COLEGIO DE BACHILLERES DEL ESTADO DE
YUCATAN COBAY PLANTEL UMAN
HISTORIA
ALUMNA:ESMERALDA SARAI COCOM ORDOÑEZ
5B
Actividad 1. Parcial 2
12/11/2020
Revolucion rusa
El 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario ruso), las obreras textiles de la ciudad de
Petrogrado se levantaron en una gran manifestación, profundizando la lucha que venían dando
obreros y campesinos contra la guerra. Durante enero y febrero de 1917, en varias ciudades del
imperio se realizaron huelgas generales y manifestaciones. Ese 8 de marzo, la convocatoria de las
obreras textiles a la huelga para exigir pan y fin de la guerra se masificó y extendió a otros sectores
de trabajadores, especialmente a la combativa barriada obrera de Viborg. El paro se extendió y las
consignas contra el zarismo, por el fin de la guerra y contra el hambre se masificaron,
consiguiendo la simpatía de sectores del ejército, compuesto sobre todo de trabajadores y
campesinos. A pesar de ello, la represión se desata y deja decenas de muertos. La revuelta se
extiende nacionalmente y termina con la caída del zarismo y la formación de un gobierno
provisional de corte liberal encabezado por Kerenski, a la par que se levantan los soviet de obreros
y campesinos. Al no resolver ninguno de los problemas que estaban planteados, los trabajadores,
campesinos y soldados, siguen el llamado del Partido Bolchevique para exigir paz, pan y tierra,
convocando a entregar todo el poder a los soviets, lo que se logra en octubre de ese año. De esa
manera, la revolución rusa se transforma en la primera revolución obrera triunfante en la historia,
logrando cosas inéditas como la nacionalización de la banca y las empresas, el control obrero de la
producción, pensando en avanzar hacia una sociedad sin explotación ni opresión.
Las mujeres tras la revolución
La Revolución Rusa permitió conquistas inéditas para la mujer en aquella época, aun en
condiciones difíciles económicas que obstaculizaron su aplicación; inclusive las constituciones
europeas más “modernas”, como la igualdad jurídica plena, derecho a voto, su incorporación al
trabajo productivo con igual trabajo a igual salario, el derecho al divorcio garantizado por el
Estado, la educación mixta, la eliminación del estatus de inferioridad legal de la mujer o el aborto
gratuito. Para comparar, en esos mismos años en Chile las mujeres eran consideradas menores de
edad, y en la actualidad, de todas formas el aborto sigue estando penalizado. Sin embargo, el
pensamiento marxista de los bolcheviques entendía que la igualdad jurídica y ante la ley no
significaba una verdadera igualdad o libertad, por lo que era necesario avanzar en otras tareas,
como la socialización de las tareas domésticas; es decir, crear comedores o lavanderías
comunitarias y públicas, o romper la unidad jurídica entre familia y matrimonio, entendiendo que
la familia es mucho más que el contrato matrimonial. La derrota que significó el ascenso del
estalinismo, que liquidó a lo mejor de las generaciones que hicieron la revolución, permitió que
muchas de estas conquistas retrocedieran, llevando además a una mala identificación del
estalinismo con el comunismo. La Revolución Rusa demuestra la importancia de la unidad de la
lucha contra la opresión y explotación, como también de las demandas de los trabajadores, las
mujeres y el pueblo. Más que nunca, es necesario sacar las conclusiones de aquella revolución,
para poder retomar sus enseñanzas y organizarnos para conquistar derechos como el aborto,
igualdad salarial, ley de identidad de género y otras, en el camino de terminar con la opresión de
género y la explotación capitalista.
El zarismo hacía tiempo que se tambaleaba. Una y otra vez, Nicolás II había recurrido al Ejército
para acallar las protestas de su pueblo. El 9 de enero de 1905, las tropas imperiales disolvieron a
tiros una concentración pacífica ante el palacio de Invierno. Los manifestantes tenían la esperanza
de que el zar los escuchara. Pero Nicolás ni siquiera estaba en la ciudad. Sus soldados mataron a
unos doscientos manifestantes e hirieron a otros ochocientos. Ese «Domingo sangriento», la
imagen del zar como protector del pueblo se hizo añicos. Las protestas se sucedieron por todo el
país, mientras el ejército imperial sufría una derrota humillante ante Japón. A regañadientes,
Nicolás II aceptó la creación de un parlamento, la Duma. Sería el mayor éxito de la revolución
burguesa de 1905. Pero el zar desaprovechó la oportunidad de democratizar su imperio. El país se
industrializaba a gran velocidad, pero el 80% de la población malvivía en el campo. Con excepción
del británico, ningún imperio europeo sobrevivió a la I Guerra Mundial, pero el ruso sería el
primero en caer.
¿Qué es la revolución rusa?
La revolución rusa engloba todos los hechos políticos, sociales y económicos que culminaron con
el derrocamiento del régimen zarista e instauraron el leninista en el 1917, entre febrero y octubre.
Esta revolución fue posible, entre otras cosas, por el debilitamiento del ejército durante la Primera
Guerra Mundial. La importancia histórica de la revolución rusa reside en que estuvo comandada,
en primer lugar, por obreros y soldados, fue el pueblo el que derrocó la dinastía de los Zares,
hecho que se tradujo en la caída del absolutismo y la implementación de un gobierno comunista.
De este modo, la clase trabajadora orientó la política de Rusia.
Causas
Causas económicas. La Primera Guerra cobró el saldo de millones de hombres del ejército, hubo
escasez de trabajadores en las granjas y en las fábricas. Los alimentos no alcanzaban. Los obreros
trabajaban entre doce y catorce horas por salarios bajos y la inflación posguerra empeoraba,
situación que desembocó en revueltas generales. El Zar reprimió al campesinado y este tomó las
redes de transporte. Para 1917, el hambre se había extendido.
Causas sociales y políticas. La sociedad rusa estaba compuesta, en su mayoría, por campesinos,
quienes tenían pocos derechos, las parcelas que podían trabajar eran muy pequeñas. Con la
Primera Guerra y su demanda de producción, la situación se agravó. Las ciudades requerían mano
de obra en las fábricas y se sobrepoblaron, marginalizando aún más a los trabajadores.
El Zar respondía con violencia a los reclamos. Se lo hizo responsable de la falta de insumos para los
soldados y de los prisioneros de guerra y desaparecidos. La DUMA advirtió en el 1916 sobre el
desmoronamiento de Rusia si no se reformaba.
Consecuencias de la Revolución rusa
Derrocamiento de la monarquía absoluta de los Zares
El poder de Rusia frente al mundo, ya sea en el ámbito científico, económico, político o militar.
El establecimiento del comunismo, con la creación de la República Federativa comunista que pasó
a denominarse Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S).
La división del mundo en dos: por un lado estaba el Capitalismo y por el otro, el Comunismo. Esta
oposición resultó en la Guerra Fría.
Medidas de Lenin durante la Revolución rusa
Lenin gobernó una República Socialista Federal, que era dirigida por los Soviets. Abolió la
propiedad privada y confiscó tierras; estas y las fábricas pasaron a las manos de los obreros y se
nacionalizaron los bancos y el sector comercial. Pactó un armisticio con Alemania y Austria-
Hungría, conocido como “Tratado de Brest-Litovsk”. Rusia prometía una indemnización de guerra y
se retiraba del conflicto de la Primera Guerra con la renuncia a Polonia y los Estados Bálticos.
Teoría marxista
La Revolución Rusa se basó en la teoría marxista, que sostiene la negación de la propiedad privada
y la igualdad social. Se reconoce la histórica lucha de clases y se enuncia la dictadura del
proletariado.
Primera fase de la Revolución rusa
La primera etapa de la revolución está signada por la caída del Zar y la asunción de Alejandro
Kerensky como primer presidente de la República (Revolución de Febrero). Los obreros y soldados
eran dirigidos por los Mencheviques, socialistas moderados. Entre ellos se organizó un consejo
que representaba a la clase trabajadora, el “Soviet”, de gran influencia en el establecimiento de la
República.
Segunda fase de la Revolución rusa
Los socialistas radicales, en general bolcheviques, se encargaron de liquidar el antiguo régimen
mediante la creación de la República Federal Comunista. Lenin fue el líder de esta revolución. Los
campesinos y soldados se volvieron contra el gobierno provisional bajo su conducción, que rezaba
“Todo el poder para los Soviets” con la fértil promesa de “Paz, tierra y pan”.
Lenin asumió el gobierno de Rusia el 25 de octubre del calendario nacional, por lo que a esta
revolución se la conoció como Revolución de Octubre. Su gobierno estaba respaldado por León
Trotsky, quien era jefe del ejército rojo.
R.S.S
De la mano de Trotsky y Stalin, Lenin estableció el gobierno comunista al que se llamó Unión de las
Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S). Estaba compuesto por los Comisarios del Pueblo,
administradores públicos, el jefe del Consejo, que es el Primer Ministro, director de la política
internacional y cabeza del partido Comunista de Rusia. Los obreros escogían a sus representantes
en el Congreso General de los Soviets.
Guerra civil rusa
La Guerra Civil sucedió tras la Revolución de Octubre de 1917. Los opositores al gobierno
(terratenientes, iglesias, militares de alto rango) pretendían terminar con la revolución. El país se
dividió así entre los contrarrevolucionarios (ejército blanco) y los bolcheviques (ejército rojo). Si
bien los primeros contaban con apoyo internacional, luego de tres años de guerra triunfaron los
bolcheviques.
Arte de Revolución rusa
Con el gobierno de Lenin aparece el arte de las vanguardias, centrado en la abstracción (Kazimir
Malévich). Luego, con Stalin, surge el realismo socialista, de carácter propagandístico, que pone fin
a las vanguardias (Aleksandr Gerasimov).
Estados Totalitarios.
Totalitarismo es el término por el que se conoce a las ideologías, los movimientos y los regímenes
políticos donde la libertad está seriamente restringida y el Estado ejerce todo el poder sin
divisiones ni restricciones.
Los totalitarismos, o regímenes totalitarios, se diferencian de otros regímenes autocráticos por ser
dirigidos por un partido político que pretende ser o se comporta en la práctica como partido único
y se funde con las instituciones del Estado. Por lo general, estos regímenes exaltan la figura de un
personaje que tiene un poder ilimitado que alcanza todos los ámbitos y se manifiesta a través de la
autoridad ejercida jerárquicamente. Impulsan un movimiento de masas en el que se pretende
encuadrar a toda la sociedad (con el propósito de formar una persona nueva en una sociedad
perfecta), y hacen uso intenso de la propaganda y de distintos mecanismos de control social y de
represión como la policía secreta.
Origen y evolución del término
Si tratamos de establecer la genealogía de la noción de totalitarismo, es necesario remontarnos a
los primeros tiempos del fascismo: en efecto, es en la reflexión surgida tras la aparición del
fascismo italiano cuando se utiliza por primera vez el adjetivo "totalitario" que aparece antes que
el sustantivo. Parece ser que fueron los adversarios políticos de Mussolini quienes utilizaron el
adjetivo por primera vez durante los Años 20 para estigmatizar el régimen de Mussolini. El
dictador italiano no tardó en utilizar el término, evidentemente con connotaciones positivas. Una
frase muy citada de un texto realizado conjuntamente por Mussolini y su principal ideólogo
Giovanni Gentile dice así: «para el fascismo, todo está dentro del estado y nada humano o
espiritual existe ni tiene valor fuera del estado, en ese sentido el fascismo es totalitario».
El término reencuentra su connotación peyorativa en la pluma de los intelectuales alemanes
opuestos a Hitler, a destacar Herbert Marcuse o Franz Neumann, poco después, en 1941 aparece
por primera vez escrito el sustantivo «totalitarismo».
El término va a emigrar de Italia y Alemania a los principales países de acogida de los opositores
políticos, predominantemente Estados Unidos y Francia. Paralelamente, el término "totalitarismo"
empieza a circular por la oposición política a Stalin, mayormente en boca de intelectuales como
Victor Serge o Boris Souvarine.
Aunque «totalitario» y «totalitarismo» son términos surgidos de la lucha política, rápidamente van
a dar el salto al mundo académico ya que muchos de los opositores que lo utilizan son
intelectuales, se pueden citar ejemplos como el libro del autor católico Jacques Maritain
Humanismo Integral» (1936) o el trabajo de Ġūrīān (1935-39) o igualmente la obra de Hayes La
novedad del totalitarismo en la historia de occidente, publicada en EE. UU.
Por supuesto, la utilización del término totalitarismo va a depender del contexto político del
momento, a partir de 1941 nace una alianza entre los países occidentales y la Unión Soviética para
luchar contra el nazismo, dicha alianza limita la utilización del término «totalitarismo» a la
Alemania nazi, la dicotomía democracia/totalitarismo se encuentra oculta por la división
fascismo/antifascismo.
Tras el paréntesis de la segunda guerra mundial, a lo largo de la guerra fría va a aparecer una
teoría científica del totalitarismo, es en estos años cuando aparece la obra capital de Hannah
Arendt, Los orígenes del totalitarismo, dicha obra va a constituir la consolidación de la teoría del
totalitarismo
Al final de todo este viaje quizás seamos capaces de responder a la pregunta que nos ha guiado
por esta ruta y estemos en condiciones de comprobar si la deshumanización de las personas se
puede dar o no tanto en las víctimas como en los verdugos de sistemas políticos totalitarios.
¿Habían fracasado los regímenes democráticos liberales en Europa cuando se produjo la 1er.
Guerra Mundial? Desde varias décadas atrás había comenzado una lenta etapa de transformación
política hacia un mayor intervencionismo estatal como resultado de la problemática generada por
la revolución industrial y la sociedad de masas. Lo que hoy entendemos por Estado de Bienestar
con gran protección social del Estado, pero manteniendo los derechos individuales y la libertad de
empresa, era un modelo en formación sobre el cual pesaba la dura crítica del movimiento
marxista. A principios del Siglo XX la lucha entre el socialismo y el liberalismo democrático
moderado era muy fuerte, hay que tener en cuenta que el socialismo significaba para todos los
líderes socialistas europeos, la propiedad estatal de los medios de producción, aún para aquellos
que pensaban que esa meta se alcanzaría por medios democráticos, aunque a decir verdad, ya
existía una brecha entre socialistas que colaboraban con los demócratas, y los marxistas radicales.
Es indudable que en ese tiempo la democracia liberal sólo fue plenamente exitosa en los países
anglosajones, con una muy débil institucionalidad en el resto de Europa y en América Latina.
Ambos regímenes estudiados rechazaban de plano la instancia de participación política indirecta
de los ciudadanos a través de sus representantes y de los partidos políticos, la única manera más
eficaz encontrada hasta hoy para permitir expresar la opinión ciudadana. La unidad del
totalitarismo se perfila entonces como la antítesis del liberalismo y de todo el entramado político
creado por éste, ambos regímenes estudiados convergían en un mismo trabajo práctico de
destrucción de lo político como ámbito de confrontación y de acuerdos ante la diversidad de
opiniones de los ciudadanos.
La idea de que el pueblo en su conjunto, el proletariado, o cualquier otro grupo o clase social
pudiera gobernar directamente, es producto del engaño o de las fantasías del joven Marx. De lo
que se trataba en el nacional socialismo era de que un líder tomara el poder total en
representación del pueblo y pudiera asumir los riesgos más absurdos sin oposición. En la URSS, ni
siquiera el Partido de Lenin pudo gobernar, necesitó de un jefe absoluto para movilizarlo y cuando
este tirano quiso, lo vapuleó, lo diezmó y lo expulsó de la arena política. Stalin sólo tuvo dos
propósitos políticos y los logró plenamente: eliminar toda disidencia, todo tipo de oposición y
probable formación de otros partidos dentro de la Unión Soviética, y lograr un Partido Comunista
con una sola línea ideológica obedecida monolíticamente por todos sus miembros, incluso los
Partidos Comunistas de los países independientes. Esta es la única obra de Stalin.
Ninguno de los dos regímenes negaba “la democracia” en la sociedad de masas. Por eso es
interesante examinar qué entendía por democracia un ideólogo del nacional socialismo de los
primeros tiempos como Karl Schmitt. Para este autor las modernas sociedades de masas eran
democráticas en sí mismas porque eran homogéneas. La homogeneidad era lo que las hacía
democráticas y toda discrepancia por lo tanto, se veía como defecto y debía ser eliminada ( Schmitt,
1999
). Este concepto es compartido con el régimen comunista, para el cual el sentido de la
democracia sería el producto de la igualdad absoluta del proletariado una vez llegado al poder.
Porqué se repite tan a menudo que el objetivo de Hitler era proteger el capitalismo? Hitler hizo
alianzas con algunos grandes empresarios dentro de una estrategia de conseguir ayuda pecuniaria
mientras el partido crecía, así como Lenin recibió del Kaiser Guillermo II dinero para hacer la
revolución rusa. A Hitler sólo le interesaba aquello que permitiera hacer resurgir a Alemania como
potencia según se dieran los acontecimientos, pero no estaba especialmente interesado en
mantener el capitalismo. En primer lugar poco antes de la guerra fueron eliminadas las pequeñas
empresas a favor de las grandes por razones de utilidad práctica, luego por necesidad
armamentística los empresarios se vieron en la necesidad de producir de acuerdo a los intereses
bélicos de los dirigentes nazis. Cuando comenzaron los bombardeos aliados masivos se destruyó
todo el parque industrial de Alemania, fábricas y maquinaria. Si uno puede creerle a Albert Speer,
amigo personal del Fürher y Ministro de Armamento y Abastecimiento en los dos últimos años de
la guerra, en sus famosas “Memorias de Spandau” ( Speer, 1969) se acometieron inmensas obras de
ingeniería para trasladar bajo tierra todas las empresas productoras de armamento donde
trabajaban miles de prisioneros de guerra. De esas fábricas ocultas a los ojos de la aviación
enemiga dependió la inútil última resistencia de Alemania Los dirigentes locales del partido
nacional socialista reclamaban que la propiedad de las grandes empresas, sólo virtualmente
privadas, pasaran a su jurisdicción. Hitler nunca dio ese paso. En la práctica había sido eliminado el
derecho de propiedad de los medios de producción porque el régimen de organización del trabajo
del Reich alemán había cambiado en un 100%. Se propiciaba una centralización absoluta del
poder, que no es compatible con el capitalismo, necesitado por definición de libertad económica.
Al anteponer la política de conquista imperialista a otras opciones y su posterior derrota, no hubo
ocasión de desarrollar todo el potencial ideológico del nazismo, seguramente de haber continuado
un tiempo más en el poder se hubieran podido apreciar todas las consecuencias lógicas implícitas
en su ideología totalitaria.
Vamos a señalar por último otras dos diferencias respecto a las afirmaciones de Traverso sobre la
debilidad del concepto “totalitarismo” para referirse a ambos regímenes. En la pag. 144 del libro
citado habla de la URSS como “abanderada de una filosofía emancipadora, universalista y
humanista”, pero ¿a qué se refiere en esta frase? A la idealización de un mundo mejor, más
humano, más libre, ideal que podría ser compartido por cualquier programa político de carácter
democrático, o a los dogmas marxistas-leninistas de la lucha de clases y de la dictadura del
proletariado, que por definición preconizan medios violentos de hacer política y difícilmente
puedan ser considerados humanistas. Parece muy poco apropiada su consideración si recordamos
las palabras escritas en la entrada del famoso Gulag de las islas de Solovki (1933) al norte del
Ártico: “Con puño de hierro llevaremos a la humanidad a la felicidad” (Applebaum, 2012).
Para Traverso hay otra diferencia clara en que los campos de trabajo (Gulag) no tuvieron una
finalidad de exterminio, en cambio los campos de concentración nazi si tuvieron esa finalidad. Y
luego agrega: “el exterminio como fin en sí mismo, he aquí un rasgo esencial del nacional
socialismo, inexistente en el régimen estalinista”. Por todo lo que hemos visto en este trabajo,
adolece esa afirmación de una ceguera inexplicable. Los Gulags fueron también campos de
exterminio aunque nunca se les declarara como tales, eso es parte de la mentira y la ambigüedad
que caracterizó al régimen soviético. Como expresara Milovan Djilas quien conocía bien de lo que
hablaba: “…la incongruencia entre los ideales y los actos, su profesión de ética en las palabras y su
amoralidad práctica” (Djilas, 1962). A partir de 1937 los Gulags dejaron de ser “campos de trabajo” y
pasaron a convertirse en verdaderos campos de exterminio donde los prisioneros eran obligados a
trabajar hasta la muerte o eran asesinados. Traverso no puede ignorar la verdad, porque tiene
todos los testimonios a su alcance.
Según nuestro parecer, Traverso de una manera muy inteligente y sutil nos quiere llevar a que
“aceptemos las consecuencias catastróficas del estalinismo como sacrificios inevitables sobre el
altar de una empresa titánica de edificación del socialismo” (Traverso, 2001).
Nuestra conclusión en cambio es que los fines ni pudieron ser superiores porque estaban
afincados en proyectos abstractos e ilusorios, ni mucho menos sirvieron los medios empleados
porque destruyeron todos sus posibles resultados. En ambos casos aprovecharon la ignorancia de
las masas para crear regímenes tiránicos e imponerlos por medio de la violencia, la demagogia y la
predicación de la mentira. Por momentos estuvieron furiosamente contrapuestos, en otros se
unieron por sus propias debilidades y sus deseos de sacar ventajas al real enemigo que eran las
democracias liberales de occidente. Por eso como afirma Sartori ( Sartori, 2006) y otros prestigiosos
politólogos contemporáneos ambos regímenes deben formar parte del genus totalitario. Cuando
la catástrofe provocada hubo terminado, los países democráticos continuaron su propio desarrollo
de un sistema complejo pero eficaz en definitiva, para hacer efectivos los valores de libertad e
igualdad a que todos aspiramos
Me gustaría que, para acabar este duro trayecto, comentáramos en clase las siguientes citas,
porque estamos en disposición de generar un debate que puede ser interesante y que está muy
relacionado con la gran pregunta protagonista que nos ha traído hasta aquí:
"Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios. No encuentro una solución al dilema.
La busco, pero no la encuentro"
Primo Levi, pensador italiano de origen judío, superviviente del Holocausto
"Después de Auschwitz, ya no se puede escribir poesía"
Theodor Adorno, filósofo alemán exiliado tras el triunfo del nazismo