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Sentencia sobre Responsabilidad Médica en Parto

La Cámara Civil, Sala F, revisa una sentencia que rechazó parcialmente una demanda por daños y perjuicios tras la muerte de María Cecilia Ferreyra, condenando al Instituto Médico de Obstetricia y a su obra social a indemnizar a los reclamantes. Los apelantes argumentan sobre la responsabilidad y los montos de indemnización, así como la tasa de interés aplicada. La corte analiza la validez de los agravios presentados y la aplicación de la ley vigente al caso.
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Sentencia sobre Responsabilidad Médica en Parto

La Cámara Civil, Sala F, revisa una sentencia que rechazó parcialmente una demanda por daños y perjuicios tras la muerte de María Cecilia Ferreyra, condenando al Instituto Médico de Obstetricia y a su obra social a indemnizar a los reclamantes. Los apelantes argumentan sobre la responsabilidad y los montos de indemnización, así como la tasa de interés aplicada. La corte analiza la validez de los agravios presentados y la aplicación de la ley vigente al caso.
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Poder Judicial de la Nación

CAMARA CIVIL - SALA F

“MEDINA, DOMINGO ORLANDO Y OTROS C/ INSTITUTO


MÉDICO DE OBSTETRICIA SA Y OTROS S/ DAÑOS Y PER-
JUICIOS-RESP. PRO. MEDICOS Y AUX.” EXPTE. N°
8692/2012

En Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los


días del mes de febrero de 2024, reunidos en
acuerdo los Sres. Jueces de la Excma. Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil, Sala “F” para conocer en los autos del
epígrafe, respecto de las cuestiones sometidas a su decisión, a fin de
determinar si es arreglada a derecho la sentencia apelada.
Practicado el sorteo correspondiente resultó el siguiente orden de
votación: Sres. Jueces de Cámara Dra. SCOLARICI. Dr. RAMOS
FEIJÓO. La vocalía N° 18 no interviene por hallarse vacante.

A la cuestión propuesta, la Dra. Gabriela M. Scolarici dijo:


I. La sentencia de grado dictada con fecha 6 de febrero de
2023 rechazó la demanda respecto del codemandado Pablo B. Gordin,
con costas por su orden y la admitió respecto de “Instituto Médico de
Obstetricia SA” y “Obra Social del Personal de la Industria del Tejido
y Afines”, condenándolos a abonar a Domingo O. Medina el importe
de pesos tres millones ($3.000.000) a Matías E. Medina, Federico G.
Medina, Gonzalo A. Medina y Agustina F. Medina el importe de
pesos un millón setecientos mil ($1.700.000) para cada uno de ellos y
a Morena C. Medina el importe de pesos dos millones setecientos mil
($2.700.000), todo ello más sus intereses y las costas del juicio.
II. Contra el decisorio apelan el codemandado Pablo B.
Gordin, quien expresó sus agravios a fs. 612/617, cuyo traslado fue
respondido a fs. 643/647; la parte actora, quien fundó su recurso
mediante la presentación obrante a fs. 619/635, cuyo traslado
649/650; la citada en garantía Seguros Médicos SA, quien presentó su

Fecha de firma: 27/02/2024


Firmado por: GABRIELA MARIEL SCOLARICI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA

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memorial a fs. 637/639, cuyo traslado fue contestado a fs. 652/655,
“Instituto Médico de Obstetricia SA”, quien fundó su recurso a fs.
637/641, cuyo traslado fue contestado a fs. 652/657. La Sra.
Defensora de menores de Cámara presentó su dictamen a fs. 668/670.
Se dictó el llamamiento de autos, providencia que se
encuentra firme, quedando de esta manera los presentes en estado de
dictar sentencia.
III. Relataron los actores que el día 20 de enero de 2007 la
Sra. María Cecilia Ferreyra, esposa y madre de los reclamantes,
ingresó al “Instituto Médico de Obstetricia”, donde dio a luz a su
quinta hija, Morena C. Medina; que luego de producido el parto
presentó una hemorragia por atonía uterina, por lo que debió ser
intervenida quirúrgicamente y se le extrajo el útero.
Refirieron que luego de la intervención, un médico les
informó que la Sra. Ferreyra se hallaba en estado delicado y que las
pérdidas continuaban y la paciente no orinaba, presentando disfunción
renal.
Que ante la necesidad de un mejor control de la paciente y
dado que su estado de salud empeoraba progresivamente, cerca de las
20/21 horas se dispuso su traslado a otra clínica, pero dado que la
institución demandada no contaba con ambulancias del tipo necesario
para el traslado de la Sra. Ferreyra, se solicitó una a través de la obra
social de la paciente, la que recién arribó alrededor de las 6 horas.
Que la madre y esposa de los actores llegó al “Sanatorio
Bernal SRL” a las 7 horas en estado crítico y a las 7:30 horas sufrió
un paro cardiorespiratorio del cual fue recuperada.
Seguidamente sostuvieron que se decidió intervenir a la
paciente quirúrgicamente a fin de determinar las causas del sangrado
y el trastorno renal. Que en dicha oportunidad, fue asistida por un
grupo de médicos clínicos, especialistas en nefrología y en
ginecología. Que fue operada alrededor de las 16 horas y en dicha

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cirugía se constató la existencia de dos vasos rotos y el riñón en


similar situación. Que “sin explicar la procedencia y/o génesis de las
anomalías los médicos que intervinieron en la operación remarcaron
el estado crítico de la paciente y el posible daño neurológico, aun
cuando lograría comenzar a orinar y las hemorragias habían parado.
Señalaron que entre el 25 y el 27 de enero de 2007 la Sra.
Ferreyra se mantuvo asistida por el respirador artificial, siendo que al
momento de quitarle el mismo su estado de salud empeoraba y que
finalmente el 1 de febrero de 2007 se produjo su fallecimiento.
Manifestaron que toda vez que la Sra. Ferreira fue
intervenida quirúrgicamente por una atonía uterina y el resultado de
dicha operación fue la ligadura de en ambos uréteres, con
consecuencias nefastas para la paciente, existió culpa médica y
además una falta de seguimiento absoluta de parte del personal del
centro de salud demandado, por lo que los demandados deben
responder por los daños ocasionados a los actores.
IV. Agravios
En su memorial, al cual adhirió la Sra. Defensora de Me-
nores de Cámara, se agravian los actores del “porcentual establecido
para la responsabilidad de los accionados”.
Asimismo se agravian por considerar exiguos los impor-
tes fijados por “valor vida-pérdida de chance” y “daño moral”.
Finalmente se quejan de la tasa de interés fijada por el
sentenciante por estimarla insuficiente y solicitan que los intereses se
devenguen a la tasa activa desde la fecha del hecho hasta el efectivo
pago.
El codemandado Pablo B. Gordin y su aseguradora citada
en garantía “Seguros Médicos SA” se agravian de que se hayan im-
puesto en el orden causado las costas derivadas del rechazo de la de-
manda a su respecto y solicitan respectivamente que sean impuestas
en su totalidad a las codemandadas vencidas o a la parte actora.

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La codemandada Instituto Médico de Obstetricia SRL se
agravia de la responsabilidad que le atribuyó el sentenciante alegando
que no se han valorado adecuadamente las pruebas obrantes en autos.
Sostiene que no existió demora en el diagnóstico, que la sospecha de
lesión ureteral se efectuó a las 18:15 horas, momento en que se deci-
dió derivar a la Sra. Ferreyra a una institución de mayor complejidad
por la falta de especialistas en urología, nefrología y diálisis, ya que
IMO SA es un sanatorio monovalente, una maternidad y que la demo-
ra en la derivación no es imputable a su parte ya que dependía de la
obra social.
Asimismo se agravia de los importes indemnizatorios fi-
jados en la sentencia por considerarlos excesivos.
V.-Como previo y antes de entrar en el tratamiento de los
agravios deducidos cabe precisar que el nuevo Código Civil y Comer-
cial de la Nación que entró en vigencia el 1 de agosto de 2015 aproba-
do por la ley 26.994 contempla de manera expresa lo relativo a la
“temporalidad” de la ley. Es menester interpretar coherentemente lo
dispuesto por su art. 7° sobre la base de la irretroactividad de la ley
respecto de las situaciones jurídicas ya constituidas, y el principio de
efecto inmediato de la nueva ley sobre las situaciones que acontezcan,
o relaciones jurídicas que se creen con posterioridad a su vigencia, así
como a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas
existentes. Las consecuencias son los efectos, -de hecho o de derecho
que reconocen como causa, una situación o relación jurídica por ende
atento que en los presentes obrados la situación de que se trata, ha
quedado constituida, con sus consecuencias devengadas, conforme a
la ley anterior, corresponde analizar la cuestión a la luz de la misma,
así como la doctrina y jurisprudencia a ella aplicable.
Por lo demás, adelanto que seguiré a los recurrentes en las
alegaciones que sean conducentes para decidir este conflicto (conf.
CSJN Fallos: 258:304, entre otros) pues recuerdo que como todas las

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pruebas no tienen el mismo peso, me apoyaré en las que resulten


apropiadas para resolver el caso (conf. CSJN, Fallos:274:113) las que
produzcan mayor convicción en concordancia con los demás
elementos de mérito de la causa. Se considerarán, entonces, los
hechos “jurídicamente relevantes” (Aragoneses Alonso, Pedro,
Proceso y Derecho Procesal); o “singularmente trascendentes”
(Calamandrei, Piero, La génesis lógica de la sentencia civil).

VI. Liminarmente, cabe hacer mención a la alegada arbi-


trariedad del decisorio que sostiene la codemandada Instituto Médico
de Obstetricia SA.
Sabido es que la tacha de arbitrariedad es improcedente si
se funda en una mera discrepancia del recurrente con la apreciación de
los hechos y la interpretación de la prueba efectuada por los jueces de
grado, toda vez que la procedencia de la impugnación requiere la
enunciación concreta de las pruebas omitidas y su pertinencia para al-
terar la decisión de la causa. Nuestro máximo Tribunal ha señalado al
respecto: “La doctrina de la arbitrariedad reviste carácter excepcional
y su aplicación no tiene por objeto corregir en tercera instancia pro-
nunciamientos equivocados o que el recurrente considera como tales,
ni cubre las discrepancias planteadas respecto de la valoración y se-
lección de la pruebas efectuadas por el Tribunal de la causa, ni autori-
za a suplir el criterio de los jueces en cuestiones que, por su naturaleza
le son propias si la sentencia expone argumentos suficientes que bas-
tan para sustentarla” (CS, noviembre 27-1979, “Poblet S.M. c/ Cole-
gio San Fecha de firma: 08/06/2021 José Obrero”, ídem junio 5- 1980,
“Knaus, Silverio c/ Kilstein, Leonardo”; ídem junio 24-1980, “Mo-
yano, Juan C.”, ídem julio 22- 1980, “MoisGhami SA” RED. 14, pá-
gina 893, sum. 416). (CNCiv., Sala “H”, “Lucero SA c/ López Vidal
s/ prescripción adquisitiva”. R. 494841, 03/09/2008).

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Por otra parte, ha sostenido nuestro Máximo Tribunal
que la tacha de arbitrariedad no debe encubrir las discrepancias del
apelante en lo referente a la apreciación y selección de la prueba, más
cuando es un remedio estrictamente excepcional y de su exclusivo re-
sorte (C.S., mayo 11-976, E.D., 64-407) (conf. Sala “J”, Expte. N°
67983/2015 “Aguilar Teresa del Valle c/ Coto C.I.C.S.A y otro s/ da-
ños y perjuicios” del 30/5/2020; íd, Expte.N°13309/2008 “Ortega
Maidana Elva Ramona c/ Maldonado Demetrio y otros s/ daños y per-
juicios del 6/8/2020).
Por ello, no encontrando elemento alguno que permita
vislumbrar que el pronunciamiento de grado esté dotado de tal arbitra-
riedad cabe desestimar este reproche.
VII. Responsabilidad
He sostenido invariablemente la tesis contractualista,
interpretando que la obligación asumida por el profesional no es a
obtener un resultado, sino tan sólo a poner los medios adecuados para
alcanzar esa finalidad, esto es, de prestar asistencia técnicamente
adecuada, poniendo al servicio del enfermo el caudal de
conocimientos científicos que su título acredita y prestándole la
diligente asistencia profesional que su estado requiere. A fin de no
extenderme en estos aspectos y tesis doctrinarias analizadas en casos
análogos, me remito brevitatis causae a los pronunciamientos de la
Sala “J” dictados en tal sentido (CNCiv., Sala “J” 28/09/2006,
“D'Albano, Juan C. c. Hospital Español de Buenos Aires”, DJ 2007-I,
795; Ídem., id., 24/08/2005, Expte. 86.890/97 “Azurduy, Cristina
Rina y otro c/ Hospital. Gral. de Agudos Dalmacio Velez Sarsfield y
otros”, E. D. 216-548; Id., id., 09/09/2005, Expte.52.188/99, “Benito
Sarmiento, Cristina y otro c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”;
Id., id., 17/08/2010, “Benítez Eduardo Aparicio c/ Sarrabayrouse Juan
Ignacio, y otros s/ daños y perjuicios”, E. D. 28/12/2010, Nº 12.657,
La Ley Cita online: AR/JUR/45017/201; Id., id., 31/5/2011, Expte.

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117.079/2001, “Salguero de Fratte, Gladys c/ OSDE (Organización


Servicios Directos Empresarios) y otros s/daños y perjuicios” La Ley
Cita online: AR/JUR/21670/2011; Id., id.,11/9/2007, “Aguirre, Rene
Héctor c/ Lespada, Pedro y otros s/ daños y perjuicios”; Ídem id,
28/12/2020 Expte N° 89.402/2010 “Rojas José c/ Marpama y otros s/
daños y perjuicios”; Ídem id, 8/6/2021, Expte 30932/2013 “Rodríguez
Mario Adrián c/ Instituto de Maternidad y Cirugía S.A. y otros s/
daños y Perjuicios”; entre otros muchos).
A los efectos de apreciar la naturaleza de la actividad
médica se han señalado una serie de aspectos que configuran la lex
artis ad hoc como tener en cuenta el caso concreto en que se produce
la intervención médica y las circunstancias en que la misma se
desarrolle, así como las incidencias conexas al normal ejercicio
profesional, para lo que han de valorarse las especiales características
del autor del acto médico, de la profesión, de la complejidad y
trascendencia vital del paciente y, en su caso, la influencia de otros
factores endógenos –estado del paciente, de sus familiares y de la
misma organización sanitaria-, y así calificar el acto médico como
conforme o no a la técnica normal requerida; pero, dada la
trascendencia que para el paciente reviste en muchas ocasiones la
intervención médica, debe exigirse la diligencia que el derecho sajón
califica como propia de las obligaciones de mayor esfuerzo.

Sostiene Alonso Pérez que al médico, en el ejercicio de su


auctoritas artis, hay que exigirle un grado elevado de responsabilidad.
La diligencia particularmente esmerada forma parte en el pensamiento
clásico de la responsabilidad aquiliana. La diligencia exigible por el
art. 902 del Código Civil derogado (art. 1725 del actual ordenamiento
de fondo) no es la del común individuo lego en la materia, sino la del
profesional que las circunstancias exijan.
La diligentia diligentissima debe configurar el ejercicio
del arte médico, si tenemos en cuenta los valores cardinales a los que

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atiende la Medicina, como la salud, la vida y la integridad física y psí-
quica. Por ello, se considera que la responsabilidad profesional dentro
del área de la Medicina tiene que ver con unas medidas especiales, que
no son otras que las derivadas de los llamados “deberes médicos” –lex
artis ad hoc- que sobrepasan la medida o patrón del standard de culpa.
Es que la responsabilidad en el ámbito sanitario exige la necesaria e
incluso concentrada y máxima atención al paciente, por no resultar de
recibo satisfactorio las precipitaciones ni los diagnósticos inadecua-
dos, incompletos, rutinarios o apresurados, al tratarse la salud de un
derecho fundamental de las personas, que les hace acreedoras de obte-
ner todas las prestaciones sanitarias precisas e idóneas, sin regateos u
omisiones injustificadas (Tribunal Supremo Español, sentencias del 25
de abril de 1994 y del 20 de marzo de 1997; Alonso Pérez, Mariano,
“La relación médico-enfermo, presupuesto de la responsabilidad civil
(en torno a la lex artis)” en Perfiles de la Responsabilidad civil en el
nuevo milenio, Madrid, 2001, pág. 37).

Cabe recordar que la ciencia médica tiene sus limitacio-


nes y en el tratamiento de las enfermedades existe siempre un álea que
escapa al cálculo más riguroso o a las previsiones más prudentes, ex-
tremos que obligan a restringir el campo de la responsabilidad y a
apreciar la culpa médica con suma prudencia y ponderación (conf. Tri-
go Represas, F., "Nuevas reflexiones sobre la responsabilidad civil de
los médicos", LA LEY,1984-C, 582 y sgte. y jurisprudencia que cita
en las notas 33 a 38) a fin de no consagrar la impunidad, con el consi-
guiente peligro para los pacientes, pero sin una severidad excesiva que
torne prácticamente imposible el ejercicio de la medicina (conf. CN-
Civ., Sala “J”, 24/08/2005, "A., C. R. y otro c. Hospital. Gral. de Agu-
dos Dalmacio Vélez Sarsfield y otros s/daños y perjuicios", E. D. 216-
548 y fallos allí citados).
La obligación asumida por el profesional no es a
obtener un resultado, sino tan sólo a poner los medios adecuados para
alcanzar esa finalidad, esto es, de prestar asistencia técnicamente
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adecuada, poniendo al servicio del enfermo el caudal de


conocimientos científicos que su título acredita y prestándole la
diligente asistencia profesional que su estado requiere.
Es decir, que su conducta profesional debe representar un
actuar diligente y prudente de acuerdo a las circunstancias del caso, en
la que el galeno no se compromete a alcanzar un fin determinado, sino
que se obliga a cumplir una prestación eficaz e idónea, con ajuste a
los procedimientos que las respectivas técnicas señalan como más
aptas para el logro de los objetivos del paciente enfermo.
En consecuencia, la omisión de esta carga representa la base
fundamental de los llamados casos de “mala praxis”, en los que por un
error de diagnóstico o un inapropiado tratamiento clínico o quirúrgico,
nace la responsabilidad civil del médico con sustento en el elemento
subjetivo de la culpa (conf. Labombarda, Pablo M., “La responsabili-
dad del Estado por la mala praxis médica en hospitales públicos”, L.L.
07/12/2004, pág. 1).

La carga de la prueba pesa sobre quien alega el obrar ilícito,


y para que quede comprometida la responsabilidad de los médicos por
los hechos cometidos en ejercicio de su profesión, el paciente debe
demostrar la culpa en la realización de la atención médica prestada, la
existencia de daño que le hubiere sobrevenido a causa de ese hecho y
la relación de causalidad entre el incumplimiento y el daño
experimentado. Basta, que alguno de estos requisitos fracase para que
el deudor quede exento de responsabilidad por las consecuencias de
su actividad (Alsina Atienza, JA 1958-III-587; Bustamante Alsina,
nota en la LL l976-C,63; CNCiv. Sala "D", ED 95-302).

Es cierto que la tendencia en materia de derecho de


daños es aligerar la carga de la prueba en beneficio de las víctimas,
por ejemplo, a través de presunciones de responsabilidad, de culpa, e
incluso (en un plano subjetivo) la teoría de las “cargas probatorias
dinámicas”, todas manifestaciones del carácter tuitivo del sistema. El

Fecha de firma: 27/02/2024


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Código Civil y Comercial, fundamentalmente a través del art. 1735,
sigue esta línea de razonamiento.
Sin perjuicio de ello, lo apuntado no alcanza a enervar el
régimen probatorio en materia de “relación de causalidad” en los
términos señalados, sustento primero del reclamo indemnizatorio,
pues dicha prueba pesa sobre quien reclama la reparación del daño,
tanto en la órbita contractual como extracontractual. Es una
consecuencia lógica de los principios que regulan la carga de la
prueba en materia procesal, que ponen en cabeza de quien alega la
existencia de un derecho la demostración de los hechos constitutivos
de su pretensión.
Es decir, la parte actora debe demostrar la “conexión
material” entre un “determinado hecho” y el “resultado”, extremo que
revela que la causalidad no está presumida, y a partir de esta prueba
podrá presumirse el carácter adecuado de la condición.
Consecuentemente, en tales supuestos “a lo sumo existe una
simplificación en ciertos aspectos de la prueba de la causalidad”, mas
no una presunción de su existencia (Pizarro, Daniel, Vallespinos,
Carlos, Instituciones de Derecho Privado. Obligaciones, vol. 3,
Hammurabi, 2007, pág. 107).
El vínculo de causalidad exige la concurrencia de
una relación efectiva y adecuada entre una acción u omisión y el daño
de que se trate. A tales efectos, se hace necesario realizar un juicio de
probabilidad, determinando que el daño se halla en conexión causal
adecuada con el acto ilícito; en otros términos, que la consecuencia
dañosa es la que debía resultar normalmente de la acción u omisión
antijurídica, según el orden natural y ordinario de las cosas conforme
lo establecía el art 901 del Código Civil derogado, y la determinación
de la existencia de tal nexo causal constituye una cuestión de hecho
que debe ser resuelta por los jueces, ameritándose las pruebas
arrimadas en autos (Conf. [Link]., sala “J”, 9/7/2005, Expte.

Fecha de firma: 27/02/2024


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52.188/99, “Benito Sarmiento, Cristina y otro c/ Gobierno de la


Ciudad de Buenos Aires”; Ídem., id., 4/6/2009, Expte. 150.949/95
“Ávila Fernández, Basilia c/ Hospital General de Agudos J. M. Ramos
Mejía y otros s/ daños y perjuicios”; Ídem., id., 17/08/2010, “B., E. A.
c. S., J. I. y otros s/ daños y perjuicios”, E. D. 28/12/2010, Nº 12.657;
Id.., id., 31/5/2011, Expte. 117.079/2001 “Salguero de Fratte, Gladys
c/ OSDE (Organización Servicios Directos Empresarios) y otros
s/daños y perjuicios”; Id id, 31/5/2012, Expte N° 89.973/2007 “Lamas
c/ O.S.C.O.M.M y otro s/ daños y perjuicios responsabilidad Prof.
Médicos y Auxiliares”; Id id, 2/5/2019, Expte N° 30385/2007 “C L V
y otros c/ Clínica Privada Nuestra Señora del Carmen y s/ daños y
perjuicios”).
De ahí que en el reclamo de daños y perjuicios si no se
acreditó efectivamente que las condiciones en que se le prestó el
tratamiento fueron inadecuadas, debe considerarse que no se ha
demostrado el nexo adecuado de causalidad. El hecho antijurídico o el
incumplimiento, el factor de atribución, el nexo causal y el daño serán
motivo de esfuerzo demostrativo. (Lorenzetti, Ricardo. “Carga de la
prueba en los procesos de daños”. Revista Jurídica La Ley
Responsabilidad Civil. Doctrinas esenciales. Partes general y especial.
T. III. Bs. As. 2007. Pág.567 y ss.).
En atención a las consideraciones efectuadas se analiza-
rán los agravios y las pruebas aportadas a la causa en torno a la cues-
tión debatida en los presentes.
Se ha dicho que en materia de responsabilidad médica se
acentúa el significado de la pericia, que es evaluada según las reglas
de la sana crítica. Cuanto mayor es la particularidad del conocimiento,
menor es la posibilidad de apartarse. Sin embargo, esa importancia no
implica aceptación lisa y llana. El juez no homologa la pericia, la ana-
liza, la examina, la aprecia con las bases que contiene el art. 477 del
Código Procesal (conf. Cipriano, Néstor A.,"Prueba pericial en los jui-

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cios de responsabilidad médica (Finalidad de la prueba judicial)", en
LL, 1995-C-623).
Cierto es que las peritaciones médicas no son impera-
tivas para el juez, pero el magistrado debe rastrear la verdad, basado
en lo que dicen los médicos. No interpreta los principios ni los crite-
rios médicos, ni los discute bajo una óptica científica, pues ello sería
muy peligroso, en estos casos el juez no ingresará en el campo de la
ciencia médica para discutir lo que no sabe o no conoce, sino que ha
de aplicar criterios de orden procesal o sustancial, obviamente de rai-
gambre jurídica, que podrán conducirlo a admitir o desestimar la pre-
tensión intentada por el paciente (conf. Bueres, Alberto J., "Responsa-
bilidad civil de los médicos" ed. 1992, pág. 54, CNCiv., Sala C, 22-9-
94, LL 1995-C-623, Ídem, Sala H, 22/3/2010, “J. c/ F. H. s/ daños y
perjuicios” Cita: MJ-JU-M-56418-AR | MJJ56418; Ídem, Sala “J”,
11/5/2022 Expte N° 94447/2013 “Dmytriw Natalia Elisabet c/ Tuny
Gustavo Daniel y otros s/ daños y Perjuicios”; ídem id, 13/6/2022
Expte N° 73639/2012 “Aguire Yesica Yanil c/ Castillo Luis Policarpo
s/ Daños y Perjuicios”, entre otros).

En esta clase de pleitos en que se debaten cuestiones


ajenas al ordinario conocimiento de los jueces, la pericia médica
adquiere singular trascendencia de modo que tanto los hechos
comprobados por los expertos, como sus conclusiones, deben ser
aceptados por el sentenciante salvo que se demuestre la falta de
opinión fundante o de objetividad, para lo cual quien impugna debe
acompañar la prueba del caso, pues al respecto ni el puro disenso, ni la
opinión meramente subjetiva del impugnante podrían ser
razonablemente atendibles para poner en tela de juicio la eficacia del
dictamen. Por el contrario, se requiere para ello demostrar
fehacientemente que el criterio pericial se halla reñido con principios
lógicos o máximas de experiencia o que existen en el proceso
elementos probatorios de mayor eficacia para provocar la convicción

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acerca de la verdad de los hechos controvertidos (conf. CNCiv., Sala


“A”, voto del Dr. Jorge Escuti Pizarro publicado en L.L. 1991-A-358;
Ídem, esta sala 9/9/2021, Expte. Nº 5120/2018 “G. J. R. c/ Galeno
Argentina S.A. s/ Daños y perjuicios”; entre otros).
Asimismo, la experticia se ha de evaluar según las re-
glas de la sana crítica y la libre convicción de quien juzga; labor inte-
lectual que tiene que estar sustentada, desde luego, en patrones jurídi-
cos y máximas de experiencia.

Cabe analizar entonces el peritaje efectuado por el perito


médico obstetra designado en autos, quien tras estudiar las constancias
obrantes en la causa, fundamentalmente las historias clínicas labradas
en el Instituto Médico de Obstetricia y en el Sanatorio Bernal, explicó
en primer lugar, que la hemorragia genital por atonía uterina “se debe
a la falta de contracción del útero, el cual está blando, flácido y atóni-
co. Debe mencionarse que la razón por la cual la hemorragia fisiológi-
ca del post parto se detiene naturalmente, es justamente por la contrac-
ción firme del útero que ´cierra´ los vasos sanguíneos, lo que ha dado
en llamarse las ´ligaduras vivientes´.

Señaló que la atonía es más frecuente en multíparas y


después de partos en los que ha habido una hiper distensión uterina y
que el cuadro clínico “se manifiesta por una hemorragia de importan-
cia variable, que puede ser intensa y de aparición brusca; además de la
hemorragia externa, hay retención de grandes coágulos intrauterinos.
Por palpación se observa la existencia de un útero voluminoso y blan-
do que se vacía por maniobras abdominales y vuelve a llenarse a con-
tinuación. El pronóstico depende de la intensidad de la hemorragia,
pero puede ser muy grave” (fs. 395/vta.).

Seguidamente explicó que “la Sra. Ferreyra presentó una


atonía uterina post parto, cuadro que se vincula con la multiparidad”.
Que “el tratamiento obstétrico efectuado fue el habitual y al fracasar,

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se decidió la extirpación del útero. La anemia severa
(hematocrito:13%) llevó a la paciente al estado de shock de muy difí-
cil resolución, con una insuficiencia cardíaca que llega hasta el edema
agudo de pulmón a las 20:30 horas del 20/1/07” (fs. 397).

Sostuvo que a dicho cuadro “debe añadirse un trastorno


de la coagulación descripto en los dos protocolos operatorios por los
médicos actuantes en sendas intervenciones bajo anestesia, realizadas
en el IMO y que justificó el pedido de un análisis de sangre intra ope-
ratorio, que informó una disminución del tiempo de Quick (60%) y
aumento del KPTT (57 seg.)”… “No existen constancias en la HC de
que la coagulopatía mencionada haya sido estudiada para intentar esta-
blecer su causa fisiológica (determinar el/los factor/es de la coagula-
ción alterado/s). Dicho trastorno tampoco fue tratado específicamente,
a excepción de la administración empírica de plaquetas, vitamina K y
la reposición de plasma (no especificándose si se trató de plasma fres-
co y/o crioprecipitados)”.

Continuó expresando el perito: “Si bien es normal que


una paciente en shock hipovolémico –con muy baja presión arterial-
orine muy poco, en ningún momento de la evolución en esta unidad se
planteó la posibilidad de una lesión quirúrgica de la vía urinaria, que
es una complicación cuya frecuencia aumenta en las histerectomías
puerperales. Es más, en la foja de ingreso a UTI se solicitó derivación
a un centro de mayor complejidad y a las 22:30 hs del 20/1/07 se reite-
ró especificando ´con diálisis´(fs. 19), lo que denota el diagnóstico
presuntivo de falla renal y no de obstrucción urinaria (que se trata me-
diante la liberación quirúrgica y no con diálisis) (fs. 397/vta.).

Seguidamente expresó: “A todo esto, encontramos en la


HC a fs. 46 –como ya fuera dicho- un informe de ecografía renal bila-
teral, datada el 20/1/07 a las 21.30 hs., es decir, estando la paciente en
UTI. El informe señala una dilatación bilateral del árbol urinario supe-

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rior, o sea, franca sospecha de stop ureteral. Este resultado no fue con-
signado en la evolución de UTI, no generó una consulta con Urología
o Ginecología, una radiografía de vías urinarias (urograma excretor) y
mucho menos una cirugía exploradora para diagnosticar y solucionar
la obstrucción. Ignorando –o desconociendo- este informe, los médi-
cos de UTI continuaron tratando a la paciente como portadora de una
insuficiencia renal aguda y prosiguiendo con las tratativas de la deri-
vación a un centro de mayor complejidad.

Es de hacer notar que en la hoja correspondiente a puer-


perio (fs. 32), figura con fecha 20/1/07 a las 18.15 hs. (estando la pa-
ciente en UTI): ´Paciente en anuria. Se realiza consulta con cirujano,
el cual aconseja la derivación de la paciente a un centro de mayor
complejidad para evaluar la vía urinaria´.

Como fuera dicho, no pareciera necesario derivar a una


paciente crítica para poder realizar una ecografía o un urograma excre-
tor.

En el siguiente párrafo, a las 21.30 hs. El mismo profesio-


nal consigna: ´Se realiza ecografía. ¿Ligadura ureteral? Se espera deri-
vación´. Ambas anotaciones firmadas con sello: Diego Villagran. Mé-
dico especialista. Obstetricia-ginecología. MP 444.024”.
Sostuvo el experto que “un desconocimiento del informe precitado, se
extendió a los galenos de la UTI del Sanatorio Bernal. A poco de lle-
gar allí, la paciente presentó un paro cardíaco que los médicos logra-
ron revertir (fs. 54). A posteriori, y ante la ausencia de la excreción de
orina, se sospechó la ligadura ureteral, solicitándose una ecografía. El
informe de la misma luce a fs. 60 y 61 observándose una dilatación de
ambos riñones y uréteres y líquido en cavidad abdominal que se pun-
zó, obteniéndose sangre. Esto ameritó una interconsulta con urología
en la cual se propuso operar a la paciente en conjunto con ginecología
y cirugía gral. (fs. 55)” (fs. 397vta./398).

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Sostuvo que durante dicha cirugía “los cirujanos se en-
contraron con líquido libre en abdomen –aproximadamente 2 litros-
compatible con sangre y orina (fs. 57). Se constató la necrosis de una
trompa, por lo que se la extirpó (salpingectomía) y ambos uréteres li-
gados a saber: ´uréter izquierdo ligado en tres lugares. Se seccionan
los hilos obteniéndose buen pasaje de orina (uréter sano)´. Luego se
abrió la vejiga y se colocó un catéter y el otro extremo se lo exteriori-
zó en la piel del abdomen para poder constatar su funcionamiento.
Respecto del uréter derecho (fs. 58) ´se observan varias ligaduras y el
mismo necrosado, por lo que se decide la nefrectomía (extirpación del
riñón)´” (fs. 398).

El perito informó que luego de dicha intervención “la


función renal de la enferma mejoró, no así el estado general. Los va-
lores de potasio (K) estuvieron casi siempre por debajo de lo espera-
ble, la cantidad de glóbulos rojos fue corregida aunque no a valores
normales para un puerperio, lo mismo puede decirse de los parámetros
básicos de coagulación. A pesar de algún intento, nunca pudo prescin-
dirse del respirador, requiriendo la apertura de la tráquea para intuba-
ción directa (traqueotomía) realizada horas antes del fallecimiento,
acaecido el 31/1/07 a las 04 hs.” (fs. 398).

En cuanto a la histerectomía puerperal realizada en IMO


el perito refirió que “ante la magnitud de la hemorragia uterina post
parto y fracasadas las maniobras destinadas a corregir el cuadro, la de-
cisión de realizar una histerectomía es lo que correspondía, ya que la
vida de la paciente podía perderse en cuestión de minutos”. Añadió:
“Esta intervención es una cirugía complicada, ya que el cirujano en-
frenta varios inconvenientes, a saber: un útero grande (post parto) que
dificulta la visión correcta, el sangrado abundante -´en napa´- como
fuera descripto en el protocolo operatorio (fs. 41), la aparición de una
´coagulopatía´como también consta en el informe, y la premura para

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extirpar el útero, atento al cuadro crítico de la paciente. Los uréteres,


que sólo se ven con detenimiento y por transparencia del tejido perito-
neal, no se disecan en esta operación. La lesión o ligadura de los mis-
mos suele presentarse al colocar pinzas para cohibir el sangrado y/o al
suturar, al final, las porciones del peritoneo abiertas durante el acto
operatorio (peritonización)” (fs. 398vta.).

Señaló asimismo el profesional que “la causa del falleci-


miento de la paciente no reconoce un origen excluyente, sino la
concatenación de sucesos adversos que fueron complicando grave-
mente su salud. La mayoría de los mismos puede producir la
muerte per se. El primer evento es la hemorragia gravísima con
descenso del hematocrito hasta 13% (VN: 35% a 42%). La coagu-
lopatía por consumo instalada inmediatamente agregó otra com-
plicación a su grave estado. El shock hipovolémico, como conse-
cuencia de lo anterior. Nótese que cuando comenzó la cirugía para
extirpar el útero, la presión de la paciente era de 60 mm Hg (VN:
no mayor de 13) (fs.42 vta.). La demora en el diagnóstico de obs-
trucción urinaria y la decisión del traslado a un centro con diálisis
retardaron el correcto enfoque del problema médico. La ligadura
de ambos uréteres durante la histerectomía motivó una re inter-
vención con ´pérdida de un riñón. La insuficiencia cardíaca –ede-
ma agudo de pulmón- requirió de la necesidad de un respirador
artificial permanente. La realización de una ecografía renal en el
IMO cuyo resultado no ameritó cambio de conducta médica ni
consideración alguna. La inusitada demora de las ambulancias,
sin personal primero y sin oxímetro después, coadyuvaron al em-
peoramiento de la paciente. El paro cardiorespiratorio al llegar a
la UTI del Sanatorio Bernal. La cirugía urológica de restitución
del uréter izquierdo y de tres horas de quirófano y anestesia” (fs.
398 vta/399).

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A la pregunta sobre cuál es la consecuencia del ligamien-
to de los uréteres en una persona con un funcionamiento de riñones
normal el perito respondió: “La orina formada por los riñones no po-
drá llegar a la vejiga y por lo tanto, ser evacuada. Se genera así una
obstrucción con un aumento de la presión en todo el árbol urinario,
que finaliza con deterioro de la fisiología y anatomía renal” (fs. 399
vta.).

A la pregunta sobre “si la muerte proviene de las múlti-


ples ligaduras en los uréteres de la Sra. Ferreyra, el perito respondió:
“La ligadura de los uréteres no fue la causa de la muerte de la Sra. Fe-
rreyra. Los mismos fueron desobstruidos 24 hs después y la paciente
persistió en muy mal estado general hasta su fallecimiento” (fs. 400).

Al ser preguntado sobre “si el cuadro anémico producto


de la hemorragia pudo comprometer la evolución de la Sra. Ferreyra, a
pesar de haberse restaurado la vía urinaria del lado izquierdo”, el ex-
perto contestó: “Si. La anemia, shock y compromiso del medio interno
llevaron a la paciente a descompensaciones y deterioro progresivos”
(fs. 401).

A la pregunta sobre si fue correcto por parte del IMO pe-


dir una ambulancia de terapia intensiva móvil con médico y respira-
dor, el perito respondió: “La ambulancia se solicitó para trasladar a la
enferma a un centro de mayor complejidad, ´con diálisis´(fs. 19), o
para ´evaluar la vía urinaria´(fs. 32). No consta que el IMO careciera
de radiología y/o especialista en urología que pudiera intervenir a la
paciente y restablecer la función urinaria sin necesidad de un traslado.
Si la derivación hubiera sido imprescindible, la solicitud de una ambu-
lancia con las características mencionadas en la pregunta fue correcta”
(fs. 402).

Al respecto explicó más adelante: “Si el motivo del tras-


lado era la insuficiencia renal, el mismo debería haberse cancelado

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ante la sospecha de obstrucción (ecografía). Si el motivo fue esto últi-


mo, no pareciera necesario, como ya dijéramos, derivar a una paciente
crítica para realizar una ecografía o un urograma excretor” (fs. 405
vta.).

Sostuvo que la primera ambulancia que envió la obra so-


cial OSPIV al IMO carecía de la complejidad necesaria para trasladar
a la paciente y que la ambulancia correcta llegó a las 5.55 del día
21/1/07 (fs. 402).

A modo de conclusión refirió el experto: “La Sra. Ferrey-


ra fue internada en el IMO teniendo un parto normal. Minutos después
presentó una hemorragia severa por atonía uterina y coagulopatía
agregada que no cedió con los tratamientos usuales, debiendo practi-
carse una histerectomía total. Durante la misma, fueron ligados ambos
uréteres. Derivada a UTI, presentó una insuficiencia cardíaca grave
por lo que requirió de respirador. La ausencia de orina por la sonda
vesical fue interpretada como insuficiencia renal por el shock y se so-
licitó derivación a un centro de mayor complejidad con diálisis. La lle-
gada de una ambulancia adecuada para realizar el traslado demoró va-
rias horas. Ocho horas antes de producirse el traslado, figura la reali-
zación de una ecografía sospechosa de obstrucción de la vía urinaria,
que no fue considerada por los médicos de la UTI. Al legar la paciente
al Sanatorio Bernal, presentó un paro cardiorespiratorio. En este cen-
tro se arribó al diagnóstico de uronefrosis obstructiva, realizándose ex-
ploración quirúrgica, comprobándose ligaduras ureterales múltiples,
restaurando quirúrgicamente la función del uréter izquierdo y extir-
pando el riñón contra lateral. La evolución ulterior fue tórpida, perma-
neciendo la paciente en coma, con valores disminuidos de glóbulos ro-
jos, parámetros de coagulación y potasio hasta su fallecimiento el
31/1/07” (fs. 405 vta.).

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Ahora bien, se ha demostrado que el procedimiento qui-
rúrgico efectuado a la actora por parte del Dr. Gordin fue el adecuado
y se realizó de manera correcta de acuerdo a la patología que aquélla
presentaba (atonía uterina); que como lo señaló el experto, lesión de la
vía urinaria es una complicación frecuente de las histerectomías puer-
perales, debido a que el abundante sangrado y gran tamaño del útero,
su premura para extirparlo atento al riesgo de vida de la paciente, difi-
cultan para el cirujano la visión correcta del campo quirúrgico, y los
uréteres solo se ven por transparencia del tejido.

Atento a ello rechazó el magistrado de la anterior instan-


cia la demanda respecto del mencionado profesional, decisión que no
es materia de controversia en esta instancia.

Ahora bien, sobre la base de la valoración conjunta de los


elementos de convicción existentes en autos, juzgo que las pruebas
producidas en la causa dan cuenta de que existieron de parte del cuer-
po médico que asistió a la paciente luego de la cirugía de histerecto-
mía, ciertas conductas deficientes que sin duda coadyuvaron al lamen-
table deceso de la esposa y madre de los reclamantes.

Nótese que el perito fue concluyente al afirmar que el fa-


llecimiento de la Sra. Ferreira no obedeció a una causa exclusiva sino
que fue el resultado de una concatenación de sucesos o hechos des-
afortunados, entre ellos “la demora en el diagnóstico de obstrucción
urinaria y la decisión del traslado a un centro con diálisis”, lo que re-
tardó el correcto enfoque y tratamiento de la patología y luego una
inexplicable demora en el servicio de ambulancias que debía proveer
la obra social demandada –cuya responsabilidad no ha sido materia de
apelación-.

Conforme lo sostenido por el galeno en su dictamen: “no


pareciera necesario derivar a una paciente crítica para poder realizar
una ecografía o un urograma excretor”. Según el perito la ligadura de

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uréteres que presentaba la paciente debió ser advertida por los profe-
sionales que la asistieron mientras se hallaba internada en la unidad de
terapia intensiva de la clínica demandada, toda vez que la ecografía
que se le practicó en esa oportunidad permitía sospechar la ligadura
ureteral, que podía ser resuelta quirúrgicamente. Ello provocó, como
lo señala el sentenciante, una demora de aproximadamente 18 horas
hasta que se le realizó la liberación quirúrgica de la obstrucción urina-
ria en la Clínica Bernal.

De acuerdo a ello, he de coincidir con la postura adoptada


por el distinguido colega de grado en cuanto consideró que la deficien-
te atención brindada a la Sra. Ferreyra en el instituto médico demanda-
do así como la demora imputable a la obra social demandada en pro-
veer la ambulancia con la complejidad requerida para trasladar a la pa-
ciente, contribuyeron a privar a la madre y esposa de los coactores de
una chance de supervivencia dada la gravedad del estado en el que se
hallaba.

Es decir que si bien no se puede afirmar que un temprano


diagnóstico de la ligadura ureteral que padecía la paciente y por ende
una más rápida resolución quirúrgica de la misma, hubiera salvado la
vida de la Sra. Ferreyra, dado que también podrían haber coadyuvado
a su fallecimiento el grave estado general en que se hallaba tras la he-
morragia padecida a causa de la atonía uterina que presentó luego del
parto, ha de presumirse con un alto grado de certeza que el retardo en
dicho diagnóstico, que significó que se demorara 18 horas la resolu-
ción de la ligadura ureteral contribuyó a agravar considerablemente el
estado de salud de la Sra. Ferreyra restándole una posibilidad de so-
brevivir a su afección.

Es que si bien en la actividad médica la presencia del


daño no es, de suyo en todos los casos, indicadora de culpa o causali-
dad jurídica adecuada, y la falta de éxito en la prestación del servicio

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profesional, no necesariamente conduce a la obligación de resarcir al
damnificado, los elementos obrantes en el proceso dan cuenta de que
la elección del material de osteosíntesis a colocar en la reclamante por
parte del profesional habría provocado los daños por los que reclama.
Ha de inferirse ello en virtud de la aplicación del principio res ipsa lo-
quitur, emanado de países del common law (the things speaks for
itselves) y que consiste en una presunción en virtud de la cual a falta
de prueba directa se permite deducir de un hecho probado y evidente,
la existencia de culpa, y lo propio acontece con la teoría llamada de la
“culpa virtual” desarrollada en Francia pues posee el mismo funda-
mento (Calvo Costa, “Daños ocasionados por la prestación médico –
asistencial”, Ed. Hammurabi,, págs. 161 y 170).

Se reconoce sin mayores discusiones que pesa


sobre los hospitales y clínicas una obligación tácita de seguridad hacia
quien acude a los servicios que brinda, o sea, que rige una cláusula
sobreentendida de garantía que se traduce en atender a la seguridad
del paciente, y que tiene su fundamento en el principio general de la
buena fe (art. 1198, primer párrafo, del C.C. y actual Art 961 del
CCYCN ).
En otros términos, existe la obligación de la entidad
hospitalaria o clínica de prestar asistencia médica, la cual lleva implí-
cita una obligación tácita de seguridad de carácter general o accesoria
para la preservación de las personas de los contratantes contra los da-
ños que puedan originarse en la ejecución del contrato. Es que si el
hospital se ha obligado a proporcionar asistencia médica, no solamen-
te es responsable por el servicio que se ofrece, sino también de que se
preste en condiciones tales para que el paciente no sufra daños por una
eventual deficiencia de la prestación prometida (Ver Vázquez Ferrey-
ra, Roberto, "La obligación de seguridad", suplem. especial La Ley,
septiembre de 2005, p. 4; Bustamante Alsina, Jorge, "Teoría General
de la Responsabilidad Civil", p. 468, N 1431 quater.)

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Se ha sostenido que en virtud de la estructura del vínculo


obligacional, debe entenderse que la clínica responde contractualmen-
te y de modo directo por el incumplimiento, sin importar que la pres-
tación haya sido materialmente cumplida por un médico dependiente
de aquélla (conf. Lorenzetti, La empresa médica, Rubinzal-Culzoni,
Santa Fe, 1998, pág. 334 y ss.) (Conf. CNCiv., Sala “J”, 8/8/2019,
Expte N° 15375/2014 “Gimenez Pablo Norberto y otro c/ OSMATA y
otros s/ daños y perjuicios”; ídem, 31/8/2020 Exp. Nº 55866/2.013
“Braga Graciela Dora c/ Centro de Enfermedades Respiratorias Infan-
tiles (CERI) contra y otros s/ daños y Perjuicios”; Ídem id, 8/6/2021
Expte. 30932/2013 “Rodríguez Mario Adrián c/ Instituto de Materni-
dad y Cirugía S.A. y otros s/ daños y perjuicios”; entre otros).

En síntesis, teniendo en cuenta los elementos probatorios


reunidos, los que fueron analizados en su conjunto y armónicamente
de acuerdo con las reglas de la sana crítica, sin que existan en la
causa, ni elementos fácticos ni razones científicas que brinden una
conclusión diferente ni superadora que permita desvirtuar las
conclusiones a las que arribó el distinguido colega de primera
instancia en lo concerniente a la responsabilidad médica, propongo al
Acuerdo confirmar la sentencia apelada en cuanto determina la
responsabilidad concurrente de las codemandadas recurrentes por los
hechos que motivaron el presente juicio, en los términos antes
expuestos.
VIII. Rubros indemnizatorios.
A)Valor vida.
El magistrado de primera instancia fijó en concepto de
“valor vida” derivado del fallecimiento de la Sra. Ferreyra, -quien en
vida fuera la madre de los coactores Morena C, Agustina F., Federico
[Link] A. y Matías E. Medina y cónyuge del coactor Domingo O.
Medina-, la cantidad de pesos doscientos mil ($200.000) para cada

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uno de los hijos y el importe de pesos un millón ($1.000.000) para el
cónyuge de la causante.
Se agravian los actores por considerar exiguos dichos
importes indemnizatorios, mientras que la codemandada solicita su
reducción.
Se ha dicho reiteradamente que la vida humana no tiene
valor económico per se, sino en consideración a lo que produce o
puede producir. Pero la supresión de una vida, aparte del
desgarramiento del mundo afectivo en que se produce, ocasiona
indudables efectos de orden patrimonial como proyección secundaria
de aquel hecho trascendental, y lo que se mide en signos económicos
no es la vida misma que ha cesado, sino las consecuencias que sobre
otros patrimonios acarrea la brusca interrupción de una actividad
creadora, productora de bienes. En ese orden de ideas, lo que se llama
elípticamente la valoración de una vida humana no es otra cosa que la
medición de la cuantía del perjuicio que sufren aquellos que eran
destinatarios de todos o parte de los bienes económicos que el extinto
producía, desde el instante en que esta fuente de ingresos se extingue"
(C. S. J. N., Fallos: 316:912; 317:728, 1006, 1921; 320:536 y
322:1393; 323:3614;324:1253 y 2972; 325:1156; 329:4944).
Tal criterio fue ampliado por nuestro máximo Tribunal, al
sostener que “tal concepción materialista debe ceder frente a una
comprensión integral de los valores materiales y espirituales, unidos
inescindiblemente en la vida humana y a cuya reparación debe, al
menos, tender la justicia. No se trata de medir en términos monetarios
la exclusiva capacidad económica de las víctimas, lo que vendría a
instaurar una suerte de justicia distributiva de las indemnizaciones
según el capital de aquéllas o según su capacidad de producir bienes
económicos con el trabajo. Resulta incuestionable que en tales
aspectos no se agota la significación de la vida de las personas, pues
las manifestaciones del espíritu insusceptibles de medida económica

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integran también aquel valor vital de los hombres”


(“Aquino”21/09/2004, “Isacio c/ Cargo Servicios Industriales S.A.”
Fallos,327:3753).
Por otra parte, ha indicado nuestro Máximo Tribunal que
al aplicar el art. 1084 del entonces vigente Código Civil (Actual art
1745CCy CN) es menester computar las circunstancias particulares de
la víctima (capacidad productiva, edad, profesión, ingresos, posición
económica) como la de los damnificados (asistencia recibida, cultura,
edad, posición económica y social) todo lo cual debe ser apreciado
mediante una comprensión integral de los valores materiales y
espirituales (C.S.J.N. Fallos, 311: 1018; 320: 536) Ha considerado
también como factores relevantes, además delos señalados, la
expectativa de vida, la profesión y el grado de parentesco (Fallos:
310:2103; 317:1006; 324:2972; 325:1277;329:4944).
Equiparar en dinero los perjuicios materiales inherentes a
la muerte de un ser querido es tarea ardua y delicada, que exige al
juzgador afinar el criterio para no caer por un lado en el desamparo o
por el otro en un beneficio incausado.
Por ello, al fijar la indemnización deben valorarse todas
las manifestaciones de la actividad del occiso que pueden ser
económicamente apreciadas, tanto las actuales como las futuras, así
como también las circunstancias relativas a quien efectúa el reclamo
de la indemnización, debiéndose calcular el monto en función de la
edad, y demás características particulares de la víctima, sexo, grado de
cultura, posición social, tareas que desempeñaba y aporte al hogar
entre otras consideraciones (Conf. CNCiv., Sala “J”, 14/6/2005,
Expte. Nº 32.122/00, “Estigarribia, Dionicio y otros c/ Línea 22 S.A.y
otros s/ daños y perjuicios” ; Ídem, 27/8/2010, Expte. Nº116281/1998
“Ayala, Daniel A. c/ Veraye Ómnibus s/ daños y perjuicios”; Ídem Id,
3/3/2011 Expte. N° 114.787/06. “Machado, Roque Miguel y otro c/
González, Ariel Alejandro y otros s/ daños y perjuicios” ; Id id,

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26/9/2019, Expte. Nº 30571/2014 “Ramos Andrés Avelino y otros c/
Trasancos Lucas Alberto y otros s/ daños y perjuicios”).
La doctrina y la jurisprudencia mayoritarias de nuestro
país admiten que la muerte del hijo puede constituir para sus padres la
pérdida de una chance económica, que se traduce en la frustración de
una expectativa de asistencia y apoyo futuro, en la ancianidad (Cfr:
Zavala de González, Matilde, "Resarcimiento de daños. Daños a las
personas", t. 2 b, Bs. As., Ed. Hammurabi, 1990).
La pérdida de chance como componente del daño
material apunta a resarcir a los derechos habientes de la víctima en
función de lo que la misma aportaba o podía aportar materialmente a
favor de aquellos, es decir el reintegro de aquello que la víctima
producía o podía producir económicamente, es decir con la chance se
apunta a indemnizar una probabilidad, pero siempre dentro de un
margen de certeza aproximado.
La valoración económica de la vida humana implica -ni
más ni menos- la medición o cuantificación del daño o perjuicio que
sufren aquellas personas que eran destinatarias -o que podrían serlo en
el futuro- de todos o parte de los bienes económicos que el fallecido
producía o podía llegar a producir, y en razón que esa fuente de
ingresos (o posibilidad de fuente de ingresos) se extingue (ver,
Bustamante Alsina, Jorge, “El valor económico de la vida humana y
la reparación del daño patrimonial causado por homicidio”, ED, 124-
656; Taraborrelli, José N. y Bianchi, Silvia Noemí, “Cuantificación de
la indemnización por la pérdida de la vida humana”, LL, ejemplar
del4/1/2008, p. 1).
A la luz de lo referido, cabe resaltar pues que lo que se
valora no es la vida misma -que ha fenecido- sino las consecuencias
que se generan hacia otros sujetos; precisamente por la brusca
interrupción de la actividad creadora de bienes -o del cese de la
posibilidad de esta actividad creadora en el futuro- que la muerte

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elimina. O sea, que corresponde desentrañar la eventual privación de


los beneficios actuales o futuros que la vida del difunto reportaba o
podía haber llegado a reportar a la reclamante.
En virtud de las consideraciones vertidas, teniendo en
cuenta la edad de la víctima a la fecha del deceso (34 años) tomando
en consideración que el Sr. Domingo O. Medina (viudo de la
fallecida) tenía 40 años y la edad de sus hijos al momento del hecho,
Morena Cecilia, quien nació en el parto previo a que se
desencadenasen los hechos que motivan este pleito, Agustina
Florencia, 8 años, Federico Gustavo, 12 años, Gonzalo Agustín, 10
años y Matías Ezequiel Medina, 14 años, propongo al Acuerdo
confirmar el importe de pesos un millón fijado a favor del coactor
Domingo O. Medina y elevar el importe fijado a cada uno de los hijos
de la causante a la cantidad de pesos setecientos mil ($700.000) (art
165 del CPCC).
C) Consecuencias no patrimoniales.
El magistrado de primera instancia fijó para resarcir este
rubro el importe de pesos dos millones ($2.000.000) para el coactor
Domingo O. Medina, el importe de pesos dos millones quinientos mil
($2.500.000) para la coactora Morena C. Medina y el importe de pe-
sos un millón quinientos mil ($1.500.000) para cada uno de los restan-
tes coactores.
Los actores se agravian por considerar exiguos los impor-
tes indemnizatorios referidos, mientras que la codemandada solicita su
reducción.
Conocido es el concepto del daño moral y los factores que
lo configuran, como asimismo, que la determinación de su cuantía
queda librada al juzgador más que en cualquier otro rubro y que la
fijación del monto no tiene como exigencia guardar proporción con la
de los daños materiales- Por la índole espiritual del agravio moral,
debe tenérselo por configurado in re ipsa por la sola producción del

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evento dañoso, ya que se presume, por el grado de parentesco, la
lesión inevitable de los sentimientos. (C.S.J.N., 09/12/1993, “Gómez
Oruede Gaete, Frida A. y otra c. Provincia de Buenos Aires y otros”,
LALEY 1994-C, 546).A los fines de la fijación del quantum
indemnizatorio por daño moral, debe tenerse en cuenta el carácter
resarcitorio de dicho rubro, la índole del hecho generador de la
responsabilidad y la entidad del sufrimiento causado, que no tiene
necesariamente que guarda relación con el daño material, pues no se
trata de un daño accesorio a éste (C.S.J.N., 24/08/2006, “Ferrari de
Grand, Teresa Hortensia Mercedes y otros c/Entre Ríos, Provincia de
y otros”, Fallos,329:3403; Ídem., 07/11/2006, “Bianchi, Isabel del
Carmen Pereyra c/Buenos Aires, Provincia de y Camino del Atlántico
S.A.”, Fallos 329:4944; Id., 06/03/2007, “Mosca, Hugo Arnaldo
c/Buenos Aires, Provincia de (Policía Bonaerense) y otros s/daños y
perjuicios”, Fallos330:563; Id., 06/10/2009, “Arisnabarreta, Rubén J.
c/ E.N. (Min. De Educación y Justicia de la Nación)”, “Gatica, Susana
Mercedes c/Buenos Aires, Provincia de s/daños y perjuicios” G. 383.
XL; ORI;22-12-2009; T. 332 P. 2842, entre muchos otros).
En el presente caso la admisión del daño moral como
causa de indemnización resultante del hecho ilícito es incuestionable.
La certeza de su existencia y la medida de la reparación es sólo fruto
de un juicio de razonable probabilidad, basado en reglas de
experiencia emergentes de la reacción emocional que es dable suponer
en la víctima y de la aptitud que ha tenido la agresión para producirla.
Considero que no pueden caber dudas respecto a la
gravedad del luctuoso acontecimiento, que debió provocar en los
accionantes profundas angustias y gran afectación en su estado
espiritual ante la pérdida de su esposa y madre a una edad temprana y
de la forma en que ocurrió.
En virtud de las consideraciones vertidas ponderando las
traumáticas circunstancias en que perdiera la vida la madre y cónyuge

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de los accionantes, propongo al Acuerdo, confirmar los montos


fijados a favor de cada uno de los coactores por la presente partida
indemnizatoria (art 165 del CPCC).
IX. Intereses.
El Sr. juez de primera instancia dispuso que los in-
tereses relativos a los importes por los que prospera la demanda se de-
vengarán desde la fecha del fallecimiento de la Sra. Ferreyra hasta la
de la sentencia a la tasa del 8% anual y de allí hasta la fecha del efec-
tivo pago, a la tasa activa cartera general (préstamos) nominal, anual,
vencida a 30 días del Banco de la Nación Argentina.
Los actores solicitan que se fije una tasa mayor a la esta-
blecida por el sentenciante de grado. Asimismo solicitan que se dis-
ponga la capitalización de los intereses desde la fecha de notificación
de la demanda de conformidad con lo normado por el art. 770 del
CCCN y que se apliquen intereses moratorios para el caso de incum-
plimiento de la condena en el plazo establecido en la sentencia.
La indemnización resulta un equivalente del daño sufrido
y el interés compensa la demora en su reparación al no haber el res-
ponsable cumplido inmediatamente con su obligación de resarcir.
Se trata entonces de una estimación “actual” que el juez
de grado ha tenido en cuenta para sopesar la variación patrimonial de
la prestación debida, considerando para ello que estamos ante una in-
demnización de daños que, lejos de resultar una obligación “dineraria”
en la que se adeuda un quantum y resulta insensible a la variación del
poder adquisitivo, importa una verdadera obligación “de valor” en la
que se debe un quid y, por tanto, sí admite o reconoce las alteraciones
sufridas por el poder adquisitivo (Casiello, Juan, Méndez Sierra,
Eduardo, “Deudas de dinero y deudas de valor. Situación actual”, LL
28/08/03, pág. 1).
Sabido es que la fijación judicial de intereses para las
deudas en mora procura resarcir al acreedor por la demora en percibir

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su crédito y castigar al incumplidor, quien se apartó de los términos de
la obligación asumida en origen, ya que el orden jurídico requiere,
como pauta general de conducta, que toda persona cumpla con las
obligaciones que legítimamente asume o le impone la ley.
Ahora bien conforme la jurisprudencia y doctrina mayo-
ritaria imperante en el fuero la tasa que corresponde aplicar desde el
inicio de la mora y hasta el efectivo pago del capital de condena, es la
tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta
días del Banco de la Nación Argentina siguiendo la doctrina del fallo
plenario del fuero in re, “Samudio de Martínez, L. c/ Transportes Dos-
cientos Setenta SA, salvo que su aplicación, en el período transcurrido
hasta el dictado de dicha sentencia, pueda implicar como un efecto no
querido, un resultado contrario y objetivamente injusto, produciendo
una alteración del significado económico del capital de condena que
configure un enriquecimiento indebido (conf. CNCiv., Sala “J”, expte.
Nº 69.941/2005 “Gutiérrez, Luis Alfredo y otroc/ Luciani, Daniela
Cyntia y otros s/ daños y perjuicios”, del 10/8/2010, entre otros mu-
chos).
En consecuencia, deberá aplicarse la referida tasa acti-
va en los casos en que la misma no genera o configura un “enriqueci-
miento indebido” único supuesto fáctico que justificaría apartarse del
principio general (conf. [Link]., Sala “J”, 15/04/2010, Expte.
114.354/2003 “Rendon, Juan Carlos c/ Mazzoconi, Laura Edith”;
ídem 24/2/2017 Expte N° 51917/2009 “Suárez Adriana Soledad y otro
s/ Flecha Manuel Edmundo y otros s/ Daños y Perjuicios”.
En el caso, a mi juicio, no obran en la causa constancias
que acrediten que, con la aplicación de la tasa activa desde el día del
hecho, se configuraría el mentado "enriquecimiento indebido"; como
tampoco existen elementos que siquiera lo hagan presumir, si así fuera
e importara una situación excepcional que se apartara de la regla gene-
ral referida la misma debe ser probada en forma clara por el deudor en

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el ámbito del proceso (conf. art. 377 del CPCCN), circunstancia que
no se verifica en los presentes.
Respecto a la queja introducida por la parte actora en
cuanto solicita la aplicación de lo dispuesto por el art. 770 del Código
Civil y Comercial de la Nación en el que se ha incluido un supuesto
nuevo de capitalización, desde la fecha de la notificación de la
demanda, recuerda Trigo Represas, que el anatocismo, interés
compuesto o capitalización de intereses, consiste en sumarle a una
deuda de dinero intereses ya devengados por la misma, para que
ambos sumados vuelvan a su vez a producir nuevos intereses. En
cuanto al vocablo anatocismo en sí, proviene del griego «aná»,
reiteración, y «tokimós», acción de dar a interés y es el término que
puntualmente utiliza el nuevo Código Civil y Comercial para designar
al instituto en cuestión, aunque lo cierto es que al mismo también se
lo conoce como «convenio de pago de intereses sobre intereses»,
«capitalización de intereses» o «interés compuesto» este último
porque exigir réditos por los intereses, que con tal fin se agregan al
capital, constituye, en verdad, la formación de un interés compuesto,
ya que se consideran los intereses devengados como nuevo capital,
que rinde a su vez los suyos. El anatocismo constituye una práctica de
capitalización de intereses que, en principio, se encuentra prohibida,
salvo las excepciones expresamente autorizadas por la propia ley. Se
ha dicho que la prohibición obedece al hecho de que mediante tal
acumulación de capital e intereses, la suma adeudada podría llegar a
incrementarse en forma exagerada en muy poco tiempo; lo que
llevaría a que se convierta en uno de los medios más refinados de
usura. En este sentido cabe señalar que el art. 770 del CCyC establece
como principio general que no se deben intereses de los intereses.
Vale decir, reitera -como primera premisa- la prohibición de
anatocismo que regía durante el código civil sustituido, esto es, la
posibilidad de capitalizar los intereses que se vayan devengando de

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modo que, acumulándose al capital, constituyan una misma unidad
productiva de nuevos intereses. Es lo que se denomina también
“interés compuesto” (conf. Cazeaux- Trigo Represas, “Derecho de las
obligaciones”, T. I, p. 603; Pizarro- Vallespinos, “Instituciones de
Derecho Privado. Obligaciones”, ed. Hammurabi T. 1, p. 430).
Seguidamente prevé las excepciones.
Dos de ellas no hacen más que reproducir aquellas contem-
pladas en el art. 623 del ordenamiento derogado, luego de la reforma
introducida por la ley 23.928. Así, en el apartado a) autoriza la capita-
lización en caso de que “una cláusula expresa autorice la acumulación
de los intereses al capital con una periodicidad no inferior a seis me-
ses”, extremo que no se configura en autos. Por su parte, la excepción
que contiene el apartado c) del art. 770 está referida al supuesto en
que “la obligación se liquide judicialmente”, oportunidad en que “la
capitalización se produce desde que el juez manda pagar la suma re-
sultante y el deudor es moroso en hacerlo”. Fácilmente se advierte que
si en la especie, aún no se ha fijado con carácter definitivo la cuantía
del reclamo tampoco funciona la referida excepción. Hemos sostenido
que si bien el art. 770 inc. b) constituye una novedad del nuevo orde-
namiento. Por cierto, se trata de una disposición genérica que es nece-
sario interpretar por cuanto, incorrectamente aplicada, puede llevar a
desvirtuar la directriz general. Cabe recordar, además, que por tratarse
de una excepción, se impone una hermenéutica estricta (ver Jornadas
Nacionales de Derecho Civil del año 2017, pto. 11 de las Conclusio-
nes de la Comisión n°3).

Al respecto, cuadra destacar que esta hipótesis reconoce su


antecedente inmediato en el art. 569 del Código Comercial derogado
que, referido al mutuo comercial, disponía que los intereses vencidos
pueden producir intereses por demanda judicial o por convención es-
pecial. El presupuesto de aplicación de esta excepción sólo es compa-
tible con el incumplimiento de las deudas de dinero líquidas o fácil-

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mente liquidables en las que el acreedor se vio compelido a promover


demanda judicial, conclusión a la que se arribó en las Jornadas Nacio-
nales de Derecho Civil del año 2017, anteriormente citadas (conf. pto.
13 de las Conclusiones de la Comisión n°3) (conf. CNCiv Sala M,
29/3/2019 Expte N°88.010/2014 “Rompani, Leandro Leonel c/Gó-
mez, Guillermo Alberto y otros s/daños y perjuicios”).

Lo que se pretende, en definitiva, es que la práctica con-


sistente en la capitalización de intereses se desarrolle sólo en puntua-
les situaciones en las que la misma no degenere en usura; es decir, que
la misma no lleve a una consecuencia patrimonial que equivalga a un
despojo del deudor, acrecentando la obligación que recae en cabeza
del deudor hasta un límite que excede los de la moral y las buenas
costumbres. (Conf. CNCiv Sala “J”, 25/11/2021, Expte N°
82851/2018 “Galarza, Carla de los Ángeles c/ Transportes Santa Fe
SACI y otros s/ daños y perjuicios”; Ídem 28/12/2021; Expte N°
80921/2015 “Coiazzet, Roxana Verónica c/ Scelzi, Virginia María y
otros s/daños y Perjuicios”).

Sabido es que la prohibición legal de anatocismo constituye


una norma de orden público (CSJN, fallos 316:3131; Ameal, Oscar,
en “Código Civil....”, dir/coord. Belluscio-Zannoni, [Link], 1981,
t° 3, pág. 131 y stes.) y aun cuando la norma autoriza la capitalización
de los intereses con un criterio más amplio que en la redacción ante-
rior, sigue limitándola a los supuestos expresamente contemplados,
los cuales -dado el carácter excepcional de la regla- no pueden ser in-
terpretados extensivamente (CSJN, Fallos 316: 3134), por lo que cabe
desestimar el agravio incoado al respecto.

Consecuentemente propongo que se modifique este as-


pecto del pronunciamiento apelado, disponiendo que los intereses se
devengarán desde la fecha del fallecimiento de la Sra. Ferreyra hasta
la del efectivo pago de la condena a la tasa activa antes referida.

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En cuanto a la aplicación de intereses moratorios para el
caso de demora en el pago de la condena en el plazo establecido, re-
sultando prematura su consideración en esta etapa, corresponde diferir
su tratamiento para la etapa de ejecución.
[Link] derivadas del rechazo de la acción respecto
del codemandado Pablo B. Gordin.
El codemandado Pablo B. Gordin y su aseguradora se
agravian de que hayan sido impuestas por su orden las costas deriva-
das del rechazo de la acción a su respecto.
El fundamento de la condena en costas radica en la
justicia de resarcir los gastos de quien ha debido servirse del proceso
para el reconocimiento de su derecho.
Al decir de Chiovenda, la justificación de esta institución
está en que la actuación de la ley no debe representar una disminución
patrimonial para la parte en cuyo favor tiene lugar, naciendo su
imposición del deber del juez de condenar al derrotado (conf.
FenochiettoArazi, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, t.
1, pág. 280 y ss.).
La preservación de la integridad del resarcimiento o, en
términos generales, del derecho reconocido en la sentencia, justifica
que sea el vencido quien cargue con las costas derivadas del litigio,
pues, de lo contrario, los gastos realizados para obtener ese
reconocimiento se traducirían, en definitiva, en una disminución del
derecho judicialmente declarado.
En la especie, atento a las particularidades del caso las
costas de ambas instancias se imponen en su totalidad a las demanda-
das condenadas toda vez que a los actores no les era exigible investi-
gar antes de interponer la demanda cuál de los demandados era el res-
ponsable de los daños y perjuicios cuya reparación se pretende en au-
tos. De ahí que quienes fueron condenados deben responder por las

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costas de ambas instancias en su calidad de vencidos (art. 68 del Cód.


Procesal).
[Link]ón.
A tenor de las consideraciones vertidas en el presente
voto, propongo al Acuerdo: [Link] modifique la sentencia apelada fijan-
do por “valor vida” a favor de cada uno de los hijos de la causante el
importe de pesos setecientos mil ($700.000). Asimismo propongo que
se modifique el pronunciamiento en lo atinente a los intereses de con-
formidad con lo dispuesto en el apartado IX y que se difiera la consi-
deración de la cuestión referida a aplicación de intereses moratorios
para el caso de demora en el pago de la condena en el plazo estableci-
do para la etapa de ejecución.
II. Se confirme la sentencia en todo lo demás que fue ma-
teria de agravios. Con costas de ambas instancias a las demandadas
condenadas.
Por razones análogas a las aducidas por la vocal
preopinante el Dr. RAMOS FEIJÓO votó en el mismo sentido a la
cuestión propuesta. Con lo que terminó el acto.

16. Gabriela M. Scolarici

17. Claudio Ramos Feijóo

///nos Aires, febrero de 2024.


AUTOS Y VISTOS:
Por lo que resulta de la votación que instruye el acuerdo
que antecede: I. Se modifica la sentencia apelada fijando por “valor

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vida” a favor de cada uno de los hijos de la causante el importe de pe-
sos setecientos mil ($700.000). Asimismo se modifica el pronuncia-
miento en lo atinente a los intereses de conformidad con lo dispuesto
en el apartado IX y se difiere la consideración de la cuestión referida a
aplicación de intereses moratorios para el caso de demora en el pago
de la condena en el plazo establecido para la etapa de ejecución.
II. Se confirma la sentencia en todo lo demás que fue ma-
teria de agravios. Con costas de ambas instancias a las demandadas
condenadas. Se deja constancia de que la vocalía N° 18 se encuentra
vacante. Notifíquese y pasen los autos a estudio por honorarios.

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