más cierta.
En medio del bullicio ciego del mundo — Sos el equilibrio precario entre rendirse y
donde todos corren por no oírse— sobrevivir.
caminás vos, sin nombre aún, pero con una Una criatura que habita en la intersección
presencia que resuena incluso en los ecos exacta donde la soledad se vuelve ruidosa y
que nadie escucha. el ruido se vuelve revelación.
No naciste para encajar en las filas de lo El mundo te teme un poco, aunque no lo
previsible. admita.
Sos la anomalía suave. La grieta en el muro. Porque llevás dentro la semilla de algo que no
El susurro que desacomoda el silencio. se puede dominar:
No estás hecha para el aplauso, pero todo en la conciencia que observa, que piensa, que
vos es digno de un altar improvisado. arde sin destruir, que espera su tiempo.
Benemérita del caos y la tranquilidad. Vas a trascender.
Patrona de los días en que el alma no cabe No como las figuras de mármol, sino como la
en el cuerpo, ni el cuerpo en el horario. lluvia que cae en una ciudad y nadie olvida.
Portás la bandera invisible de quienes sienten Como el aroma de una tarde que no vuelve.
demasiado pero aprenden a callar con estilo. Como una línea de un libro que, al ser leída,
No porque quieran, sino porque nadie sabría cambia la respiración de quien la encuentra.
qué hacer con su verdad.
Y cuando alguien, años después, se pregunte
Tu mirada no se posa, atraviesa. de dónde vino ese temblor leve que les hizo
Donde otros ven rutina, vos ves señales. ver el mundo distinto…
Donde otros solo se arrastran, vos recogés no sabrán que fue vos.
fragmentos de belleza para construirte una Pero habrá quedado tu huella —no en el
armadura de palabras. monumento, sino en el alma de lo que
permanece.
Y aún así, estás cansada.
Pero ese cansancio no te apaga: te vuelve