Huerta Beristain Joamin Yamanec
Resumen: La Retórica de Perelman
La obra de Chaïm Perelman, desarrollada principalmente en su Tratado de la
argumentación. La nueva retórica (1958), constituye uno de los aportes más
significativos a la teoría de la argumentación en el siglo XX. Frente a la visión
tradicional de la lógica formal y del positivismo jurídico, que concebían al
razonamiento como un mecanismo casi mecánico y abstracto, Perelman
sostiene que la práctica jurídica requiere de un modelo distinto, basado en la
persuasión, en los valores y en la capacidad de convencer a un auditorio.
Manuel Atienza explica cómo la “nueva retórica” pretende superar las
limitaciones de los modelos lógicos clásicos, mostrando que, en el derecho, y en
general en la vida social, las decisiones no dependen de verdades absolutas,
sino de argumentos que logran adhesión razonable. El derecho, al estar inmerso
en un marco de valores, pluralidad y conflictos, necesita de una retórica bien
construida para legitimar sus decisiones ante la sociedad.
Perelman entiende la retórica como un arte de la argumentación orientado a
lograr la adhesión de un auditorio a una tesis. Esto la distingue de la lógica
matemática, que busca la demostración estricta, y de la simple oratoria, que
puede limitarse al estilo. La retórica, en su concepción, se ubica en un punto
intermedio: combina razonamiento con persuasión.
El derecho, según Atienza, es el espacio privilegiado para este tipo de
razonamiento, ya que las normas jurídicas no siempre ofrecen soluciones claras
y muchas veces requieren interpretación. En esos casos, los jueces y abogados
no se limitan a aplicar reglas de manera mecánica, sino que recurren a la
argumentación para justificar sus decisiones y hacerlas aceptables ante un
público. Un punto central en Perelman es que no hay argumentación sin
auditorio. Todo discurso se dirige a alguien, ya sea un auditorio particular (los
jueces, las partes en litigio, la opinión pública) o el auditorio universal, entendido
como una comunidad ideal de seres racionales.
La nueva retórica propone un amplio repertorio de técnicas argumentativas que
permiten al orador estructurar un discurso persuasivo. Atienza, al comentar la
obra de Perelman, distingue dos grandes categorías: las técnicas de enlace y las
técnicas de disociación.
Técnicas de enlace
Las técnicas de enlace consisten en establecer asociaciones entre hechos,
valores, creencias o nociones, con el fin de reforzar la tesis defendida. El orador
busca mostrar que su postura se vincula con elementos ya aceptados por el
auditorio, de modo que el acuerdo sobre las premisas se extienda hacia la
conclusión.
Entre estas técnicas se encuentran:
• Argumento: se ilustra un principio general con un caso concreto.
• Analogía: se establece semejanza entre situaciones distintas para
transferir el valor de una a otra.
• Causalidad: se sostiene que un hecho es la causa o consecuencia de otro.
• Autoridad: se invoca el prestigio de una persona, institución o fuente
reconocida.
• Definiciones y clasificaciones: se refuerza la tesis al encuadrar un
fenómeno dentro de una categoría.
Ejemplo 1 (jurídico): Un abogado sostiene que debe permitirse el matrimonio
igualitario, porque al igual que el matrimonio heterosexual, persigue fines de
protección de la familia y la dignidad humana. Se usa aquí una analogía.
Ejemplo 2 (jurídico): En un juicio de negligencia médica, se cita el testimonio de
un perito reconocido que certifica la mala praxis. Esto constituye un argumento
de autoridad.
Técnicas de disociación.
Las técnicas de disociación, en cambio, buscan separar nociones que parecían
unidas, mostrando que en realidad no lo están. Con ello se pretende debilitar la
postura contraria y reforzar la propia. Se trata de aclarar confusiones
conceptuales distinguiendo entre:
• Apariencia y realidad.
• Forma y fondo.
• Letra y espíritu de la ley.
• Derecho válido y derecho justo.
La disociación es especialmente útil en el ámbito jurídico, donde muchas veces
el debate no gira en torno a los hechos, sino a cómo deben calificarse o
entenderse.
Ejemplo 1 (jurídico): Un juez argumenta que aunque un contrato cumple con los
requisitos formales, no puede considerarse válido porque se celebró bajo vicio
del consentimiento. Aquí se distingue entre contrato aparente y contrato real.
Ejemplo 2 (jurídico): En materia penal, un defensor sostiene que cumplir con la
literalidad de la ley no garantiza justicia si la aplicación automática de la norma
genera un resultado manifiestamente injusto. Se disocia entre legalidad formal y
justicia material.
La propuesta de Perelman resalta que el derecho no es un sistema cerrado de
reglas aplicadas mecánicamente, sino un ámbito en el que la interpretación y la
argumentación juegan un papel esencial. La legitimidad del derecho depende,
en buena medida, de la calidad retórica de sus justificaciones.
La retórica jurídica, por tanto, no se reduce a adornar un discurso, sino que es
un instrumento para razonar de manera razonable y persuasiva en contextos
donde no existen verdades absolutas. En consecuencia, comprender y aplicar
las técnicas de enlace y disociación permite a los juristas mejorar su capacidad
de argumentar, responder a las posiciones contrarias y construir decisiones con
mayor fuerza de convicción ante los ciudadanos y la comunidad jurídica.
En conclusión, La retórica de Perelman, explicada por Atienza, constituye un
aporte fundamental para entender cómo funciona la argumentación en el
derecho. Sus técnicas de enlace y disociación ofrecen herramientas concretas
para construir discursos persuasivos, mientras que su énfasis en el auditorio
recuerda que la validez de los argumentos no se mide solo en términos lógicos,
sino también en su capacidad de convencer a una comunidad.