En la formulación matemática rigurosa, desarrollada por Dirac y von Neumann, los
estados posibles de un sistema cuántico están representados por vectores unitarios
(llamados estados) que pertenecen a un Espacio de Hilbert complejo separable
(llamado el espacio de estados). Qué tipo de espacio de Hilbert es necesario en
cada caso depende del sistema; por ejemplo, el espacio de estados para los estados
de posición y momento es el espacio de funciones de cuadrado integrable
L
2
(
R
3
)
{\displaystyle \scriptstyle L^{2}(\mathbb {R} ^{3})}, mientras que la descripción
de un sistema sin traslación pero con un espín
n
ℏ
{\displaystyle \scriptstyle n\hbar } es el espacio
C
2
n
+
1
{\displaystyle \scriptstyle \mathbb {C} ^{2n+1}}. La evolución temporal de un
estado cuántico queda descrita por la ecuación de Schrödinger, en la que el
hamiltoniano, el operador correspondiente a la energía total del sistema, tiene un
papel central.
Cada magnitud observable queda representada por un operador lineal hermítico
definido sobre un dominio denso del espacio de estados. Cada estado propio de un
observable corresponde a un eigenvector del operador, y el valor propio o
eigenvalor asociado corresponde al valor del observable en aquel estado propio. El
espectro de un operador puede ser continuo o discreto. La medida de un observable
representado por un operador con espectro discreto solo puede tomar un conjunto
numerable de posibles valores, mientras que los operadores con espectro continuo
presentan medidas posibles en intervalos reales completos. Durante una medida, la
probabilidad de que un sistema colapse a uno de los eigenestados viene dada por el
cuadrado del valor absoluto del producto interno entre el estado propio o auto-
estado (que podemos conocer teóricamente antes de medir) y el vector estado del
sistema antes de la medida. Podemos así encontrar la distribución de probabilidad
de un observable en un estado dado computando la descomposición espectral del
operador correspondiente. El principio de incertidumbre de Heisenberg se representa
por la aseveración de que los operadores correspondientes a ciertos observables no
conmutan.
Principio de Incertidumbre
Una de las consecuencias del formalismo cuántico es el principio de incertidumbre.
En su forma más familiar, establece que ninguna medición de una partícula cuántica
puede implicar simultáneamente predicciones precisas para la medición de su
posición y la medición de su momento.[3][4] Tanto posición como momento son
observables, esto significa que son representados por operadores hermíticos. El
operador posición
X
^
{\displaystyle {\hat {X}}} y el operador momento
P
^
{\displaystyle {\hat {P}}} no conmutan, pero satisfacen la relación de conmutación
canónica:
[
X
^
,
P
^
]
=
i
ℏ
.
{\displaystyle [{\hat {X}},{\hat {P}}]=i\hbar .}
Dado un estado cuántico, la regla de Born nos permite encontrar valores para
X
{\displaystyle X} y
P
{\displaystyle P}, así como sus cuadrados. Definiendo la incertidumbre para un
observable usando desviación estándar, obteniendo
σ
X
=
⟨
X
2
⟩
−
⟨
X
⟩
2
,
{\displaystyle \sigma _{X}={\sqrt {\langle {X}^{2}\rangle -\langle {X}\rangle
^{2}}},}
y de la misma manera para el momento:
σ
P
=
⟨
P
2
⟩
−
⟨
P
⟩
2
.
{\displaystyle \sigma _{P}={\sqrt {\langle {P}^{2}\rangle -\langle {P}\rangle
^{2}}}.}
El principio de incertidumbre establece que
σ
X
σ
P
≥
ℏ
2
.
{\displaystyle \sigma _{X}\sigma _{P}\geq {\frac {\hbar }{2}}.}
En principio, cualquiera de las desviaciones estándar puede hacerse arbitrariamente
pequeña, pero no ambas simultáneamente .[5] Esta desigualdad se generaliza a pares
arbitrarios de operadores autoadjuntos
A
{\displaystyle A} y
B
{\displaystyle B}. El conmutador de estos dos operadores es
[
A
,
B
]
=
A
B
−
B
A
,
{\displaystyle [A,B]=AB-BA,}
y proporciona el límite inferior en el producto de las desviaciones estándar:
σ
A
σ
B
≥
1
2
|
⟨
[
A
,
B
]
⟩
|
.
{\displaystyle \sigma _{A}\sigma _{B}\geq {\frac {1}{2}}\left|\langle [A,B]\
rangle \right|.}
Otra consecuencia de la relación de conmutación canónica es que los operadores
posición y momento son la transformada de Fourier del otro, de modo que una
descripción de un objeto según su momento es la transformada de Fourier de su
descripción según su posición. El hecho de que la dependencia en cantidad de
movimiento sea la transformada de Fourier de la dependencia en posición significa
que el operador de cantidad de movimiento es equivalente (hasta un factor de
i
/
ℏ
{\displaystyle i/\hbar }) al derivar respecto a su posición, ya que en análisis de
Fourier la derivación corresponde a la multiplicación en el espacio dual. Esta es
la razón por la que en las ecuaciones cuánticas en el espacio de posición, el
momento
p
i
{\displaystyle p_{i}} es reemplazado por
−
i
ℏ
∂
∂
x
{\displaystyle -i\hbar {\frac {\partial }{\partial x}}}, y en particular en la
Ecuación de Schrödinger no relativista en el espacio de posiciones el momento al
cuadrado es reemplazado por el laplaciano al cuadrado
−
ℏ
2
{\displaystyle -\hbar ^{2}}.[3]
Aplicaciones
En muchos aspectos, la tecnología moderna opera a una escala en la que los efectos
cuánticos son significativos. Las aplicaciones importantes de la teoría cuántica
incluyen la química cuántica, la óptica cuántica, la computación cuántica, los
imanes superconductores, los diodos emisores de luz, el amplificador óptico y el
láser, el transistor y semiconductores como el microprocesador, imágenes médicas y
de investigación como la resonancia magnética y el microscopio electrónico.[6] Las
explicaciones de muchos fenómenos biológicos y físicos tienen su origen en la
naturaleza del enlace químico, sobre todo la macromolécula del ADN.
Relatividad y la mecánica cuántica
Artículos principales: Teoría cuántica de campos y Segunda cuantización.
El mundo moderno de la física se funda notablemente en dos teorías principales, la
relatividad general y la mecánica cuántica, aunque ambas teorías usan principios
aparentemente incompatibles. Los postulados que definen la teoría de la relatividad
de Einstein y la teoría del quántum están apoyados por rigurosa y repetida
evidencia empírica. Sin embargo, ambas se resisten a ser incorporadas dentro de un
mismo modelo coherente. Desde mediados del siglo XX, aparecieron teorías cuánticas
relativistas del campo electromagnético (electrodinámica cuántica) y las fuerzas
nucleares (modelo electrodébil, cromodinámica cuántica), pero no se tiene una
teoría cuántica relativista del campo gravitatorio que sea plenamente consistente y
válida para campos gravitatorios intensos (existen aproximaciones en espacios
asintóticamente planos). Todas las teorías cuánticas relativistas consistentes usan
los métodos de la teoría cuántica de campos.
En su forma ordinaria, la teoría cuántica abandona algunos de los supuestos básicos
de la teoría de la relatividad, como por ejemplo el principio de localidad usado en
la descripción relativista de la causalidad. El mismo Einstein había considerado
absurda la violación del principio de localidad a la que parecía abocar la mecánica
cuántica. La postura de Einstein fue postular que la mecánica cuántica si bien era
consistente era incompleta. Para justificar su argumento y su rechazo a la falta de
localidad y la falta de determinismo, Einstein y varios de sus colaboradores
postularon la llamada paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen (EPR), la cual demuestra
que medir el estado de una partícula puede instantáneamente cambiar el estado de su
socio enlazado, aunque las dos partículas pueden estar a una distancia
arbitrariamente grande. Modernamente el paradójico resultado de la paradoja EPR se
sabe es una consecuencia perfectamente consistente del llamado entrelazamiento
cuántico. Es un hecho conocido que si bien la existencia del entrelazamiento
cuántico efectivamente viola el principio de localidad, en cambio no viola la
causalidad definido en términos de información, puesto que no hay transferencia
posible de información. Si bien en su tiempo, parecía que la paradoja EPR suponía
una dificultad empírica para la mecánica cuántica, y Einstein consideró que la
mecánica cuántica en la interpretación de Copenhague podría ser descartada por
experimento, décadas más tarde los experimentos de Alain Aspect (1981) revelaron
que efectivamente la evidencia experimental parece apuntar en contra del principio
de localidad.[7] Y por tanto, el resultado paradójico que Einstein rechazaba como
«sin sentido» parece ser lo que sucede precisamente en el mundo real.
Véase también