Sentencia Corte IDH: Castillo González vs. Venezuela
Sentencia Corte IDH: Castillo González vs. Venezuela
la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante “la Corte Interamericana”, “la
Corte”, o “el Tribunal”), integrada por los siguientes jueces:
presentes además,
1
Reglamento de la Corte aprobado por el Tribunal en su LXXXV Período Ordinario de Sesiones celebrado del
16 al 28 de noviembre de 2009.
TABLA DE CONTENIDO
I. OBJETO DE LA CONTROVERSIA 3
II. PROCEDIMIENTO ANTE LA CORTE 4
III. COMPETENCIA 6
IV. PRUEBA 6
A. PRUEBA DOCUMENTAL, TESTIMONIAL Y PERICIAL 7
B. ADMISIÓN DE LA PRUEBA DOCUMENTAL 7
C. ADMISIÓN DE LAS DECLARACIONES DE LAS PRESUNTAS VÍCTIMAS Y DE LA PRUEBA TESTIMONIAL Y PERICIAL 8
V. HECHOS 10
[Link] 10
B. ATENTADO EN CONTRA DE JOE LUIS CASTILLO GONZÁLEZ, YELITZE MORENO Y SU HIJO LUIS CÉSAR CASTILLO 13
B.1. ANTECEDENTES 13
B.2. ATAQUE CONTRA JOE LUIS CASTILLO GONZÁLEZ, SU ESPOSA Y SU HIJO 14
B.3. CONSECUENCIAS DEL ATENTADO CONTRA JOE CASTILLO EN SU ENTORNO FAMILIAR Y LABORAL 14
C. INVESTIGACIÓN DE LOS HECHOS 14
VI. FONDO 24
VI.1. DERECHOS A LA VIDA, A LA INTEGRIDAD PERSONAL Y DEL NIÑO, EN RELACIÓN
CON LAS OBLIGACIONES DE RESPETAR Y GARANTIZAR LOS DERECHOS 25
A. ALEGADA ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDAD ESTATAL POR AQUIESCENCIA, TOLERANCIA O PARTICIPACIÓN DE
AGENTES ESTATALES 28
B. ALEGADA ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDAD ESTATAL CON BASE AL DEBER DE PREVENCIÓN 30
VI. 2. DERECHOS A LAS GARANTÍAS JUDICIALES Y A LA PROTECCIÓN JUDICIAL EN
RELACIÓN CON LAS OBLIGACIONES DE RESPETAR Y GARANTIZAR LOS DERECHOS 36
VI. 3. DERECHOS A LA INTEGRIDAD PERSONAL, A LA PROTECCIÓN DE LA HONRA Y
DE LA DIGNIDAD, LIBERTAD DE PENSAMIENTO YDE EXPRESIÓN Y LIBERTAD DE
ASOCIACIÓN,EN RELACIÓN CON LA OBLIGACIÓN DE RESPETAR LOS DERECHOS 46
A. DERECHO A LA INTEGRIDAD PERSONAL (ARTÍCULO 5.1) 46
B. DERECHO A LA PROTECCIÓN DE LA HONRA Y LA DIGNIDAD (ARTÍCULO11.2) 46
C. LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y DE EXPRESIÓN Y LIBERTAD DE ASOCIACIÓN (ARTÍCULOS 13 Y 16.1) 47
VII. PUNTOS RESOLUTIVOS 49
3
I
OBJETO DE LA CONTROVERSIA
del Niño (artículos 5.1 y 19), en perjuicio del niño Luis Castillo, y la Libertad de Asociación
(artículo 16), en perjuicio de Joe Luis Castillo. Finalmente, la Comisión solicitó a la Corte
que ordene al Estado determinadas medidas de reparación.
II
PROCEDIMIENTO ANTE LA CORTE
2
Artículos 25 y 40 del Reglamento de la Corte.
3
Artículos 51 y 61 de la Convención.
4
Cfr. Caso Castillo González y otros Vs. Venezuela. Resolución del Presidente de la Corte en Funciones,
Juez Alberto Pérez Pérez, de 25 de noviembre de 2011.
5
11. El 31 de enero de 2012 el Presidente dictó una Resolución, mediante la cual convocó
a una audiencia pública para escuchar las declaraciones de una presunta víctima y un
perito, ofrecidas por los representantes, y de un testigo y un perito ofrecidas por el Estado,
así como los alegatos orales de las partes y las observaciones de la Comisión; ordenó recibir
las declaraciones de tres presuntas víctimas, tres testigos y cinco peritos rendidas ante
fedatario público (affidávit); realizó determinaciones respecto del Fondo de Asistencia Legal
y fijó un plazo para la presentación de los alegatos finales escritos y observaciones finales
escritas5. El 27 de febrero de 2012 los representantes presentaron las declaraciones
mediante affidávit ordenadas sin autenticación o notarización.
12. El 2 de marzo de 2012 se llevó a cabo la audiencia pública, durante el 94º Período
Ordinario de Sesiones de la Corte6.
13. El 3 de abril de 2012 la Comisión presentó sus observaciones finales escritas, los
representantes remitieron sus alegatos finales escritos, junto con anexos, y el Estado hizo
llegar al Tribunal sus alegatos finales escritos. El 10 de abril de 2012 la Corte recibió
documentos anexos a los alegatos finales escritos de Venezuela.
5
Cfr. Caso Castillo González y otros Vs. Venezuela. Resolución del Presidente de la Corte de 31 de enero
de 2012. Disponible en: [Link]
6
A esta audiencia comparecieron: a) por la Comisión Interamericana: Silvia Serrano Guzmán y Tatiana
Gos, Asesoras; b) por los representantes: Viviana Krsticevic, Anette Martínez de CEJIL, y Carlos Ayala Corao, José
Gregorio Guarenas, y Alfredo Vázquez Loureda por la Vicaría y, c) por el Estado: Germán Saltrón Negrettri, Agente,
Alejandro Méndez Mijares, experto en materia procesal penal y Fiscal Septuagésimo Sexto Nacional del Ministerio
Público, y María Alejandra Díaz, abogada.
7
Artículo 5 del Reglamento de la Corte sobre el Funcionamiento del Fondo de Asistencia Legal de Víctimas.
6
III
COMPETENCIA
IV
PRUEBA
21. En cuanto a las notas de prensa presentadas por las partes y la Comisión junto con
sus distintos escritos, la Corte ha considerado que podrán ser apreciadas cuando recojan
hechos públicos y notorios o declaraciones de funcionarios del Estado o cuando corroboren
8
Artículos 46, 47, 48, 50, 51, 57 y 58 del Reglamento.
9
Cfr. Caso de la “Panel Blanca” (Paniagua Morales y otros) Vs. Guatemala. Reparaciones y Costas.
Sentencia de 25 de mayo de 2001. Serie C No. 76, párr. 51, y Caso Uzcátegui y otros Vs. Venezuela. Fondo y
Reparaciones. Sentencia de 3 de septiembre de 2012. Serie C No. 249, párr. 23.
7
23. La Corte observa que los representantes y el Estado remitieron diversos documentos
junto con sus alegatos finales escritos. El Estado presentó junto con la contestación copia de
una parte del expediente de la investigación fiscal No. 24-F20-817-2003 tramitado ante la
Fiscalía 20ª, y al momento de presentar sus alegatos finales completó dicho expediente. Los
representantes también remitieron documentos junto con sus alegatos finales escritos. Las
partes y la Comisión contaron con la posibilidad de presentar observaciones. La Comisión no
las presentó.
24. Al respecto, cabe señalar que entre los documentos remitidos junto con los alegatos
finales, consta un oficio de fecha 2 de junio 2008, signado por Antonio Uribarrí, entonces
Defensor del Pueblo Delegado del estado Zulia, dirigido la Fiscalía 20ª, así como dos oficios
de los días 27 de julio de 2010 y 19 de mayo de 2011 de la Fiscalía 20ª (infra párr. 96),
sobre los cuales las partes y la Comisión, a pesar de contar con la oportunidad para
pronunciarse sobre ellos, no lo hicieron.
25. Si bien de acuerdo con el Reglamento sólo pueden admitirse aquellos documentos
presentados con los alegatos finales y dentro de causales excepcionales previstas 11, en el
presente caso había un pedido expreso de los representantes en el escrito de solicitudes y
argumentos, el cual fue reiterado por ellos en varias oportunidades, de que el Estado
remitiera copia completa de los expedientes sobre los procesos tramitados a nivel interno
relativos a los hechos del presente caso. En la reunión previa a la audiencia pública12 el
Estado indicó que los allegaría a esta causa. En consideración de lo anterior y dada la
mencionada solicitud de los representantes respecto a esos documentos, la Corte admite la
documentación anexada al escrito de alegatos finales del Estado, en la medida que
10
Cfr. Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras. Fondo. Sentencia de 29 de julio de 1988. Serie C No. 4, párr.
146, y Caso Vélez Restrepo y Familiares Vs. Colombia. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 3 de septiembre de 2012. Serie C No. 248, párr. 62.
11
Artículo 57 del Reglamento.
12
Es una práctica constante del Tribunal convocar a la Comisión y a las partes a una reunión previa a la
audiencia pública, a fin de abordar y aclarar aspectos procesales sobre el desarrollo de dicha audiencia.
8
27. Al respecto, esta Corte advierte que las referidas actas de 10 y 15 de septiembre de
2003 ya han sido remitidas por el Estado, la primera junto con los anexos a la contestación,
y la segunda con las copias del expediente No. C-585 (supra párrs. 8 y 18). En
consecuencia, las actas referidas forman parte del acervo probatorio del presente caso.
28. Por otra parte, en consideración de que los representantes remitieron con sus
alegatos finales escritos, comprobantes de gastos de litigio relacionados con este caso, los
mismos se tendrán en cuenta sólo en lo pertinente.
29. Asimismo, en cuanto a las declaraciones rendidas por las presuntas víctimas, los
testigos, así como los dictámenes periciales presentados por affidávit, los representantes
presentaron, el 27 de febrero de 2012, las declaraciones ordenadas (supra párr. 11), e
indicaron que “ha[bía] sido imposible lograr que las declaraciones pudieran ser
juramentadas ante notario público, debido a que las autoridades del Estado venezolano se
han negado a dar curso a los documentos de prueba escrita”13.
13
Según los representantes el “17 de febrero de 2010” se presentaron ante la Notaría Pública del Municipio
Paz Castillo, estado Miranda, los testimonios de Yelitze Moreno Cova, Julijay Castillo González, Jaime Josué Castillo
González y Yolanda González”, y “todos ellos fueron pura y simplemente rechazados y devueltos”. Igualmente,
fueron rechazados los affidávits de los peritos Claudia Ernestina Carrillo, Pedro Berrizbeitia, Lisandro Raúl Cubas y
Alfredo Infante, así como el testimonio de Luz Marina Márquez Frontado, al ser presentados ante la Notaría
Trigésima Séptima del Municipio Libertador el “27 de febrero de 2010” y ante la Notaría Cuadragésima Tercera el
24 de enero de 2012. En consecuencia, presentaron a la Corte las declaraciones debidamente firmadas de Yolanda
Margarita González, Jaime Josué Castillo González, Julijay Castillo González, Luz Marina Márquez Frontado,
Lisandro Raúl Cubas, Pedro Berrizbeitia, Alfredo Infante y Claudia Ernestina Carrillo, así como las declaraciones
autenticadas ante Notario Público de Claudia Samayoa y Ricardo Soberón.
9
31. En respuesta a dicha comunicación, ese mismo día la Secretaría informó al Estado
que durante la mañana del 29 de febrero de 2012 le había remitido vía correo electrónico
las referidas declaraciones. La Corte considera que dichas declaraciones fueron presentadas
dentro del plazo señalado que, no obstante no haber sido legalizadas por un notario público,
ello se debió a la referida actitud de las autoridades del Estado (supra párrs. 11 y 29) y que,
consecuentemente y de acuerdo con lo previsto en el Reglamento 14, dicho proceder, al no
haber facilitado la práctica de la prueba requerida por la Corte15, resulta indebido. En
consecuencia, la Corte admite las declaraciones rendidas mediante affidávit de tres
presuntas víctimas, dos testigos y cinco peritos remitidas por los representantes el 27 de
febrero de 2012. Además, admite como prueba las declaraciones y dictamen rendidos por
una presunta víctima, un testigo y un perito en la audiencia pública (supra párrs. 11 y 12).
32. En lo que se refiere al peritaje de Michael Reed Hurtado, el Estado manifestó que el
perito “no posee conocimientos suficientes sobre la [f]rontera [c]olombo-[v]enezolana[,]
define su peritaje únicamente a teoría[,…] sin ningún tipo de estudio de campo propio de las
ciencias sociales”, y que la presentación del perito demostró que nunca tuvo el expediente
judicial completo, “quedando de manifiesto su parcialidad [al] generar su informe”. Por lo
que solicitó que se desestime el informe y no sean apreciadas sus conclusiones, ya que “es
evidente [su] falta de conocimiento e impericia”.
33. La Corte nota que las observaciones del Estado se refieren al conocimiento del
perito en la materia sobre la que está rindiendo el dictamen, así como a su contenido y a los
elementos que tuvo para realizarlo. Igualmente, recuerda que, a diferencia de los testigos,
los peritos proporcionan opiniones técnicas o personales en cuanto se relacionen con su
especial saber o experiencia. Además, recuerda que los peritos se pueden referir tanto a
puntos específicos de la litis como a cualquier otro punto relevante del litigio, siempre y
cuando se circunscriban al objeto para el cual fueron convocados y sus conclusiones estén
suficientemente fundadas16. En ese sentido, la Corte constata que las observaciones
estatales no impugnan la admisibilidad de la pericia, sino que apuntan a cuestionar el valor
probatorio del dictamen. Asimismo, tiene en cuenta, en cuanto al alegado resultado sesgado
y parcializado del peritaje, que el perito expresó que “revis[ó] las piezas procesales que
estaban adjuntas al expediente que fue presentado a la Comisión y a la Corte
Interamericana, […] son las copias que t[iene], no t[iene] más, fue lo que se [le] solicit[ó]
revisar […], que fue adjuntado a este proceso”. De este modo, se desprende que realizó el
dictamen con base en la información que conocía. Por lo expuesto, la Corte admite el
peritaje y considerará su contenido en lo referente a las situaciones concretas de las
investigaciones que eran de su conocimiento y estaban circunscritas al ámbito de su
experticia, siendo además que se ajustó al objeto por el cual fue solicitado (supra párr. 11).
14
Artículo 26 del Reglamento de la Corte.
15
Cfr. Caso Apitz Barbera y otros (“Corte Primera de lo Contencioso Administrativo”) Vs. Venezuela.
Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 5 de agosto de 2008. Serie C No. 182, párr. 14,
y Caso Uzcátegui y otros Vs. Venezuela, supra, párr. 30.
16
Cfr. Caso Reverón Trujillo Vs. Venezuela. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia
de 30 de junio de 2009. Serie C No. 197, párr. 42, y Caso Vélez Restrepo y Familiares Vs. Colombia, supra, párr.
74.
10
V
HECHOS
A. Contexto
34. Tanto la Comisión como los representantes hicieron alusión a la situación de la zona
fronteriza colombo-venezolana; a los movimientos de reivindicación de las tierras y el
proceso de reforma agraria en Venezuela, y a la situación de los defensores de derechos
humanos en ese país, como elementos del contexto del presente caso. La Corte a
continuación se referirá, en tanto hechos no controvertidos o comprobados en autos, a los
dos primeros elementos mencionados, y en el capítulo VI se referirá a la situación de los
defensores.
17
Cfr. Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (en adelante “CODHES”), Al filo de la
frontera: El impacto del conflicto armado colombiano en los estados fronterizos de Venezuela, Bogotá, 2006
(Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo I, Anexo 4, folios 1032 a 1071); Consejería en
Proyectos, Informe: Protección y asistencia a los refugiados en Venezuela (Expediente de anexos al escrito de
solicitudes y argumentos, Tomo I, Anexo 6, folios 1115 a 1156); Red de apoyo por la Justicia y la Paz de
Venezuela, Programa venezolano de educación "Acción en derechos humanos” de Venezuela (en adelante
“PROVEA”) y la Asociación para la Promoción Social Alternativa "Minga" de Colombia, Informe Global: el derecho a
buscar y recibir refugio en la zona fronteriza colombo-venezolana, julio 1999 (Expediente de anexos al escrito de
solicitudes y argumentos, Tomo I, Anexo 12, folios 1369 a1392); PROVEA, Derechos de asilo y refugio, octubre
2002-septiembre 2003 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 65, folios
2043 a 2056), y Colombia, Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Radicación
número: AG-250002326000200100213-01, 26 de enero de 2006 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y
argumentos, Tomo I, Anexo 28, folios 1553 a 1621).
18
La Comisión se remitió a lo señalado por PROVEA: desde 1999 en cuatro años la cifra de personas que se
movilizaron desde Colombia hacia países limítrofes como Ecuador, Panamá y Venezuela se duplicó, pasando de
11.700 en 1999 a 21.800 en 2002. Cfr. CODHES. Monitoreo 2002. Área de Fronteras. Colombia, 02, en PROVEA,
Informe anual octubre 2002- septiembre 2003. Disponible
[Link] (Expediente de anexos
al Informe de Fondo, Anexo 5, folios 57 a 69). Además, hizo alusión a lo indicado por los representantes, que
señalaron que la Defensoría del Pueblo de Colombia indicó que para el año 2003, 3.669 colombianos se refugiaron
en Venezuela (cfr. escrito de fondo de los peticionarios recibido en la Comisión el 13 de julio de 2007, que alude al
Informe al Congreso de la República correspondiente al año 2003 de la Defensoría del Pueblo de Colombia.
Expediente de anexos al Informe de Fondo, Anexo 22, folios 526 a 583). Por su parte, los representantes
expresaron que entre los años 1999 y 2003 se incrementó el número de colombianos solicitantes de refugio en la
zona fronteriza, para lo cual tomaron en cuenta lo señalado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (en adelante “ACNUR”). Cfr. ACNUR, El perfil de la población colombiana con necesidad de
protección internacional: El caso de Venezuela, 2008 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos,
Tomo I, Anexo 11, folios 1320 a 1368).
19
Cfr. ACNUR, El perfil de la población colombiana con necesidad de protección internacional: El caso de
Venezuela, supra; CODHES, Al filo de la frontera: El impacto del conflicto armado colombiano en los estados
fronterizos de Venezuela, supra; Red de apoyo por la Justicia y la Paz de Venezuela, PROVEA y la Asociación para
la Promoción Social Alternativa "Minga" de Colombia, Informe Global: el derecho a buscar y recibir refugio en la
zona fronteriza colombo-venezolana, supra; y Consejería en Proyectos, Informe: Protección y asistencia a los
refugiados en Venezuela, supra.
11
20
La presencia de grupos armados irregulares en el lado de la frontera de Venezuela ha sido documentada
por diversas fuentes. En ese sentido, en abril de 2003, el ACNUR reportó la existencia de “incursiones a Venezuela
por parte de grupos armados colombianos y enfrentamientos en la frontera entre los dos países [que] causaron el
desplazamiento de cientos de personas”. Cfr. ACNUR, Incursiones a territorio venezolano desde Colombia
(Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 64, folios 2041 y 2042); CODHES,
Al filo de la frontera: El impacto del conflicto armado colombiano en los estados fronterizos de Venezuela, supra;
International Crisis Group, Las Fronteras de Colombia: El Eslabón Débil de la Política de Seguridad de Uribe,
Informe sobre América Latina No. 9, Quito/Bruselas, 23 de septiembre de 2004 (Expediente de anexos al escrito de
solicitudes y argumentos, Tomo I, Anexo 5, folios 1073 a1114) y Nota de prensa aparecida en El Nuevo Herald,
Bogotá, firmada por G. Gillén, titulada “Colombia: historia secreta de una masacre” (Expediente de anexos al
escrito de solicitudes y argumentos, Tomo I, Anexo 25, folios 1537 a 1544).
21
El perito propuesto por el Estado, Antonio Urribarrí, señaló que “[e]l paramilitarismo y la guerrilla
colombiana, han pugnado por tener el control de la frontera y en el caso venezolano afecta cuatro estados de la
[R]epública[,] Zulia, Apure, Táchira y Amazonas” y que “esto ha traído como consecuencia secuestros, sicariatos,
extorsión, que allá se denominan vacunas, robo y hurto de vehículos, contrabando de extracción de alimentos y de
gasolina hacia Colombia” (Declaración de Antonio Urribarrí rendida ante la Corte en la audiencia pública).
22
Las medidas cautelares fueron otorgadas por la Comisión el 12 de marzo de 2001, Cfr. CIDH, Medidas
Cautelares Refugiados colombianos en Venezuela, Manuel de Jesús Pinilla Camacho y otros (Expediente de anexos
al Informe de Fondo, Anexo 2, folios 25 a 41) y, de acuerdo a lo señalado por los representantes, un año y medio
después de otorgadas, el señor Agustín Rodríguez murió el 11 de agosto de 2002 (Expediente de Fondo, escrito de
solicitudes y argumentos, folio 128), y el 4 de noviembre de 2002 fueron asesinados Manuel de Jesús Pinilla, y su
hijo Nelson, quienes también se encontraban protegidos por las referidas medidas cautelares. Según los
representantes, el señor Pinilla y su hijo fueron encontrados con signos de tortura y múltiples impactos de bala.
Además, los representantes hicieron alusión a la muerte de Luis Ernesto Castro, quién habría trabajado temas de
refugio en la frontera, cfr. información sobre las Medidas Cautelares a favor de Jesús Pinilla Camacho y otros, 22
de noviembre de 2002 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 70, folios
2076 a 2082), y PROVEA, Derechos humanos y coyuntura, Boletín No. 104, del 26 de octubre al 8 de noviembre de
2002 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo III, Anexo 96, folios 2888 a 2902).
Además, la Corte nota que en el curso de diversas “entrevistas” realizadas en el marco de la investigación del
atentado sufrido por Joe Luis Castillo y sus familiares hubo señalamientos relativos a las medidas cautelares
referidas.
23
Cfr. Oficio AGEV/000574, de fecha 13 de diciembre de 2011, emitido por Henry de Jesús Rangel Silva,
General en Jefe, Comandante Estratégico Operacional (Anexos al escrito de alegatos finales del Estado, folio 3485).
24
Según el Estado los Teatros de Operaciones “son zonas militares, con personal adiestrado para realizar
operaciones especiales, y actúan coordinadamente con los organismos de inteligencia del Estado, el Ministerio
Público y los cuerpos policiales”, cfr. Observaciones presentadas por el Estado a la Comisión, mediante
comunicación de fecha 21 de enero de 2008 – Expediente de anexos al Informe de Fondo, Anexo 6, folios 70 a 84).
El Oficio AGEV/000574 de fecha 13 de diciembre de 2011, supra, refiere el establecimiento de “teatros de
operaciones”.
25
En el escrito de contestación el Estado indicó el establecimiento de un centenar de bases, lo cual no fue
controvertido (Expediente de fondo, escrito de contestación, folio 305). Por su parte, en su escrito de solicitudes y
argumentos, los representantes señalaron que la militarización de la zona ocurrió entre 1994 y 1999, a partir del
decreto de una suspensión de garantías en la zona fronteriza. Cfr. Red de apoyo por la Justicia y la Paz de
Venezuela, PROVEA y la Asociación para la Promoción Social Alternativa "Minga" de Colombia, Informe Global: el
derecho a buscar y recibir refugio en la zona fronteriza colombo-venezolana, supra.
12
37. Por otra parte, a partir de la emisión de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario de
2001 tuvo lugar la reforma agraria en Venezuela, la cual agudizó las tensiones entre
propietarios y campesinos26 y se produjeron numerosos atentados contra los líderes
campesinos27, utilizándose en ellos, entre otros, la modalidad de sicariato o asesinato a
sueldo. En un artículo de prensa del año 2011 se señala, inter alia, que “[d]esde que se
aprobó la Ley de Tierras, en el año 2001, ha habido más de 200 asesinatos de líderes
campesinos en todo el país y precisamente en la zona del Sur del Lago han sido asesinados
[aproximadamente] 60 campesinos, como consecuencia de la resistencia y lucha contra los
latifundistas que usan la fuerza”28. Concretamente en la zona fronteriza, entre 2001 y 2002,
habían sido asesinados al menos cinco líderes campesinos 29.
26
El perito Antonio Urribarrí manifestó que “se ha dado el caso de asesinatos de campesinos[,]
especialmente por el problema de las tierras”. En relación con ello indicó que como “producto de [la] nueva ley
agraria en Venezuela ha habido conflictos entre el sector ganadero y el sector campesino” (Declaración Antonio
Urribarrí, supra). De acuerdo con un comunicado de PROVEA, a partir de 2002, “caus[ó] extrema preocupación la
aparición organizada del sicariato con el consecuente aumento de los asesinatos de dirigentes campesinos […]”.
Cfr. PROVEA, Derecho a la Tierra, 27 de septiembre de 2002 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y
argumentos, Tomo II, Anexo 80, folio 2163).
27
El propio Estado señaló que, dentro de este marco, “[a]lgunos terratenientes venezolanos comenzaron a
contratar paramilitares colombianos como sicarios para asesinar a líderes campesinos que estaban haciendo
cumplir la Ley de Tierra[s]”. Cfr. Observaciones presentadas por el Estado a la Comisión, mediante comunicación
de fecha 21 de enero de 2008, supra. En el mismo sentido, Cfr. Declaración de Antonio Urribarrí, supra. Además,
cabe señalar que PROVEA señaló que “[e]n varios estados del país se produjeron asesinatos de dirigentes
campesinos. La modalidad de sicariato fue la más usada para actuar contra los dirigentes. Según una investigación
adelantada por la Coordinadora Agraria Nacional, desde enero hasta septiembre de 2003, 20 dirigentes campesinos
e indígenas fueron asesinados”. PROVEA, Derecho a la tierra, octubre 2002-septiembre 2003 (Expediente de
anexos al Informe de Fondo, Anexo 8, folios 87 a 102). Asimismo, los representantes se remitieron a una nota de
prensa que señaló que para el 2011 “256 dirigentes campesinos ha[bían] perdido la vida en los últimos ocho años
producto del sicariato”, siendo que hasta mayo de 2011 “sólo una persona ha sido imputada por la autoría material
o intelectual de estos crímenes”, y que “[s]ólo en el Sur del Lago de Maracaibo, en el estado Zulia, han ocurrido 50
de estos asesinatos de dirigentes campesinos. Los movimientos sociales denunciaron en varias ocasiones la
relación entre el sicariato y varios latifundistas”, Cfr. Nota de prensa aparecida en Ciudad CCS el 26 de mayo de
2011, titulada “Están impunes asesinatos de campesinos” (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y
argumentos, Tomo II, Anexo 88, folios 2343 a 2347). En el Informe sobre la Situación de los Defensores y
Defensoras de Derechos Humanos en Venezuela de 2007 de la Vicaría de Derechos Humanos de Caracas, en el
apartado sobre “Situación de defensores del derecho a la tierra”, se señala que “[l]a violencia en el campo, no solo
afecta a los dirigentes campesinos defensores del derecho a la tierra, sino también a simples campesinos o
productores agrarios que hacen vida en el campo y se encuentran inmerso[s] en el proceso de reforma agraria”.
Señala que además de los dieciséis defensores del derecho de la tierra afectados por la violación de sus derechos
humanos, en el lapso que cubre el informe (de 1997 a 2007) fueron asesinados treinta y tres campesinos, uno
desapareció y dieciséis resultaron heridos en diversas circunstancias (Expediente de anexos al escrito de solicitudes
y argumentos, Tomo III, Anexo 90, folios 2351 a2515).
28
Cfr. Nota de prensa publicada por el Banco Agrícola de Venezuela C.A., Banco Universal, el 14 de marzo
de 2011 titulada “Chávez: Llegó la Revolución al Sur del Lago para liberar la tierra” (Expediente de anexos al
escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 87, folio 2342).
29
El homicidio el 10 de enero de 2002 “del dirigente merideño Luis Mora, muerto [por disparos de armas de
fuego] en la zona fronteriza de los estados Mérida y Zulia”; la muerte de Pedro José Doria Castillo, médico y
dirigente agrario, quien fue asesinado “por un grupo de pistoleros con el rostro cubierto con pasamontañas”, y el
homicidio de Armando García, dirigente campesino, que se produjo el 19 de septiembre del 2002, en la localidad
de Encontrados, estado Zulia. De acuerdo con PROVEA, en ese mismo atentado murió el señor Carlos Parra, “pues
estaba en la línea de fuego de los sicarios que mataron al dirigente Armando García”. Cfr. PROVEA, Asesinatos en
el sur del Lago, 27 de septiembre de 2002 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II,
Anexo 82, folios 2172 a 2174) y PROVEA, Violencia en el Sur de Maracaibo: Sicariato Contra Activistas en Zulia
(Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 81, folios 2168 a 2171). Según los
representantes esta situación de atentados en contra personas dedicadas a la defensa y reivindicación de la tierra,
se percibió primeramente en el estado Zulia, en donde se empezó a aplicar de la Ley de Tierra y Desarrollo Agrario.
Cfr. Vicaría de Derechos Humanos de Caracas, Informe sobre la Situación de los Defensores y Defensoras de
Derechos Humanos en Venezuela, supra. El homicidio de Pedro Doria y su hijo, producto del conflicto de tierras,
fue referenciada también por el perito Antonio Uribarrí, Cfr. Declaración de Antonio Urribarrí, supra. Por otro lado,
PROVEA señaló que los hechos de violencia en ese período tenían un importante precedente en el homicidio de
13
B.1. Antecedentes
38. El abogado Joe Luis Castillo González, y su esposa Yelitze Moreno, licenciada en
educación, junto con su hijo Luis César Castillo Moreno residían en la ciudad de Machiques,
estado Zulia, a partir de 1999. El señor Castillo se desempeñó como Coordinador General de
la Oficina de Acción Social y Derechos Humanos del Vicariato Apostólico de Machiques (en
adelante “Oficina del Vicariato” o “Vicariato” u “OASVAM”), en donde por razón de su
trabajo, laboraba en la zona fronteriza de Venezuela con Colombia, en asuntos relacionados
con pueblos indígenas y personas refugiadas30, que involucraban la orientación legal a
víctimas del conflicto colombiano, así como apoyo legal a los campesinos vinculados con los
procesos de recuperación de tierras. Por su parte, Yelitze Moreno fue Coordinadora del
Departamento de Investigación, Comunicación y Promoción de Derechos Humanos de
OASVAM.
39. En el año 2001 el señor Castillo intervino en una solicitud de medidas cautelares
interpuesta ante la Comisión Interamericana, con el fin de que se brindara protección a 52
personas refugiadas.
40. Posteriormente, como parte de sus labores, el 23 de febrero de 2001 Joe Luis
Castillo, en representación de OASVAM, junto con PROVEA, realizó una misión de
verificación en la zona del Río de Oro, Municipio Jesús María Semprún, estado Zulia, a fin de
“verificar la presencia de grupos de campesinos colombianos en la ribera venezolana de Río
de Oro para esta misma fecha, y asimismo dejar constancia […] de su […] situación
geográfica, social, económica y sanitaria”31.
Wilmer Avendaño, dirigente de la mayoría de los comités de tierras del sur del lago, en Caño Caimán, el 2 de
febrero de 2001. Igualmente, se había reportado la muerte de Licinio Lago, miembro del Movimiento Quinta
República (MVR) y dirigente campesino del sector Caño Caimán, ocurrida el 30 de octubre de 2001. Cfr. PROVEA,
Informe Anual 2002 (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 71, folio 2093).
30
Cfr. El Estado, en su escrito de contestación, afirmó el hecho referido como cierto, señalando que “hace
valer los hechos narrados por las supuestas víctimas[, indicados] en el Informe No. 22/07 [de la Comisión
Interamericana], Petición 259/06, Admisibilidad del caso Joe Luis Castillo González y otros de […] 9 de marzo de
2007, párrafo [12]”. En dicho párrafo 12 se lee: “los peticionarios informa[ron] que una de las labores principales
que desempeñaba Joe Castillo era la de asistir a las personas refugiadas y/o solicitantes de asilo en la zona
fronteriza entre Venezuela y Colombia” (Expediente de Fondo, escrito de contestación, folio 304). La referencia a
las labores indicadas que desempeñó el señor Castillo también se indicó en una entrevista producida en el marco
de la investigación del ataque sufrido por él y sus familiares.
31
PROVEA, Informe sobre la Misión de verificación realizada en fecha viernes 23 de febrero de 2001 en la
zona de Río de Oro, Municipio Jesús María Semprún (Expediente de anexos al escrito de solicitudes y argumentos,
Tomo II, Anexo 63, folios 2036 a 2040).
14
42. El 27 de agosto de 2003, cerca de las 19:30 hs., el señor Castillo, su esposa y su
hijo, en ese momento, de 32 años de edad, 30 años de edad y un año y medio de edad,
respectivamente, se dirigían, en un vehículo conducido por el primero, hacia su residencia.
La misma estaba situada en la Urbanización Tinaquillo II, en el Municipio de Machiques de
Perijá, en el estado Zulia. Estando en la calle “L”, dos hombres desconocidos que se
movilizaban en una motocicleta, luego de observar a los ocupantes del vehículo que
conducía el señor Castillo, detuvieron la motocicleta y comenzaron a disparar contra ellos. El
señor Castillo perdió el control de dicho vehículo, que colisionó contra la acera. El automóvil
presentó orificios en el parabrisas y otras partes, y el señor Castillo sufrió “varias heridas
producidas por armas de fuego”. La señora Moreno y Luis Castillo también sufrieron heridas
por impactos de balas.
43. El señor Joe Castillo fue trasladado al Hospital Rural Dos de Machiques, en donde
ingresó sin signos vitales. La señora Moreno y Luis Castillo fueron llevados primero al mismo
hospital, y luego al Hospital Clínico de la Ciudad de Maracaibo para ser intervenidos
quirúrgicamente. Ambos sufrieron, por los disparos, heridas en sus brazos izquierdos. La
señora Moreno permaneció internada cerca de una semana.
45. Por otra parte, tras la muerte de Joe Luis Castillo, el 1 de septiembre de 2003 se
recibieron amenazas en la Oficina del Vicariato (infra párr. 53), por lo que cerró durante dos
meses. Después de ello, la oficina reorientó su trabajo hacia actividades dedicadas al
fortalecimiento del trabajo comunitario, excluyendo la atención a refugiados y casos de
violaciones de derechos humanos.
46. El mismo día del atentado (supra párr. 42), en horas de la noche, un funcionario
policial dio noticia a la Fiscalía 20ª de los hechos. Dicha Fiscalía fue informada que
“unidades policiales estaban en el sitio del suceso custodiándolo” y que funcionarios del
Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (en adelante “CICPC”) “se
habían trasladado al sitio a efectuar las primeras diligencias de investigación”. Además, el
CICPC informó que había iniciado de oficio la causa penal No. G-410-113, por “uno de los
[d]elitos [c]ontra las [p]ersonas, ([h]omicidio)”, en perjuicio del señor Joe Castillo, la
señora Moreno y Luis Castillo.
32
Los datos específicos de la fuente de las diligencias realizadas en la investigación que constan en el
expediente de anexos a la contestación del Estado que reposa en el Tribunal no se mencionan.
15
47. En la misma fecha funcionarios del CICPC practicaron las primeras diligencias de
investigación: fueron “al lugar de los hechos donde [se] procedi[ó] a recolectar evidencia y
a trasladar testigos presenciales a fin de [que rindieran] declaración”; se realizaron dos
inspecciones oculares referentes al reconocimiento del lugar de los hechos y del vehículo en
que se trasladaba el señor Castillo y sus familiares, en una de las cuales se encontró “ocho
conchas [(en adelante “casquillos”)] percutidas calibre 9 mm”, otra inspección del mismo
tipo sobre el cadáver del señor Castillo, el levantamiento del mismo y la recepción de la
“entrevista” de una persona.
48. El 28 de agosto de 2003 se realizaron las siguiente diligencias: a) reconocimiento
médico y necropsia de ley al cadáver; b) “experticias correspondientes al vehículo [del
señor Castillo] para colectar todas las evidencias de interés criminalístico”; c) planimetría y
trayectoria balística en el lugar donde se produjo el atentado; d) elaboración del acta de
defunción del señor Castillo, y e) recepción de “entrevistas” de dos personas. Una, se
presentó en forma espontánea, declaró sobre problemas que habría tenido el señor Castillo
con un albañil, a partir de un negocio en común. La otra indicó que había prestado servicios
como albañil al señor Castillo, que tenía un negocio de venta de víveres con él y que un día
lunes del mes de agosto de 2003, luego de una discusión, el señor Castillo se llevó
mercancía de dicho negocio. También el 28 de agosto de 2003 el CICPC dispuso que se
realizaran ciertas diligencias en relación con el automóvil que había utilizado Joe Castillo,
entre ellas la pericia hematológica respecto de la cual ese día o el siguiente se emitió un
oficio dejando constancia de la realización de la pericia hematológica sobre el vehículo.
49. El mismo 28 de agosto de 2003, a las 18:30 hs., la Fiscalía 20ª, en atención a “las
actuaciones que conforma[ban] la causa penal No. G-410[-]113” que le fueron “remitidas”,
abrió el expediente No. 24-F20-817-2003, dictando orden de inicio de investigación. La
misma, a efectos de indagar sobre los delitos de “homicidio intencional calificado”, en
perjuicio del señor Castillo, y del mismo delito en “grado de frustración”, en perjuicio de la
señora Moreno y de Luis Castillo, señalando que en ese momento “aún no se ha[bía]
identificado persona alguna en condición de imputad[a]”. En el mismo acto, la Fiscalía 20ª
comision[ó] al órgano de investigaciones penales que tuvo conocimiento de los hechos” para
que se practiquen diversas diligencias de investigación33.
33
Las diligencias ordenadas fueron: “1) [r]ecabar de la Medicatura Forense la respectiva autopsia de ley de
[quien] en vida respondiera el nombre de Joe Luis Castillo González[;] 2) [r]ecabar las respectivas [a]ctas de
[d]efunción e [i]nhumación del cadáver del [señor Castillo;] 3) [r]ecepcionar “entrevista” a la [señora] Moreno [….]
a los fines [de] que aporte el conocimiento que tiene de los hechos, y remitirla de oficio a los Servicios de
Medicatura Forense para que le sea practicado su respectivo informe médico legal[;] 4) [r]emitir de oficio a los
[S]ervicios de Medicatura Forense a [Luis Castillo], a los fines [de] que se le practique el respectivo reconocimiento
médico legal [y,] una vez practicados los informes legales, recabar sus resultados[;] 5) [t]rasladarse hasta el
Hospital Clínico de Maracaibo a los fines de sostener “entrevista” con él (los) médico(s) tratante(s) de la [señora
Moreno] y [Luis Castillo] para determinar el estado de salud de los mismos. De igual manera, […] colectar
cualquier evidencia de interés criminalístico que durante las operaciones a que fueron sometidos los lesionados
fuer[a]n obtenid[a]s (proyectiles, esquirlas, etc.), l[a]s cuales guardando las normas relacionadas con la [c]adena
de [c]ustodia serán depositadas en la Sección de Objetos Recuperados de dicho cuerpo de investigaciones
penales[;] 6) [p]racticar inspección ocular y experticia de reconocimiento al vehículo [en que se transportaban el
señor Castillo, la señora Moreno y Luis Castillo[;] 7) [t]rasladar hasta la Sub[-]Delegación Zulia del [CICPC] los
casquillos 9mm colectados en el sitio del suceso, a los fines de someterles a comparación balística entre los
mismos y determinar si fueron percutidos por el mismo tipo de arma de fuego[;] 8) [r]ecepcionar “entrevista” al
círculo de personas (amistades, familiares, compañeros de trabajo, etc.) cercano a las víctimas [de los delitos] con
la finalidad de indagar sobre algún elemento que pueda llevar al Ministerio Público a esclarecer el móvil del hecho[,
y] 9) [c]ualquier otra que se considere pertinente para el esclarecimiento de los hechos investigados, y que previa
coordinación con el Ministerio Público se deba practicar con la finalidad de lograr la identificación plena de los
presuntos autores del hecho”.
16
51. El 29 de agosto de 2003 la Fiscalía 20ª fue comisionada por la Fiscalía General para
que en forma conjunta o separada con la Fiscalía 11ª interviniera en la averiguación por la
muerte del señor Castillo.
52. Ese día el CICPC citó a rendir “entrevista” a una persona. Además, las autoridades
recibieron de la señora Moreno información sobre las señas fisonómicas de quienes
ejecutaron el atentado en su contra el día 27 de agosto de 2003, y “entrevistaron” a un
testigo presencial de los hechos. Además, entre el 29 de agosto y el 28 de octubre de 2003
se realizó el “[r]econocimiento [m]édico [l]egal [f]ísico” a la señora Moreno y a Luis Castillo.
la relación de llamadas entrantes al [número] telefónico […], en el lapso comprendido entre las
11:30 [hs. y las] 12:30 [hs.] del día lunes [1 de septiembre de 2003, y que d]e igual manera
[se] informe el nombre [y] dirección de ubicación de[ los] suscriptor[es] a quienes pertenezcan
los números telefónicos que aparezcan relacionados.
55. El 8 de septiembre de 2003 la Fiscalía General comisionó a la Fiscalía 83ª para que
colaborara en las investigaciones.
había dicho a ella que quien habló tenía la voz de un hombre, y que dijo que “no fu[eran]
pajúos y dej[aran] de defender esos derechos humanos”. Además, el 10 de septiembre de
2003 la señora Moreno “solicit[ó] al Ministerio Público que tramite una [m]edida de
[p]rotección a [su] favor y [de su] entorno familiar, en virtud de que ten[ía] mucho temor a
partir de los hechos” que llevaron a la muerte del señor Castillo.
tem[ía] represalias en su contra [e] informó […] que en […] los últimos asesinatos ocurridos en
[la] localidad, incluyendo […] el del [señor] Castillo[, …] habían participado unos sujetos
pertenecientes a un grupo de paramilitares provenientes de la ciudad fronteriza de Cúcuta, [que]
se desplaza[ban] en una camioneta tipo coupé color vino tinto, Cherokee, […] por la población de
Machiques.
58. De acuerdo con el acta, identificó la placa del vehículo y nombró a cuatro de las
personas que, según él, pertenecían al “grupo de paramilitares”. El mismo día se llevaron a
cabo diligencias tendientes a constatar lo asentado por el Sub Comisario: los investigadores
vigilaron el vehículo indicado y observaron a tres personas que ingresaron al mismo, que no
fueron identificadas. Además, contactaron a la persona que figuraba en los registros
respectivos como propietaria del bien quien, según la información recabada por los
investigadores, había reportado un robo, pero manifestó que “nunca había tenido un
vehículo” de las características que le refirieron. Luego, el 16 de septiembre de 2003 se
realizó una pericia técnica al vehículo, y se constató que los seriales de seguridad y
carrocería eran falsos. Tres años y diez días más tarde, el 26 de septiembre de 2006, se
emitió un oficio en que se asienta una pericia sobre la “placa o matrícula” de la camioneta,
que concluyó que la misma era “auténtica”.
59. Por otra parte, el 12 de septiembre de 2003 se recibió información que indicaba que
habían sido aprehendidas cuatro personas “en una operación de la Policía de Villa del
Rosario”, entre ellas los supuestos tripulantes del vehículo mencionado anteriormente.
Dichas personas fueron “entrevistadas” e identificadas, siendo una de ellas uno de los
presuntos paramilitares antes referidos, Emer Humberto Terán Méndez (en adelante “señor
Terán” o “presunto paramilitar”), y otra un guardia nacional Edgar Alfonso González (en
adelante “señor González” o “guardia nacional”). Estas dos personas señalaron la
participación de grupos paramilitares y agentes estatales en el homicidio del señor Castillo.
Así, el presunto paramilitar, de nacionalidad colombiana, indicó que
[…] la guerrilla ya no tiene quien los legalice, ese señor [Castillo] estaba en la lista de objetivos
nuestros[. … E]n la lista se encontraba un total de aproximadamente 20 personas como objetivos
a eliminar, ya que estaban en contra de personas honestas que se dedicaban a la producción de
ganado en la zona[,…] el alcalde de [Machiques] tiene conocimiento de su presencia así como
varios directivos de Gadema [(Ganaderos de Machiques)] sus contactos principales son con un
grupo de inteligencia de la Guardia Nacional.
60. Por su parte, el señor González, “miembro activo como Distinguido de la Guardia
Nacional […] adscrito a Inteligencia del Destacamento No. 36 G.N de [Machiques]”, refirió,
en el marco de alusiones sobre el señor Terán, que
[…] estos tipos son paracos contratados por varios ganaderos de la zona, el alcalde Toto Márquez
tiene conocimiento y además sus propios choferes llevan y traen a varias partes esos tipos, ellos
vienen a limpiar a Machiques de toda la escoria, hay que tenerles miedo porque no respetan a
nadie.
63. El mismo día el titular de la Fiscalía 83ª y la Fiscal Auxiliar de la Fiscalía 20ª
realizaron diversos actos, entre ellos: a) se reunieron con la Fiscal Superior del estado Zulia
“intercambiando opiniones en relación [con] las investigaciones practicadas y/o por
practicar”; b) mantuvieron una reunión con comisarios de la Delegación de Machiques del
CICPC, en la que “se fijaron los parámetros a seguir en la investigación”, y c)
“entrevistaron” nuevamente a una funcionaria del Vicariato.
64. El 19 de septiembre de 2003, a las 9:00 hs., integrantes de las Fiscalías 20ª y 83ª
comparecieron ante el “Tribunal Sexto en Funciones de Control Penal de la [c]ircunscripción
[j]udicial del estado Zulia”, a efectos de “verificar la legalidad” en relación con “la medida
sustitutiva de libertad bajo fianza otorgada al presunto paramilitar que fue “entrevistado” el
12 de los mismos mes y año (supra párr. 59), “en virtud de que [él] podría estar
supuestamente involucrado en el asesinato del [señor] Castillo”.
65. El 21 de septiembre de 2003 se difundió en la prensa una versión de los hechos que
indicaba que el señor Castillo habría sido asesinado por personas vinculadas a grupos
paramilitares colombianos, por la presunta vinculación de él con miembros de grupos
guerrilleros de Colombia. De acuerdo a esas versiones, tales grupos paramilitares, con una
lista, estaban asesinando a todas las personas de la zona vinculadas con la guerrilla. En este
sentido, la prensa indicó que el señor Castillo habría alojado en su casa a dos ciudadanos
colombianos vinculados con la guerrilla colombiana FARC - entre ellos, a uno que se
apodaría “el enfermero” – y que ambos ciudadanos colombianos habrían sido luego
asesinados34.
67. El 23 de septiembre de 2003 una funcionaria del Vicariato amplió la declaración dada
el 5 de los mismos mes y año (supra párr. 54), y luego de que se le mostraran fotografías
de tres presuntos paramilitares, quienes habían sido aprehendidos el 12 de septiembre de
2003 (supra párr. 59), señaló que no llegaba a reconocerlos, pero que uno de ellos se
34
Cfr. Nota de prensa publicada en “El Universal” el 21 de septiembre de 2003, titulada “Joe Castillo: 11
balazos” (Expediente de anexos al Informe de Fondo, Anexo 16, folio 375).
35
De la prueba allegada a la Corte hay diversos documentos de los que surge tanto que la información
telefónica brindada como el acuerdo de la medida de protección referidos se habrían realizado el 22 de septiembre
de 2003 o el 23 de los mismos mes y año.
19
asemejaba a una persona que se había “present[ado] en las oficinas del Vicariato, a
preguntar por Joe [C]astillo [para que éste] le tramitara su cédula venezolana”.
68. El 7 de octubre de 2003 en una “entrevista”, una persona hizo manifestaciones sobre
su relación comercial con el señor Castillo.
69. El 7 de octubre de 2003 fue dejada sin efecto la comisión encomendada a la Fiscalía
20ª el 29 de agosto del mismo año de “intervenir en la [a]veriguación seguida con motivo
de la muerte del [señor] Castillo” (supra párr. 51), pues la Fiscalía General asignó el
seguimiento del caso a la Dirección de Protección de Derechos Fundamentales. La
comunicación respectiva fue recibida por la Fiscalía 20ª el 3 de noviembre de 2003. A pesar
de lo anterior, el 21 de octubre de 2003 la Fiscalía General remitió a la Fiscalía 20ª copia de
un oficio de fecha 30 de septiembre de 2003, emanado de la Defensoría del Pueblo, por el
que tal entidad solicitó “la tramitación correspondiente para el otorgamiento de medidas de
protección[ de] la vida e integridad personal de [una funcionaria] del Vicariato”. En el
mismo acto se requirió a la Fiscalía 20ª “tramitar a la brevedad posible ante la Fiscalía
Superior del Estado, la correspondiente medida de protección”, y también “coordinar todo lo
actuado con [la] Fiscal[ía] 83[ª]”.
70. El 22 de octubre de 2003 la Fiscalía 83ª emitió un oficio requiriendo al CICPC que “se
sirva a practicar un reconocimiento [m]édico [l]egal [a la señora Moreno]”. El 24 de
noviembre de 2003 la Fiscalía 83ª recibió un oficio en que constan los resultados del
“reconocimiento [m]édico [l]egal [practicado] a la [señora] Moreno”.
71. El 4 de noviembre de 2003 la Fiscalía 83ª emitió un oficio dirigido al Juez Tercero de
Primera Instancia en Funciones de Control Penal de la Jurisdicción del estado Miranda en
relación con la medida de protección acordada el 22 o el 23 de septiembre del mismo año
(supra párr. 66). Al respecto, indicó que el “servicio de custodia” acordado fue “prestado de
manera irregular[,] tal como lo […] manifest[ó] en diversas oportunidades la beneficiaria”.
Por ello solicitó oficiar al “Director General de [la Región 5 de la Policía del estado Miranda],
a los fines de dar fiel cumplimiento a la medida acordada tal como lo exig[ió] la Comisión
Interamericana”. La Comisión había solicitado al Estado el 29 de agosto de 2003 la adopción
de medidas cautelares a favor de la señora Moreno y Luis Castillo.
72. El 20 de noviembre de 2003, según dio cuenta la Fiscalía 20ª, fue publicado en
periódicos que, en un enfrentamiento con organismos de seguridad ocurrido en Machiques
de Perijá, habrían fallecido personas que presuntamente habían dado muerte al señor
Castillo. En el oficio respectivo, emitido por la Fiscalía 20ª el 15 de noviembre de 2004, se
indicó al respecto que la “circunstancia [mencionada] no [había sido] demostrada”, y que la
“información [había sido] aportada por un Comisario [y] sólo manejada a nivel de dicho
[C]omisario”. En el incidente resultó ileso un hombre 36.
73. El 3 de diciembre de 2003 la Fiscalía 20ª recibió un oficio, mediante el cual el CICPC
le remitió la “[e]xperticia de [l]evantamiento [p]lanimétrico”.
36
Según fue señalado por los representantes en su escrito de solicitudes y argumentos.
20
homicidio de Joe Castillo y de las lesiones sufridas por ella y su hijo. La señora Moreno
solicitó que se
75. El 27 de mayo de 2004 la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz (en adelante “Red de
Apoyo”), que representaba a la señora Moreno en el ámbito interno, solicitó a la Fiscalía 20ª
“información [sobre] la causa 24-F20-817-2003, la cual le fue aportada”, de acuerdo a lo
informado posteriormente por dicha Fiscalía.
celeridad en la investigación que se s[eguía] por el homicidio de [su] esposo […] y [que se]
oficie a los organismo[s] competentes en relación [con] la [m]edida de [p]rotección acordada a
su favor[,...] ya que el cuerpo policial asignado ha[bía] incumplido totalmente el servicio de
custodia.
79. El 20 de agosto de 2004 la Fiscalía 20ª emitió un oficio dirigido al CICPC, con el cual
se remitían copias “de[l] retrato hablado elaborado por la Dirección Nacional de
Criminalística [y] de la “entrevista” recepcionada a [la señora] Moreno por ante la Fiscalía
83ª”. En dicha comunicación, además, indicó que la Fiscalía 83ª y la Fiscalía 20ª
“conjuntamente […] se enc[o]ntra[ran] [c]omisionada[s] para el conocimiento del contenido
de la [i]nvestigación penal No. 24-F20-817-2003 y registro interno del CICPC No G-410-
113”.
21
80. El 3 de septiembre de 2004 la Fiscalía 83ª recibió un oficio del CICPC en el que se
indicaba que un médico forense remitía un “[d]ictamen pericial [...] practicado a [la señora]
Moreno”.
81. El 22 de octubre de 2004 la señora Moreno se presentó ante la Fiscalía 83ª y refirió
que la medida cautelar de protección dispuesta a su favor se “cumpl[ía] indebidamente”.
Además, pidió que se le informe sobre “los resultados de la experticia balística ordenada y
demás resultas de la investigación por el tiempo transcurrido y en virtud de que se [le]
ha[bía] informado que se en[contraba] supuestamente identificado el autor material de los
hechos”. Por otra parte señaló su “imposibilidad de trasladarse por razones personales” a la
ciudad de Maracaibo para “practicar reconocimiento en rueda de individuos de [la persona
presuntamente involucrada en el atentado cometido contra Joe Castillo y sus familiares]”
(supra párr. 78), sugiriendo “que se recaben fotografías recientes de dich[a persona] para
proceder a reconocerl[a]”. Esto último fue aceptado por el Fiscal 83º, quien expresó que se
harían los trámites pertinentes a través de la Fiscalía 20ª. También el Fiscal 83º acordó
oficiar a dependencias estatales a fin de que “se [de] cumplimiento inmediato a[l] servicio
de custodia de la [m]edida de [p]rotección” referida.
82. El 2 de noviembre de 2004 la Fiscalía 83ª emitió un oficio, recibido por la entidad
destinataria el 12 de los mismos mes y año, mediante el que solicitó a la Fiscalía 20ª la
remisión de “reproducciones fotográficas […] de [la persona presuntamente involucrada en
el atentado cometido contra Joe Castillo y sus familiares] a los fines de practicar su debido
reconocimiento por parte de la [señora] Moreno”.
83. El 21 de abril de 2005 la Red de Apoyo, junto con la señora Moreno, solicitaron a la
Fiscalía 20ª la realización de la experticia de comparación balística de los proyectiles
extraídos del cuerpo del señor Castillo con las armas incautadas a la antes referida persona
presuntamente involucrada en el atentado. Además, en el mismo acto pidió a la entidad
destinataria que “[s]e de respuesta en forma inmediata” a la solicitud de 2 de noviembre de
2004 efectuada por la Fiscalía 83ª (supra párr. 82).
84. El 10 de agosto de 2005 la Fiscalía 20ª emitió una comunicación, dirigida a la Fiscalía
83ª, remitiendo una copia a color de la fotografía de la ya aludida persona presuntamente
involucrada en el atentado cometido contra Joe Luis Castillo y sus familiares (supra párr.
78), y la lista incautada a las personas fallecidas en los hechos de 20 de noviembre (supra
párr.74), a quienes se les seguía una investigación distinta a la de los hechos del presente
caso. El mismo día la Fiscalía 20ª solicitó al CICPC designar expertos en balística a fin de
practicar una experticia de reconocimiento técnico legal, activación de seriales borrados en
metal y comparación balística entre las armas incautadas a quienes murieron en los hechos
del 20 de noviembre de 2003 con los casquillos de las balas que impactaron en el señor
Castillo y que fueron recolectados por el CICPC. Del mismo modo, le pidió designar expertos
en balística a fin de practicar una comparación balística entre tales casquillos de las balas y
las armas incautadas a la referida persona cuya fotografía se había remitido a la Fiscalía
83ª. Los días 6 de julio y 16 de agosto de 2006 el CICPC emitió informes que daban cuenta
de experticias realizadas a piezas balísticas y armas de fuego. Las mismas arrojaron
resultados negativos, es decir, señalaron que las primeras no fueron percutidas por las
armas analizadas. Aunque los informes de 6 de julio y 16 de agosto de 2006 no lo señalan
expresamente, los mismos refirieron a las armas que detentaba la persona antes aludida 37.
El 16 de octubre de 2006 la Fiscalía 11ª emitió un oficio dirigido a la Fiscalía 20ª remitiendo
37
Ello surge del cotejo del material examinado en ellos con los oficios por los que se solicitan las experticias
respectivas.
22
la experticia de comparación balística realizada entre “las armas de fuego incautadas a [la]
mism[a persona]” y “los proyectiles extraídos al cadáver del [señor] Castillo [ y a la señora]
Moreno […] y Luis Castillo, cuyo resultado fue negativo”.
86. El 11 de agosto de 2005 la señora Moreno informó a la Fiscalía 83ª que la Red de
Apoyo ya no la representaría en el caso sobre la muerte de su esposo Joe Castillo, y que en
lo sucesivo lo haría la Vicaría de Caracas.
89. El 28 de noviembre de 2006 la Fiscalía 20ª, con fundamento, entre otras normas, en
el artículo 315 del Código Orgánico Procesal Penal (en adelante también “Código Procesal” o
“COPP”)39, dictó el archivo fiscal de las actuaciones que conformaban la investigación de los
hechos, “en virtud de resultar las mismas insuficientes para formular [a]cusación, sin
perjuicio de su reapertura en caso de que aparezcan nuevos elementos de convicción”. En la
misma fecha se emitió una “boleta de notificación” de la decisión dirigida a la señora
Moreno. En el apartado titulado “[d]e la motivación” del documento en que se plasma la
38
No consta en los expedientes remitidos al Tribunal que entre el 25 de agosto de 2005 y el 19 de octubre
de 2006 se realizara diligencia alguna. Por otra parte, cabe señalar que durante ese lapso, el 20 de marzo de 2006
se presentó la petición ante la Comisión Interamericana (supra párr. 2).
39
La Comisión Interamericana, en el Informe de Fondo, expresó que el “[a]rtículo 80 del COPP [indica]:
‘Archivo fiscal. Cuando el resultado de la investigación resulte insuficiente para acusar, el Ministerio Público
decretará el archivo de las actuaciones, sin perjuicio de la reapertura cuando aparezcan nuevos elementos de
convicción. De esta medida deberá notificarse a la víctima que haya intervenido en el proceso. Cesará toda medida
cautelar decretada contra el imputado a cuyo favor se acuerda el archivo. En cualquier momento la víctima podrá
solicitar la reapertura de la investigación indicando las diligencias conducentes’” (Expediente de Fondo, Informe de
Fondo, folio 23).
23
decisión se señaló que “se observa que resulta plenamente comprobada la comisión de un
hecho punible, enjuiciable de oficio [con base en] los delitos de homicidio y lesiones
tipificados en el Código Penal”, y que en tal hecho resultaron víctimas el señor Castillo, la
señora Moreno y Luis Castillo. También se afirmó que, luego de practicadas las experticias
respectivas, surge que el arma utilizada para disparar al señor Castillo difiere de la que
fuera incautada a la persona presuntamente involucrada en el atentado sufrido por aquél
(supra párr. 78). Luego, se concluyó que estando “agotadas […] las actuaciones
investigativas […] se considera que lo oportuno y ajustado a derecho es decretar el archivo
fiscal de las […] actuaciones, sin perjuicio de su reapertura cuando aparezcan nuevos
elementos de convicción”.
92. Mediante una nota de fecha 19 de junio de 2007 dirigida a la Fiscalía 20ª, la señora
Moreno expresó que “h[abía] sido informada personalmente por el […] Fiscal 83ª […] que la
Fiscalía [20ª…] decretó el archivo fiscal de la investigación”. Por ello, en el mismo acto
solicitó se le “ex[pidiera] la respectiva notificación así como las copias del [a]rchivo [f]iscal
en cuestión”. A tal efecto, “autoriz[ó] suficientemente a [una abogada…] que se
desempeña[ba en…] el Vicariato Apostólico de Machiques para que retir[ara] las copias en
cuestión”.
93. El 26 de junio de 2007 la Fiscalía 20ª emitió un oficio dirigido a la señora Moreno, en
respuesta a una previa solicitud de ella, por el que le remitió la
boleta de notificación de fecha 28 de noviembre, la cual se encuentra dirigida por [la Fiscalía 20ª]
a [la señora Moreno] y con la que se le notifica sobre el [a]rchivo [f]iscal decretado por [la
Fiscalía 20ª] en la [i]nvestigación [p]enal signada […] bajo el [número] 24-F20-817-2003.
En el mismo oficio se indicaba que “para realizar una efectiva notificación [a la señora]
Moreno” la Fiscalía 20ª “acordó hacerle entrega a [una determinada a]bogada[, quien en
esa fecha se] desempeña[b]a en el Área de Protección a personas Refugiadas del Vicariato
Apostólico de Machiques”.
94. Al menos en dos oportunidades, entre agosto de 2005 y febrero de 2009, los
representantes o abogados de la Vicaría de Caracas solicitaron a autoridades copias de
expedientes relativos a actuaciones internas, sin que las mismas fueran expedidas41.
40
Los representantes, en su escrito de solicitudes y argumentos, expresaron lo siguiente: “El decreto de
archivo fiscal fue notificado a [la señora] Moreno mediante boleta de notificación fechada el 28 de noviembre de
2006”. También indicaron que “el 28 de noviembre de 2006 [la señora] Moreno tuvo conocimiento del archivo fiscal
de la causa”, aclarando que “[d]icho conocimiento fue producto de una visita personal que realizó a la Fiscalía”.
Como prueba de que la señora Moreno tomó conocimiento del archivo fiscal en la fecha mencionada, remitieron a
los documentos presentados por la Comisión Interamericana como anexos 19 y 20 del Informe de Fondo. Tales
documentos son, denominados, respectivamente: “Boleta de notificación”, de 28 de noviembre de 2006, y “Oficio
No. ZUL-20-1579-2007”, de 20 de junio de 2007. Como prueba de la “visita personal” que efectuó la señora
Moreno a la Fiscalía, indicaron un documento emanado de los propios representantes, presentado en el marco del
trámite ante la Comisión. En él, no obstante, no se observa ninguna referencia expresa al hecho en cuestión. El
Estado no controvirtió el hecho de que la señora Moreno tomó conocimiento del archivo fiscal el 28 de noviembre
de 2006, y señaló que “el decreto de [a]rchivo [f]iscal” fue “notificado formalmente mediante comunicación
suscrita por la [Fiscalía 20ª]”, sustentando tal afirmación en los “[a]nexos 19 y 20 citados en el Informe de Fondo
No. 120/10”, mismo que fueron referidos por los representantes.
24
95. Los días 29 de septiembre de 2008 y 4 de febrero de 2009 los abogados de la Vicaría
de Caracas, que representaban a la señora Moreno, volvieron a solicitar al Ministerio Público
copia de las actas del archivo fiscal42. La señora Moreno obtuvo una copia simple del acta
del archivo fiscal. Hasta el día 16 de julio de 2011 no había obtenido una copia certificada43.
96. Con posterioridad a la emisión del archivo fiscal, el 2 de junio de 2008 el Defensor
del Pueblo Delegado en el estado Zulia emitió un oficio dirigido a la Fiscalía 20ª, recibido por
ésta el 10 de esos mismos mes y año, en que expresaba que “en la Fiscalía 4[ª] corre
inserta denuncia registrada en fecha [18 de mayo de 2007], donde un ciudadano señal[ó]
como autor intelectual del delito de homicidio de[l señor] Castillo al […] Alcalde de
Machiques Alfonso Márquez”. La Fiscalía 20ª emitió, los días 27 de julio de 2010 y 19 de
mayo de 2011, comunicaciones solicitando la comparecencia, los días 16 de agosto de 2010
y 26 de mayo de 2011, respectivamente, del denunciante “a los fines de recibirle
‘entrevista’ en la causa 24-F20-817-2003, iniciada con ocasión [de] la muerte del [señor]
Joe Luis Castillo”44.
VI
FONDO
97. De los hechos expuestos en el capítulo precedente, la Corte nota que la controversia
entre las partes se centra en torno a la posibilidad de atribuir responsabilidad al Estado por
la afectación a la vida de Joe Luis Castillo producto de las heridas producidas por disparos
de armas de fuego realizados por dos personas que le causaron la muerte, así como la
afectación al derecho a la integridad personal producto de las lesiones causadas a Yelitze
Moreno y al niño Luis César Castillo Moreno. Por ello, en el presente capítulo el Tribunal
analizará la alegada responsabilidad estatal por la vulneración de los derechos a la vida 45, a
la integridad personal46 y del niño47, en relación con las obligaciones de respetar y
41
La Comisión Interamericana manifestó que “[le c]onsta […] que los peticionarios solicitaron copias de los
expedientes de investigación ante la jurisdicción interna en fechas 24 de agosto de 2005 y 25 de septiembre de
2008 y que éstas no ha[bían] sido expedidas a[l día 22 de octubre de 2010]”. Los representantes, por su parte,
señalaron que “[n]o han sido expedidas copias de los expedientes a los peticionarios, a pesar de que los abogados
de la Vicaría de Caracas así lo han solicitado ante las autoridades del Ministerio Público mediante comunicaciones
de 29 de septiembre de 2008 y [de] 4 de febrero de 2009”. Ni la Comisión ni los representantes detallaron qué
expedientes fueron solicitados, y tampoco aportaron copia de las constancias respectivas.
42
Según fue manifestado por los representantes en su escrito de solicitudes y argumentos, y no
controvertido por el Estado.
43
Según fue manifestado por los representantes en su escrito de solicitudes y argumentos, y no
controvertido por el Estado.
44
Dichas diligencias no fueron indicadas por la Comisión en su Informe de Fondo, ni por las partes. No
obstante, la Corte las considera probadas dado que resultan complementarias del marco fáctico señalado en el
Informe de Fondo en relación con la investigación de los hechos, y considerando que surgen de prueba aportada
por el Estado.
45
El artículo 4 de la Convención Americana, en lo pertinente, señala:
1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en
general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.
[…]
46
El artículo 5 de la Convención Americana, en lo pertinente, indica:
1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.
[…]
25
garantizar los derechos48, respecto a Joe Luis Castillo, Yelitze Moreno y Luis César Castillo
Moreno, según corresponda, en relación con el atentado sufrido por ellos.
98. Por otra parte, la Corte observa que tanto la Comisión como los representantes
indicaron que los derechos a la vida y a la integridad personal conllevan, como corolario de
la obligación de garantía de dichos derechos, el deber de realizar una investigación diligente
sobre afectaciones a los mismos. Como lo ha hecho en otros casos 49, la Corte considera
pertinente analizar lo relativo a la investigación de los hechos en relación con las aducidas
violaciones a los derechos a las garantías y protección judiciales. De conformidad al examen
que se realiza en la parte correspondiente de esta Sentencia (infra Capítulo VI-2), la Corte
no considera pertinente analizar las alegadas violaciones a los derechos a la vida e
integridad personal a la luz del deber de garantía en relación con la investigación de los
hechos.
99. Asimismo, las alegadas violaciones a la integridad personal de Yelitze Moreno, Luis
Castillo y otros familiares de Joe Luis Castillo derivadas de la aducida falta de debida
diligencia en la investigación de los hechos serán examinadas posteriormente (infra Capítulo
VI-2). Por último, la Corte analizará las alegadas violaciones a la protección de la honra y de
la dignidad, libertad de pensamiento y de expresión, aducidas por los representantes, así
como libertad de asociación indicada tanto por la Comisión como por los representantes
(infra Capítulo VI-3).
VI-1
DERECHOS A LA VIDA, A LA INTEGRIDAD PERSONAL Y DEL NIÑO, EN RELACIÓN
CON LAS OBLIGACIONES DE RESPETAR Y GARANTIZAR LOS DERECHOS
47
El artículo 19 de la Convención Americana establece que “[t]odo niño tiene derecho a las medidas de
protección que su condición de menor requieren por parte de su familia, de la sociedad y del Estado”.
48
El artículo 1 de la Convención Americana dice, en lo pertinente:
1. Los Estados Partes en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades
reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su
jurisdicción, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones
políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o
cualquier otra condición social.
[…]
49
Cfr. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de
enero de 2006. Serie C No. 140, párr. 148, y Caso Nadege Dorzema y otros Vs. República Dominicana. Fondo
Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de octubre de 2012. Serie C No. 251, párr. 104.
26
102. En relación con el segundo supuesto, señaló que ante la existencia de indicios que
implicarían una atribución directa de responsabilidad internacional al Estado por
aquiescencia, colaboración, o participación de agentes estatales en los hechos, correspondía
a las autoridades a cargo de la investigación desplegar todos los esfuerzos necesarios para
esclarecer las posibles responsabilidades o vínculos de autoridades estatales en una
violación del derecho a la vida. El Estado debía efectuar una investigación minuciosa, seria y
diligente para determinar la veracidad o desvirtuar los indicios de participación de agentes
estatales, lo que no sucedió en el presente caso. De este modo, determinó que
103. La Comisión sostuvo que los “indicios y elementos circunstanciales que apuntaban
hacia algún grado de participación de agentes estatales en la muerte” de Joe Castillo, “no
merecieron la más mínima investigación y seguimiento por parte de autoridades
venezolanas”. Según la Comisión dichos indicios “consisten principalmente en las
declaraciones de personas que implicaban a la Alcaldía de la zona […] y a funcionarios de
inteligencia de la Guardia Nacional”. A fin de justificar la posibilidad de considerar tales
indicios como fundamento suficiente para concluir en la responsabilidad estatal por las
violaciones indicadas, citó la jurisprudencia de esta Corte en el caso Kawas Fernández Vs.
Honduras, en el sentido que la Corte “consider[ó] razonable otorgar valor probatorio a [una]
serie de indicios que surg[ía]n del expediente [interno] sobre la participación de agentes
estatales en [los] hechos”.
no es cierto que el conocimiento del Estado sobre la situación de riesgo existente surgió luego de
iniciada la investigación, ya que el patrón de violencia que existía en contra de [defensores] que
trabajaban temas de tierras, refugiados en la zona fronteriza o denuncia de violaciones de
derechos humanos era una situación notoria, sobre la cual funcionarios estatales debían tener
conocimiento.
105. Agregaron que esta “falta de medidas de prevención […] frente al riesgo que existía
para Joe Luis Castillo derivó en graves afectaciones a la integridad personal de Yelitze
[Moreno] y Luis [… Castillo]”. Además argumentaron “una afectación especial del niño Luis
Castillo”, en razón de la protección especial que el Estado debía brindar, de conformidad con
el artículo 19 de la Convención.
106. El Estado, por su parte, manifestó, en cuanto al deber de prevenir, que “la magnitud
del conflicto interno colombiano y su penetración en territorio venezolano, origina que
hechos como el asesinato de Joe Castillo González no siempre puedan ser evitados”. De
acuerdo con las pruebas aportadas, “no se evidencia la existencia previa de actos de
amenaza o de intimidación de los que hubiera sido objeto la familia Castillo González antes
del atentado, así como tampoco sobre el personal que laboraba en el Vicariato Apostólico de
Machiques”, siendo que además “los agraviados nunca realizaron denuncia pública o ante
autoridades estatales acerca de una posible situación de riesgo, ni se solicitó la adopción de
medidas de protección”. Además, sostuvo que “durante los últimos diez años ha venido
incrementándose la vigilancia en esta zona fronteriza del estado Zulia, estableciéndose para
ello un Comando Estratégico, constituido por cinco Teatros de Operaciones, y cerca de un
centenar de bases de protección fronterizas” 50, a fin de dar protección y seguridad a la
población.
107. Por otro lado, el Estado señaló que el caso de Joe Luis Castillo no se trata de una
ejecución extrajudicial y que la Comisión indebidamente dio por probada la participación de
agentes del Estado en función de las declaraciones de Edgar Alfonso González y Emer
Humberto Terán (supra párrs. 59 y 60), así como versiones difundidas en la prensa, lo que
“no puede tomarse ipso facto como hechos ciertos, tal como lo hizo la Comisión”. Al
respecto, sostuvo que los indicios no probados no pueden servir para implicar la
responsabilidad directa de un Estado. Además, para el Estado, de las investigaciones
realizadas, no se pudieron establecer elementos de convicción que dieran a conocer la
participación de agentes estatales mediante actos de aquiescencia, colaboración, o
connivencia. Consideró que no puede tener la carga de desvirtuar o probar hechos
negativos, ya que no es de posible realización la comprobación de un hecho que no ha
tenido lugar en la realidad. Por tal motivo, sostuvo que el Estado no incurrió en omisiones
50
En ese sentido, especificó en su escrito de contestación que “[e]l Teatro de Operaciones No. 1, (TO1)
abarca los municipios fronterizos en el estado Zulia y Táchira”. Además, de acuerdo con la prueba aportada al
Tribunal, el 13 de diciembre de 2011 el Comandante Henrry de Jesús Rangel Silva informó al Agente del Estado,
señor Germán Saltrón Negretti, que “desde el año 1999 la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y demás Órganos
de Seguridad del Estado, […] han coadyuvado al empleo constante y permanente de manera conjunta en
diferentes operativos para luchar contra el narcotráfico, sicariato, robo, extorsión, secuestro y los diferentes delitos
cometidos en la frontera Colombo-Venezolana y muy especialmente en la frontera del estado Zulia, población de
Machiques”. En ese sentido, indicó que, a fin de “contrarrestar los diferentes flagelos que aquejan a [los]
pobladores de la zona y desplazados colombianos”, se han ejecutado diferentes operaciones y operativos, como
“las Operaciones Sierra, Operación Centinela, Operación Boquete, Dibise y [P]lan Escudo para reforzar la operación
Centinela, entre otras[…]”. En relación a estas medidas, especificó que “[e]n los estados y en particular en las
zonas fronterizas se han desarrollado operaciones con el propósito de salvaguardar la seguridad rural, fronteriza y
el control migratorio: retención de vehículos y embarcaciones, inspección de hitos fronterizos, erradicación de
cultivos ilícitos e incautación de sustancias psicotrópicas y estupefacientes, recuperación de ganado, captura de
presuntos guerrilleros y paramilitares y de personas vinculadas con la extorsión, secuestro y otros delitos”. Cfr.
Oficio AGEV/000574, supra. Por su parte, los representantes señalaron que la militarización de la zona ocurrió
entre 1994 y 1999, y que los “teatros de operaciones” establecidos en ese lapso continuaron operando después.
28
Consideraciones de la Corte
109. La Comisión indicó que “existían indicios sobre vínculos de la alcaldía de la localidad
con grupos paramilitares, quienes a su vez, habrían tenido en su poder una lista en la cual
aparecía Joe Luis Castillo González como un objetivo a eliminar[; además de] un supuesto
vínculo de dichos grupos con entidades de inteligencia de la Guardia Nacional[, e i]ncluso se
llegó a mencionar que existían nexos de colaboración, por ejemplo, mediante el uso de
vehículos oficiales”. La Corte nota que los indicios señalados por la Comisión consisten en
dichos de dos personas en el marco de una “entrevista” en sede policial (supra párrs. 59 y
60). A los mismos se agregó luego una denuncia efectuada por un particular (supra párr.
96).
51
Proyecto de Artículos sobre Responsabilidad del Estado por Hechos Internacionalmente Ilícitos, Acogido
por Resolución aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas [sobre la base del informe de la Sexta
Comisión (A/56/589 y Corr.1)] 56/83. Responsabilidad del Estado por hechos internacionalmente ilícitos, 85ª
sesión plenaria, 12 de diciembre de 2001, Documentos Oficiales de la Asamblea General, quincuagésimo sexto
período de sesiones, Suplemento No. 10 y correcciones (A/56/10 y Corr.1 y 2), Artículo 2: “Elementos del hecho
internacionalmente ilícito del Estado. Hay hecho internacionalmente ilícito del Estado cuando un comportamiento
consistente en una acción u omisión: a) Es atribuible al Estado según el derecho internacional; y b) Constituye una
violación de una obligación internacional del Estado”, y Artículo 4: “Comportamiento de los órganos del Estado. 1.
Se considerará hecho del Estado según el derecho internacional el comportamiento de todo órgano del Estado, ya
sea que ejerza funciones legislativas, ejecutivas, judiciales o de otra índole, cualquiera que sea su posición en la
organización del Estado y tanto si pertenece al gobierno central como a una división territorial del Estado. 2. Se
entenderá que órgano incluye toda persona o entidad que tenga esa condición según el derecho interno del
Estado”.
52
Cfr. Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras. Fondo, supra, párr. 170, y Caso Vélez Restrepo y Familiares
Vs. Colombia, supra, párr. 125.
29
de esos derechos entre individuos53. Lo decisivo es dilucidar “si una determinada violación
[...] ha tenido lugar con el apoyo o la tolerancia del poder público o si éste ha actuado de
manera que la transgresión se haya cumplido en defecto de toda prevención o
impunemente”54.
112. Para establecer que se ha producido una violación de los derechos consagrados en la
Convención no se requiere determinar, como ocurre en el derecho penal interno, la
culpabilidad de sus autores o su intencionalidad, y tampoco es preciso identificar
individualmente a los agentes a los cuales se atribuyen los hechos violatorios . Es suficiente
55
53
Cfr. Caso de la Masacre de Mapiripán Vs. Colombia. Sentencia de 15 de septiembre de 2005. Serie C No.
134, párr. 111, y Caso Valle Jaramillo y otros Vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de
noviembre de 2008. Serie C No. 192, párr. 77. Proyecto de Artículos sobre Responsabilidad del Estado por Hechos
Internacionalmente Ilícitos, supra, artículo 14.3: “La violación de una obligación internacional en virtud de la cual el
Estado debe prevenir un acontecimiento determinado tiene lugar cuando se produce el acontecimiento y se
extiende durante todo el período en el cual ese acontecimiento continúa y se mantiene su falta de conformidad con
esa obligación”.
54
Cfr. Caso Velásquez Rodriguez Vs. Honduras. Fondo, supra, párr. 173, y Caso Vélez Restrepo y Familiares
Vs. Colombia, supra, párr. 186.
55
Cfr. Caso de la “Panel Blanca” (Paniagua Morales y otros) Vs. Guatemala. Fondo. Sentencia de 8 de marzo
de 1998. Serie C No. 37, párr. 91, y Caso De la Masacre de las Dos Erres Vs. Guatemala. Excepción Preliminar,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2009. Serie C No. 211, párr. 197
56
Cfr. Caso de la “Panel Blanca” (Paniagua Morales y otros) Vs. Guatemala. Fondo, supra, párr. 91, y Caso
Zambrano Vélez y otros Vs. Ecuador. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 4 de julio de 2007. Serie C No.
166, párr. 104. A fin de ponderar la existencia de factores tales como el apoyo, la tolerancia o la aquiescencia
estatal respecto a conductas violatorias de derechos humanos, el Tribunal ha considerado diversas circunstancias.
Entre ellas, pueden señalarse, por ejemplo, las siguientes: la acreditación de la vinculación de fuerzas estatales con
grupos paramilitares (Cfr. Caso de la “Masacre de Mapiripán” Vs. Colombia, supra párr. 123); o de “diversas
acciones y omisiones realizadas en forma coordinada o concatenada” por diferentes estructuras y órganos
estatales, de modo de posibilitar la vulneración de derechos (Cfr. Caso Perozo y otros Vs. Venezuela. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de enero de 2009. Serie C No. 195, párr. 149); o la
permisión y protección estatal en relación con una actividad que pone en riesgo derechos humanos (Cfr. Caso
Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku Vs. Ecuador. Fondo y reparaciones. Sentencia de 27 de junio de 2012. Serie C
No. 245, párr. 248).
57
Cfr. Caso de la “Masacre de Mapiripán” Vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 15 de
septiembre de 2005. Serie C No. 134, párr. 113, y Caso Perozo y otros Vs. Venezuela, supra, párr. 129.
58
Cfr. Caso de la “Panel Blanca” (Paniagua Morales y otros) Vs. Guatemala. Fondo, supra, párr. 76, y Caso
Masacres de Río Negro Vs. Guatemala. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 4 de
septiembre de 2012. Serie C No. 250, párr. 40.
59
Caso Ríos y otros Vs. Venezuela. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de
28 de enero de 2009. Serie C No. 194, párr. 101, y Caso Manuel Cepeda Vargas Vs. Colombia. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de mayo de 2010. Serie C No. 213, párr. 66.
30
circunstancial, los indicios y las presunciones pueden utilizarse, siempre que de ellos puedan
inferirse conclusiones consistentes sobre los hechos60.
115. Por lo tanto, para la Corte no es razonable colegir, del conjunto de los elementos
probatorios aportados y, en especial, con base en los “indicios” referidos por la Comisión,
que el Estado es responsable, por tolerancia, aquiescencia o perpetración directa del
atentado cometido contra Joe Castillo, Yelitze Moreno y Luis Castillo. Por ello, la Corte
constata que no existen elementos suficientes para determinar la responsabilidad
internacional del Estado por la vulneración, en este caso, de los artículos 4, 5 y 19 de la
Convención Americana, en relación con el artículo 1.1 del tratado.
60
Cfr. Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras. Fondo, supra, párr. 130, y Caso Vélez Restrepo y Familiares
Vs. Colombia, supra, párr. 156.
61
En relación con el caso Kawas Fernández Vs. Honduras, citado por la Comisión, la Corte nota que el
cúmulo de elementos para concluir en la atribución de responsabilidad estatal era cualitativamente diverso. Así, por
ejemplo, en ese caso la Corte tuvo en consideración elementos tales como la acreditación de que un funcionario
estatal intentó obstaculizar la investigación de los hechos, y opiniones “técnico-jurídicas” de órganos estatales que
señalaban que otras entidades del Estado no habían ejercido acción alguna para detener a los responsables del
hecho en cuestión. Cfr. Caso Kawas Fernández Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 3 de
abril de 2009. Serie C No. 196, párrs. 84 a 94.
31
así como el Informe Anual de PROVEA de 22 de noviembre de 2002, documentos en los que
se da cuenta en general, por un lado, de la situación de los refugiados y el asesinato de al
menos tres refugiados protegidos por las medidas cautelares y, por otro, de la aparición del
sicariato con el consecuente aumento de asesinatos de “dirigentes campesinos” para el
período que comprende el informe (octubre de 2001- septiembre de 2002) en los que se
mencionan los ataques y asesinatos ocurridos en su contra. Aludieron además al informe de
la Defensoría del Pueblo de Venezuela de 2003, que enfatiza también la situación de los
dirigentes campesinos62 .
119. Por otra parte, la Comisión hizo referencia a su Informe sobre la Situación de los
Derechos Humanos en Venezuela de 24 de octubre 2003, en el cual indicó que se tuvo
noticia que defensores de derechos humanos habían recibido distintos tipos de ataques y
actos de intimidación en su contra63. Asimismo, se remitió al Informe Democracia y
Derechos Humanos en Venezuela de 30 de diciembre de 2009, en el cual señaló que
“organizaciones venezolanas de derechos humanos han advertido con preocupación que por
primera vez en la historia democrática de Venezuela se han registrado asesinatos y
ejecuciones de defensores de derechos humanos”, e hizo referencia a un informe de la
Vicaría de Caracas, en cual se indica que se “ha[n] llegado a documentar seis casos de
violaciones del derecho a la vida de defensores de derechos humanos en Venezuela entre
1997 y 2007”. En dicho documento, entre otros 64, se menciona el atentado contra de Joe
Luis Castillo.
120. También los representantes hicieron referencia al Informe sobre la Situación de los
Defensores y Defensoras de Derechos Humanos en Venezuela de la Vicaría de Caracas de
2007, el cual contiene un balance de la situación de los defensores de derechos humanos en
62
Defensoría del Pueblo de Venezuela. Anuario 2003: Derechos Humanos en Venezuela. Caracas, 2004.
Dicho informe expresa la consideración de la Defensoría del Pueblo de Venezuela sobre la existencia de un “patrón
[de] ataques dirigidos contra dirigentes agrarios, activistas políticos y defensores de derechos humanos”, pero
aclarando que “[a] pesar de que durante 2003 fueron de especial relevancia los asesinatos de dos activistas de
derechos humanos, el sector más vulnerado por esta práctica siguió siendo el de los campesinos” (Expediente de
anexos al escrito de solicitudes y argumentos, Tomo II, Anexo 85, folio 2197).
63
CIDH, Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en Venezuela. Capítulo II. B. Situación de
defensores de derechos humanos. OEA/Ser.L/V/II.118. Doc. 4 rev. 1. 24 de octubre 2003 (Expediente de anexos al
Informe de Fondo, Anexo 10, folios 133 a 142). En cuanto a las características de estos ataques en contra de
derechos humanos, indicó que estos se habían desarrollado desde diferentes perspectivas. Según este Informe
“algunos defensores ha[bían] sido víctimas de campañas de desprestigio por parte de personas que ostentan
cargos públicos”. Indicó que los actos de hostigamiento en contra de defensores “a veces llegan hasta ataques
contra la integridad física de los defensores”, y que también se habían presentado una serie de “mecanismos
difusos de intimidación” como “la realización de amenazas y visitas por parte personas no identificadas a las
inmediaciones de las instalaciones donde los defensores desempeñan su labor”. En un caso en contra de una ONG,
señaló que este tipo amenazas habían ocurrido “[c]uriosamente […] luego [de su] trabajo […] con refugiados”. En
concreto, señaló que se habían reportado los siguientes casos: el homicidio de Jorge Nieves, activista de derechos
humanos, ocurrido el 26 de abril de 2003 en el Guaseadito, Apure; la agresión sufrida por Estrella Castellanos,
dirigente de la Asociación Civil Mujeres por la Libertad, quien fue secuestrada el 30 de septiembre del mismo año y
posteriormente abandonada; la muerte del dirigente Luis Alberto Alcalá, coordinador de medios y propaganda de la
Asociación Civil Defensores Populares de la Nueva República, el 25 de septiembre de 2002, y los casos del líder
campesino, Armando Douglas García y su vecino, Carlos Parra. En dicho Informe, también mencionó la muerte de
Joe Castillo.
64
La Comisión indicó que “[l]os otros cinco asesinatos de defensores a los que se refiere el informe de la
Vicaría de Derechos Humanos de Caracas están relacionados con la actividad de los familiares de víctimas de
ejecuciones extrajudiciales en Venezuela, y entre ellos se encuentra José Ramón Rodríguez, presuntamente
ajusticiado por funcionarios de la policía regional de Portuguesa el 28 de octubre de 2000 y Enmari Dahiana Cava
Orozco, presuntamente asesinada por funcionarios de la policía municipal de Cagua el 10 de marzo de 2003”.
Informe Democracia y Derechos Humanos en Venezuela, de 30 de diciembre de 2009, párrs. 623 y 626
(Expediente de anexos al Informe de Fondo, Anexo 14, folios 239 a 250).
32
Venezuela en el período que comprende 1997-200765. En éste, se indica que las condiciones
en que los defensores de derechos humanos desarrollaban su labor se había deteriorado de
manera significativa, debido a que en dicha “década, fundamentalmente a partir del año
2004, cuando la polarización política en la sociedad venezolana alcanza su máxima
expresión, la actitud del Estado venezolano cambia respecto de las ONG y de los defensores
y defensoras de derechos humanos”. Además, dicho informe presenta un registro, inter alia,
de amenazas, campañas de desprestigio, agresiones, seguimiento y vigilancia, detenciones
arbitrarias, ataques, asesinatos y ejecuciones de “defensores del derecho a la tierra”,
“defensores de derechos laborales”, así como de “defensores pertenecientes a ONG o a
comités de familiares de víctimas de violaciones al derecho a la vida”, entre otros, durante
el período señalado anteriormente.
121. Por último, en el ya citado Informe de la Comisión del año 2003, época en que
ocurren los hechos del presente caso, en el apartado sobre la situación de defensores de
derechos humanos, la Comisión hizo notar que
esta situación [en contra de defensores] no constitu[ía] una práctica general; sin embargo la
existencia de casos concretos configura un síntoma de seria afectación a los derechos humanos
en el sentido de que en Venezuela la labor de los defensores de derechos humanos se [había
venido] desarrollando en un contexto exento de contrariedades de esta naturaleza66.
122. En relación con lo reseñado precedentemente, cabe tener presente que la Corte ha
señalado que el derecho a la vida juega un papel fundamental en la Convención Americana,
por ser el presupuesto esencial para la realización de los demás derechos 67; que los Estados
tienen la obligación de garantizar la creación de las condiciones que se requieran para que
no se produzcan violaciones de ese derecho inalienable y, en particular, el deber de impedir
que sus agentes atenten contra él 68; que el cumplimiento de las obligaciones impuestas por
el artículo 4 de la Convención Americana, relacionado con el artículo 1.1 de la misma, no
sólo presupone que ninguna persona sea privada de su vida arbitrariamente (obligación
negativa), sino que además, a la luz de su obligación de garantizar el pleno y libre ejercicio
de los derechos humanos, requiere que los Estados adopten todas las medidas apropiadas
para proteger y preservar el derecho a la vida (obligación positiva), y que esta protección
activa del derecho a la vida por parte del Estado no sólo involucra a sus legisladores, sino a
toda institución estatal y a quienes deben resguardar la seguridad, sean éstas sus fuerzas
de policía o sus fuerzas armadas 69. La Corte igualmente ha afirmado que, en razón de lo
anterior, los Estados deben adoptar las medidas necesarias, no sólo a nivel legislativo,
administrativo y judicial, mediante la emisión de normas penales y el establecimiento de un
sistema de justicia para prevenir, suprimir y castigar la privación de la vida como
consecuencia de actos criminales, sino también para prevenir y proteger a los individuos de
65
Cfr. Vicaría de Derechos Humanos de Caracas, Informe sobre la Situación de los Defensores y Defensoras
de Derechos Humanos en Venezuela, supra.
66
Cfr. CIDH, Informe sobre la Situación de los derechos humanos en Venezuela, supra.
67
Cfr. Caso de los “Niños de la Calle” (Villagrán Morales y otros) Vs. Guatemala. Fondo. Sentencia de 19 de
noviembre de 1999. Serie C No. 63, párr. 144, y Caso Familia Barrios Vs. Venezuela. Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2011. Serie C No. 237, párr 48.
68
Cfr. Caso de “los Niños de la Calle” (Villagrán Morales y otros) Vs. Guatemala, Fondo, supra, párr. 144, y
Caso Familia Barrios Vs. Venezuela, supra, párr. 48.
69
Cfr. Caso Juan Humberto Sánchez Vs. Honduras. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 7 de junio de 2003. Serie C No. 99, párr. 110, y Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú. Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 25 de noviembre de 2006. Serie C No. 160, párr. 237.
33
124. Por otra parte la Corte ha establecido que, en determinados contextos, la labor que
realizan los defensores de derechos humanos puede colocarlos en una situación especial de
vulnerabilidad, frente a lo cual el Estado debe adoptar todas las medidas necesarias y
razonables para garantizar su derecho a la vida, libertad personal e integridad personal 73.
En este sentido, ha enfatizado que los Estados tienen el deber de crear las condiciones
necesarias para el efectivo goce y disfrute de los derechos establecidos en la Convención,
siendo que el cumplimiento de dicho deber está intrínsecamente ligado a la protección y al
reconocimiento de la importancia del papel que cumplen las defensoras y defensores de
derechos humanos, cuya labor es fundamental para el fortalecimiento de la democracia y el
Estado de Derecho74. Asimismo, ha señalado75 que este compromiso con la protección de los
defensores de derechos humanos ha sido reconocido por la Organización de los Estados
Americanos76, así como en diversos instrumentos internacionales77.
70
Cfr. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia, supra, párr. 120, y Caso de las Masacres de
Ituango Vs. Colombia. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 1 de julio de 2006. Serie
C No. 148, párr. 131. En el mismo sentido, Caso Servellón García y otros Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 21 de septiembre de 2006. Serie C No. 152, párr. 98.
71
Cfr. Caso Vera Vera y otra Vs. Ecuador. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de
19 de mayo de 2011. Serie C No. 226, párr. 41.
72
Cfr. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia, supra, párr. 111, y Caso Furlan y Familiares Vs.
Argentina. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2012. Serie C
No. 246, párr. 134.
73
Cfr. Caso Valle Jaramillo y otros Vs. Colombia, supra, párrs. 81 a 91, y Caso Fleury y otros Vs. Haití.
Fondo y Reparaciones. Sentencia de 23 de noviembre de 2011. Serie C No. 236, párrs 79 a 82.
74
Cfr. Caso Valle Jaramillo y otros Vs. Colombia, supra, párr. 87, y Caso Fleury y otros Vs. Haití, supra, párr.
80.
75
Cfr. Caso Valle Jaramillo y otros Vs. Colombia, supra, párr. 89 y nota a pie de página 48, y Caso Fleury y
otros Vs. Haití, supra, párr. 80 y nota a pie de página 66.
76
Cfr. Organización de Estados Americanos, Defensores de los Derechos Humanos en las Américas: Apoyo a
las tareas que desarrollan las personas, grupos y organizaciones de la sociedad civil para la promoción y protección
de los derechos humanos en las Américas, AG/Res. 1671 (XXIX-0/99) de 7 de junio de 1999; AG/Res. 1711 (XXX-
0/00) de 5 de junio de 2000, y AG/Res. 2412 (XXXVIII-0/08) de 3 de junio de 2008.
77
Por ejemplo, el artículo 1 de la Declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las
instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente
reconocidos, establece que “[t]oda persona tiene derecho, individual o colectivamente, a promover y procurar la
protección y realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales en los planos nacional e
internacional”. Organización de las Naciones Unidas, Declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, los
grupos y las instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales
universalmente reconocidos, A/RES/53/144, 8 de marzo de 1999, artículo 1. Cfr., asimismo, Organización de las
34
125. Sin perjuicio de lo anterior, la Corte recuerda que no es posible ignorar la gravedad
especial que tiene la atribución a un Estado Parte en la Convención de la responsabilidad
por la existencia de una práctica de violaciones a los derechos humanos. Ello “obliga a la
Corte a aplicar una valoración de la prueba que tenga en cuenta este extremo y que, sin
perjuicio de lo ya dicho, sea capaz de crear la convicción de la verdad de los hechos
alegados”78. Por ello, el análisis de los antecedentes pertinentes debe hacerse atendiendo al
alcance y características propias de los mismos, a fin de estar en posibilidad de establecer,
si es el caso, un patrón de violencia en contra defensores de derechos humanos, con las
características de notoriedad y sistematicidad alegadas.
126. Con relación específicamente al presente caso, la Corte advierte que hay consenso
entre las partes y la Comisión sobre la existencia, para el momento de los hechos, de una
situación de inseguridad e incremento de la violencia que afectaba al estado Zulia y que
incidía particularmente sobre los líderes campesinos, tal como se ha indicado entre los
hechos no controvertidos y comprobados (supra párrs 34 a 37). Incluso el Estado reconoció
la situación general de inseguridad en la zona, así como que la misma había afectado al
sector campesino79. En razón de esto afirmó que “[s]i los dirigentes campesinos asesinados
los consideramos defensores de derechos humanos, efectivamente, se produjo un
incremento de actos de agresión contra los defensores de derechos humanos en esa zona”.
127. Sin embargo, la Corte nota también, por una parte, que las referencias presentadas
por los representantes y la Comisión en general se refieren a la situación de los defensores
de derechos humanos en Venezuela y no exclusivamente a su situación en Zulia, y por otra
parte, que, de acuerdo con los elementos probatorios aportados y más allá de la situación
de complejidad e inseguridad que se vivía en la zona, en la que acaecieron ciertos hechos
que implicaron agresiones en contra de defensores de derechos humanos, no se probó que
constituyeran una situación o práctica generalizada ni sistemática. Por ende, para la Corte
resulta innecesario ponderar las demás circunstancias alegadas, así como la pertinencia de
realizar un análisis con base en el referido deber reforzado de prevención a la luz de la
pretendida existencia de una situación de “riesgo estructural” (supra párr. 104).
128. Con base en lo anterior, deben señalarse los requisitos para que surgiera en el caso
la responsabilidad por el incumplimiento la obligación positiva del Estado de prevenir
Naciones Unidas, Principios básicos sobre la función de los abogados, aprobados por el Octavo Congreso de las
Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del delincuente, UN Doc. No. A/CONF.144/28/REV.1, 7
de septiembre de 1990, artículos 16 a 22, y Consejo de la Unión Europea, Proyecto de conclusiones del Consejo
sobre las directrices de la EU sobre defensores de los derechos humanos, 100056/1/04 REV 1, 9 de junio de 2004.
78
Cfr. Caso Velázquez Rodríguez. Fondo, supra, párr. 129, y Caso Vélez Restrepo y Familiares Vs. Colombia,
supra, párr. 156.
79
Al respecto, el Estado indicó que para el momento de los hechos del presente caso “[a]lgunos
terratenientes venezolanos comenzaron a contratar paramilitares colombianos como sicarios para asesinar a líderes
campesinos que estaban haciendo cumplir la Ley de Tierra y Desarrollo Agrario”. Observaciones presentadas por el
Estado a la Comisión, mediante comunicación de fecha 21 de enero de 2008, supra. La Defensoría del Pueblo de
Venezuela en su Anuario del año 2003 sobre los Derechos Humanos en Venezuela, si bien no se refirió a casos de
atentados en contra de personas en específico, sí señaló que “[e]n el caso de las muertes ocurridas en zonas
campesinas, durante 2003 se hizo evidente un patrón que ya había salido a la luz pública el año anterior, los
ataques dirigidos contra dirigentes agrarios, activistas políticos y defensores de derechos humanos a través de
asesinos a sueldo. A pesar de que durante 2003 fueron de especial relevancia los [homicidios] de dos activistas de
derechos humanos, el sector más vulnerado por esta práctica siguió siendo el de los campesinos, cuyos dirigentes
han sido víctimas de ataques por sus intentos de organizarse y de promover el derecho a la tierra”. República
Bolivariana de Venezuela, Defensoría del Pueblo, Anuario 2003: Derechos Humanos en Venezuela, supra.
35
atentados contra derechos humanos. Para ello, debe establecerse que al momento de los
hechos las autoridades sabían o debían saber de la existencia de una situación de riesgo
real e inmediato para la vida de un individuo o grupo de individuos determinados, y que no
tomaron las medidas necesarias dentro del ámbito de sus atribuciones que, juzgadas
razonablemente, podían esperarse para prevenir o evitar ese riesgo .
80
es claro que un Estado no puede ser responsable por cualquier violación de derechos humanos
cometida entre particulares dentro de su jurisdicción. En efecto, las obligaciones convencionales
de garantía a cargo de los Estados no implican una responsabilidad ilimitada de los Estados frente
a cualquier acto o hecho de particulares, pues sus deberes de adoptar medidas de prevención y
protección de los particulares en sus relaciones entre sí se encuentran condicionados al
conocimiento de una situación de riesgo real e inmediato para un individuo o grupo de individuos
determinado y a las posibilidades razonables de prevenir o evitar ese riesgo. Es decir, aunque un
acto u omisión de un particular tenga como consecuencia jurídica la violación de determinados
derechos humanos de otro particular, aquél no es automáticamente atribuible al Estado, pues
debe atenderse a las circunstancias particulares del caso y a la concreción de dichas obligaciones
de garantía81.
130. Ahora bien, como ha sido acreditado, Joe Luis Castillo era un defensor de derechos
humanos cuya labor consistía en brindar asesoría legal a los pueblos indígenas, refugiados,
y a campesinos (supra párr. 38) y se desarrollaba en el marco de la situación compleja y de
inseguridad que se vivía en la zona fronteriza, y en especial en Zulia (supra párrs. 35 a 37).
Tal situación era conocida por el Estado que, como se indicó, incrementó la vigilancia policial
y militar, estableciendo un Comando Estratégico, constituido por cinco Teatros de
Operaciones82 (supra párr. 36).
131. Dentro de dicho marco son, no obstante, igualmente hechos no controvertidos, por
una parte, que con anterioridad al atentado Joe Luis Castillo no fue objeto de amenazas o
actos intimidatorios, y por la otra, que no existió una denuncia pública o ante autoridades
estatales de una situación de riesgo que lo afectara a él o sus familiares, o la necesidad de
contar con medidas de protección. Por lo tanto, la Corte concluye que, al momento de los
hechos, no existían elementos suficientes para establecer que el señor Castillo se
encontraba en una situación de riesgo con especial notoriedad que conllevara al Estado a
adoptar medidas especiales de protección y prevención a su favor.
80
Cfr. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia, supra, párrs. 123 y 124, y véase también las
siguientes decisiones de la Corte Europea de Derechos Humanos: TEDH, Caso Kiliç Vs. Turquía, No. 22492/93.
Primera Sección. Sentencia de 28 de marzo de 2000, párr 63, TEDH, Caso Öneryildiz Vs. Turquía. No. 48939/99.
Gran Sala. Sentencia de 30 de noviembre de 2004, párr. 93, y TEDH, Caso Osman Vs. Reino Unido. No. 23452/94.
Gran Sala. Sentencia 28 de octubre de 1998, párr 116.
81
Cfr. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia, supra, párr. 123, y Caso González y otras (“Campo
Algodonero”) Vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 16 de noviembre de
2009. Serie C No. 205, párr. 280.
82
Cfr. Oficio AGEV/000574, supra. Según el Estado con dicho Comando Estratégico se procuró brindar
protección y seguridad a la población. Frente a lo afirmado por el Estado, la Comisión y los representantes
coincidieron en que Venezuela estableció el Comando Estratégico con los cinco Teatros de Operaciones. Sin
embargo, los representantes señalaron que los Teatros de Operaciones TO1 y TO2 creados entre 1994 y 1999,
“[años en que] la zona fronteriza venezolana sufrió una suspensión de garantías constitucionales”, han continuado
operando en el período después de 1999, cuando culminó la suspensión de garantías, y afirmaron que su actividad
se ha caracterizado por su función típica relacionada con el uso de fuerza militar para la seguridad fronteriza
(Expediente de fondo, escrito de solicitudes y argumentos, folios 120 y 121). Manifestaron, en la audiencia pública,
que la militarización “evidencia una incomprensión del Estado de las medidas alternativas o complementarias,
necesarias y adecuadas, que son fundamentales para garantizar la protección efectiva de los y las defensoras de
derechos humanos en una zona de riesgo”.
36
132. Por todo lo anterior, la Corte considera que el Estado no es responsable por la
violación al derecho a la vida consagrado en el artículo 4 de la Convención, en relación con
la obligación de garantía que emana de su artículo 1.1, en perjuicio de Joe Luis Castillo
González. Por el mismo motivo, el Tribunal estima que el Estado tampoco es responsable de
la vulneración del derecho a la integridad personal y derechos del niño, reconocidos en los
artículos 5.1 y 19 de la Convención, en relación con el artículo 1.1 del mismo instrumento,
en perjuicio de Yelitze Moreno, en lo que hace al primer derecho, y de Luis Castillo, en lo
atinente a ambos artículos.
VI-2
DERECHOS A LAS GARANTÍAS JUDICIALES Y A LA PROTECCIÓN JUDICIAL EN
RELACIÓN CON LAS OBLIGACIONES DE RESPETAR Y GARANTIZAR LOS DERECHOS
133. La Comisión señaló que consideraba pertinente que se evalúe la investigación de los
hechos de acuerdo con el Protocolo de Naciones Unidas para la Investigación Legal de las
Ejecuciones Extrajudiciales, Arbitrarias y Sumarias (en adelante “Protocolo de Minnesota”)
que “establece algunas diligencias mínimas”. Además especificó diversas omisiones que
advirtió en la investigación de los hechos, a saber: 1) no se realizó el reconocimiento
fotográfico de la persona presuntamente vinculada al atentado contra Joe Castillo y sus
familiares (supra párr. 78); 2) no se recabaron fotos en vida de las personas fallecidas el
20 de noviembre del 2003, hecho este último en el que, según ciertas versiones, habrían
tenido vinculación personas responsables del atentado cometido contra el señor Castillo, su
esposa y su hijo (supra párr. 72), y 3) no se hizo la comparación balística de las armas de la
persona vinculada al atentado contra Joe Castillo y sus familiares y de aquellas armas
incautadas a las personas fallecidas en el enfrentamiento de 20 de noviembre del 2003, con
los casquillos de las balas que impactaron en Joe Castillo.
134. También dijo que el Estado debió considerar en su investigación la labor de defensor
de derechos humanos de Joe Luis Castillo, y circunstancias como el asesinato de tres
beneficiarios de medidas cautelares dispuestas por la Comisión que Joe Luis Castillo
representaba, así como el hecho de que él hubiera participado en la defensa de casos
relacionados con la tenencia de la tierra y que algunos de sus representados fueran
selectivamente asesinados. Destacó que el Estado tuvo que tener en cuenta que era
pertinente, en el contexto de los hechos, que “respecto a la investigación de violaciones de
derechos de defensoras y defensores [de derechos humanos], se [efectúe] el análisis de la
posible participación de autores intelectuales”, en razón “de que varios de los ataques […]
en su contra se realizan bajo la modalidad del sicariato”. Indicó además que el CICPC “no
investigó suficientemente la denuncia recibida […] el 10 de septiembre de 2003”, que
refería la participación de paramilitares de Cúcuta en el atentado a las presuntas víctimas.
En tal sentido, la Comisión notó que, a pesar de haberse identificado el automóvil de “los
presuntos autores” y de haberse observado a tres sujetos, estos no “fueron identificados” y
pese a que “se constató que los seriales de seguridad y carrocería [del vehículo] eran
falsos”, del expediente no se observan “diligencias adicionales” para indagar lo denunciado.
Además, afirmó que el Ministerio Público supo por testigos, “como el presunto paramilitar”,
Emer Terán “y el miembro de la guardia nacional Edgar Alfonso González”, que Joe Luis
Castillo estaba en una “lista de objetivos a eliminar por parte de los paramilitares […]
contratados por varios ganaderos de la zona [con] conocimiento del alcalde de Machiques”,
no obstante lo cual no realizó indagaciones suficientes a partir de esos datos.
37
135. También adujo que “correspondía a las autoridades […] desplegar todos los esfuerzos
necesarios para esclarecer” los indicios sobre la posible responsabilidad estatal “por
aquiescencia, colaboración o participación” en el atentado. Indicó que “[p]or [ello], debió
haber realizado una investigación [minuciosa, seria y diligente] sobre la posible
participación estatal […] antes de archivar la investigación”. No obstante todo lo anterior, el
Estado archivó la causa, “suspend[iendo] las diligencias de investigación” sin “explorar las
líneas lógicas de la investigación”, y sin realizar “diligencias conducentes a la identificación
de los responsables y, especialmente, sin analizar con seriedad los posibles vínculos de
autoridades estatales”. En razón de ello, coligió que la decisión de archivo fue injustificada.
En este marco, indicó que la demora de “más de siete años” sin que sean “esclarecidas las
circunstancias” implicaba una demora “en sí mism[a] irrazonable” e injustificada.
136. Los representantes indicaron que de acuerdo con el Protocolo de Minnesota, existen
ciertos procedimientos que deben ser cumplidos para que la investigación de una muerte
violenta sea tratada adecuadamente. Aseguraron que
[l]a violación del deber de debida diligencia, se ha concretado, entre otros aspectos, en la
inactividad de las autoridades judiciales para practicar oportunamente actuaciones fundamentales
que podrían haber apuntado a los autores materiales e intelectuales de los hechos, al igual que la
ausencia de una investigación que, desde el inicio, hubiera indagado sobre la existencia de la
modalidad de muerte por encargo y la presunta participación de grupos armados irregulares,
crimen organizado, y/o agentes de Estado.
137. Entre las diligencias no realizadas por el Estado, los representantes incluyeron: “la
falta de análisis de trayectoria y comparaciones balísticas”, así como “la falta de
coordinación entre diversos organismos judiciales”, además del “incumplimiento de medidas
de protección a favor de Yelitze Lisbeth Moreno y su hijo”, ordenadas por la Comisión, “la
falta de seguimiento y captura de sospechosos”, y “la ausencia de seguimiento de líneas
lógicas de investigación” que tomaran en cuenta el contexto en que sucedieron los hechos o
el “modus operandi [de] ciertos actores”. Asimismo refirieron a la falta de indagación
respecto a procesos judiciales de Colombia, particularmente sobre declaraciones realizadas
poco tiempo después del atentado a Joe Luis Castillo, de líderes paramilitares como “Carlos
Castaño [y] Salvatore Mancuso […] sobre la masacre de La Gabarra y otros hechos
violentos”. También denunciaron la falta de interrogatorio a un sobreviviente del
enfrentamiento policial de 20 de noviembre de 2003. Enfatizaron que se desestimaron
líneas de investigación sobre participación de paramilitares e incluso agentes estatales en el
atentado. Al respecto, afirmaron que
[l]os fiscales del Ministerio Público tuvieron […] desde el inicio, información precisa sobre los
nombres de los integrantes del grupo paramilitar […] [y] pudieron entrevistarse […] con un
miembro de la Guardia Nacional que colaboraba con dicho grupo. A pesar de contar
oportunamente con toda esta información, la cual incluía la identificación de funcionarios
específicos del gobierno municipal como posibles colaboradores en el crimen.
138. Los representantes concluyeron que “[e]l archivo fiscal de la causa fue decretado por
falta de pruebas, una situación que fue generada por la propia falta de investigación
adecuada”. Agregaron que las autoridades no notificaron de modo oportuno y formal la
decisión de archivo a la señora Moreno. Al igual que la Comisión, indicaron que dado el
tiempo transcurrido y la permanencia de la impunidad en el caso, se afectó el requisito de
razonabilidad en el plazo de las actuaciones.
139. Los representantes agregaron que no se les permitió acceso a las constancias de las
actuaciones de la causa penal. Refirieron que “[d]el expediente conducido por la Fiscalía
20[ª] obtuvieron copias, pero bajo carácter de reservadas, y sin incluir el decreto de archivo
38
[l]a impunidad [en el caso] y la falta de discernimiento de lo ocurrido […] impide que tanto las
víctimas como la sociedad venezolana puedan conocer quiénes son los autores no sólo del crimen
contra Joe [Luis Castillo], sino todo el contexto de violencia que ha afectado gravemente a la
sociedad.
Por tal fundamento, señalaron que Venezuela vulneró “el derecho a la verdad en perjuicio
de los familiares de Joe Luis Castillo y de la sociedad venezolana, lo que resultó en
violaciones a los artículos 1(1), 8, 25 y 13 de la C[onvención Americana]”.
142. Además el Estado manifestó que el “presunto paramilitar Emer Humberto Terán y el
miembro de la Guardia Nacional en situación de reposo Edgar Alfonso González” no fueron
testigos en la investigación, “solo fueron entrevistados en diligencia de un funcionario
policial, sin que […] procedieran a rendir una declaración formal, jurada y firmada”. El
Estado explicó que “el contenido de todo lo expresado en una entrevista es sometido a
investigación, y no puede tomarse ipso facto como […] cierto”. Asimismo consideró que la
información “presuntamente” aportada
es muy general y no señal[ó] datos específicos y concretos que permitieran establecer un nexo
causal entre las circunstancias de la muerte de Joe [Luis] Castillo y acciones de participación o
colaboración de agentes estatales. La única información precisa es que […] fue asesinado por
grupos paramilitares.
Explicó que a pesar de que Emer Humberto Terán y Edgar Alfonso Gonzalez “fueron
aprehendidos y puestos a la orden del Ministerio Público y de los tribunales competentes”,
no pudieron “extraer información” de ellos, en virtud de la garantía del proceso, dispuesta
en el artículo 49 de la Carta Magna de Venezuela, que exime a imputados de la obligación
de declarar en causa propia83.
83
Dicho artículo establece que “[s]e le impondrá al imputado o imputada del precepto constitucional que le
exime de declarar en causa propia y aun en caso de consentir a prestar declaración a no hacerlo bajo juramento”.
39
recolección de nuevos elementos probatorios, aun en los casos en que se ha decretado el Archivo
Fiscal[. D]ichos elementos son obtenidos en la permanente labor policial y de las investigaciones
en curso. Ante la aparición de nuevas pruebas se origina una reactivación inmediata, que da
lugar a nuevas actuaciones cuyo resultado permitiría al Fiscal llevar a cabo una acusación formal
ante el Juez.
145. Agregó que la víctima del ilícito penal puede acudir en cualquier momento ante el
Juez Penal, de acuerdo al artículo 316 del mismo Código Procesal “cuando el o la Fiscal del
Ministerio Público haya resuelto archivar las actuaciones […] solicitándole que examine los
fundamentos [del archivo]” y de encontrar elementos, de acuerdo al artículo 317, “el
tribunal […] ordenará el envío de las actuaciones para [que el mismo Fiscal u otro] realicen
lo pertinente”. Señaló que, en todo caso,
[l]as presuntas víctimas no agotaron los recursos y facultades legales consagradas en el […]
artículo 316, a fin de enervar ante el Juez el decreto de Archivo Fiscal, luego de haberse
notificado formalmente mediante comunicación [de] la Fiscalía Vigésima encargada del caso.
146. Indicó que no obstante ello, los representantes “acudieron [a] la jurisdicción
internacional” sin haberse “dispuesto un cierre legal y definitivo del caso”, que solo sería
posible “a través de una solicitud de [s]obreseimiento” tramitada ante el Juez Penal,
atendiendo al artículo 318 del Código Procesal invocado. A partir de lo referido señaló, en la
audiencia pública, que “no se agotaron los recursos internos”, lo que reiteró en sus alegatos
finales escritos, indicando que con base en tal motivo interponía una “excepción preliminar”.
147. Venezuela manifestó que existe “mala fe” por parte de la Comisión, en cuanto a
cómo computó el plazo de la investigación declarándolo como “irrazonable”. Al respecto,
señaló que dicho plazo debe contarse “desde la fecha de inicio de la investigación, hasta el
momento en que el Ministerio Público […] decret[ó] el Archivo Fiscal”.
148. Por último, el Estado aseguró que los representantes “nunca revisaron la
investigación ni se entrevistaron con los investigadores o con los fiscales […] comisionados
[del caso]”. Además, indicó que el 24 de agosto de 2005 los representantes solicitaron una
copia simple del expediente, pero tal requerimiento no fue presentado en las “oficinas del
Ministerio Público en Machiques[, sino] consignado ante la dirección de Secretaría General
de la República con sede en Caracas”.
Consideraciones de la Corte
84
El artículo 8 de la Convención Americana en lo pertinente, señala:
1. Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o
tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de
40
deben intentar como mínimo, inter alia: i) identificar a la víctima; ii) recuperar y preservar el
material probatorio relacionado con la muerte, con el fin de ayudar en cualquier potencial
investigación penal de los responsables; iii) identificar posibles testigos y obtener sus
cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden
civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter.
[…]
85
El artículo 25 de la Convención Americana, en lo pertiente, dice:
1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o
tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la
Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en
ejercicio de sus funciones oficiales.
[…]
86
Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras. Fondo, supra, párr. 177, y Caso Vélez Restrepo y Familiares Vs.
Colombia, supra, párr. 247.
87
Caso Juan Humberto Sánchez Vs. Honduras, supra, párr. 127, y Caso Vélez Restrepo y Familiares Vs.
Colombia, supra, párr. 247.
88
Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras. Fondo, supra, párr. 177, y Caso Vélez Restrepo y Familiares Vs.
Colombia, supra, párr. 188.
89
Caso Servellón García y otros Vs. Honduras, supra, párr. 120, y Caso González y otras (“Campo
Algodonero”) Vs. México, supra, párr. 300, y Caso Kawas Fernández Vs. Honduras, supra, párr. 102.
41
declaraciones en relación con la muerte que se investiga; iv) determinar la causa, forma,
lugar y momento de la muerte, así como cualquier patrón o práctica que pueda haber
causado la muerte, y v) distinguir entre muerte natural, muerte accidental, suicidio y
homicidio. Además, es necesario investigar exhaustivamente la escena del crimen, se deben
realizar autopsias y análisis de restos humanos, en forma rigurosa, por profesionales
competentes y empleando los procedimientos más apropiados90.
153. Ahora bien, la Comisión y los representantes indicaron diligencias que, según
señalaron, deberían haberse efectuado91. De ellas, a efectos del análisis que aquí se realiza,
se tendrán en cuenta sólo aquellas que fueron ordenadas por las autoridades (infra párr.
158). No se considerarán posibles medidas concretas de investigación que, según
argumentos de la Comisión o los representantes, deberían haberse realizado y que no
fueron ordenadas por las autoridades92. Ello, pues, en principio, no compete a la Corte
determinar la procedencia o utilidad de acciones o medidas concretas de investigación, a
menos que la omisión en su realización resulte contraria a pautas objetivas, o irrazonable
de modo manifiesto.
154. Se desprende del acervo probatorio que, en el presente caso, las autoridades
encargadas de la investigación realizaron múltiples diligencias tendientes a indagar lo
sucedido. Entre ellas, se pueden mencionar las siguientes: a) recolección de evidencia en el
lugar (supra párr. 47); b) identificación de personas que presenciaron el hecho (supra párr.
47); c) dos inspecciones oculares en el lugar de los hechos y en el automóvil en el que
viajaba la familia Castillo (supra párr. 47); d) realización del reconocimiento médico y la
necropsia al cadáver (supra párr. 48); e) práctica de experticias en planimetría, trayectoria
balística y hematológica (supra párr. 48); g) autopsia sobre el cadáver del señor Castillo
(supra párr. 50); h) realización de diversas “entrevistas” de testigos oculares del hecho
(supra párr. 52 a 54); i) recepción de la declaración de la señora Yelitze Moreno (supra
párr. 56); j) elaboración de un retrato hablado (supra párr. 56); k) práctica de un
reconocimiento fotográfico de tres presuntos paramilitares por parte de una funcionaria del
Vicariato (supra párr. 67), y l) práctica de un reconocimiento médico legal a la señora
Moreno (supra párr. 70).
155. Además, en relación con la autoría de los hechos, se examinó la posible vinculación
de personas relacionadas con actividades personales del señor Castillo. Así, el día siguiente
90
Caso Juan Humberto Sánchez Vs. Honduras, supra, párr. 127; Caso González y otras (“Campo
Algodonero”) Vs. México, supra, párr. 300, y Caso González Medina y familiares Vs. República Dominicana.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de febrero de 2012. Serie C No. 24, nota
a pie de página 274, y Manual sobre la Prevención e Investigación Efectiva de Ejecuciones Extrajudiciales,
Arbitrarias y Sumarias de Naciones Unidas, Doc. E/ST/CSDHA/.12 (1991).
91
Las omisiones de diligencias señaladas por la Comisión y los representantes consisten en la falta de: 1)
realización de reconocimiento fotográfico de la persona presuntamente vinculada al homicidio de Joe Castillo; 2)
comparación balística de las armas obtenidas de dicha persona y los casquillos de las balas que impactaron en Joe
Castillo; 3) comparación balística entre las armas de las personas fallecidas el 20 de noviembre de 2003 y las balas
que impactaron en Joe Castillo; 4) obtención de fotografías en vida de las personas fallecidas el 20 de noviembre
de 2003; 5) ejecución de “diligencias adicionales” para indagar los señalamientos recibidos telefónicamente por un
funcionario policial que indicaban la participación de paramilitares colombianos en los hechos; 6) “seguimiento y
captura” de sospechosos; 7) falta de indagación respecto a procesos judiciales tramitados en Colombia, y 8)
interrogatorio a un sobreviviente del enfrentamiento policial de 20 de noviembre de 2003 (supra párrs. 133, 134,
136 y 137).
92
Las medidas que, según los representantes y la Comisión, deberían haberse efectuado y que no fueron
ordenadas por las autoridades internas son las siguientes: 1) ejecución de “diligencias adicionales” para indagar los
señalamientos recibidos telefónicamente por un funcionario policial que indicaban la participación de paramilitares
colombianos en los hechos; 2) “seguimiento y captura” de sospechosos; 3) falta de indagación respecto a procesos
judiciales tramitados en Colombia, y 4) interrogatorio a un sobreviviente del enfrentamiento policial de 20 de
noviembre de 2003 (supra párrs. 134 y 137).
42
del hecho se “entrevistó” a una persona que refirió que el señor Castillo había tenido
problemas con un albañil (supra párr. 48). Luego, ese mismo día se recibió la declaración de
éste (supra párr. 48). También se recibió “entrevista” de una persona que mantenía
relaciones comerciales con el señor Castillo (supra párr. 68).
158. Entre las medidas de investigación dispuestas por las autoridades, y que no se
habrían efectuado, se encuentran las siguientes: 1) reconocimiento fotográfico del presunto
involucrado en el atentado cometido contra Joe Castillo y su familia (supra párrs. 81 y 82);
2) obtención de fotografías en vida de las personas fallecidas el 20 de noviembre del 2003
(supra párr. 76), y 3) comparación balística entre las armas incautadas a las personas
fallecidas en el enfrentamiento de 20 de noviembre del 2003, con los casquillos de las balas
que impactaron en Joe Luis Castillo (supra párrs. 76 y 84). En lo que se refiere a la
comparación balística de las armas incautadas al presunto involucrado en el atentado
cometido contra Joe Castillo y su familia con casquillos de las balas que impactaron en Joe
Castillo, del acervo probatorio surge que dicha diligencia sí se realizó, y que la ejecución de
tal medida consta en los informes periciales que se emitieron cerca de un año después de
93
La identidad entre una de las personas detenidas el 12 de septiembre de 2003 y una de las que resultó
muerta el 20 de noviembre de 2003 surge de un acta policial de 15 de septiembre de 2003.
43
que la misma fuera requerida (supra párr. 84). Cabe indicar que la Comisión señaló que
esta diligencia no se había efectuado.
160. Ahora bien, teniendo en cuenta tanto los hechos reseñados como la jurisprudencia
citada, corresponde a la Corte, en el marco de su competencia y funciones, valorar si el
actuar estatal en el curso de la investigación fiscal, considerando a ésta en su conjunto, se
adecuó o no a pautas de debida diligencia requeridas para satisfacer el derecho a acceder a
la justicia. En otros términos, a la Corte le compete determinar si el actuar de un órgano del
Estado, como son los entes encargados de las investigaciones94, constituye o no un ilícito
internacional a la luz de lo dispuesto en la Convención. Esto no implica que sustituya a
aquél, sino que únicamente precise las consecuencias internacionales de sus acciones u
omisiones en el presente caso y disponga lo correspondiente.
162. Con base en lo anterior, cabe colegir que, en este caso, la investigación fue
conducida de modo razonable. Las omisiones y dilaciones referidas, que se relacionan con
aspectos o diligencias puntuales de la investigación fiscal, no tienen, apreciadas en el marco
de las acciones de investigación en su conjunto, la entidad o gravedad suficientes para
configurar una responsabilidad internacional del Estado por una violación a los derechos a
las garantías y protección judiciales de las presuntas víctimas.
94
Proyecto de Artículos sobre Responsabilidad del Estado por Hechos Internacionalmente Ilícitos, Artículo
4.1, supra.
44
163. En relación con las alegaciones de la Comisión y los representantes sobre la decisión
de decretar el archivo fiscal y atendiendo a lo señalado por el perito Pedro Berrizbeitía 95, la
Corte observa que al momento de disponerse el archivo fiscal existían diligencias pendientes
(supra párr. 158). No obstante, dicha decisión, tal como fue indicado por los
representantes, se basó en una apreciación de la prueba existente por parte del órgano
fiscal. Al respecto, el Tribunal recuerda que no puede “dirimir los desacuerdos que tengan
las partes sobre determinados alcances de la prueba o de la aplicación del derecho interno
en aspectos que no estén directamente relacionados con el cumplimiento de obligaciones
internacionales en derechos humanos”96. Además, la Corte considera que, existiendo
posibilidades legales para cuestionar la decisión de archivo fiscal y solicitar la continuación
de las investigaciones97, no consta que ello haya sido efectuado por las presuntas víctimas.
164. Sin perjuicio de todo lo expuesto, la Corte hace notar que el Estado ha señalado que
el archivo fiscal dispuesto no es “sinónimo del cierre del caso” y que “ante nuevas pruebas
se [puede] origina[r] una reactivación inmediata [del mismo]”. Considerando lo aseverado
por el Estado, esta Corte constata que es posible, por lo tanto, en cuanto la normativa
interna lo permita, proseguir con la investigación de los hechos.
165. Es pertinente resaltar que la señora Moreno y Luis Castillo, en tanto son familiares
de Joe Castillo y también personas contra las cuales se produjo el hecho ilícito, conservan
un legítimo interés, relacionado con su derecho a acceder a la justicia, para que el hecho
referido sea debidamente investigado.
166. Por otra parte, de acuerdo a lo determinado, la Corte considera que no es necesario
pronunciarse sobre los alegatos referidos a la falta de cumplimiento de deber de desarrollar
las actuaciones en un plazo razonable.
167. Además, cabe hacer referencia a ciertos argumentos presentados en relación con la
participación de las presuntas víctimas en el marco de la investigación. Al respecto, la Corte
ha manifestado que el Estado debe asegurar el pleno acceso y capacidad de actuar de las
víctimas y sus familiares en todas las etapas del procedimiento y que dicha participación
debe tener como finalidad el acceso a la justicia y el conocimiento de la verdad de lo
ocurrido98. Asimismo ha añadido que el Estado debe evitar obstáculos y adoptar, en el curso
de las investigaciones, las medidas necesarias para proteger la seguridad de las víctimas y
95
El perito Pedro Berrizbeitía manifestó que era “legalmente improcedente el decreto de archivo fiscal,
[pues] la investigación no se había agotado” (Expediente de Fondo, folios 585 a 605).
96
Caso Nogueira de Carvalho y otro vs. Brasil. Excepciones Preliminares y Fondo. Sentencia de 28 de
noviembre de 2006. Serie C No. 161, párr. 80, y Caso Palma Mendoza y otros Vs. Ecuador. Excepción Preliminar y
Fondo. Sentencia de 3 de septiembre de 2012. Serie C No. 247, párr. 102.
97
Al respecto, el perito Pedro Berrizbeitía señaló que “frente a un decreto de archivo fiscal la víctima puede
impugnar la suspensión de la investigación a través de dos vías diferentes: […] puede solicitarle a la Fiscalía la
práctica de [diligencias] diferentes y así lograr la reactivación de la investigación. Esta facultad se encuentra
establecida en el […] artículo 315 del Código Orgánico Procesal Penal[. Además, a]nte un decreto de archivo sin
fundamento o con un basamento débil, puede acudir ante el juez de control para que lo deje sin efecto y remita las
actuaciones al fiscal superior a fin de que éste confíe el asunto a un fiscal diferente. Así lo disponen los artículos
316 y 317 del Código Orgánico Procesal Penal venezolano”. También señaló el perito que para ejercer las
facultades expuestas, la víctima debe tener conocimiento del archivo fiscal. Cfr. Declaración del perito Pedro
Berrizbeitía, supra.
98
Cfr. mutatis mutandi, Caso del Caracazo Vs. Venezuela. Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de agosto
de 2002. Serie C No. 95, párr. 118, y Caso Pacheco Teruel y otros Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 27 de abril de 2012 Serie C No. 241, párr. 130.
45
demás personas vinculadas al caso, de modo de posibilitar que ejerzan sus derechos a las
garantías judiciales y a la protección judicial sin restricciones 99.
168. Por otra parte, la participación de las víctimas en el proceso implica el acceso al
expediente respectivo100. Sin perjuicio de ello, es admisible que “en ciertos casos exista
reserva de las diligencias adelantadas durante la investigación preliminar en el proceso
penal, para garantizar la eficacia de la administración de justicia”101. La Corte ha dicho
también que, no obstante, tal potestad estatal “en ningún caso […] puede invocarse para
impedir a la víctima el acceso al expediente de una causa penal [y…], de ser el caso, debe
ser garantizada adoptando las medidas necesarias compatibles con el ejercicio de los
derechos procesales de las víctimas”102.
169. En el presente caso el Tribunal observa que, a pesar de ciertas dificultades (supra
párr. 139), la señora Moreno y sus representantes han podido examinar los expedientes,
mantener contacto con las autoridades a cargo de la investigación, así como obtener
información de ellas y requerirles la realización de actuaciones (supra párrs. 56, 75, 81, 83,
86, 87, 90 y 92).
172. Por último, en cuanto a la alegada violación del derecho a conocer la verdad, de
conformidad con lo señalado anteriormente respecto de los artículos 8 y 25 de la
Convención Americana, la Corte considera que no corresponde emitir pronunciamiento
alguno sobre el particular.
99
Cfr. mutatis mutandi, Caso Fernández Ortega y otros Vs. México. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 30 de agosto de 2010. Serie C No. 215, párr. 214, y Caso Rosendo Cantú y
otra Vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2010. Serie C
No. 216, párr. 215.
100
Cfr. Caso Radilla Pacheco Vs. México. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia
de 23 de Noviembre de 2009. Serie C No. 209, párr. 252, y Caso González Medina y familiares Vs. República
Dominicana, supra, párr. 253.
101
Cfr. Caso Barreto Leiva Vs. Venezuela. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 17 de noviembre de
2009. Serie C No. 206, párrs. 54 y 55, y Caso Radilla Pacheco Vs. México, supra, párr. 252.
102
Cfr. Caso Radilla Pacheco Vs. México, supra, párr. 252, y Caso González Medina y familiares Vs. República
Dominicana, supra, párr. 253.
46
VI-3
DERECHOS A LA INTEGRIDAD PERSONAL, A LA PROTECCIÓN
DE LA HONRA Y DE LA DIGNIDAD, LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y
DE EXPRESIÓN Y LIBERTAD DE ASOCIACIÓN,
EN RELACIÓN CON LA OBLIGACIÓN DE RESPETAR LOS DERECHOS
173. La Comisión alegó que tanto Yelitze Moreno y Luis Castillo como los padres del señor
Castillo, Yolanda González y Jaime Castillo, y los hermanos del primero, Jaime y Julijay,
ambos apellidados Castillo González, tuvieron padecimientos por la pérdida de un ser
querido así como por la ausencia de una investigación completa y efectiva, lo que les causó
sufrimiento y angustia al no conocer la verdad sobre lo ocurrido. En consecuencia, afirmó
que se afectó la integridad psíquica y moral de ellos. Por lo anterior, solicitó que se declare
que el Estado violó el artículo 5.1 de la Convención, en perjuicio de las personas indicadas.
174. Los representantes alegaron una violación del artículo 5.1 de la Convención, en
perjuicio de Yelitze Moreno y su hijo, por el sufrimiento a raíz de la impunidad en que
permanecen los hechos que les ha ocasionado daños emocionales. Además, argumentaron
una violación al artículo 5.1 de la Convención, respecto a los padres y hermanos de Joe
Castillo, por las afectaciones psíquicas y morales que han sufrido como consecuencia de su
asesinato, así como el sufrimiento adicional por las actuaciones y omisiones cometidas por
las autoridades en la investigación de los hechos. También adujeron afectaciones a la
integridad personal de Yelitze Moreno y Luis Castillo por “la falta de medidas de prevención”
en relación con el atentado.
175. Por su parte, el Estado concluyó que “llevó a cabo una investigación completa de los
hechos denunciados [y] satisfizo los derechos humanos de las presuntas víctimas, por tanto
no es responsable de la violación del derecho a la integridad psíquica y moral […] en
perjuicio de Yelitz[e] Moreno, […] Luis César Castillo Moreno, [a]sí como tampoco de [sus]
familiares”
176. Los representantes alegaron que el atentado contra Joe Luis Castillo, representó para
Yelitze Moreno y Luis César Castillo una alteración significativa de su proyecto de vida.
Aludieron a los cambios imprevistos en la vida de ambos y señalaron que el niño Luis
Castillo perdió a su padre y la señora Yelitze Moreno a su esposo, por lo que ella tuvo que
abandonar el proyecto de vida que emprendería como defensora de derechos humanos,
regresar a su ciudad de origen, criar a su hijo como madre soltera y buscar un nuevo
trabajo como maestra en una escuela. Estos hechos provocaron el quiebre del desarrollo
103
El artículo 11 de la Convención Americana, en lo conducente, expresa:
[…]
2. Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en
su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación.
[…]
47
normal de sus vidas como individuos. En consecuencia, debido a las afectaciones al proyecto
de vida de la señora Moreno y el niño Luis Castillo, a raíz del asesinato de Joe Castillo,
solicitaron a la Corte que declare la violación al derecho a la “vida privada” establecido en el
artículo 11.2 de la Convención.
180. Los representantes en sus alegatos realizaron un análisis conjunto de las violaciones
al derecho a la libertad de asociación y libertad de expresión. Recordaron que ambos
derechos “imponen tanto obligaciones negativas como positivas para los Estados”, por lo
que el Estado debe protegerlos y garantizarlos y que su ejercicio requiere “la existencia de
condiciones y prácticas sociales que lo favorezcan” y que el Estado está conculcado ha
“adoptar medidas necesarias y razonables para prevenir y proteger los derechos de […]
sujetos que se [encuentren] en situación de riesgo o vulnerabilidad”. Aludieron a la doble
dimensión del derecho a la libertad de expresión y a que, sin éste, “se pondría en riesgo la
104
El artículo 13 de la Convención Americana, en lo conducente, establece:
[…]
105
El artículo 16 de la Convención Americana, en lo conducente, indica:
1. Todas las personas tienen derecho a asociarse libremente con fines ideológicos, religiosos,
políticos, económicos, laborales, sociales, culturales, deportivos o de cualquiera otra índole.
[…]
48
181. Añadieron que como consecuencia de las omisiones del Estado se provocó “una
violación radical a su libertad de expresión y […] asociación independiente y autónoma del
derecho a la vida” afectando la dimensión social e individual de ambos derechos. Por ello,
concluyeron que Venezuela violó los artículos 13 y 16, en concordancia con el artículo 1.1
de la Convención[,] en perjuicio de Joe Luis Castillo González.
183. Por último, el Estado se limitó a señalar que no es responsable de la violación del
derecho de asociación, en razón de que sí se realizaron las investigaciones
correspondientes, sin embargo la falta de elementos de convicción impidieron la
determinación de los autores del hecho, y que siendo la investigación una obligación de
medios y no de resultados, en determinadas circunstancias resulta imposible materialmente
lograr la individualización de los autores del hecho ilícito.
Consideraciones de la Corte
184. La Corte nota que las argumentaciones sobre las alegadas violaciones de los
derechos a la integridad personal, a la protección de la honra y de la dignidad, a la libertad
de pensamiento y de expresión y a la libertad de asociación se fundamentan en la supuesta
responsabilidad estatal por el homicidio de Joe Castillo y por las afectaciones a la integridad
personal de Yelitze Moreno y Luis Castillo, o en la aducida falta de investigación adecuada
de los hechos. La Corte considera que no hay responsabilidad internacional del Estado
respecto a los derechos mencionados, consagrados en los artículos 5, 11.2, 13, y 16 de la
Convención Americana, en tanto no estableció una vulneración a los derechos a la vida, la
integridad personal y del niño por tolerancia, aquiescencia o perpetración directa del
atentado sufrido por Joe Castillo y sus familiares, ni por el incumplimiento del deber de
prevenir los hechos ocurridos en contra de las referidas personas, y tampoco una violación a
los derechos a las garantías y protección judiciales.
49
VII
PUNTOS RESOLUTIVOS
POR TANTO,
LA CORTE
DECLARA:
Y DISPONE:
Por unanimidad,
1. Archivar el expediente.
50
Redactada en español e inglés, haciendo fe el texto en español, San José, Costa Rica, el 27
de noviembre de 2012.
Diego García-Sayán
Presidente
Secretario
Comuníquese y ejecútese,
Diego García-Sayán
Presidente
Secretario