Todos esperaban 3 ½ en la granja el gran acontecimiento.
El nacimiento de los polluelos de mamá pata. Llevaba días empollándolos y podían llegar
en cualquier momento.
El día más caluroso del verano mamá pata escuchó de repente…¡cuac, cuac! y vio al
levantarse cómo uno por uno empezaban a romper el cascarón.
1. Bueno, todos menos uno.
- ¡Eso es un huevo de pavo!, le dijo una pata vieja a mamá pata.
- No importa, le daré un poco más de calor para que salga.
2. Pero cuando por fin salió resultó ser un pato totalmente diferente al resto. Era grande y
feo, y no parecía un pavo. El resto de animales del corral no tardaron en fijarse en su
aspecto y comenzaron a reírse de él.
3.
¡Feo, feo, eres muy feo!, le cantaban
Su madre lo defendía pero pasado el tiempo ya no supo qué decir. Los patos le daban
picotazos, los pavos le perseguían y las gallinas se burlaban de él. Al final su propia
madre acabó convencida de que era un pato feo y tonto.
- ¡Vete, no quiero que estés aquí!
El pobre patito se sintió muy triste al oír esas palabras y escapó corriendo de allí ante el
rechazo de todos.
Acabó en una ciénaga donde conoció a dos gansos silvestres que a pesar de su fealdad,
quisieron ser sus amigos, pero un día aparecieron allí unos cazadores y acabaron
repentinamente con ellos. De hecho, a punto estuvo el patito de correr la misma suerte
de no ser porque los perros lo vieron y decidieron no morderle.
- ¡Soy tan feo que ni siquiera los perros me muerden!- pensó el pobre patito.
Continuó su viaje y acabó en la casa de una mujer anciana que vivía con un gato y una
gallina. Pero como no fue capaz de poner huevos también tuvo que abandonar aquel
lugar. El pobre sentía que no valía para nada.
Un atardecer de otoño estaba mirando al cielo cuando contempló una bandada de
pájaros grandes que le dejó con la boca abierta. Él no lo sabía, pero no eran pájaros, sino
cisnes.
- ¡Qué grandes son! ¡Y qué blancos! Sus plumas parecen nieve .
Deseó con todas sus fuerzas ser uno de ellos, pero abrió los ojos y se dio cuenta de que
seguía siendo un animalucho feo.
Tras el otoño, llegó el frío invierno y el
patito pasó muchas calamidades. Un día
de mucho frío se metió en el estanque y
se quedó helado. Gracias a que pasó por
allí un campesino, rompió el frío hielo y
se lo llevó a su casa el patito siguió vivo.
Estando allí vio que se le acercaban
unos niños y creyó que iban a hacerle
daño por ser un pato tan feo, así que se
asustó y causó un revuelo terrible hasta
que logró escaparse de allí.
El resto del invierno fue duro para el pobre
patito. Sólo, muerto de frío y a menudo muerto
de hambre también. Pero a pesar de todo logró
sobrevivir y por fin llegó la primavera.
Una tarde en la que el sol empezaba a calentar decidió acudir al parque para contemplar
las flores, que comenzaban a llenarlo todo. Allí vio en el estanque dos de aquellos
pájaros grandes y blancos y majestuosos que había visto una vez hace tiempo. Volvió a
quedarse hechizado mirándolos, pero esta vez tuvo el valor de acercarse a ellos.
Voló hasta donde estaban y entonces, algo llamó su atención en su reflejo. ¿Dónde
estaba la imagen del pato grande y feo que era? ¡En su lugar había un cisne! Entonces
eso quería decir que… ¡se había convertido en cisne! O, mejor dicho, siempre lo había
sido.