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Mora del Deudor en Contratos Bilaterales

es la unidad sobre contratos en derecho

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EFECTOS PROPIOS CONTRATOS BILATERALES – UNIDAD 20

MORA DEL DEUDOR. Principios.

La mora del deudor se produce por el solo transcurso del tiempo fijado para el cumplimiento de la
obligación. El acreedor incurre en mora si el deudor le efectúa una oferta de pago de conformidad
con el artículo 867 y se rehúsa injustificadamente a recibirlo.

La mora es el retardo calificado jurídicamente, el incumplimiento jurídicamente relevante. Desde


el punto de vista de sus efectos, la mora es una conducta antijurídica porque comporta la violación
del específico deber impuesto en el contrato en orden al tiempo de su ejecución o del deber
genérico de no dañar a otro.

Entre sus múltiples efectos, se cuenta el de constituir una fuente de la obligación de resarcir el
daño que causa al acreedor; y de allí su importancia en la responsabilidad civil.

Daño moratorio. Ese daño se configura en el patrimonio en relación con el tiempo que dura el
retardo (incumplimiento relativo); es decir, el perjuicio se incrementa por el transcurso del tiempo
y la pendencia de la obligación incumplida. Si el retardo es imputable al deudor, pondrá a su cargo
la reparación del daño moratorio y deberá asumir el riesgo del contrato cuyo provecho para el
acreedor se frustra por la pérdida de la cosa o la imposibilidad de la prestación, aunque ello ocurra
por un acontecimiento fortuito.

Elementos de la mora. Sus elementos son:

a) el incumplimiento en tiempo propio que perfila la conducta antijurídica;


b) el daño que sufre el acreedor en su patrimonio;
c) la relación de causalidad entre el daño y la inejecución;
d) la imputabilidad del deudor, sea culpa o dolo de este, o la imputación objetiva del deber de
responder; y
e) Sin embargo, así reunidos estos elementos o presupuestos generales de la responsabilidad civil,
el retardo no es aún mora, pues el régimen jurídico requiere que el deudor se halle encuadrado
dentro del “estado de mora”.

Quid de la simple demora. La demora es el incumplimiento material. El mero incumplimiento


tiene sus virtualidades: cuando entraña un incumplimiento absoluto o definitivo (plazo esencial,
obligaciones de no hacer) resulta suficiente para hacer nacer la responsabilidad del deudor por el
daño que la inejecución ha causado al acreedor. También se atribuyen a la demora el derecho del
acreedor a pagar por consignación, la aptitud para requerir la resolución del contrato, para que
comience el plazo de prescripción o de caducidad, etc. —tal el posicionamiento de López Cabana
—.

La regla. La mora automática. El CCyC resuelve la cuestión al establecer como regla la mora
automática, la que será aplicable a todo aquel supuesto que no se halle entre las excepciones de
las que trata el artículo siguiente. En efecto, tratando el art. 887 CCyC de las obligaciones a plazo
tácito e indeterminado, la regla se aplica pues a las obligaciones a plazo determinado, cierto o
incierto; a las obligaciones puras y simples; a las derivadas de los hechos ilícitos.
Las obligaciones a plazo. Las obligaciones con plazo cierto son aquellas que vencen determinado
día de un mes y de un año dados, o a tantos días de una fecha cierta. Las obligaciones a plazo
incierto son las que tienen plazo determinado por las partes, pero el mismo depende de un
acontecimiento futuro que fatalmente ocurrirá, aunque no se conoce cuándo. Es decir, que las
partes no saben el día en que vencerá el plazo, pero entretanto la obligación no es exigible por el
acreedor ni pagable por el deudor, hasta que suceda el hecho futuro y fatal que constituye el
término del plazo.

Mora del acreedor. La mora del acreedor es el retraso en el cumplimiento de la obligación


motivado por la injustificada falta de colaboración adecuada, oportuna y necesaria del acreedor. El
tema asume especial relieve en aquellas obligaciones que, por sus características y naturaleza,
requieren de una actividad de cooperación por parte del acreedor, para que el deudor pueda
cumplir. El sistema debe proteger al deudor que quiere cumplir, frente a la pasividad o la
renuencia injustificada del acreedor. En procura de tutelar el derecho del deudor a pagar, existen
las instituciones de la mora del acreedor y pago por consignación.
La mora es menos radical y más expeditiva que la segunda, pues sin liberarse de la obligación, le
permite trasladar a la otra parte los riesgos y consecuencias que derivan del estado de mora.

Los requisitos de la mora del acreedor. a) existencia de una obligación exigible; b) la obligación
debe requerir de ciertos actos de cooperación del acreedor para que pueda ser cumplida; c) la
obligación debe subsistir tras la falta de cooperación y ser susceptible de cumplimiento tardío.

Los efectos de la mora del acreedor.


a) quien se encuentra en mora responde por los daños y perjuicios causados al deudor por la falta
de cooperación (por ejemplo, gastos de conservación de la cosa, de traslado, etc.);
b) carga también con los riesgos de una eventual imposibilidad sobrevenida de la prestación,
motivada por caso fortuito o fuerza mayor, operada durante el estado de mora;
c) con la mora cesa el curso de los intereses moratorios y punitorios en las obligaciones de dar
dinero y de valor. En cambio, siguen corriendo los intereses compensatorios, toda vez que el
deudor conserva el capital en su poder. Para liberarse del pago de estos últimos deberá consignar
judicialmente, extinguiendo su obligación (así lo consideran Llambías, Alterini, Compagnucci de
Caso);
d) el acreedor no podrá constituir en mora al deudor mientras no se purgue la mora;
e) la mora del acreedor impide invocar la teoría de la imprevisión;
f) en casos de gravedad, posibilita al deudor la resolución contractual por incumplimiento;
g) permite ejercer la facultad del pago por consignación;
h) la falta de cooperación provoca como efecto que el deudor quede en libertad de elegir la
prestación que deberá cumplir; tal lo que sucede en las obligaciones alternativas, cuando la
elección corresponde al acreedor y este no elige;
i) la mora del acreedor puede provocar la liberación del deudor cuando el cumplimiento ulterior
de la prestación resulte imposible o se trate de un supuesto de plazo esencial, en el que
técnicamente no hay mora sino incumplimiento definitivo por causas imputables al acreedor. Por
ejemplo, el adquirente de una entrada para ver un recitar de música determinado, que deja de
asistir al espectáculo, no puede pretender que le sea entregada otra para otro espectáculo.
Extinción de la mora del acreedor

Se produce la extinción de la mora del acreedor cuando el deudor recibe el cumplimiento de la


prestación. Tal situación no enerva la reparación de los daños y perjuicios que el retardo de aquel
pueda haber causado al deudor. También se produce la extinción de la mora por la renuncia
expresa o tácita del deudor a los efectos de la mora del acreedor (si las partes acuerdan un plazo
para recibir una determinada prestación que fue antes rechazada por el acreedor, se presume que
media renuncia a los efectos de la mora, salvo reserva en contrario). Por último, finaliza la mora
del acreedor por la extinción de la obligación por cualquier causa, sin perjuicio de los efectos ya
producidos por la mora hasta ese momento.

ARTÍCULO 887. Excepciones al principio de la mora automática.


La regla de la mora automática no rige respecto de las obligaciones:
a) sujetas a plazo tácito; si el plazo no está expresamente determinado, pero resulta tácitamente
de la naturaleza y circunstancias de la obligación, en la fecha que conforme a los usos y a la buena
fe, debe cumplirse;
b) sujetas a plazo indeterminado propiamente dicho; si no hay plazo, el juez a pedido de parte, lo
debe fijar mediante el procedimiento más breve que prevea la ley local, a menos que el acreedor
opte por acumular las acciones de fijación de plazo y de cumplimiento, en cuyo caso el deudor
queda constituido en mora en la fecha indicada por la sentencia para el cumplimiento de la
obligación.

En caso de duda respecto a si el plazo es tácito o indeterminado propiamente dicho, se considera


que es tácito.

Interpelación. Concepto y formas.


La interpelación es la exigencia de cumplimiento. Puede ser judicial, cuando la intimación la hace
un oficial de justicia a través de un mandamiento del juez; o extrajudicial, cuando la realiza el
acreedor. Este puede realizarla de cualquier manera. Generalmente, se hace por carta documento,
para facilitar su prueba.

Los requisitos de la interpelación. Los requisitos intrínsecos de la interpelación son:


1) categórica: debe ser un requerimiento indudable, concebido en el modo verbal imperativo;
2) apropiada: solo se puede intimar a cumplir lo adeudado, tiene que estar en relación con la
obligación;
3) coercitiva: bajo apercibimiento de sanción jurídica;
4) de cumplimiento factible: que permita al deudor realizar el cumplimiento. No deber ser
intempestivo;
5) circunstanciado: debe indicar las circunstancias de lugar, tiempo, monto, forma, etc. de
cumplimiento.

En cuanto a los requisitos extrínsecos, ellos son:


1) la cooperación del acreedor cuando ella es necesaria para el cumplimiento;
2) la ausencia de incumplimiento del acreedor: el acreedor no debe estar en mora con respecto a
esa obligación.

La constitución en mora en las obligaciones con plazo tácito e indeterminado.


La norma establece que la excepción a la mora automática resultan ser las obligaciones a plazo
tácito e indeterminado. Las obligaciones de plazo tácito, y aquellas de plazo indeterminado (no las
obligaciones sin plazo, como algunos autores las denominan y la propia reforma enuncia, porque
dichas obligaciones tienen plazo aunque no término), hallan su régimen de constitución en mora
en las previsiones del mismo artículo, sea por la interpelación, sea con la previa fijación judicial de
término si la obligación no tiene plazo determinado.

Las obligaciones de plazo tácito, y aquellas de plazo indeterminado (no las obligaciones sin plazo,
como algunos autores las denominan y la propia reforma enuncia, porque dichas obligaciones
tienen plazo aunque no término), hallan su régimen de constitución en mora en las previsiones del
mismo artículo, sea por la interpelación, sea con la previa fijación judicial de término si la
obligación no tiene plazo determinado.

El plazo tácito es aquel que surge implícitamente de la naturaleza y circunstancias del acto o de la
obligación. No estamos frente a una obligación sujeta a plazo esencial, sino a plazo tácito, que es
una especie dentro del género más amplio del plazo indeterminado. Se trata de obligaciones que
no tienen un término de vencimiento expresamente fijado por las partes, aunque de su naturaleza
y circunstancias es posible inferir tácitamente el momento a partir del cual el acreedor podrá
exigir el cumplimiento de la prestación.

Cuando la indeterminación es absoluta, corresponde su fijación judicial, a falta de acuerdo de


[Link] comprendidos dentro de este supuesto aquellos casos en donde se ha tomado en
cuenta un acontecimiento no forzoso con la finalidad de diferir los efectos del acto (y no de
condicionarlos). Así sucede, por ejemplo, con la obligación de pagar cuando mejore de fortuna o
cuando perciba el crédito de un tercero. Si las partes no arriban a un acuerdo, se debe requerir la
fijación judicial a través del proceso más breve.

Presunción de plazo tácito. En caso de duda, lo que implica que se trata de una presunción que
admite prueba en contrario, debe interpretarse que la obligación es a plazo tácito.

ARTÍCULO 888. Eximición. Para eximirse de las consecuencias jurídicas derivadas de la mora, el
deudor debe probar que no le es imputable, cualquiera sea el lugar de pago de la obligación.

Efectos de la mora.
1) Apertura de las acciones por responsabilidad. Ante la mora del deudor, el acreedor tiene
derecho a: pretender su ejecución forzada; obtener la ejecución por otro; reclamar la
indemnización sustitutiva (art. 730 CCyC);
2) indemnización del daño moratorio (arts. 1716 y 1737 CCyC y ss.);
3) imputación del caso fortuito: el moroso soporta el caso fortuito, a menos que sea
irrelevante (art. 1733, inc. c, CCyC);
4) inhabilidad para constituir en mora al acreedor: en las obligaciones correlativas, la parte
morosa no tiene derecho a constituir en mora a la otra (arg. arts. 1031 y 1032 CCyC);
5) operatividad de la cláusula resolutoria: en los contratos con prestaciones recíprocas, el
contratante inocente puede pedir la disolución del vínculo con los daños a cargo del
moroso (art. 1087 CCyC);
6) pérdida de la facultad de arrepentirse cuando se pacta la seña penitencial (art. 1059
CCyC): la mora propia es un impedimento para arrepentirse del contrato. La seña debilita
el vínculo contractual, pero cuando el deudor incurre en mora, pierde la facultad de
arrepentirse del mismo;
7) facultad de exigir la cláusula penal (art. 792 CCyC);
8) imposibilidad de invocar la teoría de la imprevisión (art. 1091 CCyC).

Eximición de la mora
El deudor se exime de la mora si acredita que ella no le es imputable. La mora exige la
concurrencia de un factor de atribución subjetivo u objetivo. En las obligaciones de medios, el
deudor se liberará por la prueba de la no culpa (diligencia debida), mientras que en las
obligaciones de resultado, la eximente solo se alcanzará por la prueba del corte de la cadena
causal (art. 1726 CCyC), esto es, la culpa de la víctima (art. 1729 CCyC), el caso fortuito (art. 1730
CCyC), el hecho de un tercero por el que no deba responder (art. 1731 CCyC) o la imposibilidad de
cumplimiento (art. 1732 CCyC), con fundamento en que el deudor ha prometido un resultado
eficaz (art. 774, inc. c, CCyC).

Purga de la mora. El deudor moroso tiene derecho a pagar, con tal que anexe a la prestación
debida los accesorios derivados de la mora (así lo sostienen Llambías, Alterini-Ameal-López
Cabana, Moisset de Espanés, Wayar). Esta es la tendencia que prevalece en doctrina y
jurisprudencia, excepción hecha en los casos de plazo esencial y cuando el acreedor hizo uso de la
cláusula resolutoria (en contra, ver Abelleyra y Busso).

Cesación de la mora. Se produce la cesación de la mora del deudor si el acreedor renuncia a la


mora de aquel. Esa renuncia puede ser expresa o tácita, total o parcial. También se da ese efecto
cuando el deudor cumple su prestación con más los daños y perjuicios moratorios, o consigna
judicialmente lo debido. En cambio, la mora no cesa ante la existencia de una demanda judicial del
acreedor si la misma se declara caduca.

EXCEPCIÓN DE INCUMPLIMIENTO CONTRACTUAL (REVISAR)


Es la facultad que tiene una de las partes de un contrato bilateral de no cumplir con su obligación
hasta que la otra parte no cumpla la recíproca, o se allane a cumplirla, salvo pacto en contrario.
El pacto en contrario puede consistir en el plazo o en la cláusula solve et repete.

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