Comunidades de Aprendizaje y Evaluación Formativa
Comunidades de Aprendizaje y Evaluación Formativa
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DESCRIPTORES: RESUMEN:
Comunidades Que la evaluación sea formativa figura en la legislación educativa y, por tanto, debería constituir
profesionales de una de las características fundamentales de la evaluación en todas las etapas de la educación
aprendizaje obligatoria. Sin embargo, su implementación es desigual y su propósito malentendido por una
parte del profesorado. La necesidad de cambiar la cultura de la evaluación puede conllevar
Evaluación formativa
también un cambio en la cultura de la reflexión y la formación del profesorado, que puede
Desarrollo profesional recibir también la evaluación formativa de su propio desempeño como una fuente de
docente crecimiento y desarrollo profesional. En el presente artículo se revisan algunos intentos de
implementación que se han llevado a cabo en centros educativos muy variados, desde el punto
Investigación educativa de vista de formadores de docentes que tratan de capacitar a los claustros para llevar a cabo
Feedback dicha implementación con éxito. Se describen posibilidades y límites de esta aproximación, que
pueden informar las decisiones sobre la formación docente en evaluación formativa. En base
a esta revisión reflexiva, se sugieren distintas herramientas para que los docentes cambien su
mirada sobre la evaluación, destacando el papel que la generación de comunidades de
aprendizaje puede tener en dicho proceso.
KEYWORDS: ABSTRACT:
Professional learning The fact that assessment is formative is included in educational legislation and, therefore,
communities should be one of the fundamental characteristics of assessment at all stages of compulsory
education. However, its implementation is uneven, and its purpose misunderstood by some
Formative assessment
teachers. The need to change the culture of assessment may also entail a change in the culture
Teacher professional of reflection and training of teachers, who may also receive formative assessment of their own
development performance as a source of professional growth and development. This article reviews
implementation attempts that have been carried out in a wide variety of schools, from the point
Educational research of view of teacher trainers who try to train the teaching staff to carry out such implementation
Feedback successfully. The possibilities and limits of this approach, which can inform decisions about
teacher training in formative assessment, are described. Based on this review, different tools
are suggested for teachers to change their approach to assessment, highlighting the role that
the generation of learning communities can play in this process.
CÓMO CITAR:
Morales Lobo, M. y Fernández, J. G. (2024). Comunidades profesionales de aprendizaje para implementar la evaluación formativa. De la evaluación de
los aprendizajes del alumnado a la evaluación de la práctica docente. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa, 17(1), 25-38.
[Link]
1. Introducción
El desarrollo profesional continuo de los docentes es un pilar fundamental en la mejora
de la calidad de la educación (Wiliam, 2018), especialmente en lo que atañe a las
prácticas relativas a la evaluación. Otros autores como Leigh (2010) concluyen que
existen pruebas de que una mayor y mejor formación profesional para los profesores
es una de las principales vías para mejorar la educación. A través de la actualización
constante de sus conocimientos y habilidades, los docentes pueden mantenerse al día
con las mejores prácticas pedagógicas. En resumen, es posible afirmar que la escuela
no mejorará si los docentes no evolucionan individual y colectivamente (Krichesky y
Murillo, 2016; Verástegui et al., 2023).
Sin embargo, existen diferentes modelos para aproximarse al desarrollo profesional del
profesorado. Algunos de ellos tratan de poner el foco en la efectividad docente (Muijs
et al., 2014) como un proceso de adopción de prácticas concretas. Según esta visión,
los docentes son implementadores de iniciativas diseñadas por otros. Estos enfoques,
como advierte Biesta (2023, p. 270):
se atascan en la idea de que la enseñanza es una especie de intervención que, en
cierto modo, produce efectos en algún lugar del aprendizaje. Con ello no se basan
sólo en una visión un tanto mecánica de la dinámica educativa, sino que, además,
corren el riesgo de considerar al profesor como un factor en un proceso productivo,
en lugar de como un profesional pensativo y un agente.
En definitiva, se trata de considerar al profesorado como un colectivo cuya labor va
más allá de la implementación de determinadas prácticas. Por eso, diversos autores
(Creemers y Kyriakides, 2012) destacan la importancia de la práctica reflexiva y la
colaboración entre docentes como elementos esenciales para el crecimiento
profesional. Perrenoud (2007, p. 1) sugiere que:
los saberes racionales no bastan para hacer frente a la complejidad y a la
diversidad de situaciones laborales. Por este motivo la principal apuesta consiste
en recuperar la razón práctica, es decir los saberes de la experiencia basada en
un diálogo con lo real y la reflexión en la acción y sobre la acción.
Para estos autores (Creemers y Kyriakides, 2012; Perrenoud, 2007), la formación
docente debe ser un proceso dinámico en el que los educadores se involucren en la
revisión constante de su práctica pedagógica, identificando áreas de mejora y
adaptando sus enfoques de enseñanza en función de las necesidades de sus estudiantes.
En línea con estas ideas, una aproximación a la mejora continua del profesorado
consiste en la creación y cultivo de una comunidad profesional de aprendizaje dentro
del claustro de los centros. Una comunidad profesional de aprendizaje es un grupo de
educadores que se reúnen de manera regular para compartir experiencias,
conocimientos y mejores prácticas relacionadas con la enseñanza y el aprendizaje.
Estas comunidades proporcionan un espacio seguro y colaborativo donde los docentes
pueden reflexionar sobre sus prácticas pedagógicas, discutir los desafíos que enfrentan
en el aula y buscar soluciones conjuntas.
Cuando hablamos de una comunidad de práctica, nos referimos a un grupo social que
se forma con el propósito de cultivar un conocimiento especializado. Este
conocimiento se desarrolla a través de la compartición de aprendizajes que se basan en
la reflexión conjunta de experiencias prácticas. La esencia de su compromiso radica en
compartir experiencias previas para crear una comprensión colectiva y coordinar
enfoques para enfrentar nuevas experiencias. Creemers y Kyriakides (2012) abogan por
la creación y el fortalecimiento de estas comunidades dentro de las instituciones
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1.2.2. Comentario 2: “Esto está muy bien, pero no tengo tiempo para ello”
Repensar los procesos de evaluación para que se inserten dentro de los aprendizajes y
sirvan de reguladores y no sean una mera recogida de datos requiere reflexión. Aquellos
que están introduciendo cambios dedican tiempo a pensar para qué y cómo van a hacer
los cambios. También leen más sobre el tema y consultan a otros colegas que han
hecho recientemente ese proceso. Los que más avanzan tienen algo en común: una
comunidad de profesionales con quienes compartir el proceso. Es el caso de los
docentes del grupo Avaluar per aprendre, vinculados a la Associació de Mestres Rosa
Sensat.
Este tipo de comentarios señala la necesidad de cambiar el enfoque de la formación
continua docente, y no simplemente añadir más cosas a la ya sobrecargada agenda
educativa. Se trata de sustituir los cursos puntuales, como breves segmentos de
aprendizaje aislados que abordaban temas específicos. En la búsqueda de un desarrollo
más integral y efectivo, promoviendo un enfoque más profundo y colaborativo,
proponemos destinar el tiempo a la reflexión compartida de la práctica docente. Esta
transición hacia la desimplementación de la formación basada en cursos puntuales es
esencial, ya que abre las puertas a una comprensión más holística y contextualizada del
proceso educativo. Según el Informe Talis (OECD, 2019), en España solo el 5 % de
los docentes de Secundaria y el 15 % de Primaria observan las clases de otros docentes
y les hacen comentarios, aunque en ambos grupos el porcentaje que participa en
actividades conjuntas de aprendizaje profesional es del 21 % y del 46 %
respectivamente.
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4. Lecciones aprendidas
En esta sección abordaremos algunas de las lecciones aprendidas durante la formación
y el acompañamiento de las comunidades profesionales de aprendizaje.
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4.2.2. Participación
Otro de los elementos clave en las comunidades profesionales de aprendizaje es
garantizar la participación equitativa de los docentes. Es habitual que en un equipo
docente se establezcan jerarquías, generalmente relacionadas con la edad, la antigüedad
o el prestigio de las disciplinas. Para lograr una participación equitativa se utilizan
técnicas de facilitación de reuniones sencillas:
• Al plantear una pregunta, dejar 2-3 minutos para que cada uno piense las
respuestas.
• Si el grupo es numeroso, continuar con otros 2-3 minutos para poner en
común las respuestas en pequeños grupos. Luego se eligen los portavoces al
azar.
• Compartir las respuestas en un tablero de manera anónima.
• Realizar una ronda de intervenciones por orden (por ejemplo, según como
están sentados, por cursos, por departamentos, etc.).
A estas dinámicas podemos añadir otras relacionadas con la escucha activa y la
metacognición:
• Pedir a alguien del grupo que haga un resumen de las ideas más relevantes.
• Pedir al grupo que formule preguntas de contexto o de aclaraciones sobre lo
que ha explicado un compañero.
• Invitar a cada uno a compartir en un tablero qué ideas ha tomado de los
demás al final de la sesión.
• Comenzar la siguiente reunión con el tablero anterior y preguntar quiénes han
puesto en práctica algunas de las ideas tomadas de otros.
Algunas veces estas dinámicas incomodan a ciertos docentes ya que no cumple con
sus expectativas previas: muchos prefieren pasar desapercibidos, otros escuchan por
primera vez a las profesoras más jóvenes o a los docentes de especialidades como
Educación Física que tienen mucho que aportar en cuestiones como el feedback, etc.
De alguna manera, sienten que algo se ha movido en el statu quo y, efectivamente, así
es: escuchar a todos los miembros de la comunidad profesional es un cambio que
rompe las inercias del equipo docente, beneficia a la comunidad profesional en su
conjunto y la hace crecer. En la mayoría de los casos, los docentes valoran muy
positivamente estos espacios para compartir la práctica y reflexionar sobre ella.
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clase anterior? ¿Qué hay planificado para las clases siguientes? También puede
preguntar sobre la intención de alguna actividad: Cuando preguntaste x, ¿querías que
simplemente lo evocaran o buscabas mayor profundidad en las respuestas? Otras
aclaraciones necesarias pueden ser sobre los criterios de evaluación, su relación con el
currículum, el propósito principal de aprendizaje o sobre algún estudiante concreto.
Cualquier detalle en el que se desee una aclaración o mayor detalle se pregunta en este
momento.
Paso 2. Aspectos positivos. El segundo paso de la escalera del feedback consiste en
mencionar los aspectos positivos. El propio docente que expone su práctica
mencionará aquellos aspectos que considera más positivos y los compañeros pueden
añadir algunos más. En este punto recomendamos reconducir los aspectos que se
mencionen hacia las cuestiones de evaluación que esté trabajando la comunidad
profesional. Por ejemplo: si se está trabajando el feedback de calidad, se destacarán
aspectos como la brevedad y especificidad del feedback o la inserción dentro de un
proceso más amplio en el que el estudiante tiene la oportunidad de reintentarlo (no
tanto si la actividad resultó oportuna o divertida para los estudiantes). Para abordar
este punto de la escalera del feedback algunas preguntas pueden ser: ¿Qué mantendría
de esta práctica si la volviera a hacer? ¿De qué aspectos me siento más satisfecho y por
qué?
Paso 3. Expresar inquietudes. Resulta más empoderador cuando es el docente que está
exponiendo quien formula sus propias inquietudes, frente a cuando son los demás
miembros de la comunidad quienes lo hacen ya que favorecemos su metacognición y,
además, evitamos que se sienta juzgado. He aquí algunas buenas preguntas para
favorecer la expresión de las inquietudes: ¿Qué te ha sorprendido? ¿Qué te preocupa?
¿Qué aspecto cambiarías si tuvieras ocasión? ¿Sobre qué te gustaría que te aportásemos
alguna idea u opinión? El facilitador recapitula las inquietudes. Es muy habitual que en
los pasos anteriores ya se hayan expresado algunas inquietudes y en este momento se
enumeran todas.
Paso 4: Ofrecer sugerencias. Las sugerencias deben centrarse en aquellas inquietudes
que se han formulado en el punto anterior. Aquí los demás docentes o el consultor
aportarán las ideas que tenga a partir de sus observaciones y de su experiencia. Es
probable que tenga respuestas para algunas inquietudes, pero no para todas. En estos
casos, pueden explorar conjuntamente qué pasos dar para encontrarlas.
Todo el proceso de la escalera del feedback lleva tiempo - típicamente, se suele dedicar
unos 40 minutos por práctica- y es precisamente esta calma lo que permite que
podamos desmenuzar la práctica y aprender todos de ella. Para completar este proceso
de la escalera del feedback, una pregunta final de metacognición remata el proceso: ¿Con
qué ideas te quedas? A partir de esta pregunta, se reelabora la práctica y se reinicia el
ciclo de acción-reflexión compartidas.
Fase 4. La reelaboración de la práctica y la recapitulación reflexiva sobre lo
aprendido.
El número de ciclos de aplicación y reflexión dedicados a la misma práctica dependerá
en gran medida de lo que decida la propia comunidad profesional. El arte de encontrar
el punto justo para acordar que ya hemos aprendido lo suficiente sobre una estrategia
y podemos pasar a otra no es fácil, ya que dentro de una misma comunidad hay perfiles
con diferentes ritmos y grados de autoexigencia. Es posible que algún miembro del
grupo de los más principiantes en evaluación formativa se exprese así: “Bien, esto ya
lo sabemos hacer. Pasemos a otra cosa”. Es el conocido efecto Dunning-Kruger
(Kruger y Dunning, 1999): Sobreestimamos los propios conocimientos cuando
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empezamos a conocer algo de un tema. De algún modo, como antes no sabíamos nada
y ahora sabemos un poco, nos resulta muy familiar y creemos que sabemos mucho
más de lo que realmente sabemos.
Por ello, recomendamos siempre hacer una recapitulación de lo que se ha aprendido
en un portfolio, que incluya la transferencia de la práctica a otros contextos (por
ejemplo, si se hizo en una clase de 4º, replicarlo en una clase de 2º). Este portfolio
puede incluir un índice como este:
• 1. Introducción. Descripción de la estrategia desarrollada y del contexto en el
que se aplica.
• 2. Planificación. Cambios introducidos en la práctica docente. Se incluyen
ejemplos variados sobre lo que han hecho los estudiantes.
• 3. Valoración. Resultados de aprendizaje y lecciones aprendidas.
Orientaciones para el futuro.
Recapitular y compartir lo aprendido al final del ciclo de reflexión-acción requiere, de
nuevo, una pausa para pensar conjuntamente en lo que se ha aprendido como
comunidad profesional. El portfolio sirve, además, como documento útil para la
gestión del conocimiento en el propio centro educativo, ya que el curso siguiente se
puede aportar a los docentes de nueva incorporación para que tengan una idea clara
de cómo se trabaja. Un caso de recapitulación de la práctica transformada fue
publicado por Jordi Rull, participante en el programa, en un artículo que describe cómo
transformó la evaluación en la materia de Química de 2º de Bachillerato (Rull-Pallarès
y Sanmartí Puig, 2023).
Los rituales y ceremonias de paso son importantes en todas las comunidades, por lo
que la práctica final suele consistir en reunir a las diferentes comunidades profesionales
del mismo centro que han estado trabajando de manera simultánea para hacer una
sesión última de compartir buenas prácticas y celebrar lo aprendido.
5. Conclusiones
Implementar la evaluación formativa en un centro no es un camino fácil ni breve. La
experiencia con comunidades profesionales de aprendizaje, sin ser perfecta, ha
mostrado logros más allá de los tradicionales cursillos de formación. Supone
incorporar a los equipos docentes en muchas decisiones didácticas que, de otro modo,
quedan delegadas en la inercia –o en el libro de texto–.
Es, además, un salto cualitativo del profesor reflexivo a la comunidad reflexiva. Como
hemos mostrado, requiere tener en cuenta una serie de cuestiones complejas sobre
cómo se aprende, pero aplicadas al desarrollo profesional docente, diseñando
cuidadosamente la secuencia y los elementos clave: explorar el conocimiento previo,
poder elegir, rediseñar, reflexionar, dar y recibir feedback, repetir el ciclo, consolidar,
transferir, recapitular, documentar y celebrar.
En el fondo, se trata de ponderar conocimientos teóricos y experiencia directa de aula.
Aunque nos cuesta ponernos de acuerdo en este tema, probablemente la respuesta sea
más compleja e implique diferentes tipos de “experticia” (Fernández, 2021, p. 8). Por
eso, es fundamental facilitar encuentros formales entre profesores para reflexionar
conjuntamente. Esto es altamente valorado en programas de formación que se basan
en comunidades de aprendizaje. Para lograr esto, es crucial crear estos espacios dentro
de la estructura organizativa escolar. Dado que el tiempo es un recurso preciado, se
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Juan G. Fernández
Docente e Investigador Predoctoral en la UAM, autor de “Educar en la complejidad”
y “En blanco: cómo focalizar la atención, la memoria para aprender”, coautor de “La
evaluación formativa”. Divulgador a través de su blog [Link]
y formador de docentes. Email: juangff@[Link]
ORCID ID: [Link]
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