Relatos de vida y desamor en la ciudad
Relatos de vida y desamor en la ciudad
PERSONAJES:
JAIME
SAMUEL
FEDERICO
ENRIQUE
LEO
OSCAR
1
Jaime: Con una mano comenzó a rascarse las pelotas y con la otra abrió el
refrigerador para buscar un poco de leche.
Samuel: Trataba de adivinar quién había dejado otro regalo en mi escritorio.
Jaime: Mi leche que el muy cabrón terminó bebiéndose en mi vaso de Star Wars.
Ese que me dieron en el cine la última vez que salí con Ana.
Federico: Es la última le dije.
Agarré diez sobrecitos de coca, y diez tachas y me fui con las putas.
Casi siempre los clientes de las vestidas buscan un pase.
Enrique: Si, yo soy el del comercial y el administrador del proyecto.
¿Están interesados en adquirir un inmueble?
Si gustan podemos hacer una cita para que conozcan la casa muestra.
Leo: Me dijo un compa que iban a venir los” Sombra 13” de la colonia de abajo
a partirnos la madre.
Y aquí no entra nadie que no sea del barrio.
Oscar: El señor comenzó a sufrir mucho cuando murió su esposa.
Se deprimió y comenzó a ser una carga para todos.
No quería moverse ni salir de la cama.
Jaime: El novio de Ane se había instalado definitivamente en mi casa.
Una mañana me lo encontré en el baño, secándose la cola con una de mis
toallas.
Así que tuve que cobrar venganza.
Su cepillo de dientes cayó accidentalmente por el excusado casi tres
semanas.
Y como yo soy una buena persona, lo sacaba y lo dejaba en su lugar para
que nadie se diera cuenta.
Leo: Aquí no entra nadie que no sea del barrio.
Nos defendimos con navaja y a puño limpio.
Oscar: Comenzó a comportarse como un niño chiquito.
No me dejaba escribir.
Sus gritos me desconcentraban y me ponían de mal humor.
Federico: Me distraje, y me encontraron con la merca.
Enrique: Venimos a confiscar todo el terreno.
Las escrituras son irregulares y hay otro dueño reclamando el predio”.
Me dijeron mientras me subían a una patrulla acusado de fraude.
2
Leo: Se me pasó la mano.
Pero lo que pusieron ahí en la declaración no es cierto.
Samuel: Era un Rolex edición especial en una cajita dorada.
Alguien conocía muy bien mis gustos.
Leo: Yo no le rajé la cabeza como ustedes dicen con un palo.
Mentira…
Fue con un tabique.
Oscar: Yo necesitaba seguir con mi vida.
Y él estaba al final de la suya.
Lo arrullé como se arrulla a un niño chiquito.
Y después lo dormí.
Jaime: Generalmente la gente se muda por la tarde o en fin de semana.
Yo dejé el departamento de Ana una mañana lluviosa de lunes.
Con tres maletas.
Samuel: En realidad eran dos cajas de jabón Roma…
Amarradas con un mecatito.
2
Samuel: Estaba almorzando cuando recibí una llamada de Jaime.
¿Bueno?
Jaime: Becket, soy Jaime.
Samuel: Ya sé que eres tú.
Y me caga que me digas Becket.
Jaime: ¿Cómo supiste que era yo?
Samuel: Porque eres el único en este jodido planeta que le pone a sus amigos esos
apodos.
Jaime: Deberías sentirte honrado de que te llame Samuel Becket.
Samuel: Solís, me llamo Samuel Solís. ¿Qué quieres?
Jaime: Aunque Tienes razón.
Samuel: ¿En qué?
Jaime: En eso que dices, de que el planeta está muy jodido.
Samuel: ¿Qué quieres?
Jaime: ¿Tú y yo hemos sido amigos toda la vida verdad?
Samuel: No tengo dinero.
3
Jaime: ¿Tú tampoco?
De verdad que está jodido el planeta.
Samuel: ¿Es todo lo que me ibas a decir?
Jaime: En verdad no tengo dinero.
Samuel: Nunca has tenido.
Jaime: Bueno, ahora menos que nunca.
Estoy en la calle.
Samuel: Yo también.
Salí por una torta.
Jaime: No pendejo, que estoy en la calle.
No tengo casa, Ana me echó.
Bueno, yo quise irme.
Recogí mi dignidad.
La guardé en unas cajas de cartón y me fui.
Samuel: ¿Y dónde piensas vivir?
Jaime: Por eso te estoy hablando…
Samuel: No, no, no… mamá no va a estar de acuerdo.
Jaime: Das pena Becket.
A tus casi cuarenta años sigues viviendo con tu madre.
Samuel: Por lo menos yo no estoy tan pinche solo.
Vuelve a decirme Becket y te cuelgo hijo de la chingada.
Jaime: Tienes razón.
Y ahora más porque me he quedado sin Ana.
Samuel: Güey, a Ana nunca la tuviste.
Jaime: Ándale recálcamelo en la cara.
Solo, pobre y sin amor.
Samuel: Y aparte teatrero.
Es lo más jodido que te puede pasar.
Jaime: ¿No te mordiste la lengua?
Samuel: No papi.
Yo soy funcionario cultural.
Y es muy distinto.
Hasta entre las pulgas hay niveles.
Jaime: ¿Me vas ayudar o no?
4
Samuel: ¿Cómo?
Jaime: Vas a mandar a tu mamá a un asilo.
Es una excelente idea.
Viviremos juntos como dos adolescentes.
Haremos fiestas cada fin de semana en la alberca.
Samuel: No tengo Alberca.
Jaime: No importa, tienes tiempo de poner una.
Y llevaremos golfas para intoxicarlas, con tachas y ácidos.
Haremos un desmadre…
De vez en cuando visitaremos a la anciana.
Y le llevaremos un pay de manzana y flores en su cumpleaños.
Samuel: ¿Idiota, quieres callarte?
Te prohíbo que hables así de mamá.
Después de todas la veces que mamá te ha prestado dinero,
malagradecido.
¿Crees que no sé cuánto le debes?
Jaime: Ella me ofreció su ayuda.
Además me dijo que le pagara cuando pudiera.
Samuel: Y nunca has podido.
Mira, lo único que te puedo ofrecer es una bodega que tenemos en la
central de abastos.
Ahí puedes vivir.
Seguramente cortaron la luz.
Pero tiene un baño y agua potable.
Jaime: ¿No han pagado la luz?
Samuel: No.
Jaime: Qué lástima.
Ya me había emocionado la idea.
Samuel: ¿De vivir en la bodega?
Jaime: No, de mandar a tu madre a un asilo.
Imagínate que un domingo cualquiera llegas al geriátrico.
Le llevas flores y unos chocolates rancios.
Y te encuentras con su cama tendida y su dormitorio vacío.
5
Mientras una de esas monjas que cuidan esos lugares te ve con rostro
abatido.
Pero paso firme se dirige hacia ti para darte la funesta noticia.
¿A poco no sería emocionante?
Samuel: Eres un pendejo.
Debo regresar al trabajo.
Si aceptas lo de la bodega me avisas.
Espero tu llamada, es lo único que puedo ofrecerte.
Jaime: Si, lo voy a pensar.
Pero piensa tú también en lo del asilo.
3
Federico: Dicen que en este pueblo se pelearon San Miguel Arcángel y el mismo
diablo.
Del otro lado del camino hay un hoyo bien grande.
Dicen que San Miguel le dio sus chingadazos al diablo.
Y que desde el cielo vino a caer hasta acá, por eso hay un hoyo en la tierra.
Enrique: Me dan auto de formal prisión.
Me llevan a una cárcel vieja, una cárcel que casi nadie visita.
Me toman fotos.
Me dan un uniforme viejo. Me indican el número de mi celda y me llevan
hasta ella.
Oscar: Es un meteorito.
Ese cráter que está ahí se formó por la colisión de un cuerpo celeste. No
alcanzó a desintegrarse en la atmósfera debido a su densidad y volumen.
Chocó contra la tierra y por eso se hizo ese gran agujero.
Enrique: Cuando escucho que se cierra la celda, siento el frío del lugar recorrer todo
mi cuerpo.
Me voy a un rincón y comienzo a llorar.
Un tipo que está cagando frente a mí, discute con otro sobre los cuerpos
celestes.
Federico: Pues ahí tienen de que San Miguel se estaba dando en la madre con el
diablo y comenzaron a caer luces del cielo.
Hay quien dice que eran las chispas de la espada del Arcángel.
6
Cada que le daba un chingadazo al diablo salía fuego.
Oscar: Fue una lluvia de estrellas.
Fragmentos de meteoritos que si alcanzaron a desintegrarse.
En esta zona muy seguido se ve ese fenómeno.
Federico: A ti nadie te está preguntado, sabelotodo.
Pues bien muchachos resulta que cuando el diablo cayó aquí…
Oscar: Eso no tiene ninguna base científica.
Federico: Ya cállate cabrón déjame contar mi historia.
Dicen que ese valle no tiene dueño.
Bueno, si lo tiene pero está maldito.
Al valle de San Miguel, lo conocen en el bajo mundo como el valle del
diablo.
Enrique: Ya dejen de decir pendejadas.
Ustedes no saben nada.
Leo: A ver , ¿cuál es tu problema?
Enrique: Yo sé quién era el dueño de ese valle…
Oscar: ¿Quién?
Enrique: Les dije que un compadre y yo habíamos comprado gran parte del Valle.
Para hacer un fraccionamiento, una colonia nueva.
Pero no me creyeron.
Oscar: Ya mejor duérmete.
Federico: Si es que puedes.
Leo: Porque aquí no se pegan las pestañas por lo menos en tres meses.
Enrique: ¿Es cuando te da el mentado carcelazo?
Oscar: No, es que “la leona” ronca muy feo y no deja dormir a nadie.
Leo: Hasta yo me hice unos tapones para las orejas.
Con la borra que se me junta en el ombligo.
Federico: Mira, si quieres te presto los míos.
Y cualquier cosa que ocupes no dudes en pedirla.
Por aquí voy a andar.
Enrique: Ni modo que vayas a salir a otro lado.
Pendejo.
4
7
Samuel: Sábado en la tarde.
Jaime: Acepté vivir unos días en la Bodega.
No tenía de otra.
Samuel: Estaba a punto de salir una boda.
La boda de uno de mis mejores amigos.
En ese momento me habló Jaime.
Jaime: Becket, no me cuelgues por favor.
Samuel: ¡Qué no me digas Becket!
¿Qué quieres?
Jaime: Quiero que reconsideres bien las cosas.
Samuel: ¿De qué hablas?
Jaime: Esta no es la vida que yo me merezco.
De verdad ya no puedo más.
Ayúdame por favor.
Samuel: ¿Qué te pasó?
Jaime: Compré un colchón y me lo llevé a la bodega para dormir ahí.
A media noche sentí como mi gatito se despertó y se fue.
Más tarde se regresó y se recostó nuevamente junto a mí
Acaricié su fino pelaje y lo abracé como nunca.
Samuel: Es normal.
La soledad nos hace abrazar a los animales.
Jaime: Pero a las ratas no.
Becket.
Desperté y levanté las cobijas, no era mi gatito.
Tenía a una mendiga ratota, dormida entre mis piernas.
Grité yo y gritó la rata.
¡Ya no puedo más con esta vida!
Samuel: ¿Qué quieres que haga?
Jaime: Reconsidera lo de mandar a tu mamá al asilo.
Así podremos ser felices los tres.
Samuel: ¿Crees que mi mamá va a estar feliz en ese lugar?
Jaime: No.
Cuando hablaba de los tres me refería a ti, a mí, y a mi gatito.
No importa si me das el cuarto de tu madre.
8
Soy fuerte y podré soportar ese olor a orines de diabético.
Pero llévame a tu casa.
Adóptame.
Samuel: Ahorita tengo un compromiso.
Te hablo más tarde.
Adiós.
5
Federico: Duré casi toda la mañana mirándolo.
No es feo.
De seguro allá afuera es gente bien.
Me da pena hablarle, va a pensar que lo estoy siguiendo.
Bueno, si lo estoy siguiendo.
Pues me animé y fui a hablarle.
Me paré enfrente de él y no supe que decirle.
Enrique: ¿Qué quieres?
Federico: Yo nada.
Enrique: Entonces vete de aquí.
Federico: Llevas varios días con el mismo uniforme.
Enrique: ¿Se le puede llamar uniforme a esta chingadera?
Federico: Si quieres yo puedo tenerte ropa limpia todos los días.
Enrique: ¿No me digas que tú lavas?
Federico: No, no te confundas.
Soy la señora de la casa.
Las criadas son esas, les dicen “las lechuzas”.
Te lavan lo que sea por una cajetilla de cigarros.
Enrique: Si no estoy tan sucio.
Federico: Dicen que ya va a regresar el comandante Aguirre.
Ese si nos hace bañarnos todos los días a las seis de la mañana con agua
helada.
Y si te ven con la ropa sucia te mandan a la celda de castigo.
Enrique: ¿Es muy cabrón?
Federico: Mucho, dicen que a la gente que huele sucio la manda matar.
Les aplica la ley fuga.
Por qué crees que aquí todos andan bien bañaditos.
9
¿Quieres que te lave tu ropita?
Enrique: ¿Y a cambio de qué?
Federico: De nada.
¿Qué vas a hacer el domingo?
Enrique: Iré a misa temprano.
Después almorzaré menudo.
Iré de compras al centro comercial.
Y después al cine ¿cómo ves?
Federico: No hay como estar en casa.
Yo saldré a dar a vuelta al patio.
Enrique: Te vas a cansar de dar tanta vuelta.
Federico: Si gustas puedo hacerte compañía.
No sé, pasar todo el domingo juntos…
Enrique: ¿Me estás seduciendo?
Federico: No… digo…
Ay, ya lo echaste a perder… pinches hombres…
Eres un hijo de la chingada.
Poco romántico, igual que todos.
A ver quién te lava tu ropa.
Ojalá que regrese pronto Aguirre y te metan tres tiros por el culo.
Enrique: Es que a mí no me gustan los…
Federico: ¿Los qué?
Enrique: Los…
Federico: ¿Sí?
Enrique: Quiero decir que no me gustan los hombres.
Federico: ¿En serio?
No te preocupes.
Aquí en la cárcel se aprende de todo.
Voy a arreglarme un poco para bajar a cenar.
6
Samuel: Estoy en un restaurante muy fino comiendo con mis amigos del trabajo.
Ellos me felicitan y aluden por los excelentes resultados durante mi gestión.
Me dicen que soy un ejemplar promotor cultural.
En eso llega Jaime llorando.
10
Tengo que cortar la charla con mis amigos funcionarios para escuchar sus
problemas.
Jaime: Becket…
Samuel: Jaime por favor no.
No lo hagas, no aquí...
Jaime: ¡Amigo, se lo comieron!
¡Se lo echaron!
Samuel: ¿A quién se comieron?
Jaime: Las ratas, se chingaron a mi gatito.
¡Ay pobrecito!
Samuel: No sabes cuánto lo siento…
Jaime: ¡Sácame de ahí por favor!
Samuel: No puedo hacer más.
Jaime: Yo siempre he estado ahí para ti.
Samuel: ¿Cuándo, dime cuándo?
Solo me hablas para pedirme favores.
Jaime: ¿Me lo vas a echar en cara?
Los amigos dan sin esperar nada a cambio.
Samuel: Ese es el problema contigo.
Tú nunca has dado nada.
Pareciera que todos tenemos la obligación de ayudarte.
Jaime: Y la vez que yo te ayudé cuando pasó lo de…
Samuel: Cállate no me lo recuerdes…
Jaime: Claro solo recuerdas lo que te conviene…
Samuel: No debiste ayudarme…
Jaime: Si no fuera por mí, ahorita no estarías aquí.
Samuel: Y me lo recuerdas cada que puedes.
Debiste dejarme ahí.
Si hubiera sabido que eso me atraía a ti para siempre…
Jaime: Es que nadie me quiere, nadie me comprende.
Samuel: Deja de compadecerte de ti mismo.
El mundo no tiene la culpa de que tu vida esté echa una mierda.
Jaime: Hago teatro.
El mundo no puede entender eso.
11
Samuel: Dime cuándo fue la última vez que montaste una obra.
Hace casi dos años.
¿Y así pretendes salvar al mundo?
Dime cuándo te paraste frente a Ana y le dijiste que la amabas.
Preferiste huir, irte de esa casa.
Para que todos se compadecieran de ti.
Ahí va el pobre Jaime, sin trabajo, despreciado y sin amor.
Por Dios, Ana no tiene la culpa de nada.
Jamás le dijiste que la querías.
Jaime: Tú no me entiendes.
Samuel: Y la realidad es que Ana, tampoco te quiso.
Deja de hacerte pendejo.
Jaime: Me quedé sin motivos.
Samuel: Jaime, no existen las razones.
Jaime: Creo que necesito vacaciones.
Préstame dinero.
Unos días en la playa me harán ver las cosas de manera distinta.
Samuel: ¿Y de cuando acá las grandes carreras y las trayectorias se forjaron a base
de descansos y vacaciones?
Jaime: Me estás ofendiendo Samuel.
Pero no soy rencoroso, te perdono y olvido este mal momento.
Mira quiero irme del país.
He pensado en Canadá.
¿Qué te parece?
Samuel: ¿A Canadá, te piensas ir a Canadá?
Jaime: Es un país con buen teatro y sin problemas.
Su gente vive muy bien.
Samuel: ¿Y cómo piensas llegar hasta allá?
Con trabajos hablas español.
Jaime: Ya lo tengo resuelto.
Les voy a decir que soy joto.
A los Canadienses les gusta recibir putos en su país.
Si digo que me gusta comérmela doblada, seguro que me dan la
nacionalidad.
12
7
Samuel: Viernes por la noche.
Llego a casa después de dos largas semanas de trabajo.
¿Tres lugares en la mesa?
Jaime: Hola.
Sami, lávate las manos.
Samuel: Dijo mi madre.
Jaime: Tu amiguito se va a quedar…
Samuel: ¿A cenar?
Jaime: A vivir. ¿No te parece maravilloso?
Samuel: Pero mamá…
Jaime: Me quedaré un tiempo con ustedes.
Ya le conté a tu mamá sobre mis serios problemas de salud.
Samuel: Hijo de la chingada.
8
Federico: Poco a poco me fui ganando el cariño de Enrique.
Enrique: Nos hicimos muy buenos amigos.
Leo: La verdad es que estos dos comenzaron a dormir juntos.
Oscar: Nosotros nos quedamos callados.
No dijimos nada para no alborotar el gallinero.
Yo aprovechaba mis noches para seguir escribiendo mi libro.
Leo: ¿Y sobre que es tu libro?
Oscar: Sobre esto y sobre aquello...
Leo: ¿Me lees un poco?
Oscar: No.
Leo: Te parto tu madre si no me lees algo.
Oscar: Está bien. Comienzo a leer un fragmento del libro.
“La leona” me ve atento, escucha y entiende cada cosa que yo digo, lo está
sintiendo.
Leo: ¿Y tú para que me lees eso?
Oscar: Tú me lo pediste.
Leo: Pero yo soy muy frágil.
¿Tengo cara de ser frágil?
Oscar: No lo sé.
13
Leo: Pues lo soy.
Que no te confundan el bigote, el coco rapado y los tatuajes de la santa
muerte.
Soy como un cristal.
Frágil y transparente.
Quiero que sigas leyendo.
Oscar: Ahora no puedo.
Leo: Lees, o te parto la madre.
Oscar: ¿Y no crees que sería mejor que lo leyeras tú?
Leo: No sé leer.
Oscar: Que cagado, te llamas Leo y no sabes leer.
Leo: No me llamo Leo pendejo me dicen la Leona.
Oscar: ¿Cómo te llamas?
Leo: ¿Qué te importa?
Oscar: En mi chingada vida te vuelvo a leer algo cabrón.
Leo: Y así fue.
Durante semanas y meses Oscar me leía.
Sus novelas, sus cuentos y muchas historias.
Me enseñó a leer y a escribir.
Oscar: Aquel hombre de las cavernas se había convertido en un amante de la
lectura.
Y el muy cabrón ya se sentía con la calidad moral suficiente para criticar
mis textos y aventármelos en la cara cuando algo no le gustaba.
Leo: ¡A la verga tu pinche historia!
Es mala, reconócelo.
El argumento es demasiado primitivo.
Oscar: Aquella bestia analfabeta, había pasado a convertirse en un monstruo.
En el peor de todos:
¡He creado un crítico!
¡Que Dios me ampare!
9
Samuel: Fui invitado a un bautizo el domingo.
Al bautizo del niño de unos amigos empresarios.
No fui, preferí salir a caminar con Jaime.
14
El pobre está tan solo.
Jaime: Invítame un chicharrón con cueritos, o una sopa de vaso.
Samuel: Después de haberse peleado con la señora de los esquites.
Jaime: La señora de los elotes se molestó conmigo porque le pedí un esquite con
chile del que no pica.
Samuel: El problema fue, que le pediste uno tamaño “venti”.
Y la señora solo tenía vaso térmico de unicel del número 8.
Jaime: ¿Y cómo no me iba a enojar?
No le puso mi nombre al vaso.
Samuel: Después de correr varias cuadras.
Perseguidos por unos emos nietos de las la señora de los esquites y los
patinetos del parque.
Por fin pude hablar con Jaime.
¿Qué crees amigo? te tengo una sorpresa.
Jaime: ¿Nos cambiaremos a un depa más grande?
Samuel: No, idiota, no.
Está abierta una convocatoria para artistas.
Para atender a públicos específicos.
Jaime: Uy, qué emoción.
¡Qué gran noticia!
No sabes cuánto gusto me da…
Samuel: No seas imbécil.
Ármate un proyecto.
Hay un reclusorio en San Miguel del Valle.
Jaime: ¿Y qué chingados voy a hacer allá?
Samuel: Vas a dar un taller de teatro a los presos.
Puedes cobrar una buena feria por eso.
Ahorita están de moda esas chingaderas del teatro penitenciario.
Jaime: ¿Son peligrosos?
Samuel: No lo sé.
Solo sé que son reos que nadie visita.
Pagan bien.
Es solo por seis meses.
15
Con lo que ganes te compras tus boletos de avión para ir a Canadá. Y
todos felices.
Sobre todo mi madre y yo.
Jaime: No, estoy seguro.
Samuel: Es tu oportunidad de ayudar a los presos y recibir pago por ello.
Y te buscas una casita donde vivir.
Jaime: ¿A mí qué chingados me importan los reos?
Para ser sinceros me da un poco de miedo ese lugar.
Pero a lo mejor te tomo la palabra.
En este momento de mi vida es mi única oportunidad para poder irme de
aquí.
Samuel: Necesito que entregues tu proyecto el lunes.
Jaime: Ya no quiero estar aquí.
Me duele ver a Ana caminando por las calles.
Tomada de la mano de su grasiento novio.
Samuel: Quiero todo bien justificado por favor.
Si te rechazan la propuesta no voy a poder hacer nada más por ti.
Jaime: Si me rechazan el proyecto, haces algo para que me lo den.
Acuérdate que me debes un favor muy grande.
Samuel: El favor de mi vida.
Jaime: Eso que sucedió en los 90’s.
Samuel: Y que juramos no volver a mencionar.
Jaime: Cuando viva en Canadá…
Les diré a los Canadienses que vengan a este país.
A investigar una bestia mutante que vive con la mujer que me gusta.
Para que lo disequen y hagan estudios con su grasa corporal.
Samuel: ¿Escuchaste lo que te dije?
Jaime: Si.
Es posible que ocupen varios camiones de carga para llevárselo por partes.
10
Jaime: Pues sí, mi proyecto es aprobado.
Me quedo con el taller de teatro de la cárcel.
Entro al reclusorio me revisan absolutamente todo.
Un guardia me conduce hasta el salón donde voy a dar clases.
16
Solo son seis meses Jaime.
En seis meses podrás irte de aquí
Algún día regresarás con una canadiense.
Y le pasarás por enfrente a Ana.
Jaime: Buenos días.
¿Dónde están los demás?
Federico: ¿Quiénes?
Jaime: Los demás compañeros del taller.
Oscar: Sólo somos nosotros.
Jaime: ¿Sólo dos?
Oscar: ¿Acaso te imaginabas una fila de gente eufórica ansiosa de tomar clases
de teatro?
Jaime: Bueno, pues vamos a comenzar por presentarnos.
Vamos a hacer un círculo en el piso…
Déjenlo así.
Yo soy Jaime y a partir de hoy seré su profesor de teatro.
Oscar: Yo Soy Oscar.
Jaime: ¿Por qué te interesó el taller?
Oscar: Pues nada más así.
Jaime: ¿Y tú?
Federico: Yo nada más vine a ver si estaba guapo el maestro.
Jaime: ¿Perdón?
Federico: No, no es cierto.
La verdad es que vine porque me gustaría estar una obra.
Me gusta mucho eso de los vestuarios y el maquillaje.
Jaime: ¿Cómo te llamas?
Federico: Fede, Federico.
Jaime: ¿Te puedo llamar Lorca?
Federico: ¿Y eso?
Jaime: Pues así se llamaba un gran poeta y dramaturgo español.
Federico García Lorca.
Federico: ¿Y qué pasó con él?
Oscar: Lo mataron por Joto.
11
17
Jaime: Cómo ya tenía trabajo me salí de la casa de Becket.
Renté una casita cerca de San Miguel del Valle.
Es una casita pequeña, pero muy acogedora.
Las paredes son de adobe y las tejas son rojas, de barro.
La cama es suavecita.
Yo sé que tanto Becket como su mamá me van a extrañar.
Enrique: Es desesperante estar aquí.
Y peor aún con ese joto acosándome todo el tiempo.
Federico: Mira Enrique te traje unos cigarros.
Enrique: Gracias, no fumo.
Jaime: Es fácil encariñarse conmigo.
La señora no quiso abrazarme cuando me fui de la casa.
Debió ser muy difícil para ella despedirse de mí.
Federico: Mira Enrique, conseguí un poco de coca. ¿Quieres?
Enrique: No gracias.
Jaime: Becket me reclamó muchas cosas.
Samuel: Cuando viviste con nosotros nunca recogiste tu plato de la mesa.
Ni tendías la cama.
Ni tampoco lavaste tu ropa.
Mamá lo hacia todo.
Jaime: Era una forma de que tu mamá se sintiera útil.
A esa edad las personas se deprimen porque no tienen nada que hacer.
Bueno pues yo le daba motivación.
Seguro que la señora me extraña.
Federico: Hola Enrique.
Conseguí unas tachas.
¿Quieres una?
Enrique: No gracias.
Sabes que no me gustan las drogas.
Federico: ¿En serio, nunca te vas a fijar en mí?
¿Tan mal estoy?
Enrique: Entiende Federico, no me gustan los hombres.
Jaime: Yo creo que después de todo Ana si me quería.
Acabo de cobrar el primer cheque.
18
Me dirijo a casa de Ana, le voy a dar la sorpresa.
La invitaré el fin de semana a la playa.
Qué tal que la inmensidad del mar, la puesta de sol, y el ir y venir de la
olas, hacen que se dé cuenta de que yo soy todo lo que ella necesita.
Federico: ¿Por qué no me valoras?
Tengo la casa limpia.
Todos los días me esfuerzo por tener detalles contigo.
¿Eso no vale?
Enrique: Ésta no es una casa, es una cárcel.
Que además apesta a miados por todas partes.
Federico: Es que yo solo no puedo con todo el quehacer.
Es un lugar muy grande.
Enrique: Y no sé a qué detalles te refieres.
Federico: ¿Te parece poca cosa, que me juegue la vida todos los días para
conseguirte un cigarro o un poco de droga?
Enrique: Yo nunca te la he pedido.
Federico: Dime que cosa puede ser más romántica que compartir una tacha o una
grapa con la persona que te gusta.
Jaime: Llamé a Ana por teléfono y me dijo que estaba en la playa con su novio.
La vaca marina se me había adelantado.
Sus doscientos kilos de grasa ahora estaban descansado y tomando
cocteles bajo una palapa en “Playa hermosa”.
Federico: ¿Y entonces por qué te metiste a mi cuarto la otra noche?
Enrique: Me metí a tu cuarto esa y todas las otras noches, porque compartimos la
misma celda.
Hay una ficha donde dice que aquí me toca dormir.
Federico: Ya caerás Enriquito.
Dicen que en casa del jabonero el que no cae resbala,
Y tú, ya te echaste encima la botella del champú.
Jaime: Llamé a Becket para salir y me dijo que no podía.
Estaba viendo una película con su mamá.
Era uno de esos fines de semana donde todo mundo tiene planes con
alguien.
Menos yo.
19
12
Federico: Lunes, nuevamente la clase de teatro.
El maestro sabe muchas cosas.
Y a mí me emociona mucho escuchar todas esas historias que nos cuenta.
Jaime: Y así finalmente Edipo descubre que mató a su padre y que se metió con
su madre por eso decide sacarse los ojos.
Oscar: Y es ahí donde surge la tragedia.
Cuando hay un dolor tan grande en el alma, que no se puede hablar. Y
entonces sale un grito, un alarido de sufrimiento…
Jaime: ¿Ya terminaste o puedo seguir con mi clase?
Oscar: Perdón…
Jaime: La próxima vez que me interrumpas te voy a pedir que salgas del salón.
Oscar: Si me saca se le va ir al mitad del grupo.
Con eso de que nada más somos dos.
Jaime: ¿Quién és él?
Oscar: Es la Leona.
Jaime: Hey tú, el que se está asomando ¿Qué quieres?
Leo: Nada.
Jaime: Entonces deja de andarte asomando porque distraes a los demás.
Leo: ¿Qué traes maestrito?
¿Algún pedo?
Yo puedo andar por donde se me pegue la gana.
Federico: ¿Maestro puedo hablar?
Conste que estoy pidiendo la palabra.
Jaime: ¿Qué quieres?
Federico: Se me olvidó decirle que la leona es uno de los convictos más violentos de
este penal.
Y que lo encerraron por matar a un hombre.
Jaime: Tranquilo.
Si no es para tanto.
Yo solo te preguntaba que qué haces aquí.
Para saber si te interesa entrar a la clase.
Oscar: “La leona” tenía al maestro tomado por el cuello.
Por suerte llegaron unos guardias y se lo quitaron de encima.
20
Jaime: Por hoy es todo nos vemos en la próxima clase.
De tarea les voy a dejar que traigan…
No, no les voy a encargar nada.
Se me olvidaba que no pueden salir.
Ay, ríanse, era un chiste.
Qué amargados son.
13
Leo: Me integré al grupo de teatro.
Por alguna razón que no comprendo esa cosa llamada teatro me llamaba la
atención.
Federico: ¿Ya pensaste que quieres cenar hoy?
Enrique: ¿Qué quieres?
Federico: Pedí que te hicieran avena cocida en agua y tacos de frijol.
¿Qué te parece?
Enrique: ¡Cuánta exquisitez!
¿Y qué estamos celebrando?
Federico: Si gustas puedo ordenar algo más. Aún hay tiempo.
Enrique: Tengo cosas que hacer.
Federico: Me dijeron que desde que te viniste a vivir con nosotros te llegan regalos
cada semana.
Si no son flores son chocolates.
¿Quién te los manda?
Enrique: ¿Qué te importa?
Federico: ¿Hay otra? Dime quien es.
Enrique: Si, es una jota muy poderosa.
Es narca y tiene mucho dinero.
¿Contento?
Federico: ¿Por qué me haces esto Enrique?
Yo te quiero bien.
Enrique: Pues yo no.
Y que sea la última vez que te metes a mi cama por las noches.
La próxima vez voy a gritar.
Ya déjame en paz.
Dime qué es lo que quieres.
21
Federico: Te quiero a ti.
Enrique: Y pasaron las semanas.
Y Federico no quitó el dedo del renglón.
Comenzó a mandarme regalitos.
Flores hechas con papel de baño.
Jabones de los que hacían en el taller.
Unos dibujos de muñecos cabezones abrazándose, bañados en resina y
con letras cholas.
Su colección completa de la revista Alarma.
Cartas con un sentimentalismo de los más repulsivo.
No sé, tal vez fue la soledad.
Federico: Tal vez fueron los detalles.
Enrique: Tal vez, el hecho de que me familia me había abandonado.
Federico: Tal vez fue la navidad.
Enrique: O el año nuevo.
Federico: Pero al final, logré conquistarlo.
Me encantaba salir al patio, y que todos me vieran con él.
Me sentí como un chiquillo, como dos colegiales.
Enrique: Dentro de su mundo de fantasía, el patio del penal ahora se había
convertido en el patio de una secundaria.
Federico: Me la pasaba dibujando corazones con nuestros iniciales atravesadas por
una flecha.
Enrique: Los baños rayados con mensajes de amor para mi.
Henrique te amo.
Y un pene dibujado a un lado.
Federico: Henrique te extraño.
Enrique: Henrique esto, Henrique aquello.
Federico: ¿Qué no te gustan todas esas cosas?
Enrique: Todo sería más bonito si supieras escribir.
Enrique no lleva “H”.
Federico: Me sentí ofendido.
Dejé de hablarle como… como dos horas.
Pero ya luego se me pasó.
Enrique: Terminé diciéndole que sí.
22
Pero hicimos un trato.
Federico: Me dijo que mientras estuviera en la cárcel seriamos novios, amantes y
todo lo demás.
Enrique: Pero le advertí.
Que si un día alguno de los dos salía de la prisión, ahí se iba a terminar
todo.
Y que allá afuera nadie se iba a acordar de lo que sucediera adentro.
Federico: Ese fue el trato.
Pero yo me iba a encargar de que ninguno de los dos saliera nunca de la
cárcel.
Tenía que buscar la manera de que mi Enrique matara a alguien.
Para que le echaran mínimo otros 40 años.
¿Para qué necesitamos al mundo?
Tenemos este paraíso para nosotros solos.
Enrique: ¿A dónde vas?
Federico: A arreglarme un poco.
Enseguida voy al comedor a revisar que esté servida la mesa para bajar a
cenar.
Quiero que todos se den cuenta de mi felicidad.
14
Enrique: Había un hombre.
Un negrote musculoso y rudo que me hacía ojitos cada que me veía.
Cuando se enteraron de que yo era novio de Federico comenzaron a
acosarme.
A mí me daba mucho miedo nada más de pensar en las cosas que podría a
hacerme ese hombresote.
Y cuando Federico se iba a su clase de artes era peor.
Así que tuve que inventar que me gustaba mucho esa chingadera del
teatro.
Y me metí a la clase con él, para no estar solo esas horas.
Jaime: Me da gusto que se hayan integrado más personas.
Yo creo que este es un buen número para montar una obra.
Federico: ¿Y cuándo va a repartir los personajes?
Yo puedo ser la protagonista.
23
Oscar: No seas idiota.
Todavía no tenemos obra y ya comenzaste con tus joterías.
Jaime: ¿Oscar, te llamas verdad?
Oscar: Si.
Jaime: ¿Te puedo decir Liera?
Oscar: No creo que me vaya bien ese apodo.
Jaime: ¿A chingao, a poco si sabes quién es Oscar Liera?
Oscar: Un dramaturgo de Sinaloa.
Escribió varias obras importantes en el teatro Mexicano.
El jinete de la divina providencia.
Camino rojo a Sabaiba.
Los negros pájaros del adiós.
Las dulces compañías.
Entre otras…
Jaime: Pues si quieres te dejo el taller y tú haces cargo.
Con eso de que lo sabes todo.
Oscar: Usted me preguntó y yo contesté.
Jaime: Pues cuando yo pregunte di que no sabes.
Me restas autoridad.
A ver, como hay gente nueva necesito que se presenten.
Oscar: Pero ya todos nos conocemos.
Jaime: Me vale madre.
Quiero que se presenten.
Enrique: Esas dinámicas las hacíamos en la fraccionadora donde yo trabajaba.
Y decíamos nuestros nombres, nuestro signo y de dónde venimos. Pero
aquí todos vamos a decir que venimos de la misma cárcel.
Jaime: Pues digan de que pabellón y que celda vienen, y porqué están aquí.
Oscar: Pero todos somos de la misma celda.
Jaime: Va una Liera, va una.
A la tercera te vas.
Ya que estás hablando comienza tú.
Oscar: Me llamo Oscar.
Soy de pabellón C, celda 4.
Y estoy aquí porque maté a un anciano.
24
Soy Libra.
Leo: Me llamo… me dicen “la Leona”.
Y desde que encontré a Jesús mi vida a ha cambiado.
Jaime: ¿Jesús es tu pareja, también eres…?
Leo: No, nuestro señor Jesucristo.
Y estoy aquí porque maté a un bato.
Pabellón C, celda 4.
Jaime: ¿Quién sigue?
Enrique: Me llamo Enrique.
Estoy aquí acusado de un fraude que no cometí.
Soy Aries.
Pabellon C, celda 4.
Federico: ¿En serio?
Yo soy Géminis, somos signos compatibles.
¿Cuál es tu ascendente?
Jaime: Federico. Ya tendrás tu turno para hablar.
Enrique. ¿Te puedo decir Henrik?
Oscar: Por Herik Ibsen.
Leo: ¿Y ese Jenrris quién es?
Oscar: Un dramaturgo Noruego
Escribió grandes obras como Hedda Gabler y Casa de muñecas.
Jaime: Van dos Liera, van dos.
Federico: Pues yo soy Federico.
Pero el maestro de teatro me dice “la Lorca”.
Y me gusta mucho Jenrris.
Jaime: Es Henrik.
Con “H” al principio y “K” al final.
Federico: Ves y tu regañándome.
Si se escribe con “H”.
Oscar: Bueno, el nombre Henrik tiene una raíz de origen Germano.
Pero Enrique no lleva “H”.
Jaime: ¿Ya terminó la clase de etimología?
¿Podemos continuar con la clase de teatro?
¿Por qué estás aquí Lorca?
25
Federico: Vendía drogas en las esquinas con mis amigas las travestis. Pabellon C,
celda 4.
Pero háblenos de usted, le toca presentarse.
Jaime: Bueno, yo me llamo Jaime.
Soy capricornio.
Estoy aquí porque me interesa mucho el teatro penitenciario.
Me enamoré de mi roomie y tuve que salirme de la casa donde vivía.
Leo: ¿Qué es un rumi?
Oscar: Un roomie es un término afectivo.
Utilizado para referirse a una persona que comparte contigo, piso,
departamento o incluso cuarto.
Jaime: Es la última que te paso, Liera.
Deja de interrumpirme.
Me haces quedar como un pendejo.
Leo: ¡A huevo!
¡Como nosotros!
Nosotros compartimos celda, que es casi lo mismo que un cuarto.
¡O sea que somos rumis!
Jaime: Pues por decirlo de alguna manera sí.
Consejo número uno.
Nunca se enamoren de un roomie.
Al final uno de los dos tendrá que irse de la casa.
15
Jaime: Lo primero que me ocurrió fue montar algunas escenas de La casa de
Bernarda Alba.
Leo: Yo no me voy a vestir de vieja.
Enrique: Ni yo tampoco.
Federico: Pues a mí me encanta la idea.
Jaime: No sé si ustedes sepan que antes las mujeres tenían prohibido subirse al
escenario y los hombres tenían que hacer los papeles tanto masculinos
como femeninos.
Leo: ¿Y por qué no puedo ser Pepe el Romano?
Federico: O alguno de los hombres que van al velorio.
Oscar: Pendejos.
26
Ni Pepe el Romano, ni los hombres del duelo salen en escena.
Enrique: A mí no me está gustando esto.
Se van a burlar de nosotros si nos ven con vestido, reboso y abanico.
Jaime: Pues ya está decidido.
Leo tú vas a ser Bernarda.
Tienes presencia y la actitud.
Liera tú serás Poncia.
Federico: ¿Puedo ser Paca la Roseta?
Enrique: ¿Y esa a qué horas sale?
Federico: Es la mujer que secuestran los hombres y que baja del monte con los
pechos al aire y una corona de flores en la cabeza.
Jaime: Pero eso no se ve en escena, solo lo narran.
Federico: ¿Y no podemos hacer una excepción?
Jaime: ¡No! Tú vas a ser Martirio.
Oscar: La más hipócrita de todas.
Jaime: ¿Qué harías si tuvieras una madre como Bernarda?
Federico: La tuve, por eso me salí de la casa.
Pinche vieja cabrona, hija de la chingada.
Ojalá tenga reventados los riñones.
Y esté miando por una manguera de plástico.
Jaime: Y total que no llegamos a ningún acuerdo con esa obra.
16
Federico: Desde niño se me comenzó a notar lo joto.
Mi papá no decía nada, estaba tan borracho que no se daba cuenta de lo
que sucedía en la casa.
Mi mamá podía coger con otro cabrón enfrente de él.
Con tal de que le invitaran una caguama no decía nada.
Mi mamá un día habló conmigo.
Me dijo que no quería un joto en la casa.
Que le daba vergüenza que terminara de peluquero, o de puta.
No sé porque la gente piensa que es lo único a lo que un joto puede
dedicarse.
Hay otras opciones como vender tachas.
Mi mamá siempre me ponía a hacerles de comer.
27
Porque ella estaba muy ocupada.
Tatuándose la ceja, pintándose el pelo de güero, de rojo.
Y teniendo hijos de cuanto hombre pasara cerca de la casa.
El día que me agarraron solo tenía que entregar un kilo de coca.
Un kilo de coca no es cualquier cosa.
Me puse muy nervioso.
Yo sabía que con lo que me pagaran me iba a alcanzar para poner mi
cocina económica.
Pero fui un pendejo.
Le entregué el paquete a la persona equivocada.
Pensaron que yo me había quedado con la droga.
Ellos mismos dieron el pitazo, y me cayó la juda.
Y pues ya estoy aquí.
Soñando con algún día salir y hacer de comer para los demás.
Y es que yo siempre he creído que cocinar para otro es un acto de amor.
Aunque en mi casa, nadie se dio cuenta nunca de eso.
Solo fui el joto que les hacía el quehacer.
17
Oscar: El maestro nos dijo que íbamos a montar Romeo y Julieta.
Federico: Pues la verdad no se me antojaba para nada ser Julieta.
Pinche ridícula, y además pendeja.
Jaime: En esta escena Leo, tu eres Teobaldo.
Defiendes el honor de tu amigo Romeo y terminas matando a Mercutio.
Enrique tú vas a ser Mercutio.
Leo: ¿Cómo si fueran dos barrios, que se parten la madre?
Jaime: Exacto.
Imagínate que estás tú bien tranquilo pisteando con tus compas.
Se encuentran con otro barrio y les cantan un tiro.
¿Qué haces?
Leo: Pues nos agarramos a madrazos hasta que uno de los dos bandos caiga.
Jaime: Pues eso es lo que pasa
Teobaldo hiere a Mercutio, y culpan a Romeo.
El problema entre las familias Montesco y Capuleto se vuelve más grande.
Leo: Guarden silencio por favor.
28
Necesito concentrarme para entrar en personaje.
Jaime: Ya, pasen la escena.
Oscar: Las cosas subieron de tono.
Leo, entró tanto en su personaje que comenzó a golpear a Enrique.
Casi lo mata lo dejó insconsciente.
Jaime: ¡No le pegues!
¡Es teatro!
¡Es ficción!
¡Los golpes son simulados!
Leo: Es que eso calienta.
Nadie se mete con el barrio.
Federico: Eres un bruto.
Enrique: Si el teatro se trata de darse madrazos, yo no quiero estar.
Federico: Y si mi marido se va, yo también me voy de la obra.
Oscar: Y bueno, finalmente no montamos Romeo y Julieta.
El tiempo pasaba y no teníamos ni una sola escena bien hecha.
18
Leo: Los de la sur trece fueron a buscarnos.
Se metieron a nuestro territorio y pues nos dimos en la madre.
Le estrellé la cabeza a un bato con un tabique.
Es que tanto los de la 23 como los de la sur 13 éramos paracaidistas.
Pero ahora iban a hacer una colonia nueva desde nuestros terrenos hasta
San Miguel del valle.
El morro al que maté venía junto con los demás a pedir que hiciéramos algo
juntos para que no nos echaran.
Pero es que yo no sé medirme.
No sé qué pasa que de pronto comienzo a encabronarme y ya no puedo
parar.
Crecimos solos, como animales.
Porque los papás también trabajaban como animales.
Para traerle de comer sus animalitos y agarrárselos a chingadazos por
cualquier motivo.
Yo quiero un chingo a estos batos, a mis rumis.
Porque cuando apagan las luces del pabellón cada noche.
29
Por lo menos ellos me dicen “buenas noches, que descanses”.
Y eso se siente bien bonito.
19
Jaime: La casita que renté tiene una vista perfecta.
Me encanta ver desde aquí como se mete el sol.
O cómo nace el día.
Me tomo mi café, o un té calientito.
Por aquí pasa el señor de los bolillos todos los días.
Acompaño mi café con un bolillito hecho en horno de leña.
Entonces descubres que estar solo no es tan malo.
Hace mucho que no pensaba en mí, por estar pensando en Ana.
20
Oscar: Jaime dijo algo que no debió.
Eso desató grandes calamidades.
Jaime: Eso, y tu pinche necesidad de querer ser la enciclopedia del grupo.
No les hubieras dicho nada.
Oscar: Ese día les dije que tenía que irme temprano.
Era la noche de las Oriónidas.
Enrique: ¿Qué es eso?
Oscar: Es la mayor lluvia de meteoros que ocurre durante el año.
Federico: ¿Se va a acabar el mundo?
Leo: Se los dije, el fin de los tiempos está cerca.
Oscar: ¡No mamen!
¡Escuchen!
Esta lluvia de meteoros ocurre cada año por estas fechas.
Leo: ¿Y por qué se llaman orinadas?
Oscar: Oriónidas.
Porque baja en dirección de la constelación de Orión.
Y San Miguel del Valle es un muy buen sitio para verlo.
Es un espectáculo increíble.
Jaime: Y como no quiero perdérmelo ya me voy.
Voy a pasar por unas papas y una cervecita para disfrutar de esta noche
mágica.
Oscar: No digas eso enfrente de nosotros.
30
Jaime: ¿Por qué?
Federico: Porque a las ocho ya estamos encerrados en la celda, y desde ahí no se ve
el cielo.
Leo: Hace mucho tiempo que no sabemos lo que es ver el cielo de noche.
Jaime: Ay perdón.
No fue mi intención recordarles que no pueden salir a la azotea.
¿Ni tampoco pueden ir por unas papas y una cerveza verdad?
Y si les da hambre no pueden salir a buscar tacos a media noche.
Qué cruel soy muchachos perdónenme.
Qué bueno que no les conté lo rico que es despertarse tarde y bañarse con
agua calientita todos los días.
Federico: Por lo menos nosotros somos cuatro cabrones y estamos juntos.
Ándele váyase a su casa a ver sus estrellas usted solo.
A comerse sus pinches papas y su pinche cerveza usted solo.
Jaime: Eso dolió.
¡Váyanse todos a la verga!
Y váyanse consiguiendo un maestro de teatro.
Guardé mis cosas, recogí mi dignidad y me salí del penal.
21
Jaime: Se tomaron muy en serio eso de que se fueran mucho a la verga.
Nadie llegó a la siguiente clase.
Becket me habló por teléfono.
Los cuatro roomies estaban en la celda de castigo.
Habían intentado fugarse del penal.
Enrique: Nosotros nunca quisimos escapar.
Oscar: Si hubiéramos querido escapar hubiéramos hecho un túnel de dos
kilómetros, con una moto, rieles y equipo de oxigenación, y alguna cosa por
el estilo.
Leo: Nosotros solo queríamos subir a la azotea a ver las orinadas del cielo.
Oscar: Oriónidas.
Enrique: Aún no comenzaba la lluvia de estrellas cuando nos apuntaron con las
luces.
Oscar: Nos hicieron bajar con las manos en alto.
Leo: Todos los demás presos se dieron cuenta y armaron un desmadre.
31
Federico: Ahora por mala conducta e intento de fuga nos van a cancelar el taller de
teatro.
Jaime: ¿Cómo se les ocurre salirse de su celda en la noche?
Leo: ¿Y a usted como se le ocurre contarnos las cosas bonitas que pasan allá a
fuera?
22
Jaime: Ayúdame por favor.
Con una llamada tuya se resuelve todo.
Samuel: Ya estás casi al final.
Metemos un reporte con lo que pasó y olvídate de todo.
Jaime: ¿Y mis cheques?
Yo tengo que largarme de aquí.
Samuel: Lo siento mucho
Jaime: Escúchame por favor.
Samuel: Mira, mi mamá está enferma. Ahorita no puedo atenderte.
Jaime: Si quieres voy y te ayudo a cuidarla, y platicamos.
Samuel: No, si te vuelves a meter a mi casa va a ser muy difícil sacarte.
Jaime: Becket. Acuérdate que me debes el favor más grande de tu vida.
Samuel: ¿Otra vez con eso?
Jaime: Ese suceso forjó nuestra amistad. No lo olvides…
23
Samuel: La enfermedad de mi madre me puso muy sensible.
Jaime: La enfermedad de su madre y el hecho de que estaba endeudado conmigo
de por vida.
Por algo que sucedió en los 90’s.
Algo que él y yo juramos no volver a mencionar.
Samuel: Hablé con el director del reclusorio y se abrió de nuevo el taller.
Jaime: Comenzamos a hacer lecturas de “El enfermo imaginario de Moliere”.
Enrique: O sea que el señor fingió su muerte para poner a prueba a su mujer.
Federico: Pues qué falta de confianza.
Se supone que se debe confiar ciegamente en la pareja.
Jaime: Leo te toca ser la criada en esta obra.
Leo: Yo solo quiero decir que no estoy de acuerdo.
Yo quiero ser el enfermo o la esposa por lo menos.
32
Jaime: Y eso por qué.
Leo: Soy el que nunca falta.
El que siempre llega primero.
Creo que merezco por lo tanto ser el protagonista.
Federico: Uy, a este ya se le subió.
No te marees Leona.
Te subiste a una corcholata y ya te sientes mucho.
Leo: Pues no creo que nadie de aquí esté listo para un personaje como ese.
Oscar: Nada más porque el maestro le regaló libros ya se siente mucho el cabrón.
Federico: Mira cabrón aquí el maestro es el que reparte los personajes.
Diva se nace.
No se aprende leyendo “pose de gato”
O como se llamen las chingadas revistas que te regalaron.
24
Oscar:
Me ofrecieron la oportunidad de tener una casita nueva.
Una casa nueva era la oportunidad de muchas cosas.
Comenzar de nuevo.
Una casa propia proyecta estabilidad.
Tal vez así podría tener una pareja.
Ni pensar en llevarme al viejo.
Sería como arrastrar con lo mismo.
Yo necesitaba concentrarme en la novela.
Pero no podía hacerlo.
A todas horas llamaba, llévame al baño, ya me cagué.
Me duele aquí, me duele acá, sóbame, voltéame.
Yo sabía que a él le estaba costando vivir.
Le estaba doliendo estar sin su amada.
Ese día lo bañé, le corté las uñas, lo rasuré, le corté el cabello.
Le puse una pijama de franela calientita.
Lo metí en la cama y le apliqué una inyección… de aire.
El velorio transcurrió de lo más normal.
Pero los escritores siempre tenemos la mala costumbre de poner en
nuestros textos las cosas que nos pasan.
33
Y pues ahí fue donde la familia descubrió que yo había matado a mi padre.
Terminé confesándolo todo y pues aquí estoy con todo el tiempo del mundo
para terminar mi novela.
25
Leo: Y nuevamente escogimos obra.
Y otra vez comenzamos los ensayos.
Ahora vamos a montar casa de muñecas de Jenrris Itsen.
Jaime: Liera, tú vas a ser Nora Helmer.
Enrique tú serás Torvald, el esposo de Nora.
Federico: ¿No habrá besos verdad?
Jaime: ¿Y cuál es el problema si los hay?
Federico: Que yo no quiero que mi marido se bese con Oscar.
Leo: Recuerda que no es él, es el personaje.
Federico: Tú cállate.
Leo: A mí no me importaría besar a otra persona.
Todo sea por la obra.
Jaime: ¿Qué opinas de la decisión que toma Nora al final?
Oscar: Pues que si eso hubiera sucedido en México, su marido la demanda por
abandono de hogar.
Y si a eso le sumamos que es banquero y tiene contactos en gobierno,
pues le prohíbe verlos y hasta pensión le piden a la cabrona.
Jaime: ¿Qué hubiera sido si en vez de irme yo de la casa, Ane se hubiera ido?
Oscar: Pues si vivían juntos se puede considerar amasiato.
Federico: ¿Qué es amasiato?
Oscar: Legalmente cuando dos personas que tienen una relación amorosa viven
juntas, aunque no estén casados.
Pero comparten gastos y tienen bienes en común.
Federico: Enrique, tú y yo estamos en amasiato. Si me abandonas te puedo
demandar.
Jaime: ¿Podemos seguir con el ensayo?
Federico: No, yo no quiero que estos dos sean pareja en la obra.
Qué tal que les gusta.
Si yo no soy Nora me salgo de la obra.
26
34
Jaime: Me llamó Becket para informarme que sin consultarme me inscribió al
festival Nacional de teatro penitenciario.
Que representaríamos al estado en ese concurso.
Me lleva la chingada.
Estamos a un mes de ese festival y yo no he montado nada.
¿Por qué no viniste la clase pasada?
No puedes estar faltando cada que te de tu gana.
Leo: Me castigaron.
Jaime: Y yo les dije que si querían estar en el grupo debían comportarse.
Leo: Usted no entiende nada.
Jaime: Dime por qué te castigaron.
Leo: Le partí la madre a un cabrón.
Jaime: Tienes que controlarte.
Eres muy violento.
¿Recuerdas por qué estás aquí?
Por no controlar tus impulsos mataste a un hombre.
Leo: ¡No soy violento!
Jaime: ¿Qué le hiciste?
Leo: Casi nada.
Son unos llorones que no aguantan.
Jaime: ¿Qué le hiciste?
Leo: Le rompí la nariz.
Tres costillas…
… y una pierna.
Jaime: ¿Te parece poco?
Leo: Está en coma.
Pinches exagerados.
Jaime: Pues yo creo que va siendo hora de que te despidas del grupo.
No puedo tenerte en teatro si sigues así.
No quiero verte en la próxima clase.
Lo siento mucho.
Leo: No maestro, no me haga esto.
Estar en teatro, es mi único ratito de paz.
Jaime: Lo siento mucho.
35
Leo: Es el único momento en que puedo dejar de ser yo.
Jaime: Leo, vete por favor.
Leo: Lo hice por usted.
Jaime: ¿Hiciste qué?
Leo: Se estaban burlando de usted y de todos los que estamos en teatro.
Dijeron que éramos unos pendejos.
Y que el teatro no servía para nada.
Jaime: ¿Y por eso lo golpeaste hasta romperle todo lo que pudiste?
Leo: Me dio coraje que se burlaran de usted.
Yo lo quiero mucho maestro.
Usted y los rumis son lo único que tengo.
Son mi barrio y el barrio no se deja abajo.
Jaime: Estaba a punto de llorar por aquellas cosas tan bonitas que Leo me había
dicho.
Sin embargo la nostalgia se convirtió en miedo cuando me dio un abrazo y
me dijo sutilmente al oído:
Leo: Si me saca del grupo le vamos a partir la madre.
Yo tengo gente allá afuera.
Ya sabemos dónde vive.
27
Enrique: Me asocié con un compadre, un amigo de toda la vida.
Hicimos una sociedad y logramos comprar el terreno.
Armamos la fraccionadora y aparentemente todo estaba bien.
La confianza de muchos años me hizo firmar unos papeles.
Cuando se vendieron las primeras 100 casas.
Mi compadre desapareció y el dinero también.
Me culparon del fraude.
Ahora estoy aquí pagando una condena por algo que yo no hice.
Federico: De seguro estaban bien bonitas esas casas.
Aunque dudo que estén más chingonas que este palacio.
Enrique: Necesitamos hablar.
Federico: No Enrique.
No puedo darte hijos, soy de caderas y vientre estrecho.
Enrique: Deja de decir tonterías y hazme caso.
36
Federico: Ya relájate.
Solo bromeaba.
Los hijos vendrán después.
Ahorita hay que disfrutar de nuestra relación.
Enrique: Ayer vino mi abogado a verme.
Federico: ¿Qué te dijo?
Enrique: Es muy posible que yo salga.
Las cosas van muy bien.
Federico: ¿Y vendrás cada semana a la visita conyugal?
¿Me esperarás para cuando yo salga?
Enrique: Tú sabes que yo afuera tengo una familia.
Además hicimos un trato.
Federico: Pues en lo que llevas aquí encerrado, esa familia nunca ha venido a verte.
Enrique: Mi esposa ha venido a verme, pero no te lo había querido decir.
Federico: Mentira.
Enrique: Todos los chocolates que te he regalado me los ha traído ella. Cuando
supo que iban a soltarme me buscó.
Me pidió perdón y regresé con ella.
Federico: Lárgate.
Vete con tu pinche esposa, con tus chiquillas.
Ojalá sean unas adolescentes calientes y se larguen con el primer trailero
que pase.
Que a una la embaracen a los catorce y le practiquen un aborto clandestino
donde se desangre.
Y que la otra te salga lesbiana, más hombre que el camionero que se va a
robar a la otra, de esas que cargan cajas de herramientas y huelen a
mecánico.
28
Jaime: Llegué al salón que un silencio sepulcral invadía el lugar.
Todos estaban callados y con cara de enojo.
Federico: Ya dile.
Jaime: ¿Qué me tiene que decir?
Federico: Dile anda.
Leo: Pues nada, que ya no tenemos al señor Helmer.
37
Federico: Lo van a soltar.
Mañana sale libre el muy cabrón.
29
Jaime: A Federico le valía madre la obra.
Él tenía el corazón roto en mil cachitos.
El hombre que amaba se le iba.
Renuncio, yo ya no puedo con estos cabrones.
Samuel: No puedes renunciar.
Vas a representarnos en el festival.
Jaime: Son un pendejos no entienden nada.
No sé qué obra montar.
Ya liberaron a uno de mis actores.
Me estoy quedando sin elenco.
Samuel: Ese es tu problema.
Debes concluir el proyecto, o regresa el dinero.
Por cierto mandó decir mi mamá que le devuelvas sus batas de Hello kitty.
Jaime: Egoísta, dile que tengo frio.
Samuel: Pues a ver cómo le haces pero queremos ver esa obra terminada.
Jaime: Ya no puedo más.
Ya no quiero estar aquí.
Samuel: ¿Y tu motivación?
¿Tu viaje a Canadá?
Jaime: Las cosas han cambiado.
Ahora todo es diferente.
Samuel: No nos hagamos pendejos Jaime.
A ti nunca te han importado los presos.
Estás aquí por dinero como muchos.
¿Sabes por qué los mandan a esta cárcel?
Porque nadie se acuerda de ellos.
Porque nadie los visita.
Jaime: No nos dimos cuenta en que momento Leo entró al salón y escuchó
nuestra conversación.
¡Leo, espérate!
38
Samuel: Quiero algo bien montado.
Es más.
Quiero que ganes ese festival.
Espero tu reporte el lunes.
Jaime: ¿Qué haces aquí?
Leo: Nada.
Y no intente explicarme nada.
Su amigo fue muy claro.
Yo solo venía a decirle que quería que el nuestro grupo de teatro se
llamara “Los rumis”.
Pero ya para qué.
No me haga caso.
Olvídese de eso.
Jaime: Leona espérate…
30
Jaime: El lunes no entregué el reporte.
La madre de Samuel había muerto.
Por lo menos ya no me va a reclamar sus pijamas.
Samuel estaba devastado.
Sin duda era un duro golpe para él.
La señora se cayó en el baño y se desnucó.
31
Enrique: Me declararon inocente.
Federico: Ya vete.
Enrique: ¿Vas a estar bien?
Federico: He visto morir a mis dos mejores amigos.
¿Crees que no estoy acostumbrado a las despedidas?
Enrique: Sin miedo puedo decir que estos meses a tu lado fueron hermosos.
Pero es momento de regresar a mi realidad.
A vivir con ella.
A dormir con ella y a seguir con la rutina de mi vida.
Federico: ¿Entonces por qué te vas?
Enrique: Porque no me permiten estar más tiempo aquí.
Soy inocente.
39
Federico: ¿Por qué me haces esto?
Enrique estoy en una de las mejores etapas de mi vida.
Enrique: ¿Cómo puedes decir eso?
Estás preso, en la cárcel, reacciona.
Federico: Precisamente por eso.
Nunca en mi puta vida, había tenido la estabilidad que tengo ahora.
No vivo preocupado por qué va a pasar mañana.
Enrique: Ya me voy.
¿Sabes algo?
Federico: ¿Qué?
Enrique: Eres lo mejor que me pasó en la vida.
Federico: ¿Vendrás el domingo a visitarme?
Enrique: Si, aquí estaré.
Federico: Lavé la ropa de muchos presos toda la semana, para conseguir un pedacito
de jabón de olor y un poquito de perfume.
El domingo me levanté muy temprano.
Se llegó la hora de visitas.
Esperé ansioso que vocearan mi nombre.
Mi corazón se aceleraba sabiendo que en cualquier momento Enrique
vendría a verme.
Pero Enrique nunca llegó.
Jamás volví a saber de él.
Se me había olvidado que ésta es una cárcel con presos a los que nadie
visita.
32
Samuel: La muerte de mi madre me pegó muy duro.
Ella era lo único real en mi vida.
La verdad es que siempre como sólo en los restaurantes.
Nadie me invita a bodas los sábados.
Ni a bautizos los domingos.
No tengo cenas con amigos.
Los regalos que me llegan a la oficina cada semana, los relojes, los
perfumes y las flores, yo mismo me los mando.
Voy a las tiendas y doy la dirección de mi trabajo.
40
Para hacerme creer y para hacerles creer a los demás que a alguien le
importo.
Ahora me he quedado completamente solo.
Estar solo sin haberlo pedido es doloroso.
Federico: Leo nos reunió y habló con nosotros.
Nos sentíamos traicionados.
Oscar: Todas esas cosas bonitas que nos había enseñado el teatro de pronto se
derrumbaron.
Jaime: Llegué al salón y ya estaban los tres esperándome.
Leo les había contado todo.
No había vuelta atrás.
Todos se sintieron usados, y tenían razón.
33
Jaime: Voy camino hacia la salida del reclusorio, siguiendo la línea roja.
Me piden que me haga a un lado.
Algo sucede en alguna de las celdas, los reos están alborotados.
Hay gritos, pasan varios custodios.
Pasan los enfermeros con una camilla, llevan a alguien a la enfermería.
Estoy nervioso, me piden que siga avanzando.
Dos de los roomies me custodian, me protegen y me llevan hasta la salida.
Estoy a salvo.
34
Leo: Se volvieron a burlar de mi cuando se enteraron que yo sería Cristina, la
mejor amiga de Nora en Casa de muñecas.
Ellos no entendían que ya no me importaba que me dijeran cosas.
El taller me había cambiado la vida.
Por lo menos veía la cárcel de manera distinta.
Y yo creo que si te cambian la forma de ver la vida, entonces esa cosa
llamada teatro debe ser algo muy bueno.
No les hice caso y eso les dio más coraje.
Oscar: A leo lo apuñalaron en el baño.
Federico: Se desangró y murió en la enfermería.
Leo: A veces pensamos que no le importamos a nadie.
41
Pero el día que llegamos a comprobar que eso es cierto duele mucho.
Como el día que te matan y nadie viene a reclamar tu cuerpo.
36
Jaime: ¿Cómo se le ocurre morirse a unas semanas del estreno?
Federico: Usted una vez dijo que solo estando muerto se podía faltar a la función.
Jaime: Pero no pensé que se lo tomaría tan en serio.
Oscar: ¿Y ahora qué sigue?
Jaime: Pues aquí se acaba esto muchachos.
No tiene caso seguir.
¿Qué vamos a hacer con dos actores?
Federico: Además usted se va del país.
Jaime: ¿Qué fue lo que les dijo “la leona”?
Federico: Que usted estaba bien pinche resentido con la vida.
Y que se va a ir del país para olvidar a una vieja que nunca lo quiso.
37
Oscar: Extraño a Leo.
No me di cuenta en que momento nos hicimos amigos.
Para él va la dedicatoria de mi libro.
Aquí está un asesino llorando porque alguien le quitó la vida a alguien.
Jaime: Me había acostumbrado a este equipo.
No importaba que no montáramos ninguna obra.
En realidad, nunca he sido un buen director.
Y tal vez nunca lo seré.
Pero lo que habíamos aprendido el uno del otro era más importante que
cualquier otra cosa.
Pero ya era demasiado tarde para decirlo.
Ese día del motín me escoltaron hasta la salida.
Me protegieron.
Por primera vez alguien se había preocupado por mi vida.
Por primera vez alguien había hecho algo por mí, sin sentirse en deuda
conmigo, ni chantajeado.
38
42
Les escribí un texto y montamos una obrita sobre la pelea del diablo y San
Miguel Arcángel.
Jaime: Nunca debí colgarlos de esos arneses.
Federico casi se ahorca.
Oscar: A mí me dan miedo las alturas.
Maestro no me suba a eso por favor.
Jaime: Sé profesional. No pienses en ti. Piensa en el grupo.
Piensa en la obra.
Federico: ¡Detente oh príncipe luzbel!
Yo te mando al fondo del averno.
Que con la gracia de mi espada
En mil años no saldrás del infierno.
Oscar: ¡Ya bájenme, por favor!
¡Me estoy mareando!
Jaime: Todo mundo estuvo muy conmovido.
Nos aplaudieron mucho.
Samuel: La verdad es que la obra fue un fracaso.
Se le olvidaron los diálogos.
Federico: Es que me tocó aprenderme muchas cosas.
Oscar: Es que el texto era malo.
Perdón maestro pero desde el texto estábamos mal.
Federico: Cada que podía volteaba hacia el público.
Buscaba a Enrique.
Lo imaginaba sentado entre el público con unas flores para mí.
Jaime: Cabrón.
¿Por qué chingados volteabas tanto a ver a la gente?
No debes romper la cuarta pared.
Oscar: ¿Oigan ya me van a bajar de aquí?
Enrique: Pero si fui a verlos.
Solo que me salí en cuanto terminó la función.
39
Jaime: Se llegó el momento de la Despedida.
Muchas gracias por todo.
43
Samuel: Felicidades muchachos.
Federico: Ahora si maestro.
Ya se puede ir a Alaska.
Oscar: A Canadá, se va a Canadá pendejo.
Jaime: No muchachos.
Ya no tengo dinero.
No me voy.
Le pagué el entierro a “La Leona”.
No me hubiera gustado que lo echaran a la fosa común.
Federico: Gracias profe.
Oscar: ¿Y sus ganas de irse?
Jaime: Tampoco tengo motivos para irme.
Samuel: ¿Y Ana?
Jaime: ¿Perdón? ¿Quién? Ya ni me acordaba de ella.
Samuel: Jaime te tengo una propuesta, vente a vivir conmigo.
Quiero que seamos roomies.
Jaime: No cabrón.
Aprenda a vivir solo, y a lidiar con sus demonios.
Tal vez vaya diario a desayunar, a comer y a cenar contigo.
Posiblemente me quede a dormir. Un vaya los fines de semana a pedirte
películas o libros prestados.
Pero vivir juntos no.
Samuel: ¿Por qué?
Jaime: Nadie tiene motivos para nada.
Nadie tiene motivos para levantarse.
Esos se los inventa uno todos los días para poder seguir.
Hay que inventarse cosas todos los días para creer que pararse de la cama
tiene sentido.
Federico: Pues yo espero algún día poder salir a ver el cielo de noche y ver las
Oriónidas.
Oscar: ¿Y si no salimos nunca de aquí?
Federico: Pues hacemos un cielo de cartón.
Le ponemos las estrellas con pintura.
Y nos la creemos.
44
Como lo hacen en el teatro.
***OSCURO***
45