CAPÍTULO 4 ÉTICA PROFESIONAL Y DEONTOLOGÍA DEL TRABAJO SOCIAL
1. CONCEPTUALIZACIÓN DE LA DEONTOLOGÍA Y LA AXIOLOGÍA
Todas las conductas humanas, independientemente del carácter que estas tengan, están definidas por los valores de quien
las ejecuta
2. CONCEPTUALIZACIÓN DE VALOR
El término valor (también conocido como axioma) puede ser definido desde muy diversas disciplinas.
es un referencial de “lo que debe ser”.
Scheller (1966) considera que los valores rodean constantemente a las personas y que estos han de ser percibidos
sentimental y emocionalmente y no mediante el análisis de la razón. Clasifica estos valores en cinco categorías. A saber:
❖ Valores sensibles.
❖ Valores de la civilización.
❖ Valores vitales.
❖ Valores culturales.
• Estéticos.
• Éticos-jurídicos.
• Especulativos.
❖ Valores religiosos
Ortega y Gasset (1985) afirma que los valores no pueden percibirse ni observarse, sino que se conocen por las conductas
que los representan.
3. DIMENSIÓN AXIOLÓGICA DEL SER HUMANO: EL DESARROLLO MORAL DEL SER HUMANO
Al llegar a la vida adulta, todas las personas tienen una identidad moral consolidada. Dicha identidad está formada por
aquellos valores que considera fundamentales y ordenados según el grado de importancia; es lo que se denomina sistema
de valores. Los valores no son invariables
Kohlberg (1986) es el primer autor en abordar este asunto al darse cuenta de que las personas nacen sin valores y, por lo
tanto, sin un sistema coherente y organizado que los estructure. De este modo, las personas van adquiriendo los valores
a lo largo de la vida.
3.1. PRINCIPIOS DEL MODELO DE KOHLBERG
Kohlberg se basa en el modelo del psicólogo Jean Piaget. Éste propone una teoría que explica el desarrollo cognitivo según
diferentes etapas que el niño va superando a medida que alcanza unos hitos evolutivos. Así, al igual que el modelo de Piaget,
Kohlberg desarrolla una teoría según la cual, la persona va pasando por diferentes etapas para adquirir la dimensión moral.
Un axioma como hemos mencionado con anterioridad sería una cognición (idea), es decir, un producto o creación de la
cognición (entendiendo esto último como el procedimiento según el cual se adquieren conocimientos a través de la
información que se recibe del ambiente).
Por lo tanto, tanto en el modelo de Piaget como en el modelo de Kohlberg, la superación de las etapas se logra por la
maduración cerebral que permite mayor complejidad de las cogniciones, ideas o pensamientos (Ortiz-Hernández, 2022).
3.2. ETAPAS DEL MODELO DE KOHLBERG
La teoría del desarrollo moral de Kohlberg está estructurada en tres niveles y seis estadios. Cada una de estas etapas
representa un avance cualitativo en el pensamiento moral, relacionado a su vez con la maduración cerebral (Noguera,
2018).
3.2.1. Nivel Pre-convencional
El primer nivel es el Pre-convencional. Esta etapa transcurre aproximadamente desde el nacimiento y hasta los 9 años y se
caracteriza por juicios morales basados en la afectación individual Este nivel se divide en el estadio primero, denominado
“Orientación a la obediencia y el castigo” y en el estadio segundo, denominado “Orientado al propio interés”.
Es una etapa egocéntrica, ya que la valoración de lo bueno o lo malo se realiza en función de lo que cada persona
experimente, y no por el bien común (Ortiz-Hernández, 2022).
El segundo estadio se adquiere cuando se toma conciencia de la afectación de las conductas en los demás. Es decir, las
acciones que una persona realiza pueden afectar a quienes le rodean. Sin embargo, el carácter egocéntrico de las
evaluaciones morales sigue estando muy presente.
3.2.2. Nivel Convencional
transcurre aproximadamente desde los 9 años y hasta la etapa adulta. El principal hito evolutivo de esta fase es la toma
de conciencia de la existencia de intereses colectivos recogidos en normativas y convenciones sociales. El juicio moral ya
no se realiza solo teniendo en cuenta los propios intereses, sino incluyendo también los deseos de las demás personas y
las normas compartidas por el grupo social, que determinan qué es bueno y qué es malo (Ortiz-Hernández, 2022).
El tercer estadio, denominado “Orientación hacia el consenso lograr con ello la aceptación e inclusión en dicho grupo. “Como
quiero pertenecer a tu grupo, me comporto como se e El cuarto estadio, denominado “Orientación a la autoridad” se define
por la consideración de que las normas no surgen de los individuos, sino de una autoridad superior spera de los miembros
de este grupo” (Martínez, 2019).
3.3.3. Nivel Post-Convencional
Convencional se caracteriza por el empleo de principios morales propios. El quinto estadio, denominado “Orientación hacia
el contrato social”, surge de la reflexión acerca de lo adecuadas que son las normas sociales y las leyes, tomando como
criterio si consiguen una sociedad más justa e igualitaria. Los principios que rigen este quinto estadio son aquellos que logran
incrementar la calidad de vida de los individuos
El sexto y último estadio, denominado “Orientación hacia los principios universales” se caracteriza por tener el mayor nivel
de abstracción, lo que permite a la persona generar sus propios principios morales universales, diferentes a las propias leyes.
4. PRINCIPIOS Y VALORES DEL TRABAJO SOCIAL
El estudio de los principios y valores del Trabajo Social se puede llevar a cabo desde una perspectiva individual, analizando
cuáles son los axiomas que son compartidos por la mayoría de los profesionales de esta disciplina, o desde una perspectiva
normativa, tomando la declaración colegial del Consejo Superior de Trabajo Social titulada “Declaración de Principios Éticos
de Trabajo Social”.
4.1. PERSPECTIVA INDIVIDUAL: LOS VALORES DE LOS TRABAJADORES SOCIALES DESDE EL MODELO DE SCHWARTZ
la Teoría de Valores Universales de Schwartz propone la existencia de diez valores comunes a cualquier persona de
cualquier cultura del mundo: Autodirección, Universalismo, Benevolencia, Conformidad, Tradición, Seguridad, Poder,
Logro, Hedonismo y Estimulación
Estos valores se sustentan en tres necesidades básicas, poniendo el acento en la importancia que el contenido motivacional
tiene en la formación de dichos valores. Estas son (Schwartz, 2005):
▪ La función de la humanidad como ente en el mundo social y de la naturaleza: someterse, ajustarse o explotar.
▪ Las relaciones que se establecen entre individuo y grupo, pujando por mantener el equilibrio entre el grado de
autonomía y la dependencia grupal
▪ la conducta social responsable que atiende a las maneras de fomentar en los individuos el respeto del bienestar de
los demás y la coordinación entre ellos.
Figura 1. Modelo de Schwartz de las relaciones entre valores.
los valores que están situados cercanos en el círculo se complementan y su consecución y logro se relacionan y son
congruentes. Por último, cada uno de los valores tiene un significado concreto (Páez et al., 2020).
❖ Autodirección: este valor está relacionado con la independencia en pensamiento y en la toma de decisiones.
❖ Estimulación: este valor se vincula con la búsqueda del dominio del med ambiente, lo cual se relaciona con la
estimulación, la novedad y los retos vitale
❖ Hedonismo: supone la búsqueda de experiencias afectivas positivas con las que obtener placer y beneficio personal.
❖ Seguridad: es la búsqueda tanto en el ámbito social como con el personal, Así, ansían obtener armonía y estabilidad
social, familiar y física, buenas relaciones interpersonales y un orden social aceptado por contrato común.
❖ Conformidad: la libertad y el espacio del otro limita la propia acción, por ello, la evitación del daño a las demás
personas o las normas sociales compartidas guían la conducta de estos sujetos.
❖ Tradición: es la expresión de la solidaridad y la singularidad grupal. Está relacionado con el respeto y el compromiso
de las costumbres e ideas de la cultura tradicional; en este grupo de normas entran tanto las normas y tradiciones
impuestas por la cultura como por grupos sociales o religiosos.
❖ Logro: la competencia para obtener recursos y aprobación social es la característica fundamental de este perfil. No
obstante, tanto el logro como el reconocimiento buscado ha de ser dentro del cumplimiento de las normas
acordadas.
❖ Poder: supone tener una posición social y un prestigio y control sobre las personas que pertenecen al mismo ámbito
micro o macro-social.
❖ Benevolencia: parte de la necesidad de tener una interacción positiva con los otros para promover el bien del grupo.
Se busca reforzar el bienestar de los demás y el contacto social frecuente.
❖ Universalismo: surge de la necesidad de garantizar la supervivencia de las personas y grupos cuando los recursos
de los que depende la vida son escasos y compartidos
Previamente, hay que entender que los valores, en su función de criterio de evaluación y toma de decisiones, configuran
las conductas de las personas. Es decir, la conducta observada es el resultado de un proceso de evaluación de qué es
deseable empleando los valores como criterio de decisión. En este sentido, también la conducta profesional está mediada
por el sistema axiológico de la persona concreta.
Además, su compromiso con los colectivos más vulnerables exige la autodeterminación en las acciones, desvinculándose
de cualquier condicionante externo que contravenga los principios básicos de dignidad, libertad e igualdad.
4.2. PERSPECTIVA NORMATIVA: ANÁLISIS DE LA NORMATIVA DE REGULACIÓN ÉTICADEL TRABAJO SOCIAL
4.2.1. Conceptos generales de la deontología profesional
El desarrollo y profesionalización de las diferentes disciplinas ha tenido como consecuencia una mayor complejidad de las
situaciones a las que hay que hacer frente y, por lo tanto, la variedad de herramientas para darles respuesta. Una de estas
herramientas es el código de ética profesional que, como instrumento de la ética aplicada, se encarga de regular cómo debe
ser la práctica profesional y qué se debe hacer en cada situación.
Sin embargo, un código deontológico debe considerar los procesos de resolución de las situaciones dilemáticas para ofrecer
contenido y solución a cada una de las fases. Además, según Riofrío (2018) los códigos deontológicos han de recoger un
contenido mínimo. Este es:
• Definición de la persona beneficiaria de la acción profesional.
• Concretar los principios y valores fundamentales.
• Determinar los términos de la relación entre profesional y cliente.
• Ponderar los riesgos y la preferencia del cliente.
• Estimar las competencias y capacidades profesionales para llevar a cabo las labores que se esperan.
• Decidir los términos de relación entre profesionales del mismo ámbito.
• Disponer los principios y vías de relación de los equipos profesionales con el resto de la comunidad.
• Salvaguardar la integridad e imagen social de la profesión.
4.2.2. Ética profesional del Trabajo Social en España
En España, la deontología profesional está regulada por los códigos deontológicos de los diferentes órganos colegiados. En
este sentido, es posible identificar dos niveles de regulación.
En primer lugar, en el nivel más bajo se encuentran las normativas deontológicas de los colegios autonómicos, que
concretan las normas éticas a las características regionales y a la normativa de cada Comunidad Autónoma. En cualquier
caso, los códigos deontológicos de los colegios autonómicos están supeditados al Código Deontológico del Consejo General
del Trabajo Social y no pueden contravenir en ningún punto a este último.
En segundo lugar, como norma deontológica superior y de aplicación en toda España, se encuentra el Código Deontológico
de Trabajo Social (en adelante, CDTS), del Consejo General del Trabajo Social. En él se recogen las normas éticas que regulan
la conducta profesional de los trabajadores sociales.
El CDTS está supeditado, además, a la normativa nacional e internacional que recoge los derechos y deberes de los
ciudadanos, tales como la dignidad de la persona, el derecho a la autonomía de los usuarios o el deber del secreto
profesional.
4.2.3. Documento de Principios Generales del Trabajo Social
En 2018, el Consejo General del Trabajo Social de España realiza una declaración resultante del diálogo y la reflexión de los
diferentes Colegios Profesionales autonómicos de Trabajo Social. Esta declaración es un tratado teleológico de los principios
que deben guiar cualquier acción profesional y que sienta las bases éticas del Código Deontológico. De esta manera, este
documento establecer nueve principios, que son:
➢ Dignidad inherente al ser humano.
➢ Promoción de los Derechos Humanos.
➢ Promoción de la Justicia Social.
➢ Promoción del derecho a la autodeterminación.
➢ Promoción del derecho a la participación.
➢ Respecto por la confidencialidad y la privacidad de las personas.
➢ Concepción de la persona como un todo.
➢ Uso ético de las tecnologías y las redes sociales.
➢ Integridad profesional.
Cada uno de estos principios, anclados en declaraciones universales y tratados de carácter supranacional, tienen una
conceptualización específica en su aplicación a la disciplina del Trabajo Social.
Dentro del ámbito de la valoración de las ideas, decisiones y conductas, cabe diferenciar entre dos niveles dependiendo del
tipo de juicio que se realice: ontológico o deontológico.
De estas dos categorías de clasificación, la práctica profesional del Trabajo Social se regula con la perspectiva deontológica,
de la cual emana el código deontológico, que reglamenta las cuestiones relacionadas con el deber y que obliga a los
trabajadores sociales en su práctica profesional.
4.2.4. Origen y fundamento del Código Deontológico de Trabajo Social
El contenido de este documento normativo compartido por una disciplina debe evitar la ambigüedad para que la evaluación
de una buena o mala praxis no dependa del juicio interpretativo de quien lo ejecute. En el Trabajo Social, los órganos
colegiados de carácter nacional son los responsables de dar forma y custodiar los códigos deontológicos. Además, estos no
pueden contraponer los acuerdos deontológicos de carácter supranacional. Este código se estructura en base a tres
dimensiones:
❖ Dimensión teleológica
❖ Dimensión deontológica
❖ Dimensión pragmática.
De estas tres dimensiones, la dimensión pragmática es la predominante en tanto en cuanto es el contenido más abundante
en el Código Deontológico.
No obstante, es fundamental comprender el carácter aplicado de este documento. Es decir, cuando surge algún problema
ético durante la práctica profesional, el Código Deontológico del Trabajo Social ha de ser el manual de referencia y dar
respuesta o solución a la situación planteada.
Para lograr este objetivo, el Código Deontológico se fundamenta en la reflexión ética de los principios y valores que
conforman su sistema axiológico (dimensión teleológica) para, a continuación, planteas las reglas y normas que han de dar
respuesta a los diferentes dilemas éticos (dimensión deontológica).
5. ESTRUCTURA Y CONTENIDO DEL CÓDIGO DEONTOLÓGICO DE TRABAJO SOCIAL
La deontología del Trabajo Social en España está actualmente regulada por dos documentos. El primero, como se ha descrito
en el apartado anterior, es el de Principios Generales. El segundo documento es el Código Deontológico del Trabajo Social.
La estructura del Código Deontológico del Trabajo Social está formada por un preámbulo, cinco capítulos y una disposición
final.
Preámbulo
En el Preámbulo se presentan los objetivos que se persiguen con esta nueva versión y que se concretan en los siguientes
(Consejo General del Trabajo Social, 2020):
• Delimitar cuáles son las responsabilidades de la profesión.
• Fomentar el conocimiento técnico y científico de la disciplina.
• Perfilar cuáles son las pautas de comportamiento a seguir con las personas usuarias y profesionales de otras
disciplinas.
• Prevenir la competencia desleal por parte de disciplinas afines.
• Defender el prestigio profesional.
• Fomentar el perfeccionamiento de las tareas propias del Trabajo Social.
• Impulsar la confianza de la sociedad y del resto de las disciplinas en la profesión.
Según el documento normativo, las funciones del Trabajo Social son las siguientes (Consejo General del Trabajo Social,
2020):
❖ Informar.
❖ Investigar.
❖ Prevenir.
❖ Asistir.
❖ Realizar atención directa a personas usuarias.
❖ Fomentar la promoción e inserción social.
❖ Mediar.
❖ Planificar.
❖ Ocupar cargos de gerencia y dirección.
❖ Evaluar.
❖ Supervisar.
❖ Asumir tareas docentes.
❖ Coordinar.
Para poder llevar a cabo estas funciones, el Código Deontológico del Trabajo Social cuenta con cinco herramientas
específicas, que son:
• Historia social: documento de registro en el que se consignan los datos básicos de las personas usuarias en relación
con su realidad social (familia, vivienda, realidad económica, salud, nivel educativo, etc.) y con el fin de elaborar un
buen diagnóstico y diseñar una intervención eficaz.
• Ficha Social: documento en el que se recoge de manera sistematizada, la información contenida en la historia
social.
• Informe Social: documento técnico cuya configuración y firma compete exclusivamente a los equipos profesionales
del Trabajo Social. En él se presenta una valoración técnica de la situación problema y se ofrece una propuesta de
intervención.
• Escalas de valoración social: instrumentos validados y con sustento teórico que sirven para hacer una valoración
objetiva de las situaciones sociales. Con la información obtenida con las escalas de valoración se realiza el
diagnóstico social.
• Proyecto de intervención social: concreción de la intervención partiendo de la necesidad recogida en el informe
social. En el proyecto de intervención se realizan una serie de pasos que sistematizan el proceso. Así, se establecen
unos objetivos, se fija una temporalización, se proponen unas actividades y acciones, se concretan los recursos a
emplear y se define el proceso de evaluación.
Capítulo I. Descripción y Ámbitos de Aplicación
El capítulo I del CDTS está formado por seis artículos que conceptualizan el propio documento y especifica los ámbitos en
los que se aplica la ética profesional. De esta manera, el artículo 1 y 2 especifican que los valores, principios y normas
recogidos estructuran la conducta profesional y obligan a ajustar las actuaciones profesionales a estas normas establecidas.
Es, por lo tanto, un documento vinculante.
Además, las normas recogidas en el CDTS se suman a las que puedan fijar los órganos co las normas deontológicas toma
rango de ley (siendo por lo tanto punible su incumplimiento) al pasar a formar parte del ordenamiento jurídico regulado
por los poderes públicos.
El artículo 5 tiene especial importancia al recoger la definición global que la FITS y la IASSW hacen de la disciplina. El texto
literal de esta definición es el siguiente:
“El Trabajo Social es una profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el
desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Los principios de la justicia
social, los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad son legiados autonómicos.
fundamentales para el Trabajo Social. Respaldada por las teorías del Trabajo Social, las ciencias sociales, las
humanidades y los conocimientos indígenas, el Trabajo Social involucra a las personas y las estructuras para hacer
frente a desafíos de la vida y aumentar el bienestar” (Consejo General del Trabajo Social, 2020).
Capítulo II. Aplicación de Principios Generales de la Profesión
“Documento de Principios Generales” y sirve como referencia marco para el desarrollo del [Link]í, el CDTS establece tres
principios básicos basados en el artículo 1.1 de la Constitución Española de 1978. Estos son Dignidad, Libertad y Justicia.
Según esto, el principio de Dignidad reconoce el carácter único e inviolable de las personas y el valor inherente al propio
ser. Por otro lado, el principio de Libertad reconoce la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones sin que
exista más impedimento que la propia normativa. Por último, el principio de Igualdad otorga los mismos derechos y deberes
para todas las personas.
De estos tres principios básicos se derivan diecisiete principios generales. Son los siguientes:
❖ Respeto activo a los individuos, grupos y comunidades, siendo estas el objeto de la práctica profesional.
❖ Aceptación de la persona, reconociendo sus características concretas y peculiaridades.
❖ Superación de categorizaciones formadas por esquemas preestablecidos.
❖ Eliminación de juicios de valor de la persona, de sus circunstancias y de la problemática asociada.
❖ Individualización de la intervención profesional a las características concretas de cada usuario.
❖ Personalización del usuario, lo que supone reconocerle un papel activo en la intervención, con intencionalidad
propia, pero también con derechos y deberes.
❖ Promoción integral de la persona, que supone tener una concepción global de la persona, con potencialidades,
pero también con dificultades; sin otorgar mayor importancia solo a una de estas facetas.
❖ Igualdad de oportunidades, derechos y participación , reconociendo que todas las personas tienen derecho y
capacidad para alcanzar una mayor calidad de vida.
❖ Solidaridad, buscando con las acciones profesional el logro de una sociedad más inclusiva, ya sea por promoción
de las acciones que fomenten dicha inclusión o por la erradicación de conductas de exclusión o estigmatización.
❖ Justicia social, promoviendo con la práctica profesional la superación de conflictos personales y sociales y la
eliminación de situaciones y mecanismos de desigualdad para con los colectivos más desfavorecidos.
❖ Reconocimiento de derechos humanos y sociales inherentes a las personas en su condición de tal.
❖ Autonomía, reconociendo en los profesionales del Trabajo Social capacidad propia para llevar a cabo acciones sin
presiones externas.
❖ Autodeterminación, como la máxima expresión de la libertad de los profesionales y, por lo tanto, de la asunción
de responsabilidades y consecuencias.
❖ Responsabilidad y corresponsabilidad, entendiendo esta como la actitud de implicación profesional del
trabajador social para con los usuarios.
❖ Coherencia profesional, asumiendo la idiosincrasia de la institución para la que se desempeña la profesión y el
carácter del proyecto que se lleva a cabo.
❖ Colaboración profesional, trabajando con lealtad y cooperación con otros profesionales, tanto del Trabajo Social
como de otras disciplinas.
❖ Integridad, referida a la exigencia hecha a los profesionales de no abusar de la confianza otorgada por el usuario y
la separación entre la relación profesional y la vida personal.
Capítulo III. Derechos y Deberes de los/las Trabajadores/as Sociales
El Capítulo III recoge los derechos y deberes del Trabajo Social con relación a su desempeño profesional.
A. Relación con la persona usuaria
Los primeros artículos recogen el compromiso del Trabajo Social de cumplir con lo aprobado en el CDTS y respetar los
derechos humanos e individuales recogidos en los diferentes tratados nacionales e internacionales, tales como la
Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Carta de derechos Fundamentales de la
Unión Europea o la Constitución Española de 1978. Del mismo modo, se regula el compromiso del Trabajo Social con la
Declaración Internacional de Principios Éticos de la FITS, así como otros acuerdos internacionales.
la práctica profesional evitará cualquier apoyo a personas y movimientos que promuevan el maltrato a las personas y la
falta de respeto a sus derechos. Los grupos más vulnerables tienen un trato específico en el Código Deontológico. En este
sentido, se especifica que se deberá facilitar información veraz y necesaria para tomar decisiones, prestando especial
atención a hacerlo de manera que sea comprensible para cualquier persona, realizando las adaptaciones que sean
necesarias para las características de los usuarios.
B. Relación con otros/as profesionales
El segundo apartado contiene 10 artículos (desde el Artículo 24 hasta el Artículo 33) y se recogen las normas éticas que
deben regir la toma de decisiones respecto a la coordinación e incorporación de otros equipos profesionales en el proceso
de intervención. De esta manera, en primer lugar, el CDTS regula cómo ha de realizarse la coordinación interprofesional,
priorizando siempre la delimitación de funciones.
La relación entre profesionales se llevará a cabo desde el respeto a la labor y las competencias de cada uno, evitando las
descalificaciones.
C. Relación con las instituciones
Por último, el apartado de las instituciones se regula con 14 artículos. Además, en la relación profesional con la entidad en
la que desarrolle su labor, debe existir un conocimiento, respeto y compromiso con el ideario y objetivos de la entidad, pero
cumpliendo y haciendo cumplir el CDTS como norma superior. Por otro lado, hay principios deontológicos que deben ser
respetados incluso en la comunicación entre profesionales y su entidad. Tanto es así, que la confidencialidad y el secreto
profesional impide compartir con los responsables de la institución determinada información de las personas usuaria
Capítulo IV. La Confidencialidad y el Secreto Profesional
La confidencialidad, como principio deontológico, ha de ser una prioridad en el desempeño de las funciones del Trabajo
Social, constituyendo una obligación para los equipos profesionales y un derecho de las personas usuarias. Este principio
de confidencialidad afecta tanto a las personas responsables de un caso como a los demás profesionales que formen parque
del equipo y los alumnos en prácticas o voluntarios que asistan ocasionalmente. En este sentido, ha de ser el trabajador
social el que informe a los demás de este principio y vele por su cumplimiento.
La única condición para considerar una información como confidencial es que la propia persona usuaria no desee que se
comparta, por lo que se debe consultar previamente. De este modo, para que las personas puedan ejercer su derecho a la
confidencialidad, se deberá informar de ello al comienzo de la intervención.
Por otro lado, la confidencialidad y el secreto profesional no decae pasado un tiempo, sino que perdura, incluso, tras el
fallecimiento de la persona. Para un buen manejo de la información confidencial, es necesario tener en cuenta los siguientes
principios:
➢ Se debe recoger exclusivamente información de calidad. Es decir, aquella necesaria para llevar a cabo la evaluación
e intervención del caso.
➢ Se ha de contar con el consentimiento de la persona usuaria para recabar la información. Este consentimiento se
sobrentiende al ser aportada la información tras la entrevista profesional.
➢ Se debe informar por escrito de la confidencialidad cuando se comparte información con otros profesionales.
➢ La información compartida debe estar limitada a la imprescindible para llevar a cabo la intervención.
➢ Se debe cumplir en todo momento la legislación relativa a la protección de datos de carácter personal.
➢ La información obtenida debe emplearse exclusivamente para el fin para el que se recabó.
➢ Se deberá custodiar la información obtenida y los documentos y soportes en los que se encuentre dicha
información.
Pueden darse situaciones en las que sea necesario hacer una excepción al principio de confidencialidad. En tales casos, se
debe primar el beneficio de la persona usuaria, salvaguardando su intimidad e integridad y compartiendo la menor
información posible con el menor número de personas. Estas situaciones serán aquellas en las que exista una extrema
gravedad o un riesgo inminente para el equipo profesional, para la persona usuaria o para una tercera persona. Por último,
hay algunas situaciones en las que no se vulnera el secreto profesional. Estas son:
❖ Si por escrito, la persona usuaria o algún representante legar relevara de dicho principio de confidencialidad.
❖ Cuando exista mandato judicial para informar sobre cuestiones confidenciales.
❖ En caso de recibir una denuncia por incumplimiento del CDTS y fuese imprescindible compartir información
confidencial para realizar la defensa.
❖ Cuando la información obtenida advierta de daños a terceros.
❖ En las reuniones de coordinación de equipos multidisciplinares.
Ante la complejidad de esta norma y las posibilidades de conflicto de principios, la valoración de las situaciones se debe
realizar respecto a la siguiente jerarquía:
1. Priorizar la protección de datos del usuario, especialmente de aquellos colectivos vulnerables o protegidos por la
ley.
2. Priorizar la seguridad del usuario, del profesional y de terceros.
3. Priorizar el principio de decisión.
Todos esto se recoge en los artículos del 48 al 55 del Código Deontológico
Capítulo V. Las Comisiones Deontológicas
Por último, el CDTS establece una serie de órganos que regulan y dirimen las situaciones en las que se ven afectados criterios
éticos durante la práctica profesional. El órgano principal es la Comisión Deontológica del Consejo General del Trabajo
Social. Sin embargo, cada uno de los colegios territoriales han de contar con su propia comisión deontológica, con funciones
consultivas. Esta Comisión deontológica se encarga de la promoción y cumplimiento del CDTS y de realizar formaciones
para los equipos profesionales
Las comisiones deontológicas, tanto la general como las territoriales, deberán establecer criterios específicos de aplicación
de los principios éticos a la práctica cotidiana, ofrecer asesoramiento deontológico a los profesionales y emitir dictámenes
en aquellas cuestiones éticas en las que se les convoque
Disposición Final. Entrada en Vigor
Así, en la Disposición Final solo se recoge la entrada en vigor del texto aprobado, siendo esta fecha el 29 de junio de 2012.
6. RESOLUCIÓN DE DILEMAS ÉTICOS
La práctica cotidiana del trabajador social no está exenta de situaciones en las que entran en conflicto valores y acciones
cuya consecución simultanea no es posible. Es lo que se denomina situaciones dilemáticas o dilemas éticos. Según Ruiz-
Cano y colaboradores (2015) un dilema ético contiene dos proposiciones contrapuestas definidas por una situación en la
que los principios y obligaciones morales entran en conflicto. Esto provoca que cualquier solución a la situación sería
intolerable al tener que priorizar entre un principio u otro y, por lo tanto, beneficiando a una de las opciones sobre la otra.
De este modo, un dilema es una circunstancia en la que la presencia de principios de similar importancia no permite
determinar cuál es la opción más correcta o la menos incorrecta.
Sin embargo, otros autores (Gordaracena y Borda, 2018) diferencian entre un dilema general y un dilema ético. Según esta
taxonomía, el dilema general sería aquel en el que se confrontan dos proposiciones disyuntivas. La aceptación de una de
las proposiciones supone la negación de la contraria. Por otro lado, el dilema ético es aquel en el que las consecuencias
afectan a terceras personas y no solo al decisor.
En cualquiera de los dos casos, los autores coindicen en señalar que la resolución de un conflicto tiene tres momentos
fundamentales:
➔ Identificar una situación contradictoria.
➔ Tomar conciencia de la necesidad de adoptar una decisión.
➔ Reconocer las consecuencias de cada solución y asumirlas.
Para dar solución a este tipo de circunstancias hay que tomar en consideración la ética aplicable, es decir, aquella parte de
la disciplina que materializa la ética. En el caso de los profesionales del Trabajo Social cuentan con el Código Deontológico
y la Declaración Global de Principios Éticos del Trabajo Social como herramientas normativas que establecen qué principios
y valores son de aplicación prioritaria en cada situación.
Antes de desarrollar los diferentes métodos de resolución de dilemas éticos, es necesario conocer los tres principios que se
emplean para resolverlos
El primero de los principios de resolución de dilemas éticos se denomina “Pensamiento basado en los extremos”. Según
este principio, la resolución de un dilema ha de tratar de beneficiar al mayor número de personas o, en caso contrario,
perjudicar al menor número de personas.
El segundo de estos principios se denomina “Pensamiento basado en reglas”. Según esto, la resolución de los dilemas se ha
de realizar atendiendo exclusivamente a las normas vigentes. Es, por lo tanto, un enfoque estrictamente ético o normativo
(lo que debe ser).
Por último, el tercer principio se denomina “Pensamiento basado en la atención”. Esto supone que la solución a los dilemas
éticos tenga un fuerte componente empático al proponer que la solución sea aquella que le gustaría recibir al decisor. Es
decir, algo así como “actúa con los demás como quieres que actúen contigo y no hagas a los demás lo que no quieres que
te hagan a ti”.
Estos tres principios están presentes en las resoluciones de los dilemas éticos, pudiendo aparecer solo uno de ellos o varios
a la vez en diversos grados.
Para afrontar un dilema ético hay dos posturas principales.
En primer lugar, se puede analizar desde el subjetivismo. Esta postura se basa en la opinión de la persona que ha de discernir
el dilema, generando argumentos desde el yo (yo creo, mi opinión es que...). Esto aporta un componente subjetivo al juicio
generado de qué es moralmente bueno o malo
En segundo lugar, los dilemas se pueden afrontar desde el relativismo, entendiendo como tal la prohibición de realizar
juicios morales universales
6.1. MÉTODOS DE RESOLUCIÓN DE DILEMAS ÉTICOS: EL MODELO DE LOS TRES NIVELES
la mayoría de los sistemas de resolución de dilemas tienen una serie de elementos en común (Trujillo, 2018). A saber:
❖ Especificación del enunciado del dilema ético.
❖ Descripción detallada de los hechos a considerar.
❖ Enumeración de los principios y valores que se ponen en juego.
❖ Diseño de las alternativas de solución.
❖ Adopción de la decisión final.
Partiendo de varias propuestas, Amaya y Berrio (2015) elaboran un modelo denominado “De tres niveles” para la
resolución de dilemas morales.
1. Nivel 1: Descripción de los hechos.
• Aclarar los hechos y circunstancias.
• Definir los conceptos implicados en la situación, especificando qué acepción se aplica a cada caso.
• Describir el relato de la situación dilemática y qué normativa se aplica para su resolución.
2. Nivel 2: Fundamentación
En el segundo nivel se exponen todas las fuentes éticas y normativas que se aplican en la resolución de la situación
dilemática.
3. Nivel 3: Análisis y proposición
El último nivel tiene como objetivo alcanzar una solución al dilema. Para ello, es necesario hacer varias tareas. La
primera es realizar un análisis de los principios que se ponen en juego en la situación dilemática.
En segundo lugar, elaborar un listado de alternativas de solución.
En tercer lugar, de deben extraer los riesgos y consecuencias de cada una de las alternativas. Para valorar correctamente
este punto, el método de tres niveles propone considerar dos posturas: provocar el mal menor o buscar el bien mayor.