En noviembre de 2021, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emite una
sentencia contra el Estado Mexicano por toda una serie de irregularidades
cometidas en el caso de la activista y defensora de derechos humanos, Digna
Ochoa y Plácido.
Digna Ochoa y Plácido fue encontrada muerta en un despacho, en octubre de
2001. Anteriormente, en 1999, Ochoa había denunciado un secuestro y una
intromisión a su domicilio, donde fue golpeada y dejada en estado inconsciente.
A estos hechos, se sumaron amenazas a los miembros del centro de derechos
humanos en el cual laboraba. Por ello, la Corte Interamericana solicitó al Estado
Mexicano la adopción de medidas cautelares, mismas que fueron levantadas en
2001, con el consentimiento de los beneficiarios.
Durante las etapas de investigaciones periciales y procesales, las autoridades
mexicanas cometieron diversas irregularidades y omisiones, descartando las
hipótesis de que la activista fue amenazada y asesinada por miembros del Ejército
o por caciques de Guerrero, con los cuales había tenido conflictos en el pasado, al
buscar evitar la tala ilegal de árboles en la zona. Dichas hipótesis fueron
descartadas sin fundamentos suficientes, y el caso fue desestimado, al
encuadrarlo en un “suicidio que aparentaba un homicidio”. Ante esto, las defensas
de Ochoa presentaron diversos recursos de apelación, siendo estos desestimados
en todas las ocasiones.
No obstante, sería hasta octubre de 2019 que la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos sometió el caso a la jurisdicción de la Corte Interamericana.
En este proceso, el Estado Mexicano reconoce parcialmente violaciones a los
derechos de garantías judiciales y de protección judicial, contemplados en la
Convención Americana de Derechos Humanos. Asimismo, el Estado reconoce
violaciones a la Convención de Belém do Pará, en relación con la falta de la
aplicación de perspectiva de género en el caso.
La Corte entonces examina el caso en relación con la Convención Americana y
con la Convención de Belém do Pará, encontrando que el Estado Mexicano es
responsable por las violaciones al derecho a la vida, derecho a la integridad
personal, derecho a las garantías judiciales, derecho a la protección judicial,
derecho a la honra y dignidad y a la defensa de los derechos humanos.
Asimismo, la Corte responsabiliza al Estado Mexicano por la falta de aplicación de
la perspectiva de género en el caso, y la utilización de estereotipos de género, lo
que influyó en las decisiones de las autoridades, basadas en prejuicios,
contrariando así a lo establecido en la Convención de Belém do Pará.
Entre las víctimas directas identificadas por la Corte se encuentran Digna Ochoa
(víctima directa), sus padres y hermanos (víctimas indirectas).
En consecuencia, una vez realizado el análisis correspondiente de las
convenciones aplicables, la Corte ordenó medidas de reparación, destinadas a
restituir y asegurar no repetición; entre las principales:
- Investigación efectiva y diligente: medidas para reactivar y/o depurar la
investigación con estándares internacionales, incluyendo identificación y
sanción de responsabilidades.
- Medidas de atención y reparación a las víctimas y familiares de Digna
Ochoa: compensación económica, y atención médica y psicológica
gratuitas.
- Acto público de reconocimiento de responsabilidad por parte del Estado y
publicación de la sentencia (Diario Oficial y sitios oficiales) para garantizar
la verdad y la memoria.
- Medidas de no repetición y políticas públicas: capacitación de funcionarios
en materia de derechos humanos y perspectiva de género, protocolos para
protección de defensores de derechos humanos, y reforma de prácticas
forenses/investigativas para evitar impunidad.
Finalmente, en cuanto a la legislación mexicana aplicable, encontramos el
concepto de víctima, el cual es clasificado entre:
- Víctima directa: aquella persona física que ha sufrido un daño físico,
económico, mental o emocional o lesiones en sus bienes jurídicos o
derechos como consecuencia de un delito.
- Víctimas indirectas: familiares o quienes dependen de la víctima directa, y
que tienen una relación inmediata con ella.
- Víctima potencial: persona cuya integridad física o derechos peligren por
prestar apoyo a la víctima.
(art. 4, Ley General de Víctimas. 2024).