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Sacramentos: Iniciación y Eucaristía

El documento aborda los siete sacramentos de la Iglesia, clasificándolos en tres grupos: iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación, Eucaristía), curación (Penitencia, Unción de los enfermos) y servicio (Matrimonio, Orden). Se destacan los efectos y la importancia de cada sacramento en la vida del creyente, enfatizando el Bautismo como el sacramento que introduce a la persona en la familia de Dios y la Eucaristía como el sacramento del amor de Dios. Además, se menciona la función de los ministros en la administración de estos sacramentos y su papel en la vida de la comunidad cristiana.

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Sacramentos: Iniciación y Eucaristía

El documento aborda los siete sacramentos de la Iglesia, clasificándolos en tres grupos: iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación, Eucaristía), curación (Penitencia, Unción de los enfermos) y servicio (Matrimonio, Orden). Se destacan los efectos y la importancia de cada sacramento en la vida del creyente, enfatizando el Bautismo como el sacramento que introduce a la persona en la familia de Dios y la Eucaristía como el sacramento del amor de Dios. Además, se menciona la función de los ministros en la administración de estos sacramentos y su papel en la vida de la comunidad cristiana.

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IGLESIA, SACRAMENTOS

Y MORAL
Tema 4

Los siete sacramentos


acciones salvíficas de Dios
en la vida de los hombres
Los siete sacramentos. Acciones
salvíficas de Dios en la vida de los
TEMA 4 hombres

 Hay tres sacramentos que denominamos de la iniciación


cristiana y son el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.
Mediante estos tres sacramentos se ponen los fundamentos
de toda la vida cristiana. Algunos autores al estudiar estos
tres sacramentos, de un modo global, destacan la unidad que
existe entre ellos y hablan del “sacramento de la iniciación
cristiana”(I. Oñatibia, “Bautismo y Confirmación”, 3-12).
 Dos sacramentos forman el grupo de curación: la Penitencia y
Unción de los enfermos.
 Y finalmente, los sacramentos que están al servicio de la
comunión y misión de los fieles: el Matrimonio y el Orden.

Pasamos ahora a detenernos en cada uno de ellos. Pero queremos


terminar este apartado recordando que los sacramentos son un
encuentro con Cristo:

“El Bautismo vincula a Cristo. La Confirmación nos concede


su Espíritu Santo. La Eucaristía nos hace uno con él. La
Penitencia nos reconcilia con Cristo. Mediante la Unción de
los enfermos es Cristo quien cura, fortalece y consuela. En el
sacramento del Matrimonio Cristo promete su amor en
nuestro amor y su fidelidad en nuestra fidelidad. Mediante el
sacramento del Orden los sacerdotes son capacitados para
perdonar pecados y celebrar la Santa Misa”(YouCat, n 193).
¿Quién puede ser bautizado?

El bautismo de adultos era lo más común en los orígenes del


cristianismo. Esto era lógico, ya que el anuncio del evangelio estaba
empezando. Los que se convertían al cristianismo eran ya personas
adultas que comenzaban un proceso de iniciación llamado
“catecumenado”. Este proceso era una etapa de formación en la que
los catecúmenos eran llevados hacia una fe más madura. Sin embargo,
debemos tener en cuenta que en todas las épocas se ha dado este
bautismo de adultos, aunque con la extensión del cristianismo se
comenzó a implantar el bautismo de niños.

 El bautismo de los niños. Como nos recuerda el Catecismo de la


Iglesia Católica, la práctica de bautizar a los niños se encuentra
desde los orígenes del cristianismo, tenemos testimonios explícitos
desde el siglo II, y lo más lógico es pensar que, cuando familias
enteras recibían el bautismo, también se haya bautizado a los niños.
El bautismo es un don de Dios, y los padres creyentes -que quieren
lo mejor para sus hijos- bautizan a sus hijos para librarlos del poder
del mal e introducirlos en la familia de los hijos de Dios en el Hijo por
el Espíritu.
Conviene en este punto recordar que el bautismo es el
sacramento de la fe y al candidato se le exige la fe
para recibirlo. Esta fe debe ser confesada públicamente en
la celebración del sacramento. En el caso de los bautismos de
niños, esta fe es expresada por los padres y los padrinos, los
cuales se comprometen en la tarea de hacer madurar la fe de
los niños bautizados.
Los efectos del bautismo

Se produce un nuevo nacimiento y nos introducimos en la


familia de Dios. En el bautismo se produce una filiación, ya que
el bautizado se convierte en hijo de Dios en el Hijo por el
Espíritu.

 De esta filiación se deduce una fraternidad: todos los cristianos


son hermanos entre sí al ser todos hermanos del Hijo.
 Este nuevo nacimiento tiene como consecuencia la vocación a
llevar una nueva vida en Cristo. El sacramento del bautismo es
también una iluminación para nuestro peregrinar diario.
 De este modo, el bautismo entra en comunión con Dios y
participa de la vida trinitaria eterna de Dios.
 Se perdonan todos los pecados, tanto mortales como veniales,
así como las penas inherentes que conllevan esos pecados.
 Quedamos libres del pecado original y somos equipados con la
capacidad de vencer al mal.
 Nos incorporamos al Pueblo de Dios.
 Esta incorporación es salvadora y justificadora.
 Dicha incorporación es para siempre, de modo que es uno de
los sacramentos en los que se imprime el carácter
sacramental propio. Los bautizados reciben el sello divino
que les identifica.
 El bautizado recibe las virtudes teologales de la fe,
esperanza y caridad, las cuales son un don de Dios.
 Desde el bautismo, el cristiano participa de la misión salvadora
de la Iglesia y de la triple función de Cristo: sacerdote, profeta
y rey.
El ministro del bautismo: ¿quién puede bautizar?

El ministro ordinario es el obispo, un presbítero o un


diácono. En caso de necesidad, como ministro
extraordinario, cualquier cristiano, e incluso “cualquier
persona que tenga la debida intención” (CIC 861, 2).
La confirmación, el don del espíritu y plenitud del
bautismo

En los Hechos de los Apóstoles encontramos textos en los que


los apóstoles imponen las manos a los que sólo habían recibido
el bautismo, lo que indica una distinción entre los dos ritos:

“Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron


de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a
Pedro y Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que
recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre
ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del señor Jesús.
Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”
(Hch 8, 14-17).

A esta imposición de manos se le unió muy pronto una unción


con óleo perfumado (crisma). Este crisma nos recuerda el
nombre de cristiano que significa “ungido”. Por ese motivo,
en las Iglesias orientales a este sacramento se le llama
“crismación”. Por su parte, en occidente, este sacramento del
don del Espíritu Santo se llama “confirmación”, que sugiere la
plenificación o confirmación del bautismo.
Efectos de la confirmación

 Robustece y perfecciona la gracia bautismal.


 Nos introduce más profundamente en la filiación divina.
 Nos une más a Cristo.
 Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo: Ciencia,
consejo, sabiduría, entendimiento, piedad, fortaleza, temor de
Dios.
 Nos fortalece para la misión de la extensión del reino de Dios.
Para ser testigos, participando del sacerdocio real.
 Imprime carácter sacramental. Este carácter nos remite al
bautismal, y puede ser comprendido como un sello que ya no
está ordenado al perfeccionamiento del propio bautizado sino
que, en la confirmación, estaría ordenado al perfeccionamiento de
los demás, en bien de la [Link] tanto, hace más perfecto
nuestro vínculo con la Iglesia.
La eucarística: el sacramento del amor de Dios

La estructura de la eucaristía

o Primero el rito de entrada: con un saludo, un acto


penitencial, el canto o recitación del Gloria y una oración
colecta que recoge las intenciones de la Iglesia.
o Seguidamente la liturgia de la Palabra: Se proclama
una lectura del Antiguo testamento, un salmo, una
segunda lectura del Nuevo testamento, se canta el
Aleluya y se proclama el Evangelio seguido de una homilía
por parte del que preside, se termina con la Profesión de fe
y las oraciones de los fieles.
o A continuación la liturgia eucarística: comienza con el
ofertorio que implica la presentación de ofrendas y se
realiza la colecta. Le sigue la anáfora o plegaria eucarística
que tiene como elementos: un prefacio, la epíclesis, la
consagración, la anámnesis y una serie de intercesiones por
las que se ora (recuérdese lo estudiado sobre estos
términos en el capítulo anterior). Cuando se termina la
plegaria eucarística se realizan los ritos de comunión que
incluyen la oración del Padrenuestro, el rito de la paz y la
comunión propiamente dicha.
o Se concluye con el rito de despedida que incluye la
bendición sobre el Pueblo de Dios.
Los nombres de este sacramento

 Eucaristía, que significa acción de gracias.


 Banquete, ya que se nos da Cristo como comida y anticipa las
características del banquete celestial.
 Fracción del pan, que hace referencia al gesto de Jesús de partir el pan
entre sus apóstoles. También puede recordarnos que debemos partirnos y
repartirnos entre nuestros hermanos los hombres, como los granos de trigo se
muelen para formar un pan que luego se reparte.
 Asamblea, porque la eucaristía se realiza en la comunidad de los cristianos.
Recuérdese que la eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la eucaristía.
 Memorial, en el sentido que explicábamos la anámnesis en el capítulo
anterior, se actualiza el sacrificio redentor de Cristo.
 Comunión, se centra en el momento en el que se come el cuerpo y sangre de
Cristo.
 Misa, recordando la despedida en latín de la eucaristía, “itemissaest”, donde
actualmente nosotros decimos “podéis ir en paz”. La expresión latina hace
referencia a ser enviados en medio de las ocupaciones ordinarias para trasmitir
la fuerza de lo alto que se acaba de recibir.
Efectos de la comunión eucarística

 Aumenta la gracia santificante.


 Perdona los pecados veniales de los fieles arrepentidos.
 Preserva de los pecados mortales.
 En la comunión el fiel se une más íntimamente a Cristo, se
convierte en un miembro vivo del Cuerpo de Cristo.
 Se fortalece la unidad de la Iglesia que es Cuerpo Místico de
Cristo, ya que se ha fortalecido la unión de Cristo con el
comulgante.
 En la eucaristía comemos el Pan de vida; por eso, en la
comunión, Cristo se nos da como prenda de la gloria que
tendremos junto a Él.
El sacramento de la penitencia: sacramento de la alegría, de la conversión, del
perdón, de la reconciliación

Los actos del penitente son:

o El examen de conciencia, el penitente tiene que darse


cuenta de los pecados que ha cometido y reconocerlos en su
conciencia.
o El dolor de los pecados, esto incluye el arrepentimiento. Este
arrepentimiento puede ser perfecto y entonces recibe el
nombre de “contrición perfecta o de caridad”, esta
contrición nos perdona ya los pecados veniales y también los
mortales con la intención de recurrir, tan pronto como sea
posible, a la confesión sacramental. Pero también existe una
“contrición imperfecta llamada atrición”, y es la que movida
por la fealdad del mal cometido, o por el temor a ser
condenado en el juicio de Dios, mueve a recibir el perdón en el
sacramento de la penitencia.
o El propósito de no volver a pecar, lo que conlleva la
intención de conversión de la conducta anterior.
o La confesión de los pecados al confesor, los que el penitente
tenga en la memoria, diciendo cuáles son y la frecuencia o
número de los pecados cometidos. Es obligatorio confesar los
pecados mortales y convenientes los veniales.

Una vez recibida la absolución, el sujeto realizará la penitencia que le


haya impuesto el confesor. Se llama satisfacción. Es claro su
sentido, después del pecado hemos provocado un desorden o
rotura con respecto a las grandes relaciones que determinan
nuestra relación personal: con Dios, con nosotros mismo, con
los demás, con la realidad. En penitente ya ha sido perdonado, pero
debe reparar el daño producido. Esto es lo que se conoce como
satisfacción de la pena debida. A veces la penitencia implicará la
restitución, como en el caso del robo.

Recuérdese que el confesor está obligado al sigilo sacramental.


Nunca puede comunicar los pecados de una persona escuchados
en confesión. Esto implicaría penas severas, como la excomunión
reservada al Santo Padre.
Celebración del sacramento

Hay tres modos generales de administrar este sacramento:

1.- La celebración de la reconciliación de un penitente concreto


con la confesión individualizada.
2.- Ceremonia comunitaria y confesión personal. Se reúne la
comunidad y se prepara a los fieles para la realización del
sacramento mediante una liturgia de la palabra. Se sigue la
confesión individual con uno de los sacerdotes que estén
preparados al efecto.
3.- Celebración colectiva con una confesión y absolución
general: sólo para casos de grave necesidad. Se da por supuesto
el propósito de confesar ante un sacerdote cuando sea posible.
Efectos del sacramento

Podemos señalar los siguientes efectos, además de los beneficios


que este sacramento ofrece tanto al penitente como al ministro en
cuanto a su madurez personal.

o Reconcilia con Dios. El penitente se llena de paz y de tranquilidad en su


conciencia al saberse perdonado.
o Reconcilia con la Iglesia. Se restablece la comunión con toda la Iglesia
y todos sus miembros por el vínculo de la caridad.
o Se recobra la Comunión de los santos. La unidad y relación entre todos
los miembros de la Iglesia, vivos y difuntos.
o Aumenta la gracia santificante y se recibe la gracia sacramental(Cf. A. Cabrero,
“La vida en Cristo. Iglesia, sacramentos y moral. Grado de magisterio”, 64).
La unción de los enfermos. La cercanía de Dios hacia el que sufre

¿Quién recibe y quién administra la unción de enfermos?

Son receptores los bautizados que se encuentran en una


enfermedad grave. Así lo expresa el Concilio Vaticano II:

“no es un sacramento para aquellos que están a punto de


morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo
cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por
enfermedad o vejez” (SC 73).

Por otra parte, los ministros de este sacramento son los obispos
y los presbíteros: “Cristo es quien actúa a través de ellos en virtud
del Orden sacramental” (YouCat, n 246).
Conviene hacer referencia al llamado Viático.
Destinado a los fieles que se preparan para dejar esta vida terrena y
encaminarse hacia el encuentro con el Padre, es la última comunión del
cuerpo de Cristo que recibe el creyente antes de morir. Ciertamente, los
sacramentos de la penitencia, la unción de los enfermos y la eucaristía
son los sacramentos que nos ayudan a despedirnos de nuestra
peregrinación terrena y a prepararnos para nuestra entrada en nuestra
verdadera patria.
Los efectos del sacramento de la unción de los enfermos

Recogemos, por su síntesis, el número 1532 del Catecismo de la Iglesia


Católica:

“La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos


tiene como efectos:

o la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la


Iglesia;
o el consuelo de la pazy el ánimo para soportar cristianamente
los sufrimientos de la enfermedad o vejez;
o el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el
sacramento de la Penitencia;
o el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual;
o la preparación para el paso a la vida eterna”.
El sacramento del orden: la transmisión de la potestad ministerial
para el servicio de la comunidad eclesial

El que recibe el sacramento del orden recibe un poder del cual él


es un mero servidor. El sacerdote católico no actúa por sí
mismo, sino “en la persona de Cristo Cabeza de su Iglesia”. Por
eso, la virtud que debe brillar en los sacerdotes ordenados es la de
la humildad por el don recibido y no merecido.

El sacramento del orden es en sí mismo uno, pero se


distinguen en él tres grados que desde los primeros siglos
reciben los nombres de episcopado (obispos), presbiterado
(presbíteros o sacerdotes), y diaconado (diáconos).

En la ordenación episcopal los obispos confieren a un presbítero


la plenitud del sacramento. Los obispos son ordenados como
sucesores de los Apóstoles y entre ellos forman el Colegio
Episcopal. El Papa es un obispo, el obispo de Roma, pero es la
cabeza del Colegio episcopal, por tanto, es el primero entre ellos.
Los presbíteros son ordenados por su obispo, quedando
marcado el nuevo sacerdote con un carácter indeleble. Como
colaborador de su obispo el presbítero anuncia la Palabra de
Dios, administra los sacramentos, principalmente celebra la
eucaristía.

Los diáconos, ordenados por el obispo, se convierten en


servidores dentro del propio sacramento del orden. Participan
en la misión de Cristo que vino “a servir y a dar su vida en
rescate por muchos” (Mt 20, 28). Reciben un sello (carácter
indeleble) que les configura con Cristo servidor, “la
ordenación les confiere funciones importantes en el ministerio
de la palabra, del culto divino, del gobierno pastoral y del ser
vicio de la caridad” (CEC 1596).
Los efectos del sacramento

o Como ya hemos visto, este sacramento, como ocurría con los


del bautismo y la confirmación, imprime un carácter
indeleble.
o Por la gracia propia de este sacramento los que lo reciben
son configurados con “Cristo Sacerdote, Maestro y pastor, de
quien el ordenado es constituido ministro” (CEC 1585).
o Además, quedan fortalecidos para realizar su ministerio:
predicar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos,
guiar al Pueblo de Dios hacia la santidad y dirigir al Señor
la oración oficial de la Iglesia con el rezo de la Liturgia de
las Horas.
El sacramento del matrimonio. El amor humano como signo del
amor de Cristo por su Iglesia

A diferencia de los demás sacramentos no es fácil


determinar quién es el ministro, si los contrayentes o el
sacerdote. Esto hace que haya una diferencia de comprensión
entre el derecho canónico propio del rito latino y el de las
iglesias de ritos orientales. Para nosotros, pertenecientes al
rito latino, los ministros son los contrayentes, siendo el
sacerdote asistente un testigo cualificado que además de
bendecir el matrimonio debe preocuparse de que se celebre
válida y lícitamente.
Por su parte, el signo sacramental es el acto libre y personal
por el que “los esposos se dan y reciben mutuamente” (GS
48). Esta es la base que sustenta que sean los contrayentes los
que mutuamente se administran el sacramento del matrimonio
como ministros. Por tanto, el matrimonio se lleva a cabo
mediante el consentimiento matrimonial que públicamente,
y ante Dios, se ofrecen los contrayentes pronunciando el “sí
quiero”. Este consentimiento se consuma con la unión corporal
de los esposos, cerrándose así el signo sacramental.
El “sí” que se ofrecen los contrayentes crea un vínculo
matrimonial indisoluble a imagen de la alianza de Dios
con los hombres.
 La gracia del sacramento

La gracia del sacramento consiste en tres cosas:

o A partir de ese momento, los cónyuges son signo que


actualiza el amor y la fidelidad de Cristo por su Iglesia.
o Pero además, los cónyuges participan de ese amor y fidelidad
de Cristo, “en virtud del sacramento del matrimonio se ayudan
mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la
procreación y educación de la prole, y por eso tienen su
propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma
(cf. 1 Cor 7, 7)” (LG 11).
o Finalmente, la gracia del sacramento hace que el sacramento
sea anticipación simbólica del amor de Dios al final de los
tiempos(Cf. Conferencia episcopal alemana, “Catecismo
Católico para Adultos, I”, 430s.).
Las propiedades esenciales son tres:

o La unidad. El amor de los que contraen matrimoniotiende por sí


mismo a la unidad. El amor total que expresan en el sacramento es
único y exclusivo. Por lo tanto esta propiedad es contraria a la
poligamia, la poliandria o al adulterio.
o La fecundidad. Los esposos comienzan una “comunidad de vida y
amor” que está abierta a los frutos de ese amor que son los hijos.
Gracias a la fecundidad los esposos participan del amor creador de
Dios. Esta fecundidad no se limita a la procreación sino que continua
en la educación de los hijos, sabiendo además, que para los
matrimonios que no pueden tener descendencia la tarea
fundamental del matrimonio sigue siendo servir a la vida en todas
sus expresiones.
o La fidelidad indisoluble. La cual estáfundada en el vínculo
indisoluble y es consecuencia de la entrega total que se dan los
esposos. Lo propio del amor es que se dé sin condiciones y no que
sea puesto a prueba por un periodo de tiempo. Esta propiedad está
estrechamente unida al bien de la prole(Cf. Conferencia episcopal alemana,
“Catecismo Católico para Adultos, I”, 430-435).

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