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Reglas de supervivencia en un mundo vampírico

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SINOPSIS

Acatar las siete reglas y no ser un classis inferioribus. Esto es

lobásico que debes necesitar para vivir una vida «digna» o por lo

menos algo parecido a una.

55

Hace ya mucho tiempo que los vampiros se hicieron con el

control total. Tanto, que parece que se nos ha olvidado que

alguna vez estuvimos en la cúspide de la cadena alimenticia;

demasiado como para recordar que alguna vez tuvimos

derechos y libertad.

14

Yo nunca supe lo que significaba ser libre, o lo que se sentía al

salir de casa sin miedo. Ellos nos arrebataron todo lo que alguna

vez fue nuestro y que nos pertenecía por derecho.

Hace setecientos años empezó todo.

Yo ni siquiera había nacido, pero puedo imaginar el miedo que

todos debieron sentir en ese momento.

1
Lo que comenzó con muertes sin relación aparente, acabó con

masacres que, en un principio, se confundieron con ataques

terroristas. Aquella teoría tenía más sentido que el hecho de que

la humanidad estuviese siendo atacada por salvajes bestias con

colmillos.

Al descubrir la verdad, la humanidad se dividió en tres grupos:

Primero, los que se arrodillaron ante ellos y les veneraron como

sus dioses; los que gustosos se ponían de rodillas para

satisfacerlos y agradarles en cualquier ámbito.

77

Luego los que simplemente se rindieron, y por mucho odio que

guardaran en su interior, cerraban la boca para no acabar

muertos.

61

Y la gente que no lo aceptó, que no iba a renunciar a sus

derechos; gente que prefería morir a doblegarse ante ellos.

75

Lucharon con uñas y dientes, nunca se rindieron, y cuando

consiguieron llamar su atención, fueron bautizados como los

rebellium, o más conocidos entre los humanos, como los

cazadores de monstruos.

2
16

Con el paso del tiempo, los rebellium se hicieron más fuertes,

más poderosos, más inteligentes, más rápidos. La naturaleza les

había recompensado por su valía y sacrificio, pero eso no evitó

que se extinguieran a manos de los chupasangres.

124

A día de hoy solo quedan las siguientes generaciones de esa

antigua humanidad, y como venganza, los vampiros nos

volvieron a clasificar en tres sectores, nos adaptaron a su propio

sistema.

Los descendientes de aquellos que los veneraron, fueron

clasificados con el nombre de classis superioris, para

entendernos, clase alta.

Son los privilegiados, los adinerados, los beneficiados por el

mundo vampírico, a cambio de su lealtad hacia ellos, claro está.

10

Las siguientes generaciones de los que se rindieron, fueron

considerados como clase media y recibieron el nombre de

media genus. Viven bien, en bonitas casas en el poblado de su

clan correspondiente. Suelen ser autónomos, trabajan en la

artesanía, el comercio...

3
5

Y por último están los classis inferioribus, los descendientes de

los rebellium.

Para nuestra mala suerte, no heredamos las cualidades de

nuestros antepasados, se perdieron con el tiempo. Somos la

clase baja en el mundo humano, los repudiados, los que no

valen nada. Los que solo sirven para la servidumbre.

13

Aquí la pequeña venganza de los vampiros.

31

Dejando todo esto atrás, nos encontramos con la lista de las

siete reglas, más conocidas como las praecepta mortis.

Todos los humanos debemos seguir al pie de la letra la lista de

las siete reglas, pues todo el que las las incumpla acabará

muerto o sometido a un juicio en la corte.

Pero bueno, al fin y al cabo, mueres igual.

16

Regla número siete: No los mires.

Mirar a los vampiros a los ojos se puede considerar como un acto

de superioridad y rebeldía.

226

4
Normalmente no pasa, pero si se sienten ofendidos, no dudarán

en matarte.

40

Regla número seis: No te rebeles.

Negarte a pagar tus impuestos o a donar sangre una vez al mes,

es considerado rebelión, y se te juzgará por ello.

64

Regla número cinco: Enseña tu marca. Todos los humanos

mayores de dieciséis años tienen una marca para diferenciar su

clase, negarte a enseñarla, de nuevo, es rebelión.

La marca es una especie de runa que nos "tatúan" con hierro

caliente, para diferenciar si somos de clase alta, media o baja, y

así no haya ningún tipo de confusión.

46

Regla número cuatro: No huir. Todos los humanos tienen

prohibido escapar del poblado. El que nace aquí debe vivir y

morir aquí.

93

De todas formas, nadie sale, ya que por lo menos nuestro

poblado está rodeado por bosques en los que habitan

licántropos.

5
203

Regla número tres : No te acerques a la verbena. Poseer verbena

está terminantemente prohibido. Si es encontrada o se usa a

modo de defensa, la persona responsable será juzgada.

Regla número dos: No salgas en la noche.

La hora de caza comienza a las doce de la noche; cualquier

persona que se encuentre fuera de su casa a partir de esa hora

podrá ser desangrada.

La caza finaliza a las cinco de la mañana.

58

Regla número uno: No seas curioso.

Buscar información sobre los vampiros está prohibido y

probablemente seas castigado con la pena de muerte.

75

Nadie sabe la razón, pero tampoco se arriesgan para averiguarlo.

Y ya por último nos encontramos con la Magnus auction o la gran

subasta.

Una vez al año se hace una especie de sorteo: Todas las classis

inferioribus de la pequeña ciudad se enfrentan a una rifa, y las

diez jóvenes elegidas serán sirvientas exclusivas para vampiros.

Se asigna una chica a cada una de las nueve familias nobles de la

6
corte vampírica y la última de ellas es llevada al castillo real

como sirvienta.

73

Por lo menos es esto lo que nos cuentan, ya que esas chicas

jamás vuelven a casa, y la verdad, si no fuesen asesinadas, no

necesitarían diez más al año.

35

Si cumples con todos los requisitos que acabo de mencionar,

¡felicidades!

vivirás una vida feliz y normal dentro de lo que cabe.

44

Pero si eres como yo, una classis inferioribus a la que no le gusta

seguir las reglas, es probable que sufras el mismo destino que

mis antepasados.

CAPÍTULO 1

7
—¡Katherine! —gemí sobresaltada. A causa del susto y de mi

propio descuido, me pinché en el dedo índice con la aguja que

estaba usando para coser unos agujeros que las polillas se

habían encargado de fabricar en mis calcetines. Una pequeña

gota de sangre cayó sobre la falda de mi vestido, la cual me

apresuré a limpiar entre maldiciones, mientras me metía el dedo

herido en la boca y succionaba suavemente.

Como si eso fuera a ayudar en algo.

—¡¿Qué quieres?! —grité de vuelta, sujetando aún mi dedo

malherido entre los dientes- ¡¿Mace...?! ¡¡¡Mace!!!

—¡Ven!

Bufé con angustia y me dejé caer perezosamente sobre la

almohada. Cerré los ojos y me quedé ahí quieta durante unos

pocos segundos, tratando de disfrutar de mis últimos minutos

de paz, pero Mace tardó incluso menos de lo esperado en

volverme a llamar. Me levanté de golpe y salí de mi habitación

dando grandes pisotones. Al llegar a las estrechas escaleras de

madera medio podrida, me vi obligada a ralentizar el ritmo, pues

8
tuve que bajarlas totalmente a oscuras, palpando las paredes, la

barandilla, y todo lo que pudiera ayudarme a no rodar escalones

abajo.

Si solo pudiéramos permitirnos pagar la luz... Lo único que me

consuela es que la electricidad es algo que solo los más

adinerados pueden permitirse, así que no somos ni las primeras ni

las únicas que nos encontramos en esta situación.

No había ni terminado de cruzar el umbral de la puerta de la sala

de estar, cuando Mace, mi mejor amiga, saltó encima de mí con

una expresión emocionada; irradiando felicidad.

—¡Lo tengo! —chilló, con una sonrisa radiante.

—A ver, ¿qué tienes? —Su entusiasmo no tardó en contagiarme y

las comisuras de mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa.

Ella es la única persona capaz de cambiar mi estado de ánimo con

una sola frase.

—La manera de escapar de este sitio de mala muerte.

16

Y tanto que lo cambia.

Tardé algunos segundos en procesar sus palabras.

9
Tanto tiempo pensando en cómo poder escapar de este horrible

lugar... ¿y ya lo tiene? ¿así de fácil? ¿ya está?

—Es perfecto, lo tengo todo perfectamente planeado. Sé

cuándo, cómo y dónde podemos hacerlo.

—¿Eh? —conseguí balbucear.

—Como bien sabes, en dos semanas se celebra la subasta —

continuó hablando al ver que no salía de mi asombro—, y será la

primera vez que nosotras tengamos que participar...

—¿Ajá...?

—Pues cuando acabe la ceremonia, como todo el mundo

centrará su atención en las elegidas, nos escabulliremos y

saltaremos el muro.

43

—¿Saltar el muro? —cuestioné con una ceja alzada, percibiendo

los primeros ápices de desilusión aflorando en la boca de mi

estómago.

Mace suele imaginarse planes descabellados antes de dormir, en

los que saltamos el muro y evadimos a los guardias, como si

realmente tuviéramos la fuerza y la agilidad necesarias para ello.

Yo los entiendo más bien como sueños fantásticos con los que

10
poder imaginar una vida mejor antes de ir a la cama. Pero esta

vez creí de verdad que había maquinado algo lo suficientemente

temerario como para poder escapar de esta horrible ciudad, pero

también lo suficientemente seguro como para poder hacerlo de

una sola pieza.

—No es tan difícil como parece. —aseguró—. Simplemente

tenemos que mezclarnos entre la multitud cuando todo el

mundo esté demasiado ocupado prestándoles atención a las

diez elegidas, como para preocuparse de la aburrida

—Eso si no nos escogen a nosotras.

—¡Deja de ser tan pesimista! Hay más de veinte mil chicas classis

inferioribus de dieciocho años en el poblado. No debemos

temerle a la subasta porque las probabilidades de ser elegidas

son muy escasas, debemos ser valientes y aprovechar la ocasión

para escapar.

12

—Si de verdad crees que podríamos llegar a la muralla sin que

nadie nos vea, es que realmente has perdido la cabeza.

11
—Para evitar eso debemos ser rápidas, más de lo que hemos

sido nunca. Pero piensa en lo mucho que hemos practicado con

la valla del jardín. Lo tenemos dominado. Y aún tenemos tiempo

para seguir practicando.

—Una cosa es la valla del jardín, y otra muy diferente es una

muralla de piedra y hierro de más de cinco metros de altura. —

Contrarresté con escepticismo.

—Podemos hacerlo.

—Si nos pillan acabaremos muertas.

—Y si no nos arriesgamos, tarde o temprano sucumbiremos ante

el hambre y el frío. ¿Cuánto más crees que podemos aguantar en

estas condiciones? Las deudas nos llegan hasta el cuello,

Katherine. Nos están asfixiando.

—Lo sé... claro que lo sé, pero...

—Además, —me interrumpió—, la Magnus Auction se celebra día,

por la mañana para ser exactos, no habrá muchos vampiros

cerca.

12
—¿Y a dónde se supone que iríamos en el hipotético caso de que

consiguiéramos saltar el muro? ¿te has parado a pensar en eso?

¿en todo lo que dejamos atrás?

—La cabaña de mi padre —respondió. Las comisuras de sus

labios se curvaron hacia abajo ante la efímera mención de Tom.

Frunció el ceño y apartó la mirada junto a una leve sacudida de

cabeza, como tratando de alejar lo que fuese que se había

cruzado por su mente.

—Eso está en el bosque... en algún lugar del bosque de los gritos.

—Me corregí—. Y ambas sabemos qué clase de criaturas

merodean tras esos árboles.

—Nos las apañaremos. —Le restó importancia—. Sé que

toparnos con algún licántropo por el camino es una posibilidad,

pero según me contó mi padre, los alrededores de la cabaña

fueron bendecidos hace más de doscientos años y ningún ser

maligno puede cruzar esa barrera. Si llegásemos a la cabaña,

Katherine, si tan solo pudiéramos llegar hasta allí, no

tendríamos que volver a preocuparnos nunca más por hombres

lobo, brujos... ni vampiros. Seríamos libres, Kathy. Libres.

13
—No creo que sea buena idea basar todas tus esperanzas en un

cuento que tus padres nos contaron de pequeñas. Esa cabaña no

tiene ni por qué existir.

—Oye, sé que esa historia es real. Mi madre me dijo una vez que

mis abuelos, cuando eran jóvenes, vivieron en la cabaña algún

tiempo. Y que mamá y papá también la visitaron, junto a tus

padres.

Mis padres.

Cerré las puños fuertemente hasta clavarme las uñas en las

palmas de las manos, tratando de no derramar ni una sola

lágrima. No era el momento para recordarlos, no después de

tanto tiempo.

—¿Y enserio crees que podamos sobrevivir allí? —Cambié de

tema drásticamente, queriendo alejar la conversación lo

máximo posible en lo que a mis padres se refería—. No sabemos

si hay tierras fértiles o siquiera un maldito río del que podamos

beber. Si en esta casa ya nos congelamos por las noches, no me

quiero ni imaginar en una cabaña de madera en medio del

bosque que ha estado tanto tiempo deshabitada.

14
—Será difícil, pero si mis antepasados vivieron allí, nosotras

también podemos.

Asimismo, sí es un lugar rico en tierras fértiles en las que

podemos sembrar cualquier cultivo. También se pueden recoger

varios tipos de frutos silvestres. Y no te preocupes por el agua

porque sí que hay un río, lleno de peces y cangrejos. De todas

formas, mi madre me contó que tu padre y el mío construyeron

un pozo justo al lado de la cabaña. Además, aún tenemos la caja

que escondió mi madre bajo los tablones de nuestra habitación.

¿Acaso has olvidado lo que dijo? ¿que no debíamos abrirla hasta

que no tuviéramos la oportunidad de empezar a vivir de verdad?

¿Qué crees que significa eso? La clave para encontrar la cabaña

se encuentra ahora mismo bajo nuestros pies.

—Aunque todo eso sea cierto y no solo una mentira piadosa para

hacer felices a a las que eran dos niñas de trece años, no tienes

ni la más remota idea de dónde está. Y tampoco creo que lo que

tus padres pudieran transmitirte acerca de su localización fuera

muy fiable. Según sabemos, solo fueron ahí una vez.

—Lo sé perfectamente, se quedaron en este maldito poblado

casi toda su vida, recibiendo las mismas y constantes burlas por

ser "unos asquerosos classis inferioribus", que ahora recibimos

15
nosotras. No quiero seguir soportando eso Kathy, estoy harta de

que incluso los de nuestra propia especie nos odien.

La sala de estar, que en realidad era también comedor y cocina,

se sumió en silencio incómodo. Las paredes parecían hacerse

más pequeñas por segundos, algo asfixiante dado que el lugar

no mide más de veinte metros cuadrados.

—Tus padres no querrían que nos quedásemos aquí toda la vida,

sumidas en la miseria y sofocadas por la falta de dinero —hablé,

cuando fui capaz de ordenar mis pensamientos, al menos

superficialmente—. Y mis padres tampoco... —Una sensación

amarga me revolvió las tripas por segunda vez. Hice lo posible

por no pararme a recordar cosas que suplicaba olvidar por

completo algún día. Pero todavía seguían ahí, grabados a fuego

en mi cabeza, esperando para resurgir en momentos como este

—. Querrían que nos fuésemos.

—Algún día se hará justicia, Katherine. —Mi corazón se encogió,

porque sabía que eso era una mentira piadosa, al igual que lo

eran las historias que nos contaban sus padres antes de dormir

para tener un motivo por el que seguir sonriendo a la mañana

siguiente-. Algún día acabaremos con el maldito chupasangre

que te arrebató a tus padres. Te lo prometo.

16
8

—Ojalá fuera tan sencillo... —susurré, con una media sonrisa que

seguramente no me llegó a los ojos

—Tienes razón... —se aclaró la garganta y cambió de tema

nuevamente. Sus ojos se suavizaron antes de seguir hablando;

me dirigió una de esas miradas de lástima que odiaba recibir.

Tanto de ella como de desconocidos—, en lo de que nuestros

padres querrían vernos vivir una vida plena y libre. Y sé que

podemos conseguirlo, porque, por muy triste que suene, nadie

va a echarnos de menos.

Supongo que sí que es triste.

Aunque ambas nos hayamos acostumbrado a solo tenernos la

una a la otra, sigue siendo algo bastante patético.

Ser una classis inferioribus es como tener una enfermedad: la

gente te mira por encima del hombro y hace lo imposible por que

no te acerques a ellas, aunque esta no sea contagiosa.

Los padres de Mace murieron hace relativamente poco. Su

padre, o como yo le llamaba: tío Tom, falleció hace un par de

años por un infarto y la tía Helena, su madre, le siguió un año

después por cáncer de mama.

17
3

Desde entonces estamos completamente solas.

Creo que no hace falta recalcar que los pobretones de clase baja

tenemos pocas posibilidades de sobrevivir a una enfermedad

como el cáncer. Los remedios mágicos son lo suficientemente

caros como para que solo los classis superioris puedan

permitirse comprarlos.

Como si solo ellos tuvieran derecho a vivir.

—Dos semanas Kathy, —Mace dio un paso largo hacia delante y

me estrujó las mejillas con sus cálidas manos—, dos semanas

más y podremos ser libres. Empezaremos a vivir de verdad.

—Permíteme dudarlo...

25

Los días transcurrieron rápidamente, casi sin notarlo. Mace y yo

nos pasamos noches enteras planeando cada minúscula acción

de nuestro «infalible plan de escape». Yo me lo tomé como una

oportunidad para divertirnos juntas y recuperar el tiempo que

nuestros trabajos mal pagados nos hacían perder. Ni se me pasó

18
por la cabeza que algo tan descabellado pudiera llegar a

funcionar, pero para Mace era muy diferente: Expulsaba

felicidad por cada poro de su cuerpo y se quedaba todas las

noches en vela dibujando planos del poblado, esquemas de

cómo estarían situados los guardias durante la subasta... a pesar

de tener que marchar todas las mañanas a las seis y media hacia

la mansión de la familia Stone. Yo tenía un poco más suerte con

mi horario de trabajo, pues los Walker son mucho más justos y

buenas personas.

Sobre todo su hijo mayor: Dalton Walker. Él es... el chico más

dulce, apuesto, bueno, amable, atento y fuerte que he visto

jamás. Siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesite,

independientemente de cuál sea su clase social. Pero por

desgracia para mí, está saliendo con la «hermosísima» Loren

Stone: alguien clasista, presumida, desagradable, estoy segura

de que también infiel, maleducada, mimada y sin nada en el

cerebro más que serrín. No sé qué ve Dalton en ella más allá de su

aspecto físico; tengo que admitir que es una chica preciosa de

pelo castaño y ojos color miel, pero está tan podrida por dentro

como lo estaría un chupasangre.

Tampoco es como si él fuera a corresponderme; hemos hablado

pocas veces a pesar de que trabajo en su mansión, aunque

19
recuerdo que cuando éramos niños teníamos una relación más

estrecha: hasta que Loren se convirtió en su novia. De todas

formas, es estúpido pensar que un classis superioris como él

querría estar con una classis inferioribus como yo, o directamente

que sus padres fueran a permitirlo. Aún así, es y siempre seguirá

siendo mi amor platónico.

Pero bueno, la cuestión es que apenas quedaban dos días para

la gran subasta, la cual siempre se celebra el último día del año.

Aún puedo recordar a la tía Helena contándonos historias de

cómo nuestros antepasados festejaban esta fecha y es una pena

que ahora sea de todo, menos algo que celebrar.

Ya eran las once y media de la noche, Mace no había llegado y mi

preocupación iba en aumento. Hacía horas que había salido

para completar su jornada en la mansión de los Stone y esta

debería haber terminado hacía media hora. Empecé a morderme

las uñas con desesperación; ya solo quedaban cinco minutos

para que sonasen las campanas que anunciaban el comienzo de

la hora de caza, y unas cuantas horas para que volvieran a sonar,

anunciando la salida del sol y el fin de la cacería.

Y luego, cuando tuviera que salir a trabajar, me toparía con

cuerpos sin vida de aquellos que se atrevieron a salir en la hora


20
prohibida o de los pobres que no se aseguraron de cerrar con

decenas de candados la puerta de sus casas.

Y pesar del peligro, iba a salir a buscarla.

Conseguí relajarme cuando oí el característico crujido de la

puerta principal. Me dirigí enfadada hacia el recibidor, estaba

más que cabreada, pero mi cara de enojo pasó a una de

confusión cuando vi la gran sonrisa que adornaba el rostro de mi

amiga.

—¡¿Se puede saber por qué llegas a estas horas?! —grité— ¡son

casi las doce!

—Lo sé, lo siento, pero tenía que hacer algo importante.

—¡Nada es más importante que tu vida! ¡por el amor de Dios,

Mace!

—Sé que estás enfadada, pero mira esto.

Metió la mano en su bolsa de tela remendada y sacó, para mi

sorpresa, un libro más grande que su cabeza. Estaba sucio,

mugriento, se notaba a leguas que no había sido tocado desde

hacía años. Los bordes estaban muy desgastados;

21
deshilachados, letras doradas adornaban su portada y grandes

cantidades de polvo salieron volando cuando Mace sopló su

cubierta para distinguir lo que había grabado en ella.

—¿Por qué tienes eso? ¿de dónde lo has sacado? —pregunté,

desconcertada. Supe de qué se trataba desde el momento en el

que lo vi entre sus manos, pero no quería creer que se hubiera

atrevido a traerlo a nuestra casa.

—Me lo ha traído un informante.

—¿Un informante?

—Sí, un informante.

—¿Qué mierdas es «un informante»?

—Ya sabes, esas personas que de algún modo han conseguido

acceso a los archivos prohibidos y ayudan a gente como

nosotras a obtener ese tipo de información: a llegar a la verdad.

Se me abrió tanto la boca que por un momento creí que se me

había desencajado la mandíbula.

—¡¿Acaso has perdido el juicio?! —chillé escandalizada—.

¡¿Cómo has podido quedar con desconocido en medio de la

noche?! ¡¿Eres consciente de lo que esto significa?! ¡¿de los

22
peligros a los que te has expuesto?! ¡Has estado a punto de

llegar después de que sonaran las campanas! ¡Por el amor de

Dios, Mace!

—Pero no lo he hecho. Y tuve que hacerlo a esta hora

precisamente para que no hubiera nadie en la calle que pudiera

reconocerme —dijo, pero no logró tranquilizarme en lo absoluto

—. Y tuve que ir a recoger el libro al parque de los magníficos,

que está al otro lado de la cuidad. Me he dado la mayor prisa

posible, te lo juro, Kathy.

—¿Te refieres al mismo parque que está en el barrio classis

superioris? ¿la zona del poblado con la mejor iluminación y el

mayor número de guardias? Te has arriesgado demasiado. ¿Te

haces una mera idea de lo que habría pasado si te hubieran

pillado con... eso? que como sea que es un liber prohibitorium, te

juro por lo más sagrado que haré que te lo tragues.

—Es un liber prohibitorium. —confirmó mis sospechas. Me

pellizqué el puente de la nariz y solté una amplia bocanada de

aire—. Pero tranquila, nadie me ha visto.

—¡¿Estás loca?! —vociferé, desesperada—. ¡Acabas de violar la

primera regla!

23
—Shh... no grites... —me callé abruptamente al escuchar de

refilón el sonido de las dos últimas campanadas. Debí haber

perdido la noción de lo que me rodeaba por culpa del enfado,

pues no entendía en qué momento habían sonado las cinco

primeras—. Ahora ellos podrían estar escuchando.

—Sin duda has perdido la cabeza. —me llevé las manos a la

cabeza. Me aseguré de bajar mucho la voz antes de seguir

hablando—. ¿Tú quieres que nos maten?

—Solo escúchame, por favor. —Tomó mis manos entre las suyas

y dio un ligero apretón que me hizo suspirar al instante—. Este

libro contiene muchísima información sobre los vampiros, sus

costumbres, su sistema político y social y, sobre todo, sus

debilidades. Podremos conocer todo aquello que se nos está

prohibido, algo que podría servirnos de ayuda para escapar el

día de la subasta.

—¡Entiende que no vamos a irnos a ninguna parte, joder! —Mi

voz se rompió y se me llenaron los ojos de lágrimas—. ¡Jamás

saldremos de aquí!

—Eso no es cierto Kathy... —Sus pequeños brazos rodearon mi

cintura y me pegaron a su cuerpo. Apoyé la frente en su hombro

24
y dejé salir un sollozo de frustración junto a varias lágrimas

rebeldes—. Sé que parece imposible. Sé que te es muy difícil

creer que haya un futuro para nosotras ahí fuera, pero yo sé que

lo hay. Porque cualquier cosa será mejor que vivir en una casa de

madera podrida, invadida por los ratones. Mejor que trabajar

doce horas al día, todos los malditos días, para que la única

recompensa sean unas cuantas monedas. No quiero seguir

soportando insultos y humillaciones, no quiero seguir teniendo

que elegir si comprar comida o pagar la renta todos los meses —

musitó, con la voz desgarrada. Mis ojos volvieron a llenarse de

lágrimas—. No quiero que sigas robando ropa y comida, porque

cuando menos te lo esperes, un vendedor de dará cuenta y te

detendrán y te llevarán a juicio. Y luego te ejecutarán, como si tu

vida valiera menos que la manzana que habías robado.

—Mace...

—¿Tú no tienes curiosidad? ¿no quieres descubrir lo que se

esconde tras esas páginas? ¿todo lo que nos han estado

ocultando durante tantísimo tiempo?

—Pues claro que quiero, pero...

25
—Aunque no consiguiéramos escapar del poblado —dijo,

aunque no parecía muy preocupada por esa posibilidad—, este

libro nos podría ser de ayuda si alguna vez nos encontramos en

una situación de peligro. ¿Cuánto crees que aguantará esa

puerta? las termitas ya han empezado a comérsela. —Rio sin

gracia—. Tenemos la oportunidad de aprender a defendernos de

ellos; ¡de patearles el trasero!

—¿Aún sigues con eso? Siento decirte que lees demasiadas

novelas de acción.

—Sangre rebellium corre por nuestras venas. Está en nuestra

naturaleza.

—Que seamos classis inferioribus no nos convierte directamente

en descendientes de cazadores. Nuestros antepasados podrían

haber sido humanos normales que apoyaban su causa y que

igualmente fueron castigados por los chupasangres. Y aunque lo

fuésemos, las habilidades de los rebellium se perdieron hace

mucho, mucho tiempo. Serán nuestro linaje, pero no nos queda

nada de ellos.

—Nos queda nuestra sangre, nuestra valentía y nuestro corazón

—susurró, con una media sonrisa. Luego me sacó la lengua, ante

lo que no pude reprimir una sonora carcajada.

26
—Como me ejecuten por tu culpa, te juro que te pegaré una

paliza.

—Yo también te quiero. —Sonrió de forma sarcástica—. Sé que

llevas bastante tiempo anhelando golpearme... siempre me has

tenido envidia. Pero no te preocupes, no te juzgo, si fuera tú, yo

también querría ser yo —murmuró divertida, haciendo un

movimiento exagerado con la cabeza.

—Eso suena a algo que diría Loren.

—Uigh, tienes razón. —Se frotó los brazos, como si le hubiera

dado un escalofrío. Solté otra carcajada.

—Y si eres así de guapa, es gracias a tu maravillosa madre, así

que, cállate. —No me había dado cuenta de que las comisuras de

mis labios se habían curvado en una amplia sonrisa hasta que la

alegría fue sustituida por una sensación de vacío y nostalgia.

Mace se percató de ello, pero solo fue capaz de mostrame una

mueca forzada.

—Yo también la echo de menos...

27
.

A la mañana siguiente...

—¿Estás segura de esto? —pregunté con una última esperanza—.

Aún estamos a tiempo de no hacer semejante estupidez.

—No es una estupidez, conocer a nuestro enemigo nos ayudará

en un futuro no muy lejano, ya lo verás. Con lo curiosa que tú

eres, ¿no te mueres por obtener la respuesta a todas las

preguntas que nos hemos hecho a lo largo de nuestra vida?

—Ya sabes que sí, pero eso no quita que permanecer en la

ignorancia me vaya a asegurar vivir unos cuantos añitos más.

—Deja de decir tonterías, no va a pasar nada.

Dejó caer el gran libro sobre la cama, provocando una gran

explosión de polvo que me dio de lleno en toda la cara. Cuando

por fin dejé de toser, me paré a mirar detenidamente su portada:

el título era un delicado trazo dorado, sin duda, obra de algún

maestro de la caligrafía. Y aunque el paso de los años ya había

ennegrecido los detalles, seguía siendo uno de esos objetos que

parecen poder infligir algún tipo de atracción sobrenatural.

Aquel libro parecía llamarme; suplicar que lo abriera, me

invitaba a satisfacer mi curiosidad independientemente de las

28
consecuencias que eso pudiera acarrearme. Como la caja de

Pandora.

Sanguinem daemones.

Ese era el título del espeluznante, viejo, pero también hermoso

manuscrito.

No me di cuenta de que lo había pronunciado en voz alta hasta

que un escalofrío me recorrió toda la médula espinal. Es el

nombre que los rebellium les asignaron a los chupasangres. Y lo

odian tanto, o incluso más, que este último.

Los libros prohibido suelen tratar temas relacionados con la

política vampírica: como su jerarquía, sistema de gobierno,

sistema económico... pero nunca jamás hablan directamente

sobre ellos: ni de sus costumbres, su historia, su religión... y ya ni

hablar de sus debilidades. Ellos piensan que cuanto menos

sepamos los humanos acerca de su especie, mejor. Así que este

tipo de contenido está prohibido para todo el mundo; incluso

para los classis superioris.

Y si mi intuición estaba en lo correcto y este liber prohibitorium

hablaba precisamente de cosas que no tenían nada que ver con

la política, un juicio hubiera sido el menor de nuestros

29
problemas si nos pillaban con él en nuestro poder. Ya ni te digo

leyéndolo.

Mace deslizó la primera página; sucia y amarillenta. Sus

facciones se habían endurecido, pero sus manos temblaban

como gelatina.

Los primeros apartados, gracias a Dios, simplemente explicaban

la jerarquía vampírica. Es algo que los humanos tenemos

bastante claro: en la base de la pirámide se encuentran los

vampiros de clase media, ya que no existe una baja. Estos son

vampiros convertidos, aun así considerados lo más bajo del

mundo vampírico por el simple hecho de haber sido humanos de

el pasado.

Aunque viven como reyes en comparación con los classis

inferioribus.

En el siguiente escalón de la pirámide se encuentra la clase alta:

Cualquier vampiro nacido que no tenga un cargo importante o

provenga de una familia muy respetada. En el mismo escalón,

solo que un poco más arriba, aquellos que sí tienen un apellido

conocido y muchas, pero que muchas riquezas.

Luego viene la nobleza.

30
Y por último, en la cúspide de la pirámide: La familia real.

Cada reino tiene una familia que se encarga de dirigir y

establecer unas normas. A los integrantes de la nuestra se les

conoce popularmente como Los Reyes Invictos. Porque no han

perdido una sola batalla en siglos, controlan el reino más

grande, rico y poderoso del planeta y, sobre todo, por su fama de

ser unos seres deplorables, crueles, sanguinarios y vengativos.

O al menos eso es lo que se susurra por las calles del poblado.

Mace siguió pasando páginas sin importancia, hasta que una nos

llamó la atención porque estaba marcada. Justo en la esquina

inferior izquierda, había un símbolo; una calavera con grandes y

afiliados dientes, atravesada de sien a sien por una daga

alargada.

Miré a Mace con pánico.

Era el sello de los rebellium.

Cada vez que asesinaban a un vampiro, dejaban un cuchillo

clavado en su cabeza, simbolizando su venganza.

Al final se convirtió tanto en una amenaza, como en su marca

personal.

31
Volví mi vista a la hoja a pesar de que se me había cerrado la

garganta y mi corazón latía tan deprisa que podía sentirlo

golpear contra mi pecho. Como ya he dicho, aquel libro parecía

incitarte a seguir leyendo. Habíamos llegado a un nuevo

apartado, titulado: Animarum.

—Deberíamos dejar de leer ahora mismo —susurré,

prácticamente como una plegaria—. ¿Has visto esa marca?

—¿Qué significará esto? —preguntó Mace si despegar la vista de

aquel título, ignorando mis advertencias por completo, como

siempre.

Solté un largo suspiro de frustración. Pero no seguí insistiendo.

—¿Alma? —musité—. Puede que almas. No lo sé, no recibí tantas

clases de latín como me hubiera gustado. Esto no tiene ningún

sentido... —deslicé el dedo sobre unos cuantos manchurrones de

tinta que habían ablandado el papel pergamino.

—Creo que lo que deberíamos hacer es...

Unos sonoros golpes la interrumpieron a media frase; nos

miramos mutuamente, a punto de sufrir un ataque de pánico.

Mientras yo escondía el libro debajo de la cama, Mace se

adelantó y bajó corriendo las escaleras, para atender a quien

32
fuera que fuese el que estaba aporreando la puerta con tanta

insistencia.

Poco después bajé yo también, no sin antes sacudir mi vestido y

mentalizarme de que debía actuar de manera «normal» para no

levantar sospechas.

Me llevé un gran chasco y a la vez un enorme alivio, al ver que la

persona que estaba tras la puerta no era más que Loren Stone.

La chica más popular de la ciudad, la novia de Dalton y la única

hija de los classis superioris más adinerados de todo el poblado.

Creo que esos son los únicos buenos calificativos que se le pueden

adjudicar.

—Tú, criada —siseó, mirando a Mace de arriba a abajo, desde

una distancia excesivamente larga que obviamente estableció a

propósito. Como si la pobreza se pudiese contagiar —Te has

dejado tus asquerosos trapos en mis aposentos —Se los lanzó a

la cara, con desagrado—. De ser por mí los habría tirado a la

basura, pero mami dijo que no tienes dinero ni para comprar un

trozo de tela. Y no queremos que uses tu uniforme para limpiar

el suelo... —carcajeó—, aunque sería bastante divertido verte

restregándote como un vil gusano. Y bueno, decidí hacer el

33
enorme sacrificio de venir a entregártelos yo misma, a pesar de

lo... lamentable que es este lado de la cuidad. ¿No soy la mejor

jefa del mundo?

—Por supuesto, señorita Stone... —Mace trató de cerrar la

puerta, pero Loren lo impidió interponiendo su pie. Me mordí la

cara interior de la mejilla hasta que un sabor metálico me

inundó el paladar.

Me di la vuelta con intención de subir de vuelta a la habitación,

pues sabía que no podría aguantar ni un segundo más allí

parada, sin gritarle a la cara que ella era la única a la que nadie

con dos dedos de frente querría tocar ni con un palo.

Pero también me lo impidió.

—¿A dónde crees que vas tan rápido, huerfanita? —Cerré los

puños con todas mis fuerzas y me giré lentamente, con una

sonrisa forzada que probablemente se asemejó más a una

mueca sádica.

Ya empezamos.

—Ni siquiera te has dignado a saludarme. Parece que tus no-

padres no se molestaron en inculcarte una mínima educación...

34
—De repente, le dio una patada a la puerta, haciendo que Mace

retrocediera con incredulidad y se tomó la libertad de entrar en

casa. Miró de un lado a otro con una mueca de disgusto—. Vaya,

no recordaba que este lugar fuera tan ridículamente feo y

pequeño.

Venga Kath, tranquila, respira...

—Lo lamento señorita Stone, pero estamos un poco ocupadas

ahora mismo. Podrás venir a visitarnos en otro momento, si

gusta.

—Pues claro que no gusto, criada. Si de verdad crees que

volvería a pisar este sitio por voluntad propia, eres aún más

estúpida de lo que creía.

Lo lamento, pero según la tía Helena, una de las tantas cosas que

heredé de mi madre es el, no tengo muy claro si don o maldición,

de nunca quedarme callada ante una injusticia. Ya sea propia o

ajena.

En realidad, no lo siento en lo absoluto.

—¿Sabes lo que sí me enseñaron mis no-padres, señorita Stone?

—siseé, saboreando hasta la última palabra—. A no meterme en

35
lugares a los que claramente no he sido invitada. —Frunció el

ceño—. También a tener empatía, amabilidades, modales, honor

y un buen corazón. Todo lo que a ti te falta. Así que, haznos un

pequeño favor a todos y lárgate ahora mismo de mi casa.

Tanto Loren como Mace giraron la cabeza en un ángulo casi

antinatural al escuchar semejante atrevimiento. Mace me miró

con los ojos abiertos como platos en busca de una explicación,

pero no había ninguna. Simplemente no podía seguir

aguantando eso ni un minuto más.

La morena se llevó una mano al pecho, como si estuviera a

punto de darle un infarto. A Loren, por otro lado, se le marcó una

vena en el cuello de una forma bastante preocupante.

—¡Juro por Dios que te denunciaré al consejo, maldita perra

insolente! —vociferó—. ¡Haré que te expulsen del poblado! ¡O

mejor, haré que te corten la cabeza para servírsela en bandeja

de plata a la pobretona de tu amiga!

—Tú no vas a expulsar ni matar a nadie, cariño. Primero, porque

no tienes el poder para hacerlo. Te crees la duquesa de este

pueblo cuando solo eres una niñata mimada que busca la

atención que sus padres nunca le han dado. Te darán todas las

36
joyas que puedas pedir y más, te cumplirán todos tus caprichos

económicos, pero nunca jamás te darán el amor fraternal que

llevas toda tu vida buscando. Y eso te duele tanto, que tratas de

herir a todo el que se cruce en tu camino y no te bese los pies

antes de pasar de largo. Porque así, al menos por un momento,

sientes que no eres tan desdichada como las que, según tú, no

tenemos nada, pero aun así tenemos todo lo que tú deseas.

Creo que esa vena va a acabar explotando.

—¡Eres...! —Soltó un irritante chillido de frustración que me

confirmó que había dado en el clavo—. ¡Si no te matan ellos lo

haré yo misma! ¡no voy a parar hasta verte muerta! ¡Muerta!

—Me das tanta lástima... En el fondo solo eres una pobre chica

necesitada de atención que no sabe absolutamente nada de la

vida. Alabas a un consejo de chupasangres que arrebatan vidas

por puro placer en lugar de apoyar a tu propia especie. Y todo

por ansias de dinero y poder. Eres igual que tus antepasados:

una maldita cobarde.

—Cuando mis padres se enteren de esto... —avancé rápidamente

y la empujé hacia la puerta.

37
—Adiós, Loren...

—¡No sabes con quién estás hablando! ¡Vas a pagar por esto!

¡Voy a...!

Y le cerré la puerta en las narices.

Mace se quedó mirándome fijamente, atónita. No sabía cuánto

tiempo llevaba así o si alguna vez despertaría del trance.

—Acabas de cavar tu tumba —balbuceó, después de varios

segundos de incómodo silencio.

Puede que un poquito.

—Tú misma has dicho que falta muy poco para que dejemos este

maldito poblado y a toda su gente atrás. ¿Por qué tendría que

seguir aguantando sus burlas? No la volveremos a ver jamás.

—Solo espero que nuestro plan realmente funcione —murmuró,

con un gesto, a mi parecer indescifrable—. Porque de no ser así,

tendremos que enfrentarnos a problemas mucho más difíciles

que las termitas o una plaga de ratones.

38
CAPÍTULO 2

La gran subasta. Magnus auction

Una compra-venta de seres humanos.

Los vampiros dicen que debemos aceptar nuestro destino con

orgullo; un destino que ellos nos han impuesto. Se creen con el

poder de obligarnos a venerar una «festividad» que cada año se

cobra la vida de diez de nuestras doncellas. Mujeres que han

39
sido restringidas, atemorizadas, doblegadas y finalmente

vendidas. Como si fueran mercancía. Como si no valieran nada.

Pero este es un pensamiento que debo guardarme para mí

misma. Porque quejarme de ello en voz alta también podría

considerarse romper las reglas.

—¿Tú no estás nerviosa? —cuestioné, al borde de un ataque de

nervios. Mace negó con la cabeza—. ¿Ni un poquitín?

—En lo absoluto. ¿Y tú?

—¡Sí! —bramé, y comencé a abanicarme con las manos—.

¡Muchísimo!

—No pierdas el tiempo alterándote. Todo saldrá bien, ya lo

verás.

—Ahórrate eso de "mente abierta actitud positiva" porque ya

sabes que conmigo no funciona.

—Solo tenemos que actuar como lo haríamos normalmente y

esperar a que finalice la subasta. Cuando se lleven a las elegidas,

volveremos aquí a recoger nuestro equipaje, nos escabulliremos

hacia el lado sur de la cuidad y saltaremos el muro en una zona

40
de poca visibilidad. Llevamos semanas planeando este

momento, Katherine, es casi imposible que algo se tuerza.

—Ese «casi» me da mucha desconfianza.

—Deja el pesimismo a un lado y átame el corsé. —Ordenó con

diversión. Maldije entre dientes, pero lo hice de todas maneras—

¡Kathy! ¡no digas palabrotas!

—¡Es que no quiero ir! ¡no quiero ver lo que van a hacerles a esas

chicas!

—Ya lo sé, Kathy... Pero si no estamos allí para cuando

comiencen a pasar lista, vendrán aquí, nos sacarán a rastras, nos

detendrán y nos juzgarán por traición. Entonces nuestro plan se

irá al garete y tendremos problemas mucho más feos que las

alimañas. —Se sacudió, como si le hubiera dado un escalofrío—.

Y mira que eso ya es difícil, así que date prisa.

—Está bien...

Giré la cabeza y vi una de las pocas cosas que aún quedaban en

mi armario: Un osito negro de peluche que me regalaron mis

padres en el último cumpleaños que pude compartir con ellos.

Su cabeza estaba llena de motas de polvo que evidenciaban

todo el tiempo que había estado allí guardado. Lo cogí y lo

41
sacudí un poco antes de meterlo en mi bolsa y seguir

seleccionando todo lo que, según yo, era demasiado valioso

como para dejarlo aquí olvidado.

Después de hacer el equipaje y dejarlo junto a la puerta de

entrada, corrimos hacia la plaza mayor, lugar en el que se

celebran todos los eventos públicos. En el centro había, como

mínimo, unas doscientas jóvenes vestidas de blanco.

Todas las mujeres classis inferioribus de la cuidad que tengan

entre dieciocho y veinticinco años pueden ser escogidas para la

subasta, excepto aquellas que posean algún tipo de defecto

congénito, lesión o enfermedades que les impidan hacer

trabajos físicos. Sin embargo, las que acabamos de alcanzar la

mayoría de edad tenemos «prioridad». Esto quiere decir que

cuanto más mayor te hagas menos probabilidades tendrás de

42
ser elegida para participar en el sorteo y muchísimas menos de

ser una de las elegidas. Es por eso que este año Mace y yo

formamos parte de los tributos.

Una característica que compartían todas las chicas era el terror

que calaba sus facciones. Los extremos de la plaza estaban

repletos de gente; al frente, en la parte más alta, los classis

superioris observaban el panorama con expresión neutra. Los

media genus se habían colocado a los laterales y los classis

inferioribus en la parte de atrás, en la salida de la plaza, porque

así los seres queridos de las elegidas dispondrían de unos breves

segundos mientras se las llevaban a los carruajes para poder

despedirse de ellas. Pude encontrar al único chupasangre

presente a unos cuantos metros del grupo de jóvenes tributos,

vestido completamente de negro. Era un hombre que

aparentaba mi edad, pero probablemente tendría más años que

todas nosotras juntas. Era bastante atractivo: de piel morena

apagada, sin brillo y de un subtono grisáceo. Estaba demasiado

lejos como para poder ver bien sus ojos, pero en cierto modo me

alegré de ello, porque así no me quedaría congelada mirando

esos típicos orbes color sangre que comparten todos los de su

especie. No querría sobrevivir a la subasta, para luego ser

43
asesinada por un motivo tan patético como sostenerle la mirada

a un vampiro.

Mace y yo nos integramos con el resto de tributos y esperamos

pacientemente a que dijeran en voz alta nuestro nombre para

confirmar nuestra asistencia.

De repente, sonó una campanada que casi hizo retumbar el

suelo bajo nuestros pies. Nos apresuramos a darnos las manos,

formando un círculo perfecto. Algunas chicas empezaron a

llorar.

La segunda campanada indicó que el representante de los

vampiros: aquel que he descrito antes, iba a acercarse. Cerramos

los ojos, yo en concreto con mucha fuerza. Una sensación

amarga de terror gélido me revolvió el estómago.

Sonó la tercera y última campanada, a partir de la cual se debe

estar en absoluto silencio. Los murmullos por parte del público

cesaron de un instante a otro y unas cuantas tributos se vieron

obligadas a dejar de sollozar.

Sentí mis rodillas flaquear cuando dijeron el primer nombre.

44
—Jennifer Lanson —gritó el vampiro. Una lágrima rebelde se

deslizó por mi mejilla al escuchar los gritos desesperados de

aquella chica—. Irás junto a la familia número uno. —Añadió.

Jamás nos dicen los apellidos de las familias a las que nos

venden.

Ni siquiera eso nos dejan saber.

—Catalina Klent. —Otro grito que me heló la sangre hizo eco por

toda la plaza—. Familia número dos.

—Sarah Davis. Familia número tres.

Me mordí la cara interior de las mejillas hasta sentir un dolor

punzante y un sabor metálico en el paladar.

—Karla Sowlard. Familia número cuatro.

—Lana Clearlife. Familia número cinco.

Para este punto, la voz del chupasangre comenzó a parecerme

nauseabunda.

—Linda Danworth. Familia número seis.

—Jessica Dumple. Familia número siete.

45
—Erika Smith. Familia número ocho.

Apreté la mano de Mace con fuerza. Ya faltaba poco para poder

volver a casa.

—Brenda Klein. Familia número nueve.

De repente, sentí el frío aliento del chupasangre contra mi oreja.

Di un respingo cuando hundió la punta congelada de su nariz

contra mi cuello y aspiró profundamente, como si me estuviera

oliendo. Su mano contactó con mi piel y recorrió mi rostro desde

mi pómulo hasta mis labios.

Intenté reprimir una arcada.

No me puede estar pasando esto justo hoy.

Pero se alejó repentinamente y leyó el último nombre.

—Mace Dawson. Familia real.

28

Olvidándome por completo de las reglas, abrí los ojos como

platos cuando sentí un fuerte tirón en mi mano derecha. Dos

guardias habían agarrado a Mace por los hombros y estaban

intentando llevársela a la fuerza.

Mi mundo se vino abajo. Una vez más.


46
—¡Suéltenla! —Les grité. Agarré el brazo de Mace con ambas

manos y tiré de él todo lo que pude, pero los guardias eran

mucho más fuertes y mis dedos acabaron resbalando por el

sudor.

Casi me caigo hacia atrás, pero pude recuperar el equilibrio a

tiempo. Traté de correr hacia ella, pero alguien me cogió por el

cuello del vestido y me arrojó al suelo de un solo tirón que me

comprimió la garganta de una forma muy dolorosa. Unos dedos

alargados y fríos me oprimieron las mejillas y me giraron

bruscamente la cabeza.

—Yo que tú no haría eso, humana —siseó el chupasangre,

escudriñándome con la mirada—. A menos que estés dispuesta a

sufrir las consecuencias.

Otros tres guardias vinieron corriendo y me inmovilizaron contra

el suelo. Grité y pataleé de impotencia cuando el vampiro me

alzó la barbilla y me obligó a mirar cómo sacaban a Mace a

rastras de la plaza, mientras esta chillaba y forcejeaba,

desesperada por liberarse.

Pero ella tampoco lo lograba.

47
Comencé a llorar desconsoladamente cuando la perdí de vista

entre la gente. La misma gente que se quedó sin hacer nada

mientras me propinaban golpes en la espalda para que dejara de

resistirme.

Dejé de sentir el toque del vampiro y a los pocos minutos,

cuando me quedé sin fuerzas, el agarre de los guardias también

desapareció. Cuando estos se alejaron lo suficiente, unas

cuantas tributos se amontonaron a mi alrededor y me

envolvieron entre sus brazos, susurrándome palabras

reconfortantes que no surtieron ningún efecto.

Supongo que ellas eran las únicas que podían entender mi dolor.

Podría jurar que oí las repugnantes risas de algunos jóvenes de

clase alta que pasaron a nuestro lado cuando la gente empezó a

dispersarse para volver a sus hogares. Parecían disfrutar de la

idea de que diez niñas inocentes fueran a ser torturadas,

esclavizadas y asesinadas. Y sé que de no haber sido por ese

dolor punzante en mi columna, habría saltado sobre ellos y les

hubiera estrellado sus malditas cabezas huecas contra el objeto

punzante más cercano.

48
Dos chicas se ofrecieron a acompañarme a casa, pero como

parecía haberme desgarrado la garganta gritando, no me

molesté en intentar explicarles que ya no quería volver allí, que

sin Mace ya no podía seguir considerándola un hogar.

Cuando salimos de la plaza, atravesando el arco gótico repleto

de gárgolas que delimita la entrada, visualicé a un grupo de

jóvenes charlando alegremente. Entre ellos estaban Loren, su

mejor amiga: Collete, un chico rubio llamado Martin, una

pelirroja llamada Alana, otros dos chicos que no conocía de nada

y... Dalton.

Loren soltó una pequeña carcajada al verme que ni siquiera

trató de disimular, pero Dalton le lanzó una mala mirada que la

hizo callar al instante. Él, un guapísimo chico de pelo castaño y

ojos marrones, se giró hacia mí y nuestros ojos se encontraron.

Suavizó su expresión y me mostró un atisbo de sonrisa, pero yo

sabía que ese no era un gesto genuino: era de lástima.

Yo no quería que me compadecieran.

Y menos unos classis superioris con el corazón tan lleno de

mierda.

49
A pesar de que él no era como el resto de su clase, de que era un

chico dulce y amable que no tenía culpa alguna de lo que

acababa de suceder, lo miré como si fuera uno de los guardias

que me sujetaron cuando se llevaron a Mace, como si fuera el

vampiro que dijo su nombre. Su rostro mostró entonces dos

claras emociones: sorpresa y tristeza.

Porque le había mirado con un odio que en realidad no estaba

dirigido a él, pero me sentía tan derrotada que lo dejé fluir de la

única forma que pude y con la primera persona que tuve

delante.

Aunque «odio» fuera lo único que no sentía por él.

Aparté la mirada al darme cuenta de mi error y cedí ante los

suaves tirones de las chicas que me estaban acompañando. Ni

siquiera sabía sus nombres, pero tampoco me veía capaz de

hablar para preguntárselo, ni tampoco para darles las gracias

cuando me dejaron junto a la puerta de mi casa. Me despedí de

ellas con un breve asentimiento de cabeza y entré lentamente en

el que había sido mi hogar durante tantos años. En cuanto se

cerró la puerta a mis espaldas, me deslicé contra la madera y me

dejé caer al suelo de rodillas. Mi vista se volvió borrosa y

montones de lágrimas empezaron a bajar por mis mejillas.

50
Sentí por primera vez en más de un año el dolor de perder a

alguien. Uno que ya había experimentado tantas veces...

primero con mis padres en mi cumpleaños número siete, luego

con la tía Helena y el tío Tom. Y ahora con Mace. Con mi única

familia. Porque, aunque no compartamos ni sangre ni apellido,

ella siempre será mi hermana.

Habíamos cerrado las ventanas y contraventanas a cal y canto

antes de salir hacia la subasta, así que todo estaba

completamente a oscuras a excepción del salón, levemente

iluminado por las brasas todavía ardientes de la chimenea.

Gateé hasta ella y me quité con fiereza el crucifijo dorado que

me colgaba del cuello. Lo miré durante unos breves instantes,

pero no vacilé en lo absoluto al tirarlo contra la madera ardiente.

Rezar no me había servido de nada.

No les sirvió a mis padres, cuando les atacó un chupasangre que

dejó sus cuerpos destrozados en medio de la calle. Fue una

muerte ilegal, pues ocurrió cuando aún faltaban dos horas para

que diera comienzo la hora de caza, pero ni a nadie le importó,

ni nadie fue castigado. No les sirvió a los padres de Mace, que a

pesar de ser las mejores personas que he conocido nunca,

51
murieron antes de cumplir los cincuenta por no tener el estatus

y el dinero suficientes para pagar un hospital.

Y ahora tampoco nos ha servido a Mace y a mí, cuando nuestro

único deseo en la vida era ser libres.

Ahora estoy completamente sola.

Me levanté del suelo, enfurecida, y subí las empinadas escaleras

de madera con rapidez. Fui a mi habitación y rebusqué debajo

de la cama, sin ser capaz de detener el llanto, hasta encontrar el

liber prohibitorium que consiguió Mace. Regresé al piso de abajo

y encendí un par de candelabros que coloqué en la mesa de la

cocina, alrededor del libro. Pasé sus páginas con rudeza hasta

que di con el apartado que buscaba. Esa página en cuyas cuatro

esquinas estaba grabado el símbolo de los rebellium:

Cómo asesinar a un demonio de sangre.

115

52
Difiriendo de la creencia popular, existen diferentes y variadas

formas de acabar con la «vida» de un vampiro. Ellos se han

ocupado de hacernos creer mediante sangre y castigos que no

hay nada que nosotros, los mortales, podamos hacer contra ellos.

Pero eso no es ni remotamente cierto. Porque «difícil» e

«imposible» nunca han sido sinónimos.

No necesitas ser un rebellium para asesinar a un demonio de

sangre, pero sí asegurarte de poseer ciertas cualidades que,

según dicen, nos representan:

Decisión, frialdad y valentía.

Porque, al momento de enfrentarte a uno de ellos, si dudas, estás

muerto. Si vacilas, estás muerto. Y si te dejas embaucar por su

belleza podrida, estás muerto.

La mayoría cree que la forma más «sencilla» de matar a un

demonio de sangre es prendiendo su cuerpo en llamas. Y sí que

podría servir contra los de baja categoría, es decir, los

convertidos, pero un vampiro de nacimiento puede soportar

torturas mucho más atroces que el fuego.

53
El método más eficaz para aniquilar a esos hijos de puta consiste

en atravesarles el corazón con una hoja de plata impregnada en

una planta llamada verbena. Los vampiros son alérgicos a ambos

materiales, por lo que si calculas bien, morirá en escasos minutos.

Y es sumamente imprescindible utilizar ambos materiales, pues

existen unos pocos ejemplares, aquellos que ahora gobiernan las

que antes eran nuestras tierras sembrando el caos y el horror a su

paso, que podrían sobrevivir tanto a un apuñalamiento con plata,

como a un envenenamiento por verbena. Eso evidencia lo fuertes

y poderosos que son; el por qué fueron escogidos para liderar a la

especie hace tantísimos siglos.

Aunque esa no es mi favorita.

Terminar con la vida del alma de un vampiro es la forma más

satisfactoria de asesinarlo indirectamente: La agonía consumirá

su cuerpo y su mente y hará hasta lo imposible por quitarse la

vida...

Cerré el manuscrito bruscamente.

Eso no era un liber prohibitorium normal.

54
Cogí la vela de uno de los candelabros y caminé por la penumbra

de la habitación con la poca luz que esta podía proporcionarme.

Me arrodillé frente a la chimenea y tiré junto a las brasas todavía

chispeantes unos cuantos trozos de piñas y madera seca, que

luego prendí arrojando, sin tapujos, la vela encendida.

Los libros prohibidos «corrientes» suelen tratar temas

relacionados con la política y las costumbres vampíricas, como

ya he mencionado antes. Los chupasangres no pueden detener

su propagación porque se están redactando y distribuyendo

continuamente por classis inferioribus de todo el planeta. Sin

embargo, todos los textos escritos por cazadores fueron

destruidos tras el gran exterminio.

O eso nos habían contado.

Porque este libro dice explícitamente cómo asesinar a un demonio

de sangre. Explica cuáles son sus puntos débiles y cómo actuar

ante uno de sus ataques. Y según la antigüedad que transmiten

sus hojas amarillentas, sus bordes deshilachados y su lomo

gastado, podría pertenecer perfectamente a una época anterior

al exterminio de los rebellium.

Y podría ser obra de uno de ellos.

55
Si eso es cierto y alguien me encuentra con él, mi destino será

mucho peor que un juicio en la corte. Aunque, a estas alturas, no

puede importarme menos.

Me encogí sobre mi regazo y esperé a que el calor de la chimenea

consiguiera apaciguar aquella sensación de soledad que me

estaba despedazando el alma.

¿Qué voy a hacer ahora? ¿Acaso seguir viviendo mi vida es

siquiera una opción?

Por supuesto que no.

No tenía ni la menor idea de cómo iba a recuperar a Mace. Pero

iba a hacerlo.

Y, de una manera u otra, conseguiría entrar en la guarida de los

monstruos que me habían arrebatado a mi amiga.

Iba a ir al castillo real.

Al menos eso es de lo que me estuve convenciendo el par de

horas que estuve sentada en el suelo de la sala de estar; mirando

a la nada. Pero, ¿de dónde iba a sacar una planta totalmente

prohibida y muy probablemente extinta, una daga de plata y los

conocimientos para utilizarla?

No tenía ni idea.

56
Pero eso también me daba igual.

Mis rodillas amenazaron con ceder cuando me separé de la

chimenea y empecé a caminar a paso tembloroso hacia la

cocina. Recogí el libro y volví hacia el salón con la intención de

seguir leyéndolo sentada en el sofá. Si es que se puede

considerar sofá a una masa de cuero marrón lleno de agujeros y

cortes.

Me dejé caer sobre el duro material, haciendo chirriar una

cantidad intangible de muelles. Abrí el libro por la página

marcada y dejé salir un profundo suspiro de... ni siquiera sé de

qué.

Entonces, mi mente brilló como el cielo durante una noche de

rayos y tormenta.

El libro.

La persona que le dio a Mace el libro.

Si ese «informante» pudo conseguir un liber prohibitorium como

ese, no debería resultarle muy difícil facilitarme un arma de plata

y unas cuantas ramitas de verbena. Y podría entregarme también

otro libro prohibido que me explique como utilizarlas.

57
Según lo que dijo Mace el día que llegó a casa con el libro

prohibido, debió ir a recogerlo al parque infantil de la zona

classis superioris, pues es el único que está tan lejos como ella

pareció describir. Pensándolo bien, tiene sentido, ¿pues quién

sospecharía que se estén llevando a cabo este tipo de delitos en

un lugar para niños cuyas familias están a favor del régimen

vampírico? Pero... ¿cómo lo hizo? ¿habló con alguien, que a su

vez habló con alguien, que a su vez habló con otro alguien que le

pasó el mensaje al informante? ¿o de qué otra manera pudo

encargar un liber prohibitorium? No es algo que puedas pedir a la

ligera, sobre todo cuando el poblado está lleno de espías. Y estos

espías no tienen por qué ser classis superioris, pueden ser media

genus o incluido classis inferioribus que han vendido su lealtad a

los vampiros a cambio de una vida mejor. Pero también puede

que en el intercambio no intervengan terceras personas. Puede

que Mace y el informante se estuvieran comunicando

directamente, pero no creo que ninguno de ellos se arriesgase a

quedar en persona, mucho menos a plena luz del día. O puede

que sí. Puede entonces que se hubieran estado comunicando

mediante cartas o mensajes cifrados.

Recuerdo que, cuando Mace y yo éramos pequeñas, pasábamos

muchísimo tiempo en casa completamente solas, pues los padres

58
de Mace se pasaban la mayor parte del día trabajando a cambio

de unas pocas monedas. Pero, cada mañana, antes de irse, el tío

Tom nos organizaba un juego de detectives y nos dejaba pistas y

cartas misteriosas por toda la casa. Teníamos que encontrar el

objeto «robado» o al asesino de míster patata, el muñeco favorito

de Mace. Y eso nos mantenía entretenidas durante toda la tarde.

Puede que Mace haya estado jugando a un juego parecido con el

informante. Y puede que ahora sea yo la que tiene que seguir las

pistas, si quiero recuperar a mi amiga.

Así que voy a ir a ese maldito parque.

Y voy a contactar con el informante.

Esta misma noche.

Las campanadas que indican el comienzo de la cacería suenan

justo a medianoche, pero las calles ya se encuentran

prácticamente desiertas al menos una hora antes. Salí de casa

entonces, aprovechando dicha ventaja; oculta bajo una capa de

gruesa tela granate, completamente agujereada por polillas, que

59
encontré de pura casualidad en el fondo de mi armario, mientras

buscaba un lugar para esconder el liber prohibitorium. No la

había visto en mi vida y no sabía a quién pudo pertenecer, pero

la cogí de todos modos porque no quería correr ni el más

mínimo riesgo de ser reconocida, especialmente después de la

escena que protagonicé en la subasta. Además, es bastante

común que los ciudadanos cubran sus rostros, en particular si

tienen trabajos considerados poco... honrados.

Pero la maldita capa no resultó ser tan caliente como yo

esperaba. Y el frío nocturno estaba empezando a congelarme

hasta las putas entrañas.

Al salir de la zona classis inferioribus se deja atrás una hilera de

farolillos rotos, parpadeantes y oxidados, cuya luz anaranjada

no tarda en ser eclipsada por las enormes farolas de luz blanca y

brillante del barrio classis superioris. Y esto es solo un pequeño

detalle, de tantos otros no tan pequeños, que evidencia la

desigualdad existente entre los dos lados del poblado del reino

McClaine.

Las calles de la zona rica de la cuidad estaban totalmente vacías,

como era de esperar. Los classis superioris jamás se arriesgan a

60
salir durante la noche, pues por mucho que estén favorecidos

por los vampiros, siguen siendo como un saco de carne fresca

para ellos. Las diez reglas aplican para todo el mundo,

independientemente de la clase social a la que pertenezcas, y

estoy segura de que ello les arde hasta lo más profundo.

Caminé durante unos cuantos minutos más, hasta llegar a una

de las puertas metálicas que delimitan las entradas al parque.

Solo era unos pocos centímetros más alta que yo, así que, a

pesar de que sus extremos metálicos se curvaban hasta formar

unas puntas de aspecto bastante afilado, no creí que saltarla me

fuera a resultar demasiado difícil.

Me equivocaba.

Acabé cayéndome al suelo de cabeza.

Cuando logré recuperar la compostura, me recoloqué la capa y

me adentré entre los frondosos árboles del lugar, hasta que

distinguí una tenue luz en la lejanía que me llevó hasta un

amplio cruce de caminos. Este era el sitio en el que se situaban

los juegos para niños y los bancos donde las familias podían

sentarse para comer o verlos divertirse.

61
Me acerqué, temerosa, hacia uno de dichos bancos y me senté

lentamente, sin despegar la mirada de un columpio que se

balanceaba por acción del viento; un escalofrío me recorrió la

columna. Cerré los ojos fuertemente y dejé salir un largo suspiro.

Saqué de mi corsé un trozo de pergamino arrugado: una

pequeña nota en la que explicaba brevemente mi situación, sin

dar nombres ni demasiados detalles, y que contenía también

una lista con todo aquello que, según el libro prohibido,

necesitaba. Lo abrí por última vez para revisar que no había

olvidado ninguna información relevante; algunas letras estaban

emborronadas por las lágrimas que se me habían caído mientras

lo escribía.

Y gracias a Dios que sé escribir. Bueno, gracias a Tom y Helena,

más bien. Ellos se preocuparon de darnos una gran educación a

Mace y a mí, cuando casi todos los classis inferioribus actuales

son analfabetos. Siempre solían darnos clase después de la

media noche, pues era el único momento en el que no estaban

trabajando, pero en los findes de semana nos llevaban a la casa

de una sabia anciana media genus, que nos enseñó a leer,

escribir, hacer operaciones matemáticas, algo de economía y

ética.

62
Obviamente era una práctica ilegal, pues solo los niños media

genus y classis superioris tienen el derecho a ir a la escuela.

Supongo que esa palabra nunca ha significado mucho para mi

familia.

Volví a enrollar el pergamino y me arrodillé frente al banco para

dejarlo escondido bajo una de sus patas. Lo suficientemente

visible como para que quien lo buscase lo pudiera encontrar.

Cuando me hube asegurado de que el pergamino estaba bien

sujeto, me di media vuelta y empecé a alejarme del lugar a paso

rápido. Aproveché la tenue luz del claro para mirar por última

vez la hora en mi reloj de muñeca: eran ya las doce menos

veinte.

Tenía que darme prisa.

63
CAPÍTULO 3

Por poco se me sale el corazón del pecho cuando el relajante

canto nocturno de los grillos fue sustituido por las tétricas y

ensordecedoras campanadas de la catedral. Aquel sonido caló

tanto en mis huesos que fui incapaz de moverme durante varios

segundos; como si la gelidez del miedo me hubiera engarrotado

todos los músculos del cuerpo. Un escalofrío me recorrió la

64
columna y una gota de sudor frío resbaló por mi frente.

Evidentemente, la primera opción que se me pasó por la cabeza

fue echar a correr sin mirar atrás, pero sabía que haciendo eso

solo conseguiría llamar la atención de todos los vampiros que,

en ese preciso instante, estaban entrando por las puertas. Así

que, ignorando las punzadas de dolor que la tensión había

ocasionado en mis piernas, empecé a caminar lentamente,

pegada a las fachadas de las viviendas para no ser iluminada por

la luz de las farolas. Al final pude llegar a casa sana y salva, sin

toparme con ningún chupasangre u otra imagen grotesca, a

excepción del alarido de un hombre que escuché al entrar en la

zona classis inferioribus y que se repitió durante toda la noche

una y otra vez en mi cabeza.

A las siete de la mañana del día siguiente fui a la plaza mayor, ya

que a dicha hora abren los puestos del mercado. Tenía que

comprar comida, puesto que Mace y yo no nos habíamos

preocupado de rellenar la nevera los días previos a la subasta.

Cinco monedas de oro fueron todo lo que pude destinar a esa

compra, pues sin el sueldo de Mace no podría comer en

condiciones y pagar las necesidades del hogar al mismo tiempo.

La escasez de dinero siempre fue un problema muy presente en

65
nuestras vidas, pero Helena y Tom se dejaban la piel todos los

días para que pudiéramos vivir en condiciones decentes. Tras su

muerte, nos tocó experimentar lo que es tener que ajustar al

máximo para llegar a fin de mes, a pesar de trabajar, ambas, en

las dos mansiones más adineradas de la cuidad.

Con ese dinero pude comprar una barra de pan, medio kilo de

pasta, una cabeza de ajo, una cebolla, un pimiento, un litro de

leche de vaca y una docena de huevos.

Y esa era la compra para toda la semana.

Sabía que no podía permitirme seguir así; no si quería rescatar a

Mace. Al igual que ella, siempre he sido una chica muy delgada.

Puede que demasiado. No recuerdo haber pasado hambre antes

de llegar a la casa de los Dawson, pero durante casi toda mi vida

he comido menos de lo que un niño necesita y puede que eso

haya afectado a mi desarrollo. Tanto Mace como yo hemos

recibido comentarios malintencionados desde muy pequeñas

por nuestro cuerpo desnutrido y su consecuente falta de fuerza

física y de «atributos femeninos».

Y nadie se paraba a defendernos.

66
Casi nadie, al menos.

Lo único que podía hacer para reunir fuerzas era empezar a

alimentarme mejor. Pero no tenía dinero para hacerlo. Así que

tendría que hacer uso de... otros métodos no tan honrados:

Carne picada, dos lechugas, tres tomates, un kilo de harina, sal,

tres manzanas, un pescado, tres zanahorias, medio kilo de

alubias, una barra de mantequilla, guisantes y un tarro de

mermelada: Eso fue todo lo que pude robar en un solo día,

aprovechando las distracciones de los vendedores para echar a

mi cesta todo cuanto podía. Y la verdad es que no se me daba

nada mal.

De vuelta en casa, pasé el resto de la mañana colocando los

alimentos recién... adquiridos en sus correspondientes alacenas,

también empecé a preparar la comida y a alistar mi bolsa para ir

a trabajar. Cuando el reloj marcó las dos de la tarde, me senté en

el sofá y me deleité comiendo una gran ensalada de pasta y dos

filetes de ternera, los cuales acompañé con un buen vaso de

zumo de naranja y una manzana de postre.

Jamás había comido tan bien en mi vida.

67
No era la primera vez que robaba y tampoco iba a ser la última,

pero antes de la subasta Mace se encargaba de impedirme coger

más que un par de piezas de fruta. Le daba pánico pensar que

pudieran descubrirme, que me pudieran castigar. Y era tan

injusto que un alma tan noble fuera la que estaba sufriendo un

destino tan horrible. Tenía más sentido que yo estuviera en su

lugar.

A las dos y media salí corriendo hacia la mansión de los Walker.

Después de lo sucedido en la subasta no tenía pensado volver

allí, pero aún no había recogido mi paga del mes de diciembre y

algo de dinero extra no me vendría nada mal. Y... bueno,

también quería ver a Dalton por última vez, despedirme de

alguna forma, pero no apareció ni una sola vez en las ocho

agónicas horas que duró mi jornada. Probablemente estuvo muy

ocupado con Loren y no puedo negar que aquel pensamiento

me provocó una molesta quemazón en el pecho.

A las once en punto, después de haberle dado el último adiós al

que había sido mi trabajo los dos últimos años, emprendí el viaje

de regreso a casa. La mansión Walker se encuentra

relativamente cerca del parque que había visitado la noche

68
anterior, y a pesar de que me había propuesto esperar al menos

tres días para revisar si había obtenido respuesta del

informante, la curiosidad pudo conmigo y acabé saltando, otra

vez, aquella dichosa valla metálica. En esta ocasión no disponía

de ninguna capa con la que cubrirme, pero tampoco me haría

mucha falta teniendo en cuenta que la cuidad estaba cubierta

por una espesa capa de niebla. Llegué a la zona infantil con

mucha dificultad por esta misma razón, pero, tras mucho

esfuerzo, pude localizar el banco en el que había dejado el

mensaje. Tras asegurarme de que no hubiera nadie que pudiera

ser testigo de mis fechorías, me agaché con disimulo,

encontrándome, para mi grata sorpresa, con una bolsita negra

de terciopelo atada a una de las patas del banco. Atado a esta

había un pequeño sobre, sellado con la marca rebellium, que no

me demoré en leer:

«Hacía mucho tiempo que no tropezaba con alguien como usted,

seas quién seas: Con alguien tan ingenuo, temerario y con

preocupantes tendencias suicidas, pero también tan valiente y

leal, he de admitir. Debo advertirle que lo más probable es que, a

estas alturas, su amiga ya esté muerta, ante lo que expreso mis

más sinceras condolencias. Mas, como intuyo que esto no le

disuadirá de realizar semejante estolidez, le hago entrega de un

69
elemento que le resultará muy útil a la hora de enfrentarse a un

chupasangre.

A propósito, el castillo McClaine es uno de los lugares más

vigilados y seguros de este planeta, pero lo cierto es que todo el

mundo puede entrar. Lo único que usted debe hacer es... portarse

mal.

Por si esta es la primera y ultima vez que vayamos a intercambiar

una de estas cartas, espero que sepa que nuestros antepasados

estarían muy orgullosos de usted.

11

Por una nueva revolución.

Dios bendiga a los rebeldes».

No me demoré ni medio segundo en abrir la bolsita de

terciopelo, descubriendo otro trozo de pergamino amarillento

enterrado en un polvo negro que brillaba como un diamante.

Este solo contenía el nombre de aquello que el informante me

había otorgado:

«Verbena concentrada».

70
Tras llegar a casa, rozando el límite de hora, me aseguré de

cerrar a cal y canto todas las puertas y ventanas y de apagar

todas las velas y candelabros, para que nada pudiera llamar la

atención de los chupasangres ya listos para entrar en el poblado.

Al terminar, me apoyé en el marco de la puerta y me dejé caer

hasta el suelo mientras soltaba un largo suspiro, agotada mental

y físicamente.¿Qué debía hacer? Había ansiado ese momento

con tanta fuerza que, ingenuamente, creí estar preparada. Y lo

cierto es que me sentía como una niña perdida y asustada.

Pero si quería salvar a Mace, tenía que mantenerme fuerte. Tenía

que dejar de temerle a la muerte.

No me costó demasiado entender a qué se refería el informante.

El castillo real, además de ser la residencia oficial de la familia

McClaine, es el lugar en el que se encuentra el tribunal de

justicia. Esto quiere decir que todo el que incumpla las reglas,

tanto vampíricas como humanas, va a parar allí para ser

juzgado, castigado y finalmente ejecutado.

Así que, si quería entrar allí, tendría que romper las reglas.

Robar algo en el mercado y dejar, deliberadamente, que me

viesen haciéndolo hubiera sido la opción más sencilla, pero no

71
quería que las gentes del poblado me recordasen como una vil

ladrona. A pesar de que sí lo fuera. Ese no era el mensaje que

quería dar al mundo. Quería que los humanos se diesen cuenta

de que no podíamos seguir bajando la cabeza cada vez que los

vampiros nos destrozaban la vida. Así que, ya de ser deshonrada,

por qué no llevar a cabo algo más simbólico. Por qué no hacerles

recordar quiénes somos y de dónde venimos. Y qué mejor que

ser arrestada por desobediencia para representarlo.

Al día siguiente, en hora punta, me adentré en la zona classis

superioris y regresé, una vez más, a ese parque de caminos de

piedra y secretos ocultos entre los juegos infantiles. Paseé con

tranquilidad en busca de un lugar con abundante aglomeración

de niños, padres y madres, y acabé sentándome en los

columpios de la zona infantil, donde no tardé en ser objetivo de

malas miradas y algún que otro cuchicheo peyorativo. Algunas

personas, incluso, apartaron a sus hijos y les ordenaron, lo

suficientemente alto como para que yo pudiera oírlo, que no se

acercasen a algo que convive con ratas y descansa entre la

mugre; como si llevar un vestido desgastado en lugar de uno

ostentoso y costoso fuera sinónimo de portador de enfermedad

contagiosa.

72
Me balanceé en el columpio, fingiendo estar sumergida en mis

propios pensamientos. Observaba de reojo a varias personas

que habían formado un círculo para discutir la permisión de mi

presencia o la falta de ella. Tras minutos de espera en los que

mis rodillas temblaban como gelatina, me percaté de que una

mujer por fin se había atrevido a caminar en mi dirección. La

conocía. Joder si la conocía. Era la mujer más ruin, maliciosa,

envidiosa y perversa que he conocido jamás. La madre de la

chica que me hizo la vida imposible durante tantos años: la

señora Catrice Stone.

Loren es mala persona, pero Catrice es el demonio reencarnado

en un pequeño cuerpo arrugado de metro cincuenta.

—Disculpa —dijo, tras carraspear, con su distintiva voz chirriante

—, no se te está permitido entrar en este parque. Estás

asustando a los niños. —Y culminó su intervención con una falsa

sonrisa.

—¿Cómo se supone que estoy asustando a los niños, según tú? —

cuestioné, atónita, pero más atónita se quedó ella al percatarse

de que no la había tratado de usted—. No estoy haciendo nada

malo.

73
—Se trata de una cuestión de seguridad. A saber qué clase de

enfermedades podrías contagiar a nuestros pequeños.

Solté una sonora carcajada.

—Hasta donde tengo entendido, todos los parques de la ciudad

son de dominio público. Eso quiere decir que, como ciudadana,

tengo el mismo derecho que vosotros de acceder a este lugar. En

cuanto a «enfermedades», te puedo asegurar que no represento

ninguna amenaza, así que quizás, en lugar de intentar

humillarme, deberías empezar a preocuparte por tus malos

modales y la pésima educación que le has inculcado a la

estúpida e ignorante de tu hija.

Unas semanas atrás jamás me hubiera atrevido ha hablarle de

esa manera a una mujer de clase alta. Ya no solo por respeto,

sino también por temor a las inminentes consecuencias que eso

me acarrearía. Ya no lo tenía miedo a nada. Porque, para tener

miedo, debes tener al menos una razón para seguir con vida. Y

yo ya no la tenía.

—¿Disculpa? —su sonrisa se desvaneció de un instante a otro—

¿qué acabas de decir?

74
—¿A parte de maleducada, ignorante, clasista y prepotente, eres

también sorda? —murmuré, con un aire burlón.

Sus mejillas pálidas por el maquillaje (y es que así se maquillan

los classis superioris, en un desesperado intento de parecerse a

los chupasangres), se fueron tiñendo de rojo. La rabia contrajo

sus facciones y sus labios se convirtieron en una fina línea.

Parecía una pasa pocha.

—¡¿Cómo te atreves?! —chilló, llamando la atención de los

transeúntes—. ¡¿Cómo te atreves a faltarme al respeto?! ¡¿Has

olvidado quién eres?! ¡¿has olvidado lo que eres?! ¡No tienes

ningún derecho!

—Púdrete en el infierno.

—Vas a pagar por esto. ¡No tienes ni idea de con quién te has

metido! ¡no voy a permitir que una estúpida criada me levante la

voz y muchísimo menos que injurie a mi hija en mi presencia!

Cuando acabe contigo... vas a desear haber sido elegida en la

subasta en lugar de la pobretona hija de los Dawson.

Al mencionar a Mace había cruzado una línea roja. Sentí una

gran tensión acumularse en mis músculos y un fuerte cosquilleo

75
recorrerme las palmas de las manos. Quería levantarme,

escupirle en la cara y romperle la nariz de un puñetazo, pero me

contuve, porque eso era lo que Catrice estaba buscando:

retratarme como una persona agresiva para que su papel de

víctima fuese más fácil de vender a los demás. Así que, inspiré

hondo y le contesté con una tranquilidad que la enfurecería más

que cualquier golpe.

—Adelante —musité—. ¿Crees que me das miedo? ¿de verdad

eres tan estúpida como para creer que tienes algún tipo de

autoridad en esta ciudad? Tú y yo nos parecemos más de lo que

crees, Catrice. Yo soy una criada: sirvo para las familias

adineradas con el único objetivo de conseguir algo para comer. Y

tú; tu hija, tu marido y todos los que pertenecen al escalón

classis superioris, también lo sois. Sois lacayos de los demonios

de sangre. Todo lo que tenéis, todas vuestras riquezas, son un

premio por siglos de alabanza a los monstruos que asolan

nuestra ciudad todas las noches. Sois sus sirvientes. Y, peor aún,

sois sus putas.

Catrice se quedó en absoluto silencio por unos cuantos

segundos. Le costó incluso más de lo esperado comprender lo

que le acaba de decir. Y cuando lo hizo, se quedó callada, porque

sabía que todo lo que había dicho era verdad.


76
—Acabas... acabas de cometer un grave error. Vas a pagar por

esto.

—No podría importarme menos.

—Te importará cuando te ejecuten por hablarme con ese tono.

—Adelante, lo estoy deseando.

Su rostro se contrajo en un gesto de sorpresa, pero no tardó

mucho en desvanecerse. Se dio media vuelta, meneando con

exageración su gigantesco vestido y se marchó furiosa del

parque. Cuando estuvo a una distancia prudente, dejé de

contener la respiración y mi cuerpo fue perdiendo tensión. Tardé

varios minutos en poder volver a mover las articulaciones de los

dedos.

Al cabo de un rato, volví a distinguirla caminando entre la

multitud, pero esta vez tenía compañía. Iba escoltada por dos

hombres fornidos, protegidos de arriba abajo por pesadas

armaduras de hierro con el gran sello real grabado en el pecho.

—¿Hay algún problema? —cuestionó uno de ellos, bajo la atenta

mirada de todas las personas en el parque.

77
—Esta pordiosera... —siseó— me ha faltado al respeto

descaradamente.

El guardia resopló sonoramente, con aparente tedio, ganándose

una mirada asesina por parte de la señora Stone.

—Es el cuarto altercado que denuncia en el día, señora Stone. —

señalizó el soldado— ¿No cree que debería...?

—¿Qué quiere que le haga? estas ratas solo se dedican a

manchar la honorable reputación de esta, nuestra noble ciudad.

Alguien tiene que hacer algo al respecto. Además, dudo que sea

de su incumbencia cuántos pordioseros decido poner en su

lugar. No estará sugiriendo que debo dejar esto pasar, ¿verdad?

El pobre hombre, resignado, negó con la cabeza y se disculpó

entre dientes con la señora Stone. Y, sin mirarme a los ojos, dio

comienzo al interrogatorio.

—¿Podría contarme qué ha ocurrido?

—Ya se lo he dicho, me ha faltado al respeto cuando yo solo

intentaba velar por la seguridad de nuestros pequeños.

—¿Es eso cierto? —cuestionó el otro guardia.

—No, no lo es. —Me limité a contestar.

78
—¡Mentirosa!

—¿Cómo se llama, señorita?

—¿Es eso acaso relevante?

—Se llama Carrie... o Cassie —dijo la señora Stone—, ¿o Katie?

Pero sí, es irrelevante, deténganla de una vez.

El guardia observó a Catrice en absoluto silencio por un par de

segundos. Ignoró por completo su cutre intervención y desvío la

mirada con hastío.

—¿Señorita, cuál es su rango?

Regla número cinco: Enseña tu marca.

93

—¿No es evidente? Con esas ropas descosidas y malolientes, no

es muy difícil deducir su procedencia...

—Puede decirme a qué estamento pertenece o enseñarme la

marca de su brazo, si así lo prefiere, pero necesito saber cuál es

su rango, señorita.

—¿Qué pasa si no quiero? —musité.

—Entonces estaría desobedeciendo los mandamientos reales y

contrariando la voluntad de su Majestad el Rey, por lo nos

79
veríamos obligados a detenerla. Posteriormente sería trasladada

al castillo real donde se la juzgaría por traición. ¿Está segura de

querer elegir ese camino?

Un escalofrío me recorrió desde la cabeza hasta la punta de los

dedos de los pies: a estas alturas me era imposible controlar los

temblores nerviosos que azotaban mis manos. Me quedé sin

habla por lo que me parecieron horas, pero un resoplido de

Catrice me recordó por qué estaba allí: cuál era mi misión y por

qué debía tener el valor para sacrificarme.

—Sí, estoy segura.

—Señorita... —susurró aquel hombre, con una mirada casi

suplicante— solo debe enseñarnos su marca y podrá irse a casa

con una leve amonestación. No lleve a más un altercado de

menor importancia.

—No tengo por qué enseñarles nada. Y mucho menos merezco

una amonestación cuando mi único delito ha sido entrar en un

parque público.

—¿Es usted consciente de que está quebrantando la quinta regla

real y que podría ser juzgada por ello?

Asentí con la cabeza.

80
El guardia me observó detenidamente por un par de segundos,

con el ceño fruncido. Supongo que buscaba algún indicio de

demencia para justificar mi comportamiento.

—Por favor, señorita...

—¡Por el amor de Dios! ¡¿es que no ve lo que está haciendo?!

¡está faltando al respeto a nuestro rey, a nuestros príncipes!

¡deténgala de una vez!

El soldado suspiró con resignación e hizo un movimiento de

cabeza, ante el que su compañero entendió que debía

levantarme de aquel columpio. Me puse en pie antes de que sus

callosas manos tocasen mi piel y le miré fijamente durante

varios instantes. Me di la vuelta al ver como sacaba unas esposas

de la parte trasera de su cinturón y dejé que me las pusiera sin

oponer ningún tipo de resistencia.

Catrice comenzó a aplaudir, con una gran sonrisa de

satisfacción.

El guardia me indicó que caminara y avanzamos rápidamente,

atravesando el parque escuchando los cuchicheos de las

señoras a nuestro alrededor. Sin duda yo iba a ser el nuevo

cotilleo de la semana.

81
Me llevaron esposada hacia un carruaje. Este no era uno

convencional; sino una gran celda de barrotes metálicos

oxidados en la que debía haber al menos diez personas. Abrieron

la puerta, me empujaron dentro y me acomodé en una de las

esquinas, algo avergonzada ante la mirada de curiosidad del

resto de prisioneros.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó una chica rubia, muy

hermosa, de ojos marrones y extremadamente delgada, como si

llevase días, puede que semanas, sin comer.

—Me negué a enseñar mi marca —respondí vagamente—. ¿Y

vosotros?

—Yo... ofendí a un vampiro en la subasta—susurró un atractivo

chico, que se rascaba con ansiedad el brazo derecho—. Lo único

que hice fue sostenerle la mirada... —le sonreí con tristeza.

—Yo me negué a pagar mis impuestos —comentó una mujer

mayor, de unos setenta años—. No es que no quisiera hacerlo, es

que no tengo dinero...

—Yo también me negué a enseñar mi marca —dijo otro chico,

uno pelirrojo. No pude evitar sonreírle, las miles de pecas que

adornaban sus mejillas eran adorables.

82
3

—Yo... bueno, acabé a golpes con una classis superioris. —Esta

vez tenía el turno de palabra una chica joven de pelo negro y

rizado, tez oscura y ojos marrones.

Se parecía tanto a Mace que me pasé todo el viaje observándola.

—A mí me pillaron robando comida. —Volvió a hablar la chica

rubia. No podía tener más de catorce o quince años.

—A mí me encontraron con un liber prohibitorium en mi casa —

murmuró una mujer, oculta bajo una capa negra. Todos

prisioneros nos giramos a observarla, impactados—. Como ya

saben, es un delito que se paga con sangre.

—No importa lo que hayamos hecho —finalizó el joven moreno

—. Todos los que estamos aquí, ya estamos muertos.

CAPÍTULO 4

- Despierta Caperucita...

83
41

Abrí los ojos lentamente, disfrutando al máximo la sensación de

sueño que aún tenía. Hasta que un golpe brusco me hizo

levantarme de sobresalto.

- Auch...- Gemí adolorida.

Un fuerte dolor se me instaló en el cuello a medida que iba

pasando el tiempo.

Es normal teniendo en cuenta, que no es nada fácil dormirse en

buena postura sobre unas bolas de heno, junto a otras diez

personas, en una jaula del tamaño de un cuarto de baño. Y de los

pequeños.

Miré a mi alrededor algo confundida, pero no pude ver

absolutamente nada.

La luna era lo único que nos alumbraba en esa oscura noche,

pero una vez me fuí despejando pude distinguir una pequeña

silueta y el singular brillo de un cabello rubio.

- Caperucita ya hemos llegado.- Susurró con notable temor.

- ¿Caperucita?- Le pregunté desconcertada a la quinceañera.

- Bueno, tu mandil es rojo y mientras dormías la capucha se

subió hasta tu cabeza. Sin duda parecías Caperucita roja. Y

bueno... No sé tú nombre.

84
20

- Soy Katherine. Katherine Ford. Pero me puedes llamar Kath. ¿Y

tú?

44

- Yo soy Amber. Te diría mi apellido pero ni yo lo sé.

Ahora que me fijaba bien en ella, tenía todas las señales de ser

un huérfana a la fuga.

El orfanto de Skull River no tiene que digamos demasiados

recursos, dado que allí solo viven niños de clase baja.

Los demás niños de otros rangos, nunca se quedarían sin hogar.

Muchos escapan de allí y roban para sobrevivir, justo lo que le

habrá pasado a ella.

- Nos hemos parado y creo que ya estamos en el castillo, pues

llevamos un rato sin movernos.- indica el chico moreno. - Y ya

que nos estamos presentando, soy Viktor, Viktor Vólkov.

167

- Es un placer.- Aseguré con una sonrisa.

Nadie más tuvo el valor de presentarse, ni si quiera de inventarse

un nombre.

Todos estábamos aterrados y ni que decir cuando la puerta se

abrió de golpe.

85
Amber se abrazó a mí en busca de refugio, la rodeé con mis

brazos, para intentar calmarla.

Pero todo rastro de paz desapareció cuando nos dimos cuenta

de que el hombre que había abierto la puerta, tenía los ojos

rojos.

65

Me arrastré junto a mi pequeña amiga lo más alejada que pude

pero no pude mover un músculo más cuando esos fríos ojos se

toparon conmigo.

14

El hombre, o mejor dicho, vampiro, se subió a la jaula y empezó

a sacarnos uno a uno a la fuerza.

Amber y yo acabamos en el suelo, al igual que el resto de

prisioneros.

Al levantar la cabeza, me encontré con una multitud de ojos

carmesí que no parecían tener el mínimo interés en nosotros. A

juzgar por sus ropas, o más bien armaduras, eran soldados del

imperio.

No voy a mentir diciendo que eran poco atractivos, pero sin

embargo, el miedo y el asco que siento por ellos, me hacen ver lo

horrendos que son por dentro.

86
El hombre nos ató las manos uno a uno y en fila, empezamos a

caminar hacia el castillo real.

Prácticamente entramos a base de empujones, y aunque la

mayoría estábamos "sumisos" y no emitimos ningún ruido,

había quienes se resistían, que peleaban desesperados contra

los chupasangres aunque fuese en vano.

Uno de ellos, se le ocurrió intentar defenderse clavándole un

palo en el pecho a no de los guerreros.

Me di la vuelta e impedí que Amber presenciara esa atrocidad.

Pues gracias al libro, aprendí que la madera puede dejar

inconsciente a un vampiro, pero no matarlo.

Cómo supuse el chico falló en su intento de asesinato. La señal

fué un horrible crujido, seguido por un alarido.

No quise ni mirar cuando escuché como algo rodaba por el

suelo.

El hombre que nos sacó de la jaula, nos guió tranquilo, como si

no hubieran acabado de matar a nadie hace un segundo,

hacia una jaula mucho más grande que la que nos trajo hasta

aquí.

87
En ella, había al menos otras veinte personas.

Algunas llorando desconsoladas y otras en shock.

De un empujón nos metió a todos allí dentro.

Me senté en una esquina e invité a Amber a sentarse conmigo.

Ella se acostó en mi pecho y cerró los ojos.

La observé descansar tan plácidamente...

19

Me recordaba demasiado a mí. Huérfana,

hambrienta y pobre.

La única diferencia, es que yo si tuve una familia.

Y desde ese momento, me juré protegerla.

Mientras yo siguiera viva, nadie le tocaría un solo cabello.

64

Unos minutos después, ella parecía haberse dormido y yo iba a

intentarlo también, pero la conversación entre las personas de la

celda, me hizo perder todo ápice de sueño.

- ¿Y esa chica puede ayudarnos?

- Seguro que sí.

- ¿Os creéis que por ser humana va a ayudarnos?- Preguntó una

mujer de forma sarcástica.

88
- Claro que no, si sale con un vampiro, es que está tan podrida

como ellos.- Añadió respondiéndose a ella misma.

87

- Supongo que tienes razón... ¿Qué clase de humana es capaz de

enamorarse de un chupasangre? Es una vergüenza para los

rebellium.

30

- Si bueno, vino aquí como criada y ahora es una princesa. Ha

jugado bien sus cartas. Y coincido con la desconocida, no creo

que le demos ninguna lástima.

83

- Anda que pasar de ser una chica de clase baja, elegida en la

subasta, a parte de la realeza vampírica...

36

- Disculpad... ¿De qué estáis hablando?- Irrumpí en su

conversación.

- ¿No lo sabes? Una de las chicas escogidas en la última subasta,

está liada con uno de ellos. ¿Te lo puedes creer? Vaya deshonra a

nuestros antepasados.

- ¿Que chica?- Pregunté con el pulso a mil.

89
- Ahora no recuerdo su nombre pero...

Es de tez oscura. Muy guapa, de cabello negro y ojos cafés.

- Además.- Añadió otra mujer al ver mi cara de confusión. - Tu

estabas con ella, te vi en la subasta, lloraste cuando se la

llevaron.

159

- ¿Oye que te pasa?- Preguntó Viktor con cara de preocupación

cuando empecé a hiperventilar.

- Mace...- Susurré conmocionada.

- ¡Eso es!- Exclamó la mujer. - Se llamaba Mace Dawson.

- ¿Estás bien?

- No.- Susurré cuando lágrimas empezaron a brotar de mis ojos.

- Yo vine aquí por ella, para salvarla... Quería al menos

despedirme.

Y con suerte... Quizás me asignaran un trabajo de criada como

castigo y así podría estar junto a ella y...

- Te ha traicionado.- Habló una chica que no había emitido

palabra hasta ahora. La misma que estaba en el carruaje. Ahora

que podía ver su rostro, me pareció una joven muy hermosa.

- Te voy a dar un consejo...

90
66

- Katherine.

- No puedes confiar en nadie porque todos te defraudarán.

Has venido aquí por ella, ¿y así te lo paga? Digan lo que digan, la

mejor sensación que hay es la venganza.

66

Ella te ha clavado un puñal por la espalda, tú clavále dos

mirándola a los ojos.

Solo así aprenderán a no meterse contigo.

184

Me quedé pensando unos minutos en sus palabras sin detener el

llanto.

Primero el odio hacia los vampiros por haber matado a mis

padres, el odio hacia los de clase alta por dejarnos morir, el odio

extremo hacia los chupasangres por haberme robado a mi mejor

amiga.

Y supongo que todo eso mezclado con el el dolor de la traición.

Acabaron por romperme del todo.

63

91
CAPÍTULO 5

Llegó un punto en el que ya no me quedaban más lágrimas por

derramar.

13

Debieron de transcurrir unas tres horas. Todos los prisioneros

nos moríamos de hambre, pues no habíamos probado bocado

desde que fuimos encarcelados en aquel pequeño cubículo.

92
Lo único que ahora mismo me mantenía sentada para no armar

un escándalo, ponerme a gritar o intentar matar a alguien, era el

peso que tenía sobre mí. Ella.

Amber, quién se encontraba tan ajena a lo que estaba pasando a

su alrededor, dormía en paz mientras se agarraba con afán a mi

cintura en busca de protección.

17

A lo largo de este tiempo, en el que Viktor solo hizo que intentar

animarme, solo pude pensar en una cosa.

¿He venido hasta aquí para salvarla de un supuesto destino de

esclavitud y ahora resulta que se ha aliado con el enemigo?

Venga no me jodas.

73

Lo mejor de todo es la hipocresía de la situación.

Toda la vida, diciéndome que el asesino de mis padres pagaría,

todo el tiempo odiando a los vampiros.

Arriesgando nuestras vidas para escapar de un destino de

pobreza que ellos nos han impuesto.

Y ahora ella es su princesa.

49

93
Tres fuertes golpes en los barrotes metálicos nos pusieron alerta

a todos.

Tres soldados, abrieron la puerta y nos obligaron a levantarnos.

Si no fuera por mi nuevo amigo, probablemente me habría

caído.

De nuevo nos esposaron y en fila, nos guiaron por unos enormes

pasillos.

Al fondo pude distinguir una gran puerta, totalmente dorada,

pero muy desgastada, con dibujos labrados en oro que

representaban a un hombre castigando a otro con un látigo.

Sin duda, nos estaban llevando a nuestro juicio.

Creía que este iba a ser mi fin, que iba a morir en vano, aunque

desde el primer momento, quise creer que esa mujer se había

confundido, o quizás simplemente era mentira.

Una parte de mí, solo deseaba que Mace, mi mejor amiga, no

fuera una traidora.

Pero cuando la vi, ahí parada, hablando con las que serían sus

criadas.

Vestida con un precioso vestido rojo, de las telas más caras que

puedas encontrar...

Cuando me fijé en ese labial carmesí que decoraba sus labios. O


94
en los extravagantes abalorios que adornaban su cuello...

Cuando la vi reír, mientras nosotros íbamos camino a ser

juzgados, por el simple hecho de querer ser libres.

Solo... Exploté.

81

Nuestros ojos conectaron, su mirada asombrada me repasaba

de arriba abajo con angustia.

Rompí la fila dirigiéndome hacia ella, alertando a los guardias.

Mis pies parecían no responderme y se desplazaban con una

energía que pensé que había desaparecido en mí.

32

Lágrimas empezaron a brotar de nuevo, deslizándose por mis

mejillas, pero yo no me detuve.

Sentía a los guardias pisandome los talones pero no me paré,

tenía la suficiente ventaja.

Y cuando llegué hasta ella tiré tan fuerte de mis brazos que

conseguí romper una de las correas de plástico, produciendome

una horrible quemadura.

Por un momento estuvimos cara a cara, tan cerca...

Y no voy a negar que tenía unas horribles ganas de abrazarla.

Pero de solo recordar, como lo dejé todo para estar con Mace y

95
sin embargo, ella disfrutaba de riquezas inigualables sabiendo

que yo no llegaba a fin de mes, mi mano cobró vida propia.

Se oyó un fuerte golpe en el pasillo y fué que, sin darme cuenta,

había golpeado su rostro.

157

Casi no me dio tiempo a volver a respirar cuando alguien me tiró

al suelo un guardia.

Ella gritaba que me soltase, mientras el soldado me esposaba

con demasiada fuerza.

Detrás de Mace aparecieron más "personas" que se acercaron

preocupados por ella.

Pero ni siquiera me fijé en sus rostros, tenía la vista puesta en

esa "desconocida" que ahora estaba arrodillada junto a mí en el

suelo. Gritando, implorando que me liberaran, pues si seguían

así, acabarían por partirme algo.

La miré con un sentimiento horrible que me consumía por

dentro.

Ahora sí que lo había perdido todo.

Porque para mí, estaba muerta.

42

- Puta.

96
304

Me llevaron a rastras hacia una sala a parte, mientras de fondo

escuchaba los gritos de Amber.

Me giré a verla, se revolvía contra los vampiros.

Fué como si algo se activara en mí, pues volví a golpearlos.

O al menos lo intenté.

20

Pero ya no había nada que hacer, a ella se la llevaron al juicio y a

mí...

Me llevaron a un lugar totalmente vacío.

O eso pensaba, hasta que la mujer de la celda, la que me dijo

que no confiara en nadie, emitió un ruido haciéndome

sobresaltar.

- Hola de nuevo.- Saludó con frialdad.

- ¿Qué has echo para que te traigan aquí?

- ¿Qué es esto?- Pregunté nerviosa. La habitación parecía más

antigua que cualquier sitio del castillo en el que había estado.

- Estamos en el Atrium peccatorum.

- El juzgado de los pecadores...

97
- Exacto guapa.

¿Se puede saber que hiciste para acabar siendo juzgada en este

lugar?

- He pegado e insultado a Mace.

33

- No me jodas... Osea que seguiste mi consejo. Bien hecho.

Habría pagado por verlo.

45

- ¿Y tú? ¿Qué haces aquí?

- Bueno... Digamos que infringí una regla importante.

- ¿Cuál?- Pregunté secando los restos de lágrimas de mis

mejillas.

- La primera.- Soltó y puse una mueca de horror.

- ¿Te pillaron con un liber prohibitorium?

- No solo eso. Mi hermana me delató. Digamos que no siento el

mismo amor por los chupasangres que el resto de mi familia.

98
Se me escapó una mueca de confusión,

¿Desde cuándo una familia de clase baja ama a los vampiros?

No, eso es imposible.

- ¿De qué clase eres?

- Alta-. Respondió con naturalidad.

- ¿No se supone que los classis superioris servís a los vampiros?

- Yo no.

Mi madre, mi hermana, mi padre...

Ellos los adoran, les consideran dioses. Hasta mi hermana

espera casarse con uno de los McClaine.

Está obsesionada con uno de ellos.

19

- Vaya... Eso si que es... Soñar a lo grande.

20

- Ya ves, está convencida de que lo hará. Sin embargo, yo creo

que los vampiros son seres despreciables sin corazón.

Y no merecen nuestro respeto cuando por su culpa, mueren

cientos de personas al año. Y eso solo aquí, en Traitors Village.

99
- Concuerdo contigo.

Aunque es raro que te hayan hecho algo. Quiero decir, a los de

clase alta no les suelen juzgar.

- Bueno, me pillaron con un libro prohibido, una daga de plata,

unos cuantos ramos de Verbena.

Y cuando me detuvieron les dije que volvieran al infierno de

dónde salieron.

28

- Guau.

29

- Sí, ya supondrás como se puso mi familia.

- ¿Cómo te llamas? ¿Y como es que nunca te he visto por la

ciudad?

- No solía salir mucho la verdad.

Y me llamo Alice, Alice Stone.

133

100
CAPÍTULO 6

Perdí la noción del tiempo hablando con Alice.

¿Quién diría que es la hermana de Loren y la hija de Catrice?

No se parecen en nada, ni siquiera físicamente.

Estuvimos hablando por lo que me pareció media hora, sobre los

vampiros y los licántropos que merodean por los alrededores.

Se dice que los murciélagos no se llevan bien con los chuchos...

47

Las grandes puertas doradas se abrieron levemente, y una

pequeña figura roja apareció de ellas.

Era Mace, quién tenía los ojos hinchados y rojos, pero a estas

alturas no me importaba en lo absoluto.

Y se lo tenía bien merecido.

101
21

– Vaya... Si es la traidora número uno de la época...

¿Qué tal te va con los chupasangres?– Preguntó sarcástica Alice.

– Kath por favor... Tenemos que hablar. No tengo mucho tiempo.

– ¿Estás bromeando? Tienes que estar bromeando porque...

– Escúchame por dios...

Mirad, ellos no son como creéis, no todos son malos...

Hay, hay algunos que son personas increíbles.

166

– Punto número uno, ellos no son personas. Punto número dos,

¿Qué no todos son malos?– Solté una carcajada que para nada

transmitía felicidad.

– ¡Me lo dices en serio! ¡Cuando estoy aquí, encadenada y

cuando me estaban a punto de juzgar, por el único motivo de no

haber enseñado una estúpida marca!

– Sé que eso está mal pero...

– Hoy conocí a una niña.– Empecé a relatar con los ojos

inundados.

– Se llama Amber. Es una chica de quince años, huérfana y

muerta de hambre.

102
Y se la han llevado... ¡Se la han llevado por robar unas cuántas

manzanas!

¡Cuando ella solo intentaba sobrevivir en un mundo injusto!

Y no te confundas, porque si es injusto, es por su culpa.

– Intentaré parar tu jui...

– Ni se te ocurra. Porque al fin y al cabo, solo soy una asquerosa

humana de clase baja. Y no merezco piedad. ¿No es así?

16

Las puertas volvieron a abrirse de nuevo, y esta vez aparecieron

una multitud de vampiros que primero, nos miraron con asco y

luego se dispusieron a sentarse en esas butacas de las que la

sala estaba repleta.

Para disfrutar de un buen espectáculo.

Supuse que eran el consejo.

Después cinco imponentes figuras se dirigieron a una enorme

mesa con siete tronos a su alrededor.

Me negué a mirarles a la cara, por miedo.

Tanto tiempo repitiendo y escuchando: "No los mires a los ojos,

no los mires, no lo hagas..."

Que al final acabas obedeciendo inconscientemente.

103
Noté como Mace se alejaba y por consecuencia, retrocedí para

quedar más cerca de Alice. Quién era la única en este momento

que podría ayudarme.

Cuando tuve el valor de levantar la mirada, observé cómo esos

cuatro hombres y esa mujer, se acomodaron en sus sitios y Mace

se sentó al lado de uno de ellos.

Dejando un asiento libre en el medio.

– ¿Quién eres?– Preguntó una voz varonil que provenía de uno

de los hombres que se habían sentado en aquella mesa.

28

Me le quedé viendo fijamente, después, escaneé a los otros

cuatro. Tenían los ojos de un rojo más brillante que cualquiera

de los que se habían sentado en la zona del público.

No respondí, pues solo llevan al

Atrium peccatorum a los "criminales" que serán juzgados con la

muerte.

¿Si voy a morir, porqué debería hacerlo?

– Te lo vuelvo a repetir, ¿Quién eres?

– ¿Acaso te importa?– Solté tras sacar el valor para responder.

51

104
– No te lo voy a volver a preguntar humana. ¿Cómo te llamas?–

Su tono ahora era amenazante.

Miré de reojo a Mace.

Estaba al lado de un chupasangre rubio, que se parecía bastante

al resto de sus compañeros de mesa, todos ellos parecían ser

hermanos.

Y ese debía ser el afortunado... Simplemente asqueroso.

– Katherine.

– Bien Katherine... Antes de nada, debo recordarte que estás

bajo juramento y que si mientes, tu castigo será mucho peor.

¿Sabes por qué estás aquí?

– Sí.

– ¿Admites que eres culpable?

– Sí.

– ¿Entiendes que debes ser castigada?

– Sí.

– ¿Y que ya que tu mayor delito ha sido ofender a la realeza, tu

condena sería la muerte?

105
– Eliel por favor no...– Lloró ella y el vampiro rubio pareció

suavizar su mirada.

67

– Sí.– Respondí.

– Bien...

– ¿Te arrepientes?– Preguntó otro de ellos, los vampiros del

jurado, parecían estar allí solo para observar. Quizás esos cinco

eran los que estaban al mando.

42

– Ni lo más mínimo.

240

Todos en la sala parecieron asombrarse por mi respuesta.

Incluso se oyeron las expresiones ofendidas de los jurados.

Y los "importantes" (así los bauticé yo), no pudieron disimular

una mueca de impresión.

– ¿Cómo dices?

– He dicho que ni lo más mínimo.

Y yo pensando que los chupasangres teníais la audición

mejorada...

214

106
– Cuida tus palabras.

Estás frente a la familia McClaine.– Habló por primera vez la

mujer.

Una rubia de ojos carmesí.

Ahí fué cuando caí, por eso esas cinco personas se habían

sentado en un lugar distinto al resto, eran la familia McClaine.

Intenté aparentar ser fuerte, pero mis piernas comenzaron a

temblar.

103

– ¿Y? ¿No se supone que estoy bajo juramento? Me habéis

pedido que diga la verdad y eso es lo que he hecho.

26

– Has agredido a la pareja de un príncipe.– Habló un chico de

pelo negro, uno de los hermanos.

– Y eso la convierte en tu princesa, la debes respeto.

¿Si no te arrepientes, al menos dirás por qué lo hiciste?

– Porque es lo que se merece una traidora como ella.– Respondí

fría. – ¿Verdad Mace?

68

Todos se giraron hacia ella, por lo que veo, no tenían ni idea de

lo que pasaba.

No tendrían el conocimiento de que éramos amigas.

107
– ¿Os conocéis?– Le preguntó su "novio",

cogiéndole la mano.

– Es ella Eliel.– Murmuró entre lágrimas. – Es Kath.

Se giraron a mirarme prácticamente a la vez y la sorpresa se veía

reflejada en sus sangrientas iris.

Parece que soy famosa por aquí.

124

– Me habéis preguntado el porqué.– Reí levemente mirando a

Alice.

Bien Mace, aquí va.

Te he pegado porque he venido aquí a buscarte.

Porque después de la subasta, quedé destrozada. Porque

prefería estar contigo a vivir libre o a escapar.

Porque arriesgué mi vida para venir a verte y al menos decirte un

último adiós. Porque iba a intentar salvarte de ese destino de

esclavitud que te esperaba...

Y cuando llego, me cuentan que eres una princesa. Que eres la

pareja de uno de ellos. De uno de los McClaine.

Si ahora te odio con todo mi ser es porque sabiendo que no

tengo luz en casa, que tengo que robar para sobrevivir y que me

muero de frío por las noches...

108
Tú vives aquí, con joyas, placeres caros... Sin importarte que yo

me joda en el poblado esperando reencontrarme contigo.

Y sobre todo, te odio por haberte liado con estos... Monstruos.

129

– Kath...– Susurró intentando respirar con normalidad.

– Eres una hipócrita...

Tanto tiempo odiandolos. Soñando como escapar de esta

ciudad del demonio... Teniéndolos miedo.

Y ahora vas ¿Y estas con ellos?

– No son como tú piensas...– Dijo bajando del estrado. – Yo antes

pensaba como tú, les odiaba. Pero luego me di cuenta de que

son maravillosos.

155

– Eso cuéntaselo a mis difuntos padres.

Quienes por cierto– les miré con odio. – Fueron asesinados por

uno de los vuestros

15

– Sentimos mucho tu pérdida...– Intentó hablar un castaño.

57

– Y una mierda.

175

109
Un estruendo, que vino de una puerta que se encontraba detrás

de los vampiros, resonó por toda la estancia, haciendo que las

humanas de la habitación, pegaramos un bote.

42

– Llegas tarde.– Habló otro rubio para variar. Solo que este

parecía más maduro que el resto de la familia.

37

Un chico de pelo castaño claro, se sentó en el sitio que había

quedado libre.

Los otros eran guapos, pero este era espeluznantemte hermoso.

Mandíbula marcada, cuerpo de infarto, venas de escándalo,

hermosura divina... Y un toque... Aterrador.

412

Cuando nuestras miradas se cruzaron sentí algo raro revolverse

en mi estómago, pero lo dejé pasar porque estaba demasiado

ocupada escaneándolo con la mirada.

Él puso una mueca de confusión, avanzó hasta mí y entré en

pánico.

215

Imágenes de mis padres muertos en el asfalto mientas yo estaba

escondida tras un cubo de basura, la vez que llegué tarde a casa

110
y vi como un vampiro asesinaba a una persona, mis gritos

cuando se llevaron a Mace en la subasta...

18

Retrocedí bruscamente con un grito de terror. El chico también

retrocedió y se tapó los oídos fuertemente al igual que el resto.

Me quedé ida por un momento, pero Alice, quién estaba más

lúcida que yo, aprovechó para agarrarme del brazo y salir

corriendo.

No sé como pudo soltarse.

93

Abrimos a duras penas la puerta y salimos disparadas por el

pasillo.

No llegamos a dar dos pasos más cuando algo me tiró al suelo.

Creo que todo eso fué demasiado para mí, pues perdí la

consciencia y dejé que la oscuridad me alcanzara.

O quizás me golpeé la cabeza contra el suelo, simplemente no lo

recuerdo.

80

111
CAPÍTULO 7

– ¡Katherine! ¡Rápido, escóndete!–

Gritó mamá mientras se alejaba de mí a paso rápido.

28

– Mami...– Susurré totalmente aterrada, deseando que no se

fuera, que se quedase conmigo.

– Por favor cariño, haz caso a mami. ¿Vale?

Asentí ligeramente con la cabeza y corrí hacia el contenedor de

basura, me escondí detrás y me senté en el suelo.

Mamá se fué a ayudar a papá,

porque estaba siendo atacado por un hombre malo.

Me tapé los oídos con fuerza al oír los gritos de mis padres,

quienes se llamaban el uno al otro con desesperación.

10

No sé cuánto tiempo había pasado, pero los gritos por fin

culminaron, por lo que me decidí a salir de mi escondite.

112
Me miré las rodillas, encontrando que tenía los pantalones rotos,

y la piel de esa zona, totalmente raspada.

Mi labio inferior empezó a temblar porque escocía, dolía mucho.

Miré por todos lados para ver si encontraba mi diario, me lo

acababan de regalar y no quería perderlo.

Era el regalo de cumpleaños que más me gustó, ya que era de mi

princesa favorita.

Tiana.

Siempre me gustó cocinar y algún día quería llegar a hacerlo

como lo hacía ella.

82

Me rendí, pues pasaron cinco minutos y aún no lo veía, pero pensé

que a lo mejor mamá lo había cogido del suelo.

Salí del callejón en el que me había metido y en medio de la calle,

había dos personas tumbadas en el suelo.

Me acerqué a ellos y sollocé al ver que eran mis padres.

Intenté moverlos de todas las formas posibles, pero no

reaccionaban.

La luna era lo único que iluminaba las calles y por consecuencia,

casi no podía ver.

113
Besé la frente de mi madre y abracé fuertemente a mi padre tras

escuchar un aullido. Los hombres lobo eran malos, tanto como los

señores pálidos.

Corrí sin rumbo durante unos cuantos minutos.

Volví a romper en llanto, pensaba que me había perdido y que no

iba a encontrar el camino de vuelta.

31

Hasta que vi una casa que se me hacía muy familiar.

Entonces la reconocí, era la casa de la mejor amiga de mamá.

Corrí hacia ella y llamé al timbre varias veces.

El padre de Mace, abrió la puerta y se asustó al verme llena de

sangre y heridas.

Miró hacia ambas direcciones antes de cogerme en brazos y

meterme dentro.

Helena bajó las escaleras rápidamente y me abrazó con fuerza.

Su pulso estaba temblando de forma horrible y de pronto

comenzó a llorar.

– Kathy... ¿Qué a ocurrido?– Preguntó el tío Tom.

114
– Un señor pálido atacó a papá y mamá fué a ayudarlo. Mami me

dijo que me quedara escondida y cuando salí ellos estaban

tirados en la carretera.

Helena comenzó a gritar desconsolada y los ruidos despertaron a

Mace, quién bajó en pijama por las escaleras.

– Pero no te preocupes tía Helena, ellos solo están durmiendo.

284

*****

Abrí los ojos desorientada notando una falta aguda de

respiración, me agarré fuertemente a las sábanas para evitar

llorar.

Esa pesadilla se repetía una y otra vez en mi mente.

Cada noche, como un reloj.

115
1

Cuando conseguí relajarme y recordar que solo era un estúpido

sueño, me estiré perezosa sobre mis suaves sábanas de seda y

me volví a quedar quieta, pues aún tenía sueño y estaba tan

cómoda y agusto...

24

Hasta que me di cuenta, de que yo no tengo sábanas de seda.

Pegué un gran bote asustada y aunque intenté agarrarme a algo,

acabé tirada en el suelo, sobando la parte baja de mi espalda.

87

Miré a mi alrededor desconcertada hasta que los sucesos de la

noche anterior llagaron a mí como filosos cuchillos.

Casi empiezo a hiperventilar, pero me di cuenta de que cuanto

más ruido haga, antes me podrán encontrar.

Me tapé la boca para no hacer ni el más mínimo sonido.

Aunque la verdad, las paredes de la habitación en la que me

encontraba parecían ser bastante gruesas.

Eran de piedra, como todo el castillo en sí y lo que es el cuarto

estaba decorado al estilo antiguo, como victoriano.

Inclusive había muebles y ornamentos labrados en oro que

perfectamente podrían tener cientos de años.

116
Me levanté tambaleando e intenté llegar a la puerta. Pero paré a

medio camino.

¿De verdad iba a salir del seguro cuarto para adentrarme en un

castillo lleno de chupasangres? Pues probablemente sí.

10

Porque si algo era seguro, es que no me iba a quedar allí.

Abrí la puerta con lo que intenté que fuera sigilo, pero

literalmente sonaba como en las típicas películas de terror.

Sin duda necesitaba aceite, mucho aceite.

24

Asomé la cabeza lentamente, frente a mí se encontraba un

pasillo enormemente largo.

Los suelos parecían ser de una madera antigua que seguramente

me daría problemas si lo que quería era andar en silencio y

estaba recubierto por una delgada alfombra que le daba un

toque caro y elegante.

Comencé a caminar muy despacio, con el pulso a mil y los

nervios a flor de piel.

Inicié el paso, pero al ver que no había ninguna amenaza a mi

alrededor aligeré los movimientos.

117
Caminé al menos cinco minutos, dando vueltas, atravesando

pasillos, escogiendo que camino atravesar...

Me había perdido.

Después de dar ocho giros a la derecha me di cuenta de que

cuatro en ese sentido hacían un círculo.

Ya decía yo que era extraño que en todos los pasillos hubiera los

mismos cuadros.

59

No entendía como la gente en ese palacio, era capaz de

desplazarse.

Todos los pasillos parecían iguales, si no fuera por los retratos,

pensaría que estaba caminando por un pasadizo sin fin.

Estaba muy cansada y pensé en descansar, aunque fuese un par

de minutos, pero por fin, vi algo diferente.

Al fondo, pude distinguir unas escaleras, por lo que corrí hacia

ella.

Las bajé temerosa, ya que habría miles de cosas que me podría

encontrar ahí abajo, y ninguna de las que estaba pensando, eran

buenas.

Para mi grata suerte, en esta parte del castillo no había luz, solo

estaba iluminado con grandes antorchas.

118
Así que cogí una y seguí bajando.

Una vez terminé de bajar escalones, me di cuenta de que eso

debían ser las mazmorras.

¿Pero, por qué no me habían traído a mí aquí?

Supuestamente he ofendido a una de las familias vampíricas

más poderosas del planeta y en vez de encerrarme o torturarme,

me dejan en una habitación con las sábanas más caras que se

pueda encontrar.

97

Seguí en línea recta, se me rompía el corazón cada vez que me

encontraba con una celda.

Pues había de tres a cinco personas en cada una y estas no eran

grandes que digamos.

Pero yo no podía hacer nada por ellos, era imposible que

pudiera romper alguno de los candados.

Llegué al fondo de los calabozos poco después, encontrando de

nuevo unas escaleras.

Las subí sin mucho preámbulo y salí fuera de ese horrible sitio.

Esta parte del castillo me sonaba mucho, sin duda la había visto

antes.

119
1

Un cuchicheo me sobresaltó y me escondí tras una de las

imponentes paredes de piedra. Dos chicas que al parecer eran

criadas, estaban hablando entre sí, dejé salir un suspiro de

alivio, pues si son sirvientas, tienen que ser humanas.

– ¿Has oído lo que ha pasado?– Preguntó una de ellas.

– Pues sí, al parecer la tua cantante del príncipe ha

desaparecido.

179

– ¿En serio?

– Sí, nunca le he visto tan desesperado.

102

– Esa chica tiene una suerte...– Suspiró la otra mordiéndose el

labio. – Ojalá yo fuera la alma de uno de los McClaine.

103

– Pues a ella no le ha debido de hacer demasiada gracia. Ha

huido de él.

– Me da pena, cuando la familia invicta la encuentre, no la

dejarán salir nunca del castillo.

120
– Ya bueno, ella se lo ha buscado, no puedes escapar de ellos y

mucho menos de Hudson McClaine.

146

– ¿Seguro que es su compañera?

– Jessica, literalmente se lanzó para tocarla, él jamás se había

comportado así. Ni siquiera abraza a sus hermanos, pero a ella...

149

- Quizás sea algo bueno, Hudson podría cambiar gracias a su

compañera.

- ¿Un asesino tan frío y manipulador como Hudson McClaine?

Querida, ni siquiera Satán podría ablandarlo.

209

CAPÍTULO 8

Me di media vuelta para salir de allí, esa conversación no me

interesaba en lo absoluto.

Pero ese término... Alma.

121
¿Por qué se repite tanto?

¿Y qué es un tua cantante?

82

Mi pequeña excursión fué irrumpida cuando choqué con algo

duro y robusto. Por lo que de nuevo, caí al suelo.

Levanté la mirada con algo de temor y tuve que ahogar un grito

al ver una armadura con el sello real.

El soldado me miró con cierta preocupación, o eso es lo que

parecía, pero desde cuándo un vampiro se preocupa por un

humano. Nunca.

- ¿Es usted Katherine Ford?

52

¿Por qué sabía mi nombre?

- No.

21

- ¿No?- Preguntó divertido. -

¿Y entonces quién es?

129

- Mi nombre es... Lana.

66

- ¿Lana?

122
3

- Eh... Sí.- Titubeé.

- Lana...

¿Y cuál es su apellido?- Parecía estar riéndose de mí. Su mueca

divertida lo confirmaba.

59

- Smith. Me llamo Lana Smith.- Empecé a temblar cuando dió un

paso hacia mí.

15

- Puedo oler su miedo señorita.

Y ya casi todo el mundo sabe quien es usted, Katherine.

Debe venir conmigo, el príncipe ha estado buscándola por todo

el castillo, está muy preocupado.

101

- ¿Qué príncipe?- Empecé a retroceder lentamente.

- El señor Hudson McClaine, por supuesto.

¡Anton! Llama al señor, parece que la humana no tiene intención

de venir conmigo.- Indicó a su compañero.

12

Mis manos se zaradeaban a causa de los temblores, al igual que

toda yo en general.

123
¿Y si ese tal Hudson era amigo de Mace? ¿Y si quería

desangrarme y luego descuartizar mi cuerpo por haberla

pegado?

93

Me estaba dando un ataque de ansiedad muy fuerte. Mientras, el

chupasangre me miraba con una ceja alzada.

Supongo que impactado porque mis lágrimas son cristalinas.

44

Corre el rumor de que ellos lloran sangre.

19

Fuertes pisadas resonaron por toda la estancia y segundos más

tarde, aparecieron a lo lejos ocho personas. Una de ellas era

Mace y el resto sin duda eran los vampiros de ayer, la familia

McClaine. La realeza.

73

El guardia se giró al recibir el llamado de uno de ellos, estaban

demasiado cerca y yo demasiado aterrada.

Mis pies fueron por si solos y empecé a correr como alma que

lleva el diablo.

146

124
Aunque ya no podía más, seguía escuchando los pasos

apresurados que me pisaban los talones.

Iban a alcanzarme, a sí que decidí entrar en una habitación.

53

Parecía un cuarto de la limpieza, había desde aspiradoras,

trapos, detergente...

Me derrumbé allí mismo.

Y como siempre, me refugié en una de las esquinas de la

habitación, me hacen sentir segura porque tengo la espalda

protegida.

No pude aguantarlo y me puse a llorar, sujetando con fuerza y

desasosiego mi cabeza.

¿Por qué tenía que pasarme esto a mí? ¿Por qué Mace se ha

aliado con ellos?

68

Lo que debería haber hecho al menos, era enviarme una carta

diciéndome que estaba bien.

Quizás así yo no habría venido a

buscarla y no estaría aquí metida.

107

125
Me abracé las rodillas como una niña pequeña, tal como lo hice

aquella noche.

Los pasos eran cada vez más fuertes, mi corazón iba a mil por

hora.

Estaba tan asustada...

Cuando la puerta se abrió solo me hice bolita y comencé a llorar

aún más fuerte.

110

La puerta chirrió, señal de que alguien había entrado. No tuve el

valor de subir la cabeza, ni siquiera pude seguir llorando, la

respiración se me había cortado y la sangre se me había helado.

No pasó ni un instante cuando noté como alguien me abrazaba,

era Mace, pues su perfume llegó rápidamente a mis fosas

nasales.

84

- Solo está asustada.- Murmuró.

- Lo mejor será que... Os vayáis.

A continuación, se oyó un fuerte estruendo seguido por un grito

de rabia, proveniente de una voz masculina.

72

126
Alcé la mirada tras unos minutos de horrible espera e

incertidumbre, encontrándome, gracias a Dios, con que solo

Mace estaba en el pequeño cubículo.

Porque aunque estoy muy enfadada, prefiero mil veces estar a

solas con ella, que con esos chupasangres.

- Mace por favor sácame de aquí.- Le rogué con algo esperanza.

36

- No puedo Kath, lo siento.

- Me lo debes, he venido aquí a buscarte, creo que me merezco

tu ayuda.

- No es por eso Katherine, por mí te ayudaba ahora mismo, pero

hay tantas cosas que tengo que contarte...

No puedes irte...

- ¿Por qué?

- No puedo decírtelo, no aún.

- Te lo pido por favor Mace...

- Es difícil de entender, pero si quieres saber por qué estas aquí

debes hablar con...

127
- No quiero hablar con nadie, solo quiero irme...- Ella se quedó

callada y mis sollozos eran lo único que se escuchaba en la

habitación.

- Kathy, por favor, ellos no son malos...

- Has perdido totalmente la cordura.

Me levanté y la aparté bruscamente, tenía que irme, tenía que

escapar.

Mi mente me gritaba

"Corre y no mires atrás"

59

Abrí la puerta con rapidez, busqué una salida, pero solo

encontré las asquerosas y sangrientas miradas de los demonios

de sangre.

No tenía a donde ir, me tenían rodeada, necesitaba saber porqué

me estaban reteniendo, quería entender.

Pero sobretodo, necesitaba salir.

Entre toda esa podrida multitud, me encontré con un hombre,

aparentaba mi edad, quizás un poco más, su piel pálida era

atrayente, sus ojos rojos, esos mismos que debía observar con

128
odio, eran hermosos e hipontizantes, su cabello castaño claro,

ligeramente ondulado, caía como una cascada a lo largo de su

frente.

98

Era un ser tan hermoso, como cruel.

Sin duda era el mismo que se acercó a mí ayer, el mismo que

entró tarde en el estrado.

16

Vino hacia mí dando grandes zancadas y como si de un golpe se

tratase, volví a la realidad. Pero no me moví un milímetro, era

como si mis piernas estuvieran congeladas.

27

Sus grandes manos apresaron mis mejillas limpiando las

lágrimas que se posaban en mis cachetes, aunque era en vano,

pues cada vez fluían con más rapidez como si de un río bravo se

tratase.

161

Parecía no querer hacerme daño, quizás yo también me estaba

volviendo loca.

Son malos, despiadados, unos asesinos. Y no tuvieron ningún

reparo en arrebatarme a mi familia.

129
En arrebatarme lo único que tenía.

A mis padres, mis derechos y mi libertad.

¿Quién les dió permiso para destruirlo todo, porqué disfrutan del

caos y la guerra?

Nada les satisface, quieren más y más y no paran hasta

conseguirlo.

¿Acaso no es suficiente con la sangre que les donamos una vez al

mes?

Nada con corazón podría hacer eso.

Supongo que por mucho que su corazón lata, ellos siguen

estando muertos.

- Mi princesa...- Susurró con una voz varonil y gruesa, pero

demasiado melodiosa para ser real.

663

Los libros prohibidos tienen razón, son los cazadores perfectos,

porque nada ni nadie se resiste a ellos.

Me aparté con fiereza, repugnada, asqueada, por el simple

hecho de que cada vez que miraba esas iris de color carmín,

130
recordaba aquellas que de forma macabra se despidieron de mí

a los ocho años.

39

Mi reacción parecía haberle herido, ahora él transmitía tristeza y

dolor, pero eso era imposible.

127

Mace era lo único con vida que tenía cerca en ese momento, me

refugié tras ella, aún quería creer que solo estaba fingiendo para

engañarlos y escapar.

Pero se apartó de mí con una mueca de tristeza, dejándome sola

otra vez.

87

- Hudson, llévala a tú alcoba. -

Ese chico, que resultaba ser el príncipe, volvió a acercarse a mí

con una expresión amarga en el rostro, me alzó entre sus brazos.

Yo no puse resistencia.

No serviría en lo absoluto.

53

Dejando atrás al resto de muertos, el príncipe me llevó por los

pasillos hasta la misma habitación en la que había despertado

tiempo atrás.

131
Me posó delicadamente en la cama, me besó la frente para mi

sorpresa y se marchó sin mirar atrás.

210

CAPÍTULO 9

Transcurridas dos horas, seguía en el mismo rincón, con la

misma posición y la misma expresión desde que se fué el

príncipe vampiro.

La situación me estaba sobrepasando.

¿Porqué no me hacían daño?

¿Porqué no me juzgaban?

33

Al final decidí levantarme de la cama, mis huesos crujieron al

hacerlo.

Intenté abrir la puerta, estaba cerrada con pestillo. Me habían

encerrado.

12

132
Mi intención fué golpearla, pero me di cuenta de que así solo

llamaría la atención y si quería salir de aquí, debía ser discreta.

A pesar de todo, aún tenía guardado en el corsé la verbena

concentrada,

la usaría en caso de emergencia, ya que nadie parecía haberse

dado cuenta de que la tenía en mi poder. Pero el pequeño

cuchillo de plata ya no estaba, quizás se me había caído en mi

intento de huida.

En la habitación había un gran espejo, me acerqué a él y sin

apartar la vista de mi reflejo, deshice el antes perfecto recogido y

guardé en la bolsita del veneno dos de las tres horquillas que

sujetaban mi peinado.

Puse en práctica lo que me había enseñado el padre de Mace

antes de morir.

Siempre decía,

"Mejor prevenir que curar"

Nunca pensé que necesitaría forzar una puerta, pero ahora, me

alegro de haber puesto atención.

133
Me tomó unos minutos hasta que por fin, escuché el click, el

indicador de que había logrado mi cometido.

74

Salí a hurtadillas, siguiendo el camino que había tomado horas

atrás, esta vez, teniendo la suerte de que no había nadie que se

interpusiera.

Abrí el portón por el que entré ayer al castillo, para mi sorpresa y

desgracia, era de noche.

No había farolas o luces que pudieran iluminarme, solo me

guiaba con las pocas sombras que distinguía y el húmedo tacto

de la hierba bajo mis pies.

El blando manto, se transformó en un suelo duro e irregular, con

grandes piedras que me hicieron perder el equilibrio más de una

vez.

Palpé algo grande, parecía madera, como una casita. Entré a

ciegas hasta que logré encontrar un interruptor.

Horreum

20

Había entrado como en una especie de granero y por el gran

relincho que escuché, también era un establo.

134
Quedé maravillada con los cientos de caballos que debía haber

en el lugar.

Todos de color negro, enormes imponentes y supongo que

veloces.

Caminé a lo largo de la estancia, admirando a esos majestuosos

animales.

Cuando llegué al final del establo, algo decepcionada porque

todos los caballos eran literalmente iguales, me encontré que

una de las cuadras estaba vacía.

Pero en realidad, cuando me asomé, encontré a un caballo

blanco con manchas marrones, tirado en el suelo.

El pobre estaba desnutrido, en los huesos, a diferencia del resto.

A si que salté con cuidado a una de las celdas, agarré un poco de

heno y lo puse al lado del caballo.

15

Comía como si no hubiera un mañana, estaba realmente

hambriento.

Quizás no le daban de comer por ser más pequeño y distinto al

resto.

135
Apagué la luz para no levantar sospechas y volví con mi nuevo

amigo, ya que seguir caminando con el frío que hacía, sería un

suicidio.

Estuve acariciándolo al menos media hora, hasta que me quedé

dormida pensando en un nombre.

Raven. Se llamará Raven.

117

*****

– Tenemos que darle espacio.–

Habló Mace con enfado.

136
– Esa chica nos odia, nos teme y le damos asco.– Recordó la

princesa Khalid haciendo que el corazón de su joven hermano se

contrajera.

69

– ¿Hay algo que pueda hacer?– Preguntó el príncipe Hudson,

dolido por el miedo que reflejaban los ojos de su amada al verle.

42

– Es complicado Hudson.

– Necesito saberlo.- Pidió desesperado.

– No quiero ser grosera, pero se trata de mi mejor amiga y no

quiero que le hagas daño. Ella es solo luz y no quiero que tu

oscuridad acabe con su brillo.

135

– No entiendo porqué hacéis tanto alboroto.– Rodó los ojos la

princesa.

– Yo tampoco creía en esto Khalid, pero cuando conocí a Mace,

todo mi mundo dió un vuelco.

No solo me até a ella, me enamoré desde el primer día. Sientes

una necesidad de protegerla de absolutamente todo, necesitas

saber que está a salvo, que es solo tuya y que te ama solo a tí.–

137
Relató Eliel con melancolía mirando a la morena, antes

campesina.

156

El joven príncipe se sintió tan identificado con lo que acababa de

decir su hermano...

Acababa de conocer a Katherine, pero ya no quería separarse de

ella. No podía.

Necesitaba abrazarla, tocarla y ansiaba sentirse correspondido.

Quería que la muchacha le amara tanto como lo hacía él aunque

a penas hubieran pasado venticuatro horas desde que la vió por

primera vez.

132

Pero en el fondo sabía que no era bueno para ella. Su alma

estaba manchada y su corazón roto. Reclamarla como suya solo

la pondría en peligro. Lobos y brujos intentarían matarla con el

único fin de hacerle daño.

16

– ¡Majestades!– Entró alterada la criada sin siquiera tocar, algo

muy poco común en los sirvientes.

– ¿Ocurre algo Nerea?– Preguntó alarmado el mayor de los siete

hermanos.

41

138
Hudson sentía una presión en el pecho, sabía que algo estaba

mal y que tenía que ver con su alma gemela.

– La-la princesa.– Logró balbucear y no hizo falta más para que

el príncipe corriese hasta sus aposentos, con el corazón a mil y

una nueva sensación en el pecho. Miedo.

Cuando llegó a la alcoba, descubrió que la puerta estaba abierta

y que no había ni rastro de su princesa.

Antes ya se había ido y nunca en su vida había estado tan

asustado.

Pero esta vez, cuando ni siquiera notaba su olor en los pasillos...

Fué mucho peor.

Katherine se durmió allí mismo, junto a su amiguito Raven, ajena

a lo que pasaba a su alrededor.

55

El servicio no sabía que le ocurría al príncipe. Estaba asustado y

se notaba a kilómetros.

139
Era totalmente increíble, porque la coraza que había creado, esa

máscara que hacía creer a los demás que era un monstruo sin

sentimientos se estaba derrumbando.

Por una vez en su vida no iba a ser egoísta, decidió no contarle

nada a su compañera respecto al vínculo. Porque era lo más

bonito que había tenido nunca y no podía perderlo.

Se pasaría los días admirándola desde lejos. Quizás si ella perdía

el terror a los de su especie, se acercaría un poco más.

75

Tenía miedo a ser rechazado, ya había sufrido suficiente.

Demasiado diría yo, si su pequeña humana lo rechazaba no

podría soportarlo.

43

Pero su aroma, su olor a rosas y cerezas que lo habían vuelto

loco ya no estaba.

40

Primero necesitaba encontrala, después podría respirar

tranquilo. Escondiendo el dolor que le producía el odio que esos

preciosos ojos humanos, le habían dedicado.

95

140
CAPÍTULO 10

Aunque Katherine no lo sabía, había escogido el lugar idóneo

para no ser encontrada.

El olor de los caballos escondía su aroma, por lo que

técnicamente el gran olfato de los vampiros no podría

detectarla.

60

Se levantó perezosa, olvidando por un momento el lugar en el

que se encontraba.

Era de día, porque aunque el establo estaba totalmente a

oscuras, se podía ver una franja de brillante luz proveniente de

las rendijas de las puertas.

Salió de allí y abrió el portón con delicadeza. El sol brillaba tanto

que tardó un buen rato en acostumbrarse a su brillo.

141
Salió del establo y quedó maravillada con la belleza del jardín

que estaba pisando. Estaba muy cuidado, había flores de todo

tipo y tenía el pasto más verde y vivo que había visto nunca.

Se giró y se dió cuenta de que un poco más lejos de su posición

había un chico arrodillado ante un enorme rosal, estaba

cortando sus espinas.

Se acercó a pasos temerosos, ya que ese hombre se le hacía muy

familiar.

El muchacho se giró y conectaron miradas, Katherine sonrió

plenamente al darse cuenta de que se trataba de Viktor, su

nuevo amigo.

93

Corrió hacia él y el chico la estrechó en sus brazos con fuerza.

Estaba tan preocupado por ella...

142
45

Katherine.

– Katherine... Dios, estás viva... Pensé que te habían matado, te

llevaron al Atrium Peccatorum...

– Yo tampoco me lo explico, no me hicieron nada, solo me

encerraron en una habitación.

¿Cómo es que tú también estás vivo?

– Mi condena fué servirles porque dijeron que era un delito

menor.

Soy el jardinero y vivo en el ala de las sirvientas. Junto a Amber.

– ¿Amber está bien?

– Sí, ahora es una limpiadora.

¿Si te encerraron, cómo estás aquí?

– Quería salir de la alcoba en la que me metieron... Para mi

suerte pude forzar la cerradura.

Él pareció pensar en mis palabras desconcertado, y su mueca

confusa se transformó en una de horror.

– ¿Eres tú?

143
– ¿A qué te refieres?

– Los vampiros llevan como locos toda la noche, están buscando

a una humana que se ha escapado.

20

Abrí los ojos en sobremanera, ya que aún tenía la esperanza de

que no le darían importancia a mi fuga. Es decir, tienen más

humanas como yo en el castillo.

11

– Tenemos que salir de aquí...– Murmuré con prisa, agarrándole

el brazo.

– Yo no puedo irme Kath.

– ¿Cómo que no...?

– Ahora vivo bastante bien, Amber vive mucho mejor. Nos dan de

comer y beber, ya no pasamos hambre y tenemos ropa decente.

107

– Y a cambio sois sus criados.

10

– Lo sé, pero es lo mejor.

Nos han impuesto unas reglas y si las seguimos no nos pasará

nada.

144
– Estoy harta de seguir sus estúpidas reglas.

– ¿Y qué vas a hacer?

– Voy a largarme. no pienso seguir en este sitio de mala muerte,

pero respeto tu decisión y la de Amber, no estoy enfadada.

– Es un alivio...

A los vampiros no les suele gustar la luz del día, pero viendo

cómo estaban los reyes ayer no puedes estar segura de que no

vengan a buscarte.

– ¿Qué hora es?

– Son las diez de la mañana.

– Bien, tú estuviste despierto cuándo nos trajeron aquí.

¿Sabes más o menos lo que tardó el carruaje en llegar?

– Fueron alrededor de tres horas.

Debes seguir el camino grande e ir todo recto.

Me fijé en que nosotros salimos del camino de la izquierda, tú al

ir en sentido contrario te será el de la derecha.

– Creo que para el atardecer habré llegado al poblado.

– ¿Y qué harás después?

– Me iré a una cabaña en el bosque.

145
11

– Espero que no te olvides del pequeño detalle de los

licántropos.

– Pasaré la noche escondida en la cuidad. Al alba me pondré en

camino.

– ¿Estás segura de esto Katherine?

– Se traen algo entre manos y no pienso quedarme para

averiguarlo.

– En ese caso deberías irte ya, alguien podría verte...

Me abrazó con fuerza y refugié mi rostro en su cuello, había

hecho un amigo y no quería perderlo, pero era su decisión.

Si quiere quedarse, voy a respetarlo.

28

Nos separamos lentamente y sonreí con algo de tristeza.

Pero de repente él se quedó congelado, a milímetros de mis

labios.

Estábamos tan juntos que nuestras respiraciones se

entremezclaban y él aumentó la fuerza de su agarre en mi

cintura.

146
Le miré a los ojos con confusión, estaban más abiertos de lo

normal y su expresión era profundo horror.

101

Estaba pálido, parecía que iba a desmayarse en cualquier

momento. Entonces hizo un movimiento con los ojos,

indicándome que mirara por encima de su hombro.

Y eso hice, se me paró el corazón al darme cuenta de que detrás

de él, había un número considerable de guardias, Mace y la

familia McClaine al completo.

199

Volví a conectar nuestras miradas, él debió escuchar el ruido de

alguna armadura, por eso se quedó quieto.

Ahora ambos estábamos inmóviles y malditamente asustados,

no quise volver a mirarlos, solo quería salir corriendo de ahí.

El vampiro de pelo castaño claro y ojos hipnotizantes estaba allí,

no podía ver la expresión de su rostro a causa de la distancia,

pero avanzó a paso rápido hacia nosotros y uno de sus

hermanos le paró, él se revolvió e intentó venir otra vez, pero

tras unas palabras de su hermana parece que se calmó.

147
Me separé bruscamente de Viktor dándole una última mirada y

comencé a correr a sabiendas de que no llegaría lejos, pero al

menos quería intentarlo.

Me escondí tras un árbol, reprimiendo las ganas de llorar y el

miedo que comenzaba a desesperante.

55

Recuperé el aliento y en cuanto di un paso para irme de nuevo,

algo me agarró fuertemente del brazo.

– ¿Qué coño estás haciendo?– Preguntó el chupasangre con

furia, junto a esa voz gruesa que lo caracteriza. Empecé a

temblar, estaba muerta de miedo.

18

– Yo, yo no...

– ¿Por qué estabas así con él?– Preguntó con una mueca de

dolor que ocultó al instante.

Esa era una pregunta que no esperaba, y no sabía cómo o si

debía contestarla.

72

– Hudson, basta.– Dijo Mace llegando junto a los demás

chupasangres.

148
Uno de cabello negro, otro castaño, pero más oscuro, y dos

hombres y una mujer rubios.

17

Estaba frente a seis de los siete hermanos McClaine. El séptimo

se dice que aún es un niño, pero no sé si es cierto.

La experiencia me ha enseñado a no confiar en los cotilleos del

poblado.

– Hudson, tranquilízate.

– ¡¿Por qué estoy aquí?!– Grité intentando liberarme del agarre

del demonio.

– Porque eres la al...– Comenzó a hablar la vampiresa, pero el de

ojos hipnotizantes

la interrumpió.

– Porque eres la nueva sirvienta.

La sustituta de Mace.– Dijo con voz fría, mientras me soltaba

lentamente.

83

– Sí... Es cierto.– Le respaldó uno de los rubios con voz insegura.

– Como Mace ya no está en el área que le asignaron, ha quedado

149
un puesto vacante. A tí se te da bien cocinar y creíamos que

serías la candidata ideal.

20

Miré a mi antes mejor amiga con odio, pero ella parecía estar

sorprendida, como si no tuviera idea de lo que estaban

hablando.

– Prefiero morirme de hambre, asquerosos dem...

– Es una gran oportunidad para ti Kath. Siempre quisiste una

cocina en condiciones y ahora la tendrás.

15

– No quiero nada que venga de vosotros. Solo quiero irme.

– La otra opción es la muerte.

Has infringido varias reglas, por lo que no puedes volver al

poblado. Tú decides.– Amenazó el tal Hudson.

154

Sus hermanos le dirigieron un mirada llena de confusión,

mientras él me dedicaba una a mí llena de enfado o odio.

La verdad, no sabría distinguirlo.

– Disculpa a mi hermano, está siendo muy grosero. Y vaya

modales los míos, soy Khalid. Él es mi hermano mayor,

150
Dominik,– señaló al rubio que me pareció más maduro

físicamente que el resto. – Después está Jackson.– Avanzó hacia

el de pelo negro. – Erik,– me indicó que ahora hablaba del

vampiro de pelo castaño oscuro. – Luego voy yo y tras de mí

Hudson, que... ya le conoces... Y por último Eliel. Y bueno, Ariel

que no está aquí, apenas tiene siete años.

71

No sé si esperaba una respuesta por mi parte, pero no quería ni

iba a dársela.

– ¿Por qué?– Pregunté con pesadez.

– ¿Por qué, qué?– Inquirió Mace.

– ¿Por qué me habéis "perdonado" mis delitos...? ¿Por qué la

familia McClaine se interesa por una humana de clase baja?

– Por la única razón de que la novia de mi hermano lo ha

pedido.– Murmuró entre dientes Hudson McClaine.

61

– Si tienes el poder para que me salven la vida, tienes el poder

para que me liberen.

Prometo no ir al poblado, nadie jamás sabrá que he vuelto.– Le

imploré a la única humana en la estancia junto mí.

151
– Lo siento Katherine, pero tienes que quedarte con nosotros...–

Susurró con pena mirando al castaño, que ahora tenía los puños

y la mandíbula apretados.

47

Narrador.

– ¿Se puede saber que haces?– Le preguntó Jackson a su

hermano pequeño con enfado. Mace se había llevado a

Katherine al castillo y tenían vía libre para hablar a solas en

familia.

– No sé de qué hablas.– Hudson se hizo el desentendido

mientras se encaminaba hacia el jardín.

– Lo sabes a la perfección.

¿Qué es eso de que ahora es una criada?

– Será lo mejor, ella estará en el castillo y es una excusa creíble.

Por el momento no voy a decirle que es mi compañera de vida.–

Dijo con decepción notable en su voz.

– ¿Qué te pasa hermanito?– Le preguntó su hermana con algo de

burla.

152
– Está celoso, muy celoso.– Murmuró divertido Eliel.

66

Hudson cerró los puños fuertemente al recordarlo, quería

ocultar a los demás que haber visto así a su alma con otro

hombre no solo le había enfadado, estaba dolido. Nunca se

imaginó que una cosa así podría hacerle tanto daño.

13

– ¿La has convertido en la cocinera para retenerla o para poder

estar cerca de ella?– Quiso saber su hermano Erik.

– Ambas.– Al fin confesó.

Él quería estar cerca de ella, rozar su mano aunque solo fuese

cuando le sirviera la comida, solo anhelaba tocarla sin recibir a

cambio un gesto de miedo o asco.

32

Quería que ella dejara de mirarle con temor... Y empezara a

hacerlo con amor.

203

CAPÍTULO 11

153
– Este será tu dormitorio.– Me indicó Mace en voz baja y suave.

No contesté, simplemente entré e intenté cerrar la puerta para no seguir


escuchándola.

– Katherine por favor, deja que te lo explique.

– No hay nada que explicar.

– Sí que lo hay. ¿Crees que cuando llegué aquí les quería? No, yo también
les odiaba con todo mi ser, pero luego Eliel me enamoró. Por dios Kathy,
siempre dices que no podemos meter a las personas en un mismo saco, no
todos ellos son malos.

– Y no te lo discuto. Pero la familia McClaine es la que ha causado todo esto.


No niego que exista algún chupasangre bueno, por muy raro que me
parezca, pero precisamente ellos sí son malos. Llevan reinando el condado
cientos de años, ellos impusieron las praecepta mortis, lo impusieron todo.

– No es su culpa. No pueden hacer nada... Créeme que si fuera por Eliel,


Dominik, Erik y todos los demás se reinaría de otra manera. Son los nobles,
ellos son los verdaderos responsables. Tienen mucho poder y los reyes
invictos no quieren una guerra contra ellos, porque saben que los que
saldremos perjudicados seremos los de clase baja. Los nobles quieren
matarnos a todos y si no lo han hecho ya, es gracias a los príncipes. Pero a
cambio tuvieron que aceptar que nos trataran por debajo que a los
demás...

– Lo siento Mace, pero no te creo. No sé qué te han hecho, ni cómo te han


comido la cabeza, pero lo que estás diciendo no tiene lógica.– Solté antes
de cerrar la puerta con fuerza, dejándola fuera.

Observé detalladamente mi nueva habitación, no era ni muy grande, ni


muy pequeña. Era bonita, antigua y clásica, como el resto del castillo.

154
Había un baño con el tamaño justo para mí, que disponía de todos los
servicios necesarios y también de varios caprichos, como distintos tipos de
geles y jabones.

Recuerdo que Mace robaba en la casa de Loren algún que otro jabón que
estaba "roto" y por ende ya no lo querían usar.

Al menos doy gracias de que se nos diera bien robar sin ser descubiertas.
Por el contrario, no estaríamos hoy aquí.

Deshice los lazos de mi corset uno por uno, lo tiré al suelo y finalmente
quedé en ropa interior.

Miré la verbena con curiosidad, ¿cómo algo tan simple como una plantita
puede acabar con uno de los seres más poderosos del planeta?

Los vampiros débiles frente a la verbena y la plata, los lobos frágiles ante el
acónito y de nuevo ese precioso metal...

Supongo que la naturaleza se dió cuenta de que aún así, ellos siempre
ganarían, que por mucho que tuvieran puntos débiles, la balanza seguiría
desequilibrada. Qué los humanos siempre estaríamos abajo en la pirámide.

Por eso creó a los rebellium. Tan fuertes como ellos, pero igual de frágiles
que un humano.

La puerta se abrió de golpe, ni siquiera me dió tiempo a taparme, mi


primera reacción fué esconder el veneno.

– ¡Por la diosa!– Gritó una mujer entrando en mi habitación.

Llevaba el uniforme de sirvienta y debía tener unos cuarenta años.

– Muchacha, estás muy sucia... ¿Y qué son esas ropas? Ven, tienes que
cambiarte rápido.

– ¿Qué? ¿Quién es usted?

155
– Me llamo Lindsay. Soy la ama de llaves y algo así como la "jefa" del
servicio. Debes ponerte ya tu uniforme, debemos empezar a preparar la
comida.

– ¿Desde cuándo los chupasangres comen?– Pregunté con enfado.

– Hija mía, no uses esa palabra en el castillo, a los vampiros les ofende
muchísimo. Pero bueno, ya te explicaré las normas, venga.

La ama de llaves me agarró la mano y bajamos a toda prisa por las enormes
escaleras de caracol, con cuidado de no pisar el uniforme, que consistía en
un vestido negro de manga larga hasta los tobillos. Con una especie de
corset de tela blanco. Sin duda más cómodo que el mío.

Bajamos dos pisos y llegamos a la enorme cocina. Era inmensa, increíble.


Los muebles eran negros con detalles dorados y con ese tamaño se podría
cocinar perfectamente para más de doscientas personas.

Dentro había otras diez chicas preparando los ingredientes y sacando los
materiales y utensilios.

– Chicas, tenemos una nueva integrante.– Habló Lindsay llamando la


atención de todas.

– ¡Hola!– Gritaron al unísono.

– Se llama Katherine.

– Mucho gusto Katherine.– Dijo una de ellas.

– El placer es mío... Supongo.– Susurré para mí misma.

– ¡Bien! Antes de empezar la comida vamos a hablarle a Katherine sobre las


normas.

– No puedes faltarle al respeto a los vampiros y debes dirigirte a cualquiera


de ellos como "mi señor". Tienes que hacer todo lo que te digan,
obviamente dentro de la actividad que te ha tocado. En tu caso y en el
nuestro cocina.

156
– Es decir, si te piden que hagas una tarta debes hacerla
independientemente del momento sea. Obviamente dentro de tu jornada,
que es de seis de la mañana a tres de la tarde. O de cuatro de la tarde hasta
la una de la mañana. No te preocupes, ya te darán tus horarios.– Aclaró otra
de ellas.

– Pero la regla más importante es que no subas al séptimo piso, allí viven
los príncipes y no les gusta ser molestados. ¿Lo has entendido?

Asentí ligeramente, aunque muy disconforme y me callé todo lo que quería


decir.

– Bien chicas, hoy tenemos que cocinar para los McClaine.– Dijo Lindsay
con entusiasmo.

– ¡¿Qué?!– Gritaron todas al unísono para luego comenzar a discutir.

– Chicas, chicas. Tranquilas, yo tampoco sé por qué los príncipes comerán


en el gran comedor hoy, pero debemos dar lo mejor de nosotras.

– ¡Se me va a caer todo! Les he visto una vez desde la distancia y casi me
desmayo. Son tan guapos...– Chilló una mordiéndose el labio.

– El príncipe Hudson estará allí... Dios, es tan sexy... Y da tanto miedo...


Ojalá me hiciera suya.– Suspiró sonrojada.

– Que asco...– Murmuré entre dientes.

– ¿Qué?

Que me parece asqueroso que se os mojen las bragas por los mismo
vampiros que os tienen aquí encerradas, mientras hacéis una jornada de
nueve horas por la que nos sois pagadas.

– Nada, que me da un poco de asco la carne y he visto que es lo que vamos


a cocinar.– Mentí mordiéndome la lengua.

– Pues eso no es nada, lo peor es cuando les servimos la sangre humana,


pero tranquila, te acostumbrarás.

157
– Venga chicas, manos a la obra.

Reprimí una arcada y comencé a picar las verduras. Íbamos a hacer una
sopa de verduras de primero y carne asada de segundo.

– ¿Qué es eso?– Pregunté espantada cuando una de mis compañeras echó


un líquido rojo al caldo.

– Sangre, debemos echarla, sin ella el plato no es nutritivo para ellos. Pero
aquí no eches, esto es para la princesa Mace.

– Ah... A si que esto es para la princesa Mace...

Sonreí maliciosa para mis adentros y disimuladamente cogí un cartón de


leche del frigorífico.

Mace tiene una ligera intolerancia a la lactosa, nada grave. Pero consumir
leche probablemente le daría un ligero dolor de estómago. ¿Quién dijo que
no podía vengarme?

Integré el lácteo en la mezcla e hice como si no hubiera pasado nada, al fin


y al cabo, solo era una pequeña... Bromita.

Salimos de la cocina horas después y entramos en el comedor, pusimos la


mesa y justo dos minutos antes de que dieran las tres, ya estábamos todas
en fila, esperando a que llegasen los vampiros.

Entraron todos a la vez, hablando alegremente, todos excepto uno. Todos


menos Hudson McClaine. Él estaba serio, no hablaba, no sonreía, solo
caminaba hacia la mesa, como un zombie.

Todos ellos centraron su atención en mí, incluso el de ojos hipnotizantes.


Me sentí amenazada y cohibida, y solo pude apartar la mirada con
vergüenza.

Se sentaron y empezaron a catar la comida, comentando cosas del reino


que no me interesaban en lo absoluto y mientras, nosotras teníamos que
quedarnos allí en silencio.

158
Aunque en mi caso, lo que estaba intentando con todo mi ser era no reírme,
cosa muy difícil, porque Mace degustaba la comida sin saber lo que se le
venía encima.

Uno de los hermanos me miró fijamente, si no recuerdo mal el tal Dominik.


Enarcó una ceja y dijo lo siguiente.

– Podéis iros.– Nos comentó a las sirvientas, todas empezaron a irse


confundidas y justo cuando creí que iba a salirme con la mía, una voz tras
de mí dijo...

– Tú no Katherine. Quédate un momento.

Me mordí el interior de las mejillas y giré sobre mis pies con lentitud. Todos
tenían la vista puesta en mi persona y ahora que mis compañeras se habían
largado, cerrando la puerta de paso, estaba algo asustada.

No, miento, estaba muy asustada.

– Katherine... ¿Qué le pasa a la comida de Mace?– Preguntó el vampiro


mayor de pelo rubio.

Mace soltó la cuchara poco a poco, con una expresión confusa.

– No sé de qué me habla.

– No puedes mentirme, se me da muy bien leer mentes, y tú piensas muy


alto.– Expresó con burla.

– ¿Qué has hecho Katherine?– Preguntó Mace.

– Nada...

– Te ha echado leche en la comida.– Soltó el idiota.

– ¡Katherine! ¡Soy intolerante a la lactosa!

– Lo sé... Oh, perdón. Quería decir que lo siento mi princesa, pero no me


acordé.

– Kath no me hables así y no te hagas la tonta, lo sabes perfectamente.

159
– ¿Quiere que haga algo para remediarlo? ¿Quizás limpiar sus zapatos de
rodillas?– Pregunté sarcástica.

– Katherine...

– Puedes maldecir mi poder todo lo que quieras, pero yo seguiré pudiendo


leer tu mente.– Dijo con sorna leyendo mis pensamientos. – Uf... deberías
cuidar tu vocabulario, y por cierto, me llamo Dominik, no asqueroso
chupasangre.

– ¿Qué debemos hacer contigo?– Preguntó el novio de Mace. – Envenenar a


la princesa es un deli...

– Sí, sí, sí. Es un delito muy grave y bla bla bla. Venga hazlo. ¿Vas a matarme
por provocarle a Mace una indigestión? Uy sí, sin duda debería morir... Lo
siento mucho majestades, imploro vuestro perdón... Pero como buena
humana, debo decir la verdad. ¿No es así? En ese caso debo confesarles
que la princesita se lo merece y que solo me arrepiento de no haber echado
más.

– Joder... Vaya ovarios...– Murmuró la princesa Khalid. – Deberías comer


con nosotros. Harías nuestras veladas más interesantes...

Vale, eso no me lo esperaba.

– Lo siento mi señora, pero prefiero asegurarme de no ser el aperitivo.

– Por la diosa, esta chica me encanta. Ya entiendo porqué hablabas tan


bien de ella Mace.

– ¿Puedo irme?

– Sí, pero para la próxima vez trata de no envenenar mi comida. 9

– Por supuesto princesa...

– ¿Por qué no mejor te quedas con nosotros?– Preguntó Jackson.

– ¿Y por qué no os volvéis al infier...?

160
Algo tapó mi boca antes de que pudiera terminar la frase, sin ejercer
demasiada presión. Miré hacia arriba encontrándome con esos ojos
brillantes y penetrantes que ahora me escaneaban con enfado.

– Cállate...– Murmuró entre dientes.

Su expresión se suavizó, y su mano se deslizó un poco hacia abajo, hasta


que sus fríos dedos acariciaron mis labios.

Se quedó ido unos segundos, admirando mi rostro a milímetros de mi


boca.

Al fin pareció reaccionar y se separó bruscamente, se sentó de nuevo en su


sitio bajo la atenta mirada de sus hermanos y dijo...

– Puedes irte.

No me lo pensé dos veces, salí de allí como alma que lleva el diablo. Más

confusa de lo que había entrado.

161
Capítulo 12

Así fueron pasando los días, una semana para ser exactos.

Katherine había perdido el miedo a la familia McClaine casi al completo,


tanto que no volvería a tratarles con temor.

Los príncipes vampiro siempre le ofrecían sentarse en la mesa para


disfrutar de veladas junto a ellos, pero Katherine era muy terca, siempre los
rechazaba de una manera dolorosa. Y Aunque Hudson actuaba de manera
indiferente al respecto, en el fondo esas palabras le dolían mucho más de
lo que quería admitir.

Pero estaba bien, ya que Katherine ya no lo miraba con asco, sí con


altanería y orgullo, pero no con tanto horror.

Incluso a veces sonreía con las anécdotas que Mace contaba en las cenas, o
con las bromas que hacían alguno de sus hermanos.

Verla feliz para él no tenía precio.

Por las noches entraba sigilosamente en su habitación, incapaz de estar


lejos de ella. Su aroma le embriagaba y tenía una exasperante necesidad de
probar su sangre, pero no podía asustarla y aunque ella estuviera
dispuesta, no quería hacerle ningún daño.

162
Se quedaba horas admirando su bello rostro, sintiéndose cada vez más
incapaz de estar cerca de ella sin poder tocarla o besarla.

Por otro lado el servicio estaba empezando a sospechar algo, era muy raro
que los reyes invictos comiesen en el gran comedor.

Jamás lo hacían, a menos que hubiera un evento, pero desde que llegó
Katherine almorzaban allí mañana, tarde y noche.

Era un día como cualquier otro. Katherine se levantó feliz, porque a pesar
de todo pasaba las tardes con Alice, Viktor y Amber.

Se vistió y salió rápidamente de sus aposentos, no iba a mentir, le


encantaba su nuevo trabajo, aunque eso no cambió sus sentimientos
encontrados hacia los chupasangres.

Y digo encontrados porque cada vez que veía a cierto vampiro de ojos rojos
y pelo castaño claro se ponía de los nervios.

Con la sola presencia del príncipe, su corazón ya latía desbocado y su pulso


temblaba al igual que su voz.

No era por miedo, era simplemente que él la ponía nerviosa, Katherine


sentía una extraña tentación de besar esos labios que aunque no tenían
color, se veían demasiado apetecibles. Y se sentía mal por ello, le
atormentaba.

¿Qué pensarían sus padres si supiesen que su hija desea con furor a un
vampiro?

Estaba caminando por el pasillo, como siempre, dispuesta a llegar a la


cocina, pero una ráfaga de aire la tiró al suelo.

Encima suyo había un vampiro al que no conocía, su mirada enfermiza le


dió a entender que no iba a hacerle nada bueno.

El miedo se apoderó de su cuerpo, intentó defenderse con todas sus


fuerzas,

163
¿pero que podía hacer frente a uno de ellos?

Nada.

Los colmillos de la bestia se clavaron salvajemente en su cuello, sentía


como la sangre abandonaba su organismo a velocidades surrealistas.

Dolía tanto y se sintió patética por no poder hacer nada...

Creía que iba a morir, que sería su final, pero de repente él vampiro se
separó y se esfumó en la oscuridad.

Se levantó a duras penas y bajó mareada hasta las cocinas, dónde confusa
y adolorida, preparó la comida.

Ella y sus compañeras salieron para entregarles los platos a sus reyes.

Estos esperaban insultos o burlas por parte de la pequeña humana, pero


ese día no hubo nada.

Les sirvió a cada uno una taza de té mientras su pulso temblaba, no era
capaz de servir una copa con normalidad

Cuando acabó, simplemente quedó cabizbaja junto a las demás cocineras,


luchando por no llorar.

Todos se dieron cuenta de que algo pasaba con ella, que algo no estaba
bien, solo hizo falta que uno de ellos alzara la voz para hacerla retroceder
asustada.

164
Mace se levantó, hizo un ademán con la mano para que todas se fuesen y
así lo hicieron, celosas por el cercano comportamiento de los príncipes con
Katherine.

– Kathy, ¿qué ocurre?

– Na-nada...– logró formular, pero inevitablemente sus ojos se cristalizaron.

Mace se quedó mirando fijamente el cuello de la chica, había algo blanco,


un vendaje.

Intentó tocar pero Katherine se resistió, no quería que vieran lo que le


habían hecho. No quería estar cerca de ellos nunca más.

La morena de un tirón le arrancó la gasa y gritó en sorpresa por los dos


agujeros que marcaban a la chica.

Toda la familia se levantó, Hudson el primero.

Ella saltó asustada por la cercanía de los vampiros.

El quinto príncipe movió con sus frías manos la mandíbula de la chica.

– La han mordido...– Susurró conmocionada Khalid y esas palabras


hicieron que Katherine se viniese abajo y se derrumbase en los brazos de
Mace.

La ira corría por las venas de Hudson, nunca había estado tan enfadado.

Alguien la había mordido, la había atacado. Todos en el castillo conocían


las consecuencias de eso e iba a asegurarse de que el culpable lo pagara
caro.

165
Katherine lloraba con desconsuelo en el suelo, abrazada a Mace, él en un
impulso, se agachó hasta ella e hizo que le mirara a los ojos

– Bebe mi sangre, así curará más rápido.

La humana negó con frenesí, de solo pensar en consumir sangre se le


revolvía el estómago. Por no decir que la forma de convertirte en vampiro,
es morir con la sangre de uno en tu organismo

Hudson comenzó a desesperarse, no sabía cómo hacerla sentir mejor.

– ¿Te duele?– Le preguntó Mace a Kath y ella asintió.

– Hay una forma de curarte, no será instantáneo como consumir mi sangre,


pero acelerará el proceso. Tengo que... Lamer la herida. La saliva de los
vampiros es curativa...

Katherine finalmente asintió, pues el dolor era demasiado intenso.

Hudson se acercó a su cuello, y sin poder evitarlo, venas bajo sus ojos
aparecieron.

Aún había sangre y no era fácil controlarse.

Mace le tapó la visión a su amiga, haciéndole un favor al demonio. Él no


quería que le viera así, que le viera como un monstruo.

166
Su lengua hizo contacto con la piel de su cuello y con las mordidas, ocultó
difícilmente un gemido de placer, era la sangre más deliciosa que había
probado jamás. Y quería más y más.

Sus colmillos salieron a la luz, quería beber de ella, lo necesitaba, pero al


darse cuenta de lo que estaba haciendo se separó bruscamente y se puso
en pie.

Salió de la habitación junto a sus hermanos varones, dispuesto a encontrar


al que había osado tocar a su princesa.

Iban a rodar cabezas, y no habría ningún tipo de piedad.

Nadie se atrevía a tocar lo que era suyo y con ella, lo más importante en su
vida, no iba a haber excepción

167
CAPÍTULO 13
Una de las sirvientas me trajo un zumo de frambuesa y lo bebí despacio, lo
más alejada posible de la vampiresa que tenía al lado.

He aprendido por las malas que estar cerca de chupasangres no es buena


idea.

Me levanté y le dije a Mace que quería irme a descansar a mis aposentos,


insistió en acompañarme, al igual que la princesa Khalid y aunque me
negué repetidas veces, no hay nada que pueda contradecir a Mace cuando
se le mete algo en la cabeza.

A una distancia prudente subimos las escaleras, ninguna habló en todo el


trayecto y aunque el azúcar me había ayudado, seguía mareada.

El vampiro que me atacó, al menos tuvo la descendencia de no dejarme


seca.

Llegamos a la primera planta, allí se encontraban todos los dormitorios de


los sirvientes, el mío incluido.

Giramos la esquina y nos paramos en seco, impactadas por lo que estaba


sucediendo ante nosotras. O al menos yo.

-Por favor, sus majestades, tengan piedad, no pude resistirme, huele


demasiado dulce.

-No hay perdón que valga noble insolente.- Vociferó el príncipe Eliel.

Debajo de los ojos del príncipe Hudson aparecieron venas negras, sus
colmillos duplicaron su tamaño y de un solo movimiento, le arrancó la
cabeza a aquel vampiro que sollozaba en el suelo.

168
Me quedé estática, me faltaba el aliento. Sus ojos estaban idos, muertos,
era un monstruo que sonrió cuando el cuerpo inerte del hombre volvió a
caer a la madera.

Una lágrima rebelde descendió por mi mejilla y uno de los hermanos de


repente giró la cabeza hasta nosotras alertando a los demás. La sonrisa
sádica de Hudson se esfumó en cuanto nos vió. Estaba tan aterrada que
sentía que me iba a desfallecer en cualquier momento.

Agarré la mano de Mace con fuerza, porque estaba muerta del pánico.
Habían matado a un hombre y encima se sentían satisfechos.

El quinto príncipe avanzó unos pasos, a lo que retrocedí de inmediato,


incapaz de emitir una sola palabra.

-Mace...- Logré balbucear, solo pensaba en salir corriendo de ese lugar.

-Katherine... Tranquila... Esto es normal aquí...

-¿Normal?- Susurré atónita y solté su mano con brusquedad. ¿Desde


cuándo matar a alguien era algo normal?

Miré el cuerpo ahora sin vida de aquel vampiro. ¿Mataban incluso a los de
su propia especie? ¿Tan sádicos son?

El príncipe se apresuró a limpiar la sangre que quedaba en su rostro y


mientras lo hacía, las venas fueron desapareciendo. Me entraron unas
horribles náuseas, que me llevaron a correr hasta mi habitación para poder
vomitar.

Cuando terminé cerré la puerta con pestillo y me tumbé en la cama,


deseando dormirme y despertar viendo que todo esto solo era una horrible
pesadilla.

Narrador

El príncipe Hudson se dirigió a sus aposentos sin siquiera decirles algo a sus
hermanos. Ni una palabra.

169
Su corazón dolía, no podía olvidar la cara de terror que puso Katherine. La
repulsión que desprendía su mirada, el pánico en sus ojos...

Porque ella había visto lo que era realmente. Vio su verdadero ser. Le había
visto convertise en un monstruo.

Katherine se quedó dos días en su habitación, "descansando" por el


ataque.

La familia McClaine verdaderamente sentía su ausencia, tanto que ya no


había motivo para almorzar en el comedor.

deberá enfrentarse a un mundo que hasta ahora... Y esto solo hizo que
confirmar las sospechas de las envidiosas compañeras de Katherine.

Por otro lado, Mace intentaba visitarla todos los días, pero ella no habría la
puerta ni suplicando.

No le había dicho a nadie que su estado no había hecho más que empeorar,
y quería que siguiese siendo así.

En la noche del "incidente" no pudo dormir, ya no solo por la imagen del


asesinato, si no más bien porque había comenzado a enfermar.

Tenía tos, fiebre, dolor de estómago y no retenía ni un gramo de comida


que se llevaba a la boca.

Desde que estaba en el castillo había aumentado un poco de peso, pues


ahora que comía en condiciones ya no estaba en los huesos. Pero ya
notaba en su cuerpo las secuelas de adelgazar, cada día se sentía con
menos energías.

Pero aún así ese día se decidió por salir, parecía que tenía una leve mejoría
y odiaba con todo su ser estar encerrada, por lo que sobre eso de las seis de
la mañana, bajó a las cocinas dónde no fué muy bien recibida.

-Katherine... Vaya... Estás muy pálida. ¿Te encuentras bien?- Preguntó una
de las chicas con sonrisa fingida.

170
-Algo mejor...- Respondió cansada. - ¿Empezamos ya?

-Hoy no tenemos que cocinar para los príncipes, no comen en el comedor


desde que tú... Te encerraste en tu habitación.

-Oh... Probablemente sea por Mace, siempre desayunábamos juntas. - Dijo,


sabiendo que el tono que utilizó la muchacha, era más bien insinuante.

-Sí... Puede ser. En definitiva, hoy solo cocinaremos para nosotras mismas,
ningún noble nos ha pedido nada a si que...- Intervino la ama de llaves, que
era la única que no odiaba a la joven. 27

Juntas desayunaron en la cocina. Katherine intentaba comer con


normalidad, pero tenía el estómago revuelto, quizás no tendría que
haberse confiado, solo faltaba que vomitara en la mesa con todas esas
arpías en frente.

-Bueno chicas, ¿qué cotilleos hay para hoy?- Preguntó la misma pelirroja
que la había fulminado con la mirada.

-¡Oh dios! No sabéis de que me he enterado.- Susurró otra de las cocineras


con emoción. - Tiene que ver con Maximus.

-¿Quién es Maximus?- Preguntó Kath intentando distraerse para no pensar


en él dolor.

-¡¿No sabes quién es Maximus McClaine?!- Chilló Rosie, una joven mayor
que Kathy.

-No...

-Es el abuelo de los príncipes. Gracias a él, su familia es conocida como


los reyes invictos.

-Cuenta, cuenta...- Pidió impaciente la pelirroja, llamada Lisa.

-Resulta que solo quedan veinticinco años para que despierte.

-¿Enserio? Pensé que solo había estado allí dentro cuarenta años.

171
-No entiendo de qué estáis hablando...- Murmuró confundida Katherine,
siempre la excluían de las conversaciones.

-Por dios... No te enteras de nada... Deja que te explique desde el


principio. Maximus es el abuelo de los príncipes y el padre de Magnus
y Kibak McClaine. Magnus se casó con Mara Petrov y tuvieron a los
siete hermanos. El rey Magnus comenzó a reinar a los cien años de
edad aunque no le gustaba ocupar el puesto que le pertenecía a su
hermana.
-¿Y por qué tenía él...?

-Porque aunque ella era mayor que él, había dos factores. El primero,
era mujer y no podía gobernar sola. Y el segundo, que fué la causa de su
muerte.

-Se enamoró de un rebellium. A Maximus no le gustó la idea y la


asesinó por "traicionar al reino"
-¿A su propia hija?- Preguntó Katherine con sorpresa.
-Con sus propias manos.

-Él tenía y tiene la creencia de que los vampiros deben descansar para
ser más fuertes, por eso cada cien años se mete en un sarcófago en
algún punto del castillo y duerme un siglo entero. Para estar cien años
dormido y cien despierto.

-Hace setenta y cinco años que comenzó su último descanso, por lo que
en veinticinco, volverá. Y cuando lo haga verá que su hijo ha muerto.

-¿El rey murió? ¿Cómo...?

-Mara y Magnus fueron asesinados por unos licántropos.

-Es cierto, hace a penas cinco años.


-Y cuando Maximus regrese entrará en cólera. Ninguno de los
príncipes quiere gobernar.

-¿Y no le tocaría a Dominik?- Preguntó la ama de llaves.

172
-No, bien se sabe que a Maximus no le importa la edad... Escogerá a
su favorito.
-Pues ya te digo yo que a Hudson no.

-¿Por qué?

Katherine se movió incómoda en su asiento, por el dolor de cabeza y por el


vampiro protagonista en la nueva conversación.

-Porque el quinto príncipe siempre fué rebelde, no le hacía caso a


nadie, no entrenaba, no mataba, no cumplía sus obligaciones. Su
abuelo le castigó severamente, pero ya no sé nada más.

-Pobre... Ojalá necesite consuelo, yo podría ayudarle...- Dijo en doble


sentido.

Katherine se levantó de la mesa y anunció que se iba a su cuarto, cada vez


se encontraba peor y solo tenía ganas de dormir y vomitar todo lo que
había consumido.

173
CAPÍTULO 14

Subí rápidamente las escaleras y doblé la esquina para llegar a mi


habitación.

Abrí la puerta y entré cerrándola tras de mí con pestillo.

Suspiré agotada y tragué saliva notando como sudor frío descendía por mi
frente.

- No tienes buen aspecto.- Susurró una voz desconocida.

Me giré asustada y vi a Mace sentada en la cama con las piernas cruzadas.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has...?

- Eso no importa. ¿Se puede saber que demonios te pasa?

- Nada.

- No mientas, estás muy pálida.

174
Estás enferma.

- Es un simple resfriado.

- Probablemente, pero deberías ir al médico.

- Nunca he ido y nunca iré.

- Katherine...

- Quiero que me cuentes que está pasando. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué
me tratáis diferente a las demás?

- Eso no es cierto.

- No solo yo me he dado cuenta. A mis queridas compañeras no les hace


gracia que tenga un trato especial.

- Tendrán que acostumbrarse.

- Si no vas a decirme que ocurre, al menos háblame de Maximus McClaine.

Mace palideció de inmediato, empezó a ponerse incómoda y a jugar con


sus dedos.

175
- ¿Quién te ha hablado de él?

- Eso no importa.- Repetí sus mismas palabras. - Quiero que dejes de


ocultarme cosas.

- Solo sé que es el abuelo de Eliel. Qué mató a su propia hija y que ahora
mismo está en un sarcófago.

- No me estás sirviendo de ayuda.

- Eliel no ha querido contarme nada más.

- No entiendo lo que sientes por él, es un demonio.

Resopló cansada y se sujetó la cabeza entre sus manos.

- Voy a contártelo, pero debes prometerme que irás al médico.

- Está bien.

- ¿Recuerdas ese término que encontramos en el liber prohibitoruom?

- ¿Alma?

176
- Sí. Yo soy la alma de Eliel y por eso no puedo separarme de él.

- No entiendo que significa eso.

- Alma es la palabra que se usa para abreviar alma gemela. Los vampiros
tienen una persona que les complementa y es elegida por la naturaleza.

- ¿Así como una pareja?

- Exacto, su pareja de vida. En cuánto la ven saben que es su otra mitad y


luego ya no pueden vivir sin ella. La aman más que a su propia vida, se
convierte en su razón de existir.

- Por eso el libro hablaba de matar al alma para que el vampiro se


suicidase...

- Yo soy su alma gemela y al principio estaba como tú, le odiaba, pero


empecé a amarle tanto como él me ama a mí.

- Sí lo que dices es verdad, entiendo por qué estás aquí. Pero no por qué me
dejaste tirada.

- Sabía que no querrías venir al castillo, por eso ordené que te llevaran
comida, ropa y todo tipo de servicios. De sobra para que vivieras a gusto

177
toda la vida. Y te mandé una carta, explicándote la situación y diciéndote
que te quería.

- Nunca me llegó nada de eso, casi muero de hambre.

- Me enteré el día que llegaste aquí, alguien sabía que te estábamos


mandando ayuda y la interceptó.

- ¿Quién podría haber sido?

- Solo los altos cargos vampiros y humanos sabían de mi estancia en el


castillo, era obvio que iba a intentar mejorar tus condiciones de vida y
alguien se aprovechó de eso.

Sé que odias estar aquí... Y que les odias a ellos pero... No puedes volver a
casa.

- No veo la razón.

- Porque si los aldeanos ven que ya no solo vuelves sana y salva, si no


también bien alimentada, cometerán delitos.

- Puedo ir a la cabaña.

- Escucha... Es más complicado de lo que crees. ¿Sabes por qué los


vampiros tienen fama de asesinar a las sirvientas?

178
- ¿Porque lo hacen?

- Porque lo hacían. Maximus ordenaba matar a todas las criadas una vez
transcurrido el año. Pero ya no sucede porque está dormido, y al igual que
Magnus y Mara, Dominik, Eliel, Erik, Khalid, Jackson, Ariel y... Hudson son
buenos. El verdadero villano aquí es él, no los príncipes. Pero
lamentablemente cuando despierte, todo volverá a ser como antes.

- ¿No se le puede parar?

- Es el vampiro más poderoso del mundo y todos los rebellium están


muertos.

Él se aseguró de que no quedara ninguno.

- Y respecto a lo que viste el otro día... Hubo una buena razón para hacer
eso.

- Te escucho.

- Tú no lo sabes, te fuiste de allí demasiado rápido, pero el vampiro que


mató Hudson, fué el que te atacó.

- ¿Qué?

- Sí...

179
- ¿Y por qué lo mataron? Quiero decir, ¿por qué la familia invicta se toma
tantas molestias conmigo? Solo soy una mera classis inferioribus. Y no
digas que tú se lo pediste, estuviste conmigo todo el tiempo.

- Pues... Les caes bien.

- Soy una humana de clase baja, eso es imposible, y literalmente me he


pasado toda mi estancia aquí intentado irme.

- Sé que es difícil para tí, uno de los de su especie mató a tus padres.

Pero llevas muy poco tiempo en el castillo y ya te quieren.

Ayer Jackson me dijo que echaba de menos tus insultos tan originales.

- No creo que pueda aceptarlos Mace, me cuesta no verles como


monstruos.

Sobre todo a... Hudson.

- ¿Qué ocurre con Hudson?

- ¿Prometes no decírselo a nadie?

- Estás enfadada conmigo, pero nunca has dejado de ser mi mejor amiga.

Todo lo que nos contemos es secreto, ya lo sabes.

180
- Es raro... Me da miedo y a la vez no, le odio y a la vez no.

Le quiero cerca pero a la vez no.

Y es que no está bien, nada bien.

- ¿Por qué no?

- No creo que mis padres se sintiesen orgullosos de mí ahora mismo.

- Tú guíate por el corazón.

- Mi corazón me dice que me quede y mi cerebro que salga de aquí cuanto


antes.

- Soy consciente de que no puedes, ni debes confiar en los vampiros. En los


nobles sobre todo, están aliados con Maximus y les parece bien todo lo que
hace. Pero creo que los McClaine han demostrado que no tienen intención
de hacerte daño.

¿Puedes intentar ser más amable con ellos?

- Lo pensaré.- Susurré recibiendo una matadora mirada de reproche.

- Vale, vale... Lo intentaré...

Me tiré sobre la cama y me metí entre las sábanas, el dolor de cabeza me


estaba matando.

181
- Ahora vamos al médico.

- Más tarde, tengo la sensación de que si me muevo vomitaré todo el


desayuno.

- Pues traeremos el médico aquí.

¿Tienes alguna preferencia?

- No, pero dile a Khalid que venga, empezaré con ella a...

Creo que... Ha sido...

Quizás pueda llevarme mejor con ella para así dejar de temerla.

- Genial, traeré a un doctor y a Khalid, se va a poner muy feliz cuando le


diga que quieres verla.

Chilló emocionada mientras salía de la habitación a toda prisa.

- Sí... Genial...

182
CAPÍTULO XVII

Mace se marchó muy feliz hacia la séptima planta, bautizada por los
sirvientes, como "El piso prohibido".

Irrumpió en la habitación común de los príncipes, donde pasan su tiempo


libre y pueden descansar unos momentos de la labor de reinar.

-Hola cariño.- La saludó Eliel desde su butaca, despegando la mirada del


libro que estaba ojeando.

-Hola amor...- Besó sus labios de forma corta. Oye Khalid, ¿puedes venir un
momento?

-Claro... ¿Para qué?

-Katherine quiere verte.

Los seis príncipes giraron la cabeza al menos ciento ochenta grados, sus
caras eran un auténtico poema.

-¿Es una broma?- Preguntó desconcertada.

-No.

-Eh...Vale...

-Bien, genial... Y por cierto... ¿En este castillo hay algún médico?

-¿Para qué necesitas un médico?- Inquirió Dominik.

-¿Te encuentras mal?- Preguntó el sexto príncipe mientras se levantaba de


la silla con preocupación.

-No, yo no... Es para Katherine, está algo enferma.


-Enferma?

-E9s un simple resfriado, supongo. Pero quiero asegurarme.

183
-Aquí no tenemos doctores, ahora no los necesitamos.
-Podríamos traer a un humano para que la atienda.- Propuso el
mayor.

-Ya... Va a ser que no le va a hacer mucha gracia que traigáis en


contra de su voluntad a un mortal para que le haga una revisión.

-Que sea un classis superioris, ellos se mueren por venir al castillo,


no tenemos ni que pedírselo.

Podría funcionar, pero como sea uno de los típicos que a donde
quiera que vaya, hable y camine con aires de superioridad...

-En ese caso...- Suspiró Eliel pensando en alguna otra solución, ya


que si no son todos, la mayoría son así.

-Hudson puede hacerlo.- Planteó su hermana, a lo que giraron la


cabeza hacia ella, incluyendo al recién nombrado.

-Es verdad. ¿No te pasaste años estudiando a los humanos? Ya sabes,


sus costumbres, enfermedades...

-No.- Se negó en rotundo y siguió con su lectura.

-¿Por qué no?

-Porque no es buena idea.

-Oh vamos, siempre se te dió bien curar a las personas.


-Hay una gran diferencia entre curar a un humano y tratar a un
vampiro cuyo único problema es tener una estaca clavada en el
pecho.

-¿Y?

184
-Los humanos son más complejos. Si haces algo mal con un inmortal
solo le causarás dolor momentáneo, pero cuando cometes un error
con ellos puede ser fatal.

-Venga Hudson, no es para tanto. Además, así podrás estar con ella.

-Me tenéis un poco hasta los huevos con este tema.- Gruñó
enfadado. 46

-Y yo estoy hasta los huevos de que te pasees por el segundo piso


cada cinco minutos porque desde ahí puedes sentir más su olor.- Se
burló su hermano mayor. 145

-Que te jodan.- Sonrío con agotamiento y volvió a desviar la mirada.

-Venga Hudson...- Esta vez le rogó Mace.

-Bueno, en ese caso podemos llamar a ese tal... Viktor. Puede que
tenga algún conocimiento médico y además, es muy cercano a
Katherine.- Khalid sonrió con sorna notando como su hermano se
tensó al instante. 110

-No hará falta.- Murmuró entre dientes mientras se levantaba del


sillón.

-Iré yo.

-Me lo figuraba...- Erik carcajeó divertido observando como Hudson


salía con prisa de la habitación para alcanzar a Mace y a Khalid, y
como buenos hermanos mayores, no podían perderse el chisme, por
lo que bajaron tras ellos para ver qué ocurría y posteriormente
burlarse un poco de él. 96

Tras bajar unos insufribles seis pisos, llegaron al ala de los sirvientes, en la
primera planta. Todos los humanos hacían reverencias cuando los
inmortales pasaban por su lado, todos les miraban con admiración y deseo.
185
Todos comían de la palma de su mano y harían lo que fuese para conseguir
un lazo de afecto por parte de la familia McClaine, todos excepto Katherine.

-Katherine. ¿Podemos pasar?- Le pidió Mace desde un lado de la


puerta, y ella aceptó.

Pero obviamente no se imaginaba que no solo iba a venir Khalid, sino


también los otros seis príncipes. 5

-Mace...- Murmuró entre dientes mirando a cada uno de los


hermanos, los cuales se habían colocado al fondo de la habitación
para no incomodarla más de lo necesario.
-Te dije que solo Khalid...- Susurró cabreada. 36

-No te preocupes, es una larga historia, pero resulta que no hay


doctores para humanos en el castillo en este momento y el único que
tiene conocimientos suficientes como para atenderte es Hudson.

Katherine se quedó boquiabierta, miró al castaño con incredulidad y negó


suavemente con la cabeza. 5

-No seas malagradecida, a mí tampoco me hace ninguna gracia tener


que estar aquí.- Dijo en el tono más frío posible, intentando ocultar
que el rechazo de la humana le hacía daño. 82
-Venga, solo será un momento, y yo estaré aquí. ¿Vale? Sabes que
ellos no van a hacerte daño, y no te olvides de que mataron a uno de
los suyos para protegerte.
-Gracias por eso.- Dijo con un hilo de voz, ganándole la batalla a su
orgullo.
--No fué nada, los nobles deben aprender a seguir órdenes.- Eliel
contestó con una sonrisa leve, pues no quería asustarla con sus
afiliados colmillos.

-¿Y bien?- Preguntó esperanzada la otra mortal.

-Está bien. Pero rápido por favor...- Susurró.

186
Hudson se acercó a ella lentamente y se sentó a su lado, notando como el
ritmo cardíaco de su alma se aceleraba a la par con su creciente
proximidad. 21

-Voy a palpar tú estómago.- Avisó con antelación y acercó sus manos


a la fina piel del abdomen de ella. 7

Katherine se quedó estática mirando esos ojos rojos, que fueron los
protagonistas de sus pensamientos en varias ocasiones. 73

Pegó un leve respingón cuando sus dedos se deslizaron por la zona,


principalmente por lo frío que estaba. Casi helado. 8

-¿No tienes frío?- Le preguntó tontamente con valor, aunque


segundos después se dió cuenta de que había sido una pregunta
estúpida. 89

Los ojos de él conectaron con los de ella y se quedó embelesado varios


segundos mientras aumentaba inconscientemente la superficie que
tocaba, la estaba acariciando sin darse cuenta. 13

-Los vampiros no tenemos frío.- Contestó con rapidez dándose


cuenta de lo que estaba haciendo, aunque ella no parecía haber
notado que esos roces significaban más que un simple chequeo. 8
-Ni calor... Bueno, dependiendo del momento.- Añadió su hermana.
162

Hudson carraspeó roncamente y se dió para atrás, evadiendo las ganas de


acercar la nariz a su cuello para deleitarse con su aroma.

No quería que la fachada de insensible se le fuera a la mierda. Sobre todo


delante de ella, porque era la única que podía hacerle daño de verdad. 3

-¿Qué síntomas has tenido?- Intentó sonar lo más frío e indiferente


posible.
-Me siento mareada, no retengo la comida, siento molestia en el
estómago y me duele la cabeza. 62

187
Posó su mano en la frente de Katherine y ella no pudo evitar suspirar
aliviada por el contraste frío con su frente hirviendo.

-Estás ardiendo en fiebre, puede ser una gastroenteritis,


probablemente lo que se denomina gripe estomacal. 106

Ella asintió y los inmortales se dispusieron a irse, pero su tenue y cansada


voz les interrumpió.

-No hace falta que lo sigáis haciendo.


-¿El qué?- Preguntó Dominik confundido.
-Tratarme diferente. Supongo que lo hacéis por Mace, pero no hace
falta.
-¿Ocurre algo? No entiendo...

Ella negó, olvidando que el mayor de los hermanos era un buen lector de
mentes.

-¿A si que tus compañeras te odian porque solo almorzamos en el


comedor cuando estás tú? 116

Todos los príncipes le miraron con impresión ,y es que este hecho enfadó
mucho a la familia invicta. ¿Acaso era peor tratada por los humanos que
por los mismos vampiros? 21

-¿Cómo has...?
-Te lo explicaré otro día, ahora descansa. Debes recuperarte y
nosotros tenemos algo que hacer.

Exclamó Erik saliendo tras Hudson, el cual se había ido casi corriendo de la
habitación. 87

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XVIII 56.4K 5.4K 1.1K Autor: Rebeccapierce20 por


Rebeccapierce20

– Ey, ey, ey. ¿Qué haces? ¿A dónde coño vas? ¿Hudson? ¡Hudson! 9

188
Erik consiguió alcanzar el hombro de su hermano, y lo sujetó con fuerza,
haciendo que el paso de ambos vampiros se detuviera en seco.

Hudson se giró lentamente para mirar a Erik, sus ojos brillaban con un tono
rojo más intenso de lo normal y esas características venas negras
descendían por su rostro como ramificaciones. 2

– ¿Qué...?

– Suéltame.

– ¿Qué ocurre?

– ¡Suéltame!– El quinto príncipe se revolvió para librarse del agarre de su


hermano mayor.

– No hasta que me digas que ocurre.

– Tengo que irme.– Vociferó inquieto. 17

– No entiendo que está pasando, ¿por qué...?

– ¿¡Es que no escuchas!? ¡Debo irme! ¡O la morderé! 85

El resto de la familia, Mace incluida, llegaron momentos más tarde, a


Hudson se le veía mal, respiraba con dificultad y las venas no desaparecían.
7

– ¿Estás enfadado por lo que dijo de sus compañeras?– Preguntó su


hermana Khalid, ya acostumbrada a este tipo de situaciones. 1

– No... Es su olor, huele demasiado fuerte, demasiado bien. Tengo que irme
o no podré controlarme y la haré daño. 10

Erik le soltó al instante, porque sabiendo que para los vampiros es muy
difícil controlarse, sobre todo cuando su alma está de por medio, no sería
raro que la atacase y luego no pudiera arreglarlo.

Podría pasar, ya bien, que ella le odiara más de lo que ya lo hace, o que la
pérdida de sangre fuese tan intensa que la pequeña humana no pudiera
soportarlo.

189
Hudson, después de haber dejado atrás a sus hermanos, llegó al campo de
entrenamiento para los centinelas del reino. Obviamente, siendo él el líder
del ejército, tenía acceso pleno a esa sección del castillo, la cual se
encontraba en uno de los multitudinarios y enormes jardines reales.

Estaba furioso con todo el mundo, pero sobretodo consigo mismo, por el
hecho de no poder controlarse ni cuando de Katherine se trataba. 4

Se quitó la camisa agobiado por el calor, y llamó a uno de los guerreros


para que luchara contra él, necesitaba desahogarse y esa era el único
método que lograba agotarle. 70

Pero lo que él no sabía, era que una pequeña humana le observaba desde
su ventana con curiosidad. 4

Katherine quedó impresionada por las increíbles dotes del vampiro


respecto a la lucha, pues en menos de un abrir y cerrar de ojos, ya había
vencido y reducido al soldado, pero lo que más llamó su atención, fueron
unas peculiares marcas en la espalda del vampiro. 19

Eran enormes cicatrices que comenzaban en la nuca y terminaban en la


parte baja de la espalda.

Parecían cortes, pero, ¿cómo era posible? Los vampiros aunque sufran
severas heridas y contusiones, jamás se quedarán con una cicatriz, su
cuerpo sana demasiado rápido para eso. 44

Hudson notó la potente mirada de la humana tras de sí y se dió la vuelta. Al


principio sintió alegría, el rostro de su alma expresaba impresión, y pensó
que quizás su entrenamiento la había sorprendido. Pero al darse cuenta de
que no le miraba a él, si no a sus cicatrices, todo ápice de felicidad se
desvaneció, se apresuró a ponerse la camisa para ocultar las marcas, y de
nuevo se esfumó a una velocidad vertiginosa. 88

Porque ahora Katherine había visto su punto débil, su horrible defecto, su


mayor miedo y su peor recuerdo. 78

Maldijo mil veces cuando llegó a sus aposentos, y sin querer hizo estallar
tres de las cuatro bombillas que iluminaban su habitación.

190
Hudson nunca fué bueno controlando sus poderes, al contrario que sus
hermanos que siempre los dominaron con destreza. Y ahora que Kathy
estaba de por medio, le era mucho más difícil ponerlos a raya. 14

Katherine

Ya llevaba tres días encerrada en mi alcoba, y sin duda había notado una
mejoría abismal. Las medicinas hicieron muy bien su trabajo y en cuestión
de setenta y dos horas ya no sentía prácticamente ninguna molestia. Por lo
que decidí que ya era suficiente con el tiempo que había estado ahí metida.
4

Me arreglé, me puse el uniforme y bajé decidida hacías las cocinas,


esperando que el evidente odio que sienten mis compañeras por mí, se
hubiera al menos apaciguado un poco.

Pero como no, en cuanto aparecí en la estancia fuí presa de las amargas
miradas todas las cocineras.

– Anda... Kathy...

– Katherine, has... Vuelto. ¿Eso significa que la familia invicta también?–


Preguntó la pelirroja con una sonrisa falsa. 7

– Yo... No lo sé.

– Dime, ¿por qué te tratan como si fuesen de la familia?– Preguntó


acercándose poco a poco hasta mi posición.

– Eh... Será por Mace...

– No me mientas... Porque tú también empiezas a sospechar algo, ¿verdad?


¿No te parece raro su comportamiento? Es decir, puede que el príncipe Eliel
se comporte contigo así por la princesa Mace. ¿Pero el resto? No eres
merecedora de su respeto. 67

191
– Lisa ya basta.– Ordenó la ama de llaves, que también era la cocinera jefe.
2

– No jefa, claro que no basta. ¿Qué ocultas Katherine? ¿Acaso te estás


follando a alguno de ellos? 85

– No. 1

– Eres una mentirosa...– Vociferó. Sus palabras eran veneno y ella una
auténtica víbora.

– No...

– Pues estoy segura de que te los tiras a todos ellos. ¿Así es como cobran
los favores? ¿Te gusta ser su puta? Eres una zorra con suerte. 101

– No sé por qué se comportan bien conmigo, y veo que el tema te importa


más a tí que a mí. ¿Qué pasa? ¿Tienes envidia? Yo no soy como tú, no
quiero nada de ellos y no lo necesito. No quiero dinero, no quiero joyas, no
quiero su atención. Solo quiero ser respetada y mira tú por dónde, ellos lo
hacen más que tú. 29

– ¡No te atrevas a hablarme de esta manera!

– Aquí la única que se ha pasado de lista has sido tú, Lisa. Siento mucho
que mientras que a tí se te mojan las bragas cada vez que pasan a menos
de diez metros de distancia, ellos no sepan ni de tu existencia. Pero no es
mi problema. 96

– ¡Vas a pagar esto!

– Te comportas como los classis superioris...

– Por favor, no me compares con esas sanguijuelas... ¿Acaso ellos viven en


el castillo real? ¿O cocinan para los McClaine? 23

– Por supuesto, tú no tienes nada que envidiarles, ¿verdad?– Pregunté con


sarcasmo mal disimulado.

– Por una vez, no estás equivocada.

192
– Claro... Seguro que ellos te envidian a tí desde sus carruajes de lujo,
seguro que maldicen desconsolados mientras toman un baño relajante en
sus bañeras de oro, y seguro que se secan las lágrimas con fajos de billetes.
Seguro que desearían tener que hacer una jornada de nueve horas al día. 1

– La pregunta es, ¿quién no querría? Todos suspiran por los McClaine desde
sus casas y mientras yo estoy aquí con ellos.

– La única diferencia es que ellos suspiran desde sus mansiones y tú desde


tú alcoba. ¿Sí tan afortunada eres, por qué me odias? ¿Qué tengo yo que tú
no tengas?

– Su completa atención...– Susurró con un gruñido incluido.

– Pues si quieres te la regalo.

– ¡Ya basta!– Gritó la ama de llaves. – ¡Poneros a trabajar! ¡Solo tenemos


media hora para preparar la cena y los príncipes son muy puntuales!

– ¿Ves? Ella viene, y ellos de repente hacen sus comidas en el gran


comedor. Ella se va, y ellos dejan de venir, y ella vuelve y ellos también lo
hacen. 36

– Lisa, te estás pasando.– Murmuró cabizbaja Rosie. 28

– No te metas en esto Rosie. ¿Acaso no os dais cuenta de que está


ocurriendo lo mismo que con la princesa?

– ¿A qué te refieres?– Pregunté con enfado, deduciendo que se refería a


Mace.

– Cuando llegó fué enviada al ala de limpieza. Días después los príncipes se
empezaron a comportar de forma extraña con ella, como lo hacen contigo,
y en cuestión de un mes, se convirtió en la pareja de Eliel McClaine.

– ¿Y qué coño te hace pensar que conmigo pasará igual?

– Nada, pero mejor prevenir que curar. Ya he tenido que ver una vez como
una zorra se ha quedado con lo que siempre he deseado, y no quiero tener
que hacerlo una vez más. 57

193
– Estás loca...

Nos quedamos en silencio y cada una comenzó a hacer sus tareas con
incomodidad, hasta que Lisa, se puso a hablar abiertamente con una de las
chicas y las demás se unieron a la conversación. 1

– ¿Visteis al príncipe hoy?

– ¿Qué?

– En el jardín trasero, en el campo de entrenamiento estaba luchando con


un guerrero y se quitó la camiseta.

– ¿Se quitó la camiseta?– Preguntó la pelirroja anonadada.

– Vaya, eso es... Nuevo.– Concordó Rosie.

– Él nunca deja ver sus cicatrices.

La verdad no quería hablar más con ellas, pero la curiosidad me podía,


quería saber que eran esas marcas y como era posible siquiera tenerlas.

– ¿Qué son esas marcas?– Dejé caer la pregunta mientras picaba unas
verduras.

– ¿También le viste verdad?– Preguntó una de ellas amablemente, y asentí.

– No se sabe cómo se las hizo, pero corre el rumor de que fué su abuelo. 3

– La única forma de que queden esas marcas, es dejando verbena en las


heridas durante demasiado tiempo.

– Que cruel...

– Mi pobre Hudson...– Suspiró la pelirroja mientras se mordía el labio con


picardía. 101

– Por dios...– Susurré para mí misma, no por el insufrible comportamiento


de Lisa, si no por el vampiro de ojos hipnotizantes. 4

Ya que los chupasangres, cuando entran en contacto directo con la verbena


sienten una quemazón insoportable. Es como si la herida estuviera
194
ardiendo en llamas, pero nunca leí que por dejarla demasiado tiempo se
pueden quedar marcas.

– Katherine, ni se te curra decirle nada al respecto.

– ¿Al respecto de qué?– Pregunté con confusión.

– Eres muy irrespetuosa con ellos, y no sé si es porque tienes agallas o


porque directamente eres una jodida suicida, pero ni se te ocurra
mencionarle algo sobre las cicatrices al quinto príncipe. Ni si quiera hables
con él, si de verdad te tratan de forma diferente por la princesa Mace,
Hudson no te hará nada, pero no puedes pasarte de la raya porque no
dudará en arrancar tu cabeza. No quiero recordar lo que pasó la última vez
que un humano se atrevió a desafiarlo. Y no quiero que a tí te pase lo
mismo. 60

CAPÍTULO XIX
Tras haber preparado una tarta de frutos del bosque, con obviamente su
correspondiente ración de sangre, salimos en fila hacia el comedor como
de costumbre. Pero de repente apareció una limpiadora que venía
corriendo desde la dirección opuesta, y a la cual se la veía bastante
cansada y nerviosa. 48

– ¡¿Sois las cocineras?!– Preguntó exasperada, gimiendo por culpa del


cansancio.

– Sí...– Susurró Rosie con su característica y dulce voz.

– ¡Pues volved a la cocina! ¡Las nueve familias nobles están de camino! 38

– ¡¿Qué?!– Gritó la ama de llaves con los ojos más abiertos de lo normal.

– ¡Acabamos de ser avisadas! ¡Han decidido hacer una visita sorpresa al


castillo y necesitamos tenerlo todo preparado! ¡Llegarán en dos horas!

195
– ¡Dos horas no es suficiente! ¡No nos dará tiempo ni a preparar los
ingredientes!– Balbuceó Lisa.

– ¡Pues debéis daros prisa! ¡Ya sabéis cómo son los nobles! ¡Si no tienen
una buena cena os cortarán la cabeza! ¡Y como no esté todo limpio me la
cortarán a mí!

– Dios mío, dios mío, ¡dios mío!– Murmuró atacada otra de mis
compañeras.

– A ver... Lisa, tú ve a buscar las vajillas para ocasiones especiales. Eh...


Rosie, ve a la despensa y trae absolutamente todo lo que puedas, Karol,
acompáñala. El resto, a las cocinas. ¡Rápido! 4

En un abrir y cerrar de ojos llegamos a nuestro destino y mientras


esperábamos impacientes a que Rosie y Karol llegaran, comenzamos a
sacar todos los instrumentos necesarios. Todo tipo de cazuelas, sartenes,
cucharas, batidoras...

Jamás había visto así de paranoica a mi jefa, la pobre sudaba en frío


mientras daba órdenes, aún con su voz temblorosa.

La vajilla llegó poco antes que los alimentos, Lisa la posó a duras penas en
la inmensa isla, parecía pesar mucho. Pero se la veía más preocupada por
los platos que por su propia espalda.

Me quedé totalmente anonadada frente a esa majestuosa cubertería


dorada que sin duda tendría más valor económico que yo misma.

– ¡Ey nueva!– Me gritó alterada la pelirroja. – ¡¿Se puede saber que coño
haces?

– Yo solo... ¿Son de...?

– Sí, son de oro. ¿Qué esperabas?– Preguntó obvia, pero lo dejé pasar y me
puse a trabajar como no lo había hecho nunca.

20

196
3

Transcurridas una hora y media, habíamos conseguido preparar el mismo


pastel que habíamos hecho en un principio, solo que diez veces más
grande. También todo tipo de postres, como galletas y bizcochos, que se
verían muy apetecibles si no fuese por el color rojo intenso de sus
"siropes". 18

Y para beber, obviamente sangre.

Decir que estaba nerviosa es poco, porque la familia real siempre ha tenido
mala fama, pero también se hablaba mucho de la crueldad de los nobles.

Llegué a oír una vez que se paseaban por las calles antes de la hora límite
con el único propósito de espantar y atemorizar a los humanos.

No tardamos demasiado en poner la mesa, pero sí en esmerarnos en que


cualquier detalle quedara perfecto. 1

Además, tuvimos que cambiarnos nuestros manchados uniformes por


otros totalmente negros que incluían detalles dorados. Muy incómodos
Incluso me peleé con Lisa por el tema del peinado, estaba obsesionada con
que todas nos pusiéramos un apretado recogido, pero me negué en
rotundo porque simplemente no lo vi necesario, y ya tengo suficiente con
que me digan cómo debo vestir, para que encima tenga que peinarme a su
gusto. 9

Además, no creí que nadie se fijase en eso. 23

Todas nos colocamos en fila pegadas a una pared, esa por la que se accede
a la cocina.

Así, no les "molestaríamos" y si necesitan algo, solo tendríamos que darnos


la vuelta. Y por supuesto, cuanto más alejadas estemos mejor, aunque así
no lo vea Lisa.

197
Empezaron a aparecer multitud de chupasangres guiados por unas
sirvientas muy aterrorizadas. Cada uno se fué a su respectivo asiento y así
poco a poco la sala se fué llenando.

Hasta que finalmente la familia real entró por la puerta y sus miembros se
sentaron en unas sillas más grandes que las del resto.

Mace se sentó junto a Eliel, agarraba su mano con fuerza y desde mi


posición pude notar cuan asustada se encontraba.

Pues las miradas de los nobles, que eran tanto de asco como lascivas, se
centraban principalmente en su persona. 9

– Mis señores...– Un vampiro vestido con ropas caras y extravagantes se


levantó con la copa en mano y comenzó a hablar. – Se estarán preguntando
a que viene esta visita tan inesperada. Y es que tenemos que hablar de un
tema importante. 3

Los rostros de los príncipes no presentaban comodidad en lo absoluto, se


les veía más bien enfadados, como si no quisiesen que sus "invitados"
estuviesen aquí.

– ¿Y cuál es ese tema tan importante Caius?– Preguntó la princesa Khalid


con desgana. 20

– Los licántropos. Cada vez son más fuertes, cada vez poseen más tierras y
más poder. Tenemos que acabar con ellos. 50

– Hemos tratado este tema varias veces, no estamos en posición de atacar


y mucho menos de iniciar una guerra.– Debatió otro vampiro que parecía
ser de otra familia distinta. 1

Y es que había algunos que vestían de gris, otros de morado, verde, rojo,
amarillo, naranja, azul, marrón y blanco. 31

Supuse que cada una de las nueve familias nobles eran representada por
un color en concreto, y así como el tal Caius vestía de morado, el que
acababa de hablar lo hacía de blanco.

198
– No te metas en esto James. Ya sabemos que tu famila es una cobarde,
pero te recuerdo que hay siete más que tienen que opinar. 3

– Bien, pues hagamos una votación, la familia Armstrong vota por no iniciar
conflicto con los lobos.– Anunció y todos los vestidos de blanco, aunque
eso sí, en diferentes tonalidades, asintieron conformes con lo que había
dicho. 4

– La familia Lancaster dice sí. Ya es hora de que los chuchos sepan quién
manda aquí.– El tal Caius se levantó y todos los vampiros vestidos de
morado hicieron un ruido dando a entender que estaban de acuerdo con lo
que había decidido su representante. 29

– La familia Courtier tiene voto nulo.– Una mujer vestida de verde oscuro se
llevó todas las miradas y varios abucheos.

– Como no, los Courtier siempre queriendo ser neutrales. Malnacidos... 24

– ¡Ya basta!– Gritó Dominik. – Creo que no debo recordaros que si la familia
real no está de acuerdo, vuestro voto no sirve de nada.

– Maximus no tendría reparo en...

– Maximus no está.– Vociferó Hudson haciéndome saltar asustada. – Y


como Maximus no está, nosotros estamos al mando. ¿Ha quedado lo
suficientemente claro?– Preguntó amenazante y el señor Caius Lancaster
se volvió a sentar sumiso. 15

– Después hablaremos de política, guerras o lo que deseéis. Pero os


recuerdo que esto es un almuerzo formal y no se discute antes de cenar.–
Dijo el príncipe Erik, a lo que todos asintieron.

Se pusieron a degustar los platos, y debo decir que la mayoría comían


como cerdos. 3

El problema vino cuando uno de ellos vestido de gris, fijó su mirada en


nosotras para después sonreír de forma macabra.

– ¡Sirvientas! ¡Venid aquí!– Gritó.

199
Nos miramos entre nosotras y poco convencidas caminamos hasta la
enorme mesa, bajo las miradas de todos y cada uno de los demonios de
sangre presentes.

– Son hermosas.– Comentó una vampiresa. – Y huelen muy bien...

– ¿Las necesitáis para algo?.– Inquirió Eliel entre dientes.

– ¿Podemos comernoslas? 93

– No.

– Es una pena que sus majestades no aprovechen al máximo a sus


humanas. Yo sí lo haría. 13

El vampiro vestido de gris se levantó de la mesa y empezó a caminar en


círculos a nuestro alrededor. 2

Lisa parecía encantada con la atención, pero el resto estábamos


especialmente asustadas. 7

– ¿Por qué huele así?– Sentí su frío aliento en mi nunca. – Huele muy
dulce... 15

Sus dedos hicieron contacto con la piel de mi rostro, reprimí una mueca de
asco y me quedé totalmente quieta.

– Es una pena que no todos los vampiros seamos lectores de mentes...


Sería interesante saber que pasa por tu pequeña cabecita. 26

– No tengo ningún reparo en decírtelo.– Siseé con asco y su expresión


cambió totalmente. 32

– Vaya... Si está hecha toda una rebelde... ¿Cuánto cuesta? 62

– ¿Disculpa?– Preguntó Mace con enfado.

– La quiero. Quiero que sea mi sirvienta. No tendré ningún inconveniente


en... Domarla. 7

– No está en venta.

200
– Pueden poner cualquier precio altezas. Y además... Yo creo que juntos nos
lo vamos a pasar muy bien... 3

– Nuestro servicio no está en venta, y tienes menos de dos segundos para


dejar de tocarla.– Gruñó el príncipe Hudson. 51

El vampiro miró al príncipe unos instantes hasta que al final asintió y volvió
a su sitio lentamente. 9

– Es una pena... Una pena...

49

El resto de la velada transcurrió con normalidad, aunque noté en más de


una ocasión la mirada de aquel asqueroso hombre. Y no solo la de él, si no
también la de Hudson McClaine, quién no había dejado de observarnos ni a
mí, ni al vampiro pervertido. 7

Y es que cuando por fin dieron la una de la madrugada y pude regresar a mi


dormitorio pensando que lo más fuerte del día ya había pasado y me
tocaba un merecido descanso, una ráfaga de viento me empujó
fuertemente hacia una de las paredes del pasillo.

Instantes después me di cuenta de que se trataba del quinto príncipe y que


no parecía nada contento. 59

– ¿Acaso estás loca?– Preguntó con enfado. – ¿Quieres morir? ¿Quieres que
te maten? Porque como sigas con esos aires de altanería no durarás ni una
semana con vida. 5

– ¿Perdón?– Balbuceé por la corta proximidad entre nuestros rostros.

– ¿No entiendes que vas a matarte? Intentamos protegerte constantemente


y tú lo arruinas a cada rato. 3

– Yo...

201
– Ahora Julián Reeder te quiere en su poder. ¿ Acaso quieres ser su juguete?
26

– Yo no... 1

– Porque si vuelve a insistir tendré que matarlo. 13

– ¿Por qué?– Pregunté sacando mis últimas fuerzas, observando sus ojos
con detenimiento, los cuales ahora me miraban con confusión. – ¿Por qué
me proteges...?

– Porque eres mía pequeña humana, y odio que otros toquen mis cosas...
394

– Yo no soy de nadie...– Tartamudeé sin poder evitarlo. 1

– ¿Sabes por qué sientes eso? ¿Por qué me deseas? ¿Por qué tú cuerpo
reacciona así a mi roce...? – Sus dedos emprendieron un camino desde mi
cuello hasta mi mejilla haciéndome temblar. – O... Por qué sientes
cosquillas cuando me ves, cuando escuchas mi voz... 63

– ¿Lo sientes...?– Asentí lentamente, en trance, sabiendo que todo eso era
verdad aunque no quisiera aceptarlo. – Yo también lo siento, más de lo que
nunca podría haberlo imaginado, y no sé como pararlo... 8

– ¿Por qué quieres pararlo...?– Deslicé mi mirada desde sus iris, hasta sus
apetecibles labios. 75

– Porque no puedo permitirme hacerte daño. A tí no... Pero soy un egoísta y


las veces que he intentado alejarme de tí... No he sido capaz de hacerlo... 2

Sus labios buscaron los míos con desesperación hasta que se unieron en un
beso brusco y necesitado. 304

No paraba de repetir en mi cabeza que eso estaba mal, que era peligroso,
que él no dejaba de ser un vampiro. Pero mi cuerpo no me respondía, mis
sentidos estaban centrados en él, solo en él. Sus labios eran
deliciosamente adictivos y parecían encajar perfectamente con los míos. 6

Fué de esas veces las cuales el razocinio no fué capaz de vencer al corazón.

202
Porque quería más, quería tocarle, quería que él me tocara. Lo necesitaba.
8

Incluso me pareció notar que su cuerpo desprendía una tenue fragancia a


melón. Y aunque estaba muy frío, en ese momento sentí que era tan
humano como yo. 34

Su pelo era tan sedoso, no me resistí y llegué a tocarlo. A acariciarlo.

Estaba tan mal pero se sentía tan bien...

71

Se separó bruscamente, nuestras respiraciones estaban igual de


aceleradas. Su cabello despeinado y su pulso temblando.

No tuve tiempo de procesar la situación, solo murmuró un "lo siento" y


desapareció. 236

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XX 55.4K 5.3K 821 Autor: Rebeccapierce20 por Rebeccapierce20

Aceleré el paso para llegar a mis aposentos lo más rápido posible y cuando
entré, cerré la puerta con fuerza. 23

Comencé a dar vueltas una y otra vez por toda la habitación. Pasando por
cada rincón. Un vampiro me había besado. Un maldito vampiro me había
besado, y lo peor, yo le había correspondido. 44

Y me sentía tan mal por sentirme tan bien... Por querer más, por necesitar y
por desear más. 6

Si mis padres me estuvieran viendo sentirían más que decepción. Y lo peor


es que cada vez que cierro los ojos le veo a él, besándome, acariciándome...
Y no quiero dejar de verlo. 7

Pero él murmuró un lo siento... Quizás solo era una apuesta que perdió con
sus hermanos y ahora se arrepiente. 63

203
O quizás solo está jugando conmigo. Al fin y al cabo, tiene fama de
mujeriego. Y es que eso, aunque no quiera admitirlo, me hace sentir
jodidamente mal.

Pasaron dos días en los que no había visto ni hablado con el príncipe. Él ya
no iba a almorzar al comedor, y sus hermanos me miraban como si
supiesen la razón de ello y sintieran pena por mí.

Antes de acabar mi servicio de tarde, Mace se acercó a mí con tristeza, pero


no faltó esa sonrisa suya que transmite tranquilidad y paz. Y la verdad, no
sabía el por qué de este nuevo comportamiento.

– Oye Kath... ¿Qué tal estás?

– Bien... ¿Y tú?

– Bien, bien... ¿Seguro que estás bien?

– ¿Por qué no iba a estarlo?

– Bueno... Eh... Resulta que hace unos días, Erik que pasaba por ahí,
escuchó una conversación animada que tuviste con una de tus
compañeras. Creo recordar que su nombre era Lisa, y quería decirte que si
quieres que hable con ella... 1

– No te preocupes. Sé defenderme sola.– Sonreí levemente para


tranquilizarla. – Oye... ¿Qué le pasa al príncipe Hudson? 7

– ¿Qué?

– Es que, como no ha venido al comedor... 14

– Ah... No te preocupes, solo está ocupado, ser el líder del ejército es un


trabajo duro...

204
– ¿Y por qué no se ocupa otro de eso? Quiero decir... Siendo un príncipe
podría hacer lo que quisiera. 2

– No es tan fácil como eso. Cada uno de los príncipes desempeña una
función, excepto Ariel, que aún es demasiado pequeño. Por ejemplo, Eliel
lleva las cuentas del castillo... Khalid se ocupa de dirigir el servicio y a todos
los empleados... Erik es el representante en las reuniones... 2

– Ah...– Respondí simple. Siempre pensé que la familia real no hacía nada
más que provocar a los enemigos y ganar guerras. 29

– Bueno, cambiando de tema. Hoy tenemos una reunión con los classis
superioris en el poblado.

– Iug.

– Ya... El caso es que ya que vamos a ir, voy a pasar por casa para coger
todo lo que se ha quedado allí. ¿Quieres que te traiga algo?

– ¿No resultará raro que te vean los humanos?

– No, ellos ya saben que ahora soy parte de la familia real. Al parecer a una
de las criadas cuya identidad aún desconocemos, le pareció buena idea
contarle todo sobre mí a una amiga cuando fué a comprar al poblado. 21

– Bueno... Creo que no necesito nada de allí. 6

– ¿Seguro?

– No teníamos nada Mace. Como no traigas uno de nuestro viejos


vestidos...

– Ya... Tienes razón. Pero me apetece ver nuestra cada una vez más. 3

– Está bien.

– Debemos ir todos a la reunión, incluido Ariel, por lo que estarás sola más
o menos tres horas.

– Tres horas es lo que se tarda en llegar al poblado. 1

205
– No con nuestros caballos. Son los más veloces del reino y en a penas una
hora son capaces de llevarnos hasta allí. ¿Te parece mucho tiempo o...? 19

– No, no te preocupes. En tres horas no me voy a morir. Y además, estaré


con Viktor y con Amber. 17

– Con Viktor... Eh... Sí, genial. Pues nos vemos en unas horas. 27

– Adiós.

– Adiós...– Hizo un ademán con la mano antes de salir por la puerta.

22

Después de irse, el tiempo transcurrió con normalidad, paseé por el jardín,


fuí a ver a Raven y a visitar a Amber.

No fué hasta una hora y media después, cuando ya casi estaba


anocheciendo, que todo se empezó a torcer.

Faltaban al menos hora y media para que la familia real regresara, yo me


encontraba recogiendo margaritas en el jardín cuando una extraña sirena
comenzó a sonar.

Extrañada regresé al castillo, había gente corriendo y gritando por todos


lados. No entendía que sucedía ya que los guardias metían a los sirvientes
en una habitación blindada lo más rápido que podían. 7

Quise llegar hasta allí para descubrir que era lo que estaba pasando, pero
había tantas personas luchando por llegar que se me hacía casi imposible
si quiera manteneme en pie.

Un imponente rugido resonó a lo lejos provocando un estruendoso eco, el


pánico se apoderó de todos los humanos, a los cuáles ya no les importaba
tirar, pisar o golpear a alguien con tal de ponerse a salvo. 3

Giré la cabeza al oír como algo se acercaba, y atravesando una de las


paredes, apareció un enorme y furioso licántropo. 53

206
Su pelaje era gris, estaba sucio, manchado, y era incluso más alto que yo.
De sus dientes afilados descendían hilos de sangre, sus ojos eran
totalmente negros.

Jamás había visto algo así. 18

Un guardia le atacó con ayuda de sus compañeros, pero no sirvió de nada,


pues en menos de dos segundos el hombre lobo ya le había arrancado la
cabeza. 1

Empecé a correr en dirección contraria, porque si me quedaba allí parada


iba a morir, todos los que aún se revolvían para entrar en la habitación
blindada iban a morir, pero no parecían verlo. 9

Llegué a mi habitación, cerré la puerta con llave, mi respiración era


errática, sentía que me faltaba el aire. Sudor frío caía por mi frente, empecé
a hiperventilar. Me refugié bajo la cama, no había otra opción, ni si quiera
saltar por la ventana, la altura era demasiada y si no moría por la caída,
mínimo quedaría parapléjica.

Oí pisadas, pero demasiado fuertes como para ser de un humano. Me tapé


la boca para no emitir ni el más mínimo ruido, pero los sollozos
amenazaban con salir como ya habían hecho las lágrimas.

Echaron la puerta abajo, mordí mis mejillas sin siquiera dignarme a


respirar, y cuando pensé que el peligro había pasado, que se había ido, algo
me agarró el pié y tiró de mí hasta sacarme fuera de mi escondite. 5

Mi tobillo ardía pero yo estaba inmóvil bajo la gran bestia que gruñía sobre
mi cabeza, sentí que era mi fin, que todo iba a acabar para mí, pero el
monstruo habló con su voz espeluznante y distorsionada haciéndome
apartar la mirada. 1

– ¿Dónde está...?– Preguntó bufando fuertemente. – ¡¿Dónde está?!– Gritó


al ver que no respondía.

– ¿El qué...?– Respondí segundos después entre sollozos.

– El libro... Dame el libro...

207
– No sé de qué me hablas...– El miedo se apoderó de mí y comencé a llorar.
2

– No te hagas la tonta. Quiero el libro. ¡Dame el libro prohibido!

– No sé dónde está...

– Oh, sí lo sabes estúpida mortal... Si hablas, tendrás una muerte rápida, si


no lo haces, será lenta y dolorosa... 1

– Por favor...

– Respuesta incorrecta.– Levantó la pata y rasgó mi pierna con sus uñas.

Grité con todas mis fuerzas, era el dolor más fuerte que había sentido
nunca y él parecía disfrutar con ello.

– Te lo preguntaré una vez más. ¡¿Dónde está el liber prohibitoruom?!

– Yo tengo nada...

– Pero que humana más embustera... Sé que estuviste en el parque un día


antes de que te trajeran al castillo real...

Un segundo zarpazo me desgarró parte del torso, el dolor era tal, que
comencé a desvanecerme.

– Yo no recogí ningún libro...– Murmuré entre lágrimas con la vista nublada.

– ¿No? ¿Y qué era?– Preguntó burlón, mientras sangre de su morro caía en


mi frente.

– Ver-verbena... Solo era verbena...

– No te creo... ¡¿Dónde está el libro?!

– No lo sé... Yo no lo sé... Yo no he recogido ningún libro...

– Respuesta incorrecta.

Su mandíbula se abrió de sobremanera dejando ver sus podridos dientes y


se lanzó a mi cuello con intención de morderlo. Pero nunca llegó, solo

208
recuerdo ver cómo el lobo salía disparado hacia delante, y como alguien se
arrodillaba a mi lado.

– Hudson... 99

– Shh... Vas a estar bien, vas a estar bien...– Susurró intentando taponar la
herida del costado con desesperación.

Pero no podía, y esas venas características aparecieron bajo sus ojos, señal
de que no iba a poder controlarse.

– Lo siento...

– ¿El qué...?– Preguntó mientras una gota de sangre descendía por su


lagrimal. 53

– Siento haberos juzgado mal...– Murmuré antes de caer en la inconsciencia


y no sentir nada más.

116

CAPÍTULO XXI
Katherine abrió los ojos sobresaltada y se levantó de golpe hiperventilando
mientras sudor frío descendía por su frente. Miró su costado en busca del
monstruo, de Hudson, de alguna marca, no había nada. ¿Qué había
pasado? 28

Miró la hora en el viejo reloj de su madre, ese que llevaba a todas partes y
que consideraba un tesoro.

Resultó que a penas eran las diez, resopló y posó el reloj en su mesita de
noche, luego se dejó caer hacia atrás, rendida, hasta que un fuerte ruido la
hizo levantarse de nuevo.

– ¡¿Se puede saber que haces?!– Gritó con furia su compañera pelirroja
irrumpiendo en la habitación.

209
– ¿Qué...?

– ¡Llevas gritando diez minutos! ¡¿Crees que así se puede trabajar?!

– Yo... Yo, no...

– ¡Ni que fueras una niña pequeña!

– ¿Dónde está todo el mundo? ¿Qué ha pasado? – Preguntó débilmente con


un horrible dolor de cabeza.

– ¿Cómo que que ha pasado? ¡Ha pasado que te has puesto a gritar
estupideces sobre no se qué libro, no se qué Verbena y no sé qué lobo!
¡¿Acaso eres una cría que se asusta por una pesadilla?! 193

– No...

– ¡Y si con todo el mundo te refieres a la princesa Mace y a los McClaine, se


han retrasado, llegarán en una hora!– Vociferó antes de marcharse dando
un portazo. 93

Katherine se levantó desorientada y entró al baño para lavarse la cara.

Ese sueño parecía tan real que juraría haber sentido dolor. Pero aun así,
tenía el presentimiento de que significaba algo, y es que ella nunca había
visto un licántropo. ¿Se lo había imaginado? ¿En verdad serían así de
horribles? 56

Quería averiguarlo, y sabiendo que la única cosa que podría proporcionarle


esa información estaba en el poblado, era complicado hacer algo desde el
castillo. Pues recordó que en el liber prohibitoruom aparte de una sección
para los vampiros, también había una destinada a brujas y otra para
hombres lobo. Aunque eran mucho más pequeñas y solo abarcaban unas
cuantas páginas. 2

No las había siquiera mirado, porque no sintió curiosidad sobre esos seres,
de los cuales estaba segura de que no iba a ver jamás. 1

Por ello ideó un plan, buscaría el momento perfecto en el que nadie notase
su ausencia, probablemente en la noche e iría al poblado con ayuda de

210
Raven. Cogería el libro y volvería al castillo lo más rápido posible para no
levantar sospechas. Aunque la idea de escapar a la cabaña, aún era algo
tentadora.

Cuarenta y ocho horas después todo seguía igual. El príncipe Hudson no


había pasado por el comedor ni una sola vez y por consecuencia ella no le
había visto ni había podido hablar con él. 6

Por otro lado, Mace le comentó que de nuevo deberían asistir a una
reunión, pero esta vez en el reino vecino, por lo que estarían fuera más de
un día. Y ese era el momento perfecto para ir a por el libro prohibido sin ser
vista. 9

Mace notó a Katherine extraña, sabía que su comportamiento no era el


mismo que de costumbre, y aunque Kathy literalmente se moría por
contarle sobre la extraña pesadilla, sabía que cualquier cosa se la
comentaría a Eliel. Y eso no podía poner en riesgo su elaborado plan. 5

Partiría al anochecer, un par de horas después de que la familia real se


hubiera ido, y regresaría antes de que nadie notara su ausencia.

Cuando ya todo el mundo, o al menos los humanos estaban dormidos,


sobre las dos de la mañana, se levantó, se vistió con las ropas más
abrigadas que tenía y se puso en marcha.

Obviamente era consciente de estaba en plena hora de caza, y por ello


cogió la bolsita de Verbena para defenderse. 5

Llegó al establo y sacó a Raven de su cuadra. Él ahora estaba fuerte y sano


ya que Katherine se aseguraba de alimentarlo como es debido.

Se subió a su lomo y, solo alumbrada por un pequeño farolillo se puso en


marcha. La Luna poseía un precioso brillo esa oscura noche, eso más el
farolillo era suficiente para que pudiera guiarse en la penumbra.

211
No iba muy rápido, más bien a trote, por lo que tardó las tres horas en
llegar a las puertas del poblado. Ató a Raven alrededor de un árbol, y dejó
el farolillo allí para poder ver el lugar en el que se encontraba el animal.

Saltó la verja intentando hacer el mínimo ruido posible, y lo logró, aunque


le causó más de un rasguño. 2

Caminó a paso rápido por las calles del poblado con la suerte de no toparse
con ningún vampiro y entró en casa más asustada de lo que quería admitir.
1

Estaba fría, solitaria, vacía y triste. Ya no había esa aura de alegría en cada
esquina. Y aunque le encantaría quedarse allí un rato más, debía ser muy
rápida, por lo que subió hasta su habitación y buscó en el suelo esas
tablillas sueltas bajo las que escondía el libro.

Suspiró aliviada al encontrarlo y rápidamente buscó la sección que


necesitaba.

Licántropos.

Gimió aterrorizada al ver la foto de uno de ellos. Era exactamente igual al


hombre lobo de su sueño. Pero jamás había visto a uno de su especie.
¿Cómo fué posible que acertara exactamente con su aspecto? 14

Leyó por encima las primeras páginas y encontró el término mates, que al
parecer eran lo mismo que las almas de los vampiros. También descubrió
que no solo se transformaban en luna llena como cuentan las leyendas, si
no que pueden hacerlo en el momento que deseen. Son fríos, despiadados,
muy, muy, carnívoros, y los enemigos por naturaleza de los demonios de
sangre. 114

Volvió a guardar el libro en su sitio y regresó al piso de abajo, echó un


último vistazo a su antigua casa con melancolía para después abandonarla
con pesar. Avanzó con destreza por las calles de la ciudad. Prácticamente
se las sabía de memoria. Y de nuevo llegó a la verja que limitaba el bosque
con el poblado. 8

212
Estaba escalando, cuando al alzar la vista desde se dió cuenta de que
Raven no estaba dónde lo había dejado, el farolillo estaba en el suelo y un
trozo de correa aún colgaba del árbol. 53

Extrañada subió un poco más, casi hasta llegar arriba del todo. Decidió
saltar al otro lado, y una vez hubo aterrizado, colocó el farolillo en pie y
deslizó la correa entre sus dedos. Estaba desilachada, como si la hubieran
mordido. 3

Empezó a asustarse de verdad cuando escuchó un ruido, una risa


distorsionada. Retrocedió lentamente llegando casi a la valla, hasta que
algo llegó rodando hasta sus pies.

La cabeza de Raven. 348

Gritó con todas sus fuerzas y un gruñido resonó haciendo eco por todo el
bosque. De la oscuridad apareció una enorme bestia sedienta de sangre.
Un hombre lobo como el de su sueño. 21

– Katherine...– Susurró diabólicamente. 45

Por suerte ella reaccionó a tiempo, corrió hasta la verja y la escaló lo más
rápido que pudo, haciéndose una cortada bastante grande en la
pantorrilla.

El licántropo se lanzó contra ella, intentaba meter su morro a través de los


barrotes mientras se dedicaba a gruñir y reír sadicamente.

Hasta que Katherine se dió cuenta de que los barrotes estaban empezando
a ceder y corrió en dirección contraria sin importarle la posibilidad de
chocarse con algún vampiro, pues ahora eran el menor de sus problemas.

Entró de nuevo en casa, aterrorizada, con el pulso temblando y chorreando


sangre a borbotones. Encendió la chimenea y mientras la casa calentaba,
se fué dispuesta a lavarse la herida. 4

Pero como no, no había agua, pensó que les habían cortado los servicios
básicos, pues tampoco había luz. A si que se limitó a desinfectarla con
alcohol y a vendarla con una gasa que encontró en el botiquín. 5

213
Aún seguía en shock, incluso llegó a pensar que nada de eso era real, que
podría ser otra pesadilla, pero esta vez no era así. 2

Cerró la puerta con llave y lloró frente a la chimenea unos largos minutos,
hasta que la curiosidad pudo con ella y sacó el valor para mirar por la
ventana. 1

Todo parecía estar en orden, pero cuando giró la cabeza hacia el otro
cristal, se topó con el rostro sonriente de aquella bestia. 179

El lobo abría la ventana lentamente con ayuda de su zarpa, para luego


empezar a colarse por ella con una sádica y tenebrosa sonrisa lobuna. 55

Katherine rápidamente retrocedió para poder girar la llave, y justo cuando


el licántropo logró entrar, rompiendo más de la mitad de los muebles a su
paso, ella consiguió abrir la puerta y salir corriendo.

Estuvo escapando sin rumbo durante varios minutos, escuchando los


gruñidos del lobo que le pisaba los talones. Entonces chocó contra algo
duro y calló al suelo.

Frente a ella, dos vampiros la miraban con deseo, con hambre, esperando
que ella fuese el aperitivo, cuando si no se movían, iban a serlo los tres. 18

– ¡Ayudadme!– Gritó desesperada.

Los vampiros la miraron con confusión, se esperaban súplicas y llantos


para que no le hicieran daño, pero no que les pidiera ayuda. 7

– ¡Hay un lobo! ¡Un lobo!

Los chupasangres se miraron entre ellos sin creerse lo que decía la chica,
pues los licántropos no se atrevían a entrar en territorio vampiro.

Pero cuando escucharon ese imponente rugido a pocos metros de


distancia, supieron que nada de eso era una broma. 2

Katherine aprovechó para correr de nuevo, encontró un hueco bajo la


estructura de una casa, y se metió dentro, lo más al fondo que pudo. 2

214
Cerró los ojos con fuerza al oír unos gritos llenos de desesperación, unos
horribles crujidos, y después nada, silencio.

No se oía ni el más mínimo sonido, pero tampoco quería arriesgarse, así


que se quedó ahí y tras horas de estar despierta y alerta, al final el sueño
ganó la batalla, y se quedó dormida.

88

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXII 55.5K 5.5K 1.7K Autor: Rebeccapierce20 por


Rebeccapierce20

La familia McClaine regresó al castillo antes de lo previsto. Seis horas


después, sobre eso de las siete de la mañana ya estaban de vuelta, pues
resulta que la reunión solo les conllevó una hora. 29

Mace estaba cansadísima, al contrario que los demás príncipes que no


tenían ni un ápice sueño. Los vampiros no necesitan dormir todos los días,
solo de vez en cuando. Ni siquiera el pequeño Ariel, que apenas tiene siete
años.

– ¿Cuando voy a poder conocer a la novia de Hudson?– Preguntó con


alegría y entusiasmo el pequeño vampirito. 94

El quinto príncipe se tensó al instante, y sus hermanos al ver que no


respondía decidieron intervenir.

– Bueno pequeño... La conocerás pronto. Pero debes entender que ella aún
nos tiene miedo.– Dijo su hermana con suavidad.

– ¿Pero por qué...?– Su labio inferior comenzó a temblar levemente. – Yo no


voy a hacerle daño. 143

– Lo sabemos Ariel, pero...– Comenzó Dominik. 1

– Katherine ya ha mejorado mucho. No creo que le importe conocer a Ariel


teniendo en cuenta que es un niño. Y a ella le encantan los niños.–
Interrumpió Mace.

215
– ¡Sí!– Gritó el pequeño pelinegro. 10

– ¿Estás segura Mace?

– Sí. Pero Ariel, debes prometer que por muy dulce que huela no la
morderás. 66

– Lo prometo.– Susurró con enorme felicidad, pero a Hudson no le parecía


buena idea, pues si Ariel perdía el control, algo totalmente normal teniendo
en cuenta que es un crío, el necesitaría estar allí para evitarlo.

Pero tampoco quería ver a Katherine, sobre todo después de haberla


ignorado casi una semana, después de aquel beso.

Sí lo había hecho, era porque se sentía mal consigo mismo. Quería alejarse
porque es consciente de que no es bueno para ella, pero no puede, ya no. 3

Además, no ha podido dejar de pensar en sus carnosos labios, y el deseo de


volver a besarlos cada día se hace más fuerte y difícil de sobrellevar.
Porque la alegría que sintió cuando en vez de rechazarle o golpearle, le
correspondió, aún no se ha esfumado, ni tiene intención de hacerlo. 3

Y le parece injusto que por su culpa ella no pueda tener la vida que desea,
con la gente que desea o en el lugar que desea. Pero es demasiado egoísta
como para dejarla marchar.

– Pues vamos entonces.– Añadió Khalid bajo la matadora mirada de su


hermano menor.

Se dirigieron hacia el primer piso, y todas las empleadas del servicio de


mañana que se encontraban allí, suspiraban y murmuraban cosas
obscenas haciendo subir el ego de los hermanos varones. Por suerte, Mace
fué precavida y le tapó los oídos al último de los príncipes. 7

Se pararon frente a su puerta pero antes de que pudiera tocar, Hudson


Interrumpió.

– Creo que no es el mejor momento, ayer tuvo turno de tarde-noche.

216
– ¿Y cómo sabes eso? Si no fuiste al comedor ni la viste en ningún
momento...– Murmuró Mace demandante.

Hudson retrocedió avergonzado y no dijo nada más. 85

Tocaron la puerta una vez y no hubo respuesta, lo volvieron a hacer y


tampoco la hubo. A si que Mace, como buena mejor amiga, abrió la puerta
de par en par con toda la confianza del mundo, pero todos los vampiros
excepto Khalid y el pequeño, se taparon los ojos por si había algo que no
debían ver. 34

– No está.– Dijo Mace con extrañeza, pues a Kath le encanta dormir, es muy
raro que se levante antes de las doce de la mañana si no tiene que trabajar.
11

Todos entraron en la habitación, Hudson el primero, y desde este instante


ya empezó a cundir el pánico.

– ¿Sabes dónde está Katherine Ford?– Dominik se acercó hasta Lindsay, la


ama de llaves para preguntar.

– ¿Katherine? En sus aposentos.

– No, allí no está.

– Pues en las cocinas tampoco, acabo de estar allí. En ese caso lo único que
se me ocurre es que esté con su amigos, Viktor y Amber, que esté paseando
por el jardín o visitando a Raven. 38

– ¿Quién es Raven?– Preguntó en voz alta, llevándose la atención de sus


hermanos.

– Es un caballo del establo con el que Katherine se ha encariñado.–


Respondió. 1

– Es cierto, va a llevarle comida y agua todos los días.– Corroboró Hudson


cuando la sirvienta ya se hubo marchado, pero al instante se arrepintió de
hacerlo. 68

217
– ¿Y tú cómo sabes eso?– Su hermano mayor le miró con una ceja alzada.
20

Sí los vampiros se sonrojasen, Hudson ahora mismo parecería una cereza.


58

– Con Amber y Viktor no está. Acabo de verle a él podando los setos del
jardín delantero.– Habló Khalid salvando a su hermano de las burlas. 2

– Y con Amber tampoco, esa chiquilla estaba en el recibidor limpiando hace


un momento.– Añadió Mace.

– Sí, si no recuerdo mal, les asigné turno de mañana.

– ¿Estará con el caballo ese?– Inquirió Eliel mirando a su hermano con


sorna.

– Vamos a ver... Ariel, ¿quieres ver a los caballos? 45

– ¡Sí!– Gritó emocionado. 1

– Pues vamos...

Se encaminaron hacia las cuadras, aunque Khalid y Mace se cambiaron


antes para obviamente no entrar allí con tacones y un vestido formal.

– ¿Raven es ese caballo blanco y marrón debilucho?– Preguntó Khalid con


repugnancia, intentando no pisar estiércol. 10

– Sí, no entiendo porqué le ha llamado Raven teniendo en cuenta que es


blanco.– Habló Erik con gracia. 4

– Ella siempre quiso tener un caballo y llamarlo así. Supongo que


aprovechó la oportunidad.– Contestó Mace antes de llegar a la cuadra en
concreto.

– ¿Y el caballito?– Preguntó el pequeño con los ojos cristalizados al ver que


no había nada en la cuadra. 68

– ¡Eh tú!– El príncipe Eliel llamó a un sirviente que estaba dando de comer
al resto de caballos. 2

218
El chico pelirrojo con el rostro lleno de pecas se acercó con temor y con el
pulso temblando. 9

– ¿Sí se-señor?– Sus rodillas temblaban a causa del miedo.

– ¿Dónde está el caballo de esta cuadra?

– No-no lo sé señor. A-ayer estaba aquí.– Murmuró con nerviosismo.

Hudson a estas alturas estaba ya no solo cabreado, sino también


preocupado, aunque prefería ocultarselo al resto de sus familiares.

– Quiero que encuentres al jodido caballo. ¡Ya!– Gritó con su autocontrol a


punto de llegar al límite 1

El sirviente se marchó corriendo en busca del animal, y mientras la familia


McClaine observaba como uno de sus hermanos estaba a punto de perder
el control de sus poderes.

– Hudson relájate.

– ¡¿Qué me relaje?!– Vociferó con rabia. – ¡¿Cómo ha podido desaparecer


un puto caballo?! 46

– Basta, vamos a encontralo. ¿O lo que te preocupa es no encontrarla a


ella?

La pregunta se quedó en el aire dado que no hubo respuesta.

– ¿Se habrá escapado?– Preguntó Khalid segundos después, y el corazón se


le rompió un poco más al joven demonio.

– ¿Katherine o Raven? 74

– El caballo no ha podido escaparse porque la celda estaba cerrada con


llave, y Katerine tampoco lo ha hecho.– Respondió Mace.

– ¿Cómo lo sabes?– Inquirió Dominik con desconfianza.

– Porque lo sé, porque estaba progresando con vosotros y porque la


conozco. Aunque es cierto que la noté nerviosa estos días.

219
– ¿Entonces?

– Podría haberse ido, pero no lo ha hecho. Sobre todo porque he visto en su


habitación el reloj de su madre, es un tesoro para ella y jamás lo
abandonaría. Podría dejarse la ropa interior, pero el reloj nunca. 1

Los príncipes ordenaron a los guardias que buscasen tanto al caballo,


como a la humana. Y mientras tanto, el ambiente se había vuelto tenso y
estresante, porque incluso cuando vieron que el caballo faltaba, estaban
seguros de que Katherine no se encontraba fuera del castillo.

Pero ahora no estaban tan seguros de eso, incluso hablaron con Viktor y
Amber por si sabían algo. Y aunque Hudson intentó arrancarle la cabeza al
primero varias veces, y lo habría logrado si no hubiese sido por sus
hermanos, ambos mortales decían exactamente lo mismo.

"Si se hubiera ido, al menos se habría despedido de nosotros y no lo ha


hecho"

Por lo que teorías había muchas, pero ninguna se acercaban a la realidad y


solo lograban enfadar más al vampiro.

Un par de horas después de todo esto el castillo era un completo desastre,


los humanos no entendían el porqué de la repentina furia del príncipe
Hudson, pues se había dedicado a destrozar el mobiliario para intentar
relajarse y mantener sus poderes a raya. 8

Sobre todo uno de ellos. Escuchar a las sombras. Es su poder secundario,


pero el que más problemas causa, pues esos seres malignos pueden decirle
cosas cuando sus emociones negativas están al límite. Y este era uno de
esos casos, ya que la idea de que ella le había abandonado, cada vez le
parecía más real. 10

Y es muy difícil no escucharlas cuando solo alimentan tus miedos más


profundos y tus peores inseguridades. 2

Por eso sintió volverse loco cuando empezaron a susurrarle cosas como:

"Ella no volverá contigo..."

220
"¿Enserio creías que llegaría a amarte? ¿A tí? ¿ A un monstruo?..." 23

"Ese humano es mil veces mejor que tú..."

"Solo le produces asco"

"¿En serio te sorprendes? Era obvio que en cualquier momento iba a querer
huir de tí..." 17

Entonces, mientras sus hermanos intentaban calmarlo para distraerlo de


las voces, un guardia irrumpió en la habitación sin siquiera tocar.

– Han encontrado el caballo. 31

Se levantaron al instante esperando recibir más información, pero no era


precisamente esa la que querían escuchar.

– ¿Dónde?

– A las puertas del poblado, estaba muerto. Algo le ha arrancado la cabeza.


59

Mace sintió desvanecerse, Eliel tuvo que sujetarla para que no perdiera el
equilibrio. 28

Con máxima rapidez, se subieron a sus caballos y se dirigieron al poblado,


la mortal incluida, porque aunque su tua cantante se negó, no hay nadie
que consiga hacerla cambiar de opinión. 5

Y no tenían tiempo para ponerse a discutir.

No tardaron ni una hora en llegar gracias a sus veloces caballos. Avistaron a


una multitud de guerreros cerca de la verja, se bajaron de los animales y
llegaron allí en menos de un pestañeo a consecuencia de su velocidad
vampírica. 10

Mace se tapó la boca horrorizada, literalmente le habían arrancado la


cabeza a Raven. El cuerpo se encontraba unos metros más lejos dentro del
bosque.

221
Echó a correr hacia dentro del pueblo seguida por su novio y sus cuñados,
llegaron a su antigua casa y cuando vieron que esta se encontraba
totalmente destrozada y llena de sangre tuvieron que sujetarla a causa de
un mareo.

– Es su sangre...– Murmuró Hudson con la voz cortada. Sentía una horrible


presión en el pecho, como si algo no le dejara respirar. Ni siquiera la
enorme cantidad de sangre en el suelo le hizo algún efecto, no tenía
hambre, solo quería encontrarla sana y salva, aunque esa idea se alejaba
cada vez más de la realidad. 9

– Hay marcas de garras aquí.

– Son de un lycan.

– Si un licántropo la ha atacado...

– No está muerta Khalid. Ella no está muerta.– Susurró el joven castaño con
la voz rota. 31

Por otro lado, Katherine acababa de despertarse, seguía bajo esa oscura
casa, pero a diferencia de la última vez ya no era de noche. 68

Se arrastró para salir, prácticamente no sentía la pierna. Esa herida tenía


muy mala pinta, parecía infectada. 1

Consiguió levantarse a duras penas, el brillante sol la cegó


momentáneamente. Miró hacia todas partes, las calles estaban vacías y era
algo muy raro en las mañanas, pero no había ni un alma.

Recordó lo que había pasado anoche, seguía aterrorizada. Se echó a llorar y


comenzó a cojear sin rumbo por las calles de la pequeña ciudad.

Estaba muy desorientada, su vista empezó a nublarse y sus piernas a


temblar por no poder sostenerse en pie.

– ¡Socorro! ¡Ayuda!– Gritó con esperanza, pero no había nadie que pudiera
oírla.

O eso creía.

222
Un guerrero de la guardia real escuchó los gritos y se apresuró para llegar
hasta ella. Kath jamás pensó que echaría de menos a los vampiros. Pero
ahora había un ser al que odiaba más.

– Espera aquí. Voy a avisar a la familia real.– El soldado volvió a


desaparecer y la pequeña sensación de seguridad que había aparecido se
desvaneció junto a él. 2

Se quedó de rodillas en el suelo, temblando y sollozando, esperando con


ansias volver a ver a Mace y a... Hudson. 34

– ¡Majestades!– El guardia irrumpió en la morada de las mortales.

– ¿Qué?– Preguntó Dominik sin mirarlo, ya que solo se centraba en su


hermana, quién intentaba consolar a Hudson. 6

Nunca había visto a su hermano así.

– ¡La he encontrado!– Gritó algo preocupado por el estado en el que se


encontraba la chica. 2

Todos se giraron para mirarle como si no hubieran captado el mensaje. No


fué hasta que el chico volvió a desaparecer que ellos parecieron reaccionar
y fueron tras él.

Katherine se intentaba poner en pie mientras el agudo dolor en su pierna


provocaba que lágrimas cayeran sin control desde sus mejillas.

Hudson por fin pudo verla desde lejos, no tardó ni dos segundos en llegar
hasta su posición y arrodillarse ante ella.

Katherine se asombró al verle en ese estado, pues su cabello estaba


despeinado y se le veía agitado y nervioso.

No lo pensó dos veces y se lanzó a sus brazos, cosa que tomó por sorpresa
al vampiro que no sabía cómo actuar al respecto, sobre todo cuando la
humana comenzó a llorar en su pecho. 62

223
El resto llegó segundos después, ninguno era tan rápido como él y por ello
siempre llegaba el primero a todas partes. Además de que Eliel debía ir un
poco más despacio ya que cargaba a Mace. 27

En un intento por consolarla la rodeó con sus brazos, solo consiguiendo


que ella se aferrara más a su cuerpo. 1

– Tranquila pequeña...– Khalid se agachó junto a ella y acarició su espalda


con ternura.

– Era enorme... Enorme... 102

– Ya está, ya pasó. Jamás volverá a hacerte daño.– El joven príncipe


murmuró en su oído con delicadeza. 3

– No... No, él viene a por mí... Se-se sabía mi nombre... 39

Los vampiros se miraron entre ellos confusos por la última información


sacada a relucir, pero decidieron hablar sobre el tema en el castillo y no en
el medio de la calle.

– ¿Puedes levantarte?– Preguntó con suavidad, y ella negó.

– ¿Te importa que... Te cargue?– El príncipe se esperaba una obvia


afirmación, pero ella simplemente murmuró un "no" y se agarró
fuertemente a él. 66

Hudson se levantó con ella en brazos y caminaron a paso ligero hasta los
carruajes que acaban de llegar.

– ¿Quieres ir con Mace?– Decidió preguntarle cuando llegaron, pero no


obtuvo respuesta.

– Se ha dormido...– Murmuró su hermana con una sonrisa burlesca. – Creo


que te va a tocar llevarla durante todo el camino. 47

– No creo que eso sea un problema para él hermanita.– Añadió Erik con
gracia. 60

Continuar a la siguiente parte

224
CAPÍTULO XXIII 55.4K 5.6K 1.4K Autor: Rebeccapierce20 por
Rebeccapierce20

Alrededor de una hora después ya estaban de nuevo en el castillo. 13

Caminaron en fila por los pasillos desolados de la enorme mansión, ya que


a estas horas de la noche los sirvientes tienen prohibido salir de sus
habitaciones. No por capricho, más bien por seguridad. 3

Cuando llegaron a los aposentos de Katherine, Hudson posó su cuerpo con


delicadeza en la cama. Era tan frágil que tenía miedo de romperla. 2

– Nosotros nos vamos ya, Mace está muy cansada.– Susurró el sexto
príncipe con la humana medio dormida entre sus brazos. – ¿Hudson, te
quedas tú a curarle la herida?

– Sí...– Murmuró algo apenado por tener que quedarse a solas con ella. 89

– Bien, hasta mañana.

Sus hermanos se despidieron con un ademán y cerraron la puerta con


cuidado de no emitir ningún ruido.

Hudson se sentó frente a la cama, habiendo ido antes a buscar unas gasas y
un paño mojado. Sus colmillos amenazaban con salir mientras limpiaba el
corte, pero por suerte pudo reprimirse y no fué a más.

Sin embargo, sabía que esa enorme cortadura tardaría semanas en curar,
además de que dejaría una fea y gigantesca cicatriz. Por ello decidió que
dado que estaba dormida, y que aunque no lo estuviese se negaría en
rotundo a beber su sangre, iba a lamer la herida, y con suerte en un par de
semanas el corte desaparecería sin dejar marca alguna. 13

Pero no era tan fácil como parecía, el olor de su sangre le estaba matando y
era demasiada la tentación que debía soportar para no morderla.

Aún así, lo hizo, y en cuanto su lengua entró el contacto con el dulce líquido
no pudo evitar que saliesen finas venas negras bajo sus ojos. Era un sabor
tan delicioso y adictivo que no pudo parar cuando debió hacerlo, tanto así

225
que estuvo a punto de clavar sus colmillos en ese mismo lugar si no
hubiese sido por el movimiento repentino de la muchacha. 17

Katherine se estiró cómoda sobre la cama y abrió los ojos segundos


después encontrándose con el vampiro. Rápidamente, se sentó y alejó un
poco del susodicho causándole un pinchazo de dolor en el pecho que
ocultó con maestría. Aunque no era hacer daño la intención de la
muchacha.

– ¿Qué ha ocurrido?– Murmuró asustada. 4

– Tranquila, ya estás de vuelta en el castillo. Mañana mis hermanos y yo


queremos hablar contigo sobre lo que pasó y sobre por qué te encontrabas
en ese lugar.

Habló con el tono más frío que pudo usar, aliviado por haber podido
esconder las venas a tiempo.

– Está bien...– Susurró apenada.

– Ahora debes descansar.

– Gracias...

– ¿Por qué?

– Por ir a buscarme, en verdad os lo agradezco.

– No hay de qué...

– Ehm... Bueno, creo que voy a ducharme, estoy llena de barro... 17

– Claro, por supuesto,– llegó a la puerta rápidamente– llamaré a una


limpiadora para que recoja tu ropa.

– Muchas gracias...

Y antes de poder decir nada más, el vampiro ya había desaparecido sin


dejar rastro. 13

226
Katherine se deshizo de su ropa con rapidez, dando con que la herida en su
pierna estaba perfectamente vendada. Sonrío levemente muy agradecida
con el comportamiento del príncipe, aunque se hubiese vuelto así de frío e
indiferente.

Entró en la ducha y se lavó el cuerpo con frenesí sin mojar las gasas.
Después se vistió con una camiseta enorme a modo de pijama y salió del
baño. Su ropa ya no estaba en el suelo, pues probablemente una
encargada de la limpieza ya la había recogido. No le dió demasiada
importancia, aunque no le gustaba la idea de que hubieran despertado a
una empleada solo para lavar, o más bien arreglar su rota vestimenta.

Por otro lado, Vicky, la limpiadora que se había llevado el vestido y


complementos de la humana, se encaminó algo asustada, acompañada
por un guardia, hacia la sala común de los príncipes, dónde fué recibida
con la misma frialdad y desinterés que los herederos imparten con todo el
servicio, cuando hay nobles cerca que puedan estar escuchando. 4

– ¿Qué es lo que quieres?– Preguntó con desdén Jackson desde su butaca.


El resto se encontraban demasiado ocupados leyendo, como Hudson,
acariciando a su alma como Eliel o jugando al ajedrez como Erik y Khalid.

– Se-señores... Ehm...

– ¿Sí...?

– Me han dicho que arregle el traje de la señorita Ford, pero está demasiado
rasgado, es imposible.

– Si solo es eso ya puedes retirarte a tus aposentos. Tira el vestido a la


basura y mañana llévale unos nuevos.– Eliel respondió mientras observaba
el rostro concentrado de su amada, la cual había perdido todo ápice de
sueño al haber empezado un libro al que pocos minutos después se había
enganchado. 72

– Está bien, gracias majestades. Ah, he encontrado una bolsa en un


remiendo del corset. ¿Se lo devuelvo a la señorita? 150

227
– ¿Qué bolsa?– Mace se quitó sus gafas de lectura para observar bien a la
muchacha. 7

– Una pequeña bolsita negra, no la he abierto ni mucho menos. Aquí está.


26

– No te preocupes, mañana se la entregaremos personalmente.– Jackson


se levantó y cogió el pequeño paquete sin delicadeza. Segundos después la
doncella se retiró de la habitación dejando un ambiente de curiosidad en el
aire.

– ¿Qué será?

– Jackson,– su hermana le reprendió duramente con la mirada. – No seas


cotilla. 3

– Agh venga Khalid, no me vengas a dar lecciones cuando tú eres la primera


cotilla y chismosa que se mete en la vida de los demás.– Sonrió con burla
habiendo logrado enfadar a su hermana. 2

– Que te den.

– Además, no creo que sea para tan... ¡Joder!– Dejó caer el saquito,
provocando que los polvos negros acabaran esparcidos por todo el suelo. 6

Miró la piel quemada de su dedo con una mueca de confusión. Sus


hermanos se levantaron al instante, observando con incredulidad las
ampollas en la piel de Jackson.

– ¿Qué cojones...?– El afectado sentía un escozor agudo que podría


equipararse con haber metido la mano en metal fundido.

– Es Verbena...– Khalid se agachó para confirmarlo. – Y no solo eso, Verbena


concentrada.

Mace no lo dudó y se dispuso a recoger todo el polvo posible para que


nadie más se hiciera daño, aunque iban a necesitar varios productos
corrosivos de limpieza para eliminar cada molécula de veneno en las tablas
de madera.

228
– Esto podría haber matado a alguien.

– ¿Creéis que Katherine a...?

– ¡Guardia!– Hudson gritó tanto dolido como enfurecido. – Trae aquí ahora
mismo a la señorita Katherine Ford. 128

El guerrero no dudó y salió en su busca, mientras Mace seguía recogiendo


el polvo, siendo la única en la habitación que podía hacerlo. Y la verdad,
ella estaba tan sorprendida como el resto. La Katherine que conocía jamás
tendría algo así en su poder. 19

Katherine fué acompañada por el soldado hasta el séptimo piso sin saber el
motivo, en un principio dedujo que quizás los príncipes querían hablar de
lo ocurrido en el poblado.

Cuando entró en la habitación y sus ojos se toparon con los sangrientos e


hipnotizantes de Hudson, supo de inmediato que algo iba mal.

Se fijó en Jackson, que sostenía su mano quemada con una mueca de


aparente dolor, luego en una parte de la madera del suelo que tenía un
peculiar brillo negro, y por último en la pequeña bolsita negra que Mace
tenía entre sus manos.

No tardó en reconocerla y en sentir como el alma se le caía a los pies. Se


había olvidado completamente de la jodida Verbena. 1

– ¿Qué coño es esto Katherine?– Mace murmuró atónita y asustada por el


futuro que le depararía a su amiga.

– No lo sé...– Intentó hacerse la desentendida. 16

Pero algo la empujó con mucha fuerza, acabando pegada a la pared que
tenía detrás. Hudson la miraba rabioso, decepcionado y dolido mientras su
cuerpo apretaba al de la pequeña humana con bastante fuerza. 4

– ¿Qué coño pretendías hacer? ¡¿Eh?! ¡¿Matarme?! ¡¿Matarnos a todos?!–


Gritó con furia y su autocontrol al límite. 68

– Yo no iba a...

229
– Ni se te ocurra mentirme.

Hudson no se daba cuenta de que el agarre en las muñecas de Katherine


era demasiado fuerte, y de que en verdad la estaba lastimando. 1

– ¿Llevas con eso todo este tiempo?– Erik entró en escena queriendo que
su hermano se calmara.

– Sí.

– ¿Y no lo has usado contra nosotros en ningún momento?– Inquirió Khalid


con impresión. 4

– No...

– ¿Teniendo la oportunidad? Estando en las cocinas podrías habernos


envenenado a todos el primer día.

– Pero no lo... Hice.– Susurró aguantando el dolor en sus antebrazos.

Volvió a mirar al quinto príncipe, sus colmillos estaban fuera y las venas
bajo sus ojos demasiado visibles. El miedo comenzó a apoderarse de ella,
pero reprimió las lágrimas para que no la vieran flaquear, aunque lo único
que quisiera en esos momentos fuese llorar como una niña pequeña. 2

– Hudson basta.

– ¡¿Quién coño te dió el veneno?!

– No lo sé...

– ¡Mientes!– Alzó la voz fuera de sí.

– No miente Hudson, no sabe quién se lo dió y tampoco tenía intención de


utilizarlo contra nosotros. Ella puede mentir pero su mente no, ya lo
sabes.– Dominik intervino. – Y también sé que la estás haciendo daño y que
tú no quieres eso. 54

Pareció reaccionar y la soltó al instante, ya no solo con arrepentimiento, si


no también con enfado hacia sí mismo. Su rostro volvió a la normalidad y
sus ojos se desviaron hacia las muñecas de la chica, las cuales se

230
encontraban levemente rojas, y que seguro que en unas cuantas horas
portarían feos moratones. 3

– Lo-lo siento...

– No vuelvas a acercarte a mí...– Murmuró con agudo dolor y los ojos


cristalizados antes de salir de la habitación lo más rápido que pudo. 87

Entró a su habitación y cerró con llave con las manos temblorosas, pero
cuando se dió la vuelta su cuerpo chocó con algo duro, grande y robusto.
37

Levantó la mirada con temor. Se trataba de Hudson, cuyo rostro expresaba


un profundo dolor. 45

Retrocedió asustada, él avanzó junto a ella. Acabó acorralada contra la


pared, e irrmediablemente pensó que iba a hacerla daño. Pero el vampiro
solo se lanzó contra ella para abrazarla con fuerza y esconder el rostro en
su cuello. 82

Katherine estaba estática, pero su cuerpo fué perdiendo tensión al notar


los leves temblores en el cuerpo del muchacho.

– Lo siento, lo siento, lo siento...– Murmuró una y otra vez como si no


pudiera parar. – No quería hacerte daño princesa... Por favor perdóname...
238

Se dejaron caer hasta el suelo, el vampiro no tenía intención de soltarla y


ella, por mucha confusión y enfado que sintiera, acabó dormida entre sus
brazos, haciendo que el corazón del príncipe saltara de la emoción.

124

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXIV
Abrí los ojos con suma lentitud mientras me revolvía incómoda en la cama,
pues sentía un extraño peso sobre mi cintura. 88

231
Cuando por fin me di cuenta de lo que significaba eso, abrí los ojos de golpe
y levanté la cabeza sutilmente, descubriendo que ese peso no era nada
más y nada menos que un brazo. 2

Alcé más la mirada y para mi sorpresa, choqué con una mandíbula


marcada, un pelo castaño y sedoso, una nariz perfecta y unos labios
extrañamente deseables. 44

Abrí la boca en sobremanera y sentí los latidos de mi corazón acelerarse.


No por miedo, en realidad por su cercanía y el agarre que ejercía sobre mí.

Debí quedarme unos segundos hipnotizada admirando su rostro. ¿Es


normal que fuese tan perfecto? No lo creo, por no hablar del momento en
el que tuve la gran idea de intentar moverme, haciendo que mis manos
tocasen una superficie fría y dura. 52

Tardé demasiado en darme cuenta, después de estar un rato palpando, en


que estaba manoseando su bien formado torso desnudo. Aparté las manos
de ahí súbitamente, provocando que un ronco gruñido se escapase de sus
labios. 95

Por suerte eso no fué suficiente para despertarle, por lo que mientras tanto
me quedé observando mis muñecas, repletas de pequeños moratones que
dolían al presionarlos. 17

Quise ir al baño para curarlas, o hacer cualquier mierda con tal de que se
quitasen. Aunque realmente ya estoy acostumbrada a este tipo de cosas.
Por mínimo que sea el golpe reciba, ya tengo la zona cubierta por
cardenales. 6

Supongo que hice algún movimiento brusco, por el cuál él príncipe se


removió de su sitio y acabó por posicionarse encima de mí para después
estrujarme entre sus brazos. No sé qué estaría soñando, pero apretaba con
afán. 98

Tuve la extraña tentación de tocar su sedoso cabello, y mira que la


situación ya era de por sí rara, pero nada, ya estoy yo para empeorarlo
todavía más. 1

232
Tuve eso bien claro al descubrir lo sedoso que era su pelo, pero al escuchar
de nuevo un gruñido proveniente de lo más profundo de su garganta,
aparté mis dedos de inmediato, y este gesto solo hizo que Hudson
levantase somnoliento la cabeza, para después toparse con mi inmóvil
mirada. 8

Se quedó quieto unos momentos, creo que para procesar la información.


Entonces se levantó rápidamente avergonzado con la cabeza gacha, y se
sentó en el borde de la cama. 6

– Perdona... Ehm... Es que yo... Me dormí y... Quiero decir,– se apresuró a


corregirse – tú, tú te dormiste y quería llevarte a la cama para que no
durmieras en el suelo, pero tenías mi camisa agarrada y no la soltabas, y no
quería despertarte, así que me tumbé aquí a esperar que dejaras de
agarrarme, pero me quedé dormido y... 169

– No importa, en tal caso fué culpa mía por... Agarrarte inconscientemente.


1

– Tranquila, no me importa... Me refiero a que no tengo problema, o sea,


quiero decir que... No es nada.– Hablaba muy rápido y diría que
prácticamente sin respirar. 43

– Está bien...– Asentí algo incómoda.

Sonreí levemente, pero esa pequeña mueca desapareció al notar como su


rostro avergonzado se había ensombrecido a tal punto de que sus ojos
parecían expulsar llamas. 9

Tragó en seco y agarró mi mano con delicadeza, aunque también con un


temblor constante.

– Yo... Lo siento, tengo que irme. 40

Solo me bastó con pestañear para darme cuenta de que se había


esfumado. 6

Otra vez.

233
Me dejé caer en la cama y suspiré incontables veces mientras pensaba en el
comportamiento extraño, confuso e irracional de Hudson.

– Venga enana. Necesito que te des prisa.– Dije en un suspiro agotada por la
larga y cansada jornada de mañana que había tenido hoy. 4

– No es mi culpa que te marcaras la escapada del siglo para que encima te


saliera mal.– Reprochó Amber con un tono burlón.

– Punto número uno, no me escapé. Y punto número dos, tampoco es mi


culpa que una bola gigante de pelo con garras y colmillos decidiera
comerse a mi caballo y perseguirme por toda la cuidad. 4

– ¿Me dirás por qué fuiste?

– Ya lo he dicho. Fuí a buscar una cosa a mi casa.

– ¿Qué cosa?

– Un vestido.

– Si vas a mentir a los príncipes, al menos hazlo bien. ¿Enserio creés que
llegarían a creerse semejante estupidez?

– Normalmente no, pero viniendo de mí a lo mejor... 18

– Ni lo pienses. Recuerda que el mayor tiene habilidades psíquicas. 1

– Tranquila que eso no se me olvida. Es cojonudo. 21

– Debe ser muy divertido para tí.– Sonrió con sorna.

–Sí, obviamente me encanta que sepa lo que pienso cada vez que me da
por mirarle a los ojos.– Murmuré en tono sarcástico. – Ahora en serio. Odio
con todo mi ser que me lea la mente, es como una invasión a mi privacidad.

234
– Es lo que hay. 1

– Pero bueno, técnicamente sí que fui a buscar un objeto.

– Pues ya está, no especifiques. Di eso y procura no mirarle a los ojos.

– No pienso ni levantar la cabeza.

– ¿Por lo del licántropo? ¿Por Dominik? ¿O por lo de Hudson? 2

– Un poco de todo. Sí que me chocó encontrarle durmiendo conmigo en la


mañana, y que a los dos minutos de despertarse desapareciera.

– Tendría que haber visto tu cara...– Estalló en carcajadas mientras


terminaba de limpiar la última lámpara.

– Que graciosa...

– A que sí, ¿verdad?

– Estoy preocupada Amber, no voy a especificarte mi propósito de ir al


poblado, porque lo último que quiero es involucrarte. No creo que la
familia real me haga daño, pero como algún noble se entere de esto...

– ¿Qué...?

– Querrán mi cabeza adornando sus despachos.

– No puede ser tan grave. ¿No?

– Ya te digo yo que sí Amber. Y tanto que sí.

Me encaminé con los nervios a flor de piel y las piernas cual gelatina hasta
la habitación donde los príncipes me habían citado.

Dudé en girar el pomo, e incluso llegué a pensar que lo mejor sería volver
sobre mis pasos y salir corriendo . Pero la puerta se abrió y ya no había
nada que hacer, ni habría nadie que viniera a salvarme el culo.

235
– Te estábamos esperando.– Khalid abrió la puerta del todo y me mostró
una enorme habitación en la cual a parte de ella se encontraba el resto de
su familia.

Me hicieron sentarme en una silla con tono exigente y brusco, y bajé la


mirada intimidada por la intensidad de sus miradas. Pero conseguí
relajarme cuando me fijé en que en una esquina del cuarto se encontraba
Mace con una leve sonrisa tranquilizadora.

– Bien Katherine, nos lo vas a contar absolutamente todo. No habrá


excusas, ni medias verdades, y espero que seas sincera porque de otra
manera, no podremos protegerte. 59

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXV 52K 5K 431 Autor: Rebeccapierce20 por Rebeccapierce20 –


¿Bien Katherine, qué hacías en el poblado?

– Fuí a... A buscar una cosa.

– ¿Qué cosa?– En todo momento me mantuve con la cabeza gacha para


que Dominik no pudiera leer mis pensamientos, quizás esa acción levantó
sospechas, pero era preferible a que descubriesen nuestro pequeño
secreto. 24

– Una cosa. 4

– Kath... Por favor, no lo hagas más difícil.– Rogó Khalid. Intenté ponerme
seria, pero se me escapó una pequeña sonrisita al escuchar como me había
llamado. 1

Miré unos instantes hacia Hudson, el cual apartó la mirada de forma triste y
apenada en cuanto la mía se cruzó con la suya.

– Era una cosa que... Mis padres me regalaron cuando era pequeña. Un
pequeño diario. 6

– ¿El de Tiana?– Preguntó Mace con sorpresa, pues sabe que el diario no es
tan importante para mí como para arriesgarme y salir del castillo.

236
– No, el de la Bella y la Bestia. 4

El punto es que no tengo, ni nunca he tenido nada de la Bella y la Bestia. A


si que me limité a rogar que entendiera la referencia y no la cagase
hablando de más. 35

– ¿De la Bella y la Bestia? Pero sí... 7

Por la expresión que puso y el gesto de impresión plasmado en sus ojos,


creo que no tardó en captar la idea. Ahora solo necesitaba que no le
contase nada a Eliel.

– ¿Y te arriesgaste tanto por un librito?

– Katherine le tiene mucho cariño.– Suspiré aliviada al saber que Mace


había decidido mantener la boca cerrada.

– Es algo muy preciado para mí.– Ayudé a maquillar la historia con la


máxima seguridad posible.

– Bien... Ehm... ¿Y qué pasó con Raven?

Sufrí un fuerte escalofrío al recordarlo, tragué en seco y me decidí por


contar toda la verdad.

Al menos en esa parte.

– Yo... Me bajé de Raven y escalé el muro por la parte donde están los
portones de entrada y salida, ya que trepar agarrándome a los barrotes ,es
más fácil. Llegué a casa, cogí el diario y volví rápidamente hacia donde
había atado al caballo. No entiendo cómo pasó, no me demoré ni diez
minutos en regresar.– Suspiré con pesadez y continúe con mi relato. –
Escalé de nuevo, me di cuenta de que Raven no estaba y de que aún
quedaba un trozo de correa rota atada al árbol...

– Continua. 5

– Entonces, algo rodó hasta mí. Era la cabeza de... Raven. Gracias a la luz de
la luna pude distinguir una pata escondida entre los árboles y la maleza,
eso fué lo que me hizo reaccionar y ponerme alerta. Antes de salir al

237
completo y venir hasta mí, el licántropo susurró mi nombre, y obviamente
no me quedé a preguntarle cómo lo sabía. Logré saltar la valla a tiempo,
pero por las prisas me corté en la pierna. Corrí hasta casa, pensando que ya
estaba a salvo, aunque no podía estar más equivocada. Entró por la
ventana, yo salí de nuevo aterrada y me adentré en las calles de la ciudad
mientras él no dejaba de perseguirme. Al final encontré un buen escondite,
y me quedé ahí hasta por la mañana que... Me encontrasteis. 14

– ¿Es todo?

– Sí..

– ¿Y dónde está el diario ahora?– Preguntó Erik con curiosidad. 30

– Creo que lo perdí mientas corría, pero da igual, ya no tiene importancia. 1

– Vale Kath, lo has hecho muy bien. Te acompaño a tus aposentos.– Mace
se levantó, me cogió la mano, y juntas salimos de la habitación sin levantar
sospechas. 20

O eso creíamos.

Narrador.

– ¿Os lo habéis creído?– Preguntó Jackson mientras miraba con una mueca
su dedo vendado, aunque no le guardaba rencor a Katherine, pues ella ya
se había disculpado.

– Creo que sí ha dicho la verdad. No se ha trabado, no ha tenido que parar


para pensar, y parecía muy convencida y aflijida mientras lo decía.–
Comentó Khalid. – Pero creo que oculta algo. Y creo que Mace también.

– Mace no me ocultaría nada.– Dijo Eliel con enfado. 62

– Normalmente no Eliel, pero si piensa que podrías enfadarte, o que eso va


a perjudicarla no solo a ella, si no a Katherine también... 1

– Hablaré con ella en la noche, nunca ha sido capaz de mentirme y espero


que esta no sea la primera vez.

238
19

– ¿Qué coño ibas a hacer con el liber prohibitoruom?– Mace susurró


alterada una vez se aseguraron de que no había oídos ajenos escuchando
la conversación.

– Nada, solo quería comprobar una cosa.

– ¿Y qué es tan importante como para que te escapes del castillo?

– ¿Acaso importa ahora?

– Sí, sí que importa.

– Joder... Mira, simplemente tuve un sueño muy extraño, en el que aparecía


un hombre lobo, me entró la curiosidad y quise que ver cómo era su
aspecto. 6

– ¿Solo eso?

– Sí, pero lo peor de todo, es que sabiendo que nunca he visto a un lycan
acerté, o más bien, mi mente acertó con su aspecto. El dibujo en el libro
prohibido, era una copia exacta al de mi sueño.

– ¿Y el que te atacó en el poblado?

– No lo sé, era de noche y tampoco me paré a escanearlo, pero sí, creo que
era más o menos igual..

– Quizás sí que lo viste. Quiero decir, en los meses que estuviste sola en
casa, ¿jamás miraste la sección de los licántropos?

– No.

– ¿No?

– Que no, de verdad. Ni la de los licántropos, ni la de las brujas. Tenía otras


cosas en las que pensar, aparte de hacer tu antigua jornada, como buscar
la forma de sacarte de aquí. 2

239
– Vale, vale. Está bien. En ese caso, puede que solo sea una coincidencia.

– Supongo, pero no deja de ser raro.

– La verdad es que sí...

Katherine y Mace iniciaron de nuevo la marcha en un silencio cómodo.


Ambas estaban absortas en sus pensamientos, probablemente pensando
en qué iban a hacer con el maldito libro.

– Creo que debería quedarse donde está.– Katherine murmuró sin detener
el paso, volviendo a llamar la atención de su amiga.

– ¿El qué?

– El liber prohibitoruom. Está guardado en un lugar seguro y no creo que


haya necesidad de moverlo.

– ¿No vamos a contarles nada?– Preguntó con confusión.

– ¿A la familia real? ¿Acaso estás loca?

– No Kath pero... Es un libro prohibido, quizás deban saber que hay cosas
de estas circulando por el reino.

– Entiendo que quieras a Eliel y que sientas el deber de protegerlo. Pero no


puedes vender así como así a esas personas que nos ayudaron cuando lo
necesitamos, a pesar de los riegos. 1

– No quiero mentirle Kathy, él jamás me ha ocultado nada, y yo a él


tampoco. 36

– Supongo que esta es una de esas veces en las que no queda más remedio.
¿Eres consciente de que si se lo contamos, buscarán a los responsables y
los juzgarán?

– Han violado la primera regla, y no digo que merezcan la muerte, me


parece horrible que se siga haciendo eso hoy en día. Pero como los nobles
se enteren de esto, cargarán contra los McClaine y yo no quiero eso. 19

240
– Por eso nadie debe enterarse. Y te recuerdo que tú también has violado la
primera regla. 2

– Y tú.– Soltó una pequeña risa.

– No, yo varias.

44

Ambas estallaron en carcajadas como no lo habían hecho en mucho


tiempo, tanto que Mace tuvo que sostenerse el vientre a causa de los
profundos pinchazos que empezaba a sentir. 3

Sin duda, habían pasado demasiado tiempo separadas, y ya era hora de


que volvieran a ser felices juntas una vez más. 41

Capitulo..
Katherine se encontraba picando chocolate, ajena a la conversación que
mantenían sus compañeras de trabajo sobre cuál era el vampiro más
buenorro del reino. Ella siempre pone mucho empeño y esfuerzo en lo que
cocina y suele perder la noción de lo que pasa a su alrededor mientras lo
hace. 18

En este caso, como los príncipes ya estaban con el segundo plato, solo
quedaba preparar el postre, un delicioso suflé de chocolate que iba a
disfrutar ella también cuando la familia real culminara su velada. 3

En verdad era la única que estaba trabajando, y tuvo que hacerse cargo de
los nueve dulces ella sola. 7

Pues es que Lindsay, la ama de llaves y jefa de cocinas, estaba enferma y no


había nadie que supervisara que el resto de cocineras hicieran su trabajo.
Como siempre, Kath tuvo que comerse el marrón, mientras Lisa y las
demás se la pasaban parloteando sin hacer nada. 8

Llegó el momento de sacar el plato, y ahora sí, todas estaban más que
dispuestas a aportar su granito de arena, aunque no hubieran ayudado en
absoluto en lo que a su elaboración respecta. 4

241
Cuando salieron con postre en mano, descubrieron que un pequeño niño
de unos seis o siete años aproximadamente, ocupaba uno de los asientos
que usualmente estaba vacío.

Katherine se acercó con las demás extrañada, y juntas posaron los platos
frente a cada uno de los príncipes.

Cuando intentó servir a Hudson, Lisa le dió un codazo mal disimulado y un


leve empujón, para así poder ser ella la que colocara el suflé frente al
quinto príncipe de manera provocativa. 57

A lo que simplemente rodó los ojos de manera sutil, para no provocar un


problema delante de un niño.

– Khalid, ¿y mi chocolate?– Preguntó el pequeño mirando a sus hermanos


con ojos de cachorrito, pues ellos tenían chocolate, y él no. 8

Kath abrió la boca ligeramente, algo confusa, el niño había llegado al final
de la cena de imprevisto, y nadie le había avisado de ello. En consecuencia,
no había preparado ningún postre para él.

– Katherine, dijiste que los habías hecho todos.– Lisa le reprendió con
enfado. 15

– Yo no sabía que...

– ¿Es que no puedes hacer nada?– Susurró de mala manera, pero los
príncipes, llegaron a oírla.

– Ah... Hay-hay otro en el congelador, era para mí y por eso no lleva sangre
pero... 3

– ¿Eres tonta? No puede comerlo si no lleva sangre. ¿No ves que es un


vampiro? Estúpida...– Murmuró entre dientes. 39

– ¿Cómo te llamas?– Erik interrumpió sus cuchicheos, provocándole un


sonrojo notorio a kilómetros.

– Lisa, mi príncipe. 19

242
– Bien Lisa, tengo una pregunta. Has dicho que ella no los ha hecho todos.

– Sí...

– ¿No se supone que es un trabajo en equipo? ¿Lo ha hecho todo ella?

– No, lo hemos hecho entre todas...– Susurró con nerviosismo. 2

– Eres una mentirosa.– Dominik entró en escena. 116

– ¿Perdón?

– Creo que se te olvida que soy un vampiro y que tengo dones psíquicos.
Lisa. 36

– Pe-pero...

– ¿De qué coño vas? ¿Encima de que ella ha hecho todo el trabajo eres
capaz de recriminarle algo? Ni siquiera es culpa suya, no os avisamos de
que Ariel vendría.– Khalid siseó enfada, después de haberle dado su suflé al
pequeño de los hermanos McClaine. 12

– Lo siento...

– No hay perdón que valga. Retírate. Tú y todas. Excepto Katherine. 1

– Pero mis seño... 5

– Fuera de mi vista.– Hudson habló sin tapujos, pareciendo tener la


paciencia al límite. 67

Rosie tiró de la pelirroja para que se moviera, ya que no parecía tener


intención de marcharse. Al final todas lo hicieron a regañadientes, y Kathy
sin saber porqué, sufrió de un leve sonrojo.

– ¿Estás bien?– Mace se levantó preocupada por lo que pudieran provocar


en su amiga los malos tratos de Lisa. 1

– Tranquila, estoy acostumbrada. 1

– Si vuelve a ocurrir le pondremos una sanción. Y no habrá excusas que


sirvan de algo.– Habló Khalid en tono decidido.
243
De repente, el pequeño vampirito saltó de la silla con los labios y la mejillas
bañadas en chocolate, y se acercó rápidamente hasta donde se
encontraban las dos humanas. Haciendo que el corazón de la cocinera,
saltase por el leve miedo que le producía el hecho de que por muy joven
que fuese el niño, podría atacarla de todas formas. 2

– ¡Hola!– Gritó emocionado con su dulce y aguda vocecita. 84

– Ariel...– Le reprendió su hermano Jackson en tono de aviso.

– Hola...– Katherine se relajó pasados unos segundos. Ese crío era la cosa
más adorable que había visto nunca. No podría tenerle miedo, y muchísimo
menos tratarle mal. 44

– Tu tarta estaba riquísima.– Dijo con seguridad y un brillo peculiar en los


ojos. 16

– Me alegro de que te haya gustado.

– Es la mejor que he probado...– Esta vez susurró haciendo que el corazón


de la humana se llenara de ternura.

– Gracias pequeño...

– ¿Cómo te llamas?

– Katherine.

– Yo Ariel. 8

– Que nombre más bonito.

– Tú también eres muy bonita, mi hermano me dijo que eras la chica más
guapa del reino y tenía razón. 265

Un calor abrumador ascendió hasta sus mejillas, y sonrió avergonzada aun


sin saber a qué hermano se refería. Sinceramente, era algo que no
esperaba. 9

– Ariel...– Su hermana susurró con los ojos abiertos en sobremanera


conteniendo sin mucho éxito la risa.

244
– ¿Quieres jugar conmigo?

– Ehm...

– Ariel, acaba de terminar su turno, está cansada.– Eliel miró a Hudson de


reojo y se dispuso a levantarse.

– ¿No quieres jugar conmigo?– Sus pequeños ojitos rojos comenzaron a


cristalizarse. – Tengo coches y motos, y muchas cosas... 119

– Claro que quiero jugar contigo. Cuando quieras.

– ¡Bien!– Se le formó una sonrisa de oreja a oreja. – ¡Vamos!

Agarró suavemente la mano de Katherine, sorprendiéndose gratamente al


descubrir que esta estaba ligeramente caliente.

– ¿Tus manos son calientes? ¡Qué guay! 96

Kath sonrió con gracia, sin duda ese crío contagiaba la felicidad por donde
quiera que pasase.

– Khalid, Khalid. ¿Katherine puede venir a jugar conmigo?

– Ariel, te hemos dicho que está cansada...

– No hay problema.– La interrumpió. – Mañana me toca turno de tarde otra


vez, tengo tiempo para descansar.

– ¡Vamos! ¡Tú también Mace! ¡Nos lo vamos a pasar muy bien.

Cogió a Mace de la manga y las arrastró a las dos hasta el séptimo piso,
donde se pasaron al menos una hora jugando al escondite, al pilla pilla y a
otros juegos, hasta que las mundanas cayeron rendidas y se durmieron una
al lado de la otra en el suelo de la habitación de Ariel.

25

– De verdad no entiendo tu comportamiento.

245
Mientras, el resto de la familia real se encontraba, como no, en su sala
común, discutiendo acerca de lo que Hudson creía erróneamente que era
lo correcto.

– No hay nada que entender.– Dijo seco.

– Primero te comportas cercano a ella y luego la ignoras. ¿Acaso eres


bipolar?– Contestó su hermana con molestia. 89

– ¿Acaso viste las marcas que le dejé?– Preguntó dolido. – Lo mejor para
ella es estar alejada de mí. 22

– Por la Diosa Hudson, fué un accidente, a los vampiros nos cuesta


controlar la fuerza, tú no querías hacerle daño.

– Pero se lo hice.

– Lo único que estás logrando es perderla. ¿Qué harás si se enamora de


otro?– Intervino Dominik. 70

Se le escapó un gruñido ante la idea, pero siguió firme en su postura de que


debía alejarse para mantener su seguridad. 8

– Quizás sea lo mejor. Quizás estar con otro... Le haga bien. Cualquier
humano la haría más feliz que yo. 24

– No te corto la cabeza porque no te volverá a crecer. ¿Es que soy la única


inteligente en esta familia? 71

– Solo quiero lo mejor para ella.

– ¿Y qué hay de tí? ¿Soportarías verla feliz con otra persona?

– Soportaría cualquier cosa por ella. 47

– No me estás entendiendo. ¿Podrías soportar verla tocar, abrazar y besar a


otro? ¿Aguantarías verla formar una familia, con alguien que no seas tú?
¿Verla Envejecer? ¿Morir? 19

– No, no podría.

246
– ¿Entonces?

– No me importa morir de tristeza con tal de verla sonreír todos los días de
su vida. 88

– ¿Y cuando ella... Ya no esté? 1

– Moriré para ver cómo sigue sonriendo a dónde quiera que vaya.

292

CAPÍTULO XXVII
– ¡Aaahh! ¡Dios! ¡Viktor! ¡Me haces cos-cosquillas!– Grité como una loca
mientras mi querido amigo se dedicaba a torturarme. 77

– Agh venga, no puede ser que tengas cosquillas en todas partes.–


Respondió entre risas, mientras peleábamos en el césped del jardín
trasero. 19

– ¡Sí! ¡Sí puede ser! ¡Ya te digo yo a tí que sí!– Chillé con las lágrimas
saltadas mientras forcejeaba por liberarme del agarre de Viktor. 1

– Vale, vale, ya paro. Pero solo para que dejes de llorar– Cedió al final con
una sonrisa burlona. – Eres una dramática.

– No soy una dramática, solo soy particularmente sensible a que alguien


presione mis costillas en contra de mi voluntad.

– Si lo dices así, hasta parezco un pervertido. 22

– Seguro que lo eres.

– ¡Oye!

– A ver, cuéntame, ¿qué es eso tan importante que ibas a decirme antes de
atacarme brutalmente?– Murmuré entre risas mientras me sentaba en la
hierba a su lado. 6

247
Viktor carcajeó fuertemente por mi ocurrencia.

– ¿Recuerdas que te dije que me gustaba una chica? 28

– Sí...

– Pues creo que ya estoy preparado para decirte quién es. 63

– Venga, adelante.

– Es muy guapa, pelirroja, creo que medirá un metro setenta, seguro que la
conoces, trabaja en el departamento de cocina contigo. 125

–...

– ¿No la...?

– ¡¿Eres tonto?! ¡¿Lisa?! 29

– ¿Por qué, que pasa?

– ¡Pasa que tienes a cientos de chicas geniales aquí, y tu te enamoras de la


mayor zorra del maldito lugar! 68

– Pero... No entiendo.

– Lleva tratándome mal desde que llegué aquí. Es una puta loca
enamorada casi, sin el casi, de forma psicótica de los vampiros. 9

– ¿Enserio?

– ¡Sí! ¡Es horrible que todo el rato se les insinúe! ¡Y delante de todas
nosotras! Está con Hudson que no caga, es enfermizo. 9

– ¿Te molesta que intente ligar con los vampiros delante de tí y tus
compañeras? ¿O te molesta que lo intente con Hudson? 60

– Me molesta que... Espera, ¿qué quieres decir con eso?

– ¿Cómo que que quiero decir con eso? ¡Digo que tú estás loquita por ese
vampiro! 5

248
– No, no, no, no. Estás delirando. 1

– Sí, será eso y no que no quieras aceptar que te gusta. Y mucho.

– Ni me gusta, ni sé qué te ha llevado a pesar eso.

– No eres nada disimulada cuando le miras. Se nota a kilómetros que


babeas por él.

– Creo que haberte enamorado de Lisa, no ha sido buena idea. Te está


pegando la locura.

– Vamos Kath. Te besó y tú le correspondiste. 1

– Eso fué un desliz. 2

– Le miras como si fuera la cosa más hermosa del mundo. 81

– No voy a negar que es guapo. Pero no, él es un vampiro y yo humana.


Somos incompatibles.

– ¿Y Mace y el príncipe Eliel?

– Eso es distinto. Ellos son almas gemelas. 22

– Pero...

– Además, imagínate que por una extraña y nada probable razón


empezamos a salir. Cuando él encuentre a su compañera me dejará. Es
obvio. 88

– Bueno, creo que en ese punto tienes razón.

– Y además, no me gusta.

– Ahí ya no tienes razón. 62

– ¡Cállate!– Salté encima de él entre risas y comencé a golpearlo.

– ¡Ah! ¡Por favor! ¡Ayuda! ¡Una ratita me está atacando! 34

– ¿Acabas de llamarme roedor?– Pregunté con ofensa fingida. 4

249
– Es que eres como un pequeño ratoncito. Creo que a partir de ahora te
llamaré Ratatouille. Y para abreviar, Rata. 71

– Ay que bonito, me consideras una rata que cocina. 38

– Pero una rata que cocina bien. 2

– Lo tomaré como un cumplido, pero como se te ocurra llamarme así, no


volverás a ver la luz del día. 1

– Lo tomaré como un aviso.

– Es una amenaza.– Dije seria, pero no pude aguantar la risa mucho tiempo
más.

– Katherine, ¿puedes ir a buscar a Ariel?

En los últimos días había creado una especie de lazo con el pequeño
renacuajo. Pasamos mucho tiempo juntos, jugando e incluso cocinando.
Admito que la primera vez fué un desastre, había harina por el suelo, azúcar
y hasta sangre. Pero parece que el pequeño se ha aficionado al arte
culinario, y cada vez lo hace mejor. Ariel tendrá siete años, pero sin duda ya
cocina mejor que algunas de mis compañeras. 12

– Claro, ahora voy.

Subí las agonizantes escaleras hasta llegar al séptimo piso, y sin más
demora, me dirigí hacia la habitación del más pequeño de los príncipes.

De repente, un extraño dolor se me instaló en el pecho, como una presión


en la zona del corazón. Seguí caminando algo incómoda y cuando giré la
esquina para llegar al pasillo correspondiente, me encontré al príncipe
Hudson, besándose ferozmente con Lisa. 495

Abrí los ojos en sobremanera, y me escondí tras la pared. El dolor se había


incrementado mucho, y mis ojos se llenaron de lágrimas que no pude evitar
derramar. 30

Esto se sentía jodidamente mal. 2


250
Me las sequé con fuerza y crucé el pasillo interrumpiendo su sesión de
tocamientos. Hudson se separó al instante de ella, y me miró de una forma
que no pude descifrar, Lisa simplemente puso una mueca de fastidio y se
limpió con una sonrisa de superioridad el pintalabios corrido. 45

Aparté la mirada con dolor y entré en la habitación de Ariel. Él estaba


jugando con unos caballos de madera, y al verme se levantó y corrió a
abrazarme.

– ¡Hola Katherine!... ¿Estás bien?– Susurró con preocupación al ver que no


le había contestado.

– Sí, claro que sí peque. Venga, vamos a cenar. 1

Le cargué en brazos y salí rápidamente de la habitación sin mirar lo que


había tras de mí, por miedo a volver a encontrarme con aquella situación
que tanto daño me había causado. 2

Y es que ahora todas mis sospechas estaban confirmadas. Cuándo me


besó, solo estaba jugando conmigo. 51

Por mucho que lo niegue, o que le diga a Viktor lo contrario, Hudson me


atrae. Bueno, quizás sí que me guste. Pero después de haber visto eso...

Él sabe que Lisa me hace la vida imposible y le ha importado una mierda.


62

Llegué rápido al piso de abajo y entré al comedor para dejar a Ariel sentado
en la silla, y yo volverme a las cocinas a terminar el trabajo.

Después de haberlo hecho, ya todos los príncipes estaban sentados en la


mesa, Hudson incluido.

Serví los platos con ayuda de dos compañeras, y como siempre, Khalid me
ofreció sentarme con ellos.

Solo que esta vez, acepté. 40

– ¿Quién se ha muerto?– Bromeó Jackson rompiendo el incómodo silencio.


20

251
– ¿Cómo que quién se ha muerto?

– Ya sabes, para que te sientes aquí con nosotros.

En todo momento notaba la penetrante mirada de Hudson sobre mí.

– Ah... Es que... Quería decir dos cosas. 1

– Adelante cielo.– Me incitó Khalid.

– Bueno, en primer lugar, quiero disculparme con el príncipe Hudson. 31

– ¿Por qué?– Preguntó el hermano mayor con confusión.

– Porque cuando fuí a buscar a Ariel, interrumpí a Hudson y a Lisa mientras


estaban en un momento íntimo. 255

Sus hermanos le miraron escandalizados.

– Lo siento mi príncipe, esa no era mi intención, espero no haberos


apagado la llama del momento.– Hablé con una sonrisa fingida. 126

– Katherine...– Comenzó a hablar, pero Mace le interrumpió acuchillandole


con la mirada. 5

– ¿Y qué es la segunda cosa que querías decir Kath?– Me preguntó.

– Ah... Mace, eres mi mejor amiga, y por ello, iba decirte esto en privado,
pero sé que estás ocupada y no he encontrado otro momento aparte de
este.

– ¿Y bien?

– Ahm... Estoy saliendo con alguien.– Mentí descaradamente. 347

Erik escupió la sangre que estaba bebiendo sobre el vestido de su hermana


y se quedó boquiabierto. 73

– ¡Erik!– Chilló ella. 11

– ¿Y con quién?– Preguntó Mace con nerviosismo.

252
– Pues con...– Me quedé en blanco. – Con Viktor. 153

– ¿Eh?– Murmuró con los ojos abiertos como platos.

Entonces se escuchó un ruido muy fuerte, un cristal rompiéndose. Giré la


cabeza y descubrí que el responsable fué Hudson, había roto su vaso y, a
causa de su mirada asesina, deduje que no estaba muy contento. 59

– Estamos profundamente enamorados. 39

– ¿De verdad?

– Sí, es más, pensamos casarnos dentro de poco. 410

El quinto príncipe comenzó a respirar irregularmente, y el resto me


miraban como si fuera el fin del mundo. 42

Ok, quizás se me había ido un poco de las manos. 82

– Oh, ya terminé mi turno.– Dije mirando mi reloj de muñeca. – Sí me


disculpais, voy a ir a descansar. Que aproveche. 47

Me levanté rápidamente y salí disparada desde el comedor escaleras


arriba.

Mierda, mierda y más mierda. 36

Vale, necesitaba urgentemente que Viktor se convirtiera en mi novio.


Quizás si le pedía que fuese mi pareja de mentira durante unos días...

Qué digo, me mandaría a tomar por culo. 19

Pero tampoco perdía nada por intentarlo. Quizás solo me hacía falta poner
en práctica un pequeño soborno.

Bah... ¿Qué puede salir mal? 180

Eché a correr como una auténtica zumbada por los largos pasillos del
castillo. Más de uno se me quedó mirando con cara de asombro, pero ahora
tenía cosas más importantes que hacer, que pararme a caminar como una
persona normal. 3

253
Finalmente llegué a los aposentos de Viktor, abrí la puerta sin siquiera
tocar y al darme cuenta de que estaba en el baño, cerré la puerta con
delicadeza y me tumbé en su cama después de, obviamente, haberme
quitado los zapatos. 3

Manías mías, supongo.

Minutos después salió del baño envuelto con solo una toalla. El pobre
estaba tan concentrado buscando su ropa en la cómoda de la habitación,
que ni siquiera reparó en mi presencia. 2

-Buenos días.- Dije en voz alta, él pegó un grito agudo y se sujetó la


toalla con firmeza para evitar accidentes. 29

 ¡¿Katherine?! ¡¿Qué coño haces aquí?! ¡Me has dado un susto de


muerte!
 Lo primero, buenos días. Lo segundo, necesito tu ayuda. 15
 ¡¿Pero estás loca?! ¡Estoy desnudo! 10
 Nadie te está impidiendo ponerte unos pantalones. Sí estás en bolas,
es porque quieres. 25

Rápidamente se dió la vuelta y entró al baño. Salió segundos después ya


vestido, pero con una cara de perro enfadado. 42

 Espero que sea importante.- Murmuró cruzándose de brazos.


 Y tanto que lo es. Necesito un favor.
 ¿Qué favor?
 Quiero que te cases conmigo. 145

-... ¿Có-como dices?

 Bueno, más bien, que finjas que quieres casarte conmigo.


 ¿Ah... Pero qué bicho te ha picado?
 Una garrapata llamada Lisa. 40
 No entiendo nada.
 Mira es largo de explicar, así que te lo voy a resumir. Tenías razón, sí,
me mola Hudson, un montón. Y hoy le he visto comerse la boca con
Lisa.

254
 Uff... Lo sien...
 Y a mí se me fué un poco la olla. No sé si ha sido culpa de los celos, o
de que directamente soy un pelín impulsiva. Pero sin querer le dije a
la familia real que tengo pareja. Me preguntaron por la identidad del
afortunado y pues... No sabía que decir y se me escapó tu nombre. 5
 ¿Que, qué? 16
 Yo solo quería joderle un poco, pero se me fué de las manos.
 ¡¿Un poco?! ¡¿Estás loca?! ¡No! ¡Me niego!
 Lo peor de todo es que...
 Es que, qué.- Me miró con enfado.
 Que quizás se me escapase que... Teníamos el deseo de... Casarnos.

Abrió tanto la boca que parecía que su mandíbula iba a acabar tocando el
suelo. 5

 ¿Qué dices, quieres ser mi novio?- Puse ojitos de cachorrito. 26


 No, no, no y no. ¡No! ¡¿Pero tú le has visto?! ¡Es una puta máquina de
matar! ¡Podría acabar con mi vida con solo pestañear! 57
 No va a hacerte nada.
 Intentó matarme cuatro veces cuando desapareciste. 95
 Vale... Eso no lo sabía, pero de todas formas, no ocurrirá nada malo.
Solo quiero darle a probar su propia medicina, y es más, es muy
probable que ni le importe.
 ¡Pues claro que le importa! ¡¿Has visto la forma con la que te mira?!
 ¿Mal? Últimamente me mira muy mal, creo que me odia. 11
 ¡No! ¡Con adoración! ¡Está tan loco por tí como tú por él! ¡Lo noto! ¡Y
sabes que en estas cosas jamás me equivoco! 4
 Si me quisiera no se habría besado con ella Viktor...- Mi tono
despreocupado cambió a uno triste, y mis ojos se cristalizaron
levemente.

Al darme cuenta de esto, recuperé la compostura de inmediato.

Suelo odiar que me vean llorar, aunque desde que llegué aquí no he hecho
otra cosa. 9

Ahora mismo me siento realmente estúpida.

255
 Ey...- Se apresuró a sentarse a mi lado. - No sé porqué lo ha hecho.
Por el momento vamos a deducir que simplemente es idiota. Esta
situación no se merece ni una de tus lágrimas.
 Algún día alguien me rompería el corazón. Iba a pasar tarde o
temprano.
 Pero entiende que no puedo arriesgar mi vida así. ¿Y si me decapita?
 No lo hará. Además. ¿Qué se supone que voy a decirles? ¿Algo
como...? "Lo siento, estoy loquita por Hudson y los celos pudieron
conmigo, claramente no estoy con Viktor, y por supuesto que no
vamos a casarnos, en realidad, nadie me quiere" 52
 Sí, pero deberías evadir la última parte para que no sientan pena
ajena. 115
 ¡Joder Viktor! ¡Era sarcasmo!
 Mira... Yo solo quiero conservar todas mis extremidades. 5
 Porfavor.
 No.
 Porfa.- Insistí.
 No.
 Porfi.
 No.
 Porfiiiii.
 ¡Qué no!
 Te daré lo que quieras.
 No quiero nada.
 ¿Seguro?
 Sí. No hay nada que me pueda hace cambiar de opinión.
 Te haré tartas de frambuesa todos los días durante un mes.

Levantó la mirada con emoción, sopesandolo. 3

 ¿Todos los días?


 Sí.
 ¿Durante un mes? 1
 Sí. ¿Hay trato?
 Hay trato.- Unió su mano con la mía y la zarandeó. 67
 ¡Genial!- Dije con alivio.

256
 Eres una mujer de negocios... 13
 Pues claro. ¿Por quién me tomas querido "novio"?- Le guiñé el ojo
con complicidad.
 Por la mujer más rencorosa del mundo. Querida "novia".

Reí de forma desmesurada por el tono que había utilizado.

 Bien, ahora tenemos que hacer cosas de novios.- Susurré divertida. 4


 ¿Qué suelen hacer los novios?
 ¿Aparte de follar? 120
 ¡Viktor!
 Supongo que pasar tiempo juntos, ser empalagosos, llamarse,
"amorcito" 1
 Oh no, de todo menos eso. Amorcito no. 4
 ¿Y cómo quieres que te llame? 1

Se me dibujó una sonrisita malvada en el rostro, y por la expresión que


puso, debió de ser muy diabólica. 7

 Llámame... "Princesa" 210


 ¿Princesa?
 Sí.
 ¿Por qué?
 Porque así me llama él. 45
 Eres mala... 14
 No, solo es una pequeña venganza por atreverse a jugar conmigo.
Además, a lo mejor estamos haciendo todo este drama
innecesariamente, cuando es posible que ni siquiera le importe. ¿Te
imaginas que su alma gemela es Lisa?
 No lo creo. Me parecería raro que esa maldita pueda llegar a tener un
alma gemela. 35
 ¿Hace unas horas babeabas por ella y ahora la llamas maldita?
 Es que se convirtió en una maldita, en el momento en el que se le
ocurrió hacerle tanto daño a mi mejor amiga. 147
 En verdad no sé qué le hecho como para odiarme tanto.
 ¿No es obvio? Te lo he dicho antes. Hudson te mira como si fueras la
cosa más preciada de este mundo. Sí no lo has notado, estás ciega.

257
No sabes lo mal que se puso cuando desapareciste sin dejar rastro.
Es envidia. Ella quiere ser tú, quiere la atención que te dan los
vampiros. 4
 No lo creo. 6
 Mira, Hudson destrozó gran parte del cuarto piso después de que se
descubriese que Raven tampoco estaba.

Qué mencionara su nombre, me daba náuseas. Preferiría olvidar lo


ocurrido esa noche.

 Está bien, en definitiva, eso da igual. Debemos centrarnos en


representar nuestro papel. Así que hazte a la idea de que ahora me
amas con todo tu ser.
 Vale. "Princesa". Pero que sepas que después de esto me deberás un
favor muuyy grande.
 No tengo objeciones.
 Venga, ahora dame la mano, y deja que presuma a la novia tan guapa
que tengo. 49

Le miré con una ceja alzada y reí levemente. Esto le estaba gustando
demasiado a él también, por mucho que lo quisiera negar.

 ¿Qué? Si vamos a hacer esto, vamos vamos a hacerlo bien.

31

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXIX
– Eh, eh, eh. Espera un momento. ¿El rubiales no sabe leer mentes?– Viktor
se paró en seco justo antes de salir por la puerta. 38

– ¿Dominik? Sí.

– ¿Y lo dices así tan tranquila? El plan se ha ido a la mierda, seguro que


cuando se lo dijiste él leyó tus pensamientos. ¡Sabrá que todo es una farsa!

– Nah, tengo mi técnica infalible.

258
Se quedó callado durante unos segundos. – A ver, venga. Ilumíname. 1

– Pues verás, solo con no mirarle a los ojos, ya está todo hecho. Pero si por
algún casual se me olvida, o se me escapa la mirada, rápidamente pienso
en un grupo de abejas en formato de dibujo animado, vestidas con
equipación de yoga, haciendo estiramientos mientras ven en una mini tele
a un instructor avispa que habla a base de zumbidos. 220

Se quedó callado durante unos largos segundos.

– ¿Pero que cojones? 7

– Dominik aparta la mirada al instante, nunca falla. 165

– ¡Normal! ¿De dónde coño has sacado eso? 11

– En mi casa por razones obvias no tenía televisión. Pero un día después de


que se llevaran a Mace, yo estaba haciendo su antigua jornada de
limpiadora en la casa de una zorra, bastante parecida a Lisa, que por cierto,
era Loren, la hermana de Alice. Ya sabes, para intentar llegar a fin de mes,
pero ni con eso. 3

– Fíjate, las dos con L. Vamos a llamarlas el dúo langosta. 98

– El caso es que un día en el televisor apareció eso y me traumé. Ahora no


puedo sacármelo de la cabeza, pero me sirve para estás cosas. Así que, si el
príncipe Dominik se te acerca, lo único que debes hacer es o desviar la
mirada, o pensar en algo así. 1

– Estás loca y eso es muy raro. Pero me vale. Venga vamos.– Agarró mi
mano y salimos del cuarto. 1

Caminamos con nuestras manos entrelazadas rumbo a las cocinas. Los


cuchicheos y susurros no tardaron en llegar incluyendo alguna mirada
cargada de expectación, pero nosotros simplemente andábamos como si
no nos diéramos cuenta de que éramos el nuevo cotilleo de la semana.

Esa frase me trae viejos recuerdos.

– ¿Sí me preguntan... Cuánto tiempo digo que llevamos saliendo?

259
– Poco, dos semanas, si no cantaría mucho, porque literalmente hace tres
te besaste con una tía del departamento de jardinería delante de medio
castillo. 12

– Ah sí, se llama Cris. Una chica muy maja. 47

– Seguro que sí.– Sonreí levemente. – Venga vamos, que la tarta de


frambuesa no se va a hacer sola.

– Podría acostumbrarme a saborear ese manjar todos los días.

– Lo harás durante un mes. No sé ni de dónde voy a sacar el tiempo.

– Ese ya es problema tuyo.

– Que inteligente, no lo sabía.– Respondí con sarcasmo.

– Es una cualidad que tengo. 5

– Pues espero que tu otra cualidad sea la actuación.

– Por favor, ¿por quién me tomas? Yo en mi otra vida fuí una actriz de
Hollywood muy respetada. 24

– Tú con que tengas cuidado con Dominik me vale.

– Pensaré en las abejas deportistas. 42

– Así se habla.– Dije divertida.

Media hora fué lo que me tomó preparar el pastel, por suerte ya no


quedaba ninguna de mis compañeras en la cocina, por lo que tenía vía libre
para hacer todo lo pensado con Viktor a mí lado. 2

– ¡Eh! No seas rata. Échale más frambuesas. 59

Le miré de mala manera.

– ¿Por qué mejor no vienes y me ayudas?

– Porque estoy muy a gusto aquí, escribiendo mi testamento por si no


sobrevivo. 23

260
– ¿Me dejarás algo a mí no?

– Bueno, pensaba repartirlo entre tú y Amber. Os corresponderían dos


rosas que robé del jardín, una cuchara de acero que me encontré en el
suelo, esa la podéis partir a la mitad, supongo, y mis tan preciadas
herramientas de trabajo. 69

– ¿No serás tú el hombre más rico del condado? 12

– No, tú me superas.– Respondió con sarcasmo. 1

– Lo sería si no me hubieran confiscado mi maldita verbena.– Gruñí


mientras metía la tarta en el refrigerador.

– Bueno, si no recuerdo mal, el príncipe Jackson se quemó con eso, no sé


qué esperabas.

– No fué mi culpa, llevaba como un mes aquí y no había tenido problemas


con el veneno. El causante de todo fué el chucho ese que me atacó.

– Es que solo se te ocurre a tí tener veneno para vampiros, en una casa


llena de vampiros. 1

– Era para protegerme.

– ¿De qué?

– De los vampiros.– Respondí obvia. 60

– Creo que el único por el que nos debemos preocupar es tu hombre.

– Uno, no es mi hombre, dos, no va a hacerte nada. 2

– ¿Cómo estás tan segura?

– Bueno, se supone que la familia real no asesina humanos. A excepción del


Maximus de los cojones. 1

– Ya claro, ¿Y Hudson no mutila, desangra, asesina y tortura? 14

– A humanos no. Creo. 5

261
– Tu seguridad me hace sentir mucho mejor. 2

– Tú tranquilo. 1

– ¿Has pensado en qué vamos a hacer después?

– ¿Después?

– Sí, ya sabes. Tuviste la gran idea de decir que nos íbamos a casar. ¿Qué
harás cuando te pregunten por la boda, la fecha, los invitados...?

– Bueno, nos inventaremos un día cualquiera y cuando ese día se acerque,


anunciamos nuestra dolorosa ruptura. 45

– Sigo creyendo que esto no va a funcionar.

– No seas pesimista.

– Claro, es fácil decirlo cuando tú no eres la que va a perder las


extremidades si algo sale mal.

– Shh... ¿Oyes eso?– Le interrumpí. 1

– ¿Qué?– Preguntó desconcertado. 15

– La risa.

Agudizó el oído.

– Es de un niño pequeño.

– Ariel.– Respondí con una sonrisa sincera. – Ya están aquí, prepárate. 4

– Ah... No, no puedo, mejor me retiro, no quiero tener nada que ver con
esto.

– Ya no puedes rajarte. Lo siento.

Lindsey y las demás entraron por la puerta de las empleadas segundos


después. Lisa me miró con sorna, pero al ver a Viktor su sonrisa cambió a
una mueca de desconcierto. 2

262
– Ey chicos, siento ser un poco indiscreta.– Rosie se acercó a mí con los
cachetes colorados. – Pero... Bueno, todo el castillo os ha visto cogidos de
la mano y queríamos saber si... Estáis saliendo. 4

– Eh...– Viktor tartamudeó por la cercanía de la pelirroja y solo pude rodar


los ojos disimuladamente. 2

– ¿Y bien?– Exigió la zorra con poca paciencia al ver que no respondía.

– ¡Sí! Osea quiero decir que sí, ya llevamos un par de semanas.

– Me alegro.– Dijo con falsedad. – Vaya Katherine, y yo que pensaba que te


gustaba Hudson. 13

– Pues como puedes ver, te equivocaste. No me gustan los vampiros tanto


como a tí.

– Si supieras lo bien que besa Hudson cambiarías de idea. – Sonrió con


satisfacción. 15

Lo peor es que sí lo sé. 27

– ¿Por cierto, que haces aquí?– Inquirió con desagrado.

– Hoy he decidido hacer turno doble. Así mañana tendré el día libre para
estar con Viktor.– Murmuré con una sonrisa fingida.

– ¿Y vas a quedarte aquí?– Lindsay le preguntó a Viktor con amabilidad.

– Sí bueno, hoy he tenido turno de mañana y me gustaría estar con mi


novia, si no es molestia.

– Claro que no. Es un placer tenerte aquí.

– Gracias...

– ¡Ey chicas!– Rosie gritó en susurros mientras miraba por la rendija de la


puerta. – Los príncipes ya están aquí, debemos darnos prisa, no podemos
hacerles esperar más. 7

– Es cierto. Mi hermoso príncipe no tiene mucha paciencia. 38

263
¿Soy yo o Lisa se hace más irritante por segundos? 16

– Quédate aquí. Solo vamos a sacar las bolsas, ahora vuelvo.

– ¿Bolsas?– Viktor me miró desconcertado. – Pensé que la familia real os


encomendaba platos más elaborados.

– Sí, suelen hacerlo. Pero hoy solo nos han pedido dos bolsas de sangre por
cabeza.

– ¿Y Mace?

– Ella tiene gelatina de fresa. Dijo que no tenía hambre y que no le apetecía
comer mucho.– Contestó Rosie en mi lugar. 18

– Ah, vale, pues te espero aquí.

Salimos con las bandejas en mano y rápidamente todas las miradas


cayeron sobre mí. Toda la valentía que pude llegar a tener desapareció, y
dejó paso a temblores de nerviosismo en mis piernas.

Serví a Mace, Ariel y Khalid sin poner mucho interés en Hudson, pues ya he
aprendido que no debo servirle a él en presencia de Lisa si no quiero
llevarme un buen golpe en la cadera. 6

Pero cuando giré la cabeza y sus ojos conectaron con los míos, sentí algo
revolverse en mi estómago, un dolor como el que sufrí momentos antes de
pillarle con Lisa.

Era un poco diferente, pero igual de molesto.

Su pelo castaño claro estaba despeinado, sus ojos algo hinchados y rojizos.
Su semblante no era enfadado como yo esperaba, era triste y apagado. 169

Sus hipnotizantes ojos rojos ya no tenían ese brillo particular que me hacía
no querer apartar la mirada en ningún momento. Su semblante ya no tenía
ese carácter desafiante. Incluso me pareció ver cómo sus ojos empezaban a
cristalizarse, pero apartó la mirada al instante, y no pude cerciorarme de
ello. 41

264
Las ganas de estar junto a él y abrazarle eran abrumadoras, no entendía
porqué me sentía así, pero tenía la extraña necesidad de eliminar esa
tristeza que le rodeaba y hacerle sonreír. 3

– ¿Y bien Katherine?– Soltó con dolor y una expresión que no había visto
nunca en él. Cómo si se estuviera quebrando justo ahí, delante de mí. Su
tono era más frío de lo normal y prácticamente forzado. – ¿Dónde está tu
querido prometido? 54

Me quedé sin palabras, sin nada que decir y sin poder contestar. Esperaba
gritos, objetos volando por los aires, insultos, o cualquier cosa quey
indicara rabia y cabreo. 1

Jamás pensé verlo así, tan vulnerable y destrozado. 107

CAPÍTULO XXX
Lisa miró de Hudson a mí y de mí a Hudson unas cuantas veces durante
unos insufribles segundos, como si pretendiese entender la situación,
aunque por lo visto y basándome en su cara de confusión, no lo estaba
consiguiendo. 33

Sentí que se me había cerrado la garganta, no podía articular sonido, nadie


parecía poder o querer hacerlo.

Creo que fué sin duda el silencio más exasperante de mi vida, quebrantado
de repente por una voz masculina que irrumpió en escena.

 Os habéis dejado una bolsa de sangre en...- Viktor calló de inmediato


al notar la tensión en el ambiente. 125

Me giré lentamente sobre mis talones con los ojos abiertos en


sobremanera. Él pareció entender el mensaje al momento, solo fué
cuestión de tiempo que el pobre se empezase a ponerse tan nervioso como
lo estaba yo. 42

265
 Todas fuera.- Ordenó Erik en voz demandante. - Vosotros dos,- nos
señaló - más os vale quedaros quietecitos. 24

Lisa refunfuñó y abrió la boca para quejarse, pero bastó con una mala
mirada por parte de Dominik para que se marchase en menos de lo que
canta un gallo. 21

De nuevo solos.

Odio que hagan eso, sobretodo porque luego las demás me fusilan con
preguntas en cuanto vuelvo a estar en su radio de visión.

¿Y qué te han dicho? ¿Por qué querían hablar contigo a solas? ¿Has hecho
algo malo? ¿Estás bien? ¿Te van a castigar? 1

Es desesperante. Muy desesperante.

 ¿Querían algo mis señores?- Pregunté con falsa inocencia. 1


 Katherine... No sé qué es esto,- Khalid nos señaló varias veces con el
dedo índice, - pero no puede ser.
 ¿Por qué?- Inquirí empezando a enfadarme.
 Porque no. De verdad, es difícil de explicar, principalmente porque
mi hermano es muy imbécil.- Quise reír por eso pero me contuve. 25
 Pues no lo entiendo. ¿Acaso hay alguna norma que me impida salir
con quién yo quiera?
 No, pero...
 ¿Entonces?
 Lo que se suponga que sea lo que tienes con tu amigo, - Dominik
intervino. - hace daño a mi hermano. 78
 Por favor...- Reí sarcástica. - Hace apenas unas horas se estaba
besando con otra, es imposible que "esto" le haga daño. 1
 Recalco, todos mis hermanos son imbéciles, Hudson no es la
excepción. La excepción es Ariel.- Khalid me miró con una sonrisa
compresiva. 59

Miré a Hudson, pero él evitaba mi mirada a toda costa.

 ¿No tienes nada que decir?- Le recriminé con enfado.

266
 Prefiero callarme y ahorrarme tener que escuchar tus respuestas.
Mejor no echar más sal a la herida.
 ¿Sal a la herida? ¡Pero si eres tú el que me has hecho daño a mí! 189

Me arrepentí al instante de mis palabras, diciendo eso me había expuesto y


había jodido bastante el plan, pero ya no podía retractarme. 11

 ¡¿Yo a tí?! ¡¿No era que estás saliendo con él?! ¡No mientas! ¡Yo no
te importo! 117
 ¡Eres tú el que lo ha jodido todo! 1

Se levantó enfadado de la silla y acabó a escasos centímetros de mi rostro.

 ¡Tú vas a casarte con otro!


 ¡No! ¡Yo no voy a casarme con nadie! ¡Pero tú sí que te has besado
con Lisa! 14
 ¡¿Acaso sabes lo que pasó?!- Suspiro con pesadez y la respiración
acelerada. - ¡Ella me besó a mí! 54
 ¡Pero tú se lo seguiste!
 ¡Sí! ¡¿Y sabes por qué?!
 ¡¿Por qué?!
 Eh... Creo que mejor voy a sacar a Ariel de aquí. - Khalid cargó al
pequeño y salió del comedor. 57
 ¡Porque estaba celoso! ¡¿Es lo que quieres oír?! ¡Felicidades! ¡Lo
descubriste! 61
 ¡Celoso de qué!- Grité muy, muyyy enfadada, pero sobre todo
confundida.
 ¡De él!- Señaló a Viktor sin siquiera mirarle. - ¡Os vi en el jardín ayer!
¡Riendo! ¡Pasando tiempo juntos! ¡Ellas me dijeron que jamás podría
hacerte sonreír como él lo hace! ¡¿Y sabes qué?! ¡Tienen razón! 14
 ¿Quiénes son ellas...?- Mi voz se fué apagando, al igual que la de él.
 Las sombras... Me dijeron que jamás me mirarías como lo miras a él,
que nunca llegarías a sentir algo por mí. Qué me odias. Me lo repiten
todos los días... 122

Suspiró con cansancio.

267
 Después llegó Lisa y creí que ese beso me haría olvidarte, pero
incluso entonces tuve que imaginar que eras tú para poder llenar el
vacío. Tuve que imaginar que eran tus labios los que besaba para no
sentir repugnancia. Y aún así... Ellas me recordaban constantemente
que no eras tú Porque tú jamás me hubieras besado. 47
 ¿Por qué no? 8
 Porque me tienes miedo. Soy un vampiro, y por mucho que hayas
mejorado respecto al odio que sientes hacia los de mi especie, en el
fondo sé que sigues sin confiar en mí. Sé que sigues pensando que
voy a hacerte daño, que voy a drenarte la sangre y que cualquier día
de estos te convertirás en un aperitivo. 13

Miré a mi alrededor con desconcierto, no quedaba absolutamente nadie en


la habitación, ni Mace, ni Viktor, ni Jackson... Estábamos solos. ¿En qué
momento se habían marchado? 100

Esa cucaracha traidora me va a oír cuando le encuentre. 43

 No te tengo miedo. 1
 ¿A no? ¿Y por qué te sigues tensando cada vez que me acerco a tí? ¿O
cuando cualquiera de mis hermanos lo hace?
 No me "tenso" por miedo como tú dices. Simplemente me estoy
acostumbrando a estar rodeada de vampiros.
 Ya, claro. 1
 No sé qué es lo que te molestó de aquel día. 1
 No me molestó nada. Simplemente quería ser yo el que abrazaras de
esa forma, pero me di cuenta de que no podía ser.
 ¿Acaso tú... sientes algo por... mí?- Pregunté con impresión poco
disimulada. 40

Él se sobó las sienes estresado, y comenzó a caminar de un lado a otro,


hasta que finalmente, explotó.

 ¡Eres mi alma gemela joder! 285

Me quedé estática.

 ¿De qué estás...?

268
 Eres mi alma gemela, mi compañera de vida.
 Eso no es posible.
 Lo es.- Sentenció con frialdad.
 ¿Por qué no me lo dijiste? 1
 ¿Qué hubiera pasado si te lo hubiese llegado a decir cuando llegaste
al castillo? Ya nos odiabas lo suficiente. 1
 ¿Y por qué no me lo dijiste cuando empecé a aceptaros? He dormido
contigo joder, ¿acaso no tenías tiempo? 8
 Porque por mucho que me duela verte con otro hombre, sé que él,
siendo humano te dará una vida mejor de la que yo jamás te podré
llegar a ofrecer.
 No es decisión tuya. 57
 Pero sí mi responsabilidad. No sabes de la cantidad de mierda que
cargo a mis espaldas, y prefiero no involucrarte en ella. 3
 ¿Y quién te dice que yo quiero una vida fácil o normal?¿Quién te ha
dicho siquiera que quiero estar con un humano? 14
 No hace falta que me lo digas.
 Sí que lo hace. Porque si no fueras tan cabezota te habrías dado
cuenta de que llevo bastante tiempo colada por tí. 76
 Pero el humano... 1
 Viktor solo es mi mejor amigo, es tan leal que incluso ha fingido ser
mi pareja para ponerte celoso. Por mí. Porque eso es lo que hacen
los amigos, y eso es lo único que es para mí. Un buen amigo, casi
como un hermano. 23
 No quiero hacerte daño.
 Solo me has hecho daño una vez Hudson, y ha sido cuando has
intentado alejarte de mí. 15
 Yo... Yo no te lo conté porque quería que... Te enamorases de mí, por
tu propia cuenta. No porque un vínculo sobrenatural te presionara.
24
 Pues ya ves, nada me ha presionado, y estoy aquí, completamente
enamorada de ti. 96

Sus ojos se iluminaron en un destello carmesí precioso. 25

 ¿Enserio...?

269
 Ya desde hace mucho. Pero ni siquiera yo supe verlo.

No pude evitar que mi mirada bajase de sus hipnotizantes ojos rojos, a sus
carnosos labios. Tan húmedos y apetecibles que era prácticamente
imposible no quedarse embobada admirándolos. 22

Se acercó lentamente a mí, los nervios empezaron a hacer de las suyas y


rápidamente noté como el corazón se me empezó a acelerar a un ritmo
estrepitoso, amenazando con que en cualquier momento podría salirse del
pecho. 3

Sus boca rozó la mía y sus manos se posaron en mi cintura, a la vez que yo
colocaba las mías alrededor de su cuello, con la vergonzosa necesidad de
casi tener que ponerme de puntillas para lograrlo. 3

 No pienses que voy a perdonarte tan fácilmente. 27


 Por el momento me vale con que me dejes intentar arreglarlo.-
Susurró segundos antes de unir sus labios con los míos, en un beso
fugaz y suave, a la vez que necesitado y salvaje. 238

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXXI
Sin despegar la mirada nos separamos lentamente, (aunque yo no quería
hacerlo). 37

Sus labios son como una droga tan adictiva, que en cuanto la pruebas, en
lo único que piensas es en volver a consumirla. Pero los humanos tenemos
una pequeña necesidad, qué consiste en la entrada de oxígeno y salida de
dióxido de carbono, y que para mi mala suerte, no puedo evadir. 1

Mis mejillas se calentaron con fiereza en cuestión de segundos, él al darse


cuenta de ello sonrió con autosuficiencia, mostrando su blanca y perfecta
dentadura. 17

¿Acaso para ser vampiro debes cumplir unos estándares de belleza? Porque
no es normal que todos sean tan atractivos. 9

270
Ya sé por qué nací humana. 80

Entonces, instantes después de haber recuperado el aliento, deslicé mis


manos entre su sedoso cabello y besé sus labios tomándole por sorpresa.
Supongo que porque ha sido la primera que le beso yo a él. 36

No tarda en corresponderme con la misma necesidad, pasando su brazo


alrededor de mi cintura para poder levantarme, y así yo no tener que estar
de puntillas todo el tiempo.

Esta vez fué él el que se apartó después de unos momentos, con una
sonrisa de medio lado, para después soltarme lentamente. 39

– Ehm... Ehm, deberíamos irnos.

– ¿A dónde?– Preguntó con una ceja alzada. 33

En ese momento sentí algo de envidia, jamás he logrado hacer eso por
mucho que lo he practicado. Y cuando lo intento, aunque yo crea que me
ha salido perfecto, en realidad parece que me están dando espasmos en la
cara. 48

– Pues a... no sé, quizás a otro sitio a... 33

– ¿Me vas a proponer que vayamos a un lugar más privado? No creí que
fueras tan rápida, es una propuesta indecente, pero me gusta. 117

– ¡No!– Me apresuré a decir. – Yo no quería decir eso, me refería a que


fuésemos a buscar a los demás, o, a simplemente a salir de aquí, o a dónde
tú quieras, e-en verdad no tenemos que irnos si no quieres... 8

Su ronca y varonil risa me cortó de repente. Me tomó un tiempo entender lo


que pasaba, y eso pareció causarle todavía más gracia. 1

Al final me di cuenta de que solo me estaba tomando el pelo. 2

– Serás...– Fruncí el ceño con vergüenza.

– No es mi culpa que digas cosas con doble sentido.

– ¡No lo decía con doble sentido!

271
– Eso es lo mejor princesa. Puedes decir cosas calientes sin siquiera darte
cuenta de ello. Eres demasiado inocente. 46

– No soy inocente, lo que pasa es que tú eres un pervertido. 29

– Cariño, con el tiempo descubrirás que puedo ser mucho peor si me lo


propongo, en los momentos adecuados.– Su oscura mirada me repasó de
arriba abajo. 66

Tragué en seco.

¡Estúpido vampiro moja bragas! 40

– ¿P-podemos ir a un lugar cómodo, dónde poder hablar de e-esto?–


Tartamudeé mientras nos señalaba con el dedo índice. 8

– ¿De sexo?– Vaciló con sorna. 124

¿Dónde había quedado ese vampiro medio depresivo, frío, y para nada
bromista? 52

Dioses del Olimpo, decidme por el amor de Dios que no me ha tocado un


chico bipolar. 34

Su sonrisa se borró durante unos efímeros instantes, pero no tardó ni


medio segundo en recomponerse. 1

– Claro, podemos ir al salón.

– Sí por favor, así también podré preguntarle cosas a Mace.

Me dirigí hacia la puerta con nerviosismo mal disimulado, Hudson


pisandome los talones y un corazón acelerado que cualquier vampiro
podría escuchar a kilómetros.

Giré el picaporte, y me sorprendí enormemente cuando tres personas


cayeron a mis pies. 71

Jackson, Erik y Viktor. 169

– Joder humano, te dije que venían–. Se quejó Erik en un gruñido. 72

272
– Pero yo no oí nada–. Murmuró Viktor en su defensa mientras se levantaba
a duras penas del suelo. 12

– ¡Pero el vampiro aquí soy yo! ¡Sí te digo que viene alguien, es porque
viene alguien! 50

– ¡Perdón!

– ¿Queríais algo?– Hudson volvió a utilizar su característico mal tono de


mierda. 3

Por no hablar de su mirada asesina dirigida al pobre Viktor que aún no se


recuperaba del golpe.

– No, solo asegurarnos de que todo estaba bien.– Jackson intentó


excusarse. 4

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no estallar en carcajadas allí mismo,
pues el quinto príncipe no le quitaba el ojo de encima a mi amigo y habría
sido un milagro que este no acabase desmayado en el suelo por la presión
del momento. 1

– Vamos a ir a la sala común. ¿Venís?– Pregunté con una pequeña sonrisa


tranquilizadora dirigida a mi mejor amigo .

– Claro.

– ¿El humano tiene que venir?– Viktor se encogió ante el tono despectivo de
Hudson.

– Pues claro que va a venir.– Dije firme.

– En realidad yo no...

– Y además, a mí me cae bien.– Intervino Jackson. 56

– Pero...– Nadie le dejaba terminar. 5

– ¿Es enserio?

– Hudson, ya hemos hablado sobre esto.

273
– No me importa, no quiero que este...

– ¡Ey!– El moreno llamó nuestra atención dando unas fuertes palmadas. –


Aunque me encantaría ir con vosotros, (sinceramente creo que eso era
mentira) quiero llegar a mis aposentos a descansar, solo quedan unas
horas para que empiece mi turno.

Realmente, siendo las diez de la noche, es normal que quiera irse a dormir,
sobretodo teniendo en cuenta que como casi siempre, le toca trabajar en la
mañana. 7

– Ah claro, perdona. No hay problema.– Me despedí con la mano, y él se


apresuró a salir corriendo de allí.

Normal, pobrecito mío, Hudson puede imponer mucho cuando quiere.

– ¿Podrías no tratarle así?– Le recriminé al vampiro en cuanto Viktor dejó


de estar en mi radio de visión.

– ¿Tratarle como?– Se hizo el desentendido.

– Eh... déjame pensar, ah sí, como una mierda.

– No le he tratado mal. 11

– ¿Cómo que no? 4

– No le he dicho nada.

– No directamente, pero has hablado de él como si no estuviera delante.

– ¿Es que acaso tengo que dirigirme a él?

– Sí.– Respondí con obviedad.

– ¿Por qué?

– ¡Porque sí!

– No gracias. 4

Resoplé frustrada por su comportamiento tan infantil.

274
Vale, creo que sí es bipolar. Puede ser un asesino a sangre fría, la persona
más tierna del mundo, la más estúpida, frío, cariñoso, atento y hasta
sensible. 10

Nah, la palabra bipolar se le queda pequeña. 60

– Déjalo Kath, está celoso, ya se le pasará.– Su hermano mayor se dió


media vuelta mientras sin darse cuenta de que el que ahora estaba siendo
acuchillado por su mirada, era él. 1

Rodé los ojos con cansancio, e instantes después noté una mano que
agarraba con delicadeza mi muñeca, y tiraba de ella para guiarme hasta las
escaleras. 1

Subimos juntos hasta el séptimo piso en un silencio algo incómodo. A él se


le veía como algo ansioso, o quizás, ¿aburrido? Seguramente esté más que
acostumbrado a subir las escaleras a una velocidad sobrehumana, y
estando conmigo, tiene que ir en lo que para mí sería paso de tortuga.

Entramos en la sala común, estaban Khalid jugando con Ariel, Mace,


Dominik y Eliel. 3

Todos se giraron a mirarnos. A diferencia de mí, que estaba toda sonrojada


y acalorada, Hudson portaba ese semblante frío e inexpresivo de siempre.

– ¿Y bien?– Inquirió Khalid.

– ¿Y bien qué?

– ¿Habéis follado ya? 160

Todos nos quedamos en absoluto silencio.

– Khalid...– Gruñó su hermano menor entre dientes.

A lo mejor lo de ser un pervertido empedernido viene de familia. 6

– ¡No! No, no.– Susurré apenada.

– ¡Ja! Dame mis cinco dólares. 2

275
Vi estupefacta como Khalid le pasaba un billete a regañadientes a Mace.

– ¿Habéis apostado si él y yo...? 8

– No, a ver, al principio pensamos que te había desvirgado Viktor, pero al


descubrir que solo era un broma lo del casamiento y tal, muy buena por
cierto, creímos que lo haría Hudson en cuanto os reconciliarais. 57

Miré a susodicho con los ojos abiertos como platos. Él estaba igual, o
incluso más sorprendido que yo. 1

– Y yo le dije que te desvirgaría Hudson, pero no ese día, sino más bien,
como una semana después. Y de momento, he ganado.– Añadió Mace. 40

– ¿Y por qué creéis que voy a perder la virginidad con Hudson? 41

Mierda, se me había escapado. Yo no quería dar a entender que no quería


acostarme con él, lo que quería decir era que porqué creían que íbamos a
acostarnos dentro de poco, cuando apenas nos hemos besado dos veces.
12

Pero ya era demasiado tarde, noté en él un destello de tristeza y que no


logró esconder hasta varios segundos después. 36

– Bueno, siéntate Katherine.– Miré a Dominik, él leyó mi mente y al


entender que lo que había dicho se había malinterpretado, decidido
romper con el silencio incómodo que se había vuelto a formar. – Vamos a
explicarte todo lo relacionado con las almas gemelas. 12

– Es cierto.– Corroboró Mace. – No volveremos a ocultarte nada más.

– Porque ahora eres de la familia.– Murmuró la princesa, y podría jurar que


jamás en la vida la había visto tan seria. 42

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXXII 55K 5.1K 855 Autor: Rebeccapierce20 por Rebeccapierce20


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276
Asentí algo incómoda por la reciente afirmación de Khalid, ya que todavía
sigo sin creerme que voy a pertenecer a una familia de vampiros. 20

Mejor dicho, a la familia real vampírica. Y bueno, técnicamente y según lo


que han dicho, ya pertenezco a ella.

Sé que ellos no son malos, (al menos en lo que a los humanos concierne) y
también que Hudson es mi supuesta alma gemela, con todo lo que eso
conlleva, pero... sigo sintiendo que en el fondo estoy traicionando a mis
padres, a mi familia, e incluso, a mí misma.

Es que literalmente me he aliado con el enemigo. No puedo evitar pensar


que estén dónde estén, están muy decepcionados conmigo. 35

Sería lógico. Porque no recuerdo mucho de ellos, solo que me amaban, que
me consentían aunque nuestro nivel económico estuviese por los suelos, y
la mirada de odio que poseía mi madre segundos antes de dejarme sola
tras ese contenedor.

La misma que tenía Helena, la madre de Mace, cada vez se mencionaba en


su presencia cualquier cosa referente a los vampiros.

Y ya no solo siento que estoy traicionando a mis padres, también a Robert y


Helena, que me criaron como una más, sin importar que no fuese su hija
biológica. Porque sé que al menos ellos sí querían que nos fuésemos lo más
lejos posible del poblado, para vivir una vida tranquila y sin chupasangres
de por medio. 16

Tanto así que estuvieron horas y horas hablándonos de una vieja cabaña,
situada en el medio del bosque, que tenía algo especial. Fué bendecida
hace unos trecientos años, y por consecuencia, nada que no sea humano
no puede pasar. 3

Estoy segura de que por mucho que Mace lo camufle todo con una sonrisa,
en algún sitio de su corazón siente lo mismo que yo.

Cuando menciono a sus padres y su rostro se entristece, sé que justo en ese


momento lo está haciendo. 5

277
El ruido de la puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos de golpe,
haciéndome levantar la mirada sin preocupación, olvidando que un
vampiro lector de mentes estaba sentado frente a mí. 34

Ya fué tarde para pensar en otra cosa, pues examinando su ahora triste
semblante, me di cuenta de que lo había visto todo. Aún así lo dejé pasar y
miré a Erik y Jackson, que acababan de sentarse en unas butacas. 34

Con un poco de suerte, Dominik no le mencionaría eso a nadie. 2

– Pues... ¿qué quieres saber?– preguntó Khalid con una sonrisa sincera.

Intenté imitarla, pero solo me salió una leve mueca.

– Quiero saber sobre las almas gemelas, y sobre los vampiros en general.

– Necesito que concretes un poco más, hay demasiada información.

– ¿Qué es un alma gemela como tal?

– La Diosa Luna, nuestra creadora, decidió conceder a cada uno de sus


hijos, ya fuesen vampiros, brujas, u hombres lobo, un ser que les
complementara y les otorgara felicidad, para toda la vida. 3

– ¿Y yo soy...?

– La compañera de Hudson–. Erik finalizó por mí.

– ¿Y qué significa eso?, es decir, ¿hay algo en especial que deba saber?

– Bueno, ehm... solo que ambos estáis unidos gracias a un vínculo. Un


vínculo irrompible.

– ¿Irrompible?

– Sí, a menos que tú le rechaces.

Hudson apartó la mirada al oír esas palabras, lo que me llevó a seguir


indagando sobre el tema. 5

--¿Qué es eso de rechazar?

278
– En voz alta debes decir una frase como... "Yo Katherine Ford, te rechazo a
tí, Hudson McClaine como mi alma gemela y compañero de vida". Ambos
sentiréis un horrible dolor en el pecho, señal de que el lazo de ha roto. 60

– ¿Si le rechazo el tendrá otra alma gemela?

– Si le rechazas es posible que sí se le conceda otra pareja. Pero si mueres


no habrá otra oportunidad. 13

– ¿Por qué?

– Porque el amor que sentiríais el uno por el otro, no lo podría romper ni la


misma muerte.

– ¿Y que pasaría si el fallece y yo no, o y viceversa?

– Los humanos sentís de otra manera, para los vampiros, nuestra


compañera de vida lo significa todo y lo único que deseamos es pasar el
resto de la eternidad junto a ella. Por ello, la mayoría de los que la pierden,
no soportan el dolor y acaban suicidándose.

– Eso es horrible... 2

– Por eso no debes salir del castillo, entre otras cosas. Hudson casi pierde
los estribos cuando esa bestia te atacó.

– Pero yo no quiero que Hudson se muera por mi culpa. 10

– Si te mantienes a salvo...

– Pero de todas formas voy a morir, soy humana.

La sala quedó en absoluto silencio. Y juraría haber visto a Eliel tragar en


seco.

– Además, sería raro que él aparentando veinte, saliese conmigo cuando


tenga ochenta. 97

– Ya he hablado este tema con Mace,– susurró el rubio con aparente


devastación. – creo que deberíais transformaros. 66

279
– ¿Qué?

– Sí, podríamos convertiros y...

– No.– Dije tajante.

– Yo tampoco quiero Eliel.– Murmuró mi amiga con los ojos cristalizados.

¿Mi pelea con Hudson había sido fuerte? Pues sentí que algo peor se
avecinaba. 1

Y no me equivoqué.

– ¡¿Por qué no?! ¡Por qué!– Gritó con la voz cortada. 2

– Eliel... yo...

– ¡Te lo he pedido miles de veces! ¡Y siempre dices que no! ¡¿Acaso no


quieres pasar la eternidad junto a mí?! 52

– No es eso...– Mace intentó excusarse, pero el vampiro se levantó con


dureza de la silla.

– ¡¿Y qué haré yo cuando te vayas?! ¡¿Eh?! ¡Responde! ¡Es egoísta que me
hagas vivir sin tí! 56

– Ya lo hemos hablado Eliel... 1

La situación se había vuelto demasiado tensa, Mace había empezado a


llorar y Eliel a respirar nerviosamente casi al borde de un ataque de pánico.
5

Entonces decidí intervenir.

– No nos podéis juzgar por amarnos a nosotras mismas y a lo que somos.


Soy humana y me gusta serlo. Ni Mace ni yo somos como las típicas classis
superioris que lo único que anhelan en la vida es ser como vosotros,
porque consideran a la raza humana un ser inferior. 1

Eliel apretó tan fuertemente los puños, que daba la sensación de que iba a
romperselos en cualquier momento.

280
– Pero así sois frágiles...– Continuó Khalid.

– Puede que suene extraño, pero me gusta serlo. Me gusta el sol, me gusta
hacerme daño y aprender de ello, me gusta quedarme sin aire cuando veo
algo que me gusta, y me encanta sentir los acelerados latidos de mi
corazón cuando estoy emocionada. Me gusta tener un límite, porque me
encanta superarme a mí misma. 158

– Pero...

– Al igual que lo lógico es que a vosotros os guste ser lo que sois. Dime Eliel,
¿si fuera al revés te convertirías en humano por Mace?

– Sí.– Me sorprendió totalmente que no hubiese necesitado ni un segundo


para dudar. – Con tal de estar toda la vida a su lado, no me importaría. Pero
parece que a ella no le importa el dolor que sentiré ni lo mucho que sufriré,
porque como bien dices, sois humanas, y no podéis entenderlo. Y cuando
eso ocurra ni siquiera podré quitarme la vida. Mi abuelo no me lo
permitiría, siendo Mace una mortal. ¿Sabes lo que hará cuando en
venticinco años despierte y vea que hay dos pueblerinas en la familia? No
durará en acabar con vosotras. 55

Finalizó su discurso saliendo de la habitación dando un portazo.

En el fondo sí que lo entendía. Pero no nos pueden pedir que renunciemos


a lo único que nos queda de nuestra familia, y de nosotras mismas, ni
tampoco obligarnos a beber la sangre de los de nuestra propia especie, ni a
que no nos importe dejar de escuchar a nuestro corazón bombear ese
líquido rojizo una y otra vez. 29

Conociendo a Mace quizás algún día sí podría planteárselo, pero hoy no, ni
mañana tampoco.

Necesita tiempo, y Eliel debe dárselo. 23

Continuar a la siguiente parte

281
CAPÍTULO XXXIII

Y como no, la incomodidad había vuelto a instalarse en el ambiente. A estas


alturas diría que estoy acostumbrada, pero no deja de ser... molesto, que
cada cinco minutos la estancia se llene de tensión por el desarrollo de un
nuevo drama, o simplemente porque nadie sabe que hacer o decir.

25

Quise acabar con ese insufrible silencio, o más bien "casi silencio", porque
lo único que se oía en la habitación eran los sollozos descontrolados de
Mace, quién poco a poco se fué calmando con ayuda de unas caricias
fraternales por parte de Khalid.

A mi también me habría encantado consolarla, y lo habría hecho si cierto


vampiro castaño no me hubiera sujetado la cintura con más ímpetu de lo
normal, provocándome latidos desenfrenados, un sonrojo abismal y e
inmovilidad en todo el cuerpo.

Aunque nos hemos besado, (más de una vez), aún no me acostumbro a su


gélida cercanía.

20

En definitiva, yo no soy la adorada persona que suele acabar con este tipo
de presiones silenciosas. Principalmente, porque me pongo nerviosa y
tiendo a decir cosas estúpidas y sin sentido.

282
– Bueno...– me aclaré la garganta, – tengo una última pregunta.

– Lo que quieras cielo.

26

– En realidad son dos.– Miré a Hudson disimuladamente. – ¿Qué es eso de


la marca?

10

Por sus ahora expresiones desencajadas, deduje que, literalmente, la había


cagado.

Vaya novedad.

Ya avisé de que cortar silencios incómodos no era mi fuerte.

40

Y no fué hasta segundos después que me di cuenta de cuan era el grado de


idiotez que tengo acumulada.

– ¿Cómo te has enterado de eso?– preguntó Erik con extrañeza.

20

283
Ahora la atención estaba puesta en mí, y solo en mí, debía inventar algo
rápido, evitando la mirada de Dominik a toda costa, sin levantar ninguna
sospecha.

32

Demasiado trabajo y complejidad para mí.

Eso de «la marca», era una pequeña anotación que había visto en el
apartado de almas la vez que me escapé al pueblo y acabé siendo atacada
por un lobo.

La verdad, no le había prestado demasiada atención, fué de esas cosas que


empiezas a leer el título, y ya te aburres, lo dejas, y tiempo después de
arrepientes.

30

Además, precisamente ese día, que buscaba ni más ni menos que


información sobre los licántropos, verlo de refilón no me causó ninguna
curiosidad.

Ahora, tras esa escena, y como siempre me pasa, quedé absorta en mis
pensamientos y me acordé de ella.

Y tuve la grandísima idea de preguntarles así sin ningún tipo de filtros, o de


cápsula de escape en caso de que me saliera mal la jugada.

284
Exactamente como ahora mismo.

Tomarme este tipo de confianzas con ellos, y no pensar antes de hablar,


van a acabar matándome.

– Yo... yo escuché a mis compañeras hablar sobre eso.

– Imposible, los empleados no tienen ese tipo de información.

– Es que... se lo oyeron a unos guardias. Que si la marca esto, que si la


marca lo otro...

43

– Ajá...– murmuró Khalid poco convencida. – en ese caso, si alguien te lo


dice debe ser Hudson, no nosotros.

Le miré disimuladamente otra vez y él se tensó evitando hacer contacto


conmigo.

No voy a mentir diciendo que no me moría por saberlo después de haber


visto la reacción desproporcionada que parecía haberles sacudido. Sin
embargo, no quería incomodarle ni tampoco presionarle, no ahora que
habíamos "arreglado" las cosas.

285
– Bueno, realmente no me importa mucho. Lo que en verdad quería saber,
es... ¿qué ocurre si alguien engaña a su alma gemela?

Noté que les había tomado por sorpresa.

– Bueno, para empezar, es lo peor que le puede suceder a alguien después


de la muerte de su tua cantante. Se siente un dolor agudo en el pecho, por
lo que me han contado. Algunos deciden perdonar a su pareja, y otros
romper el vínculo.– explicó Khalid con detenimiento.

– ¿Por eso sentí dolor cuando vi a Lisa y Hudson besarse?

39

– ¿Sentiste dolor?– El quinto príncipe me miró con tristeza y


arrepentimiento.

41

– Sí. Fueron unos pinchazos horribles.

– No entiendo como es posible. No es común tal nivel de conexión cuando


ni siquiera habéis tenido intimidad.

43

Dominik no salía de su asombro mientras yo volvía a sentir la sangre


acumulándose en mis cachetes.
286
2

– ¿Acaso cuando un vampiro tiene sexo, desarrolla un lazo con la otra


persona?– pregunté espantada.

– Cuando un ser de la noche tiene intimidad con su compañera de vida, las


almas de ambos se unen. Es algo muy especial, sobre todo la primera vez.
Obviamente se pueden crear lazos con otra persona, pero no hay ni punto
de comparación.

Aun así, la mayoría no tiene relaciones hasta encontrar a su animarum.

10

– Vaya...

– Sí, muy pocos son los que se entregan a imbéciles que no son su
compañero.– Erik miró con enfado a Khalid y esta bajó la cabeza con
vergüenza.

54

Otra cosa que me intrigaba, pero por el momento no iba hurgar en ello.

Lo que de verdad me carcomía en ese momento, era si Hudson había


tenido ese tipo de... contacto, con alguien. No sé porqué, pero tenía
demasiadas ganas de descubrirlo.

No era justo que él supiera que soy virgen, (por culpa de Loren, que se
encargó de que la gran mayoría de los chicos de la cuidad no se me
acercaran), y yo no supiera nada de su vida.
287
4

– Por ejemplo, Erik, Jackson, yo y... bueno, todos menos Khalid y Dominik
lo somos. Y Eliel que la perdió con Mace. Pero no cuenta porque es su
alma.– La mención del último nombre pareció apuñalar a mi amiga sin
compasión.

51

Pero bueno, eso quería decir que todos eran vírgenes y si nada cambiaba,
así seguirían hasta encontrar a su compañera. Por otro lado, estaba el
mayor, y la única mujer en la familia McClaine, quiénes la habrían perdido
con la persona incorrecta, a juzgar por sus caras.

Un momento, ha dicho todos menos tres. Lo que significa que...

Hudson me miró unos segundos antes de responder apartando la vista,


como si por mi mirada hubiera captado al instante mis intenciones
inquisitivas.

– Digamos que soy de esos que decidieron esperar a su otra mitad.

120

Le miré con sorpresa.

288
– ¡¿Eres virgen?!– Asintió.

64

– Así es como lo llamáis los humanos, supongo.

– Pensé que...

– Tú serías la primera y la última con la que tendría... ya sabes.

48

– Si te digo la verdad no me lo esperaba. Eres un pervertido.

63

– Yo considero que es algo importante que hay que hacer con la persona
adecuada. Y nunca había conocido a esa chica especial. Hasta ahora.

Y bueno, respecto a lo de pervertido, lo admito, pero después de haber


pasado ciento veintiocho años sin...

85

– ¿Ciento qué?– chillé incrédula.

– Hace ciento ventinueve en dos meses.– Corroboró su hermano.

289
40

Casi me desmayo.

– ¿Por qué te sorprende?, soy un vampiro

– ¡Pero me esperaba algo como treinta, cuarenta, o cincuenta años como


mucho!

– Pues ya ves que no.

– Pero si tú eres de los más pequeños...

– Eso no es nada,– Jackson intervino por primera vez en la conversación, –


es un vampiro muy joven todavía, todos lo somos. Dominik siendo el
mayor, solo tiene doscientos diecinueve.

52

¿Solo?

Entonces que soy yo, ¿un bebé?

69

290
– Sí,– dijo Dominik provocando el desconcierto de todos los demás, – una
bebé que piensa cosas muy raras demasiado alto.

264

CAPÍTULO XXXIV
Tras esa necesaria sesión de preguntas incómodas, los días fueron pasando
a una rapidez vertiginosa. Pues ya se cumplían dos meses y medio desde la
primera vez que pisé el castillo.

Mi relación con Hudson es cada vez más cercana, aunque por el momento
sigue siendo secreta para todo el mundo, exceptuando a la familia
McClaine, los guardias del castillo y Viktor y Amber.

Y aunque hay bastante más confianza entre nosotros, nunca sobrepasamos


el límite de unos cuantos besos, ya que prácticamente se niega a tocarme.
Creo que por miedo a hacerme daño a causa de su fuerza sobrehumana. 54

Pero vamos mejorando. Poco a poco, pero algo es algo. 1

Por otro lado, en lo que a lo sentimentalmente respecta, sigue sin abrirse a


mí. Tiende a no decirme si se siente mal o si está triste, por mucho que yo
insista en que lo haga.

Cuando he intentado profundizar más en el tema se me ha cerrado en


banda.

Cómo por ejemplo, la vez que entré en su cuarto mientras se estaba


cambiando. No fué el verlo sin camiseta lo que le molestó, el problema es
que no pude contenerme, y sin siquiera pensarlo me acerqué y rocé sus
cicatrices con la yema de los dedos. Él dió un salto brusco y se puso a la
defensiva, tanto que incluso estuvo el resto del día sin dirigirme la palabra.
76

291
Cuando le pregunté al respecto respondió con evasivas e intentos de
hacerme cambiar de tema. Solo espero que algún día sienta la suficiente
confianza como para contarme qué mierda ocurrió para provocarle algo así
a un ser que supuestamente se cura en menos de un parpadeo.

Volviendo a la actualidad, hoy se celebrará una reunión de emergencia en


el salón real, a la que de nuevo las nueve familias nobles deberán asistir. El
motivo es no menos, que un nuevo ataque por parte de los licántropos
dirigido a la familia real de otro condado. La familia Vinsonneau. 25

Ellos, aun siendo muy poderosos y considerados como una de las familias
reales más influyentes del planeta, no les llegan ni a la suela de los zapatos
a los McClaine, por lo que no hay probabilidades altas de que los lobos
intenten atacarnos a nosotros.

Lo que de verdad preocupa, es que los lycans hayan sido capaces de asaltar
sin ningún tipo de tapujos a un reino como ese, habiendo otros mucho más
pequeños y tan débiles que con un solo soplido podrían volatilizar. Esto
quiere decir que puede que los hombres lobo hayan recuperado fuerzas,
perdido el miedo, y vuelto a adoptar el objetivo que tenían hace ya cientos
de años.

Acabar con los vampiros, y ser ellos quienes gobiernen el mundo y


controlen a los humanos. 42

 Venga chicas, solo tenemos cinco minutos.- Anunció Lindsey, nuestra


querida ama de llaves, mientras terminábamos de dar los últimos
retoques al primer plato. 20

Aunque en varias ocasiones me lo han propuesto, me he negado en


rotundo a dejar mi puesto como cocinera. Sé que es un trabajo duro que
muchas de mis compañeras anhelan dejar, pero a mí la cocina me hace
profundamente feliz, y me recuerda a los días de invierno en los que mamá
me enseñaba recetas en el único tiempo libre del que disponía y que podía
gastar en otra cosa, como en un muy bien merecido descanso. 1

292
 ¿Alguien ha visto a Lisa?- Preguntó Rosie con frustración, pues la
falta de la recién nombrada nos había retrasado más de la cuenta. Y
como ya sabemos, a los nobles no les gusta esperar. 93
 No lo sé, quizás esté enferma.- Dedujo la jefa de la cocinas mientras
cogía en cada mano, al menos cuatro platos y salía dirección al
comedor mientras el resto seguíamos sus pasos con admiración.

Llego a ser yo, y no pasa ni medio segundo antes de que se me caiga todo.
Esa mujer es mágica. 27

Con mis tambaleantes piernas y un plato en cada mano, salí hacia la sala
donde se producía una acalorada y para nada amistosa conversación.

 ¡Ya basta!, ¡silencio!- Vociferó Erik, haciendo que todos los vampiros
en la sala se callaran al instante. 9

Nosotras aprovechamos ese silencio sepulcral y nos dispusimos a servir a


cada uno de los comensales, con sumo miedo y nerviosismo.

Coloqué un plato frente a Hudson con cuidado, a lo que él me dirigió una


leve sonrisa de medio lado tan sutil que nadie más en la sala se dió cuenta
de ello. 1

Es un gusto poder acercarme a Hudson en la hora de las comidas. Y ya ni


hablar del no recibir ningún empujón.

Parece un sueño hecho realidad.

Creo que desearé que Lisa se ponga enferma más a menudo. 48

 ¡Pero mi príncipe! ¡ustedes son la familia invicta! ¡no le temen a nada


y aborrecen a los cobardes!- Habló uno de los miembros de la familia
morada.
 ¡Atacar a los licántropos no es algo valeroso! ¡es un suicidio!- Chilló
una mujer de la familia blanca. 3

Menudo lío de colores. 51

293
Pero bueno, se daba a entender que había unos con una opinión muy, muy
agresiva, algunos más bien temerosos, y otros que preferían mantenerse de
forma neutral. Aunque no sirviera de mucho.

 La familia Reeder está de acuerdo con los Lacanster.- Un hombre


vestido de gris se levantó, y sonrió con complicidad a los
morados. 16

Se me heló la sangre al darme cuenta de quién se trataba. Pues, aun


habiendo pasado ya bastante tiempo desde el «incidente», no he olvidado,
ni creo poder olvidar el desagradable rostro de ese intento fallido de
chupasangre.

Julián Reeder.

Solo me quedaba rezar para que él sí se hubiera olvidado de mí. 1

 ¿De verdad creen, majestades, que habiendo atacado a una de las


familias más ricas, poderosas y temidas del planeta, como son los
Vinsonneau, los lobos no han adquirido fuerzas?- Inquirió con
sarcasmo el jefe de los Lancaster. Si no recuerdo mal, Caius, Caius
Lancaster. 15
 Es obvio que las han adquirido.- Corroboró Jackson. - Pero nosotros
tenemos el suficiente arsenal, ejército y poder, como para que ellos
ni siquiera contemplen la idea de atacarnos.
 ¿Por qué no entienden que acabar con ellos es la mejor opción?
Recuperaríamos los bosques y las brujas no tendrían más remedio
que doblegarse ante nosotros. 19
 No metas a las brujas en esto. Ellas son nuestras aliadas, siempre
han estado de nuestra parte y han dado la espalda a los licántropos
durante siglos.- Dijo Khalid con enfado. - Son fieles, y debemos
tratarlas como iguales. 21
 Alteza, usted piense en los beneficios. Poder, dinero y muchísima
fama. 2
 Nuestro reino no necesita rumores, y muchísimo menos fama.

294
 Además,- continuó Julián. - Los humanos nos prefieren mil veces a
nosotros, ven a los lobos como bestias. Y eso puede servirnos de
mucha ayuda. 4

Todas las familias comenzaron a discutir unas con otras, a excepción de los
verdes oscuros, que no habían vuelto a hablar desde la anterior
intervención.

 ¡Comenzar una guerra con los lycans no valdrá la pena!- Los de


blanco volvieron a hacer acto de presencia.
 Solo si perdemos. Armstrong. Y créeme cuando te digo que esta vez
tenemos un buen plan. Vamos a vengar a todos nuestros hermanos
caídos. Incluidos Mara y Magnus. 14

La mención de estos dos últimos nombres desfiguró el semblante de toda


la familia McClaine.

No me estaba gustando para nada el rumbo empezaba a tomar la


conversación. 9

 Podríamos vengar a vuestros padres altezas. Solo tenéis que pedirlo.


43

CAPÍTULO XXXV
El silencio en la sala era abrumador y la acumulación de tensión en el
ambiente parecía incrementarse por momentos. 22

Quería moverme, quería abrazar a Hudson sin importarme la cantidad de


vampiros que hubiera delante y quería asegurarle que todo iba a estar bien.

295
Que la "venganza" que proponían los nobles, no era para nada la solución
correcta. 5

El rencor que yo sentía por el ser que asesinó a mis padres, me llevó a odiar
con saña a los vampiros. Incluidos Hudson y toda su familia, cuando no
habían hecho nada malo.

He aprendido de mi error y no quiero que él cometa el mismo. No quiero


que odie a todos y cada uno de los licántropos por culpa de un degenerado.

Porque no creo que todos sean malos. 35

O eso espero.

 Sirvientas, podéis marcharos.- Dijo Dominik cortando el sepulcral


silencio. Y estaba segura de que ese "podéis marcharos", significaba
más bien, "iros de una puta vez". 25

Todas obedecieron al momento, incluida yo tras ver que nadie pedía que
me quedara como solían hacer normalmente. 3

A veces duele que Hudson haga como si no me conociese en público.


Porque a mí ya no me incomodaría el hacer la relación oficial. Es él el que
parece tener algún inconveniente con ello. 37

No quiero que me traten como una princesa, ni muchísimo menos quiero


ser una. Simplemente deseo que todos sepan que él tiene pareja, y que las
parejas de otros no se tocan. 46

Entramos en las cocinas, y allí nos quedamos en silencio lo que creo que
fué media hora.

Era exasperante no poder oír ni un ápice de lo que estaban diciendo, tanto,


que empecé a sudar mientras mi cabeza daba ligeros pinchazos. Por ello
decidí salir a los pasillos por la puerta de la cocina para poder tomar un
poco el aire.

Me senté en el suelo, me deshice del mandil, y desabroché los primeros


botones de la camisa que me estaba asfixiando. 4

296
Minutos después, cuando ya sentí que era suficiente, decidí levantarme
para seguir haciendo compañía a mis compañeras. No llegué a dar dos
pasos antes de que como siempre, el destino decidiese putearme un poco.

 ¡Eh!- Gritó alguien a mis espaldas 12

Me giré sobre mis talones lentamente, observando como una figura alta y
elegante se dirigía hacia mí con altanería.

Contuve la respiración al ver que efectivamente, era el portavoz de la


familia blanca. 3

Julián Reeder. 27

¿Por qué coño estaba aquí? ¿Acaso la reunión había terminado ya?

Cuando llegó hasta a mí me repasó de arriba a abajo con la mirada, y me


dió una sonrisa socarrona. 9

 ¿Quería algo señor Reeder?

Me negaba rotundamente a tratar a este idiota como "mi señor".

 Límpiame los zapatos.- Soltó sin contemplaciones. 85


 ¿Perdón?
 ¿Estás sorda? Lím-pia-me los zapatos. 36
 Lo siento señor Reeder, pero yo no soy una criada. Soy cocinera.
Puedo prepararle un postre de su agrado con gusto, pero "limpiarle
los zapatos" no es mi trabajo. 1
 ¿No te han enseñado a callar y acatar órdenes? 8
 Yo no acato órdenes de nadie.

Sabía que mis palabras me pasarían factura después, pero nadie me pasa
por encima. A mí no. 42

 Podría matarte por desacato.


 Inténtelo. Creo que los príncipes ya le dejaron en claro una vez que
las sirvientas del castillo no se tocan. ¿Qué ocurre?, ¿no será que el
sordo es usted? 76

297
Con un rápido y fuerte movimiento me apresó contra la pared.

 Ni se te ocurra faltarme al respeto.


 Pues no de lo que no quiere recibir.

Carcajeó sarcástico.

 Podría castigarte, gatita. 67

 ¿Vas a maltratar a una dama?- pregunté burlona, - que poco


honorable. 2

 No voy a golpearte, estás tan delgada que podría romperte, pero


puede que sí que me de el gusto de probarte. Hueles delicioso...-
Repasó su labio inferior con lentitud. - La última vez que capté un
aroma así... creo que fué hace veinte años. 3
 ¿Y tienes...?
 Apenas ochenta y ocho. 1
 Todo un abuelo. 35
 Este "abuelo", podría destriparte en menos de un segundo. De todas
formas, habiendo revolucionado a toda la sala como lo has hecho en
los escasos minutos que estuviste dentro... es probable que no sea
necesariamente yo el que acabe con tu vida.
 ¿De qué hablas?
 ¿Por qué crees que el principito os sacó repentinamente a todas?
¿por caridad? ¿porque ya no os necesitábamos? Cielo, tuvo que
echaros porque ya varios vampiros se estaban poniendo demasiado
ansiosos. Y no les culpo, tu sangre huele demasiado... dulce. 26
 Gracias por el dato, supongo,- me apresuré a contestar, - pero tengo
que irme. 3
 ¿Y vas a dejarme así? ¿sin haberme dado a probar ni una mordidita?
 Eres un cerdo. 16
 Si supieras todo lo que me gustaría hacerte...- deslizó su frío dedo
por mi mandíbula. - Quizás no me considerarías solo un cerdo.
 Ya lo hago, sé perfectamente que también eres un degenerado
asesino.

298
 ¿Y los príncipes no?- Sonrió con ironía. - Cada uno de ellos ha matado
al doble de personas que yo. Pero sin embargo, ellos no te repugnan
y no te dan miedo.
 ¿Qué te hace pensar eso?- Intenté hacerme la desentendida.
 Cuando el príncipe Dominik habló, ni siquiera te inmutaste, al
contrario que tus compañeras que hasta pegaron un brinco. Por otro
lado y en especial el príncipe Hudson, te dedicaron leves miradas de
vez en cuando. Como asegurándose de que estabas bien. Eso,
sumado a lo ocurrido el otro día, cuando inexplicablemente Hudson
te protegió de mí... me hace pensar que estás involucrada con ellos
más de lo que deberías. 1
 El señor Hudson me defendió a mí como podría haberlo hecho con
cualquier otra de mis compañeras.

 Ahí te equivocas, he sido testigo más de una vez de como el rey


Maximus desangraba a una criada en la misma mesa de comedor en
la que he cenado esta noche. Yo era bastante joven, pero lo recuerdo
con claridad. Ninguno de los príncipes podía ocultar sus muecas
asqueadas y llenas de impotencia, excepto Hudson, que parecía
importarle tanto como la misma vida de su abuelo. Su indiferencia
era tal que ni parecía escuchar los alaridos de las mujeres. Lo que me
lleva a deducir, que tú eres su nuevo juguete. 2
 ¿Nuevo juguete...?
 Ya sabes, algo de usar y tirar. Él, como yo y muchos otros hemos
tenido donantes personales, de las que nos alimentamos
continuamente y con las que en general hacemos un plus de juegos
eróticos y sexo, mucho sexo. Es por lo general. Algunos simplemente
se alimentan de ellas hasta la saciedad, y luego las desechan como si
fueran un juguete viejo.
 Él jamás se ha alimentado de mí.- Respondí a la defensiva.
 Todavía. ¿No has pensado que quizás no solo quiera eso de ti?
 A que te refieres. 3
 Es bastante obvio que eres una chica preciosa, aunque estes casi en
los huesos.- Rodé los ojos ante el tan innecesario comentario.

299
 No te lo tomes a mal, a mí me gustan las chicas como tú, el físico no
es algo importante. 3
 ¿Debería tomarlo como un alago?
 No es necesario. A donde quiero llegar, es que puede que tenga
como objetivo seducirte, poseerte, y luego sacar hasta la última gota
de sangre de tu cuerpo. 9
 El príncipe Hudson no es como usted, señor Reeder.
 ¿Estás segura? No serías la primera criada que cree poder tener algo
sentimental con Hudson cuando él solo desea satisfacer su sed de
sangre. 6

Esa frase hizo que mi corazón diera un vuelco.

 ¿Por qué me estás diciendo todo esto?- Inquirí exaltada, con la


paciencia al límite.
 Soy un hombre sincero, no voy a mentirte. Llevo pensando en tí
desde la primera vez que nos vimos. Nadie nunca me había
desafiado de esa manera, muchísimo menos una humana de clase
baja.
 ¿Y qué?
 Estoy aburrido en mi mansión, y seguro que tú harías de mis tardes
unas veladas muy divertidas y apasionantes.
 Gracias, pero no me apetece ser "domada", precisamente.
 Admito que eso no estuvo nada bien, pero allí dentro hay que
mantener las apariencias. 28
 Vaya apariencias de mierda. 2

-Me gusta tu carácter, ¿no crees que alguien como tú preferiría vivir en una
mansión en la que no tuviera que satisfacer las necesidades culinarias de
todos los nobles? 2

 Me gusta cocinar, me gusta este castillo y también las personas que


hay en él.

En su mayoría.

 Tú por ejemplo, no me gustas. Y además...- comencé a decir pero una


voz gruesa me interrumpió.
300
 ¡Julián!- Un hombre vestido de blanco apareció frente a nosotros
con evidente furia desbordada.

Julián perdió esa característica expresión burlesca y todo ápice de sonrisa


que pudiera haber quedado marcada en su rostro.

 Mierda...- Murmuró con temor.


 ¡Que haces hablando con esta criada!- ¡Es una classis infioriribus! ¡No
se merece ni una mirada lastimera por tu parte! 17

El hombre, de también aspecto joven, le agarró por el cuello de la camisa y


le separó de mí.

 Yo-yo estaba... 28
 ¡¿Por qué no haces algo útil por una vez y te vas a nuestro carruaje?!
¡La reunión ha finalizado! ¡Esos estúpidos príncipes se han negado al
enfrentamiento!

Julián se encogió levemente ante el tono despectivo que usaba el otro


individuo. 28

 Sí-sí, padre...- Susurró instantes antes de que ambos desaparecieran


en menos de un pestañeo.

CAPÍTULO
Caminábamos lenta y silenciosamente por los largos y lujosos pasillos del
castillo, teniendo como principal destino los aposentos de Hudson. 36

La distancia que había entre nosotros era considerable, y por lo menos yo


no tenía intención de acortarla. Por ello, la leve y esporádica mirada que
me persiguió durante todo el trayecto, parecía quererme atravesar. 1

301
Intenté hacerme la desentendida, pero Hudson no es demasiado
disimulado en lo que a este tipo de cosas concierne y se notaba a la legua
que estaba ansioso por comenzar una conversación. 22

Sin embargo, yo no tenía ganas de hablar, ni con él, ni con nadie. Estaba
sumergida en mis pensamientos. Podría decirse que mi extraña charla con
el noble Julián Reeder me había dejado un poco "tocada". Aunque no era
esa la única razón por la cual mi estado de ánimo estaba por los suelos. 1

Cuando llegamos a su cuarto e intenté retirarme tras un par de minutos de


incomodidad, una ráfaga de viento ya muy conocida para mí, me empujó
suavemente contra la pared, imposibilitándome la utilización de cualquier
tipo de vía de escape. 2

– ¿Ocurre algo?– preguntó dulcemente cerca de mi oído, haciendo que se


me erizase la piel en un segundo. 31

– ¿Qué?

– Has estado muy callada todo el camino. Yo solo quiero saber si... si estás
bien. 3

– Estoy bien.– Contesté rápidamente. – Es solo que estoy... al-algo cansada.

– ¿Seguro?– Insistió, estaba más que claro que no se lo creía en lo absoluto.

– Sí. Buenas noches.

– ¡Espera!– Sujetó mi muñeca para que no pudiera llegar a la salida. –


¿Quieres quedarte conmigo esta noche? 108

La pregunta me tomó por sorpresa, y no es que no quisiera dormir con él,


simplemente soy de ese tipo de personas que de vez en cuando necesita un
tiempo a solas para aclarar sus ideas y poder relajarse.

– Me encantaría, pero me toca turno de mañana. Entro a trabajar en unas


horas y...

– Los miembros del servicio tienen prohibido subir a este piso a menos que
les hayamos dado permiso con anterioridad. Nadie te verá salir de aquí.

302
Eso fué una mini puñalada para mi corazón, porque era él el que no quería
que nos viesen juntos, no yo. 38

– No es por eso, simplemente necesito descansar.

– Puedes descansar aquí.– Insistió. 3

– Yo...– suspiré con cansancio, – está bien.

Me dedicó una leve y preciosa sonrisa y me di la vuelta para comenzar a


desatar todos los lazos del corset, liberando mi cuerpo de una vez por
todas hasta quedar solo en ropa interior. 43

Me puse un camisón corto de satén en color marfil, cortesía de Khalid, y


una vez lista volví a girarme.

Hudson seguía de espaldas a mí, solamente con unos pantalones de pijama


puestos, lo que hizo que mis mejillas se calentaran sin compasión. 19

Su fuerte y definido torso sin duda es todo un espectáculo, pero esas


enormes cicatrices que empiezan casi en la nuca y terminan en la espalda
baja se llevan la máxima atención. Se vistió con una camiseta negra,
impidiéndome seguir observando cada una de ellas y se tumbó en la cama
a espera de que yo hiciera lo mismo. 2

Y no me demoré demasiado, porque aunque estamos en abril, las


temperaturas en nuestro condado son demasiado bajas. 1

Para hacerse una idea, la temperatura máxima en verano no suele


sobrepasar los veinte grados, e incluso ha habido días invernales en los que
ni Mace ni yo pudimos dormir a causa del frío. Pues es un poco difícil
calentar una casa entera teniendo como única herramienta una chimenea
de leña anticuada y estando a menos dieciséis grados fuera. 16

Me deslicé con delicadeza entre las suaves y carísimas sábanas de seda y


me tumbé en una esquina del gigantesco lecho.

Dejando fuera todo lo emocional, no me gusta dormir en su habitación en


estas fechas. Y es que desde que nos "reconciliamos" suelo pasar la noche
aquí muy a menudo y es una auténtica tortura. Básicamente porque unas
303
sábanas tan finas no son suficiente para apaciguar el frío, y él como no lo
siente no se da cuenta. 16

Además, no me he animado a decirle nada porque recientemente he


descubierto que le molesta el hecho de no poder transmitirme calor
corporal como podría hacer cualquier humano con su pareja. 36

Según Khalid es una de las cosas que más envidia de Viktor. 9

Noté como unos brazos me acercaban lentamente a su pecho, tuve que


golpearme mentalmente para que mi tonto y débil corazón no empezara a
latir desbocado.

– Buenas noches princesa.– Susurró con notable cansancio. 46

– Buenas noches... 3

Pasaron unos cuantos minutos y él ya parecía estar dormido, mientras que


yo hacía mis mejores esfuerzos por no tiritar. 9

Sé que ha sido un día duro para él, sobre todo después de la mención de
sus padres en la cena, y lo último que quiero es no dejarle descansar.

Miré el reloj de pared que había a mí derecha. Era relativamente pronto,


quedaban apenas cinco minutos para las doce, y lo único que deseaba era
que el tiempo se parase y que por nada del mundo llegase el diecinueve de
abril. 11

Pero como todo lo malo en esta vida, acabó llegando. Cuando la manecilla
del reloj indicó que eran las doce en punto tuve que taparme la boca para
no hacer el más mínimo ruido.

Porque hoy, diecinueve de abril, se cumplían doce años de la muerte de


mis padres. 90

Puede parecer una tontería, sobre todo porque los perdí a muy temprana
edad, pero eso no lo hace menos doloroso. Es un día prohibido y lúgubre
para mí, al igual que para Mace lo son las respectivas fechas del
fallecimiento de sus padres. Por eso precisamente hoy no quería quedarme

304
con Hudson, porque era consciente de que no podría aguantar el llanto, y
ya he llorado lo suficiente delante de él como para seguir haciéndolo. 2

No pude aguantarlo por mucho, era malditamente doloroso y tener que


aguantar las lágrimas y los sollozos no me ayudaba en nada.

Aparté con cuidado el fornido brazo de mi cintura y con el mayor sigilo


posible salí de la habitación.

Decidí que quizás lo mejor para calmarme era tomar un poco el aire, pero si
ya me estaba muriendo de frío en el castillo no me quería ni imaginar la
temperatura que debía haber fuera. Por ello pasé primero por mis
aposentos para coger una manta y usarla a modo de chaqueta.

Como predije, la noche era fría, muy fría. La nula presencia de nubes y luces
a mi alrededor me permitían ver la gran cantidad de estrellas brillantes que
adornaban el cielo nocturno. 7

Por no hablar de la enorme luna llena que iluminaba el bosque. 8

Según nos contaron en el colegio, nuestros antepasados usaban vehículos


a motor para desplazarse, provocando una contaminación horrible tanto a
nivel medioambiental como acústico. Por ello los vampiros los destruyeron
todos y decidieron que el nuevo medio de transporte serían los carruajes.
31

Aunque no era ese el único motivo.

Se dice que los mandamases tienen un gusto en común por el siglo


diecinueve y que por ello también cambiaron las ciudades y el modelo de
ellas. 2

Y como no les gustaba el modelo de "gran ciudad" decidieron


abandonarlas para trasladarse junto a los humanos a aldeas mas
semejantes a lo que eran los poblados en los siglos XVII, XVIII y XIX, e incluso
en la edad media. 11

Por eso vestimos así, con vestidos antiguos y corsets. Porque los demonios
de sangre más antiguos consideran que las mejores épocas fueron esas. Y

305
como nosotros no conocemos otra cosa lo hemos considerado lo normal,
sin darnos cuenta de que somos sus marionetas incluso para cosas tan
cotidianas como ponerse la ropa. 23

De todas formas siguen existiendo artículos en referencia al siglo XXI, como


por ejemplo las motos que Ariel guarda tan preciadamente en su baúl de
los juguetes.

Cogí aire durante unos minutos, reteniendo las ganas de llorar y maldecir a
todo ser viviente, hasta que decidí levantarme y olvidarme de todo y todos.

Porque no creo que a mamá y papá les hubiese gustado verme triste el día
de mi cumpleaños. 82

Me quité los zapatos aun con las mejillas llenas de lágrimas y empecé a
caminar por el césped mojado, adentrándome levemente en el bosque,
pero sin salir del recinto del castillo. Al final los pequeños pasos se
convirtieron en zancadas y poco tiempo después ya me encontraba
corriendo entre los árboles. Puede parecer una acción temeraria y
estúpida, pero a mí me relaja. 8

Cuando me cansé me tumbé en el suelo, estaba empapado, pero no me


importaba en lo absoluto. Era mi decimonoveno cumpleaños y lo único que
quería era pasármelo bien.

Estuve unos minutos ahí echada, mirando hacia la oscuridad de la noche, y


pensando si quizás mis padres fuesen alguna de esas estrellas
resplandecientes.

Antes era creyente. Es algo que adopté de Elena y Tom. Ellos siempre
fueron muy religiosos y nos llevaban a Mace y a mí todos los domingos a la
iglesia. Ahora que sé sobre la existencia de esa Diosa Luna, me he dado
cuenta de que solo creía en la figura que tienen los humanos de Dios, para
convencerme a mí misma de que mis padres estaban en un lugar mejor.
Cuando ni yo ni nadie sabemos que hay detrás de la muerte. 2

Y la verdad, si realmente existen un cielo y un infierno, prefiero no saberlo.

21

306
Poco después me levanté, ya que para ser sinceros, me estaba empezando
a entrar un poquito de miedo. Sé que aquí no puede pasarme nada malo,
pero mejor prevenir que curar. 10

Entré en el castillo y me encaminé hasta el último piso mojando todas las


alfombras a mi paso.

Estaba empapada de pies a cabeza, pero había merecido la pena. Incluso el


leve dolor de garganta que comenzaba a sentir, aun siendo indicador de
que probablemente habría cogido un resfriado, había merecido la pena.

Supongo que divertirse y hacer el tonto de vez en cuando no está mal.

Llegué al pasillo correspondiente tiritando de frío, justo cuando hice el


ademán para coger el pomo de la puerta, esta se abrió dándome un susto
de muerte.

– ¿Katherine?– preguntó Hudson con evidente preocupación.

Solo se me ocurrió mostrar mi sonrisa más inocente para que no me


regañase mucho. 22

Agarró mi antebrazo con suavidad y me empujó dentro de la habitación


nuevamente.

– ¡¿Donde coño estabas?!– preguntó con enfado, – ¡¿y por qué estás
empapada?! 75

– Fuí a tomar el aire un rato. El césped estaba muy mojado y...– no pude
continuar porque me atacaron una serie de estornudos.

– ¡¿Es que no puedes quedarte quieta nunca?! ¡mira cómo estás! ¡seguro
que has cogido frío!– entró en el baño mientras refunfuñaba. 4

Salió de este con una toalla y comenzó a secarme el pelo torpemente


mientras me echaba la bronca. 36

– ¡Ya iba a salir a buscarte! ¡parece que tienes como hobby hacer que me
preocupe! 1

307
– ¿Estabas preocupado?– inquirí con una ceja alzada. 11

– ¡Que harías tú si te despiertas y ves que tu alma no está! ¡encima siendo


de noche! ¡podría haberte pasado cualquier cosa! 6

– No he salido del recinto del castillo.

– ¡Me da igual!

Vale, estaba bastante cabreado.

– Perdón... es que necesitaba salir un poco y no quería despertarte.

– ¡Prefiero que me despiertes a que salgas sola!

Sonreí levemente con ternura. Pero a él se le veía realmente preocupado.

– Has estado actuando muy raro todo el día, por favor, dime que te pasa...

– No es nada, de verdad.

– ¡Deja de mentirme! 32

Suspiré pesadamente, aún no estaba lista para hablar de ello. Ni siquiera


Mace y yo mencionamos el tema, simplemente hacemos como que este día
no existe.

Será mi cumpleaños, pero no hay nada que celebrar. 1

– Estás helada, te traeré ropa seca.

Abrió su enorme armario y de él sacó una camisa negra simple que me


tendió poco después. Me la puse con rapidez cuando volvió al baño a
buscar más toallas.

– Vas a enfermar y yo no tengo ninguna forma de darte calor, simplemente


genial...– Murmuró para sí mismo con evidente estrés. 11

– Tranquilo, estoy bien, ya estoy empezando a entrar en calor.

– Soy incapaz de entenderos a los humanos. Parece que lleváis la estupidez


y el riesgo en la sangre. 39

308
– Auch.

– Ahora acuéstate, iré a buscar una manta o algo. Aquí no tengo nada de
eso.

Pero antes de que pudiera si quiera dar dos pasos, yo ya me había


abalanzado sobre él. Estoy segura de que si no fuese un vampiro ya
habríamos acabado los dos en el suelo. 1

– ¿Y esta muestra de afecto tan repentina?– preguntó con verdadero


interés, pues ni siquiera le había dado un simple beso en todo el día. 10

– Gracias.

–... ¿Por qué?

– Por no dejar nunca de cuidar de mí.

62

Antes de terminar con este capítulo, quería avisar de que se avecinan cosas
un poco tristes. Pero solo un poquitín, no os preocupéis. 109

Bueno, yo suelto el dato y me retiro lentamente... 12

CAPÍTULO XXXVII
– De nada.– Murmuró levemente. – Supongo que aunque quiera, no puedo
evitarlo. 26

– Cuando me viste por primera vez... ¿qué sentiste?– Me animé a preguntar


lo que me llevaba rondando ya varios días.

– Fué raro...– suspiró correspondiendo por fin a mi abrazo. – Creo que lo


primero que sentí fué atracción. Tenía la necesidad de sentir tu aroma, de
estar cerca de tí y de... beber tu sangre. 25

– Pero no lo hiciste.

309
– Me contuve, no quería asustarte. Aunque no fué nada fácil.

Sonreí débilmente.

Aunque la conversación no era precisamente muy alegre, estábamos en un


momento íntimo, en el que no necesitaba calor humano para sentir la
calidez y seguridad que me brindaba su cercanía.

– Luego pensé que lo mejor que podría hacer era alejarte de mí. Mi abuelo
siempre nos dijo que el amor era una debilidad y que debíamos destruirla.
Intentó convencernos de que el alma gemela que nos proporciona la Diosa
Luna es una maldición en vez de un regalo. Creo que por un momento le
creí. Pero ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba.

– Me parece imposible que alguien como él pueda llegar a tener una pareja
de vida. Y espero por el bien de esa persona que jamás lo consiga. 3

– Ya lo hizo.– Confesó con verdadero pesar. – Su alma fué la mujer que dió a
luz a sus únicos descendientes. Kibak y Magnus McClaine.

– ¿Cómo se llamaba?– Pregunté sorprendida. – ¿Y dónde está ahora?

– Se llamaba Andrómeda. Y está muerta. 20

Su agarre se intensificó considerablemente.

– Él la mató. 63

No supe responder a eso. Sabía que el abuelo de Hudson era mala persona,
pero jamás me lo habría imaginado a tales niveles. ¿De verdad no solo fué
capaz de asesinar a su propia hija, sino que también a su alma gemela?

– Lo siento mucho Hudson.

– No llegué a conocerla. Ni sé cómo era, ni me duele pensar en ella . Pero


por lo que me contó mi padre, debió de ser una madre maravillosa.

– Seguro que sí.

Cuando la pequeña charla llegó a su fin, separé la cabeza de su pecho para


poder observar plenamente su rostro, miré con detenimiento esos ojos

310
fuego que me camelaron desde el primer momento y acaricié su marcada
mandíbula de arriba hacia abajo, siguiendo el perfecto trazado natural de
la misma.

Sus manos ascendieron hasta mis pómulos para sujetarlos con delicadeza
y poder trazar movimientos circulares en mis cachetes.

Se acercó poco a poco, sin prisa, hasta que unos dulces y carnosos labios se
posaron sobre míos El beso era relajado, suave, lento y profundo. ¿La
sensación? Como miles de mariposas revoloteando en mi estómago. 29

Bajó sus manos por mi cuello, mis hombros y luego mis brazos hasta
dejarlos en mi cintura, dónde dió algún que otro apretón. 52

Su boca se movía cada vez de forma más intensa y yo intentaba seguirle el


ritmo torpemente. No sé ni cuándo ni cómo acabamos tumbados en la
cama, yo boca arriba y él encima de mí. 54

Sus manos se colaron por la camisa ahora abierta que me había prestado,
haciéndome saltar levemente por el contraste de su piel fría con la mía
ardiendo en vergüenza. 13

Se deshizo rápidamente de la única prenda que cubría su torso y volvió a


atacar mis labios con frenesí. Por un momento lo olvidé todo, olvidé el día
que era, olvidé mis problemas, los suyos, e incluso el frío que hacía en la
habitación. 29

La satisfacción era tal, que estaba acariciando parte de su cuello, nuca, e


incluso espalda sin darme cuenta. Cuando noté esa piel abultada y distinta
al resto, aparté mis manos de golpe, dejándolas sobre la cama. 1

– Perdona...– Murmuré separando nuestros labios.

–... ¿Qué?– Preguntó aparentemente desconcertado. 3

– No me di cuenta, no quise tocarlas.

– ¿A qué te refieres...?– Estuvo unos segundos en silencio hasta caer en


cuenta de lo que estaba hablando.

311
– Lo siento si te ha incomodado, quizás te duelen y yo no...

– No me duelen.– Susurró apartando la mirada. – Pero... ¿No-no te dan


asco? 105

– ¿Asco?

– Son horribles... Yo no quería que las tocaras porque creí que te parecerían
repulsivas.

– Hudson, no me dan asco, solo son cicatrices. Son un recordatorio de lo


fuerte que eres. 9

– De lo débil que soy, dirás.

– ¿Débil? ¿de verdad crees que alguien débil sería capaz de soportar algo
así? Eres un jodido vampiro, se supone que te regeneras. No me quiero ni
imaginar lo que tuvo que ocurrir para causarte algo así.

Se quedó en absoluto silencio, mirándome de una forma que no pude


descifrar.

– Además, nada que venga de tí podría darme asco. 5

– Puedes tocarlas.– Aseguró con algo de dificultad tras haberlo meditado


unos instantes. 2

– ¿Estás seguro?

– Sí... Quiero que me toques como yo quiero tocarte a tí. 189

Un nuevo beso esta vez por mi parte, volvió a acallar nuestras voces.
Deslicé las yemas de los dedos por toda la longitud de su espalda,
incidiendo en la parte superior y siguiendo la línea de su columna vertebral.

Comenzaba a sentir un calor extraño y algo asfixiante. Una voz interior que
me pedía que me sacase la ropa y que me entregara a él. 5

No hacía falta desabrochar nada, ya que no llevaba ningún sujetador


puesto. Mis pechos habían quedado expuestos hace tiempo, solo que con
todo lo que estaba ocurriendo no me había percatado de ello. 1

312
Descendió su cabeza hasta estómago, repartiendo pequeños besos por
toda la zona que me hicieron temblar levemente.

Sus pantalones también desaparecieron poco después, y con ellos toda la


cordura que me quedaba hasta el momento.

– ¿Estás segura de esto?– Inquirió con preocupación. 4

– Quiero hacerlo contigo Hudson. Aquí y ahora. 161

Sonrió leve y pícaramente ante eso, para después dirigir sus manos hasta
mi ropa interior y bajarla con delicadeza y precisión.

Aparté la mirada, ya que me parecía demasiado vergonzoso.

Me miró como pidiéndome permiso. Sonrojada a más no poder asentí y


poco después noté como separaba mis piernas.

– Mírame.– Ordenó con voz ronca. 94

Lo hice. Sus ojos reflejaban la lujuria y el peligro. Él era el cazador y yo su


presa. 21

Uno de sus fríos y largos dedos se posó en mi centro, haciéndome botar por
la impresión. Empezó con movimientos circulares en el clítoris que me
hicieron perder totalmente la razón. 25

Tuve que morder mis labios para no gemir, pues con tanto vampiro por
aquí es imposible que no oyesen nada si hacía ruidos fuertes. 35

Me sentí desfallecer varias veces a la vez que aumentaba la velocidad de


sus dedos, notando como cada vez estaba más cerca del orgasmo.

– ¿Estás lista?– Preguntó deteniendo el movimiento rítmico allí abajo.

No supe a que se refería, hasta que bajé la cabeza y me topé con su...
pequeño amigo. 16

Que no era para nada pequeño. 188

313
– ¿Pasa algo?– Su mirada pícara y sonriente hicieron que la temperatura de
mi cuerpo ascendiera todavía más, si es que eso era posible.

– No...

– No pareces muy convencida.

– Es que... esa cosa va a romperme las piernas. 175

Su melodiosa risa hizo eco por toda la habitación.

Me gusta verlo así. Feliz, alegre, bromista, e incluso pervertido.

– Iré despacio. Te lo prometo. 2

Se posicionó en mi entrada y suspiré profundamente. Estaba roja y


acojonada hasta la médula. 19

Y no fué para menos, aunque se había ocupado de que la zona estuviera


"lubricada", dolía como los mil demonios.

– ¿Ya está?– Gemí de dolor con los ojos cerrados mientras notaba algo
líquido bajar por mis muslos.

– Casi.– Respondió con un tono que no mostraba ni pizca de seguridad. 73

Me incliné para asegurarme.

Era mentira.

Faltaban por lo menos otros diez centímetros y ya había metido más de la


mitad. Además, el líquido que estaba manchando la cama, no era nada más
y nada menos que sangre. 194

– ¡A mí me parece que no está!– Balbuceé algo asustada. Mi himen acababa


de irse a la mierda y solo esperaba que a Hudson no le diera asco esa
pequeña mancha que ahora "adornaba" su colchón. 88

– Lo estás haciendo muy bien.

314
Asentí poco convencida y él siguió entrando en mí. Cuando lo hizo al
completo di un soplido de alivio mientras él esperaba quieto a que me
acostumbrara a su tamaño. 5

Eso no era un pene, era un titán. 379

Minutos después, cuando le di vía libre, comenzó a moverse. Al principio


fué molesto, pero luego fuertes olas de placer atacaron mi cuerpo a la par
con las embestidas.

En la habitación solo se oían el roce de nuestros cuerpos, mis intentos


fallidos por acallar los gemidos y sus roncos y sexys gruñidos.

Colocó una de mis piernas sobre su hombro para más profundidad y volvió
a unir nuestros labios con desespero. 77

– Te amo...– Susurré inconscientemente. 62

Mi corazón se oprimió al esperar una respuesta que nunca llegó. Pero lo


entendía, entendía que Hudson no es bueno con las palabras y que quizás
cuando se sintiera listo, fuese capaz de repetirme esa misma frase desde el
corazón. 66

– Déjame marcarte.– Pidió segundos más tarde entre suspiros . 52

– ¿M-marcarme? 2

– Lo necesito... 20

Sus embestidas se aceleraron haciendo que se me nublara la mente.

– No sé qué es eso...

– ¿Confías en mí? 2

– Sí...

Entonces su boca se acercó a mí cuello, lo besó durante un par de minutos


y cuando creyó que era suficiente mojó la zona con su propia saliva.
Inmediatamente algo filoso se clavó justo en ese punto, provocándome

315
olas de dolor y placer con las que alcancé un arrasador orgasmo que
también le arrastró a él. 31

Me sentía muy cansada, débil, adolorida... pero también satisfecha. 1

Irremediablemente tuve que cerrar los ojos y dejar que la oscuridad me


atrapara, escuchando de fondo unas últimas palabras que hicieron que mi
corazón palpitase de la alegría. 6

– Yo también te amo princesa... 372

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XXXVIII 60.6K 5.1K 3.6K Autor: Rebeccapierce20 por


Rebeccapierce20 Compartir Solo voy a decir una cosa: 6

23'4. 419

Abrí los ojos con lentitud, recibiendo una ceguera momentánea causada
por el brillante sol que se colaba por los grandes ventanales de los
aposentos de Hudson. 1

Alcé la cabeza cuando conseguí acostumbrarme a la abrasadora luz y me di


cuenta de que estaba totalmente inmovilizada por unos brazos grandes y
fuertes. Noté que estaba abrazado a mí tal como vino al mundo y un rubor
escandaloso comenzó a ascender por mis mejillas. 10

Cuando conseguí relajarme estiré los brazos para intentar salir de la cama,
pero me topé con un cuerpo extraño al que tuve que palpar varias veces
para darme cuenta de que se trataba del mini Hudson. 145

Sentí que se me paraba el corazón, pero tuve la suficiente fuerza de


voluntad como para apartar la mano de ese lugar inmediatamente.

Aunque sin mucho éxito.

Algo sostuvo mi muñeca con ligera fuerza, obligándome a seguir


acariciando esa parte, de arriba hacia abajo. 35

316
– Así que metiéndome mano mientras descanso... no me lo esperaba, pero
me gusta esta nueva faceta pervertida tuya.– Murmuró con voz ronca sin
detener la acción de su mano sobre la mía. 119

Retrocedí con rapidez, sintiendo que me desmayaría por la vergüenza.

– ¡No-no es lo que crees! ¡no quería tocarlo! Bueno, sí quería tocarlo, ¡pero
no ahora! ¡ha sido un accidente! 85

– No parecían muy accidentales esos toqueteos. 4

– ¡Solo lo estaba palpando! 12

– ¿Palpando?

– ¡Sí! ¡para saber qué era! 12

– ¿Lo has disfrutado? 7

– ¡Hudson! 8

– Venga princesa, mira cómo estoy. ¿Vas a dejarme así? 63

Movió la sábana dejándome ver su gran erección. 27

Ahí me di cuenta de que yo también estaba tal y como vine al mundo. Cogí
la manta e intenté taparme muerta de pudor, pero él no me dejó.

– ¿Te vas a tapar? si ya te he visto así, desnuda y abierta para mí... 39

– ¡Hudson! 1

En un ágil movimiento me colocó encima de sus piernas, haciendo fricción


entre nuestras intimidades. 9

– Hu-hudson... 3

– No quiero que escondas tu cuerpo de mí. Es mío. 165

– ¿T-tuyo?

– Sí, solo mío. 2

317
Intenté rechistar, pero el sexy vampiro de ojos rojos sonrió malévolamente
y azotó mi trasero sin contemplaciones. 51

Abrí la boca indignada, situación que aprovechó para unir nuestros labios
en un beso brusco.

– Estás raro...– Conseguí balbucear entre suspiros. 29

No respondió, solo empezó a descender por mi cuello hasta llegar al sitio


donde me había mordido la noche anterior.

Un solo beso en ese lugar ya hizo que mi piel se erizase y mis piernas
temblaran en leves pero nada desapercibidos espasmos. 5

– Tan hermosa... y solo mía. 57

Estaba bastante confusa en ese momento, pero me era imposible no


excitarme ante su delicado toque. 6

Quise tomar la iniciativa, deslizando la mano por su marcado abdomen


hasta llegar a su miembro. Un gruñido gutural se escapó de sus labios por
la sorpresa, al igual que un temblor mal disimulado. 1

-¿Que estás...?– Se agarró fuertemente a los laterales de la cama cuando


uno de mis dedos hizo contacto con su glande. 58

Comencé a masturbarlo lentamente, escuchando sus melódicos y graves


gemidos, observando sus ojos cerrados con fuerza, su boca entreabierta
dejando ver dos sensuales colmillos, sus manos recubiertas de venas,
ahora todavía más marcadas a causa de la presión que ejercía contra el
colchón y su pelo castaño claro revuelto, rebelde y despeinado. 82

Aunque no estaba totalmente segura, me animé a realizar la "acción" que


tantas veces había leído en los libros románticos de la biblioteca del
poblado. Agaché mi cabeza y me metí su miembro en mi boca torpemente.
177

Dejó que yo llevara las riendas durante un par de minutos, pero de un


momento a otro comenzó a embestir mi cavidad bucal, mientras sus dedos
me sujetaban el pelo en una coleta alta. 10
318
– ¡Ey chicos! ¡Vamos a desayunar!– Gritó Mace tras la puerta, maltratando a
mi pobre corazón con un susto de muerte. 87

Hudson, que no dejaba de hacer "sus cosas", no respondió. Pero Mace,


ajena a la situación, siguió insistiendo. No paró hasta que él consiguió decir
sin levantar sospechas, que no tardaríamos en bajar.

– ¡Bien, os esperamos!

Escuchamos como se alejaba, y un par de minutos después consiguió llegar


al orgasmo.

Su pecho subía y bajaba irregularmente, sus ojos estaban cerrados, y


agarraba con fuerza el cabecero de la cama.

Tironeó de mi mano para acostarme en su pecho, abrazarme con fuerza y


esconder su rostro en mi cuello.

– Si cada vez que te azote vas a reaccionar así... empezaré a hacerlo más a
menudo. 103

Me volví a sonrojar, ha sido bastante excepcional verme tomando el control


en este tipo de situaciones, aunque solo haya sido por un rato.

– Es una pena que no tenga tiempo para hacerte disfrutar a tí.– Susurró con
voz sensual. – Pero voy a ocuparme de que esta noche sientas verdadero
placer... 37

Tragué en seco y él sonrió autosuficiente, luego se levantó de la cama


conmigo en brazos, teniendo el baño como destino.

– ¿Qué haces?

– Vamos a darnos una ducha.

– ¿Vamos? ¿los dos juntos? 9

– A partir de ahora serán más bien pocas las veces que te bañes sola. 29

Reí ante el comentario, hasta que gracias al espejo pude observar dos
pequeños agujeros decorativos cerca de mi mandíbula. 4

319
– Hudson... ¿qué me hiciste anoche? 1

Tardó unos segundos en contestar, como si dudase entre decírmelo o no.

– Te marqué. 5

– ¿Y... qué es eso?

– La marca es algo que los vampiros y los hombres lobo hacemos con
nuestras parejas. Nosotros ya teníamos un lazo sobrenatural que nos
impuso la Diosa Luna, que podíamos romper diciendo en voz alta esas
palabras que te enseñó Jackson. Pero ese vínculo estaba incompleto, ya
que para sellarlo se necesita la voluntad y el amor de las dos personas. Algo
ajeno a la Diosa. Con mi mordida y el sexo lo hemos completado. 1

– ¿Qué implica eso?

– Que eres mía y yo soy tuyo. Que separarnos es doloroso incluso a nivel
físico. Y que... bueno...

– ¿Y qué...?

– Que solo eres fértil conmigo. 243

Tardé en procesarla, pero esa nueva información no me causaba ningún


tipo de problema, de todas formas no voy a tener un bebé con alguien que
no sea Hudson. 6

– Lo siento mucho princesa... mi instinto me llevó a marcarte y no pensé en


lo que querrías tú. Perdóname–. Susurró con una expresión de tristeza que
me desconcertó.

– No me molesta eso Hudson, me gustaría tener hijos y tú eres el hombre


que quiero que...

– Ese es el problema Katherine. No vamos a tener hijos. 199

Se escuchó un pequeño crujido. 2

Fué mi corazón rompiéndose. 28

320
Siempre he querido ser madre. He soñado desde niña con enseñarles a mis
hijos recetas, juegos y canciones. 39

Obviamente en un futuro lejano.

Aun así, es doloroso que todas tus ilusiones acaben enterradas en menos
de una milésima de segundo. 1

– ¿No quieres tener hijos?– pregunté en un débil susurro.

– Claro que quiero. Pero no podemos.

– ¿Por qué?

– Porque morirías. 109

Abrí los ojos abruptamente.

– Tú cuerpo se debilitaría mucho en el embarazo, no hay opción de que


pudieras sobrevivir al parto. 56

– Pero...

– No quiero criar a un hijo solo, no quiero hacerlo si no estás a mi lado. 17

– ¿Y-y qué haremos?

– Eres humana y es difícil que te quedes embarazada de mí. De todas


formas, a partir de ahora debemos usar siempre protección. No-no puedo
perderte. 76

– Esta bien... Su-supongo que no necesitamos un bebé para ser felices. 111

Tras una ducha corta entramos en el enorme y lujoso comedor dados de la


mano. 7

Porque sí, Hudson McClaine me estaba dando afecto en público. 26

Ha estado muy raro estas últimas horas, más cariñoso, meloso y posesivo.
Cosa que no pasó desapercibida para ninguno de los otros cinco

321
integrantes mayores en la familia, que parecían más ilusionados con la
noticia de la "marca" que yo.

– ¡Esto merece una gran celebración!– Khalid chilló emocionada mientras


me abrazaba con ansias.

Pero esa tan espontánea y alegre muestra de afecto no duró tanto como
ella tenía planeado, pues cierto vampiro de ojos hipnotizantes me apartó
de los brazos de su hermana en un gruñido. 5

– ¿Qué haces...?– Inquirí extrañada mientras él miraba a la rubia de forma


amenazante.

– Eso me pregunto yo–. Prosiguió Khalid.

– Es mía, no puedes toquetearla tanto–. Me abrazó con fuerza sin dejarme


rechistar. 38

– ¡Es mi cuñada! 4

– ¡Es mi alma! 10

– Chicos...– Intenté intervenir, pero su agarre se intensificó como si tratara


de proteger un juguete que no quiere prestar.

– Tranquila Kath– dijo Erick en tono calmado llamando mi atención, – es


normal, acaba de marcarte.

Solté una carcajada sarcástica interrumpida por el castaño, que se sentó en


la silla conmigo sobre sus piernas. 6

– Se le pasará en un par de días–. Jackson le restó importancia. 34

– En fin...– cambié de tema drásticamente. – Oye chicos, ya conozco el


poder de Hudson y el de Dominik, ¿cuáles son los vuestros? 32

– Bueno, en realidad solo conoces uno de Hudson. Este idiota salió más
poderoso que el resto de nosotros. 36

– ¿Eso es algo normal en un vampiro?

322
– Pues no, la mayoría, por no decir todos, solo tenemos uno. 1

– ¿Y cuál es tu otro poder?– Inquirí emocionada.

– Puedo controlar la electricidad. 98

Abrí la boca impresionada y Mace tuvo que levantarse segundos después


para cerrarmela. 1

– ¡Eso es increíble!

– Supongo...

– ¿Y tú, Khalid?

– Yo puedo ver el futuro. 87

Casi me caigo de la silla.

– Solo son predicciones aleatorias.– Aclaró su hermano mayor.

– Yo creo que no sirve para nada, solo he tenido dos visiones a lo largo de
mi vida y me llegaron cinco minutos antes de que ocurriera el hecho en sí.
26

– Por lo que no pudimos hacer nada.

– Después está Erik, que es amigo de las plantas.– Dijo con burla Dominik.
68

– Idiota...– masculló.

– ¿Enserio?

– ¡No!– se apresuró a contestar. – Solo las controlo. Ese es mi poder.

– Tiene hasta un invernadero personal. 53

– ¡Cállate!

– Ay, quiero que me lleves ahí.

323
– Claro que te llevaré. Seguro que no eres como mis hermanos. ¿Qué
necesidad tenéis de pisar las plantas? 26

– No lo hacemos a posta Erik. El suelo está cubierto de ellas.

– ¡No es tan difícil caminar por el camino marcado! 6

– Bueno, dejad de discutir. Todos sabemos que el mejor poder es el mío.

– Discrepo.

– ¿Y cuál es?– Parecía una niña pequeña ilusionada.

– Puedo minimizar el dolor físico en las personas. Pero solo lo hago si es un


dolor agónico, o si están a punto de fallecer. Para que no mueran con dolor,
¿sabes? 40

– Eso es muy noble.

– El problema es que ese dolor lo siente él. 18

– Oh...

– Es el único contra.

– Ya veo... Emm... ¿Eliel?

– Eliel manipula el agua–. Habló Mace mientras acariciaba la mano del


pelirrubio. – Es genial. 19

– Como veo que vas a preguntar, Ariel no los ha desarrollado aún.– Musitó
Khalid mientras observaba al pequeño degustar con ansias una tarta que
había preparado el día anterior especialmente para él. 1

– ¡Pero lo haré pronto!– Dijo convencido levantando la cabeza, dejándonos


ver toda su carita machada de chocolate. 86

– Claro que sí peque. Claro que sí.

CAPÍTULO XXXIX

324
"Sé que no soy la persona que hubieras escogido para vivir a tu lado. Sé
que ahora desearías estar con él y que nada de esto estuviese pasando.
Pero también sé que eres fuerte, y que si hemos llegado hasta aquí, es
únicamente gracias a ti".

Así, con una repentina visita, fué como cayó la primera ficha de dominó que
acabó por provocar el desastre. Quizá fué culpa mía por no haberlo visto
venir, por no haber sido capaz de sobrellevar la situación, o por haber sido
tan ingenua como para pensar que ya nada podría arrebatarme la felicidad.

Con la inesperada visita de Cristal Vinsonneau mi mundo se vino abajo, una


vez más. Pero solo me arrepiento de no haberle dicho te quiero, antes de
marchar. 180

 ¡Hudson! ¡para!- Chillé adolorida mientras me sujetaba el estómago


con fuerza. 8
 Deja que me lo piense...

Por un momento pensé que iba a darme una tregua. No podía estar más
equivocada. A los pocos segundos volvió a posicionarse encima de mí para
seguir torturando mi pobre y débil cuerpo con cosquillas infernales. 28

 ¡No puedo más!


 ¿No?- Preguntó burlón sin tener la más mínima intención de
detenerse.

Nos encontrábamos en el jardín trasero, para ser más exactos, en un punto


estratégico que era totalmente invisible desde las ventanas de los primeros
pisos del castillo. Ya sabéis, para evitar miradas curiosas.

A esta zona en particular se accede a través de un pequeño laberinto, cuya


entrada está prohibida para culaquier persona que no pertenezca a la
familia McClaine. Además, es un sitio realmente hermoso donde abundan
flores y animales de todo tipo. No os podéis imaginar la emoción que me
causó descubrir que no solo había flores comunes, como pueden ser las

325
margaritas y las rosas, sino también algunas que no había visto nunca,
como la orquídea fantasma o el corazón sangrante. Por no hablar de mis
favoritas, el clavel rojo y la hortensia azul. 11

Erik se encarga de cuidarlo, por eso pueden crecer todo tipo de plantas,
tanto locales, como exóticas.

Tras unos minutos de diversión, besos y caricias, recibimos el llamado


urgente de Dominik, que nos obligó a abandonar ese pequeño paraíso con
rapidez. 2

– ¿Qué ocurre?– preguntó Hudson cuando llegamos a la entrada del


castillo.

– Acaba de llegar un mensajero, procedente del reino Vinsonneau. Al


parecer, la princesa Cristal va a hospedarse aquí. 125

– ¿Quién es la princesa Cristal?– pregunté con confusión.

– Es la hija menor de los Vinsonneau, una... vieja amiga de Hudson.–


Respondió Khalid con una mueca de asco. 121

– No es una vieja amiga.– Se defendió mirando a su hermana.

Le miré con una ceja alzada, esperando una respuesta coherente por su
parte.

– El abuelo quería que ellos fuesen pareja.– Soltó la vampiresa de sopetón.


10

Una amarga sensación empezaba a estrujarme el pecho y no, no era para


nada agradable.

– Pero yo no.

– Ya bueno, cuando ella viene, cabe recalcar que sin ser invitada, la tratáis
como si fuera una niña buena.

– Sabes como es esa familia, si no tratamos bien a la princesa...– Dominik


se vió bruscamente interrumpido por la rubia.

326
– Ella nunca me ha tratado bien a mí. Pero parece que os da igual.

– Ya hemos hablado de esto Khalid. Ahora por favor, no digas nada, ya


están llegando. 2

Era cierto, en cuestión de un par de segundos empecé a escuchar con


mucha claridad el galope de varios caballos.

– ¿Queréis que me vaya...?– Pregunté algo asustada.

– No hace falta, estás marcada. Todo vampiro que te huela sabrá que eres
mi pareja. Además, ella es una aliada. 11

– Sí claro, aliada cuando quiere. 70

– Khalid... 1

Un carruaje escoltado por cinco caballos se detuvo encima del césped


recién plantado, que poco después también fué pisoteado por los
animales. 3

A Viktor le dará un infarto cuando lo vea. 3

La puerta del transporte se abrió con elegancia, por ella salió una mujer
seguida por sus escoltas.

A medida que se acercaba fuí viendo con gran claridad que se trataba de
una mujer hermosa, de cabello rojizo y rizado y ojos semejantes al carmín.
5

Se acercó como si de un desfile de moda se tratase, mostrando las prendas


de pelo animal y el bolso de piel de cocodrilo que completaban su
vestimenta. 8

– ¡Mis príncipes!– Chilló en tono seductor cuando llegó hasta nosotros. 8

– Hola Cristal...

No lo pensó dos veces, fué directa hacia Hudson y se le lanzó encima, casi
tirándome al suelo en el proceso. 44

327
– ¡Te he echado de menos cariñito! 11

– Cristal...– Él le dió un par de golpecitos en la espalda y se separó.

– ¡Oye! ¡No seas soso! ¿no vas a darme un abrazo en condiciones? 4

Hizo el ademán de volver a saltar encima suyo, pero al parecer, me detectó.


Me miró de arriba a abajo, se acercó peligrosamente, apartó un mechón de
mi pelo con fuerza, dejando a la vista el lado izquierdo de mi cuello y soltó
un grito de rabia. 70

– ¡¿Qué significa esto?!– Hudson reaccionó rápidamente apartando sus


garras de mi yugular.

– Su marca.– Contestó Khalid con satisfacción. – Es la tua cantante de


Hudson. 86

Me escaneó con una mueca desfigurada, como si intentase clavarme una


daga mentalmente.

– ¿Esta humana es tu alma?

– Sí.

– ¡¿Y por qué no la has rechazado?! 10

– Porque la ama, mi hermano está totalmente enamorado de ella. 58

– Cállate Khalid. 1

– ¿Por qué? solo he respondido a algo que tú has preguntado.

– Pero cariñito, Maximus dijo que tú y yo seríamos pareja. 6

– Como bien dices, lo dijo mi abuelo, no yo. 13

Se formó un silencio incómodo.

– Bueno... ¿me mostrareis mis aposentos, no? Hay mucho trabajo que
hacer.

– Claro, sígueme Cristal.– Murmuró Erik con una sonrisa falsa en la cara.

328
Transcurrió una semana. Una semana en la que mis momentos con Hudson
prácticamente habían desaparecido. Todos se pasaban horas en la sala de
juntas discutiendo acerca de lo recientemente ocurrido en el reino
Vinsonneau, y por lo tanto, el vampiro castaño llegaba a altas horas de la
noche cuando ya estaba dormida y se iba en la madrugada, antes de
despertarme. 5

Mentiría si dijese que no me afecta. Odio con toda mi alma que Cristal le
tire los cejos a Hudson y que este no se de cuenta. Odio que ya no podamos
pasar tiempo juntos, odio que incluso Mace esté demasiado ocupada como
para pasar tiempo conmigo. 4

Pero sobre todo, la odio a ella. 89

Sé que este sentimiento es dañino, pero no puedo evitarlo. Cada vez noto
que se instala más en mi interior y no puedo controlarlo. 2

Me duele porque también está afectando a mi relación. Cuando Hudson


llega en la noche y quiere ver si puede hablar conmigo, siempre me hago la
dormida. 11

Pero qué puedo hacer, soy terca y orgullosa por naturaleza. 61

Lo que más quema, es que ninguno se percate de las miradas de odio y


satisfacción que me dedica cuando ve que Hudson no puede pasar tiempo
conmigo. 1

Y es que el muy idiota ni se da cuenta de sus intenciones, ni de que yo le


estoy evitando. 5

Pero bueno, el verdadero problema comenzó un día en el que sin venir a


cuento, Cristal se me acercó.

– ¡Criada!– Chilló.

– ¿Qué necesita princesa?– Pregunté con una sonrisa forzada. 5

329
– Verás, he estado analizando la situación. Y he llegado a la conclusión de
que deberías rechazar a Hudson. 11

– ¿Disculpa?

– Vuestra... relación, es insostenible. Él es un príncipe y tú... solo una


humana de baja clase. 31

– ¿Tú crees ser mejor opción?

– Pues claro. Mírame, yo puedo darle todo lo que tú no.

– ¿Por ejemplo?

– Hijos. 5

Auch, golpe bajo. 49

– Siempre se puede adoptar.

Su rostro se desfiguró.

– ¡¿Estás loca?! ¡¿Adoptar?! ¡La línea de sangre debe mantenerse pura!

– Pues...

– Además, yo cuento con el apoyo de Maximus. ¿Qué tienes tú?

– ¿A diferencia de tí? cerebro. 135

Abrió la boca impresionada, pero yo ni siquiera me inmuté, estoy


acostumbrada a decir las cosas en voz alta en vez de simplemente
pensarlas.

– ¡Vaya falta de respeto!

Vaya mujer más toca pelotas. 26

Pensé que me insultaría, que me gritaría o que incluso se pondría a llorar.


Lo que no esperaba, es que su mano acabase estampada en mi mejilla. 5

– Soy tu princesa, trátame como tal, humana insolente. 8

330
Sobé el lado izquierdo de mi cara y le dediqué una sonrisa torcida.

– Ni eres mi princesa, ni te debo nada, chupasangre descerebrada. 29

Volvió a hacer el ademán de golpearme, solo que esta vez mucho más
fuerte. Afortunadamente, antes de que llegara a hacerlo, un objeto volador
golpeó su hueca cabeza. 11

Giré la cabeza para descubrir quién era mi salvador. No pude ocultar mi


sorpresa al ver que se trataba nada más y nada menos, que de Lisa. 137

– ¡¿Pero que estás haciendo?!– Gritó sin importarle que alguien pudiera
escucharla.

Lisa titubeó.

– Usted no puede golpear al servicio. 74

– ¡Vas a enterarte de lo que es bueno, mocosa!

Avanzó hacia ella con actitud agresiva. Cuando logré salir de ese estado de
impresión, reaccioné y la empujé lejos de la otra pelirroja.

– ¡Como os atrevéis!

Me empujó contra la pared, haciendo que mi cabeza se llevase un buen


golpe. Se alejó de mí y aprovechó para volver a por Lisa, quién sin poder
evitarlo recibió un golpe que acabó por tirarla al suelo.

– ¡Acabaré con vosotras! ¡a mí nadie me desobece!

Parecía que sí que iba a cumplir con lo dicho, pero de repente se quedó
quieta, cerró los ojos fuertemente y dejó que unas cuantas lágrimas
sangrientas descendiesen por sus cachetes. 3

Me levanté del suelo con intención de atacarla.

– ¡¿Qué está pasando aquí?!– Vociferó Khalid bajando las escaleras.

Erick y los demás, exceptuando a Dominik, llegaron segundos después. 2

331
– Yo-yo... yo estaba caminando por el pasillo y esta humana se me echó
encima. 31

– Pero qué dices...– murmuré atónita.

– Me-me ha amenazado. Ha dicho que como no me aleje de Hudson va a


quemarme con verbena. 22

Todos me miraron con enfado. 3

– ¡Katherine! 2

– ¡Es mentira!

– ¡No la creáis! ¡quiere hacerme daño porque está celosa!

– ¿Por eso has estado rara?– pregunto el vampiro castaño con el cejo
fruncido. 96

– ¿Qué? ¡no! ¡ha sido esta loca la que ha empezado!

– ¿Vas a dejar que me trate así...?– en ningún momento dejó de llorar, cosa
que lo hizo todo más creíble.

– Katherine, discúlpate.– Ordenó Mace cayendo totalmente en sus


mentiras. 111

¿Dónde está Dominik cuando se le necesita? 49

– ¡No pienso disculparme!

– Katherine...– tuve que morderme la lengua para no decir algo de lo que


me pudiera arrepentir.

– No lo hagas más difícil, solo... 6

Ahora incluso Khalid estaba de su parte, y mira que apenas hace una
semana la odiaba. 8

– ¡Que os den! 5

332
Salí de allí hecha una auténtica furia, intentando retener las lágrimas que
ya habían comenzado a descender por mis mejillas.

– ¡Espera!– alguien gritó a mis espaldas. Ni siquiera me digné a darme la


vuelta.

– Déjame en paz Lisa.

– ¡Espera por favor!

– ¡¿Qué quieres eh?! ¡¿Restregarme lo que ha pasado?!

– ¡No! solo quiero ayudarte.

– ¿Ayudarme tú?– sonreí sarcástica – ¿con qué? si se puede saber.

– Estás sangrando. 16

Me paré un momento para procesar sus palabras, llevé la mano a la parte


posterior de mi nuca y en efecto, regresó algo manchada de sangre.

– ¿Cuando ha empezado a sangrar...?

– Ahora mismo...

– ¡¿Se puede saber por qué me sigues?!

– Necesito hablar contigo.

– Yo no tengo nada de que hablar. – murmuré iniciando el paso


nuevamente.

– Solo será un momento, de verdad. Además, necesitas a alguien que te


cure eso.

– Puedo hacerlo yo solita. 2

– No lo dudo,– murmuró con una sonrisa triste – por favor...

– De verdad, no entiendo que quieres ahora.

333
– Yo...– intentó hablar pero fué cortada por su propio llanto. – Perdóname.
44

– ¿Eh?

– Lo siento mucho. Siento mucho todo lo que te he hecho. Solo quería que
lo supieras.– Suspiró con una sonrisa triste antes de intentar marcharse.

– Espera,– tomé su muñeca, – no entiendo a qué viene esto.

– A nada, solo necesitaba decírtelo.

– No me lo cre...– me quedé sin palabras al descubrir en su muñeca una


serie de cortes horizontales.

– Lisa, ¿qué...?– apartó la mano con rapidez y brusquedad.

– No es nada. Gracias por escucharme.

La retuve sosteniéndola por los hombros.

– Eso no parece "nada".

– Yo...– me abrazó con fuerza justo antes de romper a llorar, dejándome


más confundida de lo que estaba. 2

– Lo siento, lo siento, lo siento... lo siento...

Miré hacia todas partes sin saber que hacer. Estaba estática.

Lo único que tenía en claro es que ella no querría que nadie la viera en esa
situación, por lo que mediante unos suaves movimientos, conseguí
meternos en un pequeño cuarto de limpieza.

El mismo en el que entré en mi primer día en el castillo.

– Por favor, perdóname...

– Oye... respira...– murmuré ahora sí, rodeándola con mis brazos, al notar
que su respiración se había vuelto demasiado errática. – Sé que no somos
amigas. La verdad, creo que nos odiamos mutuamente – suspiré – pero

334
quizás podríamos olvidarlo de ello por un momento, para que me cuentes
qué te ha ocurrido.

– Yo no te odio...

¿Acaso esta chica también es bipolar? 1

– Todo ha sido una mentira...

– ¿Una mentira?

– ¿P-prometes no decírselo a nadie?

– E-está bien...

– ¿Ni siquiera a Mace?– la mención de su nombre me hizo recordar lo que


acababa de suceder en el pasillo.

– Ni siquiera a Mace.

Logró calmarse un poco, pero no dejó de abrazarme en ningún momento.

– Todo comenzó... prácticamente desde que nací. Provengo de una familia


de clase baja, de ahí que fuese elegida en la penúltima subasta. Mi madre
me lleva pegando palizas desde que era pequeña, está traumatizada por la
muerte de mi padre. Yo creo que... enloqueció. Desde que tengo uso de
razón me lleva diciendo que debo casarme con un vampiro, que debo ser
un vampiro. Porque los humanos somos débiles y... morimos. Pasaron los
años, siempre con la misma rutina de insultos y golpes, hasta que un día, a
mis ocho años, fué elegida en la subasta. Me quedé sola, pero al menos era
feliz, ¿sabes? Para mi increíble suerte, diez años después, yo también fuí
elegida para la misma casa. La casa real. Pensé que no me reconocería,
pero sí lo hizo. 3

– ¿Ella está aquí?

– Sí, lo está. C-creo que su problema empeoró cuando la princesa Mace y el


príncipe Eliel hicieron pública su relación. Ese día recibí una paliza de
muerte. Y me hizo jurar, que... conquistaría al príncipe Hudson.

335
– ¿Por qué a Hudson?

– Porque es el más poderoso de todos. Ella me dijo que debía acabar con la
competencia. Que debía acabar contigo. Pero ya no puedo, no puedo
seguir fingiendo, no puedo seguir así... 8

– ¿Has faltado estos días porque...?

– Porque me pasé al hacerme los cortes. Debía encontrar la manera de


esconderlos para que nadie los viera... Y bueno, me sentía mal
mentalmente. 37

– Dios mío.

– Sé que probablemente no me creas, tampoco te pido que lo hagas. Solo


quiero que sepas de corazón, que lo siento.

– ¿Nunca has estado enamorada de Hudson?

– No... ni siquiera me atrae.

– Pero...

– Estoy enamorada de alguien más y... soy lesbiana. 147

Eso sí que no me lo esperaba. 28

– ¿Lesbiana?

– Sí, pero por favor no se lo digas a mi madre. Me matará.

– ¿Por qué?– volví a apretarla contra mis brazos al notar que el llanto
estaba de vuelta.

– Considera que la homosexualidad es un pecado. Y para colmo, la chica


por la que estoy enamorada, es de clase baja. 26

– ¿Puedo saber quién es?

Se le escapó un débil sollozo antes de constestar.

– Rosie. 61

336
– No estoy entendiendo nada. Conozco a pocas personas en el castillo que
tengan la suficiente edad como para ser tu madre y...

– Es Lindsay.

– ¿Lindsay? ¿La ama de llaves?– pregunté estupefacta. 77

– La misma.– Contestó limpiándose las lágrimas con la manga del


uniforme. 12

– E-estoy muy confusa ahora mismo. He hablado muchas veces con ella y
no me ha...

– Es buena con todos. Excepto conmigo.

– ¿Y no has intentado hablar con ella?

– La última vez que lo hice me pegó una cachetada y me hizo teñirme de


pelirroja.

– ¿Qué?

– Si te fijas bien puedes ver las raíces de mi color natural.

– ¿Por qué te hizo teñirte?

– El año pasado, la zorra de Cristal también nos hizo una visita. A Lindsay le
pareció una mujer hermosa y elegante, que además tenía una relación
cercana a Hudson.

– ¿Cercana?

– Solo por ser hija de reyes. Pero él nunca la ha visto como algo más que
una amiga. Y eso a ella le quema. El caso es que mi madre dijo que si me
parecía a Cristal, quizá podría llegar a ser algo en la vida.

– ¿Y te dejaste?

– Yo no soy como tú. No soy valiente, no soy fuerte. No les gusto a los
demás, mi madre es lo único que tengo. 2

337
– Después de lo que me has contado, ¿como puedes seguir considerándola
tu madre? Además, hay gente que te quiere, Rosie por ejemplo. 3

– Rosie solo me quiere como una amiga. Y mira que he hecho lo imposible
por gustarle. He intentado ser dulce, atenta, fría, cariñosa, distante... nada
funciona, porque es hetero y está colada por tu amiguito. 7

– ¿Por Viktor...? 3

– Por eso me alegré tanto cuando dijiste que estabais saliendo. 1

– Pensé que fué por Hudson.

– Nada que ver. Pero con mi madre en la cocina vigilando, tenía que hacer
pensar que sí.

– Lo siento mucho...

– Rosie también supo ocultar sus sentimientos muy bien, incluso parecía
que se alegraba por ti. Fué el día más feliz de mi vida por unos momentos,
hasta que vino llorando a mi habitación para decirme que tenía el corazón
roto. 5

Nos quedamos en silencio durante un par de minutos. Mi cabeza daba


vueltas con desconcierto, sin duda no esperaba que este día tan pésimo
pudiera acabar aún peor.

– ¿Por qué me ayudaste hace un rato? Cristal podría haberte hecho mucho
daño por contradecirla.

– Te parecerá extraño, pero cuando recibiste ese golpe me recordaste tanto


a mí... a una Lisa de cinco años que acababa de llegar del colegio. Luego
donde estaba Cristal vi a una Lindsay borracha y cabreada y... solo
reaccioné. 3

Podría haber pensado que todo era mentira. Otra de sus hábiles patrañas
para sacarme del tablero de juego y quedarse con Hudson. Pero mi instinto
afirmaba que Lisa no me había dicho ni una sola mentira esa noche.

338
Obviamente cabía la posibilidad de que me estuviera equivocando. Pero no
soy el tipo de persona que mete en el mismo saco, a la gente que hace
cosas malas por ser mala, y a la gente que hace cosas malas por estar rota.
113

CAPÍTULO XL 48.1K 4.6K 796 Autor: Rebeccapierce20 por Rebeccapierce20

Nos quedamos en ese cuarto durante varios minutos más. Solas,


abrazadas, agotadas y llenas de lágrimas. 41

Toqué con delicadeza la pequeña herida abierta de mi cabeza,


descubriendo que aunque no había dejado de doler, sí había parado de
sangrar.

– No se lo tomes en cuenta–. Susurró débilmente. Yo dirigí toda la atención


hacia su persona con confusión.

– ¿A qué te refieres?

– A Mace. Es más que obvio que estás enfadada, pero ella no tiene la culpa.
9

– Ambas oímos lo que me dijo.

– Estoy casi segura de que Cristal la ha estado manipulando. 11

– No es excusa.

– Sí lo es, porque precisamente es ese el poder de Cristal, la manipulación.


Al igual que el hijo de puta de Maximus. 18

– ¿Cómo que manipulación?

Suspiró con pesadez.

– No entiendo por qué no te cuentan nada. Eso sí que es motivo por el cual
enfadarse. Pero no te preocupes, ya estoy yo aquí para explicártelo. 31

– Adelante–. Nos separamos y me coloqué de rodillas a su lado.

339
– Como ya sabrás, todos los vampiros tienen un poder. En algunos casos
muy puntuales y raros puede que dos.

– Como Hudson.

– En efecto. El poder de Cristal es el control mental, pero de una manera


más... diabólica. 3

– ¿Está controlando a Mace?

– No es un control físico. Simplemente es capaz de hacer creer al resto todo


lo que a ella le plazca. Siempre y cuando la víctima sea un ser humano.

Abrí la boca sin poder ocultar la impresión.

– ¿Le podría hacer creer que Eliel se ha acostado conmigo? 6

– Ahí está su pequeño problema. La manipulación es rara de poseer y por


ello las personas que la dominan están muy cotizadas. Aun así, es un poder
débil.

– ¿Débil?

– Débil. Porque a pesar de lo que acabo de decir, es algo muy limitado que
solo surge efecto en cosas puntuales.

– ¿Por ejemplo?

– Ella ha sido capaz de hacerle creer que tú empezaste la pelea, pero no es


lo suficientemente poderosa como para hacerle pensar que Eliel la está
engañando, sin presentar ningún tipo de prueba. 1

– Estoy bastante aturdida ahora mismo.

– Sé que es difícil de entender, así que te lo voy a explicar con una situación
hipotética.

– Está bien.

– Si Cristal le dijese a Mace que te estás acostando con Eliel, no la creería.


Sin embargo, si la princesa ya está celosa, ha malinterpretado alguna

340
situación, o si ya tiene alguna sospecha, lo que haría esa zorra malparida
sería acentuar esas sensaciones e inseguridades, para convencer a Mace de
que sus sospechas son reales. 22

– Increíble.

– Seguro que lleva diás insistiéndole con que estás celosa, enfadada, o algo
por el estilo, creando una duda razonable que ha usado para poner en
marcha su propio juego.

– Pero eso no excusa a los príncipes.

– Aquí es donde entra Maximus. Él también posee el poder de manipular,


pero a diferencia de Cristal, si que puede obligar a la gente a hacer algo que

– ¿Cómo si fuese una orden imposible de desobecer? 2

– Veo que entiendes rápido las cosas. A donde quiero llegar, es que el poder
de Maximus también afectaba a humanos exclusivamente, pero con el paso
del tiempo, a base de entrenamientos y de esas "siestas" que realiza cada
cien años, consiguió que alterara incluso a los seres sobrenaturales.

– ¿Eso es posible?

– Los dones vampíricos evolucionan con el tiempo en mayor o menor


medida. Está claro que un vampiro de quinientos años es más poderoso
que uno de setenta. Y yo creo que Cristal ha encontrado la forma de poder
manipular de igual manera a los seres de la noche.

– Si eso es cierto, ¿qué debo hacer?

– Los príncipes son muy inteligentes. Hace aproximadamente unos ochenta


años, descubrieron una planta llamada: calavera azul, que anula el don de
Maximus. 6

– ¿Enserio?

– ¿Conoces el rumor de que si consumes verbena, los poderes psíquicos de


los chupasangres no te afectan? 2

341
– Claro.

– Pues es cierto. Y al parecer, la calavera azul hace exactamente lo mismo


en los demonios de sangre y no es tóxica para ellos.

– Ojalá tener verbena para que esa zorra no pueda controlarme.

– No te hace falta–. Miré nuevamente en su dirección desconcertada.

– ¿Por qué?

– ¿No te has dado cuenta? Hace un rato Cristal no intentaba hacerte daño,
quería manipularte. ¿Por qué crees que sacó el tema de los hijos? Fué para
crear una inseguridad en ti y hacerte daño con ella.

– Pues no noto nada raro.

– Porque no te ha hecho efecto. 28

– ¿Acaso es eso posible?– pregunté al borde de la explosión cerebral por


exceso de información. 9

– Que yo sepa no. Nunca he conocido a una humana capaz de eso pero...
siempre hay una primera vez para todo ¿no? 66

– Supongo. Ehm... ¿cómo es que sabes tanto acerca de todo esto?

Miró hacia otro lado avergonzada.

– Mi madre me dijo que además de investigar al enemigo, debía de conocer


al objetivo. Así que cuando los príncipes se marchaban del castillo por
motivos de la corona, yo... yo subía discretamente al séptimo piso y me
colaba en su biblioteca personal. 1

– ¿Qué? ¿qué?

– No estoy orgullosa, pero mira el lado bueno, si no me hubiera puesto a


cotillear jamás sabríamos de la existencia de la calavera azul. 5

Me levanté lentamente, cansada de seguir en el suelo.

– Ven, hay que curarte eso.


342
– No es nada–. Intenté restarle importancia.

– Es mejor asegurarse, fué un golpe muy feo.

– No entiendo como ninguno de ellos se percató de la sangre en mi cabeza.


¿Tienes alguna idea de por qué?

– Cariño, yo sé muchas cosas, pero no soy un liber prohibitorium andante.


12

– Claro, perdona–. Respondí avergonzada.

– No te preocupes, venga, vamos.

Se levantó sin perder más tiempo, abrió la puerta y se asomó para


asegurarse de que no hubiera nadie en el pasillo.

Levantó el pulgar dando a entender que había vía libre, en un rápido


movimiento agarró mi muñeca y prácticamente me arrastró fuera de ese
cuartucho.

– Por aquí–. Me guío por sitios por los que jamás había pasado.

Sabía que el castillo era grande, pero no imaginaba que pudiera contener
tal cantidad de habitaciones.

– ¿A dónde me llevas?

– Ehm... a un lugar que últimamente he frecuentado mucho.

Se paró frente a una puerta de madera antigua, muy bonita y clásica. Nada
más entrar deduje que me había llevado a una especie de enfermería, pues
abundaban camillas de hospital y materiales de aspecto quirúrgico.

– Siéntate–. Obedecí la orden sin rechistar.

Aquella habitación tenía un aspecto fúnebre y apagado. Sin duda era de


esos sitios que jamás querrías pisar a las tres de la mañana.

Solté un quejido de sorpresa cuando algo húmedo rozó la herida,


provocándome un escozor agudo.

343
– ¡¿Qué coño es eso?!

– Solo un poco de alcohol. No seas exagerada.

Me mordí el labio con fuerza para evitar quejarme más de lo necesario.

– ¿Sabes que hora es?

– Las nueve. Deberíamos darnos prisa, tenemos que estar en las cocinas en
menos de media hora.

– No creo que sea buena idea hacer la jordana hoy. Quizás sea mejor
tomarme el resto del día libre.

– No, no, no. Tú tienes que ir. ¿O acaso quieres perderte el espectáculo?

– ¿Qué espectáculo?

– He tenido una pequeña e inocente idea viniendo hacia aquí. 11

– Dudo que sea "pequeña e inocente".

– Es algo que nos podría beneficiar a todos.

Me quedé en silencio, alentándola a continuar.

– Si la calavera azul es capaz de invalidar los poderes de Maximus, puede


que también sirva con los de Cristal.

– Lo primero, no sabemos si de verdad el don de Cristal ha evolucionado. Es


posible que solo esté controlando a Mace y que los demás... la hayan creído
bajo su propio juicio.

– Obviamente cabe la posibilidad. Pero no perdemos nada por intentarlo.

– ¿Y dónde se supone que vamos a encontrar esa flor?

– En el jardín–. Respondió obvia. – Bueno, en realidad está en el


invernadero personal del príncipe Erik.

– ¿A plena vista?

344
– Digamos que Maximus odia la naturaleza en general. Le repugnan tanto
los animales como las plantas, así que el invernadero no es un lugar que
pise muy a menudo. Además, estoy casi segura de que él no conoce las
propiedades que tiene la flor. 4

– ¿Y cómo lo descubrieron los príncipes?

– No lo sé, tendrías que preguntarles a ellos. Pero seguro que Dominik tiene
algo que ver.

– ¿Por?

– Los vampiros con dones psíquicos no pueden afectarse entre ellos.

– ¿Cristal no puede manipular a Dominik? ¡eso es genial! 13

– Ni siquiera Maximus puede controlarlo. Pero por la misma regla, él


tampoco puede leerle la mente a ninguno de los dos. 7

– ¿Entonces no puede saber que Cristal ha mentido...?– pregunté


desilusionada. 3

– Por desgracia no. 6

– Al menos a él no tendremos que hacerle tomar la calavera azul. Pero...


hablando de eso, ¿cómo se la vamos a dar a los demás?

– Con una infusión, a la que tenemos que añadir sangre para camuflar su
sabor. Pero debemos tener cuidado, cuando investigué acerca de la planta
en los libros de la biblioteca personal de sus majestades, leí que para los
vampiros psíquicos tiene un sabor amargo. 3

– Bien, no creo que sea tan difícil. 6

– Pues manos a la obra. Pero... cuando estemos en la cocina tendré que


tratarte mal... otra vez.

– No te preocupes, lo mejor será que sigamos fingiendo que nos llevamos


como el gato y el ratón. 1

345
Salimos de la habitación bien decididas, ella parecía querer ayudarme y
tener buenas intenciones. Por el momento conservaría la teoría de que su
amabilidad se debía a querer "emendar" el daño que me había hecho. 22

Asegurándonos de que no había nadie que pudiese ser testigo de nuestras


fechorías, nos colamos en el invernadero de Erik, un lugar hermoso,
colorido y lleno de vida. Aunque Khalid no exageraba cuando dijo que
prácticamente no había por donde pisar.

Tras un pequeño rato de búsqueda, dimos con el objetivo.

La verdad, me sentía como en esas películas antiguas de espionaje, y tuve


que contenerme para no hacer ninguna volvereta a lo agente secreto. 27

No fué nada difícil encontrar la condenada florecita. Literalmente tenía


forma de calavera y era de color azul. 3

Entramos a hurtadillas en la cocina, aproximadamente quince minutos


antes de que llegaran nuestras compañeras, por lo que nos pusimos manos
a la obra con rapidez.

Colocamos unos cuántos pétalos azulados en una cazuela y los hervimos


en agua durante diez minutos, consiguiendo un líquido cristalino de color
semejante al celeste. Por último, añadimos la sangre justo antes de que
Rosie entrase por la puerta. 1

Las demás llegaron poco después, incluida Lindsay, a la cual no pude evitar
dedicarle alguna que otra mirada de odio.

Eso sí, muy bien disimuladas.

– Venga chicas, es hora–. Anunció con su icónica dulce voz, que ahora me
parecía muy repugnante.

– Yo llevo los tés–. Dijo Rosie con ilusión. 1

Lisa y yo nos miramos asustadas.

– No hace falta, ya los llevo yo–. Intenté detenerla.

346
El problema era que las habíamos colocado de una forma concreta, que
solo nosotras podíamos entender.

Las que contenían tanto la sangre como la flor estaban a la izquierda, la


que era para Mace y no tenía sangre estaba a la derecha, y apartadas del
resto estaban las que les correspondían a Cristal y Dominik.

Rosie cogió cuatro al azar y salió de las cocinas dejándonos con la palabra
en la boca. 17

La seguimos rápidamente, intentando aparentar normalidad, pero casi me


da un infarto al ver que la primera en ser servida fué Cristal, ya que no
llegamos a ver si el té que le había dado era el correcto.

Ya todos tenían su bebida y su comida al frente y yo estaba paralizada sin


saber que hacer.

Lisa fué inteligente y se acercó a la mesa para "servir" unos cubiertos,


tirando "por accidente" todo el líquido sobre el vestido de esa chupasangre
descerebrada, evitando así que se lo llevara a la boca. 1

Pero claro, esa acción trajo consigo consecuencias.

– ¡¿Pero qué coño haces?! ¡Serás estúpida! 1

– Perdone majestad, ha sido un accidente.

– ¡No hay perdón que valga! ¡Eres una humana insignificante que no sabe
hacer nada bien!

Lisa bajó la cabeza en sumisión, todo el mundo estaba paralizado ante la


escena. 1

Y yo como siempre, tuve que hacerme notar.

– Por lo menos ella no es una zorra malévola que se cree superior a los
demás cuando su coeficiente intelectual debe rondar el menos diez–.
Murmuré sin intención de ser escuchada. 48

– ¿Cómo has dicho?– Se acercó a mí con aires amenazantes.

347
– ¿Yo? nada.

– Primero una criada inútil me mancha el vestido y luego otra osa faltarme
al respeto de esta manera.

– Solo es un vestido Cristal, ha sido un accidente–. Khalid intentó calmarla.

– ¡Este atuendo vale más que sus vidas! ¡¿Cómo se supone que voy a quitar
la mancha?! ¡Limpiadmelo ahora mismo! 6

Estaba tan enfadada en ese momento que no fui capaz de medir mis
palabras.

– ¡Pues que te lo limpie el príncipe Hudson, maldita escoria!– Vociferé


mientras me deshacía del mandil y se lo lanzaba a la cara. 160

Me di media vuelta hirviendo en rabia y salí del comedor dando un portazo


que retumbó por todo el castillo. 66

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO XLI 45.2K 4.6K 1.2K Autor: Rebeccapierce20 por Rebeccapierce20

Entré en la habitación de Hudson muy enfadada, mientras limpiaba alguna


que otra lágrima que seguía escurriendose por mi mejilla. 64

No solo estaba irritada por el hecho de que mis intentos por demostrar mi
inocencia hubieran fracasado, lo que más me molestaba era esa aparente
necesidad que tienen algunas personas de pisotear al resto.

¿Qué se supone que le he hecho a Cristal para merecer este trato por su
parte?

¿Por qué parece que el universo se empeña en joder mi relación?

La cuestión es que me puse el primer pijama que encontré para después


tumbarme en su cama con rapidez.

¿La razón?

348
Hace relativamente poco, Hudson ordenó traer una considerable cantidad
de leña, para encender la despampanante chimenea que decora su
dormitorio. Últimamente las temperaturas han caído en picado y aunque
no es un frío insoportable, prefiero dormir en un cuarto donde la
temperatura llegue al menos a los quince grados, aunque deba tragarme
un poquitín mi orgullo. 19

Cuando escuché el ruido de la puerta abriéndose, no tuve mejor idea que


hacerme la dormida. Pues obviamente tengo unos límites en cuanto a
tragarme el orgullo se refiere.

Sentí como la cama se hundió a mi lado. Me mordí la cara interna de la


mejilla para no emitir ningún ruido e intenté relajar mi respiración para que
no fuese tan obvio que estaba despierta.

– Princesa, ¿podemos hablar?– susurró con voz dulce a mi lado. Y aunque


en verdad sí que quisiera hacerlo, mantuve mi postura y no me moví ni un
milímetro. 66

– Hemos hablado con Cristal y... ha accedido a pedirte una disculpa. Sé que
tú nunca harías algo como eso y aunque pienses que la creí a ella en
primera instancia, no es así. Solo te pregunté eso porque llevas días sin
hablarme y no sé la razón. Sí que consideré que podrías estar celosa y ser
ese el por qué de tu enfado hacia mí, pero no que tú empezases la pelea. 58

Seguí sin emitir respuesta. 15

– De verdad Katherine, lo único que quiero es que estemos bien–... Suspiró


con pesadez–. Últimamente he estado trabajando mucho. Todos lo hemos
hecho, incluida Mace. La situación en los reinos vecinos es complicada y
todo esto afecta a nuestro condado también. Preferiría mil veces pasar el
tiempo contigo, pero no puedo.

Sus palabras empezaban a hacer meya en mi corazón, pero consideré que


debía mantenerme firme. No soy de esas personas que perdonan con
facilidad. 57

– Está bien...

349
Al final se rindió. O bueno, esa fué mi deducción al notar como se levantaba
de la cama sin decir ni una palabra más.

Escuché el sonido que emitían las prendas al caer al suelo, cosa que me
provocó la visualización de escenas obscenas que no me venían para nada
bien si quería seguir enfadada con él. 3

Al final volvió a tumbarse, esta vez apagando la luz en el proceso.

– Perdóname princesa–, murmuró antes de besar mi hombro con


delicadeza y acurrucarse a mi lado, abrazándome levemente por la cintura.
76

Supongo que no se atrevió a tocarme más por razones obvias, pero el caso
es que esa seguridad que me cargaba con anterioridad, empezaba a
tambalearse.

Pues sí que era cierto que a pesar de que me había preguntado eso, jamás
insinuó que yo había empezado la pelea, al contrario que Mace, que incluso
me exigió una disculpa. 40

En ese momento se veía más confundido que otra cosa.

Y si es cierto que le he estado evitando varios días, cuando lo que debería


haber hecho era contarle lo que sucedía desde el primer momento. 7

Aun así decidí no comentar nada, simplemente cerré los ojos y dejé que el
sueño ganase la batalla.

Creo que por una vez en la historia de mi existencia usé el cerebro y concluí
que la mejor opción era tomar cualquier decisión con la cabeza fría. 28

Suspiré indignada entrando nuevamente en el comedor. Sinceramente,


asistir al trabajo estos últimos días se ha convertido en una tortura en vez
de ser algo entretenido. Sobre todo cuando tienes a una pelirroja malvada
como comensal y a una compañera que finge odiarte a muerte para que su
madre no le meta una paliza. 17

350
Pero bueno, con tal de que Lisa esté bien soy capaz de soportar algún que
otro empujón mal disimulado. Los cuales ya me han provocado varios
cardenales que para mí suerte no son muy difíciles de esconder.

Aun así, estoy segura de si Hudson llega a ver aunque sea solo uno de ellos,
querrá explotar el castillo entero.

– Aquí tiene majestad–. Murmuró Lisa con un sonrisa fingida. 3

Cristal nos había obligado a prepararle el mismo plato cuatro veces. Que si
no tenía sal, que si tenía demasiada sal, que si le faltaba sangre, que estaba
duro...

¿Cómo cojones va a estar duro un puré de patata? 45

A pesar de su constante comportamiento infantil, Cristal estaba... distinta.


Decaída, diría yo. Estuvo cabizbaja durante toda la cena y solo la levantó
para dedicarme alguna que otra mirada cargada de odio. 1

Otra persona que me miraba de reojo muy "disimuladamente" a su


parecer, era Hudson.

Él ya no estaba cuando me levanté esta mañana. Entiendo que tenga


mucho trabajo, pero me hubiera gustado poder hablar con él. Así que
sentencié que por muy tarde que llegase, yo me quedaría despierta para
entablar una conversación civilizada, como adultos que somos. 6

Nuestras miradas se cruzaron, él mostró una leve sonrisa que para nada
expresaba felicidad y volvió a centrar su atención en el plato que
prácticamente ni había probado. 3

Hice el ademán de acercarme. Quizás la comida sí estaba mala, o puede


que simplemente no tuviera hambre.

Le quiero con todo mi corazón y no puedo evitar preocuparme. Por muy


enfadada que esté, su bienestar siempre será mi prioridad. 6

Sin embargo, antes de que pudiera dar siquiera medio paso, la puerta de la
cocina se abrió de par en par dejando ver a una Rosie exhausta y
aparentemente muerta de miedo. 2
351
– ¡Majestades!– Gritó mientras se sostenía el pecho y respiraba con
dificultad.

Todos los príncipes, exceptuando a Cristal, se levantaron de sus


respectivos asientos con preocupación. La pobre chica no tenía muy buen
aspecto. 14

– Príncipes...– balbuceó – Jackson consiguió sujetarla justo antes de que se


desplomara agotada en el suelo, evitando así que se golpeara la cabeza. –
Está aquí... está aquí...

– ¿Quién está aquí?– la pregunta de Khalid fué contestada segundos


después por una misteriosa voz.

– Yo–. Respondió aquella figura tenebrosa mientras apagaba un cigarrillo


contra la pared. 104

La voz de Rosie salió entrecortada, como un susurro ahogado.

– Es él... es Maximus McClaine...

CAPÍTULO XLII
– ¿M-maximus...?– una chica del servicio murmuró su nombre con espanto.
72

El individuo avanzó unos pasos, se trataba sin duda de un hombre de


apariencia bastante más madura que cualquier vampiro que hubiera visto
hasta la fecha.

Si no supiera a ciencia cierta que es un demonio de sangre, diría que su


edad podría girar en torno a los 45 años. 22

352
– ¿Qué haces aquí?– preguntó Khalid de forma entrecortada.

– Pero bueno, ¿no os alegrais de ver a vuestro abuelo?– su voz era rasposa,
fría y desagradable. 89

Sinceramente, daba muchísimo miedo.

– ¿Por qué estás despierto?– esta vez tenía el turno de palabra Hudson,
quién no dejaba de mirar a su abuelo paterno con profundo odio. 7

– Tú siempre tan... amable hijo mío– siseó– pero si realmente te interesa,


no tengo importunio en contarte que he sido despertado. 18

– ¿Por quién? 2

Tardó unos segundos en contestar, como si estuviera buscando las


palabras adecuadas o dudase de su respuesta.

– Un... noble, cuya identidad no voy a revelar. La cuestión es que esa


persona en concreto me ha hablado de ciertos problemas que hay en el
castillo. 67

– Eso no es...

– ¿Dónde está Magnus? quiero hablar con él ahora mismo–. Exigió


interrumpiendo bruscamente a Jackson.

– No vas a poder hacerlo– Hudson volvió a intervenir– a menos que vayas al


cementerio, claro está. Aun así, no creo que obtengas respuesta alguna. 24

El rey frunció el ceño con confusión.

Dominik movió la cabeza hacia un lado con su típico semblante, haciendo


que todas las cocineras allí presentes salieran corriendo de la habitación. 1

Las únicas humanas que decidimos no marchar, fuimos Mace, Lisa y yo.

– Papá y mamá están muertos, abuelo...

Su rostro se desfiguró.

– ¡¿De qué coño estás hablando Khalid?!


353
– Ocurrió hace cinco años.

– Eso no es posible. ¡Mi hijo está vivo!

– Puedes creer que es mentira todo lo que quieras. Pero eso no va a traerles
de vuelta.

Sonrió de forma ladina, casi pareciendo un psicópata.

– ¿Quienes fueron los responsables?

– Los lycans... fueron los lycans.

– Vaya, vaya, vaya... parece que los estúpidos lobos no han tenido
suficiente. Supongo que habréis matado al que les asesinó, ¿verdad?

– No.

– ¿No?– murmuró con tono sarcástico, casi burlón.

– Es muy difícil matar a un licántropo. Sobre todo teniendo en cuenta, que


es el Alpha de quién estamos hablando.

– ¿El Alpha? ¿El Alpha Tyr? 41

– Sí.

– Después de que un brujo nos revelase que él fué el ser que les arrebató la
vida a Magnus y Mara, quisimos ir a por él.

– Pero ni siquiera sabíamos dónde encontrarlo. Sabes perfectamente que


es uno de los pocos lobos que no ha salido nunca de su reino. No nada
sabemos de su aspecto, de su edad o de sus debilidades. 6

Entiendo...– susurró.

Dió un paso al frente, escaneando no solo la situación, sino también


cualquier cosa que hubiera a su alrededor.

Yo incluida.

354
– ¿Por qué estas humanas siguen aquí...?– hizo el ademán de tocarme, pero
Hudson fué más rápido y sujetó firmemente su brazo para impedir tal
acción. 65

El rey se quedó quieto unos segundos mirándonos a ambos con confusión,


hasta que se inclinó levemente hacia nosotras con una mueca de
satisfacción y tomó una gran bocanada de aire.

– Oh... pero que tenemos aquí... no solo hueles extremadamente dulce,


también desprendes el aroma de mi nieto... 65

– Es mi alma, abuelo. 2

– Y teniendo en cuenta que tu olor está mezclado con el del pequeño Eliel,
tú debes de ser su pareja...– afirmó mirando esta vez a Mace.

El recién nombrado se colocó frente a mi amiga en forma de protección.


Pues la mirada de Maximus no era muy amistosa que digamos.

– ¡Vaya! Me echo una pequeña siesta y cuando despierto descubro que mi


hijo y mi nuera están muertos y que dos de mis nietos han encontrado a su
pareja de vida. 26

– ¿Cuál es su nombre señorita...?– le preguntó con fingida amabilidad. 2

– Soy M-mace Da-dawson...

– Ya veo... ¿Y usted?– ahora la pregunta iba dirigida a mí.

– Katherine. Katherine Ford. 70

Su expresión cambió radicalmente, prácticamente a una de sorpresa. Tras


unos instantes de aparente conmoción sonrió ampliamente y se separó de
nosotras. 119

– Por favor abuelo, no les hagas daño–. suplicó Eliel.

– ¿Cómo que hacerles daño? ¡esto hay que celebrarlo! 137

Ahora los sorprendidos éramos nosotros.

355
– Deseo conocer mejor a las mujeres que han cautivado el corazón de mis
queridos Hudson y Eliel. 20

Tragué en seco.

– ¡Tú! ¡criada!– Vociferó de repente–. Hazle saber a la jefa de cocinas que


voy a hacer... una cena esta noche. Quiero que se prepare un menú
ejemplar. Que la familia McClaine se amplíe no es algo que suceda todos
los días. Espero que todo esté listo en un par de horas, no creo que queráis
defraudar al rey. 3

Lisa asintió casi de manera frenética y se adentró nuevamente en las


cocinas.

– Pues como ya habréis oído, tenéis dos dos horas libres. Os aseguro que
esta velada será... inolvidable. 76

– Kath... Kath... Kathy... ¡Katherine!

– ¿Eh?– Mace me miró con una ceja alzada.

– Te quedaste ida...

– Ehm... Sí, perdona. Es que... estoy un poco estresada ahora mismo.

– Te entiendo, a mí tampoco me parece normal que mi abuelo se lo haya


tomado todo tan... ¿bien?– comentó Khalid saliendo del baño con un
precioso vestido negro. 21

– Ese te queda genial, creo que es el indicado. No es ni demasiado largo ni


demasiado corto. Además da la impresión de que es cómodo.

– Lo es–. Corroboró–. Venga Kath, ahora te toca a tí, puedes entrar al


vestidor.

Nos encontrábamos en los aposentos de Khalid. Y en lo que a decoración se


refiere, es muy diferente a la de Hudson. Hay ropa tirada por todas partes,
maquillaje en cada esquina y miles de cosas extrañas desperdigadas por
toda la habitación. Como por ejemplo, un collar de perro muy peculiar. 19
356
Llamadme antigua, pero jamás había visto correas forradas de pelo y
recubiertas de lentejuelas. 46

Además, ¿para qué necesita uno de esos sí no tiene mascotas? 94

Volviendo al tema, estábamos allí con el fin de vestirnos "adecuadamente"


para el espeluznante banquete que decidió organizar el rey Maximus.

– Mi abuelo siempre hace celebraciones extremadamente formales, por lo


que debía vestir, hablar, comer y andar de igual forma. 1

– Yo no sé hablar, vestir, comer o andar de manera formal–. Me quejé


entrando con vagancia en su gran armario.

– A ver, realmente ya lo tienes todo hecho, lo único que tienes que intentar
es no matarte con los tacones.

– Es más fácil decirlo que hacerlo.

– Que me vas a contar, literalmente estuve diez años recibiendo lecciones


de cómo ser una "princesa con clase".

Tras diez minutos peleando con ese complicado atuendo, volví a la


habitación donde se encontraban mis amigas.

– Estás... preciosa...

Se trataba de un vestido de satén en color champagne, bastante ajustado


en la parte superior, pero totalmente suelto a partir de la cadera. También
disponía de una gran y atrevida abertura en cada pierna y de varios
accesorios a juego, como brazaletes, zapatos y bolso. 39

Sin duda se trataba de una prenda hermosa, pero que a mí me hacía sentir
insegura. 9

– No creo que sea buena idea que lleve esto.

– ¿Por qué no?

– Es muy descubierto.

357
– ¿Y? Estás preciosa.

– Dejando a un lado como es que me quede el bendito vestido, es muy


probable que muera congelada. Te recuerdo que aunque tú no lo sientas,
en este lugar hace un frío del demonio.

– Ahí tengo que darle la razón–. Corroboró Mace.

– En ese caso, toma esto–. Se puso a rebuscar en un cajón, tirando al suelo


todo lo que encontraba a su paso.

Sacó una especie de chaqueta negra de pelitos, que a primera vista parecía
ser muy caliente.

Y como diría Khalid, "quedaba total con el look" 3

La hora clave estaba cada vez más cerca, y eso hizo que los nervios y la
tensión aumentaran por momentos.

No he pasado ni cinco minutos con ese hombre y ya puedo asegurar que es


una de las personas más terroríficas del planeta.

Khalid, dándose cuenta de esto, intentó animarnos.

– Estaremos de vuestra parte pase lo que pase. Nadie permitirá que os haga
daño. 93

Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO
– Khalid... ¿puedo hacerte una pregunta un tanto... "indiscreta"? 48

– Por supuesto querida cuñada–. Respondió con una mueca de sufrimiento,


mientras luchaba por ponerse unos enormes tacones de aguja.

– ¿Por qué tú abuelo es tan...?

– Tan...

358
– Tan... ¿viejo? ¿por qué aparenta más edad que cualquier demonio de
sangre que haya visto hasta ahora?

– Bueno... es un tanto complicado. Como bien sabes, los vampiros


convertidos se quedan estancados en la edad en la que fueron
transformados y permanecen con la misma apariencia para toda la
eternidad.

– Sí, es una de las pocas cosas que aprendí en la escuela.

– En los vampiros "nacidos" es diferente. Nuestro desarrollo es muy


parecido al de los humanos, ya que pasamos por las mismas etapas que
vosotros hasta una cierta edad. Es decir, que si tuvieras delante a dos
recién nacidos, uno vampiro y otro humano, prácticamente no serías capaz
de distinguirlos. 2

– Aparte de la apariencia.

– Exacto. Los de nuestra raza suelen ser más pálidos, tienen dos pequeños
colmillitos y sus rostros suelen ser extremadamente... ¿perfectos? 2

– ¿Y el ritmo de crecimiento es el mismo?

– Sí, hasta que a una edad que ya depende del vampiro en concreto, se deja
de envejecer.

– ¿Entonces hay vampiros cuya apariencia se estanca en los treinta y otros


en los cuarenta?– Preguntó Mace desde el baño.

– Claro. Yo en particular paré alrededor de los veinte, al igual que todos mis
hermanos, ya que esos son los años más comunes en los que los vampiros
culminan su desarrollo. Sin embargo y como bien has dicho, hay algunos
que no terminan en esa franja. Maximus por lo que sé, paró a los
treinta/treinta y cinco.

– Pero él aparenta más que eso.

– Es a causa de sus "descansos". No sé la razón, pero el pasarte cien años


dormido no solo te hace más fuerte, sino que también te cambia un poco el
aspecto.
359
– ¿Y no le importa?

– Para nada, pues aunque parezca literalmente un cuarentón, su condición


de vampiro le seguirá manteniendo "atractivo". Es un rasgo típico de
nuestra especie, y nada lo puede cambiar. Exceptuando a la magia. 20

– Vaya...

– Esto nos ha pillado por sorpresa y no hemos tenido tiempo para


prepararnos, pero parece que Maximus se ha despertado de buen humor, y
por el momento no ha dado indicios de tener la intención de haceros daño,
así que os pido que por favor, no le llevéis la contraria. 23

– Sabes que eso es un poco difícil para mí, lo hago inconscientemente. 6

– Pues debes intentar reprimirlo. Os podemos proteger de prácticamente


todo, pero no es secreto que los nobles adoran al abuelo como si fuese un
dios. Solo es cuestión de tiempo que todos se enteren de su regreso, y
entonces todo el poder que hemos adquirido durante estos años quedará
en segundo plano.

– Está bien, haré lo posible y...

– No estamos en condiciones de perder a nadie más. Sobre todo Hudson.


Debes entender que si dado el momento llegas a estar en peligro daría su
vida por ti. Y dado que el rey no tuvo ningún reparo en asesinar a su propia
hija, estoy segura de que acabar con Hudson le sería como quitarse una
pequeña piedrecilla del zapato. 59

– ¿Siempre fué así de malvado?– Susurró Mace estupefacta.

– Sí. Sus padres era exactamente igual a él y le criaron como a un


monstruo. Por el contrario, mi padre y mi tía tuvieron la suerte de que
Andrómeda fuese una mujer maravillosa.

Nos quedamos en silencio durante un par de minutos, en los que aparte de


analizar el relato de Khalid, también me puse a pensar en lo que había
sucedido el día anterior con Cristal. 1

360
No era un secreto que seguía enfadada con ambas, pero dada la situación
decidí actuar de forma amable y tranquila. Ya tenemos suficientes
problemas como para añadir otro pleito entre nosotras mismas. De todas
formas, esperaba mínimo una disculpa en cuanto todo esto acabase. 21

Respecto a Hudson, me sentía terriblemente mal. Él me defendió sin


siquiera pensárselo dos veces cuando Maximus hizo el ademán de tocarme,
mientras que yo hace unas cuantas horas le había negado el tener siquiera
una conversación civilizada. Y en verdad fué el único que tuvo el detalle de
preguntarme, en vez de dar por sentado que yo tenía toda la culpa. 30

Además, según lo que me dijo en la cama, nunca quiso hacerme sentir mal.
Probablemente fuí yo la que sacó la pregunta fuera de contexto, y no pude
verlo por culpa de mi orgullo. 1

Lo mejor... lo mejor es pedirle hablar en la noche. Aclarar las cosas. Ahora


que Maximus ha vuelto debemos estar más unidos que nunca.

Seré terca, orgullosa, celosa, rencorosa, desafiante, vengativa,


provocadora, imprudente, impaciente y negativa. Pero sé ponerme unos
límites y admitir que puede que yo también haya reaccionado mal...(me ha
dolido decir eso) 75

Pero sobre todo, no soy una mujer que tenga que pisotear a los demás para
sobresalir, que se insinúe a una persona sabiendo que tiene pareja y que
tenga que fingir ser "débil y tonta" para tener a pulso la compasión de los
demás. 21

Ejemm, Cristal, Ejemm... 40

– Venga chicas–, dijo Mace rompiendo el cómodo silencio – es la hora.

Salimos de la habitación con los nervios a flor de piel.

Tenía muchas ganas de ver a Hudson, ya que no había podido verlo desde
la estelar aparición de Maximus en el comedor. Al parecer es costumbre
entre los vampiros no ver ni a su pareja ni a nadie del sexo opuesto las
horas antes de una celebración. Según Khalid, para impresionar a tu alma
gemela o a cualquier pretendiente que pudiese haber cerca.

361
Si os preguntáis donde está Cristal, por obvias razones decidimos que lo
mejor era que se cambiase ella sola en sus aposentos TEMPORALES, para
evitar cualquier tipo de enzarzamiento antes de la sospechosa cena.

Porque no puedo ser la única que tiene la sensación de que algo muy malo
sucederá y que como siempre, seré yo la que va a salir perjudicada.

41

– Ya sabes Kath–, murmuró débilmente la vampiresa rubia antes de abrir la


puerta– no hables y pase lo que pase, no le lleves la contraria. 2

Cuando entré en el comedor, me fijé en varios factores.

El primero, que todos los integrantes de la "pequeña reunión", aparte de


nosotras, ya estaban sentados en la mesa.

Incluida cierta chupasangre pelirroja.

Vamos a ser sinceros, estaba despampanante. Llevaba un vestido rojo


sangre excesivamente corto, que al ser tan ajustado y escotado, le hacía un
cuerpo de infarto. Casi igualito a un reloj de arena. 11

Literalmente ella es la representación perfecta del 90-60-90. 49

Con el precioso vestido que me había prestado Khalid me sentía bien, me


sentía sexy incluso. Creí que con algo eso podría impresionar a Hudson,
pero teniendo a semejante mujerón al lado, mi presencia es totalmente
irrelevante. 27

Jamás creí que mi autoestima podría irse a la mierda en apenas tres


segundos. Pero siempre hay una primera vez para todo. 47

Por si fuera poco, una frase que mi "querido amigo" Julián dijo el día que
me acorraló en los pasillos, retumbó de forma repentina por mi mente.

"No voy a golpearte, estás tan delgada que podría romperte, pero puede
que sí que me dé el gusto de probarte."

No voy a golpearte, estás tan delgada que podría romperte...

362
Ya me habían llamado saco de huesos antes, en el colegio, en el poblado...
Principalmente debido a mi mala alimentación. 11

Sé que suena absurdo, sé que es estúpido estar mal por algo así. Sé que es
deprimente y sé que es patético. Pero que puedo hacer, ella es... es
básicamente todo lo que yo no. Es una vampiresa de la realeza, es
hermosa, es poderosa, es rica, es inmortal, es fuerte y aunque a veces no lo
parezca, es inteligente. 1

Mientras que yo soy... yo. 65

Soy lo que tantas veces me han dicho y he querido ignorar.

"Una simple humana de clase baja" "Una estúpida sirvienta" "Una inútil
muerta de hambre" 2

¿Por qué tiene que doler tanto? 31

Me hago la fuerte, intento hacer creer que nada de lo que me dicen puede
hacerme daño. Y es mentira. Es una auténtica farsa.

Me senté a la derecha de Hudson, teniendo justo delante, como no, a


Cristal.

La velada fué demasiado aburrida. Lo único que hicimos fué degustar la


comida en un incómodo silencio, que de vez en cuando era cortado por el
rey de los vampiros, para hacernos preguntas bastante personales a Mace y
a mí.

Me preguntó acerca de mi trabajo, de como llegué al castillo, de mi relación


con Hudson, sobre mi antigua vida y sobre mis padres. 6

A decir verdad estaba muy atento a todo lo que decía, casi como si de
verdad le importase. 2

Por otro lado, nos encontrábamos a Cristal interrumpiendome cada vez


que intentaba abrir la boca para contestar los interrogantes de Maximus y
coqueteandole a Hudson cada dos por tres descaradamente. 15

363
Estuve a punto de saltar sobre la mesa cuando posó su mano sobre la de él
para decirle algo.

No solo me enfadada, también me dolía. 1

¿Por qué los hombres no se dan cuenta de cosas tan evidentes? 59

Literalmente le estaba tirando los cejos, ahí, delate de todos. Y ninguno a


excepción de Mace se dió cuenta. Ella intentó consolarme con algún que
otro gesto disimulado, pero no sirvió de nada. 11

Cuando terminamos, a muy altas horas de la noche y nos fuimos a nuestros


respectivos dormitorios, Hudson intentó hablar conmigo.

Sí, sí. Ya sé que dije que hablaría con él antes de dormir sin falta. Pero no
tenía ni el humor, ni las ganas.

– Necesitamos hablar Katherine.

– Mañana. Estoy cansada–. Susurré dándole la espalda.

– Serán cinco minutos.

– Ahora no.

– Ya te he pedido perdón mil veces. ¿Sigues enfadada?

No, pero se me ha roto la autoestima y necesito silencio para intentar


regenerarla. 77

– No.

– ¿Ha pasado algo?–. Dudé en sí decírselo o no. Pero me parecía algo tan
sumamente absurdo, que decidí guardarmelo para mí sola. 36

– No. Buenas noches.

Apagué la luz y él se resignó una noche más, a abrazarme por detrás sin
obtener ninguna respuesta por mi parte. 115

364
CAPÍTULO 11

Un susurro y una leve sacudida me hicieron abrir los ojos lentamente.

52

– Katherine...

Me acomodé adormilada sobre el cabecero de la cama y me froté los ojos


para intentar acostumbrarme a la luz que entraba a través de los grandes
ventanales, sin poder contener algún que otro bostezo a causa del
cansancio.

Miré hacia el frente alertada por un ruido proveniente del baño. Sonreí
como una tonta al darme cuenta de que solo se trataba de Hudson, quien
estaba lavándose los dientes en ropa interior.

Salió del servicio un par de minutos después y se dirigió directamente hacia


el vestidor, sin siquiera pararse a darme los buenos días.

Extrañada me levanté.

Él estaba de espaldas, colocándose para mi sorpresa, un smoking negro


muy elegante. Notó mi presencia y se dió media vuelta, me miró durante
unos instantes y después desvió su atención al espejo para colocarse la
corbata.

– Debes vestirte. Mi abuelo requiere nuestra presencia en el comedor para


desayunar–. Usó un tono distante, indiferente, que hizo saltar todas las
alarmas.

44

– Ehm... Hudson.

365
– ¿Sí?– contestó sin mirame.

– ¿Puedo... hablar contigo?– sonrió de forma sarcástica.

15

– Estoy muy ocupado.

65

– Pero...

– No es cuando tú digas Katherine–. Le miré desconcertada.

75

– ¿Qué...?

– Ayer intenté hablar contigo, te lo rogué. Llevas días ignorándome


completamente. ¿Cómo te sentirías tú si te hiciera lo mismo?

62

Me abracé a mí misma compungida.

– Lo siento, sé que...

– No, no sigas–. Se levantó bruscamente–. Pensé que me tenías un mínimo


de confianza. Pero ya veo que no.

41

– No es por eso, te tengo confianza, pero...

– Me da igual lo que tengas que decir. ¡Llevo días comiéndome la cabeza,


pensando en lo que pude haber hecho mal!

33

– Yo no quería hacerte sentir mal...

– Pues lo hiciste.

366
– Escúchame por favor...

– Estoy harto Katherine. No tienes ni puta idea de lo que duele que tu alma
gemela haga como si no existieras.

– No era mi intención...

– ¿Sabes qué? déjalo, déjame en paz, no quiero hablar contigo.

87

Pasó por mi lado y cerró la puerta dando un portazo.

Me senté en uno de los sillones del cuarto con la vista nublada.


Las lágrimas no tardaron en descender por mis mejillas, dejándome una
sensación amarga y una presión en el pecho.

Me lo merezco.

229

Yo solo quería espacio, pero debí explicarle las razones de ello.


Si ayer le hubiera contado lo que me sucedía no estaríamos en esta
situación.

26

Y tiene razón, si él me hubiera ignorado de esa forma a mí, me sentiría


como una mierda.

Sé que no es disculpa, pero creí que lo que sentía respecto a Cristal era
absurdo. Tengo tendencia a guardarme las cosas porque pienso que la
gente se burlará de mí, o no lo entenderá.

131

No quería parecer tóxica y acabé siendo mala novia.

15

367
Pero lo arreglaré, haré lo que sea necesario para que me perdone.
Puedo regalarle algo o... intentar abrirme y explicarle por qué me siento
mal cuando esa arpía pelirroja está cerca.

Si tengo que mandar mi orgullo a la mierda para que volvamos a estar


bien... lo haré sin dudarlo.

40

Me vestí rápidamente para no llegar tarde al desayuno, esta vez con un


vestido amplio de color blanco y un corset del mismo tono.

Bajé las escaleras descalza, porque básicamente no sé andar en tacones y


cuanto menos haga el ridículo, mejor.

Por culpa de la llegada de Maximus, absolutamente todo el mundo sabe


que soy la "media naranja" del quinto príncipe. Desde entonces, aparte de
tenerme miedo y tratarme de forma demasiado culta, me miran de reojo
mientras susurran cosas como si fuera tonta y no me diera cuenta.

El día de hoy no fué la excepción. Se me hace tan incómodo caminar por los
pasillos, que últimamente he decidido auto-encerrarme en los aposentos
de Hudson.

Todo con tal de no tener que darle explicaciones a cada maldita persona
humana con la que me cruzo.

– ¡Katherine, que alegría! ya estábamos ansiosos por tu llegada–. Dijo


Maximus con una felicidad espeluznante cuando me vio entrar en el
comedor.

69

368
Sonreí falsamente e hice el ademán de ir a sentarme al lado de Hudson,
pero cuando me di cuenta de que el que ayer era mi sitio, estaba ocupado
por Cristal, no tuve otra opción que colocarme en la cabecera de la mesa,
justo en frente del rey de los vampiros.

68

Se me quitó el hambre al ver a Cristal en mi asiento. Sé que no ha sido


culpa de Hudson, porque ha sido el penúltimo en bajar y probablemente
Cristal ya estaba sentada ahí cuando llegó.

De todas formas, aunque no tuviera ganas de comer nada, ya de por sí ese


té de frutos rojos no me era para nada apetecible.

¿Quién coño desayuna té?

125

– ¿No vas a comer nada?– Tras unos minutos mirando cada uno de los
postres, Maximus pareció darse cuenta de que no tenía intención de probar
bocado. Así que con una sonrisa forzada levanté la taza y bebí un par de
sorbos.

10

Por muy increíble que parezca, preferí esa bebida amarga antes que algo
sólido.
Obviamente porque no quería vomitar allí mismo.

27

– Bien, creo que podemos comenzar–. Dijo con una enorme sonrisa
plasmada en el rostro.

– ¿Para qué nos has traído aquí?– Preguntó Dominik con frialdad.

– Para contaros una historia.

21

369
– ¿Estás de coña?– Cuestionó Hudson con evidente molestia.

– Prometo que os dejará... impactados.

44

– No lo dudo–. Murmuró Khalid rodando sutilmente los ojos.

– Como ya sabéis, hace unos días fuí despertado por un noble...

– Al grano–. Hudson se revolvió incómodo en su asiento mientras miraba a


su abuelo con profundo odio.

– Lo que hasta el ahora desconocías, es que es la segunda vez que me


despiertan en este último ciclo de descanso.

– ¿Qué?

– Fué hace... ¿diez? ¿doce años? Ya no lo recuerdo. La verdad es que fué


muy poco tiempo. Apenas un par de minutos y ni siquiera llegué a salir de
mi "dormitorio".

27

– Mientes.

– Hudson... hijo mío, sabes bien que yo no miento.


Por muy peculiar que suene, la persona que interrumpió mi pequeña siesta
en ese entonces, no fué ningún vampiro, fué un licántropo.

– Eso es imposible–. Contrarrestó Jackson impresionado.

– En este mundo no hay nada imposible.


La cuestión es que ese licántropo no era un lobo común, era un Alfa. Un Alfa
que me pidió permiso para entrar a nuestras tierras y así acabar con los
asesinos de su Luna.

47

370
– ¿Le dejaste pasar?– Inquirió Eliel con una ceja alzada, sin creerse su
narración.

– Por supuesto. Como podría haberle privado al Alfa Tyr de hacerle justicia
a su amada mate. Sobre todo teniendo en cuenta que los seres que
acabaron con la vida de la chica, fueron unos rebellium.

42

– Los rebellium se extinguieron hace casi cincuenta años. Lo que dices no


tiene sentido.

– Les creíamos extintos–. Corrigió a Erik mientras se levantaba de su


asiento.
– Esos rebellium eran precisamente unos de los "cazadores de monstruos"
más temidos por las tres especies.

Maximus se posicionó detrás de Mace.

Me mordí el labio con fuerza al sentir un fuerte pinchazo en el estómago.


Cuando dije que tenía ganas de vomitar, no exageraba.
El dolor se iba haciendo cada vez más intenso gradualmente, me crucé de
piernas para intentar disminuirlo y puse mi mejor cara de póker para seguir
escuchando el relato del rey.

25

– Eran nada más y nada menos, que Lorraine y Christian Ford–. Abrí los ojos
en sobre manera al escuchar el nombre de mis padres, pero no fué nada
comparado a lo que sentí cuando en un rápido movimiento, le rompió el
cuello a mi mejor amiga.

408

Todo pareció transcurrir a cámara lenta. Incluso juraría haber llegado a oír
un pitido ensordecedor, mezclado con los gritos desesperados de Eliel.

371
58

Me levanté tambaleante, con lágrimas descendiendo por mis mejillas. Pero


no pude dar ni un paso más. Esos horribles pinchazos me lo impedían.

– Tranquilo hijo mío, no llores. No es para tanto.

13

– ¡Qué has hecho!– Vociferó el rubio intentando reanimarla.

– Es en vano, está... muerta.

42

– ¿Por qué...?– Eliel abrazó a Mace sollozando y susurrando cosas


incoherentes.

20

– No tardará en despertar.

67

– ¿Despertar?– preguntó Dominik arrodillado junto a ellos, en estado de


shock.

– Había sangre en el té. Sangre de vampiro. Está en medio de la


transformación.

115

– ¡Eres un monstruo!

Caí al suelo de rodillas, sin poder respirar con normalidad e incapaz de


soportar tal dolor en mi abdomen.

– Los rebellium tenían una característica muy peculiar... Al contrario que


los humanos, no podían convertirse en sobrenaturales– carcajeó
sarcástico–. Aunque murieran con nuestra sangre en su organismo, esta no
372
les haría ningún efecto. Es más, solo el hecho de consumirla, les provocaba
un dolor parecido al que sentimos los vampiros al entrar en contacto con la
verbena.

78

Hudson se dió cuenta de lo que me estaba pasando cuando me vio


retorciéndome en el suelo. Hizo el ademán de acercarse, pero Maximus le
detuvo.

– Justo lo que estás sintiendo tú ahora Katherine.

– ¡¿Qué le has hecho?!– Quiso acercarse de nuevo, pero su abuelo le


empujó.

– Solo he puesto un poco de tu sangre en su bebida. Y gracias a ello he


confirmado mis sospechas. Es una de ellos. Es una cazadora.

72

Alcé la mano desesperadamente para intentar llegar hasta Hudson, pero


fué inútil, estaba demasiado débil.

La vista se me tornó borrosa, las voces de la familia McClaine sonaban


lejanas, mi respiración se hizo más lenta y mis ojos se cerraron habiendo
perdido todas las fuerzas.

– Os ha estado engañando todo este tiempo.

47

– Abuelo...

– Si queremos mantenernos a salvo, debemos aniquilar a la


última rebellium.

283

373
CAPÍTULO 12

– Kathy...
Venga Kath, despierta.
Despierta joder...
Mierda, mierda, mierda.

68

¡Katherine!

Abrí los ojos súbitamente y me incliné hacia delante tosiendo de forma


descontrolada.
Una mano se posó en la parte superior de mi espalda dándome pequeños
golpecitos, y tras unos pocos segundos, conseguí recuperar el aliento.

– ¿Estás bien?– Alcé la mirada. La persona que estaba a mi lado, era esa
chica de cabello rojizo con la que había hecho migas últimamente.

22

– ¡¿Qué ha pasado?! ¡¿dónde estoy?!

– Shh... tranquila, tranquila. Estás en tu habitación.

Miré ansiosa a mi alrededor. Pero, muy defraudada, redirijí mi atención


hacia Lisa al ver que este no era el cuarto de Hudson.

– Él no está aquí–. Murmuró.

– ¿Cómo he llegado...?

– Los príncipes te trajeron cuando te desmayaste.

Solté un gran suspiro, desconcertada.

– Necesito encontrar a Hudson–. Susurré nerviosa intentando levantarme.

374
– No, detente. Tenemos que irnos.

– ¿Irnos? ¿de qué estás hablando?– cuestioné desorientada.

– Escúchame atentamente, porque no tenemos mucho tiempo.


Llevas inconsciente dos días. Sé que me lo vas a preguntar, así que sí, Mace
está bien y es un vampiro.
Y tuve la increíble suerte de disponer de unos momentos a solas con ella
cuando apenas había "regresado".

21

– ¿Qué?

– Resulta que Mace al final sí se tomó el té de calavera azul que


preparamos, pero no vio si los demás príncipes llegaron a hacerlo también.
El efecto dura de cuatro a siete días, por lo que todavía se mantiene lúcida.
Ahora finge estar de parte del rey y me pidió que te ayudase a escapar.

29

– ¿Escapar?

– Maximus quiere matarte. Y aunque los príncipes no estén bajo su control,


lo hará de igual manera, es demasiado poderoso. Debemos salir del
castillo, tenemos que huir. La princesa me dijo que tú sabías de un lugar
dónde estaremos a salvo.

16

– Espera. ¿Estás diciendo que puede que Hudson intente matarme? Eso no
es...

– Si está bajo los efectos del poder de Maximus lo hará aunque no quiera.
Por eso debemos irnos ahora que tenemos oportunidad.

49

– ¿Qué oportunidad?

375
6

– Hace una hora llegó un nuevo cargamento de sangre, que regresará al


poblado en veinte minutos. Si conseguimos escondernos dentro,
podremos salir del castillo.

– Los vampiros detectarán nuestro olor.

– Hoy lo han traído humanos de clase alta. Lo único por lo que debemos
preocuparnos, es por que nadie nos vea.

– No puedo irme y dejar a Hudson.

– Estoy segura de que está de acuerdo con esto. Te ama y quiere


protegerte.

– ¿Y qué hay de él? no puedo dejarle aquí con ese degenerado. ¡Ni a Mace!

– Ellos estarán bien. Pero no puedo decir lo mismo de tí. Tu vida corre
peligro.

15

– ¿Alguien más sabe de esto...?

– Que yo sepa no, ningún mundano a parte de mí. Y si no hubiera sido por la
princesa Dawson, yo tampoco tendría ni idea.

– No podemos salir de aquí sin que nos vean.

– Según Mace los soldados del castillo tampoco están informados sobre la
situación. O sea que, por lo que a ellos respecta, sigues siendo la pareja de
un príncipe. Podemos caminar tranquilas.

– Dios mío... yo... no puedo hacer esto

26

376
– La familia McClaine viene a comprobar tu estado una vez cada sesenta
minutos.
Debemos apresurarnos.

– ¿Cuando vinieron por última vez?

– No lo sé. Pero no debe de faltar mucho para que regresen.

Me ayudó a levantarme.

– No puedo irme así sin más, sin decirle nada a Viktor y a Amber y...

33

– Ellos lo entenderán–. Suspiró agobiada.


– ¿Quieres llevarte algo en especial o...?

Avancé unos pasos hasta llegar a la mesita de noche. Abrí el cajón, saqué
una cajita de madera y me coloqué en la muñeca izquierda el reloj que
había dentro.

24

– Vámonos.

Después de haberme cambiado a toda prisa, salimos de mis antiguos


aposentos y caminamos por las áreas del castillo más desoladas.

Sintiendo una horrible presión en el pecho, producto de un cúmulo de


sensaciones como el miedo, el nerviosismo, la tristeza y la culpabilidad,
llegamos al jardín delantero.

Justo al lado de las grandes puertas metálicas que limitan el bosque con
los terrenos del palacio, había dos caballos marrones que tironeaban de
una especie de caja, con dimensiones mucho más pequeñas que las de la
celda en la que llegué al castillo.

377
– Es allí–, señaló a los dos animales– dentro de esa "cámara" traen la
sangre. Tenemos que encontrar la manera de meternos sin ser vistas.

– ¿Y no mirarán dentro?

– No creo o... eso espero.

– Estás a tiempo de echarte atrás–, dije con sinceridad– no tienes porqué


ayudarme.

– Pero quiero hacerlo.

– ¿Eres consciente de que podríamos morir?

– Prefiero morir ayudando a una amiga, en vez de acabar suicidándome por


culpa de mi madre. Estoy harta de cortarme. Harta de esconder toda esta
mierda y hacer como que no ha pasado nada y...

38

La abracé fuertemente.

– Gracias–. Susurré con los ojos cristalizados.

– Es lo mínimo que puedo hacer.

– Y lo mínimo que puedo hacer yo es ayudarte. Será difícil, pero prometo


que saldrás de esto. Saldremos de esto.
No quiero dejar que te sigas haciendo daño a ti misma por culpa de una
persona que no merece ni tu lástima.

– Además...– sonrió de medio lado– si tengo que hacer un solo suflé de


chocolate más, juro por todos los dioses que empezaré a tenerle asco al
dulce.

Solté una pequeña carcajada.

– Eso ya son palabras mayores.

378
– A situaciones desesperadas...

– Medidas desesperadas.

– Bueno... ¿cuál es el plan?– cuestioné.

– Caminamos disimuladamente. Cuando lleguemos nos aseguramos de


que no haya nadie que pueda ser testigo y entramos rápidamente.

– Parece fácil.

– Debería serlo.

– Venga, no perdamos más tiempo.

Mientras Lisa vigilaba, yo tenía la fácil tarea de abrir la puerta sin hacer
mucho ruido. Pero... ¡sorpresa! estaba cerrada con candado.

– Ehm... Lisa...

– ¿Qué?– susurró– ¿podrías apurarte un poco?

– Bueno... es que... Está cerrada.

– Pues ábrela.

– No puedo.

– ¿Cómo que no puedes?

– Está cerrada con llave–. Me miró escandalizada.

– ¡¿Y ahora qué hacemos?! ¡los classis superioris están a punto de llegar!

– ¿No tienes un plan B?

– ¡No! ¡no tengo un plan B!

15

– ¡Se supone que siempre hay que tener un plan B!

– ¡Ese era mi plan A, B, C, y D!

379
49

Cogí aire, intentando relajarme.

– Está bien, tranquila. Pensaré en un plan E.

– Más te vale no tardar mucho. ¿Y si Maximus ya se ha dado cuenta de que


no estás?– tras esta frase yo también empecé a entrar en pánico.

– ¡¿Esta es tu manera de animarme?!

24

– ¡No intento darte ánimos, solo quiero avisarte de que vamos a morir! ¡Tú
por ser una cazadora y yo por ser una traidora!

– Eres tan negativa a veces...– mascullé mientras rodeaba el carruaje,


buscando algo que nos pudiera servir de ayuda.

– ¡Gracias!

– De na...

– ¡Mi madre tiene razón! ¡soy una humana inservible que solo saber hacer
brownies! ¡y ni eso porque siempre se me queman! ¡Porque sorpresa! ¡odio
cocinar!

26

– Lisa...

– ¡No entiendo por qué! ¡Por qué tuvo que tocarme el departamento de
cocina! ¡Me podrían haber seleccionado como jardinera o limpiadora, pero
no! ¡Me tenían que meter en una habitación enorme con miles de utensilios
que, ni idea de para qué sirven, cuando no sé ni hacer bien un huevo frito!

38

– ¡Lisa!

380
– ¡Qué!

– ¡Ven!– resopló fuertemente y obedeció.

– ¿Qué?

– Mira–. Señalé con mi dedo índice una pequeña "ventana" que se


encontraba en un lateral de la caja–. Yo creo que por ahí cabemos.

– Cabes tú, dirás.

– Entramos perfectamente, no seas quisquillosa.

– Está muy alto.

– Yo te ayudo a subir.

– ¿Y cómo entrarás tú?

– Yo ya tengo práctica con este tipo de cosas.

– ¿Eh?

– Una larga historia–. Le resté importancia.

22

– Ajá...

– Venga, ven.

– No puedo.

– Sí puedes.

– No puedo.

– Sí puedes.

– No.

– Sí.

– ¡No!
381
– ¡Sí!

– ¡Ey Marcus! ¿sabes que esta noche hay una fiesta en el poblado?

Nos quedamos petrificadas al oír aquella voz masculina. Aún era lejana,
pero era obvio que se estaba acercando a nuestra posición.

– Sí. La organiza la familia Stone, ¿no es cierto?

– Creo que es cosa de Loren. Pero sus padres le han dado permiso.

– ¿Habrá alcohol?

– Es la fiesta de Loren. Por supuesto que habrá alcohol.

Ambas nos asomamos lentamente tratando de esconder nuestros pies


delante de una de las ruedas del vehículo. Aquellas voces provenían
precisamente de los dos humanos de clase alta encargados de transportar
las bolsas de sangre.

Aún estaban a unos cuántos metros de distancia, pero avanzaban con


rapidez y nosotras éramos muy lentas.

– ¡¿Qué hacemos?!– susurró aterrada.

– ¡Sube!

Entrelacé mis manos para que pudiera apoyarse en ellas y así llegar hasta
el agujero. Tras un par de desesperantes intentos, consiguió llegar, pero se
inclinó demasiado al entrar y calló en picado haciendo mucho ruido.

Aunque para nuestra increíble suerte, no lo oyeron.

Mientras, yo subía con ayuda de un par de tablillas sueltas en la estructura


y no pude contener alguna que otra carcajada silenciosa.

17

382
– Me cago en la puta que...– estábamos totalmente a oscuras y las
maldiciones de Lisa no me ayudaban a encontrar algún interruptor.

– ¿Puedes moverte un poco? prácticamente estás encima mío.

– Estamos en una maldita caja que no creo que supere los dos metros
cuadrados, rodeadas de cosas, totalmente a ciegas.
¡No, no puedo moverme!

– ¡Shh!– me mandó callar.

– ¿Qué...?– creo que intentó taparme la boca con la mano, pero en vez de
eso acabó dándome un tortazo en la frente.

35

– ¡Marcus! ¿quieres que revise que estén todos los barriles?– el chico
preguntó a su amigo y literalmente empecé a sudar frío.

Estaba muy cerca, probablemente recargado en el carruaje.

– Déjalo, los conté y están todos.

– ¿Seguro?

– No, pero no quiero llegar tarde a la condenada fiesta. No pierdas el


tiempo con eso, si nos dejamos alguno decimos que fue culpa de las
estúpidas sirvientas, que no nos lo entregaron.

– Hijo de...– logré callar a Lisa golpeando levemente su rodilla–. Auch.

– Silencio.– Susurré.

– Como quieras. En verdad cuanto antes salgamos de aquí mejor, este lugar
me da mala espina.

– Parece el típico castillo embrujado.

– Dicen que lo es–. se burló.

383
De un momento a otro, nos empezamos a mover.
Podría haber sido un viaje agradable de no ser por aquellos barriles vacíos,
que se nos caían encima cada dos por tres.

Durante todo el camino, hice grandes esfuerzos por no llorar.


No ahí y no delante de Lisa.
Pero ese dolor y esa presión en el pecho que aumentaban a medida que me
alejaba de las tierras del palacio, no me dejaban siquiera respirar con
normalidad.

CAPÍTULO 13

"Podré volver a verla, ¿verdad?"

51

"Me encantaría darte la respuesta que esperas, pero sabes que no puedo".

"¿Por qué no?"

"No quiero mentirte... A tí no. Creo que ya has sufrido suficiente y falsas
esperanzas solo acabarán por romperte el corazón".


43

Mace:

– ¡Esa chica es una amenaza para nuestra especie!– Gritó enfurecido el rey
de los vampiros, haciéndome temblar asustada.

384
2

Me encogí en mi asiento e intenté centrarme para no perder los estribos.


Ser una vampiresa recién convertida, no es nada fácil.

– ¡Tu odio hacia los rebellium te ciega!– respondió Dominik de la misma


manera.

13

– Por favor abuelo...– sollozó Khalid entre súplicas–. Ella es buena, jamás
nos haría daño.

– ¡Esa... escoria habrá intentado acabar con vosotros cientos de veces!


¡pero vuestra cabezonería e inocencia os impide razonar!

– ¡Cierra la boca!– vociferó con agobio el vampiro de pelo castaño– ¡es mi


alma!

– ¡¿Y qué?! ¡Sabes que en cuanto los nobles sepan de su existencia, querrán
acabar con la chica ellos mismos! ¡te estoy haciendo un favor!

– ¡Quieres asesinarla!– Hudson se acercó a su abuelo peligrosamente– ¡no


voy a permitir que le pongas un solo dedo encima!

18

– ¡Yo la mataré de forma rápida e indolora, mientras que cualquier otro ser
de la noche la haría agonizar hasta su último aliento!

20

– ¡Oh, vaya! ¡qué piadoso!– exclamó Erik tras una carcajada sarcástica.

18

– Si fuera por mí, esa estúpida cría ya estaría a tres metros bajo tierra con la
garganta desgarrada.

385
8

Clavé mis uñas en el sillón para evitar hacer alguna locura, mientras que
Hudson, sin poder contenerse, se inclinó con la intención de atacar a su
abuelo.
Pero gracias a la Diosa, Khalid consiguió sujetarle a tiempo. No debíamos
llamar la atención más de lo necesario.

Apreté fuertemente la mano de Eliel, pensando en si Katherine habría


logrado ya salir del castillo. Sentía unas terribles ganas de llorar por no
haber podido despedirme de ella.

Los príncipes ya me habían informado de que los primeros días después de


la transformación sentiría una sed de sangre insaciable. Pero muy tonta de
mí, creí que podría controlarlo fácilmente.
Después de ni siquiera haber podido visitar a Kathy mientras estaba
inconsciente por miedo a hacerle daño, me he dado cuenta de lo
equivocada que estaba.

Por otro lado, creíamos que sería necesario fingir sumisión ante el rey. Sin
embargo, para nuestra increíble suerte, él mismo nos ha contado que está
algo débil después de la "pequeña siesta" de la que recientemente ha
despertado, y que prefiere no hacer uso de sus poderes, hasta que recupere
fuerzas.

27

Aunque no me fiaba mucho de su palabra, Eliel y los demás me


confirmaron que al volver de sus descansos siempre se encuentra algo
indispuesto.
Y tras pensarlo detenidamente, me di cuenta de que tiene sentido.
Es completamente normal que después de cien años sin comer,
relacionarse o siquiera abrir los ojos, esté algo debilitado.

386
8

Y gracias a esto, como mínimo tenemos una pequeña ventaja.

A pesar de ello, seguimos considerando que la decisión de sacar a Kath del


palacio fué certera. Por mucho que Maximus no quiera usar su don para
ahorrar energía, sigue siendo demasiado fuerte y tiene a toda la nobleza de
su lado.

El otro problema en esta parte es... Hudson. No sabíamos cómo


reaccionaría ante la idea de que Katherine se fuera lejos de él, por lo que
sus hermanos decidieron ocultarle el plan.

39

Ni siquiera sabe que estamos entretenimiento a Maximus para que, tanto


Lisa como ella, tenga tiempo de escapar.

– Jamás te hemos pedido nada Maximus– murmuró Jackson débilmente.


Esto le está afectando mucho, ya que considera a Katherine su hermana
pequeña.
Aunque le de vergüenza decírselo.

79

– Siempre se ha sabido que podéis pedirme cualquier cosa. Pero que una
cazadora permanezca en mi reino, es algo que no puedo permitir.
Solo el hecho de mantenerla viva, podría ocasionar una guerra entre las
tres especies.

– Has intentado millones de veces crear un conflicto para conseguir más


poder, ¿y de repente no quieres problemas?

387
Mientras que Dominik y el rey Maximus seguían discutiendo, noté como
Hudson se tambaleaba levemente y se sujetaba el pecho con una expresión
de dolor y confusión.

86

Eso sin duda significaba que Katherine se estaba alejando de él. Así que
debíamos seguir perdiendo el tiempo para que Maximus no se diese cuenta
de su ausencia.

Hudson retrocedió unos pasos, queriendo irse de la habitación, pero de


nuevo, Khalid intervino y no le dejó.
Miré entristecida como se movía inquieto, intentando guardar las
apariencias, cuando era evidente que estaba sufriendo.

68

No sé cuanto tiempo estuvimos hablando, discutiendo y "peleando" entre


nosotros, pero fué el suficiente para que todo saliese tal cual lo planeamos.

La única razón por la que el rey no ha matado a Kath todavía, es porque


quiere información. Necesita saber si hay más como ella. Más rebellium. .

13

Ha ido a visitarla al menos una vez cada dos horas, esperando ansioso a
que se despertase, para poder "interrogarla" en su sala personal de
torturas.

10

Cosa que ninguno de nosotros va a permitir.

– ¡Se acabó!– dió por finalizada la conversación–. ¡Cuando termine de


interrogarla, acabaré con su vida!

388
33

Utilizó su velocidad vampírica para largarse de la sala de reuniones en un


pestañeo. Y en cuanto fuimos capaces de reaccionar, salimos detrás de él.
Por mucho que ya supiéramos que Kathy no iba a estar en sus aposentos,
debíamos guardar las apariencias y hacernos los sorprendidos.

Al descubrir que Kath no estaba, se volvió loco. Pero logramos convencerle


de que probablemente se había escondido en algún punto del castillo.

Los guardias la estuvieron buscando alrededor de dos horas. E incluso


llegaron a sellar el palacio para evitar su "fuga".

16

Ese tiempo lo aprovechamos para ir a una sala lo suficientemente alejada


de la planta principal y así poder explicarle a Hudson la situación. Y como
era de esperar no se lo tomó muy bien.

Quiso ocultar su sufrimiento, pero era demasiado obvio que, la única razón
por la que no se había puesto a llorar ahí mismo, era que no quería que le
viésemos "débil". A pesar de ser su familia y de saber que jamás le
juzgaríamos por algo así.

33

Intentamos ayudarle pero no sirvió de nada. Pues a pesar de comprender


por qué hicimos lo que hicimos, se encerró en su habitación y no dejó que
nada ni nadie se acercase a consolarlo.

142

389
CAPÍTULO 14

Hudson:

79

Ella debe de odiarte.

Irse de tu lado fué la mejor decisión que pudo tomar.

Eres tan patético...

Lo único que siente por tí, es lástima.

24

Será divertido ver cómo rehace su vida con alguien más.

¿Una cazadora y un vampiro? por favor, ya erais incompatibles desde un


principio.

¿Cuánto crees que tardará en olvidarte? ¿lo habrá hecho ya?

No vas a volver a verla.

Pasarán años hasta que Maximus decida volver a dormirse.

Si aún crees que sigue con vida, es que eres más estúpido de lo que creía.

Ella pensó que estabas de parte de Maximus. Cree que pretendías


matarla, que la traicionaste.

Si muere será tu culpa. Y vivirás el resto de la eternidad sabiendo que el amor


de tu vida falleció por tu incompetencia...

390
46

Salí de la ducha entre lágrimas, intentando evadir, sin éxito, las voces de
aquellos seres.

45

Tras lavarme el rostro, me puse la ropa interior con desgana y volví a


tumbarme en nuestra cama, siguiendo la misma rutina que he hecho desde
que Katherine se marchó.

30

Miro a mi alrededor un par de veces y me dan ganas de vomitar. El


dormitorio está totalmente desordenado, el baño hecho un desastre, el
suelo lleno de cristales rotos, y la cama repleta de ropa y vestidos.

58

Su ropa y sus vestidos.

33

Los tengo ahí porque son lo único que me queda de ella. Aún desprenden
su aroma y... a veces cuando los huelo, recuerdo todos los momentos que
hemos vivido juntos.

33

Y aunque sea más una tortura que una forma eficaz de llenar el vacío que
ha dejado, no puedo dejar de hacerlo.

Duele. Y duele mucho más de lo que jamás podría haber imaginado.

31

Me levanté con agobio y terminé de vestirme lo más rápido posible. Salí de


nuestro cuarto por primera vez en todo el día y, por obligación de Maximus,
me dispuse a bajar al comedor para cenar con mis hermanos.

13

391
Cuando llegué a la primera planta, un ruido proveniente de la antigua
habitación de Katherine me alertó antes de poder seguir bajando las
escaleras. Apreté los puños enfadado y me dirigí hacia ese lugar con
cansancio.

No he dejado a nadie entrar ahí desde que se fué, porque no quiero que
toquen nada. Todo debe estar exactamente como lo dejó para cuando
regrese, pero parece que ese humano insufrible no lo entiende.

Abrí la puerta y entré bruscamente con intención de echarle a patadas. Sin


embargo, para mi sorpresa, no era Viktor el que se encontraba en la
habitación. Era Mace.

– ¿Qué haces aquí?– pregunté serio.

– Casi me matas del susto–, murmuró mientras se levantaba de la cama–


solo he venido a echar un vistazo.

– ¿A qué?

– A sus cosas–. Respondió–. S-sé que no te gusta que entren aquí pero... no
sé, simplemente necesitaba venir. La echo de menos.

28

– Yo también–. Una vez más calmado me acerqué y me senté a su lado


suspirando con pesadez–. No lo aguanto más.

– ¿El qué?

– Dime dónde está.

35

– Ya hemos hablado de esto.

– Por favor.

392
– Hudson...

– Necesito saber dónde está, Mace. No puedo seguir con esto.

13

¿De verdad era algo tan difícil de responder?

– Lo sé, lo entiendo pero...

– ¡No! ¡no lo entiendes!

– Escúchame...– intentó explicarse, pero yo ya había perdido la poca


paciencia que me quedaba.

– ¡No! ¡no sabes nada! ¡no puedes entenderlo! Tú estás feliz con Eliel y yo...
yo no sé ni siquiera si está viva.
Han pasado dos jodidas semanas y no sé ni siquiera si está viva...

45

Cogió aire reteniendo las lágrimas y me arrodillé ante ella como última
esperanza.

12

– Por favor, te lo suplico. Haré lo que sea. Dejaré mi cargo de príncipe, el


castillo...

57

– Maximus se ha relajado. Ha dejado de buscar a Katherine. Si tú te vas, no


parará hasta encontrate.

Tenía razón y lo sabía. Pero eso no hacía que doliese menos.

– Solo quiero verla una vez más...– aparté la mirada cuando mis ojos
empezaron a picar a causa de las lágrimas.

15

No podía permitir que me viera flaquear.


Ni ella, ni nadie. Solo he dejado a una persona verme hacerlo.

393
10

– Si todo ha salido bien, Katherine está en un lugar en el que... en el que no


podemos entrar.

¿Qué?

– ¿Por qué no?– pregunté con un hilo de voz.

– Es una cabaña. Una cabaña que fué bautizada hace siglos, pero no tengo
ni idea de dónde está.

– ¿Y Katherine puede entrar? es una rebellium, ¿cómo va a llegar hasta allí?


¿y si...?

– Una vez mi padre me dijo que solo los hijos del Sol podían entrar allí.
Nunca entendí a qué se refería, hasta ahora.
Mientras que los lobos, los brujos y los vampiros somos hijos de la Luna, los
humanos y los rebellium son hijos...

66

– Del dios Sol–. Terminé por ella.

– Antes de morir, mi madre nos dejó una... caja. Nos dijo que sólo podíamos
abrirla el día que escapásemos del poblado. Cuando los guardias fueron a
nuestra antigua casa para buscar a Katherine, cogieron todas nuestras
cosas, pero no trajeron la caja. Lo que me lleva a pensar que... que ella se la
llevó.

10

Se formó un silencio incómodo, que corté poco después con voz cortante.

– No me importa no poder entrar. Necesito ir a buscarla, asegurarme de


qué...

– No estás razonando.

394
– No puedo más Mace. No puedo seguir con esto. No puedo seguir
haciendo como que no ha pasado nada. Como que no me duele.

– Estoy segura de que está bien–. Garantizó antes de abrazarme a modo de


consolación.

– ¿Y qué hay de mí?– susurré notando como un líquido comenzaba a


descender por mis mejillas–, yo no estoy bien.

38

– Lo siento Hudson... lo siento muchísimo...– ella también rompió en llanto.

– Lo-lo último que le dije fué: "déjame en paz, no quiero hablar contigo"–
escondí mi rostro en su hombro izquierdo mientras sollozaba, intentando
controlar la respiración.

121

– Lo que le hayas dicho no cambia nada. Katherine no está enfadada


contigo. Te ama.

– ¿Y por qué me ignoró durante tantos días?

Me quemaba tanto el pecho...

No podía respirar.

No podía hablar.

No podía pensar con claridad.

Lo había perdido todo.

– Solo estaba... triste.

395
2

No fuí capaz de responder.

¿Hice algo mal?

– Cristal... la hace sentir insegura. Últimamente hemos pasado mucho


tiempo con ella y... mira, es mi mejor amiga, la conozco. Veo su cara de
desilusión cuando se te insinúa y coquetea contigo.

55

– ¿Por qué no me lo dijo?

– Es Katherine. No le gusta sentirse así–, explicó– probablemente pensó


que te enfadarías.

– Jamás me enfadaría por algo así. Sé lo que se siente.

19

Y muy bien.

– Eso no importa ahora. Solo quiero que sepas que no hiciste nada mal.
Nada de esto es culpa tuya.

Mentira. Yo la metí en esto. Todo es culpa mía.

– Podré volver a verla, ¿verdad?– musité totalmente destrozado.

– Me encantaría darte la respuesta que esperas, pero sabes que no puedo.

– ¿Por qué no?

– No quiero mentirte... A tí no. Creo que ya has sufrido suficiente y falsas


esperanzas solo acabarán por romperte el corazón.

Asentí derrotado y me levanté del suelo.

396
– Si necesitas al...

– No quiero tu lástima.

– No es lástima. Ahora eres parte de mi familia y...

– Dile a mis hermanos que hoy no voy a cenar. No tengo hambre.

Subí de nuevo al séptimo piso y me encerré en nuestra habitación.

Me había abierto con Mace.

30

Y fué un grave error.

Porque tuve que aceptar que me habían arrebatado, lo único bueno que he
tenido, desde hace demasiado tiempo.

CAPÍTULO 15

Dos semanas antes...

79

Katherine:

397
¿Cuánto tiempo había pasado ya?

Ni siquiera yo lo sabía.

El tiempo transcurría con lentitud en esa "caja" de reducidas dimensiones


con olor a humedad y madera vieja. Tanto, que incluso llegué a dudar en
varias ocasiones de si algún día lograríamos llegar a nuestro destino.
Los dos muchachos encargados de transportar los barriles de sangre, ahora
vacíos, se pasaron todo el viaje hablando de cosas triviales, como por
ejemplo, esa supuesta fiesta que Loren se ha encaprichado en organizar y
que al parecer, comienza a las diez de la noche.

Me pareció muy extraño que la velada comenzase a esa hora. Teniendo en


cuenta que la caza comienza a las doce en punto, solo tendrán una hora y
media de diversión aproximadamente si quieren llegar sanos y salvos a sus
casas.
Luego mencionaron que Loren había invitado a dormir a todos y me pegué
una bofetada mental. Típico de Loren, jamás escatima en gastos.
Aunque siendo sinceros, si yo tuviera una mansión con quince
habitaciones, diez baños, cuatro salones y dos cocinas, aparte de otra casa
solo para invitados, también invitaría a todos mis amigos.

18

Lisa acabó por dormirse poco después de partir. Algo normal, teniendo en
cuenta que había sido sometida a un profundo estrés estos últimos días.

Desde que salimos de las tierras del castillo ninguna volvió a decir una
palabra. Su respiración lenta y pausada, levemente eclipsada por la mía
irregular y errática, junto con la alegre conversación que mantenían los
classis superioris al otro lado de la placa de madera, fueron lo único que
escuché durante todo el trayecto.
Cosa que agradecí en profundidad.

398
Ese dolor que se me había instalado en el pecho por "abandonar" a Hudson
era malditamente agonizante.
Al no haber sentido nunca algo parecido, creí durante los primeros minutos
que desfallecería ahí mismo.
Después no me quedó otra que asimilar la situación y resignarme ante el
escozor y la quemazón que sentía tanto en el corazón, como en el lado
derecho de mi cuello.

17

Intenté mirar la hora en el reloj de mi madre varias veces, sin saber siquiera
si aún le quedaba pila, pero no podía ver nada a causa de la oscuridad del
remolque y de las lágrimas acumuladas que me esforzaba por no derramar.

A pesar de que había una pequeña ventana sobre mi cabeza, la luz que
entraba por esta era mínima. El cielo estaba muy nublado, señal de más
tarde podría haber tormenta. Además, tenía la sospecha de que estaba
empezando a anochecer.

Tras aproximadamente una o dos horas más de recorrido, la chica pelirroja


que inexplicablemente había decidido ayudarme, comenzó a despertase.
Por un momento pareció olvidar el lugar en el que se encontraba, así que
tuve que taparle la boca para evitar que hiciera algún ruido que pudiese
alertar a los chicos de clase alta.

Estar en penumbra me venía como anillo al dedo para que Lisa no pudiera
ver los rastros de lágrimas en mis cachetes y mis ojos seguramente
enrojecidos. Pero a su vez, dificultaba mucho la tarea de moverse por la
estancia sin golpearse con la multitud de barriles que solían caerse sobre
nosotras, a consecuencia de los grandes baches que hacían sacudir el carro
con violencia.

Ambas nos tensamos asustadas cuando de repente, el carro se detuvo.


Una vez nos aseguramos de que nuestros "transportistas" se habían ido,
con mucha dificultad, el pulso temblando y el corazón latiendome
399
desmesurado, conseguí sentarme sobre los hombros de la pelirroja para
alcanzar el pequeño ventanal localizado sobre nuestras cabezas.

– ¿Ves algo?– susurró tambaleante.


Solté un resoplido de negación en respuesta, pudiendo distinguir
únicamente una pared recubierta con una piedra vistosa. –Es de noche.

– Vaya, no me digas, pensé que estábamos casi totalmente a oscuras


porque hay un eclipse.

– La luna está en fase cuarto creciente–. Informé embelesada, ignorando su


sarcasmo repentino.

– Bájate ya, pesas mucho.

Rodé los ojos, pero hice lo que me pidió.

– El carro está aparcado junto a una casa. Y por su aspecto parece ser muy
valiosa y extravagante.

– Eso quiere decir que estamos en algún barrio caro dónde viven classis
superioris–. Asentí de acuerdo–. Si conseguimos salir de aquí llamaremos
mucho la atención. No parecemos ni de lejos dos ricachonas de clase alta.

– Lo sé... Y por si fuera poco, soy bastante conocida por aquí. Seguro que
aún se sigue hablando de la vez que desafíe a Catrice Stone.

– ¿Desafiaste a Catrice Stone?– balbuceó atónita.

– Algo así. Es una larga historia, muy larga.

– Pero...

400
– Tengo una idea–. La interrumpí evitando profundizar en el tema–. Bueno
no, tengo dos ideas. Tienes que escoger una.

– ¿Por qué yo?

– ¿Ves a alguien más aquí aparte de nosotras dos?

– Por favor no me hagas elegir, soy muy indecisa.

52

– Me da igual, solo escoge.


¿Prefieres salir por la ventana, echar a correr y escondernos en algún sitio?
o... ¿quedarnos aquí esperando a que esos dos vuelvan, escondernos tras
los barriles y cuando empiecen a vaciar el carruaje golpearlos por sorpresa
para dejarlos inconscientes?

19

–Eh... ¿la uno?

– A mí me gusta la dos.

– ¡¿Y para que mierdas me mandas escoger?!

66

– No grites, pueden oírnos.

Bufó sonoramente.

– La dos es tentadora–, habló entre dientes, bajando el tono de voz–. Pero


no sabemos cuándo o si van a volver. No sabemos si vendrán solos, o si
traerán a más gente. No sabemos si somos lo suficientemente fuertes como
para vencerlos. No sabemos nada.

– Tienes razón pero... Tampoco podemos caminar por las calles como si
nada. Con el uniforme del castillo puesto llamamos demasiado al atención.

401
6

Sin saber que más objetar, nos quedamos en silencio. Era algo incómodo,
así que agradecí aliviada que lo cortase segundos más tarde.

– ¿Has dicho que estamos frente a una casa no?

– Sí... ¿Acaso tienes un plan?– cuestioné esperanzada.

– Mira la hora.

Miré mi muñeca con una ceja alzada sin lograr ver siquiera las manecillas.

– Vas a tener que impulsarme de nuevo–. Dije con un ápice de picardía y


una pequeña sonrisita que ella no pudo ver. Yo sabía perfectamente que
podíamos mover algún barril para apoyarme encima, pero Lisa no pareció
percatarse de ello. Además, subirme sobre sus hombros es mucho más
divertido.

22

– Bien...– refunfuñó– pero date prisa, vas a acabar por romperme algo–.
Rodé los ojos nuevamente frente a su dramatismo–. No peso tanto.

– Seguro que para el príncipe Hudson o cualquier otro vampiro eres como
una pluma, pero yo soy una humana debilucha.

19

– Lo que tú digas–, reí mientras me subía a su espalda– pero vas a tener que
aguantarte.

Se puso de pie conmigo a cuestas y saqué la mitad del torso fuera del carro.

– ¿Y bien...?

– A ver, solamente con la luz de la luna no es que se vea muy bien pero...
Estoy casi segura de que son las diez y media.

– Es bastante tarde.

402
– Sí, es más, ya todo el mundo debe de estar en...

– ¿En...? ¿Hola?

¡Y pum! Se encendió la bombilla.

– Tengo que salir.

– ¿Eh?– preguntó evidentemente confundida.

– Ayúdame a salir.

– ¿Para qué? es peligroso, alguien puede. verte.

– Solo... ayúdame.

Como no aparentaba tener intención de moverse, aproveché que aún


seguía sobre sus hombros y apoyada en el ventanal, e hice fuerza para
sacar mi cuerpo casi al completo.

– ¡¿Estás loca?! ¡¿Qué vas a hacer?!

– ¡Salvarnos el culo!– me agarré al techo de la cámara y conseguí salir


completamente.

– Es como un puto acróbata–... Escuché como se quejaba desde el otro


lado.

– Ahora es tu turno.

– ¿Mi qué?

– Tu turno–. Repetí conteniendo la risa.

– ¡¿Y cómo quieres que salga?! ¡si no puedo levantar la pierna hasta la
cadera sin hacerme daño!
403
1

– Coge un barril, apóyate y...

– ¡¿Todo este tiempo has podido usar un barril en vez de romperme la


espalda?!
¡¿Y no me has dicho nada?!

17

– Se me olvidó...

68

–...

–...

– Me las vas a pagar–. Escuché con gracia como movía algunos barriles,
despotricando en voz baja.

Mientras ella seguía a lo suyo, me alejé unos metros de nuestra posición


para confirmar mis sospechas.

Jardín delantero gigante, fuente de mármol en la entrada, gárgolas en el


tejado, arbustos en forma de corazón y la letra W labrada en oro por todas
partes.

No cabía duda. Era la casa de los Walker.

– ¡Lo conseguí!– el grito de Lisa llamó mi atención–. ¿Qué estás mirando?

– Nuestra salvación.

– Ehmm–. Escaneó la casa con una mueca de confusión–. No entiendo.

– ¿Recuerdas lo que dijeron esos chicos? lo de la fiesta de Loren.

404
– Sí...

– Mientras estabas dormida, mencionaron que la ceremonia empezaba a


las diez.

– ¿Y qué con eso?

– Aunque Loren invitará a la mayor cantidad de gente posible, habrá


muchísimos classis superioris que no podrán ir.

– Claramente, hay como diez mil de esas ratas en todo el poblado–.


Respondió obvia.

– ¿qué me dirías si te digo que esta casa va a estar totalmente vacía hasta
mañana?– me miró con asombro mal disimulado.

– ¿Este casoplón?– asentí– ¿cómo...?

– Esta es la casa de los Walker. Lo sé porque aparte de trabajar en la casa de


los Stone, también lo hacía aquí.
Collete Walker es la mejor amiga de Loren. Y sus padres son los mejores
amigos de Catrice y su marido.

– Entonces irán a la fiesta...

– Y se quedarán a dormir allí.

– ¿Y no tienen empleados?

– Los sirvientes de los Stone terminan su jornada a las once de la noche,


pero los Walker son más bondadosos y los dejan salir a las nueve. Algo que
tienen ambas familias en común es que no se fian de los de clase baja, así
que jamás habrá un classis inferioubus en su mansión si ellos no están.

– Ya veo. ¿Y por qué esos dos chicos han traído el carruaje hasta aquí?

405
– Collete tiene un hermano llamado Dalton. Es un año mayor que yo. Y
aunque no estoy segura, probablemente el carro es de su familia. Él sería
uno de los dos chicos que nos han "traído".

– Literalmente acabas de salvarnos el culo.

– Podemos pasar la noche aquí. Los classis superioris no suelen madrugar,


así que podemos partir en cuanto finalice la caza.

– ¡Genial! Entremos, hace mucho frío.

– Espera–. La detuve–. Hay algo que debemos hacer primero.

– ¿El qué?

– Yo... tengo un libro prohibido en mi casa–. Se quedó callada, procesando


la información.

– ¿Un qué?

– Por desgracia en ese libro no aparece prácticamente nada de información


sobre los rebellium.

– ¿Un qué?

26

– Lo que digo es que sé de una forma de conseguir más como ese. Necesito
conocer más sobre mí misma, sobre mi especie.

– ¿Un qué?

21

– Mañana tendremos que pasar por mi antigua morada para recoger el


manuscrito y una cosa que me dejó mi tía Helena.

–...

406
43

– Pero hoy necesito conseguir otro libro prohibido.

– ¿Un qué?

78

– ¡Puedes dejar de decir eso!

– ¡No! ¡Estás loca! ¡Ya somos fugitivas y quieres añadir más delitos a la
jodida lista!

– Por favor...

– No, no, no, no. Me niego.

11

– Es fácil de hacer. Solo necesito un papel y una pluma para escribir.

– ¿Y aparece por arte de magia?

– Bueno, primero tenemos que ir a un parque.

Cogió aire con frustración.

– Un día de estos vas a matarme.

– No hace falta que vengas si no quieres. No creo que tarde mucho.

– ¿Y dejarte sola? ¿estás loca?

– Ya has hecho suficiente–. Le di una sonrisa de medio lado, tratando de


ocultar la tristeza alojada en mi pecho.

– ¿Hay algo que pueda hacer para persuadirte?– Inquirió esperanzada.

– No.
407
– Te odio... Venga vámonos. Hay mucho que hacer.

– Espera–. Volví a detenerla y me miró como si quisiera sacarme un ojo


mentalmente–. No podemos salir así vestidas.

– ¿Y qué quieres que me ponga? no tenemos más ropa.

– Nosotras no. Pero Collete Walker sí.

– ¿Quieres robarle su vestuario?

– Yo lo llamaría préstamo permanente no consensuado por una buena


causa.

94

–Si no hay más remedio...

– ¡Gracias!

– No me creo que vaya a hacer esto.

– Yo tampoco me creo que lo vayas a hacer.

Suspiró frustrada.

– ¿Cómo vamos a entrar en la casa?

– Collete siempre deja la puerta trasera abierta para que entre su novio a
escondidas.

– ¿Cómo sabes eso?

– No me lo preguntes. Prefiero no recordarlo.

– Como desees. ¿Cómo vamos a llegar a esa puerta trasera?

– Escalando la vaya del jardín.

– Estoy harta de escalar. La última vez casi me rompo la nariz.

408
– Pues no te caigas.

– Es muy fácil decirlo.

– Y hacerlo también–. Le saqué la lengua para molestarla.

– Venga vamos–. Tironeó de mí para volver a dónde estaba el

carruaje–. Vamos antes de que me arrepienta y te de una patada en


el culo por ser una jodida suicida.

CAPÍTULO 16

Conseguimos entrar exitosamente en la gigantesca mansión de los Walker.


Como predije, la puerta de acceso al jardín trasero, no estaba cerrada con
llave, por lo que, allanar la casa de Collete fué como coser y cantar.

60

Los problemas vinieron después de haber encontrado un par de vestidos


caros, pertenecientes a la menor de la familia, y tras haber conseguido al
fin, una pluma, un papel y dos abrigos extravagantes con capucha, para
evitar que alguien pudiera reconocernos por la calle.

Para empezar, se estaba haciendo tarde. Tardamos demasiado en


encontrar la habitación de la chica. Pues su hogar, en lo que a tamaño se
refiere, es bastante parecido al de los Stone.

Después invertimos bastante tiempo escogiendo que ropas nos íbamos a


poner. No queríamos algo demasiado llamativo que nos hiciera llamar la
atención de manera excesiva, pero sí era necesaria alguna prenda lo
suficientemente estrafalaria, como para llegar a parecerse a lo que suelen
llevar los classis superioris usualmente.

409
Me senté en uno de los escalones marmolados de la entrada, siendo
iluminada únicamente por las luces del porche, y sintiendo como el aire frío
dejaba una agradable sensación de frescor en mi pecho.

Observé el cielo nublado con una sonrisa triste plasmada en el rostro.


Era una noche helada, silenciosa e incluso relajante.
A causa de una espesa capa de niebla, que debió formarse mientras
estábamos en la mansión, no podía ver ni siquiera el final de las calles.

Respiré profundamente y me miré la muñeca por el rabillo del ojo, en busca


del antiguo reloj familiar que me dejó mi madre antes de fallecer.

Eran casi las once y cuarto, debíamos darnos prisa.

Dejé la hoja de papel pergamino sobre el suelo de piedra caliza del porche,
esperando a que, por arte de magia, me llegase la inspiración divina.

20

La pluma dorada que Lisa consiguió para mí, temblaba frenéticamente en


mi mano derecha. Intenté relajarme, pero fue en vano, mis nervios se
incrementaban a la par que el tiempo avanzaba.

No estaba segura de esto. No sé si el mero hecho de haberme escapado del


castillo fué la decisión correcta.
No sé cómo se encuentra Hudson, o si ya se habrá percatado de mi
ausencia.
No sé lo que piensa de mí. Qué piensa respecto a lo que soy.

26

Y creo que eso es lo que más me aterra de todo esto.

Al final decidí qué iba a escribir justo cuando Lisa salió apurada de la casa,
dándome a entender, que esto de estar en el poblado a altas horas de la
noche, no le genera ni pizca de confianza.

410
Antes de ser colocada dentro de un sobre, decidí firmar la pequeña petición
solamente con mi apellido.

Doblé el sobre a la mitad y lo guardé en el bolsillo izquierdo de "mi


gabardina nueva".

Me vi obligada a apresurar mis pasos, ya que Lisa estaba muy nerviosa.


Caminaba torpemente con los hombros tensos unos metros más
adelantada, llamando la atención y gritando "oculto algo" por cada poro
de su cuerpo.

Por eso, cuando conseguí alcanzarla, sujeté su mano de manera cálida y


compresiva, con la esperanza de que ese sencillo gesto, la ayudase a
mantener sus miedos a raya.

Tras quince silenciosos minutos, llegamos a nuestro destino. El gran


parque donde varios meses atrás conseguí la verbena y me enfrenté a la
vieja estirada de Catrice.

– ¿Seguro que esto es un parque infantil?– murmuró entrecortadamente y


con un dejé de pánico en su voz.

– Sí–. Contesté sin entender que era lo que temía del lugar exactamente.

– Pues da mucho miedo.


No traería aquí a mis hijos ni aunque me pagasen mil monedas de oro.

– No creo que vayas a hacerlo nunca–. Susurré apartando la mirada hacia


un banco situado cerca de los toboganes.

Hacia "el banco".

– ¿Por qué?– bromeó con fingida molestia–. Aunque sea lesbiana puedo
tener descendencia.

411
– Lo sé, no me refiero a eso–. Le seguí el juego–. Solo tengo la sensación de
que no vamos a volver a pisar este lugar.

– ¿Es una indirecta? porque no se me da muy bien entenderlas. Y si lo que


tratas de decir es que no crees que vayamos a sobrevivir, mejor quédate
callada–. Reí por su ocurrencia.

27

– Dame la bolsa por favor–. Pedí con una leve sonrisa. Esta vez, una sincera.

Cuando me la dió, guardé el sobre dentro de ella y até sus cuerdas


alrededor de una de las patas del banco.
Todo para que si llegase a venir una ráfaga de viento, no arrastre la petición
consigo.

– ¿Crees que funcionará?

– Espero que sí.

– ¿Y si no lo hace? quiero decir... ¿Que pasa si mañana volvemos y la carta


sigue aquí?

– Tendría que resignarme y llevarme únicamente a la cabaña el liber


prohibitorium que tengo en mi casa.

– Nunca te he preguntado por qué tienes una mierda de esas en tu casa.

– Tardaría horas en contarte toda la historia.

– Tenemos toda lo noche.

– ¿Estás segura de no querer dormirte pronto?

– Sí.

– ¿Eres consciente de que a las cinco de la mañana tenemos que estar ya


preparadas para irnos?

412
– ¿A las cinco?– preguntó con sorpresa–. Mierda, es verdad, se había
olvidado.
En ese caso prefiero dormir.

– Si quieres te lo cuento cuando lleguemos a la cabaña–. propuse en voz


baja y ella asintió conforme.

– ¿Y... ya está?– cuestionó con emoción mal contenida–. ¿Podemos irnos


ya?

– Cla...– fui interrumpida por una gota de agua que me mojó la nariz.

Y así, en apenas unos instantes, lo que al principio era una mísera gotita, se
transformó en la lluvia torrencial más fuerte que he visto en mi vida.

– Lo que faltaba...– gruñí entre dientes.

– La vida nos odia Katherine–. Gritó Lisa antes de agarrarme de la mano


para empezar a correr–. ¡No tengo pruebas, pero tampoco dudas!

96

Entre la niebla, el agua y los imponentes truenos que se escuchaban cada


vez más cerca, la misión de volver a la mansión Walker sanas y salvas se
hacía cada vez más complicada.

Lisa estaba totalmente aterrada. Lo noté por sus jadeos y su respiración


errática.
Al parecer, porque tiene un miedo irracional a las tormentas eléctricas.

Yo, sin embargo, siempre he encontrado algo especial en ellas.

26

Antes de la subasta, Mace se burlaba de mí diciendo que no entendía como


podía preferir un día de tormenta antes que uno soleado.

413
60

Pero seamos sinceros. No puedo ser la única persona a la que le gusta leer
un buen libro envuelta en una manta, teniendo la luna y la luz de los rayos
como única iluminación, mientras toma algo calentito y escucha de fondo
el sonido de las gotas de agua chocar contra el cristal de la ventana.

128

O puede que Mace tenga razón y sí sea un poco rara.

29

Finalmente, por culpa de todos los fenómenos atmosféricos que se habían


arremolinado sobre nuestras cabezas en un momento, tuvimos que
resguardarnos bajo el tejadillo de una casa aparentemente abandonada.

Ambas nos sentamos en el suelo con la ropa empapada, a espera de que la


tormenta amainase.

De repente nos sumergimos en un silencio incómodo. No por el hecho de


estar nosotras dos solas. Sino, porque cada vez se me complicaba más la
tarea de no ponerme a llorar.

El dolor en la marca que me hizo Hudson aumentaba con el pasar del


tiempo. Y sinceramente, ya no podía seguir reteniendo mis sentimientos.

30

Lisa se sobresaltó al escuchar los primeros sollozos. Me miró sin entender


nada unos segundos y se quedó quieta intentando procesar todo lo que
estaba ocurriendo.

Hasta que, de una vez por todas, se dió cuenta de que había estado
fingiendo estabilidad durante todo el día.

414
– Katherine... Katherine mírame. Ey, mírame a los ojos.
Kath...

– Por favor, déjame. Solo quiero estar sola–. Respondí a duras penas,
tratando de calmar los latidos de mi corazón y de no ahogarme en mi
propio llanto.

– No voy a dejarte sola. No pienso hacerlo. Ni ahora ni nunca.

23

– Todo esto es culpa mía... Si fuese normal, si no fuese una estúpida


rebellium él y yo...

– Sé que no soy la persona que hubieras escogido para vivir a tu lado. Sé


que ahora desearías estar con él y que nada de esto estuviese pasando.
Pero también sé que eres fuerte, y que si hemos llegado hasta aquí, es
únicamente gracias a ti.

40

Así, con una repentina visita, fué como cayó la primera ficha de dominó que
acabó por provocar el desastre. Quizá fué culpa mía por no haberlo visto
venir, por no haber sido capaz de sobrellevar la situación, o por haber sido
tan ingenua como para pensar que ya nada podría arrebatarme la felicidad.

Con la inesperada visita de Cristal Vinsonneau mi mundo se vino abajo, una


vez más.

62

Pero solo me arrepiento de no haberle dicho te quiero, antes de marchar...

78

****

415
1

CAPÍTULO 17

– Lisa...– la llamé despegando la mirada del cielo nocturno.

50

– ¿Sí?– murmuró distraída, mientras jugaba con un palo y un par de


piedras.

– La tormenta cada vez es más fuerte. No parece que vaya a detenerse


pronto.

– Ajá... Eso parece.

– Deberíamos volver ya a la mansión Walker–. Espeté sin miramientos.


Me levanté, me sacudí la tierra del vestido y me dispuse a iniciar la marcha
nuevamente.

– ¿Estás loca?– dejó lo que estaba haciendo para prestarme atención–. ¿No
ves cómo está lloviendo?

– Precisamente por eso. No podemos quedarnos aquí más tiempo. Quedan


unos escasos seis minutos para que de comienzo.

– ¿Para que de comienzo el qué?

– La hora de caza.

– ¿Seis?

– Sí.

416
– ¿Cómo que seis?– preguntó, ahora alarmada.

– No me he percatado de la hora–. Contesté mientras que me rascaba la


nuca, con una mueca de disculpa–. Tenemos que irnos. Los vampiros
aprovechan los días de mal tiempo para venir a alimentarse.

– Que alentador...– Susurró con desagrado.

Tras unos segundos de silencio, en los que recé a todos los dioses
existentes para salir ilesas de este arriesgado plan, iniciamos una caminata
apresurada.

– ¿Y por qué suelen cazar en estos días?

– Realmente no estoy segura. Pero lo más probable, es que sea para


burlarse.

– ¿Para burlarse? ¿de qué?

– Bueno... Los humanos no somos seres que suelan rendirse fácilmente. No


cuando nuestra vida depende de ello. Siempre intentamos pelear o
escapar, aunque sea en vano. Así que, supongo que con estos temporales,
es más probable que nos caigamos, nos resbalemos, o nos hagamos daño
en la huida.

– ¿Y eso a los vampiros les hace gracia?

– Premio para la señorita.

– Es asqueroso.

– Lo sé...– suspiré con pesadez.


Tenía la intención de seguir hablando, pero de repente, un grito
desgarrador resonó haciendo eco por toda la estancia. Ambas nos paramos
en seco, incapaces de mover un solo músculo.

417
Se me heló la sangre y sentí como se me cerraba la garganta. Mis músculos
se tensaron con fuerza y mis ojos lagrimearon, empezando a cristalizarse.
Juraría que incluso mi corazón, dejó de latir durante un instante.

– Corre–. Musitó la pelirroja con un hilo de voz. Sin embargo, aunque todo
mi cuerpo me pidiese a gritos que le hiciera caso, me quedé estática,
sujetando su mano para que ella tampoco pudiera moverse.

– No. Correr será en vano. Ellos son mucho más rápidos que nosotras y lo
único que haremos será llamar la atención.

– ¿Y qué propones? ¿quedarnos aquí como estúpidas, para que venga algún
vampiro y nos chupe la sangre hasta que parezcamos pasas?– rezongó
entre dientes, con la respiración acelerada.

– Lo más efectivo es caminar como lo estábamos haciendo antes. Eso sí,


haciendo el menor ruido posible.

– Vamos a morir...

– No digas eso–, intenté tranquilizarla y la obligué a caminar nuevamente–,


no hemos escapado de uno de los demonios de sangre más poderosos de
la historia, para acabar asesinadas por un chupasangre de baja categoría.

30

– Sería muy triste, la verdad...

31

– Ahora necesito que te calmes. Recuerda que pueden oír, tanto nuestra
respiración acelerada, como los latidos desbocados de tu corazón.

– Está bien... Respiró profundamente–. ¿Ya estamos cerca?

418
– ¿Ves la mansión? está ahí, a lo lejos–. Señalé el lugar donde se encontraba
la extravagante vivienda, y la pelirroja asintió con una sonrisa cargada de
alivio.

No obstante, a pesar de estar tan cerca de lograrlo, volvimos a escuchar


más... alaridos. Esta vez procedían de diferentes personas y daba la
impresión de que no iban cesar nunca.

– Pues en menos de cinco minutos estaremos ahí–, dije con el volumen más
bajo posible, haciendo el mayor esfuerzo por ignorar aquellos sonidos tan
desoladores–, calentitas y protegidas.

– Te tomo la palabra...

Afortunadamente, y en contra de todo pronóstico, llegamos a nuestro


destino sin toparnos con ningún chupasangre.

18

Al llegar a la mansión, nos dimos cuenta de que la puerta principal estaba


ligeramente entreabierta, cosa que aunque nos pareció extraña, nos evitó
el tener que entrar a la casa a través del jardín.

29

En consecuencia, no le tomamos demasiada importancia.

– ¿Dejaste la puerta abierta?– pregunté extrañada.

– No... ¿La dejaste tú?

– No. Tú fuiste la última en salir.

– Pero yo la cerré.

– Es obvio que no lo hiciste.

419
– Sí lo hice.

– No, no lo hiciste.

– ¡Que sí la cerré! Estoy completamente segura. ¡Te doy mi palabra!

– Está bien... Quizás se abrió a causa del viento.

– Es lo más ¿probable...?

Algo desconcertadas, dejamos el tema a un lado y subimos a la habitación


de Collete, donde nos pusimos dos de sus pijamas y nos preparamos para
dormir.

– Espero que no des patadas–. Dije con fingida preocupación y ella


refunfuñó.

39

– ¿Perdona? soy un angelito cuando duermo–. Se defendió con gesto


ofendido.

– Permíteme dudarlo.

– Pues duerme en otra habitación.

– Ni en broma. Esta casa siempre me dió miedo. En el poblado decían que


está encantada.

– ¿Y tú te crees esas tonterías?

– Claro que no... pero mejor no me arriesgo.

– ¡Ja! que miedica.

– No soy una miedica.

– Sí que lo eres.
420
– No lo soy.

– A ver... ¿y por qué dicen que está encantada?– preguntó con una sonrisa
socarrona.

– No es que crea en esas cosas pero... Dicen que aquí murió un hombre.

– Bueno, la gente muere muy a menudo.

– Sí, pero no de una manera tan horrible.

– Venga, cuéntame. Y así probablemente, tu solita te des cuenta de que es


una tontería.

– Según las historias que me contaron de pequeña, todo sucedió una noche
tormentosa.

– Vaya... que coincidencia.

– Llovía a mares. Y había una niebla espesa, muy espesa.

– Ve al grano–. Carcajeó divertida.

– La cuestión es que esa noche, un hombre llamado Abel Walker, salió a


trabajar sus tierras.

– ¿Era el abuelo de Collete?

– No. Esto sucedió hace tres siglos, cuando todavía estaban permitidas las
armas de fuego.

– Joder...

– Hace muchos años, tanto la familia Walker como la Stone, se dedicaban al


cultivo. Y de ahí sacaron toda su fortuna.

– ¿Y qué sembraban?– Inquirió con curiosidad.


421
2

– Rábanos.

22

– Oh. Vale.

23

– No nos vayamos por las ramas. Lo importante aquí, es que él estaba


trabajando su huerto cuando dió inicio la hora de caza. A pesar del
temporal, él quiso terminar su trabajo. Ya sabes, resguardar a sus burros,
caballos...

– Entiendo.

– Y justo antes de que pudiera entrar en casa, un chupasangre le asaltó por


la espalda

– Los vampiros no tienen permitido entrar en las propiedades de los


humanos, tanto si es la hora de caza, como si no–. Comentó con extrañeza.

– Pero a ese vampiro le dió igual.

– ¿Y le mató?

– No, le hizo beber su sangre.

– ¿Qué?

– El señor Walker entró desesperado a su casa, a esta casa, y le contó lo


sucedido a sus familiares.
En ese entonces, los humanos no sabían cómo funcionaba la
transformación, fueron los rebellium quienes lo descubrieron todo décadas
después.
Cuando la familia de Abel se enteró de lo sucedido, pensaron que el
vampiro le había maldecido y que eso traería la tragedia a toda la familia.

422
2

– ¿Y qué hicieron? ¿Llamar a unos rebellium para que acabasen con el


vampiro?

– No. Llevaron a Abel a algún punto de esta mansión, cogieron una


escopeta y le metieron un tiro entre ceja y ceja.

CAPÍTULO 18

– ¿Y por qué hicieron eso? ¿Por qué el "chupasangre" como dices tú,
no le mató? Por mucho que el señor Walker tuviera sangre vampírica en su
organismo no se habría...

17

– Ahm...– Quise explicárselo, pero me interrumpió bruscamente.


Estaba tan asombrada por el relato, que ni siquiera se dió cuenta de ello.

– Un momento... ¡Un momento! ¡¿Qué pasó después?! ¡Abel se transformó?

– Ahora te lo cuento todo, solo... Cálmate–. Reí algo enternecida por su


actitud.

Al parecer, aquella leyenda local consiguió poner a la pelirroja demasiado


ansiosa.

Y esa emoción casi infantil que expulsaba por cada poro de su cuerpo me
recordaba demasiado a Ariel.
Sinceramente, jamás pensé que podría echar tanto de menos a un
pequeñajo como él.

14

– Como bien has deducido, Abel despertó. Pero no como un vampiro.

– ¡¿Y en qué se transformó?!

423
– En un fallido.

43

– Ah, vale... Espera... ¿en un qué?

– ¿Enserio hemos vivido en el mismo poblado? Porque parece que has


salido de un asilo de ancianos en el que solo se hablaba de hemorroides.

14

– Que... graciosa...– gruñó entre dientes– ¿vas a decirme que es esa cosa o
no?

– "Fallido"es el nombre que se les asignó en el poblado, a aquellos


humanos que no fueron capaces de "superar" la transformación vampírica.
Los demonios de sangre los llaman de otra manera que desconozco. En
latín, por supuesto.

– Nunca he leído acerca de nada parecido. Ni siquiera en un libro de la


biblioteca de los McClaine.

– Por lo que sé, los fallidos se despiertan sin recordar nada. Creyendo que
aún son humanos.

17

– Pero no lo son...

– No... pero tampoco son vampiros. Son algo así como... un punto medio
entre ambos mundos.

41

– Pero eso es imposible. No puede haber "mestizos" convertidos, solo


nacidos.

– Exacto. Por eso los fallidos mueren naturalmente horas después de


despertar. Porque literalmente, son fallos.
424
9

– ¿Son peligrosos?

– Mucho. Esos seres, en su poco tiempo de vida, tienen momentos de rabia


y momentos de lucidez.

– ¿Y qué quiere decir eso?

– Como acabo de decir, los fallidos piensan que siguen siendo humanos.
Estos son sus momentos de lucidez, en los que saben lo que está bien y lo
que está mal y en los que recuerdan a su familia y amigos. Sin embargo, eso
puede cambiar de un instante a otro, convirtiéndose en bestias que solo
buscan alimentarse.

– ¿De sangre?

– No. De carne humana.

– Entonces... el señor Walker...

– Se comió a su mujer.

87

– Dios santo...

– Cuando su momento de lucidez volvió, se quedó petrificado sin saber que


hacer.

– Bueno, por una parte, ellos le mataron primero. Y si no lo hubieran hecho,


nada de eso habría pasado.

– Después le volvió la locura y finalmente, uno de sus hijos acabó con su


vida con ayuda de una bala de plata.

– Que tétrico.

– Lo sé... Supongo que ahora entiendes por qué me da un poco de miedo.

– ¿Por qué el vampiro le hizo eso a Abel?

425
– Los Walker actuales dicen que fué uno de sus esclavos. Se llamaba
Gregory y Abel lo odiaba en profundidad. Por si fuera poco, también le
hacía la vida imposible.

– ¿Por qué?

– Se acostó con la señora Walker...

18

– Oh...

– Un día, Gregory volvió tarde a su casa. Abel le había puesto trabajo extra
hasta casi las doce y... Bueno...

– Un vampiro lo convirtió.

– En efecto. A partir de aquí, nadie sabe que sucedió, pero solo hay dos
posibles opciones. La primera, que Gregory le hiciera eso en venganza, a
sabiendas de que por las creencias de aquellos tiempos matarían al señor
Walker. Y la segunda...

– La segunda...

– La segunda opción es que todo fuese un plan, ideado por él y por Patricia
Walker, para acabar con su marido sin ir a prisión.

– ¿Quieres decir que Patricia pudo haber matado a su propio esposo para
estar con su amante?

– Esa es la segunda opción, sí.

– Mi familia es una mierda, pero esto ya es insuperable.

426
– Se rumorea que en esta casa suceden cosas extrañas, causadas por el
espíritu de Abel, que vaga eternamente buscando venganza.

– Ahora voy a tener pesadillas.

19

– " ¡Ja! que miedica..."

– Agh, cállate–. Se hizo la ofendida, pero era evidente que trataba de


contener una risita traviesa.

– Venga, intentemos conciliar el sueño. Si nos dormimos ahora mismo,


tendremos cuatro horas y media de descanso.

– Que ilusión...

– Buenas noches Lisa.

– Buenas noches Kath.

– Buenas noches...– murmuró una voz desconocida, raposa y apagada, tras


la puerta de la habitación.

399

Abrí los ojos sobresaltada, incapaz de moverme un solo milímetro. Fué


como si todos los músculos de mi cuerpo se hubieran entumecido de
repente, causandome una parálisis dolorosa que apenas me dejaba
respirar.
Un repentino mareo me sacudió de la cabeza a los pies y de nuevo sentí
como mi corazón se aceleraba hasta el punto de latir desbocado.

Mientras que Lisa se incorporó de forma brusca, yo solo fui capaz de


encogerme sobre mí misma.

427
No era cierto. No era verdad.
La leyenda con la que nos asustaban de niños no podía ser real.

No, no, no, no, no. Esto no podía estar pasando.

– ¿Hay alguien ahí?– No sé de dónde sacó Lisa ese valor repentino. Pero a
mí no me llegaba ni una pizca de él.

Como respuesta solo se escuchó una sonora carcajada.

78

Y con eso, mi alma viajó al quinto cielo.

63

La pelirroja me sacudió con fuerza, sacándome del trance en el que me


encontraba.

Me incliné lentamente.

Fué un error.

Había una silueta oscura en el pasillo, estaba sentada, con la cabeza entre
las piernas, susurrando cosas inentendibles.

96

Creí que me desmayaría ahí mismo. Pensé, literalmente, que ese era mi fin.
Porque si no me mataba esa cosa ya me moría yo por un ataque al corazón.

27

Lisa se levantó de la cama. La miré con profundo terror y ella me devolvió el


gesto. Vi que tenía intención de ir hasta la puerta, así que me levanté de un
salto, a pesar de que, sin exagerar, se me habían entumecido los gemelos.
Cogí la lámpara que estaba sobre la mesita de noche para usarla como
arma, y me encaminé hacia mi muerte prematura.

428
– ¡¿Quién eres?!– pregunté con la voz entrecortada.

– Yo... Yo soy...

52

– Ay madre, me voy a mear encima–. Susurró la pelirroja para sí misma,


pero creo que la debió de oír hasta el vecino.

82

– Yo soy...

26

Lisa colocó su mano temblorosa sobre el pomo de la puerta y la abrió por


completo. Ahora la figura era más visible, y daba todavía más miedo.

– A la de tres enciendo la luz y lo golpeas con la lámpara–. Ordenó.

¿Enserio pensaba que golpear a un fantasma con una lámpara iba a salir
bien?

24

¡Pues no! ¡Claro que no!

¡Eso no funciona en las películas!

¡Así no se cazan los fantasmas!

– ¿Qué? ¡No!

– Uno...

– Lisa no me hagas esto.

– Dos...

– Quiero ir con Hudson... dios mío, creo que yo también me voy a hacer
pis...

429
71

– ¡Y tres!

– ¡AHHH!– gritamos al unísono.

Lisa encendió la luz y yo me dispuse a golpear, estúpidamente, al espíritu


de Abel.

Sin embargo, nunca llegué a hacerlo.

Él no era Abel Walker.

– ¡¿Quién coño eres tú?!– vociferó mi amiga con rabia.

Dejé caer la lámpara al suelo.

Lisa no sabía quién era. Pero yo sí

– ¡Dalton Walker! ¡Te voy a matar!

221

CAPÍTULO 19

– ¡¿Se puede saber qué mierda te pasa?!–


Chillé con enfado.

41

Tuve que usar mi mano izquierda para sostenerme en el marco de la puerta


y así no perder el equilibrio.
A pesar de que toda la tensión se había disipado, mis piernas temblaban
como malditas gelatinas.

– ¡¿Se puede saber quién mierdas es este idiota?!– Vociferó Lisa esta vez,
con una mano en el pecho. Intentando recuperarse del susto.

430
– Katherine... mi Kath... ¡hip! ¿có-cómo estás? ¡hip! te he echado tanto de
menos... ¡hip!

74

Lisa me miró con una ceja alzada, sin creerse lo que estaba presenciando.
Yo, por otro lado, me froté las sienes, respiré hondo unas cuantas veces y
me agaché, teniendo que mentalizarme para no matar al chico sentado
frente a mí.

– Dalton...– le miré de mala manera–. ¿Estás borracho?

24

– ¿Borracho? ¡hip! ¿yo?... ¡hip! ¡Yo no soy un borracho! ¡hip!

15

– Si tú no estás borracho, yo soy el fantasma de Abel Walker–. Murmuró la


pelirroja, ahora más calmada.

– Pensé que estabas muerta... ¡hip!

13

– ¿Quién es?– preguntó mi amiga, ignorando sus desvaríos.

– Es Dalton. Dalton Walker. El hermano de Collete–. Respondí con


obviedad.

¿Cómo era posible que no le conociera?


Es, literalmente, el chico más deseado y popular de todo el maldito
poblado.

15

– También soy el novio de Katherine–. Balbuceó con una sonrisa.

67

– ¿Que eres el qué de quién?– cuestionó Lisa con la boca abierta.


431
Me golpeé la frente con frustración.

Lo que faltaba.

– S-soy su novio... ¡hip!

20

– Como Hudson se entere de esto...

33

– No es mi novio–. Me apresuré a contestar.

Lo último que necesitaba en ese momento es que se hiciera ideas


equivocadas.

– No soy su novio... ¡Por ahora!

43

– Estoy... algo impactada.

– Ayúdame a tumbarlo en la cama...– Propuse algo incómoda, rezando para


que cambiasen de tema de una vez.
Sin embargo, a pesar de haber aclarado que Dalton no era nada mío, ella
me miró paniqueada.

Cada una le cogió por un brazo y, a duras penas, le llevamos hasta la cama
en la que nosotras pretendíamos dormir.

– Katherine...– Dalton sujetó mi mano cuando quise alejarme. Tironeó de


mí hasta que acabé sobre su cuerpo y me rodeó con sus brazos para
abrazarme fuertemente.

33

Esa extraña muestra de afecto no me pareció desagradable en lo absoluto.


Era un simple abrazo. Pero él y yo jamás habíamos sido cercanos. Con

432
suerte intercambiamos dos o tres palabras cuando hacía mi jornada de
limpiadora en esta misma casa. Por ello, no tenía sentido que se
comportase así conmigo.

¡El simple hecho de que recordase mi nombre ya me dejó atónita!

– Te quiero mucho Kath...

21

– Dalton, ¿puedes explicarme qué ha pasado?– pregunté sucumbiendo


ante su abrazo. Pues aunque intenté liberarme, el chico no pretendía
siquiera aflojar su agarre.

Mientras, Lisa estaba sentada en la otra orilla de la cama. Una sonrisita


burlesca adornaba su rostro y parecía más bien enternecida por la
situación que estaba presenciando.

– Estaba en casa de Loren y... be-bebí un poco de ponche.

– Sí, solo un poco–. Susurró Lisa con una ceja alzada. Con ella el sarcasmo
nunca falta.

– Me agobié. Hacía demasiado calor allí dentro. Decidí salir a tomar el aire,
pero perdí la noción del tiempo.
Cuando quise darme cuenta... quedaban menos de diez minutos para que...
para que...

Las palabras no parecían salirle. Pero de todas formas, entendí a lo que se


refería.

– ¿Para que comenzase la hora de caza?

– ¡Sí! Eso mismo. Creo que vine aquí porque me quedaba más cerca... o
porque ya no quería volver a la fiesta... No lo sé, no recuerdo nada más–.
433
Me miró con esa típica sonrisa borrachuza y las mejillas rojas como
tomates.

11

– Pues has tenido suerte–, opinó la de ojos marrones–, en tu estado podría


haberte pasado cualquier cosa.

– Y nos has pegado un susto de muerte–. Añadí.

– Yo no pretendía eso...– Musitó apenado, diría que hasta arrepentido.

Sentí un gran alivio al notar que el ataque de hipo que estaba sufriendo
antes, prácticamente había cesado. Aunque eso sí, seguía arrastrando las
palabras con un peculiar tono borracho.

Ya había empezado a pensar que podría darle un coma etílico.

– ¿Cómo has entrado aquí?

– Con la llave.

– Me extraña que hayas sido capaz de meter la llave en el agujero.

38

A Dalton parecieron ofenderle las palabras de Lisa. Me abrazó más fuerte,


refunfuñando.

28

Intenté separarme, no porque él me estuviera incomodando, sino porque


ya empezaba a dolerme el cuello.

Finalmente lo logré, obteniendo únicamente un sonoro quejido por su


parte.

– No te vayas...– pidió con los ojos acuosos.

434
– No entiendo que te pasa–. Comencé a angustiarme–. Tú y yo jamás
hemos sido amigos. Nunca me dirigiste la palabra. Empiezo a pensar que
me estás confundiendo con otra persona.

– Yo siempre te he querido...

39

– Ay dios–, Lisa gimió escandalizada–, ¡se te está declarando!

74

– No digas tonterías...

– Ella tiene razón...– balbuceó– me-me gustas Katherine...

64

– Dalton...– reí nerviosamente– no sabes lo que dices, estás borracho. ¡Y


tienes novia!

– Loren no me importa...

– Escúchame.

– No... Escúchame tú... Déjame hablar a-ahora que tengo el valor de


hacerlo–. Cogió aire, como si intentara prepararse para la bomba que
pretendía soltar–. Siempre me has gustado... De-desde la primera vez que
te vi, pero nunca me atreví a hablarte.
Yo fui quien convenció a mis padres para dejarte trabajar aquí. Nosotros no
necesitábamos más empleados, pero yo insistí, porque quería verte...

89

– Dalton...

– Loren no me importa. Se supone que está saliendo conmigo y grita a los


cuatro vientos que piensa casarse con un miembro de la familia McClaine.
Es estúpido.

47

435
– Loren en así. Quiere llamar la atención. Pero estoy segura de que te ama.
La conozco desde hace mucho y aunque ella me odie...

– Te odia por mi culpa...

38

Le miré impresionada. Lisa le miró impresionada. ¡Y si el espíritu de Abel


Walker llegase a estar aquí, le miraría impresionado!

34

– Hace tres años le confesé mis sentimientos por tí y... sé que desde
entonces te ha hecho la vida imposible. Lo siento mucho Katherine. Soy un
imbécil que solo te ha causado problemas...

32

– No... Para nada, no pienses eso...

– Mis padres quieren que me case con ella pero... La miro y no siento
absolutamente nada.

– Tienes que casarte por amor, no por obligación...

– Lo sé... pero para mi familia, fusionar el imperio Walker con el Stone es


más importante que mi felicidad.

– ¿Es que todos aquí tenemos familias de mierda?– Cuestionó Lisa,


cargándose el angustioso momento.

62

– Supongo que solo me queda ahogar las penas en alcohol.

Negué repetidas veces.

– Así solo vas a conseguir hacerte daño.

– No sé que mierda tenía ese ponche. Pero pareces tan real... Ojalá esta
noche no se acabe nunca y así no vuelvas a irte.

436
67

Fruncí el ceño suavemente.

– Pero si yo...

Lisa se levantó de la cama bruscamente y me agarró la muñeca para


sacarme de la habitación y poder hablar a solas.

– No le digas nada.

– ¿Que no le diga nada de qué?

– No le digas que eres real. Así, mañana, cuando despierte y vea que no
estamos, creerá que todo ha sido una alucinación.
Tiene que seguir pensando que estás muerta.

31

Era cruel. Pero tenía razón.

– Me siento mal por él... Yo-yo pensaba que realmente estaba muy
enamorado de Loren.

– Espero que este no sea el momento donde me dices que siempre has
estado colada por Dalton y ahora que sabes que el sentimiento es mutuo,
estás dudando de tu amor por el príncipe.

19

– ¿Qué?

– Dios...– suspiró, procurando centrarse–. No me malinterpretes, no quiero


parecer superficial, pero como no conozco ni a Dalton, ni a Hudson
íntimamente, solo puedo guiarme por el físico. Y a ver, no nos vamos a
mentir, Dalton es guapísimo es muy... ¡Guau! Pero el príncipe es
prácticamente un dios griego.

47

– No entiendo nada...– la pobre estaba hecha un manojo de nervios.

437
– Lo que quiero decir, es-es que Dalton es un partidazo y me ha caído muy
bien pero... No puedes...

– ¿Tienes miedo de que cambie a Hudson por Dalton?

– ¡No es miedo! Es que... Yo conocí al príncipe antes que tú. Yo le conocí


cuando era tan... Frío, indiferente, carente de emociones. Te juro que jamás
le vi sonreir. ¡Ni una sola vez! Y cuando llegaste tú... Todo cambió. Él
empezó a sonreír, a ser más amable con el servicio... Empezó a ser feliz. Y te
lo digo yo, que por orden de mi madre, estuve toda mi estancia en el
castillo investigando sobre él y sus gustos.

28

– Le cogiste cariño, ¿verdad?– mi pregunta le cogió por sorpresa.

– Sí... Supongo que verle triste y perdido, cada hora de cada día, durante
tanto tiempo, empezó a afectarme un poco. Mi madre me presionaba
demasiado y yo no sabía que hacer al respecto. Entonces, cuando llegó
alguien que, por primera vez, le hizo sentir vivo... Para mí, aunque no lo
pareciera, fue una jodida liberación.

12

La observé con detenimiento, enternecida.

– Y bueno... Básicamente, no quiero que vuelva ese vampiro sádico de


corazón de piedra, que se que regresará, si tú te vas.

La abracé.

– Vas a hacerme llorar...

– Lo siento...

438
– No siento nada por Dalton. Es un chico genial y atento, pero estoy con
Hudson y le quiero. Y no te preocupes, que ese vampiro sádico de corazón
de piedra, ni siquiera tendrá el valor de asomarse mientras yo siga viva.

– Está bien...– carcajeó aliviada.

Cuando regresamos a la habitación, Dalton estaba totalmente dormido.

Tanto, que incluso roncaba levemente.

Miré su cuerpo inconsciente con detenimiento y una dolorosa sensación de


tristeza y arrepentimiento comenzó a alojarse en mi pecho.

De todos los classis superioris con los que he interactuado, él ha sido el


único que jamás se ha metido conmigo por ser de clase baja.

20

Que yo recuerde, ni conmigo, ni con nadie.

No es como los de su "categoría". Dalton es bueno. Siempre se ofrecía a


ayudar a las personas mayores de clase baja, para cualquier cosa. Como
por ejemplo, llevarles cosas pesadas, hacerles la compra... Y luego era
castigado con un regaño de su hermana y de su... ¿novia?

33

Pero le importaba una mierda, y seguía ayudando a cualquiera que lo


necesitase.

Es algo que siempre admiré de él.

Si Mace se enterase de esto, a sabiendas de que toda la vida me emparejó


con él, se pondría a gritar como una loca por los pasillos del castillo.

11

Prácticamente, ya puedo escucharla decir cosas como:

439
"¡Te lo dije! ¡Supe que ese chico estaba colado por tí desde el primer
momento!
¡Si es que cuando se trata de amor, nunca me equivoco!"

CAPÍTULO 20

Extraño tu mirada.

49

Extraño tu risa.

Extraño el sonido de tu voz.

Extraño tu pervertido sentido del humor.

40

Extraño tus caricias.

Extraño tus besos. Ya sean dulces, salvajes o coquetos.

Extraño tus medias sonrisas.

Extraño tu roce y tu tacto, en todos los sentidos de la palabra.

Te extraño tanto que, ¿quién diría que estamos sentados, el uno al lado del
otro, en la misma habitación que alguna vez pudimos llamar "nuestro lugar
seguro"?


48

440
1

– Tenemos que irnos–. Susurró la pelirroja nerviosamente.

– No sé que hacer...– murmuré yo esta vez–. No quiero dejarle aquí.


Después de todo lo que nos ha contado esta noche yo...

– Entiendo como te sientes...– observó durante unos instantes el cuerpo


inconsciente de aquel chico pelinegro de ojos cafés. La tristeza inundó sus
facciones momentáneamente, pero pudo recobrar la compostura en un
abrir y cerrar de ojos–. Pero no podemos llevarlo con nosotras.

– Lo sé...–suspiré–. Por muy raro que suene, estará más seguro en el


poblado.

Además, no creo que quiera embarcarse en una misión suicida como la que
llevaremos acabo en pocos minutos.

16

Me acerqué a Dalton y me arrodillé frente a la cama. Su respiración era


acompasada, regular y tranquila. Sus mejillas seguían pintadas de un suave
tono carmín y una leve sonrisa bobalicona adornaba su rostro dormido.

¿Por qué tiene que ser tan achuchable?

17

– Prométeme que no te casarás con ella–. Le pedí afligida, a pesar de que


no pudiera oírme–. Prométeme que si alguna vez te unes con alguien, será
por amor y no para tener a tus padres contentos. No dejes que te jodan la
vida de esa manera.

37

– No lo hará–. aseguró una voz femenina tras de mí–. Porque como me


entere de que ha contraído matrimonio con esa arpía, volveré al poblado,

441
le daré el sermón de su vida y les patearé el culo a todos los miembros de
su familia.

Sonreí.

– Ten paciencia–. Susurré en su oído–. Estoy segura de que tarde o


temprano encontrarás a la persona indicada.
Es lo mínimo que te mereces.

16

Dejé un dulce beso en su mejilla a modo de despedida y salí de la


habitación, procurando no mirar atrás.

Si me hubiera quedado más tiempo a su lado, habría acabado


secuestrandole por ser tan jodidamente adorable.

28

– ¿Estás lista?– me preguntó la pelirroja, cargada con un par de bolsas


llenas de cosas que habíamos cogido "prestadas" de la cocina de los
Walker.

Miré la hora en el reloj de mi madre. Eran las cinco menos cinco de la


mañana. Y ninguna de las dos había dormido nada.

– Estoy lista.

Salimos de la mansión discretamente, intentando actuar con naturalidad.


Nuestra vestimenta consistía en un vestido sencillo y una capa de abrigo
hasta los tobillos, la cual nos ayudaba a no pasar frío y a mantener oculta
nuestra identidad, en caso de encontranos a alguien durante nuestra
travesía.

En el momento en el que nos adentramos en uno de los estrechos


callejones, las campanas de la iglesia del poblado comenzaron a sonar,

442
avisando de que a partir de ese momento ningún humano podría ser
atacado.

CAPÍTULO 21

Nunca había estado tan emocionada por leer algo. Ni siquiera cuando,
meses atrás, Mace trajo a casa aquel liber prohibitorium, que no solo me
ayudó a entender un poco más sobre la jerarquía y las costumbres
vampíricas, sino que también me incentivó a llevar acabo un plan de
"rescate y venganza", que no pudo acabar peor.
Este nuevo escrito parecía llamarme. Me incitaba a tocarlo, a abrirlo, a
leerlo y a comprenderlo. Era atrayente e hipnotizante. Era todo un enigma.

21

Ambas nos encontrábamos sentadas en un viejo sofá de cuero marrón


lleno de polvo. Yo admirando sin prisa la cubierta del libro prohibido, y Lisa
mirándome a mí con intriga, esperando impaciente a que empezase a leer
el manuscrito.
Ahora que podía pararme a mirarlo con calma, me parecía todavía más
hermoso, a pesar de estar algo roto y desgastado. Estaba forrado
totalmente en cuero negro y decorado con una especie de bordados
dorados que, a mi parecer, pretendían simular enredaderas. Estas
rodeaban la cubierta al completo, uniendo la portada con la
contraportada.
Aparte, el lomo también estaba bordado con una serie de símbolos que no
tardé en reconocer. Uno de ellos, el más grande y llamativo, era la firma de
los rebellium, formada por una calavera con dos grandes colmillos, cuyo
cráneo era atravesado por una daga simbólica, exclusiva y representativa
de los cazadores. Para los humanos, este sello solía representar "la
venganza de los caídos". Pero desconozco el porqué del nombre y su
significado.
443
El borde de las páginas igualmente estaba pintado de dorado, lo cual le
daba un aspecto todavía más elegante. Esto me impresionó un poco. Todo
parecía estar hecho con mucho esmero.

Finalmente lo abrí de la forma más cuidadosa posible, encontrándome con


un pequeño texto que me hizo comprender que no se trataba de un libro
prohibido "corriente".
Que se trataba de un diario.

14

"¿Qué son los rebellium? ¿Vengadores? ¿Justicieros? ¿Héroes? ¿Simples


humanos que ansían llamar la atención? ¿O meras ovejas descarriladas que
no han querido aceptar su lugar en el rebaño?
Cada persona tiene una percepción distinta de los acontecimientos, puede
evaluar la situación con distintos criterios, o contar la historia con pequeños
matices.
Sin embargo, aquellos que piensan que los demonios de sangre tienen pleno
derecho a tratarnos como esclavos, a matarnos por placer, a aplastarnos
como si fuéramos cucarachas, a usar nuestro cuerpo como bolsa de sangre
personal... Aquellos que piensan que los cazadores no somos necesarios en
este mundo, no es merecedor de ser llamado «ser humano».
Por lo que, si respondiendo a mi anterior pregunta, ha elegido la cuarta o la
quinta opción, le aconsejo que aquí cese su lectura, pues este libro no es
para usted".

Alexander Stone

65

Lisa miró el escrito con los ojos abiertos de par en par, reconociendo al
instante ese apellido. De igual manera, yo también estaba impresionada,
no daba crédito a lo que acababa de leer. Obviamente cabía la posibilidad

444
de que el autor del fragmento tuviera el mismo apellido que Loren y no
tener ningún tipo de parentesco con su familia. Pero la pelirroja también
estaba de acuerdo en que aquello era demasiada coincidencia.

19

Pasé la primera página, con los nervios a flor de piel y el aroma a libro viejo
expandiéndose por el ambiente.
Para no hacer tan tenso e incómodo el momento, decidí leer en alto, siendo
mi voz lo único que se escuchaba por toda la estancia, además del cantar
de los grillos.

Capítulo I: Hijos de la noche.

32

Los seres humanos convivimos con multitud de seres sobrenaturales. Entre


ellos, los hijos del Sol; humanos, serafines, querubines, ángeles y
arcángeles, entre otros, y los hijos de la Luna; brujas, vampiros, lobos,
hadas, duendes y demonios.
Podría pasarme horas escribiendo acerca de cada uno de ellos. Sin embargo,
teniendo en cuenta que ahora mismo el tiempo es oro, hablaré únicamente
de aquellos que desean hacernos daño.

Demonios de sangre: También llamados comúnmente vampiros o


chupasangres, los demonios de sangre son por excelencia, el enemigo del ser
humano.

Características: Sus cinco sentidos están muy amplificados, al igual que sus
emociones. Poseen gran velocidad y súper fuerza, inmortalidad y
regeneración acelerada. Se alimentan de sangre humana y deben consumir
mínimo un litro de esta a la semana.

445
Debilidades: Son alérgicos a la plata y a una pequeña planta llamada
Verbena. Estar en contacto directo con cualquiera de los dos les puede
causar la muerte.

Curiosidades: Los vampiros no necesitan reponer fuerzas, pero sí dormir una


o dos noches a la semana para mantener intacta su salud mental. Pueden
consumir cualquier alimento, pero este debe contener sangre para tener
valor nutricional y aportarles energía. Tampoco necesitan respirar, pero la
mayoría lo hace para sentirse más "vivos".
Algunos chupasangres nacidos, (por lo general, pertenecientes a la nobleza y
a la realiza), poseen algún tipo de súper poder, ya sea psíquico o físico.

29

Transformación: Existen dos tipos de demonios de sangre. Los convertidos y


los nacidos. Estos últimos son los más poderosos y suelen pertenecer a la
nobleza y a la realeza vampírica.
Por otro lado, solo los humanos pueden transformarse en vampiros, y para
conseguirlo, deben morir con la sangre de uno en su organismo.
Sí todo sale "relativamente bien", a las pocas horas o días, se despertarán
como inmortales. Pero si su cuerpo y alma rechazan su nueva condición, se
convertirán en fallidos.

¿Cómo asesinar a un vampiro?


A decir verdad, existen varios métodos, técnicas y pasos que puedes seguir.

– Puedes clavarle un puñal o dispararle una bala de plata directo al corazón.

– Envenenarle con verbena.

– Decapitarle.

446
3

– Arrancarle el corazón.

10

– Privarle de sangre.

– Maldecirle usando magia negra.

– En el caso de que sea un vampiro convertido, quemarle vivo.

– O directamente, puedes acabar con su "alma". Siendo esta, la forma más


dolorosa y cruel de todas.

43

Cerré el libro de golpe, algo mareada.


El mero hecho de que todas las maneras de las que Hudson puede morir,
sean tan horribles, me provoca náuseas.
Lisa se percató de esto y se levantó para prepararme algo de comer. Yo,
incapaz de seguir leyendo y sintiendo una presión amarga, tanto en la
marca, como en el estómago, corrí hacia el exterior para poder vomitar.

75

Tras haber terminado, una vez conseguí abrir los ojos y recuperar el aliento,
no supe cómo interpretar el hecho de que, lo que acababa de expulsar, era
un líquido espeso y rojizo con sabor metálico.

96

Sangre.

195

capitulo
Hudson:

69

447
La rasposa voz de mi abuelo era lo único que se escuchaba en el comedor.
Mis hermanos y yo cenábamos en absoluto silencio, intentando no hacer
algo que pudiera enfurecerle más de lo que ya estaba. Sin embargo, oír
como se mofaba y burlaba de los rebellium, de Katherine en concreto, a
sabiendas de que yo estaba presente, me ponía enfermo.

22

Habían pasado exactamente seis horas desde la desaparición de Katherine.


Veinticinco, desde la última vez que hablamos.
Intenté disimular con todas mis fuerzas. Quise enterrar el dolor que me
provocaba su lejanía, la desesperación de no saber dónde o cómo se
encontraba, y el arrepentimiento de que las últimas palabras que escuchó
de mí fuesen algo tan despectivo como: «déjame en paz, no quiero hablar
contigo».

44

Cómo era de esperar, no lo conseguí. Y tuve que pasarme prácticamente


toda la velada mordiéndome la lengua cada pocos minutos, para no perder
los estribos. La rabia y la tristeza no son emociones que pueda controlar
fácilmente, si ella no está a mi lado.

14

– Y bueno...–murmuró mi abuelo de forma despectiva–. Los guardias la


buscarán esta noche por los alrededores. Si no dan con su paradero antes
del amanecer, ampliaremos el radio del búsqueda. Registraremos todo el
condado.

21

– ¿Y si no la encuentran?–preguntó mi hermana en un susurro, sin siquiera


mirarle.

– Lo más probable es que haya huido hacia el bosque. Debió despertarse


sola, confusa y desorientada. Seguramente pensó que esconderse entre los
árboles, era su mejor opción.
448
– Entonces no andará lejos–. Interrumpió Cristal–. Si hay suerte, en apenas
unas horas la traerán de vuelta al castillo y usted podrá sacarle toda la
información que desee, alteza.

75

– Si ha huido por el bosque, no creo que eso sea posible–. Levanté la


cabeza, exaltado por el tono de tristeza sarcástica que utilizó.

– ¿Por qué?– Inquirió Jackson, también inquieto.

– ¿Qué por qué?–sonrió–. Si permanece dentro del reino no le pasará nada.


De otro modo, si ha salido de nuestras tierras y los licántropos la
encuentran... Bueno, la harán trizas.

Se me revolvió el estómago. Solo pensar en esa posibilidad me hacía


querer dejarlo todo para salir a buscarla.
Pero no podía.

– Ahora que el caso de la "intrusa" está casi resuelto... Hudson, hijo mío.
¿No crees que es hora de pasar página?– Le miré interrogante.

50

– ¿A qué te refieres?

– Ya sabes... Conseguirte a otra mujer–. Tras oír eso la furia me invadió


completamente. Apreté la mandíbula con fuerza y me mordí la cara interior
de la mejilla, para evitar decir alguna ofensa contra su persona. Sé por
experiencia que faltarle al respeto no es una buena idea.

16

– No–. Dije tajante.

449
– Pero tienes que casarte–. Demandó–. Además–, señaló a Cristal con una
sonrisa de oreja a oreja–, ya tienes a la candidata ideal.

38

– He dicho que no.

– Hudson... no seas inmaduro. La señorita Vinsonneau cumple con todo lo


que necesitas. Tiene tu edad, es hermosa, fértil e inmortal. Asimismo, es la
segunda en la línea de sucesión al trono de uno de los condados más
poderosos del planeta. Por no hablar de que vuestro matrimonio mejorará
las relaciones entre nuestro reino y el suyo.

26

– Hudson... Es lo mejor para ambos–. Exclamó ella irradiando felicidad–.


Seremos la pareja más feliz del mundo.

59

– No Cristal.

CAPÍTULO 22

– ¿Seguro que no quieres tomar un descanso?– me preguntó Lisa con gesto


preocupado.

49

– Ya te he dicho que estoy bien. No me duele nada–. Insistí.

– ¿Acabas de vomitar sangre, y lo único que me dices es: "estoy bien"?

24

– Sí, porque no me pasa nada.

450
– Que no hayas hecho ninguna broma respecto a lo que acaba de pasar, me
indica que sí te pasa algo.

– ¿Y qué querías que dijese?

– No sé, me esperaba algo como: "Acabo de expulsar el periodo por la


boca".

58

– ¿Pero por quién me tomas? No soy tan estúpida. Si hubiese vomitado el


periodo, habría escupido coágulos.

49

– Agh cállate. Que asco.

– ¿Tú no tienes coágulos?

52

– Sí, pero ahora gracias a tí me estoy imaginando cosas realmente


asquerosas en los que ellos se ven involucrados. Y yo no quiero meter a
Barny en esto.

– ¿Quién es Barny?– Pregunté con confusión.

– Mi primer coágulo. Cuando lo vi pensé que era un trozo de órgano que se


me había podrido y me desmayé.

121

– Ay pobre, ¿cuántos años tenías? ¿Doce, trece?– Me miró con una mueca
enfadada y se aclaró la garganta.

– Casi dieciocho–. Murmuró entre dientes.

53

451
Me mordí el labio inferior con fuerza para evitar reírme en su cara. Como
era de esperar, no funcionó, y Lisa me escaneó de arriba a abajo con una
ceja alzada y la cara contraída en un gesto de molestia que no le duró
mucho.

Bueno...–me limpié las lágrimas que se me habían saltado–. Sigamos


leyendo.

Licántropos: Fueron la segunda creación de la diosa Luna, siendo


superados únicamente por los demonios y los seres celestiales. Esto les
convierte en unos de los sobrenaturales más antiguos del planeta Tierra.

(El orden de la creación de los hijos de la noche es el siguiente: Demonios,


licántropos, vampiros, brujas, hadas y finalmente, duendes).

Características: Pueden modificar su cuerpo y aumentar su fuerza y


velocidad, transformándose en feroces bestias capaces de desgarrar,
mutilar, desmembrar y desangrar a cualquier persona o cosa que se
interponga en su camino. Son inmortales y, del mismo que los vampiros, no
envejecen.
También son "bendecidos" con una pareja de vida. Característica común en
todos los hijos de la Diosa Luna, a excepción de los demonios, quienes no
pueden amar.

17

Debilidades: Algo que también tienen en común con los demonios de sangre,
es que son alérgicos a dos materiales. A la plata y al acónito, también
apodado, Matalobos.

10

452
Curiosidades: A lo largo de los siglos, se ha extendido el rumor de que los
licántropos solo son capaces de convertirse en luna llena y que no pueden
controlar sus instintos. Esto es completamente incorrecto, pues aunque es
cierto que su primera transformación es más caótica y se lleva a cabo en
luna llena, pueden adquirir su forma terrorífica cuando lo deseen.

Transformación: La licantropía es una condición genética hereditaria, por lo


tanto, no hay manera de que ningún humano se transforme en uno de su
clase.

28

Brujas: Para ser sincero, no dispongo de demasiada información acerca de


esta especie. Pues, al contrario que los lobos y vampiros, las brujas son
sujetos tímidos, que prefieren pasar desapercibidos.

38

Características:
También conocidas como hechiceras, las brujas son "las hijas" de la Diosa
Luna que más se asemejan a los humanos, en lo que a apariencia y fuerza
física se refiere. Son seres extremadamente poderosos, capaces de conjurar,
maldecir y usar la magia que los dioses nos proporcionan a su antojo.

Debilidades:
Su única debilidad conocida, es que comparten una cualidad que nos
caracteriza tanto a los humanos, como a los rebellium: No tienen
regeneración acelerada.

36

Transformación:
Es imposible convertirse en brujo. Pertenecen al grupo de especies cuyos
dones se transmiten únicamente por nacimiento.

453
Cuando llegué al final de la página, terminando así de leer el primer
capítulo, Lisa y yo concluimos que aunque no era demasiada información y
se notaba de lejos que el autor no era un escritor experto, (haciendo que a
veces se nos complicara entender la información), estos datos nos servirían
en el futuro, si es que alguna vez me topo nuevamente con uno de esos
bichos peludos que tienen una espeluznante sed de sangre y peculiar
obsesión por decapitar animalitos que no tienen la culpa de nada.

16

Capítulo II: Los cazadores de monstruos.

(El origen)

¿Qué son los rebellium?


Hace algo más de veinte años yo también me hice la misma pregunta. Me he
pasado la vida buscando información sobre mi propia especie; sobre mí
mismo. Todo con el fin de entender que papel tenemos los cazadores en el
tablero de juego.

Para entenderlo bien, debemos retroceder aproximadamente doscientos


años, y analizar cuidadosamente el suceso que marcó a la humanidad para
el resto de los tiempos. Como lo más probable es que ya conozcas la mayor
parte de la historia, no voy a explayarme demasiado.

Aquel fatídico día, los líderes de los clanes vampíricos más poderosos del
planeta decidieron tomar el control y revelar su existencia. Se hicieron con el
poder absoluto y doblegaron a todos los humanos y les obligaron a seguir
sus estándares y reglas.

O bueno, al menos lo intentaron.

454
Aunque la mayoría decidió aceptar el destino que los chupasangres habían
impuesto, siete valientes jóvenes, de este mismo poblado, se negaron a
renunciar a su libertad y sus derechos y a obedecer el mandato de aquellos
seres tan repugnantes.

El 31 de diciembre de ese mismo año, los siete jóvenes salieron a las calles
con escopeta en mano, e iniciaron un tiroteo en la plaza en la que se estaba
celebrando la primera subasta.

Los vampiros de nuestro condado invitaron a la nobleza de multitud de


reinos y condados extranjeros a una especial ceremonia. Pretendían
vender cada mes a cien mujeres de entre dieciocho y veinticinco años, con el
fin de conseguir dinero que ellos mismos se quedarían, para superar
económicamente a los reinos vecinos.

¡Cualquiera que pudiera permitírselo podría comprar a una mujer! ¡Y tratarla


como si fuese un juguete de usar y tirar!

14

Ese día los siete jóvenes murieron, pero se llevaron consigo la vida de
veintinueve vampiros que pretendían esclavizar a las mujeres del poblado.

Rumores de lo que había sucedido se extendieron como la pólvora, llegando


casi a cada rincón del planeta.
Tras los acontecimientos, los vampiros decidieron que solo la realeza y la
nobleza de nuestro reino podrían llevarse a un grupo de mujeres cada año.
Pero solo a una chica por cada casa y sin tener permitido acabar con sus
vidas.

455
Las siguientes semanas parecieron transcurrir con normalidad, hasta que los
siete jóvenes fueron avistados en el poblado nuevamente, a pesar de haber
sido "justamente asesinados".

53

La naturaleza les había recompensado por su sacrificio y les convirtió en algo


que pudiera hacer frente a los seres de la noche. Volvieron a la vida siendo
más fuertes, rápidos y poderosos.

40

Ellos fueron los primeros rebellium, los primeros cazadores de monstruos.

Así es como, básicamente, nació nuestra raza. Todo gracias a un grupo de


cuatro hombres y tres mujeres, que arriesgaron sus vidas, para salvar a cien
chicas inocentes.

Gracias a mi tatarabuelo, Adam Stone, a Ángel Carrie, a Agnes Sallow ,


a Frederick Barbrow, a Garret Pembertom , a Daphne Graham y a Amelie
Ford.

203
Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO 23

- ¿Ese no es tu apellido?- musitó Lisa, impresionada, y con un ápice de


preocupación marcando su tono de voz.

54

No pude contestar a eso. Ni siquiera conseguí balbucear algún monosílabo.


Estaba tan absorta en mis pensamientos y tan ensimismada admirando
esos siete nombres, que la pelirroja tuvo que sacudirme un par de veces
para devolverme a la realidad.

456
- No entiendo nada... No entiendo absolutamente nada-. Lisa me dió un
abrazo reconfortante, me arrebató el diario de las manos y me convenció
de que ya era hora de dejarlo, de que ya habíamos tenido suficientes
emociones negativas el día de hoy.

Una vez conseguí despejarme, (y después de que Lisa se marchase al baño


apurada a causa de no haber podido hacer sus necesidades desde que
salimos de la casa de los Walker), me levanté del sofá, me acerqué a la
puerta de entrada y observé el panorama exterior a través de un pequeño
ventanal que esta tenía en la parte superior.

13

Estaba lloviendo. No tanto como la noche anterior, pero sí lo suficiente


como para que sea probable que mañana por la mañana nos encontramos
la tierra encharcada, cosa que nos dificultaría los planes de sembrar unas
semillas de tomates y pimientos, que "cogimos prestadas" de la casa de
Collete.

17

Muy aburrida de la situación, decidí explorar la casa y los alrededores. Era


conveniente obligarme a aceptar que ese sería mi nuevo hogar de ahora en
adelante.

17

Dos habitaciones diminutas, una cocina cochambrosa, un cuarto de baño


deprorable, una despensa mohosa, un pozo exterior y una sala de estar con
olor a humedad, fueron lo único que encontré.
Es probable que para una persona de clase alta que haya vivido toda su
vida en una mansión llena de privilegios, una sola noche aquí le pueda
suponer un auténtico suplicio. Sin embargo, en mi caso, como esta cabaña
roñosa no es muy diferente a mi antigua casa... Creo que podré soportarlo,
a pesar de haberme acostumbrado a las comodidades del castillo.

457
13

Alrededor de media hora después, Lisa y yo entramos en la cocina y nos


sentamos en un par de taburetes. Estos estaban totalmente
mordisqueados, roídos y arañados. Según mis aproximados diez años de
experiencia en plagas de esta índole, diría que fueron causados por ratas.
Aún así, decidí no hablar a Lisa del tema. Me ha contado que tiene una gran
fobia a este tipo de animales, y no me apetece tener que soportarla
gritando por toda la casa.

Para evitar cualquier tipo de posible enfrentamiento, decidimos


repartirnos de forma equitativa las tareas del hogar. En principio, yo me
encargaré siempre de cocinar y ella de lavar los platos. Lisa limpiará el
polvo y yo fregaré los suelos. Cada una limpiará su habitación y juntas
desinfectaremos el baño.

Dicho así parece fácil y sencillo.

Cuando llegó la hora de hacer la cena, Lisa no pudo disimular una mueca
de disgusto ante la poca cantidad de comida que había sobre la mesa. Y no
la culpo, lleva acostumbrada a los lujos del castillo McClaine más tiempo
que yo.

14

Por eso le dediqué mi mejor sonrisa, tratando de transmitir seguridad,


mientras ponía a hervir las dos zanahorias, el pequeño brócoli y la cajita de
huevos de codorniz que robamos del frigorífico de Collete.

Los classis superioris serán muy adinerados, pero tienen el frigorífico tan
vacío como sus corazones.

458
22

Cenamos entre risas, tratando de olvidar la razón por la que nos


encontramos en este maldito lugar.
La pelirroja... no pelirroja, estaba muy angustiada por empezar a notar la
presencia de raíces color castaño claro en su pelo cobrizo y no tener nada
para remediarlo.

Me ha explicado que, aunque fué su madre quien la obligó a teñirse el pelo,


(con la intención de que se pareciera físicamente a Cristal), ha desarrollado
una especie de dependencia hacia el pelirrojo y ahora no es capaz de
quitárselo.

CAPÍTULO 24


En la actualidad...

Si mi reloj no falla y el calendario está correctamente marcado, creo poder


decir que han pasado aproximadamente dos semanas desde que descubrí
que soy una rebellium; desde que me separé de Hudson; o desde que pillé a
Lisa autolesionándose de nuevo. Dos tortuosas semanas en las que mi
rutina se ha basado en cocinar, limpiar, llorar, dormir y leer el liber
prohibitorium.

Creo que cada día que pasa me identifico más con el señor Alexander.
Siento que nuestras historias son tan parecidas que incluso podrían llegar a
estar conectadas y a la vez tan distintas que, aunque solo vaya por la mitad
del libro, no puedo evitar sentir verdadera lástima por todas las penurias
que tuvo que sufrir siendo todavía más joven que yo.
Para resumir, sus padres murieron asesinados días después de su

459
nacimiento; consumó el ritual rebellium a la edad de diecisiete años y
encontró al amor de su vida a los dieciocho. Diciéndolo así parece que tuvo
una vida "envidiable" dentro de lo que cabe, pero en realidad fué todo lo
contrario.

Alexander tenía dos hermanos: Harper y Heather Stone, quienes tuvieron


que hacerse cargo de su hermano recién nacido a la corta edad de doce
años.
Los Stone por ese entonces eran una familia muy humilde; rozando
prácticamente los límites de la pobreza.
Alexander siempre fué un niño cariñoso, carismático y enérgico; que
conseguía el cariño de todo el mundo con una simple sonrisita. Por otro
lado, los mellizos que le cuidaban eran desagradables, fríos y crueles.
Sobre todo cuando de su hermano pequeño se trataba.
Pasaron los años y el pequeño creció, transformándose en un joven
apuesto, curioso y bondadoso; amado por todos.

Todo comenzó un día tormentoso, cuando solo faltaban un par de meses


para la llegada de su cumpleaños número dieciocho.
Aprovechando que sus hermanos no se encontraban en casa, entró a
escondidas en los aposentos de sus fallecidos padres. Heather y Harper le
habían prohibido rotundamente entrar ahí pasara lo que pasara. Así que,
por primera vez en su corta vida, experimentó la adrenalina de dejar de ser
el chico bueno y obediente por una vez. Solo era un crío de diecisiete años
que ansiaba satisfacer su curiosidad. Cosa para nada anormal en estas
edades.
Cuando logró entrar, fué durante unos instantes el chico más feliz de
mundo, pues la habitación estaba cerrada con candado y no creía
ciertamente en la posibilidad de lograr su misión.
Observó detenidamente cada detalle, cada cuadro, cada mueble y cada
pequeña decoración, hasta pararse en unos papeles esparcidos encima de
un antiguo buró. Eran dos sobres abiertos; uno de ellos contenía un

460
pergamino con su nombre y el otro parecía estar dirigido hacia sus
hermanos. Lo leyó intrigado, sin esperarse jamás que se trataba de una
carta que sus padres le habían dejado días antes de ser asesinados.
Desgraciadamente, la verdad que escondía ese texto solo consiguió
destrozar un poco más al pobre muchacho.
Como ya he dicho, sus padres sabían que iban morir tarde o temprano.
Aquí la razón de porqué les dejaron una nota de despedida a sus tres hijos.
Resulta que los señores Stone eran cazadores muy reconocidos, y estaban
siendo perseguidos por los seres de la noche, (concretamente por vampiros
y lobos, quienes se habían aliado excepcionalmente para acabar con la
raza rebellium).
Sus hermanos le habían contado una historia totalmente diferente; le
dijeron que ambos murieron por culpa de una enfermedad contagiosa
imposible de tratar. Le hicieron creer que eran una aburrida familia normal
de clase media y le inculcaron que los rebellium son seres sin corazón que
solo buscan saciar su necesidad de acabar con los vampiros para recuperar
el poder.
Ahora las historias furtivas que contaban sus amigos frente a la hoguera en
los días festivos, relatando que los cazadores de monstruos eran los
protectores de la humanidad tenían sentido.

Esa noche hubo gritos, insultos, golpes... Heather y Harper se justificaron


alegando que solo hacían lo mejor para él, diciendo que sus padres estaban
muertos por culpa de su "condición".
Él no lo veía así, él creía que los cazadores de monstruos eran héroes y
quería ser como ellos; como sus padres.
Por eso, esa misma noche se escapó de casa y aporreó la puerta de uno de
los sabios del poblado. Le contó lo que había pasado entre lágrimas y este
le explicó lo que debía hacer para convertirse en un rebellium de verdad.
Se pasó semanas ignorando a sus hermanos, evadiendo al mundo entero
en general. Todo por estar entrenando rigurosamente en el bosque durante

461
horas. Alexander necesitaba ser fuerte físicamente para que su cuerpo
lograse soportar la transformación.

Sus hermanos poco a poco fueron notando su ausencia y... lo descubrieron.


Días después, salió a las calles del poblado durante la hora de caza. Un
vampiro se le echó encima, sin esperarse que el muchacho iba armado con
una daga de plata. Siguió vagando por los alrededores, a espera de que
otro chupasangre se interpusiera en su camino. Como bien predijo, así
ocurrió, solo que esta vez, dejó la daga de plata en su bolsillo y no se
defendió.
Despertó al día siguiente tirado en medio del bosque, sintiéndose
enérgico, como si hubiera dormido quince horas seguidas.
Volviendo hacia su casa se encontró a uno de sus amigos, este, muy
sorprendido, le comentó que al parecer llevaba una semana desaparecido.
Alexander dió una escusa barata y se fué corriendo hacia su morada.
Allí se encontró a sus hermanos hablando con unos señores extraños,
demasiado pálidos para estar vivos. Estos le capturaron inmediatamente,
sin darle tiempo ni a respirar. Era un rebellium "recién nacido" y aún no
tenía la suficiente fuerza para enfrentarse a dos guardias del castillo real.
Les preguntó entre gritos y pataletas a sus hermanos que sucedía. Nadie le
contestó. Pero por sus sonrisas socarronas y satisfechas pudo deducirlo
rápidamente. Le habían vendido. Le habían denunciado al consejo, a
cambio de dinero, estatus, privilegios y una mansión.

Alexander fué llevado al castillo real, a espera de ser juzgado. Lo que jamás
se habría esperado es que en ese juicio, ganaría mucho más de lo que había
perdido.

Y así es como nacieron los primeros classis superioris. La verdad es que no


me sorprende. Sobre todo viniendo de una familia tan arrogante, sádica,
cruel y narcisista.

462
Pero bueno, volviendo a mi penosa y miserable vida... ¡Lisa y yo hemos
vuelto al poblado! Sí, lo sé, algo arriesgado y estúpido por nuestra parte,
pero no hay nada que podamos hacer al respecto. La comida que les
robamos a los Walker se nos acabó hace dos días, y las cosechas que
pretendíamos plantar fueron un auténtico fracaso.

Necesitamos comida, ¿y qué mejor forma de conseguirla que robarla del


poblado? Sé que es un acto poco honorable, pero después de todo lo que
ha pasado no pienso permitirme morir de hambre.

La cuestión es que, después de más de cuatro horas de viaje caminando,


llegamos al límite de nuestra pequeña ciudad.
Esta vez nos obligamos a tener más cuidado. No podíamos salir en la
madrugada por miedo a que nos atacase algún ser terrorífico del bosque,
así que tuvimos que iniciar la marcha sobre eso de las diez de la mañana.

¿Que cuál es el problema? El problema es que cuando llegamos allí ya eran


casi la dos de la tarde; una de las horas en las que más gente hay
trabajando, volviendo a casa de la escuela, o simplemente paseando por la
calle.
Lo bueno de esto es que el sol está en su máximo esplendor, y eso a los
vampiros no les gusta en lo absoluto. Supongo que en ese aspecto
podemos estar tranquilas.

Al final decidimos que entraría yo sola, ya sabes, por si algo sale mal y hay
que salir por patas.

Metí en mi mochila todo lo que pude; frutas, verduras, carne... Lo suficiente


para subsistir como mínimo dos semanas más.

Cuando estaba a punto de irme, unas risas escandalosas provenientes de la


plaza central me hicieron girar la cabeza. Allí se encontraban Loren,
Collete, Daisy, Eleonor... Básicamente el grupito de las populares.
También vi a James, a Marcus y a... Dalton. Él estaba sentado en un banco

463
de piedra, sin poner ni la más mínima atención a la conversación que
mantenían sus amigos. Parecía distraído, pensativo. Esto sin duda
molestaba a su novia en sobremanera; Loren no paraba de intentar hacerse
notar, de besarle la cara pese a que él se apartaba.
Aunque quiera negarlo, en lo más profundo de mi ser sentí un poco de pena
por ella.

Debí de quedarme mirándolos más de la cuenta, ya que en un momento


dado Dalton y yo conectamos miradas.
Era imposible que me reconociera, mi vestimenta estaba compuesta por un
atuendo largo y sencillo, que me cubría casi de la cabeza a los pies. Llevaba
el cabello recogido en un moño alto, además de que el sesenta por ciento
de mi rostro era tapado por un gran sombrero de mimbre que encontré
tirado en el suelo.
De todas formas decidí darme la vuelta y marcharme a paso rápido. Los
vendedores no tardarían en darse cuenta de que algunos de sus productos
se habían esfumado y yo no quería estar allí para verlo.

CAPÍTULO 25

Sangre, sangre, sangre.

54

Ese líquido rojizo era lo único capaz de distinguir a dónde quiera que
mirase.
Me dolía tanto la cabeza que por un efímero instante realmente creí que iba
a desmayarme. Intenté ponerme en pié; traté de todas las maneras
posibles llegar hasta su cuerpo, ahora inmóvil. Pero ni siquiera yo podía
moverme, no lograba oír nada; los gimoteos adoloridos de Lisa habían
cesado varios minutos atrás, dejándonos sumergidas en un amargo y
frívolo silencio.

464
65

Silencio, silencio, silencio.

Ni siquiera los sonidos de la naturaleza creaban un mínimo eco en el lugar.


No había viento, pájaros piando, o ramas crujiendo. Solo silencio.

Tic tac, tic tac, tic tac.

Teníamos que levantarnos, teníamos que movernos; pronto vendrían a por


nosotras y no nos quedaba tiempo.

32

¿Que cómo habíamos llegado hasta ese punto? Bueno, supongo que tendré
que retroceder unas cuantas horas para poder contarlo.

19

Los termómetros en el poblado marcaban dieciocho grados. Sin duda, nos


encontrábamos en el día más caluroso del año hasta la fecha. Y eso, aunque
poco, me había alegrado el día.

37

Tras una de nuestras intensas sesiones de hurto y sustracción, regresamos a


la cabaña cargadas con montones de bolsas llenas de comida y cosas
varias... que sinceramente, no necesitábamos. Por el momento robar se nos
estaba dando de maravilla, pero los vendedores empezaban a darse cuenta
de las desapariciones y cada vez estaban más atentos. Cosa que nos
dificultaba la tarea.

La cuestión es que hoy era día de limpieza; Lisa y yo nos habíamos repartido
con anterioridad las habitaciones, y en ese momento yo me encontraba en el
salón, limpiando las toneladas de polvo acumulado por años, en los antiguos
muebles de madera de roble.

465
De repente escuché el llamado de la pelirroja, y por el tono asustado que
utilizó, deduje que había roto algo de valor, otra vez.
No obstante, lo que me encontré al entrar en mi habitación no podía estar
más alejado de mis conclusiones iniciales.

Lisa estaba parada frente a la cama; tenía el rostro contraído en una mueca
de sorpresa y la boca tan abierta, que parecía que se le había desencajado la
mandíbula.
Al percatarse de mi presencia, giró la cabeza en un ángulo casi sobrenatural
y elevó su temblorosa mano derecha, la cual sostenía un viejo rifle de caza.

Un maldito rifle de caza.

Abrí la boca tanto o más que ella; el impacto fué tal que tuve que sujetarme
al marco de la puerta para no caer de bruces contra el suelo.

Un maldito rifle de caza. O una escopeta, la verdad es que no sé lo que era


con exactitud.

Lo único que recuerdo es que solo pude pensar en una cosa:

Ilegal, ilegal, ilegal, ilegal. ¡Muy ilegal!

20

– De-de... de dónde... ¿de dónde has sacado eso?– logré balbucear.

– Yo-yo estaba limpiando... Estaba limpiando como me pediste.

– Te he preguntado de dónde lo has sacado, no lo que estabas haciendo–. Me


aproximé lentamente hacia la pelirroja sin salir de mi asombro.

– Estaba debajo de tu cama. Dentro de una caja metálica.

466
– ¿Había algo más?– le arrebaté el rifle de las manos y lo analicé
detalladamente; era muy pesado y tenía algunos detalles labrados en oro.
¡En oro! ¡Oro de verdad!

20

– Sí...– murmuró.

– ¿El qué?– pregunté sin dejar de admirarlo.

– Balas. Balas de plata.

CAPÍTULO 26

Boom.

16

***

Según yo, el impacto de este segundo disparo no fué tan salvaje; salí muy
bien parada a pesar de haberme golpeado el pecho violentamente con el
culo de la escopeta, quedándome sin respiración.

39

Reprimí una mueca de dolor y le sostuve la mirada con firmeza; si quería


salir viva de ahí debía parecer confiada.
Le escaneé de arriba a abajo, sin mover un solo músculo. Por lo visto, este
último disparo había sido un poco más certero; dándole de lleno en el
estómago, mientras que el primero solo le atravesó el muslo derecho.

Demasiado bien para ser yo.

19

Desgraciadamente, la bestia siguió golpeando la barrera invisible una y


otra vez, como si el metal incrustado en su cuerpo no le provocase ningún

467
dolor. Incluso llegué a pensar que Lisa se había equivocado al decirme que
aquellas balas eran de plata.

Sacudí la cabeza tratando de alejar esos pensamiento de mi mente, (pues


no era el momento idóneo para empezar a dudar de mí misma), y volví a
levantar los brazos para amenazarle con el arma.

– Deberías marcharte–. Procuré que mi voz no sonase forzada o


temblorosa–. Aún puedo disparar tres veces más antes de quedarme sin
munición. Por no hablar de que tengo decenas de balas como estas allí
dentro–. Señalé la cabaña–. Tú no puedes atravesar la barrera, pero la plata
sí, y no tengo ningún problema en quedarme aquí sentada todo el día,
hiriéndote una y otra vez hasta que tu corazón deje de latir.

11

Absolutamente todo lo que había salido por mi boca era una completa
mentira.

38

En la escopeta ya no quedaban más balas; yo misma fuí testigo de cómo


Lisa había metido dos únicamente. Además, no tengo ni la menor idea de
cómo cargarla, así que la munición que hay debajo de mi cama no me
servirá de nada por mucho que quiera.

El lobo pareció pensar en ello durante un par de insufribles instantes, antes


de bajar la cabeza, y observar cómo de las heridas de su vientre y muslo
salían una especie de ramificaciones plateadas, que lentamente
comenzaban a expandirse por todo su cuerpo.

Soltó un gruñido ronco a modo de amenaza que me erizó la piel de pies a


cabeza; mis brazos empezaron a temblar de forma violenta por culpa del
peso, pero yo no quería bajar el arma.
Todavía no.

468
– Volveré–. Murmuró de forma aterradora con su horrible voz.

48

Finalmente retrocedió unos pasos, rugió de forma ensordecedora y se


adentró en el bosque a paso rápido. Cuando estuve completamente segura
de que se había ido, me dejé caer sobre la hierba mojada y me permití
cerrar los ojos.

Esta es la definición de vivir al límite.

11

Tras unos segundos de recuperación, me puse de rodillas y lancé la


escopeta lejos de mí. Me arrastré hacia Lisa, quién estaba consciente pero
inmóvil en el suelo y sacudí su cuerpo levemente.

– ¿Estás bien?– pregunté aún afectada por la adrenalina y el shock del


momento.

– ¿Se ha ido?– gimió asustada.

– Se ha ido.

Pese a sus gritos de angustia y a sus quejidos de dolor constantes, conseguí


levantarla y llevarla hasta la cabaña cargando casi todo su peso sobre mis
hombros.
Una vez logré entrar en el salón, ayudé a la pelirroja a sentarse en el sofá y
corrí hacia el cuarto de baño para buscar el botiquín de primeros auxilios.
Sin embargo, cuando por fin encontré la llave y pude abrir el candado,
descubrí que este solo contenía un bote de alcohol unas míseras vendas.

Maldije internamente, volví a la sala de estar sin poder pararme a pensar


con claridad, y me dispuse a "curarle" el gran arañazo que rasgaba en tres
su costado.

469
CAPÍTULO 27

– ¡Venga, date prisa!– gritó Lisa por enésima vez desde el sofá–. ¡Hasta mi
abuela podría hacerlo mejor!

41

– ¡Hago lo que puedo!– chillé de la misma forma, tratando de no perder los


estribos. A pesar de que siempre he sido una chica con mucha paciencia,
esta noche la pelirroja estaba consiguiendo sacarme de mis casillas.

– ¡No te olvides de guardar el vestido que conseguí el otro día!– rodé los
ojos y suspiré con pesadez antes de contestar.

– ¡Que sí!

Habrán pasado alrededor de cuarenta y cinco minutos desde nuestro


altercado con el licántropo: Han sido los cuarenta y cinco minutos más
exasperantes de mi vida. Lisa cada vez está más insoportable; se comporta
como una pequeña niña gritona y exigente.
Y no es que me moleste tener que hacerle las cosas, al contrario, soy
consciente de que tiene una herida enorme en el costado, pero ya estoy lo
suficientemente estresada como para que encima me grite y me meta
presión desde el sofá.

Alejé todos los pensamiento asesinos de mi mente y me concentré en lo


que estaba haciendo: guardar todo lo posible en todas las bolsas posibles.
Aunque teniendo en cuenta que seré yo la que tendrá que cargar con todo
eso, puede que deba dejar atrás algunas cosas no tan necesarias, si no
quiero acabar con la espalda hecha trizas.

***

470
Aproximadamente dos horas más tarde, una vez hubo amanecido, nos
pusimos en marcha; Lisa se movía cojeando ayudada por un bastón
improvisado, mientras, yo caminaba a duras penas unos pasos más atrás.
Cargar durante horas con doce sacos llenos de cosas pesadas no era tarea
fácil.

Finalmente, exhaustas pero a su vez irradiando entusiasmo, llegamos a los


límites del poblado; estábamos orgullosas de no haber sido devoradas
durante el camino por algún ser maligno.

Sin embargo, esa felicidad duró poco: mientras tratábamos de trepar la


muralla, nos dimos cuenta de que las calles estaban abarrotadas de gente;
solo era cuestión de tiempo que alguien pasara por la zona y nos pillara en
medio de nuestra sesión de escalada semanal.
Asustadas por el reciente descubrimiento, tratamos de bajar lo más rápido
posible, sin mucho éxito.

Afortunadamente unos setos amortiguaron la caída.

– ¿Por qué hay tanta gente?– preguntó mi compañera, adolorida–. ¡No son
ni las seis de la mañana!

– ¿Qué día es hoy?– pregunté sospechando lo que ocurría.

– Diecisiete de junio–. Respondió mientras se presionaba la cintura con una


expresión de dolor.

– ¿Diecisiete de junio?

– Sí, diecisiete de junio–. Repitió cansada. Segundos después se sacudió el


vestido y ocultó su rostro bajo un gran sombrero de mimbre.

– Mierda...

– ¿Qué pasa?
471
– Hoy es el día de las ofrendas, se me había olvidado.

– ¿El día de las ofrendas?– Susurró en tono interrogante, después de


habernos adentrado en las callejuelas y tras habernos mezclado con la
multitud.

– No sé en qué clase de cueva viviste antes de ser seleccionada para el


castillo real pero...

– Al grano–. Murmuró entre dientes.

Me quedé mirándola unos instantes; su piel estaba tomando un tono pálido


poco saludable.

– Cada diecisiete de junio, unos cuantos nobles y algún representante de la


realeza visitan el poblado para ver "cómo va todo". Ya sabes, para
asegurarse de que todo está en orden, para llevarse prisioneros, tratar
problemas...

CAPÍTULO 28

- ¿Katherine?

Escuchar mi nombre ser pronunciado a través de sus pálidos labios,


provocó que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza. No sé si de
felicidad o de tristeza.

Trastabillé hacia atrás, sin poder asimilar que después de casi dos meses,
me hubiera reencontrado con la vampiresa en un sitio tan inesperado
como un sucio callejón del poblado.

Mi labio inferior tembló y mis ojos amenazaron con cristalizarse. ¿Estaba


soñando, o quizás era una alucinación provocada por el golpe en la cabeza
que había sufrido horas antes?

472
1

Todas mis dudas se disiparon cuando me abrazó fuertemente, y rompió a


llorar sobre mi hombro, escondió su rostro en mi cuello y sollozó mi
nombre junto a más palabras incoherentes.
Mi vestido comenzó a empaparse en sangre, sangre que no era mía; sus
brazos me apresaron con tanto ímpetu que prácticamente me era
imposible respirar y toda la fuerza de voluntad que había reunido para no
echarme a llorar, se desvaneció de mi mente como si mi cerebro la hubiese
desechado por el retrete de las malas ideas y hubiera tirado seis veces de la
cadena.

25

Necesité de algunos segundos para serenarme, tragarme todas las


preguntas y centrarme en lo que de verdad importaba en ese momento:
Lisa.

- Khalid...- Musité. Ella respondió a mi llamado enroscando sus brazos


alrededor de mi torso, con más fuerza-. Khalid, necesito tu ayuda-. Volví a
intentarlo. Entonces aflojó su agarre y se separó de mí unos centímetros; su
rostro, empapado en lágrimas rojizas me hizo estremecer-. Lisa no está
bien.

Viendo que aún seguía algo descolocada y aprovechando que la calle


continuaba vacía, tomé su mano y nos arrastré hacia la casa de mis padres.

- Katherine, espera-. A pesar de que ella quería frenar, no disminuí el paso.


Fue entonces, cuando terminó de procesar toda la información, que
empezó a respirar con dificultad, a tartamudear y a recitar una pregunta
tras otra-. ¿Có-cómo...cómo has llegado aquí? No, ¿desde cuándo estás
aquí? ¿dónde has estado todo este tiempo? ¿estás bien? ¿por qué hueles a
sangre?¿qué le pasa a Lisa? ¿a dónde me llevas...? Tengo que... tengo que...

473
- Te lo explicaré todo. Te lo prometo-. Desvié la mirada-. Él... ¿él está aquí?

- Sí, Hudson está aquí-. Mi tonto corazón se aceleró-. Cuando te vea va a...

- No puede verme-, la corté-.

- ¿De qué hablas?

- Si le vuelvo a ver...-murmuré con la voz rota- no seré capaz de


despedirme.

- P-pero... no, no, no... Hudson te necesita, no puedes hacerle eso.

En vez de contestar, abrí la puerta a través del cristal roto, y me adentré


con rapidez en la casa. Traté de olvidar que Hudson se encontraba en el
mismo lugar que yo, probablemente a pocos minutos de distancia, pero era
imposible.

- ¡Oye no tan rápido! ¡Necesito que me digas qué...!- puso una mueca de
desagrado-. Aquí huele a sangre-. Me miró espantada-. A sangre infectada.

- Como ya he dicho-, susurré-, Lisa no está bien.

Una vez en la sala de estar, me aproximé al sillón donde Lisa se encontraba


tumbada, y sacudí su cuerpo un par de veces tratando de despertarla.
Me miró somnolienta; bajo sus ojos se posaban unas grandes ojeras
moradas, que le restaban vitalidad a su rostro normalmente risueño.
Al detectar una figura tras de mí, se encogió sobre sí misma, confusa. Poco
después se dio cuenta de que aquella mujer esbelta era la princesa Khalid;
sus ojos adoptaron un brillo opaco y sus facciones se contrajeron en una
mueca asustada. Tenía miedo.

474
CAPÍTULO 29

A veces, lidiar con el dolor de un ser querido, es más difícil que batallar con
el tuyo propio.

38
∞∞∞

Sentir como sus brazos se envolvían alrededor de mi cintura, como


nuestros torsos se pegaban en un movimiento brusco, y como su rostro
buscaba un lugar en el hueco de mi cuello, no tuvo en mí el efecto
esperado.

25

Me pasé semanas imaginando el reencuentro perfecto, creyendo


ingenuamente, que en cuanto nos viéramos mis problemas acabarían y
todo se volvería alegría y felicidad;
Nada más alejado de la realidad.

Me fue inevitable pensar que nunca debimos encontrarnos, vernos o


siquiera saber de la cercanía del otro.
Si fuí lo suficientemente valiente como para irme del castillo fue porque no
tenía otra opción. Y ahora dudo ser lo suficientemente fuerte, como para
despedirme de él cuando llegue el momento.

– ¿Estás lista?

A pesar de la fuerza de su agarre, conseguí alzar levemente la cabeza y


observar el panorama sobre su hombro, cosa que también me permitió
disfrutar de su tenue fragancia a melón:
Lisa tenía entre sus labios la muñeca de Erik, quién miraba hacia otro lado
aparentemente avergonzado. Mientras, Jackson sujetaba una de las manos
de la pelirroja, con una expresión angustiosa. Probablemente estaba

475
haciendo uso de su don para aminorarle el dolor, aunque fuese solo
durante unos minutos.

11

Al ver a toda la familia allí reunida, me embargaron unas irresistibles ganas


de saltar y achucharles uno por uno, finalizando con un colectivo abrazo de
oso. Sin embargo, cierto vampiro castaño de ojos rojos, me tenía
totalmente apresada entre sus brazos, impidiéndome todo movimiento.

48

Obviamente no iba a quejarme, (dudo que alguien en su sano juicio lo


hiciera), al contrario, le devolví el abrazo con más fuerza y aproveché para
apoyar mi cabeza sobre su tonificado pecho.
Ahora que Lisa estaba recibiendo los cuidados necesarios, podía respirar
tranquila y centrarme exclusivamente en el chico que me robó el corazón.

26

– ¿Cómo lo habéis hecho?– Khalid volvió a romper el cómodo silencio en el


que nos habíamos sumergido.

– Nos hemos cargado el carruaje–. Murmuró Dominik con simpleza.

35

– Solo os pedí algo tiempo... no que rompierais la carroza.

– S-solo han sido las ruedas traseras–. Musitó Jackson, encogido ante la
mirada acusadora de su hermana.

20

– Y no, tranquila, nadie nos ha visto–. Se apresuró a aclarar Eliel–. Los


guardias piensan que las ruedas cedieron por no soportar el peso de la
cabina–. La rubia suspiró, seguramente retándoles con la mirada.

– ¿Cuánto tardarán en reemplazarlas?

476
– Al menos un día.

– ¿Un día?– cuestionó Lisa–, ¿tanto se tarda en cambiar un par de ruedas?

– Es un transporte real, por lo que porta el sello McClaine. Todos los


elementos que lo componen son únicos, de gran calidad y están hechos a
mano.

16

– Voy a suponer que la asamblea se atrasará, porque como no asistamos,


Maximus se enfadará. Y mucho.

– Uno de los nobles ha mandado dos cartas de aviso, una al reino vecino
para que se retrase la reunión, y otra a Maximus para que sepa de la
situación y no nos corte el cuello cuando volvamos al castillo.

– ¿Y qué harán hasta entonces?– Inquirió la pelirroja.

– Por el momento la opción más viable es alojarnos una noche en el hostal


del poblado. Si todo va bien, el carruaje estará listo sobre las cinco , por lo
que partiremos mañana a esta misma hora.

CAPÍTULO 30

– Genial...– murmuré entre dientes.


Miré mi mano con fastidio y lancé a saber dónde el oxidado manillar de la
puerta de salón.

37

Privilegios de pobre, supongo.

Salí de la habitación con cara de pocos amigos; harta de la situación, harta


de esperar. Se suponía que Hudson vendría a pasar la noche conmigo, a

477
despedirse como mínimo, pero cada vez tenía menos esperanzas de que
llegara a aparecer.

Rebusqué entre las alacenas de la cocina, abrí los grifos; comprobando por
sexta vez consecutiva que no expulsaban más que un ruido extraño, me
cambié de ropa, temiendo parecer una pobre moribunda y traté de
hacerme un bonito recogido. Me asomé por la ventana, salí al exterior y
esperé sentada sobre la acera, a pesar del frío que parecía congelarme
hasta las entrañas.

Y ahí mismo, con la espalda apoyada en la puerta principal, fui cerrando los
ojos. Estaba tan cansada que ni siquiera me digné a levantarme del
pavimento.

Es lo que tiene pasarte días y días sin dormir como es debido.

No sé si minutos u horas después, abrí un ojo de forma perezosa al notar un


ligero cosquilleo en mi mejilla: una caricia. Sonreí inconscientemente, pues
no tardé en descubrir que se trataba de Hudson, quien no dudó en
cargarme y entrar en casa conmigo en brazos.

39

Una vez me hubo dejado en el sofá con la mayor delicadeza posible, me dió
un beso en la frente, la cual, a mi parecer, estaba incluso más fría que sus
carnosos labios incoloros.

– ¿Qué hacías ahí fuera? ¿acaso quieres enfermarte?

– No tengo frío, tranquilo–. Respondí en un quejido perezoso.

– No sé si creerte.

– Te estaba esperando–. Me excusé.

478
– Lamento la tardanza. Los guardias nos persiguen adónde quiera que
vayamos y...

– No te preocupes–, bostecé–, lo que importa es que estás aquí.

Le hice un hueco a mi lado y palmeé el asiento.

Si él era la causa por la que perder el sueño, no me importaba pasar más de


una noche en vela.

Sonrió complacido, dejando a relucir sus dos sensuales colmillos, pero esa
muestra de felicidad fue sustituida por una mueca de terror, cuando al
tratar de sentarse en el sofá, este se hundió de tal manera que casi se lo
traga entero.

85

No pude evitarlo; estallé en sonoras carcajadas cuando el pobre se sujetó a


mi brazo, reflejando pura confusión y pidiendo ayuda con la mirada.

15

– ¿Qué clase de trampa es esta?– su pregunta me hizo reír todavía más, al


punto de me empezó a doler la barriga–. ¿Qué es tan gracioso?

– Cariño, solo es un sofá de mala calidad–. Hudson ladeó la cabeza.

43

– ¿Qué?– cuestioné.

– ¿Desde cuándo me llamas "cariño"?

– Ah... bueno...– mis mejillas empezaron a arder–. No-no sé...

17

– ¿Estás bien?

479
– Sí... claro.

– Creo que realmente has enfermado, estás algo roja–. Dijo seriamente.

39

Y eso fue lo único que necesité para sonrojarme todavía más.

No sabía si reír o llorar.

Con un gesto de preocupación posó sus manos en mis mofletes, ahora


calientes.

– No me iría por nada del mundo.

CAPÍTULO 31

¿Cómo podría resumir estas últimas tres semanas?

25

Felicidad, felicidad y más felicidad.

12

Hudson cumplió con lo prometido; ha venido a verme una vez por semana,
cada domingo sin falta, y no se ha separado de mí ni un momento.

20

Lisa se está recuperando rápidamente gracias a la sangre de Erik, y no ha


habido signos de otra infección.

480
12

Simplemente perfecto.

– ¡Lisa, voy a salir!– grité, terminando a duras penas de atarme el corsé.

– ¡Está bien, no tardes!– respondió desde la cocina.

– ¡No lo haré!

Me encaminé hacia la plaza del mercado a paso rápido; a estas horas casi
todo el mundo suele estar en la iglesia, momento que aprovecho para
hacer la compra de la semana: así hay menos riesgo de que alguien me
reconozca. De todas formas, debo darme prisa, pues los puestos abren
estratégicamente quince minutos antes de que finalice la misa de tarde,
para que las personas compren algo innecesario cuando pasen por la plaza
de vuelta a sus casas.

Evitando los puestos de comida, los


cuales ya empezaban a recibir a los primeros clientes de la jornada, me
dirigí hacia la "zona artesanal". Allí venden todo tipo de artilugios hechos a
mano, desde muebles, cerámica y bisutería, hasta productos aromáticos y
de higiene personal.

Caminé en círculos durante un largo rato, observando algo nerviosa como


la plaza se llenaba cada vez más y más, hasta que por fin, di con la tienda
de encargos que estaba buscando.

Me acerqué al mostrador y esperé de pie frente al establecimiento. Tras


cinco minutos de confusión y completo silencio, me estiré para tocar el
timbre de mesa situado a mi lado izquierdo; el ruido provocó que un señor,
que aparentemente se encontraba durmiendo en el suelo, se levantara
bruscamente, dándome un susto de muerte.

481
16

– ¡Ah!

– ¡Buen día hermosa damisela, bienvenida a la joyería Ethelworld! ¿puedo


ayudarla en algo?– me saludó medio dormido el vendedor; un hombre de
aproximadamente cincuenta o sesenta años, tratando de recomponerse.

– Sí-sí... verá, me gustaría encargar un anillo-. Respondí lo más alegremente


posible, a pesar del susto y de la evidente... rareza de aquel sujeto.

13

– ¿Un anillo eh?– acarició su larga barba canosa de arriba hacia abajo, con
un gesto pensante–. A una bella mujer como usted le favorecen las
esmeraldas... probablemente también los zafiros... ¡Y los rubíes hacen
contraste con sus ojos!

11

– En realidad no es para mí–. Aclaré con una sonrisa y un leve sonrojo.

– ¡Ya veo! ¿Entonces es para su madre? ¿para una amiga tal vez?– sonrió
pícaramente– ¿o... puede que se trate de un obsequio entre amantes?

– Lo...lo tercero–. Murmuré tímidamente. El hombre asintió complacido.

– Bien... dígame, ¿quién es el afortunado, una linda dama o un atractivo


caballero?

28

– Un-un atractivo caballero.

35

– En ese caso, necesito saber las medidas de su amado. Si quiere puede


traerme un anillo de referencia–. Sacó una pluma, un bloque de cera y un
pequeño pergamino de debajo del mostrador

482
– Aquí tiene–. Le tendí la pequeña sortija que tomé prestada de la maleta
de Hudson, sin su consentimiento, (pero por una buena causa) la semana
pasada: un anillo dorado con diamantes negros y forma de calavera.

CAPÍTULO 32


– ¡Déjame verlo!

33

– No.

– Te lo suplico...

– No es nada del otro mundo–. Esta simple frase pareció ofenderla, pues
entrecerró los ojos y me miró de forma acusadora.

– ¿Esa es la razón por la que no se lo has dado?– preguntó de brazos


cruzados.

– No.

– Te da vergüenza.

– No.

– Admítelo.

– No.

– ¡Venga ya Kath!– entrelazó los dedos a modo de súplica y puso cara de


perro mojado.

11

483
– Dios, que insistente–, murmuré entre dientes–, toma, pero cállate de una
vez–. Lisa sonrió ampliamente y me arrebató el anillo de las manos; lo
admiró durante unos instantes totalmente concentrada, hasta que
finalmente, con una mueca satisfecha, dijo:

– Es hermoso.

– No está nada mal–, suspiré dándole la razón–, y me fastidia no haberme


atrevido a dárselo.

– No importa, ya lo harás el próximo domingo, no hay prisa–. Me animó,


restándole importancia.

20

Aunque ya tengo el anillo en mi poder, (el cual acabé encargando a otra


vendedora que sí parecía de fiar, ya que por mucho que hubiera cumplido
mi parte del trato decidí no volver a pisar la tienda de ese extraño sujeto),
hoy, durante nuestro encuentro semanal y a pesar de que Hudson notó que
me traigo algo entre manos, no saqué la suficiente valentía como para
poder entregárselo.

Pero eso sí, me he comprometido a hacerlo la semana que viene, sin


excusas ni retractaciones.

24

Los días fueron pasando, tan lentos como de costumbre, a excepción del
domingo, que siempre parece transcurrir más rápido de lo que debería.

Esperé a Hudson sentada frente a la puerta principal, practicando


mentalmente e imaginándome su reacción, ya fuese buena o mala. Lisa
estuvo a mi lado todo el tiempo; me dio un gran discurso reconfortante e
incluso me ayudó a elegir las palabras correctas para agradecerle todo lo

484
que había hecho por mí: como el haber asumido más tareas reales solo
para verme, viajar varias horas cada semana para estar conmigo, traerme
comida, agua, ropa...

Solo que ese domingo, y por primera vez desde que nos habíamos
reencontrado, Hudson no apareció.

63

Tampoco Mace, Khalid, Erik o Jackson.

15

Nadie.

– Ey, no estés triste–. La pelirroja me abrazó con fuerza al percatarse de mi


cara de decepción–. Seguramente estén muy ocupados; puede que
Maximus les haya encomendado una tarea en un reino lejano. Se lo darás la
semana que viene, ¿está bien?

– Sí... claro–. Sonreí débilmente.

Al menos así tendría más tiempo para desechar la absurda idea de que no
le gustará mi regalo.

*****

Siete días después, sobre eso de las once de la noche, volví a casa tras
haber estado paseando por las estrechas, húmedas y lúgubres calles del
poblado. Llovía a mares y lo único que me apetecía era abrir la puerta y

485
encontrarme con Hudson esperándome tumbado en el sofá, como suele
hacer habitualmente.

Pero una semana más, no había ni rastro de él.

67

*****

Me encontraba observando cómo Dalton mantenía una conversación


animada con sus amigos, en uno de los parques más concurridos de todo el
poblado. Mirarle de esta manera me hacía sentir como una verdadera
acosadora, pero en mi defensa diré que lo único que quería era encontrar la
manera de hacerle saber, indirectamente, que Loren, su supuesta novia, le
está engañando con Marcus.

26

CAPÍTULO 33

Para mi desgracia, la única prenda que cubría mi cuerpo semi desnudo, no


era más que un fino camisón de satén incapaz de protegerme frente al
viento gélido que se filtraba en el carruaje, a través de los agujeros de la
madera corroída por todo tipo de insectos y alimañas.
Estaba descalza, tiritando; encogida sobre mí misma en la esquina más
alejada de la puerta, en un inútil intento de entrar en calor.

32

Todo esto me recordaba al día en el que llegué al castillo, al día en el que


comenzó todo: Recuerdo que iba en un transporte igual que este, solo que

486
acompañada por gente como yo, personas que ahora trabajan en el
castillo, o que están a tres metros bajo tierra por haber cometido una falta
grave. ¿Qué habrá sido de ese gracioso pelirrojo lleno de pecas? ¿o de la
mujer que me hizo saber, ya demasiado tarde, que Mace se había
convertido en princesa?

11

Ese día, a pesar de ser consciente de las consecuencias que mis actos
traían, no tuve miedo. Supongo que en el fondo tenía la esperanza de
salirme con la mía; de lograr salvar a Mace y huir hacia esa idealizada
cabaña, para vivir una vida tranquila y sin vampiros de por medio.
Hoy, no miento al decir que estoy verdaderamente aterrada. A primera
vista puede parecer algo contradictorio, ¿por qué ahora, que sé que soy
una cazadora que debería estar capacitada para defenderse, estoy más
asustada que ese primer día, creyendo que era una simple humana?
La respuesta es sencilla: En ese entonces no tenía nada. No tenía amigos,
no tenía padres y prácticamente no tenía casa. Hoy sí tengo algo que
perder. Porque aunque no tengo padres, no tengo dinero y no tengo casa,
sí tengo una familia. O al menos lo que yo considero una.

32

Deduje que debían de haber pasado


unas dos horas desde que iniciamos el viaje de vuelta al castillo. Y digo
"deduje" porque el guardia amable, con notable pesar, tuvo que
registrarme y despojarme de lo único que llevaba encima: el reloj de mi
[Link] más probable es que en estos mismos instantes, los soldados
que se quedaron en el poblado, estén desvalijando la casa de mis padres.
Menuda sorpresa se llevarán, cuando en vez de toparse con muebles,
fotografías o juegos de mesa, se encuentren con material sanitario, una
daga de plata y dos liber prohibitorium.

487
De repente, escuché unos fuertes bufidos procedentes de los caballos que
nos transportaban, y segundos más tarde, el carruaje frenó en seco. Cerré
los ojos angustiada, sabiendo que eso solo podía significar una cosa:
habíamos llegado.

25

La puerta del vehículo se abrió violentamente, con fuerza, y por ella


apareció el guardia tan desagradable que me había propinado el puñetazo
un par de horas antes. Este avanzó hacia mí dando grandes zancadas y me
observó de arriba a abajo con desdén. Sin perder más tiempo, tironeó de
las cadenas atadas a mi cuello, manos y pies, y me arrastró fuera del
carruaje como si fuera un objeto inservible y sin valor. Caí de rodillas, mas
no me hice daño gracias al grueso manto de nieve que cubría las tierras. El
soldado no esperó a que terminara de levantarme; me escoltó a empujones
hasta el castillo, sin decir ni una palabra. Entonces atravesamos unas
puertas que ya había visto antes: las puertas que utilizan aquellos a espera
de ser juzgados por romper las reglas no tan importantes, el mismo lugar al
que yo hubiera ido, de no haberle dado a Mace aquella cachetada.

Caminamos unos cuantos metros más por los largos pasillos,hasta


toparnos con un gran portón. Lo reconocí al instante, esos detalles
labrados en oro y piedras preciosas siempre me serán inconfundibles: me
habían traído al Atrium Peccatorum.

Otra vez.

– Eres buena escondiéndote Ford, pero no lo suficiente–. Se me heló la


sangre al escuchar esa voz tan grave y rasposa, teñida con un evidente tono
hostil.

40

488
Tragué grueso y alcé la cabeza: Maximus estaba sentado en el estrado, con
una sonrisa sádica y gesto triunfante. Retrocedí asustada, miré al guardia y
me aferré a su cuerpo de forma suplicante, manteniendo alguna esperanza
de que fuera a ayudarme. Pero, tras dedicarle a Maximus un pequeño
gesto, como diciendo: "misión cumplida", me empujó, se dio media vuelta
y se marchó dando un sonoro portazo, dejándome ahí tirada, en el suelo.

CAPÍTULO 34

47

Narrador:

En cierto modo, Katherine no se equivocó pensando que alguien rompería


aquella puerta y les sacaría de allí a ambos.

13

Sucedió justamente eso, pero no en el momento adecuado.

15

Es doloroso saber que podrías haber hecho algo más para evitarlo.
Pero quiero pensar que aunque hubieran irrumpido antes en aquel
calabozo, nada habría cambiado.

– ¡Tenemos que hacer algo!– gritó agobiada la princesa Khalid con los ojos
llorosos.

489
– ¡¿Y qué propones?!– respondió de la misma forma el mayor de los
hermanos–. ¡Desafiar a Maximus solo empeorará las cosas! ¡tanto para
Hudson como para nosotros!

– ¡No podemos dejar que lo vuelva a hacer! Hudson estaba empezando a


superar lo de...– se calló abruptamente, incapaz de decirlo en voz alta–, y
ahora la pesadilla se repite.

68

– ¡Necesitamos un plan!

– ¡No hay tiempo!

– No voy a quedarme de brazos cruzados–. Interrumpió el príncipe


Eliel–. Aquel día Maximus tendría que haberme castigado a mí..., y Hudson se
echó toda la culpa.

24

– Solo tenías ocho años...– su pareja trató de consolarle–, no merecías


ningún castigo, eras un niño. Hudson lo sabía y se sacrificó para proteger a
su hermano pequeño.

32

– Y ahora me toca a mí devolverle el favor. No me importa cargar con el


muerto si algo sale mal.

– No vamos a repetir el mismo error dos veces–. Susurró el príncipe Erik


mientras rebuscaba entre unas estanterías–. Si el abuelo va a castigar a
alguien que sea a todos, no a uno solo–. La sala se quedó en absoluto
silencio–. Aquí está.

490
Con sumo cuidado, entre todo el desorden, alzó una pequeña caja de
madera desgastada, y todos los presentes se acercaron impacientes a
admirarla. La abrió sin esperar más tiempo y sacó una bolsita negra llena
de bordados. Jackson miró su dedo índice recordando lo sucedido con
Katherine y esa misma bolsa varios meses atrás.
Esa mierda ardía como un demonio.

– ¿No hay más?– preguntó Mace al darse cuenta de que apenas contenía
unos cuantos gramos de verbena.

– La otra mitad se derramó. Es lo único que tenemos.

– Es más que suficiente–. Murmuró Khalid con


convencimiento–. Salvaremos a Hudson, cueste lo que cueste.

17

Así lo hicieron. Recorrieron el castillo en busca del quinto príncipe;


reduciendo a cualquiera que osara interponerse en su camino.

Entre ellos, el guardia que golpeó a Katherine cuando fue arrestada en el


poblado.

36

El karma, supongo.

Finalmente, dieron con el lugar correcto.

Dado que la puerta estaba totalmente cerrada, intentaron negociar con


Maximus; mantuvieron la esperanza de hacerle entrar en razón hasta el
último momento, pero viendo que el diálogo no iba a servir de mucho, y
para la sorpresa del rey tirano, decidieron tirar la puerta abajo.

El repentino destello de luz provocó que Maximus volteara, perdiendo la


concentración. Esto a su vez hizo que Hudson, quién seguía succionando

491
hasta la última gota de sangre de la pobre rebellium, saliera del trance que
su abuelo le había inducido.

33

Khalid se acercó a su abuelo, vacilante, mientras que Mace no pudo


contener un grito desgarrador al ver el cuerpo inmóvil de su mejor amiga;
inerte, lleno de sangre.

CAPÍTULO 35

A pesar de que sus hermanos ya habían dejado la habitación, tal como


había pedido, Hudson no se movió ni un milímetro de aquella esquina, no
soltó el cuerpo de Katherine de entre sus brazos, no hizo nada. Las lágrimas
dejaron de fluir con el paso de los minutos, dejando una espesa capa de
sangre reseca por todo su rostro. Seguía en la misma posición; sentado de
espaldas a la pared, con las rodillas encogidas y la cabeza apoyada sobre el
lado izquierdo del pecho de la joven cazadora, creyendo oír una secuencia
de latidos que mantenían viva su esperanza.

52

Todo estaba en absoluto silencio. No se escuchaban gritos, conversaciones


o siquiera suspiros, cuando la realidad era que el castillo se había vuelto un
completo descontrol. Guardias exhaustos, que no sabían a qué miembro de
la familia McClaine obedecer, (habiendo gran variedad de opiniones entre
los altos mandos), y empleados confusos que no se hacían una mínima
idea de lo que estaba sucediendo. No había duda; ese cuarto estaba
insonorizado. Cosa que explicaba el por qué, pese a haber gritado día tras
día con todas sus fuerzas, nadie acudió en la ayuda del vampiro.

12

492
Los príncipes manejaron la situación lo mejor que supieron: encadenaron a
Maximus en una mazmorra subterránea, cuya existencia solo ellos
conocían, arrestaron a aquellos guardias que manifestaron abiertamente
lealtad hacia el monarca, y sellaron las salidas, para que nada ni nadie
pudiera salir y nada ni nadie pudiera entrar. No podían arriesgarse a que
algún traidor alertase a los nobles y estos les declarasen la guerra. Pues
esto se traduce en que la nobleza empezaría a saltarse las reglas. Reglas,
que los príncipes impusieron para la protección de los humanos, como la
hora de caza. Durante el reinado de Maximus no había limitaciones, los
vampiros podían cazar a cualquier hora y a cualquier persona, aunque no
hubieran hecho nada y estuvieran en su propia casa.

Por eso el rey tiene el apoyo de las nueve familias, porque a ninguno de
ellos les importan las vidas humanas.

Y según los rumores, asesinar a mortales les causa sensaciones


placenteras, eróticas.

20

Alrededor de una hora después, una vez se aseguraron de tener todo bajo
control, volvieron a la sala de torturas donde se hallaba su hermano. Mace
fue la primera en atreverse a entrar; ninguno quería ver a Hudson en esa
situación, sufriendo tanto, a pesar de no haber hecho nada malo.

¿Por qué siempre era él el que tenía que acabar destrozado?

55

Sus ojos ya no tenían ese brillo de felicidad que había recuperado al


reencontrarse con Katherine; estaban opacos, sin vitalidad. La morena se
abrazó a sí misma, afligida.

493
Aunque solo uno había fallecido, ambos se veían como cuerpos sin vida.

16

– Ey...–le llamó. Él ni siquiera se giró para verla–, tienes que salir de aquí.

– Hudson, por favor–. Sollozó su hermana desde el marco de la puerta.

Nada conseguía llamar su atención, hacerle reaccionar.

– No puedes quedarte aquí toda la vida..., ella no lo habría querido.

13

Viendo que ningún discurso reconfortante iba a surtir efecto, decidieron


darse por vencidas. Ninguno de los presentes era capaz de concebir el
dolor de su hermano. No hay nada más doloroso en este mundo, que ver
morir a aquella persona que le da sentido a tu vida, tener que observar el
cuerpo inerte de tu alma gemela, sabiendo que sufrió una muerte lenta y
dolorosa. Tener que vivir con la culpa de que fuiste tú el que la dejó ir, o en
este caso, el que hizo que se fuera.

20

No, ninguno se hacía ni una mínima idea.

– Hudson, escúchame–. Intervino Erik. Se le había ocurrido una pequeña


idea, algo fugaz que podría hacerle entrar en razón–. Si te quedas aquí, en
esta habitación tan fría y húmeda, Katherine tendrá frío. Ya sabes cómo son
los mortales respecto a las bajas temperaturas, y mira su ropa: con ese
camisón tan fino se congelará.

494
CAPÍTULO 36

– ¿Cómo pudiste pensar eso...?– susurró el vampiro de pelo castaño, con


los ojos cristalizados.

63

La pregunta quedó en el aire, lo que hizo que volviera a aparecer esa


sensación de vacío tan dolorosa, que parecía quemarle desde dentro hacia
fuera.
Apretó los puños y apartó la mirada.

Era como el fuego de su infierno particular.

– ¿Por qué pensaste que no iba a gustarme?– volvió a preguntar, a pesar de


saber que no iba recibir ninguna respuesta.

Miró el anillo ya colocado en su dedo corazón con tristeza, y jugueteó con él


durante un par de minutos, tratando de calmar, en vano, esa quemazón tan
intensa.

– Es el mejor regalo que me han hecho nunca...– carcajeó para ocultar su


quebradiza voz–, pero no tenías porqué darme nada. Ir a visitarte al
poblado cada semana o llevarte agua y comida..., lo hice porque te quiero,
y estar a tu lado ya es suficiente recompensa– se tumbó junto a ella, no sin
antes cerciorarse de que estaba bien abrigada–. Lisa me ha contado que
también escribiste un pequeño discurso..., es un detalle muy bonito. Me lo
leerás cuando regreses, ¿verdad?

156

Sujetó sus frías manos por debajo del edredón, y las llenó de besos y
caricias.

– No quiero presionarte, pero necesito que te des prisa. No me siento bien...

495
105

Les tapó a ambos con una manta de lana, creando así una especie de
refugio; un nido. La abrazó por la cintura, apoyando la cabeza en el lado
izquierdo de su pecho y enrolló las piernas alrededor de las de la joven.

44

Quería quedarse así para siempre.

Khalid:

– ¡¿Tú también?!– grité exhausta–. ¡Ya tenemos suficiente con la negación


de Hudson para que ahora tú...!

– ¡Tú no estabas allí! ¡Vi perfectamente como Katherine le pegaba un tiro a


esa cosa! ¡y según el diario, los rebellium debían asesinar a un sobrenatural
y luego morir para convertirse!

38

– ¿Qué diario?– preguntó Jackson con interés. Parpadeé confusa.

– Ningún diario– susurró nerviosa–, me refería a esos libros que hablan de


la naturaleza de los cazadores..., y también de los vampiros.

– ¿Los libros prohibidos?– cuestionó Eliel.

19

– ¡Sí! ¡digo, no! Lo-lo que quiero decir es que... como ya sabéis, todo el
mundo habla de esos libros, de los cazadores y de cómo es su
transformación...

– Pero...

– Lo importante ahora es Katherine, déjalo estar.

496
– No te veo muy afectada– musitó Erik desde la esquina del salón.

– ¿Por qué iba a estarlo? Ella mató a ese licántropo, va a despertar.

76

– Dices exactamente lo mismo que mi hermano– Sollocé–. Y te voy a


responder exactamente lo mismo que a él: Por mucho que ese lobo esté
muerto, las probabilidades de que Kath supere la transformación, teniendo
en cuenta que jamás ha recibido entrenamiento mental o físico, son casi
nulas.

12

– También eran "casi nulas" las probabilidades de escapar de Maximus, y


Katherine lo consiguió.

– Sé que la quieres mucho pero...

– ¡¿Por qué sois tan negativos?! ¡es como si no quisierais que volviese!

– ¡Créeme que somos los primeros que queremos que vuelva! ¡que nada de
esto hubiera pasado!

CAPÍTULO 37

– ¡Esto no está bien!– chilló Khalid con el rostro empapado en lágrimas–.


¡Han pasado tres días y todo sigue igual!

42

– Él necesita tiempo...– trató de calmarla Eliel, siendo el único capaz de


concebir mínimamente el dolor que sufría su hermano.

– ¡¿Tiempo para qué, eh?! ¡¿qué necesita para darse cuenta de que
Katherine está muerta?! ¡¿que su cuerpo se descomponga día tras día,
frente a sus ojos?! ¡porque a este paso es lo que sucederá!

497
17

– Khalid tiene razón– murmuró Dominik–. Katherine se merece un entierro,


una ceremonia digna, no pudrirse en la cama en la que alguna vez durmió.

32

– ¿Podemos esperar al menos hasta que venga ese amigo tuyo?– intervino
Mace–. Pase lo que pase, quizás él pueda hacer entrar en razón a Hudson.

– No se ha separado de ella desde lo que pasó– musitó Jackson,


cabizbajo–, y no deja que ni nosotros nos acerquemos. ¿Qué te hace pensar
que va a permitir que ese brujo, esté siquiera en el mismo cuarto que
Kathy? Intentarlo será una pérdida de tiempo.

10

– Puede que lo mejor sea..., enterrarla, pasar página. Ya hemos ordenado


hacer una zanja y...

– No podéis estar hablando en serio– dijo Mace exaltada–. Prometisteis


esperar, puede que Lisa tenga razón y haya una posibilidad de que
Katherine despierte.

23

– ¿Tú también, Mace? ¿por qué ese afán por ilusionarse falsamente y sufrir
todavía más?

– He cambiado de parecer, debemos conservar al menos unas mínimas


esperanzas. Si cualquiera de nosotros estuviéramos en su lugar, Kathy
haría cualquier cosa para salvarnos; no perdería la esperanza hasta el
último momento y removería cielo y tierra con tal de encontrar algo que
pudiera traernos de vuelta.

– Pero...

498
– Además, ¿cómo pensáis hacer eso de "enterrarla"? Hudson no lo
permitirá, ni por encima de su cadáver.

26

– ¡No puede seguir así, joder! No come, no descansa, y estoy segura de que
tampoco cura sus heridas; se está volviendo loco. Apuesto lo que sea a que
Katherine, si pudiera ver esto, preferiría mil veces que mi hermano acepte
su muerte y pase página, a que se descuide de tal manera a sí mismo.

– Lo siento Mace, pero si para dentro de tres días no ha habido ningún


cambio, enterraremos a Katherine haciendo el ritual correspondiente. Su
alma merece descansar en paz y nostros debemos seguir adelante, tal
como lo hemos hecho siempre–. Añadió Jackson, sorprendiendo a la
"reciente" vampiresa.

19

– Jackson..., precisamente tú querías muchísimo a Katherine. ¿Cómo


puedes decir eso...?

– ¡Precisamente porque la quiero debo superarlo! ¡Ella no querría vernos


así, y no querría ver así a Hudson...!
Mi hermano pequeño necesita ayuda, necesita a alguien que le apoye,
alguien que sea capaz de transmitirle una mínima felicidad, no a alguien
que esté destrozado también.

30

***

– No vas a volver, ¿verdad?– musitó el vampiro, abrazado con fuerza al


cuerpo de la joven–. ¿Me has dejado para siempre..? Prometiste no hacerlo,
dijiste que estarías a mi lado cuando más te necesitase, y te necesito

499
ahora– Tras unos segundos sacudió levemente la cabeza, tratando de
eliminar esos malos pensamientos y adoptar una actitud positiva–. Ellas
han vuelto Katherine, y no puedo hacer que se vayan. Me recuerdan cada
día lo que hice, que te hice daño. También dicen que me odias, y que si
vuelves me tendrás miedo. Me repiten todo el tiempo que jamás podrás
perdonarme..., Fue un accidente, lo sabes ¿no? yo nunca te haría daño.
Pero tienen razón, fue culpa mía, tendría que haberme controlado, haber
aguantado un poco más...– aumentó la fuerza de su agarre–, ¿es cierto que
me rogaste que parara? Yo no te oí, te juro que no...– apretó la mandíbula–.
Cuando vuelvas prometo hacerte feliz, no volveré a herirte y haré lo que sea
para complacerte, pero por favor, perdóname. No creo poder soportar que
me odies y me tengas tanto pavor al punto de temblar con tan solo
acercarme. Otra vez no...

CAPÍTULO 38

—Hola de nuevo princesa... —musitó el vampiro, forzando una sonrisa.


Cerró la puerta de la habitación y caminó lentamente hacia la cama. Se
agachó frente a esta, quedando a milímetros del rostro de Katherine y besó
delicadamente su frente y su mejilla, como si fuera a romperse.

64

La piel de la chica se había vuelto blanquecina, incluso tirando a


amarillenta, cada vez más con el pasar de los días. ¿Cómo era posible que
no se diera cuenta?

25

Quizá su cerebro, queriendo convencerse de que seguía viva, obviaba ese


tipo de detalles.

500
Le dio un último beso y se separó lentamente. Se levantó, entró en el baño
y cerró la puerta con pestillo. Se miró en el espejo con un semblante serio;
ni siquiera se inmutó al ver su reflejo apagado y sin vitalidad.
Aunque no mostraba ojeras como le pasaría a cualquier humano, era
evidente que estaba cansado, que hacía ya días, o incluso semanas, de su
último descanso. La última vez que lo hizo como es debido, fue en poblado,
en la casa de los padres de Katherine y porque ella estaba a su lado.

Sacó de su bolsillo una pequeña ramita con flores moradas, la cual


desmenuzó con sus dedos, provocándose grandes ampollas. Cogió un vaso
de cristal, echó dentro las flores machacadas, también un poco de agua, y
se sentó de espaldas a la pared. Acercó el vaso a sus labios, dispuesto a
acabar con su sufrimiento, aunque sabía que Katherine jamás habría
aprobado algo como eso.

72

—Lo siento princesa..., —murmuró—. Te he fallado, otra vez.

58

El líquido entró en contacto con sus labios; solo fue un roce, pero el dolor
ya era insoportable.
Al contrario de lo que cabría esperar, eso no le frenó en lo absoluto; seguía
dispuesto a consumir hasta la última gota de ese "veneno casero".

—Hudson, ¿puedes salir un momento? —Justo cuando estaba a punto de


ingerir el contenido, una voz femenina al otro lado de la puerta le detuvo.
Resopló enfadado; Khalid siempre tenía que interrumpir en los peores
momentos—. Sé que estás ahí, ábreme la puerta.

27

—Estoy ocupado Khalid —murmuró, alejando el recipiente de su boca.

501
—¡Es importante Hudson! —gritó desde el otro lado—. ¡Solo será un
momento!

El vampiro lo pensó durante algunos instantes, y aunque reacio, acabó por


levantarse. Escondió la verbena diluida en la bañera, con intención de
tomarla más tarde, y salió del cuarto; allí estaba su hermana, sentada a los
pies de la cama, mirando a Katherine con una expresión indescifrable.

—¿Qué? —cuestionó con desgana.

—¿Qué estabas haciendo?

—¿Qué quieres...? —ignoró su pregunta.

—¿Puedes venir conmigo?

—¿A dónde?

—Solo ven.

—No.

—Por favor Hud, tenemos que hablar.

—No estoy de humor Khalid.

—Es importante — él suspiró irritado.

—Adelante, di lo que tengas que decir, pero que sea rápido.

—Aquí no. Ven a mi habitación, solo será un momento, te lo prometo.

—Si tú lo dices... —murmuró entre dientes, pero finalmente se rindió.

Khalid:

502
Guié a Hudson hasta mis aposentos, los cuales, admito, que estaban muy
desordenados; ropa por doquier, zapatos encima de la cama e incluso
muebles colocados en lugares sin sentido alguno.

CAPITULO 39

Hudson:

54

—¿Por dónde empezamos? —pregunté con impaciencia.

—Como ya he dicho, tenemos que averiguar si está vivo o muerto. Conozco


un hechizo que puede mostrarnos al lobo durante unos minutos, como si
estuviéramos a su lado.

—¿Eso no es peligroso? —Interrumpió Mace. El brujo negó.

—Él no podrá vernos u oírnos, tampoco detectar nuestro olor.

—¿Qué tenemos que hacer nostros?

—Dado que no conozco el nombre del licántropo, o siquiera a qué manada


pertenece, necesito algo que me ayude a identificarlo. Me sirve un poco de
saliva, una garra, o incluso un pelo.

Esas palabras hicieron que la pequeña esperanza, que mantenía viva una
llama de felicidad en lo más profundo de mi corazón, desapareciese por
completo. Sonreí sarcásticamente y negué con la cabeza, decepcionado.
Me senté en una esquina de la cama y acaricié el frío dorso de la mano de
Katherine, mientras los demás seguían hablando.

503
7

Todo había sido una pérdida de tiempo.

—Pero no tenemos nada de eso... —escuché vagamente murmurar a mi


hermana. Ni siquiera estaba prestando atención a la conversación; mi
mente estaba en otra parte, con otra persona.

—¿No tenéis nada del licántropo?

—No.

—¿Ni siquiera algo que haya tocado, o que haya estado entre sus fauces?
Como un objeto o una prenda de ropa.

38

—Tampoco.

—Y por lo que he podido observar, ni siquiera sabéis de su aspecto físico.

—Era de noche y no había más iluminación que la luna. Kath nos lo


describió únicamente como grande, fuerte y maloliente.

—En ese caso, me temo que no puedo hacer nada. El embrujo requiere algo
que lo identifique, algo que nos pueda guiar hasta él, ya sea su ADN, o una
marca incorpórea.

—Yo tengo algo... —Como si esa frase hubiera activado algo en mi cabeza,
salí del estado de trance y miré interesado a la chica pelirroja. Ella, que
hasta ese momento estuvo apoyada en la puerta, sin decir ni una palabra,
dio un paso al frente—. O al menos, eso creo.

Todos en la estancia nos quedamos en absoluto silencio, esperando con


impaciencia lo que diría a continuación. Ella se encogió un poco sobre sí
misma, como si no estuviera segura del todo o no quisiera empeorar la
situación todavía más, diciendo alguna estupidez.

504
1

—Adelante, ilumínanos. Ahora no te quedes callada —dijo Dominik con


brusquedad, lo que hizo que volviera a encogerse, algo intimidada.

17

—Dilo cielo, no te preocupes. Toda idea es bien recibida —murmuró el


brujo con un tono más amable. Khalid retó a Dominik con la mirada.

—Tengo una herida en el costado, supongo que los príncipes ya le habrán


informado acerca de ello. La cuestión es que me lo hizo con sus garras, y
como ha dicho que sirve algo que el licántropo haya tocado...

—¿Puedo verla?

—Claro..., —asintió y dejó que el brujo se acercara. Khalid también se


adelantó para ayudarla a desabrochar su corset y así no perder más
tiempo.

12

Aparté la mirada y la redirigí hacia el cuerpo de Katherine; retiré un mechón


de pelo que cubría uno de sus ojos, y acaricié su mejilla con el dedo pulgar.
A mis espaldas escuché algún que otro quejido de dolor, por lo que deduje
que le estaban quitando el vendaje, mas le presté mucha atención y seguí
admirando el rostro de mi princesa.

capitulo
Narrador:

60

Superar la muerte de un ser querido no es nada sencillo. Es un dolor


extraño; un vacío que te impide hacer cosas tan triviales como comer,
dormir, o incluso respirar sin sentir una presión desgarradora en el pecho.

21

505
Y cuando existe una mínima posibilidad de recuperar a esa persona que te
hace sonreír sin siquiera intentarlo, que te regala su corazón sin pedir nada
a cambio, y que cada día te enamora más y más, con sus caricias, detalles y
gestos, nos aferramos tanto a ella, que no somos capaces de ver más allá,
de pasar página.

11

Al menos, esto es lo que pensaba Khalid McClaine; la princesa no quería


darle a su hermano falsas esperanzas, no quería verle sufrir esperando un
milagro que podría, muy probablemente, nunca llegar a suceder.

Por eso, dos días después de la sesión con aquel hechicero, trató de hablar
con Hudson y explicarle que no debía ilusionarse tanto. Este, sin embargo,
como llevaba haciendo ya varios días, se encerró en sus aposentos,
invirtiendo tanto tiempo en los cuidados de Katherine, que llegaba incluso
a descuidarse a sí mismo.
Ni siquiera le abrió la puerta a su hermana, cuando esta, en un acto
desesperado, le subió un par de bolsas de sangre para obligarle a
alimentarse.

Al sexto día la cosa empeoró bastante; quedaba poco más de una semana
para la fecha en la que, sí o sí, Katherine debía despertar. Todos estaban
muy nerviosos, al punto de que el brujo decidió alojarse durante unos días
en el castillo, para, llegado el momento, ayudar Katherine a recuperarse, o
por el contrario, a los príncipes en su entierro.

43

Después del décimo día, la vida en el castillo se volvió un completo caos.


Los príncipes no se dejaban ver por ningún humano, desatendiendo así sus
funciones reales y dejando a los empleados más que confusos.

506
Ahora, los McClaine se habían divido en dos bandos: Los que defendían
firmemente la vuelta de Katherine; Hudson, Mace y Eliel, y los que no
querían sufrir esperando una mejoría improbable; Dominik, Jackson y
Khalid.

41

Luego estaba Erik, que parecía mantenerse neutral.

17

Y Ariel, que ni siquiera sabía por qué Katherine llevaba tanto tiempo
dormida.

75

(...)

-No quiero -Hudson murmuró. Su voz era pausada, monótona y distante.

-Nadir dijo que debes alimentarte bien estos días. Le dijiste que lo harías,
nos lo prometiste. -Khalid se escuchaba como un eco dulce, pero remoto.

-No tengo hambre.

-¿Llevas más de dos semanas sin probar bocado y no tienes hambre? -Ella
bufó-. Deja de mentir, sabes que solo te engañas a ti mismo.

-¿Por qué no puedes dejarme en paz?

507
-Soy tu hermana, me preocupo. ¿Por qué no sales un poco? Puedes pasear
un rato por el jardín.

-No quiero.

-Hudson...

-¿Quién dice que este no podría ser otro de tus engaños? Quiero quedarme
aquí.

-Sé que estuvo mal ocultarte lo de Nadir, pero te prometo que esta vez es
diferente. ¿Por qué no bajas y le haces un ramo de flores? Todos los que
hay aquí están muertos; es deprimente.

-¿Te han dicho alguna vez lo pesada que eres?

-No, solo tú. -Suspiró-. Mira, si quieres, esta vez bajaré contigo. Así podré
ayudarte a escoger alguna flor en condiciones. Tienes muy mal gusto.

-No quiero dejarla sola. -Sentí un leve roce en la mano. Me removí


incómoda, mas no llegué a abrir los ojos.

32

-Nadie puede subir a este piso, no hay peligro. Kath puede quedarse aquí
sin ningún problema. Necesitas descansar.

CAPÍTULO 40

—Bueno..., —suspiré—, ahora que está todo aclarado, voy a bajar a


desayunar; me muero de hambre. —Les mostré una pequeña sonrisa y me
di media vuelta.

41

508
—Espera, —Hudson me frenó agarrando delicadamente la manga de mi
vestido—, ¿puedo ir contigo? Quiero decir, si no te importa claro, si no
quieres no pasa nada, entiendo que no...

19

—Por supuesto que puedes —respondí con obviedad—, no tienes porqué


preguntar, sabes que me encanta estar contigo. —Me despedí de los demás
con un leve asentimiento de cabeza y le tomé la mano para empezar a
bajar las escaleras.

El camino hacia el primer piso se me hizo interminable; Hudson se mantuvo


en silencio todo el tiempo, y aunque sí quería entablar una conversación yo
tampoco me atreví a decir nada; estaba tan inmerso en sus pensamientos...
Una vez llegamos al piso de abajo, en vez de sentarse en el comedor y
esperar a que yo o alguna de mis compañeras hiciésemos el desayuno,
entró conmigo directamente en las cocinas. Agradecí con toda mi alma que
estuvieran vacías, pues la presencia del apodado por medio castillo como:
"El guapísimo y sexy príncipe oscuro", solo habría causado en ellas nervios
y una masiva alteración de hormonas. Aunque el que no hubiera ninguna
cocinera trabajando, siendo ya las once de la mañana, me extrañó en
sobremanera.

Miré de reojo al vampiro sentado en un taburete a mi izquierda, mientras


pelaba unas cuantas naranjas; fruncí el ceño al verle cabizbajo, clavándose
las uñas en el dorso de la mano.

20

Dejé lo que estaba haciendo y me senté sobre sus piernas. Acaricié sus
manos dulcemente, para que así dejase de hacerse daño. Besé su frente y

509
le abracé por el cuello; él no tardó en corresponderme, abrazando mi
cintura con bastante fuerza.

59

—¿Estás bien? —pregunté mientras le peinaba flequillo con los dedos.

—Sí.

—¿Seguro? te noto distraído.

—Solo estoy cansado.

—¿Hace cuánto que no descansas como es debido? —murmuré con un tono


de reproche.

—No lo sé. —Le miré con desaprobación.

—Entonces hoy nos iremos a dormir pronto, ¿te parece?

16

—Vale... —Trató de sonreír, pero más bien le salió una mueca torcida.

—Oye Hud..., —acaricié sus mejillas y le di un pequeño beso en los labios—


¿no estarás así por lo del golpe, no?

—Yo...

—No ha sido nada, mira, —me auto-señalé— estoy perfectamente. No ha


sido culpa tuya.

44

Me levanté con cuidado y volví a centrar mi atención en la épica pelea que


estaba teniendo lugar en la parte sur de las cocinas; yo, contra un cuchillo
afiliado y la durísima piel de tres granadas.

510
1

Un descuido y mis dedos podrían sufrir severas lesiones.

Poco después, cuando ya solo me quedaba por pelar solo una de esas
condenadas, sentí un fuerte pinchazo en la cabeza. Cerré los ojos algo
mareada y solté el cuchillo por la impresión.

—Todo va a estar bien, ya verás..., esto no es culpa tuya cariño, no lo olvides


nunca.

46

Se me hizo un nudo en la garganta; era como un bombardeo de mi propia


voz e imágenes sueltas.

—No sabes cuánto te quiero Hud, eres el amor de mi vida..., Gracias por
soportarme y hacerme feliz como nadie más ha podido. Eres lo mejor que me
ha... pasado. Y quiero que sepas que si tuviera que volver a pasar por esto,
para revivir todos nuestros momentos juntos... lo haría una y mil veces más.

CAPITULO 41

Avancé rápidamente, dejando a Lisa parada y llorando en medio del


pasillo.
De repente y sin previo aviso dejé de caminar, pues un fuerte mareo me
obligó a apoyarme en la pared más cercana.

44

No me había golpeado la cabeza. Nunca estuve inconsciente "solo unas


horas". No me dolía el cuello por una mera contusión y muy
511
probablemente ese tal Nadir no estaba "solo" de visita. Hudson me había
asesinado y Hudson me lo había ocultado. Todos lo habían hecho.
Realmente me esforcé en buscar una explicación razonable, algo que
pudiera justificar una mentira tan cruel.

18

No encontré nada.

18

Mi cerebro se volvió un torbellino de pensamientos difusos; ya no sabía qué


parte de la historia era real y cual no. La cabeza me daba vueltas, como si el
suelo se estuviese meciendo de un lado a otro, haciéndome querer vomitar
todo lo que había comido en el día.

11

Acabé refugiándome en el hueco de la escalera, agachada donde nadie


pudiera verme. Ese sitio se sentía agradable y yo tenía que procesar de
alguna manera todo lo que Lisa me había contado.
Allí traté de hacer memoria y de recordar algo de aquella noche, mas solo
me topé con imágenes sueltas, casi inconexas; lagunas y espacios en
blanco.

Ni siquiera sabía en qué parte del castillo estaba, cosa que puso todavía
más nerviosa. Además, haciendo tanto ruido algún miembro del servicio
acabaría por encontrarme, y de solo pensar en tener que dar explicaciones
por mi estado, me entraban ganas de llorar.

Por suerte eso no sucedió, y conseguí calmarme solo con unos minutos de
silencio y mi propia y única compañía.

Era extraño. ¿Conoces esa sensación de no saber cómo sentirse respecto a


algo? Pues así me sentía yo. Por un lado tenía miedo, miedo de no saber
qué pasó conmigo durante el tiempo que estuve muerta. Por otro, estaba

512
enfadada; todas las personas que me importan habían traicionado mi
confianza. Y por el ultimo; no sentía nada.

28

Y digo que no sentía nada porque de verdad no sentía nada. Es difícil de


explicar, pero realmente no estaba enfadada, triste o asustada. ¿Me había
muerto? Sí. Pero ya estoy viva de nuevo. ¿Me habían mentido? Sí. Pero
conociendo a mis amigos, puedo decir casi segura, que probablemente
tenían una muy buena razón para hacerlo.

16

¿Puede que hubiera perdido un poco la cabeza, y que estos sustos estén
empezando a afectarme mentalmente? También es posible.

La cuestión es que, después de haberlo pensado detenidamente, no me


parecía algo tan grave. O sea sí, es algo gravísimo, pero no sé cómo
sucedieron las cosas exactamente, y creo que debería aclarar la situación
con Hudson antes de montar un drama monumental. Si ha sufrido tanto
como dice Lisa, si ha dejado de comer y si lleva tanto tiempo sin dormir, no
quiero empeorar la situación siendo demasiado dura. Aunque eso no
quiere decir que vaya a concederles mi perdón así como así.

41

Después de lo que al menos fueron veinte minutos de reflexiones, mi


respiración se fue ralentizando. Ahora ya estaba bastante más calmada,
pero aún tenía varias dudas existenciales seguramente me quitarían el
sueño:

Hudson me mató, eso me ha quedado claro. Pero, ¿cómo he vuelto? ¿y por


qué no recuerdo nada? ¿Seguiré muerta y esto es el cielo? ¿el infierno tal
vez? ¿llevarme estos disgustos será mi condena?

¿Pero por qué iba a estar yo en el infierno?

513
"Por ladrona", dijo mi vocecita interior.

10

Aunque eso no tenía mucho sentido, porque se supone que si te


arrepientes no vas al infierno, y yo me arrepentía mucho. Es más, pensaba
devolver todo lo que había hurtado por necesidad.

Sí, algún día de estos.

16

También existía la posibilidad de que todo se tratase de una pesadilla, pero


la descarté al ver que por mucho que me pellizcaba, seguía ahí metida,
ahogando las penas junto a una fregona roñosa.

𝐓𝐇𝐄 𝐖𝐈𝐓𝐂𝐇; Carlisle Cullen

🎀 ๑ೃೀ...﹙ʚ: 𝒍𝒂 𝒃𝒓𝒖𝒋𝒂 :ɞ﹚ ❛ una bruja da todo por amor, da todo por su familia... Pero aveces
1.2M120K

hasta su magia se cansa de ser utilizada. ❜ ────Melanie Higginbotha...

514
°EL BRUJO DE LOS VAMPIROS° || Jasper Hale.

⟨† En donde Clyde Volturi es enviado a vigilar a los Cullen. ||†•Jasper Hale×MaleOC•†|| En


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Proceso...💌

𝑶𝒏𝒍𝒚 𝒚𝒐𝒖 | 𝘊𝘳𝘦𝘱ú𝘴𝘤𝘶𝘭𝘰

"𝘚ó𝘭𝘰 𝘵ú 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘪𝘭𝘶𝘮𝘪𝘯𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘳𝘰𝘥𝘦𝘢." 𝘑-


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515
"𝑳'𝒂𝒎𝒐𝒓𝒆 𝒅𝒆𝒗𝒆 𝒆𝒔𝒔𝒆𝒓𝒆 𝒓𝒆𝒄𝒊𝒑𝒓𝒐𝒄𝒐, 𝒂𝒍𝒕𝒓𝒊𝒎𝒆𝒏𝒕𝒊 𝒏𝒐𝒏 𝒔𝒊 𝒅𝒐𝒗𝒓𝒆𝒃𝒃𝒆
𝒄𝒉𝒊𝒂𝒎𝒂𝒓𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒓𝒆." Dos vampiros en busca...

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Ella es una Cullen y él un Volturi. Los Volturi son reconocidos por ser un clan no sólo que respeta
las reglas, también son sádicos y correctos. Sin ningún tipo de respe...

516
La Revelación (Almas Perdidas I) [En librerí...

15.2M1.7M
[COMPLETADA] Ella es un vampiro convertido. Él es un vampiro purasangre. Ella aún se aferra a
su humanidad, él es un asesino frío. Sus mundos son completamente diferente...

Me levanté con cuidado de no tirar nada y salí de aquel espacio reducido.


Debía de estar en algún piso intermedio, como el tercero o el cuarto, pues
no conseguía reconocer el pasillo en el que me encontraba. Además, quise
mirar la hora para saber, más o menos, cuánto tiempo llevaba ahí metida,
llevándome la grata de sorpresa de que no había reloj alguno en mi
muñeca.

Y sí, al parecer llevaba todo el día sin él y acababa de darme cuenta.

¿Dónde mierdas estaba el reloj de mi madre y por qué no lo llevaba


encima?
Nuevo misterio anotado en la lista de cosas sin sentido que me pasan en el
día.

Volviendo a lo importante; empecé a subir los escalones del tercer, cuarto y


quinto piso con un paso firme, seguro, pero a medida que me acercaba al
séptimo, este se iba ralentizando.

No recuerdo bien cómo llegué a la habitación de Hudson. Recuerdo estar


consciente en el borde de la escalera, dudando de si seguir avanzando, y
recuerdo pensar varias veces si realmente quería hablar con él en esos
momentos. Mas cuando volví a parpadear ya me encontraba allí, frente a la
puerta y con la mano presionando el manillar.

517
Antes de dar el siguiente paso, pensé seriamente si esto de morirme me
había afectado al cerebro; tenía lagunas, dolor de cabeza y hambre, mucha
hambre.

20

Respiré hondo y entré sin pensármelo dos veces. Los primeros instantes me
arrepentí, quería volver corriendo a ese hueco bajo la escalera para
cuestionarme ciertos aspectos de mi vida y seguir debatiendo conmigo
misma, pero aquella presión en el pecho que llevaba atormentándome
desde que Lisa me contó la verdad, desapareció al ver a Hudson, sentado
en el borde de la cama. Estaba levemente encogido, con las manos en la
cabeza.

45

Supongo que podría parecer raro pensar que su presencia me aliviaría en


estos momentos, pero así fue. Dejé de sentir náuseas, mi cuerpo se relajó
por completo, y el enfado, o lo que quisiera que fuese lo que estaba
sintiendo, se esfumó tan rápido como apareció.

Él se levantó con cuidado y se acercó con la aparente intención de


abrazarme. Sin embargo, se paró en seco a medio camino y empezó a
juguetear con sus manos, clavándose las uñas en el dorso, tal como le
había visto hacer horas antes.

—Hudson..., —musité. Por una parte quería gritarle, reprocharle lo que


había hecho. Por otra, esperar pacientemente una explicación lógica. Y por
supuesto, llorar comiendo pastel de mora.

11

—¿Dónde estabas? Te-te he estado buscando —preguntó.

11

—Yo...

518
—Tengo que decirte algo —murmuró cabizbajo. Se le veía nervioso; no
dejaba de morderse el labio inferior con fuerza y evitaba mirarme a los
ojos. Ladeé la cabeza e hice el ademán de contestarle, pero me
interrumpió:

15

—Te he mentido Katherine —dijo en un hilo de voz.

—Hudson...

—Cuando dije que te caíste, yo... —Asentí para que continuara— Te mentí.
—Rió amargamente— Te dije que solo estuviste inconsciente unas horas,
que todo estaba bien, y era todo mentira.

—Ya lo sé —aseguré, puede que de forma algo brusca—, he recordado


algunas cosas.

Su rostro se desfiguró ante mis palabras, sus ojos se cristalizaron y las


manos le empezaron a temblar.

50

Asintió repetidas veces, como si tratase de asimiliar que ya lo sabía todo.


Avancé algunos pasos, dejando entre nosotros un espacio de escasos
centímetros; desde ahí pude ver cómo algunas gotas de sangre que
bajaban por sus mejillas, impactaban contra el suelo, creando un eco triste
que se mezclaba con el sonido del llanto que trataba de contener.

32

—Lo siento..., lo siento muchísimo. —Sollozó— Por favor, no me odies. Te lo


ruego.

52

—No te odio Hud, —dije. Él alzó levemente la mirada; tenía los ojos
apagados, sin ese brillo característico que tanto me gusta. Además, de su

519
mano descendía un pequeño hilo de sangre, pues ejercía tanta presión con
sus uñas, que acabó por desgarrarse la piel—. No estoy enfadada.

Ahora sí, rompí la distancia que nos separaba y le abracé fuertemente. Al


parecer no se lo esperaba, pues se quedó inmóvil durante unos segundos,
pero finalmente correspondió hundiendo su rostro en el hueco de mi
cuello. Retrocedí unos pasos y me dejé caer lentamente sobre la alfombra,
incapaz de soportar todo su peso. Los sollozos se habían intensificado,
convirtiéndose en un llanto desconsolado. Nunca le había visto así. O
bueno, más bien, nunca le había visto llorar, aunque yo lo haya hecho
delante de él decenas de veces.

35

—Soy un monstruo..., —susurró entrecortadamente. Negué mientras le


rodeaba con los brazos.

37

—No lo eres, no fue culpa tuya.

—Sí lo fue —dijo con la voz rota, sin separarse de mi pecho—. Tendría que
haberme controlado, tendría que...

—Si no me equivoco, te mantuvo semanas sin alimentarte.

—Eso no es excusa, no es excusa...

—Hudson... —Me removí, queriendo que me mirara a los ojos.

—No me mires. —Se encogió sobre sí mismo, haciendo que no pudiera ver
su expresión.

—¿Por qué no?

—No quiero que me veas así.

520
—¿Así cómo? ¿Llorando? —asintió con la cabeza— Hud, mostrar tus
sentimientos no tiene nada de malo.

—Los guerreros no lloran, soy débil.

56

—¿De dónde has sacado esa tontería? —cuestioné con el ceño fruncido. Él
ignoró mi pregunta.

—Sabes que te he hecho daño, sabes que te he mentido..., y en vez de


odiarme, en vez de rechazarme, estás aquí, a mi lado.
¿Por qué lo haces? No te merezco, no merezco que me perdones.

11

—¡Deja de decir eso! —grité exasperada. Suspiré y empecé a acariciarle la


espalda para calmarlo—, sabes que yo nunca..., —me paré en seco al tocar
algo raro, como una especie de rugosidades grandes y blandas—. ¿Qué es
esto? —Le levanté la camiseta con confusión.

A pesar de que se alejó en cuanto notó cómo levantaba la tela, vi


perfectamente unos enormes y horribles arañazos, llenos de sangre reseca
y algo negro que no supe identificar. Parecían infectados, la piel de
alrededor estaba totalmente quemada y enrojecida.

Entonces lo vi claro; Hudson, tirado en el suelo de una habitación oscura y


húmeda, rodeado de sangre e instrumentos de tortura.

Fue, con diferencia, lo más me dolió recordar.

—¡Dios mío! —chillé asustada. Me levanté del suelo y negué con los ojos
vidriosos.

—No es nada, —se apresuró a aclarar— no me duele y...

—Explícame por qué eso está así. —Exigí— ¡Ahora!

521
5

—Es por la verbena, no tienes de qué preocuparte. —Se acercó de nuevo a


mí, pero esta vez me alejé. Vi en su mirada un destello de tristeza ante eso.

—Por lo que tengo entendido, las heridas hechas con verbena se curan más
lentamente, pero se curan.

—Lo harán, solo necesitan tiempo y...

—También se supone que necesitan un tratamiento especial; una pasta


hecha a base de hierbas del bosque.

—Lo sé...

—Y si no se tratan como es debido se infectan, pudiendo acabar con la vida


del vampiro. —Se quedó en silencio— ¿Te las has estado curando bien,
cierto?

24

—Yo...

—Y quiero la verdad Hudson, no más mentiras.

—No..., no lo he hecho. —Admitió. Las primeras lágrimas empezaron a


descender por mis mejillas.

—No, no, no. Princesa no llores. —Avanzó hacia mí con los brazos
extendidos. Le miré decepcionada y retrocedí unos pasos— Lo siento, lo
siento, lo siento. No paro de arruinarlo, por favor perdóname. Prometo que
a partir de ahora lo curaré bien, lo juro.

60

—Quiero que sepas que esto me duele más que cualquier mentira que me
hayas dicho hasta el momento. ¿Cómo has podido hacer eso...? ¿en qué
estabas pensando?

522
—En ti —susurró—, pensaba en ti. No me sentía con fuerzas para hacer
nada, solo quería que volvieras.

65

—Sí, ¿pero a qué precio?

90
Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO 42


—Ve..., ve al baño —murmuré frustrada. Me mordí el labio fuertemente y


negué con incredulidad antes de darme media vuelta y abrir la puerta de la
habitación.

43

—¿A dónde vas? —preguntó. Avanzó un paso como queriendo venir hacia
mí, pero acabó por no hacerlo—. No te vayas.

—Tengo que hacer una cosa —dije de la forma más neutra posible. Él evitó
mirarme y comenzó a jugar con la tela de su camiseta.

—Pero vas a volver, ¿verdad?

56

—Sí Hud, claro que sí —suspiré tratando de calmarme y no usar un tono tan
brusco, pero me era realmente difícil después de tantas emociones
acumuladas—, no tardaré, ¿vale? Tú entra en el baño y quítate la camiseta.

523
—Está bien... Lo siento. —Sonreí levemente, pero no fui capaz de
contestarle. En vez de eso salí del cuarto, y corrí por los pasillos hasta llegar
a la habitación de Khalid; estaba más que alterada, con los nervios a flor de
piel.

Aporreé varias veces la puerta, cada vez con más insistencia, hasta que de
una vez por todas esta fue abierta por la vampiresa; llevaba un vestido de
satén rosa a modo de pijama, su pelo rubio estaba recogido en un moño
muy alto y despeinado, y su cara estaba cubierta por un extraño potingue
amarillo.

—¿Qué haces? —me miró con una ceja alzada—, acabas de interrumpir mi
sesión de meditación.

—Perdona, —me disculpé— pero es urgente. Hudson tiene unas heridas


enormes en la espalda y no sé qué hacer al respecto.

—Ese idiota... —masculló—, llevo semanas diciéndole que se cure las


jodidas heridas, pero nunca me hace caso. ¡Nadie nunca hace caso a
Khalid! —Su expresión enfadada se tornó a una de preocupación— ¿Están
muy mal?

—Sí, —asentí— tienen una costra negra horrible.

—Es la verbena, aún quedan restos de veneno en la zona y la piel reacciona


de esa manera. Aunque las cantidades sean mínimas puede hacerle mucho
daño.

—¿Qué debo hacer?

524
—Ten, —entró nuevamente en la habitación. La oí rebuscar entre los
cajones durante unos minutos, hasta que finalmente salió con un cuenco
blanco cubierto con un paño de tela— dale esto.

—¿Qué es?

—Es una pasta hecha a base de hongos mágicos y hierbas del bosque.
Algunas plantas de nuestro reino son capaces de neutralizar la verbena,
aunque es un proceso lento, largo y doloroso.

—¿Qué tengo hacer con esto exactamente?

—Lava las heridas y cúbrelas con esto. Recuerda que la mezcla debe llegar
a todo el tejido dañado.

—¿Así sin más? —cuestioné poco convencida—. Ven y ayúdame mejor.

—A mí no me hace caso. Y no va a dejar que se lo cure nadie que no seas tú.


Ahora quiere estar únicamente contigo, es normal. —Se quedó en silencio
por algunos segundos, procesando lo que ella misma acababa de decir—
Espera, ¿cómo sabes lo de los arañazos?

—He ido recordando algunas cosas a lo largo del día. Y al final Hudson me
lo ha contado todo.

—Uh... ¿estás muy enfadada? Sé que lo que hizo Hudson estuvo mal, pero
estaba asustado, tenía miedo de que le odiaras.

—Ya lo sé, no estoy enfadada.

—¿Enserio? —Me miró con extrañeza— ¿Seguro que eres Katherine? —


fruncí el ceño sin entender a qué se refería.

—Me enfada más el hecho de que se haya descuidado de este modo.

525
—Cuando estabas..., muerta, lo único que hacía era estar a tu lado; todo el
tiempo. No quería salir de la habitación ni levantarse de la cama. Se pasaba
todo el día abrazándote.

CAPITULO 43

—No quiero quedarme aquí. —Insistió por quinta vez en los últimos cinco
minutos— Puedo ir contigo, de verdad.

38

—No es necesario Hud, solo es una simple revisión, —me acerqué para
darle un pequeño beso en la frente— tú mismo me has dicho que confías en
ese hombre.

—Sí, por supuesto, pero quiero saber si estás bien. —Mi corazón se derritió
ante su mirada de pena.

15

—Y lo sabrás, en cuanto salga te contaré a detalle todo lo que me ha dicho.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo. —Le dediqué una media sonrisa y entré en la habitación,


mientras él y sus hermanos esperaban las nuevas noticias en el pasillo.

Aquel lugar parecía una especie de enfermería; estaba lleno de camillas y


elementos curativos como vendas, material quirúrgico o algunas hierbas
que no supe reconocer.

526
—Hola..., —saludé tímidamente, al divisar una figura masculina. El brujo,
quién hasta el momento estuvo sacando raros objetos de su maletín, se
levantó para estrecharme la mano.

—Creo que a raíz de todo lo que ha pasado no hemos podido presentarnos


como es debido, —sonrió— soy Nadir, como ya bien sabes el líder del
aquelarre Luna Oscura.

—Y la persona que me trajo de vuelta. —Continué con agradecimiento.

—En realidad, no ha sido todo mérito mío —murmuró mientras volvía a


tomar asiento—. Si el proceso ha salido bien, es únicamente gracias al
príncipe Hudson.

25

—¿De verdad?

—Por supuesto. De no haber sido por su fuerza vital, no habríamos podido


traerte de vuelta. Por no mencionar que me acompañó hasta el otro lado
del plano astral, a sabiendas de la cantidad de energía que perdería luego.

—¿Hasta el otro lado del qué? —pregunté con confusión.

—Bueno, voy a quedarme en el castillo un par de días más, así que podré
explicarte todo lo que ha sucedido durante tu ausencia sin ningún
problema. —Asentí conforme— Ven, siéntate aquí, —señaló una de las
camillas del cuarto— voy a revisarte.

Tras hacer lo que me pidió, se colocó unos guantes y comenzó a palpar mi


piel, presionando en aquellas zonas más importantes, como la espalda, la
cabeza e incluso el abdomen.

—¿Sientes algún tipo de dolor? —me preguntó mientras masajeaba mis


hombros con un instrumento frío.

—Ayer me dolía justo ahí, pero ya no siento nada.


527
—Está bien..., —se quitó los guantes y se sentó en una silla para anotar
algunas cosas en su libreta— pareces estar sana, tu cuerpo funciona
correctamente, responde a los estímulos y parece que tu cerebro también.

—¿Entonces no hay de qué preocuparse?

—En realidad, aunque a simple vista todo esté bien, hay algunos riesgos.

—¿Riesgos de qué? —pregunté alarmada.

—Cuando un cazador obtiene su transformación en condiciones normales,


sufre durante un tiempo indefinido algunas... consecuencias. ¿Conoces los
síntomas posteriores a la transformación vampírica?

—Sed de sangre y falta de autocontrol, si no me equivoco —contesté.

—Pues bien, podríamos decir que las secuelas en los rebellium son algo
parecidas. Hoy, mañana, dentro de un año, o nunca, podrías empezar a
sentir un odio irracional hacia los seres sobrenaturales. Y puede que
también algo de dolor. Podrías incluso llegar a tener pensamientos
homicidas, el impulso de matar a cualquier ser de la noche, Hudson
incluido.

CAPÍTULO 44


—Kath..., —Hudson me llamó suavemente desde el marco de la puerta.

50

Le miré por encima del hombro sin decir nada, y este se acercó
tímidamente. Su nuevo pijama, compuesto por un pantalón ancho de lino y
528
una camiseta de manga corta, se amoldaba perfectamente a su cuerpo,
marcando cada músculo. Mis mejillas no tardaron en enrojecerse ante la
imagen, así que tuve que disimular y mirar hacia otro lado.

—¿S-sí? —murmuré avergonzada. Me di una bofetada mental y me mordí


fuertemente la lengua, intentando no balbucear de una manera tan
evidente.

—¿Estás enfadada conmigo? —preguntó de la nada. Fruncí el ceño y ladeé


la cabeza con confusión. Al ver que no tenía ni la menor idea de a qué se
refería, intentó explicarse mejor:

—Es que..., te has ido tan de repente que he creído que estás molesta por
no haber querido hablar de lo que sucedió antes.

—No, no, no, Hud, no estoy enfadada. Al contrario. —Aclaré. Él asintió con
una mueca de poco convencimiento, pero finalmente acabó con la
distancia y se sentó a mi lado. Ni medio segundo después, me incliné para
dejar un pequeño beso en su frente y así viera que no había nada de lo que
preocuparse— ¿Qué te parece si jugamos a algo?

13

—¿Jugar? —cuestionó intrigado—, ¿a qué?

—A lo que tú quieras —dije sonriente—. Ya sabes, para rememorar los viejos


tiempos. ¿A qué te gustaba jugar cuando eras pequeño?

—Ahm..., —frunció el ceño, aparentemente tratando de hacer memoria—


no lo sé.

529
—¿No lo sabes? —pregunté extrañada—, venga Hud, seguro que recuerdas
algo.

—Bueno..., cuando era un niño solíamos jugar a caminar erguidos.


Teníamos que ponernos un libro sobre la cabeza, y si lo tirábamos los
educadores nos castigaban. También jugábamos a organizar la mesa;
teníamos que saber qué tipo de cubertería es la idónea para cada comida y
cada situación.

64

—No, yo me refie...

—Oh, y también a catalogar armas según su clase, estilo y finalidad. —Se


rascó la cabeza con una expresión confusa— ¿Los entrenamientos
cuentan?

21

—No Hud..., eso, eso no son juegos —Balbuceé atónita—. Yo me refiero a


aquello a lo que jugabas de niño para divertirte con tus hermanos.

—Y es lo que te acabo de decir —respondió con obviedad. No pude evitar


morderme el labio y mirarle con lástima.

12

¿De verdad consideraba a eso "jugar"?

—¿Sabes qué? —sacudí la cabeza y forcé una sonrisa— ¿qué te parece si


jugamos al escondite?

—¿Al qué? —Abrí ligeramente la boca sin poder creer que no conociera,
siquiera la existencia, de un juego tan popular como ese.

—Al..., escondite. O sí lo prefieres al tú la llevas, a la gallinita ciega o a el


escondite inglés.

29

—No sé jugar a eso.


530
—¿No te suena ninguno? —cuestioné asombrada.

—No... —Fruncí los labios sin saber muy bien qué hacer o qué decir.

—No pasa nada, —hice un gesto con la mano, restándole importancia— yo


te lo explicaré. Jugaremos al escondite inglés primero, ¿te parece?

—¿No prefieres dormir? —tomó mi mano con delicadeza y dejó un casto


beso en los nudillos de la misma— te noto cansada.

16

—Por supuesto que no. —Negué con seguridad— No tengo nada de sueño.

—¿Seguro que no prefieres...? —le callé dejando un pequeño beso sobre sus
fríos labios.

CAPÍTULO 45

34

—Y ahora te ayudas del envase del yogur para echar la harina..., —la cual
vertí en un tazón junto al resto de ingredientes, bajo la atenta mirada del
vampiro— ¿ves que fácil?

14

—Sí..., —sonrió con un destello de emoción en sus ojos y continuó batiendo


la mezcla. ¿Quién iba a pensar que algo tan trivial como hacer un simple
bizcocho podría ilusionarle tanto?

32

—Bien, si no me falla la memoria, solo falta añadir la levadura. —Le tendí el


pequeño sobre con una sonrisa— ¿quieres echarlo tú?

531
—¡Sí! —su animada respuesta no hizo más que provocarme una sensación
cálida en el pecho. Este Hudson no se parecía en nada al que se había
levantado gritando un par de horas antes.

36

—Después de mezclarlo todo muy bien, mételo al horno —murmuré


mientras danzaba de un lado a otro en busca de un condenado exprimidor.
Cuando por fin di con él, lo posé sobre la encimera y empecé a cortar unas
cuantas naranjas—. Ah, —le pasé un bloque de mantequilla— y que no se te
olvide engrasar el molde.

Seguí con mi tarea de cortar y exprimir naranjas, echando de vez en cuando


un vistazo a Hudson y la evolución de su bizcocho. Y sí, su bizcocho, porque
prácticamente lo había hecho todo él solo. No pude evitar sonreír al verlo
tan concentrado, pues por mucho que pueda parecer algo insignificante,
me resultó imposible no sentirme orgullosa.

25

Viendo que no necesitaba mi ayuda, dejé de vigilarlo y me fui a otra parte


de la cocina para terminar los zumos que estuve preparando para ambos;
buscando, por tanto, una bolsa de sangre en la nevera para añadirla en su
vaso y así el líquido tuviera algún tipo de valor nutricional para él, por
decirlo de alguna manera.

Así que, cuando finalmente metió la masa en el horno, le tendí el zumo a


modo de recompensa sin esperarme para nada su reacción:

Miró ambos vasos con el ceño fruncido, probablemente analizando el


porqué mi vaso contenía un líquido naranja y el suyo uno rojizo.

—¿Por qué le has echado sangre? —preguntó con una evidente mueca de
disgusto.

20

532
—Para que te sirva de algo beberlo —dije, sin entender cuál era el problema
—, ¿hay algún problema?

—No.., es solo que prefiero tomarlo sin sangre.

24

—¿Por qué?

—No me apetece.

—Pero entonces no te servirá para alimentarte —dije con obviedad.

—Ya tomé una bolsa antes. No quiero más.

—¡Pero ¡cómo no vas a querer más, si ni siquiera llegaste a la media bolsa!


—cuestioné incrédula.

—De verdad, no tengo hambre. —Trató de convencerme. Fruncí los labios y


negué seriamente con la cabeza; esta vez no iba a dejarme mangonear.

—No, eso sí que no. —Le empujé suavemente, obligándole a sentarse sobre
la encimera. Me coloque frente a él, de manera que sus piernas quedaron a
la altura de mi abdomen. Cogí una de sus manos, la cual acaricié, no para
relajarle a él, sino para relajarme a mí y me preparé mentalmente para
soltar todo aquello que llevaba bastante tiempo queriendo decir— Mira
Hud..., escúchame. No sé que te está pasando últimamente; no sé por qué
no quieres consumir sangre, no sé por qué no quieres alimentarte..., la
verdad, es algo que no puedo entender, y aunque he intentado darte
tiempo, esto no puede seguir así. Eres la persona más importante para mí,
te quiero más que a nada. Quiero que seas feliz, que estés sano y que estés
fuerte. Y como te quiero tanto, me preocupo por ti y me duele que te estés
haciendo esto. Así que por favor, aunque sea mezclada con un puñetero
zumo, bebe esa sangre; es lo único que te pido.

533
23

CAPÍTULO 46

44

Tras despedirme y acompañar a Nadir hasta la salida, empecé a subir las


escaleras de vuelta al séptimo piso. Aún era muy pronto; aproximadamente
las siete de la mañana y lo único que me apetecía era volver a la cama con
Hud, quien, a causa del cansancio, ni siquiera se inmutó cuando me liberé
de su agarre y salí de la habitación.

Sin embargo, mis planes se vieron frustrados por unos gritos provenientes
de la cocina. Rápidamente me dirigí hacia allí, siendo casi asfixiada por una
nube de humo en el mismo momento en el que abrí unos centímetros la
puerta.

—¡¿Se puede saber quién es la incompetente que ha dejado el maldito


horno encendido?! —vociferó Lindsay, la gran ama de llaves, pero pésima
madre.

18

Me acerqué lentamente hacia el círculo que habían formado las cocineras


alrededor de dicho horno. No tardé en notar un olor a quemado casi
nauseabundo y en ver sobre la encimera lo que en un principio fue un
intento de bizcocho. Aunque ahora era difícil distinguir si se trataba de un
postre fallido o de un gran trozo de carbón.

15

534
Tragué grueso y me di una cachetada mental. Era entendible que anoche,
estando tan cansada, se me hubiera podido pasar algún pequeñito detalle,
como es dejar el horno encendido y todo lo que ello conlleva, ¡pero es que
ni siquiera fui capaz de acordarme cuando me levanté esta mañana!

Mientras el castillo casi se incendia, Hudson en la cama y yo danzando por


los pasillos como si nada.

—¡¿Es que nadie va a hablar?!— Los gritos de Lindsay me sacaron de mis


pensamientos. Mis compañeras se encogieron ante su tono hostil, a lo que
yo reaccioné frunciendo el ceño. No recordaba a esa mujer como alguien
tan desagradable con el servicio. Y mucho menos con las chicas de su
propio sector; sus aprendices.

—¿Qué... es eso? —pregunté señalando esa especie de masa negra con una
fingida mueca de confusión, haciéndome la desentendida.

21

—Un ¿pastel...? —murmuró Rosie. Después de unos segundos de extraño


silencio, sacudió la cabeza y juntó las manos como símbolo de disculpa—.
Lindsay, te prometo que cuando anoche terminé mi turno no había nada en
el horno. Me aseguré de dejarlo todo apagado...

—¡¿Y cómo ha ido a parar eso ahí?! ¡¿Te crees que soy estúpida?!

—A lo mejor han sido los nobles —dije, llamando la atención de todas las
cocineras. Me encogí de hombros y suspiré—. Ya sabéis cómo son, parece
que tienen dificultar nuestra vida como pasatiempo.

—Lisa, quédate a limpiarlo. —Ordenó, ignorándome completamente— El


resto; vamos fuera, hay que empezar a preparar el comedor. A ver si esta
vez sois capaces de hacer algo bien.

535
3

—Yo me quedaré a ayudarte... —Susurré mientras me agachaba junto a la


pelirroja. Lindsay se giró repentinamente y me miró de mala manera, como
si lo que acababa de decir fuese una especie de broma de mal gusto.

—¿Tú? ¿la princesita? —dijo, casi con desprecio. El cometario no me habría


molestado de no ser por el tono despectivo que utilizó.

14

—¿Perdón? —Alcé la cabeza y le sostuve la mirada.

—¿No eres la protegida del príncipe? ¿su alma gemela? Si no me equivoco,


eso te convierte directamente en una princesa, y normalmente para la
gente de tu categoría no es agradable tener que compartir espacio con
simples doncellas como nosotras. Además, —suspiró con desgana— usted
no debería malgastar su tiempo aquí, y mucho menos limpiando, no vaya a
ser que se le estropee ese caro vestido que lleva puesto.

18

Mientras ella me observaba impasible, algunas de mis compañeras


jadearon con sorpresa. Desde que se confirmó el rumor de que soy la
pareja de Hudson, ningún empleado se ha atrevido a hablarme de manera
informal, así que es casi "impensable" que alguien se atreva a decirme algo
así. Algo que al parecer también las sorprendió, es que en vez de reaccionar
de manera explosiva, (como suelo hacer con este tipo de comentarios, lo
admito), sonreí de medio lado y contesté relajadamente.

CAPÍTULO 47

536
—¡Dalton, espera! —le grité fuertemente, dejándole algo descolocado—.
¡No van a hacernos daño!

29

—¡Pues claro que lo harán! —Insistió, manteniendo esa expresión de puro


terror— ¡van a drenar nuestra sangre hasta que no nos quede ni una gota!

12

—¡Claro que no! — Continúe tratando de hacerle entrar en razón. Le sacudí


casi desesperadamente, cosa con la que pareció calmarse un poco; sus
hombros se relajaron, su respiración se reguló, frunció el ceño y se quedó
en silencio durante unos cuantos segundos.

—¡¿Es que acaso has perdido el juicio?! —Se quedó perplejo ante mi
silencio. Presa del pánico, nos tomó a Lisa y a mí del brazo y tiró de
nosotras hasta que consiguió sacarnos de la habitación. Empezó a correr
por todo el castillo, mientras ambas intentábamos frenarlo. Aunque nada
dio resultado.

14

Consiguió llegar hasta el jardín trasero, haciendo caso omiso a nuestras


súplicas. Estaba tan asustado y absorto en la idea escapar, que no parecía
ni oír lo que le intentábamos decir.

17

Logré frenar su paso cuando ya casi estábamos frente a la verja de hierro


que separa el castillo del bosque. Coloqué mis manos a ambos lados de sus
mejillas y las apachurré, haciendo que a Lisa se le escapara una pequeña
carcajada.

—Por favor, tranquilízate —dije lo más rápido posible, para que no me


interrumpiera—. No voy a dejar que nadie te haga daño, ¿vale? Estás seguro

537
aquí, ¿lo entiendes? —Sus ojos adoptaron un brillo cristalino, pero
finalmente asintió— No voy a separarme de ti, no pienso dejarte solo.

26

Cuando ya por fin parecía haberse relajado un poquitito, Khalid, Hudson y


los demás aparecieron de la nada, formando un círculo a nuestro alrededor
e impidiéndonos el paso.

Dalton miró de un lado a otro buscando alguna escapatoria, pero al ver que
no tenía posibilidad, empezó a hiperventilar. En cuanto los McClaine dieron
un paso hacia nosotros, no pudo soportarlo más y cayó desmayado.

57

Khalid se acercó a nosotros con preocupación. Le tomó el pulso, algo que


siendo sincera, me hizo bastante gracia, y una vez hubo comprobado que
seguía respirando, le alzó en brazos y caminó cargando con él de vuelta al
castillo. La seguí a paso rápido; yo también estaba muy preocupada. Una
vez llegamos a la sala en la que estábamos descansando hasta hace
escasos minutos, le acomodó sobre el sofá. Después, Khalid se marchó
resoplando, sin decir ni una palabra.
Me había quedado sola con él, así que me senté a su lado, desabotoné los
primeros botones de su camisa y usé unos cojines para mantener sus
piernas en alto.

Al menos así es como me habían enseñado a tratar a una persona


desmayada.

Entonces empecé a oír un sórdidos pasos acercándose hasta mi posición.


Mace abrió la puerta de golpe, con una cara de auténtica sorpresa y una
sonrisa traviesa que no me dio buena espina.

538
—¡Lo sabía! —chilló con furor—. ¡¿Quién te dijo que Dalton sentía algo por
ti?! ¡Yo, yo, yo! ¡una servidora! ¡Tuve la razón desde el minuto uno! —
Entonces su gesto emocionado pasó a uno de indignación— ¡¿Por qué no
me has contado que Dalton se te declaró borracho en su mansión?!

42

La miré perpleja.

Entonces vi a Lisa, asomándose tímidamente desde la puerta, con un gesto


de culpabilidad.

—Se me ha escapado... —susurró.

10

—¡Y tú diciéndome todo el rato: "¡Es que no tiene sentido intentarlo, está
saliendo con Loren!" ¡Siempre estuve en lo cierto! ¡Si es que era evidente
que estaba coladito por ti!

Abrí los ojos como platos.

Mace me miró dudosa y después de unos insufribles instantes, por fin


entendiendo qué me pasaba, dio media vuelta y se topó con las confusas y
filosas miradas de todos los hermanos McClaine. Ella tragó grueso y a mí se
me bajó la presión.

30

CAPÍTULO 48

Fruncí el ceño y me removí perezosamente sobre la superficie acolchada en


la que tan plácidamente estaba descansando. Tal y como suelo hacer todas

539
las mañanas, me giré de medio lado para crujir y estirar la espalda, pero un
peso muerto sobre mi pecho me impidió hacerlo.

31

Se me cortó la respiración cuando noté que algo; una mano, estaba


agarrando firmemente mi trasero. Abrí los ojos de par en par y me sacudí
repentinamente, haciendo que aquella persona alzase la cabeza algo
desorientada.

20

Solté toda la tensión y aire retenido al descubrir que se trataba de Hudson,


pues aunque la habitación estuviera a oscuras, su aroma y complexión
física me ayudaron a reconocerlo. Sabiendo esto, volví a apoyar la cabeza
en la almohada relajadamente, rodeé a Hud con mis brazos y enterré la
nariz en el hueco de su cuello. Palpé su cabeza, la cual había vuelto a
apoyarse sobre mi pecho, y deslicé los dedos entre los sedosos mechones
de su cabello, haciéndole un pequeño masaje que nos deleitó a ambos por
igual.

22

Sin embargo, este estado tan agradable duró lo que mi cerebro tardó en
procesar la información.

-¿Hud? -murmuré confusa, mientras hacía el inútil intento de


incorporarme.

-¿Mhm...? -balbuceó, restregando su mejilla contra mi pecho y aumentando


la fuerza de su agarre.

-¿Cómo he llegado aquí...?

-Yo te traje -susurró con cansancio, restándole importancia.

540
5

-¿Eh? -Aparté su brazo para poder incorporarme, pero él reaccionó


apretando más mi trasero y enrollando las piernas alrededor de las mías
para que no pudiera moverme- ¿Cómo? ¿Cuando?

-Esperé a que tus amigos se durmieran y te cargué hasta aquí -respondió


con suma tranquilidad.

-¡Ay no, Hud! -De haber podido, me habría llevado las manos a la cabeza-
¡Le prometí a Dalton que estaría con él cuando despertase!

-¿Preferías dormir sobre una alfombra antes que conmigo?

-¡Claro que no, pero es lo que acordamos!

-Ugh..., -se dio la vuelta, haciendo que mi cuerpo quedara totalmente


aplastado bajo el suyo. Prácticamente no podía ni respirar- ¿y qué? que se
joda.

-No seas malo con él, tiene miedo. Solo necesita algo de tiempo para
acostumbrarse. Es normal.

-Está haciendo sufrir a mi hermana, así que me importa una puta mierda lo
que necesite. -Chasqueé la lengua e hice el intento de salir de ahí una vez
más.

-¿Puedes quitarte? me estás aplastando.

-No.

-Hud, tengo que volver.


541
-No.

-Hud..., por favor.

-No. -Resoplé con fuerza y giré la cabeza hacia otro lado.

No podía verle de todas formas, pero así expresaba al mundo mi


frustración.

-¡¿Qué se supone que tengo que hacer para que me dejes ir?! -Murmuré
entre dientes, con sarcasmo.

-No voy a dejarte ir.

-¡De eso ya me he dado cuenta!

-Oh, venga ya..., ¿te has enfurruñado? -rio. Maldije una y mil veces esa risa,
porque solo pude pensar en lo sexy que me había parecido.

-No. -Ahora fui yo la que dio esa respuesta tan seca.

Sí, me había enfurruñado. Y no porque Hudson quisiera que me quedase


con él, (cosa que a mí también me apetecía), sino porque todo el mundo
parecía haberse compinchado para ponerme las cosas difíciles. Quería
ayudar a Dalton, pero sus sentimientos por mí solo provocaban dolor,
tensión y malas miradas en el castillo. ¡Hago mi mayor esfuerzo, pero no
puedo tenerlos a todos contentos! No soy capaz de encontrar la manera de
contentar a unos, sin molestar a otros. ¡Y nadie pone de su parte! La pobre
Khalid, únicamente.

CAPÍTULO 49

542
53

—Mace, ¿me pasas la sal? —susurré un tanto incómoda, tratando de


romper el silencio sepulcral que se había formado entre nosotros. La
vampiresa me pasó el pequeño botecito con una mueca de desazón, yo
fruncí los labios y arreglé mi ensalada con un nudo en la garganta.

—Oye, Mace... —Intervino Dalton por primera vez desde que el ambiente se
relajó y nos sentamos a comer. Crucé los dedos por debajo de la mesa,
esperando que con un poco de suerte no dijese nada ofensivo—. ¿Qué te ha
pasado? La última vez que te vi no tenías colmillos.

—Bueno, es una historia muy larga... Pero no te preocupes, te lo


contaremos lo más pronto posible.

—Estás muy cambiada, casi no te reconozco. —Suspiré y me revolví


inquieta en mi asiento; mis plegarias no habían servido de nada.

—¿A-a qué te refieres? —Frunció el ceño y soltó una carcajada nerviosa.

—A tu cuerpo. Si no recuerdo mal, antes tenías un pequeño lunar en la


mandíbula y uno bastante grande en el cuello. También una cicatriz en la
ceja, de cuando te caíste del columpio.

15

—¿Aún te acuerdas de eso? —sonrió nostálgica— Sí, bueno..., han


desaparecido todos los lunares, granos, marcas o cicatrices que tenía. —Se
encogió de hombros— La verdad es que eso no me importa demasiado. No
todo en el vampirismo es malo.

—No lo dudo, pero..., —apoyó el codo derecho sobre la mesa y se remangó


hasta el hombro la camiseta, después estiró el brazo y lo dejó caer boca
arriba, mostrando su sello classis superioris; una C.S marcada hace años en

543
su piel, con un sello ardiendo— espero que no hayas olvidado de dónde
vienes.

57

Me fue imposible no desviar la mirada hacia mi antebrazo; acaricié mi


marca por encima de la ropa, recordando el día que me la hicieron y todo lo
que lloré una vez llegué a casa.

***

—Pff..., —entré en la habitación y solté un largo suspiro, agotada tanto


física como mentalmente. Lisa y yo habíamos conseguido, al fin, que
Dalton aceptase dormir en un cuarto libre del último piso, que muy
casualmente se encuentra a escasos metros del de Khalid. Pero no ha sido
tarea fácil; hemos necesitado casi una hora de súplicas y la promesa de que
le haré mousse de chocolate todas las semanas, para convencerlo.

Me cambié de ropa sin perder ni un segundo más; estaba ansiosa por


ponerme de una vez el pijama. Mientras me desataba el vestido, me
percaté de que Hudson no me estaba esperando sentado en la cama como
siempre, leyendo un libro de los que tanto le gustan, sino que estaba
tumbado, mirando hacia la pared y tapado hasta las orejas.

—Hola cariño. —Me tiré en la cama y le abracé por la espalda— ¿qué tal está
hoy mi vampiro?

—Bien...—contestó en un susurro. Fruncí el ceño y le pasé por encima, para


que quedásemos frente a frente. Tenía un semblante serio y triste.

544
1

—¿Estás seguro? —le pregunté con una ceja alzada. Él sonrió de forma
apagada.

—Sí, por supuesto... —se apresuró a contestar. Sin embargo, por mucho
que lo negara, yo sabía que algo no estaba bien— ¿puedo preguntarte algo?

—Claro, Hud...

—¿Estuviste enamorada de Dalton durante mucho tiempo, verdad? —me


mordí el labio inferior y le miré con pena. ¿Por qué me preguntaba esto
ahora?

—Sí..., durante toda mi infancia.

20

—Y ahora que ha vuelto..., que sabes que lo que tú sentías siempre fue
correspondido, y que aún lo es... ¿Cre-crees que esos sentimientos podrían
volver?

37

CAPÍTULO 50

Casi tres semanas después...

30

—¡Katherine! —Lisa entró en las cocinas bruscamente, visiblemente


alterada. Un poco más y tira la puerta abajo.

—¡¿Qué ocurre?! —pregunté alarmada, sosteniéndome el pecho a causa del


tremendo susto que me acababa de llevar.

545
—Tengo un problema —musitó con la voz quebrada—, un serio problema.

—¿A qué te refie...?

—¡Katherine! —Dalton entró de repente en las cocinas, dando también un


fuerte portazo.

Esa puerta sigue en pie de puro milagro.

16

—¿Y a ti qué te pa...?

—Tengo un problema muy gordo. Muy, muy gordo.

Suspiré, me senté lentamente en uno de los taburetes de la gran isla


situada en el centro de la estancia, y me masajeé las sienes con
exasperación.

—Mi problema es más importante. —Lisa apartó a Dalton de un fuerte


empujón, quien la miró indignadísimo por aquella acción. Ella no le dio la
más mínima importancia y se acercó a mí, prácticamente sollozando— Me
he acostado con alguien; —aunque parezca imposible, al decir lo siguiente
bajó todavía más el tono de voz— me he acostado con alguien..., con un
hombre.

42

Abrí ligeramente la boca, sin tener ni idea de cómo debía reaccionar a eso.

—Yo también —Habló Dalton entre dientes.

56

Después de esas dos simples palabras, mi barbilla por poco rozaba el borde
de la encimera.

546
—¿Tú también te has acostado con un hombre? — murmuró Lisa, con los
ojos prácticamente fuera de su órbita.

57

—¿Qué? no, no, no, claro que no. —Se apresuró a aclarar— Me refiero a que
me he acostado con alguien.

12

—¿Ah...? —balbuceé, incapaz de pronunciar palabra.

—¡¿Qué has hecho qué?! —gritó la pelirroja, horrorizada— ¡¿Sabes cómo se


sentirá Khalid cuando se entere?!

—Ese es el problema, —se tapó la cara y suspiró dramáticamente— me he


acostado con ella.

120

—¿Y qué tiene eso de malo, idiota?

—¡No tendría nada de malo si no fuera una vampiresa! ¡Es una vampiresa!

—¿Y qué?

—¡¿Cómo qué: "y qué"?! ¡He traicionado a mi propia especie, a mis


antepasados!

22

—A ver, espera un momento —dije, una vez pude salir de la petrificación


momentánea—. Yo antes me sentía como tú, creí que estar enamorada de
Hudson era una completa deshonra y una traición hacia mis padres. Pero
con el tiempo me di cuenta de que darnos una oportunidad no era nada
malo. Que hayas conocido a unos vampiros maravillosos, no significa que
tengas que perdonar a su especie por lo que nos han hecho durante siglos.
Nadie te pide eso.

547
13

—Pero...

—Lo que quiero decir, es que, al igual que humanos, existen vampiros
buenos y malos. Y nadie debe obligarte a odiar a los buenos, ni a perdonar
a los malos.

Los tres nos quedamos en silencio durante un buen rato, hasta que Dalton
lo rompió, cambiando completamente de tema y arremetiendo contra Lisa.

—¿No se supone que a ti te gustan las mujeres? —le preguntó a esta,


totalmente confundido. Ella frunció los labios como una niña pequeña
antes de romper a llorar.

—¡Ya ni siquiera sé lo que me gusta!

58

—Tranquilízate, ¿vale?—Me levanté de la silla y le puse una mano en el


hombro— ¿Quieres hablar de lo que ha pasado?

𝐓𝐇𝐄 𝐖𝐈𝐓𝐂𝐇; Carlisle Cullen

🎀 ๑ೃೀ...﹙ʚ: 𝒍𝒂 𝒃𝒓𝒖𝒋𝒂 :ɞ﹚ ❛ una bruja da todo por amor, da todo por su familia... Pero aveces
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hasta su magia se cansa de ser utilizada. ❜ ────Melanie Higginbotha...

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°EL BRUJO DE LOS VAMPIROS° || Jasper Hale.

⟨† En donde Clyde Volturi es enviado a vigilar a los Cullen. ||†•Jasper Hale×MaleOC•†|| En


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Proceso...💌

𝑶𝒏𝒍𝒚 𝒚𝒐𝒖 | 𝘊𝘳𝘦𝘱ú𝘴𝘤𝘶𝘭𝘰

"𝘚ó𝘭𝘰 𝘵ú 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘪𝘭𝘶𝘮𝘪𝘯𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘳𝘰𝘥𝘦𝘢." 𝘑-


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"𝘚ó𝘭𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘮𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘰𝘴 𝘥𝘦...

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Red Eyes | Alec Vulturi

"𝑳'𝒂𝒎𝒐𝒓𝒆 𝒅𝒆𝒗𝒆 𝒆𝒔𝒔𝒆𝒓𝒆 𝒓𝒆𝒄𝒊𝒑𝒓𝒐𝒄𝒐, 𝒂𝒍𝒕𝒓𝒊𝒎𝒆𝒏𝒕𝒊 𝒏𝒐𝒏 𝒔𝒊 𝒅𝒐𝒗𝒓𝒆𝒃𝒃𝒆


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𝒄𝒉𝒊𝒂𝒎𝒂𝒓𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒓𝒆." Dos vampiros en busca...

𝓕𝓮𝓮𝓵 𝓶𝔂 𝓵𝓸𝓿𝓮 • Damon Salvatore

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Nessa la melliza de de Elena y hermana de Jeremy. Chica linda, animadora, buenas calificaciones
y con una vida perfecta. Pero todo desaparece en un segundo cuando sus pa...

𝐒𝐄𝐂𝐎𝐍𝐃 𝐂𝐇𝐀𝐍𝐂𝐄 ╰┈➤ ❝𝗔𝗹𝗲𝗰 𝗩𝗼...

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Ella es una Cullen y él un Volturi. Los Volturi son reconocidos por ser un clan no sólo que respeta
las reglas, también son sádicos y correctos. Sin ningún tipo de respe...

550
La Revelación (Almas Perdidas I) [En librerí...

15.2M1.7M
[COMPLETADA] Ella es un vampiro convertido. Él es un vampiro purasangre. Ella aún se aferra a
su humanidad, él es un asesino frío. Sus mundos son completamente diferente...

—¡Ya lo he dicho todo!

—¿Acaso ya no te gusta Rosie? —cuestioné con una ceja alzada.

—No..., creo que ya no.

—¿Y por qué te has tirado a un hombre, si el género masculino no te atrae?


—Dalton se rascó la nuca con confusión.

—¡Ese es el problema! ¡creo que él me gusta! —rompió en llanto incluso


más fuerte que antes, si es que acaso era posible— ¡Viví durante años en un
orfanato, rodeada única y exclusivamente por niñas, desde muy temprana
edad! ¡Y luego, cuando me escogieron en la subasta y llegué al castillo, vi a
Rosie por primera vez y me enamoré de ella! Y como no tenía ojos para
nadie más, creí que solo podían gustarme las chicas.

11

—No pasa nada por sentirte confusa. Es normal. —Dalton trató de


consolarla— Puede que te gusten las mujeres y también los hombres, y eso
no tiene nada malo. —Asentí de acuerdo.

—¡Pero es que eso no es lo peor de todo! —cogió un trozo de papel de


cocina y se sonó la nariz con angustia— ¡soy una pésima amiga!

551
11

—¿Por qué dices eso?

—¡Porque me he acostado y enamorado del chico del cual está enamorada


la chica de la que yo antes estaba enamorada!

46

—¿Eh? —Dalton seguía sin entender nada.

Pero yo capté esa frase a la primera.

—¡¿TE HAS ACOSTADO CON VÍKTOR? —grité. La pelirroja saltó del susto y
me tapó la boca con un movimiento rápido.

24

—¡Shhh! —Miró hacia los lados, paranoica— ¡No lo digas tan alto, alguien
podría escucharte! —Aparté su mano y me llevé las mías a la cabeza.

—¿Acabas de decir que te gusta..., —bajé el tono el voz— Víktor? ¿nuestro


Víktor?

—Sí, no lo sé..., ya no sé nada.

—Pero..., ¿qué? O sea, ¿qué?

—Anoche me lo encontré en los pasillos, —empezó a relatar— estuvimos


hablando un rato; no sé por qué, pero su voz y todo lo que me decía me
ponían de los nervios. Cada vez que se acercaba me sonrojaba más y más.
Empezó a hablarme de sus nuevas herramientas de jardinería y estaba tan
emocionado...

—¿Y...?

552
—Y empecé a pensar en lo guapo y buena persona que es, y en la sonrisa
tan bonita que tiene y una cosa llegó a la otra y...

—¡¿Y...?!

—¡Y le besé! ¡no me pude contener! ¡¿vale?! ¡No pude!

—Madre de Dios...

—¡Y él se separó y pensé que lo había echado a perder todo, pero luego dijo
que había esperado ese momento desde hace mucho tiempo y me volvió a
besar!

41

En ese mismo momento, me acordé de cuando vi a Hudson y a Lisa besarse


en un pasillo del séptimo piso, y de cómo traté de ocultarle a todo el
mundo cuánto aquello me había dolido. Recordé las palabras de Víktor
entonces; días antes me había confesado que le gustaba cierta pelirroja,
pero dijo que mataría sus sentimientos por ella después de lo que había
pasado.

Quizás no pudo hacerlo.

También podría mencionar que fingimos estar prometidos para darle celos a
Hud, pero creo que es algo que prefiero olvidar.

—¿Y si te siguió el beso, cuál es el problema? —preguntó Dalton


inocentemente.

—¡Pues que Rosie está enamorada de él!

—¿Y Rosie y tú...?


553
—Ya ni siquiera somos amigas.

—Ay Jesús...

—¿Y por qué? —pregunté extrañada; antes se pasaban todo el día juntas.
Ella suspiró.

—Porque el día que nos escapamos del castillo, antes de despertarte, me


declaré y me rechazó, de una forma bastante cruel además.

18

—¿Por qué no me dijiste nada?

—Porque no tiene importancia.

—Sí que la tiene.

—Bueno, si ya no sois amigas no le debes nada. —Dalton la abrazó para


darle apoyo moral— ¿No te parece?

—Pero se va a pensar que lo hice en venganza y no quiero que me odie...

—¿Te gusta Víktor, sí o no? —preguntó el castaño.

—No lo sé..., eso creo.

—Entonces adelante, no te lo pienses.

—¿Y a ti te gusta Khalid, si o no? —el contraataque de Lisa le tomó


totalmente desprevenido.

—No..., por supuesto que no.

16

—¿Y por qué te has acostado con ella?

554
—Fue un error —Balbuceó.

—¿Un error que te gustaría repetir?

—Ni en broma. —Negó con un gesto de molestia.

—¿Eso lo sabe Khalid?

—Me fui antes de que se despertara.

—Los vampiros no duermen...

—¡Bueno, pero ella seguía inmersa en ese estado raro de relajación!

—¿Sabes que aunque estén descansando, pueden oír lo que pasa a su


alrededor, verdad? —Le molesté, tratando de ocultar una sonrisa.

—¡Ay, —se cruzó de brazos como un niño pequeño— dejadme en paz!

—Vale, vale, Romeo... —La pelirroja rio, haciendo cabrear a Dalton todavía
más— ¿Al menos estuvo bien?

—¿El qué?

—Ya sabes..., eso. —Él la miró sin entender.

El pobrecillo es muy inocente para algunas cosas.

555
—¿El qué?

—¡Pues el acto, el sexo, el coito, el encuentro placentero, la relación carnal,


la fornicación, el concúbito, la cópula, o cómo quiera que lo llames!

76

En ese momento, la cara del chico podría haber pasado desapercibida en


un huerto de tomates. Y la mía también.

—Pu-pues bien su-supongo.

—¿Solo bien?

—¡Sí, vale estuvo muy bien, estuvo más que bien! ¡Ha sido el mejor sexo
que he tenido en mi vida! ¡¿Es eso lo que querías oír?!

33

—Sí. —Carcajeó satisfecha— Ahora que has admitido que te ha gustado,


¿no te apetecería repetir esa sensación?

—¡Sí! ¡o sea no, claro que no!

—Vaya, vaya, vaya, otro que ha terminado enredado en los encantos


vampíricos. Si es que siempre se ha corrido el rumor de que nada ni nadie
se puede resistir a los McClaine, y parece que es totalmente cierto.

14

***

—Y entonces, cuando nos sacaron a rastras de la casa de los padres de


Katherine, ¿sabes a quién vimos?

556
—¿A quién? —Dalton estaba hipnotizado con el relato de la pelirroja. Solo le
faltaba la copa de vino y un cuenco de palomitas.

Le estábamos explicando lo que me pasó y por qué Maximus está


encerrado. Obviamente omitiendo algunos detalles, para que Hudson no se
sientiera incómodo.

—¡Al joyero loco! ¡él era el traidor! —El chico de pelo castaño y ojos
marrones cogió aire con dramatismo.

13

—¡Menudo cabronazo!

—¡Y tanto! No digo que él tenga toda la culpa pero sí que fue un auténtico
hijo de...

—¡Majestades! —Un guardia entró en el comedor, cargado con una


montaña de pergaminos enrollados de todos los colores. Parecía sofocado,
angustiado y estresado. Le reconocí como el segundo al mando del ejército
real. Es amigo y hombre de confianza de los McClaine. La única persona,
aparte de nosotros, que conoce mi secreto sin estar encerrado.

—¿Qué ocurre, Dorian? —Dominik se levantó de la mesa con preocupación.


Por lo que tengo entendido, ellos son grandes amigos desde niños.

—Un mensajero acaba de entregarme esto. —Dejó caer al suelo todos esos
papeles. Nueve, para ser exactos.

—¿Qué son? —Hudson y Khalid se levantaron también de la mesa. Jackson


alzó a Ariel en brazos y llamó a una de sus niñeras para que se lo llevara a
jugar.

Por cómo habían reaccionado, algo que no andaba bien.

557
—Son cartas oficiales, con los sellos de las nueve familias nobles. Exigen
una audiencia con sus majestades.

—¿Para qué? ¿ha ocurrido algo?

—Se han enterado de que habéis encerrado al rey Maximus.

—Eso es imposible. —Interrumpió Hud. Había recogido del suelo uno de los
pergaminos y ahora lo sostenía con fuerza entre sus manos. En su mirada
se podía distinguir un destello de ira, pero también de preocupación—Nos
ocupamos personalmente de encerrar a todos aquellos que alguna vez
mostraron lealtad hacia mi abuelo. Y nadie ha salido del castillo desde lo
ocurrido.

13

—Yo tampoco me lo explico, mi príncipe.

—¿Cuándo quieren celebrará la reunión? —preguntó Khalid. Dalton se me


arrimó asustado, buscando una explicación con la mirada. Pero yo estaba
igual que él.

—Ya mismo, princesa. Exigen una reunión en el reino Vissouneau dentro de


dos días. De no cumplir, amenazan con atacar el castillo. Si queremos
llegar a tiempo, debemos partir esta noche.

—Bien —murmuró Dominik, dirigiéndose a sus hermanos—, haced el


equipaje, saldremos en dos horas.

Al ver que Hudson pretendía salir de la habitación, me levanté para


seguirle, pero Erik y Jackson me lo impidieron.

—Ah no, ni se te ocurra, tú te quedas aquí.

558
—¿Cómo?

—Dalton, Lisa y tú os quedaréis en el castillo.

—¡Por supuesto que no! ¡Eso es injusto! —negué ofendida.

—Si saben lo de Maximus, podrían saber que eres una rebellium también.

—¡Es imposible que sepan eso! ¡Maximus no se lo contó a nadie! ¡Ni


siquiera a sus hombres!

—Katherine, haz caso —dijo Hudson desde el marco de la puerta. Le miré


de mala manera e ignoré su comentario.

—Si tú vas, voy yo.

—No, te quedarás aquí.— Sentenció con un semblante serio— Alguien tiene


que quedarse a cuidar de Ariel. Y de Dalton también.

—¿Disculpa? —se quejó este.

20

—Debes estar de broma...

—Kath, sois humanos, no podéis hacer nada para ayudarnos. —Khalid trató
de "hacerme entrar en razón".

—Yo no soy humana.

—Pero tus habilidades de cazadora, si es que acaso las tienes, aún no se


han desarrollado.

Auch.

559
Dominik siempre tan sincero.

13

—O sea, a ver si lo he entendido bien... —Me froté el puente de la nariz con


incredulidad— Los nobles han descubierto que su adorado Maximus está
encerrado, y si no os reunís con ellos pronto, atacarán el castillo. Ah, y yo
no puedo acompañaros porque a pesar de ser una cazadora, soy un ser
inservible.

20

—No digas eso Kath...

—En realidad tiene raz... —Dominik se calló abruptamente al recibir un


fuerte golpe en el hombro, por cortesía de su hermana.

28

—¿Y cuándo se supone que vais a volver?

—Es imposible saberlo. —Explicó Eliel.

—Fantástico. —Sonreí de forma sarcástica— Simplemente fantástico.

—Si todo sale bien, solo nos demoraremos un par de días.

—Ya, ¿y qué pasa si algo no va bien?

Ninguno se dignó a responder.

—Quiero ir con vosotros.

—No puedo.

—Sí puedo.

—Katherine, no es discutible. Fin de la conversación. —Me senté de mala


gana, cruzando los brazos y desviando la mirada.

560
A mi parecer, esto no era para nada justo.

34
Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO 51

—Se acabó. No pienso seguir discutiendo esto. —Hudson continuó sacando


más y más ropa de cajones, baldas y armarios, ignorando por completo mis
súplicas.

22

—¡No puedes estar hablando en serio! —grité. Furiosa, le arrebaté de las


manos una pila de camisas que tenía intención de empacar junto a otras
prendas de ropa. Él se cruzó de brazos y me miró con cansancio. Me ardía la
sangre de tan solo verle hacer el equipaje.

—Dámelo, —exigió, mientras se frotaba el puente de la nariz con hastío —


no tengo tiempo para esto.

—¡Pues déjame ir contigo!

—No.

—¡¿Por qué no?! —pregunté exasperada.

—Porque no, Katherine.

—Por el amor de Dios, escúchame. —Le tomé de las manos y busqué su


mirada con desesperación— Todo lo que ha pasado es culpa mía. De no ser
por mí, Maximus no estaría encerrado y vosotros no tendríais ningún

561
problema con los nobles. Lo mínimo que puedo hacer, es acompañaros a
ese reino. Prometo no ser ningún estorbo, de verdad.

—El único responsable de que mi abuelo esté en los calabozos, es él


mismo. Es un monstruo Katherine, y ya debería haber sido condenado por
sus delitos hace mucho tiempo. Así que no vuelvas a decir que esto es culpa
tuya.

—Pero, Hud... —Intenté reprochar, pero me interrumpió.

—Dalton y tú os quedaréis aquí, a salvo. No es discutible.

—¿Y cómo haréis que los nobles entren en razón? Estamos hablando del
rey.

—Ha violado la ley más sagrada, así que su cargo y poder no le servirán de
nada en este caso.

—¿Qué ley? —suspiré desganada, pues era evidente que mis plegarias no le
estaban haciendo cambiar de opinión.

—La de las almas gemelas. Y cuando las nueve familias se enteren de que
asesinó a la suya propia; a la reina Andrómeda, ellas mismas pedirán que
ruede su cabeza. Aunque mi abuelo sea el monarca más temido y
respetado, mi abuela se ganó el cariño del reino entero. Nobles incluidos.
Además, aunque los vampiros tenemos prohibido asesinar a los individuos
de nuestra misma especie, siempre y cuando estos tengan un rango igual o
superior al nuestro, cuando alguien intenta hacer daño a nuestra pareja de
vida, adquirimos el derecho de vengarnos, sin importar quién sea. Es ley.

16

562
—¿Los nobles no saben cómo murió tu abuela? —pregunté extrañada.

—Según la "versión oficial" un rebellium la asesinó mientras dormía. —


Sonrió con tristeza— Solo nosotros sabemos lo que pasó en realidad. Y ya
es hora de contar la verdad.

—En ese caso, puedo relatar durante la asamblea la historia de cómo el rey
Maximus intentó asesinarme. Así vuestra defensa tendrá más...,
¿consistencia?

—He dicho que no.

—¡Por favor! —Me puse de rodillas y abracé sus piernas con todas mis
fuerzas, para que no pudiera moverse ni un milímetro— ¡No quiero
quedarme aquí mientras tú corres peligro!

10

—Pero es exactamente lo que vas a hacer.

—¡Esto es muy injusto! —Me levanté de mala gana y me crucé de brazos,


dándole la espalda.

Tras dejar salir un largo suspiro, se me acercó por detrás y colocó sus
manos a ambos lados de mi cintura, ejerciendo una pequeña presión. Bajó
la cabeza hasta rozar con sus labios mi hombro izquierdo, donde dejó un
beso húmedo y otros más superficiales y pequeños, y pegó su tonificado
abdomen contra mi espalda, haciendo que todo ápice de enfado
desapareciese en el momento.

563
CAPÍTULO 52

—Eres un maldito idiota... —balbuceé entre lágrimas—, ¡cre-creí que te


había pasado algo!

29

—No llores más, por favor.

—¡¿Cómo me pides eso?! —me separé bruscamente y le miré con un


creciente enfado— ¡¿cómo eres capaz de pedirme eso, sabiendo que
mañana te irás otra vez?! ¡Y a saber por cuánto tiempo!

—Katherine..., escúchame un momento.

—¡No quiero escuchar nada! —me crucé de brazos y volví a ocultarme entre
las sábanas, al igual que unos minutos antes; con la cabeza bajo la
almohada.

—Princesa, por favor... —Me quedé totalmente inmóvil y en silencio,


esperando así su explicación pero sin dejar mi orgullo a un lado. Él suspiró
pesadamente— Creíamos que los nobles condenarían la muerte de mi
abuela y exigirían, como mínimo, el encierro permanente de Maximus. Sin
embargo, le han justificado de todas las maneras posibles y nos han
reclamado su inmediata liberación. —Me levanté lentamente y le miré
incrédula.

15

—¿Qué...?

—Incluso intentaron justificar que haya intentado matarte. —Aseguró—


Llevamos días con las negociaciones y parece que hemos llegado a un
punto clave. Puede que acepten destituir a mi abuelo, pero solamente
cumpliendo sus estúpidas peticiones. Por eso tenemos que volver. Para
negociar.

564
3

—No vayas. —Me acerqué nuevamente, gateando hasta posicionarme


sobre su regazo. Coloqué mis manos a ambos lados de sus mejillas. Mis
ojos volvieron a cristalizarse— Quédate aquí, conmigo.

27

—Sabes que no puedo. —Las lágrimas descendieron nuevamente por mis


mejillas sin control alguno. Él trató de decir algo, y yo solo me limité a
esconderme en el hueco de su cuello.

—Por favor... —sollocé—, quédate..., quédate conmigo.

—Katherine..., sabes que no puedo. —Reí sin gracia y me separé unos


centímetros para poder mirarle a la cara.

—¿Cuánto tiempo? ¿cuánto tiempo te quedarás allí?

—No lo sé, —se encogió de hombros— probablemente un par de días.

—Ya, eso dijiste la última vez. —Quise ir al baño para lavarme la cara con
agua fría, así que, con una mueca de decepción, me levanté de su regazo.

En cuanto se percató de que intentaba alejarme, me sujetó fuertemente


por la cintura y tiró de mí hasta hacerme caer sobre su pecho. Mi labio
inferior volvió a temblar de impotencia. Estaba a punto de romper en llanto
una vez más.

—Ey, ey, ey —me susurró al oído con un tono de reproche—. Llevo dos
malditas semanas sin verte, no voy a dejar que te separes de mí ni un
milímetro.

41

565
Enredó sus brazos un poco más abajo de mi cadera y me apretó contra él.
Sin necesidad de hacer el más mínimo esfuerzo, me cogió en brazos y me
obligó a enrollar las piernas alrededor de su torso, haciendo que nuestros
cuerpos quedaran totalmente pegados.

Caminó hasta llegar a la cama y me posó delicadamente sobre el colchón.


Inmediatamente dejó un beso en mi frente y se fue al vestidor para, según
supuse, ponerse el pijama. Salió de este con una camiseta y un pantalón de
manga larga.

Cabe recalcar que aquella camiseta era blanca, ajustada y un poco


translúcida. Por tanto, sus abdominales se marcaban a través de la tela, al
igual que los músculos trabajados de sus brazos.

Por no hablar de que ese pantalón, a pesar de ser holgado, le hacía un


trasero espectacular.

Permanecer enfadada con semejantes vistas es bastante difícil.

18

CAPÍTULO 53

Me quedé observando una vez más aquel trozo de vidrio incrustado en mi


pierna, con una calma para nada propia de mí. La sangre salía a
borbotones, tiñendo de rojo el reluciente suelo de las cocinas. Sin duda el
corte era más grande de lo que aparentaba al principio.
Finalmente, cuando pude procesar en su totalidad lo que había pasado,
aparté la mirada de la herida y tragué en seco.

28

566
—¿Estás bien? —me preguntó Rosie con un gesto de preocupación. Asentí
con la cabeza y fingí una media sonrisa, tratando de restarle importancia al
asunto.

Sin decir ni una palabra, me di media vuelta y salí cojeando de allí. Caminé
a duras penas unos cuantos metros, hasta llegar al borde de las escaleras.
Una vez conseguido esto, miré hacia arriba y me mentalicé de que debía
subir siete pisos con esa cosa clavada en la pierna.

Cogí aire, me agarré fuerte a la barandilla, y subí un escalón.

Al principio fue más fácil de lo que creía; el dolor era bastante soportable y
no tardé ni cinco minutos en llegar al tercer piso. Pero puede que se
debiese a la adrenalina que en esos momentos me corría por la sangre. Una
adrenalina que no tardó demasiado en desaparecer, pues a partir del sexto
piso empecé a sentir un dolor tan agonizante, que tuve que subir lo
restante casi a rastras.

Llegué al último piso de puro milagro, pero eso no me impidió sentirme


muy orgullosa de mí misma. Me levanté como pude; intentando no apoyar
peso en la pierna afectada, y me impulsé hacia adelante para seguir
avanzando. Entonces vi a Lisa y a Dalton salir de la biblioteca; al parecer
seguían discutiendo acerca de lo ocurrido con Khalid. Suspiré un poco más
calmada, y levanté la mano para llamar su atención.

—¡Pero Katherine! —gritó Lisa, llevándose las manos a la cabeza. Ambos se


quedaron parados en medio del pasillo, con los ojos y la boca abiertos de
par en par. Intenté dar un paso hacia ellos, pero a mi única pierna sana le
pareció una buena idea fallar en el último momento, por lo que caí de
bruces al suelo.

567
Dalton se acercó corriendo a socorrerme, y la pelirroja, que tardó un poco
más en reaccionar, lo acabó imitando también.

—¡¿Pero qué mierdas te ha pasado?!

Busqué la mirada de Dalton para regalarle una sonrisa tranquilizadora,


pero él no me miraba a mí, miraba el gran agujero que había dejado el
cristal. Probablemente lo acabé perdiendo en algún punto de la escalera,
(eso explicaba el repentino dolor y el reguero rojizo que había ido dejando
por todo el castillo) pues aunque era una herida de grandes dimensiones,
no parecía haberse incrustado demasiado en mi piel.

—Estaba en la cocina y..., —empecé a relatar, bajo la estupefacta mirada de


la pelirroja— y a tu madre se le cayó un vaso, y los cristales saltaron por
todas partes. Y no lo sé, me corté.

—¿Cómo dices? —balbuceó atónita.

—Pero no pasa nada, —aseguré— ha sido un accidente sin importancia.

—Ni ha sido un accidente, ni ha sido sin importancia. —Fruncí el ceño sin


entender— Ya conoces a mi madre, ¡seguro que lo ha hecho a propósito!

—No lo sé Lisa, no lo creo. —me masajeé las sienes con una mueca
adolorida— Solo sé que me estoy mareando.

—Yo también. —Dalton no había despegado la vista de mi tobillo en todo


este tiempo. Estaba tan sumamente pálido, que por un momento creí que
él acabaría desmayándose antes que yo.

14

568
—Tenemos que llamar a Hudson —murmuró entre dientes la pelirroja.
Negué con la cabeza por dos razones;
La primera: Hud estaba a cientos de kilómetros de distancia, muy lejos de
mí. La segunda: obviamente él ya tenía suficientes preocupaciones, como
para ir a molestarle por una simple herida.

CAPÍTULO 54

—¡Maldito viejo degenerado, cabrón asqueroso! —maldijo Lisa, mientras se


paseaba por la biblioteca de un lado a otro, haciendo muecas y gestos
exagerados—. ¡Solo intenta confundirte, ponerte en contra de Hudson!
¡Pero si de verdad piensa que va a conseguirlo, está muy equivocado!

27

Poco a poco, la voz de la pelirroja se fue atenuando, hasta convertirse en


un conjunto de farfulleos inentendibles.
Me quedé observando entonces un punto fijo entre dos de estanterías
situadas en el fondo de la sala, las cuales portaban cientos libros de
aspecto antiguo y desgastado. Estaba tan inmersa en mis pensamientos,
que ni si quiera me percaté de la presencia de una nueva persona en la
habitación; las palabras de Maximus se repetían una y otra vez en mi
cabeza, bombardeando con dudas infundadas mi pobre corazón. Parecía
como si mi mente tratase de descifrar lo que pasaba por la suya, si decía o
no la verdad, en base a su lenguaje corporal;

¿Y si Maximus no mentía?

¿Y si era Hudson el único que me estaba engañando?

569
17

Quise desechar esa idea en cuanto se me pasó con la cabeza, pero aquel
dolor en mi espalda se hacía cada vez más intenso y no me dejaba pensar
con claridad. Me removí incómoda en mi asiento, tratando de encontrar la
postura adecuada para aliviar esa horrible sensación lo antes posible, pero
nada surgía efecto. Nada conseguía frenar ese suplicio, ni esas insaciables
ganas de destrozarlo todo, y a todos.

31

—¿Sa-sabéis si hay alguien disponible, dispuesto a acompañarnos? —Alcé


la cabeza en cuanto logré procesar a quién pertenecía aquella dulce voz.
Rosie estaba parada bajo el marco de la puerta, con la cabeza gacha, los
hombros tensos y una evidente cara de incomodidad.

—¿Qué has dicho? —pregunté, tras salir por completo de aquel estado de
trance. Ella asintió instantáneamente con las mejillas sonrojadas, los ojos
aguados y la voz temblorosa. Algo que evidentemente se debía a la mirada
afiliada que Lisa le dedicaba a la pobre chica.

—A-acaban de avisarnos de que pa-pasado mañanas se va a celebrar una


cena en el reino Vissouneau, ganizada por-por la familia McClaine. Debe
tratarse de un gran ban-banquete, pues han solicitado la asistencia de
mínimo quince miembros del servicio. Pero solo hemos conseguido
encontrar a ca-catorce que estén dispuestos. Hay poca gente que se atreva
a estar rodeada por tantos vampiros. Sobre todo cuando se-se trata de las
nueve familias no-nobles.

30

Bajé la mirada hacia el suelo lentamente, tratando de disimular el gesto


desilusionado y decepcionado que ahora me marcaba el rostro. Reí
sarcásticamente hacía mis adentros y me mordí la lengua hasta empezar a
sentir un sabor metálico en el paladar. No podía creer que mientras yo

570
estaba ahí sola, llorando de frustración por no poder hacer nada para
ayudar a Hudson, ¡y sintiéndome una maldita inútil por ello! él estuviera
celebrando un jodido banquete, en el reino de la que al parecer era o es su
prometida.

16

La misma mujer hizo que todos, incluida Mace, se pusieran en mi contra. La


misma mujer que me golpeó contra una pared, y después a Lisa por
intentar defenderme. La misma mujer que sacó a Maximus de su sarcófago,
a sabiendas de todo el daño que este le había hecho Hud, solo para
separarme de él.

¡Fue ella, fue ella, fue ella, ¡fue ella!

¡Porque todo lo malo empezó a ocurrir cuando ella apareció en nuestras


vidas! ¡Cuando ella me atacó, me insultó, me humilló y me mató! ¡Porque si
alguien aparte de Maximus tiene culpa de lo que me pasó, es ella! ¡Ella es la
responsable de todo! Es ella, es ella, es ella, ¡es ella!

22

Pero a pesar de ser evidente, ellos siguen defendiéndola. Invitándola a


nuestro reino, celebrando "reuniones" en el suyo, y tratándola como si fuera
una más de la familia, ¡mientras yo me pudro de dolor y de tristeza, mientras
yo me quedo aquí obedientemente; como si fuera una chica estúpida,
mientras siempre soy yo la que tiene que pagar el precio por las acciones de
los demás!

CAPÍTULO 55

—¡Esto tiene que ser una broma de mal gusto! —El hombre de
extravagantes ropas moradas golpeó la mesa con la palma de la mano,

571
expresando así su evidente desacuerdo. Observó a Hudson de forma
retadora; casi despectiva, y sin despegarle ni un momento la mirada, se
levantó bruscamente hasta quedar cara a cara con el príncipe. —¡No puede
tirar su futuro como rey a la basura, por culpa de una furcia y estúpida
humana!

37

Oh, oh. Parece que alguien quiere viajar al infierno antes de tiempo.

17

Después de aquellas palabras tan desafortunadas, percibí en Hudson un


cambio brusco de actitud: Sus hombros, relajados hasta el momento, se
habían tensado tanto que ahora le hacían ver más alto y corpulento de lo
que ya es usualmente. Apretó la mandíbula, e instantes después hizo lo
mismo con los puños. Incluso me pareció ver formarse alguna que otra
vena negra bajo sus ojos.

Hudson no se quedó atrás; avanzó igualmente unos cuentos centímetros,


haciendo todavía más llamativa la diferencia de altura entre ambos.
Y mira que aquel sujeto no era precisamente de baja estatura. Yo mido uno
setenta y tres, y debía de superarme por unos diez o quince centímetros.
¡Pero es que Hudson le sacaba casi una cabeza y media!

17

No sé qué clase de súper alimento les daban Mara y Magnus a sus hijos,
porque la más baja de los seis mayores es Khalid, y la tía roza el metro
ochenta.

65

—¿Cómo te atreves a menospreciar así a tu princesa? —sonrió


sarcásticamente e inclinó la cabeza hacia un lado—. ¿Quién te ha dado
permiso, para poder siquiera mencionar a mi alma gemela?

572
28

Si algún día el príncipe Hudson me llega a mirar a mí como le estaba


mirando a él, juro por Dios que me hago pis encima.

30

El hombre de vestimenta morada percibiendo el tono furioso y amenazante


de su príncipe, bajó la cabeza sumisamente y tragó saliva.
Hudson dio otro paso al frente y, en un movimiento tan rápido que me
desconcertó hasta el punto de marearme, le agarró por el cuello y le
estampó contra la enorme mesa dorada, en la que debía de haber sentados
más de cien vampiros de alto rango. Muchas de estas personas clamaron
escandalizadas ante el fuerte ruido que provocó el impacto. El contrario,
tratando en vano de liberarse, gimió de dolor y se llevó las manos
desesperadamente a dicha zona.

10

—Ya sabes lo que ocurre cuando me faltas al respeto. —Hudson intensificó


la fuerza de su agarre todavía más, y entonces creí escuchar un crujido
terrorífico y antinatural, procedente del cuello de ese hombre.

No voy a mentirme diciendo que no me horrorizó aquella imagen. Ver a


alguien sacudirse desesperadamente para salvar su vida, con los ojos
inyectados en sangre, no es algo agradable.

Por un momento creí que Hudson iba a matarlo, ahí mismo; delante de
todos.

Pero por suerte, le soltó justo a tiempo y solo se limitó a pegarle un fuerte
puñetazo. Y menudo puñetazo. El tipo cayó al suelo casi inconsciente,
escupiendo sangre en el proceso. Entonces aparecieron dos guardias que
se lo llevaron prácticamente a rastras.

573
Si lo ves desde fuera, da la impresión de que los vampiros comparten una
especie de conexión telepática.

—¿Alguien más que quiera hacer alguna aportación? —preguntó Hudson


con tono de amenaza. Sus hermanos se mantuvieron firmes, con una
expresión neutra. Pero alerta por si alguno de esos malnacidos intentaba
sobrepasar los límites, una vez más.

—No, mi príncipe —respondió otro de los presentes, esta vez uno vestido
de verde—. Es solo que estamos desconcertados. Podemos aceptar el
encarcelamiento de Maximus. Al fin y al cabo, nuestra ley sostiene que un
vampiro solo puede atacar a otro de su mismo rango o uno superior, si la
integridad de su alma gemela se encuentra en peligro. Sin embargo,
necesitamos un nuevo sucesor, y queremos que sea usted.

—Yo no quiero ser el sucesor de mi abuelo —aclaró—. Y aunque así fuera,


tendríais que aceptar a mi mujer como vuestra nueva reina.

46

—¡Una simple mundana no puede gobernar a los vampiros! ¡Y mucho


menos tratándose del reino McClaine! ¡Es absurdo! —gritó otro más,
uniéndose a la discusión. El ambiente en la sala se hacía cada vez más
pesado y tenso. Las miradas de desagrado de los miembros de la asamblea
se hacían cada vez más evidentes, y los ojos de Hudson resplandecían en
cólera. El lugar echaba chispas, mirases a donde mirases.

—Si una "simple" humana no puede ser vuestra reina, yo nunca querré ser
vuestro rey.

30

Sonreí inconscientemente al escuchar aquella frase.

Qué bonito se debe de sentir tener a alguien que te ame tanto como Hudson
ama a Katherine.

574
37

Pensar en eso, por alguna razón, me hacía sentir un fuerte dolor en el


pecho.

¿Por qué yo no podía tener a alguien así?

13

Siempre me ha dado algo de envidia la relación que tiene Kath con el


príncipe Hudson. O la de Mace con Eliel, la de Dalton y Khalid; aunque esta
siga en proceso, la de Nadir y su alma gemela, o la de los reyes Mara y
Magnus, por ejemplo.

11

Yo también quería encontrar a alguien dispuesto a arriesgar su vida por mí.


Una persona fiel, leal, cariñosa, graciosa, amable, divertida, espontánea,
feliz...

26

Yo también quiero encontrar a mi otra mitad.

29

Pero supongo que no todos contamos con la suerte de tener un alma gemela.

—¿Y usted, príncipe Dominik? —murmuró alguien de entre la multitud. El


recién nombrado alzó la cabeza confundido. —Usted también podría ser
candidato para el cargo de monarca...

21

—Ni en broma —susurró este, sin dejarle apenas terminar. Se me escapó


una pequeña carcajada ante eso, y mi madre, que lo había escuchado, me
miró de mala manera y me pegó un pisotón.

16

—¿Y entonces que pretenden? —el hombre de azul les recriminó enfadado,
con el ceño fruncido y poca paciencia— Han encerrado a nuestro monarca,

575
pero ninguno quiere ser su sucesor, —carcajeó sarcásticamente— quizás
deberíamos traer a Maximus de vuelta.

—Sabes que eso no sucederá. Además, ¿cuál es el problema? Desde que


murieron nuestros padres hemos estado gobernando juntos, y hasta ahora
nadie ha tenido quejas sobre eso —dijo Khalid, mas aquel hombre ignoró
por completo su intervención.

—Si ninguno se presenta voluntario, nosotros seremos los que escojamos


de entre ustedes al nuevo rey. Y si el escogido se niega a aceptar el cargo,
liberaremos a Maximus.

Hudson resopló sonoramente y le fulminó con la mirada.

—Tienen tres meses para decidirse. —Sentenció— Ni un minuto más.

—¡Por la Diosa Luna, basta ya de políticas! —gritó otro hombre, para variar,
del grupo morado. Esos son los que peor me caen, parece que llevan una
violeta metida en el culo—. ¡Esta noche era para celebrar un banquete!

13

—Tienes razón, Caius. —Me oculté tras una de mis compañeras, al ver una
figura femenina, y pelirroja, levantarse de su asiento. Ni siquiera me había
percatado de la presencia de esa malnacida— Es hora de comer.

—¡Que empiecen a servir el banquete! —ordenó un chico joven, sentado a


su lado. No le conocía de nada, pero su inconfundible cabello pelirrojo me
dio una ligera idea de quién podía ser.

El hermano mayor de Cristal, y futuro heredero al trono: Elric Vissouneau.

576
CAPÍTULO 56

19

—¿A qué estamos esperando? ¡que traigan la comida! —ordenó Cristal,


dirigiéndose a su escuadrón de guardias. Usando, como siempre, ese tono
tan grotesco, arrogante y maleducado.

Ya hasta parece su sello de distinción.

—¡¿Estáis esperando acaso una invitación?! —nos gritó de la misma forma


uno de dichos soldados. Realmente eran todos tal para cual; tanto la
princesa, como los súbditos.

Mi madre se dio media vuelta y empezó a repartir las decenas y decenas de


bandejas con comida, que habíamos estado preparando a lo largo de la
tarde. Había de todo; desde canapés, hasta pastelitos de cereza. Todo
minuciosamente preparado para tener el máximo valor nutricional para
ellos. Aunque, tratándose de vampiros, no hay nada como una buena copa
de sangre. O como una buena donante.

Mi madre me tendió cuatro bandejas; una de gelatina (cuyo vibrante color


me dio una ligera pista de cuál podría ser su saborizante principal), otra de
canapés rellenos de carne y una última de fresas con chocolate. A los
vampiros les encantan las fresas, aunque no les sirve de nada comérselas.

577
Entonces entré en pánico y, disimuladamente, traté de entregarle mis
bandejas a una de mis compañeras, pero solo bastó una mala mirada por
parte de mi madre, para hacerme retroceder y quedarme quieta en el sitio.
Se suponía que yo iba a quedarme esperando en las cocinas, por si a
alguno de los invitados pedía elaborar a mayores un plato en específico.
Para mi desgracia, aunque se lo pedí varias veces antes de entrar en el
comedor, le otorgó a Rosie esa tarea; MI tarea, y a mí me dejó haciendo lo
único que no quería hacer: Servir a los nobles.

¿Cómo se suponía que iba a poder distribuir la comida sin que Khalid,
Dominik, Erik, Jackson, Mace, Eliel, Hudson o la rata pelirroja, me vieran?

Exacto: No podía. ¿Pero cuándo se ha visto que yo tire la toalla? Exacto:


Nunca. (Excepto cuando intento cocinar algo que vaya más allá de freír un
huevo frito, pero eso no tiene nada que ver con la misión que Dalton y
Katherine me habían encomendado):

"Comprueba si los McClaine están bien, e intenta averiguar cuánto tardarán


en volver".

La primera parte ya estaba hecha. Solo debía ejecutar la fase de espionaje y


luego salir de allí cagando leches. Y todo esto sin que ningún vampiro
conocido me descubriera. ¡Pan comido!

Lo primero que se me ocurrió en el momento fue intentar servir en la zona


céntrica de la mesa. Lo más alejadamente posible de las dos familias
reales, que por obvias razones de etiqueta, que mi mente de
pobre classis inferioribus no es capaz de comprender, estaban sentadas en
los dos extremos, encabezando la misma y liderando la reunión. Aunque
parecía ser el príncipe Hudson el único capaz de poner orden.
578
Sin embargo, como la suerte nunca parece estar de mi lado, mis
compañeras cocineras comenzaron a moverse una a una, empezando a
servir por la zona de los Vissounneau. Por tanto, como yo era la penúltima
en la fila, me tocaría servir a los McClaine y esto era justo lo que quería
evitar. Muchas gracias, mamá.

En un impulso, aprovechando que Lindsay en ese preciso momento no


estaba mirando, me colé tres lugares a la derecha y atendí a los comensales
de mi nueva zona lo más rápido posible. ¿Me llevé una miradita de asco por
parte de mis compañeras? Sí. ¿Me importó? Para qué voy a mentir; ni lo
más mínimo.

Por un momento, mientras les servía los canapés a la familia vestida con
ropas anchas y enteramente de blanco, me sentí la persona más inteligente
del reino. Moví el trasero de un lado a otro disimuladamente, como si fuera
un pequeño bailecito de la victoria.

20

CAPÍTULO 57

Me quedé totalmente paralizada en el sitio, con los ojos llenos de lágrimas


y las manos temblorosas. Aquel maldito dolor de espalda se había
intensificado todavía más: se sentía como si alguien me estuviera clavando
un objeto filoso por toda la columna. Y para colmo, ahora se
complementaba con las ganas de golpearme la cabeza contra la esquina de
una mesa de cristal.

22

Soy idiota. Una maldita idiota.

579
Nada de lo que dije era cierto: ¡pues claro que me importa que Hud se vaya
de mi lado! ¡aunque sea solo por unos días! No pienso y nunca he pensado
así, fue como si algo me hubiera obligado a decir aquella mentira: la más
grande y estúpida de toda mi vida. Supongo que el dolor acabó pasándome
factura y descargué toda mi frustración con la persona que menos se lo
merecía, y que además resulta ser lo que más amo en este mundo. Pero por
muy asustada que esté, y por mucho que no tenga ni la menor idea lo que me
está pasando, no tengo ninguna justificación. Soy la única culpable de que
esto haya pasado. Siempre soy la culpable, ahora que lo pienso. Hud y yo
solo hemos discutido dos veces desde que estamos juntos, y ambas han sido
por mi culpa. Cuando todo va como la seda, siempre hago algo que me hace
daño a mí, a él o a ambos.

14

Pero el problema es que esta vez no sé como arreglarlo.

Cuando por fin pude reaccionar, salí de la habitación y bajé corriendo las
escaleras. Las lágrimas descendían por mis mejillas si aparente posibilidad
de detenerse. Mi respiración se había vuelto brusca e irregular. No quería
que nadie me viera en ese estado, y muchísimo menos Hud. No quiero que
piense que me estoy haciendo la víctima, después de todo lo que le he dicho
hoy.

Una vez en el primer piso, aporreé insistentemente la puerta de los


aposentos de Lisa. Ella abrió lentamente y con confusión. Aparentemente
acababa de llegar, pues aún llevaba puesto el uniforme oficial, usado
cuando los trabajadores del castillo deben asistir a una ceremonia en otro
reino: un traje negro y dorado, con el escudo de la familia McClaine
grabado en el pecho.

580
Lisa puso una mueca de sorpresa y terror al verme en esas condiciones.
Solté un sollozo ahogado y me tiró a sus brazos. Lo único que pudo hacer
ella fue sujetarme lo necesario para no golpearme contra el suelo. Aunque,
a decir verdad, era lo único que entonces me apetecía.

—¿Kath? ¿Qué te ocurre? ¿ha pasado algo?—preguntó con preocupación.


Alcé la cabeza solo lo suficiente para poder mirarla a los ojos y traté
inútilmente de responder. Parecía que las palabras se me habían quedado
atascadas en la garganta—. ¡Katherine, háblame!

—Soy una idiota estúpida, Lisa. —sollocé— Soy una estúpida impulsiva, que
no piensa las cosas antes de decirlas.

10

—¿Pero qué ha ocurrido...? no entiendo nada. —cerró a duras penas la


puerta de la habitación y me arrastró hasta la cama, para luego obligarme a
sentarme a los pies de la misma.

—Le-le he..., —inspiré profundamente, casi con desesperación. Sentía que


me estaba quedando sin aire— le he dicho a Hudson que es un mentiroso,
le he acusado de irse a ese reino solo para verse con Cristal. Y le he dicho
que si se hubiera quedado allí con ella, me habría dado igual.

—¿Qué? pe-pero..., —balbuceó incrédula— ¿por qué le has dicho eso? ¡dime
por favor que no te creíste las tonterías que te soltó el otro día ese
vejestorio cabrón hijo de puta!

—¡No entiendo cómo puedo ser tan imbécil! ¡y tan...! —antes de poder
continuar insultándome a mí misma, sentí un fuerte pinchazo justo en el
centro de mi columna vertebral, que, como poco, me hizo ver todas y cada
una de las estrellas existentes en esta galaxia. Me doblé hacia delante y caí
de rodillas al suelo. Lisa trató de sujetarme, pero no pudo soportar mi peso

581
y todas mis articulaciones acabaron impactando contra la dura y fría
madera del cuarto.

CAPÍTULO 58

Liberé un grito ahogado y sollocé contra la almohada.

23

No puedo moverme. No quiero hacerlo.

La mera acción de girar la cabeza, estirar una pierna, o extender el brazo en


busca de más comodidad, se había convertido en un auténtico suplicio.
Cualquier gesto, por pequeño que fuese, me provocaba un dolor tan atroz,
que por un momento llegué a creer que acabaría por romperme en dos.
Que tarde o temprano, en una de todas esas veces en las que tuve que
levantarme repentinamente para no vomitar encima de la cama, el mareo
terminaría haciéndome caer al suelo. Y peor aún: no poder levantarme
luego. Si tuviera que explicarle a alguien esta sensación, la describiría como
el mismo infierno. Una quemazón inaguantable, muy similar a cuando,
años atrás, me clavaron en la muñeca un sello de hierro ardiendo.

21

Y todo para catalogar a una pobre niña, como una classis inferioribus.

Aunque de todas maneras, este dolor le ganaba en la escala de los dolores


sin duda alguna.

Volviendo al presente: por muy incómoda que estuviese allí tumbada; con
las piernas encogidas, tapada hasta la cabeza, y con las manos sobre el
abdomen, creía haber encontrado una postura en la que, al menos el dolor
de estomago, se hacía mínimamente más soportable.

582
5

De todas formas, tampoco es como si hubiera podido dormir en una


postura normal. Ya me había acostumbrado a pasar toda la noche
abrazada a Hud, y era incapaz de pegar ojo si él no estaba a mi lado. Y
aunque pueda sonar tonto, sabiendo que Maximus se encuentra escasos
pisos más abajo, muy probablemente organizando un plan para vengarse
de nosotros, una sensación de miedo se me instaló inevitablemente, junto
a la de tristeza y soledad, en el pecho.

14

(***)

A la mañana siguiente, me desperté desorientada y en una posición que


asustaría hasta al mismísimo Satanás: con las pies sobre la almohada, las
rodillas flexionadas hacia los lados, el cuello doblado hacia abajo, y los
brazos atrapados bajo el peso de mi propio cuerpo.

17

Sí, había sido una noche..., movidita.

Me quedé quieta durante un buen rato, analizando la intensidad del dolor


que estaba sufriendo en ese momento y si debía preocuparme por ello.
Para mi grata sorpresa, era muchísimo más suave que el que me había
hecho retorcerme escasas horas atrás. Así que, a pesar de haber dormido

583
como mucho un par de horas, me levanté con una sonrisa de satisfacción
en el rostro.

Que no tardó mucho en borrarse.

Desconozco la razón, y tampoco tengo mucho interés en descubrirla, pero


los pinchazos son casi imperceptibles en la media mañana, se van
haciendo cada vez más notables a lo largo del día, y finalmente se
transforman en algo inaguantable en cuanto comienza la madrugada.

El cuerpo es caprichoso, y supongo el mío ha decidido que no quiere dejarme


dormir más.

Caminé alegremente hacia el vestidor, pero ni tras haber dado dos pasos,
me golpeé el dedo meñique del pie contra una pared. Abrí los ojos
adormilada y me mordí el labio inferior para contener un grito de agonía.
Entonces me percaté de lo pequeña que era la habitación, luego me acordé
de que esos no eran los aposentos de Hudson, de que mi cuarto ni siquiera
tiene vestidor, y de que si estoy aquí, es porque soy una idiota que le dijo
cosas horribles a su chico.

18

Cosas que ahora ni siquiera soy capaz de recordar con claridad.

Todo rastro de alegría en mi expresión se desvaneció en menos de un


instante. Negué con la cabeza y rebusqué en aquel viejo armario de madera
algo decente que ponerme. Pero como toda mi ropa está en el cuarto de
Hudson, y no me paré a mirar las pocas prendas que me traje ayer por las
prisas, así que, al parecer, acabé cogiendo todos los vestidos del montón
de la ropa sucia. Gracias al cielo, tras mudarme de habitación me olvidé un
conjunto en este lugar: un vestido blanco y corto que no me he puesto en
mi vida, un corsé de cuero marrón y unas sandalias blancas con un poco de
tacón. Zapatos con los que no sé andar, por cierto.

584
CAPÍTULO 59

Bajé la mirada lentamente, y me mordí la cara interior de la mejilla hasta


empezar a sentir un sabor metálico por todo el paladar. ¿Dónde había
quedado eso de no traer a los nobles al castillo? ¿de la nada ya no
representan un peligro para Dalton y para mí?

24

Fuera como fuese, decidí hacer a un lado ese tema, y centrarme en aquel
dolor que notaba extenderse por todo mi cuerpo y que cada vez era más y
más fuerte.

12

—Ahm... —carraspeé, tratando de llamar la atención de la gente a mi


alrededor, pero estaban tan absortos en su conversación: insultos varios
dirigidos a la nobleza, que ni siquiera se percataron de que tenía la
intención de decir algo. Al final me limité a murmurar un
simple: "disculpad, ahora vuelvo", antes de salir a paso rápido del comedor;
dejando mi macedonia de frutas intacta y el zumo de naranja casi sin
empezar.

Llegué a mi habitación temblando, con la respiración acelerada y los ojos


llorosos. Sentía que aquel corsé de cuero me estaba dejando sin aire; y
sentía que, si no me liberaba de él pronto, mi espalda acabaría partiéndose
en dos. Y luego me eché a llorar en una esquina, porque cuando por fin
pude quitármelo, no había hecho ni la más mínima diferencia.

22

De repente, alguien llamó a la puerta, y lo único que pude hacer al respecto


fue quedarme totalmente quieta, ; pensé que si no daba señales de vida,
aquella persona se acabaría dando por vencida y me dejaría sufrir en
soledad. Nada más lejos de la realidad, pues a pesar de no haber recibido

585
permiso alguno, entró sin contemplaciones y con fuerza, haciendo que la
puerta chocara bruscamente contra una pequeña cómoda de madera
cercana a la cama, que casi acaba partida por la mitad. Saqué la cabeza de
entre mis piernas por el susto, y entonces vi a Lisa parada frente a mí,
viéndome con un gesto de preocupación y desconcierto. Un sollozo
ahogado que salió de lo más profundo de mi garganta, fue el detonante
para impulsarla a salir del trance y hacerla acercarse hasta mi posición. Se
arrodilló a mi lado, me miró paniqueada y se llevó las manos a la cabeza
con desesperación.

23

—¿Kath? —musitó con la voz entrecortada y los ojos muy abiertos—. ¿Qué
te pasa...? ¿Katherine?

—Me duele mucho. Lisa, me duele muchísimo.

—Esto ya no puede seguir así —dijo tajantemente—. Voy a avisar a Hudson.


—e hizo el ademán de levantarse.

17

—¡No! —grité. La tomé por la muñeca para impedir que saliese de la


habitación y la miré con súplica—. ¡Ni se te ocurra!

13

—¿Cómo que no, Katherine? —preguntó confusa—, ¿no ves cómo estás?

—Estoy bien, —me apresuré a contestar— se me está pasando, ya casi no


me duele.

—Sí, claro. Y a mí mi madre me quiere con todo su corazón. —bufó


sarcástica— Mira..., me importa una puta mierda que te hayas peleado con
Hudson. ¿Y sabes por qué? porque ahora tenemos un problema mucho más
grande y que requiere toda nuestra atención. Llevas días diciéndome que
no puedes con los dolores; llorando horas y horas sin parar. Sé que crees

586
que Hudson está muy enfadado contigo, y probablemente lo está, tiene
todo el derecho a estarlo. Es evidente que está dolido por lo que le dijiste, y
si ahora quiere su espacio, se lo debes dar. Pero por muy cabreado, o
dolido, o triste que esté, eres y siempre serás su prioridad. Él te ama con
todo su corazón, Katherine. Eres lo más importante que tiene en la vida y
está dispuesto a hacer cualquier cosa por ti. Yo estuve en esa maldita
asamblea y vi cómo te defendía de los que trataban de rebajarte por ser
"una simple mortal". Ha rechazado la corona por ti, ha puesto en peligro
las relaciones con las nueve familias por ti, ha dado la cara por ti, te ha
defendido, te ha dado tu lugar, te ha protegido de Maximus, de los nobles, y
de todos los que intentan o alguna vez han intentado hacerte daño. Y por
todo eso y más, estoy totalmente segura de que en cuanto se entere de lo
que te está pasando, va a venir corriendo a ayudarte. Porque te ama
Katherine, porque nunca he visto a una persona querer tanto a alguien
como él te quiere a ti.

36

CAPÍTULO 60

Me permití liberar un alarido de dolor, en cuanto mi cerebro estuvo


totalmente convencido de que Cristal ya estaba muy lejos de mí. Me llevé la
mano hacia el costado, y palpé la zona temiendo encontrar, lo que yo creía
que era una herida abierta, justo en mis costillas. Por suerte o por
desgracia, no encontré nada de eso; estaba ilesa, al menos
superficialmente. Aun así, sentía un dolor atroz en cuanto rozaba la zona.

38

O, mejor dicho, en cuanto se me ocurría mover cualquier parte de mi


cuerpo en general.

587
8

Me levanté a duras penas, jadeando, con las piernas adoloridas y las


rodillas amenazando con ceder en cualquier momento, cuando menos me
lo esperase.

Tardé en llegar al castillo más tiempo del que me habría gustado. Me


extrañó no encontrarme a ningún guardia en la entrada, pero como eso me
permitió llegar al ala de los dormitorios sin ser vista, no le di mucha
importancia. Cuando estuve parada frente a la puerta de mi habitación, ya
con la mano sobre el pomo de la puerta, me entró una triste necesidad de
compañía. Necesitaba un hombro en el que apoyarme para descargar toda
mi frustración. Y como no tenía el valor suficiente para subir a los
aposentos de Hudson, simplemente me adentré unos metros más en aquel
pasillo, y entré sin preámbulos en el cuarto de Lisa.

Abrí, involuntariamente, la puerta de un golpe brusco. Supuse que eso


asustaría a la pelirroja y yo recibirá una pequeña regañina por lo mismo,
pero en vez de eso, me topé con una imagen bastante..., inesperada.

13

Lisa estaba tumbada en la cama, respirando agitadamente y llevando


únicamente la ropa interior (por lo menos, el sujetador). A su lado, un
hombre en las mismas condiciones, y que no tardé ni medio segundo en
reconocer: Víktor.

55

Abrí los ojos como platos y me quedé pasmada durante unos instantes, que
para mí pasaron como horas enteras. Lisa se incorporó de un salto y me
observó de arriba a abajo, con una expresión horrorizada. Yo también tenía
la misma cara, pero no por la misma razón.

10

588
Aún sin procesar lo que acaba de ver, mascullé un "perdón", di un par de
pasos hacia atrás, salí de la habitación y cerré la puerta lentamente. Antes
de comenzar a caminar para volver a mi cuarto, y así olvidar lo que
acababa de ver (o al menos intentarlo), aquella puerta volvió a abrirse,
pero esta vez de forma explosiva.

Alguien me agarró del brazo con fuerza y tiró de mí, haciéndome quedar
cara a cara con dicha persona. Lisa, quien se tomó unos momentos para
mirarme con los ojos muy abiertos y gesto descompuesto, de repente
empezó a gritar. Al instante me incliné hacia ella y le tapé la boca con una
mano, mientras que con la otra hacía, de forma desesperada, un gesto de
silencio. Poco a poco logró calmarse, pero entonces fue Víktor el que salió
de la habitación y comenzó a preguntarme (gritando) qué era lo que me
había pasado. Verle de esa manera: sujetándose los pantalones a duras
penas mientras asentía a todo lo que Lisa decía, fue bastante cómico. Y que
eso ni siquiera provocase una media sonrisa en mí, fue muy, pero que muy
preocupante.

14

Les empujé a ambos hacia el interior del cuarto, por miedo a que sus voces
hubieran alertado a alguno de los guardias. A pesar de que no hubiera ni
rastro de ellos por ninguna parte.

—¡¿Pero qué mierda te ha pasado?! —me preguntó el moreno,


mantenimiento esa expresión de pánico que compartía con la pelirroja.

—¡Shhh! —le mandé callar, ignorando (por mi propio bienestar) el hecho de


que ambos se encontraban en paños menores— ¡Habla más bajo!

—Pero, Katherine, ¿tú te has visto al espejo? —murmuró Lisa, cautelosa. Su


voz se hacía más y más frágil con el pasar de los minutos.

589
3

Joder, ¿tan mal estoy?

Tragué grueso y negué con la cabeza; ni siquiera había caído en ello. No me


faltó tiempo para girarme y buscar como loca un espejo. Al no encontrarlo
dentro de la habitación en sí, corrí hacia el baño.

CAPÍTULO 61

Dalton:

Salí de las cocinas con una tranquilidad que me sorprendió incluso a mí


mismo: con la mirada baja, los ojos cristalizados, y el labio inferior
temblando. Cerré la puerta lentamente, notando como un par de lágrimas
empezaban a descender por mis mejillas, y entonces sí, me alejé de aquel
lugar con la mayor rapidez que mis piernas fueron capaces de otorgarme.
Esta forma tan enérgica de caminar fue desmoronándose a medida que las
voces de los centenares de nobles invitados se iban disipando por la
distancia. Empecé a sentir que me estaba quedando sin fuerzas, así que
subí los pocos escalones que me faltaban de forma lenta y desganada.
Estos, aunque es cierto que únicamente entre la planta principal y el
siguiente piso, estaban repletos de parejas besándose; de vampiros que
devoraban con pasión los labios de sus respectivos o respectivas
acompañantes. Al principio no supe diferenciar la sensación que ver
aquello me provocaba. ¿Tristeza? ¿celos? ¿envidia? Puede que una especie
de añoranza.

10

¿Quién diría que iba a extrañar algo que nunca quise tener?

590
4

Quién diría que iba a extrañar la atención y el cariño de una mujer que no
fuera Katherine Ford...

Estuve tanto tiempo enamorado de Katherine..., sin poder plantearme,


siquiera, la idea de declararme, que para cuando creí haber reunido las
agallas suficientes; para cuando logré asumir el inminente rechazo de mi
familia, ella ya se había ido. Se la habían llevado. Todo rastro de la chica de
la que llevaba años enamorado, se había desvanecido. Y lo peor de todo, es
que a nadie parecía importarle ni lo más mínimo.

Por eso me costó tanto aceptar que ella y yo no estábamos destinados a


estar juntos. Porque a pesar de haberme dado cuenta desde el principio, no
estaba dispuesto a dejar ir a la mujer con la que estuve toda mi infancia
soñando. No quería ni pensar en el hecho de que existía otro hombre al que
ella amaba tanto como yo la amaba a ella.

Hasta que un día, no hace mucho, me permití a mí mismo hacerme la


siguiente pregunta:

¿Ella me escogería a mí, si llegado el momento tuviera que elegir entre él o


yo?

La respuesta llegó casi de inmediato:

Pues claro que no.

Fue entonces cuando me permití ver más allá de Katherine y pasar página.
No fue fácil hacerme a la idea de que estaba empezando a tener
sentimientos románticos por una vampiresa, pues a pesar de mi buena
posición social y económica en el poblado, siempre le tuve un gran

591
desprecio a su especie. Ya de niño no soportaba ver las injusticias con las
que debía lidiar la chica que me gustaba, y ese sentimiento se duplicó
cuando arrestaron a Katherine y nos hicieron creer a todos que la habían
encerrado, juzgado y ejecutado.

Duele, porque ahora que al fin me veo capaz de dejar todo eso atrás y darme
una oportunidad con Khalid, temo que ella haya decidido dejar de
esperarme.

Tras llegar al séptimo piso, me dejé caer sobre una de las paredes de un
pasillo cualquiera, y me permití liberar el llanto que había estado
reprimiendo desde hacía ya varios minutos. Me refugié entre mis propios
brazos y seguí sollozando cual niño pequeño. Ni siquiera me planteé el ir a
mis aposentos; sabía que todo el mundo estaría demasiado ocupado
disfrutando de la fiesta, como para reparar en el ruido que yo pudiese estar
haciendo. Traté de calmarme con una nana que mi madre me cantaba
todas las noches antes de ir a la cama, pero aquello solo me sirvió para
revivir malos recuerdos.

𝐓𝐇𝐄 𝐖𝐈𝐓𝐂𝐇; Carlisle Cullen

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🎀 ๑ೃೀ...﹙ʚ: 𝒍𝒂 𝒃𝒓𝒖𝒋𝒂 :ɞ﹚ ❛ una bruja da todo por amor, da todo por su familia... Pero aveces
hasta su magia se cansa de ser utilizada. ❜ ────Melanie Higginbotha...

°EL BRUJO DE LOS VAMPIROS° || Jasper Hale.

⟨† En donde Clyde Volturi es enviado a vigilar a los Cullen. ||†•Jasper Hale×MaleOC•†|| En


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𝑶𝒏𝒍𝒚 𝒚𝒐𝒖 | 𝘊𝘳𝘦𝘱ú𝘴𝘤𝘶𝘭𝘰

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Red Eyes | Alec Vulturi

"𝑳'𝒂𝒎𝒐𝒓𝒆 𝒅𝒆𝒗𝒆 𝒆𝒔𝒔𝒆𝒓𝒆 𝒓𝒆𝒄𝒊𝒑𝒓𝒐𝒄𝒐, 𝒂𝒍𝒕𝒓𝒊𝒎𝒆𝒏𝒕𝒊 𝒏𝒐𝒏 𝒔𝒊 𝒅𝒐𝒗𝒓𝒆𝒃𝒃𝒆


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las reglas, también son sádicos y correctos. Sin ningún tipo de respe...

La Revelación (Almas Perdidas I) [En librerí...

15.2M1.7M
[COMPLETADA] Ella es un vampiro convertido. Él es un vampiro purasangre. Ella aún se aferra a
su humanidad, él es un asesino frío. Sus mundos son completamente diferente...

Era como si anoche mismo ella hubiera pasado por mi cuarto, me hubiera
arropado y me hubiese dado un beso en la frente. Cuando la verdad es que
dejó de hacerlo hace mucho, ocho años exactamente, porque
supuestamente yo ya era un "hombre", y los hombres ya no deben recibir
ese tipo de afecto.

Sí, todo un hombre de doce años.

—¿Qué te ocurre, corderito? —dijo una voz, que percibí a escasos metros de
mí.

11

Una voz femenina.

Alcé la cabeza instantáneamente y miré de un lado a otro, desconcertado.


Mi corazón empezó a acelerarse más de la cuenta cuando no pude
encontrar a aquella mujer en mi radio de visión. Me limpié las lágrimas con
la manga de la camisa, y me levanté de forma lenta y cuidadosa. Avancé un
595
par de pasos sin mucha convicción y me asomé hacia el siguiente pasillo,
pensando encontrar a aquella persona. Pero no había ni rastro de nada, ni
de nadie.

Mi cabeza me está empezando a jugar malas pasadas.

Retrocedí sin despegar la mirada de aquel punto, pero ni tras haber dado
dos escasos pasos, me choqué contra una superficie que no pude
identificar. Algo que estaba demasiado cerca como para ser la pared y que
desprendía una fragancia peculiarmente elegante.

Me quedé petrificado, con la respiración agitada y los ojos abiertos de par


en par.

Sentí una mano deslizarse por toda mi nuca, con una delicadeza engañosa:
como un ligero roce infringido con la punta de las uñas, las cuales debían
estar bastante largas. Aquel toque, a pesar de la suavidad con la que fue
infringido, me provocó un escalofrío que me recorrió toda la columna
vertebral. Ese fue estímulo suficiente para hacerme dar media vuelta, y
encarar a lo que quisiera que fuese esa cosa.

Para mi sorpresa, fue nada más y nada menos que una hermosa mujer lo
que vi frente a mis ojos. Era alta; podría sacarme perfectamente unos cinco
centímetros. Algo que me sorprendió bastante, pues yo, midiendo 1,83,
siempre fui considerado uno de los chicos más altos del poblado. De todas
formas, viendo las impresionantes estaturas de los príncipes, podría
decirse que ya estoy acostumbrado a sentirme pequeño frente a un
chupasangre. Pero no solo fue ese rasgo el que me permitió deducir la
naturaleza de aquella mujer; su piel fría y sin luminosidad también me dio
una ligera pista. Era una joven, que probablemente no tendría nada de
joven, de tez oscura y cabello muy rizado. Lo que más me llamó la atención
de su aspecto, fueron sus ojos extremadamente rojizos. No pude evitar
compararlos con las llamaradas del gran fuego que mi familia solía
encender en Nochebuena y el día de Navidad.
596
3

Me obligué a mí mismo a salir del trance, recordando el lugar en el que


estaba y la criatura que tenía justo delante. La mirada que me estaba
dirigiendo no me dio buena espina, en lo absoluto.

—No-no puede..., no puede estar aquí, señorita... —balbuceé—. El..., acceso


a este piso está restringido para todo el que no sea miembro de la familia
real de este castillo.

—¡Vaya, qué despistada soy! —se lamentó— En ese caso, ¿qué haces tú
aquí, corderito? —preguntó con una voz grave, pero aterciopelada y dulce
al mismo tiempo.

De repente, entreabrió ligeramente los labios, dejando al descubierto dos


enormes, afilados y terroríficos colmillos.

—Tra-trabajo aquí... —musité, con la voz entrecortada. Ella sonrió de medio


lado, y sin dejar de mirarme, levantó una mano en dirección a mi mejilla.

—Ay, corderito... —me acarició suavemente la comisura de los labios con el


pulgar— Sé que me estás mintiendo...

Instintivamente le aparté la mano de un manotazo, acción de la que me


arrepentí al instante. Su expresión sonriente cambió de inmediato a una
iracunda y molesta.

Ay, Jesús..., creo que voy a necesitar como mínimo un milagro para salir de
aquí con vida.

12

—¿Sabes, corderito? Cuando llegó la noticia de su celebración, no tenía


muchas ganas de venir a esta estúpida fiesta, pero todo cambió cuando me
di cuenta de que yo no estaba invitada. ¿Cómo han osado dejarme a mí sin

597
invitación, cuando he sido durante siglos la consejera más leal del rey?
Como comprenderás, eso me molestó mucho, y decidí venir de todas
formas. Algo dentro de mí me decía que podría ser interesante conocer a la
tan famosa alma gemela del príncipe Hudson McClaine.

¿Katherine?

Apreté los puños inconscientemente ante la reciente mención de mi amiga:


estaba tan nervioso que me empezaron a sudar las palmas de las manos.

—Así que... Katherine, ¿no? —murmuró con una sonrisa de oreja a oreja.
Fruncí en ceño y abrí ligeramente la boca, incrédulo.

¿Cómo ha...?

—Soy una lectora de mentes, corderito. Pero no tienes de qué preocuparte,


no voy a hacerla daño. —rio— No cuando he encontrado algo más..., —
volvió a subir su mano, esta vez para acariciarme el pecho e ir bajándola
poco a poco por mi abdomen— apetitoso.

—No me toques, por favor. —me separé hasta crear entre los dos una
distancia considerable— ¿Qué es lo que quieres?

—A ti, corderito. —lo dijo como si fuera una obviedad y yo fuera tonto por
no entenderlo a la primera— ¿De qué otra manera podría joderle la vida a
un McClaine, si no es arrebatándole a su alma gemela?

—¿De qué estás hablando...? —tragué grueso y miré hacia los lados, en
busca de una salida— ¿Vas a matarme?

—¡Por supuesto que no! —se llevó las manos al pecho, "ofendida"— ¿por
quién me tomas, corderito? Lo único que quiero es ofrecerte un trato...

—¿Un tra-trato?

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—Así es... Ven conmigo, corderito. Vente conmigo a mi mansión y tendrás
todo lo que siempre has deseado. —trató de acercarse nuevamente.

—¿Por..., por qué querrías eso?

—¿No es obvio? —negué con la cabeza. Ella resopló con impaciencia.—


¡Porque eres el alma gemela de Khalid McClaine! Y será todo un gusto
robarle lo más preciado que tiene en el mundo, a una de las culpables de la
caída de nuestro gran soberano, el rey Maximus McClaine.

—No... Por favor, déjame ir. Juro por Dios que no diré nada a nadie y esto
quedará en el olvido.

—¿Entonces no quieres venir conmigo? —hizo un puchero— ¿y si te digo


que..., te dejaré regresar al poblado, con la condición de que vengas a
visitarme de vez en cuando? Para..., ya sabes.

¿Regresar al poblado?

—Venga, Dalton... ambos sabemos que es lo que más has deseado desde
que esa perra te obligó a quedarte a su lado. ¿Y para qué? ¿para que luego
te ignore y se acerque a otros hombres de esta manera? —de repente sentí
una fuerte ráfaga de aire en mi cara, y para cuando pude volver a abrir mis
ojos, ella estaba a escasos centímetros de mis labios— ¿Para qué quedarte
con ella cuando yo puedo cumplir con todo lo que necesitas?

12

—Ella también tiene todo lo que necesito...

10

599
—Pero no quiere dártelo, ¿es que no te das cuenta? Jamás te dejará volver
a ver a tus padres, a tu hermana... La princesita Khalid nunca te dejará
volver a casa.

Por un momento me imaginé a mí mismo accediendo a la petición de


aquella vampiresa. Pensé en cómo sería volver a ver a mamá, papá y
Collete, y regresar a mi vida de antes. Una vida sin vampiros, al menos
durante el día; una vida con pocas preocupaciones y menos peligro que al
que estoy expuesto ahora. Una vida junto a Loren, con todo el dinero que
antes mis padres me brindaban, sumando toda la fortuna de la familia
Stone que adquiriría con el casamiento. Una buena vida; una vida
grandiosa, pero una vida sin amor, sin Lisa, sin Katherine y sin Khalid.

Una vida que llevo anhelando desde que llegué aquí.

Una vida que no quiero y que no es para mí.

Para cuando volví a abrir los ojos, la mujer perversa me estaba mirando con
un gesto de rabia contenida. Ya se había dado cuenta de que no quería
irme, y mucho menos con ella.

—Corderito...

—No me llames así —dije con una autoridad que no sé de dónde saqué y
que al instante me arrepentí de utilizar. —Po-por favor...

—Al menos déjame..., desestresarte... —murmuró justo antes de sujetar mi


cabeza con ambas manos y comenzar a repartir besos por mi cuello—, no
puedes negar que me deseas... O al menos mi cuerpo...

—Lo lamento, pero solo deseo a una persona. —me liberé de su agarre y la
empujé gentilmente— Es usted una mujer hermosa y seguro que más abajo

600
hay cientos de invitados que quieren tener sexo con usted, pero no es mi
caso.

—Creo que no has comprendido que lo que quiero conseguir contigo, no es


solo un buen polvo. —fruncí el ceño— Es venganza. Y si no vas a darme lo
que quiero por las buenas, tendré que cogerlo yo misma.

Antes de poder reaccionar, la mujer se abalanzó sobre mí y me hincó los


colmillos en la yugular. El escozor que aquello me produjo, y que ya de por
sí era atroz, se complementaba con una sensación de mareo y malestar,
que incrementaba a medida que ella succionaba más y más. Intenté
alejarla con todas mis fuerzas, pero por obvias razones no pude hacer nada
contra su agarre. Al menos logré soltar un grito agónico cuando ella menos
se lo esperaba, aunque no debió servir de mucho, pues la característica
rapidez de los vampiros le permitió taparme la boca apenas unos instantes
después. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando sentí su mano manosear
mi abdomen, pues justo después de eso, como me temía, colocó su mano
sobre mi pantalón y empezó a apretar mi miembro sobre la tela a su antojo.
Las primeras lágrimas se derramaron cuando me bajó la bragueta y
empezó a jugar con los bordes de mi ropa interior. Me revolví, grité y
pataleé, todo cuanto mi cuerpo pudo dar de sí, y lo único que conseguí con
eso fue hacerme sentir patético e inútil.

78

Katherine:

Una vez encontrado el lugar idóneo para esconder mi gran saco de


monedas recientemente adquirido, empecé a guardar todos los pijamas
que había dejado sobre la cama la noche anterior. Viendo que mi estancia

601
en mi antiguo cuarto se estaba alargando, tuve que sacar mucha ropa de la
habitación de Hudson mientras él no estaba y luego bajarla hasta aquí.

No era una actividad agradable, pero viendo que hablar con él no era una
opción, no podía hacer otra cosa.

No es que no quiera hacerlo, pues siempre que estamos en el mismo sitio


intento maquinar un plan para acercarme a él y contarle todo lo que me ha
estado pasando, pero siempre ocurre algo que me lo impide. Si no es la
presencia de Cristal, es el príncipe Elric tratando de sacarme
constantemente conversación. Y si no es el príncipe Elric, son mis estúpidos
pensamientos de inseguridad. ¿Y si piensa que me estoy haciendo la víctima
para llamar su atención o hacerle perdonarme a la fuerza?

La cuestión es que por muchas ganas que tuviera de hablar con él, nunca
era capaz de hacerlo. Y eso me hacía sentir sumamente estúpida.

Tras terminar de recoger, me retoqué el recogido frente al pequeño espejo


del baño, y salí de la habitación cuando me pareció que no había
demasiada gente en el pasillo.

Ya es tarde, no debe faltar mucho para que la fiesta termine, debería volver
al séptimo piso cuanto antes.

Mientras subía las escaleras tuve que hacer un gran esfuerzo por mantener
la vista al frente. Literalmente había parejas besuqueándose cada tres
escalones, y admito que en el fondo de mi corazón aquello me provocó un
poco de envidia y una sensación amarga en el estómago.

Al final pude llegar al segundo piso salteando a toda esas personas. Lo más
difícil de todo, fue tener que fingir no darme cuenta de las miradas furtivas
que me lanzaban algunos al pasar por su lado. No sé si por ser "humana",
por el aroma de Hudson impregnado en mí, o por mi propio olor, que por

602
desgracia parece embriagar a todos los de su especie. La parte positiva es
que a medida que iba subiendo pisos, la cantidad de gente iba
disminuyendo, pues los invitados tienen totalmente prohibido llegar más
allá de la planta número cinco.

—Por supuesto, en un momento señor... —levanté la cabeza por primera


vez en toda la travesía cuando escuché una voz que me resultó muy
familiar: no tardé en distinguir una cabellera pelirroja unos cuantos
escalones más arriba.

—Ey, ¿qué haces todavía aquí? —la intercepté cuando dejó de conversar
con un vampiro de vestimentas caras y elegantes, que tenía a una
muchacha del mismo carácter entre sus piernas.

—Joder Katherine, qué susto que me has dado. —me golpeó el hombro
bastante fuerte, a lo que yo solté un quejido.

—¿No ibas detrás de Dalton? —pregunté. Ella miró hacia el vampiro con el
que estaba hablando antes, y viendo que este había vuelto a centrar toda
su atención en la chica de su regazo, me cogió de la mano y me arrastró con
rapidez hasta el descansillo del cuarto piso.

—¡Sí, eso pretendía! —respondió finalmente—. ¡Pero no puedo dar ni medio


paso sin que un maldito vampiro me pida unas putas fresas! ¡No me dejan
en paz! —lloriqueó.

—Ojalá pudiera decirte que trates de ignorarlos... En fin, ¿vamos a


buscarlo?. Seguro que un poco de chocolate caliente le hace sentir mejor.

—No creo que Dalton tenga ánimos para cocinar. Además, seguro que ya
está mi madre otra vez allí, gritando e insultando a todo ser viviente. No
tengo muchas ganas de vela ahora mismo.

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—Bueno, pero cuando se marchen los invitados y la cocina quede libre,
puedo hacerle una mousse o..., ¿unas magdalenas? Por ahora hagámosle
compañía para distraerle.

—Será lo mejor —asintió mientras se quitaba el mandil—. Supongo ahora


que es el momento idóneo para tomarme mi descanso.

Cuando por fin dejamos atrás a todos los invitados y logramos llegar hasta
el séptimo piso, se me ocurrió que podía ser la oportunidad perfecta para
completar la siguiente fase de mi plan.

—Lisa. —la llamé. Ella detuvo el paso y se giró para mirarme, intrigada— Ve
yendo tú. Yo tengo que hacer una cosa antes.

—Está bien..., pero no tardes mucho. Sabes que no se me da muy bien lo de


consolar emocionalmente a las personas.

—¡No digas tonterías! y no te preocupes por eso, no tardaré más de diez


minutos.

Lisa:

Golpeé varias veces la puerta de los aposentos de Dalton, sin obtener


respuesta en ninguna de las ocasiones. Me abracé a mí misma, intentando
averiguar en dónde podría haberse metido ese idiota. Ese día,
precisamente, hacía un frío insoportable en el castillo, y lo único que se me
ocurrió fue que se habría metido en su cuarto a llorar frente a la chimenea
(algo que sin duda habría hecho yo). Pero al parecer, Dalton y yo tenemos
visiones distintas de qué hacer cuando uno se siente mal emocionalmente.

Estuve deambulando por los largos pasillos del séptimo piso durante unos
cinco minutos, sin encontrar más que muebles antiguos, cuadros viejos, y

604
un sepulcral e ininterrumpido silencio. La situación se mantuvo igual
durante otros cinco minutos, hasta que, de repente, escuché una
respiración agitada desde el pasillo contiguo a la biblioteca. Ralenticé el
paso, me pegué a la pared lo más silenciosamente posible y asomé la
cabeza lentamente; lo que vi tras aquella pared me dejó aterrada, helada y
asqueada a partes iguales:

Dalton estaba tirado en el suelo, inmóvil y con los ojos cerrados. Sentada
encima suyo, había una mujer que además de tener sus colmillos hincados
en el cuello de mi amigo, le manoseaba el pecho desnudo y sus partes
íntimas por encima de la ropa interior, como si él fuera un mero muñeco de
trapo con el que pudiera jugar a su antojo. La rabia y la impotencia se
apoderaron tanto de mi ser, que ni siquiera soy capaz de recordar el
momento exacto en el que retrocedí para armarme con el primer objeto
que visualicé en mi camino; un jarrón de cristal muy caro que, hasta el
momento, decoraba un pequeño buró. Solo sé que lo cogí con ambas
manos y se lo estrellé en la cabeza a aquella vampiresa con todas mis
fuerzas. Ella se quedó inmóvil durante unos cuantos segundos; estaba tan
inmersa en la tarea de desangrar a mi amigo, que ni siquiera escuchó mis
pasos, y por tanto, no vio venir el golpe. A pesar de eso, consiguió
recomponerse más rápido de lo que me hubiera gustado. Cuando se puso
en pie, mi corazón se aceleró y mis piernas flaquearon: creí que me haría lo
mismo que al pobre Dalton, pero en vez de eso, sin siquiera girarse a
mirarme, usó su velocidad vampírica para largarse del lugar.

Cuando me aseguré de que ella se había ido, prácticamente me dejé caer al


lado del castaño y empecé a sacudirlo, intentando hacerlo despertar. Al ver
que eso no funcionaba, me aseguré de quitar bien todos pequeños cristales
que habían caído sobre su rostro, y seguidamente le pegué una bofetada.
Primero con delicadeza, pero la desesperación de no conseguir hacerle

605
reaccionar me llevó a golpearle varias veces y cada vez con más
brusquedad.

—¡Dalton, despierta! —le grité—. ¡Dalton Walker, más te vale despertar


ahora mismo, porque si no...! —mi voz se quebró— si no voy a pegarte una
paliza de muerte. ¿Lo has entendido?

Palpeé su cuello en busca de algún signo vital, pero nunca se me habían


dado bien esas cosas. ¡Si ni siquiera soy capaz de encontrar mi propio
pulso, ¿cómo mierdas iba a encontrar el de él?!

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—¡No te muevas de ahí! —le ordené, a pesar de que, por obvias razones, no
iba a poder hacerlo —. Voy a buscar ayuda.

10

Corrí todo lo rápido que pude hasta llegar a las escaleras, y sin darle la más
mínima importancia a una posible caída, bajé los escalones de tres en tres
al grito de "socorro", tratando de llamar la atención de alguno de los
guardias. Gracias a todo el ruido que estaba generando, no tardé en
conseguir mi objetivo: Cuando le conté al guardia lo que había pasado,
pude ver en sus ojos un destello de pánico y alarma. Y no porque uno de los
invitados hubiera violado las reglas, o porque un humano hubiera sido
atacado a plena luz del día.

El temor de su expresión se debía a que ese humano era nada y más y nada
menos, que el alma gemela de la princesa Khalid. Y por tanto, un integrante
más de la familia McClaine.

O al menos esa fue mi manera de interpretarlo.

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—Iré a buscar refuerzos y a alertar a los príncipes. —me explicó el guardia.
Asentí conforme y volví a subir corriendo las escaleras para volver junto a
mi amigo.

Al principio no entendí cómo hicieron para sacar a los príncipes del salón
real sin armar un alboroto. Luego, cuando les vi salir a los siete con una
expresión tranquila, e incluso con algunas sonrisas, me di cuenta de que
nadie se había arriesgado a decirles el verdadero motivo por el que habían
sido llamados a toda prisa. Y por la cara que me pusieron aquellos
soldados, deduje que querían que fuera yo la que diese la noticia. O por lo
menos, que lo vieran por ellos mismos.

Y madre mía cuando lo hicieron.

El primero en llegar fue Hudson; no se quedó pensando, reaccionó


rápidamente y de forma directa. Lo más acertado, a mi parecer. Aun así,
noté que mientras se acercaba a nosotros, e incluso cuando empezó a
sacudir a Dalton como había hecho yo hacía escasos minutos, no dejaba de
mirar de un lado a otro. Estaba ido; parecía estar centrado en otra cosa que
no tenía nada que ver con el chico.

En cambio, Khalid se quedó totalmente petrificada al ver a Dalton tirado en


el suelo. Creo que le tomó un tiempo procesar lo que había sucedido; pues
cuando lo hizo, dejó caer la copa de vino que aún sostenía en su mano,
haciéndola romperse en miles de pedazos.

Para cuando volví a pestañear, ella ya estaba a nuestro lado. Sostuvo el


rostro de Dalton entre sus manos, con delicadeza. Las lágrimas no tardaron
en acumularse en sus ojos, manchando con un hilo rojizo su bello y pálido
rostro al momento de ser derramadas.

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—¡¿Qué le ha pasado?! —gritó. Su voz se quebró en un sonoro sollozo y sus


manos comenzaron a temblar.

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—No-no lo sé —balbuceé—. Había una mujer sobre él, bebiendo de su
cuello. Hice lo que pude, pero...

—¿Viste su rostro? —preguntó Dominik, que era el que mejor conservaba la


calma.

—No... Se-se fue antes de poder hacerlo.

—¿Y estos cristales? —cuestionó Erik.

—Golpeé a esa maldita en la cabeza con un jarrón —expliqué con los


nervios a flor de piel y los ojos llorosos.

A todo esto, la princesa Khalid seguía llorando desconsolada sobre el


pecho de Dalton. Murmuraba cosas sin sentido, incluso llegó a decir que
todo era culpa suya, cuando en verdad no era así. Eso me hizo sentir
verdaderamente mal, y sabía que todo se pondría peor cuando supiese que
Dalton estaba en este mismo pasillo porque la vio bailar muy cerca de otro
tipo. Temía que eso la hiciera sentir todavía más culpable, así que no me
atreví a decir nada al respecto.

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—Tranquila, Khalid. Dalton está bien. —le aseguró el príncipe Jackson—


Tiene pulso, sólo ha quedado inconsciente por la pérdida de sangre...

—Saca a todo el mundo de aquí ahora mismo. —Le ordenó la princesa al


guardia que yo había avisado, con un tono severo y lleno de rabia— Quiero
a dos soldados en la puertas, que busquen el olor de Dalton en todo el que
salga.

—Por supuesto, mi princesa...

El guardia desapareció en menos de un instante, dejando un ambiente


tenso e incómodo.

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—¿Dónde está Katherine? —preguntó de repente el príncipe Hudson. Le
miré directamente a los ojos antes de responder, y percibí en ellos un brillo
de preocupación. Además de una clara expresión de angustia que no fue
capaz de ocultarme.

21

Y lo peor de todo es que no podía darle la respuesta que quería oír...

¿Y si ella también ha sido atacada por esa mujer?

—No tengo ni idea...

Katherine:

Rápidamente, sin dejarle decir nada más, cambié de dirección y empecé a


correr con los aposentos de Hudson como destino. Cuando entré en estos,
me desconcerté al ver prendas tiradas por el suelo, cojines, algunos
objetos, y la cama totalmente desecha. No le di mucha importancia al
tema, pues tenía prisa por reencontrarme con Dalton y así intentar hacerle
sentir mejor. Finalmente, entré en el vestidor y rebusqué entre los cajones,
en busca de un anillo que Hud no fuera a echar de menos. Pero la tarea se
complicó más de lo que había previsto; sólo era capaz de encontrar los
anillos que más utilizaba, además de que tenía que ir con cuidado de no
descolocar nada para no levantar sospechas. Al final, unos quince minutos
después, di con uno simple, de oro y sin ningún grabado, que me pareció el
indicado porque jamás se lo había visto puesto.

21

Tras haber colocado todo como estaba, me guardé el anillo en un bolsillo


del corsé y salí de la habitación a toda prisa. Estando allí, me fijé en la gran
estantería llena de libros que hay junto a la chimenea, y a raíz de eso se me

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ocurrió algo que me podría servir para distraer a Dalton durante un buen
rato.

Hacía tiempo que quería escribir también un libro de recetas, y pensé que
sería una buena idea que Dalton me dijese sus platos favoritos, apuntarlos
en el recetario y de paso explicarle el proceso de elaboración de cada uno.
Probablemente iba a matarle de aburrimiento, pero así no recordaría lo de
hace un rato y podría relajarse.

Iba caminando hacia la habitación de Dalton cuando escuché unas voces


lejanas a unos dos o tres pasillos de distancia. Caminé en esa dirección sin
pensármelo dos veces, y lo que vi me dejó un poco desencajada:

La familia McClaine al completo estaba formando un círculo alrededor de


algo que no me permitían ver con claridad. Me acerqué todavía más y fue
entonces cuando todos notaron mi presencia. Hudson me miró durante
unos segundos y no pude evitar ponerme nerviosa, temiendo que él
hubiera descubierto lo que estaba tramando y todas mis fechorías. Sin
embargo, tras hacer un gesto de alivio empezó a caminar hacia mí a paso
rápido, estaba tan cerca que ya casi podía sentir sus brazos rodeando mi
cuerpo. Pero por desgracia para mí, alguien se le adelantó.

—Ey, ¿estás bien Kath? —el príncipe Elric apareció de la nada y me colocó
una mano en el hombro. Percibí un tinte de preocupación en aquella
pregunta, así que fruncí el ceño, confusa.

—Claro..., ¿por qué no iba a estarlo?

—Temía que alguien te hubiera hecho lo mismo que al pobre Dalton —


murmuró, y acto seguido me dio un fuerte abrazo. Tuve que morderme la
lengua para evitar hacer algún ruido sospechoso, pues aún tenía todo el
cuerpo adolorido y lleno de cardenales, gracias a mi reciente pelea con la
Cristal—. Menos mal que está bien...

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—¿De qué estás...? —antes de que pudiera terminar aquella frase, algo, o
mejor dicho: alguien, me apartó del príncipe Elric de un empujón.

—¿Qué crees que estás haciendo? —le cuestionó Hud con un tono de clara
amenaza. Mis mejillas se pusieron rojas como tomates nada más oír su voz.

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—¿A ti qué te parece? —le respondió el pelirrojo con el mismo tono.

Hudson apretó la mandíbula, furioso.

—Vuelve a tocarla, y juro por la diosa Luna que reduciré tu maldito reino a
cenizas.

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—Deja de ser tan agresivo, Hudson, tus amenazas están vacías. Eres
consciente de lo que dice la ley...

—Me importa una mierda la maldita ley. —se acercó a él para susurrarle
algo al oído, pero pude escucharlo de todas formas— Si de verdad crees
que respetaría las normas, cuando tú estás actuando de esta manera tan
molesta con mi alma gemela, estás muy equivocado. No me tientes a
destruirte, Elric, porque lo haré sin dudarlo.

11

Aunque aquella conversación me interesaba, y mucho, algo más llamó mi


atención. Era un llanto, tan desgarrador que consiguió ponerme la piel de
gallina.
Dejé atrás a esos dos, que ni siquiera tras mi marcha detuvieron la
discusión, y ahora sí, pude ver con claridad el cuerpo de Dalton tirado en el
suelo, y a Khalid llorando desconsolada a su lado.

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Lo único que pude hacer en ese instante fue taparme la boca con horror:
No podía pestañear, no podía respirar y no podía moverme. No entendía
nada.

¿Qué había pasado?

—Tranquila, Kathy, —Mace me colocó una mano en el hombro, a modo de


consolación— Dalton está inconsciente, no tardará en recuperarse. Solo
necesita descansar y comer algo. No ha sido tan grave como pensábamos,
Lisa llegó justo a tiempo.

—Pero... —balbuceé— ¿qué, qué ha pasado?

—Lo mismo que te pasó a ti cuando recién llegaste al castillo —murmuró—.


Alguien le ha mordido.

—Y cuando encuentre a esa malnacida, voy a hacerla arder en el infierno. —


Añadió Khalid, que al parecer, nos había escuchado.

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Creo que solo me queda añadir que intentaré publicar el capítulo tan
esperado la próxima semana. :) ❤️

43
Continuar a la siguiente parte

CAPÍTULO 62

—Ey... ¿qué tal te encuentras, enano? — le susurré al oído con suavidad,


consiguiendo que abriera ligeramente los ojos. Al verme ahí; sentada sobre
el borde de la cama con un gesto preocupado y sosteniendo una bandeja
con todo tipo de comidas, bebidas y postres, Dalton sonrió de medio lado y
me indicó con un movimiento de manos que lo ayudara a incorporarse.
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—Kath, de verdad, agradezco la preocupación, pero ya me has preguntado
lo mismo tres veces en la última media hora. Ya te he dicho que estoy
bien... Espera, ¿acabas de llamarme enano? —se rascó la nuca, confuso—
¿eres consciente de que soy mayor que tú? ¿y mucho más alto?

—¿Estás seguro de qué estás bien? —ignoré su último comentario—


¿seguro, seguro?

—Segurísimo. —sonrió ampliamente— ¿Todo eso es para mí? —señaló la


bandeja, y ensanchó todavía más su sonrisa al verme asentir.

—Todo para ti.

—Gracias Kath, eres la mejor —murmuró justo antes de empezar a engullir


sin control todos los platos que creí que podrían ser de su agrado: huevos
revueltos, rosquillas, una macedonia de frutas, mousse de chocolate, agua
con limón, zumo de naranja y un poco de té, tarta de manzana, tostadas
con mantequilla y mermelada...

11

Habían pasado ya tres días desde que Dalton sufrió el ataque. No sabemos
cómo hizo esa degenerada para salir del castillo sin ser vista, y Khalid se
está volviendo loca tratando de averiguarlo. Ninguno de los hermanos ha
podido hallar su identidad con el olor que dejó impregnado en la ropa de
Dalton, pero sin duda la reconocerán si algún día vuelven a verla, o en este
caso; olerla. La única pista que tenemos, la aportó Dalton hace dos días,
cuando por fin despertó. Para bien o para mal, recuerda todo lo que
sucedió esa noche y pudo decirnos las palabras exactas que le espetó esa
mujer. Algo de que era la consejera más leal del rey Maximus, que estaba
buscando venganza por su encierro y más locuras por el estilo. Eso hace
suponer que podría ser una noble muy cercana al círculo de la familia
McClaine, pero los chicos no tienen ni idea de quién podría ser, por lo que a
lo mejor no es una persona tan importante como ella se piensa. Gracias a
613
Lisa, no pudo hacer más que alimentarse de él y manosearle por encima de
la ropa, pero igualmente no me quiero ni imaginar lo que debió sentir
Dalton en ese momento, ni cómo debe de sentirse ahora al respecto: esa
víbora intentó abusar de él en el único lugar del castillo en el que se
suponía que íbamos a estar seguros.

Él parece estar bien y actúa como si fuera algo insignificante que no merece
tanta importancia. Pero le conozco demasiado bien como para no saber
que eso es una simple fachada. Solo espero que sea capaz de derribarla
pronto, y que sepa que si algún día necesita hablar de lo que pasó, voy a
estar ahí para él.

Es muy triste, porque de estar en el poblado estoy segura de que todos sus
"amigos" se habrían burlado de él. Y que Loren, muy probablemente, lo
habría tachado de infiel.

Gracias al cielo ya no estamos allí.

Estaba sentada sobre la tapa del inodoro, contando una a una las monedas
que había conseguido aquella fatídica noche. No tenía nada más
entretenido que hacer, pues ya había ido a visitar a Dalton veinte minutos
antes, y era el turno de Khalid de pasar tiempo a solas con él. Estos últimos
días han estado muy unidos y eso se nota para bien en el estado de ánimo
de mi amigo. Han hablado las cosas como adultos, algo que ambos
deberían haber hecho desde hace mucho, y se han perdonado
mutuamente. Ahora que son nuevamente amigos y están empezando a
disfrutar el uno del otro, estoy segura de que no tardarán en anunciar una
relación formal y en formar el vínculo.

De todas formas, había quedado con Lisa para cocinarle a Dalton unas
galletas de mantequilla, así que debía darme prisa si quería terminar de
contar todas esas monedas antes de que ella llamase a la puerta.
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CAPÍTULO 63

Cogí aire con lentitud y me estiré perezosa, tras dejar salir un largo bostezo.
Pensé en levantarme de inmediato, pero me permití disfrutar un poquito
más de la tranquilidad y la comodidad que me proporcionaban aquellas
suaves sábanas de seda. Era consciente de que tarde o temprano tendría
que armarme de valor y hablar con alguien sobre lo sucedido la noche
anterior. Recordaba ciertas cosas, como la imagen de mí misma tirada en la
bañera y la conversación que mantuve con Hud justo antes de que él me
dejara acostada en la cama, pero entre medias absolutamente nada.
Siendo sincera, esperaba poder enterarme de lo sucedido más tarde que
pronto; no quería ni pensar en todas las tonterías que pude haber hecho
delante de los príncipes soberanos de dos de los reinos más poderosos de
todo el mundo.

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Me atraía mucho más la idea de seguir viviendo en la ignorancia, no cabe


duda.

Desgraciadamente, no pasó demasiado tiempo antes de que la propia


intriga me obligara a levantarme. O al menos a intentarlo, dado que
cuando traté de incorporarme casi veo las estrellas. Todo por culpa de las
fuertes agujetas que tenía por casi todo el cuerpo. Parecía como si un
pequeño duende me estuviera clavando agujitas en todos y cada uno de los
nervios del cuerpo y encima se estuviese mofando de ello. Ciertamente no
era un dolor tan intenso como el que había estado sufriendo los últimos
días, ni mucho menos. Era bastante soportable y por eso pude ponerme en
pie al segundo intento.

Casi salgo de la habitación tal cual me levanté de la cama, pero justo antes
de cruzar el umbral de la puerta me percaté de que no llevaba nada puesto,
salvo una amplia camisa blanca que me llegaba más o menos hasta la

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mitad de los muslos. No tenía muchas ganas de cambiarme y muchísimo
menos de tener que pensar en qué ponerme, así que acabé cogiendo el
único conjunto blanco de ropa interior que me quedaba en esa habitación.
Así podría usar la camisa a modo de vestido sin marcarse nada a través de
la tela.

Bajé las escaleras principales despacio y cuidadosamente, ayudándome de


la barandilla para no llegar rodando hasta el primer piso. Tenía las malditas
agujetas por todas partes. Solo esperaba que no tuviera que lidiar con ellas
durante demasiado tiempo.

Cuando llegué al comedor, me encontré con que la única allí presente era
Mace. Me acerqué sin dudarlo, y ella, en cuanto reparó en mi presencia, se
levantó de su asiento y se lanzó a abrazarme.

—¡Madre mía, Kathy! ¡¿cuándo has despertado?! ¡¿qué tal estás?! —


cuestionó preocupada, estrujándome entre sus brazos con una fuerza
francamente impresionante.

—¿Qué me ha pasado? —fue lo primero que pregunté. De todas las


personas posibles, Mace me parecía una de las idóneas para contármelo
todo.

—Bueno, resulta que estuviste sufriendo dolores durante varios días, pero
supongo que de eso sí te acuerdas. —asentí con arrepentimiento— Bueno,
pues se debían a que estabas sufriendo la transformación de los rebellium.

—¿Qué? Nadir me dijo que las probabilidades de que me transformara eran


prácticamente nulas...

—No es tan sencillo como parece. Nadir volverá al castillo mañana y podrá
solucionar todas tus dudas.

—¿Hice mucho el ridículo...?

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2

—¡Claro que no! Todos sabemos que tu comportamiento se vio


condicionando por los dolores y todo el proceso en general. Incluso cuando
tuviste ese... "problemilla" con Cristal. —bajé la cabeza e hice un puchero
con los labios.

—Estoy bien... —murmuré con las mejillas teñidas por la vergüenza,


respondiendo a su primera pregunta.

—Menos mal... —suspiró y disminuyó la fuerza de su agarre, permitiéndome


respirar— Todos hemos estado muy preocupados. Sobre todo Hudson, ya
sabes lo nervioso que se pone cuando se trata de ti. Por un momento creí
que este asunto acabaría con una guerra entre reinos.

CAPÍTULO 64

Horas después de producirse la gran pelea entre Hudson y Elric, la


situación en el castillo se volvió extremadamente tensa. Ambos se
dedicaban miradas de odio constantemente; en los pasillos, en la
biblioteca, en el comedor..., sin importar la hora ni el lugar. Además,
Hudson no dejaba que Elric se acercase a mí bajo ninguna circunstancia. Si
el vampiro pelirrojo se dignaba a aparecer por la misma habitación en la
que nos encontrábamos nosotros, él encontraba siempre una excusa para
sacarme de allí y acompañarle a otro sitio; cuanto más alejado mejor.

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Si Hud ya se comportaba de forma extraña antes de que Elric me besara y


se formase todo este lío, ahora ni siquiera parecía él mismo. A veces se
quedaba varios minutos observando un punto fijo de la pared, abstraído
del resto del mundo. También me percaté de que estaba volviendo a hacer
ese maldito gesto de clavarse las uñas en el dorso de la mano, manía que
adoptó después de que Maximus me arrebatase la vida y que con mucho

617
esfuerzo y paciencia consiguió superar; o al menos, eso creía. Puede que
haya vuelto por todo eso de no poder controlar sus poderes con
normalidad, o puede que por la extrema insistencia de la nobleza
vampírica para que asuma responsabilidades que ni siquiera le
corresponden por su cargo de príncipe. Yo quería preguntarle para llegar
cuanto antes al fondo del asunto, pero no sabía cómo sacar el tema sin
involucrar a Mace y meterla en problemas con Eliel y sus hermanos.

Y de no haber sido por aquel licor de hada, jamás habría descifrado lo que
le estaba pasando en realidad.

Todo comenzó en la biblioteca:

Después de todo lo sucedido, Hudson, Mace, Dalton, los príncipes y yo


estábamos descansando en los enormes sofás de cuero marrón que, junto
a las estanterías abarrotadas de libros, dan vida a la estancia: algunos
leyendo, como Dominik, otros besándose apasionadamente, ignorando la
existencia del resto de los allí presentes; como Dalton y Khalid, y otros
como Hudson y yo, sentados en completo silencio. Gracias a Dios, Cristal y
Elric no tuvieron la osadía de presentarse en el lugar, algo que agradezco
con todo mi corazón, dado que la situación se habría vuelto más violenta
de lo que ya era en un principio. Hud estaba en ese estado que ya he
mencionado antes; con la mirada perdida y un gesto... ¿preocupado? Se
mantuvo así durante diez minutos de reloj, sin percatarse de que yo llevaba
un rato mirándole de reojo, curiosa. Al cabo de ese tiempo se giró hacia mí,
por lo que intercambiamos miradas, y pude ver con claridad lo que se
estaba infringiendo en su propia mano. Él tragó grueso y dijo lo siguiente:

—Oye, princesa... —su voz ya no estaba cargada de confianza, como la del


Hudson de hace unos pocos meses atrás. En cierto modo, ya me había

618
acostumbrado a ello. Había muchas probabilidades de que el Hudson que
una vez conocí; el seguro de sí mismo, el atrevido, el bromista o el
sarcástico, había muerto conmigo esa trágica noche. Habría sido lógico que
después de todo lo sucedido algo cambiase dentro de los dos. Pero yo
seguía siendo la misma de siempre y Hudson estaba irreconocible. Había
algo mal con él, algo que le estaba haciendo mucho daño.

14

Solo espero que poco a poco, con amor y paciencia, pueda recuperarse a sí
mismo.

—¿Aún..., aún te apetece cenar conmigo esta noche? —preguntó en un hilo


de voz.

—¡Pues claro que sí! —respondí de inmediato—. ¿Por qué no iba a querer?

—Por nada, solo quería asegurarme. —me mostró una sonrisa torcida;
como queriendo reproducir una de esas sonrisitas ladinas suyas que tanto
me hacen sonrojar. Pero aquella se parecía más a una mueca forzada que a
una muestra genuina de felicidad— Iré a cambiarme. — y dicho esto, se
levantó del sofá casi tan rápido como lo hice yo al cabo de un segundo
después.

Extrañado por el brusco movimiento, se dio media vuelta y me miró


expectante.

—Yo también tengo que... cambiarme... —musité, en una necesidad por


justificarme. Asintió conforme y comenzamos a caminar al unísono,
saliendo de la biblioteca sin mediar palabra. Él entró en su habitación y yo
pasé de largo para llegar a la mía. Tenía que encontrar cuanto antes un
conjunto especial para esa noche tan especial.

619
CAPÍTULO 65

—¿Has tomado ya una decisión? —me preguntó Nadir, sosteniendo entre


sus manos el frasco de su inmortalidad con un gesto esperanzado.

16

Me quedé paralizada por unos breves segundos, sin saber qué contestar.
Me había pasado gran parte del día en mi antigua habitación, dándole
vueltas al tema. Necesitaba un poco de tiempo a solas para poder pensar
con claridad; para saber lo que realmente anhelaba mi corazón. No había
visto a Hudson desde que me dio aquel hermoso ramo de rosas rojas y
lirios azules, y en cierto modo lo agradecí, porque así él pudo ponerse a
trabajar sin tantas distracciones y yo pude tener un poco de paz para tomar
una de las decisiones más importantes de toda mi vida.

Pero, aunque me costó darme cuenta, yo ya había elegido mi destino en


cuanto Nadir me propuso hacerme inmortal.

Porque se trata de él.

Porque siempre será él.

—Sí... -respondí en susurros—. Quiero hacerlo. Una vida humana no es


suficiente para todo lo que quiero vivir con Hudson. Siempre he tenido
claro que quiero pasar el resto de mi vida con él, y no puedo imaginar nada
mejor que estar a su lado durante toda la eternidad.

40

—¡Eso es fantástico! —Nadir suspiró aliviado y me estrechó entre sus brazos


con fuerza— por un momento temí que rechazases la oferta. No te haces
una idea de cuan feliz le hará esto al príncipe Hudson, Katherine. Vas a
hacerle el hombre más feliz del mundo.

620
3

Sonreí de oreja a oreja, rebosante de emoción.

—¿Cuándo vas a darle la noticia?

—La semana que viene es su cumpleaños y tengo pensado darle un regalo


—confesé, con las mejillas teñidas de rojo— Creo que esperaré hasta
entonces para darle una doble sorpresa.

30

—Va a ser el mejor cumpleaños de su vida, no me cabe duda. —sonrió


ampliamente y me tendió el frasco de una vez por todas— ¿Estás
preparada?

—Eso creo. —lo tomé entre mis manos y quité el tapón de corcho con
delicadeza- ¿Solo tengo que beberlo?

—Así es. Pero te aconsejo que sea de un solo trago; el sabor no es muy
agradable.

Rápidamente me puse el frasco bajo la nariz e inspiré hondo. Abrí los ojos
de forma desmesurada y lo alejé de mí cuanto pude. Apestaba cual cadáver
de ratón, y si ya olía de esa manera, no me quería ni imaginar el sabor.

Me tapé la nariz y cerré los ojos con fuerza antes de verter ese líquido en mi
boca. Tragué lo más rápido que pude, y aunque al principio no pareció ser
algo tan insoportable, a los pocos segundos un sabor realmente asqueroso
se extendió por todo mi paladar. Dejé el frasco, ahora vacío, sobre la
primera superficie que pude alcanzar y solté un pequeño chillido.

Nadir me dio una palmadita en la espalda, sin molestarse en ocultar lo


cómica que le parecía la situación.

621
—Pues ya estas lista, ¿a que no ha sido para tanto? —carcajeó de forma
burlesca. Le miré de mala manera y le golpeé el hombro juguetonamente.

28

—Ha sido... —mi voz parecía la de un hombre anciano en sus últimos


instantes de vida— toda una experiencia.

—Bueno, pues yo ya no tengo nada más que hacer aquí. —recogió sus cosas
y posteriormente comenzó a hacer unos extraños movimientos con las
manos, formando una espiral de luces muy colorida. Retrocedí unos
cuantos pasos, impactada por la majestuosidad de la escena— Si no ocurre
nada raro, volveré a visitaros el mes que viene.

—Vale... —murmuré, atónita. Nadir sonrió satisfecho y se adentró en dicha


espiral cuando esta se hizo lo suficientemente grande, desapareciendo
ante mis ojos por arte de magia.

CAPÍTULO 66

—Cariño... —le susurré al oído, después de haber permanecido abrazados


unos quince minutos en completo silencio. Los únicos sonidos perceptibles
en el ambiente eran su respiración agitada y pequeños sollozos que aún se
escapaban de sus labios de forma esporádica, además de cierto bullicio
ajeno a la habitación.

15

622
Se despegó de mi pecho y alzó la mirada lentamente: sus ojos seguían
hinchados, rojos y cristalizados, algo que hacía resaltar todavía más las
grandes ojeras que se posaban debajo. También se mantenía el tenue
sonrojo de sus mejillas, otorgándole un aspecto frágil.

—Estamos un poco incómodos aquí sentados, ¿qué te parece si vamos a la


cama?

Lo pensó durante unos segundos y asintió finalmente, con una mirada


cansada. Le sonreí de medio lado y empecé a levantarme, pero me detuvo
a medio camino, agarrándome de la muñeca con tanta delicadeza y
cuidado que se sintió como un mero roce.

—¿Puedo hacerte una pregunta...?

—Pues claro... —asentí, desconcertada. Me arrodillé en el suelo


nuevamente y le agarré de la mano para transmitirle algo de calidez y
confianza.

—¿Soy suficiente? —musitó, rehuyendo mi mirada.

28

Inspiré hondo y atrapé su rostro entre mis manos, limpiando con los
pulgares algunas lágrimas sangrientas que aún rodaban por sus hermosas
y ahora rosáceas mejillas. Hudson aún estaba bajo los efectos del licor de
hada y probablemente lo estaría durante toda la noche; debía repetirle las
cosas una y mil veces si hiciera falta, siempre con cariño, amor y paciencia.
Era lo mínimo que podía hacer por él en esos momentos.

—Sé que nunca quisiste venir al castillo. —continuó— Sé que jamás habrías
querido venir si no hubieran elegido a Mace en la subasta. Sé que
preferirías vivir en el poblado humano, que te gustaría volver a casa. Y
también que este lugar es como una maldita prisión para ti. —su voz se
rompió y sus labios se fruncieron, formando un puchero que precedió a
más sollozos— ¿soy suficiente para compensar el hecho de que no puedas

623
salir de aquí? porque si no es así, Katherine, si no eres feliz aquí, dejaré el
castillo e iré contigo a donde haga falta.

38

Le observé en silencio durante unos cuantos segundos, estupefacta.

—No eres "suficiente", Hudson —dije con seguridad. Su rostro se desfiguró


y su labio inferior comenzó a temblar. Le apachurré los mofletes y le
obligué a sostenerme la mirada—. Eres todo lo que alguien puede desear,
cariño, ¿acaso no te das cuenta? —le di un pequeño besito en la frente y
luego otro en los labios— Antes dijiste que cambiarías tu forma de ser si
fuera necesario, pero ¿quién en su sano juicio querría algo así? Eres
perfecto, Hud.

—Eso no es cierto.

—¿No? —reí con sarcasmo, esperando una reacción similar por su parte,
pero solo negó con seriedad. Fruncí el ceño y ladeé la cabeza— Parece que
voy a tener que explicarte lo maravilloso que eres, cielo: —me aclaré la
garganta— Hudson McClaine, eres el hombre más hermoso que existe en
este planeta. Y no lo digo solo yo, por ser tu alma gemela, también lo dicen
miles de personas ahí fuera, de reinos tan cercanos como lejanos, que
darían lo que fuera por estar en mi lugar. En el poblado solo se hablaba de
lo hermosos que son los miembros de la familia real, sobre todo uno en
concreto. Cuando te vi por primera vez me di cuenta de que no eran solo
exageraciones. Ese día no me quedé petrificada solamente por el miedo,
Hudson. —solté una pequeña carcajada, recordando cómo se me aceleró el
corazón en dicho momento— Tu rostro y tu cuerpo son tan irrealmente
perfectos que hacen que mujeres y hombres te deseen por igual. Y eso
hablando únicamente de tu apariencia física, que es el aspecto menos
importante. Luego está tu forma de ser, la razón por la que estoy
locamente enamorada de ti. Eres inteligente, gracioso, carismático,
amable, empático, generoso, cariñoso, detallista, trabajador y responsable.

624
A pesar de todo el trabajo y la presión que tienes sobre tus hombros,
siempre dedicas un rato para estar conmigo, un ratito que podrías invertir
en otra cosa, como descansar o tomarte un tiempo para ti. Te sacrificas por
la gente que amas y ayudas a los demás sin pedir nada a cambio. —sus
mejillas acabaron por tornarse rojas como tomates— Puede que no te lo
diga a menudo, Hud, pero estoy muy orgullosa de ti, como no tienes ni
idea. Y no quiero que pienses que me desagrada vivir aquí, ¡al contrario!
Ahora esta es mi casa, pero lo es porque estás tú. Cualquier sitio puede
serlo, desde un enorme castillo a una choza plagada de cucarachas y
ratones, con tal de que estemos juntos. Porque tú eres mi hogar, cariño.
Porque eres mi familia.

61

CAPÍTULO 67

Hudson se veía tan cómodo y tranquilo descansando sobre mi pecho, que,


con tal de no despertarlo, no me importó tener que quedarme veinte
minutos seguidos totalmente quieta, en la misma posición. Estaba
cansada, sedienta y me dolían los brazos, pues no había dejado de dibujar
círculos en su pelo y de acariciarle la espalda desde que el pobre me
imploró por un poco de amor.

14

Porque eso es lo que yo creo que necesita: solo un poco de amor.

Pero llegó un momento en el que no pude soportar más el adormecimiento


de mis extremidades y planeé salir de la cama con la mayor lentitud y
suavidad posibles, pues quería que, a ser posible, Hud durmiera toda la
noche del tirón.

625
A saber cuánto tiempo lleva mi pobre vampiro sin hacerlo como es debido.

Antes de levantarme por completo, me detuve unos segundos a analizar su


rostro detenidamente. También su pecho; que subía y bajaba lentamente,
sus largas pestañas, su cabello ondulado, un poco despeinado; su piel lisa,
tersa, brillante y sin una sola imperfección, su preciosa y ligeramente
respingada nariz, sus labios carnosos... e incluso su manzana de Adán,
rasgo masculino que siempre me ha llamado la atención y que en Hudson
no pasa para nada desapercibido. Lo digo y lo diré siempre, este hombre es
malditamente perfecto.

Podría quedarme admirando su belleza toda la vida y no aburrirme nunca


jamás de las vistas.

Obligándome a dejar de admirarlo, cogí un pequeño candelabro de la


mesita de noche para poder guiarme en la oscuridad de los pasillos del
castillo. Salí de la habitación de puntillas, logrando mi cometido de no
despertarlo en el proceso. Siete pisos más abajo, una vez en las cocinas, me
serví dos vasos de agua, uno para beber al momento y otro para subir a la
habitación y así no tener que bajar de nuevo. El castillo estaba
especialmente silencioso esa noche; ni siquiera me topé con algún soldado
haciendo guardia nocturna. Parecía que todo el mundo, excepto yo, estaba
dormido. Y lo agradecí en el alma, pues lo único que cubría mi cuerpo
semidesnudo era la camisa de Hudson.

Me quedé sentada en un taburete de la gran isla de la cocina por lo que


debieron ser quince minutos, pensando en todo lo que Hudson me había
confesado aquella noche. Gracias a ciertos datos pude atar cabos sobre
algunos aspectos que hacía mucho que me tenían intrigada, pero por culpa

626
de otros aparecieron en mi mente nuevas puertas de la curiosidad, que
estaba ansiosa por abrir:

Me había pasado días creyendo que Hud estaba tan enfadado conmigo que
había decidido dejar de llevar el anillo que le regalé; el mismo que
prometió no quitarse nunca. Ahora que sé que no es que se lo hubiera
quitado, sino que no lo encontraba por ninguna parte, entendí por qué
jugueteaba tanto con su dedo anular y por qué sus aposentos estaban tan
desordenados cuando entré a buscar un anillo de guía. También
comprendí por qué se había estado comportando de forma tan extraña: el
pobre se pensó que iba a dejarle, que iba a cambiarle por Elric, mientras
que yo pensaba exactamente lo mismo de él.

Pero no sé a qué se refería cuando dijo que Cristal antes no era así y que su
forma de ser cambió por culpa de un "bastardo". Ni tampoco cuando dijo
que si yo supiera la verdad sobre él, dejaría de estar orgullosa de ser su
alma gemela.

Decidí alejar esos pensamientos de mi mente pero el momento y regresar a


los aposentos cuanto antes, pues lo último que quería es que Hudson no
me viera a su lado si se llegase a despertar. Le prometí que me quedaría
toda la noche.

Fui subiendo las matadoras escaleras de vuelta al séptimo piso; estaba tan
agotada que si me hubiera tumbado sobre la barandilla, me habría
quedado dormida de todas formas. Pero a pesar del cansancio empecé a
subir los escalones cada vez más rápido, pues me percaté de que algo no
estaba bien. Al principio parecía un eco lejano que atravesaba las paredes y
cuya procedencia no pude distinguir, pero a medida que me iba acercando
al ala de los dormitorios reales, me percaté de que eran gritos lo que se
escuchaba, y de que cada vez se hacían más intensos.

627
CAPÍTULO 68

Me limpié las lágrimas con la manga de mi pijama e intenté levantarme de


su regazo, pero Hudson me tenía fuertemente apresada entre sus brazos y
no parecía tener intención de dejarme ir.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó, con un tono de queja—. Quédate.

Me quedé observando durante varios segundos sus ojos rojizos, tristes y


cansados. Suspiré hondo y le di un casto beso en la frente; lo último que él
necesitaba en ese momento es que yo me volviera distante por culpa del
enfado e impotencia que la situación me hacía sentir. Dejé otro beso, esta
vez en su mejilla, luego uno en su cuello y por último en sus labios. Hudson
me correspondió con lentitud y algo de torpeza e inseguridad, nada
parecido a esos besos suyos que, hasta hacía poco, eran tan intensos y
apasionados que me hacían perder el aliento.

Pero iba a hacer lo que hiciera falta para que todo volviera a ser como
antes.

Separé nuestros labios unos milímetros y los volví a unir con un poco más
de brusquedad, proceso que repetí un par de veces hasta llegar a un beso
fogoso que le hizo temblar bajo mi cuerpo.

Le empujé sobre la cama, haciéndole caer boca arriba contra el colchón, y


seguí repartiendo besos desesperados por todas partes, mientras me
movía "inocentemente" sobre su pelvis.

14

—Katherine...

—¿Puedo tocarte? -murmuré, impaciente. Él tragó grueso y movió la cabeza


en un gesto de afirmación.

628
8

Le levanté la camiseta y le bajé los pantalones hasta las rodillas sin perder
más tiempo, haciéndole jadear. En este tipo de momentos solía ser yo la
que se ponía nerviosa, así que verle de esa manera; temblando bajo mi
toque, con las mejillas sonrojadas, me hizo sentir un tanto orgullosa.

16

Le doy las gracias al licor de hada en ese aspecto, porque ahora puedo saber
que yo causo en Hudson el mismo efecto que él causa en mí. Es una pena que
vaya a pasarse en un par de días.

Dejé pequeños besos por todo su torso, incidiendo cada vez más en sus
marcados abdominales y sobre todo en su vientre bajo; cuanto más me
acercaba a su pelvis más temblaban sus manos y más fuerte se volvía su
respiración.

Bajé un poco el elástico de su ropa interior y comencé a besar su zona V, a


escasos centímetros de su intimidad.

—Po-por favor... —murmuró con la voz pendiendo de un hilo.

—¿Por favor qué? —le mostré una sonrisa juguetona y seguí dándole
atención exclusivamente a esa zona, a pesar de sus súplicas.

—No me tortures...

Levanté la cabeza y le miré directamente a los ojos, con un gesto burlesco.

—¿Qué quieres que haga, Hud? ¿quieres que te toque... aquí? —acerqué mi
boca hasta su intimidad, aún cubierta por su ropa interior, y sin romper el
contacto visual, dejé allí un casto beso.
No tardé en sentir la zona endurecerse.

21

629
—Princesa.. —jadeó.

—Haré contigo lo que tú desees, Hudson. Pero tienes que decírmelo en voz
alta.

15

Le tomó unos cuantos segundos encontrar las palabras exactas, o al menos


atreverse a decir lo que estaba pensando. Supe que ya estaba listo por el
color rosa intensificado de sus mejillas.

—Ha..., hazme... hazme el amor, por favor —dijo, con la voz entrecortada.
No pude evitar soltar una carcajada, pues esperaba una respuesta más
sucia en vez de una tan tierna. Mis mejillas también se sonrojaron, en el
fondo me encanta que siempre me diga "hacer el amor", en vez de "sexo" o
cualquier otro sinónimo.

23

CAPÍTULO 69

Después de haber encontrado a Hudson jadeando y sollozando de forma


incontrolable, me di cuenta de que el problema con las pesadillas no había
hecho más que empezar, a pesar de que Nadir me hubiera dicho que eran
pocas las probabilidades de que Hud volviera a experimentar algo como
eso. Recordé, por tanto, que mantenerme despierta era la única forma que
supiésemos, de ahuyentar a las sombras hasta hacerlas debilitarse, para
que así el pudiera descansar en paz de una vez por todas, sin miedo a que
ellas le atormenten.

13

Eso intenté la noche después de lo ocurrido; aunque acabé quedándome


dormida en algún momento de la madrugada. Cuando desperté me di una
gran cachetada mental y me apresuré a comprobar si Hudson seguía en

630
buen estado. Según yo habían sido apenas veinte minutos de descuido,
pero, por desgracia, esa pequeña franja de tiempo les permitió a las
sombras inducirle una nueva alucinación. Lo supe porque tenía el ceño
fruncido y los puños fuertemente apretados, además de una clara
expresión de angustia. Su estado empeoró notablemente a los pocos
segundos: decenas de lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero
Hudson seguía sin moverse; estaba como paralizado. Comenzó a balbucear
cosas, aparentemente sin sentido, pero poco a poco empezó a hablar más
claro y fuerte, hasta el punto de casi gritar.

-¡¿Por qué?! -gritó entre lágrimas, con la voz rota de dolor. Su labio inferior
temblaba, igual que sus manos y todo su cuerpo en general. Para entonces
yo ya llevaba un buen rato tratando de despertarle, pero ni gritos ni
sacudidas conseguían hacerle reaccionar.-. Esto no puede estar pasando...
¡Dijiste que estábamos bien! ¡dijiste que me amabas!

-Hudson... -le llamé- ¡Hudson!

-¿Por qué me has hecho esto...? -su expresión de angustia hizo que mi
corazón diera un vuelco. Se me nubló la vista a causa de las lágrimas y la
desesperación logró conquistarme.

-¡Hudson!

-¿Qué tiene él que no tenga yo? ¿por qué no puedes quererme como yo te
quiero...?

-¡HUDSON! -apreté sus mejillas con ambas manos y le sacudí bruscamente,


gracias a lo que, por fin, abrió los ojos. Se incorporó de golpe, jadeante, y
miró de un lado a otro, desconcertado. Le toqué el brazo suavemente y él,
mientras se giraba hacia mí con una mirada extraña, lo apartó de
inmediato. Fruncí el ceño y volví a intentarlo, pero también volvió a
apartarse.

631
-¿Hudson...?

-Qué haces aquí -siseó, casi con desprecio. Mi cuerpo se tensó y mi corazón
comenzó a latir a grandes velocidades. No entendía absolutamente nada.

-Pues... ¿dormir? -musité, un poco compungida por el tono que había


utilizado. Su semblante se suavizó casi al instante, formando un puchero.
Volvió a echar un vistazo rápido a toda la habitación, como si no supiera
dónde estaba.

Se tapó el rostro con ambas manos y suspiró profundamente. Esta vez no


me atreví a tocarle, pues en los dos últimos intentos había rehuido todo
contacto conmigo. Al cabo de unos cuantos segundos me armé de valor y
quise intentarlo de nuevo, pero ni siquiera hizo falta, ya que antes de yo
poder hacer algún movimiento, él ya se había lanzado a abrazarme.

Su cuerpo tembló ligeramente cuando rodeé su torso con una de mis


manos y le acaricié la cabeza con la sobrante, mientras que dejaba un casto
beso en su frente. Su agarre se intensificó y a su vez también los temblores,
así que me apresuré a abrazarle con más fuerza.

-Siento muchísimo haberte hablado así, princesa. No sé qué me ha pasado.

-Hudson... -le separé de mi pecho, empujándolo suavemente por los


hombros- ¿estás bien?

-Sí, por supuesto. -sonrió de medio lado y se apresuró a limpiarse las


lágrimas- Claro que sí.

-Pues a mí no me lo parece -dije, con tono de reproche-. Dime la verdad,


Hudson, habla conmigo, no intentes ocultarme aquello que te hace sentir
mal. Eso no te hará débil, por mucho que el monstruo de tu abuelo diga lo
contrario. Sabes que puedes confiar en mí...

632
CAPÍTULO 70

Después de lo ocurrido con Cristal, decidí pasar el resto de la mañana con


Víktor, Lisa y Amber, aprovechando la suerte de que hoy coincidiera su día
de descanso. Luego, cuando noté que Víktor y Lisa querían quedarse a
solas, fui a las cocinas y me entretuve preparando un par de pasteles de
mora. Y por último, sin poder contener más las ganas de ver a Hudson, fui a
buscarle a su despacho, con la esperanza de que ya hubiera terminado de
trabajar o de que al menos pudiera tomarse un pequeño descanso. Sin
embargo, cuando llegué al séptimo piso y me fui aproximando a dicho
cuarto, oí con claridad las voces de Cristal y Hud, quienes parecían estar
mantenimiento una fuerte discusión. Me escondí tras la esquina de la pared
y deseé con todas mis fuerzas que no se diesen cuenta de mi presencia,
pues aunque sé que no está bien escuchar conversaciones ajenas, lo hice
de todas formas; por si acaso se le ocurría a ese mal bicho decir alguna
mentira sobre mí. Después de que me amenazara de esa manera, tenía muy
en claro que Cristal puede hacer cualquier cosa con tal de conseguir todo lo
que se encapricha.

12

La puerta estaba levemente entreabierta,


lo que me permitía ver muy vagamente los perfiles de ambos vampiros.
Cristal tenía el rostro lleno de sangre; de lágrimas. Su expresión denotaba
desesperación, mientras que Hudson se encontraba totalmente serio,
mirándola impasible. Cristal parecía desesperada, y él muy enfadado.

Pero lo que me descolocó por completo, es que ella solo llevaba de cintura
para arriba un sujetador puesto.

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18

Las manos me comenzaron a sudar, y mi respiración a acelerarse por


momentos.

—Por favor, Huddy, no hagas esto —suplicó ella, mientras le tomaba las
manos con desesperación. Él las apartó lentamente y retrocedió un paso,
con una mirada de clara decepción.

—No quiero que vuelvas a hacer eso. No quiero que vuelvas a entrar aquí en
ropa interior, y muchísimo menos que vuelvas a intentar besarme, ¿ha
quedado claro?

20

¿Cómo ha dicho...? ¿que ha hecho qué?

¿Alguien sabe por casualidad dónde guardan los príncipes la verbena?

10

Es para una nueva receta.

34

—¡¿Por qué no?! ¡no finjas que no te gusta lo que ves! —vociferó Cristal.

—No, Cristal, ya no me gusta lo que veo en ti —dijo él, de forma calmada,


haciendo que el rostro de la pelirroja se contrajera en dolor—. ¿Qué cojones
te ha pasado?

—¡La pregunta es qué te ha pasado a ti! ¡tú me querías antes de que esa
furcia apareciera en nuestras vidas!

—Como vuelvas a llamarla así, te arrancaré la lengua. —Cristal se encogió


por el tono tan frío y brusco que Hudson había utilizado— Como vuelvas a
faltarle al respeto, te prometo que me olvidaré de que alguna vez hemos
sido amigos, y empezaré con cortar las relaciones que tenemos con tu

634
maldito reino. Y viendo cómo está ahora la situación con los licántropos, es
lo último que os interesa.

—¿Lo ves? —jadeó, como si no pudiera creérselo— ¿cómo te atreves a


hablarme así? ¿cómo te atreves a despreciarme?

—Eres tú la que, faltándole al respeto a mi prometida, me estás faltando al


respeto a mí. ¿Sabes? ella tenía razón.

—¿Sobre qué?

—Sobre ti.

—Ya, claro... —le dio la espalda y se llevó las manos a la cabeza— ¡ella
siempre tiene la razón! ¡ella es perfecta!

11

—Cristal...

—No sabes cuánto lo odio... —musitó con la voz rota, interrumpiéndole.

Hudson ladeó la cabeza, confundido.

—¿El qué?

—Cómo se te iluminan los ojos cada vez la miras. Cada vez que escuchas su
nombre —sollozó—. Me he estado fijando mucho en tus gestos durante las
últimas semanas: cuando estamos en el comedor, ya sea desayunado,
comiendo o cenando, estas en completo silencio con tu típica seriedad
durante todo el tiempo que dura la comida, excepto si ella interviene. Si
habla en voz alta te limitas a observarla con una pequeña sonrisa tonta, y si
te está hablando a ti, tus ojos se vuelven un tono más claro. Cada vez que
mi hermano se acerca a ella apretas tanto la mandíbula que parece que en
635
cualquier momento podría romperse, y jugueteas con las manos, como si
temieras que le prestara a él más atención que a ti. Cuando os peleasteis, a
parte de tu mal humor, te clavabas las uñas en el dorso de la mano a cada
maldito rato. Intuí que estabas teniendo pesadillas otra vez, porque cada
vez que ella trataba de hablar contigo intentabas escaquearte. Y sé que no
era solo por no poder controlar tus poderes, las sombras te decían que ella
iba a dejarte y te daba pánico dejarla hablar por si era eso lo que te tenía
que decir.

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—Cállate.

—Tienes tanto miedo a no ser suficiente para ella, que actúas dulce y
amoroso a su alrededor, cuando ambos sabemos que no eres, ni nunca has
sido nada de eso.

—O quizás simplemente no lo haya sido contigo.

52

Cristal cerró fuertemente los puños; sus brazos comenzaron a temblar.

—¡Ese amor debería haber sido para mí! ¡ella no debería siquiera existir!
¡nuestro enlace habría juntado dos de los reinos más poderosos de este
planeta, y tú lo has tirado todo por la borda!

—Yo nunca he querido estar contigo en ese sentido, y lo sabes.

—¡Porque estabas esperando ingenuamente a tu alma gemela, como si


cualquiera de esas putas pudiera ser mejor que yo! ¡se suponía que tú
nunca ibas a cambiarme por alguien más, me lo prometiste!

—Esa promesa no iba en ningún otro sentido que no fuera la amistad, y yo


no te he cambiado por nadie.

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—¡Desde que estás con esa maldita rebellium no eres capaz de estar ni
media hora conmigo! ¡ya no podemos hacer las cosas que antes hacíamos!
¡ya no podemos hacer nada más que discutir!

—Pero eso lo has elegido tú —murmuró de forma tajante—. Katherine no


tiene ni nunca ha tenido ningún problema con nuestra amistad, es más,
estoy seguro de que le hubiera encantado conocerte si no la hubieras
tratado como una mierda. ¡Tú también hiciste una promesa; prometiste
buscar siempre lo mejor para mí y mi felicidad, pero cuando por fin la
encontré, cuando por fin pude empezar a sentirme vivo, no has parado
hacer todo lo posible para que ella se vaya de mi lado! Tú eres la única que
ha incumplido lo que prometió. —se dio el cabello para atrás, con
desespero— Eres una chica maravillosa, Cristal, y la única que
puedo considerar una amiga de verdad. Pero te has empeñado en
mostrarle a Katherine una versión de ti que no corresponde a tu verdadera
personalidad. Si la dejases ver a la persona que eres realmente, la que eres
conmigo, podríais llevaros muy bien.

—¿Por qué tendría que ser amable con la maldita que me ha arrebatado al
hombre del que estoy enamorada?

—Porque es la mejor persona que he conocido nunca. Porque es el amor de


mi vida. ¿Por qué no entiendes que no siento nada por ti más allá de la
amistad?

—Lo entiendo, pero no lo acepto. —su labio inferior tembló por la


impotencia; estaban lo suficientemente cerca de la puerta como para que
yo, desde un par de metros de distancia, pudiera verlo— Y no lo aceptaré
jamás. ¡Ni yo, ni las familias nobles, ni los súbditos de este reino aceptarán

637
jamás que la pareja del futuro rey sea una maldita cazadora! ¡¿Acaso has
perdido el juicio?!

—Creo haber dejado muy claro que nunca seré rey, si esos bastardos la
impiden gobernar conmigo.

—¡Son las normas! ¡y eso pensando que ella es humana! ¡¿qué crees que
harán si se enteran de que es una rebellium, que para colmo ya ha
completado su transformación?! ¡La matarán, y luego te juzgarán a ti por
traición!

—Ellos jamás lo sabrán —sentenció—. A menos que tú o tu hermano habléis


más de la cuenta.

—Nosotros no somos unos chivatos. —se defendió, con gesto ofendido—


Pero tampoco unos traidores. Tarde o temprano se sabrá la verdad. Los
licántropos ya saben de su existencia, y puedes estar seguro de que le han
puesto precio a su cabeza. ¿Cuánto tardará en extenderse el rumor de que
aún queda una rebellium con vida? ¿y de que es una Ford? ¿la hija de la
pareja de cazadores más temida de nuestras tierras? Esa chica tiene una
diana en la espalda.

—Acabaré con todos aquellos que sepan de su existencia.

—¿Vas a asesinar al alfa Tyr? ¿al líder de una de las manadas más fuertes y
violentas? ¿acaso quieres comenzar una guerra? no estás pensando en tu
pueblo.

—Por eso no sería un buen rey, Cristal. Porque si ella está en peligro, el
pueblo pasa a valer absolutamente nada.

638
37

Cristal carcajeó sarcásticamente y comenzó a caminar, por lo que salió de


mi radio de visión.

—Desearía que te preocuparas por mí de esa manera.

—Me preocupo por ti.

—Ojalá fuera suficiente —musitó—. Ojalá yo fuera suficiente.

—Eres más que suficiente, Cristal.

—Pero no para ti... —sollozó— ni tampoco para mi alma gemela, ¡ni siquiera
para el que se suponía que iba a amarme durante toda la vida!

10

—No menciones a ese hijo de puta.

—Sabes cuánto me dolió tener que ver cómo se follaba a tu hermana,


después de haberle estado buscando por toda la fiesta. ¡Lo sabías y aún así
eres tú el que me ha roto el corazón por segunda vez!

37

No me jodas. No - me - jodas.

14

—Khalid no sabía que ese bastardo era tu alma gemela. La engañó con
falsas promesas para ser el primero en llevarse a la cama a la princesa
McClaine. Jugó con sus sentimientos, igual que jugó con los tuyos.
Traicionó su confianza, haciéndole creer que estaban destinados a estar
juntos a pesar de no ser almas gemelas. ¡Inhibió tu puto olor con una
poción para que ella no se diera cuenta de que estaba con alguien más!

11

—¡Ya lo sé! —vociferó—. ¡Pero ahora ella está feliz con su verdadera alma
gemela y yo no tengo a nadie! Tú eras lo único que aliviaba el dolor y ahora
solo me lo provocas... Estoy sola.
639
5

—Eso no es cierto. Sabes que las probabilidades de que la diosa Luna te


conceda una nueva alma gemela son muy altas. Y aunque no fuera así,
puedes encontrar el amor en alguien más.

—Ya lo encontré. —su voz se desgarró— Pero me ha sustituido por otra.


Tampoco es como si fuera algo nuevo.

11

—Cristal... tú sabes mejor que nadie cuánto amo a Katherine. Y estoy


seguro de que no tardarás en encontrar a alguien que merezca la pena; eres
hermosa, buena, inteligente y...

—¡¿Entonces qué es lo que me falta?! ¡Si soy todas esas cosas buenas, ¿qué
es lo que me falta para poder estar contigo?!

—Ser ella —susurró, haciéndola callar de golpe—. Cristal, no hagas esto. No


me obligues a escoger entre ella y tú.

21

—¡¿Por qué?! ¡¿porque ella es mejor opción?!

—Porque ella es la única opción.

73

—¿De verdad estás dispuesto a arriesgarlo todo por una rebellium? ¿vas a
poner en riesgo las relaciones con las nueve familias, la seguridad de tu
familia y de todo lo que te rodea? ¿vas a renunciar a ser rey? ¿a lo que llevas
aspirando desde niño y que te ha costado sangre y lágrimas poder
alcanzar?

—Sí —respondió sin dudar.

—¿Por qué?

—Porque es todo lo que tengo.


640
—Solo anhelo que me ames como la amas a ella —musitó, con un hilo de
voz.

—Y yo solo anhelo que ella me ame a mí tanto como yo la amo.

17

—Ya lo hace, de eso puedes estar seguro.

—Lo sé. —sonrió levemente— Pero temo que en algún momento pueda
dejar de hacerlo.

—Si lo hiciera sería estúpida.

Por primera vez estamos de acuerdo.

—Cuando me enteré de que mi alma gemela era una mortal, investigué


mucho sobre ellos, sobre su naturaleza y sus costumbres. Ellos viven y
sienten de manera diferente a nosotros. Cuando un vampiro ama,
normalmente lo hace para siempre, pero un humano o... un rebellium,
puede amar intensamente hoy y dejar de hacerlo a la mañana siguiente. No
quiero que se aburra de mí.

24

—No creo que pueda aplicarse en este caso. He visto cómo te mira.

—¿Cómo?

—Como si fueras todo su mundo.

Por segunda vez estamos de acuerdo.

641
—Eso espero... —rio levemente— pero no puedo evitar sentirme...
asustado.

—Siempre creí que no le tenías miedo a nada.

—Tengo pánico a perderla.

—¿Tanto la amas?

—Tanto que ni siquiera lo puedo expresar con palabras —dijo, mientras se


aproximaba hasta la puerta—. Y por eso mismo no voy a permitir que le
hagas daño, Cristal. Si quieres conservar nuestra amistad, empezarás a
tratarla como se merece y deberás intentar...

Me quité rápidamente los zapatos y corrí de puntillas por los largos pasillos
del séptimo piso, hasta llegar a la biblioteca, donde se encontraban
descansando Elric, Mace, Dalton y el resto de los príncipes. Dejé mis
zapatos frente a una butaca cualquiera y me acerqué hacia una estantería
para fingir estar buscando algún libro. Observé por el rabillo del ojo que el
príncipe Elric se acercaba hacia esta misma estantería, donde él también
comenzó a buscar, al parecer, algo para leer. Levanté la mano para coger
un libro de portada dorada que me llamó la atención, pero lo aparté de
inmediato al sentir el frío toque de Elric contra mi piel. Carraspeé con
incomodidad y retrocedí unos pasos para largarme de ahí, pero Elric me
sostuvo por la muñeca.

—Lo siento... por lo de ayer —musitó, con una sonrisa nerviosa.

Suspiré profundamente y me mordí el labio inferior, mirándole con


cansancio.

642
—Te he dicho que no debes disculparte conmigo, Elric —dije, firmemente—.
Debes disculparte con Hudson, superar lo que sea que tienes contra él, y
dejar de intentar hacerle daño cada vez que se te presenta la ocasión.
Déjale en paz.

Arrugó la nariz, en señal de su rechazo. Sus ojos se oscurecieron y bajo


estos se formaron unas venas negras. Tragué grueso y traté de liberarme de
su agarre, pero no hizo falta, pues él solito me soltó. Su mirada se suavizó y
las venas bajo sus ojos desparecieron. Justo entonces sentí unas manos
rodear mi cintura con fuerza. No me hizo falta ni mover la cabeza para
saber que se trataba de Hud, quien me atrajo hasta su cuerpo, alejándome
un poco más de Elric.

Bastó una simple mirada fulminante de Hudson para que Elric apretara la
mandíbula, apartase la mirada, y acabase marchándose hasta la otra punta
de la habitación.

El agarre que Hudson estaba ejerciendo sobre mi cintura se suavizó


levemente. Dejó un casto beso en el hueco de mi cuello, que hizo que se me
erizaran todos los vellos del cuerpo.

—Puedo permitirme descansar media hora más —me susurró al oído, con
su maldita voz melodiosa—. Pero quiero estar contigo toda la tarde... —me
hizo darme la vuelta para que quedásemos frente a frente y me llenó el
rostro y la cabeza de pequeños besos— quédate un rato conmigo mientras
trabajo en el despacho. Te necesito...

26

Tosí un par de veces, pues casi me atraganto con mi propia saliva. Hudson
estaba mucho más cariñoso y protector de lo usual, si es que eso es
siquiera posible. Esto me recordó a la primera vez que hicimos el amor, a la
primera vez que me marcó; entonces se comportó exactamente igual que

643
ahora, así muy probablemente todo este afecto se debía a que lo había
vuelto a hacer después de muchísimos meses.

Tras esa media hora en la que no hizo otra cosa que llenarme de besos y
caricias, como si Elric y sus hermanos no estuvieran en la habitación, me
arrastró hasta su despacho. Los primeros quince minutos logró centrarse
en su trabajo, mientras yo me distraía leyendo un cuento en uno de los
sofás de cuero. Después me llamó para que me sentase sobre sus piernas; y
acabó prestándome a mí mucha más atención que a las pilas de papeles
que tenía sobre su mesa.

Me costó bastante que me dejase salir de allí por más de cinco minutos,
pero le acabé convenciendo para que me dejase bajar a las cocinas para ir a
por un pequeño tentempié para los dos. Partí un trozo de cada bizcocho
que habíamos preparado la noche anterior y le preparé un pequeño cuenco
con fresas y una copa bien cargada de sangre, mientras que para mí hice un
batido de plátano.

(•••)

Hudson:

19

Cuando la escuché proponer aquello, me quedé totalmente en blanco. No


encontré ninguna explicación, más que Katherine hubiera perdido
totalmente el juicio.
644
—¿Te has vuelto loca...? —musité.

—Hud... —fruncí los labios y aparté la mirada, pues siento una especie de
presión en el pecho cada vez que ella me llama así. No sé de qué se trata,
pero no quiero que acabe nunca— Antes de lo que pasó con Maximus, me
marcabas y bebías mi sangre sin ningún problema.

—Ayer te marqué... —refuté.

—Pero sé que te costó a horrores, y duró apenas un segundo —suspiró y


bajó la mirada— No quiero que pienses que te estoy intentando obligar a
hacer algo que no quieres, Hudson, solo pretendo que sepas que si quieres
morderme, que si quieres alimentarte de mí, puedes hacerlo cuando
quieras. Y que no debes sentirte culpable o... triste, porque lo que pasó
aquella noche no fue culpa tuya. Si perdiste el control fue por culpa de tu
abuelo; él usó sus poderes contra ti y te dejó sin comer durante dos
malditas semanas. Por tanto, ahora que está encerrado, no podrá volver a
hacerte daño. Comprendes eso, ¿verdad?

Bajé la cabeza y comencé a juguetear con el anillo que ella acababa de


regalarme. Odio hablar de este tema; no soy capaz de mirarle a los ojos sin
sentir culpa o vergüenza, aunque ella siempre me diga que no debo
sentirme culpable por nada.

Se sentó sobre mi regazo, haciéndome sentir un cosquilleo en el vientre. Su


dulce aroma no tardó en deleitarme, y todavía más cuando me rodeó con
sus brazos y apoyó su cabeza sobre mi hombro. Moví la pierna con
nerviosismo, pues, después de aquella conversación, tener su cuello tan
cerca me resultaba casi una tortura. Ella se percató de esto; apretó mi
rodilla para detener el movimiento, pero con eso solo consiguió que tuviera
que cerrar los ojos con fuerza para evitar que mi miembro se endureciera.
645
13

—Muérdeme Hud... —susurró contra mi oído, haciendo que mi respiración


se volviera más pesada. Se me resecó la garganta y sentí un cosquilleo bajo
los ojos, en señal de que las venas negras estaban empezando a hacerse
notar. Ladeé la cabeza y hundí la nariz en el hueco de su cuello; mi instinto
me pedía a gritos que lo atravesase con mis colmillos y me saciara con su
sangre, pues estaba más que hambriento. Llevaba meses hambriento, pues
recordar que asesiné al amor de mi vida, recordar esos días en los que fingí
que Katherine aún seguía con vida para llenar el vacío que me estaba
consumiendo el alma, era mil veces más doloroso que no probar ni una
gota de sangre en malditas semanas.

Me aclaré la garganta varias veces, tratando de apaciguar la sed.


Obviamente no sirvió de nada.

—Sé que puedes hacerlo, Hud... —me dijo dulcemente—. Tranquilo, no hay
prisa, tómate el tiempo que quieras.

Abrí la boca lentamente e inserté mis colmillos en su piel. Katherine soltó


un pequeño quejido y yo un profundo jadeo de satisfacción y placer.
Comencé a succionar su sangre; era tan dulce y sabrosa que me hacía
ansiar más y más. Introduje mi mano entre los mechones de su hermoso
cabello y la atraje hacia a mí, dejando caricias en esa misma zona.

—¿Puedo tocarte? —preguntó, jadeante.

10

Me separé unos milímetros y me relamí los labios, deleitándome con su


sabor.

—Por favor... —supliqué. Mi miembro palpitaba, llegando a provocarme


incluso dolor. Volví a incrustar mis colmillos en su piel y seguí succionando

646
poco a poco su sangre, haciendo uso de todo mi autocontrol, pues no
podía permitirme pasarme de la raya o hacerle daño.

A los pocos segundos, sentí cómo su mano desabrochaba el cierre de mi


pantalón y se introducía por dentro de mi ropa interior. Gemí contra su
cuello cuando comenzó a masajear mi miembro desde la punta hasta la
base, haciéndome perder totalmente la razón.

La situación nos estaba excitando a ambos, y era tanto el placer de estar


bebiendo de ella mientras me masturbaba, que no tardé en sentir el
orgasmo avecinarse, uno arrollador.

Caí de espaldas sobre el colchón, con ella sobre mí. Tuve que soltarla, pues
mis caderas comenzaron a sacudirse con violencia, algo imposible de
controlar. Di la cabeza hacia atrás y apreté las sábanas hasta casi rasgarlas;
se me nubló la visión y dejé escapar un jadeo ahogado, acompañado de mi
respiración agitada. Finalmente me corrí contra su mano, y al momento
sentí una serie de cosquilleos por todo mi cuerpo. Tardé unos cuantos
segundos en recuperarme y poder incorporarme de nuevo; solo cuando
mis piernas, por fin, dejaron de temblar.

10

Pero no es suficiente. Nunca lo es, si soy completamente sincero; siempre


quiero más y más. Quiero que me toque, quiero tocarla, quiero hacerle el
amor hasta que no pueda soportarlo más y quiero que al terminar me diga
cuánto me ama.

12

En un rápido movimiento le di la vuelta y deshice con desesperación todas


las ataduras de su vestido. Se lo quité de un solo tirón y comencé a besar
todas y cada una de las partes de su cuerpo semidesnudo. Gimió mi

647
nombre; incentivo suficiente para desabrochar su sostén y ponerme a jugar
con sus pechos.

Le quité las bragas y las tiré a saber dónde. Le abrí las piernas y observé su
húmeda intimidad durante unos instantes, antes de introducir uno de mis
dedos en su interior, luego dos y luego tres, mientras estimulaba su clítoris
con la lengua. Su pequeño cuerpo se retorcía de placer y sus piernas hacían
fuerza por cerrarse. No me detuve hasta que ella me imploró que la
penetrase.

Me senté en la cama y la subí sobre mi regazo, teniendo su espalda pegada


a mi pecho. Introduje mi miembro en su interior y comencé a mover las
caderas salvajemente, haciéndola gritar por la brusquedad de las
embestidas. Sin detener mis movimientos, estiré el brazo para dibujar
círculos en su clítoris con mi dedo corazón. Gritó y su cuerpo se sacudió
violentamente por culpa del clímax, así que, en lugar de detenerme, inicié
una serie de estocadas extremadamente rápidas para aumentar todavía
más su placer.

22

Yo también gemí su nombre y eyaculé en su interior, pues la presión que


sus paredes ejercían sobre mi miembro me arrastró al clímax una vez más.
La mordí nuevamente, esta vez con intención de marcarla, en el lado
contrario al que había utilizado para alimentarme.

13

Katherine se retorció encima de mí sin poder contener sus gemidos; su


espalda se arqueó y sus caderas se sacudieron violentamente, las cuales
empujé hacia abajo para poder llegar a la mayor profundidad posible. La
tomé por el mentón y uní nuestros labios en un fogoso beso, lleno de
pasión y de... amor.

648
Cuando Katherine me dio el visto bueno, salí de su interior y la llevé en
brazos hasta el cuarto de baño. Una vez allí, la dejé delicadamente dentro
de la bañera y encendí el grifo del agua caliente. Después entré yo y la
abracé con fuerza, disfrutando de su olor, y de la sola idea de que el mío
estaba grabado en todas y cada una de las partes de su cuerpo.

Katherine dejó un pequeño beso en mis labios y sonrió con timidez, algo
que volvió a provocar en mi pecho esa maldita presión inexplicablemente
agradable.

Ella me se giró hacia mí y me miró de una forma rara; distinta, más bien.
Fruncí el ceño, esperando alguna pregunta extraña acerca de la realeza
vampírica, algo que Katherine suele hacer muy a menudo, prácticamente
desde el mismo día que nos conocimos, pero en lugar de eso, se subió a
sobre mi regazo y me rodeó el cuello con sus pequeños brazos, donde dejó
unos cuantos besos húmedos con los que por poco pierdo la cordura.

—Te amo tanto, Hud... —murmuró. Esa presión en el pecho que ya he


mencionado antes, volvió a aparecer, pero de forma mucho más intensa—.
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Por favor, no me faltes nunca.

20

Dejé de respirar de golpe, porque por un momento me olvidé de cómo


hacerlo.

—Después de todo lo que has pasado por mi culpa, ¿de verdad piensas eso?

—Nada fue culpa tuya, Hudson —musitó, mientras me hacía suaves caricias
el pecho con la yema de los dedos. La calidez de su piel me transmitía una
paz indescriptible—. Pero, aun así, volvería a vivir todos esos malos
momentos con tal llegar a este mismo instante; aquí, contigo. Creo que aún

649
no eres capaz de asimilar cuánto te quiero, Hud. Lisa, Mace, Dalton, Víktor,
Amber, tú y tus hermanos sois mi única familia, no tengo a nadie más, pero
tú, en concreto, eres la persona que más amo en este mundo.

15

—Yo... yo también te amo. —tartamudeé, con una enorme sonrisa de


felicidad que no pude contener, deseando que este momento no terminase
jamás.

—Me gustaría llevarte a un sitio —dijo Hud, con cierta timidez, entre beso y
beso. Me separé ligeramente, hasta quedar a escasos centímetros de sus
labios, y le miré con curiosidad.

18

—¿A dónde? —pregunté, entusiasmada.

—Un lugar al que solía ir cuando era niño. —explicó, mientras se levantaba
de la cama— Me quedaba allí durante horas, siempre que quería estar solo.
Y, a los pocos años, se convirtió en mi refugio todas y cada una de las veces
en las que tuve que esconderme de mi abuelo.

Fruncí el ceño y sonreí falsamente, tratando de ocultar la tristeza que me


aborda cada vez que Hudson menciona algo sobre su infancia.

—¿Es una habitación? ¿o un pasadizo secreto?—cuestioné con entusiasmo


—. Siempre he escuchado rumores de que este castillo está plagado de
ellos. ¿Es eso cierto?

650
2

—Técnicamente, no pertenece al castillo y tampoco se trata de ningún


cuarto oculto. Pero sí, este lugar está plagado de pasadizos, galerías y
habitaciones del pánico.

—¡¿En serio? —chillé emocionada— ¿y dónde están? ¡¿podrías llevarme a


verlos algún día?!

—Hay tantos que probablemente desconozca la existencia de la mayoría,


pero te mostraré los que conozco siempre que quieras, princesa. Por
ejemplo, en este mismo pasillo hay una habitación acorazada tras el
cuadro de mi familia.

—¿De verdad? he pasado frente a él miles de veces y jamás me lo hubiera


imaginado —murmuré—. Entonces, si no vas a llevarme a ningún sitio
dentro del castillo, ¿a dónde vamos?

—Lo descubrirás cuando lleguemos.

—Venga, ya... —resoplé con resignación.

Hudson, con una media sonrisa, me cogió de la mano y me arrastró fuera


de la habitación. Bajamos los siete pisos de escaleras charlando
alegremente sobre cosas sin importancia y atravesamos el jardín trasero
hasta llegar al muro que rodea todo el palacio y su respectivo terreno.
Aquel lugar no es visible desde ninguna ventana gracias a los enormes
árboles que posee, así que entendí por qué era un buen lugar para evadirse
del mundo.

—¿Qué estamos haciendo aquí?

—No seas impaciente. —me regañó con gracia, justo antes de llevarme tras
unos grandes matorrales que apartó con la mano, haciendo visible un

651
agujero en el muro lo suficientemente grande como para que pudiera pasar
una persona de su tamaño.

Sin previo aviso, se metió por dicho agujero y yo le seguí sin rechistar.

Me costó un poco poder salir de ahí sin rasgar la tela de mi vestido, pues el
agujero no resultó ser tan grande como parecía al principio. Gateé hasta
atravesar los matorrales que había al otro lado, y por fin, pude ponerme en
pie. Me sacudí para eliminar la tierra que se había quedado en mi ropa y
alcé la vista al frente:

Lo único que hay tras los muros del castillo es un profundo bosque de
árboles y otras plantas enormes. Puede que no me hubiera dado tanto
miedo de haber venido durante el día, pero para entonces, que ya había
anochecido, lo único que nos iluminaba era la tenue luz de la luna, que de
poco servía por culpa de la frondosidad de los árboles.

—No veo nada... —murmuré, un poco alarmada, pues ni siquiera era capaz
de distinguir dónde estaba Hudson—. ¿Dónde estás?

—Aquí, princesa —susurró contra mi oído, mientras colocaba sus manos a


ambos lados de cintura. Esa acción me transmitió una tranquilidad casi
instantánea—. Ven, súbete a mi espalda.

Le hice caso de inmediato, pegando un pequeño salto para poder subirme


sobre él. En cuanto se aseguró de que estaba bien sujeta, comenzó a
caminar a paso bastante rápido, bajo mi punto de vista. Nos mantuvimos
en silencio los diez o quince minutos que estuvo caminando conmigo a
cuestas, pero era un silencio cómodo gracias al cual casi me quedo
dormida.

652
—Ya hemos llegado... —dijo. Abrí los ojos lentamente y miré curiosa a mi
alrededor: estábamos en un claro, lo que me permitió poder distinguir
alguna que otra figura. Pero hasta ahí llegué, no tenía ni idea de qué era ese
sitio.

—¿Dónde estamos?

—Ahora lo verás... —chasqueé la lengua y Hud rio por mi impaciencia—


Espérame aquí un momento. —me bajó de su espalda y escuché el sonido
de sus pisadas alejándose.

Casi se me baja la presión allí mismo. Hacía tanto frío que mis dientes
comenzaron a castañear, pero no fui capaz de moverme porque los sonidos
del bosque, desde crujidos a ruidos de animales; como los cantares de los
grillos, aullidos de lobos y otros gruñidos a la lejanía que no pude ni quise
distinguir, eran significativamente terroríficos.

De repente, noté que algo se iluminaba a mis espaldas. Me di la vuelta


instantáneamente, algo sobresaltada. Jamás podría haber imaginado la
maravilla que se presentó ante mis ojos:

Aquella cosa que se había iluminado de un color verde turquesa


fosforescente era una especie de lago. Hudson estaba dentro, en ropa
interior, y las zonas iluminadas eran aquellas por las que él estaba
pasando, abriendo un camino de luces y destellos irrealmente hermoso.

—Ven a darte un baño —dijo Hud, con una amplia sonrisa.

No me lo pensé dos veces; me quité los zapatos y el vestido lo más rápido


que pude, hasta quedar únicamente con el conjunto de lencería que había
decidido usar esa noche.

653
Me acerqué hacia la orilla del lago y mojé con cuidado la puntita del dedo
gordo del pie, llevándome la grata sorpresa de que el agua estaba caliente.
Ahora sí, me metí de golpe y nadé hasta donde se encontraba Hudson. A él,
el agua le llegaba por la cintura, mientras que a mí ya me llegaba por la
mitad del pecho.

Y sí, cada vez que yo me movía, el agua también se iba iluminando a mi


paso.

—¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa tímida. Asentí enérgicamente y me


lancé a sus brazos, abrazando su ancha espalda.

—¡Me encanta! —chillé—. Es el lugar más hermoso que he visto en mi vida.

—Me alegro de que te guste.

—¿Por qué el agua brilla cuando nos movemos? —cuestioné, emocionada


como una niña pequeña, mientras jugueteaba con ella—. ¿Se trata de algún
tipo de alga acuática?

—En realidad, se trata de hadas —dijo, y me quedé quieta como una


estatua—. Son un tipo de hadas microscópicas que reaccionan al contacto
con un agente externo. No te preocupes, son inofensivas.

—Gracias por traerme, Hud, todo esto es precioso. —de repente percibí un
pequeño cambio en su rostro. Pasó de tener una pequeña sonrisa y una
expresión medianamente alegre, a fruncir el ceño y bajar la mirada—
¿Ocurre algo?

—No, es solo que... bueno, te he traído aquí para estar completamente


solos, sin nadie que nos moleste. Es que necesito..., ne-necesito
preguntarte una cosa.

654
3

—Claro... —murmuré extrañada. Me separé ligeramente para poder mirarle


directamente a los ojos—. Cuando quieras, cariño.

—Bueno... yo... —comenzó a juguetear con sus manos, de forma nerviosa—


¿Te gustaría..., te gustaría formalizar el lazo?

17

—¿Formalizar el lazo? —me rasqué la cabeza con una mueca de confusión—


¿qué significa eso?

—Cuando... un vampiro encuentra a su alma gemela, se completa la unión


de dos formas. Con la marca y con el acto de amor. Pero también jurándose
amor eterno ante la diosa Luna. En general es una tradición no obligatoria,
pero eso no aplica para la realeza porque así se aprovecha para presentar
ante los nobles y el reino entero a las almas gemelas de los príncipes.

Mis mejillas ardieron tanto por un momento que creí que se me derretiría
parte del rostro. Mis manos comenzaron a temblar y la boca se me secó por
completo.

—Hudson... —musité, con la voz pendiendo de un hilo—. ¿Me estás


pidiendo matrimonio...?

14

—Supongo que ese sería el equivalente humano, así que, sí. Katherine Ford,
¿me concederías el honor de casarte conmigo? —bajó la cabeza,
avergonzado— no tiene que ser ahora, puede ser en dos, tres o cinco años,
si así lo deseas. Aunque no tenemos que hacerlo si no quieres, sabes que
jamás me enfadaría por...

48

—Sí.

655
—¿Sí, qué?

—Sí, sí, sí. ¡Sí! —mi visión se tornó borrosa por las lágrimas— ¡por supuesto
que quiero casarme contigo, Hud!

19

—¿De..., de verdad?

—¡Pues claro!

Sus ojos, que ya se habían aclarado un poco después de darle su regalo de


cumpleaños, volvieron a iluminarse. Sus labios se curvaron en una amplia
sonrisa y sus facciones me transmitieron una alegría que pensé que jamás
volvería a ver plasmada en él.

Me estrechó entre sus brazos con fuerza y comenzó a depositar besos por
todo mi rostro.

—Espera, espera... —reí por las cosquillas— yo también debo decirte algo.

—¿Es malo?

—No, no. Claro que no. Bueno, no sé cómo empezar a explicarlo, pero... tú
sabes lo que le pasó al alma gemela de Nadir, ¿verdad?

—Murió. —se limitó a decir, con un semblante serio— Si esto tiene que ver
con lo que pasó con mi abuelo, ¿podemos dejarlo para otro día? no quiero
hablar de ello ahora.

—No, no es eso, te lo prometo. Lo que te estaba diciendo es que Nadir,


poco tiempo después de conocernos, me contó lo que le ocurrió a su alma
gemela y cómo decidió deshacerse de su inmortalidad mediante un
embrujo, para poder reunirse con él lo antes posible sin tirar su vida a la
656
basura. Me dijo que gracias a dicho hechizo, pudo guardar su inmortalidad
en un frasco para poder cedérsela a alguien si era de vital importancia. La
cuestión es que hace unos días me propuso que yo consumiese su
inmortalidad de brujo, pero me aconsejó que no te dijera nada para que la
decisión fuera totalmente mía. Lo pensé durante un tiempo y lo miré desde
distintos puntos de vista, y desde todos llegué a la conclusión de que
quiero pasar el resto de mi vida contigo. Así que me la tomé, lo que quiere
decir que... bueno, que no voy a envejecer.

40

—¿Qué...?

Sus labios se fruncieron y sus ojos se cristalizaron.

—¿Es una broma? si es una broma no tiene gracia. Dime si lo es, por favor...

—No, no lo es...

Sus ojos se abrieron como platos y sus iris cambiaron a un rojo intenso,
claro y muy vibrante. Jamás le había visto esa tonalidad, ni siquiera antes
de lo que pasó con Maximus.

Sin esperarme tal reacción, se abalanzó sobre mí, haciéndome perder el


equilibrio, pero sus brazos ya estaban ahí para sujetarme. Me llenó de
besos prácticamente de la cabeza a los pies y se restregó contra mí de
todas las maneras posibles. Reí a carcajadas durante un buen rato, hasta
que, finalmente, se separó unos centímetros y me tomó el rostro con
ambas manos para mirarme fijamente a los ojos.

Se me abrió la boca al ver una enorme sonrisa formarse en su expresión.


Una tan bonita y sincera que casi me hace jadear de la sorpresa. Creí que
jamás volvería a verle tan feliz; tan lleno de vida.

657
16

—Acabas de hacerme el hombre más feliz del mundo, Katherine —


murmuró, con la voz entrecortada—. Te amo.

23

—Yo también te amo, Hud... —le miré embobada, sintiendo en el pecho


algo que no soy capaz de explicar con precisión; una alegría que casi me
roba el aliento.

—Estás temblando... —me abrazó fuertemente— volvamos ya al castillo. No


quiero que pases frío.

Salimos del lago y nos vestimos rápidamente. Me cargó en brazos y me


llevó de vuelta al castillo en apenas dos minutos, pues ahora sí que había
utilizado su super velocidad. Una vez en sus aposentos, aproveché para
cambiarme de ropa y secarme un poco el pelo con una toalla.

Entonces, como estaba un poco hambrienta, se me ocurrió que podíamos


cocinar algo juntos, ya que Hudson también disfruta de hacer ese tipo de
cosas conmigo. Le propuse hacer un par de bizcochos y él acepto
encantado, recalcando que esta vez no lo dejaría en el horno toda la noche.
Bajamos a las cocinas, aprovechando que ya era de madrugada y que las
tendríamos para nosotros solos.

Saqué todos los ingredientes necesarios: huevos, aceite, harina, azúcar,


yogurt, levadura, chocolate, nueces y un poco de sangre para Hudson. No
dijo nada ni mostró indicios de rechazo cuando saqué y le tendí este último
ingrediente, algo que llenó mi corazón de alegría.

Nos pusimos manos a la obra entre risas y besos, disfrutando de la


compañía del otro y del tiempo que estábamos pasando juntos, que ahora,
por culpa de los nobles, era más escaso de lo que nos gustaría a ambos.

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—Ahora lo único que podemos hacer es esperar —dije, con una gran
sonrisa, observando a nuestras dos creaciones hacerse en el horno.

—¿Cuánto tardarán?

—Unos veinte o veinticinco minutos. —frunció los labios, haciendo un


pequeño gesto de resignación— Y luego hay que esperar a que enfríen.

—Mhm... ya veo. En ese caso creo que tomaré un aperitivo. Verte cocinando
me ha dado mucha hambre.

—¿Quieres un poco de sangre? —fui hacia el refrigerador y saqué un par de


bolsas. También quedan fresas y... —me quedé paralizada al sentir sus
manos apretando suavemente mi cintura, las cuales me atrajeron hasta su
cuerpo.

—No me has entendido, princesa... —me susurró al oído, con una voz ronca
que me puso la piel de gallina— no me ha entrado ese tipo de hambre, y no
estoy hablando de ese tipo de aperitivo.

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Me giré lentamente y tragué grueso.

—En ese caso, toma cuanto gustes, Hudson.

12

Sonrió de forma ladina y restregó su pelvis contra mi abdomen,


haciéndome perder por un momento la noción de lo que estaba buscando
en el frigorífico.

Me cogió en brazos y, después de cerrar la puerta y apagar todas las luces,


me sentó sobre la encima de la gran isla, donde comenzó a besarme con
pasión y ferocidad.

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—Hudson... —jadeé entre beso y beso, y me hizo recostarme sobre dicha
superficie. Fruncí el ceño al no saber lo que pretendía hacer conmigo, hasta
que sentí sus frías manos introducirse por debajo de mi vestido y empezar
a acariciar mis muslos— Ay, Dios mío...

—¿Qué ocurre, princesa? —murmuró él, con tono socarrón, mientras


comenzaba a juguetear con el borde mi ropa interior.

—No podemos hacer esto aquí... —dije, con la voz temblando—. Al-
alguien..., alguien podría pillarnos.

—No lo creo... —me bajó las bragas hasta los tobillos, ante lo que solté un
pequeño chillido de impresión.

—Nos-nos van a oír...

—Entonces no grites, princesa... —sentí su fría respiración chocar contra mi


intimidad— y si lo haces, grita mi nombre para que todos los bastardos del
reino sepan que eres mía.

59

Me separó las piernas bruscamente y realizó todo un recorrido de besos por


mis piernas, cada vez más cerca de mi intimidad. Sus dedos rozaron mis
labios y presionaron mi clítoris levemente. Cerré los ojos con fuerza y, con
una mano, agarré con fuerza el objeto más cercano, que resultó ser el saco
de harina, mientras que con la otra me tapé la boca, tratando de reprimir
los sonidos que luchaban por escaparse mi garganta.

De repente sentí algo húmedo y flexible repasar mi zona íntima de arriba a


abajo; su lengua. Esa fue la acción que me hizo perder totalmente la
cordura.

Introdujo uno de sus dedos mientras su lengua seguía jugueteando con mi


clítoris. Mi respiración se volvió agitada y mis piernas se abrieron todavía

660
más inconscientemente, haciéndole soltar una pequeña carcajada. Mi
espalda se curvó tanto que pude ver la puerta de la cocina, en cuyo cristal
translúcido pude distinguir la figura de una persona. Mi cerebro me gritó
detener aquello, pero no pude mover ni un músculo; no quise hacerlo. Mi
vista se tornó borrosa y mis ojos se llenaron de lágrimas de placer. Quería
gemir su nombre y liberar todo lo que Hudson me estaba haciendo sentir,
pero no con esa persona ahí parada. Me mordí la lengua y solté el saco de
harina para taparme la boca con ambas manos. Lo único que se escuchaba
era mi respiración agitada, imposible de contener, y el sonido erótico que
los dedos de Hudson generaban al entrar y salir de dentro de mí.

10

Puse los ojos en blanco, así que ya no podía saber si esa persona seguía allí
o si ya se había marchado, pero tampoco me importó. Mis piernas se
cerraron de golpe, prediciendo el fuerte orgasmo que se avecinaría escasos
instantes después, pero Hudson hizo fuerza para impedirlo. Introdujo otro
dedo más en mi interior y eso fue el detonante para desencadenar un
orgasmo arrollador. Pero no se detuvo ahí, siguió jugando conmigo a pesar
de que mis piernas se cerraban solas y de que mi cuerpo se sacudía
violentamente. Ahí fui incapaz de retener mis gritos. Gemí su nombre y me
incorporé sobre los codos, enroscando las piernas alrededor de su cabeza y
empujándole todavía más hacia mí para que no se detuviera.

Pasados unos minutos, mis piernas cayeron como peso muerto a ambos
lados de la encimera, al igual que los brazos y la cabeza. Hudson dejó un
casto beso sobre mi intimidad y salió de debajo de mi vestido, mientras se
relamía los labios sensualmente con una sonrisa socarrona.

—Creí que habías dicho que no querías que nadie nos escuchara...

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—Cállate... —musité, extasiada—. Había alguien en la puerta, creo que se ha
dado cuenta de lo que estábamos haciendo.

—Claro que se ha dado cuenta —dijo, mientras me ayudaba a incorporarme


—. Era Elric.

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—¿Qué...?

—Y no sabes cuánto me ha excitado que hayas gritado mi nombre delante


de sus narices. —unió sus labios con los míos nuevamente, pero esta vez los
separó más rápido de lo que me hubiera gustado. —Los bizcochos ya están
casi hechos, huelen muy bien —dijo, y se alejó colmo si nada, dejándome
sobre la fría piedra de la isla con las energía consumidas.

Al cabo de unos cinco minutos, Hudson sacó ambos postres del horno,
haciendo que la habitación se llenase de un delicioso olor a chocolate. Los
tapó con un trapo y los dejó en un lado de la encimera.

—Ya los probaremos mañana. Ahora subamos a la habitación.

—No sé si podré sostenerme cuando intente ponerme en pie. —solté una


pequeña carcajada, incrédula por lo que acabábamos de hacer. Y, sobre
todo, porque me hubiese gustado tanto— Además, estoy un poco...
mojada. He manchado la ropa.

Hudson comenzó a reírse de mí y yo le miré de mala manera.

—No importa, Katherine—murmuró, mientras me cargaba al estilo princesa


—. No vas a durar mucho con ella puesta, de todas formas.

22

662
Como bien había dicho, me subió a la habitación en un abrir y cerrar de
ojos gracias a su velocidad vampírica. Me lanzó sobre la cama,
consiguiendo hacerme reír a carcajadas.

—No pienso ser gentil esta vez, princesa —dijo, haciendo que mi risa cesara
de inmediato. Me miraba de una forma peligrosa, como si él fuera un
cazador y yo una pobre presa—. Voy a arrancarte ese bonito vestido y a
hacerte gemir hasta que te quedes sin voz.

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Los ojos casi se me salen de las órbitas cuando se lanzó a besarme con una
ferocidad que hacía mucho que no utilizaba conmigo. Sus manos
recorrieron todo mi cuerpo y se deshicieron hábilmente de los cordones de
mi vestido, aunque casi me lo desgarra al intentar quitármelo con tanto
ímpetu e impaciencia. Acabé semidesnuda y con los brazos apresados por
detrás de la cabeza, mientras Hudson repartía un buen número de besos
por todas partes. Al rato me desabrochó el sujetador y comenzó a besar,
chupar y masajear mis pechos, a los que estuvo prestando atención
durante varios minutos. Luego, sin previo aviso, tiró de mis bragas y me las
arrancó de cuajo, algo que sorprendentemente no me dolió en lo absoluto.

—Hudson... —jadeé, incapaz de procesar todas las sensaciones que estaba


experimentando.

Me soltó durante unos segundos para desnudarse él también, dándome


unas perfectas vistas de su cuerpo trabajado.

Y del mini-Hudson. Que de "mini" solo tiene el apodo.

21

Se colocó entre mis piernas y me penetró lentamente sin más dilación,


pues gracias a su pequeño jueguito de la cocina ya estaba más que
lubricada. Al principio dio unas estocadas suaves y poco profundas para

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que me acostumbrara a su tamaño, pero no tardó en aumentar la fuerza y
la velocidad.

Me agarró por la cintura para empujar mi cuerpo en dirección contraria y


así aumentar la profundidad y el ritmo de los movimientos. Intenté gemir
su nombre pero ni eso era capaz de pronunciar.

Salió de mi interior y me dio la vuelta repentinamente, hasta dejarme boca


abajo sobre el colchón. Alzó mis caderas hasta que quedé con el trasero en
pompa y volvió a iniciar una oleada de bruscas penetraciones. Grité contra
la almohada y puse los ojos en blanco. Sus gemidos también hacían eco
por toda la habitación, acompañados por el ruido de nuestros cuerpos
chocando.

22

Sin dejar de moverse, me agarró por el mentón y tiró de mí hasta que mi


cabeza se apoyó contra su pecho.

—Hudson... —gemí. Como si se hubiera tratado de una señal, aumentó la


velocidad todavía más, si es que aquello era posible. Apoyó su cabeza en el
hueco de mi cuello y dejó algún que otro beso húmedo allí, haciéndome
perder la cordura totalmente.

Como siga así, este hombre va a partirme por la mitad.

17

No tengo ni idea de cómo, pero nos levantó a ambos de la cama y me


empotró contra el sofá, subiendo una de mis rodillas hasta el reposabrazos
para hacer que las estocadas fueran todavía más intensas y placenteras.

Después de unos minutos en esa posición ya estaba sudada, jadeante y sin


energías. Me dolían las caderas y no podía ver a causa de las lágrimas que
se me habían saltado, pero cada vez notaba más cerca el orgasmo y no
quería que parase por nada del mundo.

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Me dio la vuelta y me cargó en brazos. Enrollé las piernas alrededor de su
cintura y siguió con sus movimientos duros y rápidos. Junté nuestras
frentes y me deleité mientras le escuchaba gemir mi nombre una y otra vez.
Arqueé la espalda cuando el segundo orgasmo de la noche arrasó conmigo.
Cada uno parecía mejor que el anterior.

Volvió a dejarme sobre el sofá, ahora dando estocadas erráticas y bruscas.


Escondió su rostro en el hueco de mi cuello y, para mi sorpresa, me mordió
fuertemente en dicha zona. Aquello provocó que se transmitiera por todo
mi cuerpo una descarga de placer que me llevó a un tercer orgasmo mucho
más intenso que los dos anteriores. No se demoró mucho en sacar sus
colmillos, pues sé que se contuvo de beber mi sangre como lo había hecho
otras veces. Pero no me importó lo más mínimo. El solo hecho de que
hubiera vuelto a marcarme, después de tanto tiempo, era un claro indicio
de que estaba superando, poco a poco, lo que sucedió esa noche con
Maximus.

Él también alcanzó el clímax: sus caderas se sacudieron violentamente a la


vez que un líquido frío llenaba mi interior.

—Joder... —jadeó contra mi oído, mientras sacaba su miembro lentamente.

—Ha sido... —balbuceé.

—Quiero más.

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¿Eh? ¿cómo... cómo que más?

12

—¿Cómo dices...?

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—Vamos a la ducha. —sin darme tiempo a reaccionar, me llevó en volandas
hasta el baño y me dejó sentada sobre el lavabo, mientras él encendía el
grifo para que el agua se fuera calentando. Una vez hecho esto, me cargó
otra vez y nos metió a ambos en la ducha.

—No me dejes en el suelo —pedí, con gesto avergonzado—. No siento las


piernas.

—¿He sido demasiado brusco...?

14

—¡No, no! ¡para nada! Bueno, a ver... sí que ha sido brusco e intenso, pero
sin duda ha merecido la pena.

—A mí también... me ha gustado mucho— respondió tímidamente. Sonreí


de medio lado y estiré el brazo para coger el champú y empezar a
enjabonar su cabello.

Mientras lo hacía, noté que no despegaba la mirada de mis labios y me


puse realmente nerviosa. Sus labios estaban ligeramente entreabiertos,
mostrando parte de sus dos sensuales colmillos. Algunos mechones de
pelo mojado caían por su frente y sus ojos se mantenían de aquel color rojo
brillante tan condenadamente hermoso.

—¿En qué piensas?

—En lo hermosa que eres. Y en lo afortunado que soy por tenerte a mi lado.

—Yo sí que soy afortunada. Estoy prometida con el hombre más guapo,
sensual, inteligente y bueno de este planeta.

—¿De verdad lo piensas?

—Pues cla...
666
De repente, sentí algo duro rozando mi intimidad. Miré hacia abajo y jadeé
impresionada al ver una nueva y enorme erección comenzando a formarse.
¡Cuando dijo que quería más no pensé que lo dijera enserio! ¡Acabábamos
de tener un orgasmo hacía menos dos minutos!

—¿Siempre que hacemos el amor te quedas con ganas de más?

—Depende de la ocasión, pero entiendo que tu cuerpo tiene otras


necesidades distintas a las mías y que necesitas descansar.

—Descansar está sobrevalorado.

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—¿Sí? ¿no acabas de decir que no sientes las piernas?

—Y así es, así que no voy a poder moverme mucho. Pero eso no quiere decir
que no pueda soportar una segunda ronda si tú haces el trabajo duro...

—Y tanto que va a ser duro, princesa.

38

(•••)

667
A la mañana siguiente me desperté entre palabras dulces, besos y caricias.
Abracé a Hudson por el cuello para que no se le ocurriera alejarse y hundí la
nariz en el hueco de su cuello; deleitándome con su fragancia.

—¿Qué tal has dormido, princesa?

—De maravilla... —contesté, mientras me frotaba los ojos—. ¿Qué hora es?

—Las diez y cuarto. Tengo que bajar a desayunar ya porque tengo una
reunión en quince minutos. ¿Les digo a Mace y a Dalton que te esperen o
prefieres quedarte durmiendo un poco más?

—Iré en un rato —dije perezosamente—. Tengo que vestirme y asearme un


poco, así que tardaré unos quince o veinte minutos.

—Está bien... —dejó un dulce beso en mi frente, que me hizo sonreír como
una boba— Luego nos vemos, princesa.

En cuanto cerró la puerta, estiré los brazos entre quejidos y bostezos y me


incorporé poco a poco. Me senté en el borde de la cama y busqué con los
pies mis zapatillas de borreguito. Tras encontrarlas, me las puse con
torpeza; con los ojos semicerrados, y traté de levantarme.

Pero no pude.

10

Maldije internamente al sentir un fuerte dolor en los muslos, rodillas,


caderas y... ahí abajo.

Caminé a duras penas hasta el cuarto de baño y me miré inmediatamente


en el espejo: mis brazos y piernas estaban cubiertos de moretones. Mis
pechos, vientre y cuello estaban repletos de chupetones gigantescos, y, en
el cuello; en la zona cercana a la clavícula, tenía la marca de una mordida,

668
aunque ya estaba casi curada, dado que la saliva de los vampiros es
curativa.

15

No pude evitar sonreír al ver todas esas marcas: me recordaban lo que


habíamos hecho la noche anterior. TODO lo que habíamos hecho la noche
anterior.

Cubrí los moratones todo lo que pude con ayuda de un vestido de manga
larga y un poco de maquillaje. Me lavé la cara y me peiné para que no
pareciera que me había peleado con un mapache enfurecido, y salí de la
habitación intentando caminar lo más derecho posible.

Justo antes de llegar al comedor, habiéndoles dado gracias a todos los


dioses existentes por haberlo conseguido sana y salva, ya que haber bajado
los siete pisos de escaleras en esas condiciones no fue tarea fácil, Khalid me
interceptó, con una enorme sonrisa marcada en el rostro.

—¡Katherine! —chilló, mientras me estrechaba entre sus brazos con tanta


fuerza que creí que acabaría expulsando el estómago por la boca—. ¡No
sabes cuánto te quiero!

—Yo también te quiero, Khalid... —sonreí con confusión—. ¿A qué viene


tanta energía?

—No sé qué le has hecho a mi hermano, pero lleva todo el desayuno


sonriendo como un tonto. ¡Se ha bebido su copa casi entera, y no hemos
tenido que obligarle! Aunque... ahora que te huelo, y viendo la marca de tu
cuello, intuyo cuál puede ser la causa de tanta felicidad...

669
25

—Bueno... —carraspeé, con las mejillas sonrojadas— resulta que ayer le


confesé que, hace unos días, Nadir me hizo una pequeña propuesta. Me
dijo que podría cederme su inmortalidad de brujo si vivir para siempre era
lo que yo deseaba. Y... acepté.

Sus ojos se iluminaron levemente, al igual que los de Hudson, aunque no


con tanta intensidad.

—¡Por el amor de la Diosa Luna! ¡no me lo puedo creer! ¡esto es


maravilloso! —me agarró de las manos y comenzó a dar saltitos de
felicidad. Yo también quise saltar con ella, al menos hasta que las agujetas
me hicieron recordar por qué llevaba andando como un pato cojo todo el
día.

12

No pude observar aquella imagen de la que Khalid me había hablado, pues


para cuando entré en el comedor Hudson ya se había ido, al igual que el
resto de sus hermanos. Los únicos que quedaban en la mesa eran Dalton y
Mace. Esta última me miró con una sonrisa juguetona, pues probablemente
se había percatado de mi cuerpo desprendía el olor de Hudson con mucha
más intensidad de lo usual, mientras que Dalton siguió comiendo sus
magdalenas sin entender absolutamente nada. Me senté y comí solo un par
de tostadas, ya que quería volver a los aposentos de Hudson cuanto antes
para darme un buen baño de agua caliente, pensando que así mis
músculos se relajarían y dejarían de doler tanto.

Pero cuando estaba cruzando tranquilamente los pasillos del séptimo piso,
escuché un fuerte llanto femenino a través de una de las puertas. Esta
estaba entreabierta, así que no tuve que ingeniármelas mucho para
averiguar de quién se trataba. Empujé la puerta suavemente, provocando
que esta hiciese un pequeño chirrido. Cristal, que estaba tirada en el suelo

670
con el rostro lleno de sangre, se dio media vuelta con una expresión
furiosa.

—Ahm... —mi voz vaciló— ¿estás bien...?

—¡Pues claro que no!... —sollozó— todo es culpa tuya.

—¿Mía?

—¡Tuya! —se puso en pie y se acercó a mí dando grandes zancadas. Su


mirada transmitía ira, tristeza, coraje, y, sobre todo: dolor— ¡se suponía
que tú solo ibas a ser temporal!

—¿De qué estás hablando?

—Tú solo ibas a ser una etapa... un pasatiempo. Hudson estaría contigo
unos ¿sesenta, setenta años? mientras que tu mortalidad os lo permitiese.
Y luego morirías, ¿y sabes quién estaría ahí para consolarlo? ¡Yo! —gritó,
con la voz desgarrada— ¡Yo le ayudaría a superar su amor por ti y poco a
poco se enamoraría de mí y estaríamos juntos para toda la eternidad! ¡Pero
ahora resulta que eres inmortal! ¡lo has jodido todo! ¡Me has jodido la vida!

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—Cristal...

—Tú me lo arrebataste... —se dejó caer al suelo y siguió llorando


desconsoladamente— me has arrebatado lo único que siempre he
anhelado y me lo has arrebatado para siempre...

—No puedo arrebatarte algo que nunca ha sido tuyo, Cristal.

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—¡Cállate de una maldita vez! ¡desearía que estuvieras muerta! ¡desearía


que Maximus hubiera acabado contigo cuando tuvo ocasión! ¡desearía
poder matarte yo misma! ¡pero si lo hiciera, Hudson nunca me lo
perdonaría! ¡me torturaría y asesinaría para luego acabar consigo mismo,
671
me lo ha dejado muy claro! ¡¿Por qué te ama a ti si ambos estábamos
destinados a estar juntos?! ¡Nuestras familias ya estaban hablando de
unirnos ante la diosa Luna en unos pocos años!

—Él nunca ha querido casarse contigo, Cristal y lo sabes. Él no te ama y


nunca te ha amado.

—¡Pero con el tiempo empezaría a hacerlo!

—Realmente has perdido la cabeza... —me masajeé el puente de la nariz,


con una mueca de cansancio— Mira, Cristal, debes pasar página. Debes
comprender que Hudson no te ama. No puedes obsesionarte con alguien
que no es para ti. Mereces a alguien que te quiera y te valore. No te pido
que seamos amigas, puedes odiarme si así lo deseas. Sé que es duro ver a
la persona que te gusta con alguien más, créeme, lo he vivido en carne
propia, pero no puedes tratarme como una mierda cuando yo nunca te he
hecho nada. Solo quiero que me soportes y me dejes en paz; solo te pido un
poco de respeto.

—¡No me digas lo que tengo que hacer! —se levantó de golpe, con aparente
intención de golpearme, así que retrocedí unos pasos— ¡No me subestimes,
maldita rebellium, porque si te atreves a seguir interponiéndote en mi
camino, te destruiré! ¡Acabaré contigo!

11

—¿Es una amenaza?

—Tómatelo como quieras, cazadora inútil, pero no te atrevas a seguir


jodiéndome si no quieres pagar las consecuencias. No sabes de lo que soy
capaz de hacer, no tienes ni idea.

672
62

CAPÍTULO 71

Katherine:

13

—Desesperada por escapar de aquel duque viejo, sucio y arrogante con el


que sus abusivos padres iban a obligarla a casarse, la princesa huyó del
castillo junto a su amante; aquel apuesto caballero que había jurado
protegerla a pesar de todas las adversidades, habiendo estado
enamorados el uno del otro desde que ambos eran apenas unos críos...

19

Que Hudson me relatase ese tipo de cuentos con su voz grave y melodiosa,
era tan satisfactorio como escuchar a los mismísimos ángeles cantar.
Estábamos recostados en el sofá de su habitación, disfrutando de la
compañía del otro junto al agradable calor de la chimenea. Y era, como
bien digo, tan agradable, que no tardé demasiado en empezar a quedarme
dormida entre sus brazos. Al percatarse de ello, dejó el libro a un lado y me
dio un pequeño beso en la frente, mientras me abrazaba con más fuerza.
Apartó algunos mechones de cabello suelto que me tapaban el rostro y los
puso detrás de mi oreja, haciéndome sonreír con los ojos cerrados. Hundió
su rostro en el hueco de mi cuello y depositó allí varios besos, debido a los
cuales se me puso la piel de gallina. Me aferré a su torso con todas mis
fuerzas y restregué la mejilla contra su pecho, disfrutando de su frío pero
dulce toque.

673
1

—Cristal y Elric regresarán a su reino en tres días —susurró contra mi oído,


de repente. Abrí los ojos de golpe y fruncí el ceño; según mis cálculos,
faltaban casi dos semanas para cumplir lo acordado con los reyes
Vissouneau y así ambos pudieran, por fin, salir de nuestras vidas.

Me parecía extraño, pero tampoco es como si fuera a quejarme.

—¿Y eso desde cuándo? ¿cómo lo habéis conseguido?

—Todo el mundo sabe que esta situación es insostenible, los reyes


Vissouneau incluidos. Ayer tuve una larga conversación con Cristal y me
demostró que nada de lo que dijera le haría cambiar su actitud hacia ti, así
que le hice entender que lo mejor para todos es que ella y su hermano se
marchen cuanto antes. No puedo permitir que ellos se queden aquí,
Katherine, no pienso dejar que nuestra relación se dañe por su culpa.

—Lo sé... —suspiré— pero no puedo evitar sentir un poco de pena, al menos
por Cristal. Esa chica ha sufrido mucho, no me quiero ni imaginar el dolor
que sintió al ser traicionada de esa manera por la única persona que,
supuestamente, jamás iba a hacerlo.

Su repentino silencio me pegó una fuerte cachetada de realidad, pues


recordé que técnicamente yo no estaba enterada de eso. En mi defensa
diré que estaba medio dormida y con las energías insuficientes para filtrar
mis pensamientos antes de decirlos en voz alta.

—¿Cómo sabes tú eso? —cuestionó.

¿Y ahora qué le respondo? ¿por el poder de la intuición femenina?

674
—Pues... —reí de forma nerviosa— verás...

—¿Escuchaste nuestra conversación...?

—Pero fue sin querer. —me intenté excusar— Yo pasaba por ahí y los gritos
retumbaban por las paredes y entonces me asomé para comprobar que
todo estaba bien, pero vi que Cristal estaba semidesnuda y...

—¿Sabes que ella entró así en mi despacho, verdad? Y por supuesto le dije
que si volvía a hacerlo podía olvidarse de nuestra amistad. Yo jamás te...

10

—Lo sé, lo sé, Hudson. —le interrumpí— Lo escuché todo.

—Hay algo que no entiendo— dijo, con una mueca de confusión— creo
recordar que cuando Cristal entró, dejó la puerta casi cerrada, así que
tenías que estar bastante cerca como para poder ver algo a través de la
apertura...

—Sí... —admití, avergonzada— sé que no estuvo bien haberme quedado


cotilleando. Lo siento mucho, Hud.

—No te preocupes princesa, no estoy pensando en eso. —me separé de su


cuello ligeramente, hasta quedar a horcajadas sobre su regazo y le miré
directamente a los ojos, expectante.

—¿Entonces?

—Tienes un olor especial, Katherine, y además muy intenso. A esa distancia


cualquier vampiro podría detectarte, pero yo no lo hice y estoy seguro de
que Cristal tampoco, porque ella jamás habría dejado que escuchases que
fue traicionada por su alma gemela. ¿Cómo lo hiciste?

—No hice nada... —me encogí de hombros— te lo juro.


675
Me miró de una forma muy extraña; percibí en su rostro muchas emociones
diferentes que no pude identificar con claridad.

—¿Qué ocurre, Hud?

—Creo que has manifestado tu primera habilidad, princesa —dijo, mientras


una gran sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro—. El modo de caza de
los rebellium se basaba en los ataques sorpresa. Ellos no tenían nada que
hacer contra la fuerza física de los sobrenaturales, y, como bien sabes,
también tenemos una audición extremadamente potente, muy difícil de
sortear. Para poder cazarnos, debían ser lo suficientemente sigilosos como
para que su presa no pudiera ni captar su olor ni oír sus pisadas, así que
desarrollaron el poder de ocultar su peculiar aroma a todos aquellos que
supusieran una potencial amenaza.

—Pero... yo no tengo ni idea de cómo hacer eso.

—Es algo que no se aprende, simplemente sucede. Pero con unos cuantos
entrenamientos podrás controlarlo. Mañana nos centraremos
exclusivamente en eso, ¿te parece?

—Sí...

—Pues ahora descansa, princesa —dijo, mientras me llevaba en brazos


hasta la cama— Mañana será un día intenso, debes reponer energías.

—¿Mañana podrás estar conmigo durante el entrenamiento? —pregunté, a


pesar de saber que tiene que demasiado trabajo como para perder tiempo
en eso—. ¿Tienes que trabajar, verdad?

—Lo retrasaré —dijo, para mi sorpresa, haciendo que mi pecho se


contrajera de felicidad—. Por nada del mundo me perdería ver cómo
utilizas tus poderes por primera vez.

676
29

(···)

—¡Esto no funciona! —grité exasperada, mientras me limpiaba el sudor de


la frente—. ¡No puedo!

11

—Por supuesto que puedes, Kath —me dijo Khalid, con una mirada
compasiva—, solo debes dejar tu mente en blanco.

—¡¿Y cómo mierdas se hace eso?! —fruncí el ceño y me crucé de brazos


como una niña pequeña— ¡quiero dormir!

—Todavía no hemos conseguido ningún avance —intervino Dominik—,


cuando consigas, al menos, diluir tu olor, podrás descansar. —miré a
Hudson con los ojos muy abiertos y un gesto de reproche, pero él solo me
sonrió de forma ladina.

—Aguanta un poco más, princesa. Sé que puedes hacerlo.

—Hudson... —bajé la cabeza e hice un puchero— ¿puedo tomar un


descanso?

—No me mires así, no va funcionar.

10

—¡Esto sí que no va a funcionar! —me quejé, una vez más— ¡no puedo
hacerlo!

—Por supuesto que puedes.


677
—No puedo.

—Ya lo hiciste una vez.

—¡Pero no sé cómo! ¡ni siquiera me di cuenta de que lo estaba haciendo!

—Yo..., yo también necesito un descanso—balbuceó Dalton apareciendo de


la nada, jadeante, quien venía cojeando de una pierna— voy a desfallecer
ahora mismo.

14

—Exagerados... —Dominik rodó los ojos. Le dirigí una mirada fulminante.

—Está bien... —cedió Khalid, finalmente—pero solo quince minutos.

—¡Sí! —Dalton me chocó los cinco— voy a tumbarme un ratito. —y dicho


esto, se dejó caer sobre el húmedo césped del jardín trasero, ante lo que
solté una pequeña carcajada.

—Yo voy a beber agua. —avisé— Hudson asintió ligeramente y se giró para
seguir conversando con sus hermanos.

Descalza, corrí hacia el interior del castillo y, en primer lugar, busqué un


espejo en el que poder revisar mi aspecto; tenía el vestido lleno de
manchurrones de hierba, tierra y barro, además de tener el pelo totalmente
despeinado y lleno de brozas y hierbajos.

Suspiré dramáticamente y me arreglé el vestido lo mejor que pude antes de


entrar en las cocinas, donde, aprovechando que estaba completamente
sola, me serví un buen vaso de agua.

Escuché un pequeño crujido a mis espaldas y me di la vuelta lentamente.


Sonreí como una boba al ver a Hudson parado justo detrás de mí y me
acerqué con alegría. Pasé mis brazos alrededor de su cuello y dejé un casto
beso en su mejilla, pero él prácticamente ni se inmutó. Fruncí el ceño,
desconcertada, pero no tardé en recordar que los vampiros tienen un
olfato muy agudo y yo estaba llena de suciedad y sudor. Al percatarme de
678
esto, di un paso atrás, con las mejillas completamente rojas de la
vergüenza.

15

—Sé que hoy no hemos avanzado mucho, por no decir nada, pero te
prometo que a partir de ahora me esforzaré mucho más, no puede ser tan
difícil —murmuré, con una pequeña sonrisita tímida.

—No me cabe duda, Kathy —dijo, a la vez que daba un paso hacia mí y
posaba sus manos a ambos lados de mi cintura.

—¿Kathy? —pregunté desconcertada, soltando una leve carcajada— ¿desde


cuándo me llamas así?

19

—Todo el mundo te llama así. —ladeó la cabeza, confuso— ¿Acaso yo no


puedo?

—Claro que puedes, pero... —me encogí de hombros— solo Mace me llama
así, y a veces Maximus, pero solo para burlarse. Tú siempre me llamas
Katherine o... princesa.

—Ya lo sé, cariño, —levantó la mano para acariciarme la mejilla, lo que me


permitió ver algo extraño en uno de sus dedos—solo quería probar algo
nuevo.

17

Puse mi mano encima de la suya y la despegué lentamente de mi rostro


para mirar aquello que había llamado mi atención: era su anillo. Pero no el
anillo que le regalé en su cumpleaños. El viejo; aquel que había perdido
hace ya tiempo.

—¡¿Lo has encontrado?! —pregunté con emoción, dando un pequeño


saltito de felicidad.

679
2

—¿El qué?

—El anillo —respondí con obviedad—. Me dijiste que lo habías perdido,


bueno, que te lo habían robado.

—Sí... es verdad. En realidad no me lo habían robado, estaba debajo de la


cama. Se me debió de caer de la mesita sin darme cuenta y rodó hasta ahí.

21

—Pues debía estar muy escondido, porque miramos allí abajo tres veces.

—Al parecer no buscamos lo suficiente —dijo secamente, sin mostrar


expresión alguna.

—Bueno, ehm... —me rasqué la nuca, con algo de incomodidad— ¿cuándo


lo encontraste? no me habías mencionado nada.

—Esta mañana —contestó, sonriendo repentinamente—. Disculpa que no


te dijera nada, estoy tan ocupado con... esto de dirigir un reino que no
pienso en otra cosa.

—No te preocupes, lo entiendo. Sé que trabajas demasiado, cariño.

—¿Por qué no vamos a mis aposentos? —musitó, volviendo a poner la


mano en mi mejilla— quiero... estar contigo a solas.

—Pero... ¿no teníamos que seguir estrenando? Dominik dijo que hasta que
consiguiese diluir...

—No es necesario.

—Pero, tú dijiste...

—Eso puede esperar —contestó, casi de forma brusca—, ahora lo único que
quiero estar contigo.

680
10

—Está bien... —me tomó de la mano y juntos comenzamos a caminar hacia


la puerta de la cocina— Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Por supuesto, princesa, pero mejor cuando lleguemos a la habitación. —


tiró de mi mano nuevamente, pero esta vez fue él quién detuvo el paso—
¿Sabes qué? mejor quedémonos aquí.

Vale, esto es muy raro.

Algo no anda bien.

—Hu-Hudson... —balbuceé entre jadeos de dolor, debido a que su agarre


sobre mi muñeca se estaba intensificando mucho— ¿qué ocurre?

No contestó. Su respiración también comenzó a volverse agitada mientras


me miraba de una forma muy intimidante. Me empezó a apretar tanto la
muñeca que sus uñas llegaron a clavarse en mi piel, con mucha fuerza
además.

Grité su nombre pero siguió sin hacerme ningún caso. Sin poder soportar
más el dolor, tiré de mi brazo hasta conseguir soltarme, haciendo que él
perdiese el equilibrio y tuviera que sujetarse a la encimera para no caer
hacia atrás.

Retrocedí asustada, pues un vampiro normal ni siquiera se habría


inmutado con ese tirón, ni aunque hubiera utilizado todas mis fuerzas. Y
Hudson, precisamente, no es uno cualquiera.

Ese no era un vampiro. Ese no era Hud.

—¡¿Qué estás haciendo?! —vociferó, enfurecido.

681
—¿Quién eres...?

—¿Cómo que quién soy? ¿qué cojones estás diciendo, Katherine?

—¡He dicho que quién eres! —grité, alzando la voz con la poca valentía que
había conseguido reunir en esos segundos.

—¿A qué te refieres, princesa? —susurró, ahora con una voz dulce y suave.

Eso era lo más aterrador de todo. Sus repentinos cambios de humor,


expresión y forma de hablar. Como si estuviera tratando de contenerse;
como si estuviera a punto de perder los estribos.

—Tú no eres Hudson...

—Princesa...

—Hudson nunca se comportaría así. Jamás me haría daño.

—¿Te he hecho daño? —cuestionó con los ojos llorosos, mientras trataba
de acercarse—, no era mi intención...

—Y luego... es imposible que el anillo estuviera debajo de la cama, yo he


mirado ahí decenas de veces y tú también lo has hecho. ¡Me dijiste que te lo
habían robado!

—Me equivoqué, princesa...

—¿Dónde está el otro anillo?

Frunció el ceño y ladeó la cabeza, confuso. Mis ojos se llenaron de lágrimas


por el miedo.

No sabía qué hacer.

—¿Qué otro anillo?

682
—El que te regalé por tu cumpleaños.

—Lo he... lo he guardado. No quiero que se dañe, sabes cuánto me importa.

—¿Y la pulsera? —cuestioné, tratando de mantenerme lo más firme posible.

—También, princesa. Están guardados en mi vestidor, en uno de los


joyeros. No tienes que preocuparte por eso, ¿sí?

—Dios mío... —jadeé.

—¿Qué...?

—No existe ninguna pulsera...

—¿Qué quieres decir?

—¡Yo nunca le he regalado una pulsera Hudson! ¡dime ahora mismo quién
demonios eres!

Sus ojos perdieron el brillo de amabilidad que en algún momento pudieron


tener y se volvieron opacos. Relajó el ceño y sus hombros se destensaron,
haciéndole perder todo rastro de nerviosismo.

—Solo tenías que quedarte callada y asentir, estúpida princesita —siseó—.


Pero no importa, estamos lo suficientemente lejos de los príncipes como
para que ninguno te oiga gritar.

Mis piernas no reaccionaron cuando quise moverme. El falso Hudson me


lanzó un golpe con la mano abierta que a duras penas pude esquivar. Corrí
hacia la salida, pero me atrapó antes de alcanzar el manillar y me golpeó la
cabeza contra la pared. Sentí que un líquido descendía por mi frente y la
repentina sensación de que todo daba vueltas, además de un dolor
punzante.

683
Se puso encima de mí y me golpeó repetidas veces con una mano, mientras
que con la otra me tapaba la boca. Conseguí que apartase dicha mano
mordiendo uno de sus dedos con todas mis fuerzas, ante lo que soltó un
profundo alarido de dolor. Yo también grité, pidiendo auxilio y me pegó un
fuerte puñetazo en el estómago que me dejó sin aire durante varios
segundos.

Aprovechando que no podía moverme, saco un objeto metálico que tenía


oculto en su espalda y me amenazó presionando la punta justo en el centro
de la garganta.

—Todo esto ha sido culpa tuya, Katherine. Tú me has llevado a esto. ¿Sabes
lo que es esperar durante años a que tu vida cambie? ¿luchar por conseguir
algo mejor? No, no lo sabes. Porque todo lo que tienes te ha caído como
regalo del cielo. Solo eres una puta con suerte. ¡Estaba a punto de
conseguir lo que siempre he anhelado y lo arruinaste todo cuando te
vendiste a Hudson! ¡cuando empezaste a ser su zorra!

21

—Hudson ha escuchado mis gritos... —le aseguré— y ya estará de camino.

—Una pena que no vaya a llegar antes de que acabe contigo. —giró el
cuchillo y lo hundió un poco más en mi piel.

—¿Quién eres...?

—La que no va a parar hasta verte muerta, Katherine.

Alzó el cuchillo por encima de su cabeza, dispuesto a clavármelo con todas


sus fuerzas. Se quedó quieto con el arma alzada durante unos segundos,
probablemente para regocijarse todavía más en mi dolor.

684
A pesar de saber que ese no era Hudson, seguía siendo sumamente
doloroso que fuera su imagen amenazándome con una daga de plata, lo
último que fuera a ver.

Cerré los ojos y esperé el inminente impacto, pero en lugar de eso, se


escuchó un fuerte sonido de cristales rotos y el sonido metálico que
produjo la daga al caer en el suelo.

Abrí los ojos lentamente al dejar de sentir el cuerpo del falso Hudson sobre
mi cuerpo.

Lisa estaba parada frente a mí, con los ojos muy abiertos y aún sosteniendo
el cuello de un jarrón roto, con el cual había golpeado la cabeza de mi
atacante. Pero, lejos de haber terminado todo, él se levantó de nuevo,
manchado por la sangre que chorreaba de su cabeza, y, sin darme tiempo a
reaccionar, volvió a abalanzarse sobre mí y empezó a ahorcarme con sus
propias manos, viendo que la daga había salido volando de sus manos tras
el golpe.

—¡Hudson! —gritó Lisa, mientras le propinaba otro golpe en las costillas


que esta vez no surgió efecto—. ¡Para!

Quise decirle que ese no era Hudson, pero no era capaz de hablar. Me
estaba quedando sin aire. Mi cabeza se giró hacia un lado, pues me negaba
rotundamente a ver el rostro de Hud mientras estaba siendo asfixiada.

Gracias a los dioses, eso me permitió ver a mi salvación abriendo de golpe


la puerta, ya muy cerca de mí. El verdadero Hudson, cuyo rostro se
desfiguró al verme siendo ahorcada por su propia imagen apareció junto a
sus hermanos, alertados por mis gritos. Mis ojos se llenaron de lágrimas y
se me nubló la visión, por lo que no pude ver nada más.

685
De repente, la presión contra mi cuello cesó por completo y, tras un fuerte
ruido, fui liberada una vez más de mi atacante. A pesar de las pocas
energías que me quedaban, retrocedí lo más rápido que pude, hasta
apoyar la espalda en la pared más cercana, dónde ya me permití sujetar mi
cuello mientras sollozaba y trataba de respirar con normalidad.

A los pocos segundos sentí los brazos de Hudson rodearme con fuerza.
Aliviada, alcé la cabeza y busqué al falso Hudson con la mirada, llevándome
la grata y a la vez no tan grata sorpresa de que estaba tirado en el suelo,
sobre un charco de sangre que cada vez se hacía más grande:

Lisa había agarrado la daga y se la había clavado en la espalda, haciéndole


caer como peso muerto en el suelo. Después de unos segundos, Dominik le
dio la vuelta, haciendo visible su rostro, o más bien el de Hud, lleno de
sangre y con una expresión agonizante. Un escalofrío me recorrió toda la
columna.

—¡¿Quién eres?! —gritó Dominik—. ¡¿Cómo has conseguido el aspecto de


mi hermano?!

Aquella persona no respondió. Simplemente, con las pocas fuerzas que le


quedaban, miró a Lisa y dijo lo siguiente:

—Te he allanado el camino tantas veces... —musitó. Su cuerpo empezó a


cambiar, desvaneciéndose la apariencia de Hudson como en una nube de
humo— Te lo he dado todo, pero tú no me has agradecido nada. He hecho
todo cuando he podido para que pudieras asegurarnos un lugar muy alto
en esta maldita sociedad. Te expliqué cómo debías enamorar al príncipe, te
enseñé cómo apartar a esa maldita puta de tu camino, pero eres tan
patética que ni siquiera pudiste hacer eso, así que liberé al rey Maximus
para hacer tu maldito trabajo. Incluso la envenené y tú... tú me
traicionaste. En lugar de acabar con ella, la ayudaste a escapar, y no solo
eso: te fuiste con ella, le ofreciste tu amistad, y te enamoraste de un
pobretón, un mísero jardinero con tan pocas oportunidades como tú.
686
36

Lisa dejó caer la daga al suelo. Sus ojos se abrieron de par en par, y gruesas
lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas.

—Y ahora me has matado... mi propia hija. —la nube de humo terminó de


disiparse en el aire, mostrando a Lindsay,

—¿Mamá...? —sollozó, haciendo que mi corazón se contrajera con una


punzada de dolor.

—Te lo he dado todo... y tú no has sido capaz de cumplir mi único deseo —


me buscó con la mirada, y una vez hicimos contacto visual, sonrió de forma
macabra, mientras una hilera de sangre salía de la comisura de sus labios—
Yo os maldigo, a todos vosotros. Maldigo el día en el que apareciste en
nuestras vidas, y te maldigo a ti.

Su sonrisa se desvaneció y sus ojos perdieron cualquier destello de vida,


indicando que ya no estaba más en este mundo. Lisa se dejó caer de
rodillas en el suelo y comenzó a llorar desconsoladamente sobre el cuerpo
de su difunta madre.

Me levanté a duras penas y gateé hasta ella. Puse una mano en su espalda y
me mantuve en silencio durante todo el tiempo que ella quiso llorar sobre
el cuerpo inerte de Lindsay.

De repente, todo cobró sentido en mi cabeza: ¡la ama de llaves! ¡una de las
únicas personas que tienen acceso a todo el castillo! Ella debió buscar la
recámara oculta del rey y despertó a Maximus. ¡Fue ella la que le robó el
anillo a Hudson! ¡y la que me lanzó un jodido mal de ojo que casi lleva para
el otro lado! ¡Ella es la causante de todo!

687
Al cabo de un rato, Erik y Dominik se llevaron el cuerpo de Lindsay a una
habitación del séptimo piso, mientras decidíamos dónde y cuándo
enterrarla, aunque aquello tendría que esperar unos cuantos días.

Hudson se mantuvo a mi lado durante varias horas, sin querer despegarse


de mí ni un milímetro. Fue tal su preocupación, que dos días más tarde,
cuando tuvieron que viajar al reino Vissouneau para dejar a Cristal y Elric,
me dio una pequeña píldora de color ámbar transparente, que, según él,
me permitiría comunicarme mentalmente con cualquier persona durante
un par de minutos, pero que solo debía utilizar en un caso extremo de
emergencia.

Estar tan lejos de Hudson una vez más, después de todo lo que había
pasado, era sumamente molesto. Aún tengo un poco de miedo a lo que
pueda sueder a partir de aquí, ahora que sabemos toda la verdad, o al
menos lo que Lindsay pudo llegar a contar. La peor parte es tener que ver a
Lisa llorando desconsolada en la biblioteca, pues no ha querido salir de ahí
desde lo que sucedió y no sabemos qué hacer para que pueda superarlo, o
por lo menos sentirse mejor. Lindsay era una mala persona, pero seguía
siendo su madre y me siento como una mala amiga por no lamentar su
muerte. Solo siento que fuera Lisa la que tuvo que salvarme. Puede que si
me hubiera dado cuenta antes de que no era Hudson, si hubiera tardado
menos en reaccionar, Lisa no tendría que estar pasando por nada de esto.
Y, sinceramente, tener el cadáver de aquella mujer en un cuarto del mismo
piso en el que todos dormimos, no es ninguna ayuda.

Creo que esa sensación de culpabilidad, me llevó a descargar todas


aquellas emociones contra la otra única persona que yo consideraba
responsable de todo lo que ha pasado. Sé que Hudson jamás me habría
dejado ir a los calabozos para hablar con el rey Maximus, pero sentí la

688
necesidad de hacerlo. Quería hacerle pagar por el sufrimiento de Lisa, pero
también por el de Hudson. Sobre todo por el de Hudson, porque a día de
hoy, sigue teniendo pesadillas por su jodida culpa.

27

No me costó nada burlar a los guardias que custodiaban la entrada a los


calabozos, dado que no había ninguno. La mayoría estaban escoltando a
los príncipes hasta el reino Vissouneau, medida implantada después de
que la amenaza de ataque licántropo se intensificase durante estos meses,
al estar el trono desocupado. Los pocos soldados que estaban en el castillo
tenían como prioridad vigilar el perímetro del castillo, también para
defender de un posible ataque externo.

Me adentré en las mazmorras y caminé hasta el final tratando de mantener


la vista al frente, sin querer prestar mucha atención a las celdas a mi
alrededor, pues en su mayoría había esqueletos y calaveras que,
francamente, no quería pararme a observar.

Cuando llegué a la celda de Maximus me encontré con que este estaba


agazapado en el suelo, donde dibujaba una serie de patrones con la punta
de sus dedos.

Las baldosas crujieron bajo mis pies y Maximus se quedó totalmente


estático, pero, después de olfatear el aire, sonrió de medio lado y me miró
con sus malditos ojos demoníacos.

—Katherine... —susurró lentamente, como saboreando cada sílaba—.


Cuánto tiempo...

—Menos del que me hubiera gustado.

—¿Vas a entrar a darme conversación? estoy tan solo aquí abajo...

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—Me quedaré a este lado de los barrotes, si no te importa —contesté a la
defensiva—... ¿Por qué? necesito escucharlo salir de tu boca, porque si te
soy sincera, no soy capaz de entenderlo. ¿Por qué?

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué has hecho esto? —musité, con los ojos llorosos—, ¿por qué
incitaste a esa mujer a hacer lo que hizo?

—Ella lo hizo todo por su cuenta, Kathy, yo no la incité a nada. —sonrió de


forma burlesca— Y no hay ninguna explicación; ella quería acabar contigo,
y lo intentó hasta el final, al igual que yo.

—Ella tenía acceso a todas las zonas del castillo. Podrías haberle pedido
que te liberara, ¿por qué no lo hiciste?

—No tengo prisa por salir de aquí.

—¿Y qué te ofreció para que la ayudaras? no me creo que ayudes a alguien
sin pedir nada a cambio, sin importar cuál fuera su objetivo.

—Nada... —se frotó los ojos, como si le estuviera aburriendo mucho esta
conversación— Ella me despertó y me avisó de que había una... "humana"
interfiriéndose en los objetivos que yo establecí para mi nieto, en su
camino para llegar a ser rey. Técnicamente era yo el que debía ofrecer una
recompensa.

—¿Y qué le diste? acabas de decir que no la ayudaste en nada.

—Bueno, no he mentido al decir que no la ayudé a realizar su plan, pero sí


que le resolví algunas dudas...

—¿Qué clase de dudas? —cuestioné, tratando de no hacer algo que pudiera


ofenderle y no quisiera seguir contestando a mis preguntas.

690
—Me preguntó acerca de las artes oscuras. En concreto, sobre las
maldiciones y rituales demoníacos. También me cambió bolsas de sangre
humana a cambio de un poco de la mía. Mis nietos no me alimentan nada
bien...

Apreté los barrotes con fuerza.

—¿Así es cómo consiguió hacerse pasar por Hudson? ¿haciendo pactos con
demonios?

—Pues claro, niña. ¿De dónde crees que sacó la magia para lanzarte ese
maleficio? gracias al cual casi le rompes y el corazón a mi nieto y mueres
por segunda vez... fue realmente divertido escucharos discutir —carcajeó—.
¿Cómo crees que consiguió robarle a Hudson ese patético anillo sin que se
diera cuenta?

—¿Y qué ganarían los demonios con eso? ¿por qué tanto interés en
hacernos daño a Hudson y a mí?

—La pregunta sería, más bien, qué no ganarían al deshacerse de


una rebellium ya transformada, pero intuyo que la repuesta que tú buscas,
está en que pactó con unos demonios muy especiales. Unos que no viven
en el infierno, pero sí en un lugar parecido y cuyo principal alimento es la
fuerza vital de mi nieto...

—Las sombras... —musité, con los ojos llorosos—. Entonces las pesadillas...

—También fueron obra de una maldición —completó—. Solo que esta, al


contrario que el veneno que forzó tu transformación, sí salió como debía. Y
adivina qué... estaba tan bien hecha que nunca cesarán y tampoco se
puede revertir. Supongo que el pobre Hudson tendrá que lidiar con esas
alucinaciones durante toda la eternidad... una pena.

14

691
—¿Por qué odias tanto a tu propio nieto?

—Yo no le odio, Kathy, pero me ha fallado. Me falló en el momento que


trató de desafiarme, hace ya varias décadas; me falló cuando rompió toda
oportunidad de enlace con la princesa Vissouneau, cuando yo ya había
arreglado el compromiso con sus padres. Me falló cuando aceptó a una
humana como su alma gemela, sabiendo que jamás podrías gobernar con
ella a su lado, y peor, apoyándola después de descubrir que es una
cazadora; una enemiga natural de nuestra especie. Y sobre todo, me falló al
esconderte en el poblado humano, al negarse a decirme tu paradero
cuando se lo ordené, ¡al atacarme y encerrarme cuando le hice un gran
favor al deshacerme de ti!

—Estás loco. Estás completamente loco. Y eres un monstruo.

—Puede, pero gracias a eso, creé al momarca perfecto. A un auténtico


hombre que pueda representar a nuestro reino con la cabeza bien alta.
Pero tú lo has destruido todo. De no ser por ti, Hudson habría sido un
magnífico rey...

—No pienso seguir escuchando tantas sandeces —sentencié, alejándome


de los barrotes y empezando a caminar hacia la salida. Lo último que
escuché de Maximus fue una risa sádica; como si quisiera hacerme saber
que nada de lo que yo dijera podría afectarle lo suficiente como para
hacerle arrepentirse por todo el daño que le ha causado a su familia.

Empecé a subir las escaleras, de vuelta a la planta principal, pero me quedé


estática a medio camino, al recordar un pequeño detalle que, en un
principio, no parecía tener ninguna importancia...

"Me preguntó acerca de las artes oscuras. En concreto, sobre las maldiciones
y rituales demoníacos. También me cambió bolsas de sangre humana a
cambio de un poco de la mía. Mis nietos no me alimentan nada bien..."

692
"Me cambió bolsas de sangre humana a cambio de un poco de la mía..."

¿Su sangre?

Me di media vuelta y volví sobre mis pasos una vez más, dando grandes
zancadas. Golpeé la puerta de la celda de Maximus con todas mis fuerzas.

—¿Y ahora qué? —preguntó, hastiado.

—¿Qué has querido decir con eso?

—Vas a tener que concretar un poco más, Kathy, he dicho muchas cosas.

—Antes dijiste que Lindsay te dio bolsas de sangre humana en secreto, a


cambio de un poco de la tuya. ¿Qué significa eso? ¿para qué querría ella tu
sangre?

—¿Tú qué crees?

—¿Para otro conjuro? ¿para entregársela a las sombras a modo de pago?

—Piensa un poco más, Kathy, es más sencillo que todo eso.

Negué con la cabeza, aún sin llegar a entenderlo.

—¿De verdad piensas que ella realmente creyó que podría llegar a hacerte
daño estando mi nieto en el castillo? Por mucho que tuviera el aspecto
físico de Hudson, era un plan demasiado arriesgado, ¿no te parece?

Me quedé en completo silencio, sin saber qué contestar.

—Después de tomarse tantas molestias para quitarte de en medio, ¿por


qué actuar de forma tan descuidada? Es como si desde un principio supiese
que...

—Iba a fracasar. —completé por él, sacándole una pequeña sonrisa ladina.

693
—Entonces, te lo volveré a preguntar, Kathy: ¿por qué Lindsay te atacaría
estando Hudson en el castillo, en lugar de esperar unos pocos días y actuar
cuando tuviera que ausentarse para dejar a la señorita Cristal en su reino?
¿por qué no llevarte a un lugar alejado donde tus gritos fueran más difíciles
de escuchar? Respóndeme a esto: ¿cuando su hija te salvó, luchó por su
vida? ¿para qué dejarse asesinar tan fácilmente?

10

¿Dejarse asesinar?

Durante unos efímeros segundos intenté recordar exactamente lo que


había sucedido aquel día: Lindsay, fingiendo ser Hudson, me atacó e
intento clavarme una daga, de eso no cabía ninguna duda. Pero Maximus
tenía razón, por mucho que me repugnase pensarlo: ¿por qué Lindsay no se
defendió cuando apareció Lisa y le atestó aquel golpe por la espalda? ¿por
qué no librarse de ella antes de seguir atacándome?

La respuesta me llegó de golpe, como una descarga eléctrica, y me sentó


como una fuerte patada en el estómago.

No se defendió porque su intención no era matarme.

Su objetivo era conseguir que nosotros la asesinásemos a ella primero.

—¿Para qué querría ella mi sangre? —cuestionó nuevamente, con una


amplia sonrisa que se le formó al percatarse de que ya lo había
comprendido.

—Para morir con ella en su organismo... —musité con los ojos cristalizados.
Mi corazón empezó a bombear sangre como loco y mi respiración se volvió
irregular.

—Y si todo sale como es debido, el vampiro convertido despierta a los dos o


tres días de haber comenzado la transformación. —se levantó del suelo y

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dio un paso hacia la puerta del calabozo, pero no pudo avanzar mucho más
debido a las cadenas que le mantenían apresado de pies y manos— Tic tac,
Katherine. Tic Tac.

20

Tardé unos cuantos segundos más en poder reaccionar. Solté una pequeña
lágrima que me nublaba la visión y corrí hacia el séptimo piso lo más rápido
que pude, en concreto, hacia la habitación donde se encontraba el cuerpo
de Lindsay.

Entré en dicho lugar a trompicones, llevándome por delante todo objeto


que se interpuso en mi camino.

Busqué a Lindsay con la mirada:

Casi me desmayo al ver que la cama estaba vacía, e impregnada de una


especie de moco negro maloliente.

Salí de allí corriendo y bajé de nuevo hasta la planta principal, donde, justo
antes de terminar de bajar las escaleras, escuché un rugido ensordecedor.

Me agarré a la barandilla y asomé la cabeza lentamente: había gente


gritando y corriendo por todas partes. Giré un poco más la cabeza cuando
escuché unos ruidos húmedos muy desagradables, y fue entonces cuando
vi a un ser terrorífico, con el cuerpo alargado y esquelético, parte de la piel
quemada y sin ojos, totalmente deformado, aunque algunas facciones de
Lindsay aún podían distinguirse en su rostro.

Había visto a esa criatura dibujada en el libro de Alexander Stone, y


siempre ha estado muy presente en las antiguas leyendas del poblado.

Era el resultado de una mala transformación vampírica: un fallido.

695
2

El miedo se apoderó de mi cuerpo y las rodillas me comenzaron a temblar.


No sabía qué hacer en ese momento, no sabía si debía correr, esconderme
o salir pitando del castillo.

Solo sabía que tenía que avisar a Hudson.

Corrí hacia nuestros aposentos y busqué por todas partes aquella cápsula
ambarina que él me había dado, precisamente por si algo como esto
llegaba a suceder. Se me cayó un par de veces por culpa de los temblores
de mis manos, pero finalmente pude metérmela en la boca y tragarla sin
siquiera agua.

Me dejé caer de rodillas mientras repetía una y otra vez el nombre de


Hudson, sin obtener ninguna de las veces respuesta alguna. Pero,
finalmente, no sé si por obra divina, escuché su melodiosa voz.

—¿Katherine? —susurró. La voz se escuchaba tan tenue pero a la vez tan


cercana que parecía que estaba dentro de mi propia cabeza—. ¿Qué
ocurre?

—La madre de Lisa nos ha engañado a todos, —sollocé— ella va a...

—Ey, ey, tranquila princesa... Intenta calmarte, ¿vale? Me está costando


entenderte.

—El plan de Lindsay era morir, Hudson —murmuré, esta vez de la forma
más pausada y tranquila posible—. Ella consiguió sangre de tu abuelo y nos
forzó a matarla después de haberla digerido, sin levantar ninguna
sospecha. Su último objetivo era convertise en vampiro, Hud.

—Mierda... —maldijo, con evidente frustración—. Escúchame bien,


Katherine. Quiero que vayas a la habitación donde dejamos su cuerpo y la

696
cierres con llave. Bloquea la puerta con todos los muebles que encuentres
y...

—Ya es tarde... cuando descubrí lo que tramaba fui a la habitación, pero ya


no estaba. Se ha despertado, Hud, pero no como una vampiresa. Algo
debió salir mal en la transformación y se ha convertido en un fallido. Está
asesinado a los guardias y a los humanos, ¡tenemos que hacer algo!

—Lo único que vas a hacer tú, es ponerte a salvo. ¿Recuerdas que te hablé
de una cámara secreta oculta tras el cuadro de mi familia? quiero que te
escondas ahí. Llévate a Dalton y Ariel contigo y no salgáis hasta que
lleguemos. Ya estamos de camino, ¿está bien?

—Primero tengo que ayudar a los soldados o... o poner a salvo a los
empleados. Tengo que...

—¡No, Katherine! —me cortó, con un fuerte grito— ¡ni se te ocurra! ¡vas a
esconderte donde te he dicho ahora mismo! ¡ahora!

—Eso sería muy cobarde por mi parte.

—¡Katherine! ¡por el amor a la Diosa Luna, hazme caso de una maldita vez!

—Pero los demás...

—¡Me importan una mierda los demás! ¡solo me importas tú! ¡así que, por
favor, ponte a salvo! ¡nosotros nos ocuparemos del fallido y ayudaremos a
los humanos, te lo prometo!

—Está bien... —musité, derrotada—, avisaré a Lisa, Dalton, Víktor y Amber...


No te preocupes por Ariel, nosotros le protegeremos.

—Katherine... —comenzó, con un tono asustado y de reproche, pero su voz


se fue disipando poco a poco, hasta desaparecer por completo y pasar a ser
un solo recuerdo de mi mente.
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Salí de la habitación a hurtadillas y corrí hacia la biblioteca con la mayor
rapidez y sigilo posibles. Por suerte, ya todos se encontraban allí,
consolando a Lisa, por lo que no perdimos mucho las tiempo. Les expliqué
la situación superficialmente y juntos nos dirigimos hacia el lugar al que
Hudson me había ordenado ir.

Víktor fue el primero en entrar en la habitación del pánico, pues estaba


demasiado alto y necesitábamos a alguien con la suficiente fuerza para
ayudarnos a subir al resto. Los siguientes fueron Ariel y Amber, por ser los
únicos niños del grupo, por último Lisa, a la que tuvimos que impulsar
entre Dalton y yo. Finalmente llegó mi turno y Dalton me alzó sobre sus
hombros para que Víktor pudiera subirme más rápido, pero justo cuando
estaba a punto de alcanzar las manos del moreno, escuchamos un fuerte
ruido a nuestro lado izquierdo, seguido de un rugido ensordecedor.

Para cuando nos quisimos dar cuenta, el fallido estaba corriendo hacia
nosotros. Dalton perdió el equilibrio y ambos caímos de bruces al suelo,
pero pudimos levantarnos antes de que, lo que quedaba de Lindsay, nos
atrapase.

Miré a ese monstruo directamente a los ojos, o al menos a lo que yo creí


que eran los ojos; su rostro estaba totalmente deformado, en carne viva,
como comido por el fuego. A lo largo de sus labios se asomaba una fila de
enormes dientes puntiagudos, los cuales estaban llenos de la sangre de sus
primeras víctimas.

—Dalton... —susurré, con la voz entrecortada—, cuando te lo diga,


echaremos a correr los dos juntos.

—No puedo... —respondió, también con la voz temblorosa—. No puedo


moverme.

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—Pues más te vale hacerlo. A la de tres: Una... dos... ¡y tres!

Agarré a Dalton por la muñeca y corrí en dirección contraria, escuchando


los sórdidos pasos del fallido pisándonos los talones.

Lo primero que se me ocurrió fue escondernos bajo una mesa,


aprovechando el momento en el que cruzamos hacia otro pasillo y el fallido
nos perdió de vista durante unos segundos. Me tapé la boca con una mano,
mientras que con la otra tapaba la de Dalton, quien estaba demasiado
asustado como para hacerlo por sí mismo. El mantel de dicha mesa llegaba
hasta el suelo y por ello era imposible que pudiera vernos, además de que
sus ojos atrofiados no parecían permitirle ver con mucha claridad. Escuché
la respiración pesada del monstruo a muy corta distancia; sentí que mi
pecho se contraía por el miedo, pero solo me permití liberar una pequeña
lágrima. Pero, a pesar de su mala visión, subestimé su increíble olfato, y
teniendo en cuenta el fuerte aroma que al parecer poseo, era de esperar lo
que sucedería a continuación:

Su mano sangrienta y con enormes garras apareció por debajo de la mesa y


se clavó en mi pantorrilla, haciéndome soltar un fuerte alarido de dolor.
Tiró de mí, pero yo me agarré con todo lo que pude a una de las patas de la
mesa, que por suerte eran metálicas y no de madera. Pero aun así, fue
imposible manteneme agarrada por mucho tiempo; mis manos resbalaron
por culpa del sudor y lo único que me sujetó por unos segundos fue el reloj
de mi madre, que se había enganchado a un pequeño sobresaliente
metálico. Aquello me hizo un daño tremendo en la muñeca, pero no por
mucho tiempo, ya que el material de la correa cedió y se rompió por
completo.

El fallido se puso encima de mí y acercó sus fauces a mi cara, dejando un


espacio de escasos milímetros. Una mezcla de babas y sangre que goteaba

699
de su boca me cayó sobre los labios, pero ese era el menor de mis
problemas.

De repente, algo llamó la atención del fallido: el reloj de mi madre, tirado


en el suelo y ahora destruido. Lo recogió con sus dientes e hizo una especie
de mueca; como una especie de sonrisa.

Se estaba burlando de mí.

Paralizada, cerré los ojos con fuerza, esperando mi inminente destino,


viéndose frustrado otra vez por la repentina aparición de un tercero.

—¡Princesa! —gritó alguien al fondo del pasillo. Giré la cabeza y vi a un


grupo de tres guardias sujetando sus espadas, en posición de ataque.

El fallido rio. Su risa estaba distorsionada, era casi demoníaca, pero con
ella pude entender que no le preocupaba en lo absoluto la presencia de
aquellos soldados, ni las armas que manejaban.

Iban a morir todos.

Por mi culpa.

El monstruo me dejó libre durante unos momentos para poder acabar con
los guardias, cosa que aproveché para, no sé con qué energías, echar a
correr.

Llegué a las escaleras escuchando rugidos, los gritos de dolor de aquellos


soldados y ruidos muy desagradables de huesos quebrándose.

700
Me sentí como una completa cobarde al empezar a bajar las escaleras sin
pararme a pensar en ello, pero le había prometido a Hudson que me
pondría a salvo y no iba a romper mi promesa.

Llegué al segundo piso antes de que el fallido acabase con los guardias y
volviera a perseguirme. Los pasillos estaban repletos de cuerpos; unos sin
cabeza, en otros casos solo quedaban algunas extremidades. Un reguero
de muerte y sangre que ahora manchaba la historia de este castillo.

No se me ocurrió otro lugar mejor que las mazmorras para ponerme a


salvo. Los pasos del monstruo cada vez se escuchaban más fuerte y más
cerca; el miedo me invadió y corrí hacia la última celda; la celda del rey
Maximus, llevándome la sorpresa de que la puerta estaba completamente
rota.

Pero no porque Maximus hubiera escapado. Él seguía ahí, solo que no de


una pieza.

39

Su cabeza estaba separada del resto del cuerpo, pero seguía ahí. Cuando
sentí un pinchazo en la pierna me di cuenta de que fuera a donde fuera, el
fallido me encontraría por culpa del rastro de sangre que dejaba a cada
paso. Hice lo primero que se me ocurrió, la cosa más asquerosa que he
hecho en toda mi vida: rebozarme en la sangre de Maximus.

Me escondí tras una columna, escuchando ya el sonido de las pisadas del


fallido cada vez más cerca. Me acurruqué en el suelo y abracé mis rodillas
conteniendo la respiración. Imploré con todas mis fuerzas que no me
encontrase, que, a pesar de estar olisqueando el lugar a pocos centímetros

701
de mi cuerpo, estando tan cerca que casi podía oler su aliento, no se diera
cuenta de que yo estaba a su lado.

Y por increíble que parezca, así pasó. No puso verme, ni tampoco captar mi
olor.

No era el mejor momento para alegrarse, pero entonces creí haber


descubierto qué era lo que necesitaba para poder "apagar" mi olor
corporal.

Miedo y rabia.

Me quedé ahí quieta durante varios minutos, a pesar de que el fallido ya se


había marchado a saber qué otro lugar. No me atreví a levantarme ni
moverme del sitio por al menos quince minutos. Solo lo hice, y a duras
penas, cuando un guardia , gritando mi nombre, apareció corriendo por los
calabozos.

Este hombre, aparentemente muy nervioso, me llevó a la séptima planta a


toda prisa. Cuando nos encontrábamos a algún otro guardia mientras
subíamos las escaleras, les gritaba que ya me había encontrado y todos
suspiraban aliviados, como si su vida dependiese de ello.

18

Finalmente, llegamos al último lugar en el que vi a Dalton, y por suerte, él


se encontraba allí, sano y salvo, acompañado, para mi sorpresa, de mis
amigos y todos los príncipes. Estos seis últimos estaban cubiertos de un
líquido negro espeso, rodeando el cuerpo inerte del fallido, al que
seguramente ellos mismos habían matado. Hudson, en concreto, estaba
parado con una expresión de terror plasmada en el rostro. Sostenía entre
sus manos algo brillante que no tardé en reconocer como el reloj de mi

702
madre. Yo pensé que aquel monstruo se lo había tragado, pero debió
quedar atascado entre sus dientes.

—¡Mi príncipe! —gritó el guardia. Hudson levantó la mirada de inmediato y


dejó caer el reloj, o al menos lo que quedaba de él, en cuanto me vio. Se
tambaleó ligeramente y su expresión se relajó. Sonreí como una boba y
quise ir hacia él, pero su gesto se transformó en uno de furia y él mismo se
dirigió hacia mí a grandes zancadas.

El guardia, asustado, se alejó al instante.

—Hudson...

—¡Te dije que te escondieras en la puta habitación del pánico! —vociferó,


haciéndome saltar levemente— ¡me prometiste que te pondrías a salvo,
pero, como siempre, tuviste que poner tu vida en peligro! ¡¿Por qué no me
haces caso?!

—Te prometo que lo intenté Hud, pero esa cosa nos sorprendió cuando nos
estábamos escondiendo y no nos dio tiempo a subir a Dalton y a mí... —
musité—. Lo siento...

Frunció los labios y se revolvió el cabello con frustración.

—Joder, ven aquí. —sus brazos me apresaron con tanta fuerza que me dejó
sin respiración durante varios segundos— No vuelvas a hacerme esto.

—Lo prometo... —dije a duras penas, por culpa de la falta de aire.

—¿Estás herida? —miró con atención la herida abierta del mi pantorrillas—


¿por qué hueles a la sangre de mi abuelo?

—Yo... —balbuceé, sin saber cómo iba a reaccionar— esa cosa lo mató, Hud.
703
Se quedó paralizado durante unos segundos, pero, lejos de preocuparse
tanto como esperaba, me llevó a rastras hasta nuestra habitación; hasta
baño, más concretamente. Me cogió en brazos allí mismo y me sentó sobre
el lavabo, supongo que para tener una mejor vista de mi pierna. Cogió un
pequeño algodón y lo humedeció con agua, con el que posteriormente me
limpió la herida con la mayor delicadeza posible.

Observando dicha acción, me percaté de que sus manos temblaban.

—Hudson... ¿estás bien? —en primer lugar asintió con la cabeza, pero luego
frunció el ceño y se tapó el rostro con ambas manos— Hud...

—No vuelvas a hacer eso, Katherine. —me pidió, con un semblante serio y
autoritario— No vuelvas a ponerte en peligro por intentar salvar a otros.
Quiero que si vuelve a ocurrir algo como esto, tú seas la primera en
esconderte; en ponerte a salvo. Sé que va a sonar un poco egoísta, pero no
puede importarme menos: los demás no me importan, Katherine. Tú eres
mi prioridad mi amor, ¿entiendes? y no quiero que...

22

Me quedé mirándolo fijamente, con una gran sonrisa que lo hizo callar de
forma abrupta. Me incliné hacia delante y le cogí por el mentón,
atrayéndolo hacia mí para poder besarlo con ferocidad.

—Te amo, Hudson McClaine —dije, entre beso y beso, sonriendo contra sus
labios.

—Y yo a ti, Katherine Ford —respondió él en un suspiro, sin poder contener


las ganas de volver a unir nuestros labios en un beso apasionado.

No podía sentirme más afortunada por tener a mi lado a un hombre como


Hudson: un hombre atento, inteligente, cariñoso, que se preocupa por mí
más que por él mismo. Un hombre valiente, sincero y real, que jamás habría
podido llegar a conocer de todo si no me hubiera dado la oportunidad de dar
el beneficio de la duda a los vampiros.

704
5

Supongo que por eso decidí que, al igual que Alexander Stone, yo también
quería escribir mi propio diario. Un pequeño escrito con el que pudiera
ayudar a quienes se encuentren en la misma situación en la que me
encontraba yo. Este lo dejaré bajo algún banco del parque donde comenzó
todo, para que pase a las manos de alguien como tú, seas quien seas el que
ahora está leyendo esto.

15

¿Qué darías por saber la verdad sobre nuestro mundo? ¿te arriesgarías a ser
arrestado, encarcelado y juzgado?

36

Está claro que sí, querido lector, teniendo en cuenta que leyendo este diario,
estás leyendo también un liber prohibitorium.

134

FIN

EXTRA

Especial Navidad

Unos días después de todo lo ocurrido con el fallido, una vez el ambiente se

705
tranquilizó lo suficiente como para que pudiesen comenzar las labores de
limpieza en el castillo y la honra y sepultura a los fallecidos, los príncipes
pudieron pararse a pensar con detenimiento en el hecho de que Maximus
había muerto.

No puedo estar segura de lo que sienten todos los integrantes de la familia


McClaine, pero, por lo menos Hudson, no lo llegó a aceptar tan rápido
como ambos esperábamos. Y lo entiendo. Porque, a pesar de todo lo que le
ha hecho pasar, Maximus seguía siendo su abuelo. Un hombre que, para
bien o para mal, estuvo muy presente en su infancia. Y no es fácil
desprenderse para siempre de una persona que ha estado a tu lado
durante tanto tiempo, aunque te haya hecho muchísimo daño.
Precisamente si te ha hecho muchísimo daño.

Porque sé que Hudson, muy en el fondo, aún seguía esperando que su


abuelo pudiera cambiar para mejor. Pero supongo que nunca sabremos si
eso era siquiera posible: quién iba a decir que el gran rey Maximus
McClaine, el monarca más influyente y poderoso de este planeta, fuera a
morir de una forma tan... inesperada:

20

Asesinado por su propia creación; un ser mal transformado, un vampiro


fallido. Bien es cierto que él estaba atado con cadenas de plata y debilitado
por la falta de sangre y la verbena que cada cierto tiempo se le inyectaba,
pero yo esperaba que su fin fuera un poco más emocionante, por decirlo de
alguna manera.

12

Pero bueno, eso no es lo que importa ahora.

Porque hoy es Nochebuena.

15

706
Técnicamente esta es la segunda Navidad desde que Hudson y yo estamos
juntos, pero no pudimos celebrar la primera porque todo el tema de mi
muerte estaba todavía muy reciente, los príncipes viajaban continuamente
hacia el reino Vissouneau durante esas fechas y... bueno, Hudson y yo
tuvimos nuestra gran pelea.

Y si no hay celebración, no cuenta.

Dalton, Lisa, Mace y yo, siendo los únicos que conocemos las tradiciones
humanas dentro de la familia, acordamos que este año no íbamos a
perdernos la Navidad bajo ningún concepto. Mace ya nos avisó de que no
iba a ser ni parecida a cómo la recordábamos, pues los príncipes iban a
tratarlo como si fuera un día como cualquier otro. Aun así, nos estuvimos
organizando a escondidas para darles a todos, por lo menos, un regalo.
Acabamos decidiendo que Dalton se encargaría de los regalos de Khalid y
Erik; Mace de los de Dominik, Jackson y Eliel, Lisa de los de Víktor y Amber,
y yo de los de Hudson y Ariel.

Como a ninguno nos parecía correcta la idea de comprar los regalos con el
propio dinero de los príncipes, a pesar de que, exceptuando a Lisa, ninguno
tenemos ingresos, cada uno decidimos buscar nuestra propia manera de
conseguir monedas de oro. Lisa, por ejemplo, utilizó su propio sueldo, pero
Mace, Dalton y yo tuvimos que ponernos a cocinar todo tipo de postres,
que posteriormente se encargarían de vender Lisa y Mace en el mercadillo
del poblado.

Porque Dalton y yo somos mortales y por nuestra seguridad no nos dejan


salir del castillo y bla, bla, bla.

707
Por supuesto que los príncipes comenzaron a sospechar de que ocurría
algo raro; de repente nosotros tres empezamos a pasar horas y horas en la
cocina, elaborando pasteles por "simple aburrimiento". Pero bueno,
tampoco hicieron tantas preguntas. Supongo que están acostumbrados a
vernos hacer el idiota constantemente.

Cuando quedaban ya escasos días para que llegase el veinticuatro de


diciembre, se me atravesó una gran incógnita: ¿Qué cosa material se le
puede regalar a alguien que ya tiene en su poder, literalmente, todo lo
material que se te pueda ocurrir?

Al no poder encontrar una respuesta para esta pregunta, acabé


centrándome en el regalo de Ariel. Yo quería algo que le hiciese ilusión;
algo con lo que pudiera jugar, pero también algo que le pudiera servir en un
ámbito más práctico.

Recordé que Ariel me dijo una vez que le gustaban mucho los coches de
caballos, y yo creo que la razón es que lo relaciona con pasar más tiempo
con sus hermanos. Es decir, los príncipes tienen mucho trabajo y se pasan
horas y horas en sus respectivos despachos, por lo que no tienen mucho
tiempo para jugar con su pequeño hermanito. Sin embargo, cuando tienen
que realizar un viaje oficial y se llevan a Ariel con ellos, aprovechan todo
ese rato para jugar con él, siendo a veces viajes de varios días de duración.
También sé que le gustan los caballos, aunque no se atreve a acercarse a
los de verdad por lo grandes e imponentes que los encuentra.

Pero ya tenía muchas figuritas de ese estilo.

Pues Ariel, al igual que Hudson, es un príncipe y ya posee todo cuanto


pueda imaginar.

708
Por eso decidí regalarle algo un poquito más especial. Algo que,
precisamente por ser un príncipe, jamás nadie le iba a regalar:

Una cocina.

De madera, quiero decir. Para que pueda divertirse jugando mientras


aprende mis recetas. Porque también pensaba hacerle un recetario con
todo lo que alguna vez he aprendido a hacer.

15

De lo primero se ocuparían Lisa y Mace, haciéndome el gran favor de


encargárselo a algún artesano del poblado, además de entregarle una lista
con todos los utensilios y detalles que a mi parecer eran necesarios.

Del recetario me encargaría yo, escribiéndolo a mano.

Y para Hudson... bueno, no se me ocurrió nada a parte de escribirle una


carta. Sé que es un poco cutre, pero no puedo regalarle un anillo porque ya
sería el tercero, tampoco ropa porque tiene tanta que ya prácticamente no
le cabe en el vestidor. Tiene montones de joyas diez veces más caras que
mi antigua casa y cientos de colonias, fragancias y todas esas cosas. Por no
mencionar la inmensa biblioteca que comparten los siete príncipes y la
privada que tiene en su habitación, junto a la chimenea; así que un libro
tampoco es una opción.

13

Aunque, lo que yo más quería, era mostrarle lo que para mí significa la


Navidad. Quería que pudiese sentir esa sensación de calidez familiar, que
tras la muerte de los padres de Mace incluso yo di por perdida.

¿Y qué mejor que con una carta en la que pudiera explicarle todo lo que
siento por él?

709
Regalarle cualquier otra cosa hubiera sido mil veces más fácil y muchísimo
menos vergonzoso, pero no habría cumplido con el mensaje que quiero
transmitirle acerca de la Navidad.

Y casi sin esperarlo, aproximadamente una semana después de terminar


con todos estos preparativos, por fin ha llegado el veinticuatro de
diciembre.

Hace un par de horas les explicamos a los príncipes que nos apetecía
organizar una cena, y, aunque no entendieron muy bien la razón, no
pusieron ninguna pega.

Como a Mace le hacía ilusión que fuera una celebración más bien elegante,
he optado por ponerme un vestido largo rojo oscuro, con un ligero escote
en forma de corazón, con la cintura muy ceñida y la falda un poco más
holgada, aunque en sí era un vestido bastante ajustado, que además
contaba con una chaqueta amplia y larga a juego. En lo que respecta a los
zapatos, me he decidido por unos hermosos tacones de punta fina que
Hudson me regaló por mi último cumpleaños, los cuales están recubiertos
de perlas y diamantes blancos. He escogido también unos pendientes,
pulsera y collar de perlas que combinan perfectamente con los zapatos.

Ahora que ya he terminado de vestirme, entro en el baño y comienzo a


maquillarme: me cubro las ojeras lo máximo posible, me pongo rubor en
los pómulos; sello todo lo anterior con polvos, me pongo máscara de
pestañas y un precioso labial rojo oscuro.

Mientras me quito los tubos que he tenido puestos todo el día en el cabello
y me acomodo los tirabuzones que me han dejado, Hudson entra en el
baño y lo observo a través del espejo:

710
Lleva puesto un traje negro que le queda como un guante; bastante
sencillo, pero en el que destacan unos preciosos bordados dorados. Veo
que frunce el ceño y no tardo en darme cuenta de que es debido a que no
es capaz de ponerse bien los gemelos. Se me escapa una pequeña risita y él
me mira desconcertado, lo que me hace sonreír todavía más. Dejo lo que
estoy haciendo y me acerco hasta él; tomo sus manos con delicadeza para
que deje de forcejear con su camisa, le arrebato sus gemelos de oro y se los
pongo sin decir ni una palabra. Su mirada está clavada en mí, lo que por un
momento me hace sentir muy pequeña. Cuando termino mi tarea, alzo la
cabeza y le observo con una pequeña sonrisa.

Tiene unos ojos preciosos.

Y dichos ojos me miran de una forma tan especial, que mi corazón se


acelera y mis mejillas se ponen rojas y ardiendo.

Levanta una mano y me acaricia la mejilla con los nudillos. Sus labios se
aproximan lentamente hacia los míos, pero por mucho que me gustaría
poder saborearlos ahora mismo, eso tendrá que esperar un poco: aparto la
cabeza y él ladea la suya, más que confundido.

—Mas vale que dejes de mirarme así, porque me están entrando unas ganas
horribles de besarte y no puedo hacerlo.

—¿Por qué?

—Me acabo de pintar los labios... —argumento con obviedad.

—Ahg, venga ya... —se queja, mientras deja caer su cabeza en mi hombro y
sigue despotricando entre susurros.

—Este traje te sienta demasiado bien... —digo, con una gran sonrisa— Estás
guapísimo. Como siempre...

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2

—Tú sí que estás preciosa... —susurra contra mi oído, y justo después deja
un casto beso en el cuello que me hace estremecer— Tan hermosa... —me
sigue depositando besos, esta vez en la mejilla— ...y solo mía.

—De-deberíamos... —tartamudeo— deberíamos bajar... seguro que no


están... esperando.

—Está bien... —gruñe y se aleja a regañadientes— no entiendo a qué viene


esta cena. ¿Por qué tengo que ir en traje?

—Porque es un día especial.

—Hoy no es nuestro aniversario, —se encoge de hombros— ni tampoco tu


cumpleaños.

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—Ya lo entenderás, —le aseguro, justo antes de comprobar mi aspecto por


última vez en el espejo y comenzar a caminar hacia la puerta— ¿estás listo?

—Sí... —dice con una mueca confusa, después de agarrarme la mano—.


Vamos.

Bajamos los siete pisos de escaleras un poco más lento de lo normal, pues
lo último que quiero es llegar rodando a la planta baja por culpa de estos
tacones. Cuando llegamos al comedor, Hudson deja salir un sonido de
sorpresa y confusión:

Lisa y yo nos habíamos dedicado toda la tarde a decorar toda la estancia,


mientras Mace distraía a los príncipes y hacía hasta lo imposible para que
no se les ocurriera bajar a este lugar. Víktor y Dalton se ocuparon de salir al
bosque, utilizando el agujero en el muro que Hudson me enseñó el día que
me pidió matrimonio, y cortaron un pino de tamaño mediano, que
posteriormente colocamos en una esquina de la habitación y decoramos

712
con todos los ornamentos navideños que Lisa y Mace consiguieron días
antes en el poblado. También pusimos coronas de navidad en todas las
puertas, cientos de lámparas de aceite que aportaron luz y vida al lugar,
centros de mesa que nosotras mismas hicimos con pequeñas piñas,
calcetines, velas, farolillos, flores de pascua... La mesa está llena de
comida, entre la que destaca el pavo y el marisco. De eso nos ocupamos
Lisa y yo, y fue un poco lioso por tener que compartir la cocina con las otras
cocineras. Y la guinda del pastel: todos los regalos que estuvimos
preparando todos estos días, estaban ya colocados debajo del árbol.

Los hermanos de Hudson ya estaban en la habitación para cuando


nosotros llegamos, dado que siempre somos los últimos, pero todos tienen
todavía la misma cara de estupefacción que se le ha quedado a mi vampiro.

—¿Qué es todo esto? —pregunta Khalid, sin saber a dónde mirar.

—Es Nochebuena. —se excusó Mace, con una pequeña mueca— Solo
queríamos mostraros una de las tradiciones más importantes para la gente
de nuestro poblado.

—¿Y esas cosas envueltas en papel? —se atrevió a preguntar Dominik, sin
caber en su sorpresa.

—Son regalos —intervine, con una pequeña sonrisa tímida—. Es costumbre


en estas fiestas hacer regalos a nuestros seres queridos.

—Pero... nosotros no tenemos nada para vosotros... —dice Jackson,


evidentemente preocupado.

18

—¡No pasa nada hombre! —Dalton le da una palmadita en espalda— lo


importante de este día es disfrutar todos juntos.

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Los príncipes se quedan un buen rato en completo silencio. Lisa, Mace,
Dalton, nos miramos mutuamente, con preocupación.

—¿Cenamos ya? —pregunta Lisa, tratando de romper la tensión que se


había formado.

Los otros organizadores del evento, por llamarnos de alguna manera,


asentimos de inmediato. Comienzo a caminar hacia mi asiento, pero
Hudson me detiene agarrándome de la muñeca. Giro la cabeza y me
percato de su gesto preocupado.

—¿Por qué no me lo dijiste? —cuestiona.

—¿El qué?

—Todo esto... —suspira pesadamente— de haberlo sabido podría haberte


hecho un regalo...

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—Hud, como ya ha dicho Dalton, lo que importa esta noche es pasar


tiempo en familia. Los regalos son algo secundario, y ya tengo, gracias a ti,
todo lo que alguna vez he podido desear, así que no hace falta que me
regales nada más.

—Pero...

—Shh... —le corté y le agarré de la mano para arrastrarle hasta la mesa—


vamos a sentarnos.

Al principio el ambiente se vuelve un poco incómodo; seguramente los


príncipes se han sentido un poco confusos o descolocados, pero solo han
hecho falta unos pocos minutos para que la cena transcurra llena de risas,
igual que siempre.

Hay alguien en la mesa cuya alegría cabe destacar: Ariel. Él está sentado
junto a su hermana, comiendo alegremente, pero no puede evitar desviar

714
la mirada cada escasos minutos hacia el árbol navideño. Él sabe que ahí
está su regalo.

Pasan tres cuartos de hora y el pequeño vampiro está casi descontrolado


en su silla; mueve las piernas de un lado a otro, evidenciando su
desesperación por que ya acabemos de cenar de una vez.

—Tata... —toca el brazo de Khalid y le susurra con una mirada inocente—


¿puedo abrir mi regalo?

—Está bien... —acaba cediendo, y el niño sale disparado de su asiento y


corre hacia el montón de regalos.

Él sabe perfectamente que ninguno podemos resistirnos a esos adorables


ojitos.

Río levemente al verle tan emocionado y me levanto yo también de la


mesa, confieso que igual de entusiasmada que Ariel. Amber copia mis
pasos y se agacha junto al pequeño vampiro para abrir su regalo. Miro a los
demás con una gran sonrisa en el rostro; ellos también se levantan y se
acercan a nosotros, queriendo presenciar cómo su hermanito disfruta su
primera Navidad.

—¡Mirad tatos! —grita con emoción, mostrando el gran objeto rectangular


que aún sigue cubierto por papel.

—¡Que grande! —le responde Dominik, dándole un pequeño beso en la


cabeza— a ver, ábrelo.

Ariel no pierde más tiempo y despedaza todo el papel en cuestión de


segundos. Cuando ve la cocinita de madera que escogí para él, con sus
respectivos utensilios, cazuelas, vasos, platos y cubertería, chilla y se pone
a dar pequeños saltitos.

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—Ahí tienes otro, campeón —le digo entre risas. De repente, deja de saltar y
me mira con un gesto estupefacto.

—¡¿Hay más?! —grita. Asiento entre risas y me agachó a su altura para


entregarle el recetario.

—Esto es para que puedas practicar con tu nueva cocina. —coge el libro con
sus pequeñas manos y lo observa con un brillo especial en sus preciosos
ojos— Así ya sabrás hacerlo perfectamente para cuando tú y yo vayamos a
la cocina grande a preparar postres, ¿te parece?

Aparta la vista del recetario y me mira directamente. Sus labios se fruncen,


formando un puchero y una lágrima rojiza comienza a caer por su mejilla.

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Ay madre.

¿Qué he hecho?

—¡Gracias Katherine! —me abraza con fuerza y esconde su carita en mi


pecho.

—Ay... —jadeo, a punto de desmayarme por tanta ternura—. No ha sido


nada, renacuajo.

—Te quiero mucho Katherine —dice— eres la mejor tita del mundo. Y haces
que tato sea muy feliz. Ya no está triste gracias a ti.

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—Yo también te quiero mi vida, muchísimo. —le achucho con mis brazos y
lleno de besos su mejilla— Anda corre, ya puedes jugar con tu regalo.

—¡Sí! —chilla y se aleja para empezar a organizar toda la cubertería a su


gusto.

Me levanto lentamente y busco con la mirada un sobre marrón con un lazo


dorado. Lo recojo de forma disimulada, intentando que nadie se percate, y
me giro hacia Hudson.

Él me está mirando fijamente, de una forma difícil de describir.

Camino hacia él y le tiendo el sobre, no muy segura de lo que estoy


haciendo. Frunce el ceño y lo coge con delicadeza, sin demorarse mucho en
empezar a deshacer el lazo.

—No sabía qué regalarte y no se me ocurrió otra cosa que escribirte una
carta. Ya me dirás qué quieres de verdad.—confieso, con las mejillas cada
vez más calientes y enrojecidas— Dios, qué vergüenza —susurro para mí
misma cuando la abre y comienza a leerla.

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Su ceño se va relajando a medida que termina de leer el pequeño texto y


siento que va a darme un ataque al corazón.

Alza la cabeza y me observa con una expresión extraña.

En esa carta solo digo todo lo que siento por él. Explico cómo me hace
sentir estar a su lado y lo agradecida que estoy de ser su alma gemela;
expreso cuánto le amo. Aunque quizás me he pasado un poco con la
cursilería.

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No me lo espero en lo absoluto, así que pego un brinco cuando se abalanza
hacia mí y me envuelve fuertemente entre sus brazos. Tan fuerte que casi
no puedo ni respirar.

—No te haces una idea de cuánto te amo, Katherine —dice, haciendo que
mi corazón se acelere como loco—. Muchas gracias por esto, has hecho
muy feliz a mi hermano... —se separa un poco para poder mirarme a los
ojos y me da un casto beso en la frente— y a mí.

—No-no ha sido nada...

—Claro que sí, mi amor. Y gracias por esto... —señala la carta— no sabes
cuánto significa para mí.

18

—No es algo increíble, Hud, aún tengo que darte tu regalo de verdad.

—Este es un regalo de verdad, princesa. Y te puedo asegurar que nada


podría gustarme más. —acerca su rostro a escasos milímetros del mío,
haciendo que nuestros labios se rocen— Estoy tan enamorado de ti...

27

Sonrío tímidamente contra sus labios. Mis cachetes deben parecer tomates
ahora mismo.

Él ha debido percibir lo exhausta que me encuentro por haber estado todo


el día decorando, cocinando y envolviendo regalos, dado que me pregunta
si quiero subir a la habitación. En cuanto le digo que sí, se despide de sus
hermanos y me coge de la mano para salir de allí juntos.

Parece que se ha creído que realmente tengo sueño. Mi plan ha funcionado


a la perfección.

14

718
Cuando llegamos a nuestros aposentos, entro al baño y le digo a Hudson
que voy a quitarme el maquillaje. Una vez allí, me aseguro de que la puerta
esté bien cerrada y me quito únicamente el pintalabios. Me deshago
también de la ropa, joyas y zapatos que llevo puestos, hasta quedar
completamente desnuda.

Me doy una ducha muy rápida y me pongo un conjunto rojo de encaje que
había escondido esta mañana en un cajón, y que no había estrenando
hasta la fecha. Me recojo el pelo en un moño suelto pero bonito y salgo del
baño tranquilamente, como si no pasara nada extraño.

16

Hudson me sigue con la mirada todo el camino desde el baño a la cama.


Pasan un par de segundos hasta que le escucho acercarse y tumbarse a mi
lado. Se acurruca junto a mí y me abraza por detrás, llevando mi espalda
hasta su pecho. Y no tardo ni un instante en sentir algo duro presionando
mi trasero.

Me doy la vuelta, tratando de disimular una sonrisa triunfal y le devuelvo el


abrazo, solo que pasando mis piernas alrededor de sus caderas, haciendo
que nuestras intimidades se rocen por encima de la ropa. Su respiración se
vuelve pesada y todo su cuerpo se tensa.

—¿Qué he hecho para que me tortures de esta forma? —pregunta jadeante,


sin saber a dónde moverse.

—No te estoy castigando, Hud... —me inclino para susurrarle al oído y acto
seguido le doy un beso en el cuello que le hace temblar. —Solo he decidido
que este podría ser tu segundo regalo de Navidad...

719
—¿Puedo desenvolverlo ya? —cuestiona divertido, ante lo que asiento
entre carcajadas.

23

Sin perder ni un segundo más, se incorpora y me coloca boca arriba para


poder quitarme aquel conjunto más fácilmente.

No sé ni para qué los compro, si no me duran ni medio segundo puestos.

Vuelvo a quedar totalmente desnuda y a su completa merced. Me muerdo


el labio inferior y mis mejillas siguen poniéndose más y más rojas. Hudson
sonríe de forma ladina y baja su cabeza hasta mi pecho, zona que comienza
a llenar de besos húmedos. Cierro los ojos y me permito disfrutar de toda
esa atención, pero cuando su lengua hace contacto con uno de mis
pezones los abro de golpe y dejo salir un gritito de sorpresa. Hudson se ríe
de mí y aprovecha el momento para alejarse un poco y así poder quitarse la
camisa. Me quedo observando su torso desnudo, especialmente sus
abdominales trabajados y sus anchos hombros, con la boca semiabierta. Él
vuelve a reír, pero esta vez de forma tímida, y vuelve a agacharse sobre mi
pecho. Eso me permite tener una buena vista de su ancha espalda; de sus
cicatrices, las cuales acaricio suavemente, haciéndole estremecer. El
camino de besos desciende más y más a medida que los minutos pasan;
ahora se encuentra en mi vientre, y me hace cosquillas.

La cosa se pone un poco más intensa cuando Hudson me levanta y separa


las piernas, pero aún sin prestarle atención a esa zona. Mi respiración se
vuelve irregular y mis manos tiemblan ligeramente, pues aún me pone un
poco nerviosa el hecho de estar tan expuesta.

—Si este es tu regalo... —musito en un hilo de voz—, se supone que yo debo


hacerte sentir bien a ti...
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Me levanto y él suelta un quejido. Dice que con hacerme sentir bien a mí ya


se siente más que satisfecho, pero yo tengo una idea mejor. Le empujo
contra la cama y le quito los pantalones y la ropa interior de forma
desesperada. Su miembro ya está más que despierto y erecto, casi
palpitante; me enorgullece bastante que no tenga ni que tocarlo para que
ya se ponga de esa manera.

Me coloco a horcajadas sobre las caderas de Hudson, mirando hacia su


amiguito y dándole una vista perfecta de mi trasero. En cuanto rodeo la
base con ambas manos y acerco mi boca hacia su glande, gruñe de forma
ronca y clava sus dedos en mi cintura.

Eso me resulta incentivo suficiente para empezar a mover mis manos y mi


lengua. Sus caderas se sacuden y empieza a gemir a los pocos segundos.

En ese momento yo tenía el control, pero lo perdí en cuanto se incorporó,


tiró de mis caderas hacia atrás y hundió su lengua entre mis pliegues.

Grito y pierdo completamente la noción de lo que estaba haciendo. Intento


volver a mover mis manos igual que antes, pero ahora solo soy capaz de
hacer movimientos erráticos. No soy capaz de concentrarme en nada más
que su lengua dentro de mí.

Copio su acción y me meto su miembro en mi boca. Succiono su glande


mientras dibujo círculos con mi lengua y lo masturbo con mis manos desde
la base.

Tengo que pensar en muchas cosas para no correrme ahora mismo.

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Al cabo de unos diez minutos soy incapaz de aguantar un solo segundo
más; me vengo en su boca, y él se viene en la mía dos o tres minutos
después que yo. Caigo rendida sobre su cuerpo. Mis piernas se sacuden a la
par que las de Hud.

Creo que ya no voy a ser capaz de levantarme después de esto.

Hudson tarda unos cuantos segundos en recuperarse, pero no vacila


cuando me levanta con una sola mano, sin hacer ningún esfuerzo, y me
tumba boca arriba.

Se coloca encima de mí y alinea su miembro con mi intimidad, que ya está


muy sensible después del primer orgasmo de la noche.

—Te amo, Katherine —dice entre jadeos, justo antes de entrar en mi


interior.

—Y yo a ti, Hud. Y yo a ti...

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