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Pueblos indígenas de Honduras antes de la conquista

Antes de la conquista española, Honduras albergaba grandes comunidades indígenas organizadas en cacicazgos y tribus, con una economía agrícola y una rica diversidad cultural. Los cacicazgos, como los Lencas y Maya-chortís, eran más desarrollados y socialmente estratificados, mientras que las tribus, como los Tolupanes y Pech, tenían una organización social más simple y eran seminómadas. En la actualidad, Honduras presenta una población diversa, con un 7% de indígenas y un 4% de negros, destacándose por su riqueza étnica en comparación con otros países de Centroamérica.
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Pueblos indígenas de Honduras antes de la conquista

Antes de la conquista española, Honduras albergaba grandes comunidades indígenas organizadas en cacicazgos y tribus, con una economía agrícola y una rica diversidad cultural. Los cacicazgos, como los Lencas y Maya-chortís, eran más desarrollados y socialmente estratificados, mientras que las tribus, como los Tolupanes y Pech, tenían una organización social más simple y eran seminómadas. En la actualidad, Honduras presenta una población diversa, con un 7% de indígenas y un 4% de negros, destacándose por su riqueza étnica en comparación con otros países de Centroamérica.
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2.

4) LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE HONDURAS EN VÍSPERAS DE LA CONQUISTA


ESPAÑOLA

La demógrafa inglesa Linda Newson, en la segunda parte de su obra “El costo de la


conquista”1, sugiere que Honduras estaba clasificada a la llegada de los españoles
dentro de las culturas caracterizadas por la presencia de grandes comunidades
agricultoras, sedentarias, socialmente estratificadas y con algún tipo de organización
política.

La distinción entre el occidente y oriente de Honduras fue efectivamente señalada por


Kirchhoff, quien al definir Mesoamérica, incluyó en el área la zona occidental de
Honduras.

La frontera de Mesoamérica es una amplia zona de interacción entre grupos


mesoamericanos y no mesoamericanos. Honduras estaba ubicada en esa zona de
interacción.

La distinción de mayor interés es entre cacicazgos y tribus. Los cacicazgos incluían


varios grupos mesoamericanos: Lencas, Mayas-chortís, Chorotegas, Pipiles y Nahuatl.
Los grupos tribales comprendían a los Tolupanes o Xicaques, los Pech o Payas y los
Tawahkas o Sumos, y posteriormente a los Misquitos en el periodo colonial

A) Los cacicazgos

Los grupos a nivel de cacicazgo estaban concentrados en la región occidental, central y


sur del territorio hondureño a la llegada de los españoles, y eran fundamentalmente
tres grupos: los Lencas, asentados en el Valle de Comayagua y en el occidente de
Honduras, los cuales eran los más extendidos; los Maya-chortís, ubicados en la
frontera con Guatemala y los Chorotegas, concentrados en el sur de Honduras y que
sumaban alrededor de unas 600,000 personas, es decir que era la región más
densamente habitada del territorio. Además, había una presencia de algunos grupos
Nahualt, Pipiles y Matagalpas que respondían a la organización social de cacicazgos.

En lo social, los cacicazgos estaban estratificados, -es decir- divididos en clases sociales
al igual que los Mayas. tenían como cabeza a un cacique, luego existía una clase
sacerdotal importante, encargada de los oficios religiosos y finalmente estaba el último
peldaño de la sociedad, compuesto por el pueblo (agricultores, guerreros, artesanos).
Además, de estas clases, los cacicazgos también adquirían esclavos que eran utilizados
en las labores de trabajo o eran ocupados para realizar sacrificios humanos a los
dioses.

En las relaciones de parentesco, imperó la poligamia, es decir, los hombres llegaban


en algunos casos a tener varias esposas, dado que las labores agrícolas permitían
mantener grupos poblacionales relativamente considerables. Por ejemplo, en 1547, ya
cuando el territorio había sido conquistado por los españoles, el Obispo Pedraza

1
Newson, Linda, El costo de la conquista, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1992, (Colección Códices,
Traducción de Jorge Federico Travieso).
observó “...que en el pueblo de Cocumba, cerca de San Pedro, cada hombre tenía de
diez a doce mujeres”2.

En lo económico, eran pueblos eminentemente agrícolas, pues se dedicaban al cultivo


de la trilogía alimenticia mesoamericana, o sea, el maíz, el fríjol y el ayote. Además,
también sembraban otras especies como papas, cacao, tabaco, algodón y huertos
frutales como aguacates, papayas, jocotes, piñas, tamarindos, marañones, zapotes,
guayabas etcétera. Todo esto lo complementaban con otros alimentos que se obtenían
como resultado de la caza y la pesca, actividades con las cuales obtenían buenas
fuentes de proteínas como carne de venado, garrobo, cusuco o armadillo,
tepezcuintle, cerdos de monte, conejos, caracoles, camarones, cangrejos, pescado y
hasta perros y culebras. Todo esto les permitía tener una dieta relativamente
balanceada. Esto nos da a entender que la actividad económica princip +al de los
cacicazgos era la agricultura y como actividades secundarias, la caza y la pesca se
destinaban para complementar la dieta diaria.

Igualmente, el hecho de dedicarse a la agricultura les hacía llevar una vida sedentaria,
-a diferencia de las tribus- y a la vez, les posibilitaba adquirir excedentes que
comerciaban en toda la zona que va desde Honduras hasta el sur de México. Los
Maya-chortís llegaron a comerciar con el área de Yucatán, Belice, y en todo el litoral
atlántico hondureño, incluyendo las Islas de la Bahía. Entre los bienes que se
intercambiaban estaban la sal, miel, pavos, patos, artículos suntuarios, telas de
algodón y plumas de quetzal. Este comercio “...era considerado de tal importancia que
Chetumal [en México] envió una flota de cincuenta canoas como refuerzos a los
indígenas del norte de Honduras en la guerra de conquista contra los españoles”3.

En cuanto a la religión, eran pueblos también politeístas, al igual que los Mayas, y sus
dioses eran similares, como por ejemplo la lluvia, el sol, la luna. Las prácticas religiosas
se centraban en sacerdotes, templos e ídolos. Los sacrificios humanos eran comunes,
aunque no eran antropófagos. Los sacrificios solían hacerlos antes de entrar en
combate contra otros enemigos en la guerra.

En lo cultural, tenían algunas prácticas o creencias, especialmente los Lencas, como


por ejemplo el ”guancasco”, que era una alianza de paz que decidían pactar dos
pueblos después de estar mucho tiempo en guerra. En el guancasco, los de un pueblo
visitaban a sus enemigos y éstos tenían que recibirlos con una fiesta en la que
proporcionaban además la comida, la bebida y a la vez ofrecían sus mujeres a los
“antiguos enemigos” y a los días, éstos tenían que devolver el favor a sus ex
anfitriones. En resumen, la fiesta llegaba a durar a veces hasta quince días. Los
españoles trataron de extinguir ésta práctica, pero los Lencas siempre se resistieron a
dejarla y todavía algunas comunidades las realizan (Ojojona y Lepaterique, Gracias y
Mexicapa, Ilamatepeque y Chinda etcétera), sólo que ahora lo que intercambian es el
santo patrón de cada pueblo.

2
Ibíd. P. 87.
3
Ibíd. P. 84.
Otra creencia muy arraigada era la existencia de un ser mitológico al que denominaban
como “sisimite”, mitad hombre y mitad mono, el cual -según la creencia popular- se
raptaba a los niños o niñas que se alejaran de los poblados.

También, creían mucho en la existencia de “Nahuales”, es decir, seres o personas que


tenían la facultad -según ellos- de convertirse en animales como lechuzas, coyotes,
jaguares, pumas o en cualquier otro animal con el fin de hacer daño. Con la llegada de
los españoles, estas creencias se mezclaron con la tradición religiosa de los europeas y
quedaron grabadas como “historias”, “cuentos” o “leyendas” acerca de mujeres que se
convertían en chanchas o de hombres que se convertían en coyotes para hacer pactos
con el demonio o realizar actos de brujería o hechicería.

En síntesis, los pueblos a nivel de cacicazgos (Lencas, Maya-chortís y Chorotegas)


asentados en el occidente, centro y sur de Honduras, al ser las sociedades con mayor
cantidad de población y por ende los de mayor nivel de desarrollo, fueron los grupos a
los que preferentemente intentaron -y lograron- conquistar los españoles, esto explica
el hecho de que la mayor parte de los poblados que fundaron los españoles se
encuentran localizados en esta zona. De este modo, desde los inicios de la conquista
hondureña, el territorio hondureño estaba poblado de forma desproporcionada y esto
afectó el proceso de integración territorial en Honduras durante el resto de su historia.

B) Las tribus

Las tribus que existían en Honduras a la llegada de los españoles eran los Tolupanes o
Xicaques, los Pech o Payas y los Tawahkas o Sumos. Los Tolupanes estaban
concentrados en el litoral Caribe hondureño y en las montañas de Yoro. Los Pech y los
Tawahkas habitaban fundamentalmente el territorio actual de Olancho y Gracias a
Dios o La Mosquitia y sumaban al momento del arribo de los españoles como cerca de
200,000 personas,

La organización social de estos pueblos era sencilla, pues apenas existía un liderazgo
ejercido por un Jefe, pero que en este caso no era otorgado por herencia sino que
normalmente recaía en aquel miembro que tuviera dotes para la guerra o para la caza
y pesca. De esta forma, eran sociedades relativamente igualitarias en la que prevalecía
una división natural del trabajo, es decir, los hombres se ocupaban de la caza y pesca y
las mujeres del cuidado de las familias.

La simplicidad de su organización social hacía aparecer muy débil la autoridad judicial,


por lo que en casos de conflicto, las partes ofendidas tomaban la ley por sus propias
manos. En cuanto a las relaciones de parentesco, hubo algunos casos de poligamia,
pero la mayoría de las parejas eran monógamas debido a los limitados recursos de que
disponían.

En lo económico, sus actividades principales eran la caza, la pesca y la recolección y


como actividad complementaria, se dedicaban a una agricultura muy precaria, en vista
de las condiciones selváticas en que vivían, pero en este caso, las actividades agrícolas
se centraban en el cultivo de tubérculos como la yuca, la papa, el camote, la malanga y
otros más. Estos cultivos se compartían en menor medida con el maíz, los frijoles y el
tabaco. Por este motivo, las tribus -a diferencia de los cacicazgos- eran seminómadas,
es decir, sembraban un tiempo en un sitio y luego marchaban a buscar otras tierras
más fértiles o perseguían otras piezas de cacería.

Por estos detalles, estas tribus no construyeron grandes ciudades, pueblos o aldeas,
como las que sí se pueden observar en el occidente o centro de Honduras. Tal vez este
bajo nivel de desarrollo social no motivó a los españoles a conquistar estas tierras. Lo
cierto es que los conquistadores europeos intentaron someter a estas tribus, pero lo
inhóspito del territorio, así como la hostilidad y belicosidad de estos pueblos,
desanimó por muchos años a los españoles a emprender campañas de conquista en
esta región a la que se denominaba como “La Taguzgalpa” durante el periodo colonial.
De hecho, en algunos casos, varios intentos de conquista militar o de misiones de
evangelización terminaron en tragedia para los españoles, puesto que los indígenas
terminaron por rebelarse contra los forasteros y al final hasta terminaban comiéndose
a los que se atrevían a internarse en sus tierras, como ocurrió en el siglo XVI al Padre
Verdelete, que fue “devorado” por un grupo de indígenas Tawahkas.

Las relaciones belicosas entre las tribus impedían que existiera un comercio fluido,
además, eran pueblos que no producían mayores excedentes, por tanto, el
intercambio se hacía mediante el trueque.

La religión estaba basada en el animismo y el chamanismo. Mediante el animismo,


creían que los objetos inanimados podían llegar a adquirir vida y con el chamanismo,
se estructuró un sistema de creencias en las que el chamán o curandero sirve de
intermediario entre el mundo de los dioses y el mundo de los humanos. Creían en la
vida después de la muerte y practicaban, como ya se dijo, el canibalismo, aunque no se
sabe si era en sentido mágico religioso o de otra índole.

Como se ve, estos pueblos eran -en comparación a los cacicazgos- mucho más
atrasados, por eso, los españoles, cuando emprendieron la conquista de Honduras,
prestaron mayor atención a los territorios en donde habitaban las sociedades más
ricas y prósperas; de esa forma, el occidente, centro, sur y una parte del norte, fue
poblada y conquistada por los europeos, pero el oriente, habitado por tribus selváticas
y pobres, no fue una zona atractiva para los conquistadores y debido a esas razones,
esta zona de Olancho y La Mosquitia quedó desarticulada del resto de la Honduras
colonial, lo cual incidió negativamente en el devenir histórico de Honduras, ya que ésta
configuración territorial, social y cultural ha condicionado que el país evolucionara de
manera fragmentada, con culturas diferentes en los cuatro puntos cardinales de la
nación y donde la presencia del Estado es muy frágil o limitada.
2.5) SITUACIÓN DE LOS PUEBLOS ÉTNICOS DE HONDURAS EN LA ACTUALIDAD

A) Pueblos indígenas y negros de Honduras

La República de Honduras está localizada en el istmo centroamericano, con una


extensión territorial de 112, 492 km 2. Estimaciones recientes indican que en el año
2015 el país tiene una población de 8,576,532 habitantes, con 74 personas por cada
km². La población urbana es de 53,4% y la rural de 46,6%. El crecimiento demográfico
anual es de 1,99%, la esperanza de vida es de 75 años4.

La tasa de alfabetismo según estimaciones para el año 2015 es de un 77,2% y el


analfabetismo de 12,8%5. Los principales productos de exportación son el café,
bananos, madera, plomo, zinc, plata, carne refrigerada, camarón y langosta, azúcar,
tabaco, piñas, melones, sandías, prendas de vestir, jabones y detergentes, y derivados
del petróleo.6 La división política territorial es de 18 departamentos; la capital es
Tegucigalpa, que cuenta con un millón de habitantes, y también son ciudades
importantes San Pedro Sula, La Ceiba, El Progreso, Choluteca, Tela, Santa Rosa de
Copán y Comayagua. Honduras presenta una rica diversidad étnica cultural, dispersa
por las diferentes partes del territorio nacional.

La composición de la población está distribuida en 3% de blancos, 4% de negros, 7% de


indígenas y 86% de mestizos7. En relación con el resto de países de Centroamérica,
Honduras ocupa el segundo lugar después de Guatemala en cuanto al porcentaje de
población indígena, tal como señala el siguiente cuadro:

Cuadro No. 2
Población total indígena de Centroamérica, según países. 1994.

País Población Total Población Indígena % de Población Indígena


Guatemala 10,300,000 4,945,511 48.01%
Honduras 5,300,000 630,000 11.88%
El Salvador 5,200.000 88,000 1.69%
Nicaragua 4,300,000 326,000 7.59%
Costa Rica 3,200.000 24,300 0.75%
Panamá 2,500,000 194,719 7.78%
TOTAL 30,800,000 6,209,130 (20.15%) 20.15% (del total)

Fuente: Matos Mar, José. 1994. Instituto Indigenista Americano, Vol. III, No. 4. p. 165.
En su conjunto, Centroamérica tiene una población de 30,800,000 habitantes siendo
Guatemala el país que concentra mayor población indígena con un 48.% del total;
Honduras cuenta con 630,000 indígenas y negros que representa el 11.8% del total de
la población.

Es interesante analizar y reflexionar sobre estos datos pues expresan que Honduras, a
nivel regional, es uno de los territorios en donde se manifiesta claramente una riqueza
multicultural de enormes proporciones que debe ser tomada en cuenta por el Estado
al momento de definir políticas de atención dirigidas a los pueblos indígenas y negros
del país.

4
Véase: Instituto Nacional de Estadística (INE), XVII Censo de Población y VI de Vivienda, Tegucigalpa,
INE 2013.
5
Ibid.
6
Véase: Atlas Geográfico y Universal de Honduras, Barcelona, Grupo Editorial Océano, 2000, p. V.
7
El término mestizo se ha referido tradicionalmente a la mezcla que se dio en el periodo colonial entre
los españoles e indígenas y así se ha usado en la historiografía latinoamericana a lo largo del siglo XX. En
este trabajo también agregamos como mestizos a los diferentes cruzamientos de españoles e indígenas
con población negra.
En la actualidad, existen en Honduras nueve Pueblos Indígenas y Negros 8
culturalmente diferenciados en relación con la mayoritaria población mestiza; estos
son: Los Garífunas, los Misquitos, los Negros de habla inglesa o Creoles, los Lencas, los
Chortís, los Pech, los Tolupanes, los Tawahkas y los Nahoa o Nahualt que recién se
están autoidentificando. En este trabajo se utilizarán los datos poblacionales que se
manejan a nivel nacional y que representan un número aproximado de 460,595
personas, distribuidas en todo el país en 9 grupos indígenas y negros. Es de hacer
notar que existen diferencias en los datos con relación al cuadro anterior de autores
extranjeros. La distribución se puede apreciar en el cuadro que sigue:

CUADRO No. 3
Pueblos Indígenas y negros de Honduras, ubicación y población

Pueblo Indígena o Negro Ubicación Actual Población Actual

Garífuna Litoral Atlántico, desde Puerto Cortés hasta Gracias a Dios, 300,000
Islas de la Bahía y Ciudades importantes
Lencas Intibucá, Lempira, Ocotepeque y pequeños poblados en la 90,000
Paz, Santa Bárbara y Francisco Morazán.
Misquitos Gracias a Dios y pequeñas conglomeraciones en ciudades 35,000
importantes
Negros habla Inglesa Litoral Atlántico, Islas de la Bahía 20,000
Tolupanes o Xicaques Yoro, Francisco Morazán 10,000
Chortís/Maya Copán, Ocotepeque 3,500
Pech/Paya Olancho, Colón, Gracias a Dios 1,595
Tawahka/Sumo Río Patuca, Gracia a Dios, Olancho 500
Nahoa o Nahualt No se tienen datos
TOTAL 460,595
Fuente: Rivas, Ramón, (1993), Pueblos Indígenas y Garífuna de Honduras, Tegucigalpa, Editorial
Guaymuras, pp. 46-53.

Al igual que en otros países del continente americano, varios son los términos y
denominaciones que se han utilizado en Honduras para referirse a la población
indígena. Por ejemplo, desde 1985 que surgió el movimiento indígena se habla de
Pueblos Autóctonos, aunque en varios documentos se les nombra como Indígenas y
Etnias. En nuestro caso, utilizaremos el término de Pueblo Indígena y Negro, de
acuerdo a la definición propuesta por el convenio 169 de la OIT, la cual indica que son
“…considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en
el país o en una región geográfica a la que pertenecía el país en la época de la
conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y
que, cualquiera que sea su situación jurídica, conservan todas sus propias instituciones,
económicas, culturales y políticas, o parte de ellas”9.

En cuanto a su ubicación geográfica, los pueblos indígenas de Honduras están


diseminados en todo el territorio nacional, aunque la mayoría tiende a concentrarse en

8
El concepto pueblo se entiende como el conjunto de rasgos que caracterizan a un conglomerado humano
en términos territoriales, históricos, culturales y étnicos que le dan sentido de unidad.
9
Organización Internacional del Trabajo (OIT), Convenio No. 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en
países independientes, 1989.
las zonas fronterizas y en los litorales. En efecto, cinco de los nueve pueblos existentes
en Honduras habitan en esas regiones. En la frontera con Guatemala, hacia el
occidente del país se encuentran los Chortís-Maya (Ocotepeque y Copán); por su
parte, los Lencas se asientan hacia la frontera con El Salvador (Lempira, Intibucá, La Paz
y parte de Santa Bárbara, Francisco Morazán, Ocotepeque y Valle); los Misquitos y
Tawahkas-Sumos habitan la región conocida como La Mosquitia, en el Departamento
de Gracias a Dios fronterizo con Nicaragua. Asimismo, los Garífunas y los Negros
Creoles habitan a lo largo del Litoral Caribe hondureño, así como en las zonas insulares
de Islas de la Bahía y los Cayos Cochinos. Los Tolupanes-Xicaques, se encuentran
asentados en los Departamentos de Francisco Morazán y Yoro, en el centro oriente del
país. Los Pech habitan en el Departamento de Olancho, así como en algunos poblados
de los Departamentos de Colón y Gracias a Dios, en el nororiente; y los Nahoa o
Nahualt están autoidentificándose en la región oriental del Departamento de Olancho.

B) Situación socioeconómica de los pueblos indígenas y negros de Honduras

En cuanto a la situación económica, se estima que el ingreso promedio mensual de la


población indígena y negra de Honduras es de 1,000 Lempiras, equivalente a unos
$60.00. Sin embargo, en comunidades Lencas, Pech y Chortís se calcula en 300.00
Lempiras (apenas $20.00) lo cual obliga en temporadas de escasez a muchas familias a
subsistir de la agricultura de subsistencia, la colecta de raíces y frutos silvestres así
como de la caza y pesca.10

Por otra parte, los indígenas de Honduras desarrollan una agricultura tradicional de
subsistencia de tipo migratorio y con frecuencia sus cultivos sufren los ataques de
plagas, sequías prolongadas, lluvias en exceso y cosechas limitadas por la erosión de
los suelos.

De alguna manera, la situación de los Garífunas, los Negros de habla inglesa y los
Misquitos es diferente, ya que con algunas divergencias tienen acceso a fuentes de
trabajo mejor remuneradas relacionadas con la pesca en gran escala, la pesca como
patrimonio familiar, el comercio en zonas turísticas y la industria hotelera.

Por su parte, la situación de salud de los pueblos indígenas y negros de Honduras es en


la mayoría de los casos deficiente o miserable. Durante la década del 90, Honduras
aplicó Programas de Ajuste Estructural en las tres administraciones presidenciales:
Rafael Callejas (1990-1994) del Partido Nacional y también los regímenes liberales de
Carlos Roberto Reina (1994-1998) y Carlos Flores (1998-2002). Esta economía
neoliberal ha incrementado los niveles de pobreza y miseria de la población
hondureña. Hacia 1999, diversas fuentes indican que el 80% de la población vive en la
pobreza o por debajo de ella, es decir la miseria. La pobreza aqueja a tres millones de
hondureños cuyos bajos ingresos les impide comer y crecer en forma adecuada. La
desnutrición continúa afectando a cerca del 57% de los menores de 5 años. Solamente
el 46% de los hondureños posee agua potable y un 57% tienen algún medio para la
disposición de excretas.

10
Organización Panamericana de la Salud (OPS), Iniciativa de Salud de los Pueblos Indígenas de
Honduras. Marco de Referencia Estratégico y Plan de Acción, 1999-2002, Washington DC, 2000, p. 11.
De las 900,000 viviendas existentes en el país, más de la mitad tienen problemas de
hacinamiento y carecen de infraestructura de agua y saneamiento. 11 Sin embargo, a
pesar de su pobreza, Honduras (entre 1988 y 1994) pagó en intereses y abonó al
capital de la deuda externa 3,500 millones de dólares, equivalente a 40 años del
presupuesto del rubro de educación o al 82% de la deuda externa presente. En esas
condiciones, la atención que el Estado presta en el campo de la salud es insuficiente
para poder satisfacer las demandas de los y las hondureñas.12

En el caso de las comunidades indígenas y negras la situación es todavía más


dramática, pues ellos constituyen el grupo mas desatendido. Según datos de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS) referentes al año de 1998, la población
indígena hondureña tenía una desnutrición generalizada, llegando a afectar al 95% de
la población menor de 14 años. De cada 100 indígenas que nacen, 60 mueren de
enfermedades infectocontagiosas. Además, en 1993, la esperanza de vida estimada
para los indígenas fue de 36 años para los hombres y 43 años para las mujeres,
mientras que la esperanza de vida de la población general se estimaba en 67 años
(64.8 años para los hombres y 69.6 para las mujeres). En la zona fronteriza con El
Salvador, donde se concentran las poblaciones Lencas, las cinco primeras causas de
mortalidad en 1994 fueron las enfermedades respiratorias, las infecciones intestinales,
las afecciones originadas en el período perinatal, los accidentes y las neumonías.

Como se ve, la situación socioeconómica de los indígenas es mucho más crítica que la
mayoría de los hondureños mestizos, por tanto, es necesario que el Estado planifique
una verdadera política de atención a los pueblos indígenas y negros del país en materia
de salud, educación, infraestructura, tenencia de la tierra y promoción cultural.

3.1) PRIMERA FASE DE LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN AMÉRICA : INVASIÓN Y


EXPLORACIÓN DE LOS TERRITORIOS DE AMÉRICA Y HONDURAS. 1492-1519

A) Algunas apreciaciones sobre el término “Descubrimiento de América”

Antes de explicar los pormenores de lo que en la historiografía tradicional se ha


denominado como “Descubrimiento de América”, consideramos importante discutir el
significado del término “Descubrimiento”.

El término “Descubrimiento” ha sido un vocablo muy controversial, utilizado para


denominar al proceso de exploración y sojuzgamiento de la población de lo que hoy es
América por parte de los españoles, portugueses, ingleses y franceses13.

Evidentemente, la tradición histórica proveniente del liberalismo del siglo XIX siempre
designó a éste acontecimiento histórico del descubrimiento en el sentido de dar a

11
Diario El Heraldo, Tegucigalpa, 24/08/1996, p. 6.
12
Amaya, Jorge Alberto y Varela, Guillermo, Historia de Honduras, Tegucigalpa, EDUNITEC, Primera
edición, 1995, p. 245.
13
Fletes Díaz, Ramón, Et. Al., Para comprender la Historia Colonial: Diccionario de términos,
Tegucigalpa, Editorial Millenium, 1ª edición, 1994, P. 61.
entender que los españoles “descubrieron América”. Esto no es cierto, como
plantearon algunos sectores como los pueblos indígenas y negros de América, así
como algunos historiadores desde 1992, cuando se cumplieron 500 años de la llegada
de los españoles al continente americano, pues si aceptamos la acepción original de
“descubrimiento” según el diccionario, la palabra significa encontrar algo que nadie ha
visto; por lo tanto, los españoles “no descubrieron nada”, puesto que los primeros
seres humanos que vieron las tierras americanas y a quienes se les puede atribuir el
hecho del “descubrimiento” de este continente es a los primeros seres humanos que
arribaron desde Asia alrededor del año 25,000 AC y que por ende fueron los pueblos
que encontraron y conquistaron los españoles.

En 1957, el historiador mexicano Edmundo O´Gorman escribió un interesante ensayo


intitulado La invención de América14 en donde realiza un análisis que estudia la
experiencia real que vivieron los protagonistas de aquel evento (es decir, Cristóbal
Colón con sus marineros y los indígenas) entre 1492 y 1506, o sea unos quince años en
los que, según O´Gorman, no había nada de los que hoy llamamos “América” y las
personas a quienes hoy en día llamamos “indígenas o indios”, eran una entidad que se
reconocían a sí mismos de otra manera. De este modo, los españoles pensaron que
hicieron un “reconocimiento” geográfico y cultural de una parte oriental de Asia, que
era el lugar al que supuestamente creyó haber llegado Colón.

Las personas que habitaban nuestro continente -lo que los europeos llamaron como
indígenas o indios- tenían una visión diferente. Realmente, cada uno de los territorios
en que estaban asentados, tenían un nombre que ellos mismos asignaban, de tal
forma que ellos conocían su mundo, su región o su etnia, pero no tenían, como los
“descubridores”, una visión total de “América”. Es decir, desde la perspectiva europea,
hubo primero un “ser asiático” de América, pues Colón se aferró radicalmente a la
idea de que había llegado a la India o China y no a un nuevo continente. Con el tiempo,
los europeos aceptaron que estas tierras eran de hecho un “Nuevo Continente”, por
ello, le comenzaron a denominar como “Nuevo Mundo” y por nombre europeo, le
pusieron “América”, -por el navegante y geógrafo italiano Américo Vespucio, quien
llegó a esta tierra pocos años después de Colón, quien sí tuvo conciencia de que este
era un continente hasta ese momento desconocido para los europeos.

O´Gorman llama invención al “ser asiático” de la futura América, y aún al propio “ser
americano”, porque únicamente en el mundo europeo podía existir dicho tipo de
“ser”. El “ser americano”, posterior al “ser asiático”, fue solamente europeo y sigue
siendo, hasta el presente, una interpretación también reductiva del hecho
acontecimiento de 1492.

También en la década de 1980, otro historiador mexicano, Miguel León Portilla sugirió
diplomáticamente denominar al acontecimiento de la llegada de los españoles como
“Encuentro de dos Mundos”15, o “Encuentro de dos Culturas”. Esta posición también
14
O Gorman, Edmundo, La invención de América, México, Fondo de Cultura Económica (FCE), 1ª
edición, 1957.
15
Miliani, Domingo, Quinientos años de América, Descubrimientos, encuentros y desencuentros, En:
Zea, Leopoldo (Compilador), Quinientos años de historia, sentido y proyección, México, Fondo de
Cultura Económica, Primera reimpresión, 1993, Pág. 30.
es encubridora, pues este episodio marcó no solo la relación entre Europa y lo que
ellos llamaron América, sino también, -y desgraciadamente infausto para ellos- a
África. En todo caso, a nuestro juicio, para ironizar esta tesis, lo llamaríamos más bien
“Encontronazo”, pues hablar de “Encuentro” de lo que fue realmente un proceso que
provocó una de las mayores cantidades de muertos en la historia, es usar un
eufemismo para referirse al problema en vista que el encuentro derivó rápidamente
en conquista y tragedia para los indígenas.

Desde 1992, también apareció el tema del descubrimiento “Desde la visión del
Indígena”, es decir, la explicación del acontecimiento desde la perspectiva de los
indios. Generalmente, los indígenas rechazaron denominar al hecho como
“descubrimiento” o “Encuentro de dos Mundos” y más bien lo aludieron con palabras
como “genocidio”, “etnocidio”, “invasión” y otros calificativos.

Creemos que es sumamente difícil poder categorizar o conceptuar dicho suceso


histórico que comúnmente hemos llamado “Descubrimiento”. Es claro que no todos
los españoles fueron sanguinarios ni todos los indígenas fueron angelicales, sin
embargo, no debemos perder de vista que los “conquistados” fueron los indígenas, por
tanto, para interpretar el sentido histórico de este acto, necesitamos comprender el
proceso de destrucción de las culturas que habitaban el continente (que veremos en la
lectura siguiente) y la manera cómo fueron diezmados y desposeídos. Esto no con el
objetivo de ser maniqueístas, sino de entender que gran parte de los problemas
actuales que sufrimos los descendientes de esos protagonistas -que en aquel entonces
fueron antagonistas-, tienen su origen en el tipo de relaciones que se estructuraron
entre los conquistadores provenientes de otro continente (los españoles) y las
personas que vivían en este lado del mundo (los indígenas).

Es interesante poder considerar también la interpretación “Desde el Mundo indígena”


del fenómeno del “Descubrimiento”, o sea, una posición del acontecimiento “desde el
otro”, desde el “conquistado”, desde el “expoliado”. Estudiando y analizando ambas
posiciones, los latinoamericanos podemos llegar a conciliarnos con el pasado.

De nuestra parte, nosotros compartimos la idea que el acontecimiento de la llegada de


los españoles a éste continente se puede categorizar como “La intrusión europea”.
Intrusión, porque literalmente significa penetrar a un mundo, el “del Otro”, sin
derecho, sin permiso, entrometerse en la vida cotidiana “del Otro”.

En síntesis, fueron pues los mismos europeos los que acuñaron el término de
“Descubrimiento” para referirse al acontecimiento de la llegada de los españoles a
América. De hecho, en Europa se entendía que un descubridor era aquella “...persona
que dirigía, por decisión de la Corona, una empresa de descubrimiento a fin de
incorporar al imperio español nuevas tierras para ser colonizadas”16. La literatura
histórica latinoamericana recogió esa palabra en el siglo XIX, y desde ese tiempo,
dominó el pensamiento cultural y educativo de la región. Sin embargo, cuando se
cumplieron quinientos años de ese hecho, surgieron opiniones y corrientes -como por
ejemplo la interpretación “Desde el Mundo Indígena”- que afortunadamente, analizan
16
Fletes Díaz, Ramón, Et. Al, Para comprender la Historia Colonial...Op. cit. P. 61.
el acontecimiento con otras visiones y perspectivas. De esta forma, nosotros usaremos
el término “Descubrimiento” cuando nos refiramos el acontecimiento pensado por los
europeos y usaremos el de “invasión” cuando expresemos nuestra posición al
respecto.

B) La “invasión” de América por parte de los europeos

Es un hecho generalmente aceptado que los primeros europeos en llegar a América no


fueron los españoles, sino los pueblos vikingos alrededor del siglo X DC; ellos, ubicados
geográficamente en la Península Escandinava y Dinamarca, se dedicaron a un activo
comercio y tráfico de esclavos en enclaves localizados en la región nororiental europea
y cuyas expediciones llegaron a Islandia, Groenlandia, la Península de Labrador y la Isla
de Terranova (en el actual Canadá).

No obstante, como vimos en el apartado anterior, la historiografía tradicional dio a los


españoles el mérito del “Descubrimiento” (proceso que nosotros catalogamos como
invasión) por el significado ulterior que sus expediciones tuvieron en el desarrollo
cultural, económico y político, no solo de América, sino también de Europa, lo que
implicó una articulación de América al resto del mundo.

Los viajes de invasión y exploración fueron empresas cuyos riesgos e impulso


económico residieron en particulares (banqueros y comerciantes alemanes, italianos,
etcétera). Estos últimos fueron los financistas de la Corona para el apoyo de proyectos
como el de Cristóbal Colón y otros conquistadores a cambio de arrendamiento de
impuestos y explotación de dominios reales como minas. Además se les aseguró
protección contra las leyes de la iglesia y la opinión pública hostiles al préstamo con
interés y las especulaciones.

Hasta el siglo XV, o sea, el momento en que los europeos invaden América, Europa se
encontraba en la etapa que es conocida como la Edad Media, que duró desde el siglo V
DC hasta el siglo XV DC. Justo a fines del siglo XV, se estaba manifestando la transición
de la Edad Media a la Edad Moderna, es decir, el paso del feudalismo al capitalismo; de
la tradición religiosa basada en la fe al conocimiento basado en la razón de la
modernidad. Todos estos cambios incidieron para que los europeos se decidieran a
partir a buscar conquistar nuevas tierras para anexionar a sus imperios.

En este sentido, existieron varias razones que explican por qué no existieron muchos
intentos de viajar al “Oeste o Atlántico” antes del siglo XV por parte de los europeos
(con la excepción de los vikingos por supuesto).

En primer lugar, durante la Edad Media, imperó en Europa y gran parte de Asia y el
norte de África la noción de que la tierra era plana, inmóvil y el centro del universo
finito, creencia que era conocida como la “Teoría Geocéntrica”, acerca de la forma del
universo, la cual dominó el pensamiento medieval por casi mil años, más o menos a
partir del siglo V DC, cuando se dio la caída del imperio romano. Esta idea se mantuvo
por mucho tiempo pese a que ya en la Grecia Clásica (siglos V AC al Siglo II AC) existió
la creencia de la esfericidad de la tierra. En efecto, el geógrafo Eratóstenes (276?-195?
AC) ideó una forma para calcular la circunferencia de la tierra, fórmula que todavía es
usada hoy en día. El sistema de Eratóstenes subdividió la tierra mediante líneas
paralelas de este a oeste y de norte a sur, meridianos. Esta idea de Eratóstenes fue
descartada por mucho tiempo en la Edad Media en Europa y lo que se impuso fue la
Teoría Geocéntrica.

También, en la Edad Media existió la creencia de que más hacia el oeste del Océano
Atlántico existía un abismo, en el cual, las embarcaciones que se atrevieran a cruzarlo,
caerían a un mundo tenebroso. Asimismo, los europeos creían igualmente que el
Océano Atlántico estaba poblado de mundos fantásticos y misteriosos, como el mítico
continente de la Atlántida, referido en la antigüedad por el filósofo griego Platón, o
también creían que el mar estaba atestado de monstruos marinos que eran capaces de
tragarse una embarcación de un solo bocado.

Con respecto a África, existía la leyenda de que en algún lugar del continente, habitaba
un monje cristiano llamado el Preste Juan, de quien se creía, podía ser capaz de hacer
rico al primer europeo que se pusiera en contacto con él, pues había convertido al
cristianismo a muchos de los nativos. Algunos europeos emprendieron la búsqueda del
Preste Juan con el propósito que les ayudara a conquistar riquezas en el continente
africano, sin embargo, para hacerlo, se tenían que internar en tierras donde vivían
seres monstruosos similares a los demonios del infierno, por ejemplo, seres con cabeza
de perro y cuerpo de hombres, o seres sin cabeza pero con la cara en el pecho o
también los famosos patagones o pies gigantes.

Todas estas ideas crearon un ambiente poco atractivo para realizar viajes trasatlánticos
por parte de las naciones o imperios europeos, sea a África o a otros mundos
desconocidos. La profunda religiosidad que dominó el mundo medieval, también fue
un factor que de alguna manera imposibilitaba estos viajes, así como el atraso
tecnológico que existió en Europa por ese entonces. Hay que recordar que a finales de
la Edad Media, la Iglesia Católica implantó el famoso Tribunal de la Santa Inquisición,
el cual era un organismo que castigaba a los herejes -es decir, los apostatas de la fe- o
también a aquellas personas que se atrevieran a contradecir los dogmas de la fe. En
vista que en la Biblia solo se especificaba la existencia de seres humanos en Asia, África
y Europa, la iglesia perseguía a los científicos y estudiosos que pronunciaban la
posibilidad de vida humana en otros confines del mundo, por ejemplo, en el oeste del
Océano Atlántico. De este modo, los autores que proponían que la tierra era esférica y
que por tanto, viajando por el oeste se llegaba a Asia, eran castigados por la
Inquisición.

Esta situación empezó a cambiar más o menos a partir del siglo XIII DC, cuando algunos
europeos se aventuraron por mundos extraños y lejanos y tras su retorno a Europa,
contaron sus experiencias en esos viajes y las riquezas que encontraron en esos
lugares.

Quizás el viaje más importante y el que influyó más en los viajeros y exploradores
europeos del siglo XV fue el que hicieron los hermanos Polo -Niccollo y Matteo- al
Lejano Oriente, es decir, a China y Japón. Los Polo habían nacido en Venecia y en 1261
DC partieron al imperio del Emperador chino Kublai Khan, a través del Medio Oriente y
la India, con quien se contactaron en la capital Pekín. Después de pasar ocho años en
China, volvieron a Venecia en 1269, con la misión de retornar con una misión de
sacerdotes cristianos. En 1275, volvieron a China, pero en este segundo viaje, los
acompañó el hijo de Niccollo, Marco Polo, quien tras regresar a su patria en 1296, se
encargó de escribir su aventura en un libro que influyó decisivamente a los posteriores
exploradores europeos. En este libro, Marco Polo narró que la India, China (Katay) y
Japón (Cipango) eran naciones con riquezas inimaginables para los europeos. Contaba
por ejemplo que en la China, los techos de las casas eran de oro y la gente, desde el
rey a sus plebeyos, vivían en completa fastuosidad y grandeza.

Estas narraciones calaron hondo en la mentalidad de varios aventureros y


exploradores europeos como Cristóbal Colón y otros más, quienes unos siglos más
tarde, alucinados con los relatos de Polo, decidieron buscar esas tierras por rutas
marítimas.

Otro detalle que fue cambiando la mentalidad europea y que a la larga ayudó a realizar
viajes de exploración fue el proceso conocido como las Cruzadas. Estas empezaron en
el siglo XIII DC y fueron el resultado de guerras religiosas. En efecto, los musulmanes se
habían tomado en ese siglo la ciudad sagrada de Jerusalén, a la cual los cristianos
europeos consideraban como la ciudad sagrada por excelencia, pues cerca de ella -en
Belén- nació Jesús y además en ella pasó sus momentos más importantes. Los reinos
católicos de Europa decidieron emprender la liberación de la ciudad y ejércitos
provenientes de Inglaterra, Francia, España, Alemania, Italia y otros lugares marcharon
a Jerusalén a pelear contra los moros. En esos combates, hubo momentos de paz en
los cuales ambos pueblos intercambiaron artículos y elementos culturales. Los
europeos se enteraron a la vez del lujo y la opulencia en que vivían los musulmanes y
tras su regreso a Europa, llevaron consigo muchos aspectos de la cultura árabe.

De esa forma, los cristianos, a través de esos contactos de Marco Polo con los chinos y
de los cruzados con los árabes, introdujeron a Europa muchos productos como los
metales y piedras preciosas, especias, sedas, porcelanas, las alfombras persas, el
vidrio, el azúcar de Arabia, los rubíes de Malasia, los marfiles de la India y otros
artículos e inventos como la numeración arábiga, -hoy en día el sistema numérico
universal- la pólvora china, el papel, los cristales ópticos, que fueron la base para
producir los anteojos y los telescopios y otros detalles importantes.

Paralelamente, a finales de la Edad Media, sobre todo entre el siglo XIII y el XV se


empezó a denotar la transición del modelo económico feudal al capitalista. Con el
feudalismo, los europeos requerían pocas materias primas, pues este era un modo de
producción autárquico, es decir, de subsistencia. Éste consistía en la entrega de tierras
y siervos que el Rey hacía a un Señor Feudal a cambio de un tributo. El Señor Feudal
también distribuía la tierra a sus siervos pero solo para que la hicieran producir y a
cambio ellos se quedaban con el sustento agrícola que restaba de los feudos, de tal
forma que existía poca relación comercial entre un feudo y otro. En cambio, con los
contactos europeos con el mundo chino y árabe, los reinos cristianos comenzaron a
desarrollar una demanda cada vez mayor de materias primas que utilizarían para
impulsar el capitalismo y a la vez, se fue ampliando la producción y excedente de
manufacturas europeas que abastecían a muchos mercados en el continente y ahora
esperaban también poder venderse en otros mercados externos.

El surgimiento del capitalismo se dio asimismo en un ambiente de progreso y adelanto


tecnológico que fue incentivado por el movimiento científico, cultural y artístico
conocido como El Renacimiento, que tenía como ideal rescatar el legado cultural de
los griegos y romanos, basado en la razón y la lógica, muy diferente al modelo cultural
medieval, que se basaba en la teología y la fe. Ello permitió que se alcanzaran una serie
de adelantos tecnológicos e invenciones que fueron abriendo la posibilidad a los
europeos de conocer y explorar otros mundos.

Algunos de los progresos tecnológicos fueron por ejemplo la invención de


instrumentos de navegación como la brújula, que permitía saber la ubicación de una
persona o una nave en cualquier lugar; el astrolabio, que era un instrumento que
permitía tomar medidas de la posición de los astros y las carabelas, que era una
especie de barco que alcanzaba velocidades prodigiosas o nunca antes logradas.

También, la pólvora fue sometida a varios usos, principalmente para fines bélicos -lo
cual fue aprovechado ulteriormente por los europeos en la conquista de América- y
para ello se inventaron el cañón, el arcabuz y las pistolas, lo que sumado a la industria
armamentística de las espadas de hierro, fortaleció la capacidad militar de los
europeos. En cuanto a otros inventos, es importante destacar la fabricación de la
imprenta, que ayudó a expandir los conocimientos generados con El Renacimiento, así
como el telescopio, que propició nuevos descubrimientos sobre la configuración de la
tierra y el universo, estudios realizados principalmente por Galileo Galilei y Nicolás
Copérnico, los cuales sostuvieron que la Teoría Geocéntrica era una tesis equivocada y
por lo tanto propusieron la famosa Teoría Heliocéntrica, que indicaba que el sol es el
centro del sistema solar y que la tierra y los demás planetas giraban alrededor de él en
un universo infinito, o sea, lo contrario de lo que afirmaba la iglesia.

La conjunción de estos procesos permitió que entre el siglo XIII y XV se desarrollara un


fluido comercio entre Europa y el mundo asiático, principalmente con Arabia, India y
China, pero en 1453 DC, los turcos otomanos capturaron la ciudad de Constantinopla,
el bastión cristiano ortodoxo que representaba la frontera cultural entre Europa y Asia.
A partir de ese momento, los turcos impusieron restricciones comerciales a los
europeos, los que se vieron en la necesidad de pagar altos impuestos por los artículos
que importaban de Asia, particularmente a las especias, que eran vitales para
mantener en buen estado a los alimentos, los metales preciosos y a los artículos
suntuarios como las sedas, las porcelanas, las alfombras y los metales y piedras
preciosas.

Este hecho obligó a los europeos a buscar otras rutas alternativas para llegar a Asia,
pues hasta ese momento el tráfico comercial era por vía terrestre. En un principio se
pensó en la posibilidad de bordear el continente africano para llegar a la India, pero
era una ruta desconocida y además era considerada como un plan descabellado. La
única solución era atravesar el Océano Atlántico siempre y cuando los aventureros
creyeran en la teoría de la esfericidad de la tierra, pues la lógica indicaba que viajando
hacia el oeste se llegaba al este de manera forzosa. Varios navegantes pensaron en esa
alternativa, pero quizás el que más ahínco mostró por esa idea fue Cristóbal Colón.

Todos estos aspectos crearon las condiciones para que los europeos pudieran poseer
los recursos tecnológicos y logísticos necesarios para emprender un viaje de
navegación entre Europa y Asia (China, Japón y la India) por una ruta hasta ese
momento desconocida, o sea, atravesando el Océano Atlántico siempre y cuando las
personas consideraran la idea de que la tierra era esférica. En ese sentido, Colón se vio
favorecido por los Reyes Católicos de España para proceder en 1492 a la aventura que
derivó en la exploración y conquista de lo que ellos denominaron posteriormente
como “América”.

C) Los viajes de Cristóbal Colón

Cristóbal Colón no tuvo dudas de la esfericidad de la tierra y por lo tanto la posibilidad


de llegar a Katay (China), Cipango (Japón) y la India a través del Océano Atlántico.
Antes de llegar a la corte española, Colón presentó en 1483 el proyecto para llegar a
Asia al rey Juan II de Portugal, pero éste estaba empeñado en “descubrir” la ruta a Asia
bordeando toda la costa de África, por ello, denegó la petición de Colón. En 1486, viajó
a España para presentar el proyecto a los Reyes Católicos Fernando de Aragón e Isabel
de Castilla. En España, convenció al Padre Marchena y a Fray Hernado de Talavera
para realizar una entrevista con los reyes. En primera instancia, los reyes rechazaron el
proyecto de Colón, pero en 1492, cuando los españoles derrotaron a los invasores
árabes que habían estado en España desde hacía ocho siglos atrás, los monarcas
católicos optaron por entrar en la carrera de llegar a “Las Indias”.

Antes que todo, Colón y los Reyes Católicos firmaron las famosas “Capitulaciones de
Santa Fe”, suscritas el 17 de abril de 1492 en el campamento de Santa Fe, en la cual el
navegante solicitaba las peticiones que obtendría en caso de llegar a la India y a la vez
se estipulaba lo que correspondería a la Corona española; en síntesis, éstas eran un
contrato que estipulaba obligaciones recíprocas entre Colón y los reyes. El documento
constaba de cinco cláusulas, destacando en ellas lo siguiente: Colón sería nombrado
Virrey de las tierras “descubiertas” y además le correspondería una décima parte
(1/10) de las riquezas obtenidas en la exploración y en consecuencia, el resto sería
para la Corona y además, todas las tierras, mares y océanos pasarían a ser dominios de
los reyes de España17.

Los reyes y algunos banqueros le financiaron a Colón el primer viaje, una expedición de
dos carabelas y una nao; las primeras eran: “La Niña” y la “La Pinta” y la nao era “La
Santa María”, las cuales partieron del Puerto de Palos el 3 de agosto de 1492. El coste
de la expedición fue de 2,000,000 de maravedíes, de los cuales 500,000 fueron
aportados por Colón, 1,140,000 fueron aportados por los reyes y por Santángel y

17
Navarro García, Luis (Coordinador), Historia de Las Américas, Tomo I, Madrid, Alhambra Logman, 1ª
edición, 1991, pp. 331-332.
Francisco de Pinelo, que eran tesoreros de los reyes y el resto fue entregado por
banqueros y mercaderes italianos18.

Dos meses después, el 12 de octubre de 1492, Colón arribó a una isla que creyó ser
parte de Asia a la que los nativos denominaban Guanahaní y que actualmente
pertenece a Las Bahamas. En este primer viaje, los españoles también llegaron a
República Dominicana, que bautizaron como La Hispaniola y a Cuba, que llamaron
Juana. Colón llamó a las personas que encontró en esta isla de Guanahaní como
“Indios” y desde ese momento nació la primera equivocación de este proceso de
colonialismo, pues Colón murió con la idea de que había llegado efectivamente a Asia.
De hecho, desde ese momento, los españoles llamaron a ésta tierra como “Las Indias”
y el calificativo de “América” más bien lo inventaron los Alemanes y otros europeos en
homenaje a Américo Vespucio, un navegante italiano que llegó a América pocos años
después de Colón. El “éxito” de la empresa “descubridora” de Colón se conoció
rápidamente en Europa tras su regreso triunfal a España, siendo recibido por los reyes
en Barcelona en marzo de 1493. Ese mismo año, en septiembre, los reyes financiaron
un segundo viaje, -ahora como una expedición de exploración y conquista de gran
escala- con 17 naves y 1,500 hombres y los nuevos territorios que exploró fueron
Puerto Rico y Jamaica. A la postre, en mayo de 1498, realizó un tercer viaje, en donde
llegó a Trinidad Tobago, y a la costa de Venezuela y el cuarto y último viaje de Colón se
proyectó en mayo de 1502, en el cual llega finalmente a tierra continental
centroamericana; primero arribó a la isla que los indígenas llamaban Bonnaca
(Guanaja) en las Islas de la Bahía de Honduras y luego arribó a la costa continental
hondureña a un sitio que denominaron como Punta Caxinas, en las cercanías de
Trujillo, que con los años se convirtió en la primera capital de Honduras, y a su vez
reconoció la costa atlántica de Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Llegada de Cristóbal Colón a América el 12 de octubre de 1492. (Obra de José Garnelo, Museo Naval
de Madrid)

Es importante resaltar que en esta primera fase de la presencia española y europea en


América, los invasores tenían como opción fundamental explorar y reconocer los
“nuevos territorios”, aunque ya se encaminaron los primeros pasos para conquistar y
colonizar los primeros espacios del Caribe, como La Hispaniola (República Dominicana
y Haití) y La Juana (Cuba) principalmente.
18
Ortiz Chaparro, Francisco, Historias de América: La seducción y el caos, Madrid, Editorial Mondadori,
1ª edición, 1992, pp. 25 a 30.
Además de Colón, en esta primera fase de la invasión europea, otros exploradores
partieron después de él a encontrar nuevas tierras para explotar y anexar a la Corona
española o a la portuguesa. Algunos de los viajes más célebres fueron los de Américo
Vespucio, Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa, que navegaron y exploraron la costa de
Venezuela en 1499; el de Pedro Álvarez del Cabral, que tomó posesión de la costa del
Brasil a nombre de la Corona portuguesa en 1500; el de Juan Ponce de León a La
Florida (Estados Unidos) en 1508; el de Vasco Núñez de Balboa a Panamá para
encontrar el Océano Pacífico en 1513; el de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata
(Argentina y Uruguay) en 1516 y por supuesto las expediciones y conquistas de Hernán
Cortés a México en 1519 y Francisco Pizarro al Perú en 1532.

En resumen, podemos afirmar que la verdadera causa de los “viajes de exploración y


descubrimiento” que realizaron los europeos desde finales del siglo XV fue la
búsqueda de especias y metales preciosos, así como otras materias primas que ellos
querían destinar para el desarrollo del incipiente modo de producción capitalista que
se estaba gestando en esos tiempos en Europa.

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