Contrato de Mutuo: Conceptos y Regulación
Contrato de Mutuo: Conceptos y Regulación
MUTUO
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La Serena – Chile
Año 2019
Prof. Nelson Gallardo “Contrato de Mutuo”
“CONTRATO DE MUTUO”
I.- Generalidades:
A.- Regulación:
Se regula el contrato de mutuo en el Título XXXI del Libro IV del CC., artículos 2196 a
2209. Asimismo, cuando recae en una suma de dinero, se reglamenta en la Ley Nº 18.010.
B.- Concepto:
c.1.- El mutuo es una variante del contrato de préstamo, en este caso, “de consumo”.
c.3.- Lo que se entrega ha de ser “cierta cantidad”. Debe existir certeza acerca del número,
peso o volumen de las cosas que se entregan.
c.4.- Las cosas deben ser “fungibles”, es decir, susceptibles de ser reemplazadas por otras
que tengan idéntico poder liberatorio, que puedan proporcionarnos la misma utilidad.
c.5.- Las cosas se reciben para ser consumidas, material o jurídicamente. En consecuencia,
el mutuo sólo puede recaer sobre cosas muebles.
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c.6.- El mutuario recibe estas cosas “con cargo de restituir otras tantas”. No devuelve
entonces las mismas cosas, porque las consumirá, sino “otras tantas”, es decir, en el mismo
número, o peso o volumen.
c.7.- Las cosas que se restituyen han de serlo “del mismo género y calidad”. Deben
devolverse cosas que presenten características comunes a las que se entregaron, dotadas de
propiedades similares y de un valor semejante.1
c.8.- Las partes del contrato se denominan “mutuante”, la una, y “mutuario”, la otra. El
primero, llamado también prestamista, es aquel que presta cierta cantidad de cosas
fungibles, y el segundo, signado igualmente como prestatario, es quien las recibe con la
obligación de restituir otras tantas, del mismo género y calidad. El primero será el acreedor
y el segundo el deudor.
D.- Características:
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Cabe precisar, sin embargo, en relación a la definición transcrita, que el mutuo recae usualmente sobre
cosas consumibles antes que sobre cosas fungibles. De ahí que se hable de un “préstamo de consumo”. El
Código también incurre en esta imprecisión en otras materias, como acontece al definir el usufructo (art.
764). En verdad, podríamos concluir que las cosas objeto de un contrato de mutuo, ordinariamente han de
ser, al mismo tiempo, consumibles y también fungibles. Con todo, podría ocurrir que pueda recaer el mutuo
sobre cosas fungibles pero objetivamente no consumibles, cuando por ejemplo se prestan doscientas sillas a
un establecimiento educacional, obligándose el mutuario a restituir otras sillas, iguales, pero nuevas. No se
trata en este caso de un comodato o de un arrendamiento, pues entonces habría que restituir las mismas
sillas. Desde este punto de vista, admitimos que la definición de Bello acierta, pues las cosas objeto de un
mutuo nunca pueden dejar de ser fungibles, pues si no lo fueran, no existirían otras tantas que restituir. A la
inversa, bien podría ocurrir, como en el ejemplo propuesto, que las cosas objeto del mutuo no sean
consumibles.
2
Como señala correctamente Solange Doyharcabal, en un caso el mutuo necesariamente será un contrato
solemne: se trata del mutuo hipotecario regulado en la Ley General de Bancos. En efecto, cuando el mutuo
tiene la forma de un mutuo hipotecario endosable o de un mutuo hipotecario en letras de crédito,
necesariamente deberán otorgarse por escritura pública (arts. 69 y 91 de la citada ley). Pero se comprende
que, en estos casos, tendrán dicho carácter habida cuenta que se exige por la ley que estén garantizados con
una hipoteca: Doyharcabal Casse, Solange, “Naturaleza jurídica del mutuo: contrato real, consensual o
solemne”, en Revista de Derecho, Universidad Católica de Valparaíso, XIX, Valparaíso, 1998, pp. 204 y 205.
Pero además de la hipótesis planteada por la profesora Doyharcabal, existe otro caso en el propio CC.: el
contemplado en el art. 1610 N° 6, en las normas del pago con subrogación legal. Conforme al precepto, el
préstamo que un tercero le hace al deudor, debe constar en escritura pública.
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Esta tradición no constituye, sin embargo, “pago”, pues el mutuante nada le debe al
mutuario.
Con todo, lo anterior opera tratándose de un contrato de mutuo civil, pero no mercantil,
pues respecto a este no se contempla una restricción semejante.
Pero, para encontrarnos ante un mutuo regido por el Código de Comercio, debe ser este
de naturaleza mercantil para ambas partes contratantes. De esta manera, si estamos ante un
“acto mixto”, mercantil para el acreedor y civil para el deudor, regirán las normas
aplicables al último y, por ende, la prueba de testigos estará excluida.
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La entrega de la cosa, al igual que en el comodato, puede ser también ficta o simbólica.
Tratándose del mutuo regido por el Código Civil, el único que se obliga, por regla
general, es el mutuario, a restituir la cosa. Pero a diferencia del comodatario y del
depositario, no se obliga a conservar la cosa, pues se hace dueño de la misma.
Excepcionalmente, podría resultar obligado el mutuante, en el caso previsto en el
[Link], al que aludiremos más adelante.
En el caso del mutuo de dinero regido por la Ley N° 18.010, el contrato puede ser
unilateral o bilateral, según si el mutuante entrega la suma de dinero al momento de
contratar (en cuyo caso el contrato será unilateral –pues se obligará sólo el mutuario- y
además real) o se obliga a proporcionar la suma de dinero en un cierto plazo (en cuyo caso
el contrato será bilateral y además consensual).
Si el mutuo recae sobre cosas fungibles que no sean dinero, la gratuidad será un
elemento de la naturaleza del contrato ([Link]). La ley sólo obliga restituir igual
cantidad de las cosas prestadas, siendo indiferente que el precio de ellas haya subido o
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En cambio, si el mutuo recae sobre dinero, se entenderá oneroso, a menos de pactar las
partes la gratuidad. En efecto, en las operaciones de crédito de dinero, regidas por la Ley Nº
18.010, se presume el pago de intereses.
Así se desprende de los Arts.2197, 675 y [Link]. El mutuo es el único contrato real
que transfiere el dominio (sin perjuicio de los casos excepcionales del depósito irregular y
de la prenda de dinero). La entrega es, al mismo tiempo, contrato o título y modo de
adquirir, en este caso la tradición.
Pero como habíamos indicado, la tradición no supone pago, si se trata del mutuo
regulado en el CC. Respecto del mutuo en dinero regulado en la Ley Nº 18.010, constituirá
pago, siempre que estemos ante un contrato consensual, mientras que no lo será si se trata
de un contrato real.
3
Como refiere Guzmán Brito, en el Derecho romano, el mutuo, al igual que en nuestros días el mutuo regido
por el CC., era un acto gratuito. Esto significaba que no era obligación del mutuario pagar un “precio” por el
uso, esto es, por la disposición de la cantidad de dinero o de otros fungibles que recibía en préstamo. Pero
las partes podían establecer un precio, que recibía el nombre de “usuras” (usurae). Tal era el término
técnico del Derecho romano para designar lo que hoy llamamos “intereses”. El capital solía denominarse
sors (= “suerte”) o caput, y el mutuo con intereses se llamaba fenus, como si los intereses fuesen
engendrados por el capital. La palabra usurae deriva del verbo utor = “usar”, porque justamente se refiere a
un precio por el uso de los fungibles de que se trata. Por su lado, fenus viene de fetus = “fértil”: Guzmán
Brito, Alejandro, Derecho Privado Romano, Tomo I, Santiago de Chile, LegalPublishing Thomson Reuters,
2013, 2ª edición, p. 819. Como vemos, la palabra usura no tenía, inicialmente, la connotación negativa que
tiene en nuestros días, esto es, “interés excesivo en un préstamo” (3ª entrada, Diccionario de la Lengua
Española. Real Academia Española, 22ª edición). El artículo 21 de la “Convención Americana Sobre Derechos
Humanos” (Pacto de San José de Costa Rica), referido al “Derecho a la propiedad privada”, dispone en su N°
3: “Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del hombre por el hombre, deben ser
prohibidas por la ley”.
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El mutuo no requiere de ningún otro contrato para producir sus efectos y, por el
contrario, suele ocurrir que junto a él, las partes celebren un contrato accesorio, con el fin
de asegurar el cumplimiento del primero.
El contrato, como se expresó, se encuentra regulado en el Título XXXI del Libro IV del
CC., Arts.2196 a 2209, y en la Ley Nº 18.010, que establece normas para las operaciones
de crédito y otras obligaciones de dinero que indica.
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En todo caso, el legislador distingue entre cosas fungibles (y consumibles) que no son
dinero, caso en el cual se aplicarán las normas del CC., y el mutuo sobre dinero, que se
regirá por la Ley Nº 18.010.
A.- Mutuante:
a.1.- Concepto:
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1. El mutuario recibió de buena fe: será obligado al pago sólo después de expirar el
término previsto en el art. 2200, esto es, transcurridos diez días posteriores a la
entrega; además, sólo deberá pagar los intereses estipulados (por ende, si nada se
estipuló, no se pagarán);
2. El mutuario recibió de mala fe: será obligado al pago inmediato; y con el máximo
de intereses que la ley permite estipular (es decir, debe pagar intereses
correspondientes a la tasa máxima convencional, y no los intereses corrientes). 4
4
Entendemos que estará de buena fe el mutuario, cuando desconocía la circunstancia de ser ajenas al
mutuante las cosas entregadas, y de mala fe si sabía que las cosas no le pertenecían al mutuante. Puesto
que la buena fe se presume ([Link].), será el reivindicante quien deberá probar la mala fe del mutuario,
conforme a las reglas generales.
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B.- Mutuario:
b.1.- Concepto:
La ley sólo le exige que sea capaz de obligarse, conforme a las reglas generales. Si no
lo es, el contrato será nulo.
Para que un mandatario pueda celebrar un contrato de mutuo, usualmente se exige que
en su mandato consten las facultades de “contratar préstamos” o “contratar empréstitos de
toda clase” y “suscribir pagarés” o “suscribir los instrumentos que den cuenta del contrato
de mutuo”, todo lo anterior, para que pueda actuar como mutuario. A su vez, para que
pueda dar en mutuo dinero u otros bienes fungibles de su mandante, suelen emplearse las
fórmulas “otorgar préstamos” o “dar en mutuo dinero u otros bienes fungibles del
mandante”. Eventualmente, el mandato podría restringir las facultades del mandatario, en
5
Ramos Pazos, René, Derecho de Familia, Tomo II, Santiago de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 7ª edición
actualizada, año 2007, reimpresa en 2010, p. 483.
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El Código Civil, con todo, en las normas del mandato, establece una serie de
restricciones a los mandatarios, que dicen relación con la celebración de contratos de
mutuo, que devengan intereses. Por ende, regirán siempre cuando se trata de un mutuo de
dinero (a menos que se pactare lo contrario) y cuando se estipulare que la cantidad prestada
devengará intereses, si se trata de un mutuo de cosas fungibles que no sean dinero.
Disponen estas normas:
6
Stitchkin Branover, David, El Mandato Civil, 5ª edición actualizada por Gonzalo Figueroa Yáñez, Santiago
de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 2009, pp. 352 y 353.
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a.1.- Generalidades:
Se le aplican las normas del CC. El único obligado es el mutuario, quien debe restituir
igual cantidad de las cosas, del mismo género y calidad (arts. 2196, 2198 y 2205).
Este contrato es por naturaleza gratuito. Para pagar intereses, sea en dinero o en otras
cosas fungibles,7 deberá mediar pacto expreso de las partes (art. 2205). Con todo, si el
deudor pagare intereses no estipulados, el acreedor podrá retenerlos. Dispone al efecto el
art. 2208: “Si se han pagado intereses, aunque no estipulados, no podrán repetirse ni
imputarse al capital”, lo que ha hecho decir a algunos que estaríamos ante un caso de
obligación natural, distinto de aquellos señalados en el [Link].
¿Por qué el [Link] permite al mutuante retener intereses pagados por el mutuario
sin que este hubiere tenido la obligación de enterarlos? Una explicación podría ser que si se
pagan, ello probablemente obedecerá a un acuerdo de las partes, en tal sentido, después de
celebrado el contrato. También podría explicarse la norma en la justicia o conmutatividad
del contrato: lo razonable es que un contrato sea oneroso, que reporte utilidad para ambas
partes y lo excepcional es que sea gratuito. Por ende, los intereses pagados, aunque no
pactados, representan una legítima ganancia para el prestamista o mutuante, que en
condiciones normales, obtendría en esta clase de contratos.
Leopoldo Urrutia consigna que, en la regla del [Link], “Hay una presunción de
derecho de que se han estipulado intereses. Es una regla contraria a la del art. 2297, por
la cual se puede repetir lo que se ha pagado por error de derecho”.8
En cuanto al monto de los intereses, habría que distinguir entre los llamados intereses
“por el uso” y los intereses “penales”. Los primeros, se devengan durante la vigencia del
7
Por ejemplo, el dueño de una estación de servicio presta al dueño de otro establecimiento similar, diez mil
litros de bencina de cierto octanaje, obligándose el segundo a restituir once mil litros en cierto plazo.
8
Dávila, Óscar y Cañas, Rafael, Explicaciones de Código Civil. (clase de Don Leopoldo Urrutia). De las
obligaciones en general y de los contratos, Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, 1907, p. 344.
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crédito. Los segundos, por la mora del deudor9. Respecto de los intereses “por el uso”,
dispone el [Link].: “El interés convencional no tiene más límites que los que fueren
designados por ley especial; salvo que, no limitándolo la ley, exceda en una mitad al que
se probare haber sido interés corriente al tiempo de la convención, en cuyo caso será
reducido por el juez a dicho interés corriente”. De esta manera, si los intereses fueren
excesivos, se reducirán al interés corriente. La norma guarda armonía con las disposiciones
de la Ley N° 18.010, a las que aludiremos más adelante. A su vez, el [Link], se
refiere a los intereses penales, específicamente a la que se ha llamado “cláusula penal
enorme”. Esta disposición, que establece la sanción que opera por haber pactado intereses
penales excesivos, contempla una fórmula distinta a la del art. 2206 y, a diferencia de este,
no guarda congruencia con lo dispuesto en la Ley N° 18.010. Explicaremos el punto más
adelante.
Puede ser fijada por las partes o en el silencio de ellas, por la ley. En el primer caso,
habrá que atender al contrato. En el segundo caso, la ley suple la voluntad de las partes,
estableciendo que sólo se puede exigir la restitución al cabo de diez días, contados desde la
entrega ([Link]). Podríamos afirmar que se trata de un plazo dentro del cual el
mutuario puede consumir las cosas. Por cierto, dado que se trata de un término legal o no
convencional, transcurrido el mismo el mutuario no estará en mora. Sólo lo estará, una vez
que el mutuante lo haya reconvenido judicialmente (Art.1551 N° [Link]). Así lo señala
9
Abeliuk Manasevich, René, Las obligaciones, Tomo I, 5ª edición actualizada, Santiago de Chile, Editorial
Jurídica de Chile, 2010, N° 365, p. 397.
10
Abeliuk Manasevich, René, ob. cit., Tomo I, N° 369, p. 405.
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también Leopoldo Urrutia: “Después de estos diez días, el deudor no está retardado ni
menos constituido en mora, sino precede requerimiento”.
Se deberá restituir igual cantidad de cosas del mismo género y calidad, sin atender al
precio de ellas al tiempo de la restitución, el cual puede haber variado.
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Así, por ejemplo, si el préstamo consistió en diez mil litros de bencina de cierto
octanaje, pero esta era defectuosa y daña el motor del vehículo del mutuario; o cuando un
industrial panadero presta a otro empresario del mismo rubro cincuenta sacos de harina,
pero esta se encontraba descompuesta.
Si los vicios ocultos eran de tal magnitud que, de saberlos, el mutuario no habría
contratado, se podrá exigir que se deje sin efecto el contrato ([Link]). El Código
Civil alude a la “rescisión” del contrato, pero en verdad se trata más bien de la terminación
del contrato. El mutuario tendrá derecho a pedir que se declare el término del contrato,
11
Dávila, Óscar y Cañas, Rafael, ob. cit., p. 344.
12
A diferencia del contrato de compraventa, donde la ley no plantea una exigencia similar.
13
Al igual que acontece con el contrato de compraventa ([Link]).
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forzándose al mutuante a recibir de manos del mutuario una cantidad idéntica de cosas
fungibles y consumibles, del mismo género y calidad. En tal caso, el mutuario quedará
liberado del pago de los intereses que se hubieren estipulado para el período que mediare
entre la terminación anticipada del contrato y el plazo de término originalmente
convenido.14
b.1.- Generalidades:
La Ley Nº 18.010 del 27 de junio de 1981, regula de manera orgánica a todas las
operaciones de crédito de dinero y, entre ellas, el mutuo de dinero.
14
En la hipótesis del art. 2203, no corresponde tampoco afirmar –como alguna vez lo hicimos-, que el
mutuario podrá pedir la resolución del contrato. Hemos terminado por adherir a la tesis de Abeliuk, en
orden a que “En general, la resolución no puede tener lugar en los contratos unilaterales, y normalmente se
traducirá en una anticipación en el cumplimiento de la obligación, una especie de caducidad del plazo por el
incumplimiento”: Abeliuk Manasevich, René, ob. cit., Tomo I, p. 512. La tesis contraria, la sustenta entre
nosotros Luis Claro Solar (Explicaciones de Derecho Civil Chileno y Comparado, Tomo X, N° 158).
15
Durante la época del Derecho romano, entre otros controles introducidos para impedir los abusos de los
acreedores, se consagró la fórmula “los intereses devengados no producen intereses” (usurae usurarum),
figura que Cicerón denominará con la palabra de origen griego anatocismus: Guzmán Brito, Alejandro, ob.
cit., pp. 820 y 821.
15
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Las operaciones de crédito de dinero, son aquellas por las cuales una de las partes
entrega o se obliga a entregar una cantidad de dinero y la otra a pagarla en un
momento distinto de aquel en que se celebra la convención. Constituye también
operación de crédito de dinero el descuento de documentos representativos de dinero,
sea que lleve o no envuelta la responsabilidad del cedente (Art.1 de la Ley Nº 18.010).
A diferencia del Código Civil, que establece la gratuidad del mutuo (hoy circunscrito al
préstamo de cosas fungibles que no consistan en dinero), el mutuo de dinero es oneroso,
según el Art.12 de la Ley Nº 18.010, ya que no se presume la gratuidad. En el silencio de
las partes, debe el mutuario pagar intereses.
b.3.2.- Las operaciones de crédito de dinero no son reajustables, salvo pacto expreso de las
partes:
Se entiende por reajuste toda suma que el acreedor reciba o tenga derecho a recibir por
sobre el capital y los intereses.
El art. 3° de la Ley N° 18.010 dispone respecto de los reajustes lo siguiente: “En las
operaciones de crédito de dinero en moneda nacional en que no tenga la calidad de parte
alguna empresa bancaria, caja de compensación de asignación familiar, compañía de
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Dispone el Art.1 de la Ley N° 18.010 que son operaciones de crédito de dinero aquellas
por las cuales una de las partes “entrega” (en cuyo caso el contrato será real) “o se obliga a
entregar” (en cuyo caso el contrato será consensual) una cantidad de dinero.
Si el contrato es real, será al mismo tiempo unilateral, pues sólo se obligará el mutuario.
Si el contrato es consensual, será al mismo tiempo bilateral, pues ambas partes resultarán
obligadas.
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b.4.1.- Concepto:
Desde un punto de vista doctrinario, es el precio por el uso del dinero. El Diccionario de
la Lengua Española lo define como “Provecho, utilidad, ganancia” y de manera más
precisa para nuestros efectos, como el “Lucro producido por el capital”. Desde un punto de
vista jurídico, es el beneficio o utilidad del mutuante, como precio por el préstamo que
otorga al mutuario. Constituye por tanto un fruto civil.
Conforme al Art.647 inciso 2°.CC, los intereses podrían encontrarse en dos estados:
“pendientes”, mientras se deben, y “percibidos”, desde que se cobran. En realidad, mejor
sería señalar que están “pendientes” mientras no se han hecho exigibles, “devengados”
desde que sí lo están pero aún no se pagan y “percibidos” desde que se han pagado (y no
sólo desde que se cobran). Así, suponiendo que estamos a 1 de agosto, si mi deudor me ha
pagado intereses correspondientes a los meses de enero a mayo, están “percibidos”; si me
debe en la actualidad los intereses correspondientes a los meses de junio y julio, están
“devengados”; y los intereses correspondientes a los meses de agosto en adelante, están
“pendientes” (lo anterior, sin perjuicio de que se pacte una cláusula de caducidad del plazo
o “de aceleración”, en cuyo caso todas las cuotas quedarán “devengadas” si el acreedor
ejerce la facultad que le confiere dicha cláusula).
Los intereses se devengan día por día, según expresa el [Link], en las normas del
usufructo: “Los frutos civiles pertenecen al usufructuario día por día”. Lo mismo señala el
art. 11, inc. 2° de la Ley N° 18.010, agregando el inc. 3° que “Para los efectos de esta ley,
los plazos de meses son de 30 días, y los de años, de 360 días”.
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la relación entre el interés calculado en la forma definida en este inc. y el capital (inc. 1º
citado)
Los intereses, entonces, vienen a ser el resultado de aplicar al capital, la tasa de interés
respectiva.
b.4.2.1.- Generalidades:
La Ley Nº 18.010 establece dos clases de tasas de interés: la tasa de interés corriente y
la tasa de interés convencional. Aunque usualmente se alude –y aludimos- a intereses
corrientes y convencionales, en rigor, lo que se clasifica de esta manera son las tasas
aplicables al capital.
Es el promedio ponderado por montos de las tasas cobradas por los bancos
establecidos en Chile, en las operaciones que realicen en el país, con exclusión de las
comprendidas en el art. 5º de la ley. Estas operaciones excluidas son las siguientes: i) las
que se pacten con instituciones o empresas bancarias o financieras, extranjeras o
internacionales; ii) las que se pacten o expresen en moneda extranjera para operaciones de
comercio exterior; iii) las operaciones que el Banco Central de Chile efectúe con las
instituciones financieras; y iv) aquellas en que el deudor sea un banco o una sociedad
financiera. Estas cuatro operaciones de crédito de dinero, no serán consideradas para
determinar el promedio de la tasa de interés.
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No se podrán establecer más de dos límites para este efecto, o según los plazos a que se
hayan pactado tales operaciones. Cada vez que la citada Superintendencia establezca
límites nuevos o modifique los existentes deberá, mediante resolución fundada, caracterizar
los segmentos de créditos considerados, especificando el volumen, tasas de interés corriente
y tasas de interés habituales de operaciones efectivas y sustitutas, entre otros aspectos
relevantes. Al crear o modificar un límite, la Superintendencia podrá usar como referencia
para establecer la tasa de interés corriente de cada segmento nuevo o modificado, la tasa de
una o un conjunto de operaciones financieras que, combinadas, logren un perfil de pagos
similar al que tendrían las operaciones del segmento nuevo o modificado. En caso de usar
tal referencia, deberá hacerlo por un plazo máximo de doce meses prorrogable por una sola
vez (art. 6, inc. 1º).
Los promedios se establecerán en relación con las operaciones efectuadas durante cada
mes calendario y las tasas resultantes se publicarán en la página web de la Superintendencia
de Bancos e Instituciones Financieras y en el Diario Oficial durante la primera quincena del
mes siguiente, para tener vigencia hasta el día anterior a la próxima publicación (art. 6, inc.
2º).
Es aquella estipulada por las partes. Estas pueden estipular la cantidad de interés
sobre el capital, sea este reajustado o no. Esta facultad se encuentra limitada por la ley
sin embargo (salvo en los cuatro casos señalados en el Art.5), disponiéndose que no podrá
estipularse una tasa de interés que exceda el producto del capital respectivo y la cifra mayor
entre: i) 1,5 veces la tasa de interés corriente que rija al momento de la convención, según
determine la Superintendencia para cada tipo de operación de crédito de dinero, y, ii) La
tasa de interés corriente que rija al momento de la convención incrementada en dos puntos
porcentuales anuales, ya sea que se pacte tasa fija o variable.
Este límite de interés se denomina interés máximo convencional (art. 6, inc. final).
precepto, el interés pactado no puede exceder en una mitad, al interés corriente vigente al
tiempo de la convención.
Nótese que la ley admite dos posibilidades para calcular el interés máximo
convencional. La primera corresponde a la que tradicionalmente ha regido en el país: 1,5
veces la tasa de interés corriente; la segunda establece que dicho interés máximo
convencional corresponderá a la tasa de interés corriente incrementada en dos puntos
porcentuales anuales. El inc. final del art. 6°, al referirse a estas dos posibilidades, lo hace
aludiendo a la “cifra mayor” que resulte de aplicar una u otra alternativa. En la práctica,
continuará rigiendo en la mayoría de los casos la primera fórmula y excepcionalmente la
segunda, en aquellos períodos en que la tasa de interés corriente fuere muy baja. De
vulnerarse el límite legal, se tendrá por no escrito todo pacto de intereses que exceda el
máximo convencional, y en tal caso los intereses se reducirán automáticamente al interés
corriente que rija al tiempo de la convención o al momento en que se devenguen los
respectivos intereses, en el caso de las operaciones a que se refiere el inc. 1º del art. 6º ter,
es decir aquellas que corresponden a tarjetas de crédito (art. 8 de la Ley Nº 18.010), sin
perjuicio del delito de usura sancionado en el Art. 472 del Código Penal. Agrega el art. 8º
que en todo caso, cuando corresponda devolver intereses en virtud de lo dispuesto en la Ley
18.010, las cantidades percibidas en exceso deberán reajustarse “en la forma señalada en el
artículo 3º, inciso primero” (en realidad, dicho art. tiene un solo inc. y tampoco señala “la
forma” en que ha de operar el reajuste).
En lo que concierne a los intereses penales, el art. 1544 del CC., en las normas “De las
obligaciones con cláusula penal”, trata de la llamada por la doctrina “cláusula penal
enorme”, cuando la pena consiste en una suma de dinero. Dispone este precepto que,
tratándose de un mutuo, se podrá rebajar la pena “en lo que exceda al máximum del interés
que es permitido estipular”. La norma, como vemos, no es del todo concordante con la del
art. 8° de la Ley N° 18.010. En efecto, en el caso del art. 1544, el interés excesivo
estipulado debe rebajarse al máximo convencional; en cambio, en el caso del art. 8° de la
Ley N° 18.010, la sanción consiste en rebajar el interés pactado, si resultare excesivo, al
interés corriente. ¿Cómo resolver esta incongruencia? Habría que distinguir: si se trata de
un mutuo de dinero, regido por ende por la Ley N° 18.010, no cabe duda de que debemos
aplicar lo previsto en el art. 8° de este cuerpo legal: el interés quedará reducido al corriente.
Lo mismo ocurrirá si se trata de obligaciones de dinero constituidas por saldos de precio de
compraventa de bienes muebles o inmuebles, conforme lo dispone el art. 26° de la Ley N°
18.010, que aplica lo dispuesto en el art. 8° del mismo cuerpo legal, a dicha hipótesis16.
16
Así, por ejemplo, tras celebrar un contrato de compraventa de un inmueble, las partes podrían estipular
que el saldo de precio, ascendente a cien millones de pesos, pagadero en el plazo de un año, devengará un
interés del 10% mensual. A todas luces, dicho interés convencional superará el “máximo convencional”
contemplado en la Ley N° 18.010. ¿Era razonable plantear que en este caso, puesto que no se trataba de
una operación de crédito de dinero, no regirían las normas de la Ley N° 18.010 y, por tanto el comprador
habría de pagar más del doble del saldo de precio originalmente adeudado? Al legislador le pareció que ello
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¿Qué ocurre si se trata de cualquiera otra obligación? Tal sería el caso, por ejemplo, de un
mutuo que recae en cosas fungibles que no sean dinero, y que se rige por ende por el CC.
En estos casos, se ha estimado que la sanción, para el evento de haber estipulado que la
suma de dinero representativa de la pena devengará un interés que excede al máximo
convencional, consistirá en rebajar dicho interés, pero no al interés corriente, sino que al
referido máximo convencional. Obsérvese que la solución difiere de aquella prevista en el
art. 2206 del CC., respecto de los intereses “por el uso”, o sea, aquellos que no tienen la
connotación de intereses penales, pues como se dijo, si los primeros resultaren excesivos, se
reducen al interés corriente, no al máximo convencional. Así lo expresa René Abeliuk,
después de aludir a los arts. 2206 y 1544: “O sea, que el solo Código hace una distinción
fundamental siempre referida al mutuo, entre el interés por el uso y el penal. Ambos están
sujetos al mismo límite: 50% por encima del corriente, pero la sanción es diferente; en los
primeros, en caso de exceso, se rebajan al corriente, y en la cláusula penal al máximo que
la ley permite estipular. Esta diferenciación se justifica habitualmente diciendo que el
deudor puede librarse por su propia voluntad de pagar intereses penales, pero no de los
otros. Le basta para lo primero con cumplir oportunamente la obligación”.17
El interés máximo convencional al que alude el art. 6º, podríamos calificarlo como
“general”, pues los arts. 6º bis y 6º ter establecen intereses máximos convencionales
“especiales”, para las siguientes operaciones: i) Operaciones de crédito de dinero
denominadas en moneda nacional no reajustable, por montos iguales o inferiores a 200
Unidades de Fomento, por plazos mayores o iguales a 90 días, y que no correspondan a
aquellas exceptuadas por el art. 5º: no podrá estipularse un interés cuya tasa exceda a la tasa
de interés corriente que rija al momento de la convención para las operaciones de crédito de
dinero denominadas en moneda nacional no reajustable por montos mayores a 200 e
inferiores a 5.000 Unidades de Fomento y por plazos mayores o iguales a 90 días,
incrementada en un término aditivo cuyo valor será de 14 puntos porcentuales sobre base
anual, en las operaciones superiores a 50 Unidades de Fomento, y de 21 puntos
porcentuales sobre base anual, en aquellas operaciones por montos iguales o inferiores a 50
Unidades de Fomento (art. 6 bis, inc. 1º). 1819 ii) En las operaciones de crédito de dinero
era inaceptable, resolviendo la cuestión en el art. 26 de la Ley N° 18.010, al que haremos referencia más
adelante. No podía ser de otra manera, pues una solución diversa pugnaría con la lógica, la equidad
contractual y el principio de la unidad del ordenamiento jurídico. El comprador, en el caso planteado, podrá
exigir que se rebaje de dicho saldo de precio, todo aquello que exceda del interés corriente que regía a la
fecha de la escritura pública de compraventa, si la tasa convenida hubiere superado la “máxima
convencional”.
17
Abeliuk Manasevich, René, Las obligaciones, Tomo I, Nº 366, ob. cit., pp. 397 y 398.
18
Se denomina segmento a cada agrupación de operaciones originada en la distinción por monto
establecida en el inc. 1º del art. 6 bis. La Superintendencia deberá determinar y publicar la tasa de interés
corriente de cada uno de los segmentos señalados y del conjunto de ellos (art. 6 bis, inc. 2º).
19
La Superintendencia deberá publicar trimestralmente la tasa de interés promedio ponderado por montos,
de aquellas operaciones comprendidas en este caso, cuyo mecanismo de pago consista en la deducción de
las respectivas cuotas o del capital, más los reajustes e intereses que correspondan en su caso, directamente
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cuyo mecanismo de pago consista en la deducción de las respectivas cuotas o del capital,
más los reajustes e intereses que correspondan en su caso, directamente de la pensión que
tenga derecho a percibir el deudor, el interés máximo convencional que podrá estipularse
será la tasa de interés corriente para operaciones en moneda nacional no reajustable por
montos mayores a 200 e inferiores a 5.000 Unidades de Fomento y por plazos iguales o
mayores a 90 días, incrementada en 7 puntos porcentuales sobre base anual. Deberán
sujetarse a lo dispuesto en esta norma, aquellas operaciones cuyo pago sea realizado
mediante deducciones efectuadas al amparo de lo prescrito en la Ley N° 18.833 (que
establece el estatuto general para las cajas de compensación de asignación familiar) y
aquellas cuyo origen sea meramente convencional, ya sea: 1.- Por existir entre la entidad
pagadora de pensión y la entidad otorgante del crédito un convenio para efectuar las
referidas deducciones y siempre que el descuento haya sido autorizado por el pensionado; y
2.- Por ser la misma entidad pagadora de la pensión la que actúa en calidad de acreedor en
la respectiva operación de crédito de dinero (art. 6 bis, inc. final). iii) La tasa máxima
convencional a aplicar a los créditos que se originen en la utilización de tarjetas de crédito
mediante una línea de crédito previamente pactada se establecerá en función del monto
máximo autorizado para dichas operaciones en la convención que les dio origen y del
tiempo que se hubiere pactado en ella para hacer uso de la línea rotativa o refundida, según
sea el caso, y corresponderá a aquella vigente al momento a partir del cual se devenguen los
respectivos intereses. Para efectos de determinar la tasa máxima convencional a aplicar en
estos créditos, se entenderá que las modificaciones en el tiempo pactado o en el cupo
autorizado para la respectiva línea de crédito que se realicen a la convención que da origen
al crédito, o las renovaciones que se hicieren a esta, constituyen una nueva convención. Las
reglas anteriores se aplicarán igualmente a las líneas de crédito que acceden a una cuenta
corriente bancaria (art. 6 ter).
b.4.3.- El Anatocismo:
de la remuneración del deudor o de la pensión que este tenga derecho a percibir, ya sea en virtud de
descuento legal o convencional (art. 6 bis inc. 3º).
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Aún más, la ley capitaliza los intereses impagos en el silencio de las partes, pues el
último inciso del artículo 9 establece que los intereses correspondientes a una operación
vencida que no hubiesen sido pagados se incorporarán a ella, a menos que se establezca
expresamente lo contrario.
b.4.4.1.- Sólo pueden pactarse en dinero (en materia civil, en cambio, pueden pagarse en
dinero o en especie);
b.4.4.4.- Se presumen por la ley. Si nada se pacta, se entenderá que rigen los intereses
corrientes;
b.4.4.6.- El interés máximo convencional también se diferencia entre uno “general” y tres
“especiales”.
b.4.5.1.- Artículo 17: si el acreedor otorga recibo del capital, se presumen pagados los
intereses y reajustes, en su caso. La norma es similar a las del art. 1595, inc. 2º y 2209 del
CC;
b.4.5.2.- Artículo 18: el recibo por los intereses correspondientes a los tres últimos períodos
consecutivos de pago, hace presumir que los intereses correspondientes a los períodos
anteriores, han sido pagados. Igual presunción opera respecto del capital, cuando este se
debe pagar en cuotas. La norma es similar a la del [Link].
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Permite la ley al deudor de una operación de crédito de dinero, pagar antes del
vencimiento del plazo estipulado, aun contra la voluntad del acreedor20, y siempre que se
trate de una obligación cuyo capital no supere el equivalente a 5.000 unidades de fomento,
en los siguientes casos:
Fuera de los casos señalados, será necesario contar con el consentimiento del acreedor,
para proceder a un pago anticipado de la obligación. Por ende, así ocurrirá: 1.- Si se trata de
20
Se altera, por ende, el principio de la fuerza obligatoria del contrato.
21
La Ley N° 20.715 rebajó este porcentaje del 25% al 20%.
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El art. 26 de la Ley N° 18.010 dispone que lo dispuesto en los arts. 2º, 8° y 10º del
mismo cuerpo legal, será también aplicable a las obligaciones de dinero constituidas por
saldos de precio de compraventa de bienes muebles o inmuebles. Esto significa que si en
este último contrato quedare un saldo de precio a pagar en determinado plazo, regirán a su
respecto las siguientes normas:
a. Se entenderá por “interés”, aquel definido en el art. 2º. Ahora bien, tratándose del
contrato de compraventa, para que un saldo de precio devengue intereses es
necesario que las partes así lo hayan estipulado, pues el principio general en el CC.
es el del nominalismo. Lo mismo cabe señalar respecto del reajuste (aunque
usualmente, el saldo de precio suele pactarse en Unidades de Fomento).
b. En un contrato de compraventa, se tendrá por no escrito todo pacto de intereses que
exceda el máximo convencional, y en tal caso los intereses se reducirán al interés
corriente que rija al momento de la convención (art. 8º).
c. Si el comprador pagare anticipadamente el saldo de precio, regirán las normas del
art. 10º (en una compraventa, en todo caso, ello incidirá solamente en no pagar los
intereses pactados por todo el plazo sino los calculados hasta la fecha de pago
efectivo, pues en tal contrato no es usual que las partes hubieren estipulado además
una comisión en caso de prepago por el comprador, como sí ocurre en los mutuos
convenidos con un banco).
A su vez, el art. 30, al cual aludiremos en el literal que sigue, también será aplicable a
un contrato de compraventa, si el saldo de precio debía pagarse en dos o más cuotas.
b.4.9.- Normas acerca de la caducidad del plazo en las obligaciones de dinero, cuando en
ellas se incluya “cláusula de aceleración”:
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contrato de compraventa en el que el saldo de precio debe pagarse en varias cuotas). Opera
como una advertencia al deudor, en cuanto de antemano se le previene acerca de las graves
consecuencias que para él puede tener dejar de pagar una cualquiera de las cuotas de la
obligación (pago fraccionado que, por lo demás, constituye una excepción al principio del
pago íntegro y unitario, consagrado en el art. 1591 del CC.). Asimismo, tiene evidentes
beneficios procesales, pues de no existir la cláusula, el acreedor sólo podría demandar el
pago de las cuotas morosas al tiempo de interponer su libelo, y respecto de las futuras,
volver a demandar cuando hubiere expirado el plazo convenido para su pago. Aunque en
ocasiones la cláusula pudiere estimarse abusiva, la verdad es que tiene su fundamento en la
constatación de que la obligación es unitaria, es una sola, sin perjuicio que el acreedor haya
tolerado que su deudor la satisfaga por parcialidades. Pero esa tolerancia desparece, cuando
el obligado no guarda fidelidad a la ley del contrato, incurriendo en mora en el pago de una
cualquiera de las parcialidades convenidas. En tal caso, entonces, se justifica que el
acreedor pueda exigir el pago íntegro de todo lo que se le debe.
Regula la materia el artículo 30, aplicable a las operaciones de crédito de dinero o a las
operaciones de dinero a que se refiere el artículo 26 (saldos de precio en contratos de
compraventa), y siempre que reúnan los siguientes requisitos copulativos: 1) Tengan
vencimiento en dos o más cuotas; y 2) Contengan cláusula de aceleración.
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Cabe indicar que hay opiniones divergentes acerca del cómputo del plazo de
prescripción de la acción ejecutiva, cuando en el documento que da cuenta del mutuo, las
partes han estipulado una cláusula de aceleración. La jurisprudencia mayoritaria distingue
según si la cláusula está redactada en términos imperativos para las partes o facultativos
para el acreedor. En el primer caso, el plazo de la prescripción de la acción ejecutiva se
contará desde que el deudor incurre en mora de una cualquiera de las cuotas en que se
divide el servicio de la obligación. Por ende, es el vencimiento de la primera cuota impaga,
el que marca el inicio del cómputo de la prescripción para todas las demás cuotas, aun
aquellas que no han vencido todavía, pues ya se hicieron exigibles por efecto de la aludida
cláusula. En el segundo caso, la aceleración de las cuotas aún no vencidas, se producirá
sólo una vez que el acreedor ejerza la facultad que le confiere la cláusula en cuestión, lo
que acaecerá, en opinión de la mayoría, en el momento en que presenta su demanda. De
esta manera, a partir de la fecha de ingreso de la demanda, deberá computarse el plazo de
prescripción de la acción ejecutiva, respecto de las cuotas que no se encontraban vencidas a
la misma data. Empero, dentro de las opiniones minoritarias, cabe visualizar dos
posiciones, una favorable al deudor y otra que beneficia al acreedor. En efecto, una
corriente jurisprudencial minoritaria sostiene que, de existir cláusula de aceleración, el
cómputo del plazo de prescripción de la acción ejecutiva siempre ha de iniciarse desde el
momento en que el deudor deja de pagar una cualquiera de las cuotas de la obligación, sin
que corresponda entrar a distinguir si la cláusula en cuestión se redactó en términos
imperativos o facultativos. O dicho de otro modo: para esta corriente, la cláusula siempre
sería imperativa. Esta opinión, evidentemente, es pro deudor. Otra corriente ha postulado
que el plazo de prescripción de la acción ejecutiva sólo debe contarse desde que se
produzca el vencimiento de la última de las cuotas en que se haya dividido el servicio de la
deuda. Este planteamiento es notoriamente favorable al acreedor.22
22
Un buen resumen de las diversas tendencias de la jurisprudencia acerca de la cláusula de aceleración y la
prescripción de la acción ejecutiva, encontramos en el trabajo “La cláusula de aceleración”, de José Miguel
Lecaros Sánchez publicado en el N° 3 de la revista Ars Boni et Aequi, Revista Jurídica de la Universidad
Bernardo O’Higgins, año 2007, pp. 197-209.
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En un caso, recae sobre cosas muebles consumibles y fungibles que no sean dinero; en
el otro, sobre una suma de dinero.
c.2.- En un caso, si se pagan intereses no pactados, estaremos ante una obligación natural;
en el otro caso, los intereses pagados siempre corresponderán al cumplimiento de una
obligación civil.
c.3.- En un caso, pueden corresponder a dinero u otra cosa; en el otro caso, sólo dinero.
En un caso, no procede, salvo que se pacte expresamente; en el otro, opera por el solo
ministerio de la ley, salvo que se pacte algo distinto.
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El contrato de mutuo del Código Civil siempre será un contrato real. El contrato de
mutuo regulado en la Ley N° 18.010 puede ser real o consensual.
El contrato de mutuo del Código Civil siempre será unilateral. El contrato de mutuo
regido por la Ley N° 18.010, puede ser unilateral o bilateral.
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Así, por ejemplo, el padre le presta a su hijo una suma de dinero. Si al fallecimiento del
primero, el segundo fuere su único heredero, se extinguirá el mutuo y la obligación
respectiva. Si existieren más herederos, la obligación derivada del mutuo sólo se extinguirá
parcialmente, teniendo derecho los restantes herederos a cobrar su parte en el crédito.
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Declarada la nulidad del contrato de mutuo, el mutuario debe restituir lo que hubiere
recibido del mutuante, y este, a su vez, debe restituir al primero lo que hubiere recibido por
concepto de intereses ([Link]).
33
Texto que trata contenidos sobre el contrato de mutuo, especialmente redactado para
la utilidad de los estudiantes que se encuentran en etapa de pregrado, y, en beneficio
de aquellos que tienen la calidad de egresados, que se encuentran preparando su
examen de licenciatura; todo, con el objetivo de que los destinatarios del presente,
obtengan tan anhelada calificación académica, es decir, convertirse al amparo de las
leyes de la República, en un Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, y por lógica
consecuencia, de forma inminente como merecida, en Abogado.
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Edición Actualizada
09 de diciembre de 2019