Naciste para brillar
Un precioso libro infantil para potenciar la
autoestima de tus hijos
Isabella Miller
Copyright © Isabella Miller
Todos los derechos reservados
Para todos esos niños que necesitan descubrir la magia
que vive en su interior
Hace casi un año que la pequeña Martina volvió a la escuela. Entraba en
el colegio sonriente, con su preciosa melena ondeando al viento, y sus
bonitos y grandes ojos llenos de ilusión.
Llevaba un verano entero esperando ese momento, el día en que poder
reencontrarse con sus mejores amigas y amigos, el día en que poder contarles
todas sus aventuras, y escuchar las de los demás, su primer día en Segundo de
primaria.
Habían pasado unos cuantos meses de aquel momento y ese recuerdo le
hizo sentir triste ya que recordaba cómo aquel día se sentía muy feliz. Se
sentía más mayor y notaba que sus papás también reconocían en ella estos
cambios y estaban orgullosos de verla crecer.
Pensando en ello comenzó a creer que tal vez sus papás eran magos, ya
que muchas veces eran capaces de entender las cosas sin necesidad de verlas.
Perdida en sus recuerdos reconocía que nada de eso tenía que ver con
cómo se sentía hoy, cuando apenas faltaban dos días para su octavo
cumpleaños.
Entristecida Martina se paró a pensar en que tal vez sus abuelos también
tenían razón cuando le comentaban que no tuviese prisa por crecer, que se
vivía mejor siendo niña. Tal vez estaba creciendo demasiado rápido, ya que
Martina se sentía triste y no entendía demasiado bien cuál era el motivo …
Pensando en sus abuelos y sus padres, volvió a sonreír -algo que
últimamente le costaba demasiado-, al reconocer que tal vez los mayores
tuviesen algo de razón después de todo.
Puede que ahora te sea más sencillo entender a Martina. Seguramente
también sabes que a su edad se empieza a pensar de otra manera en la vida. A
esos años buena parte de esa magia que sentíamos cuando éramos más
pequeños parece desaparecer. Son años en que las personas empezamos a dar
más vueltas a las cosas, algunas amigas y amigos dejan de serlo tanto y
también llegan otros, a veces no se consigue lo que se deseaba o parecemos
darnos cuenta de que, tal vez la magia realmente no existe -o peor aún-,
comenzamos a pensar que tal vez no somos tan especiales cómo creíamos o
nos habían contado nuestros papás.
Así era Martina y en eso estaba pensando durante las últimas semanas.
Una situación que parecía haber hecho saltar alguna alarma también, en las
mentes de sus padres…
Por todo esto, no sólo Martina sino también sus papás Jaime y María, se
encontraban últimamente demasiado pensativos y preocupados. Desde hace
días o semanas notan rara a su pequeña, una hija a la que quieren más que a
nada en este mundo. No les cuesta mucho recordar que Martina hasta hacía
bien poco era siempre sonrisas y alegría. Su pequeña, tal vez una de las niñas
más parlanchinas e ilusionadas del mundo, parecía últimamente cabizbaja,
pensativa y preocupada. Y eso a sus padres los tenía muy preocupados.
Pronto Martina se haría más mayor, muy pronto cumpliría años, por eso
también querían volver a notarla como antes cuando no paraba de hablar y
jugar hasta quedarse agotada por las noches.
María y Jaime hablaban de ello por las noches. Los dos sonreían ante
aquellos recuerdos de su hija disfrutando, era genial escuchar a su hija
hacerles preguntas sin parar porque quería aprender más sobre el mundo y la
vida. También recordaban cuánto reía y cómo una de sus frases favoritas era
la de “otra vez” cuando acababa de montarse en un columpio y quería volver
a intentarlo de nuevo…
No tenía sentido que el problema estuviese en las calificaciones del
colegio ya que su hija no parecía tener problema con sus estudios. Tampoco
creían que el problema pudiese deberse a la falta de amigos ya que, aunque
algunos de ellos eran nuevos, siempre la veían rodeada de niños y niñas, y
hasta podían considerar que su hija era “una chica bastante popular”.
Todas estas dudas y preocupaciones asaltaban la mente de su mamá
María aquella mañana de abril cuando llevaba a Martina al colegio y la vio
entrar cabizbaja. No podía entenderlo ni le gustaba verla así, por ello pensó
que aquella misma tarde, tras recogerla del colegio, hablaría con ella para
entender qué le pasaba y cómo podría ayudarle…
María se sentó con Martina a la mesa mientras su pequeña disfrutaba de
un almuerzo especial que su mamá había preparado. Ella sabía que nada
mejor que un poco de chocolate caliente para animar a su hija y comunicar
mejor con ella. Nada mejor que hacerle sentir feliz para ayudarle a sacar de
su cabeza todo lo que necesitaba sacar, todo lo que su mamá quería saber.
- ¿No te apetece? Qué raro que aún no te lo hayas terminado,
¿Todavía quema? – preguntó María a su pequeña
- No mamá, está muy bueno, pero aunque parezca raro no tengo
mucha hambre. -contestó Martina
- Pues sí que es un misterio pequeña mía. Cómo puede ser que no
tengas hambre si hoy has tenido entrenamiento de tu deporte favorito.
¿Cómo ha ido hoy la danza?
María se sentó a su lado poniéndole una mano sobre el hombro. Martina
había tenido clases de danza y llegó a casa muy cansada. No entendía cómo
no podía tener hambre y menos aún “hambre de su querido chocolate” …
- No mamá. Los últimos días no bailo demasiado bien. No me salen
las cosas. Creo que estoy un poco cansada… - comentó su hija
María notó como Martina agachaba la mirada. Ella sabía que eso solo
podía significar una cosa, su hija se sentía mal por algo y le costaba
contárselo a su madre. Martina era pequeña y lo que seguramente era algo sin
importancia para un mayor, podía ser algo muy importante para su hija.
Por ello no lo pensó más y la abrazó cariñosamente mientras le decía:
- Por favor cariño. Sé que te pasa algo y no te hace estar bien.
Ayúdame a entenderlo y te ayudaré a estar mejor. Antes jugabas y
sonreías siempre, y no parabas de preguntarnos cosas a mí y a tu
padre. Pero últimamente te siento triste y preocupada. Puedes estar
segura de que si me lo cuentas no te va a pasar nada malo sino todo lo
contrario. Eres la persona más importante de mi vida y solo quiero que
seas feliz. Me duele verte triste. ¿Qué te pasa cariño?
- No sé mamá. Creo que no es nada. Creo que son solo tonterías…
- Si te duele no son tonterías cariño. Si te duele lo mejor es que juntos
podamos hacer que no duela. Cuéntamelo, no tengas miedo.
- Vale mamá. Pero me cuesta un poco. No sé ni cómo empezar…
- Hazlo poco a poco. Como salga. Tenemos todo el tiempo del
mundo. Recuerda que eres lo más importante en mi vida. Tu corazón
hace latir el mío, y si estás triste también mi corazón llora por
dentro…
- Gracias mamá. Intentaré contarte…
Sabes que hace ya mucho tiempo empecé segundo de primaria. Estaba
muy feliz de volver a ver a mis amigas, poder contarles mis aventuras y
escuchar las suyas. Jugar juntos, apuntarme a baile, aprender cosas nuevas…
Creo que antes de empezar el año, me di cuenta de que ya no era pequeña,
ya no estaba en primero, me estaba haciendo mayor y eso me gustaba.
Pero creo que cómo yo también otros niños se estaban haciendo mayores,
y lo que es peor, se estaban haciendo diferentes…
Algunas de mis mejores amigas como Victoria y Antonia, han cambiado
mucho. Ambas han empezado a usar el móvil y como yo no tengo siento que
me hacen el vacío. Tanto han cambiado que ya no somos tan buenas amigas.
Por suerte otros chicos y chicas que antes no me caían tan bien ahora me
caen muy bien, pero hay algunas cosas que no son como antes…
- Lo estás explicando genial cariño. Lo que cuentas nos ha pasado a
todos y entiendo algunas de tus preocupaciones, y ¿cuáles son esas
cosas que ya no son como antes?
Son muchas mamá. Voy a intentar pensar en algunas y te las cuento,
porque creo que son estas cosas las que me hacen estar más triste y menos
contenta. Son cosas como:
- El baile por ejemplo. Han cambiado de profesora y ahora parece
que solo importa ser la mejor. Antes era más divertido ya que sólo
pensábamos en jugar y divertirnos. Ahora la profesora nos pide
muchas cosas, y también hay padres que hablan mal o piden mucho a
sus hijas. Yo misma he cambiado creo que por todo esto. El año
pasado ganamos el concurso de baile del equipo y este año no consigo
hacer nada bien …
- También han cambiado muchas niñas. Como te he dicho mis amigas
han cambiado, y creo que muchas niñas y niños han cambiado por eso
que te contaba, nos hacemos mayores. Lo peor de todo es que antes
sólo pensábamos en jugar y jugar, pero ahora algunos niños y también
niñas hablan mal de otros niños, incluso a veces insultan o pegan. A
Pedro hay un niño de Tercero de primaria que a veces hasta le quita el
bocadillo. Y a mí… a mí…
- ¿Qué te pasa a ti cariño? ¿Te hacen algo? Cuéntame y recuerda
siempre que soy tu mejor amiga. Si pudiera darte una sola cosa en la
vida, te daría la habilidad de verte a ti mismo a través de mis ojos para
que puedas reconocer lo maravillosa que eres. - dijo María preocupada
- A mí hay algunas niñas que me han puesto un mote. Me llaman
anticuada porque dicen que no utilizo móvil ni sé lo que son ni me
importan las redes sociales, y a veces me lo paso mal porque parece
que se ríen de mí.
- Martina mi amor. Entiendo cómo te sientes pero entiende que
también a mí y a tu padre nos pasaban estas cosas. Pronto entenderás
que los que tienen el problema son esos niños y niñas, y no tú, ya que
ellos necesitan hablar mal de otros para sentirse importantes. Tú en
cambio te haces valer por ti misma. Verás como estas cosas pasan
pronto y no te hacen sentir mal…
- Si mamá, de verdad que como dices eso no me preocupa mucho.
Solo son unos pocos niños y niñas que no hacen más que mirar sus
móviles y bailar frente a un espejo. Pero lo que más me hace estar
triste no es eso, lo peor es…
- Cuéntame cariño, no tengas miedo, no va a pasarte nada.
- Lo que más me preocupa es que me doy cuenta de que no soy la
mejor en casi nada. Antes, de pequeña creía que era la mejor en
muchas cosas. Ganaba de vez en cuando en el deporte, en baile, en
muchos juegos e incluso en exámenes del colegio. Antes creía que
cualquier cosa era posible pero ahora cada vez creo menos en mí
misma.
- Creo que soy una perdedora, y eso me hace estar triste, porque no
entiendo porque me pasa esto…
- ¡¡Cariño!! Por favor, no pienses así. O mejor dicho, intenta entender
que estás viviendo algunos cambios y por eso piensas así, es lo que
tiene hacerse mayor…
Había costado y realmente María estaba muy preocupada, incluso
pensaba que podía ser peor. Ahora entendía que la preocupación de su
pequeña se debía a que se estaba haciendo mayor. Se comparaba, notaba las
diferencias con el resto de niños y niñas. Este era el principal problema de
crecer, que en lugar de disfrutar del día a día, en lugar de jugar con la vida,
comenzamos a criticarnos y compararnos, a encontrar defectos donde antes
sólo veíamos virtudes, a ser objetivos o realistas y eliminar toda la magia que
sentíamos cuando éramos pequeños, una magia que siempre fue y será real.
Fue entonces cuando recordó aquel momento pasado en el regazo de su
madre Soledad. Fue entonces cuando volvió a ser niña y recordar aquella
etapa en que sufría por las mismas cosas que lo hacía ahora su hija, aquellos
instantes en que su querida madre le contó la más importante de las historias.
Una historia que siempre llevaría consigo y le haría ser quien era. Una
historia que le recordaría siempre lo mágicos y especiales que somos.
- Amor mío. He pensado en contarte una historia, una historia real
que me contó tu abuela Soledad cuando yo también era pequeña. Una
historia que espero te haga cambiar esas preocupaciones que tienes
para descubrir la verdad sobre ti misma, para que puedas reconocer lo
realmente única e importante que eres y siempre serás…
“Hace ahora muchos años. Bueno, más o menos tus años. Tuvo lugar una
carrera, pero no una cualquiera sino “la gran carrera”, la carrera más
importante de mi vida, y más aún, la carrera más importante de la tuya.
En aquella carrera había millones de contrincantes, decenas de millones o
no, más aún, debían ser centenares de millones …
- ¿Recuerdas el cuento de la cigüeña? O ¿Ya te habíamos contado el
de que papá puso una semillita en mamá?
- ¿No te acuerdas? Ya me contasteis lo de la semillita mamá. -
contestó Martina
- Perfecto hija mía. Pues bien, ahora vas a entenderlo mejor y llegará
el día en que te lo expliquen perfectamente en la escuela, pero en esta
historia voy a intentar hacértelo fácil.
No era una semillita, sino más bien millones de semillitas. Semillitas con
vida propia. Semillitas que podían ser chicos o chicas, seres más fuertes o
más débiles, más o menos inteligentes o capaces. Semillitas que no eran otra
cosa que los corredores de aquella mágica carrera que un día comenzó.
Semillitas que por su forma y vida podríamos llamarlos mejor renacuajos, ya
que son muy parecidos a ellos, pero mucho más pequeños…
- Que interesante mamá. Millones de renacuajos corriendo juntos…
Me encanta. Sigue contando.
- Si cariño. Sigo contándote…
Pues bien, en aquella carrera sólo un renacuajo podía ganar. No había
segundos o terceros puestos. Todos competían juntos, pero sólo podía quedar
uno. Puedes entender lo difícil que podía ser ganar si solo podía hacerlo uno
entre cientos de millones…
El día que comenzó la carrera todos los corredores y todas las corredoras
estaban preparados para salir. Cuando empezó, estalló la guerra…
En esa guerra todos competían contra todos. Hacían de todo por seguir
corriendo y hacerlo más rápido que sus otros contrincantes…
Caminos complicados, grandes montañas, lluvia, mucho calor y mucho
frío. Los corredores tenían que vérselas con las peores situaciones, y tras cada
curva, muchos de ellos quedaban eliminados…
De cientos de millones pasaron a millones, y de millones a miles. En la
última parte de la carrera sólo quedaban unos pocos, los que podíamos llamar
“los elegidos”.
Sólo uno o una de estas elegidas podía hacerse con la victoria y ese era su
único objetivo. Por eso la carrera se hizo aún más complicada. Los más
fuertes y listos, los corredores y corredoras con mejores genes y posibilidades
estaban ahí, y como te he dicho ya muchas veces, solo podía quedar uno…
Así siguieron corriendo mientras el camino se hacía más difícil y los
adversarios más duros y agresivos. Siguieron corriendo hasta que finalmente,
a pocos milímetros de la meta, había uno en cabeza, un corredor, un elegido,
un ser único y especial.
Un único renacuajo consiguió llegar a la meta, uno entre cientos de
millones. Un único renacuajo había conseguido hacer posible lo imposible,
¿Y sabes lo mejor? ¿Quién crees que era ese renacuajo?
- Ni idea mamá. ¿Quién era?
- Martina cariño, aquella renacuaja eras tú, la historia más bonita que
el destino escribió en toda mi vida.
Ese renacuajo, o mejor dicho, renacuaja, llegó a la meta, un lugar dentro
de mi tripita en el que este ser único y especial comenzó a hacerse más y más
grande. Mi tripita se hacía también más y más grande hasta que llegó el
maravilloso día en que tú y yo nos encontramos por primera vez en este
mundo. El momento más maravilloso de mi vida.
Unos segundos en los que sentí la magia de la vida. Tu magia, tu belleza,
tu perfección…
Y ahora. Imagina por un momento aquel ser tan especial. Una personita
que había nacido para brillar y alumbrar mi vida, y también la de muchas
otras personas.
Un ser precioso, una auténtica ganadora que ganó la carrera más
complicada y dura de la vida. Ese ser eres tú, así que, ¿Crees todavía que no
eres capaz? ¿Crees todavía que no puedes conseguir lo que quieras, cuando
conseguiste salir victoriosa de una carrera contra millones de oponentes?
Como ves, nunca debes compararte con nadie, eres alguien irrepetible, y
recuerda y nunca lo olvides: Naciste para brillar.
- No tenía ni idea mamá. No conocía está carrera, y menos aún que
así empezaría mi vida… ¡Así que era yo!! ¡Es alucinante! ¡Una entre
millones! Parece… ¡increíble! – comentó Martina
- Es increíble cariño, y más que increíble yo creo que es mágico.
Porque aún no ha terminado la historia…
- ¿En serio? Cuéntame más, ¡es la historia más genial de mi vida!
Pues sí cariño, así es, una historia no solo genial, sino sobre todo mágica.
Mágica porque para que pudieses participar en aquella carrera y después
ganarla, tuvieron que sucederse millones de coincidencias. Millones de
coincidencias que darían lugar a otros millones de carreras que tuvieron lugar
antes que la tuya. Realidades mágicas que si no hubieran pasado, ni tú ni yo
estaríamos ahora aquí contando esta historia…
Para que tu ganases la carrera más importante de nuestras vidas yo antes
tuve que ganar la mía y tu padre la suya. Esas carreras nos hicieron nacer y,
aunque ahora nos veas juntos y seamos tus papás, muchas cosas tuvieron que
suceder para que finalmente nos conociésemos, nos gustásemos, quisiésemos
y te tuviésemos a ti.
Y antes de que yo llegase a este mundo, tus abuelos tuvieron que correr
sus propias carreras y ganarlas también, y después conocerse y amarse, para
hacernos nacer a mí y a tu papá también. Y la cosa no termina ahí…
No termina ahí porque tus abuelos tuvieron unos padres que también
llegaron a este mundo ganando, y esos a su vez otros padres y otros y otros
más, teniendo a su vez lugar infinitas coincidencias para que todos ellos se
conocieran, se gustasen, quisiesen y diesen a lugar otras carreras, otros
ganadores y otras vidas.
Una magia que existe en este mundo desde que es mundo. Una magia que
significa el secreto de toda vida, vidas que siempre son únicas y especiales,
vidas que llegan a este mundo ganando batallas imposibles.
Por todo ello cariño siempre que creas que no puedes o no eres suficiente,
intenta hacer una cosa y todo cambiará. Siempre que te sientas así recuerda
esa carrera imposible que ganaste. Recuerda que eres una ganadora, alguien
único y especial.
Comprende que la vida muchas veces nos enseña, que cuando dejamos
salir nuestros miedos, nos queda mucho más espacio para vivir nuestros
sueños.
- Gracias mamá. Me ha encantado esta historia. Parece… parece
imposible pero es real. Y ya me siento diferente. No sabía que yo era
la que ganó esa carrera. Pero… si es así, ¿por qué ahora no gano todas
mis carreras? ¿Por qué no soy la mejor, ahora que en vez de competir
con millones, sólo compito con unos pocos niños? – dijo Martina
- Cariño. Siempre eres y serás la mejor, no te confundas.
En cuanto a ganar siempre creo que hay una cosa que siempre tanto
tú como yo tenemos que entender. -comentó María
- ¿El qué mamá? ¿Qué necesitamos entender?
- Todos deberíamos recordar y entender que todas las personas de este
mundo son únicas. Ellas también ganaron sus particulares carreras
contra millones de contrincantes. También en ellas ocurrió esta magia
que les hace ser especiales. Por eso no podemos ganar en todo, pero
una cosa es segura cariño mío:
Puedes estar segura de que cuando descubras cuál es tu camino, cuál es tu
carrera personal en esta vida. Cuando llegue el momento en que conozcas lo
que más deseas y tengas ante ti esa carrera, estarás dispuesta a ganar y
lucharás por conseguirlo. Cuando llegue tu momento y estés preparada
podrás conseguir y atraer a tu vida lo que más deseas, y esa será la carrera
que conseguirás vencer, el resto no siempre importan. Naciste para brillar y
cuando llegue tu momento te darás cuenta de ello.
Te darás cuenta de que cuando te enfocas en lo que quieres, descubrirás
que detrás de las dificultades siempre existen millones de oportunidades -
comentó su mamá.
- Ahora lo entiendo mejor mamá. No necesito ser la mejor en todo.
Basta con disfrutar y luchar para conseguir lo que realmente me gusta,
¿Es eso? – preguntó Martina
- Eso es cariño. Nadie es bueno en todo, y lo que es peor, es mejor no
serlo y reconocer cuáles son las cosas que se te dan mejor y cuáles
otras no, para no intentar conseguir aquello que no tiene que ver
contigo, y en lugar de eso luchar por disfrutar lo que te hace feliz.
Cuando encuentres esas cosas y entiendas que son las que te hacen
feliz, estarás dispuesta a conseguir muchas de ellas. Esa será tu victoria,
aprender a disfrutar de tu propia felicidad. Una victoria que no trata de
que seas la mejor en nada sino simplemente tu mejor versión. Una mejor
versión que intente conseguir aquellas cosas que le hacen realmente
feliz.
- Gracias mamá. Creo que intentaré dejar de querer ser la mejor y
simplemente jugaré y disfrutaré de la vida más como antes. Espero no
olvidar nunca que gané aquella carrera, la más importante de mi
vida…
- Eso es cariño. Jugando descubrirás aquello que deseas, y siendo tú
misma conseguirás disfrutarlo. Ni a ti, ni a mí, ni tampoco a tu padre
nos ayuda querer ganar siempre o pensar en ser los mejores, sino todo
lo contrario…
- Recuerda que todos somos únicos y lo único que realmente
necesitamos es disfrutar de la vida y de nosotros mismos.
- Nunca olvides que ganaste una carrera imposible. Por ello cuando te
cueste creer en ti recuerda esta historia y entiende que cada uno de tus
sueños puede hacerse realidad si realmente tienen que ver contigo.
Cuando ese momento llegue a tu vida, solo necesitarás desearlo de
verdad y hacer todo lo que esté en tu mano para que suceda.
Del mismo modo que conseguiste ganar y estar aquí ahora conmigo,
cualquier cosa que desees podrás hacerla realidad.
- Gracias mamá. No lo olvidaré. Tampoco olvidaré que esto nos pasa
a todas las personas, todos somos seres especiales y mágicos y
podemos conseguir disfrutar de nuestros sueños si creemos en ellos y
en nosotros mismos.
- Gracias a ti amor mío. Espero haberte ayudado a estar mejor. Ten en
cuenta que siempre que te digo 'te quiero' no lo digo por costumbre.
Lo digo para recordarte que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Solo habían pasado unos minutos desde que habían empezado a hablar de
esta mágica historia.
Minutos que habían hecho enfriar el chocolate de Martina, pero hicieron
todo lo contrario con su corazón y su alegría. Martina volvía a ser quien era,
una pequeña llena de energía, alegría e ilusión. Una niña, su hija, que de
ahora en adelante siempre tendría en cuenta esta preciosa historia cuando la
experiencia, las personas o las cosas le volviesen a hacer dudar de si misma y
sus posibilidades.
Martina volvía a ser Martina y no tardó un instante en beberse de un trago
el tazón -ahora bien frío- de chocolate. Un chocolate que pintó sus labios de
un marrón oscuro tan dulce, que pronto su mamá María pudo olerlo bien de
cerca…
Tan de cerca como que el chocolate estaba pegado ahora en la cara de su
mamá, pegado tras el gran beso que su preciosa hija le había estampado en
toda la nariz abrazándola y diciéndole…
¡TE AMO MAMÁ!!
Gracias por hacerme conocer esta preciosa historia.
Nota para ti: Querid@ lector@
Si has disfrutado con este libro me encantaría que me ayudases a difundir
este mensaje.
Tu valoración en Amazon me ayudará a seguir escribiendo con el fin de
ayudar a recordar a los más pequeños la magia que siempre ha existido y
existirá dentro de sus cuerpos, mentes y corazones.
¡Muchas gracias por leer este libro!