DENGUE
IMANOL MENDEZ VICENTE
VALERIA GRAJALES HERNANDEZ
KAROL ALEJANDRA MALFAVON MORALES
ABRIL LAZARO VENTURA
BRENDA ERIZBEHT MARTINEZ LOPEZ
FATIMA PAOLA MARTIEZ MORALES
UNIVERSIDAD MAYA
ANATOMIA Y FISIOLOGIA HUMANA I
DR. JUAN MANUEL BAUTISTA LEON
29 DE NOVIEMBRE 2024
Dengue
El dengue es una enfermedad viral transmitida principalmente por la picadura del
mosquito Aedes aegypti, que se encuentra principalmente en áreas tropicales y
subtropicales del mundo. Esta enfermedad ha crecido en prevalencia en las últimas
décadas, afectando a millones de personas anualmente, y es una de las principales
causas de fiebre viral en muchas regiones urbanas de países en desarrollo. A pesar de
que la mayoría de las infecciones por dengue son leves, el virus puede, en algunos
casos, dar lugar a complicaciones graves, por lo que su diagnóstico temprano y manejo
adecuado son esenciales para evitar consecuencias fatales.
La enfermedad es conocida principalmente por su capacidad de inducir fiebre alta
repentina, dolores articulares y musculares intensos, y en algunos casos, puede
evolucionar hacia formas más severas, como el dengue hemorrágico o el dengue
severo, que pueden comprometer la vida del
paciente. En este tipo grave, los vasos sanguíneos
se dañan y se produce una fuga de líquidos, lo que
puede llevar al shock y a un fallo orgánico múltiple si
no se trata adecuadamente.
Agente causal:
El agente causante del dengue es el virus del dengue, un flavivirus que se presenta en
cuatro serotipos diferentes (DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4). Este aspecto es
importante porque, después de una infección por un serotipo, el sistema inmune
desarrolla inmunidad frente a ese serotipo específico. Sin embargo, esto no garantiza
protección frente a los otros serotipos, lo que aumenta el riesgo de padecer una forma
más grave de la enfermedad en caso de una infección posterior. Es decir, una persona
puede infectarse varias veces a lo largo de su vida, lo que contribuye al aumento de
complicaciones.
Ciclo de transmisión:
El ciclo de transmisión del dengue está íntimamente relacionado con el ciclo de vida del
mosquito Aedes aegypti, que es el principal vector de la enfermedad. Este mosquito
adquiere el virus al picar a una persona infectada y luego lo transmite a otras personas
al picarlas. Los Aedes suelen ser más activos durante las primeras horas del día, en
especial al amanecer y al atardecer, lo que aumenta las probabilidades de exposición.
Además, estos mosquitos son conocidos por reproducirse en recipientes con agua
estancada, como cubetas, llantas o incluso macetas, lo que facilita la proliferación de la
enfermedad en áreas urbanas con escasa infraestructura de saneamiento.
Signos y síntomas:
El cuadro clínico del dengue puede variar dependiendo de la gravedad de la infección,
pero generalmente incluye los siguientes síntomas:
• Fiebre alta repentina, que puede llegar a los 40°C.
• Dolor intenso en los músculos y las articulaciones.
• Dolor retro ocular (detrás de los ojos), que suele ser muy característico.
• Erupción cutánea, que puede aparecer unos días después de la fiebre.
• Náuseas, vómitos y pérdida de apetito. Fatiga y malestar general.
En los casos más graves, la infección puede evolucionar hacia el dengue severo,
donde el paciente presenta sangrados (como hemorragias nasales o sangrados en las
encías), bajas presiones arteriales (lo que puede llevar al shock) y un descenso
significativo de los niveles de plaquetas en la sangre, lo que aumenta el riesgo de
hemorragias internas. Es fundamental que los pacientes con dengue severo reciban
atención médica urgente.
Diagnóstico:
El diagnóstico del dengue se basa principalmente en la evaluación clínica de los
síntomas presentados por el paciente, y se confirma mediante pruebas de laboratorio.
Las pruebas serológicas permiten detectar anticuerpos específicos (IgM e IgG) que el
cuerpo produce en respuesta al virus, mientras que la PCR (reacción en cadena de la
polimerasa) puede identificar directamente el material genético del virus en la sangre
del paciente. Además, es importante monitorear el recuento de plaquetas y
hematocrito, ya que estos valores pueden ser indicadores clave de la gravedad de la
enfermedad.
Tratamiento:
No existe un tratamiento antiviral específico para el dengue. El tratamiento se enfoca
principalmente en aliviar los síntomas y prevenir complicaciones. Las principales
medidas incluyen:
• Hidratación adecuada: El dengue puede causar deshidratación debido a la fiebre
alta y la pérdida de líquidos. Es fundamental que los pacientes ingieran líquidos
de manera constante, y en casos graves, se puede requerir hidratación
intravenosa.
• Uso de medicamentos como el paracetamol para aliviar el dolor y reducir la
fiebre. Es muy importante evitar medicamentos como los antiinflamatorios no
esteroides (AINEs), como el ibuprofeno, ya que pueden aumentar el riesgo de
sangrados.
• Monitoreo constante de la condición del paciente, especialmente en casos
graves, para detectar signos de complicaciones como hemorragias o shock.
• El tratamiento en hospitales puede ser necesario en casos severos, donde se
administran líquidos intravenosos y se realiza un control estrecho del paciente.
Prevención:
La prevención del dengue se basa principalmente en el control de los mosquitos
vectores. Algunas medidas clave incluyen:
• Eliminar los criaderos de mosquitos, como recipientes con agua estancada, que
son lugares ideales para la reproducción del mosquito Aedes aegypti.
• Uso de repelentes y la instalación de mosquiteros para proteger a las personas
de las picaduras de mosquitos.
• Aplicación de insecticidas en áreas de alta proliferación de mosquitos.
• Educación comunitaria, ya que la cooperación de la población es esencial para
erradicar los criaderos y prevenir la propagación de la enfermedad.