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Velas y cempasúchil en ofrendas

La ofrenda de Día de Muertos es un ritual que mezcla tradiciones indígenas y europeas, donde se ofrecen elementos como agua, sal, velas, copal, flores y comida para honrar y recibir a las almas de los difuntos. Cada elemento tiene un significado especial, como el agua que simboliza la vida y la sal que purifica, mientras que las flores guían a las almas hacia el altar. La ofrenda también incluye objetos simbólicos y comida, adaptándose a las tradiciones de cada familia, y se distingue entre altares para adultos y para niños, donde se utilizan elementos específicos para cada uno.
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Velas y cempasúchil en ofrendas

La ofrenda de Día de Muertos es un ritual que mezcla tradiciones indígenas y europeas, donde se ofrecen elementos como agua, sal, velas, copal, flores y comida para honrar y recibir a las almas de los difuntos. Cada elemento tiene un significado especial, como el agua que simboliza la vida y la sal que purifica, mientras que las flores guían a las almas hacia el altar. La ofrenda también incluye objetos simbólicos y comida, adaptándose a las tradiciones de cada familia, y se distingue entre altares para adultos y para niños, donde se utilizan elementos específicos para cada uno.
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Conoces el significado de los elementos de una ofrenda de Día

de Muertos?

Ofrendar es estar cerca de nuestros muertos para dialogar con su


recuerdo, con su vida. La ofrenda es el reencuentro con un ritual que
convoca a la memoria.

INPI | Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas | 23 de octubre de 2019

La ofrenda de Día de muertos.

La ofrenda es ese ritual colorido donde el individuo y la comunidad están


representados con su dádiva; es un acto sagrado, pero también puede
ser profano: la tradición popular es la simbiosis de la devoción sagrada y
la práctica profana.

Ofrendar, en el Día de Muertos, es compartir con los difuntos el pan, la


sal, las frutas, los manjares culinarios, el agua y, si son adultos, el vino.
Ofrendar es estar cerca de nuestros muertos para dialogar con su
recuerdo, con su vida. La ofrenda es el reencuentro con un ritual que
convoca a la memoria.
La ofrenda del Día de Muertos es una mezcla cultural donde los
europeos pusieron algunas flores, ceras, velas y veladoras; los indígenas
le agregaron el sahumerio con su copal y la comida y la flor de
cempasúchil (Zempoalxóchitl). La ofrenda, tal y como la conocemos hoy,
es también un reflejo del sincretismo del viejo y el nuevo mundo. Se
recibe a los muertos con elementos naturales, frugales e intangibles -
incluimos aquí las estelas de olores y fragancias que le nacen a las
flores, al incienso y al copal-.

La ofrenda de muertos debe tener varios elementos esenciales. Si faltara


uno de ellos, se pierde aunque no del todo el encanto espiritual que
rodea a este patrimonio religioso.

Elementos imprescindibles para recibir a las ánimas

Cada uno de los siguiente elementos encierra su propia historia,


tradición, poesía y, más que nada, misticismo.

El agua. La fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para que mitiguen


su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso.
En algunas culturas simboliza la pureza del alma.
La sal. El elemento de purificación, sirve para que el cuerpo no se
corrompa, en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año.

Velas y veladoras. Los antiguos mexicanos utilizaban rajas de ocote.


En la actualidad se usa el cirio en sus diferentes formas: velas, veladoras
o ceras. La flama que producen significa "la luz", la fe, la esperanza. Es
guía, con su flama titilante para que las ánimas puedan llegar a sus
antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada. En varias
comunidades indígenas cada vela representa un difunto, es decir, el
número de veladoras que tendrá el altar dependerá de las almas que
quiera recibir la familia. Si los cirios o los candeleros son morados, es
señal de duelo; y si se ponen cuatro de éstos en cruz, representan los
cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse
hasta encontrar su camino y su casa.

Copal e incienso. El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses
ya que el incienso aún no se conocía, este llegó con los españoles. Es el
elemento que sublima la oración o alabanza. Fragancia de reverencia. Se
utiliza para limpiar al lugar de los malos espíritus y así el alma pueda
entrar a su casa sin ningún peligro.

Las flores. Son símbolo de la festividad por sus colores y estelas


aromáticas. Adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del
ánima, la cual al marcharse se irá contenta, el alhelí y la nube no
pueden faltar pues su color significa pureza y ternura, y acompañan a
las ánimas de los niños.
En muchos lugares del país se acostumbra poner caminos de pétalos
que sirven para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y
viceversa. La flor amarilla del cempasuchil (Zempoalxóchitl) deshojada,
es el camino del color y olor que trazan las rutas a las ánimas.

Los indígenas creían que la cempasúchil era una planta curativa, pero
ahora solo sirve para adornar los altares y las tumbas de los difuntos.
Por esta razón se dice que a lo largo del tiempo la flor fue perdiendo sus
poderes curativos. Flor de cempasúchil significa en náhuatl "veinte flor";
efeméride de la muerte.

El petate. Entre los múltiples usos del petate se encuentra el de cama,


mesa o mortaja. En este particular día funciona para que las ánimas
descansen así como de mantel para colocar los alimentos de la ofrenda.

El izcuintle. Lo que no debe faltar en los altares para niños es el perrito


izcuintle en juguete, para que las ánimas de los pequeños se sientan
contentas al llegar al banquete. El perrito izcuintle, es el que ayuda a las
almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso
para llegar al Mictlán.

El pan. El ofrecimiento fraternal es el pan. La iglesia lo presenta como el


"Cuerpo de Cristo". Elaborado de diferentes formas, el pan es uno de los
elementos más preciados en el altar.
El gollete y las cañas se relacionan con el tzompantli. Los golletes son
panes en forma de rueda y se colocan en las ofrendas sostenidos por
trozos de caña. Los panes simbolizan los cráneos de los enemigos
vencidos y las cañas las varas donde se ensartaban.

Otros objetos para rememorar y ofrendar a los fieles difuntos

El retrato del recordado sugiere el ánima que nos visitará, pero este
debe quedar escondido, de manera que solo pueda verse con un espejo,
para dar a entender que al ser querido se le puede ver pero ya no existe.

La imagen de las Ánimas del Purgatorio, para obtener la libertad


del alma del difunto, por si acaso se encontrara en ese lugar, para
ayudarlo a salir, también puede servir una cruz pequeña hecha con
ceniza.

Pueden colocarse otras imágenes de santos, para que sirva como medio
de interelación entre muertos y vivos, ya que en el altar son sinónimo de
las buenas relaciones sociales. Además, simbolizan la paz en el hogar y
la firme aceptación de compartir los alimentos, como las manzanas, que
representa la sangre, y la amabilidad a través de la calabaza en dulce de
tacha.
El mole con pollo, gallina o guajolote, es el platillo favorito que ponen
en el altar muchos indígenas de todo el país, aunque también le agregan
barbacoa con todo y consomé. Estos platillos son esa estela de aromas,
el banquete de la cocina en honor de los seres recordados. La buena
comida tiene por objeto deleitar al ánima que nos visita.

Se puede incluir el chocolate de agua. La tradición prehispánica dice que


los invitados tomaban chocolate preparado con el agua que usaba el
difunto para bañarse, de manera que los visitantes se impregnaban de
la esencia del difunto.

Las calaveras de azúcar medianas son alusión a la muerte siempre


presente. Las calaveras chicas son dedicadas a la Santísima Trinidad y la
grande al Padre Eterno.

También se puede colocar un aguamanil, jabón y toalla por si el ánima


necesita lavarse las manos después del largo viaje.

El licor es para que recuerde los grandes acontecimientos agradables


durante su vida y se decida a visitarnos.
Una cruz grande de ceniza, sirve para que al llegar el ánima hasta el
altar pueda expiar sus culpas pendientes.

El altar puede ser adornado con papel picado, con telas de seda y satín
donde descansan también figuras de barro, incensario o ropa limpia para
recibir a las ánimas.

La ofrenda, en sí, es un tipo de escenografía donde participan nuestros


muertos que llegan a beber, comer, descansar y convivir con sus
deudos.

Las ofrendas de los muertos chiquitos

En la mayoría de los hogares campesinos, de extracción mestiza o


indígena, y aún entre algunas familias urbanas, el 31 de octubre se
elabora la ofrenda dedicada a los niños o “angelitos”. Sus ánimas llegan
el día primero de noviembre para nutrirse de la esencia y el olor de los
alimentos que sus padres les prepararon.

En el altar de los “angelitos” la comida no debe condimentarse con chile,


porque les haría daño. Es imprescindible que las flores y los candelabros
sean blancos, pues este color simboliza la pureza de estos inocentes
difuntos.

A los niños muertos se les ponen dulces de alfeñique, pasta elaborada


con azúcar, con este material se fabrican figuras de animalitos,
canastitas con flores, zapatos, ánimas y ataúdes.

En otros lugares, los altares se adornan con juguetitos de barro pintado


con colores alegres; así cuando lleguen las ánimas de los difuntos
“chiquitos” podrán jugar tal como lo hacían en vida.

Todos los altares cuentan con panes en miniatura, pues es sabido que a
los niños les gusta mucho, al igual que las tortillas, la fruta y el dulce de
calabaza.

Es característico que todos los elementos que conforman el altar de los


“angelitos” estén elaborados a una escala reducida. Ninguno es grande,
ni pueden ponerse objetos que pertenezcan a los altares de los adultos.
De ser así, los niñitos se enojarían, se pondrían tristes y no comerían lo
ofrecido.

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