Sentencia sobre Responsabilidad Médica en Parto
Sentencia sobre Responsabilidad Médica en Parto
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memorial a fs. 637/639, cuyo traslado fue contestado a fs. 652/655,
“Instituto Médico de Obstetricia SA”, quien fundó su recurso a fs.
637/641, cuyo traslado fue contestado a fs. 652/657. La Sra.
Defensora de menores de Cámara presentó su dictamen a fs. 668/670.
Se dictó el llamamiento de autos, providencia que se
encuentra firme, quedando de esta manera los presentes en estado de
dictar sentencia.
III. Relataron los actores que el día 20 de enero de 2007 la
Sra. María Cecilia Ferreyra, esposa y madre de los reclamantes,
ingresó al “Instituto Médico de Obstetricia”, donde dio a luz a su
quinta hija, Morena C. Medina; que luego de producido el parto
presentó una hemorragia por atonía uterina, por lo que debió ser
intervenida quirúrgicamente y se le extrajo el útero.
Refirieron que luego de la intervención, un médico les
informó que la Sra. Ferreyra se hallaba en estado delicado y que las
pérdidas continuaban y la paciente no orinaba, presentando disfunción
renal.
Que ante la necesidad de un mejor control de la paciente y
dado que su estado de salud empeoraba progresivamente, cerca de las
20/21 horas se dispuso su traslado a otra clínica, pero dado que la
institución demandada no contaba con ambulancias del tipo necesario
para el traslado de la Sra. Ferreyra, se solicitó una a través de la obra
social de la paciente, la que recién arribó alrededor de las 6 horas.
Que la madre y esposa de los actores llegó al “Sanatorio
Bernal SRL” a las 7 horas en estado crítico y a las 7:30 horas sufrió
un paro cardiorespiratorio del cual fue recuperada.
Seguidamente sostuvieron que se decidió intervenir a la
paciente quirúrgicamente a fin de determinar las causas del sangrado
y el trastorno renal. Que en dicha oportunidad, fue asistida por un
grupo de médicos clínicos, especialistas en nefrología y en
ginecología. Que fue operada alrededor de las 16 horas y en dicha
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La codemandada Instituto Médico de Obstetricia SRL se
agravia de la responsabilidad que le atribuyó el sentenciante alegando
que no se han valorado adecuadamente las pruebas obrantes en autos.
Sostiene que no existió demora en el diagnóstico, que la sospecha de
lesión ureteral se efectuó a las 18:15 horas, momento en que se deci-
dió derivar a la Sra. Ferreyra a una institución de mayor complejidad
por la falta de especialistas en urología, nefrología y diálisis, ya que
IMO SA es un sanatorio monovalente, una maternidad y que la demo-
ra en la derivación no es imputable a su parte ya que dependía de la
obra social.
Asimismo se agravia de los importes indemnizatorios fi-
jados en la sentencia por considerarlos excesivos.
V.-Como previo y antes de entrar en el tratamiento de los
agravios deducidos cabe precisar que el nuevo Código Civil y Comer-
cial de la Nación que entró en vigencia el 1 de agosto de 2015 aproba-
do por la ley 26.994 contempla de manera expresa lo relativo a la
“temporalidad” de la ley. Es menester interpretar coherentemente lo
dispuesto por su art. 7° sobre la base de la irretroactividad de la ley
respecto de las situaciones jurídicas ya constituidas, y el principio de
efecto inmediato de la nueva ley sobre las situaciones que acontezcan,
o relaciones jurídicas que se creen con posterioridad a su vigencia, así
como a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas
existentes. Las consecuencias son los efectos, -de hecho o de derecho
que reconocen como causa, una situación o relación jurídica por ende
atento que en los presentes obrados la situación de que se trata, ha
quedado constituida, con sus consecuencias devengadas, conforme a
la ley anterior, corresponde analizar la cuestión a la luz de la misma,
así como la doctrina y jurisprudencia a ella aplicable.
Por lo demás, adelanto que seguiré a los recurrentes en las
alegaciones que sean conducentes para decidir este conflicto (conf.
CSJN Fallos: 258:304, entre otros) pues recuerdo que como todas las
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Por otra parte, ha sostenido nuestro Máximo Tribunal
que la tacha de arbitrariedad no debe encubrir las discrepancias del
apelante en lo referente a la apreciación y selección de la prueba, más
cuando es un remedio estrictamente excepcional y de su exclusivo re-
sorte (C.S., mayo 11-976, E.D., 64-407) (conf. Sala “J”, Expte. N°
67983/2015 “Aguilar Teresa del Valle c/ Coto C.I.C.S.A y otro s/ da-
ños y perjuicios” del 30/5/2020; íd, Expte.N°13309/2008 “Ortega
Maidana Elva Ramona c/ Maldonado Demetrio y otros s/ daños y per-
juicios del 6/8/2020).
Por ello, no encontrando elemento alguno que permita
vislumbrar que el pronunciamiento de grado esté dotado de tal arbitra-
riedad cabe desestimar este reproche.
VII. Responsabilidad
He sostenido invariablemente la tesis contractualista,
interpretando que la obligación asumida por el profesional no es a
obtener un resultado, sino tan sólo a poner los medios adecuados para
alcanzar esa finalidad, esto es, de prestar asistencia técnicamente
adecuada, poniendo al servicio del enfermo el caudal de
conocimientos científicos que su título acredita y prestándole la
diligente asistencia profesional que su estado requiere. A fin de no
extenderme en estos aspectos y tesis doctrinarias analizadas en casos
análogos, me remito brevitatis causae a los pronunciamientos de la
Sala “J” dictados en tal sentido (CNCiv., Sala “J” 28/09/2006,
“D'Albano, Juan C. c. Hospital Español de Buenos Aires”, DJ 2007-I,
795; Ídem., id., 24/08/2005, Expte. 86.890/97 “Azurduy, Cristina
Rina y otro c/ Hospital. Gral. de Agudos Dalmacio Velez Sarsfield y
otros”, E. D. 216-548; Id., id., 09/09/2005, Expte.52.188/99, “Benito
Sarmiento, Cristina y otro c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”;
Id., id., 17/08/2010, “Benítez Eduardo Aparicio c/ Sarrabayrouse Juan
Ignacio, y otros s/ daños y perjuicios”, E. D. 28/12/2010, Nº 12.657,
La Ley Cita online: AR/JUR/45017/201; Id., id., 31/5/2011, Expte.
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atiende la Medicina, como la salud, la vida y la integridad física y psí-
quica. Por ello, se considera que la responsabilidad profesional dentro
del área de la Medicina tiene que ver con unas medidas especiales, que
no son otras que las derivadas de los llamados “deberes médicos” –lex
artis ad hoc- que sobrepasan la medida o patrón del standard de culpa.
Es que la responsabilidad en el ámbito sanitario exige la necesaria e
incluso concentrada y máxima atención al paciente, por no resultar de
recibo satisfactorio las precipitaciones ni los diagnósticos inadecua-
dos, incompletos, rutinarios o apresurados, al tratarse la salud de un
derecho fundamental de las personas, que les hace acreedoras de obte-
ner todas las prestaciones sanitarias precisas e idóneas, sin regateos u
omisiones injustificadas (Tribunal Supremo Español, sentencias del 25
de abril de 1994 y del 20 de marzo de 1997; Alonso Pérez, Mariano,
“La relación médico-enfermo, presupuesto de la responsabilidad civil
(en torno a la lex artis)” en Perfiles de la Responsabilidad civil en el
nuevo milenio, Madrid, 2001, pág. 37).
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Código Civil y Comercial, fundamentalmente a través del art. 1735,
sigue esta línea de razonamiento.
Sin perjuicio de ello, lo apuntado no alcanza a enervar el
régimen probatorio en materia de “relación de causalidad” en los
términos señalados, sustento primero del reclamo indemnizatorio,
pues dicha prueba pesa sobre quien reclama la reparación del daño,
tanto en la órbita contractual como extracontractual. Es una
consecuencia lógica de los principios que regulan la carga de la
prueba en materia procesal, que ponen en cabeza de quien alega la
existencia de un derecho la demostración de los hechos constitutivos
de su pretensión.
Es decir, la parte actora debe demostrar la “conexión
material” entre un “determinado hecho” y el “resultado”, extremo que
revela que la causalidad no está presumida, y a partir de esta prueba
podrá presumirse el carácter adecuado de la condición.
Consecuentemente, en tales supuestos “a lo sumo existe una
simplificación en ciertos aspectos de la prueba de la causalidad”, mas
no una presunción de su existencia (Pizarro, Daniel, Vallespinos,
Carlos, Instituciones de Derecho Privado. Obligaciones, vol. 3,
Hammurabi, 2007, pág. 107).
El vínculo de causalidad exige la concurrencia de
una relación efectiva y adecuada entre una acción u omisión y el daño
de que se trate. A tales efectos, se hace necesario realizar un juicio de
probabilidad, determinando que el daño se halla en conexión causal
adecuada con el acto ilícito; en otros términos, que la consecuencia
dañosa es la que debía resultar normalmente de la acción u omisión
antijurídica, según el orden natural y ordinario de las cosas conforme
lo establecía el art 901 del Código Civil derogado, y la determinación
de la existencia de tal nexo causal constituye una cuestión de hecho
que debe ser resuelta por los jueces, ameritándose las pruebas
arrimadas en autos (Conf. [Link]., sala “J”, 9/7/2005, Expte.
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cios de responsabilidad médica (Finalidad de la prueba judicial)", en
LL, 1995-C-623).
Cierto es que las peritaciones médicas no son impera-
tivas para el juez, pero el magistrado debe rastrear la verdad, basado
en lo que dicen los médicos. No interpreta los principios ni los crite-
rios médicos, ni los discute bajo una óptica científica, pues ello sería
muy peligroso, en estos casos el juez no ingresará en el campo de la
ciencia médica para discutir lo que no sabe o no conoce, sino que ha
de aplicar criterios de orden procesal o sustancial, obviamente de rai-
gambre jurídica, que podrán conducirlo a admitir o desestimar la pre-
tensión intentada por el paciente (conf. Bueres, Alberto J., "Responsa-
bilidad civil de los médicos" ed. 1992, pág. 54, CNCiv., Sala C, 22-9-
94, LL 1995-C-623, Ídem, Sala H, 22/3/2010, “J. c/ F. H. s/ daños y
perjuicios” Cita: MJ-JU-M-56418-AR | MJJ56418; Ídem, Sala “J”,
11/5/2022 Expte N° 94447/2013 “Dmytriw Natalia Elisabet c/ Tuny
Gustavo Daniel y otros s/ daños y Perjuicios”; ídem id, 13/6/2022
Expte N° 73639/2012 “Aguire Yesica Yanil c/ Castillo Luis Policarpo
s/ Daños y Perjuicios”, entre otros).
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se decidió la extirpación del útero. La anemia severa
(hematocrito:13%) llevó a la paciente al estado de shock de muy difí-
cil resolución, con una insuficiencia cardíaca que llega hasta el edema
agudo de pulmón a las 20:30 horas del 20/1/07” (fs. 397).
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rior, o sea, franca sospecha de stop ureteral. Este resultado no fue con-
signado en la evolución de UTI, no generó una consulta con Urología
o Ginecología, una radiografía de vías urinarias (urograma excretor) y
mucho menos una cirugía exploradora para diagnosticar y solucionar
la obstrucción. Ignorando –o desconociendo- este informe, los médi-
cos de UTI continuaron tratando a la paciente como portadora de una
insuficiencia renal aguda y prosiguiendo con las tratativas de la deri-
vación a un centro de mayor complejidad.
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Sostuvo que durante dicha cirugía “los cirujanos se en-
contraron con líquido libre en abdomen –aproximadamente 2 litros-
compatible con sangre y orina (fs. 57). Se constató la necrosis de una
trompa, por lo que se la extirpó (salpingectomía) y ambos uréteres li-
gados a saber: ´uréter izquierdo ligado en tres lugares. Se seccionan
los hilos obteniéndose buen pasaje de orina (uréter sano)´. Luego se
abrió la vejiga y se colocó un catéter y el otro extremo se lo exteriori-
zó en la piel del abdomen para poder constatar su funcionamiento.
Respecto del uréter derecho (fs. 58) ´se observan varias ligaduras y el
mismo necrosado, por lo que se decide la nefrectomía (extirpación del
riñón)´” (fs. 398).
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A la pregunta sobre cuál es la consecuencia del ligamien-
to de los uréteres en una persona con un funcionamiento de riñones
normal el perito respondió: “La orina formada por los riñones no po-
drá llegar a la vejiga y por lo tanto, ser evacuada. Se genera así una
obstrucción con un aumento de la presión en todo el árbol urinario,
que finaliza con deterioro de la fisiología y anatomía renal” (fs. 399
vta.).
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Ahora bien, se ha demostrado que el procedimiento qui-
rúrgico efectuado a la actora por parte del Dr. Gordin fue el adecuado
y se realizó de manera correcta de acuerdo a la patología que aquélla
presentaba (atonía uterina); que como lo señaló el experto, lesión de la
vía urinaria es una complicación frecuente de las histerectomías puer-
perales, debido a que el abundante sangrado y gran tamaño del útero,
su premura para extirparlo atento al riesgo de vida de la paciente, difi-
cultan para el cirujano la visión correcta del campo quirúrgico, y los
uréteres solo se ven por transparencia del tejido.
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uréteres que presentaba la paciente debió ser advertida por los profe-
sionales que la asistieron mientras se hallaba internada en la unidad de
terapia intensiva de la clínica demandada, toda vez que la ecografía
que se le practicó en esa oportunidad permitía sospechar la ligadura
ureteral, que podía ser resuelta quirúrgicamente. Ello provocó, como
lo señala el sentenciante, una demora de aproximadamente 18 horas
hasta que se le realizó la liberación quirúrgica de la obstrucción urina-
ria en la Clínica Bernal.
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profesional, no necesariamente conduce a la obligación de resarcir al
damnificado, los elementos obrantes en el proceso dan cuenta de que
la elección del material de osteosíntesis a colocar en la reclamante por
parte del profesional habría provocado los daños por los que reclama.
Ha de inferirse ello en virtud de la aplicación del principio res ipsa lo-
quitur, emanado de países del common law (the things speaks for
itselves) y que consiste en una presunción en virtud de la cual a falta
de prueba directa se permite deducir de un hecho probado y evidente,
la existencia de culpa, y lo propio acontece con la teoría llamada de la
“culpa virtual” desarrollada en Francia pues posee el mismo funda-
mento (Calvo Costa, “Daños ocasionados por la prestación médico –
asistencial”, Ed. Hammurabi,, págs. 161 y 170).
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uno de los hijos y el importe de pesos un millón ($1.000.000) para el
cónyuge de la causante.
Se agravian los actores por considerar exiguos dichos
importes indemnizatorios, mientras que la codemandada solicita su
reducción.
Se ha dicho reiteradamente que la vida humana no tiene
valor económico per se, sino en consideración a lo que produce o
puede producir. Pero la supresión de una vida, aparte del
desgarramiento del mundo afectivo en que se produce, ocasiona
indudables efectos de orden patrimonial como proyección secundaria
de aquel hecho trascendental, y lo que se mide en signos económicos
no es la vida misma que ha cesado, sino las consecuencias que sobre
otros patrimonios acarrea la brusca interrupción de una actividad
creadora, productora de bienes. En ese orden de ideas, lo que se llama
elípticamente la valoración de una vida humana no es otra cosa que la
medición de la cuantía del perjuicio que sufren aquellos que eran
destinatarios de todos o parte de los bienes económicos que el extinto
producía, desde el instante en que esta fuente de ingresos se extingue"
(C. S. J. N., Fallos: 316:912; 317:728, 1006, 1921; 320:536 y
322:1393; 323:3614;324:1253 y 2972; 325:1156; 329:4944).
Tal criterio fue ampliado por nuestro máximo Tribunal, al
sostener que “tal concepción materialista debe ceder frente a una
comprensión integral de los valores materiales y espirituales, unidos
inescindiblemente en la vida humana y a cuya reparación debe, al
menos, tender la justicia. No se trata de medir en términos monetarios
la exclusiva capacidad económica de las víctimas, lo que vendría a
instaurar una suerte de justicia distributiva de las indemnizaciones
según el capital de aquéllas o según su capacidad de producir bienes
económicos con el trabajo. Resulta incuestionable que en tales
aspectos no se agota la significación de la vida de las personas, pues
las manifestaciones del espíritu insusceptibles de medida económica
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26/9/2019, Expte. Nº 30571/2014 “Ramos Andrés Avelino y otros c/
Trasancos Lucas Alberto y otros s/ daños y perjuicios”).
La doctrina y la jurisprudencia mayoritarias de nuestro
país admiten que la muerte del hijo puede constituir para sus padres la
pérdida de una chance económica, que se traduce en la frustración de
una expectativa de asistencia y apoyo futuro, en la ancianidad (Cfr:
Zavala de González, Matilde, "Resarcimiento de daños. Daños a las
personas", t. 2 b, Bs. As., Ed. Hammurabi, 1990).
La pérdida de chance como componente del daño
material apunta a resarcir a los derechos habientes de la víctima en
función de lo que la misma aportaba o podía aportar materialmente a
favor de aquellos, es decir el reintegro de aquello que la víctima
producía o podía producir económicamente, es decir con la chance se
apunta a indemnizar una probabilidad, pero siempre dentro de un
margen de certeza aproximado.
La valoración económica de la vida humana implica -ni
más ni menos- la medición o cuantificación del daño o perjuicio que
sufren aquellas personas que eran destinatarias -o que podrían serlo en
el futuro- de todos o parte de los bienes económicos que el fallecido
producía o podía llegar a producir, y en razón que esa fuente de
ingresos (o posibilidad de fuente de ingresos) se extingue (ver,
Bustamante Alsina, Jorge, “El valor económico de la vida humana y
la reparación del daño patrimonial causado por homicidio”, ED, 124-
656; Taraborrelli, José N. y Bianchi, Silvia Noemí, “Cuantificación de
la indemnización por la pérdida de la vida humana”, LL, ejemplar
del4/1/2008, p. 1).
A la luz de lo referido, cabe resaltar pues que lo que se
valora no es la vida misma -que ha fenecido- sino las consecuencias
que se generan hacia otros sujetos; precisamente por la brusca
interrupción de la actividad creadora de bienes -o del cese de la
posibilidad de esta actividad creadora en el futuro- que la muerte
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evento dañoso, ya que se presume, por el grado de parentesco, la
lesión inevitable de los sentimientos. (C.S.J.N., 09/12/1993, “Gómez
Oruede Gaete, Frida A. y otra c. Provincia de Buenos Aires y otros”,
LALEY 1994-C, 546).A los fines de la fijación del quantum
indemnizatorio por daño moral, debe tenerse en cuenta el carácter
resarcitorio de dicho rubro, la índole del hecho generador de la
responsabilidad y la entidad del sufrimiento causado, que no tiene
necesariamente que guarda relación con el daño material, pues no se
trata de un daño accesorio a éste (C.S.J.N., 24/08/2006, “Ferrari de
Grand, Teresa Hortensia Mercedes y otros c/Entre Ríos, Provincia de
y otros”, Fallos,329:3403; Ídem., 07/11/2006, “Bianchi, Isabel del
Carmen Pereyra c/Buenos Aires, Provincia de y Camino del Atlántico
S.A.”, Fallos 329:4944; Id., 06/03/2007, “Mosca, Hugo Arnaldo
c/Buenos Aires, Provincia de (Policía Bonaerense) y otros s/daños y
perjuicios”, Fallos330:563; Id., 06/10/2009, “Arisnabarreta, Rubén J.
c/ E.N. (Min. De Educación y Justicia de la Nación)”, “Gatica, Susana
Mercedes c/Buenos Aires, Provincia de s/daños y perjuicios” G. 383.
XL; ORI;22-12-2009; T. 332 P. 2842, entre muchos otros).
En el presente caso la admisión del daño moral como
causa de indemnización resultante del hecho ilícito es incuestionable.
La certeza de su existencia y la medida de la reparación es sólo fruto
de un juicio de razonable probabilidad, basado en reglas de
experiencia emergentes de la reacción emocional que es dable suponer
en la víctima y de la aptitud que ha tenido la agresión para producirla.
Considero que no pueden caber dudas respecto a la
gravedad del luctuoso acontecimiento, que debió provocar en los
accionantes profundas angustias y gran afectación en su estado
espiritual ante la pérdida de su esposa y madre a una edad temprana y
de la forma en que ocurrió.
En virtud de las consideraciones vertidas ponderando las
traumáticas circunstancias en que perdiera la vida la madre y cónyuge
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su crédito y castigar al incumplidor, quien se apartó de los términos de
la obligación asumida en origen, ya que el orden jurídico requiere,
como pauta general de conducta, que toda persona cumpla con las
obligaciones que legítimamente asume o le impone la ley.
Ahora bien conforme la jurisprudencia y doctrina mayo-
ritaria imperante en el fuero la tasa que corresponde aplicar desde el
inicio de la mora y hasta el efectivo pago del capital de condena, es la
tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta
días del Banco de la Nación Argentina siguiendo la doctrina del fallo
plenario del fuero in re, “Samudio de Martínez, L. c/ Transportes Dos-
cientos Setenta SA, salvo que su aplicación, en el período transcurrido
hasta el dictado de dicha sentencia, pueda implicar como un efecto no
querido, un resultado contrario y objetivamente injusto, produciendo
una alteración del significado económico del capital de condena que
configure un enriquecimiento indebido (conf. CNCiv., Sala “J”, expte.
Nº 69.941/2005 “Gutiérrez, Luis Alfredo y otroc/ Luciani, Daniela
Cyntia y otros s/ daños y perjuicios”, del 10/8/2010, entre otros mu-
chos).
En consecuencia, deberá aplicarse la referida tasa acti-
va en los casos en que la misma no genera o configura un “enriqueci-
miento indebido” único supuesto fáctico que justificaría apartarse del
principio general (conf. [Link]., Sala “J”, 15/04/2010, Expte.
114.354/2003 “Rendon, Juan Carlos c/ Mazzoconi, Laura Edith”;
ídem 24/2/2017 Expte N° 51917/2009 “Suárez Adriana Soledad y otro
s/ Flecha Manuel Edmundo y otros s/ Daños y Perjuicios”.
En el caso, a mi juicio, no obran en la causa constancias
que acrediten que, con la aplicación de la tasa activa desde el día del
hecho, se configuraría el mentado "enriquecimiento indebido"; como
tampoco existen elementos que siquiera lo hagan presumir, si así fuera
e importara una situación excepcional que se apartara de la regla gene-
ral referida la misma debe ser probada en forma clara por el deudor en
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el ámbito del proceso (conf. art. 377 del CPCCN), circunstancia que
no se verifica en los presentes.
Respecto a la queja introducida por la parte actora en
cuanto solicita la aplicación de lo dispuesto por el art. 770 del Código
Civil y Comercial de la Nación en el que se ha incluido un supuesto
nuevo de capitalización, desde la fecha de la notificación de la
demanda, recuerda Trigo Represas, que el anatocismo, interés
compuesto o capitalización de intereses, consiste en sumarle a una
deuda de dinero intereses ya devengados por la misma, para que
ambos sumados vuelvan a su vez a producir nuevos intereses. En
cuanto al vocablo anatocismo en sí, proviene del griego «aná»,
reiteración, y «tokimós», acción de dar a interés y es el término que
puntualmente utiliza el nuevo Código Civil y Comercial para designar
al instituto en cuestión, aunque lo cierto es que al mismo también se
lo conoce como «convenio de pago de intereses sobre intereses»,
«capitalización de intereses» o «interés compuesto» este último
porque exigir réditos por los intereses, que con tal fin se agregan al
capital, constituye, en verdad, la formación de un interés compuesto,
ya que se consideran los intereses devengados como nuevo capital,
que rinde a su vez los suyos. El anatocismo constituye una práctica de
capitalización de intereses que, en principio, se encuentra prohibida,
salvo las excepciones expresamente autorizadas por la propia ley. Se
ha dicho que la prohibición obedece al hecho de que mediante tal
acumulación de capital e intereses, la suma adeudada podría llegar a
incrementarse en forma exagerada en muy poco tiempo; lo que
llevaría a que se convierta en uno de los medios más refinados de
usura. En este sentido cabe señalar que el art. 770 del CCyC establece
como principio general que no se deben intereses de los intereses.
Vale decir, reitera -como primera premisa- la prohibición de
anatocismo que regía durante el código civil sustituido, esto es, la
posibilidad de capitalizar los intereses que se vayan devengando de
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modo que, acumulándose al capital, constituyan una misma unidad
productiva de nuevos intereses. Es lo que se denomina también
“interés compuesto” (conf. Cazeaux- Trigo Represas, “Derecho de las
obligaciones”, T. I, p. 603; Pizarro- Vallespinos, “Instituciones de
Derecho Privado. Obligaciones”, ed. Hammurabi T. 1, p. 430).
Seguidamente prevé las excepciones.
Dos de ellas no hacen más que reproducir aquellas contem-
pladas en el art. 623 del ordenamiento derogado, luego de la reforma
introducida por la ley 23.928. Así, en el apartado a) autoriza la capita-
lización en caso de que “una cláusula expresa autorice la acumulación
de los intereses al capital con una periodicidad no inferior a seis me-
ses”, extremo que no se configura en autos. Por su parte, la excepción
que contiene el apartado c) del art. 770 está referida al supuesto en
que “la obligación se liquide judicialmente”, oportunidad en que “la
capitalización se produce desde que el juez manda pagar la suma re-
sultante y el deudor es moroso en hacerlo”. Fácilmente se advierte que
si en la especie, aún no se ha fijado con carácter definitivo la cuantía
del reclamo tampoco funciona la referida excepción. Hemos sostenido
que si bien el art. 770 inc. b) constituye una novedad del nuevo orde-
namiento. Por cierto, se trata de una disposición genérica que es nece-
sario interpretar por cuanto, incorrectamente aplicada, puede llevar a
desvirtuar la directriz general. Cabe recordar, además, que por tratarse
de una excepción, se impone una hermenéutica estricta (ver Jornadas
Nacionales de Derecho Civil del año 2017, pto. 11 de las Conclusio-
nes de la Comisión n°3).
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CAMARA CIVIL - SALA F
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En cuanto a la aplicación de intereses moratorios para el
caso de demora en el pago de la condena en el plazo establecido, re-
sultando prematura su consideración en esta etapa, corresponde diferir
su tratamiento para la etapa de ejecución.
[Link] derivadas del rechazo de la acción respecto
del codemandado Pablo B. Gordin.
El codemandado Pablo B. Gordin y su aseguradora se
agravian de que hayan sido impuestas por su orden las costas deriva-
das del rechazo de la acción a su respecto.
El fundamento de la condena en costas radica en la
justicia de resarcir los gastos de quien ha debido servirse del proceso
para el reconocimiento de su derecho.
Al decir de Chiovenda, la justificación de esta institución
está en que la actuación de la ley no debe representar una disminución
patrimonial para la parte en cuyo favor tiene lugar, naciendo su
imposición del deber del juez de condenar al derrotado (conf.
FenochiettoArazi, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, t.
1, pág. 280 y ss.).
La preservación de la integridad del resarcimiento o, en
términos generales, del derecho reconocido en la sentencia, justifica
que sea el vencido quien cargue con las costas derivadas del litigio,
pues, de lo contrario, los gastos realizados para obtener ese
reconocimiento se traducirían, en definitiva, en una disminución del
derecho judicialmente declarado.
En la especie, atento a las particularidades del caso las
costas de ambas instancias se imponen en su totalidad a las demanda-
das condenadas toda vez que a los actores no les era exigible investi-
gar antes de interponer la demanda cuál de los demandados era el res-
ponsable de los daños y perjuicios cuya reparación se pretende en au-
tos. De ahí que quienes fueron condenados deben responder por las
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vida” a favor de cada uno de los hijos de la causante el importe de pe-
sos setecientos mil ($700.000). Asimismo se modifica el pronuncia-
miento en lo atinente a los intereses de conformidad con lo dispuesto
en el apartado IX y se difiere la consideración de la cuestión referida a
aplicación de intereses moratorios para el caso de demora en el pago
de la condena en el plazo establecido para la etapa de ejecución.
II. Se confirma la sentencia en todo lo demás que fue ma-
teria de agravios. Con costas de ambas instancias a las demandadas
condenadas. Se deja constancia de que la vocalía N° 18 se encuentra
vacante. Notifíquese y pasen los autos a estudio por honorarios.
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