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Historia y evolución de los castillos

El documento detalla la historia y evolución de los castillos, comenzando desde sus orígenes en la arquitectura militar de la Grecia clásica hasta su desarrollo en la Europa medieval. Se describen los elementos arquitectónicos característicos de los castillos, como la mota, la muralla, la torre del homenaje y el patio de armas, así como su función defensiva y residencial. A medida que el feudalismo decayó, los castillos perdieron su relevancia militar y muchos se convirtieron en ruinas.

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Historia y evolución de los castillos

El documento detalla la historia y evolución de los castillos, comenzando desde sus orígenes en la arquitectura militar de la Grecia clásica hasta su desarrollo en la Europa medieval. Se describen los elementos arquitectónicos característicos de los castillos, como la mota, la muralla, la torre del homenaje y el patio de armas, así como su función defensiva y residencial. A medida que el feudalismo decayó, los castillos perdieron su relevancia militar y muchos se convirtieron en ruinas.

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Para otros usos de este término, véase Castillo (desambiguación).

No debe confundirse con Palacio.

El Alcázar de Segovia, que data de principios del siglo xii, es uno de los
castillos medievales más característicos de toda Europa. La dinastía de los
Trastámara hizo del Alcázar su residencia principal y Felipe II le dio el
aspecto actual.
El castillo de Windsor es una residencia o cial del monarca del Reino Unido,
que tiene más de 900 años de antigüedad.
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El Castillo de Montsoreau, que data del siglo xv, es el único castillo del Loira
construido en la cama del Loira. Fue construido por el embajador del rey de
Francia en Venecia.

El Castillo de San Olaf en Savonlinna, Finlandia.


Castillo (del latín castellum, diminutivo de castrum) es, según la
de nición del Diccionario de la RAE, un «lugar fuerte, cercado de
murallas, baluartes, fosos y otras forti caciones».[1] Existe todo un
conjunto de edi caciones militares que guardan analogías con el
castillo, como el alcázar, la torre, el torreón, la atalaya, el fuerte, el
palacio forti cado, la ciudadela, el maestril, el burgo, el fortín, el
castro o la alcazaba, lo que el castillo encierra es un patio de
armas, en torno del cual se sitúan una serie de dependencias y que
dispone por lo menos de una torre habitable.

Evolución
Véanse también: Castrum y Alcazaba.
Los castillos europeos típicamente eran construidos por la realeza,
la nobleza de alto rango o las órdenes militares.[2] En los siglos ix y
x, los castillos que se construían en la Europa cristiana eran
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generalmente estructuras de madera erigidas sobre montículos
arti ciales que, tras la conquista normanda, se denominaban
motas.[3]

Fuerte romano en Ambleside, Cumbria.


Antecedentes
Desde el Neolítico (entre 8500 a. C. y 2500 a. C.), la población
construyó castros y forti caciones en colinas para defenderse.
Muchas de ellas, construidas de barro (tapial) han llegado hasta
nuestros días, junto con la evidencia del uso de empalizadas y
fosos. Posteriormente se fueron construyendo en piedra o en
ladrillos de barro o adobe según la disponibilidad de materiales o
las necesidades defensivas. Los romanos encontraron enemigos
que se defendían en colinas forti cadas que llamaron oppidum.
Aunque primitivas, eran efectivas y requerían del uso de armas y
otras técnicas de asedio para superar las defensas, como por
ejemplo en la batalla de Alesia.
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Las propias forti caciones romanas, los castrum, iban de simples
obras provisionales levantadas sobre el terreno por los ejércitos en
campaña, hasta construcciones permanentes en piedra, como el
Muro de Adriano en Inglaterra o los Limes en Alemania. Los fuertes
romanos se construían con planta rectangular y torreones con
esquinas redondeadas. El arquitecto romano Marco Vitrubio fue el
primero en señalar la triple ventaja de las torres redondas: más
e ciente uso de la piedra, una mejor defensa contra los arietes (al
trabajar la muralla a compresión) y mejor campo de tiro. Hasta el
siglo xiii estas ventajas no se redescubrieron en la Europa del
norte, llevadas desde la España musulmana, que mantuvo la
tradición desde mucho antes.

Primeros castillos

Castillo de Turégano, provincia de Segovia, España.


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Castillo de Bellver en Palma de Mallorca, España.
Si bien los primeros castillos datan del siglo ix -simples torres de
madera-, su origen es más antiguo y tienen precedentes en la
arquitectura militar de la Grecia clásica. En la Alta Edad Media, se
utilizaba como cerco defensivo una mera empalizada de madera,
pero la evolución del armamento y de las técnicas militares hicieron
inservible este procedimiento; más adelante, se con ó en la solidez
de las construcciones en piedra y en la altura de los muros que con
este material podía alcanzarse.

Aunque los castillos feudales proliferaron durante la Edad Media, el


castillo no solo cumplía funciones puramente castrenses, sino que
servía también de residencia a los señores de la nobleza y a los
propios reyes, llegando con el tiempo a ser un auténtico palacio
forti cado. Si bien podía estar enclavado en los núcleos urbanos, lo
común es que se situase en lugares estratégicos, normalmente en
puntos elevados y próximos a un curso de agua para su
abastecimiento, desde donde pudiera organizarse la propia
defensa y la de las villas que de él dependían.
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A partir del siglo xvi, con el ocaso del feudalismo y la consolidación
de las monarquías absolutistas, la nobleza propietaria de los
castillos los fue abandonando a cambio de mansiones palaciegas
en la corte. Por este motivo, y porque quedaron obsoletos en su
función militar, los castillos perdieron todo interés y decayeron
hasta quedarse en estado de ruinas en su mayoría.

Los elementos del castillo

Muralla del Castelo dos Mouros, en Sintra, Portugal.


En la arquitectura castelar pueden señalarse los siguientes
componentes como esenciales y característicos:

La mota castral
Artículo principal: Mota castral
Una mota era un montículo de tierra con una cima plana. A menudo
era arti cial, aunque a veces se incorporaba a una característica
preexistente del paisaje. La excavación de la tierra para hacer el
montículo dejaba una zanja alrededor de la mota, llamado «foso»
(por la que deriva la palabra "mota" del "motte" en francés antiguo y
"moat" como foso), indicando cómo se asociaron entre sí dichas
características interdependientes en la construcción original.
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Aunque la mota se asocia comúnmente con el patio (o "bailey")
para formar lo que se denominó «castillo de Mota y Bailey», pero
no fue siempre así y existen casos en los cuales existía una mota
por sí misma.[4]

"Mota" re ere a la loma sola, pero a menudo era coronada por una
estructura forti cada, como un homenaje, y la parte superior plana
estaría rodeada por una empalizada,[4] Era común que la mota fuera
alcanzada por un puente levadizo (un puente sobre la acequia de la
contraescarpa del foso hasta el borde de la parte superior del
montículo), como se muestra en la descripción que hace el tapiz de
Bayeux del castillo de Dinan.[5] A veces, una mota cubría un viejo
castillo o un «hall», cuyas habitaciones se convirtieron en áreas de
almacenamiento subterráneo y en prisiones bajo una nueva
fortaleza.[6]

Cerca
Todo el recinto va cercado de una alta y gruesa muralla,
generalmente transitable por el camino de ronda, un camino que la
recorre en su parte superior. De trecho en trecho, se intercalan en
la muralla cubos o torreones que permiten diversi car los ángulos
de tiro y defender mejor las cortinas. Todos los lienzos suelen estar
rematados por almenas para la protección de los defensores.
También es habitual disponer de matacanes y garitas voladas para
mejorar las condiciones de tiro sobre los asaltantes. Al pie de la
muralla y rodeándola por el exterior se abre a veces un foso para
impedir la aproximación del enemigo; se salva con puentes
levadizos. Puede haber más de un anillo defensivo amurallado.
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Patio y torre del homenaje del castillo de Prunn, Baviera.
Torre Mayor del Castillo de Cullera
Torre del homenaje
Artículo principal: Torre del homenaje
Es la torre principal, la que sirve de residencia del señor y cumple
con las funciones más destacadas del castillo, albergando las
estancias principales y, en ocasiones, los almacenes de víveres. Se
encuentra en la posición más abrigada en relación con un posible
ataque exterior, de forma que si sucumbiese el resto de las
defensas, esta torre proporcionase un último refugio.

Generalmente es más alta que el resto del conjunto, sus


dimensiones pueden ser de hasta 40 metros. La torre del homenaje
más alta en España es la del Castillo de los Sotomayor Zúñiga en
Belalcázar (Córdoba).

Castillo de los Sotomayor Zúñiga y Madroñiz en Belalcázar.


Patio de armas
Artículo principal: Plaza de armas
También llamado plaza de armas, constituye un espacio central que
en algunos casos recuerda los claustros monásticos. En torno al
patio se distribuyen determinadas estancias, como la capilla
(cuando la hay), la sala de recepciones, las naves para
acuartelamiento de la tropa, la armería, etc. La entrada al castillo
se produce a través del patio de armas; desde él se accede al resto
de las dependencias como pasillos de acceso a las mazmorras o
incluso a pasadizos secretos de huida, que suelen estar reservados
al señor. Se utiliza para la instrucción militar de la guarnición. En
Hispanoamérica es utilizado el término como sinónimo de plaza
mayor.
Castillo de Aledua con los restos de la muralla
Primeras Murallas
Qué función tienen estas primeras murallas para estas sociedades
prehistóricas. La función principal era la de contener a la
comunidad y a sus recursos preservados dentro de unos límites
sólidos, con zonas de acceso y salida para la población,
obviamnete también esta tenía un fuerte papel en la defensa de la
ciudad buscando impedir el ingreso de personas y animales los
cuales no eran bienvenidos, por lo que las llevó a ser de una gran
solidez y resitencia, luego fue ganado monumentalidad para la
protección de invasiones mayores. La construcción de estas
requería de una gran movilización de la población, para acarrear
materiales, alimentar mano de obra y su diseño de trazado y
estructura.

Muralla cortina
Artículo principal: Cortina (arquitectura)
Los muros cortina eran las murallas que encerraban un patio.
Tenían que ser lo su cientemente altas como para hacer escalar
las paredes con escaleras difíciles de construir y lo su ciente para
soportar el bombardeo de máquinas de asedio que, desde el
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siglo xv en adelante, incluyeron la artillería de pólvora gruesa. Una
pared típica podría ser de 3 metros (10 pies) de espesor y 12
metros (39 pies) de altura, aunque los tamaños varían mucho entre
los castillos. Para protegerlos de caer, los muros cortina se hacían
veces con un faldón de piedra alrededor de sus bases. Las
pasarelas a lo largo de la parte superior de los muros cortina
permitieron a los defensores hacer una lluvia de misiles sobre los
enemigos abajo, y las almenas les daban una mayor protección.
Los muros cortinas estaban salpicados de torres para permitir abrir
fuego a lo largo de la pared.[7] Las aspilleras en las paredes no se
volvieron comunes en Europa hasta el siglo xiii, por temor a que
pudieran poner en peligro la fortaleza de la pared.[8]

Puerta forti cada o Casa del guarda


Artículo principal: Casa del guarda
La entrada era a menudo la parte más débil del circuito de
defensas. Para superar esto, la casa del guarda fue desarrollada,
permitiendo a aquellos dentro del castillo para controlar el ujo de
trá co. En los castillos de tierra y madera, la puerta de entrada era
por lo general el primer tramo que se reconstruía en piedra. La
parte frontal de la puerta de entrada era un punto ciego y para
superar esto, se añadieron torres que sobresalían a cada lado de la
puerta en un estilo similar a la desarrollada por los romanos.[9] La
puerta de entrada contenía una serie de defensas para hacer un
asalto directo más difícil que derribar una simple puerta. Por lo
general, había uno o más rastrillos —una rejilla de madera
reforzada con metal para bloquear el paso— y aspilleras para
permitir a las defensas. El paso a través de la puerta de entrada se
alargó para aumentar la cantidad de tiempo que un agresor tenía
que pasar bajo el fuego en un espacio cerrado y no pudiera tomar
represalias.[10]

Es un mito popular que los llamados meurtrière, que eran las


aberturas en el techo en el paso por la puerta, se utilizaran para
verter aceite o plomo fundido hirviendo sobre los atacantes; ya que
el precio del aceite y el plomo y la distancia de la puerta de entrada
demostraban que la noción es poco práctica. Pero posiblemente
eran utilizados para tirar objetos sobre los atacantes, o para
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permitir que el agua se vertiera durante los incendios.[11] En el piso
superior de la casa del guarda se dispuso un alojamiento para que
la puerta nunca quedara sin defensas, aunque con el pasar del
tiempo el alojamiento se volvió más confortable a expensas de la
defensa.[12]

Durante los siglos xiii y xiv, se desarrolló la barbacana.[13] Esta


consistía en una muralla, foso, y posiblemente una torre, en frente
de la puerta de entrada,[14] que podría ser utilizado para proteger
aún más la entrada. El propósito de una barbacana no era solo
para proporcionar otra línea de defensa, sino también para dictar la
única aproximación a la puerta.[15]

Otros elementos

Ruinas del Castillo de Burgos, puerta sur.


Castillo de la Atalaya (Villena, Alicante)
Barbacana
Así se llama a una forti cación de defensa adicional, en el lado más
avanzado del foso. Protegía puertas, cabezas de puente o
cualquier otro lugar que fuese punto débil. Se le llama también
revellín.

Liza
El espacio más o menos ancho que uno encuentra nada más
atravesar el puente levadizo, de derecha e izquierda, entre la
muralla que rodea el castillo y el edi cio. Está a ras del suelo,
mientras que el adarve está en altura.

Cisterna o pozo
La cisterna o pozo es el depósito para almacenar el agua casi
siempre obtenida con aportaciones de acarreo; a veces el sistema
permitía almacenar también el agua de lluvia. Generalmente estaba
construido bajo tierra.
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Almena

Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México.


La almena, también llamada merlón, es un elemento arquitectónico
típico de la arquitectura militar medieval. Se trata de cada uno de
los salientes verticales y rectangulares dispuestos a intervalos
regulares que coronan los muros perimetrales del castillo, para
resguardarse en ellas los defensores.

Ladroneras
Los soldados que luchan desde la parte más alta de los abruptos
muros del castillo no pueden disparar o atacar de ningún otro modo
a los enemigos situados en la base del muro, sin exponerse a las
echas. Los castillos se mejoraron con ladroneras, que eran
cubículos que sobresalían de los muros altos, en cuyo suelo se
hallaban los matacanes y en cuyo muro frontal había aspilleras.

Matacanes o buzón matafuegos


En la parte inferior de las ladroneras se situaban trampillas
denominadas matacanes. Se podían abrir y los defensores podían
lanzar echas y tirar piedras, agua hirviendo o arena muy caliente.
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Ori cios en el techo, por los cuales podía derramarse agua
hirviendo, arena caliente o rocas. Esos ori cios también permitían a
los soldados transmitir órdenes o apagar las llamas si se prendía
fuego a la puerta.

Centro social
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«God Speed!» de Edmund Blair Leighton, 1900: En el período victoriano una
visión de una dama dando un favor a un caballero antes de la batalla.
La presencia del Señor en un castillo hacia que se convirtiera en un
centro administrativo desde donde este gestionaba las tierras. El
señor contaba con el apoyo de personas por debajo de él, ya que
sin el apoyo de sus más poderosos inquilinos un señor podía
esperar que su poder fuera socavado. Los señores exitosos se
unían a la corte con quiénes se encontraban inmediatamente
debajo en la escala social, y quiénes se ausentaban de la corte
podían esperar que su poder se debilitara. Los grandes señoríos
podían ser enormes, por lo que era poco práctico para un señor
visitar todas las tierras regularmente, por lo que se nombraban
diputados encargados de ello. Esto aplicaba especialmente a la
realeza, que en otros tiempos incluían propiedades en tierras
extranjeras también.[16]

Para permitir que el señor se concentre en sus tareas relacionadas


con la administración, tenía una casa de siervos para ocuparse de
las tareas como el suministro de alimentos. El hogar era dirigido
por su chambelán, mientras que un tesorero se hacía cargo de las
escrituras de las tierras. Las casas reales tenían esencialmente la
misma forma que las baronías, aunque con una escala mucho más
grande y con posiciones de mayor prestigio.[17] Una función
importante de los sirvientes de la casa fue la preparación de los
alimentos, las cocinas del castillo eran un lugar muy concurrido
cuando se encontraba ocupado, llamando a procurar grandes
comidas para todos.[18] Sin la presencia del señor en el castillo,
siendo que por lo general se alojaba en otro lugar, el castillo era un
lugar relativamente tranquilo, con pocos residentes y centrado en el
mantenimiento del edi cio.[19]

Como centros sociales los castillos eran lugares ideales para


exhibirse. Los constructores aprovechaban la posibilidad de
aprovechar el simbolismo, a través del uso de motivos, para evocar
el sentido de caballerosidad que se aspiraba en la Edad Media
entre la élite. Las estructuras posteriores al renacimiento romántico
utilizarían elementos de arquitectura propios de los castillos como
las almenas para ese propósito. Los castillos, además, son
comparados con las catedrales siendo objetos de orgullo
arquitectónico, y a algunos de ellos se les incorporó jardines como
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elementos ornamentales.[20] El permiso para forti car cuando era
otorgado por monarcas -aunque no siempre era necesario- era
importante no solo porque permitía defender la propiedad con
pertrechos asociados a los castillos sino que también daban un
prestigio al ser utilizados por la élite.[21] El permiso de forti cación
también era una prueba de la relación o favor del monarca, quién
era encargado de otorgar dicho permiso.[22]

El amor en la corte fue la erotización de amor entre la nobleza. Se


hizo hincapié en la moderación entre los amantes. Aunque a veces
se expresaba a través de eventos como torneos caballerescos,
donde los caballeros lucharían lleva un símbolo de su dama, que
también podría ser privado y llevado a cabo en secreto. La leyenda
de Tristán e Isolda es un ejemplo de las historias de amor
cortesano en la Edad Media.[23] El ideal de la noción de amor
cortesano era entre dos personas solteras entre sí, aunque el
hombre podía estar casado con otra persona. No era infrecuente o
poco noble para un señor que fuera adúltero —Enrique I de
Inglaterra tenía más de 20 hijos bastardos, por ejemplo—. Pero
para una dama el ser promiscua era visto como deshonroso.[24]

El propósito del matrimonio entre las elites medievales era


asegurar la tierra. Las niñas se casaban en la adolescencia, pero
los niños no se casaban hasta la mayoría de edad.[25] Hay una
concepción popular de que las mujeres jugaban un papel periférico
en el hogar del castillo medieval, y que estaba dominada por el
señor. Esto se deriva de la imagen del castillo como una institución
marcial, pero la mayoría de los castillos en Inglaterra, Francia,
Irlanda y Escocia, nunca estuvieron involucrados en con ictos o
asedios, por lo que la vida doméstica era un aspecto en sí
descuidado.[26] A la dama se le daba una dote con parte de las
tierras de su marido - por lo general alrededor de un tercio -, que le
pertenecerían de por vida y que heredaría a la muerte de su
esposo. Era su deber de administrarlas directamente, como los
señores administraban sus propias tierras.[27] A pesar de
generalmente estar excluidas del servicio militar, una mujer podría
estar a cargo de un castillo, ya sea en nombre de su marido o si
ella era viuda. Debido a su in uencia dentro de la casa medieval,
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las mujeres in uenciaban construcción y el diseño, a veces a través
de patrocinio directo; el historiador Charles Coulson enfatiza el
papel de la mujer en la aplicación de "un gusto aristocrático
re nado" de castillos, debido a su residencia a largo plazo.[28]

Véase también: Corte noble


Castillos de España
Artículo principal: Anexo:Castillos de España

Castillo de Alburquerque, provincia de Badajoz.


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Camino de ronda de la Alcazaba-castillo de la ciudad de Badajoz.

Panorámica Castillo de la Encomienda de Enguera de la Orden de Santiago.


Enguera, Valencia.
Los ocho siglos que duró la Reconquista (711-1492) llevada a cabo
por los reinos cristianos del norte para recuperar las tierras
sometidas por los musulmanes mantuvieron la península ibérica en
permanente estado de guerra. Si se añaden a ello las tensiones
internas entre la nobleza y la monarquía, frecuentes durante la Baja
Edad Media y el Renacimiento, que derivan a veces en auténtica
Guerra Civil, se comprende fácilmente el papel que jugaron los
castillos y el porqué de su abundancia en España. Sin embargo,
estas luchas entre nobleza y monarca eran más comunes en
países como Francia que en España, pues en la península la
defensa contra los musulmanes hacía que los nobles tuvieran que
recurrir más a su rey como símbolo de fortísimo.

Véase también
• Albacara
• Alcázar
• Cadalso (arquitectura)
• Castellano (cargo)
• Castillo japonés
• Castillo feudal
• Ksar
• Poterna
• Torre albarrana
• Torre forti cada
• Castillo rodeado de agua
Referencias
1. [Link]: castillo.
2. «Castles and Palaces - Learn Important Terms and Concepts».
VEDANTU (en inglés). Consultado el 18 de agosto de 2025.
3. «How medieval fortresses were built for war». History (en inglés). 18
de agosto de 2025. Consultado el 18 de agosto de 2025.
4. (Friar, 2003, pp. 214)
5. (Cathcart King, 1988, pp. 55-56)
6. (Barthélemy, 1988, pp. 397)
7. (Friar, 2003, pp. 86)
8. (Cathcart King, 1988, pp. 84)
9. (Friar, 2003, pp. 124-125)
10. (Friar, 2003, pp. 126, 232)
11. (McNeill, 1992, pp. 98-99)
12. (Allen Brown, 1976, pp. 64)
13. (Friar, 2003, pp. 25)
14. (McNeill, 1992, pp. 101)
15. (Allen Brown, 1976, pp. 68)
16. (McNeill, 1992, pp. 16-18)
17. (McNeill, 1992, pp. 22-24)
18. (Friar, 2003, pp. 172)
19. (McNeill, 1992, pp. 28-29)
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20. (Coulson, 1979, pp. 74-76)
21. (Coulson, 1979, pp. 84-85)
22. (Liddiard, 2005, pp. 9)
23. (Schultz, 2006, pp. xv-xxi)
24. (Gies y Gies, 1974, pp. 87-90)
25. (McNeill, 1992, pp. 19-21)
26. (Coulson, 1979, pp. 382)
27. (McNeill, 1992, pp. 19)
28. (Coulson, 1979, pp. 97-299, 382)

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