Historia y evolución del término "celta"
Historia y evolución del término "celta"
Celta es el término utilizado por lingüistas e historiadores para referirse, en un sentido amplio, al pueblo o
conjunto de pueblos de la Edad de Hierro que hablaban lenguas celtas, una de las ramas de las lenguas
indoeuropeas.[1] En este sentido, el término no es por lo tanto étnico ni arqueológico, pues muchos de los
pueblos que hablaron lenguas célticas, caso de los Goidelos de Irlanda, nunca llegaron a participar de las
corrientes culturales materiales de Hallstatt o La Tène.
Existe, sin embargo, un concepto más restringido del término, referido en este caso a los llamados celtas
históricos, entendidos estos tradicionalmente como el grupo de sociedades tribales de
Europa, que compartieron una cultura material iniciada en la primera Edad de Hierro (1200-400 a. C.) en
torno a los Alpes (periodo Hallstatt) y más tarde en el hierro tardío (periodo La Tène), y que fueron así
llamados por los geógrafos griegos y latinos. En este grupo se adscriben los celtas continentales de la Galia,
norte de Italia, Alemania y Bohemia, los celtíberos y los celtas hispánicos de Iberia, los gálatas de Anatolia,
este y centro de Rumanía y, ya con mayores reticencias por parte de los historiadores británicos e irlandeses,
los celtas insulares.
En tiempos antiguos los celtas que llegaron a lo largo del primer milenio, hacia el 1200 ac a Europa y según el
punto de vista tradicional, hacia el 900 ac en la península ibérica, eran un cierto número de pueblos
interrelacionados entre ellos que habitaban en Europa Central; todos estos pueblos hablaban lenguas
indoeuropeas, indicativo de un origen común. Hoy, el término "celta" se utiliza a menudo para describir a la
gente, las culturas y lenguas de muchos grupos étnicos de las islas británicas, Francia, en la región de
Bretaña; España, en Galicia, Asturias, Castilla y León y Cantabria; y Portugal, en la región de Minho. Sin
embargo, tribus o naciones, como los atrébates, Menapii, y Parisii, desde regiones celtas de tierra firme,
incluyendo la Galia y Bélgica, se sabe que se movieron hacia Gran Bretaña e Irlanda y contribuyeron al
crecimiento de aquellas poblaciones. El uso del término celta para referirse a gente de Irlanda y Gran Bretaña
surge en el siglo xviii. Vivían en pueblos amurallados llamados castros.
Los griegos los llamaron keltoi o gente oculta, que proviene del griego Hecateo de Mileto del 517 a. C.
Hoy se considera que los celtas forman parte de los grupos indoeuropeos. Se piensa que parte de los
hablantes de esta familia lingüística, procedentes de Anatolia o de las estepas entre el mar Negro y el mar
Caspio, emigraron rumbo a Europa, mientras otras ramas se desplazaron hacia Irán e India.
La etapa en la formación de este pueblo se encuentra en los comienzos de la Edad del Hierro en la Europa
central, hacia el 1200 a. C., cuando se pasa de una economía pastoril a un período de predominio agrícola.
Creación de un término - El término 'celtas' se usa en diferentes sentidos, por lo que resulta multívoco
y ambiguo. Solo con cautela puede usarse para referirse a entidades étnicas anteriores al siglo v a.c ,
momento en que Heródoto se refiere explícitamente a estos grupos. Antes de esa fecha es incierto hasta qué
punto pudo existir una etnicidad celta identificable. Aunque claramente el proto-celta sería más antiguo que
Heródoto, es complicado saber si los pueblos de la Edad del Hierro (lo que podría asimilarse con Hallstatt)
hablaban o no lenguas celtas. Aunque existen argumentos para suponer que en esa cultura se encontrarían
antecesores de los celtas, la identificación con pueblos propiamente celtas es muy insegura.
Actualmente 'celta' es esencialmente un concepto lingüístico, pero su uso exige precaución.
Gonzalo Ruiz Zapatero ha llamado la atención sobre el intento de la precisión del término que en realidad es
algo más engañoso, complejo y amplio. Hubo muchos pueblos celtas diferentes; salvo por el parentesco
filogenético de sus lenguas es difícil señalar con certeza factores comunes específicamente celtas. Aunque
algunos autores hablan de los celtas como un pueblo homogéneo y bien definido, la realidad material de los
hablantes de lenguas descendientes del proto-celta, muy probablemente, era más compleja, no existiendo
quizá la homogeneidad que algunos autores les atribuyen.
Evolución del término - Este concepto se ha ido creando poco a poco a lo largo del tiempo y la historia
con diferentes fines, por ello es tan multívoco. Este proceso tiene tres fases muy importantes:
Precedentes
El historiador latino Avieno recoge en su Ora Maritima un texto en torno al 520 a. [Link]ódoto y Hecateo de
Mileto, también hablan sobre ello por el 500 a. C. En torno a esa fecha se sitúa a la Céltica en la zona alpina y
el norte. El término keltoi es un nombre que los griegos conocieron oralmente de los indígenas, una
transcripción fonética. Este término junto a keltiké nos da una ambigua referencia geográfica. Hay que
tomarlo simplemente como un nombre dado a los habitantes al norte de los Alpes. Vemos la información
geográfica aportada por Heródoto aquí:
Empieza el Iustro en la ciudad de Pireno desde los Celtas, los que están
más allá de las columnas de Hércules, confinantes con los cinesios,
último pueblo de la Europa, situado hacia el Ocaso, y después de
atravesar toda aquella parte del mundo, desagua en el Ponto Euxino,
junto a los istrienos, colonos de los milesios.
Heródoto, Historia, II. XXXIII.
Más tarde, con César, Posidonio y demás, se convierte esta información geográfica en una de ámbito
etnográfico. Sin embargo, es una información limitada que no se puede extender ni geográfica ni
cronológicamente. Una de las fuentes historiográficas puede ser la lingüística, para la cual las lenguas célticas
son una rama de la familia indoeuropea. Gracias a este concepto lingüístico podemos trazar ciertos límites.
En cuanto a la celtomanía, los druidas siempre fueron un tema de interés y fascinación, pero de los druidas
históricos apenas se conoce nada. Muchos monumentos megalíticos de la prehistoria se han intentado
relacionar con estos personajes y la cultura céltica, lo cual resulta muy dudoso y aventurado. Un punto
importante, y de cambio, supondrá el hallazgo de La Tène. La cultura celta irá unida a una cultura material
específica de este yacimiento.
Gaélico: hablado en Irlanda y Escocia. Se conoce por inscripciones funerarias en piedra con alfabeto
ogámico. Se escribe en vertical u horizontal. En el siglo v llega la cristianización y el alfabeto latino. Dentro
se distinguen el irlandés, el manés y el gaélico escocés.
Britónico: en el sur de Gran Bretaña hasta el VI d. C. Se divide en periodo prerromano
(325 a. C.-43 d. C.), romano y post-romano temprano (43-450) y post-romano final (450-550). En los
primeros periodos bebe de fuentes griegas y romanas, que influyeron mucho en su historia, especialmente
los romanos. Son inscripciones latinas y grafitos con textos breves. Entre ellos están el galés, el córnico y el
bretón.
IV. Complejo arqueológico de la II E. Hierro: Cultura de La Tène
Augustus Wollaston Franks en 1863 acuña el término late celtic, atribuyendo el material del hierro tardío a
celtas históricos, esbozando el contenido étnico de La Tène. En 1872 Hans Hildebrand subdivide la Edad del
Hierro en Hallstatt y La Tène, estableciendo celtas = cultura de La Tène. En 1885 Otto Tischler subdivide
Hallstatt en 2 y La Téne en 3. Paul Reinecke añade una fase inicial a La Téne. En 1913 Joseph Dechelette
define el concepto laténico superponiendo conceptos cronológicos, tipológicos y culturales.
Poco a poco se va a reconocer una cuna céltica en Centroeuropa. Se crean dos tradiciones, la francesa o
tradicional que se refiere a celtas centroeuropeos y la anglosajona que engloba a los insulares.
V. Estilo artístico de la II Edad del Hierro
El arte laténico se identifica con el céltico por la fórmula celtas = La Téne. Destacan los torques y los cascos.
Queda reflejado ese estilo también en las monedas. Controvertido es el caso del caldero de Gundestrup,
parecido al arte celta, pero que parece pertenecer a tracios o dacios.
Tampoco todas las regiones de habla celta coinciden su arte con el laténico.
Los druidas (porque así se llaman estos magos) no tienen nada más de
sagrado que el muérdago y el árbol que lo soporta, siempre suponiendo
que el árbol sea un roble (...) pero ellos sólo eligen arboledas
compuestas de robles para buscar el árbol, y nunca realizan ninguno de
sus ritos excepto en la presencia de una rama de él (...) De hecho creen
que todo lo que crece sobre él ha sido enviado desde el cielo y es una
prueba de que el árbol fue elegido por el dios mismo. Sin embargo, el
muérdago se encuentra rara vez sobre el roble, y, cuando se encuentra,
se recoge con la debida ceremonia religiosa, si es posible en el sexto día
de la Luna (...) ellos llaman al muérdago por un nombre significativo, en
su lengua, el que todo lo cura. Habiendo hecho los preparativos para el
sacrificio y un banquete debajo de los árboles, ellos traen allí dos toros
blancos, cuyos cuernos atan entonces por primera vez. Vestidos con
ropas blancas, los sacerdotes ascienden al árbol y cortan el muérdago
con una hoz de oro y lo reciben otros con una capa blanca. Luego matan
a las víctimas, rogando a dios que otorgue este don propicio a aquellos a
los que él ha admitido. Ellos creen que el muérdago, tomado como
bebida, imparte fecundidad a los animales estériles y que es un antídoto
para todos los venenos. Tales son los sentimientos religiosos que han
mantenido muchas personas respecto a cosas sin importancia.
Plinio el Viejo, Historia Natural, XVI, 249
Hoy en día, cierta retórica que apela a lo céltico se utiliza con fines políticos, también para reforzar las
identidades nacionales. Se ve con Boudica en Inglaterra, Vercingetórix en Francia, Viriato en Portugal,
Breogán y Numancia en España. En especial invenciones como es el "espíritu celta" o la "herencia celta". Por
tanto, según Ruiz Zapatero lo celta es en gran parte, lo que ha sido inventado a partir de la información
arqueológica y los datos de fuentes clásicas y medievales, sumando representaciones imaginarias
Desde el siglo iv a. C., los celtas continentales inauguran la cultura de La Tène, específicamente celta (Hierro
II). En esta fase, los celtas acabaron de ocupar el norte y centro de Francia (la Galia), el norte de Italia, así
como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una
comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En esta época se construyen importantes villas
fortificadas (lat. oppida), que sirven de centros comerciales y políticos. Es también en este período cuando el
druidismo se extiende entre los celtas.
Contrariamente a lo que se cree, los druidas no tenían templos de piedra ni arqueológicamente se ha podido
enlazar el druidismo celta con Stonehenge, siendo la cultura megalítica anterior en varios milenios a la
cultura celta y al fenómero del druidismo. Este error de asociar la cultura megalítica atlántica (presente en las
islas británicas, Francia y España) con Stonehenge está muy extendido entre la gente por ser un invento del
romanticismo del siglo xviii. Como ejemplo: los celtas ibéricos no conocieron el fenómeno druídico, pero en
España hay muchos restos megalíticos.
Una de las primeras menciones de los celtas, es la de los galos senones cisalpinos liderados por su rey Breno,
que llegaron a invadir Roma en el 390 a. C. Posteriormente la república romana primero y el imperio romano
después combatirían exitosamente a los galos cisalpinos y transalpinos. Julio César ya había luchado contra
ellos durante su conquista de la Galia y, con el tiempo, los romanos les arrebataron también sus dominios
británicos e ibéricos. A finales del Imperio romano (476), los celtas tan solo ocupaban partes del noroeste de
Francia, Irlanda, Gales y algunas zonas de Escocia. Durante el transcurso de la Edad Media, reforzaron su
control de Escocia e hicieron varios intentos de ampliar su territorio en Inglaterra. A partir del siglo ii a. C., los
celtas acusan la creciente presión militar de los germanos por el norte y, algo después, la de los romanos por
el sur. En pocas décadas toda la Galia está ocupada por los romanos. La presencia romana en Gran Bretaña
fue de escasa duración, lo que permitió a las lenguas celtas de esta isla (galés) sobrevivir y, más tarde,
regresar al continente (Bretaña francesa).
Todavía en el siglo vii los celtas llevaron a cabo su quizá última expansión: los escotos irlandeses invadieron
Caledonia, región que pasó a ser llamada Escocia.
Entre los restos arqueológicos celtas destacan los castros y los petroglifos (nota: muchos petroglifos son mil
años anteriores a la cultura celta, aunque se seguirán haciendo durante el periodo celta), que se encuentran
con frecuencia en el noroeste de la península ibérica.
Los pueblos y cultura célticas tuvieron una fuerte presencia en el sudoeste de la península, documentada por
Plinio el Viejo y otras fuentes. Según historiadores como Adolf Schulten el norte de la Península estaba
habitado no por pueblos celtas sino por ligures.
Lenguas celtas
Sin duda el principal rasgo definitorio de las etnicidades celtas es la lengua. Ya que el resto de aspectos
históricos y culturales fueron más cambiantes, en tanto que la lengua es más estable frente al devenir
histórico, a pesar de que debido al cambio lingüístico las lenguas celtas fueron diversificándose en un
proceso análogo al que llevó del latín a las lenguas románicas.
Las lenguas celtas derivan de un conjunto de dialectos del proto-indoeuropeo, idioma que cronológicamente
ocupa una posición intermedia dentro de la familia indoeuropea. A partir de los rasgos comunes a las
lenguas celtas mediante los métodos de la lingüística histórica se ha reconstruido del proto-celta que es una
aproximación a la lengua madre que dio lugar por diversificación a las lenguas celtas históricamente
conocidas.
Cultura celta
La cultura celta está formada por tradiciones transmitidas de forma oral, destacando las historias incluidas en
el Ciclo del Úlster, como el "cuento del cerdo de Mac Datho", la batalla de los bueyes de Cualinge o Bricriu.[8]
Los autores griegos y romanos describen a los celtas como personajes jactanciosos y turbulentos, muy
amigos de armar camorra. Esto era aún más cierto durante sus festines. Los festines eran una parte
importante de la vida de la nobleza celta. Los guerreros tenían entonces la oportunidad de alardear de sus
hazañas. Antes de trinchar la carne, tenían lugar una contienda verbal de bravuconería, para decidir quién
era el guerrero más valiente de los presentes. Los contendientes para la obtención del título eran
estimulados por sus defensores para exponer los alegatos más extravagantes. El vencedor era premiado con
trinchar el animal asado, y reservarse para la parte superior del músculo, llamada la “parte del campeón”.
La vestimenta de los celtas, tal y como ha sido reconstruida, muestra un estilo colorista y bien ornamentado,
con mucha tendencia a la mezcla de colores llamativos. Los tintes principales, que tanto fervor causaron,
seguramente eran: para el rojo, la llamada “Roja” (Rubia tinctorum L.), para el amarillo Reseda luteola y para
el azul, yerba pastel (Isatis tinctoria). El lino ha sido el material textil más antiguo hallado, usado por los
proto-celtas. La lana se convirtió en la materia prima más usada una vez las ovejas fueron domesticadas. En
la Edad de Hierro la mayoría de ropa de los celtas estaba hecha de lana. La tela se tejía con telares, a cuadros
y rayas, pero más simples que el “tartán” actual. Las piezas de vestir básicas eran braccae para los varones[11]
y túnicas largas y peplum para las mujeres, así como un saquito en el cinturón (denominado pouch)[12] ) para
ambos.[13]
Las casas estaban formadas por una armadura de postes de madera, ramas y mimbres entrelazados y
embarrados, cubiertas de entramados de paja. Hoyos distribuidos alrededor de la vivienda, servían para
almacenar los cereales. Las viviendas se encontraban dentro de cerros fortificados, como es el caso de
Maiden, en Dorset.
La religión de los antiguos celtas, particularmente la de los galos antes de la conquista romana, no es bien
conocida, y los datos de que se disponen para reconstruirla son escasos y no muy precisos.
El culto estaba a cargo de los druidas, sacerdotes que a la vez eran los educadores de la juventud. Los
monumentos tradicionalmente llamados "piedras druídicas", anteriores a la llegada de los celtas al oeste de
Europa, parecen no haber representado ningún papel en la religión de los antiguos galos.
Durante mucho tiempo solo existieron cultos locales especialmente relacionados con las montañas, los
bosques y las aguas, a los que se invocaba bajo diferentes nombres. Hallamos el dios Vosgos, la diosa
Ardenas, el dios Dumias; las divinidades de las fuentes o de los ríos: Sequana (la fuente del Sena), Nemausis
(la fuente de Nimes).
Más tarde se estableció el culto de las grandes divinidades, más o menos común a toda la Galia. En la época
galorromana éstas se fueron identificando con las divinidades de Roma, mediante un proceso cultural
llamado "sincretismo": Teutates, especie de Mercurio con algo de Júpiter y de Marte; Taranis, relacionado
con el rayo, pero carente del poder supremo de Júpiter; Esus, dios de la guerra y del ganado, asimilado a
Marte o a Silvano; Belenus, dios de las artes, relacionado con el sol y comparado con Apolo; Cernunnos, dios
del sueño y de la muerte asimilado a Plutón.
Junto a ellos figuraban diosas como: Rosmerla, asociada a Teutates; Belisma, diosa de las artes del fuego,
asimilada a Minerva; Epona, diosa de la abundancia agrícola, asimilada a Ceres.
Entre las prácticas de la creencia popular es famosa la recolección, de acuerdo con prescripciones fijas, del
muérdago, al que se consideraba dotado de virtudes extraordinarias. Asimismo, el roble se consideraba un
árbol sagrado.
El druidismo es una institución pan-celta. De manera comparable a otras sociedades indoeuropeas, los
druidas forman un cuerpo profesional procedente de la aristocracia, de especialistas en las técnicas del
derecho y del culto asociados a la función soberana. Auxiliares de la realeza, velan por las actividades de
palabra y de enseñanza asegurando la transmisión del saber tradicional.
En la época que precedió a la conquista romana de la Galia, y, al parecer, posteriormente en las islas, la
característica principal de la práctica religiosa de los antiguos celtas es el druidismo. La palabra druida que es
específicamente celta proviene de *der-w/dr-ew que se entiende como «el que sabe fielmente, el que tiene
una visión verdadera, cierta». La existencia del clero druida está atestiguada en varios autores antiguos, para
diferentes épocas y en diferentes lugares del mundo celta. En la Galia, los druidas parecen haber
desempeñado un papel clave en la insurrección de -52 y, posteriormente, en las revueltas galas del siglo i: la
de las Guerras de Secesión, liderada por el heduo Julio Sacroviro en 21 d. C. y descrita por Tácito en sus
Historias, habría conducido al estallido de las hostilidades de Roma contra los druidas galos.
El «clero» druídico estaba encargado de la celebración de las ceremonias sagradas y de los ritos cultuales:
solo él tenía derecho a practicar los sacrificios, a veces humanos, pero más generalmente de animales o
simbólicos (como atestiguan los exvotos de madera inventados en las fuentes del Sena). Fue la práctica de
los sacrificios humanos la que sirvió de pretexto para la prohibición de los druidas bajo el emperador Tiberio
(o Claudio para algunos historiadores). Otras prerrogativas de los druidas eran lógicamente la enseñanza, la
diplomacia, la historia, la genealogía, la toponimia, la magia, la medicina y la adivinación. El druida, gracias a
su saber (cuya adquisición podía requerir veinte años de estudios, según César) y gracias a su dominio de las
prácticas mágicas, era un intermediario entre los dioses y los hombres.
El druida tenía también un papel de consejero político ante el rey con el que pudo formar un binomio en el
que el rey ejercía la soberanía bajo la inspiración del druida. El druida Diviciacos, contemporáneo de Cicerón
y directamente en el origen de la conquista romana de la Galia, aparece sobre todo como el jefe político de
los eduos.
Los datos disponibles son contradictorios y las teorías de los autores difieren sobre el tema. Incluso podría
darse una mezcla de todas las opciones posibles, ya que las densidades de población y los recursos
disponibles son muy especulativas. Las relaciones e influencias mutuas cambiaron con el paso del tiempo. Se
atestigua una gran presencia precelta en zonas de la Bética (actual Huelva, Sevilla) que se intenta explicar
mediante la presencia de siervos, mercenarios o bolsas aisladas de colonos.
La cultura de los celtíberos hizo suya la herencia de los iberos, de quienes adoptaron el sistema de escritura.
Tras la caída de Numancia en el 133 a. C., su territorio pasó a formar parte de la provincia romana Hispania
Citerior.
Existe también un buen número de monedas grabadas con el nombre celtíbero de la ciudad o de los
habitantes de la ciudad en donde aquellas fueron acuñadas. Además, se han encontrado 20 teseras de
hospitalidad grabadas, pequeñas placas de bronce utilizadas como símbolo de pacto entre dos partes,
generalmente entre un individuo y una comunidad, con las que el portador podía solicitar hospitalidad a lo
largo de sus viajes. La mayoría de estas inscripciones son muy breves, con la excepción de la tesera de Luzaga
(24 palabras).
Galos
Los galos eran los pueblos que habitaron lo que hoy es Francia, Bélgica, el oeste de Suiza y las zonas de Países
Bajos y Alemania al oeste del Rin, y una franja aún poco determinada de este último país, a la orilla derecha
del río. Los gálatas eran un pueblo galo que emigró a Asia Menor y se estableció en la región llamada Galacia.
Los griegos los llamaron celtas mientras que los romanos los denominaron galos, y a su gran región, la Galia.
Ya los mismos romanos habían notado esto, por lo que hacían una diferencia entre la Galia Cisalpina (de este
lado de los Alpes) y la Galia Transalpina (del otro lado de los Alpes). A su vez, la Transalpina era dividida en
cuatro que, según la época de Roma, llamaron Galia Bélgica, la Galia Comata o Melenuna (la netamente celta
o tradicional), la Galia Aquitania (de características diversas o poco definidas) y la Galia Luguria o Celtoligur,
la primera en ser anexada a Roma como la Provintia.
Helvecios
Los helvecios eran otro de los pueblos celtas, o probablemente una confederación de tribus celtas, que vivían
en la zona comprendida entre el alto Rin, el Jura suizo, el lago de Ginebra y los Alpes. A fines del siglo ii a. C.
dominaban el territorio que se extendía desde el alto Rin y la Selva Negra hasta el Meno. Julio César
describió su confrontación con los helvecios en su De Bello Gallico.
Al estar bajo presión de las tribus germánicas en su tierra natal, los helvecios cruzaron la Galia y buscaron
una nueva patria al norte del río Garona, con la tribu entera bajo el mando Orgétorix.
Julio César fue llamado por los galos de la provincia de la Galia Narbonense, que habían sido conquistados y
organizados para defenderse de los helvecios.
Julio César entonces mandó seis legiones que comprendían casi 29 000 hombres. Los helvecios, de acuerdo
con Julio César, tenían cerca de 370 000 personas (incluyendo mujeres y niños), pero solo 110 000 hombres
capaces de luchar. Julio César rápidamente reclutó dos legiones más descansadas.
Cuando la tribu inició su marcha, Orgétorix había muerto. Antes de la partida, los helvecios quemaron sus
villas y destruyeron las plantaciones y otras mercancías que no podían llevar, para forzarse a no retroceder.
Atraídos por una posición desventajosa con los romanos ocupando el terreno elevado próximo a Bibracte, los
helvecios fueron atacados por las fuerzas superiores romanas, que consiguieron matar aproximadamente un
60 % de la tribu y capturar a otro 20 % como esclavos. Lo que quedó de los helvecios fue empujado de vuelta
a sus antiguas tierras de Helvecia.
En el 52 a. C., 10 000 helvecios se juntaron a las fuerzas de Vercingétorix en su tentativa de liberar la Galia de
los romanos. Vivían en castros (viviendas circulares hechas con piedras).
Britanos
Los britanos o britones fueron los pueblos indígenas que habitaron la isla de Gran Bretaña (Albión), los
cuales podían ser descritos como celtas insulares antes de que su lengua y culturas fueran reemplazadas por
las de los invasores anglosajones.
Estos pueblos hablaban lenguas britónicas y compartían tradiciones culturales comunes. En términos de
lengua y cultura, gran parte de todo el oeste de Europa fue principalmente céltica durante este periodo,
aunque la isla de Gran Bretaña y la Bretaña continental estuvieron habitadas por celtas britanos. Los
habitantes de Irlanda, la isla de Man y Dalriada eran escotos o celtas gaélicos, hablantes de lenguas
goidélicas.
Parte de los eruditos en la materia argumentan que el desconocido idioma picto era de origen britano, si bien
en la Britania prerromana los pictos se distinguían como un grupo separado, del mismo modo que los
escotos de Dalriada. En cualquier caso, el término britano se refiere tradicionalmente a los habitantes de la
antigua Britania excluyendo a los pictos, ya que muchos de los rasgos culturales pictos (como por ejemplo, su
escultura, alfarería y monumentos) diferían de los de los britanos.