los dos puntos anteriores, y 5) la transfe-
rencia de bienes y servicios del novio y su familia al padre y madre
de la novia, lo cual suele tomar la forma de un pago por la mucha-
cha y una fiesta.
¿Qué implicaciones tienen el SFUDM y el matrimonio tradicional
indígena para mujeres y hombres respecto a la tierra? Al casarse y
trasladarse a la casa de los suegros, las mujeres pierden acceso a
la tierra en su unidad doméstica paterna. Por el contrario, los hom-
bres se benefician de vivir en el mismo lugar toda su vida, puesto
que inician sus unidades domésticas con el apoyo de su padre,
quien les proporciona ayuda y un lugar para construir su casa, así
como tierra para trabajar con su nueva familia. Si se trata del hijo

A NÁLISIS 121
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

varón menor, éste también recibirá como herencia la vivienda de


sus padres. En cambio, las mujeres no reciben tierra ni propiedad
en ningún momento de sus vidas: ni al casarse ni al morir su padre
o madre. Como veremos más adelante, la costumbre, producto de
prácticas culturales específicas de sociedades mesoamericanas,
¿la costumbre o la ley del Estado?

limitan el acceso de las mujeres a la tierra en las dos comunidades


indígenas que nos ocupan.
Como comunidad mestiza, BM no se rige por estas prácticas
culturales. Pero la idea de que los hombres son los jefes de familia
y los principales proveedores de alimento domina las creencias y
valores de grupos mestizos, por lo que la tierra también es vista
como un recurso masculino. Lazos y Godínez (1996:263) señalan
que en el momento de la formación del ejido, los hombres de BM
hicieron todo lo posible para que sus hijos varones fueran ejidatarios,
pagando las cuotas correspondientes. Es decir, estos jóvenes re-
cibieron una especie de “herencia en vida” en forma de tierra. No
así las mujeres. Como veremos más adelante, estas prácticas tam-
bién se manifiestan en la constitución del ejido mestizo.

Las leyes agrarias y las mujeres del campo

Según Arizpe y Botey (1987: 70), la Ley Ejidal de 1927 establece


que “los miembros del ejido deben de ser mexicanos, varones
mayores de 18 años, mujeres solteras o viudas manteniendo a
una familia”. Es decir, los hombres pueden recibir tierra indepen-
dientemente de su estado civil, mientras que las mujeres tienen
que ser responsables de menores de edad. La legislación asu-
me que los hogares encabezados por un hombre son la norma y
que el derecho que se le otorga a él, es equivalente al derecho de
la unidad doméstica. Por el contrario, la mujer sólo tiene derecho
a la tierra en ausencia de un hombre y si es responsable de meno-
res de edad; no por derecho propio. Aunque la intención de esta
ley era evitar la concentración de la tierra, su resultado fue dejar a
las mujeres sin ésta y reproducir una visión patriarcal de la familia,

122 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
en la que la mujer es un simple eslabón en la transmisión de la
tierra del padre a los hijos varones.
Como lo he señalado en otros trabajos (Vázquez, 1996:77-78),
grupos de mujeres organizadas demandaron cambios a esta dis-
posición durante el periodo de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, el
movimiento no logró el reconocimiento de sus derechos agrarios y
el presidente en turno, Manuel Ávila Camacho, comenzó a canali-
zar sus actividades hacia lo caritativo, con el argumento de que el
deber de la mujer es “amar y ayudar a los que lo necesitan”. Esta
nueva política gubernamental contuvo el elemento contestatario
de las organizaciones de mujeres y reforzó su papel tradicional en
el ámbito doméstico (Tuñón, 1992).
No fue sino hasta 1971 que la ley fue modificada con el fin de
otorgar los mismos derechos agrarios a hombres y a mujeres.
Atribuimos este cambio a que México se estaba preparando para
recibir a las delegadas de la Primera Conferencia de la Mujer orga-
nizada por la ONU en 1975 y Luis Echeverría quería reivindicar su
papel como líder del Tercer Mundo después de la masacre de
Tlatelolco (Vázquez, 1996). El artículo 200 de la Ley Federal
de Reforma Agraria establece que “mexicanos de nacimiento, hom-
bres o mujeres mayores de 16 años o de cualquier edad si tienen
dependientes” tienen derecho a la tierra. Por su parte, el artículo
45 da voz y voto a las mujeres en las asambleas ejidales y el 78
garantiza que las mujeres no pierden su derecho agrario al casar-
se con otro ejidatario. Además, se crean los mecanismos legales
para la formación de UAIM´s (Unidad Agrícola Industrial de la Mu-
jer), las cuales deberán estar conformadas por esposas e hijas de
ejidatarios interesadas en iniciar un proyecto productivo (Arizpe y
Botey, 1987: 70).
A pesar de los cambios a la ley, el número de ejidatarias y de
UAIM’s no creció como se esperaba. En 1984 sólo 15% de los

ejidatarios eran mujeres (Arizpe y Botey, 1987:71), la mayoría de


las cuales eran viudas que heredaron la tierra de sus esposos
(Deere y León de Leal, 1995:17). Además, pocas de estas
ejidatarias trabajaban la parcela, la cual estaba en manos de un

A NÁLISIS 123
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

pariente masculino.1 En lo que respecta a las UAIM´s, para las mis-


mas fechas sólo 8% de los ejidos del país tenían una (Deere y
León de Leal, 1995:17). Una publicación reciente de la Secretaría
de la Reforma Agraria (1998:139), indica que el número de las UAIM´s
ha aumentado (23.6% de los núcleos agrarios tienen una), pero
¿la costumbre o la ley del Estado?

sólo 29.6% de éstas (2,004 de 6,772) reporta alguna actividad.


La reforma al Artículo 27 de la Constitución publicada el 6 de
enero de 1992 da por concluido el reparto agrario; permite por pri-
mera vez la venta legal de la tierra ejidal, y legaliza la asociación
de ejidatarios con el Estado o con terceros. La venta de la parcela
ejidal a alguien que no es miembro del ejido o la aportación de las
tierras de la zona de uso común del ejido a una sociedad mercantil
requiere la aprobación de la asamblea por mayoría calificada. Igual-
mente, la ley limita “el máximo de superficie sobre la que puede
tener derechos un ejidatario a 5% de la extensión total del ejido”
(SRA: 1998:190-191).
Varias autoras han señalado el impacto negativo de la nueva
ley en las mujeres del campo (ver Deere y León de Leal, 1995:18).
Para empezar, las decisiones en torno al futuro del ejido las deben
de tomar sólo ejidatarios con derecho al voto, lo cual excluye a las
mujeres ya que la mayoría de los ejidatarios son hombres y sus
esposas no pueden votar. Segundo, la parcela, que antes era un
patrimonio familiar, se convierte en una mercancía en manos del
ejidatario, quien puede decidir por sí solo rentarla o venderla.2
El ejidatario puede además preparar un testamento que establez-
ca sus preferencias de herederos(as), sean parientes suyos o no.

1
Esto demuestra la importancia de distinguir entre propiedad de la tierra y control
efectivo de ésta (Agarwal citada en Deere y León de Leal, 1995). Para entender esta
distinción, es necesario que examinemos los patrones culturales que determinan el
acceso a la tierra, como proponemos en el presente trabajo.
2
Según la ley, la (el) esposa y/o hijos(as) del ejidatario tiene el “derecho de tanto”,
es decir, la posibilidad de comprar la parcela del marido en un plazo no mayor de
quince días. Dadas las condiciones de pobreza en el campo, creemos que es poco
probable que las mujeres cuenten con los recursos para hacerlo. El estudio de
Hamilton (2000) señala precisamente que ninguna mujer ha accedido a la tierra
mediante su compra a pesar de que desde 1992 es posible hacerlo.

124 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
Con esto la mujer pierde el derecho a heredar la parcela después
de la muerte de su esposo (Deere y León de Leal, 1995:19; Espar-
za Salinas, 1996).
La nueva ley también trajo consigo el Programa de Certifica-
ción de Derechos Ejidales y Titulación (PROCEDE), cuyo objetivo es
dar “a cada ejidatario [sic], a cada posesionario y a cada avecinda-
do un certificado definitivo de sus derechos agrarios y el título de
propiedad del solar en el que viven”. La decisión de certificar los
derechos agrarios se toma en asamblea, a la que debe asistir 75%
de los ejidatarios(as) y debe ser por mayoría calificada de dos ter-
ceras partes de los y las asistentes (SRA: 1998:190-191).
El PROCEDE ha sido aceptado en algunas regiones más que en
otras. Para julio de 1995, 29% de los 732 ejidos de Oaxaca habían
sido certificados, pero en Chiapas el porcentaje era mucho menor,
7%. Según Kuenzler (citado en Deere y León de Leal, 1995:21), el
programa ha tenido más éxito en los estados del norte del país,
especialmente en regiones dedicadas a la agricultura comercial.
Datos más recientes indican que 58.6% de los ejidos del país han
sido certificados y titulados. Entre los estados que cuentan con
más ejidos certificados se encuentran Veracruz, Tamaulipas,
Guanajuato, Durango, Sinaloa, Puebla, Michoacán y Sonora, en
orden de importancia. Todos ellos cuentan con más de 700 ejidos
certificados. En cuanto al número de sujetos agrarios que han reci-
bido títulos agrarios, Veracruz ocupa de nuevo el primer lugar se-
guido por Puebla, Durango y Zacatecas (SRA:1998:338-339).
¿Qué papel han jugado las mujeres en el PROCEDE? Datos de la
SRA (1998:140-141) nos dicen que “del total de personas cuyas

tierras se han certificado, 309,000 son mujeres, lo que representa


21% de la población beneficiada por el programa. Tienen calidad
de ejidatarias 54.5%, de posesionarias 8.5% y de avecindadas 37%”.
Es importante hacer notar que por avecindadas la SRA hace re-
ferencia a “personas que habitan en los ejidos y son propietarias
de solares, sin ser ejidatarias ni tener acceso a las tierras ejidales”;
es decir, buena parte de las mujeres que han recibido títulos de
propiedad (37%) son propietarias de un solar, no de una parcela.

A NÁLISIS 125
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

De hecho, entre los(as) ejidatarios(as) y posesionarios(as) que sí


han recibido un certificado agrario por la parcela, el porcentaje de
mujeres es de 17.6 y 22%, respectivamente.3
Otro aspecto importante que hay que mencionar es que, tal como
lo señalan Arizpe y Botey para las mujeres con derechos agrarios
¿la costumbre o la ley del Estado?

de hace quince años, la edad de las ejidatarias certificadas por


PROCEDE sigue siendo avanzada y la mayoría de ellas no trabajan la

parcela. El 62 % de las ejidatarias supera los 50 años y 28% tiene


más de 65, mientras que la distribución de los hombres en estos
grupos de edad es de 46 y 17%, respectivamente. Además, 60.3%
de las ejidatarias dijo que su ocupación era la de “ama de casa”;
sólo 27% se declaró agricultora (SRA, 1998:141-143).
El caso de las posesionarias y avecindadas es diferente, ya
que la mitad de las primeras son menores de 45 años y la mitad de
las segundas están por debajo de los 40 años (SRA, 1998:141).
Estos datos parecen indicar que las posesionarias son jefas de
hogar que trabajaban la tierra de un(a) ejidatario(a) (y ahora han
recibido su propio título de propiedad), mientras que las avecindadas
son jefas de familia que no trabajan la tierra ya sea porque no
tienen acceso a ella o porque se dedican a otra actividad. En am-
bos casos, PROCEDE les ha reconocido el título a la propiedad de
una parcela (posesionarias) y/o del solar (avecindadas).
En total, las mujeres han recibido derecho sobre 3.7 millones
de hectáreas, lo que representa únicamente 14% de la superficie
certificada. Además, la mayor parte de ésta (65%) corresponde a
tierras de uso común y a solares urbanos, parcelas con destino
específico y parcelas de grupo. Es decir, sólo 35% de la tierra que
han recibido las mujeres corresponde a parcelas con título indivi-
dual. Además, la mayoría de las mujeres (52.9%) tienen menos de
cinco hectáreas y el promedio de sus parcelas es de 2.7 hectá-
reas. A nivel nacional, las ejidatarias tienen en promedio parcelas

3
Por ejidatarios(as) nos referimos a los(as) titulares de la parcela, mientras que
los(as) posesionarios (as) son personas que han sido reconocidas por la asamblea
en virtud de tener en explotación tierras ejidales, sin ser ejidatarias (SRA: 1998:141).

126 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
de 8.3 hectáreas, lo cual corresponde a casi una hectárea menos
respecto de las parcelas de los ejidatarios (SRA: 1998:142).
Todo parece indicar que la forma más importante en la que las
mujeres accederán a la tierra seguirá siendo la herencia con la
muerte de su marido. A nivel nacional, 38.5% de los primeros su-
cesores de las tierras ejidales son las esposas de los ejidatarios.
Es decir, las mujeres reciben tierras principalmente en su condi-
ción de viudas responsables de menores de edad y siguen jugan-
do el papel de eslabón en la transmisión de la tierra de padres a
hijos varones (SRA:1998:142-143).4
Resumiendo, la primera ley agraria de este siglo usó el modelo
de la familia patriarcal para legislar, al considerar a las unidades
domésticas encabezadas por un hombre como la norma y asumir
que el derecho que se le otorga al padre de familia equivale al de
toda la unidad doméstica. Para que las mujeres pudieran recibir
tierra, era necesario que tuvieran dependientes menores de edad,
a diferencia de los hombres que sólo necesitaban ser mayores de
18 años. No fue sino hasta 1971 cuando se le otorgó a la mujer los
mismos derechos agrarios que a los hombres, al establecer que
para recibir tierra sólo se necesitaba ser mayor de 16 años y de
nacionalidad mexicana. Sin embargo, la nueva ley no representó
un cambio significativo para las mujeres, ya que para 1984 sólo
15% de los(as) ejidatarios(as) eran de sexo femenino y la mayoría
habían adquirido sus derechos agrarios por herencia. Es decir, a
pesar de los cambios a la ley, las mujeres seguían siendo vistas
como un eslabón en la transmisión de la tierra de padre a hijo va-
rón. Datos recientes de PROCEDE demuestran que esta situación no
ha cambiado. La mayoría de las ejidatarias de hoy son mayores de
edad y dicen no trabajar la tierra. Asimismo, las primeras
sucesoras en la herencia de los que ahora son ejidatarios son
sus esposas.

4
En los estados del centro y del sur (predominantemente indígenas), la tendencia a
beneficiar a los hijos varones es mayor.

A NÁLISIS 127
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

¿A qué se le puede atribuir el hecho de que a lo largo de casi un


siglo, las mujeres reciban tierra sólo en calidad de responsables
de menores de edad? No podemos negar que la ley ha jugado un
papel importante en mantener este estado de cosas. De hecho, en
los tres ejidos que nos ocupan, el primer censo agrario que esta-
¿la costumbre o la ley del Estado?

bleció el número de beneficiarios(as) se levantó antes de las modi-


ficaciones de 1971. Pero hay que reconocer que la fuerza de la
costumbre también ha jugado un papel importante en obstaculizar
el pleno acceso de las mujeres a la tierra, ya que los censos fueron
actualizados varias veces durante las décadas subsiguientes y los
derechos de las mujeres no fueron asumidos ni practicados. A con-
tinuación veremos cómo se dio esta situación en las tres comuni-
dades que nos ocupan.

Los y las popolucas de Ocotal Grande

Es en los años treinta que las y los pobladores de OG hacen sus


primeras solicitudes para recibir tierras dentro del marco del repar-
to agrario. Sin embargo, el censo para determinar a las personas
con derecho a la dotación no se lleva a cabo. En 1958 un funciona-
rio es enviado a la comunidad para levantar el censo, pero en el
informe que rinde a la Comisión Agraria Mixta el 7 de febrero del
mismo año aclara que los habitantes de OG le habían comunicado
que “por el momento no quieren que se les levante el censo
porque están en espera de que el municipio haga una solicitud de
tierras, incluyendo a todas sus congregaciones, y trabajarlas co-
lectivamente”.
No es sino hasta enero de 1962 cuando el censo agrario de OG
es levantado, identificando 38 personas con derecho a ser dota-
das de tierra, de las cuales tres eran mujeres que habían enviuda-
do. En abril del mismo año el censo se depura, eliminando a cuatro
hombres que tenían derechos agrarios en otra comunidad y a dos
de las tres viudas (de 60 y 75 años, respectivamente) por no tener
“familia a su cargo”.

128 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
El 27 de abril de 1962, el gobernador del estado de Veracruz
dota con 798 hectáreas al poblado. La resolución presidencial es
firmada por Luis Echeverría Álvarez el 29 de agosto de 1964. El
Diario Oficial de la Federación publica el 5 de junio de 1965 una
lista de 32 ejidatarios(as), la mayoría de los(as) cuales ya murieron
o ya no viven en OG. Entre estos 32 ejidatarios(as) sólo quedaba
una de las tres viudas (como señalamos en el párrafo anterior, las
otras dos ya habían sido eliminadas). Pero según el comisariado
ejidal (entrevista, 1998), la única viuda que había conservado el
derecho lo “abandonó” al irse a vivir a otro poblado. Cuando regre-
só, “la parcela ya tenía dueño”.
A principios de los años setenta se vuelve necesario depurar el
censo, con el fin de privar de derechos agrarios a personas que
han abandonado el cultivo de las unidades de dotación por más de
dos años, para darlas a aquellos que trabajan en la comunidad. En
agosto de 1978 se publica una segunda lista de ejidatarios(as) de
OG. De los 32 ejidatarios(as) de 1962, quedaban sólo diez vivos o
aún viviendo en la comunidad y su derecho ejidal fue refrendado
en esa fecha. Pero había 22 vacantes, las cuales fueron ocupadas
por 14 hombres casados, cinco hombres solteros, dos mujeres y la
UAIM, esta última “por orden de la Reforma Agraria” (entrevista con

comisariado ejidal, 1998).


La primera mujer es una viuda que es incluida en la lista porque su
hijo varón era menor de edad en el momento de la depuración del
censo. La otra es la segunda esposa de un hombre polígamo también
con hijos(as) pequeños(as). Su marido ya tenía parcela pero ella lo-
gró entrar (como representante de un hijo menor de edad) porque “el
derecho estaba vacante y había poca gente.” En lo que a la UAIM res-
pecta, las mujeres “no se decidieron”, así que la parcela “está des-
apareciendo porque la parte urbana está creciendo” y recientemente
se decidió en asamblea que la parcela “pase a ser parte del pueblo”
(entrevista con el comisariado ejidal, 1998).
El ejido no sufre modificaciones legales hasta 1997, fecha en
que la asamblea ejidal aprueba la entrada de PROCEDE. Pero entre
las dos décadas que van de 1978 a 1997 se dan procesos de trans-

A NÁLISIS 129
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

ferencia de la tierra muy ilustrativos. Los derechos de los hombres


que fallecen generalmente pasan del padre al hijo varón menor,
siguiendo las reglas de ultimogenitura descritas arriba. Por su par-
te, las dos mujeres que se mencionan arriba pierden su derecho:
la viuda, porque “[su hijo] aún era chamaco” y presuntamente, no
¿la costumbre o la ley del Estado?

pudo defenderlo (entrevista con el comisariado ejidal, 1998); la


segunda esposa del hombre polígamo lo cede a su hijo ya mayor
cuando éste se casa y comienza a trabajar la tierra de forma
independiente de su padre. Al mismo tiempo, entran dos nuevas
mujeres: una que heredó el derecho de su marido al morir éste y
otra que se convirtió en ejidataria porque su marido ya tenía
derecho ejidal en otra comunidad y la asamblea decidió nombrarla
a ella, aunque es asumido por todos que el derecho es de él, por
lo que él tiene que asistir a las juntas y responsabilizarse de las
“cooperaciones”.
Entonces, a finales de 1997 había dos ejidatarias entre las 31
personas con derecho ejidal. Para el trabajo de PROCEDE se acordó
que las 31 personas con derecho podrán repartir tierras entre sus
avecindados, en general hijos varones que trabajan en la parcela
de su padre. Con la entrada de PROCEDE, el número de ejidatarios
se reduce y se crea la categoría de posesionario(a), donde entran
estos avecindados. Según la Brigada de Medición de la Jefatura
de la Zona de Acayucan del INEGI-PROCEDE, con la parcelación el
número de ejidatarios(as) es de 26, y 25 posesionarios(as) adquie-
ren derecho a la tierra. Entre los cinco ejidatarios(as) que pierden
el derecho se encuentran, precisamente, las dos mujeres que lo
tenían antes de la entrada de PROCEDE: en el primer caso, el esposo
(que tenía derecho en otro poblado) es reconocido como
posesionario y ella renuncia al derecho ejidal; en el segundo, la
viuda vende su derecho a un hombre joven, el cual se convierte en
posesionario.5

5
La ejidataria nos dijo en entrevista que había decidido dejarle su parcela a “un
vecino que le había echado la mano, amable”, con la idea de que él le ayudaría a

130 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
La mayoría de los otros posesionarios(as) son hijos de ejidatarios
cuyo padre, siguiendo la norma indígena de distribución de tierra,
reparte en vida su propiedad agraria entre sus hijos varones , para
que ellos estén listos para trabajar y mantener una unidad domés-
tica al casarse. Algunos de estos jóvenes ya están casados, mien-
tras que otros son todavía solteros aunque mayores de 16 años.
También hay el caso de un tío que da tierra a su sobrino; un suegro
que da tierra a su yerno; un abuelo que da tierra a su nieto, y tras-
paso de propiedad entre hermanos. En ningún caso los ejidatarios
consideran a las mujeres, y como ya hemos visto, las dos mujeres
ejidatarias ceden el derecho a su marido, o lo venden, respectiva-
mente. De hecho, la única mujer que entra en la lista de nuevos
posesionarios(as) es, otra vez, la segunda esposa del hombre
polígamo mencionada arriba, ahora para transferirle la tierra al úl-
timo de sus hijos que en el momento de la entrada de PROCEDE
tiene menos de 16 años.
Como puede verse, el derecho a la tierra de las mujeres ha sido
concebido siempre como transitorio y en su papel de viudas res-
ponsables de una familia. Sin excepción, todas las mujeres que
han tenido derecho agrario en OG lo han perdido ya sea a favor de
sus hijos varones, esposos u otros. Cada cambio en el censo re-
presenta la salida de una o dos mujeres, y la entrada de una o dos
nuevas, que a su vez saldrán en la siguiente renovación del censo,
independientemente del motivo por el que se renueve. Lo que re-
sulta más sorprendente es que esto sucede a lo largo de medio
siglo en el que la Ley Agraria es modificada dos veces, primero
para darles derechos agrarios a las mujeres independientemente
de su estado civil, y luego para permitir el “libre” movimiento de

hacerle mejoras a su casa y le daría maíz de cada cosecha, porque ella “no puede
cumplir con sus obligaciones” con el ejido. Según el comisiariado ejidal, el hombre
que recibió la tierra le dio 7,000 pesos a la ejidataria. Tanto él como las autoridades
agrarias consideran que con esa suma terminan sus responsabilidades hacia ella,
por lo que el hombre no ha participado en las mejoras de la casa y tampoco le da
maíz a la mujer.

A NÁLISIS 131
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

tierras. Sin embargo, pareciera que en OG, la Ley Ejidal de 1927


sigue siendo la norma, ya que concuerda bien con la tradición indí-
gena que determina que la tierra debe de ser transferida del padre
a los hijos varones. La gente de OG se ha apropiado de la ley de
1927 más que de ninguna otra, porque concibe a las mujeres como
¿la costumbre o la ley del Estado?

guardianas temporales del derecho agrario mientras los hijos asu-


men la mayoría de edad. Los cambios posteriores a dicha ley no
han alterado esta práctica cotidiana de transferencia de tierras.

Cuadro 1

Transferencia de la tierra en Ocotal Grande

132 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
Los y las nahuas de Encino Amarillo

El 31 de agosto de 1962 se reúnen en la agencia municipal de EA la


gente del lugar con el presidente y secretario del municipio de
Mecayapan, con el objeto de constituir el Comité Ejecutivo Agrario
y redactar la solicitud de dotación ejidal para el pueblo. El docu-
mento aclara que efectúan dicha solicitud “para ponerse dentro del
marco de la ley agraria, para trabajar en forma legal las tierras
para que más tarde no seamos atropellados como en muchas co-
munidades ha estado sucediendo que los colonizadores se vienen
aborazando [sic] comprando tierras”. El número de solicitantes de
tierras ascendía a 49, cuyos nombres fueron anexados a la solici-
tud (CAM Exp. 5058 citado en Sánchez González, s.f.).
En 1962 la Comisión Agraria Mixta levanta el primer censo agra-
rio de EA, el cual identifica a 31 personas con derecho a la tierra,
entre las cuales sólo hay una mujer, presuntamente viuda. En fe-
brero del año siguiente la Comisión Agraria Mixta establece que la
dotación agraria será de 774 ha, las cuales estarán distribuidas de
la siguiente manera: 20 ha para la parcela escolar, 10 para la zona
urbana, 124 para usos colectivos y 620 para constituir 31 parcelas
individuales de 20 ha cada una. El gobernador del estado hace el
mandamiento de dotación en marzo de 1963, mientras que la re-
solución presidencial es firmada por el Presidente de la República
el 15 de febrero de 1965 (publicada en la Gaceta Oficial el 19 de
enero de 1966, CAM Exp. 5058 citado en Sánchez González, s.f.).
El 11 de julio de 1972 un grupo de hombres que no habían sido
beneficiados por la dotación ejidal envían al gobernador del esta-
do una solicitud de ampliación del ejido, argumentando que care-
cían de “dotación legal de tierras, que necesitamos cultivarlas para
la manutención de nuestros hogares”. Al año siguiente la Comisión
Agraria Mixta realiza un recorrido por las 774 ha del ejido para
verificar el aprovechamiento de las tierras. En su informe el funcio-
nario de la CAM aclara que 260 ha estaban dedicadas a diversos
cultivos (180 al maíz, 30 al frijol, 25 al café, 10 a la ciruela y 15 al
arroz); 120 ha estaban empastadas; 10 estaban destinadas a la

A NÁLISIS 133
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

zona urbana, 20 a la parcela escolar y 364 eran imposibles de


cultivar por tratarse de “tierras áridas, pedregosas y muy quebra-
das”. El funcionario establece que hay 20 personas con derecho a
ser dotados en la ampliación y que seis de los 31 ejidatarios origi-
nales ya habían dejado el ejido (CAM Exp. 6156 citado en Sánchez
¿la costumbre o la ley del Estado?

González, s.f.).
En 1978, seis años después de la solicitud, la Comisión Agra-
ria Mixta dictamina que la ampliación del ejido es procedente,
pero que no hay “fincas afectables” en el radio del ejido (porque
ya se había dotado de tierras a los ejidos vecinos), por lo que la
dotación no se realiza. Para 1979 se hace una depuración cen-
sal en EA , donde se establece que 15 ejidatarios(as) del censo
original (realizado en 1962) pierden su derecho por estar
ausentes de la comunidad. Entre ellos se encontraba la única
mujer (mencionada arriba), que para entonces se había ido “a
vivir a otra parte” (entrevista con el comisariado ejidal, 1997).
Los 15 lugares vacantes en el ejido pasan a ser ocupados por
15 personas que no habían formado parte de la dotación ejidal
de 1962, la mayoría de ellos hombres adultos que en el primer
censo eran menores de edad. Entre ellos se encuentra una viu-
da, la cual se convierte en ese momento en la única mujer con
derecho a la tierra en el ejido.
En 1989 se hace una nueva depuración censal, donde se
refrendan 22 de los 31 derechos de los(as) ejidatarios(as) del
censo de 1962 y de la depuración de 1979. Los nueve espacios
restantes son ocupados por personas que habían estado
usufructuando las unidades abandonadas por más de dos años,
en su mayoría hombres adultos. La viuda le pasa el derecho a
su hijo que para entonces ya es mayor de edad y tres mujeres
cuyos maridos habían fallecido en el transcurso o estaban
ausentes de la comunidad heredan el derecho. Por su parte, la
solicitud de ampliación no obtiene respuesta satisfactoria, a pe-
sar de que los interesados demuestran la existencia de 330 hec-
táreas sin dueño entre el ejido de EA y otro llamado El Vigía. Los
solicitantes deciden entonces repartirse las 330 hectáreas entre

134 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
22 de ellos y cercar parcelas de 15 ha cada una para su uso
personal. Entre los ocupantes de la ampliación no se encuentra
ninguna mujer.
Esta situación continúa hasta 1999, fecha en la que concluí
el trabajo de campo. Supe que en el año 2000 el PROCEDE había
sido finalmente aceptado por la asamblea ejidal y se estaba
empezando a hacer la medición de las parcelas, pero para ese
entonces ya había decidido ponerle un fin en el tiempo al proce-
so de recolección de datos.
Como en el caso de OG, las nahuas de EA han recibido tierra
sólo en su papel de viudas responsables de una familia. Sin
excepción, todas las que han tenido derecho agrario lo han reci-
bido como herencia del marido que fallece y/o como tutoras de
menores de edad, por lo que tal derecho es transferido en cada
depuración censal a un varón. La práctica de transferencia de la
tierra en EA es similar a la de OG en el sentido de que, a pesar
de los cambios legales referentes a los derechos agrarios de
las mujeres, la comunidad sigue funcionando bajo el esquema
de la ley de 1927, la cual concibe a las mujeres únicamente
como guardianas temporales del derecho agrario mientras sus
hijos asumen la mayoría de edad.

Cuadro 2

Transferencia de la tierra en Encino Amarillo

A NÁLISIS 135
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

Los y las mestizas de Benigno Mendoza

Los y las inmigrantes de BM señalan que al momento de su


llegada la selva se encontraba “virgen”. Aún no se había constituido
el ejido, por lo que la tierra se trabajaba de manera “comunal”.
¿la costumbre o la ley del Estado?

Es decir, los y las residentes de BM se ayudaban entre sí para des-


montar lo que serían sus parcelas. En palabras de un informante,
“donde le gustaba a uno ahí tumbaba, decía, mira a mí me gusta
esta parte, bueno ahí tumbábamos, no que a mí me gusta para este
otro lado, ahí tumbábamos” (citado en Sánchez González, s.f.).
Tan pronto como se establece el primer grupo de inmigrantes
comienzan a hacerse los trámites para la solicitud del ejido. En
diciembre de 1966 un grupo de 57 hombres de BM, haciendo “uso
de los derechos civiles que [les] otorga la Ley” y citando el Art. 26
constitucional, se dirigen al gobernador del estado para solicitarle
dotara a la población con tierras ejidales. Aducen que BM “está en
apremiante necesidad de tierras ejidales por carecer de ellas y ser
un poblado netamente agrícola”. Argumentan que carecen de tie-
rras propias para satisfacer sus necesidades económicas y se ven
obligados a “vender a bajo precio su trabajo”. Los 57 hombres que
firmaron la solicitud (publicada el 4 de marzo de 1967 en la Gaceta
Oficial) piden que “a la brevedad posible se recaben los datos que
señala el Art. 64 del Código Agrario” y se les “ponga en posesión
provisional de tierras ejidales... en la cantidad suficiente para sa-
tisfacer [sus] necesidades y aspiraciones de mejoramiento” (AGEV
Fondo CAM, Exp. 5583 citado en Sánchez González, s.f.).
En febrero de 1967 se levanta el censo de BM, en el cual se
establece que 64 hombres están capacitados para recibir tierras,
por ser “jefes de familia” (50) o solteros mayores de 16 años (14).
En los estudios topográficos se concluye que la cantidad de hectá-
reas con que debía dotarse a BM ascendía a 1,572. De este total,
1,280 servirían para conformar 64 parcelas de 20 ha cada una; la
parcela escolar contaría también con 20 ha; 256 se destinarían
para usos colectivos y en 16 ha se establecería la zona urbana.
Sin embargo, al revisar la superficie del predio Segunda Zona de

136 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
Romero Rubio, los integrantes de la Comisión Agraria Mixta se
percataron de que las hectáreas afectables en los municipios de
Mecayapan y Soteapan solamente ascendían a 4,968. Por este
motivo y ante la necesidad de tierras de otros núcleos de pobla-
ción (cuyas solicitudes se encontraban en trámite) se propuso do-
tar solamente 1,316 ha a BM. Las hectáreas para formar las 64
unidades de dotación, la parcela escolar y las correspondientes a
la zona urbana se dejaron intactas, pero se suprimió la porción de
tierra para usos colectivos; es decir, se recortaron a la propuesta
inicial de dotación, 256 ha (AGEV Fondo CAM, Exp. 5583 citado en
Sánchez González, s.f.).
El mandamiento de dotación ejidal firmado por el gobierno del
estado es publicado en la Gaceta Oficial No. 77 del 29 de junio de
1967 (AGEV Fondo CAM, Exp. 5583 citado en Sánchez González,
s.f.). El 30 de junio del mismo año, en un acto masivo efectuado
en la ciudad de Acayucan, el gobernador del estado, el presidente
de la Comisión Agraria Mixta y el jefe del departamento de Asuntos
Agrarios y Colonización entregaron en calidad de dotación
provisional 52,351 hectáreas para 44 pueblos, entre los que se
encontraba BM, el cual recibió simbólicamente las 1,316 hectáreas
acordadas. No obstante, durante la realización posterior del des-
linde de tierras, la Comisión Agraria Mixta se percató que dentro
del radio legalmente afectable (7 km) solo existían 1,110 ha sus-
ceptibles de afectación. Por este motivo, BM no recibió las 1,316
hectáreas planteadas originalmente, sino 1,110, de las cuales 1,080
se destinaron a la formación de 54 unidades de dotación (incluyen-
do la parcela escolar), 16 ha se tomaron para conformar la zona
urbana y el restante se destinó a usos colectivos. La resolución
presidencial fue firmada el 24 de septiembre de 1969 y publicada
el 18 de julio del siguiente año en la Gaceta Oficial (Sánchez
González, s.f.).
La reducción en el número de derechos individuales del ejido
(de 64 a 53) parece no haber sido un problema para los solicitan-
tes, dado el flujo constante de personas en BM. Al comparar la lista
de 57 solicitantes de 1966 con la lista de 64 personas registradas

A NÁLISIS 137
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

en el censo levantado escasos dos meses después, podemos cons-


tatar que sólo 18 de los 57 solicitantes están en el censo. Con los
apellidos puede verse que grupos familiares enteros desaparecen
de la comunidad mientras que otros nuevos llegan.6 Según Lazos
y Godínez (1996:255), sólo un grupo de diez familias se había es-
¿la costumbre o la ley del Estado?

tablecido en BM y tenía interés en que “se poblara y se entregaran


los certificados agrarios del ejido”, por lo que a principios de los
setenta fueron a Chinameca a invitar gente para “poblar BM”, di-
ciendo que “si son 10 personas de familia, a las diez les podemos
dar [tierra]”.
En 1986 se realizó una investigación de usufructo parcelario
con el objeto de depurar el censo. Veintiséis ejidatarios(as) son
privados(as) de su derecho por haber abandonado el cultivo de las
unidades de dotación por más de dos años consecutivos. Entre
ellos(as) se encuentran dos mujeres, que son las primeras perso-
nas del sexo femenino que aparecen en algún documento del eji-
do. Una de ellas pasó el derecho a su hijo, el cual actualmente es
ejidatario, y la otra lo vendió y se fue de BM. Además, se propone
reconocer los derechos y adjudicar unidades de dotación a 18 per-
sonas que por más de dos años consecutivos habían trabajado la
tierra. Finalmente, se acuerda realizar una investigación para ini-
ciar el trámite de acomodo en las unidades de dotación restantes
(AGEV, Fondo CAM, Exp. 5583 citado en Sánchez González, s.f.).
Es interesante señalar que en la lista de las 26 personas priva-
das del derecho ejidal no hay una sola que esté entre los censados
en 1967. Es decir, para 1986 por lo menos la mitad (26 de 53) de
los derechos ya habían pasado por dos manos o más. Como en
casos anteriores, grupos familiares enteros que están en el cen-
so de 1967 no aparecen en la lista de los(as) ejidatarios(as) priva-
dos de derechos en 1986 y en su lugar, aparecen nuevos apellidos
que para 1986 ya también habían dejado el ejido.

6
Entre los salientes podemos encontrar a un pequeño grupo de azufreros que nun-
ca habían vivido en el lugar pero que formaban parte del primer conjunto de solici-
tantes (Lazos y Godínez, 1996: 254).

E STUDIOS A GRARIOS
138
¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
Entre las 18 personas a las que se les reconoce el derecho a la
tierra en 1986 aparecen nueve mujeres. Con la excepción de una
jefa de hogar, el resto son esposas, hijas o nueras de ejidatarios
que refrendaron su derecho en ese momento. Puede verse que
para estas fechas no había disputa por la tierra, por lo que estas
mujeres fueron reconocidas como ejidatarias sin problemas. Pero
además hay que decir que la mayoría de ellas son parientes de los
hombres que históricamente han acumulado más ganado en BM.
En diciembre de 1997, constatamos que el ejido tiene 1,110
hectáreas y el número de derechos es de 43 más la parcela esco-
lar. Los y las ejidatarias de BM ya tenían su certificado agrario emi-
tido por PROCEDE. A diferencia de OG, el número de ejidatarios(as)
no cambió con la entrada de dicho Programa ni tampoco hubo
avecindados que recibieran tierra de su padre y que fueran reco-
nocidos en asamblea. Además, los solares también fueron certifi-
cados (a nombre del varón), cosa que los ejidatarios de OG no
quisieron hacer por miedo a que después el gobierno “quiera co-
brar impuestos”.
Puede verse que los 53 derechos que corresponden al ejido
según la Resolución Presidencial nunca han sido ocupados en
su totalidad y tampoco fueron repartidos con PROCEDE. Según un
informante, los encargados de dicho programa “dejaron muy cla-
ro” que no iban a repartir tierra, sino a medir y certificar la que
ya estaba en uso. El hecho de que el número de ejidatarios(as)
se haya reducido a 43 nos habla de la escasa presión poblacional
sobre la tierra de BM. Pero hay algo más que es importante re-
calcar: la ganadería requiere de relativamente poco trabajo, por
lo que el esfuerzo conjunto de varias unidades domésticas no
es necesario, como en el caso de la milpa. De hecho, para los(as)
más pudientes BM es un “rancho” donde otros cuidan del ganado
propio, el cual es visto como un negocio más junto a otros como
restaurantes en zonas urbanas. Los hombres y las mujeres de
esta comunidad mestiza no están apegados a la tierra y no tras-
miten a sus hijos e hijas el conocimiento y dedicación para
trabajarla. Al mismo tiempo, estos hijos e hijas son más propen-

A NÁLISIS 139
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

sos a dejar el pueblo, por lo que el lazo de transmisión de tierra


entre padre-hijo no se manifestó en BM con la intensidad que
pudimos observar por ejemplo en OG.
¿la costumbre o la ley del Estado?

Cuadro 3

Transferencia de la tierra en Benigno Mendoza

Sin embargo, es importante hacer notar que las razones por las
que entran y salen mujeres del ejido son similares en las tres co-
munidades. Tres de las nueve mujeres refrendadas en 1986, que
eran prácticamente prestanombres, actualmente ya no tienen el
derecho. Éste se conserva al interior de la familia extensa, pero en
manos masculinas. Tres esposas y una hija de los tres hombres
que históricamente han tenido más ganado en BM aún conservan

140 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
el derecho ejidal a su nombre, aunque ni ellas ni sus maridos vivan
allí. Otra mujer casada con un ganadero medio conserva el dere-
cho porque su marido tiene una parcela en otro ejido y ella quedó
como ejidataria en BM, pero el que realmente maneja la parcela es
su esposo. Por último, una jefa de hogar también lo conserva.
Puede verse entonces que las mujeres de BM acceden a la tie-
rra como prestanombres, es decir, esposas o hijas de ganaderos
que pueden comprar el derecho y acumular tierra dentro de la mis-
ma familia. Si se presenta la necesidad, las mujeres transfieren el
derecho a un varón emparentado. En caso de conservarlo, ellas
no son dueñas de facto de la parcela ni del ganado que ahí se cría,
ya que según el comisariado ejidal no están registradas en la Aso-
ciación Ganadera y no tienen “fierro” para marcar animales. Es
decir, a pesar de poseer el derecho legal a la tierra, no tienen el
derecho cultural, ya que tanto la tierra como el ganado siguen siendo
concebidos como recursos masculinos. La única mujer que la gen-
te de BM reconoce socialmente como dueña de ganado es la
ejidataria jefa de familia. Según el comisariado, tiene aproximada-
mente 15 animales.

Conclusiones

En un estudio realizado a nivel nacional en varios ejidos del país,


Hamilton (2000) encontró que los factores que determinan la
tenencia femenina de la tierra son su estado civil (viudas) y su
edad (63 años en promedio). Se trata de “sucesoras” que reci-
ben la tierra de su difunto marido. Ninguna logró tener derechos
ejidales a través de una petición independiente, a pesar de que
legalmente podían hacerlo con la reforma de 1971. Ninguna
había comprado tierra, a pesar de que a partir de 1992 también
podían hacerlo. Esto quiere decir que la dinámica de la tierra es
totalmente independiente del marco constitucional, el cual su-
frió cambios importantes en dos ocasiones durante la segunda
mitad del siglo XX.

A NÁLISIS 141
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

Estos datos coinciden con los de otros estudios (Goldring,


1998; Stephen, 1998) e incluso con los manejados por la Secre-
taría de la Reforma Agraria (1998). Esta situación nos hace pre-
guntarnos cuál ha sido el verdadero impacto de las leyes agra-
rias en las mujeres del campo, las cuales han sido modificadas
¿la costumbre o la ley del Estado?

en dos ocasiones, la primera para favorecer la equidad de gé-


nero en el acceso a la tierra ejidal y la segunda para permitir su
venta legal.
Este trabajo revisa los derechos agrarios de las mujeres de tres
ejidos de la SSM, donde encontramos resultados parecidos a los
reportados por los estudios mencionados arriba. Las mujeres indí-
genas de OG y EA reciben tierra en calidad de viudas o tutoras de
varones menores de edad y sólo como guardianas temporales del
derecho agrario, mientras sus hijos asumen la mayoría de edad.
Atribuimos este estado de cosas al hecho de que la costumbre en
las sociedades indígenas no concibe a las mujeres como titulares
de la tierra por derecho propio. El derecho agrario que tendrá que
ser transferido al hijo menor según la norma indígena, es custodia-
do legalmente por su madre hasta que aquel asuma la mayoría de
edad, lo cual concuerda con la Ley Ejidal de 1927, pero no con
sus modificaciones posteriores. Por su parte, la cultura mestiza
tampoco asocia a las mujeres con la tierra y en BM se presenta el
fenómeno de mujeres prestanombres que, dada la necesidad, trans-
fieren el derecho a manos masculinas de su familia extensa. En la
práctica, la Ley Ejidal de 1927 que otorgaba derechos agrarios a
las mujeres sólo en calidad de jefas de familia responsables de
menores de edad sigue siendo la regla de acceso a la tierra en
estas tres comunidades.
Este trabajo se adscribe a la línea de la antropología feminista
(Moore, 1988) y algunas de sus practicantes (Agarwal, 1988;
Mackenzie, 1990; O’Rourke, 1995), quienes sostienen que es ne-
cesario analizar no sólo los parámetros legales de acceso a la tie-
rra, sino también las prácticas culturales que determinan el acceso
y control sobre dicho recurso por parte de mujeres y hombres. En
el caso de estos tres ejidos, pudimos constatar que la dinámica de

142 E STUDIOS A GRARIOS


¿la costumbre o la ley del Estado?
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:
tierras se apega a lo propuesto en la Ley Ejidal de 1927, porque
coincide, apoya y reproduce prácticas culturales locales de trans-
ferencia de tierras. La ley escrita le hace juego a la no escrita, ya
que concibe a las mujeres como guardianas temporales de un de-
recho agrario que, independientemente de los cambios posterio-
res a la ley, es culturalmente visto como un recurso eminentemen-
te masculino. En este sentido, es relevante mencionar el
cuestionamiento que hacen algunas liderezas indígenas a los me-
canismos de transferencia de tierras en sus comunidades: “propo-
nemos que haya una ley que exija que nos den terreno a las muje-
res porque también nosotras trabajamos, comemos y tenemos
necesidades. Les dan tierra a los hombres más chicos, y debe ser
parejo para todos los niños y las niñas” (mujer anónima citada en
Rojas, 2001:32). Si habrá de verse algún cambio, tendrá que salir
no sólo de las alturas de las leyes, sino desde las bases de las
comunidades mismas.

A NÁLISIS 143
Género y tenencia de la tierra en el ejido mexicano:

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144 E STUDIOS A GRARIOS


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A NÁLISIS 145
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146 E STUDIOS A GRARIOS


Las comunidades
indígenas:
entre la Ley Indígena
y la Ley Agraria.
Avances del PROCEDE
en comunidades
del Valle de Oaxaca
1996-2001*

Alfredo Ramírez Gómez**

Este trabajo es una reflexión en


torno a la problemática de las comu-
nidades indígenas del estado de
Oaxaca, producto de casi 20 años
de trabajo en diferentes regiones del
estado y, de manera particular, la
experiencia adquirida en los últimos
nueve años que tengo laborando en
la Procuraduría Agraria. Con esta
motivación, a lo largo del documento
se intenta demostrar que para forta-
lecer la organización de las comuni-
dades indígenas, se requiere por lo
* Este trabajo obtuvo el 1 er lugar del IV
Certamen Investigación Agraria 2001.
** Actualmente se desempeña como
Subdelegado de Programas Especiales en la
Delegación Oaxaca de la Procuraduría Agraria.
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

menos impulsar reformas a la Ley Agraria para otorgar a las


asambleas la facultad de reconocer la calidad de comunero a sus
integrantes.
Propongo una caracterización de la organización comunitaria y
retomo los avances del Programa de Certificación de Derechos
Ejidales y Titulación de Solares Urbanos (PROCEDE) en su modali-
dad para comunidades en la Residencia Oaxaca de la Procuraduría
Agraria, para contextualizar la discusión en torno a la Ley Indíge-
Valle de Oaxaca 1996-2001

na1 y presentar los argumentos para demostrar que el problema de


los indígenas oaxaqueños no se encuentra en los avances o retro-
cesos de la Ley Federal respecto a la Estatal, sino en la imposibi-
lidad de las comunidades para aplicar la norma externa sin afectar
sus normas internas y, desde sus propias limitaciones, empujar la
transformación de la vida comunitaria.
A lo largo del trabajo reitero la necesidad de adecuar la Ley
Federal y Estatal, como garantía para que los beneficiados por
dichas normas logren acreditar su personalidad jurídica y en con-
secuencia garantizar la aplicación de la misma.
En esta línea de ideas, en el primer punto se caracteriza la or-
ganización comunitaria a partir de tres elementos que la constitu-
yen: el sistema de cargos, la religiosidad indígena y la propiedad
comunal de la tierra. Esto como introducción al análisis de la dis-
cusión en torno a la Ley Indígena que se incluye en el segundo
apartado. En éste se proponen modificaciones tanto a la Ley Indí-
gena Federal como a la Estatal.
En el tercer apartado señalo los resultados del PROCEDE regis-
trados en la Residencia Oaxaca entre 1994 y el 2001 en su
modalidad para comunidades, para dar lugar a la propuesta de
modificaciones a la Ley Agraria que se presenta en el cuarto pun-
to; finalmente se incluyen las conclusiones.

1
En adelante la Ley Federal hace referencia a la iniciativa de ley aprobada por la
Cámara de Senadores el 25 de abril del 2001 y la Ley Estatal a la Ley de Derechos
de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Oaxaca.

148 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Introducción

Pensemos nuevamente al campo es una frase sugerente para de-


finir si efectivamente se ha pensado en el campo o interrogarse
¿para qué pensar en el campo? Cuestionamiento entendido como
oportunidad para analizar “los distintos actores y nuevos contextos
que la definen en su transformación” y obligan a quienes trabaja-
mos en el sector agrario a detenernos y buscar respuestas desde
nuestra trinchera como servidores públicos. Para el caso de Oaxaca,
la distribución de la superficie por tipo de propiedad es un punto de
partida estatal, 6,885,428 pertenecen a 812 ejidos y/o 688 comuni-
dades, es decir que 72% del territorio estatal corresponde a la pro-
piedad social. Si los datos nos indican que existen más ejidos que
comunidades, en cuanto a superficie lo comunal representa 57%
del estado y 79% de la propiedad social; en conclusión, más de la
mitad del estado de Oaxaca pertenece a comuneros.

Gráfica 1

Superficie total del estado de Oaxaca según tierras ejidales o comunales2

2
Fuente: Atlas Agrario del Estado de Oaxaca, SRA, CORETT, Procuraduría Agraria,
RAN, Oaxaca, México, 1996.

A NÁLISIS 149
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

Ante este panorama y la discusión que se mantiene en torno a


la Ley Federal, criticada en la entidad porque “limita los avances
de la Ley de Derechos Indígenas del Estado de Oaxaca y la propia
Constitución local”,3 me pregunto: ¿Existe entre la población indí-
gena un sujeto de derecho colectivo superior a la comunidad?
¿Cómo se identifican los sujetos de derechos individuales o colec-
tivos en la Ley Indígena Federal o Estatal?
Como respuesta a estas interrogantes señalo que tanto la Ley
Valle de Oaxaca 1996-2001

Federal como la del Estado de Oaxaca abordan equivocadamente


la problemática que se pretende superar con dicha normatividad,
situación que justifica la necesidad de reconocer como sujeto de
derecho a la comunidad indígena, dejando la categoría “pueblo
indígena” como un referente para señalar a todos los grupos hu-
manos hablantes de una misma lengua indígena, pero sin vínculos
entre sí.
Según la Ley Indígena, tanto Federal como Estatal, los “pue-
blos indígenas” estarían constituidos por comunidades, hecho por
demás alejado de la realidad oaxaqueña, porque bajo esta premi-
sa, en el estado de Oaxaca tendríamos a comunidades integran-
tes de un mismo “pueblo indígena” enfrentándose violentamente
por no estar de acuerdo en los límites de sus respectivos territo-
rios, y en la práctica no existirían condiciones para ubicar como un
sujeto de derecho al pueblo zapoteco, triqui, cuicateco, chontal,
huave, chinantecos, etc., cuando éstos como hablantes de una
misma lengua se encuentran ubicados en diferentes regiones geo-
gráficas o confrontados entre sí por el territorio: algunos como los
mixtecos o negros de la costa en la colindancia entre dos estados
(Oaxaca y Guerrero) o los zoques que reclaman los derechos so-
bre las tierras de la región de los Chimalapas que comprende dos
estados (Oaxaca y Chiapas).

3
Murat Cassab, José, declaración publicada en el periódico Noticias, 19 de julio del
2001, Oaxaca, México.

150 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Aceptando que el “pueblo Indígena” como sujeto de derecho no
podría acreditar la personalidad jurídica, se propone que el benefi-
ciado directo de la Ley Indígena, Estatal o Federal, lo sea la comu-
nidad indígena y sus integrantes, quedando abierta la posibilidad
de constituir asociaciones de productores indígenas o Uniones de
Comunidades, que no necesariamente se restringirían a que for-
men parte del mismo pueblo indígena.
Con esta propuesta se abordan los avances del PROCEDE en
comunidades como un ejemplo que demuestra la necesidad de
otorgar a las asambleas de comuneros la facultad para determinar
a quién se le reconoce la calidad agraria, requisito indispensable
para fortalecer la organización comunitaria. En la descripción de
la organización comunitaria se hace énfasis en la forma que los
indígenas de Oaxaca establecen sus principales relaciones socia-
les y cómo son determinados por el Sistema de Cargos, la Religio-
sidad Indígena y la Propiedad Comunal de la Tierra, de tal manera
que cada comunidad adecua este tipo de organización a la situa-
ción interna que vive y no es posible afirmar o sostener que se
manifiesta de igual manera en todas.
Por tanto, como propuesta para lograr desde la Procuraduría
Agraria el fortalecimiento de la organización de las comunidades
indígenas, retomo los resultados obtenidos del análisis tanto de la
Ley Federal como Estatal, para justificar la necesidad de realizar
adiciones a la Ley Agraria como pasos necesarios para que las
comunidades indígenas estén en condiciones de ajustar sus nor-
mas internas a la Ley Agraria, sin necesidad de recurrir a una ins-
tancia superior como los Tribunales Agrarios.

La organización comunitaria

Con este término me refiero a las relaciones que los integrantes de


una comunidad establecen entre sí y con la naturaleza, de la cual
deriva una estructura de cargos que marca la vida del individuo
con la prestación de servicios comunitarios a partir de los 16 o 18

A NÁLISIS 151
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

años alrededor de la iglesia católica o del municipio, se fortalece


con la Religiosidad Indígena y consolida con la forma comunal de
la tenencia de la tierra.

El sistema de cargos

El sistema de cargos es el conjunto de servicios civiles y religiosos


Valle de Oaxaca 1996-2001

que cumple obligada y gratuitamente un ciudadano al interior de


su comunidad. Por norma interna, los varones al cumplir los 18
años se encuentran en posibilidades de ser nombrados por la
asamblea de ciudadanos para desempeñarse como topil en el
municipio o como sacristán en la iglesia católica y, dependiendo
de la responsabilidad en cada cargo y de la presencia adquirida en
la comunidad, van ascendiendo a los cargos de mayor responsa-
bilidad, existiendo casos en donde el mayor prestigio se adquiere
al ocupar la Presidencia municipal, hecho que se altera cuando un
comunero, por los conocimientos académicos, ocupa cargos de
responsabilidad sin cumplir como topil, policía o cargos menores.
Estos servicios son por periodos de un año y con derecho a
descansar el mismo tiempo, antes de ser propuestos o adquirir
otra responsabilidad.
Los cambios que está experimentando este sistema se encuen-
tran en la elección del Presidente municipal y en los religiosos. Es
notorio que a la Presidencia municipal ya no acceda el de mayor
edad o por los méritos al interior de su comunidad y el espacio es
ocupado por personas con mejor preparación académica e identi-
ficados como “los caracterizados”.
Los caracterizados, poco a poco han ido tomando el papel que
desempeñaban los “ancianos” o “personas mayores” del lugar para
proponer alternativas de solución a los problemas enfrentados y
los cargos ya no los ocupan por generaciones o por los servicios
ya realizados. Ahora se observa que para los cargos del cabildo
municipal eligen a profesores, profesionistas o personas que ten-
gan facilidad de palabra o por lo menos sepan leer y escribir. En

152 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
otras comunidades, por la falta de ingresos y la pérdida de tiempo
que implica recibir el cargo en el cabildo municipal o en la repre-
sentación comunal, en algunos casos las asambleas nombran au-
toridades por un año o año y medio para ajustarse a la Ley externa
de tres años.
Esto provoca desajustes en la vida interna, porque quienes han
salido a estudiar o han logrado una mejor posición económica no
siempre cumplen con todos los servicios, es decir, no realizan los
cargos de topil, policía, los diferentes comités (agua, electrifica-
ción, caminos, escuelas), sino directamente pueden llegar a la
presidencia o a la “mayordomía grande”, dando espacios a inconfor-
midades internas porque no se respeta la costumbre.
Con la presencia de las iglesias protestantes al interior de las
comunidades, se impacta también en la estructura tradicional del
Sistema de Cargos ante la oposición de “los evangélicos” para fungir
como mayordomo, sacristán o en los comités relacionados con la
iglesia católica; las comunidades se encuentran en un proceso de
adecuación del escalafón del Sistema de Cargos y la tendencia
parece ser la separación de los servicios en torno a la Iglesia Cató-
lica como obligación de todos los ciudadanos.

La religiosidad indígena

Si por religión se comprende “un sistema solidario de creencias y


prácticas relativas a las cosas sagradas, que unen en una misma
comunidad moral llamada iglesia a todos aquellos que se adhieren
a ellas”,4 ocupo el concepto religiosidad para hacer referencia a
“las modalidades de vivir el cristianismo con cierto grado de cohe-
rencia interna y vinculado a determinado sujeto social”,5 para

4
Durkheim Emile, Las formas elementales de la vida religiosa, Akal, Madrid, 1982.
p. 42.
5
Marroquín Zaleta Enrique, La cruz Mesiánica, mecanografiado, IISUABJO, Oaxaca,
1979, p. 28.

A NÁLISIS 153
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

diferenciar al cristianismo como religión, al catolicismo como igle-


sia integrada por todos aquellos que comparten los mismos dog-
mas o principios religiosos y a la religiosidad indígena como la for-
ma práctica en que las comunidades han adaptado la doctrina ca-
tólica o incluso protestante a su organización comunitaria.
Si el territorio comunal permite que se mantenga la esperanza
y el derecho de todo ciudadano de acceder a un pedazo de tierra,
fortaleciendo así la obligación de incorporarse al sistema de servi-
Valle de Oaxaca 1996-2001

cios comunitarios, el pensamiento religioso a partir de la figura del


Santo Patrón consolida ideológicamente esta forma de vida al
mantener entre los integrantes de una comunidad la necesidad de
cooperar entre todos para la celebración de la fiesta anual identifi-
cada como mayordomía “Mayor”, ”Grande” o del “Santo Patrón”.
El Santo Patrón es considerado el benefactor del pueblo, due-
ño del territorio y generador de abundancia o limitaciones de una
comunidad, ambas circunstancias medidas a partir de las cose-
chas o lluvias durante el año. En algunas comunidades se intenta
propiciar la bondad del Santo Patrón para superar las sequías y en
momentos críticos es llevado por las principales calles de la comu-
nidad en señal de petición de lluvia y lo más generalizado es que
año con año recibe las muestras de agradecimiento por los dones
derramados a favor de la comunidad. Por eso el prestigio del ma-
yordomo no sólo está asociado al gasto económico, sino también
al sacrificio que se realiza para obtener la “bendición del Santo
Patrón”.
Además de las facultades que le otorgan al Santo Patrón, “los
indígenas” conservan una actitud de respeto hacia los elementos
naturales y la relación que mantienen con la tierra permite explicar
el arraigo y defensa que hacen de la misma. Entre los zapotecos
del Valle de Oaxaca, en el momento de beber o comer, de manera
discreta las personas derraman líquido del vaso o con un pedazo
de tortilla ofrecen parte de los alimentos del plato “para que coma
primero la tierra y luego nosotros”. En otros casos en el momento
de iniciar la preparación de la tierra y/o cuando se inicia la cose-
cha, la familia acude a la cabecera de la parcela en donde en un

154 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
acto mágico abren un hueco en la tierra para enterrar las vísceras
del animal sacrificado (pollo, guajolote o chivo) o incluso parte del
alimento preparado para la ocasión, además de mezcal y cigarros
entre otros productos, “para alimentar” a la “madre tierra” para pro-
piciar o agradecer la cosecha.

La propiedad comunal de la tierra

Otro elemento ligado a la organización comunitaria es la tenencia


de la tierra. Si al adquirir la mayoría de edad todos los varones
están obligados a cumplir con los cargos que asigna la asamblea
del pueblo ¿qué derechos se adquieren? ¿Qué elementos permi-
ten a un varón aceptar la responsabilidad de servirle a sus paisa-
nos? La respuesta es muy sencilla, la asamblea está obligada a
darle acceso a los terrenos comunales en donde podrá sembrar y
obtener lo mínimo necesario para la familia, cerrando un círculo
entre el individuo, el grupo y la tierra.
Esta dependencia se rompe en aquellas comunidades en don-
de la superficie comunal ya fue asignada y deja de existir la moti-
vación para el servicio comunal porque de antemano las nuevas
generaciones saben que no tendrán acceso a la tierra. Por el con-
trario en donde la tierra es suficiente, la estructura comunitaria es
firme o con menos problemas para la aceptación de los acuerdos
de la asamblea.
Ante esta concepción del territorio, los enfoques jurídicos que
pretenden resolver la lucha territorial que experimentan las comu-
nidades del estado de Oaxaca encuentran un obstáculo en la visión
religiosa respecto a los elementos naturales. Negociar los límites
de la comunidad implica un choque mental, porque no sólo se en-
frentan ante la alternativa de ceder un pedazo de tierra; sino tam-
bién ante la opción de rechazar a quien les otorga los alimentos,
dejar en manos del vecino parte del territorio comunal es romper la
defensa de la integridad de sus miembros, es mermar la posibili-
dad de acceso a las tierras para los hijos y en los ancianos genera

A NÁLISIS 155
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

temor al castigo de la naturaleza, miedo a la falta de lluvias y sobre


todo a las bajas cosechas.
De esta forma el territorio comunal se convierte en el espacio
donde los integrantes de la comunidad desarrollan sus relaciones
sociales, políticas, económicas y religiosas, en donde el desajuste
entre la normatividad agraria y esta organización comunitaria impi-
de a las comunidades indígenas aplicar sus normas internas, por
ello el análisis de estos factores y la ausencia de los mismos en la
Valle de Oaxaca 1996-2001

discusión que actualmente tienen los partidos políticos en torno a


la Ley indígena representa la continuidad del presente trabajo.

Análisis de la Ley Indígena Federal y Estatal

El problema que enfrentan ambas leyes es la utilización de la cate-


goría pueblo indígena para definir a todas las poblaciones que se
encontraban en el territorio nacional o estatal antes de la conquis-
ta, sin delimitar el espacio en el cual se supone conservan sus
propias instituciones. En esta perspectiva, tanto la Ley Federal como
la Estatal ubican la existencia de las comunidades de acuerdo
con la identidad o pertenencia a un “pueblo indígena”, hecho que
no puede ser demostrado porque los individuos se identifican con
la comunidad y no con el ente abstracto que implica el “pueblo
indígena”: los zapotecos o mixtecos no se identifican entre sí por
pertenecer a un mismo grupo, ni siquiera a la misma región, sino a
la comunidad a la cual pertenecen.
Al pretender mantener la figura del “pueblo indígena” se toma
como criterio, para determinar la adscripción o identidad de una
persona, su situación como hablante de una lengua indígena, as-
pecto que no garantiza que los zapotecos que viven en Estados
Unidos de Norteamérica, México o en las diferentes regiones del
estado de Oaxaca tengan intereses comunes, situación que con-
trasta con el compromiso de los miembros de una comunidad de
seguir vinculados a su núcleo de origen manifestada en el respeto
a sus tierras y en las cooperaciones que aportan por los cargos o

156 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
tequios que no cumplen en la comunidad de origen. Ante estas
limitaciones, buscando formas para hacer operativa la aplicación
tanto de la Ley Federal como Estatal se proponen las modificacio-
nes señaladas en el cuadro siguiente:

Propuesta de modificación a la Ley Federal según el dictamen


aprobado por la Cámara de Senadores el 25 de abril del 2001

DICE DEBE DECIR

Artículo 2° Artículo 2°
La nación tiene una La nación tiene una composi-
composición sustentada ción sustentada originalmente
originalmente en sus en sus pueblos indígenas que
pueblos indígenas que son aquellos que descienden
son aquellos que des- de poblaciones que habitaban
cienden de poblaciones en el territorio actual del país al
que habitaban en el te- iniciarse la colonización y ac-
rritorio actual del país al tualmente se encuentran
iniciarse la colonización agrupados en comunidades
y que conservan sus que conservan sus propias ins-
propias instituciones so- tituciones sociales, económi-
ciales, económicas, cul- cas, culturales y políticas.
turales y políticas o —Se propone derogar el
parte de ellas. segundo párrafo porque el Pue-
La conciencia de su blo Indígena no es sujeto de
identidad indígena debe- derecho.
rá ser criterio fundamen- Son comunidades indígenas
tal para determinar a todos los grupos sociales
quienes se aplican las que forman una unidad social,
disposiciones sobre económica y cultural, asenta-
pueblos indígenas. das en un territorio, en donde

A NÁLISIS 157
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

Son comunidades inte- el nombramiento de la auto-


grantes de un pueblo ridad municipal y/o de los
indígena, aquellas que órganos de representación
formen una unidad so- agraria se hace de acuerdo
cial, económica y cultu- con usos y costumbres.
ral, asentadas en un El derecho de los pueblos a la
territorio y que recono- libre determinación se ejercerá
Valle de Oaxaca 1996-2001

cen autoridades propias en un marco constitucional de


de acuerdo con sus usos autonomía que asegure la
y costumbres. unidad nacional. El reconoci-
El derecho de los pue- miento de los pueblos y comu-
blos a la libre determina- nidades indígenas se hará
ción se ejercerá en un en las constituciones y leyes de
marco constitucional de las entidades federativas, el
autonomía que asegure pueblo indígena será el refe-
la unidad nacional. El rente para los hablantes de
reconocimiento de los una misma lengua y la comu-
pueblos y comunidades nidad a quienes compartan el
indígenas se hará en las mismo territorio.
constituciones y leyes de —Las comunidades indígenas
las entidades federa- acreditarán su personalidad
tivas, las que deberán jurídica con la Resolución Pre-
tomar en cuenta criterios sidencial o Sentencia del Tribu-
etnolingüísticos y de nal Agrario que reconozca y
asentamiento físico. titule sus bienes comunales
Se propone la adición y serán miembros de la misma
del siguiente párrafo los comuneros reconocidos por
A. Esta constitución re- la asamblea en los términos que
conoce y garantiza el marque la Ley Agraria.
derecho de los pueblos A. Esta constitución reconoce y
y las comunidades indí- garantiza el derecho de las co-
genas a la libre determi- munidades indígenas a la libre
nación y, en consecuen- determinación y, en consecuen-
cia, a la autonomía para: cia, a la autonomía para:

158 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Al proponer que los sujetos beneficiados directamente con la Ley
Federal sean las comunidades indígenas en lo colectivo y sus inte-
grantes en lo individual, necesariamente se requiere la modifica-
ción de la Ley Estatal para que la aplicación de ambas sea viable.
Con esto se concluye que independientemente de la discusión
política entre organizaciones o partidos políticos, lo fundamental
no será quién o quiénes propongan, aprueben, defiendan o ata-
quen la Ley Indígena o Leyes Indígenas, sino qué hacer para que
estos derechos se concreten.

Propuesta de modificación a la Ley sobre Derechos de los


Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Oaxaca

DICE DEBE DECIR

Artículo 2° Artículo 2°
El Estado de Oaxaca tiene El Estado de Oaxaca tiene
una composición étnica- una composición étnica-
plural sustentada en la pre- plural sustentada en la pre-
sencia mayoritaria de los sencia mayoritaria de las
pueblos y comunidades comunidades indígenas
indígenas cuyas raíces cuyas raíces culturales e
culturales e históricas se históricas se entrelazan
entrelazan con las que con los pueblos indíge-
construyen la civilización nas que constituyeron la
mesoamericana; hablan civilización mesoameri-
una lengua propia; han cana; hablan una lengua
ocupado sus territorios en propia; han ocupado sus
forma continua y perma- territorios en forma conti-
nente; en ellos han cons- nua y permanente; en ellos
truido sus culturas especí- han construido sus culturas
ficas, que los identifica in- específicas, que los identi-

A NÁLISIS 159
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

ternamente y los diferencia fica internamente y los di-


del resto de la población del ferencia del resto de la po-
Estado. blación del Estado.
Esta Ley reconoce a los si- Esta Ley reconoce a los si-
guientes pueblos indíge- guientes pueblos indíge-
nas: Amuzgos, Cuicatecos, nas: Amuzgos, Cuicatecos,
Chatinos, Chocholtecos, Chatinos, Chocholtecos,
Valle de Oaxaca 1996-2001

Chontales, Huaves, Ixca- Chontales, Huaves, Ixca-


tecos, Mazatecos, Mixes, tecos, Mazatecos, Mixes,
Mixtecos, Nahuatls, Tri- Mixtecos, Nahuatls, Tri-
quis, Zapotecos y Zoques, quis, Zapotecos y Zoques,
así como a las comunida- así como a las comunida-
des indígenas que confor- des indígenas que confor-
man aquellos pueblos y sus man aquellos pueblos y sus
reagrupamientos étnicos, reagrupamientos étnicos,
lingüísticos y culturales lingüísticos y culturales
como el caso de los como el caso de los
tacuates. tacuates.
Las comunidades afrome- Las comunidades afrome-
xicanas y los indígenas per- xicanas y los indígenas per-
tenecientes a cualquier otro tenecientes a cualquier otro
pueblo procedentes de pueblo procedentes de
otro estado de la Repúbli- otro estado de la Repúbli-
ca y que residan temporal ca y que residan temporal
o permanentemente dentro o permanentemente dentro
del territorio del estado de del territorio del estado de
Oaxaca, podrán acogerse Oaxaca, podrán acogerse
a esta Ley. a esta Ley.

Artículo 3° Artículo 3°
Pueblos Indígenas: Aque- Pueblos Indígenas: Aque-
llas colectividades huma- llas colectividades huma-
nas que, por haber dado nas que, por haber dado
continuidad histórica a las continuidad histórica a las

160 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
instituciones políticas, eco- instituciones políticas, eco-
nómicas, sociales y cultu- nómicas, sociales y cultu-
rales que poseían sus rales que poseían sus
ancestros antes de la crea- ancestros antes de la crea-
ción del Estado de Oaxaca: ción del Estado de Oaxaca
poseen formas propias de y afirman libremente su
organización económica, pertenencia a cualquiera de
social, política y cultural; y los pueblos mencionados.
afirman libremente su per- Comunidades Indígenas:
tenencia a cualquiera de Aquellos conjuntos de per-
los pueblos mencionados... sonas que forman una
El Estado reconoce a di- unidad socioeconómica y
chas comunidades indíge- cultural en torno al territo-
nas el carácter jurídico de rio comunal cuyo origen
personas morales de dere- se encuentra en algún
cho público. Para todos los pueblo indígena de los enu-
efectos que se deriven de merados en el artículo 2°
sus relaciones con los Go- de este ordenamiento.
biernos Estatal, Municipa- —Las comunidades indí-
les, así como con terceras genas acreditarán su per-
personas. sonalidad jurídica con la
Comunidades Indígenas: Resolución Presidencial
Aquellos conjuntos de per- o Sentencia del Tribunal
sonas que forman una o Agrario que reconozca y
varias unidades socioeco- titule sus bienes comuna-
nómicas y culturales en tor- les y serán miembros de
no a un asentamiento co- la misma los comuneros
mún, que pertenecen a un reconocidos por la asam-
determinado pueblo indíge- blea en los términos que
na de los enumerados en marque la legislación
el artículo 2° de este orde- agraria.
namiento y que tengan una —Las comunidades que
categoría administrativa in- mantengan su territorio
ferior a la del municipio, bajo el régimen ejidal po-

A NÁLISIS 161
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

como agencias municipa- drán optar por la conver-


les o agencias de policía. sión al régimen comunal en
los términos que marque la
Ley Agraria.
Valle de Oaxaca 1996-2001

Estas propuestas arrancan del entendimiento de la comunidad in-


dígena como el conjunto de personas interrelacionadas entre sí y
con la naturaleza a partir de la organización comunitaria ya descri-
ta al inicio de este trabajo, sin importar la categoría administrativa
que ella tenga.
Con esta apreciación, varias comunidades tendrán la opción de
formar Uniones de Comunidades, las cuales pueden dar lugar a
organizaciones regionales, estatales o incluso nacionales, depen-
diendo del interés que los motive a organizarse, encontrando en la
misma Ley Agraria6 el fundamento que permite la constitución de
una figura moral por encima de la comunidad, la cual no puede ni
debe estar sujeta a que sus integrantes formen parte o se identifi-
quen a un “pueblo indígena”, la asociación de comunidades estará
en función seguramente de las necesidades que surjan para la
explotación de sus recursos naturales y para el caso de Oaxaca,
las comunidades forestales son un ejemplo de ello.7

El PROCEDE en comunidades:
la experiencia en la Residencia Oaxaca 1996-2001

Como se establece en la Ley Estatal, se reconoce la existencia de


15 pueblos indígenas, sin embargo, en la misma entidad se en-

6
La fracción XI del Artículo 23 de la Ley Agraria otorga la facultad a la Asamblea de
comuneros para fusionarse con otra comunidad, la Fracción XII permite la conver-
sión del régimen ejidal a comunal y el Artículo 108 de la misma Ley posibilita la unión
de comunidades o de ejidos y comunidades .
7
Ver Segura, Gerardo et al. (coords.), Voces del Monte, Experiencias comunitarias

162 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
cuentran registradas 3,578 localidades,8 de las cuales 773 tienen
sus tierras bajo el régimen comunal y 814 como tierras ejidales.
Incluyendo los dos tipos de propiedad social, en Oaxaca se
contemplan 1,587 núcleos agrarios, dando lugar a que de las 3,578
localidades, 1,991 posiblemente se encuentran incluidas como
anexos comunales o ejidales o en las 14 colonias de la entidad o
como poblaciones con acciones agrarias pendientes por resolver
o poblados regidos por el derecho común como pequeñas propie-
dades. Por eso quien reconozca derechos colectivos, necesaria-
mente tiene que delimitar la jurisdicción de los sujetos de dicho
derecho y tratándose de las comunidades indígenas, esta tiene
que partir de la tenencia de la tierra.
Tomando en cuenta lo anterior, ¿por qué limitar la categoría de
comunidad a colectividades con categoría política inferior a la del
municipio? ¿Qué categoría recibirán las comunidades cuya juris-
dicción es la misma que la del municipio? ¿Cómo identificar
o diferenciar a los integrantes de un pueblo y de una comunidad
indígena? ¿Qué papel debe jugar la Procuraduría Agraria ante
esta discusión? ¿Cuál ha sido el impacto o resultados del Progra-
ma de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares
(PROCEDE) en su modalidad para comunidades? ¿Cómo hacer posi-
ble que la organización comunitaria aquí descrita se fortalezca a
partir de la Ley Agraria? Preguntas que a la luz de la problemática
registrada en los Archivos de la Residencia Oaxaca de la
Procuraduría Agraria buscarán una respuesta.

El origen del PROCEDE en comunidades

Con la publicación hecha el 6 de enero de 1993 en el Diario Oficial


de la Federación, entró en vigor el Reglamento de la Ley Agraria

para el manejo de los bosques en Oaxaca, SEMARNAP, México, 2000.


8
Datos actualizados por la Cámara de Diputados al año 1999. Citado por Velásquez,
María Cristina, El Nombramiento. Elecciones por usos y costumbres en Oaxaca.
Instituto Estatal Electoral de Oaxaca, Oaxaca, México, 2000. p. 16.

A NÁLISIS 163
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

en Materia de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de


Solares, expedido un día antes por el Presidente Constitucional
de los Estados Unidos Mexicanos. Con este reglamento se puso
en marcha la regularización de las tierras ejidales en el país,
quedando abierta la alternativa de incluir en este proceso a las
comunidades.
En Oaxaca, se iniciaron los trabajos en 1994 con la operación
del Plan Piloto para comunidades, detectándose que la norma jurí-
Valle de Oaxaca 1996-2001

dica impedía depurar al 100% el censo general de comuneros,


obligando a la reflexión, análisis y búsqueda de alternativas duran-
te casi cuatro años. Después de la incorporación de San Jerónimo
Sosola, San Juan Sosola, Santa Catalina de Sena y Santa María
Vigallo en 1994, la aprobación del procedimiento fue hasta 1998.
Según el comunicado conjunto firmado el 17 de abril de 1998
por representantes nacionales del Instituto Nacional de Estadísti-
ca, Geografía e Informática (INEGI), del Registro Agrario Nacional y
de la Procuraduría Agraria, se informa la autorización del Procedi-
miento General Operativo9 “para dar atención a las comunidades”.
En este, se contemplan diez etapas de las cuales cuatro son res-
ponsabilidad directa de la Procuraduría Agraria, una correspon-
de al Registro Agrario Nacional, otra al INEGI y cuatro más son de
carácter interinstitucional, en donde además se involucra a la Se-
cretaría de la Reforma Agraria.

Operación del Programa

El desarrollo del Programa no fue fácil para el personal de la Resi-


dencia Oaxaca y los números señalan que de 125 comunidades,
35 se habían certificado al 30 de junio del 200110 y las 90 restantes

9
Comunicado del Comité Operativo Nacional del PROCEDE, México 17 de abril de
1998.
10
Datos obtenidos del Sistema Interinstitucional de Seguimiento, Evaluación y Con-
trol (SISEC), según reporte al 30 de junio del 2001, Procuraduría Agraria, Delega-
ción Oaxaca.

164 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
no lo hicieron debido a conflictos por límites, rezago agrario, admi-
nistrativo o jurídico y problemas internos, entre otros, sólo hago
referencia a las adversidades encontradas en las que aceptaron la
regularización de sus tierras, para aclarar que si bien es cierto que
la Ley Federal y Estatal reconocen derechos como pueblos y/o
comunidades indígenas, mientras no se garantice que la asam-
blea de comuneros tenga plena libertad de reconocer la calidad de
comunero y homologarla con la de ciudadano, no será aplicable.
Según lo señalado por el Procedimiento General Operativo,
durante la asamblea de información y anuencia del Programa, la
Procuraduría Agraria está obligada a informar que la “oferta
institucional consiste en regularizar el Padrón de Comuneros, defi-
nir y plasmar en un plano el perímetro de la comunidad y delimitar
las áreas de uso común y de asentamiento humano y en su caso la
delimitación de los solares y parcelas”.
Sin embargo, las expectativas que se generaron con la aproba-
ción del Procedimiento General Operativo chocaron con la reali-
dad, el número de comunidades regularizadas son pocas con
relación al total. Ante esto se tiene que destacar que el Programa
no despertó el interés esperado entre los comuneros, los cuales
comúnmente responden: ¿Si ya tenemos nuestros planos para que
medir de nuevo? ¿Si todos somos comuneros para que depurar el
padrón? ¿Qué vamos a ganar con el PROCEDE? ¿Si es menos su-
perficie repondrán el resto? Contra las barreras, los compromisos
de las metas y la repetición mecánica de las ventajas del programa
fueron los elementos para lograr incorporar y culminar el programa
en 35 de un total de 125 comunidades ubicadas en los Valles Cen-
trales de Oaxaca.

Resultados

En términos generales no hubo comunidad que no enfrentara pro-


blemas para lograr la regularización, algunos fueron detectados
antes de iniciar los trabajos y se resolvieron durante el desarrollo

A NÁLISIS 165
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

del Programa, otros afloraron durante la operación del mismo y un


buen número se encuentra suspendido en alguna de las etapas
iniciales o intermedias. Resalta el caso de Teotiltán del Valle a
escasos 20 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, en donde las
autoridades municipales y órganos de representación no permi-
tían el acceso del personal de la Procuraduría Agraria porque se
había denegado la inscripción del acta de elección del Comisariado
y Consejo de Vigilancia hecha de acuerdo con el Sistema de
Valle de Oaxaca 1996-2001

Cargos y la institución había señalado la necesidad de reponer


el procedimiento porque la mayoría no acreditaba la calidad de
comunero.
La incorporación de esta comunidad al Programa fue positiva
por la alternativa de regularizar el padrón de comuneros, previ-
niendo que sus actas de elección no fueran denegadas por el RAN
al nombrar a personas que no acreditan la calidad agraria. Esto
provocó que la asamblea de la población (integrada por ciudada-
nos y comuneros) aceptaran nombrar al Comisariado y Consejo
de Vigilancia con comuneros legalmente reconocidos, sin embar-
go se determinó que el nombramiento sería temporal y que los
válidos serían los nombrados por usos y costumbres. Así, durante
seis meses en la comunidad fungieron dos representaciones
agrarias: la del pueblo, que tomaba los acuerdos y presidía las
asambleas, y “la legal”, quienes se dedicaron a gestionar el reco-
nocimiento de 35 comuneros ante el Tribunal Unitario Agrario, in-
cluidas las diez personas electas inicialmente que no acreditaban
la calidad de comuneros.
Aquí se realizaron trabajos paralelos con el Tribunal Unitario
Agrario. Al mismo tiempo que se reconocían jurídicamente a 35
personas con el carácter de comuneros, se iniciaron los trabajos
del PROCEDE, terminando el 26 de agosto de 1998 con la Asamblea
de delimitación en esta comunidad.
Otro caso representativo es San Pedro Quiatoni, comunidad
integrada por más de 20 anexos. Hasta 1996 los órganos de repre-
sentación y vigilancia funcionaban de manera separada, el
Comisariado de Bienes Comunales era nombrado por los comu-

166 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
neros de la cabecera municipal y el Consejo de Vigilancia por cin-
co anexos abanderados por el denominado Soledad Salinas. El
problema inició en noviembre de 1996 al ser electo el Comisariado
y Consejo de Vigilancia y los comuneros de Soledad Salinas y cuatro
anexos más no acudieron a la asamblea general, pero nombra-
ron internamente a su representación comunal, a la cual llamaron
Comisariado Auxiliar de Soledad Salinas. Ante esto, San Pedro
Quiatoni demandó la nulidad del Acta de dicho nombramiento y el
Tribunal Unitario Agrario declaró nula la elección del Comisariado
Auxiliar Interno de Soledad Salinas.
Pese a estos problemas, San Pedro Quiatoni aceptó el PROCEDE
y en las primeras etapas se continuaron las pláticas conciliatorias
con Soledad Salinas quien demandaba como única alternativa
mantener al Consejo de Vigilancia con todas las funciones
propias del Comisariado de Bienes Comunales, contar con la re-
presentación jurídica para los cinco anexos que se oponen a la
representación de San Pedro Quiatoni; hecha la propuesta de re-
conocer el carácter de subcomunidad a los anexos, no hubo acuer-
dos para la composición amigable.
Para avanzar con el Programa, la asamblea de comuneros re-
currió a la figura de la separación temporal de los derechos agra-
rios para poder celebrar sus asambleas. De 2,769 comuneros con
derechos vigentes según el censo proporcionado por el Registro
Agrario Nacional, separaron a 797 que no reconocen la represen-
tación de San Pedro Quiatoni.11
Así, podríamos narrar caso por caso las dificultades obtenidas
durante la certificación de las 35 comunidades, sin embargo se
mencionan estos dos ejemplos, porque habiéndose detectado pro-
blemas en la medición de las tierras en la mayoría de ellas, por ser

11
Se aclara que una vez concluido el presente trabajo, los comuneros de los anexos
inconformes intentaron impugnar el Acta de Asamblea de delimitación, destino y
asignación de tierras celebrada en San Pedro Quiatoni el 11 de agosto de 2001, de
tal forma que al reiniciarse el diálogo entre las partes hubo acuerdos positivos y los
797 comuneros separados temporalmente podrán tramitar la expedición de sus cer-
tificados, aceptando la representación de San Pedro Quiatoni.

A NÁLISIS 167
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

un factor técnico, no impacta tanto como el hecho de haber ofertado


la depuración del censo, y aceptando que este objetivo no se ha
logrado pongo mayor atención en el reconocimiento de comune-
ros, haciendo énfasis en el siguiente hecho: si un factor de con-
vencimiento para la aceptación del PROCEDE fue la depuración del
censo, ¿realmente se logró este objetivo? La respuesta parece ser
negativa según el cuadro No. 1.
Revisando el cuadro, comprobamos primero que de 11,075 co-
Valle de Oaxaca 1996-2001

muneros, sólo asistieron a la Asamblea de delimitación, destino y


asignación de tierras (ADDAT), 3,910 comuneros, que en promedio
representan 35% del total. ¿Cómo fue posible, si de acuerdo con
el Artículo 23 fracción IX y el 26 segundo párrafo de la Ley Agraria,
para este tipo de asambleas se requiere 75% de comuneros en
primera convocatoria o la mitad más uno en segunda? Para lograr
lo anterior se trabajo con la facultad otorgada a la asamblea de
separar temporalmente a los comuneros ausentes de la comuni-
dad, siendo obligatorio la elaboración y aprobación del Estatuto
Comunal. Este tiene que contemplar las causas por las cuales a
un comunero se le pueden suspender los derechos de votar y ser
votado en asambleas por un periodo de seis meses. Con este cri-
terio los 1,408 comuneros ausentes, que representan 12% del to-
tal, más los 860 fallecidos que significan otro 7%, al sumarlos con
35% que efectivamente acudió a la Asamblea Calificada, nos re-
sulta un 54% de comuneros con derechos vigentes, resultado que
permite afirmar que si no se hubiera recurrido a la suspensión de
derechos agrarios, los problemas para las asamblea calificadas
hubieran sido mayores.
Ante esto, la inquietud de actualizar los censos de comuneros
no sólo representa un fracaso para el mismo programa, sino
también una necesidad sentida y reclamada por las propias comu-
nidades, en donde al igual que los resultados del PROCEDE en la
Residencia Oaxaca, los acuerdos de asamblea se registran en se-
gunda convocatoria o ulteriores ocasiones, por no haber quórum
para hacerlo en primera.

168 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Cuadro 1

Resultados del PROCEDE en comunidades 1994-julio 2001

Fuente: Corte del SISEC al 30 de julio del 2001. Procuraduría Agraria, Delegación y Residencia
Oaxaca, así como la revisión directa de los expedientes por núcleo agrario con apoyo de los
visitadores agrarios.12

12
En la primer columna del cuadro anoto los beneficiados por la Resolución presi-
dencial o la Sentencia del Tribunal Agrario, en la segunda los comuneros reconoci-
dos durante el desarrollo del PROCEDE, en la tercera la suma de las dos primeras,
en la cuarta el número de sujetos reconocidos legalmente pero que no viven, no los
conocen o están ausentes temporalmente de la comunidad, en la siguiente al núme-
ro de beneficiados fallecidos, en la seis a los que asistieron a la última asamblea
dentro del procedimiento operativo y en las dos últimas si en la comunidad se midie-
ron parcelas o sólo el perímetro comunal.

A NÁLISIS 169
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

Las comunidades indígenas: entre el rompimiento


de la organización comunitaria y las reformas legales

A lo largo del trabajo se han venido señalando las características


de la organización comunitaria y la problemática enfrentada para
la operación del PROCEDE en las comunidades atendidas por la Re-
sidencia Oaxaca de la Procuraduría Agraria. En este recorrido,
se ha planteado la falta de claridad de los legisladores tanto esta-
Valle de Oaxaca 1996-2001

tales como federales para definir qué se pretende tanto con la Ley
Federal como con la Estatal y ante la discusión de los avances o
retrocesos que pudiera tener la Ley Federal, la realidad de las co-
munidades parece no tomarse en cuenta.
Si aceptamos que la organización comunitaria está sustentada
en las relaciones establecidas en torno al sistema de cargos, a su
religiosidad y al territorio comunal, no es posible seguir defendien-
do la “autonomía de los pueblos indígenas”, porque esta expresión
no hace referencia a ningún sujeto que pudiera en un momento
dado exigir su cumplimiento y las interrogantes serían muchas:
¿sería posible lograr una sola representación indígena entre dos
comunidades que disputan la línea de colindancia, por el simple
hecho de pertenecer a un pueblo indígena? Las comunidades que
actualmente tienen la categoría de municipio, ¿se les negaría di-
cha calidad porque la Ley Estatal señala que la categoría debe ser
inferior a la del municipio? ¿Los anexos comunales que al interior
de la comunidad y/o municipio tienen la categoría de Agencia Mu-
nicipal o de Policía, Ranchería o Congregación podrán demandar
su respeto como comunidad? ¿Cuántos anexos demandarán su
separación de la cabecera comunal o agencias de la cabecera mu-
nicipal? ¿Quién o cómo se garantiza la integración de “los pueblos
indígenas” como sujetos con posibilidad de reclamar derechos?
¿Cómo se acreditaría la personalidad de un pueblo indígena?
Las respuestas parecen encontrarse en los resultados que
ofrece la Residencia Oaxaca respecto al PROCEDE: de las 35 comu-
nidades certificadas sólo seis optaron por medir y asignar parcelas
de manera individual a los comuneros, ratificando las 29 restantes

170 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
la determinación de mantener el control directo del acceso a las
tierras de uso común. Esto podría ser interpretado a la ligera como
señal de la inducción que hacemos los que operamos el PROCEDE,
que ante los problemas de presupuesto orientamos a los comune-
ros a que opten sólo por la medición del perímetro. Esta posibili-
dad es nula porque son las propias asambleas quienes cuestionan
que si a una persona se le asigna el derecho respecto a una
parcela, no sólo se pierde la posibilidad de tomar determinaciones
sobre la misma, sino que el mismo comunero no tiene la libertad
de dividirla para repartirla entre sus hijos de acuerdo con sus
costumbres.
De esta manera el criterio respecto a la indivisibilidad del dere-
cho del comunero se enfrenta con uno de los fundamentos de la
organización comunitaria y las cifras descritas donde 29 de 35 co-
munidades optaron por la medición del perímetro, nos indica que
antes de pensar en el derecho individual de lograr un documento
respecto a la tierra que se posee, los comuneros están pensando
en conservar el interés colectivo. Acordar la no-asignación de de-
rechos individuales implica que la misma asamblea o los comune-
ros mantengan la posibilidad de seguir asignando tierras o permi-
tiendo abrir tierras al cultivo a las nuevas generaciones.
De esta experiencia en la Procuraduría Agraria y del conoci-
miento respecto a la organización comunitaria, considero que la
discusión que en estos momentos libran los partidos políticos cul-
pándose mutuamente de los errores cometidos al aprobar “una ley
que no responde a los intereses de los campesinos”, la Procuraduría
Agraria tiene todos los elementos jurídicos y operativos para avan-
zar en el fortalecimiento de la autonomía de las comunidades indí-
genas, promoviendo las adiciones de la Ley Agraria en los siguien-
tes artículos.13

13
La preocupación por este problema tiene años en el estado de Oaxaca y por ello
el Comité Jurídico Estatal de la Procuraduría Agraria en sesión del 26 de julio del
2001, propone adiciones a los artículos 16 y 20 de la Ley Agraria, pero en ella se
incluye a los ejidos como parte de la misma problemática, lo cual se tiene que dife-
renciar y el argumento para ello es precisamente la organización comunitaria.

A NÁLISIS 171
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

Propuesta de modificación a la Ley Agraria vigente

DICE DEBE DECIR

Art. 16. Art. 16.


La calidad de ejidatario La calidad de ejidatario se acre-
se acredita: dita:
Valle de Oaxaca 1996-2001

I.- Con el certificado de I.- Sin cambios.


derechos agrarios ex- II.- Sin cambios
pedido por autoridad III.- Sin cambios
competente. IV.- Para el caso de comuneros,
II.- Con el certificado con el acta de asamblea registra-
parcelario o de dere- da en el RAN y/o la constancia
chos comunes; o expedida por éste órgano
III.- Con la sentencia o registral.
resolución relativa del
Tribunal Agrario.
Se propone la adición
de la fracción IV.

Art. 20. Art. 20.


La calidad de ejidatario La calidad de ejidatario se pier-
se pierde: de:
I.- Por la cesión legal I.- Sin cambios
de sus derechos II.- Sin cambios
parcelario y comunes. III.- Sin cambios
II.- Por renuncia a sus IV.- En el caso de comuneros por
derechos, en cuyo acuerdo de asamblea legalmen-
caso se entenderán te convocada e inscrita en el RAN.
cedidos a favor del nú-
cleo de población.
III.- Por prescripción
negativa, en su caso,
cuando otra persona

172 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
adquiera sus derechos Art. 100
en los términos del ar- Además de las facultades otorga-
tículo 48 de esta Ley. das en el Artículo 23 de esta mis-
Se propone la adición ma Ley, la asamblea de comune-
de la fracción IV. ros tendrá las siguientes faculta-
Se propone la adición des:
de los Arts. 100, 101 y I.- Reconocimiento del carácter
102. de comuneros.
II.- Separación definitiva de co-
muneros.

Art. 101
Las asambleas que conozcan de
estos asuntos deberán reunir los
mismos requisitos del Artículo 23
Fracciones I a la VI y XV de la
Ley Agraria y haber inscrito el
Estatuto Comunal en el RAN.

Art. 102
Los comuneros que se sientan
afectados por los acuerdos de la
asamblea podrán impugnar el
acta en lo individual o de manera
colectiva en el Tribunal Agrario
correspondiente.
El reconocimiento o separación
de comuneros que no haya sido
impugnada en un término de no-
venta días naturales posteriores
a la resolución correspondiente
de la asamblea será firme y defi-
nitivo.

A NÁLISIS 173
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

Estas adiciones de fracciones a los artículos 16 y 20, así como de


otros tres dentro del Capítulo V correspondiente a las comunida-
des, garantizan en primer lugar que las comunidades tengan plena
libertad de acordar quiénes son, cuántos son y sobre todo no de-
pender del Tribunal Unitario Agrario para acreditar la calidad de
comunero, si la Procuraduría Agraria logra avanzar en este senti-
do, habrá superado en mucho la discusión en torno a la Ley sobre
Derechos y Cultura Indígena, de no hacerlo los campesinos indí-
Valle de Oaxaca 1996-2001

genas de Oaxaca y del país en general, seguirán adaptándose a


las normas jurídicas tanto estatales como federales.

A manera de conclusión

Pensar en el campo y no pensar en los indígenas, representaría


para quienes enfrentamos la problemática agraria del campo
oaxaqueño dejar de pensar por lo menos en los actores que po-
seen la mitad del territorio estatal. Esta circunstancia y sobre todo
la discusión que se encuentra vigente en torno a las bondades
de la Ley Indígena, llámese Federal o Estatal, me permite llegar a
las siguientes consideraciones finales.
Si en la visión que se tiene posterior a las reformas del Artículo
27 constitucional y a la vigencia de la Ley Agraria, “la organización
y la capacitación son los ejes fundamentales de la formación del
capital humano en el campo, pues el desarrollo de habilidades y
capacidades para la acción colectiva permitirá la generación de
iniciativas para el desarrollo con base en un impulso interno y sos-
tenido de los núcleos agrarios”,14 los datos presentados dan lugar
a señalar que ni la capacitación ni la organización serán posibles
en las comunidades indígenas mientras la organización comunita-
ria que los caracteriza mantenga la separación entre ciudadanos y

14
Robledo Rincón, Eduardo (coord.), Reforma Agraria y desarrollo rural en el siglo
XXI, Procuraduría Agraria-Plaza y Valdez, México, 2000, p. 66.

174 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
comuneros como un desajuste entre la costumbre de los indíge-
nas y la exigencia de la Ley de contar con un Certificado de Dere-
chos Agrarios o Parcelario o una sentencia del Tribunal Agrario,
porque, con o sin estos documentos, quien cumple los 18 años de
edad automáticamente se convierte en comunero obligado a cum-
plir con las normas internas.
Lograr ese equilibrio entre la costumbre y las normas externas
a partir de la modificación a la Ley Agraria, es un paso que la
Procuraduría Agraria puede dar como medida para fortalecer
la autonomía de todas las comunidades y de las indígenas en par-
ticular, como primer requisito para que las asambleas de comune-
ros tengan plena libertad no sólo de administrar y explotar sus
recursos naturales, sino también como estrategia para lograr coor-
dinar esfuerzos con el municipio rompiendo la separación comu-
nero-ciudadano que aún marcan las leyes.
Es un hecho que estas modificaciones no resuelven todos los
problemas, con el rompimiento de la estructura tradicional y la asig-
nación de recursos a los municipios, la lucha entre agencias y
cabeceras municipales representa otro problema que debe enfren-
tarse, como también lo es la inconformidad de los anexos comuna-
les por acceder a los beneficios por la explotación de los recursos
naturales, pero si no se empieza otorgando esta facultad a las asam-
bleas para reconocer la calidad de comuneros, los problemas
serán mayores.
Si las comunidades indígenas han logrado adaptar al pensa-
miento protestante, dejando a un lado al Santo Patrón para identi-
ficar al trabajo como única fuente de riqueza y hacer a un lado al
mayordomo por las Comisiones de Festejos; si han permitido que
los “Caracterizados” asuman el papel de orientadores del rumbo
para la comunidad y los “viejos” o “ancianos” se les relegue a re-
cordar las tradiciones; si el fertilizante está desplazando los ritos
propiciatorios de las lluvias y/o de buenas cosechas; si en algunos
casos los partidos políticos están rompiendo la estructura del Sis-
tema de Cargos y las asambleas comunitarias ceden su espacio a
las urnas, ¿por qué no arriesgar a que la Ley Agraria otorgue la

A NÁLISIS 175
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del

facultad de reconocer internamente la calidad de comuneros? ¿Por


qué tienen que ser las comunidades indígenas quienes se adap-
ten a las normas externas?
Las respuestas se encuentran en el aire, pero apostando a esta
posibilidad, la labor institucional enfocada a la capacitación y a la
organización tendrán un buen principio, actualizar el censo gene-
ral de comuneros como medida preventiva y correctiva para evitar
que las actas de elección de sus órganos de representación ten-
Valle de Oaxaca 1996-2001

gan vicios que impidan la inscripción en el RAN y, en el mejor de los


casos, superar la imposibilidad de celebrar asambleas en primera
convocatoria.
Con esta medida, los trabajos enfocados a la Organización Agra-
ria Básica se aplicarán sin tanto cuestionamiento de los comune-
ros a la institución, pero sobre todo se logrará superar el problema
para acreditar la calidad de comunero y las asambleas en lo gene-
ral, y, los productores en lo particular, estarán en condiciones de
pensar en la asociación para la producción.

176 E STUDIOS A GRARIOS


Valle de Oaxaca 1996-2001
Ley Agraria. Avances del PROCEDE en comunidades del
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
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A NÁLISIS 177
Las comunidades indígenas: entre la Ley Indígena y la
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Valle de Oaxaca 1996-2001

178 E STUDIOS A GRARIOS


La territorialidad y
el futuro de nuestra
institución:
perspectiva desde
la etapa final
del PROCEDE*

Héctor Bernal Mendoza**

El presente trabajo no pretende hacer


una mera descripción de datos
estadísticos, sino más bien lo motiva y
sustenta una interpretación de diferen-
tes circunstancias observadas y estu-
diadas a lo largo de ocho años de
actividad operativa como visitador
agrario dentro de nuestra institución.
Aunque esta actividad ha transcurrido
básicamente en varias regiones del
estado de Hidalgo, no se ha perdido
oportunidad de estar al tanto en cómo
ha evolucionado la situación del
* Este trabajo obtuvo el 2 o lugar del IV
Certamen Investigación Agraria 2001.
** Actualmente se desempeña como visitador
agrario en la Residencia de Molango, Hidalgo,
de la Procuraduría Agraria.
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

campo y sus habitantes, para quienes trabajamos. Aunque


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

es bien sabido que se ha hablado mucho de él, este trabajo hace


hincapié en uno de los pocos programas que verdaderamente han
sido exitosos en la historia institucional moderna de nuestro país:
el PROCEDE. Pero la perspectiva del mismo pretende enfocar el
análisis, sin ánimos oficialistas, hacia el porqué de dicho éxito
entre los productores rurales que detentan la propiedad social, y
su significado como un elemento estratégico de supervivencia para,
finalmente en este marco, situar en dicho contexto el papel que
ha jugado y debería jugar nuestra institución, proponiendo una serie
general de elementos reflexivos sobre nuestros programas que
puedan ser de utilidad para encauzarla en una década que, por la
serie de datos empíricos que han obtenido otros investigadores,
se presenta difícil y compleja para nuestros campesinos.
En este escenario, la vigencia de la Procuraduría Agraria es
importante, pero la permanencia y proyección de su personal es y
debería ser, uno de los mejores aportes dados al campo mexicano
por nuestra institución, buscándose ganar verdaderamente un lugar
en la historia agraria del mismo.

El Programa de Certificación de Derechos Ejidales y


Titulación de Solares Urbanos: un éxito sorpresivo

El Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de


Solares Urbanos (PROCEDE), ha sido el programa interinstitucional
de escala federal que ha servido de caballo de batalla para cristalizar
una parte importante de las reformas al Artículo 27 constitucional. Estas
reformas se refieren específicamente a la obligación del Estado Mexi-
cano de regular la propiedad rural, de acuerdo con el interés público y
en beneficio social. Su actual aplicación ha redefinido la relación
existente entre el ejecutivo federal y la propiedad ejidal y comunal (es
decir, la propiedad social) al tener como premisa legal que la materia
agraria es de jurisdicción federal.1
1
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 2000, Artículo 27 constitu-

180 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
Su aplicación llevaba implícitas diversas acciones institucionales,
entre las que se encontraban la gestión ante autoridades civiles,
administrativas y agrarias para tener completa y lista la documen-
tación de las carpetas básicas y de las personas que iban a ser
beneficiadas; la conciliación de intereses entre núcleos agrarios y
de éstos con particulares; la delimitación, destino, medición, asig-
nación e inventario de tierras, así como la certificación y titulación
de ellas en favor de sus posesionarios y usufructuarios para su
posterior resguardo en archivo, teniendo como vehículo fundamental
a las asambleas ejidales y comunales, sorprendidas entonces por
nuevas y mayores facultades (sobre todo durante el transcurso del
Programa) antes no otorgadas.
Cuando empezó a operar el Programa a principios de 1993,
después de publicado el Reglamento de la Ley en Materia de
Certificación el 5 de enero de ese año, un sector importante de la
sociedad relacionado con el ámbito agrario consideraba que el Pro-
grama tendría sus días contados, que en cuanto empezara a
proponerse a los ejidos mediante las Asambleas de información y
anuencia, por el carácter voluntario del programa y el descontento
popular que propiciaba un ambiente hostil despertado por las fór-
mulas sin el consenso suficiente con que se llevaron a cabo las
reformas al Art. 27 constitucional, éstos empezarían a rechazarlo
en forma contundente y sistemática.
En efecto, al principio hubo algunos ejidos que no aceptaron el
programa de certificación, pero —para sorpresa de muchos, don-
de me incluyo— la gran mayoría de dichos núcleos agrarios sí lo
aceptó, y a más de ocho años de iniciado, el Programa tiene mas
de 61 millones de hectáreas medidas en el país,2 aproximada-
mente 30.4% del territorio nacional, o en otras cifras 54% de
la superficie social del país,3 regulando la propiedad social de al

cional, Fracción VII, Porrúa, México.


2
Secretaría de la Reforma Agraria, 2001, Avance Tecnológico en la Medición de
Ejidos y Comunidades, [Link]/sraweb/sranoticias/temas/[Link]
(30/05/2001).
3
Herrera Tello, María Teresa, 2001, Tareas actuales y futuras de la Secretaría de la

A NÁLISIS 181
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

menos 70% de los ejidos y comunidades que existen en nuestro


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

territorio. Hoy más de 20,000 núcleos agrarios han concluido su


regularización y ordenamiento,4 lo que hace al PROCEDE, en honor a
la verdad, uno de los programas interinstitucionales más exitosos
de la segunda mitad del siglo XX en nuestro país.
Ahora sólo quedan por certificar ejidos y comunidades que
presentan diversos o muy complejos problemas internos y de
linderos, algún tipo de rezago agrario, administrativo o jurídico, o
simplemente son tan grandes y accidentados que no se ha inicia-
do o concluido su etapa de medición.

Argumentos sólidos en contra; escasos oídos receptivos

A pesar de que cuando se conoció la Iniciativa de ley para el nuevo


Artículo 27 constitucional el 7 de noviembre de 19915 y la posterior
interpretación que el propio Ejecutivo Federal hizo saber el 14 de
noviembre siguiente sobre dichas reformas,6 en el sentido de que
promovían mayores libertades para el campesinado, afirmando
que a partir de éstas podrían decidir el destino de su parcela, y
al propio ejido y comunidad le otorgarían protección constitucional
reconociéndole personalidad jurídica y propiedad sobre sus tierras,
así como la potestad de decisión sobre ellas, sobre su vida inter-
na, sin intervención obligatoria de las instituciones del sector; hubo
muy diversas y fuertes voces en contra.
Una vez conocidos los documentos y acciones que se preten-
dían llevar a cabo, las organizaciones campesinas reivindicativas

Reforma Agraria, [Link]/sraweb/sranoticias/temas/tareas/[Link]


(30/05/01).
4
Secretaría de la Reforma Agraria, 1999, Estadísticas agrarias, en:
[Link]/[Link] (06/102/01) .
5
Discurso leído en el Pleno de la Cámara de Diputados, 7 de noviembre de 1991,
en: El nuevo Artículo 27 constitucional, 1992, Cuestiones agrarias, de Venustiano
Carranza a Carlos Salinas, Ed. Nuestra, México.
6
Salinas de Gortari, Carlos, 1991, Diez puntos para dar libertad y justicia al campo
mexicano, Gaceta de Solidaridad, México.

182 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
y contestatarias, algunas de ellas agrupadas en el Congreso
Agrario Permanente (CAP), así como diversos organismos políti-
cos, académicos y civiles, se lanzaron en contra, vaticinando el
fracaso de la iniciativa gubernamental, criticando “el otro lado
de las reformas”, sobre todo aquellas que se referían a la intención
del entonces presidente Salinas en establecer las condiciones para
crear una estructura agraria acorde con lo planteado por la integra-
ción comercial, previstas por el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN). Considerando que de aplicarse, el cam-
po mexicano se polarizaría y para cada polo habría una política
diferenciada: un campo empresarial, moderno y competitivo en el
mercado internacional, y otro campesino e indígena, atrasado y de
subsistencia (como, por cierto, está sucediendo en el segundo caso,
no así en el primero). Para lograrlo se apoyaría en limitados
programas de combate a la pobreza como el Programa de Apoyos
Directos al Campo (Procampo), Programa de Educación, Salud y
Alimentación (Progresa), el programa de atención a 250
microrregiones pobres (continuación del Programa Nacional de
Atención a Regiones Prioritarias (PNARP) de la administración fede-
ral pasada)7 y nuevos programas como el Fondo para las Micro,
Pequeña y Mediana Empresas de la actual administración.
La inconformidad de las organizaciones campesinas se centró
en los capítulos de la Ley referidos a la tenencia de la tierra, al
fomento a la producción agropecuaria, a la estructura organizativa
del ejido y a las sociedades mercantiles,8 ya que según su apre-
ciación, estos apartados permitían ahora aspectos como: 9
• La flexibilidad para la prescripción positiva y negativa que
podría provocar las invasiones de sujetos ajenos a los
núcleos agrarios.

7
La Jornada, 15 de enero de 2001, nota de Víctor Ballinas.
8
De Grammont, Hubert C. 1996, “Política agraria y estructura territorial”, en: Revista
Estudios Agrarios, núm. 2, ene-mar de 1996, Procuraduría Agraria, México.
9
Taller Universitario de Asesoria Campesina, 1991, Escucha campesino... cómo te
afecta la Nueva Ley Agraria (mimeo), Universidad Autónoma Chapingo, México.

A NÁLISIS 183
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

• Facilidades otorgadas para la enajenación de parcelas, con


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

lo cual era más probable la perdida del patrimonio familiar.


• Pérdida del carácter de patrimonio familiar de las tierras, de-
jando en estado de indefensión a las esposas y sus hijos.
• La posibilidad de privatización (dominio pleno) de las
parcelas y de otorgarlas en garantía a sociedades mer-
cantiles, que podrían aprovechar para crear grandes
conglomerados de tierras.
• Vulnerabilidad de las Tierras de Uso Común.
• Derogación de derechos preferenciales en regímenes
fiscales, créditos, asesoría técnica, etcétera.
• Posibilidad de creación de nuevos latifundios y complejos
mercantiles que controlen grandes cantidades de tierras
(llamados holdings).
• El fin del reparto agrario, que dejaba a muchos solicitantes
sin la posibilidad de tener un pedazo de tierra para
trabajar, y a latifundios encubiertos sin posibilidad de
afectación...

Como experiencia personal, recuerdo que durante las asambleas


de información y anuencia que se llevaron a cabo en el invierno de
1993 en la región de Atlacomulco, Estado de México, y Tula
de Allende, Hgo., cuando se ponía a consideración de los ejidatarios,
posesionarios y avecindados su ingreso o no al Programa, solían
preguntar con bastante insistencia sobre las posibles consecuen-
cias negativas que podría traer el PROCEDE en la vida interna del
núcleo agrario. Ante estos cuestionamientos, se trataban de dar
respuestas francas sobre consecuencias aún desconocidas en esos
días para nosotros, especulando muchas veces de acuerdo con la
formación y experiencia de cada uno.
Temas como el posible incremento de los impuestos prediales,
sobre los cuales tienen facultades los municipios de acuerdo con
el Artículo 115 constitucional, acerca del posible control catastral
que sobre la superficie de sus parcelas y demás tierras tendría el
gobierno federal y estatal (así como el uso que podrían darle),

184 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
y también sobre la privatización y concentración de tierras que
podría traer como consecuencia la entonces nueva posibilidad
de enajenar las tierras de acuerdo con los artículos 80, 84 y 89 de
la entonces nueva legislación, o bien de los riesgos de otorgár-
selas a sociedades mercantiles que tanto había estado pregonan-
do la oposición al gobierno salinista, eran sólo algunos de los
temas cuestionados.
Lo sorprendente de todo eso, me parecía, que pese a recibir
frecuentemente una respuesta que no desechaba del todo tales
posibilidades, por lo general el Programa era aceptado práctica-
mente de inmediato, a pesar de estar presentes algunas veces en
las asambleas consejeros de organizaciones políticas que
recomendaban rechazarlo. ¿Por qué? ¿Por qué a pesar de tener
aparentemente un panorama agrario poco prometedor fueron es-
casos los oídos receptivos de los núcleos agrarios que no acepta-
ron el Programa? ¿Por qué a pesar de que en la actualidad ya se
han hecho realidad algunos de dichos temores (como es el caso
del incremento de los impuestos prediales, tarifas hacendarias por
derechos, formación de inmobiliarias comercialistas, etc.), el Pro-
grama sigue teniendo demanda por los ejidos y comunidades? Y
podríamos decir además que la gran mayoría del aproximadamen-
te 15% de los núcleos agrarios del país que no han podido ingre-
sar o cuyos trabajos han sido suspendidos se deben a causas
diferentes de la negativa de la asamblea a participar en el Programa.
En algunos lugares del país las ventas masivas de terrenos
ejidales ya se han dado, sin embargo, de acuerdo con datos de la
administración pasada de la Secretaría de la Reforma Agraria, ape-
nas 0.28% de la superficie de ejidos y comunidades ha adoptado
el régimen de propiedad privada,10 que es el paso previo aunque
no indispensable para las enajenaciones de tierras, lo que hace de
este dato algo ilustrativo respecto de que a pesar de las facilidades

10
Secretaría de la Reforma Agraria, 1999, Estadísticas agrarias,
en: [Link]/[Link] (06/102/01).

A NÁLISIS 185
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

dadas por las reformas constitucionales para que el ejidatario o


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

comunero se deshaga de sus tierras, y de la cada vez más difícil


situación económica en la que se encuentra el campo mexicano,
éstos aún se siguen aferrando a la tierra como un elemento funda-
mental y estratégico de su supervivencia.
Por supuesto que parte de la explicación de porqué los núcleos
agrarios se interesan en el Programa se puede encontrar en la
cuadratura que algunas normatividades de instituciones exigen,
cuyas actividades y programas se relacionan a las cuestiones agra-
rias, como es el caso del Programa de Apoyos directos al Campo
(Procampo), donde cada vez con más precisión se les piden como
requisito los documentos que son producto del PROCEDE para
poder llevar a cabo sus trámites y beneficiarse de dichos progra-
mas, o como es el caso de cualquier trámite administrativo y jurídi-
co a través del Registro Agrario Nacional. Es un hecho bastante
conocido en el Sector Agrario que la legislación agraria fue diseña-
da casi en su totalidad pensando en un abstracto y homogéneo
ejido regularizado por el PROCEDE.
Sin embargo, no es intención de este trabajo señalar lagunas,
fallas o debilidades de la legislación agraria, que bien por el exten-
so material que existe, valdría la pena un artículo aparte, sino más
bien describir a continuación lo que se considera otra razón mucho
más poderosa, que ha motivado a muchos de los campesinos po-
seedores de propiedad social a aceptar el PROCEDE, apostando con
esto a un elemento estratégico de su supervivencia, pese a todos
sus riesgos y vicisitudes.

Las relaciones de poder y la territorialidad en


los poseedores de la propiedad social

La relación espacial que tienen los ejidatarios, comuneros,


posesionarios y avecindados no es neutra. La gente del campo no
interactúa y se desplaza en su territorio en forma azarosa, puesto
que en la interacción humana, el movimiento y el contacto son for-

186 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
mas de transmitir energía e información con el objeto de causar
efectos, influir y controlar las ideas y las acciones de otros y su
acceso a los recursos.11
Esta afirmación de Sack es bastante bien sustentada por la lla-
mada Teoría del poder social, de Richard Adams,12 comprobada
por diverso trabajos que han aplicado sus principios por autores
como Martorelli13 y Varela.14
Esta teoría tiene como punto de partida el hecho de que la so-
ciedad humana está en constante proceso de expansión y que opera
como factor de un proceso físico y energético, así como biológico y
ecológico de principio, de donde se derivan, después de un proce-
so evolutivo complejo, la variedad de culturas y formas de adapta-
ción que nos distinguen de otras especies. Tratando de ser más
explícito, el poder en esta teoría se ve como parte de un esfuerzo
global (de las personas, grupos, etnias, comunidades, núcleos
agrarios) encaminado a enfrentarse con su medio ambiente y con-
trolarlo, a fin de hacer más efectivas sus posibilidades de supervi-
vencia. En palabras del propio autor de la teoría, el Poder Social
es la habilidad para conseguir que alguien haga algo que otro quiera
a través del control de los procesos energéticos de interés para él.15
Los procesos energéticos a que se refiere son, por supuesto, la
producción, distribución y beneficio de satisfactores humanos,
tales como los alimentos, medicamentos, materias primas para el
vestido, la industria, etcétera. Las partes elementales de esta teo-
ría son la Segunda Ley de la Termodinámica (procesos físico-
químicos irreversibles y entropía), el principio de la selección natu-

11
Sack, Robert D., 1986, El significado de la territorialidad. Su teoría e historia,
Cambridge University Press, EUA.
12
Adams, Richard N., 1975, Energy and structure, Texas University Press, EUA, y
1978, La red de la expansión humana, Ediciones de la Casa Chata, México.
13
Martorelli, Horacio, 1978, Espacio y poder, Centro Interdisciplinario de Estudios
sobre el Desarrollo de Uruguay, Uruguay.
14
Varela, Roberto, 1984, Expansión de sistemas y relaciones de poder, UNAM,
México.
15
...the ability to get somebody else to do what you want him to do trough your control
over energetic processes of interest to him (Adams: 1975: 121).

A NÁLISIS 187
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

ral (la sobrevivencia del más apto), la Ley de Lotka (que conjuga
perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

las dos anteriores) y algunos principios de la física sobre sistemas


abiertos alejados del equilibrio. Con la aplicación de estos
principios se obtienen datos empíricos que indican que al expan-
dirse la sociedad humana, los grupos humanos (naciones, etnias,
comunidades, grupos de ellas) que han sido capaces de captar
más energía en su sistema han sobrevivido, y lo han hecho a ex-
pensas de los que han captado menos. Ante el principio de la
selección natural la humanidad ha reaccionado con la sobrepro-
ducción y el desarrollo tecnológico.
La base de la supervivencia y reproducción de los campesinos
se encuentra, por lo tanto, en su capacidad de controlar su medio
energético (es decir, los recursos naturales renovables, no renova-
bles, explotados o potenciales), así como en las formas en que se
organicen y se reorganicen en estructuras e instituciones que ga-
ranticen sus relaciones de poder, por lo tanto, donde hay más
formas de energía bajo control, existen más bases para el ejercicio
del poder, y habrá mayores probabilidades de participar en la to-
ma de decisiones, garantía de supervivencia y reproducción.
Cuando hablamos de darle mayores oportunidades a las
comunidades y ejidos para que se expresen, propongan, operen y
administren en relación con los proyectos relacionados con sus
recursos, en realidad estamos hablando del incremento de
sus bases de poder, y por lo tanto del incremento de oportunida-
des para ejercer ese poder en su propio beneficio.
A través de la complementación y mejoramiento de sus tecno-
logías de producción, los productores controlan el medio que los
rodea. Sin embargo, si a la par de esta capacidad productiva no se
crean las condiciones para que con su inventiva, ingenio y creativi-
dad sean capaces de diseñar sus propios proyectos, gestionarlos,
administrarlos y reinvertirlos, beneficiándose de los excedentes,
se está limitando o controlando su capacidad para ejercer
influencia sobre los elementos del plano físico geográfico y físico
biológico que son significativos para ellos. De acuerdo con esto,
debemos entender que control y poder son cosas distintas.

188 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
El primero se relaciona con un acto físico-químico, energético y
ecosistémico que se ejerce sobre los elementos del espacio;
el segundo es una relación sociopsicológica entre personas,
instituciones y grupos sociales de poder,16 distinguiendo a partir
de esto dos tipos de ejercicio del poder: poder independiente o
autónomo, cuando permanece tanto el control como la toma de
decisiones en las mismas manos, y poder dependiente, cuando
existe una separación entre el control y la toma de decisiones.
Aquí es donde se define la importancia del concepto de Territoria-
lidad, como el telón de fondo de las relaciones geográficas
humanas y su concepción del espacio, donde un individuo o
grupo ejerce influencia, control y poder sobre un territorio específico.
Cabría preguntarse entonces en cuántas de nuestras
microrregiones de atención hemos detectado que el control y el
poder sobre los recursos están en manos de los campesinos y
productores, es decir, que éstos tienen en sus manos el poder au-
tónomo e independiente sobre su territorio (llámese región, ejido,
comunidad, parcela) que hemos descrito hasta aquí. Cada vez que
tenemos oportunidad de convivir con ellos (que son muchas, des-
pués de cada jornada de trabajo) cotidianamente nos comentan
sobre aspectos relacionados con los bajos precios de sus produc-
tos, que los desalientan en la producción, la frustrante y frecuente
imposibilidad para comercializarlos por carecer, cada vez con ma-
yor incidencia, de los medios para tan importante acción en la
cadena productiva, sobre sus pocos o prácticamente nulos conoci-
mientos para administrar proyectos, la imposibilidad de que mane-
jen los recursos de los programas que les ofrece el Estado, son
sólo algunos de los muchos ejemplos que existen sobre sus
limitantes sobre el control y poder territorial.
Por lo menos en forma intuitiva y visto desde una perspectiva
más simple y práctica, para los campesinos que han carecido

16
Adams les da el nombre de Unidades operantes, las cuales define como “un agre-
gado de seres humanos que comparten una preocupación adaptativa común
respecto al medio ambiente”.

A NÁLISIS 189
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

históricamente de estos elementos, no son ajenos todos los


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

razonamientos que se han presentado hasta el momento.

Los productos y resultados del PROCEDE:


elementos de un poder independiente de tipo territorial

Los objetivos, medios, productos y resultados del Programa de


Certificación de Derechos Ejidales constantemente se confunden
en el discurso y en la acción, así que se considera muy pertinente
poderlos diferenciar adecuadamente. Independientemente de la aún
vigente discusión ideológica de los objetivos del PROCEDE, podría-
mos considerar que, sin lugar a dudas, éstos tienen que ver con
regularizar la tenencia de la propiedad social, como se puede ver
desde el artículo primero de la Ley Reglamentaria respectiva17
aplicado también a las comunidades agrarias (con sus debidas mo-
dalidades por las diferencias históricas y jurídicas).
Los medios para lograr esto, como se puede ver desde el mis-
mo ordenamiento antes señalado, es a través de la delimitación,
destino y asignación de las tierras que poseen, realizando sucesi-
vas asambleas escalonadas en complejidad, donde después de
ejecutados los trabajos técnicos de medición se sustentan jurídi-
camente los expedientes que posteriormente son ingresados al RAN.
Esto con el apoyo básico de cuatro instituciones, por orden
cronológico de actuación: Procuraduría Agraria, Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), presidencias muni-
cipales y Registro Agrario Nacional (RAN) —aunque en ciertas re-
giones tienen relevancia significativa otras instituciones como la
Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), el Instituto Nacional de
Antropología e Historia (INAH), la SEMARNAT, SAGARPA, SEDESOL, Secre-
taría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y el Instituto Nacional
Indigenista (INI).

17
Gobierno de la República, Reglamento de la Ley Agraria en Materia de Certifica-
ción de Derechos Ejidales y Titulación de Solares Urbanos, Diario Oficial de la Fede-
ración, 6 de enero de 1993, México.

190 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
Los productos derivados del Programa son documentos que
ahora tienen el valor agregado de todo el proceso: certificados
que amparan derechos sobre parcelas y tierras de uso común, tí-
tulos sobre solares urbanos, actas de formalidades especiales (de
delimitación, destino y asignación de tierras), que con los planos
generales, internos, de uso común y de las áreas de asentamiento
humano componen la ahora llamada Carpeta Agraria, complemen-
to-sustituto de la Carpeta Básica.
Pero bien vale la pena considerar que éstos son productos in-
ternos, que benefician a los integrantes del núcleo propiamente,
pero también podemos considerar que existen los productos exter-
nos, que benefician sin lugar a dudas a la Nación y su desarrollo
rural, y en un mundo cada vez más globalizado, por qué no consi-
derarlo también, benefician a la comunidad internacional, aportan-
do información geográfica de calidad como la construcción de ese
enorme cúmulo de puntos geográficos y poligonales, extraordina-
rios inventarios de uso del suelo y su potencial, infraestructura ru-
ral, por citar sólo algunos, los cuales se están representando en
diversos productos que está trabajando el INEGI, y podrá enriquecer
otros como la Cartas Topográficas, conjuntos de datos toponímicos
y vectoriales y los modelos digitales de elevación, al igual que las
Cartas Agrarias y Ecológicas que han estado trabajando la SEMARNAT
y el Sector Agrario.
Los resultados que tenemos en realidad están en relación con
toda esta información, que al estar disponible sirve para construir
mapas y modelos para simular efectos de procesos específicos en
el tiempo,18 lo cual es de enorme utilidad para prever determina-
dos escenarios estratégicos en la toma de decisiones de los
planificadores. Esta información, que fue generada en su mayoría
utilizando los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), puede
trabajarse con tecnología de los SIG (Sistemas de Información Geo-

18
FAO, 1999, Aplicaciones de la tecnología del Sistema de Información Geográfica,
en: [Link]/sd/spdirect/gis/[Link] (12/enero/1999).

A NÁLISIS 191
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

gráfica), ahora disponible en una red de datos para cualquier in-


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

vestigador en el mundo.
Por lo anterior, estos elementos nos demuestran que el
PROCEDE otorga a sus beneficiarios una forma de control y cierto

grado de autonomía sobre un elemento fundamental del espacio:


la tierra y por lo tanto, sobre todos los atributos inherentes a ella,
como son la territorialidad y producción primaria.
A través de la documentación que ampara su uso y tenencia,
los dueños de propiedad social buscan tener control y autonomía
sobre este elemento, que aunque no es suficiente sí es indispen-
sable para incidir en la toma de decisiones de todo lo que concier-
ne sobre estas porciones de territorio. No hay que olvidar que
dentro de la propiedad social existen aún gran cantidad de recur-
sos naturales no aprovechados o potenciales que son estratégicos
para el desarrollo y soberanía de nuestro país como lo han señala-
do diversos autores,19 ya que de los cerca de 30 mil ejidos y comu-
nidades del país, se considera que 82% cuenta con al menos un
recurso natural apto de ser aprovechado, donde 58% son aptos
para agostadero, 22% tiene bosques y 3% tiene selva, 5% recur-
sos para la acuacultura, y en cuanto a los recursos no renovables,
39% tiene materiales para construcción, 3% minerales no metáli-
cos, además de que 2.5% posee recursos para la industria del
turismo.20 Además, están cuantificados 840 ejidos y comunidades
en 289 municipios que están aportando terrenos para el crecimiento
urbano de 116 ciudades medias, las cuatro zonas metropolitanas
más importantes del país y los 85 centros urbanos prioritarios en
las entidades federativas,21 que bien planificados, pueden aportar

19
Aguilar Martínez, Adrián Guillermo, 1999, Apropiación de recursos naturales y
potencial regional, Ponencia presentada en Foro “Planeación Regional Integral. Una
visión prospectiva 2020”, Sedesol-Indesol, febrero de 1999 ([Link]).
20
Datos dados por Eduardo Robledo Rincón, entonces Secretario de la Reforma
Agraria ([Link]/[Link] 06/102/01).
21
Robledo Rincón, Eduardo, 2000, “La política agraria en México a ocho años de las
reformas al Artículo 27 Constitucional”, en: Reforma Agraria y Desarrollo Rural en el
siglo XXI, Eduardo Robledo Rincón (coord.), Procuraduría Agraria y Plaza y Valdés
Editores, México.

192 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
plusvalía a través de inmobiliarias o de bienes y servicios que de-
mandan los mercados urbanos.
No es por tanto una casualidad que con relación a este último
aspecto, el que se refiere a la territorialidad, sea de interés para la
mayoría de los campesinos, sobre todo los marginados y grupos
indígenas (que para el caso de nuestro país son los mismos) y que
además continúan siendo los poseedores mayoritarios de la pro-
piedad social, ya que dentro de toda su complejidad, este ámbito
abarca la búsqueda del control de los recursos financieros, la par-
ticipación en la toma de decisiones sobre programas de desarrollo
regional y la capacidad de generar, operar y administrar sus pro-
pios proyectos de desarrollo.
Hoy día, como lo han mencionado diversos analistas22 el estado
en el campo exige otorgar espacios de libertad y fundamentalmente
restituir la justicia agraria a nuestras comunidades y pueblos, una
restitución que implique reconocimiento de derechos plenos sobre
los territorios, entendidos éstos como el total del hábitat, donde
sus recursos naturales puedan tener de parte de ellos protección,
aprovechamiento, restauración y conservación. Hablamos de una
restitución que les permita autonomía para diseñar la institución
jurídica que mejor corresponda con su forma de ver la tierra y el
territorio. Está demostrado que cuando se les deja este margen
de libertad, se eliminan conflictos en las comunidades y núcleos
agrarios mediante una conciliación que el derecho occidental aún no
contempla como una forma efectiva de resolver problemas.

La Procuraduría Agraria como un actor relevante


dentro de la perspectiva territorial rural

El campo mexicano está atravesando por una situación problemá-


tica muy compleja, alcanzando niveles de pobreza que algunos

22
Aguilar Ortiz, Hugo, 1999, “Qué tanto sirven los títulos agrarios”, La Jornada, 23 de
marzo de 1999.

A NÁLISIS 193
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

autores comparan con la que se tuvo durante el Porfiriato.23 Esto


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

se sustenta por datos como de que 75.2% de las localidades


rurales se considera de alta marginación, cuatro de cada 10 niños
viven en condiciones de pobreza en el campo (alcanzando la cifra
de 15 millones de infantes) y donde el escenario rural se caracteri-
za por el retiro de cultivo de más de 10 millones de hectáreas y un
éxodo de alrededor de 15 millones de sus habitantes (principal-
mente hacia Estados Unidos), cifra que va aumentando día con
día, pues en estudios realizados por los autores se estima que
45% de los ejidatarios tiene por lo menos un integrante de la fami-
lia que ha emigrado. El mismo estudio señala que tanto en regio-
nes de Baja California como de Chiapas “persisten las tiendas de
raya en las que los jornaleros —5 millones a nivel nacional—
se mantienen endeudados”, pues los créditos que contratan repre-
sentan hasta 70% de su salario, que no rebasa los 40 pesos al día.
Blanca Rubio (op. cit.) afirma que a partir de la desaparición de la
Conasupo en 1998, la comercialización de los productos del cam-
po quedó en manos de intermediarios privados, que son los que
determinan el precio de las cosechas arbitrariamente, situación
que ha obligado a 25 millones de campesinos a buscar otras fuen-
tes de las cuales subsistir, al grado de que, según la CEPAL, entre
70 y 80% del ingreso familiar de los minifundistas proviene de
actividades no agrícolas.
Con un Tratado de Libre Comercio a todas luces desventajoso
para nuestros productores, transportistas y empresarios rurales,
se ha provocado una lucha frontal de nuestros campesinos contra
compañías trasnacionales, los fuertes sindicatos norteamericanos
y los grandes acaparadores de granos nacionales, sin darle su
debida importancia a la autosuficiencia alimentaria por favorecer
una “privatización excluyente” y concentradora del mercado de
granos básicos.

23
Blanca Rubio, José Luis Calva, en: Correa, Guillermo, “La miseria en el campo,
peor que en el Porfiriato”, Semanario Proceso, núm. 1289, 15 de julio del 2001.

194 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
En el contexto de este Tratado, se atenta contra la territoriali-
dad, control y poder de los productores, donde se les niega el
derecho a producir rentablemente los alimentos que necesitamos,
en tanto que se opta por la importación indiscriminada de bienes
de dudosa calidad alimentaria. Con cifras los autores señalan, en
el caso del maíz —con 3.5 millones de productores—, que el pre-
cio en 1999 presentó un deterioro de 45% en términos reales en
relación con los tres años anteriores; en el trigo, la baja fue tam-
bién en ese porcentaje, y en sorgo fue de 55%. En contrapartida,
el valor de las semillas se incrementó 63% y el de los fertilizantes
52%. Y si en 1995 el presupuesto orientado al campo fue 6.4% del
total, para el año 2000 bajó a 2.9%, mientras que los apoyos a la
comercialización disminuyeron de 2 mil 777 millones de pesos en
1994 a tan sólo 528 millones en 1999; el subsidio de Procampo
pasó de 100 a únicamente 70 dólares por hectárea.
En el estudio Evaluación del subsector de granos básicos en
México, Víctor Suárez Carrera, dirigente de la Asociación Nacional
de Empresas Comercializadoras, ANEC (citado por Correa, op. cit.)
destaca que fue a partir de 1996 y no del año 15 (2009), cuando se
completó la liberalización total del comercio de maíz, lo que se ha
repetido con el frijol, cebada, trigo, arroz, sorgo y soya, provocan-
do la bancarrota de los campesinos mexicanos: “las importaciones
de maíz, frijol y cebada provenientes de Estados Unidos y Canadá
fuera de cuota no pagaron arancel en los primeros cinco años de
vigencia del TLC y representaron una evasión fiscal de mil 600 mi-
llones de dólares”.
Dicha cantidad, equivale al presupuesto del PROCAMPO y el
PROGRESA juntos en 1999, a 70% de los recursos aprobados a la

entonces SAGAR (hoy SAGARPA), 8.5 veces los de la Alianza para el


Campo y más de 100 veces los apoyos destinados por el gobierno
a la comercialización agropecuaria.
El resultado que tenemos es una crisis de rentabilidad sin
precedentes en los productores de granos básicos de todas las
regiones agrícolas del país, y si la producción nacional no se ha
colapsado todavía se debe a las estrategias múltiples que adopta

A NÁLISIS 195
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

el campesino, aprovechando los subsidios y programas guberna-


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

mentales, sacrificando como migrante a algún integrante de la


familia, a la producción vía disminución de sus niveles de consumo
y de vida —alimentación, vestido, vivienda, educación, salud—,
a la reposición de sus medios de producción y al aprovechamiento
de la escasa fertilidad de sus suelos con técnicas tradicionales
relativamente exitosas.
Por otra parte, tenemos la problemática particular por la que
está atravesando la propiedad social, tal como la fragmentación
de la tierra (minifundismo) que imposibilita el establecimiento de
unidades productivas compactas en diversas regiones del país, el
envejecimiento prematuro de sus titulares debido al desinterés de
la población joven por la agricultura y a los índices de migración ya
descritos, la presión demográfica sobre la tierra y la problemática
que se deriva de los tratos agrarios realizados al margen de la ley
(enajenaciones, cesiones, permutas, etc.) que provocan nuevamen-
te inseguridad sobre la tenencia de la tierra.
Es en este contexto, donde se deben refundar y fortalecer las
acciones de instituciones como la Procuraduría Agraria, partiendo
de sus funciones de defensor de los derechos agrarios
(ombudsman), entendidos por supuesto como un derecho huma-
no particularmente inherente a los campesinos mexicanos, con
todos sus atributos (incluyendo la territorialidad), de acuerdo con
el status dado a nuestra institución por la Comisión Nacional de
Derechos Humanos.
Por esto, la Procuraduría Agraria debe perfilarse como un actor
relevante en el debate nacional, pugnando por mejorar la situación
de sus representados y defendidos, ahora que se ha visto que toda
esta problemática tiene que ver con los aspectos de control y
poder antes discutidos, nuestra institución debe manifestarse, en
el ámbito de sus atribuciones, sobre la defensa del concepto de
territorialidad, cuyo significado e importancia está siendo omiso,
en el mejor de los casos, en debates legislativos tan importantes

196 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
como la Ley sobre Derechos y Cultura Indígenas, pero que con
toda seguridad también tendrá que considerar estos aspectos tan
importantes tarde o temprano.

Las tareas y perspectivas de la Procuraduría Agraria

Ahora que el PROCEDE está dejando de ser el programa prioritario


de la Procuraduría Agraria se debe tener una reorientación estra-
tégica de muchos de los programas de la institución, ya que haber
asumido la coordinación operativa de dicho programa distrajo y
erosionó mucho del tiempo y talento del personal. Es importante
por lo tanto, reenfocar nuestros esfuerzos en aspectos un tanto
descuidados, donde orientar y capacitar al productor para que este
sea capaz de detectar potencialidades, generar proyectos, gestio-
nar recursos, identificar oportunidades ofrecidas por las institucio-
nes públicas, operar proyectos y administrarlos cada vez con
menor intervención de los integrantes de las mismas instituciones,
y así poder sacarle mejor provecho a sus tierras (prácticamente
único activo que le queda a muchos de ellos), es una labor funda-
mental a seguir, además de garantizar su pleno ejercicio de poder
en la toma de decisiones. Para esto sería conveniente que se
consideraran las siguientes propuestas sobre nuestros programas
institucionales, considerando, además, los cambios estatutarios,
reglamentarios y acciones de coordinación interinstitucional
que implican.

Defensa de los derechos de los sujetos agrarios y


vigilancia del cumplimiento de la Ley

Se debe tener especial cuidado y atención sobre la defensa de los


derechos que involucren derechos colectivos de los núcleos agra-
rios y/o grupos productivos organizados, tales como lo referente al
aprovechamiento y conservación de cuerpos de agua (ríos, lagu-

A NÁLISIS 197
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

nas, manantiales, playas, etc.) y la regularización, aprovechamiento,


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

restauración y conservación de sus recursos naturales, prescrip-


ción positiva (estricto cumplimiento que no afecte la vida colecti-
va), regularización de terrenos “ashurados” en el PROCEDE y los que
fueron destinados por la asamblea para uso público (tal como
escuelas, áreas deportivas, de recreación o servicio social y espa-
cios religiosos).
Darle especial apoyo a las controversias donde esté involucrada
la asamblea en su conjunto, procurando siempre mantener y
fortalecer la unidad y el trabajo colectivo de los núcleos.
El incremento de casos de enajenaciones y cesiones irregulares
que se están dando, merecen el diseño y operación de un
programa especial emergente de prevención y, en su caso,
regularización apoyándose en las asambleas como elemento es-
tratégico fundamental.
Asumir nuestro papel de ombudsman implica una actitud más
firme sobre las quejas con motivo de la actuación de otras
dependencias, que por diferentes circunstancias e intereses lle-
gan a incurrir en el menoscabo de la integridad de las tierras de los
núcleos agrarios y su poder y control sobre ellas. Ante los ministe-
rios públicos, ayuntamientos, gobiernos estatales e instituciones
de carácter federal, nuestra institución debe trascender el mero
ámbito de coadyuvancia y asumir un papel más defensivo de los
intereses de los campesinos. Son numerosos los casos donde
instituciones y funcionarios trascienden u omiten sus facultades y
llegan a lastimar los intereses de las colectividades, y sin embargo,
nuestro Reglamento no está suficientemente claro sobre nuestras
facultades y posibilidades de actuación en dichas circunstancias.

Programa de Apoyo al Ordenamiento de la Propiedad Rural

Para muchos núcleos agrarios, un programa que vaya encamina-


do a regularizar los terrenos “ashurados” como resultado del
PROCEDE para su posterior incorporación al régimen ejidal es de

198 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
elemental justicia, puesto que en los ejidos y comunidades donde
esto ha sucedido no sólo no se cumplieron los objetivos y expecta-
tivas del Programa, sino además en cierta forma se originó
inseguridad donde antes no la había.

Programa de asesoría para la Organización Agraria Básica

La elaboración de los reglamentos internos y estatutos comuna-


les, así como su actualización son instrumentos que merecen
mucho más atención y dedicación, por ser el vehículo donde
podemos conciliar los intereses de los núcleos, regidos muchas
veces por los usos y costumbres, con los intereses de las regio-
nes, estados y nación, haciendo necesario que los capacitadores
sean primero capacitados en aspectos tales como derecho con-
suetudinario y diversos contextos jurídicos de derecho indígenas
(indigenismo, Convenio 169 de la OIT, Ley sobre Derecho y Cultura
Indígena, entre otras), así como leyes y reglamentos que regulen
el desarrollo rural, fomento agropecuario, crédito rural, aprovecha-
miento de recursos no renovables, aguas nacionales, conserva-
ción ecológica y desarrollo sustentable y/o sostenible.
El paternalismo agrario al que han sido sometidos los núcleos
durante muchas décadas no se ha combatido de manera frontal, lo
que hace también importante que se lleven a cabo acciones que
tengan que ver con el fortalecimiento de la capacidad del núcleo
agrario para llevar a cabo una vida interna verdaderamente autó-
noma, ya que hasta la fecha en la mayoría de nuestras unidades
operativas no nos hemos dado a la firme tarea de inducir a los
sujetos agrarios para que sean capaces de elaborar sus propias
convocatorias, actas, oficios, solicitudes y gestiones administrati-
vas. Debemos considerar que el mejor núcleo agrario es aquel que
no requiere de nuestros servicios, salvo lo indispensable y lo
que estrictamente nos compete de oficio y por ley. Ya que de no
lograrse esto, habrá que aceptar que nosotros sólo hemos venido
a sustituir, en el mejor de los casos, al hosco y aprovechado

A NÁLISIS 199
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

Promotor Agrario por un (todavía) joven, amable y diligente Visita-


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

dor Agrario, que en la práctica continúa, valga el término,


paternalizando su actuar.
Necesitamos por lo tanto nuevas temáticas de capacitación que
tengan que ver con las funciones, facultades y programas
institucionales que pueden aprovechar los sujetos agrarios en los
tres niveles de gobierno, así como las formas en que pueden forta-
lecer su organización y sus instituciones de gobierno internas,
independientemente de que dentro del reordenamiento institucional
que se está llevando a cabo en el ámbito federal nos toque o no
esta responsabilidad, y donde en todo caso siempre juega un
papel relevante la coordinación interinstitucional.
Las metas que son diseñadas para cada unidad operativa en
cuanto a la Organización Agraria Básica, siempre deben tener una
base lógica: si se trata de constituir figuras asociativas, aportación
de tierras a cualquier tipo de sociedad civil o mercantil, contra-
tos de aprovechamiento, venta, cesión o permuta o establecimi-
ento de unidades de producción (Parcelas Escolares, UAIMs, etc.),
deben contar previamente con un proyecto, o al menos una idea
sistematizada y planificada que pueda derivar en proyecto produc-
tivo o de desarrollo, que haya derivado de una necesidad real y
concreta del grupo o núcleo agrario en cuestión. El no hacerlo de
esta forma, ofreciendo sin bases la creación de una figura asociativa,
contrato o unidad productiva (como ha sucedido en numerosas
ocasiones en las unidades operativas, debido a la presión de las
metas), nos convierte no en promotores de la solución de un pro-
blema, sino en parte de él.
Igualmente siempre es indispensable fortalecer los sistemas de
evaluación de cada programa, pero sin presión directa y absoluta
de metas individualistas no suficientemente planificadas o con co-
nocimiento de causa.

200 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
Programa de capacitación continua a personal operativo

Lo último que se dijo implica que sean reconsideradas las formas


individualistas y competitivas con que se está evaluando al perso-
nal del Servicio Profesional Agrario, ya que suponen a cada
integrante como si su desempeño estuviese totalmente ajeno al
esfuerzo de los demás integrantes del equipo, cuando lo más
común es que se entrelacen los intereses de sus microrregiones,
constituyendo una densa red, como ya se ha hecho suficiente én-
fasis respecto a las relaciones de control y poder.
Por esto, sería quizás conveniente que el Estatuto del Servicio
Profesional Agrario considerara una alternativa de evaluación,
optativa de acuerdo con la decisión de cada equipo de trabajo, que
se refiera a la posibilidad de evaluar al equipo o unidad operativa
de acuerdo con su productividad programática cuantitativa y cuali-
tativa, así como a su capacitación y autocapacitación interna (cur-
sos, talleres, conferencias, foros, artículos y publicaciones), y a su
vez, cada equipo o unidad operativa evaluará a sus integrantes.
La competencia cuando es leal, productiva y se retroalimenta
resulta benéfica, y como en esta propuesta es obvio que se
presentaría también, se debe garantizar que tenga tales cualida-
des, por lo que un organismo evaluador ajeno a las instituciones
que fiscalice a las unidades operativas y equipos en la evaluación
de sus integrantes, podría ser bastante sano en nuestro
quehacer institucional.
La Procuraduría Agraria ha acumulado un capital muy impor-
tante: el humano. Sin embargo, este capital que en su mayoría fue
muy joven cuando ingresó a nuestra institución hace más de ocho
años, ahora ha madurado y adquirido una gran cantidad de expe-
riencia, pero ésta no tiene mucho valor si no se está constante-
mente sistematizando, retroalimentando y aplicándolo.
La forma de evaluar, de la que ya se hablaba con anterioridad,
ha contribuido para hacer de la institución un conglomerado de
individualidades con un gran potencial, gran experiencia y (toda-
vía) vocación de servicio, que sin embargo no son capaces de

A NÁLISIS 201
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:

liberar, puesto que esta forma de evaluación sólo permite estabili-


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE

dad, en tanto se esté por encima del compañero, lo cual ha desen-


cadenado una competencia que antepone a los intereses de
bienestar de las personas por las que se trabaja (los campesinos)
por el de sobrevivencia del servidor dentro de una institución.
La imposibilidad de ascender en un escalafón con pocos pelda-
ños en la cima y el poco conocimiento de otras materias que tienen
que ver con los mismos sujetos agrarios, crean un ambiente de
frustración, inseguridad y preocupación. El considerar la redefinición
de los métodos de evaluación individualista por el de equipos ya
mencionado, a la par de intensos y permanentes programas de
capacitación sobre temas descritos con anterioridad permitirían un
mejor y más importante desempeño de nuestra institución en el
quehacer nacional, pero además, eliminarían poco a poco el temor
de su personal en buscar nuevos rumbos profesionales
institucionales, puesto que estarían mejor capacitados para
desempeñarse en otras instituciones, prestar servicios por cuenta
propia (si no se está prestando servicio público), integrar despa-
chos de servicios agropecuarios y/o agrarios o cualquier otra
forma civil de servicio, lo que enriquecería el ámbito de servicio en
el campo, contribuyendo a liberar a verdaderos catalizadores del
desarrollo rural.
En cuanto a los auxiliares de visitador, figura propuesta desde
1993 por el Procurador Agrario,24 hay que señalar una evidente
contradicción: estos jóvenes desde un principio han sido conside-
rados como “becarios campesinos”, es decir, personal que no
pertenece formalmente a la institución y que por pertenecer a las
propias comunidades, éstos los proponen para que después de un
proceso de capacitación agraria en aspectos organizativos y jurídi-
cos y a cambio de una muy modesta beca, regresen a sus comuni-
dades para participar e incentivar su desarrollo.

24
Procuraduria Agraria, 1993, El auxiliar de Visitador. Funciones y atribuciones,
Procuraduría Agraria, México.

202 E STUDIOS A GRARIOS


perspectiva desde la etapa final del PROCEDE
La territorialidad y el futuro de nuestra institución:
Sin embargo, este proceso nunca ha funcionado como un
verdadero programa institucional, puesto que ni siquiera tiene
un seguimiento y evaluación, pero además las funciones de estos
jóvenes prácticamente se han circunscrito sólo al PROCEDE, donde
se les han especificado diversas actividades substanciales en
las que no pueden participar directamente, como la representación
en asambleas y conciliación de conflictos, entre otras más, lo cual
los ha hecho especialistas en un programa temporal. Por supuesto
que en la práctica el auxiliar ha desempeñado muchas más
funciones, pero siempre limitado por normatividad y falta de incen-
tivos económicos.
Hasta el momento, nuestra institución no ha reconocido que
gran parte del éxito que hemos tenido al insertarnos y conseguir
un lugar en un medio rural inestable desde 1992, ha sido en gran
medida por el buen trabajo realizado por los microequipos que
forman visitadores y auxiliares. Por esto, sería recomendable no
sólo que se mejoraran sus incentivos, sino además pugnar ante la
Secretaría de Hacienda por que sean considerados como perso-
nal de apoyo.
La visión en la perspectiva de formación de los auxiliares, es
equivalente al aporte que nuestra institución puede dar en lo
descrito con anterioridad respecto de los Visitadores, donde otor-
gar verdaderos gestores y enlaces entre los núcleos agrarios con
las instituciones gubernamentales y no gubernamentales también
podría jugar un papel importante de la Procuraduría Agraria para el
desarrollo rural de nuestra Nación.

A NÁLISIS 203
El ordenamiento de la
propiedad rural.
Logros y limitaciones
de la regularización de
la propiedad social y
su vinculación con el
catastro rural*

Juan Tinoco Elizalde**

El Estado mexicano tiene como com-


promiso insoslayable el brindar y
garantizar seguridad jurídica de
todas las formas de tenencia de pro-
piedad de la tierra; la certidumbre
documental de los predios rústicos;
avanzar en la legalidad, el desarro-
llo, bienestar y equidad. Procurar jus-
ticia con respeto a los titulares de
derecho; mejorar las condiciones
organizativas en las que se desen-
vuelven las actividades sociales y

* Este trabajo obtuvo el 3 er lugar del IV


Certamen Investigación Agraria 2001.
** Actualmente labora en la Representación
Especial de la Secretaría de la Reforma Agra-
ria en el estado de Chiapas.
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

económicas de ejidos y comunidades; superar las limitaciones del


social y su vinculación con el catastro rural

minifundio; facilitar una justa y productiva circulación de los dere-


chos agrarios y la propiedad rural, y ofrecer servicios institucionales
modernos y de excelencia.
La legalidad y certeza jurídica tienen como propósito fundamen-
tal, lograr paz y tranquilidad social mediante la solución institucional
de los conflictos, fortalecer la seguridad de la propiedad rural en
pleno y libre ejercicio de los derechos sobre la tierra, mandato
ineludible de la política agraria, el cual se asienta en la legislación
actual concebida bajo un espíritu de participación plural y demo-
crática, en donde los actores dirimen y acatan la resolución a sus
controversias.
En ese sentido, es válido reconocer que el proceso redistributivo
de la tierra resolvió problemas de injusticia social e ineficiencia
productiva, pero aún existen algunos asuntos pendientes. La
Reforma Agraria no se agota en la solución de los asuntos rezaga-
dos. La actividad productiva en el campo requiere, además de
tierra regularizada, normas para el acceso de los campesinos a
recursos de apoyo a la producción, tecnológicos y de mercado.
Pero qué pasa si los mecanismos institucionales para la regula-
rización de la tierra se encuentran acotados o son limitativos en su
operación, como es el caso del Programa de Certificación de
Derechos Ejidales y Titulación de Solares Urbanos (PROCEDE), apli-
cable solamente a quienes por voluntad propia lo demandan y, en
caso contrario, los que no lo hicieron prácticamente viven en un
estado de indefinición, sin que hasta el momento se les haya
ofertado otra alternativa que no sea la del Programa.
Esta situación ha sido ampliamente discutida por las instancias
ejecutoras del PROCEDE en Chiapas; como lo son la Representación
Especial Agraria (SRA), Procuraduría Agraria (PA), Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), Registro Agra-
rio Nacional (RAN ) y de la entonces Secretaría de Desarrollo
Agrario (SEDA) del Gobierno del Estado, quienes a través del Comi-
té Estatal y sus grupos operativos conocen las imposibilidades
técnicas y jurídicas que dificultan la incorporación al Programa,

206 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
ya sea por cuestiones de tipo legal o técnicas y, en caso extremo,
por causas de tipo ideológico opuestos a todo tipo de trabajo gu-
bernamental.
Parte de esta situación se debe a la influencia que tuvo el le-
vantamiento armando de 1994 por el EZLN, el cual demandó del
Estado mexicano los espacios de participación en las políticas de
desarrollo y justicia social mediante la suscripción de acuerdos que
por su misma naturaleza requieren la aprobación del sistema
que vayan encaminados a lograr la pacificación de esta región del
país. La iniciativa sobre la Ley de Derecho y Cultura Indígena
aprobada recientemente por el Congreso de la Unión, requiere la
aprobación de las legislaturas estatales (la LX legislatura del esta-
do manifestó su rechazo a la iniciativa federal), pero dada la
controversia que ha desatado existe incertidumbre para su obser-
vancia y aplicación, lo cual altera los compromisos contenidos en
la agenda nacional y que obviamente influye en los programas de
gobierno que, en el caso de Chiapas, se verán mermados sus ob-
jetivos; pero no obstante ello, la actividad sobre la regularización
de la tenencia de la tierra ha logrado avanzar gradualmente aun-
que no en la forma en que se hubiera deseado.
En ese sentido resulta imprescindible continuar con el proceso
de regularización de las tierras en general, ya sea mediante los
programas instituidos o a través de métodos alternativos que
permitan a los ejidos y comunidades tener la certeza sobre sus
bienes y los derechos que les asiste sobre ellos, por tal motivo
resulta conveniente revisar y analizar los resultados del PROCEDE a
nivel nacional y local; de igual forma veremos cómo los resultados
del Programa se vinculan directamente con el Catastro Rural, para
posteriormente abordar las razones y motivos que nos inducen a
la iniciativa de proyecto orientado a identificar técnicamente la
propiedad social no regularizada como vía alterna para la actuali-
zación catastral, así como la implementación de políticas
estratégicas para la organización agraria básica de los ejidos y
comunidades que se hallan en esta situación. Finalmente conclu-
yo con un breve repaso sobre las expectativas para la regulariza-

A NÁLISIS 207
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

ción de tierras sociales en Chiapas, así como algunos cuadros


social y su vinculación con el catastro rural

ilustrativos sobre los temas.


Es importante destacar que los resultados que aquí se citan,
corresponden al periodo del 31 de diciembre del 2000, en el enten-
dido que durante el 2001 el PROCEDE logrará incrementar los objeti-
vos trazados; considero que esos resultados no alteran el fondo
de la presente propuesta.

Universo de trabajo y avances del PROCEDE


en el ámbito nacional

Existen en nuestro país un total de 27 mil 592 ejidos y 2 mil 340


comunidades que en conjunto suman 29 mil 932 núcleos agrarios,
propietarios de aproximadamente 103 millones de hectáreas,
equivalentes a poco más de la mitad del territorio nacional. Ahora
bien, si tomamos en consideración que el Programa mantiene un
estricto respeto a la voluntad de los núcleos para su incorporación,
resulta que hasta el 31 de diciembre del 2000, solamente se ha
incorporado 86% del gran total, lo que quiere decir que 4 mil 242
núcleos no lo han hecho.
De todos conocido el procedimiento legal y operativo dispuesto
para la regularización de las tierras ejidales y comunales; resulta-
ría conveniente revisar las cifras de avance de los 25 mil 690 nú-
cleos agrarios que han asumido de manera voluntaria la regulari-
zación de sus tierras por este medio.
Del total de núcleos agrarios incorporados, solamente 22 mil
879 han logrado la medición topográfica de sus tierras, la realiza-
ción de estos trabajos cubre aproximadamente 68% de la superfi-
cie en propiedad social; 22 mil 416 han celebrado su asamblea de
delimitación, destino y asignación de tierras, y 22 mil 087 han lo-
grado su certificación y titulación,
La formalización de los actos técnico-jurídicos permitieron la
expedición de un total de 6 millones 545 mil 77 certificados y
títulos, a favor de 2 millones 946 mil 782 sujetos de derecho,

208 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
propietarios de una superficie equivalente a 57 millones 191 mil
277 hectáreas.

Comentarios

• De los 29 mil 932 núcleos agrarios registrados en el país,


4 mil 242 se encuentran al margen de este proceso, sin
contar con las razones o motivos que les impidió hacerlo.
• Con relación a los 25 mil 690 núcleos agrarios incorpora-
dos voluntariamente al Programa, sólo faltan por lograr su
total regularización 3 mil 603.
• Los trabajos técnicos practicados en 22 mil 879 núcleos
agrarios permitieron la identificación de aproximadamen-
te 70 millones de hectáreas; en contraparte, están pendien-
tes de localizarse 33 millones, extensión que comparten
los 4 mil 242 núcleos agrarios no incorporados y 3 mil 603
que sí lo están.
• En términos generales se puede decir que más de 95% de
los núcleos medidos han logrado su certificación, indicati-
vo que nos acerca a la constante de que núcleo que se
mide, núcleo que se certifica.
• La superficie certificada y titulada en todo el país equivale
55.25% del total de la superficie en propiedad social,
extensión que pasa a formar parte del nuevo inventario
nacional.

En el caso particular de Chiapas

La estructura agraria en el estado respecto a los núcleos agrarios


arroja los siguientes datos:

• De los mil 955 ejidos registrados en el Historial Agrario; 47


se encuentran bajo el status de inejecutables por razones

A NÁLISIS 209
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

técnicas, jurídicas y/o administrativas y mil 908 están debi-


social y su vinculación con el catastro rural

damente formalizados y respaldados por medio de sus


documentos básicos que acreditan la titularidad de 3 millo-
nes 326 mil 49.77 hectáreas, extensión territorial equiva
lente 46.13% del total que integra la entidad.
• Con relación a la propiedad comunal esta se encuentra
configurada por 91 núcleos; de los cuales cuatro están pen-
dientes de ejecutarse y 87 han legitimado la titulación de
sus bienes, que porcentualmente representan 11.70%
de la superficie estatal, equivalente a 843 mil 311.06
hectáreas.
• En conjunto, el total de núcleos agrarios registrados en la
estructura agraria es de 2 mil 46, de ese universo sólo
mil 995 reúnen las características formales de ejecución
sobre una superficie de 4 millones 169 mil 360.83 hectá-
reas, que proporcionalmente rebasa más de la mitad del
territorio chiapaneco.
• Para los efectos normativos del PROCEDE, se aplicaron e
integraron un total de 2 mil 46 diagnósticos agrarios, de su
análisis se observa que sólo 45.5% de ese universo
reunía las condiciones susceptibles para este proceso.
• En ese orden y revisando los resultados históricos corres-
pondientes al periodo de 1994 al 2000, se obtiene que de
los 932 núcleos agrarios con posibilidades de certifica-
ción, solamente 818 lo han logrado y el resto está en po-
sibilidades de hacerlo.
• En materia de acreditación documental se han expedido
un total de 264 mil 264 documentos, de los cuales 195 mil
856 corresponden a certificados y 68 mil 406 a títulos de
propiedad, que amparan los derechos de 108 mil 211 suje-
tos agrarios, titulares de una extensión territorial de 857
mil 390 hectáreas, además se integraron la totalidad de
carpetas agrarias como resultado de este proceso
• Es importante señalar que de los 4 mil 242 núcleos agra-
rios no incorporados al programa a nivel nacional,

210 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
en Chiapas se localiza 26% de ese universo, equivalente
a mil 114 poblados considerados como no viables
al PROCEDE.

El catastro rural y su vinculación con


el Programa de Certificación de Derechos
Ejidales y Titulación de Solares Urbanos

El catastro rural se concibe como el instrumento agrario que


determina técnica y jurídicamente el estado que guarda la propie-
dad rural en sus diversas modalidades, establece la realidad
geográfica de los predios rústicos, identifica a sus poseedores,
describe los usos y potencialidad de las tierras y establece las ba-
ses legales para la expedición y registro de los documentos que
acreditan la tierra.
La instancia administrativa para llevar el control de la tenencia
de la tierra ejidal y comunal es el Registro Agrario Nacional (RAN),
Órgano desconcentrado de la Secretaría de la Reforma Agraria
(SRA), con autonomía técnica y presupuestal, conforme a las atri-
buciones y facultades que expresamente le confiere la Ley Agra-
ria, otras leyes y reglamentos.
En los términos que establece el marco legal vigente será en el
RAN en donde se inscribirán los documentos en que consten las

operaciones originales y las modificaciones que sufra la propiedad


de las tierras y los derechos legalmente constituidos sobre la
propiedad de carácter social, de igual manera será el responsable
del resguardo, acopio y archivo de los documentos derivados de la
aplicación de la Ley; para el cumplimiento de esa encomienda
realiza las funciones de: registro, certificación y titulación, expedi-
ción de documentos, además de prestar los servicios de asistencia
técnica e información del sector agrario, asimismo tiene bajo su
control la actualización del catastro rural.
Es responsabilidad de la SRA a través de su Órgano Registral, el
mantener actualizada la plantilla catastral de los bienes rústicos

A NÁLISIS 211
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

del país, los resultados de este trabajo se reflejan en la carta na-


social y su vinculación con el catastro rural

cional del catastro, la cual permite conocer la estructura de la


tenencia de la tierra, su cuantía, extensión y atributos y, por conse-
cuencia, la legitimidad de sus ocupantes y usufructuarios, además
de ser el único elemento informativo para las actividades de inves-
tigación y análisis de la tarea institucional.
Con las nuevas funciones que la Ley le confiere al RAN, y en
virtud de que aún se siguen tramitando las solicitudes de tierras
por parte de los Tribunales Superior y Unitarios y si a ello le añadi-
mos la traslación de derechos que se da sobre ella, es de suponerse
que la estructura agraria constantemente sufre modificaciones, prin-
cipalmente en ejidos, comunidades, propiedad privada y en los
terrenos propiedad de la nación, pero a ciencia cierta se descono-
ce el número real en hectáreas de estos dos últimos tipos de
régimen; por lo tanto la comisión para la actualización y vigencia
del catastro rural viene siendo de manera parcial, teniendo como
único insumo real el que viene generando el PROCEDE, sistema que
reúne los elementos científicos, tecnológicos y jurídicos de la más
alta calidad para la conformación de la carta catastral.
No dejan de ser importantes los resultados que se obtienen por
parte de los Tribunales Agrarios, así como los actos registrales en
materia de incorporación de tierras al régimen social o de la
división o fusión de ejidos, y en su caso de las adopciones al domi-
nio pleno de ejidos y colonias, de las declaratorias de terrenos
nacionales, que necesariamente requieren de los trabajos de
identificación topográfica y cartográfica; pero estos trabajos no
se realizan bajo una tecnología común lo cual los limita para su
incorporación a la carta catastral.
Mención aparte merece el régimen de propiedad privada en razón
de su naturaleza jurídica, no es facultad para su control por par-
te de las instancias de orden agrario, pero sí resultaría necesario
complementar la información con las bases de datos existentes en
los Registros Públicos de la Propiedad de cada entidad federativa.
Los avances que viene brindando el PROCEDE, le permiten por
igual al catastro actualizar su sistema de información, prueba de

212 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
ello son las 57 millones 191 mil 277 hectáreas regularizadas por el
Programa, pero aún faltan por transferir al plano catastral las que
resulten de los 3 mil 603 núcleos agrarios pendientes de
regularizarse.
Pero por otro lado, también se estaría pendiente de identificar
la superficie que corresponde a los núcleos no incorporados, en
ese caso tomemos en cuenta que según la estructura agraria na-
cional señala que la superficie total en el país entre ejidos y comu-
nidades es de aproximadamente 103 millones de hectáreas; por la
vía del PROCEDE se han medido cerca de 70 millones, pero sólo
poco más de 57 millones han logrado su certificación, por lo tanto
queda un remanente por certificar al menos de 13 millones, de
lograrlo, aún estaría pendiente por localizar una superficie aproxi-
mada de 33 millones de hectáreas.

A NÁLISIS 213
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

Aquí cabe hacer la aclaración tomando en cuenta los resulta-


social y su vinculación con el catastro rural

dos arrojados por el Programa: se dice que en materia de certifica-


ción y titulación hay un avance de 74% con relación al universo
total de ejidos y comunidades, pero este avance es aparente,
porque si consideramos que el objetivo primordial del PROCEDE es
la regularización de la tenencia de la tierra, resultaría engañoso
señalar que de los 29 mil 932 núcleos agrarios existentes en el
país, se ha regularizado 74%, o sea que 22 mil 087 han logrado su
certificación y titulación, pero en cuanto a la superficie solamente
se ha certificado 55.25% que equivale a 57 millones 191 mil 277
hectáreas, lo que quiere decir que 7 mil 845 núcleos agrarios que
en proporción representan casi la cuarta parte del total, detentan
poco menos de la mitad de la superficie social, lo que hipotéti-
camente nos dice que aún falta por medir los núcleos agrarios con
grandes extensiones de tierras.
En diversos medios se ha manifestado la urgente necesidad de
levantar un Catastro Nacional de la Propiedad Rural, en el que
incluya toda la información de la propiedad pública, social y priva-
da rural, para ello se deberá de contar con la información existente
en el RAN y en los Registros Públicos de la Propiedad de cada en-
tidad federativa.
Respecto a la información institucional ésta se deriva de los
programas que integran la plataforma del ordenamiento de la
propiedad rural, que viene ejecutando la SRA a través de sus Uni-
dades Administrativas y Organismos Desconcentrados que, en el
orden de atención, se describen a continuación;
• Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titula-
ción de Solares Urbanos.
• Programa de Regularización de Colonias Agrícolas,
Ganaderas y Agropecuarias.
• Programa de Regularización de los terrenos baldíos y na-
cionales, así como la titulación de terrenos pertenecientes
a la Nación, básicamente en las regiones de alta
marginación y con presencia indígena.
• Programa de Expropiaciones e Indemnizaciones sobre la

214 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
propiedad social.
• Programa de Incorporación del Suelo Social.

Básicamente estos serian los programas que habrán de incidir en


el levantamiento del Catastro Nacional de la Propiedad Rural, pero
tal y como lo señalamos en párrafos anteriores, sólo el PROCEDE
aporta la información sustentable a las necesidades del Catastro
Rural.
Conociendo los logros y avances así como las limitaciones de
orden operativo que tiene el PROCEDE y su vinculación que tiene con
el Catastro Rural, a continuación se expone la iniciativa de proyec-
to denominada: propuesta para la identificación topográfica y
actualizacion catastral, así como la implementacion de políticas
estratégicas para la organización agraria básica de los ejidos
y comunidades no incorporados al programa de regularización.
Cité inicialmente que en nuestro país existen un total de 29 mil
932 núcleos agrarios de los cuales sólo 86% se incorporó al
PROCEDE, independientemente de las etapas operativas alcanza-

das, es correcto considerar que el restante 14% de los núcleos no


incorporados, no cuentan con las mismas cualidades y beneficios
de los que han logrado su certificación y titulación.
En diversas reuniones de trabajo celebradas en las residencias
de la Procuraduría Agraria, así como con los grupos operativos de
las instituciones participantes en el Programa, se insistió sobre el
siguiente punto: ¿Bajo qué condiciones programáticas y operativas
se debe actuar con aquellos núcleos agrarios que no se afiliaron al
PROCEDE, pero que en alguna forma continúan interrelacionados con

las actividades institucionales, pero en algunos casos ven limita-


das sus aspiraciones dado que el contenido del marco legal distin-
gue de alguna manera a los ejidos y comunidades regularizados
con aquellos que no lo están?
Sobre el particular quisiera hacer hincapié en que no se desea
polemizar en los preceptos legales de la Ley y demás ordena-
mientos, sino que por el contrario, lo que se pretende es buscar o
proponer un mecanismo que dentro del mismo marco legal permi-

A NÁLISIS 215
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

ta ofertarle a todos aquellos núcleos que no se incorporaron al


social y su vinculación con el catastro rural

PROCEDE sobre una posible alternativa ajena a la delimitación inter-

na de sus tierras, en cuanto a la configuración perimetral y parale-


lamente a ello consolidar la bases de organización básica para el
desarrollo común y de sus habitantes.
Esta iniciativa toma muy en cuenta la característica que tiene el
PROCEDE de ser voluntario y gratuito, pero para este caso se consi-

dera obligatorio y gratuito, toda vez que se justifica la necesidad


de contar con la información básica para los efectos del Catastro
Rural, y por otro lado se mantiene el irrestricto respeto a la sobera-
nía de los pueblos ya que no se trastoca el espíritu de libertad y
decisión que les brinda la propia Ley.
En ese orden de ideas, a continuación se describen algunas
actividades previas que permitirán sustentar y fortalecer el proyec-
to denominado: "Programa de delimitación de tierras en propiedad
social y organización agraria básica", el cual está trazado bajo ob-
jetivos generales y específicos, además se detallan las líneas de
acción para concluir con los beneficios que pueden recibir los nú-
cleos agrarios que se incorporen a éste.

Actividades previas

1. Determinar a través del Sistema Interinstitucional de Se-


guimiento Evaluación y Control (SISEC), el inventario de nú-
cleos que no se sumaron a los beneficios del programa.
2. Evaluar la problemática que existe al interior de los nú-
cleos la cual les impidió su incorporación al proceso de
regularización con el fin de clasificar el grado de dificultad
existente y desde esa perspectiva determinar el tipo de
atención que se les debe de brindar por parte de las institu-
ciones involucradas en su solución, destacando el nivel de
competencia ya sea federal, estatal o municipal.
3. Dimensionar en cada entidad federativa el número de
núcleos agrarios que reúnen estas características con el

216 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
propósito de promover ante los ejecutivos de cada entidad la
necesidad de implementar estrategias de orden político o
social que se requieran.
4. Resulta obvio que algunos núcleos, viendo superada su
problemática interna, es posible incorporarlos al PROCEDE; pero
en el caso en que manifiesten su total rechazo, se optará por
la vía que se propone.

Programa de delimitación de tierras en propiedad


social y organización agraria básica

Objetivo general

Otorgar certeza y seguridad jurídica y documental a los núcleos


agrarios que por voluntad propia no dispusieron regularizar sus
tierras a través del Programa Interinstitucional.

Objetivos específicos

• Delimitar las dimensiones territoriales de cada núcleo agra-


rio, respetando su integridad territorial, así como el uso y
explotación de sus tierras.
• Elaborar los padrones de poseedores de tierras a fin de de-
terminar la situación jurídica que guardan cada uno de ellos
y en su defecto recurrir a las instancias jurisdiccionales o
administrativas para obtener o acreditar debidamente su
condición.
• Organizar los cuadros directivos de los órganos de re-
presentación ejidal y comunal.
• Actualizar los reglamentos internos o estatutos comunales
de cada ejido o comunidad.
• Arraigar la cultura registral de todos los actos y acuerdos
que trasciendan en la vida social y económica del núcleo.

A NÁLISIS 217
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

• Contar con los documentos básicos que les acrediten la


social y su vinculación con el catastro rural

titularidad de sus tierras y los derechos que les asisten


sobre de ella.

Líneas de acción

• La instancia ejecutiva del programa lo será la Secretaría


de la Reforma Agraria, quien a través de la Procuraduría
Agraria, el Registro Agrario Nacional y de cada gobierno
estatal determinarán de manera conjunta las políticas
operativas para su ejecución.
• Será la Secretaría de la Reforma Agraria la que brinde los
apoyos normativos y de procedimiento para la operación y
ejecución del programa.
• Será la Procuraduría Agraria la que otorgue los apoyos en
la organización y promoción del programa, así como la ase-
soría legal para los núcleos agrarios y sus habitantes.
• Será el Registro Agrario Nacional el que realice los traba-
jos de identificación geográfica, medición de linderos y de
la superficie de los núcleos agrarios, además elaborará los
planos generales de cada uno de ellos, conforme las nor-
mas técnicas que se aprueben para tal efecto.
• Serán la Secretaría de la Reforma Agraria, la Procuraduría
Agraria y el Registro Agrario Nacional los responsables
en la integración de los expedientes de "Delimitación
de Tierras en Propiedad Social y Organización Agraria
Básica".
• Serán la Secretaría de la Reforma Agraria y el Registro
Agrario Nacional los responsables en la inscripción y
expedición de las constancias referentes a los acuerdos
de asamblea sobre la “Delimitación de Tierras en Propie-
dad Social y Organización Agraria Básica”.

218 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
De los beneficios que podrían recibir los núcleos agrarios que se
incorporen a este programa:
• Conocer su realidad geográfica, la identificación de sus
linderos y de sus colindantes y la dimensión de sus tierras,
a partir de la elaboración de los planos generales diseña-
dos bajo normas técnicas similares a las existentes.
• Contar con la clave catastral que le corresponde a cada
núcleo agrario, según su régimen de propiedad.
• Contar con un padrón actualizado de sujetos agrarios en
el cual se determinará su calidad dentro de cada núcleo.
• Contar con las constancias de inscripción de los acuerdos
de asamblea referentes a la elección de los órganos de
representación, así como del reglamento interno o estatu-
to comunal que rige la vida social y económica de cada
núcleo agrario.
• Estos beneficios de ninguna manera trastocan la persona-
lidad jurídica de los núcleos agrarios plenamente recono-
cida en la Ley Agraria, y en cambio sí le estarían brindando
la certeza y seguridad jurídica y documental a los núcleos
que por razones de diversa índole no fueron atendidos por
el PROCEDE.

Como se podrá observar, la mecánica operativa de este programa


es muy similar a la del PROCEDE, pero con algunas variantes en
su ejecución así como en sus objetivos y resultados; en cuanto
a la infraestructura y recursos humanos la PA y el RAN cuentan
con la plantilla de personal necesaria para este tipo de trabajo ya
que la experiencia asimilada durante estos últimos 8 años les per-
mite a las dos instancias complementar la información requerida
por el Catastro Rural, pues prácticamente se contaría con dos
fuentes de información: la primera correspondería al PROCEDE y
la posterior al Programa de Delimitación, ambos métodos, por sus
cualidades técnicas, tienen cabida en el Catastro Nacional de la
Propiedad Rural.

A NÁLISIS 219
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

A continuación haré un breve repaso sobre la situación que pre-


social y su vinculación con el catastro rural

valece en el estado de Chiapas, lugar en donde la abundancia


contrasta con la marginación y pobreza de sus habitantes, sitio en
que la tierra tiene un connotado significado social y económico para
quienes la detentan y un constante reclamo por quienes la reclaman.

La regularizacion de tierras en propiedad social


y la constitución de nuevos ejidos en Chiapas

El escenario: el estado de Chiapas se localiza al sureste de la


República Mexicana entre los paralelos 14° 32´ y 17° 59´ de latitud
norte y los meridianos 90° 22´ y 94° 15´ de longitud oeste, tenien-
do como límites al norte con Tabasco; al este y al sur con la Repú-
blica de Guatemala; al oeste con el Océano Pacífico, Oaxaca y
Veracruz-Llave, con una extensión territorial de 75,634.4 km2 que
representa 3.8% de la superficie del país.
Políticamente se divide en 119 municipios agrupados en nueve
regiones económicas, cuenta con 3 millones 637 mil 142 habitan-
tes, de los cuales 49.95% son del género masculino y 50.05% del
femenino; la población rural predomina con 68.45% y el restante
31.55% se ubica en las zonas urbanas, las principales actividades
económicas son la agrícola, pecuaria, silvícola y pesca, le siguen
la minería, la industria manufacturera y de servicios.
La estructura agrícola en el estado la componen por su impor-
tancia económica y social el cultivo y explotación del café, maíz,
fríjol, cacao, plátano, caña de azúcar y mango.
Los yacimientos petrolíferos en el estado lo ubican en el
tercer lugar a nivel nacional, convirtiéndose en un importante
generador de recursos y divisas para el país, además mediante
el control y aprovechamiento de los recursos hidrológicos se
genera casi la cuarta parte de energía eléctrica que se produce
en el país; en contraparte la población de 6 a 15 años sabe leer
y escribir, lo cual representa 77.93% de alfabetismo pero muy
por debajo de la media nacional. Respecto al 22.07% que no

220 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
sabe leer ni escribir predomina el género femenino, principal-
mente en las zonas indígenas.
Los servicios médicos y de asistencia social que brindan el Sec-
tor Salud (SSA, IMSS, ISSSTE e ISSTECH), apenas logran cubrir las
necesidades de población, pese al esfuerzo de la medicina
institucional existen casi 90 médicos por cada 100 mil habitantes,
la tasa de crecimiento es de 2.0% anual por debajo de la nacional,
registrándose un crecimiento de la población de 131,616 nacimien-
tos contra 15,248 defunciones.
La extensión territorial del estado en sí no forma una unidad
heterogénea ya que está fragmentada por regiones desiguales en
su relieve, ecología y características de población, así como por
los modos de producción; en la zonas Centro y Altos se asienta
gran parte de las comunidades indígenas, las cuales practican un
minifundismo de subsistencia y de mercado, convirtiéndolos
en mano de obra barata que emigra en periodos de cosecha a
laborar en la zona del Soconusco, región en donde se localiza la
mayor producción cafetalera del estado; la actividad agrícola se
desarrolla en la zonas Frailesca, Fronteriza y Centro, en la zona
sierra los grados de marginación son considerable, así como en
la selva. Las regiones fisiográficas que dividen al estado (llanura
costera del golfo, sierra madre de Chiapas, depresión y altiplano
central, montañas del oriente y del norte y la costa del pacífico),
han contribuido a que el desarrollo social y económico de sus
habitantes no sea equitativo y sistemático convirtiéndose en caldo
de cultivo para los movimientos sociales iniciados en la década de
los setenta.
Por muchísimos años la oligarquía rural del estado mantuvo
bajo sus manos el control de la estructura agraria, dicho sea de
paso aquí, la Revolución mexicana paso de ser un movimiento con
claras evidencias de reivindicación social a ser un medio por el
cual se consolidaron los cacicazgos regionales con profundas raí-
ces de explotación y opresión. Si bien es cierto, las luchas campe-
sinas iniciadas durante 1914 en la región del Soconusco crearon
expectativas para otros grupos, pero éstas fueron prácticamente

A NÁLISIS 221
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

liquidadas con la dotación de tierras en zonas serranas. En el res-


social y su vinculación con el catastro rural

to del estado las cosas se mantuvieron igual hasta principios de


los años setenta, periodo en el que empiezan a surgir movimientos
campesinos organizados con un trabajo político-ideológico que
exige un cambio radical en la tradicional estructura de la propie-
dad, estos grupos iniciaron sus reclamos principalmente en los
municipios de Simojovel, Huitiupan, Venustiano Carranza, Teopisca,
Larrainzar, Chamula, Bochil, Nicolás Ruiz, Villa las Rosas, Las Mar-
garitas, entre otros.
La resistencia a los cambios por parte de la oligarquía rural no
se hizo esperar y en ocasiones con la complicidad o simulación de
las instituciones se violentaron los más elementales principios
de convivencia, sería hasta principios de los ochenta cuando se
dieron los primeros pasos para iniciar los diálogos con las organi-
zaciones con el fin de encontrar la salida a las demandas de dota-
ción de tierras. Primeramente se asumió el compromiso de resol-
ver en definitiva las solicitudes instauradas en los órganos colegia-
dos del sector agrario; viciadas en su procedimiento, gran parte de
ellas culminaron con la negación de la acción, ocasionando con
ello la movilización de las organizaciones para la invasión de pre-
dios violentando de nueva cuenta la vida rural y en virtud de que
no era posible ventilar las demandas de tierras por la vía de la Ley,
se optó por la adquisición de predios de régimen privado para des-
tinarse a los grupos demandantes.
En la actualidad, la estructura de la tierra la componen: 57.83%
de la superficie estatal, ejidos y comunidades legalmente constitui-
dos; la propiedad privada, 31.02%; terrenos nacionales con 5.23%;
colonias agrícolas, ganaderas y agropecuarias ocupan 1.12%, y la
propiedad pública 4.81%. El total de entidades sociales registra-
das en la estructura es de 2 mil 46 núcleos agrarios, de ese univer-
so sólo mil 995 reúnen las características formales de ejecución
ocupando un total de 4 millones 169 mil 360.83 hectáreas, que
proporcionalmente rebasan más de 50% del territorio chiapaneco.
Si al principio la adquisición de predios resultó la mejor vía para
resolver la invasión de predios, pero esta práctica se convirtió a

222 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
través del tiempo en la única alternativa para solucionar los conflic-
tos sobre la tierra, la asignación de recursos financieros por parte
del gobierno federal y estatal han permitido, hasta la fecha, la
resolución a viejos conflictos que en su oportunidad no hubiera
sido posible lograrlo ya que gran parte de esos asuntos se derivan
de los acuerdos suscritos entre ambos gobiernos y las organiza-
ciones campesinas.

Tareas interinstitucionales

Vale decir que con la adquisición de cerca de un cuarto de millón


de hectáreas, se podrán constituir cerca mil 200 nuevos núcleos
ejidales que, al amparo de la Ley, tendrán vida jurídica e igualdad
de derechos y obligaciones tal y como lo establece el texto normativo.
En este momento la SRA, la PA, el RAN y el Gobierno del Estado,
se encuentran integrando los expedientes que contienen las
voluntades para su inscripción ante el Órgano Registral, para
que en su momento actualicen la base de datos de los siguientes
sistemas:
• Sistema del Historial Agrario del Registro Agrario Nacional.
• Sistema Interinstitucional de Catálogos Agrarios.
• Sistema Interinstitucional de Seguimiento de Evaluación
y Control.
• De la Estructura Agraria y del Catastro Rural.

Por lo tanto, el número de ejidos materializados y registrados en


cada uno de los sistemas, se verá incrementado en casi 63%, pa-
sando de mil 908 legalmente reconocidos a 3 mil 108 núcleos
ejidales, que sumados a las 87 comunidades establecidas harán
un total de 3 mil 195 núcleos agrarios, colocando a Chiapas junto
con Veracruz como las entidades que cuentan con el mayor núme-
ro de núcleos agrarios a nivel nacional.

A NÁLISIS 223
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y

social y su vinculación con el catastro rural

En materia de regularización para el ordenamiento de la propiedad


social, prácticamente el trabajo se duplica ya que habrá de consi-
derar los no afiliados al PROCEDE más los ejidos de nueva creación,
aquí es donde se da la posibilidad de aplicar los dos métodos:
el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de
Solares Urbanos o el Programa de Delimitación de Tierras en Pro-
piedad Social y Organización Agraria Básica.

Conclusión

Durante el desarrollo de este trabajo evité correlacionar la propuesta


y metodología con los preceptos legales que rigen a nuestras ins-
tituciones, por lo cual pido de antemano las disculpas que se
ameriten, pero la omisión a que hago referencia es con el fin de
motivar al sector agrario para que en su oportunidad emita el mar-
co técnico-jurídico adecuado a las necesidades de los núcleos agra-
rios que por voluntad propia no desearon incorporarse al programa
interinstitucional de regularización.

224 E STUDIOS A GRARIOS


social y su vinculación con el catastro rural
limitaciones de la regularización de la propiedad
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
Bibliografía

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Agenda Estadística de la Delegación del RAN; enero-diciembre 2000.
El Movimiento Campesino en Chiapas, 1983, Marie Odile, Marion
Singer, Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en
México, Dirección General de Información Agraria, Impre-
sora Bravo, 1984.
Cuadernos Políticos, núm 58, Ediciones Heras, s.f.
Recursos y desarrollo de Chiapas hasta 1990, Teresa Pacheco,
Pedro Ortiz et al., Gobierno del Estado, Talleres gráficos
del Estado.
Agenda Estadística de Chiapas 2001, Gobierno del Estado, Secre-
taría de Hacienda.
Rutas electrónicas consultadas:
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A NÁLISIS 225
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural

Anexo
La propiedad social en la República mexicana

226
E STUDIOS A GRARIOS
Fuente: [Link]
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural
Avances históricos del Programa de Certificación de Derechos Ejidales y
Titulación de Solares Urbanos a nivel nacional
(fecha de corte al 31 de diciembre de 2000)

227
A NÁLISIS
Fuente: [Link]
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural

Proyecciones sobre el avance del PROCEDE

228
E STUDIOS A GRARIOS
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural
Estructura agraria en el estado de Chiapas
Fecha de corte al 25 de diciembre de 2000
Núcleos
Tipo de tenencia agrarios Beneficiados Polígonos Superficie/ha %
a) Ejidos (ejecutados) 1,908 217,010 3'325,381.44 46.13
b) Ejidos (no ejecutados) 47 2,697 205,649.26
c) Comunidades (ejecutadas) 87 46,331 843,311.06 11.70
d) Comunidades (no ejecutadas) 4 595 4,966.89
Colonias 1,954 80,849.00
Propiedad privada 27 1.12
31,386 2'236,273.00 31.02
Terrenos nacionales 1,954
Otros, zonas urbanas, cuerpos de aguas, 377,051.00 5.23
zonas federales, vías de comunicación, etc. 1,128 346,594.35 4.81

229
Ejecutados 1,995 263,341 38,421 7'209,459.85 100.00
Total

A NÁLISIS
No ejecutados 51 3,292 210,616.15
Propiedad social documentada 2,046, núcleos agrarios ejecutados 1,995; núcleos agrarios no
ejecutados 51.
Fuentes de referencia Superficie/ha
Superficie estatal según agenda estadística del INEGI 7'425,875
Superficie estatal según agenda estadística del gobierno del estado 7 '563,440
Superficie estatal según la base de datos del catastro rural del RAN 7'420,076
Promedio 7 '469, 797
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural

Avances históricos del Programa de Certificación de Derechos Ejidales y


Titulación de Solares Urbanos en Chiapas

230
E STUDIOS A GRARIOS
Instalado en el año 1993, al 31 de diciembre del 2000, el Programa ha regularizado un total de 818 núcleos agrarios.

Fuente: Delegación estatal del Registro Agrario Nacional.


El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural
Estado actual del Programa de Certificación de Derechos Ejidales y
Titulación de Solares Urbanos en el estado de Chiapas

231
A NÁLISIS
Fuente: Delegación estatal del Registro Agrario Nacional.
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural

El PROCEDE para el año 2001 en Chiapas

232
E STUDIOS A GRARIOS
Fuente: Delegación estatal del Registro Agrario Nacional.
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural
Propuesta para la identificación topográfica y actualización catastral, así como la implementación
de políticas estratégicas para la Organización Agraria Básica de los ejidos y comunidades
no incorporados al Programa de Regularización

233
A NÁLISIS
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural

Programa de delimitación de tierras en propiedad social y organización agraria básica

234
E STUDIOS A GRARIOS
El ordenamiento de la propiedad rural. Logros y
limitaciones de la regularización de la propiedad
social y su vinculación con el catastro rural
Elementos documentales que integran la carpeta cartográfica y constancias de inscripción
de acuerdos de asamblea

235
A NÁLISIS
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solicitamos envíen sus datos
correctos a la siguiente dirección electrónica:
dgep@[Link]
Imágenes de la
memoria agraria

Catálogo electrónico de
fotografías del Archivo General
Agrario, vol. 2, RAN-CIESAS,
México, 2001. (Col. Agraria)

El Archivo General Agrario, pertene-


ciente al Registro Agrario Nacional
(RAN), cuenta con un importante acer-
vo de información clasificada en 54
grupos documentales sobre los 30 mil
núcleos agrarios que existen en el país.
Dentro de sus expedientes, y como
parte de algún procedimiento agrario,
se encuentran más de 28 mil imáge-
nes fotográficas, de las cuales el disco
compacto Imágenes de la Memoria
Agraria, en su segundo volumen, nos
presenta 8 mil de ellas como parte del
proyecto Archivos Agrarios que conjun-
tamente desarrollan el RAN y el Centro
de Investigaciones y Estudios Supe-
riores en Antropología Social (CIESAS).
Dicho proyecto, que inició en 1997 como parte de un convenio
entre el RAN y el CIESAS, se llevó a cabo con la finalidad de impulsar
una nueva época de estudios agrarios y mejorar el acceso a la
información por parte de investigadores, campesinos y público en
general, por ello se desarrolló el Sistema de Consulta del Archivo
General Agrario, que ha generado un conjunto de instrumentos para
Imágenes de la memoria agraria

el control de documentos y para la búsqueda de materiales.


En los diferentes archivos existentes en el país se pueden en-
contrar imágenes fotográficas, incluso de finales del siglo XIX, rela-
tivas a sucesos sociales y acontecimientos políticos, así como tam-
bién de distintas escenas cotidianas de la vida de los habitantes de
los pueblos, villas y ciudades. En este sentido, la imagen constitu-
ye una fuente primaria, una herramienta para hacer historia, que la
aparta de su tradicional utilidad como simple ilustración para con-
vertirla en un documento social.
Sin embargo, es importante considerar que en cualquier caso
la imagen es tan sólo un reflejo de la realidad y en mucho es el
reflejo que el autor quiso plasmar de esa realidad; en este sentido,
las fotografías de Imágenes de la Memoria Agraria, realizadas por
distintos fotógrafos, desde aficionados hasta profesionales, consti-
tuyen un aporte muy valioso para el análisis documental.
En el caso de ejidos y comunidades de nuestro país, las foto-
grafías aparecen como argumentos que acompañan a los docu-
mentos que se elaboraron para los muy diversos trámites agrarios
durante los 77 años de Reforma Agraria. Por este motivo, el acer-
vo que contiene el presente disco compacto nos permite contar
con un “testimonio visual” inédito y único respecto a la historia agra-
ria de nuestro país.
Asimismo, la consulta de las fotografías de Imágenes de la Me-
moria Agraria es una tarea “amable” para su proceso de visualiza-
ción, ya que cuenta con un diseño ex profeso para acceder fácil-
mente al catálogo. Dicha disposición se conforma de tres entradas
distintas: por estado, municipio o núcleo agrario.
Lo más importante desde el punto de vista de la investigación,
es que las fotos tienen una referencia o liga con el expediente y

238 E STUDIOS A GRARIOS


Imágenes de la memoria agraria
legajo donde se encuentra el original, incluye el grupo documen-
tal y la clave numérica del archivo. Además se puede conocer el
autor y el motivo o una breve explicación del contenido de la foto,
lo que en cierta forma representa acercarnos un poco al contexto
de la imagen.
Finalmente, como lo señalan los coordinadores del Proyecto:
“todos los que se sientan atraídos por la cultura rural y campesina
encontrarán en este disco referencias visuales de gran interés y
absolutamente inéditas. Un poderoso instrumento de trabajo que
facilitará la investigación de las imágenes de la memoria agraria
mexicana del siglo XX”.

B IBLIOAGRARIAS 239
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