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Perspectiva de Género y Teorías Críticas

El módulo aborda la importancia de la perspectiva de género crítica en las relaciones de poder desiguales, analizando conceptos como heteronormatividad, binarismo sexo/género e identidad de género. Se exploran teorías queer y transfeministas, así como los avances legislativos en derechos del colectivo LGBTTTIQ+. Se enfatiza la necesidad de reflexionar sobre los prejuicios y construir políticas públicas que promuevan la igualdad de género.

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Perspectiva de Género y Teorías Críticas

El módulo aborda la importancia de la perspectiva de género crítica en las relaciones de poder desiguales, analizando conceptos como heteronormatividad, binarismo sexo/género e identidad de género. Se exploran teorías queer y transfeministas, así como los avances legislativos en derechos del colectivo LGBTTTIQ+. Se enfatiza la necesidad de reflexionar sobre los prejuicios y construir políticas públicas que promuevan la igualdad de género.

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MÓDULO 1

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS


DE PERSPECTIVA DE GÉNERO?
Índice

Bienvenida
1.​ Categorías centrales para construir una perspectiva de
género crítica
2.​ Teorías Queer, Transfeministas y conquistas en materia
legislativa del colectivo LGBTTTIQ+
3.​ Roles sociales y estereotipos de género
4.​ Bibliografía

2
Bienvenida
¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS
DE PERSPECTIVA DE GÉNERO?

Les damos la bienvenida a la primera clase del curso “Perspectiva de género transversal a
las políticas de movilidad.”
En este módulo desarrollaremos la importancia de incorporar una perspectiva de género
crítica, analizando los conceptos centrales que atraviesan las relaciones de poder desiguales
que se dan en nuestras sociedades, en torno al sexo biológico, al género y a los estereotipos
sexo-genéricos socialmente establecidos. También abordaremos los avances que se presentan
en materia de Derechos Humanos sobre la orientación sexual y la identidad de género, gracias
a las luchas políticas del colectivo LGTTTBIQ+.

3
1.​ Categorías centrales para construir una perspectiva de
género crítica

Comenzaremos desarrollando diferentes conceptos que servirán como aporte para entender
lo que implica pensar con perspectiva de género, y fundamentalmente apuntaremos a la
construcción de una perspectiva de género crítica, a partir de deconstruir determinadas
categorías que son la base de las ideologías sobre las que se ha fundado la sociedad.

Una de las categorías centrales a desarrollar, es la heteronormatividad, entendida como un


sistema político, económico y cultural que avala la heterosexualidad y los estereotipos
asociados al binarismo sexo/género como la única opción posible, dejando por fuera
todas las demás identificaciones. Esta lógica es impuesta a través de lo que conocemos como
sistema patriarcal. En concordancia con el pensamiento de Butler (2001), “Es fundamental la
reflexión sobre la forma en la que opera la matriz heterosexual sobre los cuerpos, géneros y
deseos, con especial énfasis en la potencia de la concepción de género para abrir el abanico de
posibilidades de identificación, cuestionando el binarismo de sexo/género que impone la
heteronormatividad”.

Por binarismo sexo/género entendemos a la división en dos categorías que son


complementarias y que tienen su argumento una en función de la otra, lo masculino y lo
femenino. La construcción del binarismo tiene un claro carácter excluyente, ya que parte de
la base de que solo es posible la existencia de dos identidades (mujer-varón) que se van a
constituir como “válidas y naturales”. Estas identidades se establecen como legitimas
(cisgénero) y en consecuencia se produce una jerarquización social. Por ende, el
binarismo varón-mujer produce una oposición dicotómica, excluyente y limitante. Estas
características generan desigualdades y discriminaciones, impidiendo o limitando el desarrollo
y la autonomía de las corporalidades que se autoperciben con una identidad de género
diferente a la asignada al nacer. El concepto de identidad que propone Sciolla, y que retoma
Makowski (1995), refiere a “... un sistema de significaciones que comunica al individuo con el
universo cultural- valores y símbolos sociales compartidos- y que otorga sentido a la acción,
permite realizar elecciones y dar coherencia a la propia biografía.” (Sciolla, s.f, p. 6).
Dimensionar las implicancias que tiene la construcción de la identidad colectiva y el impacto
que genera en la subjetividad de cada persona resulta imprescindible para entender la

4
preponderancia de la construcción de género, desde la cual se ha establecido, ya en el origen
de las sociedades, la división varón-mujer como único modelo de organización social. En línea
con esto, profundizaremos en el concepto de género, no sin antes reparar en su distinción
respecto del sexo biológico.

Por sexo biológico se entiende a la clasificación binaria que establece la ciencia médica
asignando a cada persona al nacer, o incluso antes, un sexo en función de ciertas
características basadas, generalmente, en la observación de los genitales externos. Dicha
asignación separa en términos binarios a las personas, designando como mujeres a quienes
son portadores de aparato reproductor femenino y cromosomas XX, y como varones a
quienes portan aparato reproductor masculino y cromosomas XY. Esta clasificación determina
parámetros de lo que es normal y de lo que no, dejando por fuera e invisibilizando la enorme
diversidad de variables denominadas “sexuales”, como sucede en el caso de las personas
intersex.

La intersexualidad es un conjunto de variaciones en las características sexuales y genéticas


de los seres humanos. Así, al hablar de personas intersex se hace referencia a quienes nacen
con caracteres sexuales (genitales, gónadas y patrones cromosómicos) que no se
corresponden con los marcos considerados socialmente como “normales”, principalmente
respecto a los promedios corporales en función de los cuales se clasifican a los cuerpos en
femeninos o masculinos, lo que ha generado que muchas personas intersex hayan sido
víctimas de mutilaciones e intervenciones médicas de todo tipo, en intentos de “normalizar”
sus corporalidades. Cabe destacar que estas variaciones se manifiestan de formas diversas, no
siempre obvias e iguales, abarcando una amplia variedad y diversidad de corporalidades, las
cuales pueden ser visibles al nacer o manifestarse con el tiempo, principalmente durante la
pubertad.

Por su parte, el concepto de género refiere a representaciones colectivas, es decir, al


conjunto de ideas e imaginarios acerca de lo que representa ser mujer y varón para cada
sociedad en un tiempo determinado. Estas ideas son dinámicas, es decir, que van cambiando
con el tiempo. Son construcciones sociales y colectivas. De ahí se deriva el hecho de que el
género no esté determinado por el sexo biológico, es decir, por las características
biológicas ni la genitalidad de las personas. Estas representaciones sociales sobre el
género son importantes porque tienen impactos concretos en las vidas de las personas, ya

5
sea en el campo profesional, en el ámbito laboral, en la educación, en la política, así como en el
espacio público y la movilidad.

Como dijimos, el género es una identidad y supone una construcción social, cultural y
política independiente del sexo asignado al nacer. En ese sentido, la autora Judith Butler
analiza esta construcción, retomando la distinción entre sexo-género desde una visión
distinta de la que se venía teniendo desde los movimientos feministas en los años ’70,
ámbitos donde seguía discutiéndose la genitalidad como asociada al género de nacimiento.
Esta autora trae al debate los indicadores socio-culturales. En palabras de Butler “(...) el
género no designa a un ser sustantivo, sino a un punto de unión relativo entre conjuntos de
relaciones culturales e históricas específicas” (Butler, 1990). Considera que nadie nace con un
género, sino que éste es adquirido y se da a partir del proceso de socialización en donde
las personas se constituyen como varones y mujeres dentro de una cultura.

Faur (2008) también explica con claridad como el género no es una categoría natural, sino que
es construida y que atraviesa la esfera individual como la social, y que va a influir de
forma critica en la división sexual del trabajo, la distribución de los recursos, y en el
establecimiento de jerarquías sociales, planteando la supremacía social del género
masculino por sobre las demás identidades sexo-genéricas.

A partir de esta breve aproximación a dos de los términos centrales de los estudios de género
y a la noción de identidad, estamos en condiciones de abordar el concepto de identidad de
género1. Siguiendo lo planteado por la Ley N°26.743 es posible definir a la identidad de
género como la manera individual que cada persona tiene de percibir y vivenciar su propio
género, independientemente del sexo que se le haya asignado al momento del nacimiento. La
construcción de la propia identidad es un proceso dinámico y en constante elaboración, esto
quiere decir que no es fijo. A lo largo de la vida de una persona estas vivencias y maneras de
sentir pueden ir variando, pero siempre va a estar atravesado por factores sociales y
culturales, tanto individuales como colectivos.
También es importante hacer mención a la expresión de género, dado que refiere a las
múltiples maneras que existen de manifestar la identidad de género, trascendiendo roles y

1
Algunas autopercepciones del género pueden ser cisgénero, trans, travesti, transexual, transgénero,
no binario, entre otras.

6
expectativas sociales. Es la manera personal que tiene cada persona de vivenciar y
mostrar su género.

Por su parte, no debemos confundir identidad de género con orientación sexual2, ya que
esta se vincula con la atracción sexual, romántica y emocional que puede experimentar
una persona hacia otra. Este deseo no es estático, y puede ir variando a lo largo de la
vida.

Teniendo en cuenta todas estas categorías, estamos en condiciones de abordar el término


perspectiva de género, como una óptica desde la cual mirar la realidad que permite
problematizar y desarticular las formas sociales y culturales que son impuestas a la sociedad
marcando diferencias de poder y asimetrías en torno al género, al sexo y a la orientación
sexual.

En cada sociedad coexisten diversas identificaciones a nivel individual y colectivo de lo que


implica tener perspectiva de género, es decir que hay varias cosmovisiones de género que de
acuerdo al contexto histórico se van resignificando. Todas las personas tenemos una
perspectiva de género, en función a ella concebimos el mundo, la vida y las relaciones,
entendiendo que las normas genéricas son impuestas desde el nacimiento, como modelo de
identificación, interviniendo en los campos de la vida cotidiana, sus posibilidades y
limitaciones. A través de procesos sociales, luchas colectivas y la conquista de nuevos
derechos, las sociedades van modificando sus cosmovisiones respecto al género.

Poder reflexionar desde una perspectiva de género crítica nos permite desanudar las
formas socialmente establecidas y dejar de naturalizarlas, construir una nueva configuración
social y subjetiva resignificando la historia, la cultura, la política y la sociedad para poder hacer
de las políticas públicas en general, políticas de igualdad, transformadoras de las relaciones de
género, así como también visibilizar las múltiples opresiones que categorizan a algunas
corporalidades. En ese sentido, proponemos algunos disparadores para seguir reflexionando
desde una mirada crítica de género.

2
Algunas de las orientaciones sexuales pueden ser heterosexual, lesbiana, gay, bisexual, asexual,
pansexual, demisexual, entre otras.

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●​ Revisar los propios prejuicios siendo conscientes de que no somos “neutrales” en
relación a las cuestiones de género. Es importante no reproducir desde el lenguaje
discursos y conductas discriminatorias, ni ser cómplices de chistes y/o burlas.
●​ Generar espacios de encuentro, intercambio, capacitación respecto a la
perspectiva de género.
●​ Conocer acerca de la legislación vigente que protege los derechos de todas las
personas.
●​ Revisar instrumentos institucionales-administrativos y modos de comunicar
(lenguaje utilizado, presunción de heterosexualidad y de género de las personas, entre
otros).
●​ Respetar la identidad de género autopercibida. Siempre utilizar el pronombre que
la persona utiliza para sí misma. Si desconocemos cuál es su identidad de género,
prestar atención a cómo se refiere a sí misma. Y si no, preguntarle con respeto.

¿Se animan a sumar otros?

En el siguiente video del Ministerio de Mujeres y Diversidad de la Provincia de Buenos Aires,


encontrarán varias de las distinciones conceptuales abordadas. Les invitamos a verlo y seguir
reflexionando en conjunto.

Para empezar a hablar de género, Ley Micaela de la


Provincia de Buenos Aires

2.​Teorías Queer, Transfeministas y conquistas en materia


legislativa del colectivo LGBTTTIQ+

La palabra “queer” es de origen anglosajón y surge en el siglo XVIII, designando una injuria
sexual, nombrando todo lo que se consideraba “excéntrico” y que rompía con las normas

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sociales establecidas, puntualmente las referidas a las prácticas sexuales y a las identidades
de género que no respondían a los estereotipos binarios, poniendo en cuestión el
funcionamiento del orden social cisheteropatriarcal. Era un término despectivo, se utilizaba
como un insulto.

Según Kasofsky Sedgwick (1993) “… «queer» puede referirse a: el amplio amasijo de


posibilidades, huecos, solapamientos, disonancias y resonancias, lapsos y excesos de
significado que hallamos cuando los elementos constitutivos del género o de la sexualidad de
cualquier persona no están hechos para (o no se les puede hacer) significar de forma
monolítica.”

Cada momento histórico es dinámico, va a ir variando de acuerdo a su contexto y a sus


representaciones políticas, sociales, culturales e ideológicas. En consonancia con los aportes
de Preciado (2012), la historia política de una injuria también cambia radicalmente en sus usos,
usuarios y contextos, como pasó en menos de dos siglos con la palabra “queer”.

El término “queer” dejó de ser un término que aludía a la represión social y se fue
convirtiendo en un instrumento que cobró una connotación revolucionaria, dando un giro
radical; cuando a mediados de los años 80, con la crisis del SIDA3, un pequeño grupo se
apropió del término para convertirlo en un lugar de acción política y resistencia, por lo que las
identidades disidentes (maricas, gays, lesbianas, travestis y personas trans), comenzaron a
autodenominarse “queer”. Los activismos dieron un vuelco a la injuria “queer” y comenzaron a
transformarla en una crítica social e intervención cultural. Se produjo una ruptura conceptual
con objetivos claros hacia la norma cambiando el sujeto de enunciación, es decir, que ya no
eran las personas heterosexuales las que llamaban al otro “maricón”. Judith Butler (1990), una
de las principales referentas de las teorías queer durante la década de los 90, lo desarrolla
muy claramente cuando explica que la inversión performativa de la injuria implica que quienes
habían sido objeto de la injuria, al convertirse en sujetxs de enunciación, se convierten en
agentes políticxs.

3
Es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, se desencadena a partir de un virus que se transmite
mediante el contacto directo con fluidos corporales. Durante la década del 80, se desató la pandemia y
continúa hasta la actualidad.

9
De esta forma la Teoría Queer parte del rechazo al pensamiento binario varón-mujer y
surge con la necesidad de visibilizar otras identidades que están por fuera de la
heterosexual y cisgénero. Esta teoría las plantea como no fijas, es decir, no son
determinantes como la cisheteronormatividad nos muestra. Por lo tanto, el término “queer”
va a cuestionar la heterosexualidad obligatoria, las identidades de género normativas, las
estructuras de poder de los géneros, la imposición del deseo, posturas antiespecistas y el
establecimiento de categorías rígidas que constriñen la acción.

Llegada la década de los 90, se dan nuevas discusiones teóricas y se comienza a hablar del
término transfeminismo, que desde el punto de vista de Preciado (2012), empieza a dar
centralidad a las micropolíticas que hasta hace unas décadas atrás eran pensadas como las
minorías de la minoría. Se habla de transfeminismos como una base transversal y común de
acción, y de políticas transgénero como un posible devenir para la práctica y la teoría
feminista contemporánea.

Koyama explica que la palabra “trans”, es un término inclusivo y que refiere a la


transgresión de las normas de género, manifestando algún tipo de disconformidad
entre la identidad y/o expresión de género y el sexo asignado al nacer. Por ejemplo, hay
algunas personas que se identifican como “varones trans”, es decir que viven, sienten y se
identifican con características masculinas, pero su sexo asignado al nacer es femenino. Las
“mujeres trans”, viven, sienten y se identifican con características femeninas, pero su sexo
asignado al nacer es masculino. Así mismo hay personas trans que no se sienten identificadas
con el binario masculino/femenino, sino que sienten, viven y se identifican con características
no binarias, es decir, por fuera de lo considerado como características femeninas o masculinas.
Por lo tanto, el transfeminismo se presenta como un campo amplio, un espacio
transfronterizo donde se entrecruzan diferentes análisis, luchas y discusiones en torno al
género y a la sexualidad, pero donde también se intersectan otros determinantes sociales
como la edad, la clase social, la raza, la procedencia, etc.

Les invitamos a ver el siguiente video acerca de la identidad Travesti de la activista y referenta
Lohana Berkins.

Lohana Berkins: Identidad Travesti en Argentina

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Esta corriente entiende al género como una construcción social y como un mecanismo de
control social, mediante determinadas estrategias tales como la patologización, la producción
de la heterosexualidad obligatoria como institución, la regulación que cada persona tiene del
acceso y construcción del propio cuerpo. Estas estrategias, a lo largo de los años se han
encargado de reforzar el binarismo varón-mujer y la consolidación de la institución familia
nuclear asociada a ese binarismo, dejando por fuera todas las demás maneras de sentir,
pensar y actuar que no se corresponden con esa normatividad genérica y sexual.

A lo largo de la historia hubo grandes conquistas de derechos. Gracias a las luchas que
llevaron adelante los diferentes colectivos, estos derechos se fueron materializando en
términos legislativos, a nivel internacional y nacional. En noviembre de 2006, se crean los
Principios de Yogyakarta, con motivo de una gran preocupación por las violaciones a los
derechos humanos en relación a la orientación sexual y a la identidad de género
autopercibidas por las personas. La Comisión Internacional de Juristas y el Servicio
Internacional para los Derechos Humanos, en nombre de una coalición de organizaciones
afines, ponen en marcha un proyecto encaminado a desarrollar una serie de principios
jurídicos internacionales sobre la aplicación de la legislación internacional de los
derechos humanos a las violaciones basadas en la orientación sexual y la identidad de
género, a fin de imbuir de una mayor claridad y coherencia a las obligaciones estatales en
materia de derechos fundamentales para personas del colectivo LGBTTTIQ+.

El Principio 25, “El derecho a la participación en la vida pública” en el inciso b, establece que
los Estados “adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar los estereotipos y
prejuicios referidos a la orientación sexual y la identidad de género que impidan o restrinjan la
participación en la vida pública”. Dentro de lo que es considerado una violación a los derechos
humanos están: las agresiones sexuales, las violaciones, las detenciones arbitrarias, la
negación de empleos por la identidad de género autopercibida, la negación de oportunidades
educativas, asesinatos. Estas violaciones implican un fuerte componente de violencia
proveniente del odio y la discriminación basados en el sexo, identidad de género, orientación
sexual, así como la religión, la raza, la clase social, la edad, entre otras.

En materia de Derechos Humanos en Argentina hubo grandes avances a partir de la sanción


de la Ley N°26743 de “Identidad de Género” en el año 2012, conquistada por la lucha
política histórica del colectivo LGTTTBIQ+ en nuestro país. Este colectivo empieza a

11
manifestarse y visibilizarse mundialmente en los años ´70, gestando un movimiento de lucha
política y social contra la discriminación, segregación y violencia que históricamente han
recibido, y reclamando el reconocimiento de sus derechos. Estas manifestaciones comienzan
luego de la revuelta ocurrida el 28 de junio del año 1969, en un bar de Nueva York llamado
“Stonewall Inn”, concurrido por homosexuales, trans, drag queen, afros y lesbianas. Cabe
destacar que, en el aquel momento, las leyes prohibían todo tipo de expresión homosexual. La
homosexualidad incluso llegó a ser considerada una patología. También estaba prohibido
utilizar vestimentas consideradas del género opuesto. Esa noche, agentes policiales se
presentaron sin uniformes ni previo aviso, y comenzaron a perseguir a todas las personas que
no tenían cédula de identificación. Ante el hartazgo frente a estos episodios de abuso,
represión y violencia, las personas se resistieron a ser detenidas. Más de 2000 personas se
enfrentaron con más de 400 policías durante dos días. Este fue el primer episodio que dio
visibilidad a los movimientos de la diversidad sexual y, por tal motivo, el 28 de junio se
celebra el Día Internacional del Orgullo.

En lo que respecta a Argentina, en 1967 se reunió el primer grupo de diversidad sexual


del país y de América Latina. En los años 70 se convirtió en el Frente de Liberación
Homosexual, siendo Manuel Puig y Néstor Perlongher sus referentes principales bajo
su manifestación política “Sexo y Revolución”. En 1984, luego de la herencia que dejó la
dictadura cívico militar ocurrida en nuestro país y en el contexto de la vuelta a democracia, los
activistas Carlos Jauregui y Cesar Cigiutti crearon la Comunidad Homosexual
Argentina (CHA). Y en 1992 se lleva a cabo la primera marcha del Orgullo Gay Lésbico
en Buenos Aires, liderada por Jauregui. En esta línea, cabe aclarar que en nuestro país
también se celebra la Marcha del Orgullo LGBTTIQ+, el primer sábado de noviembre,
fecha que se vincula con el proceso de activismo y lucha que tuvo lugar en Argentina,
mencionado anteriormente.

En el marco de esta genealogía, el 15 de julio del año 2010 se presenta como otra fecha clave
ya que se sancionó en nuestro país la Ley 26.618 de “Matrimonio Igualitario”, provocando
un cambio de paradigma a nivel social y cultural, y de avance en materia de derechos. A través
de esta ley se cambió la perspectiva en relación a la unión matrimonial de las personas
indistintamente de la orientación sexual.

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Este breve recorrido histórico y revisión de las luchas y conquistas del colectivo nos ayuda a
entender como en Argentina, con la sanción de la Ley N° 26.743 en el año 2012, se gesta
un nuevo paradigma de derechos, trascendiendo la mirada patologizante que se tenía
respecto a identidades sexuales, géneros y deseos. Dicha Ley contempla en el Art. 1 que
toda persona tiene derecho: a) Al reconocimiento de su identidad de género; b) Al libre
desarrollo de su persona conforme a su identidad de género; c) A ser tratada de acuerdo con
su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos
que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí
es registrada.

Este nuevo horizonte supone la posibilidad de una renovada comprensión acerca de la


identidad de género y a la orientación sexual ya no como una patología o problema,
sino como elecciones fluidas y cambiantes, legitimadas por dichas leyes. Por lo tanto,
resulta un gran avance en materia de concepción de identidad de género, otorgando el
reconocimiento social e institucional a dicho colectivo y extendiendo el alcance a sus derechos.

Les invitamos a ver el siguiente video para seguir


profundizando sobre lo conversado hasta acá:

¿De qué hablamos cuando hablamos de


sexo, género e identidad?

3.​ Roles sociales y estereotipos de género

Los roles sociales son aquellos conformados por un conjunto de normas, comportamientos y
expectativas que se espera que las personas adopten de acuerdo con su edad, género,
pertenencia geopolítica, clase social, etc. En base a la cultura y al contexto histórico al cual se
pertenezca, estos roles van a tener un carácter más flexible o más rígido.

En relación a los roles sociales de género, desde temprana edad y durante los procesos de
socialización, las personas son paulatinamente incorporadas a la cultura de acuerdo a las
concepciones sociales y psicosociales de un momento histórico determinado, que se

13
corresponden con la clasificación simbólica realizada en base a las diferencias sexuales
biológicas. A través de distintas instituciones de la sociedad, y en la vida cotidiana,
aprehendemos y reproducimos modelos de conducta, valores, roles sociales, actividades,
preferencias, etc., que son atribuidos como propios a cada género. Estos procesos de
construcción de masculinidades y feminidades hegemónicas tienen como efecto que a
mujeres y varones se les asocie un deber ser correspondiente a lo esperable para lo femenino
y lo masculino, y la formación de estereotipos de género para cada uno de ellos, en tanto
representaciones generalizadas y simplificadas que son compartidas en el imaginario social
sobre ser mujer y ser varón.

Podemos decir que los estereotipos de género son espejos que representan la historia y
la cultura, se mantienen respondiendo a las diferentes necesidades que tienen los
contextos de preservar y mantener las normas sociales que se consideran
“beneficiosas” para él. Es decir, que los estereotipos de género son construcciones
sociales que varían según la cultura y de una época a otra y son reproducidos a través
de los medios de comunicación, la familia, la educación, siendo a veces difíciles de
detectar.

Es importante pensar cómo operan estos modelos en nuestra sociedad, ya que tienen una
función central en los procesos de socialización; inciden en la construcción de la identidad de
las personas, de los grupos sociales y la conciencia de pertenencia a un grupo social
determinado. Si estos estereotipos de género están fundados bajo una lógica estrictamente
binaria, y como mencionamos anteriormente, hay identidades que no se identifican bajo esas
lógicas de funcionamiento, se abren algunos interrogantes que son necesarios analizar:

¿Qué pasa cuando se rompen esas lógicas?


¿Qué impacto tienen en el proceso de socialización?

Para reflexionar sobre estas preguntas, les proponemos ver el siguiente video de Susy Shock
sobre la marginalidad y la expulsión temprana que sufren las personas travestis y trans.

Susy Shock: Vejez y juventud trava

14
Como podemos ver, estas lógicas han generado discriminación y violencia contra aquellas
personas que no cumplen con los mandatos de género establecidos si bien, gracias a
diferentes luchas que se dieron a lo largo de la historia, hoy día hay nuevas prácticas
instituyentes que rompen dichos mandatos y hacen visibles las consecuencias que estos han
generado a nivel psíquico y social, en cuanto a la construcción identitaria individual y

colectiva. Por lo tanto, al ser cuestionados y desarticulados se promueve la inclusión, nuevos

niveles de exploración, expresión, y las condiciones de posibilidad para habitar nuevos


sentires que son reconocidos en nuestra sociedad y que generan nuevos lazos sociales,
entendiendo las diferentes expresiones de género y las múltiples maneras de habitar y
construir identidades que existen en la sociedad. Para poder tener una perspectiva crítica
sobre estos estereotipos, es importante pensar desde una mirada historizada, que permita
problematizar y deconstruir nuestros propios pre conceptos aprendidos, ya que estos son la
base sobre la cual se construye la visión que le damos a la realidad.

Un ejemplo claro de lo que venimos conversando respecto a estereotipos es la asociación


histórica que se ha hecho a lo largo del tiempo entre espacio social, movilidad urbana y
masculinidades hegemónicas, la cual se evidencia en la relación que estas establecen con el
uso del automóvil particular. La división sexual del trabajo en las ciudades generó mayores
distancias entre el espacio de trabajo productivo y el reproductivo, que solo pudieron ser
cubiertas con el transporte automotor.

Históricamente la función productiva y el espacio social estuvieron relacionados a las


masculinidades, lo que nos invita a pensar qué estereotipos siguen produciéndose y
reproduciéndose hoy día en relación a la circulación urbana y usos del espacio socio-urbano,
por ejemplo, si consideramos los prejuicios que se hacen presentes ante la presencia y el
desempeño en la conducción de otras identidades por fuera de las masculinidades
hegemónicas4. Esto, además, dialoga con la masculinización del espacio vial y en el uso del
transporte particular.

Siguiendo a Soto Villagrán (2017), podemos decir que el género permea lo que se espera de las
personas y se expresa en las prácticas sociales que estas realizan, incluidas las dinámicas de
movilidad. Transversalizar la perspectiva de género y diversidad en el transporte permite

4
Modelo sociocultural que tiende a reproducir la dominación de los varones (cis)heterosexuales y
produce la subordinación de cualquier identidad sexo-genérica que no responda a ese patrón.

15
cuestionar estos roles asignados, interpelar de forma crítica las prácticas de movilidad
generizadas y las relaciones de poder subyacentes, y evidenciar los sesgos que se ocultan tras
la supuesta “neutralidad de género” en el diseño de las políticas públicas de movilidad y
transporte.

16
4.​Bibliografía

●​ Butler, J. (1990) EI género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad.


Paidós, Barcelona.
●​ Butler, J. (2006) Deshacer el género. Paidós, Barcelona.
●​ De Barbieri, T. (1993) Sobre la categoría género. Una introducción teórico
metodológica. Debates de sociología Nro 18 Vista de Sobre la categoría género: una
introducción teórico-metodológica.
●​ De Lauretis, T. (2013) La tecnología del género. En Ana María Bach y Margarita Roulet
(Trads). Disponible en:
[Link]
[Link].
●​ Fernández, A. M. (2009). Las lógicas sexuales: amor, política y violencias. Buenos
Aires. Nueva Visión. CAP I y II. (pg 33 -72).
●​ Kasofsky Sedgwick, E. (1993) Tendencias. En: Editorial QUE.
●​ Preciado, Paul B. (2009) Historia de una palabra. Parole de queer, 1, pp. 14-17.
Recuperado de [Link] com/p/[Link]
(consultado el 4 de enero de 2020).
●​ Preciado, Paul B. (2011) Manifiesto contrasexual. Barcelona: Anagrama
●​ Rodríguez Enríquez, C. (2010) Análisis económico para la equidad: Los aportes de la
economía feminista SaberEs. Nº2
[Link]
●​ Sáez, J. (2007) El contexto sociopolítico de surgimiento de la teoría queer. De la crisis
del sida a Foucault. En David Córdoba, Javier Sáez y Paco Vidarte (Eds): Teoría Queer.
Políticas Bolleras, Maricas, Trans, Mestizas (pp. 112-129). Madrid: Egales.
●​ Scott, J. (1996) El género: una categoría útil para el análisis histórico 1996, En: Lamas
Marta Compiladora. El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. PUEG,
México. 265-302p.

Legislaciones

17
●​ Ley 23.179 Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
contra la Mujer, 1985.
●​ Ley 24.632 Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia
contra la mujer - "Convención de Belém Do Pará", 1996.
●​ Comisión Internacional de Juristas (ICJ) Principios de Yogyakarta: Principios sobre la
aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la
orientación sexual y la identidad de género, Marzo 2007
●​ Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales,
2009.
●​ Ley N° 26.743 de Identidad de Género, 2012.
●​ Ley 27.499 de Capacitación obligatoria en género para todas las personas que integran
los tres poderes del estado - “Ley Micaela”, 2018.
●​ Decreto N° 476/2021.

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