Estado y Economía en el Capitalismo
Estado y Economía en el Capitalismo
El Estado como forma de organización social, es un fenómeno posterior al feudalismo, tiene una
relación cercana con la formación de las economías capitalistas en Europa, y su posterior
instauración en el resto del mundo.
Con este marco, desarrollamos el presente capítulo para entender la evolución del Estado, el
Estado capitalista, el capitalismo de estado y la teoría centro periferia.
A decir de Gilpin, R. (2001) "El Estado es esencial para la existencia del capitalismo moderno.
Proporciona el marco legal y regulatorio dentro del cual operan las empresas privadas, y también
interviene en la economía para estabilizarla y promover el crecimiento.". El Estado establece y
hace cumplir las leyes que rigen la propiedad privada, los contratos y las transacciones
comerciales. Esta función es fundamental para la seguridad jurídica y la previsibilidad necesarias
para la inversión y el crecimiento económico. Además, el Estado puede regular los mercados para
prevenir monopolios, proteger a los consumidores y mitigar externalidades negativas como la
contaminación, estos aspectos constituye un marco legal y de regulación económica.
La formación del Estado capitalista es un proceso histórico complejo que abarca varios siglos:
Transición del Feudalismo al Capitalismo (Siglos XIV-XVIII): La crisis del feudalismo, el auge
del comercio y la aparición de la burguesía crearon las condiciones para el desarrollo del
capitalismo. Los Estados absolutistas promovieron políticas mercantilistas que favorecieron la
acumulación de riqueza nacional y el comercio. (Wallerstein, 2011).
El Estado de Bienestar (Mediados del Siglo XX): Tras la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló
el Estado de bienestar en muchos países capitalistas, con políticas sociales para reducir la
desigualdad y garantizar un mínimo de bienestar. (Esping-Andersen, 1990).
En “Los orígenes agrarios del capitalismo”, Ellen Meiksins Wood (2016) propone que el
desarrollo del sistema económico capitalista se originó en el campo y no en las ciudades. La autora
argumenta que las condiciones necesarias para que la revolución industrial se llevara a cabo
fueron: la liberación de mano de obra, es decir, la separación de los productores del medio directo
de producción; la productividad agrícola y el mercado articulado en el campo.
Para la industria era fundamental contar con hombres y mujeres “libres” dispuestos a trabajar para
subsistir, y tener un abastecimiento de bienes básicos para la subsistencia de origen agrícola,
insumos para las manufacturas y una idea de mercado prearticulada para comercializar los
productos hechos con una estructura de demanda. Esta lógica mercantilista en el campo
(capitalismo agrario) requirió la instauración de conceptos fundamentales, como productividad,
acumulación y generación de riqueza material.
Aunque existen diversas versiones históricas acerca de cómo ocurrió este proceso, las más
destacadas, la de Adam Smith (1776) y la de Karl Marx (1867), coinciden en que el paradigma
dominante era el del uso eficiente de los recursos y el de la competitividad, donde la eficiencia
justificaba tanto el desplazamiento de los menos productivos (Smith, 1776) como el despotismo
estatal y la violencia terrateniente (Marx, 1867). Según ambas posturas, en este proceso se
consolida la propiedad privada como unidad de riqueza material.
Uno de los grandes pensadores del liberalismo como estructura económica y social, John Locke,
justificó la propiedad privada en el Segundo tratado sobre el gobierno civil (Locke, 1994)
mediante el siguiente argumento: Dios creó la tierra común para todos, así que lo único propio
del hombre es su trabajo y la posesión de lo que con él extrae de la tierra para su uso provechoso.
Es también de su propiedad lo que pueda extraer de ésta hasta el límite de lo que le es útil, pero
si los hombres pueden seguir trabajando y generar más para el intercambio, entonces no hay daño
al bien común. La idea de acumulación se origina, entonces, en el mejor provecho de los recursos,
es decir, en el sentido productivo que le da Wood al término, en el que la eficiencia (el “mejor”
uso de los recursos) es una virtud y en el que el paradigma social son los mecanismos que permiten
la acumulación más allá de lo que es de uso inmediato del fruto del trabajo: el dinero y la titulación
de bienes, es decir, los derechos de propiedad.
Enfoque marxista heterodoxo: Existen diferentes interpretaciones dentro del marxismo sobre la
naturaleza y las funciones del Estado. Algunos, como Poulantzas, enfatizan la autonomía relativa
del Estado, mientras que otros, como Miliband, se centran en las conexiones directas entre el
Estado y la clase capitalista.
Hay quienes entienden al Estado como “campo de batalla” que no es un instrumento monolítico
de la burguesía. Es también un campo de batalla donde las diferentes clases sociales luchan por
sus intereses. Las políticas estatales son el resultado de esta lucha de clases.
"Según el sistema de la libertad natural, el soberano sólo tiene que atender a tres
obligaciones; tres obligaciones de gran importancia, sin duda alguna, pero sencillas
y comprensibles para el entendimiento común: la primera, la obligación de defender
a la sociedad de la violencia y de la invasión de otras sociedades independientes; la
segunda, la obligación de proteger, en la medida de lo posible, a cada uno de los
miembros de la sociedad, de la injusticia y de la opresión por parte de cualquier
otro miembro de la misma, o la obligación de establecer una administración exacta
de la justicia; y la tercera, la obligación de erigir y mantener ciertas obras e
instituciones públicas, que nunca pueden ser del interés de ningún individuo o de un
pequeño número de individuos erigir y mantener, porque el beneficio de las mismas
nunca podría resarcir los gastos a ningún individuo o a un pequeño número de ellos,
aunque con frecuencia resarce con creces a toda la sociedad." (Smith, 1776)
Enfoque neoclásico (ortodoxo): La Escuela Neoclásica, que surgió a finales del siglo XIX, refinó
y formalizó muchos de los principios de la Escuela Clásica. Aunque compartía la creencia en la
eficiencia de los mercados libres, reconocía ciertas "fallas de mercado" donde la intervención
estatal podría ser justificada para mejorar los resultados económicos.
Pigou fue pionero en el análisis de las externalidades y argumentó que el Estado podía mejorar el
bienestar económico interviniendo para corregir las diferencias entre los costos privados y
sociales de la producción. Su trabajo sentó las bases para la justificación de la intervención estatal
en áreas como la regulación ambiental. Aunque no hay un extracto único que capture toda su
visión, su obra en general defiende la corrección de las fallas de mercado mediante la intervención
estatal bien diseñada.
Enfoque marxista heterodoxo: Desde una perspectiva marxista, las funciones del Estado se
entienden como intrínsecamente ligadas a la naturaleza de clase del Estado capitalista. No se
considera un ente neutral que busca el bien común, sino un instrumento de dominación de la clase
burguesa para mantener y reproducir las relaciones de producción capitalistas. Las funciones que
realiza, por tanto, sirven a este objetivo fundamental.
a) Represión (Función Primaria): El aparato del Estado utiliza la fuerza (a través del
ejército, la policía, el sistema judicial y las cárceles) para reprimir cualquier amenaza al
orden capitalista. Esto incluye la represión de movimientos obreros, protestas sociales, y
cualquier intento de cuestionar la propiedad privada o el poder de la burguesía.
a) Protección de los derechos de propiedad: Asegurar que los individuos puedan poseer,
usar y transferir bienes libremente.
b) Defensa nacional: Proteger el territorio de agresiones externas.
c) Administración de justicia: Hacer cumplir los contratos y resolver disputas de manera
imparcial.
d) Provisión de bienes públicos esenciales: En algunos casos, como infraestructura básica
(carreteras, faros) cuando el mercado no podía proveerlos eficientemente.
La sociedad muchas veces requiere de “Bienes y servicios” que por sus características
no son satisfechos por la iniciativa privada y por ende es el Estado quien los
proporciona (ej. defensa nacional, alumbrado público).
Sin embargo, es importante reconocer que todo capitalismo implica un cierto grado de
"capitalismo de estado", ya que el Estado siempre interviene en la economía para crear las
condiciones necesarias para la acumulación de capital. La diferencia reside en el grado y la forma
de esa intervención. En el capitalismo de estado más pronunciado, el Estado no solo regula y
facilita la acumulación privada, sino que también participa directamente en la producción y la
inversión, buscando complementar o dirigir la iniciativa privada. Ejemplos históricos y
contemporáneos incluyen la Alemania de Bismarck, la Unión Soviética, China y algunos países
del Sudeste Asiático.
Los escritos clásicos sugieren que los mercados siempre estuvieron mediados por el Estado, y una
vez que el mercado se libera de sus obligaciones sociales, se produce una renovada intervención
estatal, restringiendo el ámbito del mercado.
Otros académicos han diferenciado estado capitalista del capitalismo en sentido más amplio en
que el primero “caracteriza circunstancias en las que las prerrogativas económicas del Estado
exceden las que simplemente se esperan de las propiedades intrínsecas del capitalismo”. En ese
sentido, el contraste entre el capitalismo y el capitalismo de Estado residía en la prevalencia de la
propiedad social o común de los activos, en contraposición a la propiedad privada, y la
dependencia de las directivas estatales y los precios impuestos, en lugar de los mercados, para
tomar decisiones sobre qué producir y cómo venderlo.
En parte, estas diferentes dimensiones reflejan las razones detrás de la intervención estatal. Si
bien se sugiere que la intervención estatal refleja los problemas sociales generados por los excesos
del mercado, esta puede abrir espacio para diferentes soluciones. La hegemonía del
neoliberalismo en la comunidad política desde la década de 1980 —y las suposiciones de que
representaba la forma más eficaz o la única viable de capitalismo— condujo a estos problemas,
lo que marcó el comienzo de un retorno a la inseguridad laboral y de ingresos en muchos contextos
nacionales.
Sin embargo, el neoliberalismo también fue mutable. Aunque sus fundamentos ideológicos
sugerían una reducción del papel del Estado a uno de supervisión, el orden neoliberal se volvió
cada vez más dependiente de las intervenciones estatales regulares para paliar las consecuencias
de las crisis financieras, de forma más espectacular en 2008 y 2020.
Como advirtió Adam Smith, el capitalismo está asociado con fuertes tendencias oligopólicas y
monopolísticas. Los gobiernos pueden intentar desafiar a los monopolios u oligopolios, o reforzar
su posición debido a su poder político o porque son “demasiado grandes para quebrar”.
Recientemente, esta última tendencia se ha vuelto mucho más común que la primera. Finalmente,
el aspecto más controvertido del capitalismo de Estado es cuánto genera o destruye valor para los
intereses privados y la sociedad. El análisis del capitalismo de Estado se ha vinculado
comúnmente con la ineficiencia del Estado, intervenciones económicas, en gran medida debido a
la tentación de los políticos de utilizar el aparato estatal para generar beneficios privados. También
se ve como “el Estado puede utilizar los mercados para crear riqueza que pueda destinarse como
los funcionarios políticos consideren conveniente. El motivo final no es económico (maximizar
el crecimiento), sino político”. Sin embargo, las crisis recientes han demostrado que, en momentos
específicos, los mercados no pueden sostenerse sin una intervención estatal a gran escala. En
consecuencia, el debate se ha desplazado hacia cómo debe ejercerse el apoyo estatal y si se puede
confiar en que los actores privados que obtienen la generosidad del Estado distribuyan sabiamente
los ingresos.
El término capitalismo de Estado fue acuñado inicialmente por Wilhelm Liebknecht en 1896 para
diferenciar el Estado socialista de la toma de control estatal de empresas privadas, como en el
caso de los ferrocarriles. Es decir, diferenció la propiedad estatal de los medios de producción del
socialismo de Estado, que implicaba el derrocamiento total del Estado capitalista y de toda la
estructura social dominada por la burguesía que lo sustentaba, principalmente tras una revolución
proletaria.
En 1915, Nikolai Bujarin también notó este aumento de la propiedad estatal de las empresas
cuando observó “el crecimiento colosal de la importancia económica del Estado” y que “la
guerra…ha provocado que las relaciones de producción capitalistas de Estado maduren
rápidamente” . De hecho, en el período inmediatamente posterior a la guerra, se produjo un rápido
aumento de la propiedad estatal de empresas en todo el mundo, ya que las empresas privadas
quebraron o fueron nacionalizadas para evitar grandes despidos. Este fenómeno se caracterizó
más por una propiedad accidental que por una estrategia explícita de nacionalización y
estatización. El surgimiento de gobiernos más grandes como consecuencia de la Gran Depresión
y la consolidación de estados totalitarios en el período de entreguerras.
Los años llevaron a una conceptualización diferente del capitalismo de Estado en su conjunto,
desde términos como “capitalismo de Estado totalitario” a una idea general de que el capitalismo
de Estado no se trataba sólo de propiedad, sino de una mayor intervención del Estado en la
economía en general (es decir, más estatismo). La experiencia nazi con el control estatal de la
inversión y la producción se convirtió en el máximo ejemplo del modelo.
Italia centralizó el control de una variedad de empresas nacionalizadas bajo un holding estatal. El
gobierno de Francia nacionalizó los ferrocarriles, las aerolíneas y una variedad de otras industrias.
La importancia del Estado en la economía aumentó después de la Segunda Guerra Mundial. Según
Megginson (2005), la “movilización económica e industrial que tuvo lugar durante la Segunda
Guerra Mundial incrementó drásticamente el poder (y el prestigio) de los gobiernos nacionales
como gestores económicos”. Además, los gobiernos de todo el mundo continuaron
nacionalizando industrias, como las del carbón, el acero, el transporte aéreo, la electricidad y el
gas.
Por ello, los académicos han expresado perspectivas más matizadas sobre cómo los Estados
pueden intervenir en la economía para generar riqueza y promover la industria nacional. De
hecho, algunos han afirmado que los gobiernos podrían ser más eficaces en la coordinación de
actores para el desarrollo de nuevas capacidades y en la diversificación y modernización proactiva
de la industria.
Otros han sugerido que los gobiernos pueden dirigir productivamente los recursos financieros
para ayudar a las empresas con limitaciones financieras y oportunidades sin explotar, o para
rescatar a las empresas que tomaron malas decisiones en el pasado. Más recientemente, los
académicos han señalado que los gobiernos pueden utilizar el capital paciente para promover la
innovación en las empresas estatales y desarrollar actividades empresariales y nuevas
capacidades.
Además, Estados Unidos cuenta con una serie de industrias oligopólicas, como el hardware militar
y las telecomunicaciones. Todos los gobiernos protegen sus activos y restringen la propiedad
extranjera de alguna manera, y muchos promueven a los líderes nacionales.
El carácter macroeconómico, estructural y, sobre todo, situado detrás de este concepto, sentó las
bases de lo que se conoce como las teorías de la dependencia, dentro de las que se encuentra el
estructuralismo latinoamericano de la Cepal, en el que se destaca el trabajo de autores como el
mencionado Prébisch y Osvaldo Sunkel (1975); la teoría de la dependencia per se, desarrollada
por autores como André Gunder Frank (1967), Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto
(1969), Rui Mauro Marini (1977) y Theotonio dos Santos (1998), entre otros, y la teoría del
sistema-mundo de Inmanuel Wallerstein (1979).
Flujos Asimétricos: Los flujos de bienes, capital, tecnología e información son asimétricos. La
periferia exporta materias primas y mano de obra barata al centro, mientras que importa bienes
manufacturados, tecnología y capital a precios más altos. Esto crea un ciclo de dependencia y
fuga de valor de la periferia al centro.
División Internacional del Trabajo: La teoría postula que existe una división internacional del
trabajo en la que el centro se especializa en actividades de alto valor agregado (investigación,
desarrollo, finanzas, etc.) y la periferia se especializa en actividades de bajo valor agregado
(agricultura, minería, manufactura básica).
Movilidad Limitada: Es difícil para los países de la periferia ascender al centro debido a las
barreras estructurales que impiden su desarrollo. Incluso cuando la periferia experimenta
crecimiento económico, a menudo se mantiene dependiente del centro en términos de tecnología,
inversión y acceso a mercados.
En los países de Centro el Estado tiende en primer lugar, a promocionar políticas públicas que
favorecen a las empresas estratégicas de sus países y protegen sus mercados, a menudo a expensas
de la periferia. Esto puede incluir subsidios a la agricultura, barreras comerciales y acuerdos
comerciales desiguales. En segundo lugar, invierten fuertemente en investigación y desarrollo, lo
que les permite mantener su ventaja tecnológica y controlar los mercados globales. En tercer
lugar, la política exterior de los estados del centro a menudo está diseñada para promover sus
intereses económicos y políticos en la periferia, lo que puede incluir el apoyo a regímenes
favorables a sus intereses y la intervención en conflictos internos.
En los países periféricos los Estados a menudo enfrentan desafíos para promover el desarrollo
debido a su dependencia económica del centro. Pueden carecer de los recursos y la capacidad
institucional para implementar políticas que promuevan la industrialización, la diversificación
económica y la reducción de la pobreza. Para superar, estas dificultades asumen diferentes
estrategias como ser:
Finalmente, los Estados periféricos deben intentar negociar acuerdos comerciales más justos y
equitativos con los países del centro.
Omisión de Factores Internos: No presta suficiente atención a los factores internos que pueden
influir en el desarrollo de un país, como la corrupción, la inestabilidad política y la falta de capital
humano.
La teoría de la dependencia, desarrollada por autores como Raúl Prebisch y Theotonio Dos
Santos, argumenta que el subdesarrollo de las economías periféricas es una consecuencia de su
inserción subordinada en el sistema capitalista global, lo que limita sus posibilidades de
acumulación autónoma.
Como puedes ver, existe un amplio debate teórico sobre el papel del Estado en el desarrollo. Cada
escuela de pensamiento ofrece una perspectiva diferente, basada en sus propios supuestos y
valores. La elección de qué enfoque adoptar depende de las circunstancias específicas de cada
país y de las prioridades políticas y sociales de sus líderes.
Los clásicos, como Adam Smith y David Ricardo, abogaban por un papel limitado del Estado en
la economía. Creían en la "mano invisible" del mercado, donde la búsqueda del propio interés
individual lleva al bienestar colectivo. Por ende, el Estado debe limitarse a garantizar el
cumplimiento de los contratos, proteger la propiedad privada, proporcionar defensa nacional y
construir infraestructuras básicas (carreteras, puertos). Cualquier intervención adicional
distorsiona el mercado y reduce la eficiencia.
El marxismo por su parte critica radicalmente el capitalismo y su visión del Estado. Considera
que el Estado, en las sociedades capitalistas, es un instrumento de la clase dominante (la
burguesía) para mantener su poder y explotar a la clase trabajadora (el proletariado). El rol del
Estado en la historia es transiciónal, el Estado (controlado por el proletariado) debe asumir un
papel central en la planificación económica, la redistribución de la riqueza y la abolición de la
propiedad privada de los medios de producción. Eventualmente, en una sociedad comunista, el
Estado se extinguiría.
La Nueva Economía Institucional, representada por economistas como Douglass North, destaca
la importancia de las instituciones (leyes, regulaciones, normas sociales) en el desarrollo
económico. Para estos autores el Estado debe crear y mantener instituciones sólidas que protejan
los derechos de propiedad, hagan cumplir los contratos, reduzcan la corrupción y promuevan la
competencia. Un marco institucional estable y predecible es esencial para el crecimiento
económico a largo plazo.
Los teóricos de la Economía del Desarrollo Humano a la cabeza de Amartya Sen, enfatizan que
el desarrollo no se trata solo de crecimiento económico, sino también de mejorar las capacidades
y el bienestar de las personas. El Estado debe invertir en educación, salud, nutrición y otros
servicios sociales para expandir las capacidades de las personas y permitirles llevar una vida plena
y productiva. También debe garantizar la igualdad de oportunidades y proteger los derechos
humanos.
Tabla 3: Rol del estado en el Desarrollo de acuerdo a escuelas del pensamiento económico.
La intervención del Estado en la economía puede adoptar diversas formas, que incluyen:
Política Fiscal: Gasto público e impuestos. El Estado puede utilizar el gasto público para
estimular la demanda agregada, invertir en infraestructura, y financiar programas sociales. Los
impuestos pueden utilizarse para financiar el gasto público, redistribuir la riqueza, y desalentar
actividades consideradas perjudiciales (como la contaminación).
Política Monetaria: Control de la oferta de dinero y las tasas de interés. El Estado (generalmente
a través de un Banco Central independiente) puede utilizar la política monetaria para controlar la
inflación, estimular el crecimiento económico, y estabilizar el sistema financiero.
Empresas Públicas: Propiedad y gestión de empresas por parte del Estado. Las empresas públicas
pueden desempeñar un papel importante en sectores estratégicos como la energía, el transporte, y
las comunicaciones.
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