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"Los Ríos Profundos: Identidad y Lucha"

Los ríos profundos es una novela de José María Arguedas que narra la historia de Ernesto, un niño que navega entre la cultura occidental y la indígena mientras enfrenta la injusticia en un internado. A través de su experiencia, Ernesto desarrolla una conciencia crítica sobre la opresión y la lucha por la identidad y la justicia en la sociedad peruana. La obra culmina en su transformación personal, donde reconoce la importancia de la lucha colectiva por la verdad y la dignidad.
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"Los Ríos Profundos: Identidad y Lucha"

Los ríos profundos es una novela de José María Arguedas que narra la historia de Ernesto, un niño que navega entre la cultura occidental y la indígena mientras enfrenta la injusticia en un internado. A través de su experiencia, Ernesto desarrolla una conciencia crítica sobre la opresión y la lucha por la identidad y la justicia en la sociedad peruana. La obra culmina en su transformación personal, donde reconoce la importancia de la lucha colectiva por la verdad y la dignidad.
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“LOS RIOS PROFUNDOS”

JOSE MARIA ARGUEDAS

Estudiante: Quispe Ccapa Lucianne

Grado: 6to de primaria

2025
Los ríos profundos

Contexto de la obra y del autor:

Los ríos profundos es una novela escrita por el autor peruano José María
Arguedas y publicada por primera vez en el año 1958, en Buenos Aires,
Argentina. Esta obra se considera una de las más representativas de la
literatura peruana del siglo XX, ya que combina magistralmente la narrativa
indigenista con una profunda mirada interior sobre la identidad y el alma
humana.

Introducción:

La historia empieza con Ernesto, un niño de catorce años que viaja por los
Andes peruanos junto a su padre, un abogado empobrecido y errante. Han
pasado años deambulando de un pueblo a otro, buscando trabajo, refugio y
estabilidad. Ernesto ha crecido entre dos mundos: por un lado, la cultura
occidental, que le impone normas, religión y poder; y por el otro, la cultura
indígena, que le ha dado cariño, canto, lengua y una conexión profunda con la
tierra. En esos primeros capítulos, se siente el tono melancólico pero poético
de la novela. Ernesto observa con ojos atentos todo lo que lo rodea: los
paisajes andinos, los ríos, las piedras, las canciones y las costumbres. Todo
eso lo afecta, lo toca. Su sensibilidad lo hace distinto a los demás niños, más
aún cuando su vida cambia radicalmente: su padre decide internarlo en un
colegio religioso en la ciudad de Abancay, mientras él continúa su camino solo.
Este internado, lejos de ser un lugar seguro, es para Ernesto un nuevo mundo
de reglas injustas, castigos crueles y violencia entre compañeros. Allí empieza
verdaderamente su proceso de transformación: ya no solo observa la injusticia,
sino que empieza a preguntarse por qué ocurre y qué puede hacer él frente a
ella.

Desarrollo:

Dentro del colegio, Ernesto se enfrenta a una realidad dura. Los profesores son
estrictos, algunos crueles, y los alumnos se dividen entre los que aceptan las
reglas sin cuestionarlas y los que, como él, no pueden evitar ver las grietas del
sistema. La vida en el colegio se convierte en un microcosmos de la sociedad
peruana: allí también hay discriminación, abuso de poder y desprecio hacia lo
indígena. Uno de los elementos más simbólicos en esta etapa es el zumbayllu,
un trompo que Ernesto hace girar y al que le atribuye una especie de poder
mágico. A través del zumbayllu, Ernesto encuentra una forma de comunicarse
con su mundo interior, con la naturaleza y con las personas que ha dejado
atrás. Es un símbolo de sanación, pero también de memoria. Mientras tanto, en
las calles de Abancay se produce un conflicto entre las chicheras mujeres
indígenas que venden chicha para vivir y las autoridades que quieren prohibir
su actividad. Ernesto observa todo esto con una mezcla de dolor y admiración:
duele ver la injusticia, pero lo conmueve la valentía de estas mujeres que no se
dejan doblegar. Empieza a darse cuenta de que la lucha no es solo suya, sino
de todo un pueblo que ha sido silenciado durante siglos. Otro momento clave
ocurre cuando los estudiantes visitan un manicomio. Lo que allí ve el
abandono, la tristeza, el olvido marca profundamente a Ernesto. Comprende
que muchos de los que no encajan en la sociedad son apartados, encerrados,
humillados. La figura del padre Linares, uno de los pocos adultos que muestra
verdadera empatía, representa para Ernesto una especie de luz en medio del
sistema opresivo. Todo esto va despertando en el niño una conciencia crítica.
Ya no se limita a sentir y empieza a entender y darse cuenta de que algo está
muy mal en el mundo en el que vive.

Desenlace:

En los capítulos finales, la tensión crece. El colegio, que parecía un lugar de


formación, se revela como un espacio de represión. Un compañero es
brutalmente castigado por un acto menor, lo que deja a Ernesto en una
profunda reflexión sobre la violencia y el miedo como herramientas de poder. A
la vez, los rumores de una rebelión campesina llegan a Abancay. Se habla de
levantamientos, de luchas por la tierra, de un pueblo que empieza a reclamar
su lugar. Ernesto, aunque no participa directamente, se siente espiritualmente
unido a esa causa. Sabe que los "ríos profundos" aquellos que fluyen bajo la
superficie de la tierra, invisibles pero poderosos están comenzando a agitarse.
El final de la novela no una respuesta o solución. Pero hay en Ernesto una
transformación real. Ya no es solo un niño observador, sino alguien que ha
comenzado a forjar una identidad propia. Ha descubierto que la lucha por la
justicia y la verdad no es tarea fácil, pero es necesaria. Y aunque su futuro aún
es incierto, hay en él una convicción.

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