Presidencia de Carlos Saúl Menem (1989-1999).
Carlos Saúl Menem asumió la presidencia de la Argentina el 8 de julio de
1989, en un contexto de profunda crisis económica y social. El gobierno
de Raúl Alfonsín había adelantado la entrega del mando debido a una
situación caótica: hiperinflación, saqueos en supermercados,
desabastecimiento, fuerte endeudamiento externo y un Estado
prácticamente en quiebra. Menem, que provenía del peronismo, llegó al
poder prometiendo una “revolución productiva” y un “salariazo”, pero
muy pronto cambió de rumbo y adoptó un modelo económico liberal con
fuerte apoyo de organismos internacionales como el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial. “Deuda al FMI de 65.000 millones de
dólares.”
En el inicio de su mandato, designó a Miguel Ángel Roig como ministro
de Economía, pero este falleció a los pocos días. Lo sucedió Néstor
Rapanelli, empresario vinculado al grupo Bunge & Born, quien intentó
controlar la inflación sin éxito.
En agosto de 1989, se sanciona la ley 23.696 que autorizaba a las
privatizaciones de las empresas estatales. Su principal interventora era
María Julia Alsogaray, quien era una mujer muy visible en el gobierno de
Menem, su primera privatización fue Entel en septiembre de 1989 .
Tiempo después aproximadamente el 1991, es nombrada secretaria de
medio ambiente (esto no dio fin a las privatizaciones ). Promete la
limpieza al Riachuelo en 1000 días, solicitando un crédito al banco
Interamericano de 250millones de dólares. Nadie supo que se hizo con
ese dinero, ya que él Riachuelo nunca se limpió.
Ante la continuidad de la crisis, en diciembre de 1989 asumió Antonio
Erman González, quien implementó el Plan Bonex, que consistió en el
canje compulsivo de los depósitos a plazo fijo en los bancos, por bonos
de deuda pública a largo plazo. Esto significó que la gente no podía
retirar su dinero en efectivo y fue una medida muy impopular, aunque le
dio al Estado un respiro financiero momentáneo.
En esos años y a lo largo de toda la década del 90, se continuó
utilizando los tickets canastas, impulsados en 1983 por el gobierno de
Raúl Alfonsín. Estos tickets formaban parte del salario de los
trabajadores, no todos cobraban su salario total en dinero, parte de este
(1/3) era abonado con los tickets canastas. No beneficiaba a los
trabajadores, ya que solo podían utilizarlos en la compra de alimentos.
Pero observando la otra cara de esa realidad, vemos que los únicos que
se beneficiaban eran los empleadores. Con esta medida de tickets, el
empleador abonaba menos cargas sociales, ya que solo justificaban el
dinero como salario.
En el plano político, Menem también debió enfrentar la amenaza militar.
Entre 1989 y 1990 hubo levantamientos carapintadas, grupos de
militares que se oponían a los juicios por violaciones a los derechos
humanos cometidos durante la dictadura. Menem sofocó estas
rebeliones y finalmente, en 1990, firmó los indultos presidenciales que
beneficiaron tanto a militares condenados por delitos de lesa humanidad
como a dirigentes guerrilleros. Esto generó un fuerte rechazo social,
pero al mismo tiempo cerró, al menos formalmente, el conflicto con las
Fuerzas Armadas.
El comienzo del gobierno fue marcado por masivos reclamos. Un
reclamo muy marcado, fue la lucha de la jubilada y militante Norma Plá,
quién encabezaba marchas y cortes, en reclamos justos para los
jubilados. Las jubilaciones mínimos habían sufrido recortes y habían
caído en un congelamiento, la cual no se ajustaba al 82% móvil del
salario. Norma logró un aumento entre 150 y 200 dólares/pesos y la
visibilidad en los medios de comunicaciones de los reclamos que hacían
los adultos mayores.
En 1991 se produjo el gran giro económico con la llegada de Domingo
Cavallo al Ministerio de Economía. Cavallo implementó la Ley de
Convertibilidad, que estableció que un peso equivalía a un dólar,
respaldado por las reservas del Banco Central. Además, eliminó el
austral y creó el peso convertible en abril de ese año. Esta medida logró
frenar la hiperinflación y generó una estabilidad inmediata en la
Argentina de entonces. La convertibilidad, junto con un programa de
privatizaciones masivas de empresas públicas —como Aerolíneas
Argentinas, YPF, Gas del Estado, ENTEL, Ferrocarriles, entre muchas
otras—, atrajo inversiones extranjeras y generó un clima de prosperidad
en los primeros años de la década de 1990. “Menem además buscaba la
modernidad.”
Sin embargo, estas políticas tuvieron un costo social muy alto. Miles de
trabajadores fueron despedidos por los cierres de empresas estatales, se
incrementó el desempleo y creció la desigualdad. La economía Argentina
se volvió muy dependiente de la entrada de capitales externos y
vulnerable a las crisis internacionales.
En el terreno internacional, Menem sorprendió al alinear a la Argentina
con Estados Unidos. Un hecho central fue su apoyo a la Guerra del Golfo
Pérsico en 1991, enviando buques de la Armada al Golfo para participar
de la guerra contra Irak. Esta política exterior marcó un giro hacia el
neoliberalismo y el alineamiento con el poder occidental, lo que le valió
a la Argentina el estatus de “aliado extra-OTAN” por parte de Estados
Unidos.
En 1991 se da a conocer la corrupción de parte del gobierno, se
vendieron armas de manera de contrabando a Croacia y Ecuador. Se
realizó de manera secreta, sin que se enteraran las negociaciones
internacionales que tenía el gobierno en ese momento. Esto causo una
mirada desconfiada hacia el gobierno, de parte de los inversionistas.
Este contrabando surgió desde 1991 hasta aproximadamente 1995,
luego en el 2001, Menem es detenido, estuvo preso unos meses y fue
liberado. En 2013, Menem fue condenado por 7 años y recibió la
prohibición de ocupar algún cargo político.
El primer mandato también estuvo marcado por hechos trágicos. En
1992 ocurrió el atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires,
que dejó 22 muertos, y en 1994 el atentado contra la AMIA, con 85
muertos y cientos de heridos. Ambos atentados, que siguen sin
resolverse plenamente, tuvieron un enorme impacto político y social, y
pusieron en evidencia las falencias del Estado argentino para garantizar
la seguridad y llevar adelante investigaciones judiciales serias.
En 1993, Menem y Raúl Alfonsín firmaron el Pacto de Olivos, un acuerdo
político entre el peronismo y el radicalismo que permitió la reforma
constitucional de 1994, con la sanción de la ley 24.309. Estableciendo
la reelección presidencial por un solo período consecutivo, lo que le
abrió la puerta a Menem para postularse y ganar un segundo mandato
en 1995. También esta reforma estableció que los ministros tengan un
jefe de gabinete y otras reformas más.
EN 1994 se crean las AFJP(administradoras de los fondos de jubilados y
pensionados), luego de la sanción de la ley 24.241, que habilitaba a qué
los trabajadores eligieran a dónde se derivarían sus aportes jubilatorios.
Las AFJP eran empresas privadas, que prometían a los trabajadores
obtener (en el futuro) un haber jubilatorio adecuado y las más justo. Se
podía elegir entre la caja privada o la caja estatal (anses). Muchas de
estas empresas “afjp” estafaron a miles de trabajadores, retirándose del
país con sus aportes. Esto llevo a que cada trabajar iniciara un amparo y
así poder insertarse sin perder los aportes a la caja del Anses. La última
afjp que se retiró del país, lo hizo en el 2007 aproximadamente.
En su segundo gobierno (1995-1999), Menem continuó con el modelo de
convertibilidad y las políticas neoliberales. Cavallo se mantuvo en el
Ministerio de Economía hasta 1996, cuando renunció en medio de
tensiones con el propio presidente. Lo sucedió Roque Fernández aunque
la convertibilidad continuó siendo el eje central de la política económica.
Durante estos años, la Argentina sufrió con fuerza los efectos de las
crisis internacionales. En 1994, la crisis del Tequila en México generó una
fuga de capitales en toda América Latina, afectando la economía
argentina con recesión y aumento del desempleo. En 1997 llegó la crisis
asiática, que provocó una caída de los mercados emergentes y contrajo
el crédito internacional. Finalmente, en 1998, la crisis rusa golpeó con
dureza, ya que se cerraron las fuentes de financiamiento externo. Todo
esto dejó al país con altos niveles de desocupación, pobreza creciente y
una economía cada vez más debilitada.
A pesar de que en los primeros años de la convertibilidad la gente
disfrutó de la estabilidad de precios y la posibilidad de consumir bienes
importados, hacia el final de la década los costos sociales fueron
enormes: aumento del desempleo, cierre de fábricas nacionales
incapaces de competir con los productos importados, precarización
laboral y endeudamiento del Estado.
Cuando terminó su segundo mandato en diciembre de 1999, Menem
dejó un país con una economía estancada, con una deuda de 145.000
millones al FMI, alto desempleo, fuerte desigualdad social y un nivel de
endeudamiento que ponía en riesgo la estabilidad futura. Si bien la
convertibilidad había logrado derrotar a la inflación, también había
generado una economía rígida, sin competitividad y extremadamente
dependiente del ingreso de capitales externos. La crisis que estallaría en
2001 tuvo gran parte de sus raíces en el modelo económico aplicado
durante los años de su presidencia.