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Filosofía de Hobbes: Poder y Estado

Thomas Hobbes sostiene que la naturaleza humana está impulsada por el deseo, el miedo y el egoísmo, lo que lleva a la creación de instituciones para controlar la conducta conflictiva. En su obra 'Leviatán', describe el estado de naturaleza como caótico y propone un pacto social donde los individuos ceden parte de su libertad a un soberano para garantizar la paz y la seguridad. Su pensamiento ha influido profundamente en la filosofía política moderna, inspirando tanto a defensores como a críticos del contrato social.

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Filosofía de Hobbes: Poder y Estado

Thomas Hobbes sostiene que la naturaleza humana está impulsada por el deseo, el miedo y el egoísmo, lo que lleva a la creación de instituciones para controlar la conducta conflictiva. En su obra 'Leviatán', describe el estado de naturaleza como caótico y propone un pacto social donde los individuos ceden parte de su libertad a un soberano para garantizar la paz y la seguridad. Su pensamiento ha influido profundamente en la filosofía política moderna, inspirando tanto a defensores como a críticos del contrato social.

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CAPÍTULO II: El pensamiento filosófico de Thomas Hobbes

2.1 Naturaleza humana: el deseo, el miedo y el egoísmo como motores de la conducta

Thomas Hobbes (1588-1679) considera que la naturaleza humana está dominada por las pasiones,
en especial por el deseo, el miedo y el egoísmo. En su obra Leviatán (1651), sostiene que el ser
humano actúa motivado por sus apetitos y aversiones, los cuales determinan sus elecciones, “De los
actos voluntarios de cada hombre, el objeto es algún bien para sí mismo” (Hobbes, 2018, p. 92).

Esta frase expresa la idea de que todas las acciones humanas están guiadas por la búsqueda del
propio beneficio. Según Hobbes, el hombre no persigue el bien común por naturaleza, sino que
coopera únicamente cuando le resulta útil o necesario para su conservación.

Asimismo, el filósofo identifica el deseo de poder como una característica constante del ser
humano. En palabras del propio autor: “Coloco en primer lugar, como inclinación general de toda
la humanidad, un perpetuo e inquieto deseo de poder, que cesa sólo con la muerte” (Hobbes, 2018,
p. 103).

Este deseo ilimitado se explica porque el hombre teme perder lo que tiene; por tanto, el poder se
convierte en un medio para garantizar su supervivencia y satisfacción. Según Bobbio (1991),
Hobbes representa “la primera formulación moderna de un individualismo radical, donde la pasión
fundamental es el afán de dominio” (p. 45).

El miedo es otro motor esencial de la conducta. Hobbes sostiene que, en el estado natural, los
hombres viven en un constante temor de sufrir daño o morir violentamente. En Leviatán escribe:
“Las pasiones que inclinan a los hombres a la paz son el miedo a la muerte, el deseo de las cosas
necesarias para una vida confortable y la esperanza de obtenerlas mediante su trabajo” (Hobbes,
2018, p. 119).

De esta forma, el miedo no sólo es una emoción negativa, sino el origen racional del orden social:
impulsa a los hombres a buscar acuerdos que garanticen seguridad. Lukes (1989) interpreta este
pensamiento afirmando que “el miedo es el fundamento psicológico del Estado hobbesiano; sin
temor, no habría pacto” (p. 62).

En síntesis, Hobbes concibe al ser humano como un ser racional pero movido por pasiones egoístas.
El deseo de poder, el miedo a la muerte y el interés propio lo empujan a crear instituciones que
controlen su naturaleza conflictiva.

2.2 Estado de naturaleza y pacto social: del caos al orden mediante el “Leviatán”

Para Hobbes, el estado de naturaleza es una condición hipotética en la cual los hombres viven sin
un poder común que los gobierne. En tal situación, todos tienen derecho a todo y no existe ninguna
autoridad que limite sus acciones. El propio Hobbes señala: “Donde no hay poder común, no hay
ley; donde no hay ley, no hay injusticia” (Hobbes, 2018, p. 126).

Esto implica que conceptos como justicia o moral carecen de sentido fuera de la sociedad civil. En
ausencia de autoridad, los individuos se ven envueltos en una lucha constante por la supervivencia,
lo que lleva a Hobbes a definir la vida en ese estado como: “Solitaria, pobre, desagradable, brutal y
corta” (Hobbes, 2018, p. 128).

El estado de naturaleza, según Hobbes, se caracteriza por una guerra de todos contra todos
(bellum omnium contra omnes). Como lo explica Berlin (1979), “Hobbes transforma el miedo
mutuo en principio político: del caos nace la necesidad del Estado” (p. 73).

Frente a esta situación de inseguridad, los hombres, guiados por la razón, deciden establecer un
pacto social para garantizar la paz. Dicho pacto consiste en renunciar a parte de su libertad natural y
transferirla a una autoridad común. Hobbes define este acuerdo de la siguiente manera:
Frente a esta situación de inseguridad, los hombres, guiados por la razón, deciden establecer un pacto
social para garantizar la paz. Dicho pacto consiste en renunciar a parte de su libertad natural y transferirla
a una autoridad común. Hobbes define este acuerdo de la siguiente manera: “La cesión mutua de derecho
es lo que los hombres llaman contrato” (Hobbes, 2018, p. 142).

De esta cesión nace el Leviatán, figura del soberano o del Estado. En su célebre metáfora, Hobbes lo
describe como “un hombre artificial” compuesto por todos los ciudadanos que ceden su voluntad al
soberano (Hobbes, 2018, p. 185).

El soberano, por tanto, posee autoridad absoluta. Su función principal es garantizar la paz y la seguridad
de los súbditos. Según Hobbes, “la obligación de los súbditos hacia el soberano dura mientras éste sea
capaz de protegerlos” (Hobbes, 2018, p. 214).

Bobbio (1991) subraya que la idea hobbesiana del Leviatán inaugura la teoría moderna del Estado como
poder indivisible y supremo (p. 58). El contrato social no es un simple acuerdo moral, sino un acto
político racional que funda el orden y la obediencia.

El Estado surge del miedo y del cálculo racional. El ser humano, consciente de su vulnerabilidad, prefiere
renunciar a parte de su libertad a cambio de seguridad y estabilidad.

2.3 Moral y ley: construcciones racionales para evitar la violencia

Hobbes no concibe la moral como una norma trascendente ni divina, sino como una construcción racional
derivada del deseo de conservar la vida. Las leyes naturales, según él, son “preceptos o reglas generales
descubiertas por la razón, mediante las cuales se prohíbe hacer lo que destruya nuestra vida o nos prive
de los medios para conservarla” (Hobbes, 2018, p. 133).

Estas leyes naturales no tienen fuerza coercitiva por sí mismas; solo adquieren valor cuando existe una
autoridad capaz de hacerlas cumplir. Por ello, Hobbes distingue entre ley natural y ley civil: la primera
orienta la conducta moral, la segunda impone la obligación jurídica. En palabras del autor: “El derecho y
la ley difieren como el permiso y la obligación; lo que la ley manda, el derecho lo permite” (Hobbes,
2018, p. 145).

La justicia, en el pensamiento hobbesiano, se define como el cumplimiento de los pactos válidos. En el


capítulo XV de Leviatán, Hobbes escribe:

“En esta ley de naturaleza consiste la fuente y origen de la justicia. Cuando un pacto es hecho, romperlo
es injusto; y lo que no es injusto, es justo” (Hobbes, 2018, p. 151).

De esta forma, la moral y la ley se subordinan a la conservación del orden social. Sin soberano, los pactos
serían inútiles, pues no existiría poder para obligar a su cumplimiento. Según Macpherson (1962), “la
justicia para Hobbes no es un valor moral absoluto, sino una condición necesaria para mantener la
sociedad civil” (p. 97).

Así, la ley positiva es la manifestación del poder soberano y la única capaz de garantizar la paz. En este
sentido, Hobbes argumenta: “La finalidad de la obediencia es la protección, y el fin de las leyes no es
otro que la seguridad del pueblo” (Hobbes, 2018, p. 228).

Por lo tanto, la moral y la ley son productos racionales destinados a evitar la violencia y conservar la vida
humana. Como resume Bobbio (1991), “el Estado hobbesiano no busca la felicidad ni la virtud, sino la
seguridad; su ética es una ética del miedo” (p. 61).
2.4. Influencia del pensamiento de Hobbes en la filosofía política moderna

El legado de Hobbes en la filosofía política es profundo y duradero. Su idea del contrato social
inspiró tanto a pensadores que lo continuaron como a quienes lo criticaron.

John Locke, por ejemplo, adoptó el modelo contractual, pero lo reinterpretó en favor de la libertad
individual. En su Segundo tratado sobre el gobierno civil (1690), Locke sostiene que ‘’el pacto no
implica la renuncia total de derechos, sino su delegación parcial para proteger la propiedad y la
vida’’ (Locke, 2014, p. 75).

Por otro lado, Jean-Jacques Rousseau (1762) se opuso a la visión pesimista de Hobbes. En El
contrato social, afirmó que “el hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado”
(Rousseau, 2012, p. 12), proponiendo que la soberanía debe residir en el pueblo y no en un
monarca absoluto.

Aun así, Rousseau reconoció el valor del planteamiento hobbesiano al situar el origen del Estado en
un acuerdo racional entre los hombres.

En el siglo XX, el pensamiento de Hobbes influyó en teorías contemporáneas del poder, como la de
Michel Foucault, quien consideró que “Hobbes describe el momento en que el poder deja de ser
derecho divino y pasa a ser función política” (Foucault, 2002, p. 45).

Asimismo, en la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, el Estado hobbesiano se entiende como un


mecanismo autorregulado que reduce la complejidad social (Luhmann, 1990, p. 97).

Como afirma Quentin Skinner (1996), “Hobbes no solo fundó la ciencia política moderna, sino
también la comprensión del Estado como una creación artificial del razonamiento humano” (p.
114). Su legado continúa siendo fundamental para entender la relación entre poder, seguridad y
libertad en las democracias contemporáneas.

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