UNIVERSIDAD PRIVADA DOMINGO SAVIO
INFORME HORA DEL JUEGO DIAGMOSTICO
Materia: Técnicas proyectivas I
Docente: Lic. José Eduardo Hidalgo Rocha
Alumno: Ana Belén Pedraza Caraffa
Shaleth Echegaray Gutierrez
Trinidad – Bolivia
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HORA DEL JUEGO DIAGNÓSTICO
Introducción
La Hora del Juego Diagnóstico es una técnica psicológica proyectiva que utiliza el
juego como medio privilegiado de expresión y comunicación en la infancia. El
juego constituye el lenguaje natural del niño, ya que a través de él expresa
emociones, pensamientos, deseos y conflictos que, en muchos casos, resultan
difíciles de verbalizar. Como señala Winnicott (1971), el juego crea un espacio
transicional en el que se entrelazan la realidad interna y la realidad externa,
permitiendo al niño explorar, representar y elaborar sus vivencias.
El juego es mucho más que un pasatiempo: es una actividad seria, estructuradora
y esencial para el desarrollo psicológico. Axline (1969) subraya que en el juego se
despliegan dinámicas profundas de la personalidad, convirtiéndose en una
herramienta fundamental tanto para la evaluación como para el acompañamiento
terapéutico.
“El juego es la actividad más seria del niño” (Axline, 1969).
Objetivos de la evaluación
El propósito central de esta técnica es acceder al mundo interno del niño para
comprender su organización emocional, cognitiva y social. No se trata solo de
diagnosticar, sino también de establecer un primer espacio de confianza,
autoexpresión y vínculo terapéutico.
Se busca comprender:
Cómo procesa sus experiencias.
Qué conflictos o ansiedades emergen.
Qué recursos posee para afrontar situaciones.
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Entre los principales objetivos se incluyen:
Explorar la dinámica emocional interna: ansiedades, temores, fantasías,
deseos y conflictos inconscientes.
Observar recursos de afrontamiento: cómo el niño resuelve situaciones en
el juego, cómo enfrenta obstáculos o cómo simboliza la agresión y el miedo.
Evaluar la relación con figuras significativas: a través de representaciones
familiares, escolares o sociales.
Detectar bloqueos del desarrollo: dificultades en la simbolización, en la
comunicación o en la interacción con el otro.
Favorecer la autoexpresión espontánea: generando un espacio seguro
donde el niño pueda mostrarse sin presión ni juicios.
Iniciar la alianza terapéutica: al brindar un contexto cálido y respetuoso que
facilite el vínculo con el psicólogo.
Axline (1969) plantea que el objetivo no es solo diagnosticar, sino también generar
un espacio terapéutico inicial de confianza y autoexpresión.
Materiales utilizados
La selección de materiales es clave, ya que cada objeto funciona como un
vehículo simbólico que facilita la proyección de contenidos internos. Landreth
(2012) destaca que la variedad estimula diferentes formas de expresión. Se
incluyen:
Figuras humanas y muñecos articulados → permiten representar la familia, roles
sociales, conflictos interpersonales.
Animales → expresan instintos, miedos, afectos, fuerza y vulnerabilidad.
Objetos del hogar (casas, muebles, utensilios, cocinas de juguete) → reflejan
vínculos, rutinas, dinámicas familiares.
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Vehículos y medios de transporte → expresan desplazamiento, deseo de libertad,
control o velocidad.
Armas de juguete, espadas o superhéroes → canalizan la agresividad, la lucha
contra el peligro o la necesidad de protección.
Material de arte y construcción (plastilina, bloques, papel, crayones, acuarelas) →
facilitan la creatividad, la descarga emocional y la capacidad de simbolización.
Juegos de roles (médico, maestro, policía, etc.) → permiten explorar jerarquías,
autoridad, cuidado y control.
Arena, agua o arcilla → activan la sensorialidad y permiten proyectar tensiones
profundas.
Landreth (2012) resalta que la variedad de juguetes facilita la proyección simbólica
y el acceso a distintos niveles de expresión.
Procedimiento de aplicación
El procedimiento requiere una estructura flexible pero cuidadosamente
planificada:
Preparación del ambiente → un espacio seguro, privado, tranquilo, con una
disposición de juguetes accesible.
Explicación breve al niño → con lenguaje sencillo, se le dice que puede jugar
libremente durante un tiempo.
Juego libre → el niño explora materiales, elige objetos y construye narrativas.
El psicólogo observa sin dirigir.
Registro sistemático → se anotan elecciones, secuencias, emociones,
verbalizaciones, conductas repetitivas y cambios durante el juego.
Participación mínima del terapeuta → interviene solo con preguntas suaves,
devoluciones empáticas o repeticiones de frases.
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Cierre de la sesión → se marca el final de manera clara, explicando que habrá
continuidad.
Análisis posterior → integración de lo observado con entrevistas, antecedentes
y otras técnicas.
Freud (1965) remarcó la importancia de una actitud observadora y empática,
evitando la dirección excesiva que pueda condicionar la espontaneidad del niño.
Edad recomendada
El juego se utiliza en todas las etapas de la infancia, aunque su forma varía según
la edad:
3 a 6 años → predomina el juego simbólico y las fantasías inconscientes, con
fuertes elementos proyectivos.
7 a 10 años → aparecen narrativas más organizadas, estructuras de roles,
conflictos sociales y juegos de reglas.
Más de 10 años → el juego puede mantenerse, pero suele integrarse con
entrevistas verbales y actividades gráficas.
Piaget (1972) señala que el juego simbólico es característico de la primera
infancia, mientras que el juego de reglas cobra relevancia en la niñez media.
Rol del psicólogo
El psicólogo no actúa como juez ni director, sino como un facilitador del proceso
lúdico. Sus funciones principales son:
Brindar seguridad y confianza para que el niño pueda expresarse.
Mantener una actitud empática y no directiva (Rogers y Axline).
Evitar juicios de valor o interpretaciones inmediatas frente al niño.
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Acompañar con intervenciones mínimas, devolviendo palabras, gestos o
silencios.
Observar de manera activa, registrando sin interrumpir.
Generar un clima de aceptación incondicional.
Rogers y Axline establecieron que la actitud no directiva favorece la autoexpresión
libre (Axline, 1969).
Aspectos a observar
La observación clínica incluye distintos niveles:
Selección de juguetes → lo elegido de inmediato, lo rechazado o ignorado.
Forma de jugar → destructiva, caótica, rígida, creativa, organizada.
Narrativa del juego → lineal o fragmentada; si hay héroes, villanos, conflictos y
desenlaces.
Expresiones emocionales → ansiedad, enojo, miedo, alegría, retraimiento,
indiferencia.
Relación con el psicólogo → si busca aprobación, si se mantiene distante, si
establece confianza rápidamente.
Repeticiones → escenas reiteradas, destrucciones compulsivas, juegos
estereotipados.
Uso del espacio y del cuerpo → movimientos bruscos, retraimiento físico,
dispersión.
Corman (1997) subraya que lo repetido y lo evitado son indicadores claves de
conflictos inconscientes.
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Enfoque psicológico
El fundamento principal es el enfoque psicodinámico-proyectivo, que concibe el
juego como una vía de acceso al inconsciente (Winnicott, 1971). Sin embargo, se
nutre también de:
Humanismo → enfatiza la aceptación incondicional, la autenticidad y la confianza
(Axline, 1969).
Constructivismo → reconoce el juego como motor del aprendizaje y de la
construcción del conocimiento (Piaget, 1972).
Sociocultural → destaca la influencia del entorno y la interacción social en el
desarrollo (Vygotsky, 1979).
Cognitivo-conductual → el juego puede ser un espacio de modelado de conductas,
resolución de problemas y aprendizaje de habilidades sociales.
Interpretación de la hora de juego
La interpretación no es literal ni inmediata. Se trata de un proceso de análisis
simbólico que combina lo observado en el juego con entrevistas, antecedentes
familiares, otras técnicas gráficas y pruebas psicométricas.
Aspectos a considerar:
Símbolos y metáforas → qué representan los objetos y escenas.
Emociones manifiestas y latentes → lo que aparece en la expresión y lo que se
infiere en silencios o evitaciones.
Contradicciones → juegos que comienzan alegres y terminan en destrucción, o
viceversa.
Procesos de resolución → si el niño logra elaborar un desenlace o queda en la
repetición del conflicto.
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Winnicott (1971) resalta que el juego es un espacio intermedio entre fantasía y
realidad, donde el niño puede elaborar experiencias difíciles sin quedar atrapado
en ellas.
Ventajas de la técnica
Es natural y no invasiva.
Permite el acceso a información no verbalizada.
Favorece la expresión emocional y simbólica.
Disminuye la resistencia, especialmente en niños retraídos.
Posibilita un primer vínculo terapéutico positivo.
Se adapta a distintas edades y contextos.
Landreth (2012) enfatiza que esta técnica reduce las barreras defensivas,
facilitando una comunicación auténtica.
Limitaciones
Requiere formación clínica especializada para evitar interpretaciones
simplistas.
No debe usarse como único recurso diagnóstico: necesita integrarse con
entrevistas, pruebas y observaciones contextuales.
Puede verse afectada por factores externos como el estado de ánimo del niño,
la fatiga, la relación con el evaluador o el tiempo disponible.
Existe el riesgo de sobreinterpretar lo simbólico sin evidencia clínica
complementaria.
Freud (1965) advertía que las técnicas proyectivas siempre deben integrarse con
otros métodos para obtener una comprensión válida y confiable.
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Estudio de Caso
Datos generales
Nombre ficticio: “Mateo”
Edad: 6 años
Motivo de consulta: la madre refiere que en los últimos meses Mateo presenta
conductas de retraimiento, dificultades para relacionarse con sus compañeros y
episodios de llanto sin causa aparente. Se sospecha la presencia de ansiedad
infantil.
Procedimiento
Se llevó a cabo una sesión de Hora del Juego Diagnóstico en un ambiente
tranquilo, cálido y con juguetes representativos (figuras humanas, animales,
casas, vehículos, bloques de construcción, materiales de arte, muñecos y
elementos de rol).
La consigna dada fue: “Aquí tienes varios juguetes, puedes usarlos como quieras,
este es tu tiempo para jugar”.
La duración de la sesión fue de 50 minutos.
Observaciones durante el juego
1. Selección de juguetes
Mateo eligió en primer lugar una casa de juguete con muñecos que representaban
a una familia.
Evitó desde el inicio los animales grandes y las armas de juguete, aunque las
observó de lejos varias veces.
2. Forma de jugar
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Organizó cuidadosamente la casa: colocó los muñecos en habitaciones
específicas, insistiendo en que “el papá está afuera trabajando”.
Jugó de manera repetitiva a que la mamá preparaba comida y el niño se quedaba
solo.
En la segunda parte de la sesión, construyó una torre con bloques y luego la
derribó varias veces con fuerza.
3. Narrativa del juego
La familia representada se caracterizaba por la ausencia del padre y una madre
muy ocupada.
El niño-muñeco preguntaba constantemente “¿cuándo vuelve papá?” y la
respuesta era: “más tarde, está ocupado”.
En la torre destruida, Mateo verbalizó: “Se cayó todo, siempre se rompe, no sirve
nada”.
4. Expresiones emocionales
Mostró ansiedad y tensión corporal al derribar la torre.
Durante la representación de la familia se mostró serio y con momentos de
tristeza.
Solo al final, dibujando con crayones, logró una expresión más relajada, aunque
insistió en usar colores oscuros.
5. Vínculo con el psicólogo
Al inicio se mostró tímido y evitó contacto ocular prolongado.
Con el transcurso del juego buscó validación con frases como: “¿Está bien si hago
esto?”.
Hacia el final, aceptó la presencia del psicólogo y permitió cierta cercanía.
Interpretación clínica
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La ausencia del padre en la narrativa del juego, junto con la insistencia en su
regreso, refleja un conflicto emocional ligado a la vivencia de carencia o distancia
afectiva de esta figura.
La madre representada como ocupada puede estar vinculada a la percepción de
falta de disponibilidad emocional.
La destrucción repetida de la torre simboliza posibles sentimientos de frustración,
fragilidad y enojo reprimido.
El rechazo a animales y armas indica que evita el contacto directo con la agresión,
pero ésta aparece desplazada en la demolición de la torre.
La búsqueda de aprobación del psicólogo revela necesidad de reconocimiento y
de una figura de sostén externa.
En conjunto, los resultados sugieren la presencia de ansiedad por separación,
sentimientos de inseguridad y dificultades en la elaboración simbólica de la
ausencia parental.
En sí:
La Hora del Juego Diagnóstico con Mateo permitió identificar:
Conflicto central: vivencia de ausencia y carencia afectiva paterna.
Emoción predominante: ansiedad, tristeza y frustración.
Recursos disponibles: capacidad de organización simbólica, creatividad y
apertura progresiva al vínculo terapéutico.
Se recomienda complementar con:
Entrevistas parentales para explorar la dinámica familiar.
Técnicas gráficas (dibujo de la familia, persona bajo la lluvia) para ampliar la
exploración.
Espacios terapéuticos regulares de juego para fortalecer la autoestima, la
confianza y la elaboración emocional.
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Conclusiones
La Hora del Juego Diagnóstico es una técnica esencial en psicología infantil
porque combina el lenguaje natural del niño (el juego) con la observación clínica. A
través de ella, se logra acceder a la subjetividad del infante, comprendiendo sus
emociones, conflictos, ansiedades y recursos de afrontamiento.
Más allá de su valor diagnóstico, constituye también un espacio terapéutico inicial,
donde el niño se siente aceptado y escuchado. El juego se transforma en un
espejo simbólico de la mente infantil, donde la fantasía, la creatividad y la realidad
se entrelazan, revelando lo que muchas veces las palabras no pueden expresar.
En definitiva, esta técnica muestra que el juego no es solo entretenimiento, sino
una herramienta clínica profunda, indispensable para comprender y acompañar a
los niños en su proceso de desarrollo y bienestar emocional.
Bibliografía
Axline, V. M. (1969). Dibs en busca de sí mismo. México: Fondo de Cultura
Económica.
Corman, L. (1997). El test del dibujo de la familia. Buenos Aires: Paidós.
Freud, A. (1965). El psicoanálisis de niños. Buenos Aires: Hormé.
Landreth, G. L. (2012). Play Therapy: The Art of the Relationship (3rd ed.). New
York: Routledge.
Piaget, J. (1972). La formación del símbolo en el niño. Madrid: Morata.
Vygotsky, L. S. (1979). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores.
Barcelona: Crítica.
Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Barcelona: Gedisa.
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