Enfermedades y Plagas del Café: Guía Completa
Enfermedades y Plagas del Café: Guía Completa
Signos. ..................................................................................................................... 3
Control. .................................................................................................................... 4
Signos. ..................................................................................................................... 5
Control. .................................................................................................................... 6
Signos. ..................................................................................................................... 8
Control. .................................................................................................................... 8
Signos. ..................................................................................................................... 9
Control. .................................................................................................................. 10
Signos. ................................................................................................................... 12
Control. .................................................................................................................. 12
Signos. ................................................................................................................... 14
Control. .................................................................................................................. 15
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Plagas. .......................................................................................................................... 15
Signos. ................................................................................................................... 16
Control. .................................................................................................................. 17
Signos. ................................................................................................................... 19
Control. .................................................................................................................. 19
Signos. ................................................................................................................... 21
Control. .................................................................................................................. 21
Signos. ................................................................................................................... 23
Control. .................................................................................................................. 24
Signos. ................................................................................................................... 26
Control. .................................................................................................................. 26
Signos. ................................................................................................................... 28
Control. .................................................................................................................. 28
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Enfermedades.
Signos.
Los signos característicos de la roya inician con pequeñas manchas cloróticas de color
amarillo en el haz de la hoja. A medida que la infección progresa, aparecen pústulas
anaranjadas en el envés, formadas por las urediniosporas del hongo. Con el tiempo,
estas lesiones se expanden y provocan la caída prematura de las hojas, afectando la
capacidad fotosintética de la planta. Como consecuencia, se reduce el desarrollo de los
frutos, disminuye el rendimiento del cultivo y se deteriora la calidad del grano,
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generando pérdidas que pueden superar el 30% en casos de epidemias severas (Silva
et al., 2020; Vega et al., 2018).
Control.
El manejo de la roya requiere un enfoque integrado que combine prácticas preventivas,
culturales, genéticas, biológicas y químicas. En primer lugar, se recomienda la siembra
de variedades resistentes, como las líneas derivadas de Catimor o híbridos como H1
Centroamericano, aunque es importante destacar que la resistencia no siempre es
permanente, pues el patógeno presenta una gran variabilidad genética que le permite
adaptarse rápidamente a nuevas condiciones y superar genes de resistencia (Mendoza
& Ríos, 2020).
El control químico, aunque eficaz en ciertas situaciones, debe aplicarse con criterios
técnicos para evitar la generación de resistencia en el patógeno y reducir el impacto
ambiental. Se emplean fungicidas sistémicos e inhibidores de la biosíntesis de
esteroides como el triadimenol, así como productos multisitio como el oxicloruro de
cobre. La rotación de ingredientes activos y el respeto de los períodos de carencia son
esenciales para preservar la efectividad de los productos y evitar residuos en el grano
de café (Silva et al., 2020).
Signos.
En los frutos del cafeto, los signos se presentan como manchas necróticas oscuras,
hundidas y de forma irregular, que con el tiempo se tornan negras y pueden llegar a
secar completamente el fruto. En infecciones severas, se observa una momificación de
los frutos, lo cual impide su maduración y recolección, reduciendo significativamente los
rendimientos. En algunos casos, la enfermedad también puede provocar la caída
prematura de los frutos, afectando directamente el volumen y la calidad de la cosecha.
Las ramas jóvenes infectadas presentan lesiones canela o pardas, que pueden llegar a
necrosarse y secarse completamente si no se controlan a tiempo (Gómez et al., 2019).
Control.
El control de la antracnosis debe abordarse desde un enfoque integral. El manejo
cultural es fundamental e incluye prácticas como la poda regular para mejorar la
ventilación y reducir la humedad, el retiro de frutos y ramas infectadas, y la
desinfección de herramientas. Estas acciones disminuyen la cantidad de inóculo en el
campo y dificultan el establecimiento del patógeno. También es recomendable el uso
de coberturas vegetales que reduzcan el salpique de agua y, con ello, la dispersión de
conidios (López & Vargas, 2018).
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dosis, frecuencia de aplicación y rotación de ingredientes activos. El monitoreo
constante de la enfermedad, acompañado de registros detallados, permite tomar
decisiones oportunas y reducir el uso innecesario de agroquímicos (Herrera et al.,
2020).
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plantas presentan estrés hídrico, nutricional o han sido afectadas por insectos como
trips o minadores (Herrera & Quirós, 2021).
Signos.
Los síntomas foliares se manifiestan inicialmente como manchas necróticas irregulares
de color marrón oscuro, que pueden presentar un halo rojizo o púrpura. Estas lesiones
tienden a expandirse, y en casos severos, provocan la caída prematura de hojas. En
ramas jóvenes, el hongo causa chancros o áreas deprimidas con tejidos necrosados,
los cuales pueden avanzar hasta causar el secado de la rama. En frutos, las lesiones
se presentan como manchas pardas con apariencia seca que interrumpen el desarrollo
normal del grano, generando frutos momificados y pérdida de calidad (Guzmán et al.,
2020).
Control.
El control de la enfermedad debe enfocarse en un manejo integrado que combine
prácticas culturales, biológicas y químicas. Desde el punto de vista cultural, es esencial
la poda de ramas bajas y sombreadoras, con el fin de reducir la humedad del
microclima y facilitar la circulación del aire. También se recomienda la eliminación y
quema de tejidos infectados para reducir la fuente de inóculo. La regulación del
sombrío y la densidad del cultivo son factores clave para prevenir el establecimiento del
hongo. El monitoreo temprano, especialmente después de lluvias prolongadas, permite
actuar antes de que la enfermedad avance de forma epidémica (Herrera & Quirós,
2021).
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como los derivados del ajo y el neem, que pueden actuar como tratamientos
preventivos (Alvarado & Meneses, 2020).
Signos.
Mycena citricolor es un basidiomiceto de vida saprofítica y patógena, que puede
sobrevivir en restos vegetales como hojas caídas, ramas y otros materiales en
descomposición. El ciclo de vida del hongo incluye la producción de basidiosporas que
se dispersan fácilmente por el viento o por salpicaduras de lluvia. Estas esporas
germinan en la superficie de la hoja y penetran a través de la cutícula, estableciéndose
en el mesófilo foliar donde degradan activamente los tejidos. La patogenicidad de
Mycena citricolor se ve potenciada en ambientes húmedos con temperaturas entre 15 y
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22 °C y poca incidencia solar, condiciones que favorecen la esporulación y la infección
(López & Vargas, 2018).
Los daños provocados por esta enfermedad incluyen la reducción de la superficie foliar
activa, lo que disminuye la fotosíntesis y, por ende, la capacidad productiva de la planta.
En infestaciones severas, puede presentarse una defoliación masiva, debilitando al
cafeto, reduciendo su crecimiento y afectando la floración y el llenado de frutos. En
casos extremos, la pérdida constante de hojas durante varios ciclos productivos puede
inducir un agotamiento fisiológico que compromete la supervivencia del arbusto.
También se ha documentado la infección de tallos y ramas jóvenes, lo cual provoca
necrosis localizada y, eventualmente, la muerte de brotes nuevos (Gómez et al., 2019;
Rodríguez et al., 2018).
Control.
El manejo del ojo de gallo debe comenzar con estrategias culturales. Una práctica
efectiva es la poda de ramas bajas y sombreadoras, lo que mejora la aireación del
follaje y permite una mayor entrada de luz solar, inhibiendo el desarrollo del hongo.
Además, la eliminación de hojas infectadas reduce la fuente de inóculo y limita nuevas
infecciones. Otro componente importante del manejo cultural es el control del nivel de
sombra; en sistemas bajo sombra densa, se ha observado mayor incidencia de Mycena
citricolor, por lo que se recomienda mantener un equilibrio entre la cobertura arbórea y
la necesidad de luz directa (López & Vargas, 2018).
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explorado el uso de bacterias como Bacillus subtilis con resultados prometedores en
sistemas agroecológicos (Herrera et al., 2020).
El monitoreo constante del cafetal es clave para detectar a tiempo los primeros focos
de infección. En regiones donde la enfermedad es endémica, se han desarrollado
modelos de pronóstico basados en la humedad relativa y la temperatura, que ayudan a
predecir los periodos de mayor riesgo y permiten realizar aplicaciones dirigidas.
Finalmente, la capacitación de los productores sobre la identificación temprana de
Signos, la correcta aplicación de controles y la integración de prácticas agroecológicas
contribuye al manejo sostenible del ojo de gallo en sistemas cafetaleros diversificados
(Gómez et al., 2019; López & Vargas, 2018).
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materia orgánica en descomposición, que favorecen la multiplicación del hongo (Rojas
& Pérez, 2022).
Signos.
Los Signos iniciales incluyen un amarillamiento progresivo de las hojas basales, que se
tornan marrones y caen prematuramente. A medida que la infección avanza, el
marchitamiento se generaliza, especialmente en condiciones de calor, donde la planta
no puede compensar la pérdida de agua. En cortes longitudinales de tallos o raíces,
puede observarse una coloración marrón en los vasos del xilema, signo típico de
obstrucción vascular por el micelio fúngico. En estadios avanzados, la planta entera
colapsa y muere, dejando espacios vacíos en el cafetal que comprometen la densidad
de población y la productividad del sistema (Rojas & Pérez, 2022; Martínez & López,
2020).
Control.
El manejo de la marchitez por Fusarium es complejo debido a la naturaleza persistente
del patógeno en el suelo. Por ello, la prevención es el enfoque más recomendable. Una
estrategia clave es la rotación de cultivos, especialmente con especies no hospedantes
del hongo, lo que reduce la presión del inóculo. También se ha propuesto la
implementación de portainjertos resistentes, como Coffea liberica, en sistemas de
injertación con variedades de Coffea arabica susceptibles, lo cual combina tolerancia
con calidad del grano. Otra técnica eficaz es la solarización del suelo, mediante la
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cobertura con plástico transparente durante semanas en épocas cálidas, lo que eleva la
temperatura del suelo y reduce poblaciones fúngicas (Durán et al., 2021).
El control químico es limitado y debe ser considerado como último recurso, ya que el
hongo se encuentra en el interior del sistema vascular, donde los fungicidas de
contacto no son efectivos. Sin embargo, en viveros o lotes nuevos puede emplearse el
fungicida carbendazim, que tiene acción sistémica, aunque su uso prolongado puede
generar resistencia y efectos negativos sobre la microbiota del suelo. Por esta razón,
se recomienda usarlo de forma estratégica y como parte de un programa de manejo
integrado, rotando principios activos y combinándolo con prácticas preventivas (Herrera
et al., 2020).
Signos.
El principal síntoma de la enfermedad es la aparición de un micelio superficial de color
rosado sobre la corteza de ramas, tallos e incluso en el cuello de la raíz. A medida que
el micelio se desarrolla, penetra en la corteza, provocando la necrosis de los tejidos y la
interrupción del transporte de agua y nutrientes. En etapas avanzadas, las ramas se
secan a partir del punto de infección hacia el extremo distal. En zonas húmedas,
pueden observarse cuerpos de fructificación con aspecto algodonoso y color salmón,
los cuales producen basidiosporas que son diseminadas por el viento y las
salpicaduras de lluvia (Valverde et al., 2017; Alvarado & Meneses, 2020).
La infección ocurre a través de heridas en la corteza o por contacto directo entre ramas
enfermas y sanas, ya sea por poda mal realizada o por falta de higiene en las
herramientas. El hongo puede sobrevivir como micelio en tejidos secos por varios
meses y reactivarse en condiciones favorables. La sombra excesiva y la acumulación
de humedad en la copa del cafeto son factores predisponentes clave, ya que generan
microclimas que favorecen el desarrollo del patógeno (Alvarado & Meneses, 2020).
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Control.
El manejo cultural constituye la base del control del mal rosado. Se recomienda realizar
podas sanitarias periódicas para eliminar ramas infectadas, mejorar la aireación dentro
del cafetal y reducir el nivel de sombra, especialmente en sistemas con árboles de
sombra de copa densa. La eliminación y quema o enterramiento de material infectado
es fundamental para evitar la propagación. También se debe desinfectar el equipo de
poda para prevenir la diseminación del hongo de una planta a otra (Herrera et al., 2020).
Plagas.
Signos.
Los Signos de infestación por broca son evidentes en los frutos maduros que presentan
pequeños orificios redondeados, generalmente en el extremo opuesto al pedúnculo. Al
abrir el fruto, se observan galerías con excrementos y larvas o adultos en desarrollo. A
medida que avanza la infestación, los granos se tornan más ligeros, oscuros y con
menor contenido de sólidos solubles, lo cual repercute negativamente en la calidad del
café en taza. Los lotes altamente infestados pueden ser rechazados por compradores
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exigentes, especialmente en mercados de café gourmet o de exportación (Castillo &
Núñez, 2017).
Control.
El control biológico ha sido ampliamente estudiado y aplicado con éxito, siendo
Beauveria bassiana el hongo entomopatógeno más utilizado contra la broca. Este
hongo infecta al insecto a través de la cutícula, lo coloniza internamente y lo mata,
permitiendo además la diseminación de nuevas esporas en el ambiente. Existen cepas
comerciales y nativas que se aplican en forma de esporas viables en suspensión,
preferiblemente en horas de alta humedad. También se ha documentado la acción de
parasitoides como Cephalonomia stephanoderis y Prorops nasuta, que atacan los
estados larvales y pupales dentro del fruto. La combinación de estos enemigos
naturales ha demostrado ser eficaz en sistemas de producción sostenible y de bajo uso
de agroquímicos (Morales & Ortega, 2020).
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alcohol-metanol son herramientas útiles para determinar los umbrales de intervención
(Castillo & Núñez, 2017).
Signos.
Los daños por minador no solo reducen la superficie foliar funcional, sino que también
inducen un envejecimiento prematuro de las hojas, la caída anticipada del follaje y, en
casos severos, defoliación total del cafeto. Estas pérdidas foliares disminuyen el
rendimiento fotosintético, afectando el llenado de frutos, la floración subsiguiente y la
acumulación de reservas. En plantas jóvenes o viveros, el impacto puede ser aún más
crítico, comprometiendo el desarrollo estructural y aumentando los costos de
producción debido a la necesidad de aplicaciones repetidas de control (Fernández et al.,
2019; González & Rodríguez, 2021).
Control.
El manejo del minador de la hoja debe basarse en un enfoque integrado. Entre las
estrategias culturales, se recomienda realizar podas sanitarias para renovar el follaje,
eliminar hojas infestadas y mejorar la aireación del cafetal. También se debe evitar el
exceso de fertilización nitrogenada, ya que el crecimiento vegetativo exuberante atrae
mayores poblaciones del insecto. La diversificación del sistema con sombra moderada
19
y especies arbóreas que atraigan enemigos naturales del minador también ha
demostrado ser una práctica útil en sistemas agroecológicos (López & Vargas, 2018).
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Arañita roja (Oligonychus yothersi)
La arañita roja del café, Oligonychus yothersi, es un ácaro fitófago perteneciente a la
familia Tetranychidae que representa una plaga importante en cafetales de clima cálido
y seco, especialmente durante la época de sequía o de baja humedad relativa. Aunque
es microscópico (menos de 0.5 mm), su efecto acumulativo puede ser severo,
provocando estrés fisiológico, defoliación y reducción en la productividad del cafeto. Su
incidencia ha aumentado con el cambio climático y el uso de sistemas de cultivo más
expuestos, como los cafetales a pleno sol (Rodríguez et al., 2021).
Signos.
Este ácaro se localiza principalmente en el envés de las hojas, donde forma colonias
protegidas por una fina telaraña sedosa. Se alimenta al perforar las células epidérmicas
con su aparato bucal tipo estilete, succionando el contenido celular. Esta acción
provoca la aparición de manchas cloróticas o decoloraciones irregulares que, con el
tiempo, se tornan marrones. En infestaciones avanzadas, las hojas pierden su
capacidad fotosintética, se enrollan, se secan y caen prematuramente. En plantas
jóvenes o bajo estrés hídrico, la defoliación puede ser masiva y comprometer el
desarrollo de frutos y la floración siguiente (Valencia & Mora, 2019).
Control.
El ciclo biológico de Oligonychus yothersi es corto, completándose en 8 a 15 días
dependiendo de la temperatura. Las condiciones óptimas para su desarrollo son
temperaturas superiores a los 25 °C y humedad relativa inferior al 60 %. Las hembras
ovipositan sobre la superficie foliar y las larvas emergen a las pocas horas. Este
desarrollo acelerado permite la ocurrencia de múltiples generaciones por mes, lo cual
agrava las infestaciones si no se detectan a tiempo. Además, el tamaño diminuto y el
hábitat oculto dificultan la detección temprana (Rodríguez et al., 2021).
El control químico, si bien puede ser eficaz, debe utilizarse como último recurso, debido
al riesgo de eliminar enemigos naturales y fomentar la resistencia. Se han usado
acaricidas específicos como el abamectin, milbemectina y azadiractina (extracto de
neem), que tienen baja toxicidad para polinizadores y enemigos naturales. Sin embargo,
su aplicación debe basarse en monitoreo y respetar los umbrales de acción. El uso de
jabones potásicos y aceites minerales es una alternativa aceptada en cafetales
orgánicos, ya que actúan por contacto al deshidratar o asfixiar al ácaro sin dejar
residuos tóxicos (Rodríguez et al., 2021).
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Trips del café (Frankliniella spp.)
Los trips del género Frankliniella constituyen un grupo de insectos minúsculos pero de
gran impacto en la productividad del café, especialmente en su etapa de floración.
Estas plagas pertenecen al orden Thysanoptera y son caracterizadas por su aparato
bucal raspador-suctor, con el cual perforan células epidérmicas y se alimentan del
contenido celular, provocando un daño visible e irreversible. Aunque los trips han sido
tradicionalmente considerados plagas secundarias en café, su importancia ha crecido
en los últimos años debido a cambios en el clima, la intensificación del cultivo, y la
reducción de enemigos naturales por el uso extensivo de pesticidas (López & Aguilar,
2018).
Signos.
Los adultos miden entre 1 y 1.5 mm, con un cuerpo delgado, generalmente de color
amarillento o marrón claro. Son activos durante las primeras horas de la mañana y al
atardecer, momento en que pueden observarse sobre botones florales, hojas jóvenes y
brotes terminales. Depositan sus huevos en los tejidos vegetales, y las larvas emergen
en pocos días, completando su ciclo en un periodo de 10 a 15 días según la
temperatura. Este ciclo corto, junto con su capacidad de reproducción tanto sexual
como partenogenética, les permite desarrollar poblaciones numerosas en poco tiempo,
especialmente en climas cálidos con humedad relativa moderada (Aguilar et al., 2020).
El principal daño económico que causan los trips se produce durante la etapa de
floración. Al alimentarse de los botones florales, inducen necrosis, deformación o caída
prematura de las flores, lo que reduce el número de frutos formados. También atacan
las hojas tiernas, generando manchas plateadas o bronceadas, deformaciones, bordes
quemados y, en casos severos, caída foliar. En los frutos recién formados, pueden
causar lesiones superficiales que afectan su desarrollo y apariencia. Si bien el daño
individual puede parecer menor, el efecto acumulado sobre la floración masiva puede
traducirse en una merma significativa del rendimiento (López & Aguilar, 2018; González
& Rodríguez, 2021).
23
Control.
El manejo cultural de los trips comienza con el monitoreo periódico de la floración y el
crecimiento vegetativo, prestando especial atención a épocas de transición climática y
brotación intensa. La eliminación de malezas y hospederos alternos, como ciertas
especies de leguminosas o compuestas, reduce las fuentes de alimentación y
reproducción. También se recomienda mantener una cobertura vegetal baja, sin exceso
de humedad, que no favorezca la proliferación de los insectos. En cafetales bajo
sombra, la regulación del dosel arbóreo ayuda a estabilizar el microclima y a reducir los
extremos que favorecen los brotes (Aguilar et al., 2020).
En cuanto al control químico, este debe utilizarse únicamente cuando los niveles
poblacionales superen el umbral económico de daño, que suele ser de 5 a 10
individuos por botón floral. Insecticidas selectivos como spinosad, abamectina o
extractos botánicos como azadiractina (neem) han demostrado eficacia con bajo
impacto sobre polinizadores y enemigos naturales. La aplicación dirigida a los botones
florales durante su formación es clave para evitar el aborto floral. El uso excesivo de
piretroides o neonicotinoides debe evitarse, ya que afecta la entomofauna benéfica y
puede inducir resistencia (Aguilar et al., 2020).
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su densidad poblacional. La observación visual directa de brotes y flores también
permite detectar a tiempo su presencia. En sistemas agroecológicos, se promueve el
manejo preventivo a través de prácticas de diversificación, sombra regulada y
conservación de hábitats para enemigos naturales (González & Rodríguez, 2021).
Por su parte, Pratylenchus spp., como Pratylenchus coffeae, no forman agallas visibles,
sino que penetran las raíces y se alimentan del parénquima cortical, causando lesiones
necróticas, necrosis generalizada y destrucción del sistema radical. A diferencia de
Meloidogyne, que es sedentario, Pratylenchus es migratorio, lo que le permite
diseminarse con mayor facilidad en el perfil del suelo. Esta plaga es particularmente
dañina en combinación con otros factores de estrés como sequías, suelos
compactados o infecciones fúngicas oportunistas, ya que las heridas que produce
25
sirven como vía de entrada para hongos como Fusarium y Rhizoctonia (Martínez &
López, 2020).
Signos.
El diagnóstico de nematodos requiere análisis específicos en laboratorio, ya que los
Signos en campo son fácilmente confundibles con deficiencias nutricionales u otros
factores bióticos y abióticos. Las plantas infestadas presentan un crecimiento desigual,
amarillamiento foliar, reducción del tamaño de hojas y frutos, y, en algunos casos,
muerte súbita. El análisis de raíces mediante observación microscópica permite
identificar las especies presentes, su estadio de desarrollo y su densidad poblacional.
También se realizan análisis de suelo para estimar la población por volumen de
sustrato, lo cual es clave para establecer estrategias de manejo (Durán et al., 2021;
Rojas & Pérez, 2022).
Control.
El manejo cultural de nematodos comienza con la selección de suelos bien drenados y
con buena aireación, ya que los ambientes anaerobios favorecen el desarrollo de
patógenos radiculares. La rotación de cultivos con especies no hospedantes como
maíz, sorgo o cebolla puede ayudar a reducir las poblaciones en el suelo. Asimismo, el
uso de abonos verdes como Crotalaria juncea o Tagetes spp. (caléndula) ha
demostrado tener efectos nematicidas naturales, ya que estas plantas producen
compuestos alelopáticos que inhiben el desarrollo de los nematodos. Estas estrategias
deben implementarse en conjunto antes de la siembra o como parte del manejo del
terreno en renovación (Herrera et al., 2020).
Signos.
Las cochinillas se localizan en partes protegidas del cafeto, como las axilas foliares, el
envés de las hojas, las uniones entre tallo y ramas, y, en ocasiones, sobre frutos y
raíces. El daño directo causado por estos insectos se debe a la extracción de savia,
que interfiere con el metabolismo de la planta, causando clorosis, enrollamiento y caída
prematura de hojas. Además, la cochinilla excreta una sustancia azucarada conocida
como mielecilla, que recubre la superficie vegetal y favorece el desarrollo de la
fumagina (Capnodium spp.), un hongo negro que bloquea la fotosíntesis y reduce la
calidad del grano y la apariencia del cafeto (Morales & Ortega, 2020).
El ciclo biológico de las cochinillas incluye los estadios de huevo, ninfa y adulto, y
puede completarse en 3 a 6 semanas, dependiendo de las condiciones ambientales.
Las hembras ovipositan en masas algodonosas que protegen los huevos de
depredadores y condiciones adversas. Las ninfas, que son móviles en sus primeros
estadios, se dispersan en busca de nuevos sitios de alimentación. En cafetales con alta
humedad y sin control, las poblaciones pueden incrementarse rápidamente, dificultando
el manejo y generando brotes epidémicos que afectan grandes extensiones de cultivo
(Rodríguez et al., 2018; Morales & Ortega, 2020).
Control.
El manejo de la cochinilla debe iniciar con estrategias culturales que reduzcan las
condiciones favorables para su proliferación. La poda sanitaria y la regulación del
sombrío permiten mejorar la circulación de aire y la entrada de luz solar, dificultando la
reproducción del insecto y el desarrollo de la fumagina. Asimismo, se recomienda
28
eliminar partes infestadas de la planta, especialmente aquellas que presentan
acumulaciones densas de cochinillas. La limpieza del cafetal y la eliminación de
malezas hospedantes también contribuyen a disminuir las fuentes de refugio y
reproducción de estas plagas (López & Vargas, 2018).
En cuanto al control químico, este debe aplicarse con prudencia y únicamente cuando
el monitoreo indique niveles críticos de infestación. Se han utilizado productos como
clorpirifos, piriproxifen y aceites hortícolas, que actúan sobre ninfas y adultos. Los
aceites insecticidas, al no ser tóxicos para muchos insectos benéficos, constituyen una
opción preferida en sistemas de manejo integrado. Su acción física consiste en asfixiar
a las cochinillas cubriendo sus espiráculos, lo que reduce su movilidad y capacidad de
alimentación. Sin embargo, la efectividad de los tratamientos depende de una
aplicación minuciosa y uniforme, especialmente en las zonas de difícil acceso del follaje
(Rodríguez et al., 2018).
29
soluciones jabonosas o mezclas de agua con alcohol y jabón potásico como medida
inmediata y de bajo costo para controlar infestaciones localizadas (Durán et al., 2021).
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